Régimen Jurídico de Contratación Internacional
Régimen Jurídico de Contratación Internacional
Norma conflictual, Unión Europea: Reglamento Roma I sobre ley aplicable a las obligaciones
contractuales
En la actualidad, los jueces españoles (y europeos) tienen que aplicar obligatoriamente para
determinar el derecho aplicable a un contrato internacional las reglas previstas en el
Reglamento sobre la ley aplicable a las obligaciones contractuales, de 17 de junio de 2008
(conocido como Reglamento Roma I).
Hay que tener en cuenta que la jurisprudencia que ha venido pronunciando el Tribunal de
Justicia al interpretar los términos jurídicos del Reglamento 1215/2012 sobre competencia
judicial es en principio relevante a efectos del Reglamento Roma I sobre ley aplicable a las
obligaciones contractuales (y del Reglamento Roma II sobre ley aplicable a las obligaciones
extracontractuales). El objetivo es asegurar la aplicación de reglas uniformes a nivel europeo y
la coherencia del sistema como recuerda el considerando 7 del RRI.
La aplicación del Reglamento Roma I por parte del juez español depende básicamente de que
éste compruebe:
- La concurrencia de las condiciones de aplicación material del Instrumento (que la
materia sobre la que recaiga la pretensión sea una obligación contractual en materia
civil y mercantil)
- Y también sus condiciones de aplicación temporal (es de aplicación a los contratos
celebrados después del 17 de diciembre de 2009).
Como ahora se verá al tratarse de un texto de aplicación universal o erga omnes, no es
necesario que la ley designada sea la de un Estado miembro.
En otras palabras, una cosa es que el Reglamento Roma I sea un texto de alcance europeo en
el sentido de ser obligatorio en todos los Estados de la Unión Europea –salvo Dinamarca por
su posición particular–; y otra diferente es que su ámbito de aplicación sea universal (que los
jueces de los Estados miembros que lo aplican deban hacerlo con independencia de que la ley
rectora del contrato sea la de un Estado de la Unión Europea o no). Ambas cuestiones son
diferentes y no deben confundirse.
Caso:
Una empresa española contrata los servicios de una consultora inglesa y las partes someten el
contrato a la ley de Nueva York. ¿Es aplicable el Reglamento Roma I a la determinación de la
ley aplicable a este contrato por parte del juez español?
La respuesta es afirmativa: se trata de un contrato de prestación de servicios que queda
comprendido en el ámbito de aplicación material del Reglamento (art. 1); el ámbito de
aplicación temporal también concurre siempre que el contrato se celebre después del 17 de
diciembre de 2009 (art. 28); finalmente, el carácter universal del Reglamento asegura su
aplicación siendo indiferente que la ley elegida (Nueva York) sea la de un tercer Estado (art. 2).
Si el contrato se hubiera celebrado antes del 17 de diciembre de 2009 (pero después del 1 de
septiembre de 1993), la solución sería la misma sólo que considerando la aplicación del
Convenio de Roma de 1980
Caso 2:
Un coleccionista profesional establecido en España adquiere unos grabados a un anticuario
danés ¿Es aplicable el Reglamento Roma I a la determinación de la ley aplicable a esta relación
contractual por parte del juez español?
La respuesta es afirmativa: el juez español aplicará el Reglamento Roma I ya que el caso queda
comprendido dentro de su ámbito de aplicación material (art. 1) –se trata de una compraventa
de mercancías–.
El asunto queda también comprendido dentro de su ámbito de aplicación temporal siempre
que el contrato se celebre después del 17 de diciembre de 2009 (art. 28). Finalmente, el
carácter universal del Reglamento asegura su aplicación tanto si la ley rectora del contrato es
la de un Estado miembro o no (art. 2). Por este motivo al juez español debe serle indiferente
que, por ejemplo, la ley aplicable sea la de Dinamarca, la de Nueva York o la española. Distinta
sería la situación, sin embargo, si el asunto fuera conocido por un juez danés: en ese caso,
como el Reglamento Roma I no es un texto de aplicación en Dinamarca, el juez danés
determinaría la ley aplicable a este contrato según las reglas del Convenio de Roma de 1980,
aplicable en Dinamarca.
