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Soledad y Vejez: Un Análisis Clínico

El documento aborda la psicología de la vejez, centrándose en el impacto de la soledad en personas mayores, destacando su prevalencia y consecuencias en la salud física y mental. Se presenta el caso clínico de Isabel, una mujer de 81 años que experimenta soledad y apatía tras la pérdida de su marido y el distanciamiento de sus hijos. Se discuten las diferencias entre soledad y aislamiento social, así como la necesidad de abordar este problema en el contexto del envejecimiento.

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Soledad y Vejez: Un Análisis Clínico

El documento aborda la psicología de la vejez, centrándose en el impacto de la soledad en personas mayores, destacando su prevalencia y consecuencias en la salud física y mental. Se presenta el caso clínico de Isabel, una mujer de 81 años que experimenta soledad y apatía tras la pérdida de su marido y el distanciamiento de sus hijos. Se discuten las diferencias entre soledad y aislamiento social, así como la necesidad de abordar este problema en el contexto del envejecimiento.

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PSICOLOGÍA DE LA VEJEZ

PBL SOLEDAD

Participantes:
Natalia Martínez Martín
Paula Mínguez Barrios
Paula Prieto Vara
Natasha Ramani Goçalves
Gema Soto González
Inés Valentín-Gamazo Abril

Universidad Rey Juan Carlos


Facultad de Ciencias de la Salud de Alcorcón
Curso 2022-2023
1

ÍNDICE
1. Introducción teórica………………………………………………………………………... 2
2. Presentación del caso clínico………………………………………………………………. 5
3. Elección y justificación de los instrumentos de evaluación……………………………….. 6
4. Análisis funcional del caso……………………………………………………………….. 10
5. Propuesta de tratamiento…………………………………………………………………. 12
6. Evaluación del cumplimiento de objetivos………………………………………………. 24
7. Conclusiones……………………………..………………………………………………. 26
8. Referencias bibliográficas………………………………………………………………... 29
ANEXOS……………………………………….………………………………………..….. 34
2

1. Introducción teórica
La salud se define como “el estado de completo bienestar físico, mental y social, y no
solamente la ausencia de afecciones o enfermedades” (OMS, 2017). En los últimos años, la
soledad se está convirtiendo en una de las nuevas pandemias en la cultura actual. La soledad
se está llevando la vida de numeras personas recientemente, esto se ve reflejado en un estudio
realizado por Cacioppo, el cual se compone de 70 estudios con más de tres millones de
personas, y que manifiesta que la soledad aumenta el riesgo de muerte hasta un 26%
(Anrubia, 2018), este problema ha alcanzado tal envergadura que revistas como la
Association for Psychological Science publicaron artículos tratando el tema de la soledad,
refiriendo el sentimiento como estar desconectado o aislado.
En nuestro país, a diferencia de otros lugares que cuentan con numerosas
investigaciones realizadas en las últimas décadas, este sentimiento de soledad constituye un
objeto de estudio que cuenta con poca investigación (López Doblas y Díaz Conde, 2018). Sin
embargo, se trata de un problema importante que afecta a una gran cifra en España,
concretamente 5.066.940 personas viven solas en nuestro país, y se espera que dicha cifra
supere los seis millones en menos de diez años (INE, 2022). Asimismo, autores extranjeros
han medido su prevalencia mediante encuestas y al realizar una comparación con la
información registrada en otros países se ha concluido que, en España, hay una cifra más
elevada que en cualquier sociedad del centro o norte de Europa (Fokkema, de Jong Gierveld
y Dykstra 2012; Yang y Victor 2011; Sundström et al. 2009; citado por López Doblas y Díaz
Conde, 2018). Por lo tanto, se trata de un problema de gran relevancia y que afecta de forma
directa a la población de personas mayores, ya que es bastante común que tengan que
enfrentarse en muchas ocasiones a un hogar unipersonal, situaciones de viudedad o falta de
relaciones familiares y sociales. Sin embargo, las causas de la soledad pueden ser diversas.
Vicente Madoz Jáuregui describe la soledad como el convencimiento de ser excluido,
de no presentar interacciones y carecer de compañía para el desarrollo de las actividades
(Rodríguez Martín, 2009; Rojas y Carvajal, 2020). Esto invita a reflexionar acerca de la
diferencia entre dos conceptos: por un lado, la soledad, que hace referencia al sentimiento
subjetivo de una persona en particular (sentirse solo sin estarlo necesariamente); y por otro
lado, el aislamiento social, que implica una perspectiva más objetiva, la carencia de
relaciones sociales (estar solo). Aunque ambos conceptos se encuentran interrelacionados, es
necesario diferenciarlos ya que, el sentimiento de soledad obedece a una insatisfacción
causada por la falta o pérdida de relaciones sociales o contacto con personas y tiene que ver
con la percepción y evaluación que cada sujeto realiza sobre las relaciones interpersonales,
3

