IRA
Conocida como “rabia”, “cólera” o “furia”. Es muy veloz: te domina y
se va sin casi darte cuenta. Por lo general puede adueñarse de ti en
situaciones que consideras injusta o que atentan contra tu bienestar.
Te avisa de injusticias o agresiones y te aporta energía para actuar en
consecuencia. Sin embargo, te bloquea y puede llevarte a reaccionar
como un animal que es atacado por otro y nos puede meter en
problemas.
Hay que evitar que la ira tome el control mientras estemos a tiempo.
MIEDO
También conocido como “temor”. Aparece cuando crees que vas a
sufrir un daño.
Si el miedo crece muchísimo, se convierte en terror y entonces
pierdes el control. El puede servirte para estar alerta ante el peligro,
pero el terror paraliza y no te deja pensar.
Tus ojos se agrandan para que veas mejor. Además, el corazón envía
más sangre a las piernas para que puedas huir.
ALEGRIA
Algunos la llaman “contento” o “gozo”. Es causada por un motivo
placentero y, por eso, es sumamente agradable.
A diferencia de la felicidad, la alegría es de corta duración. Sin
embargo, uno puede tener muchísimos ratitos alegres durante el día.
Te invade un placer juguetón. Tu energía aumenta y tu manera de
pensar es más positiva. Lo contrario es la tristeza.
TRISTEZA
Es una caída general de nuestra energía, de nuestro estado de
ánimo. Cuando estamos tristes perdemos el apetito, las fuerzas, el
deseo, el impulso: las ganas de vivir.
La tristeza es un velo que nos empaña la vida y la viste de gris.
No a todas las personas nos entristece lo mismo. Es habitual sentirla
cuando nos decepcionan o cuando perdemos algo importante. La
tristeza es parte de la compasión.
ASCO
Es el desagrado que nos causa algo que consideremos repugnante.
No a todos nos da asco lo mismo.
Es muy útil, pues nos mantiene alejados de sustancias que pueden
hacernos daño. Ahora bien, algunas costumbres resultan asquerosas
en una familia o en una cultura son totalmente normales en otra.
Manifestar tu asco podría despertar la hostilidad en otras personas.
ODIO
Es una gran antipatía, un rechazo que sentimos hacia algo o alguien.
Como consecuencia, deseamos que le ocurra algo malo.
Algunas veces, el odio dura mucho tiempo. Otras solo un ratito.
Puedes sentir un odio fugaz hacia una persona, pero eso no significa
que la hayas dejado de querer.
Si el odio nos mueve a la acción, sucumbimos a la ira.
IRRITACIÓN
El mundo está lleno de colores, olores, sonidos,… Unos nos agradan
siempre; otros solo un momento. Algunos nos disgustan. Y otros nos
hacen sentir irritación: son tan molestos que se nos instalan dentro y
no podemos dejar de pensar en ellos.
El ladrido de un cachorro puede despertar tu ternura, pero ¿y si no
deja de ladrar durante todo el día?
Cuando te irritas eres muy consciente de tus sentidos. Algo molesto
pasa a ser irritante cuando crees que ya no puedes soportarlo más.
TENSIÓN
Algunos la llaman “estrés”. Nace cuando nos enfrentamos a
situaciones que consideramos amenazantes.
También se produce cuando hay intereses enfrentados. Por ejemplo:
Tú deseas cantar y tu mamá desea dormir.
Estás nervioso, impaciente y pierdes la calma con facilidad. Si hablas
de lo que te genera tensión con alguien en quien confías,
experimentarás un gran alivio.
FRUSTRACIÓN
Es el malestar y el enfado que se producen cuando no consigues lo
que te proponías o esperabas. Por ejemplo: nuestras propias
limitaciones, las decisiones o limitaciones de otras persona o las
condiciones del tiempo…
Ante una misma situación, hay quienes se frustran y quienes buscan
soluciones. Estos últimos despiertan nuestra admiración.
AMOR
Es contradictoria. Nos puede provocar una sonrisa gigantesca o una
catarata de lágrimas.
Amor romántico: cuando piensas constantemente en una misma
persona… y verla te produce una mezcla de nervios y alegría.