Caso 3:
Una empresa cubana compra una partida de bobinas de acero a una empresa brasileña y las
partes someten el contrato a la ley cubana. ¿Aplicaría el Reglamento de Roma I el juez español
que llegara a conocer alguna pretensión relativa a este contrato?
Si un asunto como éste llegara a ser conocido por un juez español competente
internacionalmente (por ejemplo, porque se produjera la sumisión expresa o tácita a los
tribunales españoles de acuerdo con el art. 23 o 24 del Reglamento 44/2001), éste sí aplicaría
el Reglamento Roma I para determinar el régimen aplicable a este contrato (siempre que el
contrato se hubiera celebrado después del 17 de diciembre de 2009). El carácter universal del
Reglamento determina su aplicación también a las relaciones contractuales que se desarrollan
fuera de la Unión Europea siempre que por algún motivo el juez español fuera competente
internacionalmente (en este caso porque la voluntad de las partes así lo reclama).
La autonomía material consiste en la facultad de las partes de introducir todos los pactos y
acuerdos que consideren en su contrato. Se desarrolla dentro de la autonomía conflictual; esto
es, el ordenamiento elegido para regir el contrato es el que va a determinar el alcance de los
pactos y acuerdos que las partes pueden incorporar (el alcance de la autonomía material).
Expresado de otro modo, la ley del contrato será la que establezca las cuestiones que por
tener carácter dispositivo (por estar gobernadas por normas de derecho dispositivo) son
disponibles por las partes, pudiendo éstas introducir los pactos y acuerdos que consideren
oportunos. La generalidad de los sistemas de derecho contractual distinguen entre normas
dispositivas (que las partes pueden modificar) y normas imperativas (no susceptibles de
modificación). Con carácter general sucede que la mayoría de los derechos contractuales
contemplan amplias facultades de disposición por las partes (por ejemplo, éstas pueden pactar
el lugar de pago, el lugar de entrega, etc.).
Aunque, también ocurre que en determinados sectores marcados por una situación de
desequilibrio contractual (por ejemplo, el contrato que celebra un consumidor con un
empresario o un trabajador con el empleador), el legislador contempla facultades de
disposición más limitadas para evitar que la parte que se encuentra en una situación de
ventaja utilice ese desequilibrio a su favor.
De esta manera, para determinados sectores caracterizados por la intervención de una parte
débil, el legislador contempla un conjunto de cuestiones que regula imperativamente y que
sustrae a la autonomía de las partes con el objetivo de reequilibrar las posiciones
contractuales.
Caso:
Dos empresas del sector automovilistico, una noruega y otra española, firman un
contrato de asistencia tecnica de vehiculos. Una de sus disposiciones afirma “este
contrato se regula por el Derecho inglés”. Esta disposición es un ejemplo de autonomia
de la voluntad conflictual: los contratantes han elegido la leydel contrato. Otras
disposiciones del contrato fijan el lugar donde se llevará a cabo la asistencia tecnica, la
cuantía del precio a pagar por la empresa española, la duración del contrato. Todas
estas disposiciones son “pactos interpartes” fruto de la autonomía de la voluntad
material. Dichos pactos son válidos si se ajustan a los límites fijados por el derecho
ingles, como lex contractus.
2. CONDICIONES DE LA ELECCION:
PREMISA: CLARIDAD EN LA ELECCIÓN DE LEY: La elección de ley debe ser clara, inequívoca
y plenamente cierta.
En cuanto a la forma de manifestar esa voluntad, el art. 3.1 RRI contempla estas
posibilidades: la elección de ley aplicable puede ser expresa o resultar inequívoca de los
términos del contrato o de las circunstancias del caso (art. 3.1 RRI).
Elección expresa y elección tácita son las dos únicas modalidades de elección de ley que se
admiten.
Ejemplo: se envía una oferta por parte de una empresa vendedora en la que se incluye una
cláusula de elección de ley a favor del derecho de un concreto país y en la aceptación, la
empresa compradora indica, simplemente, que “acepta las condiciones” (I agree), sin que
conste de modo explicito, ni implicito, la voluntad del comprador de elegir una concreta
ley del contrato.
Ejemplo 2: se envia una oferta de contrato que contiene una elección de ley y la otra parte
comienza a ejecutar dicho contrato.