por lo tanto es un concepto más bien subjetivo, un sentimiento sobre el que se puede trabajar.
Mientras que el aislamiento social se basa en las características objetivas de la situación en la
que el individuo carece de relaciones y contacto social. El sentimiento de soledad puede ser
consecuencia del aislamiento social, aunque varía dependiendo de la persona y de sus deseos
y expectativas (Jong Gierveld, van Tilburg y Dykstra 2016, citado por López Doblas y Díaz
Conde, 2018), ya que algunas personas pueden sentirse muy solas y otras nada en absoluto
cuando cuentan con pocos contactos sociales (Cloutier-Fisher, Kobayashi y Smith 2011,
citado por López Doblas y Díaz Conde, 2018). Del mismo modo, es necesario tener en cuenta
que el hecho de vivir en solitario no conduce necesariamente a sentirse solo, pero en algunos
casos puede resultar un factor desencadenante (López Doblas y Díaz Conde, 2018).
El sentimiento de soledad se considera un fuerte predictor de diferentes patologías,
tales como la ansiedad y la depresión, además de enfermedades físicas, como la hipertensión,
consecuencia de la elevación del cortisol debido al estrés. Se estima que la prevalencia de la
soledad se encuentra en torno al 40% en las personas mayores, secundario a situaciones de
abandono, duelo y adaptación del rol (Rojas y Carvajal, 2020).
Existen varias concepciones del término soledad definidos por diferentes autores,
Weiss (1973) señala que se trata de un fenómeno natural que puede surgir en determinados
momentos de la vida afectando a cualquier persona sin importar su género, edad u otras
características, además, diferenció entre dos tipos de soledad: la soledad emocional, como
respuesta subjetiva ante la carencia de una figura, y la soledad social, como la falta de
pertenencia a un grupo social, este último tipo de soledad hace referencia a personas que
pierden determinados roles sociales como consecuencia de, por ejemplo, la jubilación,
fallecimiento del cónyuge, etc. (DiTommaso y Spinner, 1997). Por otra parte, Young (1982)
distingue tres tipos de soledad en función de su duración: la soledad crónica (sentimiento de
soledad que dura más de dos años), la soledad situacional (sentimiento de soledad tras un
suceso vital estresante como la pérdida de una persona cercana) y la soledad pasajera
(episodios cortos de soledad). Según un estudio de la Universidad de Granada de 2001 las
personas definen la soledad con términos como angustia, miedo, insatisfacción, sufrimiento o
con expresiones como “ausencia de personas” y/o “no tener a quién acudir” (Pinel Zafra y
Rubio Rubio, 2010).
El envejecimiento es un proceso que se da a lo largo de todo nuestro ciclo vital, ya
que a lo largo de nuestra vida se genera crecimiento y desarrollo. Esta es la razón por la cual
la vejez se convierte en un tema de interés en la salud pública, para garantizar la optimización
4

de su calidad de vida, la minimización de riesgos en salud y la promoción de la autonomía