Amor diligente: cuando haces tuyas la alegría y la tristeza de la
persona a quien amas y, además, siempre le deseas lo mejor. Es un
sentimiento puro y cálido. Opuesto al odio.
TERNURA
Algunos seres despiertan nuestra ternura: un cachorro, un árbol a
punto de brotar, un abuelito… La ternura es cercanía, afecto y
compasión.
Sentimos ternura ante personas, seres y objetos o que no parecen
amenazadores.
INSEGURIDAD
Es una falta de confianza. Puede faltarnos confianza en nosotros o en
los demás.
Cuando la sientes, adoptas mecanismos para defenderte. Si no estás
seguro de tu capacidad para nadar, manotearás mucho (aunque no
sea necesario). Si no confías en un amigo, querrás aislarte para
sentirte a salvo.
A veces, por inseguridad, actuamos con timidez.
VERGÜENZA
Aparece por sorpresa. La sientes cuando sabes que has cometido
una falta o cuando crees que se van a burlar de ti. Es posible sentirla
por lo que hace otra persona.
Por desgracia, es muy indiscreta. Hace que tu rostro se enrojezca.
Que los demás sepan que estás avergonzado puede provocarte,
además, inseguridad.
CULPA
Nos invade cuando creemos que hemos hecho algo malo. Es el
termómetro de nuestros actos: nos indica qué consideramos buenos
y qué no. Nos permite evaluar nuestro comportamiento.
Cuando haces algo que sabes que no está bien, una voz interior te
habla. Tú sabes qué cosas crees que son apropiadas, aunque a veces
no quieras oírlo.
Señala que somos responsables de nuestros actos y nos ayuda a
juzgarlos.
REMORDIMIENTO
Algunos lo confunden con el arrepentimiento. Pero el
arrepentimiento es el malestar que podemos sentir ante cualquier
acto, malo o no. En cambio, el remordimiento solo aparece cuando
hemos realizado una mala acción.
Puedes arrepentirte por haber dicho “no” cuando tu hermano te
ofreció caramelos… y seguramente, sentirás remordimiento si le
quitas unos cuantos sin que se entere.
Hace que no puedas dejar de pensar en eso malo que hiciste.
COMPASIÓN
Hay quién la llama “lástima”. Es la pena que nos provoca la desgracia
de los demás.
Nos motiva a ayudar a quién está sufriendo. Puede ser un pariente o
desconocido. Eso nos despierta el deseo de abrazarlo para aliviar su
tristeza.
Si un ser querido lo pasa mal y no lo ayudamos, es muy probable que
entremos en el territorio del remordimiento.
TIMIDEZ
Es un bloqueo que nos impide comportarnos con naturalidad. Nos
suele dominar ante personas extrañas, no confiables o
amenazadores.
Una persona tímida se siente incómoda y torpe. Entonces, por miedo
a equivocarse, deja de hablar, de moverse… e intenta pasar
desapercibida.
No te sientes espontáneo. Incluso es posible que te invada la
confusión.
ALIVIO
Experimentamos alivio cuando nos libramos de un peso, cuando
dejamos de percibir una amenaza o cuando nos disculpamos. Por
ejemplo, sentirás alivio al terminar un examen, al ver que un peligro
se aleja o al reconocer un error.
Significa que una sensación o situación desagradable ha terminado.
Suele venir acompañado de relajación. Aliviadas las dificultades,
reaparece la paz, nos sentimos tranquilos. Es el camino hacia la
serenidad.
SERENIDAD
Es una sensación de calma y armonía. Nace en lo más profundo de tu
ser y se extiende hasta llegar a tus ojos. La persona está tranquila,
apacible y, además, pide las cosas con amabilidad y dulzura.
Te otorga un superpoder, con el que puedes ver más claro lo que
sucede y lo que ha sucedido. Por eso, se te pasa el enfado al ver que
algo no tenía realmente importancia.
La serenidad se puede ejercitar como si fuese un músculo. Y
entrenarla ayuda a aumentar nuestra felicidad.