Elección tácita:
Cuando la elección no sea expresa, el legislador exige que resulte “inequívoca” en el
sentido de deducirse de manera indudable de los términos del contrato o bien de las
circunstancias del caso.
En relación con los términos del contrato: los contratantes no eligen de modo expreso la
ley aplicable, porque, para ellos, es evidente su voluntad de que el contrato se rija por una
ley estatal concreta y tal voluntad puede extraerse del mismo contrato. Ejemplo: si el
contrato se remite reiteradamente a una ley estatal en su clausulado, ello puede ser
expresión de una posible elección de ley aplicable a favor de la misma; Ejemplo: si una
clausula del contrato indica que éste queda sujeto a la “legislación local vigente” y el
contrato debe cumplirse integramente en Italia, es claro e inequívoco que los contratantes
han elegido la ley italiana como ley reguladora de su contrato aunque la referencia a la
“ley italiana” no conste como tal en el contrato. Ejemplo: existe también elección tácita
pero inequívoca a favor del Derecho español si el contrato contiene una cláusula que
indica que éste se rige por la ley del país ante cuyos tribunales se presenta la demanda y
ésta se presenta en España.
También las circunstancias que rodean la operación son elementos a tener en cuenta a la
hora de valorar una eventual elección tácita de la ley aplicable. Se puede deducir de los
actos o hechos que rodean a la operación contractual, su celebración y su ejecución, que
los contratantes han querido someter su contrato a la ley de un concreto Estado. Ejemplo:
existe elección implicita de la ley alemana del hecho que los litigantes eran alemanes, el
contrato se redactó en alemán con referencia a concretas figuras jurídicas del Derecho
alemán y los contratantes desconocían el idioma español (SAP Alicante 12 diciembre de
2003). Ejemplo: la jurisprudencia inglesa estimó que las partes habian elegido
implicitamente el Derecho inglés en un contrato entre empresa japonesa y empresa
alemana, pues el contrato se contenía en un formulario inglés y contenía una cláusula a
favor de un arbitraje en Inglaterra (Egon Oldendorff, 1996).
ADVERTENCIA:
En cualquier caso, la consideración del conjunto de los elementos presentes debe poner
de manifiesto con claridad que la voluntad de las partes de elegir una determinada ley
existió (es decir, acordaron una ley aunque no hicieron constar de manera expresa su
elección). Lo que implica que el juez no puede proceder a designar la ley aplicable que,
según su criterio, las partes hubieran elegido si lo hubieran pensado (esto es, no surte
efecto jurídico alguno la llamada elección de ley “presunta” ni tampoco la elección de la
ley “hipotética”. No se trata de determinar la ley que las partes en un concreto contrato
“habrían elegido” de haberse planteado la cuestión de la ley aplicable al contrato, ni
tampoco se trata de determinar la ley que habrían elegido unos “contratantes medios o
ideales”).
Caso 1:
Dos empresas celebran constantemente contratos internacionales de suministro de
crudo, contratos en los que consta una elección expresa a favor de la ley del Estado de
Nueva York. En uno de esos contratos no se incluye dicha clausula, sino una simple
mención del siguiente tenor: “las condiciones legales de este contrato serán las
habituales entre las partes”.
Caso 2:
En un contrato internacional de distribución de automoviles firmado entre una
empresa española y empresa rusa, consta que los tribunales competentes serán, para
el caso de controversias, los tribunales de Luxemburgo sin que exista mención alguna a
la ley aplicable.
Caso 3:
En un pleito derivado de un contrato internacional, el demandante acciona con arreglo
al Derecho alemán y el demandado contesta también con arreglo al Derecho alemán.
La ley elegida por los contratantes debe ser la ley de un Estado. El termino “ley” se
refiere al Ordenamiento juridico de un Estado y no a otros materiales normativos y
pseudo-juridicos que no son ni se integran en un Ordenamiento juridico estatal. Por tanto,
todo contrato está sometido a una ley estatal. Eso si, es posible que las partes puedan
elegir como ley del contrato, el Derecho de una unidad territorial que aunque no sea
Estado disponga de sus propias normas juridicas en materia de obligaciones contractuales.
Ejemplo: “este contrato se rige por la ley del State de California”.
Esta exigencia se justifica porque un contrato al margen de toda ley estatal carece de
fuerza vinculante ante los tribunales y las partes no podrían exigir su cumplimiento ante
un juez. Además, solo una ley estatal constituye un sistema juridico completo que puede
integrar las lagunas del contrato.
