Soledad y Vejez: Un Análisis Clínico
Soledad y Vejez: Un Análisis Clínico
PBL SOLEDAD
Participantes:
Natalia Martínez Martín
Paula Mínguez Barrios
Paula Prieto Vara
Natasha Ramani Goçalves
Gema Soto González
Inés Valentín-Gamazo Abril
ÍNDICE
1. Introducción teórica………………………………………………………………………... 2
2. Presentación del caso clínico………………………………………………………………. 5
3. Elección y justificación de los instrumentos de evaluación……………………………….. 6
4. Análisis funcional del caso……………………………………………………………….. 10
5. Propuesta de tratamiento…………………………………………………………………. 12
6. Evaluación del cumplimiento de objetivos………………………………………………. 24
7. Conclusiones……………………………..………………………………………………. 26
8. Referencias bibliográficas………………………………………………………………... 29
ANEXOS……………………………………….………………………………………..….. 34
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1. Introducción teórica
La salud se define como “el estado de completo bienestar físico, mental y social, y no
solamente la ausencia de afecciones o enfermedades” (OMS, 2017). En los últimos años, la
soledad se está convirtiendo en una de las nuevas pandemias en la cultura actual. La soledad
se está llevando la vida de numeras personas recientemente, esto se ve reflejado en un estudio
realizado por Cacioppo, el cual se compone de 70 estudios con más de tres millones de
personas, y que manifiesta que la soledad aumenta el riesgo de muerte hasta un 26%
(Anrubia, 2018), este problema ha alcanzado tal envergadura que revistas como la
Association for Psychological Science publicaron artículos tratando el tema de la soledad,
refiriendo el sentimiento como estar desconectado o aislado.
En nuestro país, a diferencia de otros lugares que cuentan con numerosas
investigaciones realizadas en las últimas décadas, este sentimiento de soledad constituye un
objeto de estudio que cuenta con poca investigación (López Doblas y Díaz Conde, 2018). Sin
embargo, se trata de un problema importante que afecta a una gran cifra en España,
concretamente 5.066.940 personas viven solas en nuestro país, y se espera que dicha cifra
supere los seis millones en menos de diez años (INE, 2022). Asimismo, autores extranjeros
han medido su prevalencia mediante encuestas y al realizar una comparación con la
información registrada en otros países se ha concluido que, en España, hay una cifra más
elevada que en cualquier sociedad del centro o norte de Europa (Fokkema, de Jong Gierveld
y Dykstra 2012; Yang y Victor 2011; Sundström et al. 2009; citado por López Doblas y Díaz
Conde, 2018). Por lo tanto, se trata de un problema de gran relevancia y que afecta de forma
directa a la población de personas mayores, ya que es bastante común que tengan que
enfrentarse en muchas ocasiones a un hogar unipersonal, situaciones de viudedad o falta de
relaciones familiares y sociales. Sin embargo, las causas de la soledad pueden ser diversas.
Vicente Madoz Jáuregui describe la soledad como el convencimiento de ser excluido,
de no presentar interacciones y carecer de compañía para el desarrollo de las actividades
(Rodríguez Martín, 2009; Rojas y Carvajal, 2020). Esto invita a reflexionar acerca de la
diferencia entre dos conceptos: por un lado, la soledad, que hace referencia al sentimiento
subjetivo de una persona en particular (sentirse solo sin estarlo necesariamente); y por otro
lado, el aislamiento social, que implica una perspectiva más objetiva, la carencia de
relaciones sociales (estar solo). Aunque ambos conceptos se encuentran interrelacionados, es
necesario diferenciarlos ya que, el sentimiento de soledad obedece a una insatisfacción
causada por la falta o pérdida de relaciones sociales o contacto con personas y tiene que ver
con la percepción y evaluación que cada sujeto realiza sobre las relaciones interpersonales,
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por lo tanto es un concepto más bien subjetivo, un sentimiento sobre el que se puede trabajar.
Mientras que el aislamiento social se basa en las características objetivas de la situación en la
que el individuo carece de relaciones y contacto social. El sentimiento de soledad puede ser
consecuencia del aislamiento social, aunque varía dependiendo de la persona y de sus deseos
y expectativas (Jong Gierveld, van Tilburg y Dykstra 2016, citado por López Doblas y Díaz
Conde, 2018), ya que algunas personas pueden sentirse muy solas y otras nada en absoluto
cuando cuentan con pocos contactos sociales (Cloutier-Fisher, Kobayashi y Smith 2011,
citado por López Doblas y Díaz Conde, 2018). Del mismo modo, es necesario tener en cuenta
que el hecho de vivir en solitario no conduce necesariamente a sentirse solo, pero en algunos
casos puede resultar un factor desencadenante (López Doblas y Díaz Conde, 2018).
El sentimiento de soledad se considera un fuerte predictor de diferentes patologías,
tales como la ansiedad y la depresión, además de enfermedades físicas, como la hipertensión,
consecuencia de la elevación del cortisol debido al estrés. Se estima que la prevalencia de la
soledad se encuentra en torno al 40% en las personas mayores, secundario a situaciones de
abandono, duelo y adaptación del rol (Rojas y Carvajal, 2020).
Existen varias concepciones del término soledad definidos por diferentes autores,
Weiss (1973) señala que se trata de un fenómeno natural que puede surgir en determinados
momentos de la vida afectando a cualquier persona sin importar su género, edad u otras
características, además, diferenció entre dos tipos de soledad: la soledad emocional, como
respuesta subjetiva ante la carencia de una figura, y la soledad social, como la falta de
pertenencia a un grupo social, este último tipo de soledad hace referencia a personas que
pierden determinados roles sociales como consecuencia de, por ejemplo, la jubilación,
fallecimiento del cónyuge, etc. (DiTommaso y Spinner, 1997). Por otra parte, Young (1982)
distingue tres tipos de soledad en función de su duración: la soledad crónica (sentimiento de
soledad que dura más de dos años), la soledad situacional (sentimiento de soledad tras un
suceso vital estresante como la pérdida de una persona cercana) y la soledad pasajera
(episodios cortos de soledad). Según un estudio de la Universidad de Granada de 2001 las
personas definen la soledad con términos como angustia, miedo, insatisfacción, sufrimiento o
con expresiones como “ausencia de personas” y/o “no tener a quién acudir” (Pinel Zafra y
Rubio Rubio, 2010).
