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Aristóteles: Hombre y Polis en Política

Aristóteles argumenta que el ser humano es un animal cívico por naturaleza, dotado de lenguaje que le permite discernir lo justo y lo injusto, lo bueno y lo malo, lo que fundamenta su sociabilidad y la creación de la polis. La ciudad es vista como la comunidad ideal donde se logra la felicidad y el desarrollo de la virtud, subrayando que la ética y la política son inseparables en la búsqueda del bien común. Las ideas aristotélicas sobre la naturaleza social del ser humano y la importancia de la comunidad siguen siendo relevantes en la actualidad, resaltando la necesidad de un marco ético y político para alcanzar una vida satisfactoria.
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Aristóteles: Hombre y Polis en Política

Aristóteles argumenta que el ser humano es un animal cívico por naturaleza, dotado de lenguaje que le permite discernir lo justo y lo injusto, lo bueno y lo malo, lo que fundamenta su sociabilidad y la creación de la polis. La ciudad es vista como la comunidad ideal donde se logra la felicidad y el desarrollo de la virtud, subrayando que la ética y la política son inseparables en la búsqueda del bien común. Las ideas aristotélicas sobre la naturaleza social del ser humano y la importancia de la comunidad siguen siendo relevantes en la actualidad, resaltando la necesidad de un marco ético y político para alcanzar una vida satisfactoria.
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COMENTARIO DE TEXTO DE ARISTÓTELES

“El hombre, es por naturaleza, un animal cívico […] La razón de que el hombre sea un ser social, más que
cualquier abeja y que cualquier otro animal gregario, es clara. La naturaleza, pues, como decimos, no hace
nada en vano. Sólo el hombre, entre los animales, posee la palabra. La voz es una indicación del dolor y del
placer; por eso la tienen también los otros animales. (Ya que su naturaleza ha alcanzado hasta tener sensación
del dolor y del placer e indicarse estas sensaciones unos a otros). En cambio, la palabra existe para manifestar
lo conveniente y lo dañino, así como lo justo y lo injusto. Y esto es lo propio de los humanos frente a los demás
animales: poseer, de modo exclusivo, el sentido de lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, y las demás
apreciaciones. La participación comunitaria en éstas funda la casa familiar y la ciudad”

ARISTÓTELES, Política, Madrid, Alianza, 1986, libro I, cap. 2

Con respecto al texto: sitúa al autor en su momento histórico, señala el tema o el


problema del texto, indica las ideas principales, muestra las relaciones entre
ellas, explícalas y reflexiona sobre la vigencia de estas en la actualidad.

Aristóteles nació y desarrollo su filosofía durante el siglo IV, periodo de


hegemonía macedónica. Grecia, en su conjunto, se encuentra ya agotada,
desgarrada, ninguna ciudad tiene ya fuerza para imponerse. Todos ansían una paz
general, que llegará con la derrota de la liga de las ciudades griegas, en la batalla de
Queronea a manos de Filipo II de Macedonia en el año 338 a. de C. Tras su muerte,
su hijo Alejandro, que había recibido enseñanzas de Aristóteles, accedió al poder.
Aristóteles que era un griego de la periferia, asistió a la liquidación que los reyes
macedónicos, especialmente su discípulo, llevan a cabo de la Polis griega, para dar
paso al helenismo, que dará iguales derechos, y hará hablar en griego, desde
Ampurias hasta Persia. Él, sin embargo, en sus escritos ético-políticos no traspasará el
ámbito de la Polis-Estado.

TEMA E IDEAS PRINCIPALES DEL TEXTO

El tema o problema que se aborda en este fragmento, perteneciente a la


Política de Aristóteles, es la razón por la cual el hombre es un ser naturalmente social
y pertenece, de este modo, a la propia naturaleza humana la inclinación natural que
tiene el hombre a asociarse, a ser social, a integrarse en una polis. Sólo viviendo en
sociedad puede el hombre actuar conforme a la virtud y alcanzar la felicidad.

Como ideas principales pueden indicarse las siguientes:

 En primer lugar, Aristóteles sitúa y justifica la prueba y el carácter


inherentemente social del hombre en el lenguaje.