Problemas prácticos:
A) No existe un contrato sin ley o un “contrato autorregulado”: se busca intentar
sustraerse a toda ley estatal. La autonomia de la voluntad solo se acepta en un sentido
positivo (designar un Derecho aplicable) y no en un sentido negativo (excluir todo
Derecho regulador del contrato).
E) No se acepta que los contratante elijan como ley del contrato, materiales normativos
que no son la ley de un Estado.
Desarrollo:
¿Qué implica entonces que las partes se remitan a la lex mercatoria en el
contrato?
Con la expresión lex mercatoria se hace referencia al conjunto de usos y
prácticas habitualmente utilizadas por los participantes en el comercio
internacional, comúnmente creadas por ellos al margen del legislador estatal.
La lex mercatoria consiste en un conjunto de normas especializadas creadas
por un regulador “privado”, muchas veces contenidas en colecciones
normativas extraestatales, de aplicación en la medida en que las partes
decidan incorporarlas en su contrato (una suerte de regulación privada nacida
al margen del legislador estatal que ofrece soluciones normativas a disposición
de los participantes en el comercio internacional y paralelas a las que
suministra aquel). Son manifestaciones especialmente relevantes, los
Principios para los contratos comerciales internacionales preparados por el
Unidroit (Principios Unidroit 1994-2004), los Principios de Derecho Europeo de
los contratos elaborados por O. Lando (PECL) o los Incoterms adoptados por la
Cámara de Comercio Internacional, entre otras.
El hecho de que estas normas y colecciones no sean regulaciones estatales
tiene una serie de implicaciones. En la actualidad, a pesar de la existencia de
algunas posiciones divergentes, prevalece la opinión que rechaza el carácter
vinculante de estas normas extraestatales per se: su obligatoriedad depende
de que las partes acuerden incorporarlas al contrato, lo que a su vez depende
de que una ley estatal atribuya fuerza vinculante a la voluntad de las partes de
integrarlas de ese modo. En segundo lugar, aunque puedan ser normas muy
elaboradas y de calidad técnica, no son sistemas jurídicos completos; a
menudo se aplican a determinados contratos o en determinados sectores y
pueden necesitar la referencia de una ley estatal que ofrezca soluciones por
defecto para aquellos aspectos que no hayan sido regulados. En definitiva, la
posición mayoritaria mantiene que la remisión por las partes a este tipo de
normas es una expresión de su autonomía material.
F) se elige un Derecho vigente, con sus posteriores modificaciones legislativas. Si cabe sin
embargo, para evitar posibles cambios posteriores por parte del legislador, congelar el
“Derecho”, y por tanto los contenidos legales “petrificados” conservarán su validez
como meras clausulas contractuales.
G) No caben contratos sometidos a cláusulas de “exclusio iuris”. Se trata de clausulas del
contrato que excluyen la aplicación al mismo de una ley estatal sin aplicar ninguna.
“ejemplo: la ley argentina no será aplicable a este contrato”. Estas clausulas no son
válidas y deben tenerse por no puestas.
H) No cabe que el contrato quede sujeto global y cumulativamente a varias leyes
estatales. Ejemplo: este contrato se rige por la ley española y por la ley alemana”.
(cuestión distinta es el depeçage).
Caso:
Un contrato internacional de licencia de patente se rige, en virtud de una clausula de
elección de ley por el Derecho ingles. No obstante varios preceptos del código civil
francés fueron copiados por las partes en las clausulas del contrato. El Derecho francés
experimenta un fuerte cambio legal en dicha normas. ¿Afectará al contrato las nuevas
normas jurídicas francesas? ¿Qué pasa si el Ordenamiento inglés sufre un profundo
cambio legislativo un año después de la celebración del contrato?
Ejemplo:
“Este contrato está sometido a la convención de las Naciones Unidas sobre los
contratos de compraventa internacional de mercaderías de 11 de abril de 1980, con
exclusión de la ley de cualquier Estado” . ¿es una elección válida de ley aplicable?
Caso:
En un contrato internacional de alquiler de helicopteros, el arrendador ruso y el
arrendador español incluyen una clausula que indica “el presente contrato no se regirá
por la ley rusa”. ¿Es valida dicha elección y surtirá efectos legales o se tendrá como no
puesta dicha clausula?