El envejecimiento es un proceso que se da a lo largo de todo nuestro ciclo vital, ya
que a lo largo de nuestra vida se genera crecimiento y desarrollo. Esta es la razón por la cual
la vejez se convierte en un tema de interés en la salud pública, para garantizar la optimización
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que vaya al centro de día también le ha propuesto ir a terapia para dejar de sentirse triste.
Isabel elige venir a consulta porque dice que así su hija dejará de insistir con que vaya a las
actividades del centro de mayores.
Isabel siempre ha sido ama de casa, por lo que se dedicaba a cuidar de sus hijos y
limpiar la casa. Pero, aparte era una persona muy activa: cuando tenía tiempo libre, solía ir a
un grupo de costura que había en su barrio, daba largos paseos con su marido, iba a gimnasia
y a pintura con su hija cuando vivían juntas, etc. Pero todas estas aficiones las ha ido dejando
poco a poco: ha dejado la costura porque dice que “no tengo ganas, además de que cada vez
veo peor y me vuelvo más inútil”, los paseos ya no los da porque dice que irse a caminar sola
le hace sentir triste y no tiene ganas, además, dice que sus piernas ya no están tan bien como
antes y que si antes daba un paseo de 3 kilómetros en una hora, ahora tardaría muchos más y
la gimnasia y la pintura también las ha dejado porque “ya no me interesa nada y para ir sola
prefiero quedarme en casa”. Gracias a estas actividades, hizo buenas migas con algunas
compañeras, pero al dejar de acudir a estas ha perdido el contacto con ellas, al principio se
llamaban pero ante las respuestas negativas de Isabel de volver a las actividades poco a poco
han ido dejando de llamarla. Así, se ha llegado al punto en el que Isabel está perdiendo
facultades de autonomía y está dependiendo más de que la hija venga más días de la semana a
hacer las cosas por ella, ya que, cuando Isabel se niega a salir de casa, la hija, ya cansada, le
responde “en verdad estás muy bien en casa” y “yo puedo hacer la compra por ti cuando no te
apetezca salir”, siempre con ánimo de ayudar y para que se sienta mejor.
Sin embargo, se centraba principalmente en sus hijos, y ahora dice que “ya no les
importo porque mi hijo no viene nunca a verme y mi hija solo una vez a la semana y lo hace
por obligación moral”.
Sus días ahora se resumen en pasar de la cama al sofá y del sofá a la cama, ver la
televisión, hacer las tareas del hogar, ir a la compra y al médico.
Físicamente se encuentra en buen estado, no tiene problemas serios de movilidad ni
ninguna enfermedad que le limite en sus actividades del día a día, pero, sí se encuentran en la
evaluación algunos síntomas de tipo cognitivo, fisiológico y conductual depresivos:
problemas de memoria, apatía y alteraciones en el sueño y la alimentación (come y duerme
menos) además de mostrar irritabilidad cuando se le proponen nuevas actividades.
3. Elección y justificación de los instrumentos de evaluación
En primer lugar, la primera sesión se centrará en conocer a la paciente mediante una
breve entrevista individual semiestructurada de aproximadamente 20-25 minutos donde se
pretende obtener toda la información posible del caso, así como detectar y delimitar los
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problemas que puedan existir además de conocer el grado de malestar experimentado por, en
este caso, Isabel. Asimismo, se pretende crear un entorno donde la paciente se sienta segura,
cómoda y dispuesta a cooperar y participar, ya que, la entrevista consiste en un sistema de
comunicación interpersonal en el que interviene tanto el entrevistador como el entrevistado.
Ésta sigue una línea semi-estructurada, es decir, se trata de una entrevista de carácter
exploratorio utilizada mayormente para obtener información cualitativa, está estructurada por
un guión previamente elaborado que determina aquella información de interés que se desea
conseguir. El guión está constituido por preguntas tanto abiertas como cerradas permitiendo
la participación del paciente a medida que se va dando la conversación. Según se avance en la
entrevista se relacionan temas y matices que conformarán el conocimiento sobre la realidad
del paciente (Murillo Tordecilla et al., 2015). La entrevista se ciñe a algunas de las preguntas
recogidas en la Entrevista Conductual de Fernández-Ballesteros (2012).
En esta misma sesión, se le administrará una serie de cuestionarios/escalas a la
paciente para poder obtener información más específica y profunda que pueda ayudar
posteriormente en el diseño de la intervención.
La primera escala que se le administra a Isabel es la escala sociofamiliar de Gijón
(García-González JV y Díaz-Palacios, 1999), en esta escala se utiliza como criterio el juicio
del profesional experto como validez de criterio, no se ha estudiado en profundidad la validez
de contenido ni la validez de constructo, sin embargo, posee una fiabilidad interobservador
muy elevada con un índice de Kappa del .957 aunque cuenta con una consistencia interna
muy baja con un alfa de Cronbach de .142 (López Martínez, 2019). Aunque no tenga
excelentes propiedades psicométricas, esta escala ayuda a poder encuadrar o contextualizar la
situación en la que se encuentra Isabel en relación al tipo de vivienda, situación económica,
apoyo social y familiar que puede aportar información importante que pueda estar oculta. Se
trata de una escala breve que tan solo lleva 4-5 minutos.