 En segundo lugar, señala la diferencia existente entre sociabilidad e instinto


gregario. El lenguaje animal está limitado a mensajes relativos al placer-
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displacer. Los hombres, por el contrario, pueden expresar ideas sobre lo útil
y lo nocivo, lo justo y lo injusto, lo bueno y lo malo, etc., es decir, pueden
hacerse entender por los demás hombres sobre los fines de Estado, sus
valores, etc. El hombre que habita las ciudades y que es social, se encuentra
por encima de los otros animales. Él es dominador y no dominado

 Por último, la ciudad, que es la comunidad superior de todas las


comunidades naturales posibles y que incluye a las más simples, es el
espacio en donde el hombre está sometido a la justicia y a la ley, y, por tanto,
constituye la causa final de la tendencia natural del ser humano.

2. Relación y explicación de las ideas del texto

Las relaciones entre estas ideas y su explicación es la siguiente:

Aristóteles afirma que el hombre es por su naturaleza y condición un


animal esencialmente político, es decir, social. Hay otros animales que también
viven en sociedad (las abejas, las hormigas), pero hay algo que distingue al hombre de
cualquier otro animal social: el animal está dotado de “voz” para mostrar a otros, placer
o dolor, el hombre está dotado de “palabra” para manifestar lo conveniente y lo
dañoso, lo justo y lo injusto; en virtud de su alma intelectiva puede discurrir y
hablar, y la palabra implica la comunicación con los otros seres semejantes,
llegar a acuerdos y convenciones éticas y políticas. Los seres humanos tenemos
sensaciones que nos permiten discernir lo agradable de lo desagradable, lo placentero
de lo doloroso, y de ahí nace nuestro deseo o aversión hacia algo, y de éstos, la
acción para conseguirlo o evitarlo. Pero esto no explica más que una forma animal de
acción. El alma del ser humano no es sólo sensitiva, sino que es esencialmente
racional, y, por tanto, la vida humana es superior, al igual que sus metas y sus
propósitos (concepción del alma humana, según Aristóteles: el alma racional
realiza las funciones del alma vegetativa y sensitiva, pero también aquellas que
le corresponden propia y específicamente), y puede, por tanto, pensar, reflexionar,
deliberar, prever el futuro. No nos limitamos a la persecución de lo agradable y
placentero; nuestros fines no están puestos sólo en el presente inmediato, pueden ir
más lejos en el tiempo; por eso más allá de la noción de placer está la noción de bien,
y el bien, lo bueno, requiere conocimiento, reflexión, deliberación y elección.

El lenguaje del que está dotada la naturaleza humana (la naturaleza “que
no hace nada en vano”) posibilita su sociabilidad sin la cual el hombre no podría
ser propiamente hombre, ni desarrollar todas sus posibilidades y capacidades
más específicas para alcanzar su bien y su felicidad (teleología aristotélica). Es
por ello por lo que si encontrara su felicidad aislado estaríamos ante una bestia
(un animal no gregario) o un dios, pero no un hombre.

De este modo la ciudad es natural, y el hombre es por naturaleza un animal


político. Sólo en la comunidad política encuentra el hombre el bien, que es la felicidad;
sólo en la polis autosuficiente encuentra el hombre su propia realización. Ésta
es la culminación de las distintas asociaciones humanas.
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El origen de la comunidad (sociedad) es la obligación que impone la
naturaleza. Las necesidades cotidianas necesitan ser satisfechas, y la casa es la
comunidad dirigida a tal fin. Pero no sólo hay necesidades cotidianas para el hombre,
capaz de “prever con la mente”, por lo que hace falta una organización más compleja,
y ésta será la aldea. Pero la aldea no es la comunidad perfecta, no es autosuficiente
(autárquica). La unión de aldeas en una polis o ciudad-estado constituye la comunidad
mejor. La polis será, pues, el fin de toda organización, lo primero en el orden del
ser, y por ello el bien. La prioridad del Estado se basa en que sólo éste puede
bastarse a sí mismo.

Esta anterioridad es la misma que la del todo con respecto a sus partes.
Aristóteles defiende una especie de “organicismo social”.