FELICIDAD
Es diferente para cada persona. Somos felices cuando disfrutamos de
nuestras capacidades, de los que podemos o sabemos hacer.
Hay muchas actividades que te pueden hacer feliz, si las ves como
una oportunidad para disfrutar.
La felicidad es una sensación de satisfacción hacia tu propia persona,
no la confundas con la alegría.
CONFUSIÓN
Es una mezcla desordenada de sentimientos. La experimentamos
ante un desorden o una mezcla que no comprendemos del todo. Y
eso nos paraliza. ¿Siento ira o ternura? Siento tristeza y admiración a
la vez. ¿Será envidia?.
Si estás confusx, no sabrás exactamente qué te ocurre. Intenta
averiguar de qué emociones se compone tu confusión.
La confusión, imprevisible y caótica, puede llevar al miedo.
ASOMBRO
Cuando algo que creíamos imposible demuestra ser cierto. El asombro nos
dice que el mundo es un lugar por descubrir, que hay espacio para lo
desconocido, para la magia. Nos indica que estamos rodeados de personas
y cosas fascinantes.
Viene de la inocencia y de la curiosidad. Cuando te asombras, primero crees
que no es posible. Luego, ves que es cierto y te sientes maravillado.
Acompañado de una sensación de rechazo, puede convertirse en asco.
HOSTILIDAD
Lo sentimos cuando alguien se opone a nosotros o a nuestros
deseos. Tu deseas ir a jugar al parque, pero tus padres no te dejan.
Cuando lo sentimos, deseamos llevar la contraria. La hostilidad nos
conduce a rechazar a la otra persona; sentimos deseos de
incomodarla, atacarla, molestarla…
Si en vez de ser hostiles con alguien lo admitimos en nuestra vida,
estamos desarrollando nuestra aceptación.
ACEPTACIÓN
Sentimos aceptación cuando nos quieren tal como somos, con
nuestras virtudes y con todo aquello que tengamos que mejorar.
También la sentimos cuando los demás reconocen y valoran nuestras
capacidades y acciones.
Los aplausos, las palabras cálidas, una sonrisa, un abrazo y cualquier
otro gesto cuyo fin sea mostrarnos aprecio.
INCOMRPENSIÓN
Nace de la falta de entendimiento con el otro. Intentamos explicar
algo que nos ocurre o que pensamos, pero la otra persona no nos
entiende.
En ocasiones, nos sentimos así porqué algo que hacemos no encaja
con nuestra opinión de los demás.
Surge de un desajuste entre cómo ves tú el mundo y cómo creen los
demás que lo ves. Es una mezcla de frustración y desamparo.
DESAMPARO
Te inunda cuando te ves desprotegidx, cuando no puedes contar con
el apoyo de nadie. Es una sensación de pesar y tristeza.
Crees que si pides ayuda, nadie acudirá en tu auxilio. Puedes estar
rodeado por mucha gente, pero si no tienes el amparo de nadie,
terminarás sintiéndote solo.
SOLEDAD
Es la ausencia de compañía. Resulta muy práctica cuando no quieres
que te molesten. Pero puede ser angustiante si crees que no tienes a
quién acudir o con quién compartir las cosas.
Cuando no puedes contar con las personas que te rodean o cuando
estas te dejen de lado. Para vencerla, es muy importante
comunicarse.
Si echas de menos los momentos en que no estabas solo,
experimentas nostalgia.
NOSTALGIA
Nos genera un vacío en el corazón y, casi al mismo tiempo, lo llena
con gotitas de pena.
Cuando estamos nostálgicos, sentimos que alguien, o algo, nos falta:
un amigo, un familiar, un lugar… Al instante, esa ausencia nos
entristece.
Sentimos tristeza al recordar. Y cuando se hace parte de tu día a día,
terminas siendo presa de la melancolía.
MELANCOLÍA
Es una forma acentuada de la nostalgia. Sentimos que el mundo en
el que desearíamos vivir es un lugar lejano, difícil de alcanzar. Puede
asaltarnos ante los cambios.
El placer del melancólico consiste en flotar en su propia melancolía,
sin hacer nada más. Si ese placer se evapora, surge el aburrimiento.