Posteriormente, se le aplica la escala ESTE I de soledad, la cual se trata de un
sumario de las escalas UCLA (Escala de Soledad de la Universidad de Los Ángeles para
evaluar la percepción de soledad del paciente) con una consistencia interna del .89 y una
confiabilidad test-retest durante un período de 1 año del .73 (Russell et al., 1978), la escala
SELSA (para la evaluación de las relaciones con amigos y familia en adultos) con una
consistencia interna del .809 (Rivasplata Martiarena, 2021), la escala ESLI (para la
evaluación de la soledad social y emocional en mayores) con una consistencia interna del .85
y una confiabilidad test-retest durante un periodo de dos semanas de .80 (Bellegarde, 2017) y,
finalmente, la escala de satisfacción vital de Philadelphia (para la evaluación del bienestar
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psicológico y satisfacción personal) con una consistencia interna de .81 a .86 (Tejedor et al.,
2014).
Tras la aplicación de estas escalas de forma independiente en una muestra de 295
personas mayores de 65 años, los autores observaron en los resultados que las escalas tenían
altas correlaciones entre ellas, es decir, todas medían el mismo constructo, en este caso la
soledad en personas mayores, por lo que decidieron construir la escala ESTE I con ítems
comunes a las escalas anteriores. La escala ESTE I cuenta con un coeficiente total de .92, por
lo que se trata de un instrumento muy fiable para el constructo que queremos medir en este
caso, el nivel de soledad que experimenta Isabel, ya sea familiar, conyugal, social y la
soledad existencial descrita como el sentimiento que puede generar la suma de los tipos de
soledad anteriores. La escala ESTE I consta de 34 ítems agrupados en cuatro factores
(soledad familiar, conyugal, social y existencial) y respuesta de tipo Likert con cinco
opciones de repuestas: 1= nunca, 2= rara vez, 3= alguna vez, 4= a menudo, 5= siempre
(Rubio, 2009).
Junto a la escala anterior, también se le administra la escala ESTE II, la cual evalúa
principalmente el factor de Soledad Social (Riba et al., 2021), dicha escala ha sido elaborada
tras una revisión sistemática de las principales escalas que evaluaban la soledad social, como
la escala de soledad de Russell et al. (1980), la escala de soledad social y emocional de
Gierveld (2006) y la adaptación española del SESLA de Yárnoz (2008). La versión final
cuenta con 15 ítems con tres alternativas de respuesta; siempre, a veces, nunca. En este caso
los ítems se organizan en tres factores: la percepción del apoyo social, uso que el mayor hace
de las nuevas tecnologías y el índice de participación social. Esta escala posee buena
consistencia interna (.77) aunque no tan buena como la anterior (Pinel Zafra y Rubio Rubio,
2010). Esta escala sirve para poder conocer en profundidad no solo el nivel de soledad sino la
percepción que tiene Isabel de los recursos que posee y cómo afronta esta situación.
Finalmente, se le administra a la paciente la versión adaptada al castellano y abreviada
de la GDS de Sheikh y Yesavage, Escala de Depresión Geriátrica por sus siglas en inglés,
derivada del Inventario de Depresión de Beck (Cabañero-Martínez et al., 2007). Esta escala
fue diseñada específicamente para ser aplicada en personas mayores de 65 años de forma
autoaplicada, además, es fundamental el uso de escalas adaptadas a esta población debido a
las particularidades que conlleva el proceso de envejecimiento, razón por la cual no se ha
escogido el BDI (Sanz et al., 2003). Esta escala tiene el objetivo de evaluar sintomatología
depresiva en personas mayores ya que mantiene muy buena correlación con otras escalas de
cribado de depresión, con esto, pretende distinguir entre personas mayores depresivas y no
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depresivas (Arrieta Antón y García Alonso, 2009). La versión original consta de 30 ítems, sin
embargo, debido a su extensión se utiliza la versión abreviada de 15 ítems que evalúa
inactividad, irritabilidad, aislamiento y pensamientos angustiosos, excluyendo ítems que
evalúan sintomatología somática muy frecuentes en personas mayores y facilita la
comprensión y administración de la escala al poseer una forma dicotómica de responder
(Sí/No). La GDS tiene una orientación más cualitativa, sin embargo, posee propiedades
psicométricas bastante buenas ya que ha obtenido un valor de 0.96 para fiabilidad
intraobservador y un valor de 0.89 para fiabilidad interobservador (Tartaglini et al., 2021).
Las escalas administradas en parte de evaluación han mostrado las siguientes
puntuaciones:
En la escala de depresión GDS, Isabel ha mostrado resultados que se asocian con una
sintomatología depresiva, ya que presenta la máxima puntuación en esta escala (adjunta en el
Anexo 2).
En la escala sociofamiliar, Isabel ha obtenido una puntuación total de 11, una
puntuación alta que significa, según la interpretación de la escala, que existe riesgo social ya
que ha puntuado bastante alto en alguna de las dimensiones, como la dimensión situación
familiar y relaciones sociales (Anexo 5).
En relación a la escala ESTE I las puntuaciones se dividen por categorías, Isabel ha
obtenido las siguientes puntuaciones: en soledad familiar ha obtenido una puntuación de 63
sobre 70, en soledad conyugal ha obtenido una puntuación de 16 sobre 25, en soledad social
ha obtenido una puntuación de 30 sobre 35, y en crisis existencial ha obtenido una puntuación
de 42 sobre 45. Estos resultados muestran que Isabel tiene altas puntuaciones en todas las
dimensiones de la escala, lo que significa que siente un gran y profundo sentimiento de
soledad y desamparo.