Así pues, nuestro autor se aleja, tanto del planteamiento sofista de la sociedad,
como producto convencional y pactado, como del planteamiento helenístico de la
felicidad, entendida como autonomía individual propia del sabio (estoicos, epicúreos,
cínicos). La comunidad política es, pues, natural, no artificial.

La ética será una parte de la política, porque la polis es el lugar natural


donde el hombre puede hacer efectiva la moralidad, esto es, en relación con
otros hombres que le entienden cuando habla de lo bueno y de lo malo, de lo
justo y de lo injusto.

El estado, pues, tiene como fin la consecución de la felicidad de los


ciudadanos (Eudaimonía). Los hombres no se han asociado para vivir, sino para vivir
bien: no sólo con bienes materiales suficientes sino, más allá, para llevar una vida
conforme a la virtud.

Por ello, la ética se subordina a la política, pues, por un lado, es preferible el


bien de la comunidad a la felicidad de un solo individuo y. por otro, el individuo en
tanto que ser social, solo puede desarrollarse y ser feliz en el marco de la polis o
sociedad. Sin embargo, tal subordinación es matizable, porque, como consecuencia
del ideal contemplativo definido en su ética, descartó de la participación en el estado a
las mujeres, a los extranjeros y a los esclavos. Todos éstos cumplían la finalidad de
proporcionar a los ciudadanos las condiciones para poder acceder a los grados más
altos de la felicidad (en esto, Aristóteles es fiel a su contexto social y cultural). Pero
sólo dentro de la polis es posible que un grupo de hombres se dediquen a la ciencia
teórica (ideal contemplativo) y alcancen la plenitud de desarrollo de su naturaleza.
Tratar que el número de estos hombres sea el más elevado posible es la más alta
función de la polis. La felicidad de cada hombre es la misma que la de la ciudad. La
ciudad ideal que propone Aristóteles es una ciudad feliz, Platón proponía una ciudad
justa.

Observamos así en la política de Aristóteles su claro contenido ético: la virtud


es el fin y el ideal al que debe aspirar la ciudad. En este sentido la auténtica
misión y tarea del estado es crear las condiciones para que se dé una vida
buena (también, claro está, procurar a los ciudadanos las necesidades primarias y
materiales, pero no sólo ésas).

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Así pues, la visión aristotélica de la naturaleza, que es inseparable de su visión
metafísica, como la teoría de las ideas era guía y referente de todos los proyectos
platónicos, determinará, en primer lugar, su concepción del ser humano como un ser
natural, compuesto de materia y forma, de cuerpo y alma y, en segundo lugar, su
pensamiento ético-político en el que defenderá la aspiración a actualizar las más
profundas potencialidades humanas. En este sentido la felicidad como contemplación,
va a ser una característica definitoria del pensamiento de Aristóteles (identifica la
felicidad como contemplación con relación a la actividad propia del motor inmóvil
“contemplación de sí mismo”).

Pero, además, como en Platón, la ética y la política son ámbitos inseparables:


la ética conduce a la política y la política vehicula el ideal ético. Si la ética se ocupa de
organizar y orientar el comportamiento individual en pos del bien y la felicidad, la
función de la política es organizar la vida y el comportamiento colectivo para asegurar
el bien común. Ética y política tienen el mismo objetivo: el bienestar y la felicidad
humanos.

En conclusión, el saber de las ciencias proporcionó a Aristóteles conocimiento


sobre la naturaleza, definida fundamentalmente como forma sustancial, la cual lleva
impresa en esa forma la actividad que la conduce a su fin, a su perfección (teleología
de los seres naturales).

Por tanto, conocer la naturaleza de los seres supone saber cómo van a
comportarse, cuál es su fin y su lugar en el mundo. En el caso del hombre, permitirá
conocer el fin último y adoptar los medios para alcanzarlo.

Con respecto a la vigencia que, aún hoy, tienen las ideas que
Aristóteles expone en este fragmento, podemos hacer la siguiente
reflexión:

En la actualidad se sigue manteniendo la idea fundamental expresada por


Aristóteles en el texto: la sociabilidad humana es algo natural. Somos sociables por
naturaleza; la escasez de instintos y la inmadurez de la dotación con que nacemos nos
obliga a pertenecer a comunidades y mantener relaciones con nuestros semejantes
para poder subsistir en un primer momento y desarrollarnos como seres humanos
después. Además, el lenguaje simbólico no sólo es una característica propiamente
humana, sino que es la característica que nos hace despegarnos del mundo animal, y
es, gracias a que éste, que se propicia el desarrollo de la inteligencia humana.