(Rojas y Carvajal, 2020).
En muchos estudios se ha hallado una relación positiva entre el envejecimiento y la
prevalencia del sentimiento de soledad, incluso se ha observado que este fenómeno lo
experimentan principalmente mujeres mayores (Dykstra, van Tilburg y de Jong Gierveld,
2005, citado por López Doblas y Díaz Conde, 2018). Numerosas investigaciones relacionan
el sentimiento de soledad con el sexo de las personas mayores; sin embargo, algunos autores
afirman que este sentimiento afecta más a las mujeres (Donio-Bellegarde, 2017) y otros, lo
opuesto (López Doblas y Díaz Conde, 2018). Jong Gierveld, van Tilburg y Dykstra (2016)
destacan el hecho de que los varones son más reservados a la hora de reconocer en los
estudios mediante encuesta que sufren este problema. Sörensen et al. (2002) observaron que a
partir de los 80 años la incidencia de este sentimiento de soledad crece de forma regular,
mientras que Victor y Yang (2012) hallaron que la relación entre edad y soledad no es lineal,
si no que se distribuye en forma de U, mostrando niveles de soledad más altos en personas
menores de 25 años y en las mayores de 55, siendo los 55 años para las mujeres y los 75 para
los hombres los puntos donde la soledad comienza a crecer notablemente (López Doblas y
Díaz Conde, 2018). Aunque en la mayor parte de estudios realizados se concluye que existe
una relación significativa entre la edad y el grado en el que las personas se sienten solas,
también existen algunas investigaciones que niegan esta asociación (p.e, Sundström et al.,
2009, citado por López Doblas y Díaz Conde, 2018) y otras que ofrecen resultados mixtos
como la de Yang y Victor (2011), que establecen que la asociación positiva entre la edad y el
sentimiento de soledad se produce según el lugar y en nuestro país esta relación es fuerte.
Por otra parte, sí que existe un claro consenso en la literatura previa sobre la relación
entre el sentimiento de soledad y el estado civil de las personas mayores, considerándolo un
factor determinante. Se considera que quienes no tienen pareja, ya sean hombres o mujeres,
son mucho más vulnerables ya que una pareja suele constituir la principal fuente de apoyo
(Lykes y Kemmelmeier 2014; Pinquart 2003, citado por López Doblas y Díaz Conde, 2018).
Además, se señala que existe propensión a sufrir sentimiento de soledad en personas viudas o
divorciadas, debido al efecto protector que tiene el matrimonio y en general las relaciones de
pareja contra dicho sentimiento (Dahlberg y McKee 2014; de Jong Gierveld, Keating y Fast
2015; Dykstra y de Jong Gierveld 2004, citado por López Doblas y Díaz Conde, 2018;
Savikko et al. 2005).
Resulta de especial interés tratar la soledad en las personas mayores, ya que se
encuentra fuertemente relacionada con la salud física y mental. La soledad promueve hábitos
5

poco saludables, como el tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol y el sedentarismo.


Además, incrementa el riesgo de mortalidad, ya que aumenta la propensión a enfermedades
cardiovasculares e, incluso, resfriados comunes. El riesgo de mortalidad prematura aumenta
un 26% en personas que sienten soledad; un 29% en personas aisladas socialmente y un 32%
en las aquellas que viven solas. También afecta a la cantidad y calidad del sueño y aumenta la
probabilidad de padecer demencia en la vejez. Se conoce que las personas mayores aisladas
tienen un mayor riesgo de deterioro cognitivo y, además, la soledad y el aislamiento social se
relacionan con síntomas depresivos y, en el caso de los hombres, supone un factor de riesgo
de riesgo de suicidio. Por último, la población aislada consume más recursos sanitarios:
tienen un mayor riesgo de caídas, más reingresos hospitalarios, más institucionalización y
necesitan más asistencia domiciliaria (Gené-Bandia, 2016).
2. Presentación del caso clínico
Isabel es una mujer de 81 años que desde hace 10 años vive sola en un piso. Refiere
que últimamente se siente muy sola y que ya no le apetece quedar con sus amigos porque
dice que ya no se siente como antes. Su marido murió hace 22 años pero, tras la pérdida,
recibió toda la ayuda y apoyo de sus hijos, por lo que pudo llevar la situación adecuadamente.
Tiene dos hijos. Recientemente, el mayor se fue a vivir a Estados Unidos por trabajo y
solo le ve de vez en cuando en Navidades o por videollamadas, pero dice que a su edad no se
aclarara con las tecnologías y que verse así “no es suficiente”, así que cada vez que su hijo le
llama, Isabel empieza a decirle cosas como “¿ya me vas a colgar?”, “podrías hablar más con
tu madre”, “¿tantas cosas tienes que hacer que no puedes dedicarme más de 10 minutos?”.
Esto hace que su hijo termine dedicándole más tiempo a las llamadas para que su madre se
calme, consolándola. Sin embargo, ha notado que la llama con menos frecuencia aunque estas
llamadas duren más. Su hija pequeña vivía con ella después de la pérdida de su marido y le
ayudaba en todo lo que hiciera falta pero, se casó, se mudó, y fue entonces cuando Isabel
empezó a vivir sola.
Isabel ve de vez en cuando a su hija y sus nietos, pero no le parece suficiente el
tiempo que pasa con ellos, dice echar de menos su vida antes de que sus hijos se fueran de
casa. Su hija, que la visita casi todas las semanas, cuenta que su madre está cada vez más
apagada, triste, con apatía y pereza para todos los planes que le propone, lo que le parece raro
“con lo activa que ha sido siempre”.
La hija al verla así, intentó proponerle que fuese a actividades del centro de día que
tiene cerca pero Isabel se niega, dice que no le apetece, que ella no pinta nada ahí porque es
para “viejos que no tienen nada en su vida” y que prefiere quedarse en casa. Al no conseguir
6