En la escala ESTE II la puntuación se calcula mediante la suma de la puntuación en
cada uno de los ítems, de esta forma, Isabel ha obtenido una puntuación total de 25 sobre 30
lo que significa que Isabel tiene una gran sensación de soledad social, es decir, siente que no
tiene apoyo social y no participa de forma activa en actividades que requieran interacciones
con los demás.
Para finalizar la sesión, se le manda a la paciente un autorregistro breve a completar
por Isabel con información de su vida fuera de consulta, durante el periodo de tiempo entre la
primera y segunda que recoge aquella información que pueda estar oculta o pase
desapercibida para ayudar con el proceso terapéutico. Esta técnica es muy importante para
obtener, también, información sobre las situaciones que generan malestar a la paciente y
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ayuda a que ésta sea consciente de qué manera afronta esas situaciones y qué pensamientos
presenta. El autorregistro que se le administra a Isabel se compone únicamente de las
situaciones que generan este malestar, el pensamiento que esas situaciones genera en el
paciente y la conducta que realiza ante ello. Es un autorregistro breve para que así se muestre
más dispuesta a colaborar y le resulte más cómodo y sencillo realizarlo ya que, en el motivo
de consulta se mostraba reticente a venir a consulta. Este método de evaluación está basado
en el modelo A-B-C diseñado por Albert Ellis que explica que los estados de ánimo (C) no
son provocados directamente por los acontecimientos (A), sino por la interpretación que se
hace de ellos (B). Por este motivo, ante un mismo acontecimiento, dos personas tienen
reacciones distintas, por la influencia de los pensamientos e interpretaciones de cada uno
(Díaz, 2019). De esta manera, gracias al autorregistro se pretende: primero, obtener más
información sobre las circunstancias en que se dan esos pensamientos de Isabel y, segundo,
favorecer el autoconocimiento y hacer más consciente a Isabel de la fuerza que tienen sus
propios pensamientos y de la importancia que tiene trabajar sobre las interpretaciones que
ella hace de la realidad.
Tabla 1
Ejemplo de autorregistro
Mi hija viene a casa Solo viene una vez y lo hace obligada Me enfado
Figura 1
Origen y mantenimiento del problema
Figura 3
Cadena conductual 2
5. Propuesta de tratamiento
El objetivo general de la intervención con Isabel será reducir los sentimientos
asociados a la soledad real y percibida, junto con el malestar asociado.
Para alcanzar este objetivo la terapia se dividirá en distintos pasos más asequibles, los
objetivos específicos, y para cubrir cada uno se utilizará una técnica concreta (es posible que
una técnica cubra más de un objetivo y que un objetivo requiera de más de una técnica).
De esta manera, los objetivos específicos en el caso de Isabel consisten en:
1. Aumentar la participación en actividades de ocio fuera de su casa. Ya sea yendo a las
actividades del centro de mayores, a su antiguo club de costura o al de pintura, etc. Lo
que ayudará además a aumentar sus relaciones sociales y retomar sus antiguas
amistades.
2. Eliminar los pensamientos negativos de tipo “nada me interesa”, “prefiero estar sola
en casa”, “soy una inútil”, “mis hijos no me quieren lo suficiente”, “mi hija viene a
verme por pena”, etc.
3. Aumentar sus redes de contacto social, retomando amistades
4. Disminuir la aparición de los síntomas depresivos (apatía, insomnio, fallos de
memoria, irritabilidad, etc.)
Para cumplir el primer objetivo se utilizan algunas técnicas de la terapia de aceptación
y compromiso y la terapia de activación conductual que se explicarán a continuación.
En primer lugar, se utiliza la terapia de Aceptación y Compromiso para aumentar
su flexibilidad cognitiva, esto es, fomentar la aceptación de la paciente hacia el sentimiento
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de soledad y tristeza que experimenta, así como en la propia situación que vive y ayudarle a
abordar situaciones cotidianas como puede ser la independización de sus hijos.
La ACT se basa en la Teoría del Marco Referencial formulada a partir de las
conceptualizaciones de Skinner, la cual sostiene, de forma general, que el comportamiento y
el lenguaje están relacionados en el sufrimiento o malestar de la persona (Mandil, 2015), de
esta forma, trabajar sobre el lenguaje es fundamental para lograr la aceptación y el
compromiso. Esto ayudará a que Isabel comprenda su situación, sus ideas y pensamientos, y
sea consciente de su problemática. Además, ayuda a que Isabel comprenda, no sólo su propia
situación, sino también la situación que viven sus hijos. Entender y aceptar que la situación
de ellos son acontecimientos que forman parte de la propia vida y que no por estar en otro
lugar o verlos menos significa que la quieran menos. Este, en concreto, es uno de los
principales objetivos de esta intervención, ya que, sobre esta creencia se encuentran
vinculados todos los demás pensamientos y sentimientos.
Para ello, la ACT se basa en seis principios (Mantilla, 2019); en primer lugar fomenta
la defusión cognitiva en oposición a la fusión cognitiva, es decir, hacer ver a la paciente que
los pensamientos o recuerdos no son amenazas sino que son simplemente pensamientos que
rondan, no verdades absolutas, y que, por tanto, no deben ser juzgados, sino que hay que
dejarlos ir para así poder reducir el malestar generado; en segundo lugar, se trabaja la
distinción entre el “yo como contexto” frente al “yo como contenido”, es decir, la paciente
debe verse a sí misma como una persona que observa y experimenta sus pensamientos y
emociones como algo externo sin que forme parte interna de ella; en tercer lugar, la acción
comprometida frente a la inactivación o estancamiento donde se ayuda a la paciente a realizar
contratos con ella misma donde se compromete a realizar gradualmente aquellas acciones que
puedan acercarle a lo que realmente le importa; en cuarto lugar, identificar aquellos valores
que son importantes para el paciente para poder conocer qué es lo que realmente le importa y
el camino que ha de seguir; en quinto lugar, focalizar toda la atención y compromiso en el
aquí y ahora, es decir en el presente, sin que existan preocupaciones sobre lo que se hizo en el
pasado o lo que se hará en el futuro; en el sexto y último lugar trabajar sobre la aceptación del
acontecimiento, experiencia o sensación del momento como parte natural del ser humano, sin
emitir juicios o valoraciones, favoreciendo el abandono de los intentos de lucha y/o control
sobre ellos (Mandil, 2015).