En un contrato internacional se incluye una clausula que afirma “este contrato se rige
por la nueva Lex mercatoria, con exclusión del Derecho de todo Estado”. ¿Es una
elección valida de ley aplicable?
Caso:
Un contrato internacional de licencia de marca firmado entre una empresa
alemana (licenciante) y empresa española (licenciataria) contiene una clausula
penal. Los contratantes someten el contrato al Derecho español, salvo la citada
clausula penal, que se sujeta expresamente al Derecho aleman. Con ello, las
partes persiguen dotar al juez de los mecanismos de modulación de la clausula
penal previstos en dicho Ordenamiento y de los que carece el Derecho
material español. Esta es una elección multiple de ley aplicable valida
Caso 2:
Una empresa mejicana celebra con una empresa española un contrato de
leasing en cuya virtud esta ultima adquiere el derecho a utilizar una completa
flota de automoviles en regimen de arrendamiento financiero. En el contrato
se incluye una clausula en cuya virtud la revisión de precios del contrato queda
regida por el Derecho del Estado de Nueva York. Respecto al resto del contrato
nada se precisa. ¿Cabe esta elección parcial?
Caso:
Dos empresas acuerdan que el contrato que suscriben se regirá por el Derecho
alemán, salvo un determinado aspecto que se regirá por el Derecho inglés.
Surgida La controversia, una de las empresas demanda a la otra con base en el
Derecho español, contestando la demandada igualmente con base en el
Derecho español.
¿La elección inicial era válida? ¿Cuál es finalmente el Derecho aplicable al
contrato?
¿Cómo se determina la ley aplicable al contrato si las partes no han hecho uso de la facultad
de elección del art. 3.1 RRI?
En defecto de elección por las partes de la ley rectora del contrato de acuerdo con el artículo
3.1 RRI, el legislador ha previsto en el Reglamento de Roma I unas reglas para su
determinación en el art. 4. Este precepto se subdivide en los siguientes apartados:
Ofrece, en primer lugar, ocho reglas especiales en el artículo 4.1 que determinan la ley
aplicable por tipos contractuales.
ADVERTENCIA:
Esta construcción introducida por el Reglamento Roma I supone una novedad con relación
al Convenio de Roma de 1980 que establece en su art. 4 el sistema aplicable a la
determinación de la ley aplicable al contrato en defecto de elección por las partes. El citado
precepto del Convenio de Roma mantiene la siguiente estructura: en primer lugar, se parte
del principio general de la aplicación de la ley del país que presente los vínculos más
estrechos con el contrato (art. 4.1). En segundo lugar, el legislador sienta un sistema de
presunciones que ayudan a determinar qué ley se entiende que presenta esos vínculos más
estrechos; este sistema está basado en una presunción general (aplicación de la ley del
prestador característico del contrato: art. 4.2) y dos presunciones especiales para los
contratos cuyo objeto sea un derecho real inmobiliario o un derecho de utilización de un
inmueble (4.3) y para el contrato de transporte (4.4). Finalmente, el sistema recoge una
cláusula de escape que permite apartar la solución obtenida a través de las presunciones
cuando el contrato presente vínculos más estrechos con un país distinto al identificado (art.
4.5).
Por ejemplo, en defecto de elección por las partes, si una empresa con residencia habitual en
Francia vende a una empresa española maquinas registradoras, el juez español determinará
que la aplicable es la ley francesa; también, si una empresa con residencia habitual en
Argentina vende a una empresa española elementos plásticos, el juez español considerará que
la ley argentina es la aplicable al contrato.
De acuerdo con el artículo 4.1.b) RRI “El contrato de prestación de servicios se regirá por la ley
de la residencia habitual del prestador del servicio”. Un elemento clave de este precepto es la
definición del concepto de contrato de prestación de servicios del art. 4.1 b RRI. La opinión
generalizada mantiene que el concepto de prestación de servicio debe ser interpretado de
manera independiente (autónoma), esto es, sin referencia a los derechos nacionales sino de
acuerdo con el sentido y finalidad del texto de referencia; a este respecto, el considerando 17
recuerda que el concepto de prestación de servicios debe interpretarse en el mismo sentido
que al aplicar el art. 5 del Reglamento 44/2001 sobre competencia judicial internacional.