En nuestros días se considera un postulado sociológico que para alcanzar una


vida satisfactoria (feliz, virtuosa) han de darse unas circunstancias favorables; nunca
podremos lograrla de forma aislada e independiente: Y ello configura precisamente el
marco general de la teoría política aristotélica, según la cual, en un Estado carente de
valores morales, de justicia (virtud política central, puesto que el referente es el otro)
será imposible realizar el bien en su proyección colectiva.

APÉNDICE: VIGENCIA DEL PENSAMIENTO ARISTOTÉLICO 4


La descripción de la pervivencia intelectual del pensamiento de Aristóteles es semejante a desarrollar una
historia del pensamiento filosófico occidental.

Su luz realista y sistémica iluminará gran parte del pensamiento posterior. Santo Tomás de Aquino realizará
la cristianización del estagirita que convertirá su doctrina en autoridad y verdad incuestionable durante la escolástica y
hasta bien entrado el Renacimiento. Esto probablemente no le habría gustado a Aristóteles, gran amigo de la verdad y
enemigo del dogmatismo intelectual.

A Aristóteles se le deben aportaciones en el ámbito de la lógica y las ciencias naturales. Fue el inventor de la
lógica y de la biología.

Como fundador de la lógica clásica, puede considerársele vigente en todo el planteamiento que insista en la
necesidad de la argumentación racional correcta (no falaz, no sofística) a la hora de razonar, formular y resolver
cualquier tipo de cuestión, así como en la conveniencia de establecer estrategias idóneas siempre que se trate de
alcanzar algún fin o meta.

Como pionero de la biología, introduce en las investigaciones científicas la idea de teleología, de las causas
finales, que sigue dando mucho juego, por ejemplo en las investigaciones biológicas contemporáneas: los órganos
cumplen una función; los seres vivos se adaptan al medio en lucha con otros seres por la supervivencia de la especie
que parece ser la última meta.

La historia de la filosofía es un conjunto de problemas y de reflexiones que utiliza inevitablemente una lista
de los conceptos filosóficos introducidos por Aristóteles en su filosofía: sustancia, accidente, esencia, potencia, acto,
materia, forma, especies, virtud, ética, política, etc.

Con la metafísica, Aristóteles inaugura toda una rama absolutamente esencial de la filosofía: la ontología o
especulación sobre el “ser” y el fundamento último de la realidad.

Ser y tiempo de Heidegger se configura como una discusión sobre la ontología y la ética de Aristóteles.

Sobre el alma de Aristóteles es, sin ninguna duda, la primera obra de psicología en sentido moderno y
científico de esta disciplina, al margen, nuevamente, de la nula vigencia que puedan tener en la actualidad, p. e., sus
análisis sobre la percepción sensitiva del color o del sonido.

Toda la teoría moral posterior a Aristóteles tiene en cuenta la concepción moral del ser humano como un
animal político. Así, p. e., el pensamiento de Hobbes sobre el ser humano como un ser egoísta antes que social
representa una inversión de la idea aristotélica del animal social. La política como disciplina filosófica es un elemento
central en la filosofía social.

Su idea del justo medio ha sido recuperada por el psicólogo norteamericano Daniel Goleman (inteligencia
emocional). Si de lo que se trata es de sr feliz y la felicidad consiste en un buen estado de ánimo (eu-daimonía), lo
decisivo para ello no será tanto un elevado cociente intelectual, como dominar las propias emociones, controlarlas, de
manera que, con independencia de la situación exterior, prevalezcan las buenas y se reduzcan las malas.

Toda la ética contemporánea que estudia el tema de las virtudes es una reflexión y una actualización de la
doctrina de las virtudes propuesta por Aristóteles.

Empiristas y positivistas son deudores de Aristóteles que rechazó en el siglo IV la existencia del innatismo y
revaluó la experiencia y los sentidos en el proceso de aprendizaje. El empirismo ligado al método científico tal como se
entiende hoy es una innovación aristotélica.

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