Esta terapia de tercera generación ha sido utilizada en varios estudios de personas
mayores con sintomatología depresiva donde se obtuvieron muy buenos resultados. Es el
caso del estudio realizado en la Universidad de Almería (Ruíz Sánchez y Callejón Ruiz,
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2014) donde realizaron una intervención breve basada en la ACT en personas mayores con
edades comprendidas entre los 60-80 años con Trastorno Distímico y Trastorno Depresivo
recurrente, en dicho estudio, las personas mayores obtienen menores puntuaciones en
sintomatología depresiva y eran capaces de realizar actividades que antes no hacían debido al
malestar asociado.
Para empezar a trabajar sobre este caso se usan las siguientes técnicas de la ACT
(Badia, 2022):
Meditación: a través de la meditación la paciente podrá ser consciente de aquellas
sensaciones, pensamientos o emociones que está experimentando. Se trata de obtener una
consciencia plena a través de mindfulness donde se utiliza la respiración y el ejercicio de la
pasa (en este ejercicio se trabaja la atención de los sentidos a través de una uva o pasa donde
la paciente, a través de los sentidos, centra toda su atención en las cualidades de la pasa y en
cómo se siente al realizar este ejercicio) como elementos claves para aislar el estrés o
malestar que siente la paciente.
No evitar las sensaciones desagradables y normalización del malestar asociado: se
intenta concienciar a la paciente a que la sensación de “soledad” o “tristeza” no es algo malo
y por lo tanto no hay que evitarlo sino contextualizarlo como algo normal en la vida del ser
humano. De esta manera, se le pide a Isabel que deje de luchar o intentar controlar estas
sensaciones desagradables, ya que no es algo de lo que haya que escapar, sino que hay que
vivirlo de la manera más funcional posible, además, podrá ayudar en la aceptación de la
situación de sus hijos así como observar las herramientas de las que dispone para afrontar esa
situación como puede ser los talleres de costura o pintura. Para trabajar sobre esta técnica se
utiliza “la metáfora del muro” donde la paciente se encuentra con un muro de contención el
cual no puede atravesar, pero tras el proceso de aceptación es capaz de encontrar formas de
sobrepasar ese muro.
Clarificación de valores: con esta técnica se pretende identificar qué es lo realmente
importante para Isabel, cuáles son sus metas, qué objetivos tiene en mente y qué caminos
puede escoger para dirigir su vida. Para poder realizar esta técnica se usa como ejemplo “la
metáfora del jardín” donde la paciente imagina que un jardinero se encuentra en un jardín
lleno de flores de todo tipo pero éste sólo se centra y trabaja en las malas hierbas,
arrancándolas constantemente lo que provoca el olvido y descuido de aquellas flores que
tanto le gustan e importan.
Para trabajar la fusión cognitiva se utiliza la “metáfora del ajedrez” para ayudar la
naturaleza de los pensamientos con el objetivo de demostrar que los pensamientos son solo
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eso, pensamientos. Esta metáfora es una buena técnica para trabajar en el “yo como contexto”
de la paciente ya que puede verse a ella misma como un tablero o contexto en el que las
piezas son los pensamientos y emociones.
Ejercicio “Saca tu mente a caminar” (Mandil, 2015): se le pide a Isabel que recorra la
consulta de formas diferentes a través de sus propias decisiones. El terapeuta, en este caso, va
a comenzar a seguirle y susurrar posibles pensamientos que pueda tener la paciente, se le pide
a Isabel que no luche ni evite estos susurros y siga realizando posibles caminos a lo largo de
la consulta.
La acción comprometida con los valores se realiza cuando la paciente ha alcanzado
una mejoría en relación a su sintomatología previa, es una técnica muy importante en ACT ya
que supone dar otra dimensión al sufrimiento de la paciente otorgando libertad y flexibilidad
a ese sufrimiento. Actuar en compromiso significa actuar con responsabilidad hacia una
dirección, en este caso supone actuar en relación a los valores que ha clarificado previamente
la paciente. Para ello, se crea una estrategia donde se plantean objetivos que sitúen a la
persona a cargo de sus acciones, en este caso, la estrategia que se sigue es la siguiente: se
hace especial énfasis en que cada acción tiene un propósito que le sigue, después, se fijan
unos objetivos a seguir equiparable a aquellos valores que la paciente quiere seguir, más
tarde, se establecen una serie de acciones comprometidas que son las elegidas por la paciente
con ayuda del análisis funcional anteriormente explicado y de la clarificación de valores. Al
poner en marcha las acciones, se pueden producir recaídas o pérdida de confianza en sí
misma por lo que se recurre a la metáfora del viaje en coche donde se alega al cuerpo como
vehículo, el “yo” o la mente como conductor de dicho vehículo y el viaje como el recorrido
que se realiza junto a las sensaciones o emociones que se han experimentando a lo largo del
viaje , a través de esta metáfora se enfatiza las sensaciones agradables que experimenta la
paciente a través del recorrido o “viaje” que producen las acciones (Pérez Vázquez, s.f.).
Posterior a la ACT, se utiliza la terapia de activación conductual para trabajar sobre
la sintomatología depresiva de Isabel así como sobrellevar el proceso de duelo de sus hijos.