También se debe preferir un concepto amplio de prestación de servicios vinculado a su sentido
económico. De este modo, quedan en principio comprendidos una pluralidad de contratos
como los de arrendamiento de servicios, los contratos de gestión, los servicios de
intermediación, consultoría legal, financiera, etc. Para todos ellos la ley aplicable se
corresponde con la del país de la residencia habitual del prestador: por ejemplo, se aplica la ley
francesa a la actividad de asesoramiento de un abogado con residencia habitual en Francia.
El artículo 4.1.c) RRI señala: “La ley aplicable a los contratos cuyo objeto sea un derecho real
inmobiliario o un contrato de arrendamiento de inmueble es la ley del país de situación del
inmueble”. De acuerdo con el art. 4.1 c) RRI los contratos cuyo objeto sea un derecho real
inmobiliario o un contrato de arrendamiento de inmueble se rigen en defecto de elección por
la ley de situación del inmueble. Un ejemplo frecuente sería los contratos de hipoteca sobre un
inmueble. La ley designada se ocupará de los aspectos obligacionales (los aspecto jurídico-
reales vienen determinados por la ley designada por el art. 10.1 Cc –que también es la ley de
situación del inmueble–). Así, la ley aplicable al contrato por el que una empresa española
hipoteca un inmueble en Alemania es la ley alemana.
Sin embargo, y respecto al anterior apartado hay que señalar que el art. 4.1 d) RRI introduce
una excepción a la regla del artículo 4.1 c) RRI prevista para los contratos de arrendamiento de
bienes inmuebles. Este precepto se aplica exclusivamente a los contratos de arrendamiento
que cumplan las siguientes condiciones: celebrados con fines de uso personal, durante un
plazo máximo de seis meses consecutivos, cuando el arrendatario es una persona física y tenga
su residencia habitual en el mismo país que el propietario del inmueble. En estos casos la ley
aplicable al contrato será la ley del país de la residencia habitual del propietario.
El caso típico sería el del contrato de arrendamiento para tres meses de verano del
apartamento en la Costa Dorada (España) del que es propietario un nacional español que
reside en Bélgica, celebrado con un compañero de trabajo que también reside en Bélgica. Si
no existiera la regla que comentamos, la ley aplicable a este contrato sería la española de
acuerdo con el criterio general enunciado en el art. 4.1 c) RRI.
Sin embargo, de acuerdo con el art. 4.1 d) RRI, la ley aplicable a ese contrato será la ley belga.
Nótese que si no se dieran las condiciones de aplicación del precepto (por ejemplo, el
arrendatario es una persona jurídica o el arrendamiento es por tiempo superior a un
semestre), la ley aplicable al contrato sería la del lugar de situación del inmueble de acuerdo
con la solución general del art. 4.1 c) RRI.
En los apartados e) y f) del art.4.1. RRI se hace referencia a la ley aplicable a los contratos de
franquicia y de distribución, respectivamente. Así, “la ley aplicable al contrato de franquicia es
la ley de la residencia habitual del franquiciado”, y “la ley aplicable al contrato de distribución
es la ley de la residencia habitual del distribuidor”. Respecto de estos dos contratos se habían
planteado algunas dificultades de interpretación en el contexto del Convenio de Roma de
1980. A efectos de determinar la ley aplicable en defecto de elección, los jueces de algunos
países consideraban que el prestador característico era la parte que ocupaba la posición de
franquiciador o bien la que ocupaba la de concedente (productor-vendedor), respectivamente,
considerando que la ley aplicable debía ser la del país de la residencia del franquiciador o del
concedente.
De acuerdo con el artículo 4.1.g) “En el contrato de venta de bienes mediante subasta, se
aplicará la ley del país donde tenga lugar la subasta si dicho lugar puede determinarse”. El
fundamento de esta regla se basa en el entendimiento de que una subasta es un mercado
organizado, siendo útil que todas las partes que celebren un contrato se sometan a las
condiciones equivalentes de la ley del país donde se celebra la subasta, en lugar de someterse
a la ley de la residencia habitual de cada uno de los vendedores que concurren a la misma. La
aplicación de esta regla depende de que el lugar de celebración de la subasta pueda
identificarse (“si dicho lugar puede determinarse”). Como indica la doctrina, esta precisión
puede ser relevante en determinados supuestos de subastas celebradas por medios
electrónicos cuando el lugar no aparezca identificado o no sea posible considerar que ese lugar
se corresponde con el establecimiento de la entidad que organiza la subasta.