Esta terapia se basa mayormente en la influencia del entorno sobre la paciente, es decir, cómo
este contexto en el que se emiten las conductas interactúa con las mismas y qué
consecuencias produce. Esta terapia se puede utilizar en este caso específico para tratar la
evitación conductual de Isabel ante las actividades que hacía antes en su día a día o la
evitación de los centros de día propuestos por su hija.
La terapia AC mantiene que una de las principales causas de la depresión es la ruptura
de las actividades que la paciente hacía en su vida cotidiana (como ir a centros de día, a
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grupos de pintura, costura, pasear o hacer gimnasia) así como de los pensamientos que esto
puede producir (Farias, 2021). Para realizar la AC se sigue la siguiente estrategia:
En primer lugar, se buscan aquellas actividades que son reforzantes para la paciente y
ayudan a combatir la soledad, se valora los aspectos positivos que tienen los grupos de
costura, pintar o dar paseos así como las sensaciones que experimentaba al realizarlas. En
segundo lugar, se valora el esfuerzo que supone llevar a cabo esas actividades, ya sea a nivel
emocional, físico o económico, para conocer las actividades que pueden llevarse a cabo de
forma realista. Se opta por aquellas tareas que tengan un mínimo esfuerzo y máximo
bienestar (Fernández, 2021). Posterior a esto, las tareas se descomponen en pasos pequeños y
sencillos y se trabaja cada parte a través de la valoración y refuerzo del logro, posteriormente
se pasa a la siguiente parte de la tarea tras realizar con éxito la parte anterior. En las partes
anteriores se detectan dificultades que supongan obstáculos que podrán ser resueltos a través
de entrenamiento en mindfulness o en habilidades sociales. Finalmente, se recalca la
focalización en aquellos aspectos placenteros de la actividad así como de la sensación de
control y dominio sobre sí misma. De esta manera, podrá observar y realizar una valoración
positiva sobre herramientas o recursos que pensaba no disponer. El procedimiento es parecido
al modelo SOC que se explicará más adelante.
Las terapias de tercera generación están teniendo mucha evidencia empírica, en
concreto, la ACT y la terapia de AC son las que mayor evidencia científica poseen, después
de la MBT (Terapias Basadas en Mindfulness) según el estudio realizado en la Universidad
de Almería (Ruíz Sánchez y Callejón Ruiz, 2014) donde se llevó a cabo una revisión
sistemática sobre el grado de evidencia clínica de las Terapias Conductuales de Tercera
Generación. En dicho estudio, la ACT muestra resultados significativos en personas mayores
con un diagnóstico clínico independiente a sintomatología depresiva, mientras que la terapia
AC tiene resultados eficaces en población mayor con sintomatología depresiva, haciendo
especial hincapié al trastorno por duelo. Aún faltan muchos estudios y líneas de investigación
que aporten mayor evidencia sobre estas recientes terapias, sin embargo, actualmente existen
estudios controlados que están en marcha con este objetivo como es el caso del estudio de
Clignet, Van Meijel, Van Straten y Cuijpers (2011).
También se puede usar como ayuda para las técnicas empleadas el Modelo de
selección, optimización y compensación (SOC; Baltes y Baltes, 1990):
Este modelo se trata de la propuesta de un proceso compuesto por tres mecanismos,
que regulan el proceso de envejecimiento adaptativo: selección, optimización y
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nuestros pensamientos y las interpretaciones (B) que hacemos de esos hechos, que en ciertas
ocasiones, pueden se desadaptativos o disfuncionales (Díaz, 2019).
Así, mediante esta técnica se buscará eliminar los pensamientos distorsionados y
negativos de tipo “nada me interesa”, “prefiero estar sola en casa”, “soy una inútil”, “mis
hijos no me quieren lo suficiente”, “mi hija viene a verme por pena”, etc. y sustituirlos por
otros más adaptativos como “siempre he tenido muchos hobbies como pasear, coser y pintar,
podría retomarlos de vez en cuando porque son cosas que me gustan y no quiero dejar de
hacer”, “que suerte tengo que tengo hijos que me quieren y aunque mi hijo no pueda venir a
verme sí es verdad que me llama muy a menudo y que puedo pasar la Navidad con él y mi
hija sí que viene todas las semanas y se preocupa por mí porque me quiere”, “es verdad que
con los años pierdo algunas facultades como la vista pero eso no quiere decir que tenga que
dejar todas mis actividades de golpe”.
Estudios previos evidencian la efectividad de Reestructuración Cognitiva en personas
mayores y sin deterioro cognitivo sobre la reducción de la sintomatología depresiva, la
mejora de la autoestima, la resiliencia y la satisfacción vital. La eficacia de las técnicas
cognitivas para el alivio de sintomatología depresiva en personas mayores ha sido mostrada
en otros trabajos como el de Laidlaw, Thompson, Gallagher-Thompson y Dick-Siskin (2003).
Lo que sucede es que la sintomatología depresiva, activa esquemas cognitivos irracionales y
el sujeto percibe la realidad y su entorno de forma negativa y/o desadaptativa. Desde la
reestructuración cognitiva, se identifican este tipo de pensamientos y se aprende a modificar
las cogniciones desadaptativas para ver una realidad más empírica que permita actuar de
forma positiva.
Del mismo modo, en el envejecimiento se producen cambios, especialmente físicos y
cognitivos que llevan a las personas a sentirse menos útiles y dañar así su autoestima. La
reestructuración cognitiva ha mostrado ser efectiva para la mejora de la autoestima, al igual
que en trabajos anteriores (Connors, Johnson y Stuckey, 1984), ya que a través de esta
técnica, la persona tiene oportunidad de revalorar sus capacidades, dando lugar a nuevos
planteamientos más objetivos y realistas, ya que, a pesar de ciertas dificultades, todavía se
poseen grandes cualidades.