Por último, la letra h) del artículo 4.1. RRI se refiere a los contratos celebrados en mercados
financieros que se regirán por la ley del mercado financiero correspondiente, entendiendo
que un mercado financiero es un “sistema multilateral que reúna o permita reunir, según
normas no discrecionales y regidas por una única ley, los diversos intereses de compra y venta
sobre instrumentos financieros de múltiples terceros”.
En cuanto a la ley aplicable a esos contratos, el artículo 4.1 h determina que ésta será la ley
que gobierna el mercado financiero en cuestión sin identificarla. De acuerdo con la doctrina,
un criterio consiste en consultar las reglas de acceso al mismo o a la jurisdicción del país que
reconoce un mercado financiero como mercado nacional (de este modo, se rigen por la ley
española los contratos celebrados en un mercado autorizado por una autoridad española
como mercado regulado español).
Ejemplo:
Los contratos sobre de propiedad industrial e intelectual no están incluidos en la
tipología del apartado 1 del artículo 4 aunque se barajó la posibilidad. En principio, la
determinación de la ley aplicable a los mismos se realizará en el contexto del precepto
que ahora se comenta, siendo con carácter general de aplicación la ley de la residencia
habitual de la parte que cede o transfiere esos derechos de explotación (por ejemplo
una empresa con residencia habitual en España cede a una argentina el derecho a
explotar una patente de la que es titular; la ley aplicable a este contrato sería la
española).
Problema:
Tratándose de contratos complejos la identificación de la ley aplicable puede plantear
alguna dificultad. La opinión mayoritaria considera que es necesario considerar cada
una de las prestaciones contractuales con relación a la operación en su conjunto para
identificar si una es característica a efectos de la localización del contrato; es decir,
para identificar la ley del país que corresponde a la residencia habitual de la parte que
realiza la prestación característica y que ofrecerá un estatuto contractual único.
Por su parte, el considerando 19 del Reglamento de Roma I aclara que en este tipo de
supuestos donde el contrato puede subsumirse en más de uno de los tipos especiales
previstos “la prestación característica del contrato debe determinarse en función de su
centro de gravedad”. (entendiendo aquella que supone prestaciones más complejas).
Esta regla cumple una función correctora aunque debe tenerse en cuenta que según la
redacción del precepto no basta que el contrato tenga cualquier tipo de vínculo con la ley de
otro país; el legislador exige que ese vínculo sea manifiestamente más estrecho, y, además, en
la apreciación de las circunstancias del caso, no basta con una mera apariencia sino que hace
falta una nota de evidencia (del conjunto de circunstancias se desprenderá claramente). Estas
cautelas traducen la intención del legislador de que el recurso a este precepto sea excepcional.
La mayoría de la doctrina considera que la carga de la prueba de la ley que presenta los
vínculos más estrechos en contra de lo previsto en la los artículos 4.1 y 4.2 RRI, corresponde a
la parte que así lo pretende. De este modo la parte interesada será la que deba proceder a
demostrarlo ante el juez.
Caso:
Una empresa domiciliada en Albacete realiza un pedido de herramientas a otra
domiciliada en Turín, Italia. En el contrato se acuerda que el pago del precio debía
tener lugar en Turín, y la entrega de las herramientas en Albacete. Enviadas las
mercancías, éstas no resultan aptas para el uso previsto, por lo que la empresa
española, tras intentar infructuosamente un arreglo amistoso, demanda a la empresa
italiana ante los tribunales españoles. ¿Conforme a qué ley resolverían éstos el fondo
del asunto?
Caso:
Se celebra un contrato de distribución entre una empresa española con sede en
Albacete y una empresa francesa cuya administración central se encuentra en
Avignon, por el cual la empresa francesa va a distribuir los productos de la empresa
española en la zona de la Provenza. Ante la falta de pago de la empresa francesa, la
empresa española decide demandarla ante los tribunales españoles. ¿Qué ley
aplicarán los tribunales españoles?