Asimismo, la reestructuración cognitiva permite hacer frente a los pensamientos
irracionales, los cuales bloquean al paciente ante distintas situaciones, así como permite
reevaluar los pensamientos adoptando una connotación más objetiva que posibilita lograr la
obtención de objetivos frente a la situación de afrontamiento y lograr así una mayor
resiliencia. De este modo, se ha visto la efectividad de la reestructuración cognitiva como
20
técnica para incrementar resiliencia (Gil Andino y Cano Vindel, 2001). Por otro lado, los
resultados obtenidos en el estudio de Sörensen et al. (2002), mostraron que las terapias
cognitivo-conductuales que utilizan, entre otras, la técnica de reestructuración cognitiva, son
unas de las más efectivas a la hora de incrementar la satisfacción vital. Si atendemos al
concepto de calidad de vida tal y como lo describe Yanguas Lezaun (2003), dentro de sus
componentes encontramos las impresiones subjetivas como es la satisfacción, es decir, la
percepción que tiene la persona de su propio funcionamiento psicológico, social y físico.
Desde la terapia, el paciente tiene la posibilidad de reflexionar y obtener una valoración más
positiva de sí mismo, o al menos más realista, eliminando connotaciones pesimistas e
irracionales
Para el tercer objetivo, se usará el entrenamiento en habilidades sociales y
role-playing para fomentar de nuevo el contacto social perdido, retomar amistades y mejorar
la relación con sus hijos. Según un estudio llevado a cabo por la fundación Rosa de la
Misericordia en Tulúa, Colombia, se identificó que el papel de las habilidades sociales es
fundamental en edad geriátrica y que su afianzamiento, facilita los procesos de socialización,
comunicación, expresión de sentimientos y pensamientos. Con respecto al proceso de
fortalecimiento de habilidades sociales, concluyeron que es importante su abordaje ya que, a
partir de ellas, se mejoran aspectos personales y comunitarios como la comunicación, la
autoestima y la asertividad (Betancourt Llanos et al., 2022).
Para que estas habilidades puedan ser adquiridas y utilizadas correctamente es
necesario el entrenamiento y la práctica (Oliveira Machado et al., 2013). Dicha práctica se
pretende lograr en el caso de Isabel mediante ejercicios de role-playing. Se comenzará
practicando en terapia una situación en la que Isabel retoma el contacto con el grupo de
costura, el terapeuta hará de encargado de dicho grupo e Isabel tendrá que practicar a
acercarse, presentarse, pedir información, inscribirse y finalmente, acudir. También se
practicará en terapia una conversación asertiva con cada uno de sus hijos en la que el
terapeuta hará de hija o hijo e Isabel tendrá que expresar sus sentimientos y pensamientos sin
hacer reproches ni actitud victimista. Después, deberá proceder a enfrentarse a estas mismas
situaciones pero en la vida real, es decir, como deberes para casa deberá acudir al grupo de
costura y seguir los pasos de pedir información, inscribirse y acudir, y también deberá probar
a hablar con sus hijos de forma asertiva.
Para el cumplimiento del último objetivo específico, disminuir la aparición de los
síntomas depresivos (apatía, insomnio, fallos de memoria, irritabilidad, etc.) no se aplica una
técnica nueva; si no que se espera que, a través de la activación conductual y del resto de
21
técnicas aplicadas Isabel mejore y la aparición de estos síntomas depresivos se reduzca. Esto
se logrará al cambiar sus pensamientos desadaptativos por unos más positivos, al retomar
actividades placenteras y al mejorar sus redes sociales. Según la teoría de Beck, el origen y
mantenimiento de la depresión se debe en gran medida a las cogniciones y creencias
desadaptativas y negativas sobre uno mismo, el entorno y el futuro. Por eso, el desafiar
estas cogniciones y modificarlas por unas más adaptativas ayudará a cambiar la percepción
de Isabel, de una tan negativa que propicia sentimientos depresivos a una más positiva y
realista. Además, se hablará con los hijos y para hacer una sesión de psicoeducación y
explicarles que deben reforzar las conductas independientes de Isabel y no las dependientes,
para la promoción de la autonomía y que aumente el autocontrol y la autoeficacia percibidas,
y disminuir la probabilidad de desarrollar dependencia aprendida gracias a los refuerzos
congruentes con actitudes dependientes (Solano y Gallagher-Thompson, 2001). En concreto,
en el caso de Isabel, se da dependencia aprendida cuando ella dice que no quiere salir de casa
para ir al centro de mayores o la compra y la hija deja de insistir y le dice que no pasa nada,
que está bien quedarse en casa y que ella le hace la compra para que no tenga de salir. De esta
manera, la hija hace conductas congruentes con las respuestas de dependencia e
incongruentes con la independencia y la autonomía, lo que facilitará el mantenimiento del
problema.
Por último, gracias a la consecución del resto de objetivos específicos se espera que la
percepción de control de Isabel sobre su propia vida y sus decisiones mejore, mientras que se
logre cubrir, así, el último objetivo específico de reducir los síntomas de depresión.
Tabla 2
Propuesta de intervención. Cronograma
Ahora, cuando la hija propone a Isabel acudir a una actividad del centro de mayores,
esta, en vez de negarse, acepta y va. Al principio aparecen sentimientos de desgana, pero en
cuanto se mete en la actividad y la disfruta estos sentimientos se cambian por unos más
positivos. Además, aumenta la probabilidad de hacer nuevas amistades e incrementar el
contacto social, lo que también ayudará a disminuir los sentimientos de soledad y tristeza.
Figura 4
Cadena conductual 1 post tratamiento
Y, siguiendo con la segunda cadena conductual, cuando su hijo la llama, Isabel, en vez
de decir comentarios negativos y recriminar se concentra más en agradecer y decir cosas
agradables, lo que hace que su hijo disfrute más de las conversaciones y haga las llamadas
por gusto y no por obligación, siendo más probable que las alargue y que llame con más
frecuencia, ya que, que Isabel diga tantas cosas buenas es un refuerzo positivo para él.
Figura 5
Cadena conductual 2 post tratamiento
26
7. Conclusiones
A raíz de la realización de este PBL se puede concluir que el sentimiento de soledad
tiene consecuencias muy perjudiciales para la salud física y mental de cualquier persona. Se
ha visto que las personas más vulnerables son las personas mayores ya que, por las
características del ciclo vital, hay mayor tendencia que estar solo y tener menos contacto y
social según uno se va haciendo mayor; puede ser por muerte del cónyuge y seres queridos,
porque los hijos se mudan de casa y les ven con menor frecuencia, con la pérdida de
facultades físicas es común encontrar personas que quieran dejar de acudir a actividades
donde hay alta probabilidad de tener contacto social (como es el caso de Isabel), etc.
Dado el progresivo envejecimiento de la población cabe esperar que este sentimiento,
y todas sus consecuencias negativas (que pueden llegar a derivar en trastornos clínicos como
una depresión mayor), se encuentren con mayor frecuencia en la población mayor. Además,
con la pandemia de Covid-19 se han visto incrementados el aislamiento social y los
sentimientos de soledad (Domínguez Domínguez, 2021). Por este motivo, es muy necesario
formar a profesionales de la Psicología para que sean capaces de abordar estos problemas de
la mejor manera posible, porque las personas que trabajan con esta población en los centros
de día, en hospitales, en domicilios, etc. en muchos casos no cuentan con los conocimientos
necesarios para el trato más correcto y, sin quererlo, pueden llegar a favorecer el declive
cognitivo de estas personas mayores y la aparición de trastornos mentales. Por ello, no solo es
conveniente asegurar la correcta formación de los futuros psicólogos sino también de todos
los trabajadores que tengan contacto directo con cualquier persona mayor (como son
enfermeros, auxiliares, cuidadores formales e informales, etc.) para que, aunque no lleguen a
tener un conocimiento exhaustivo sobre trastornos clínicos ni cómo intervenir sobre ellos, al
menos sí que puedan contar con habilidades básicas de cómo tratar en el día a día a una
persona mayor (no usar el habla patrón ni términos como “viejos/abuelos”, fomentar la
autonomía, saber escuchar y tener paciencia, tratar a cada uno de manera individualizada y no
como si fueran todos iguales, fomentar las relaciones sociales, tener en cuenta la historia
previa de la persona y su cohorte, etc.) (Gené-Badia et al., 2016).
Además, se ha podido comprender que, para poder intervenir sobre un problema, es
necesario primero evaluar el caso a fondo y tener en cuenta todas las variables. Si no se hace
una correcta evaluación es muy fácil fallar en el diagnóstico y proceder con una intervención
que no esté del todo ajustada a resolver la problemática y que, en ocasiones, incluso provoque
un empeoramiento del problema de la persona. Incluso se podría afirmar que la correcta
realización del análisis funcional tiene una mayor importancia ya que, desgranar cada
27
2011; Farias, 2021; Fernández, 2021; Vargas, 2018). La psicoeducación resulta muy útil en
cualquier tipo de intervención, ya que, comprender cómo son los procesos mentales, por qué
se dan determinados sentimientos o pensamientos y cómo funcionan las técnicas que se van a
usar favorece la implicación y la participación del paciente. Por otro lado, creemos que la
psicoeducación con población mayor tiene muchos beneficios porque es menos probable que
hayan recibido formación a lo largo de su vida, es decir, hoy en día se da mucha más
importancia a la salud mental que antes, y es más probable que una persona más joven haya
recibido mucha educación sobre este tema, mientras que puede que a una persona más mayor
todo esto de la salud mental, la inteligencia emocional, las habilidades sociales, la
reestructuración cognitiva, la aceptación y el compromiso, etc. le suene muy nuevo. El
modelo selección, optimización y compensación resulta muy efectivo para regular un
envejecimiento activo y adaptativo (Collins y Smyer, 2006; Freund y Baltes, 2007; Martín,
2009; Rohr y Lang, 2009; Vera-Martínez y Yeung y Fung, 2009, citados por García y García,
2013). Por último, el entrenamiento en habilidades sociales también tiene un gran beneficio
para las personas mayores, como se describe en el estudio de Betancourt Llanos et al. (2022)
ya que, el desarrollo de estas habilidades permite los procesos de socialización, comunicación
y expresión de sentimientos entre otros. Asimismo, según describen Oliveira Machado et al.
(2013), un correcto desempeño social promueve sentimientos de autoeficacia, motivación y
confianza en uno mismo, mejora la calidad de las relaciones, previene estados depresivos y
aislamiento social, etc. todo esto, a su vez, favorece el bienestar y la calidad de vida.
29
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_CONDUCTUAL
33
ANEXOS
ANEXO 1. PREGUNTAS ENTREVISTA
Datos personales
Apellidos.........................Nombre.........................
Edad......Estudios.................. Profesión................... Situación laboral............ Estado civil........
Con quién vive.......................... Dónde trabaja/estudia..............................................
Fecha de nacimiento.............................Lugar...................
Dirección....................................................................
Tel..........................E-mail........................
Utiliza alguna prótesis:Sí.....Cuál...................................No.....
Rasgos físicos distintivos:.....................................
PUNTUACIÓN TOTAL…………………………………15
Las respuestas que indican depresión están en negrita. Cada una de estas respuestas cuenta
un punto.
NUN RA AL A SIEM
CA RA GU MEN PRE
1 VEZ NA UDO 5
2 VEZ 4
3
Me siento solo
Me siento aislado