que vaya al centro de día también le ha propuesto ir a terapia para dejar de sentirse triste.
Isabel elige venir a consulta porque dice que así su hija dejará de insistir con que vaya a las
actividades del centro de mayores.
Isabel siempre ha sido ama de casa, por lo que se dedicaba a cuidar de sus hijos y
limpiar la casa. Pero, aparte era una persona muy activa: cuando tenía tiempo libre, solía ir a
un grupo de costura que había en su barrio, daba largos paseos con su marido, iba a gimnasia
y a pintura con su hija cuando vivían juntas, etc. Pero todas estas aficiones las ha ido dejando
poco a poco: ha dejado la costura porque dice que “no tengo ganas, además de que cada vez
veo peor y me vuelvo más inútil”, los paseos ya no los da porque dice que irse a caminar sola
le hace sentir triste y no tiene ganas, además, dice que sus piernas ya no están tan bien como
antes y que si antes daba un paseo de 3 kilómetros en una hora, ahora tardaría muchos más y
la gimnasia y la pintura también las ha dejado porque “ya no me interesa nada y para ir sola
prefiero quedarme en casa”. Gracias a estas actividades, hizo buenas migas con algunas
compañeras, pero al dejar de acudir a estas ha perdido el contacto con ellas, al principio se
llamaban pero ante las respuestas negativas de Isabel de volver a las actividades poco a poco
han ido dejando de llamarla. Así, se ha llegado al punto en el que Isabel está perdiendo
facultades de autonomía y está dependiendo más de que la hija venga más días de la semana a
hacer las cosas por ella, ya que, cuando Isabel se niega a salir de casa, la hija, ya cansada, le
responde “en verdad estás muy bien en casa” y “yo puedo hacer la compra por ti cuando no te
apetezca salir”, siempre con ánimo de ayudar y para que se sienta mejor.
Sin embargo, se centraba principalmente en sus hijos, y ahora dice que “ya no les
importo porque mi hijo no viene nunca a verme y mi hija solo una vez a la semana y lo hace
por obligación moral”.
Sus días ahora se resumen en pasar de la cama al sofá y del sofá a la cama, ver la
televisión, hacer las tareas del hogar, ir a la compra y al médico.
Físicamente se encuentra en buen estado, no tiene problemas serios de movilidad ni
ninguna enfermedad que le limite en sus actividades del día a día, pero, sí se encuentran en la
evaluación algunos síntomas de tipo cognitivo, fisiológico y conductual depresivos:
problemas de memoria, apatía y alteraciones en el sueño y la alimentación (come y duerme
menos) además de mostrar irritabilidad cuando se le proponen nuevas actividades.
3. Elección y justificación de los instrumentos de evaluación
En primer lugar, la primera sesión se centrará en conocer a la paciente mediante una
breve entrevista individual semiestructurada de aproximadamente 20-25 minutos donde se
pretende obtener toda la información posible del caso, así como detectar y delimitar los
7

problemas que puedan existir además de conocer el grado de malestar experimentado por, en
este caso, Isabel. Asimismo, se pretende crear un entorno donde la paciente se sienta segura,
cómoda y dispuesta a cooperar y participar, ya que, la entrevista consiste en un sistema de
comunicación interpersonal en el que interviene tanto el entrevistador como el entrevistado.
Ésta sigue una línea semi-estructurada, es decir, se trata de una entrevista de carácter
exploratorio utilizada mayormente para obtener información cualitativa, está estructurada por
un guión previamente elaborado que determina aquella información de interés que se desea
conseguir. El guión está constituido por preguntas tanto abiertas como cerradas permitiendo
la participación del paciente a medida que se va dando la conversación. Según se avance en la
entrevista se relacionan temas y matices que conformarán el conocimiento sobre la realidad
del paciente (Murillo Tordecilla et al., 2015). La entrevista se ciñe a algunas de las preguntas
recogidas en la Entrevista Conductual de Fernández-Ballesteros (2012).
En esta misma sesión, se le administrará una serie de cuestionarios/escalas a la
paciente para poder obtener información más específica y profunda que pueda ayudar
posteriormente en el diseño de la intervención.
La primera escala que se le administra a Isabel es la escala sociofamiliar de Gijón
(García-González JV y Díaz-Palacios, 1999), en esta escala se utiliza como criterio el juicio
del profesional experto como validez de criterio, no se ha estudiado en profundidad la validez
de contenido ni la validez de constructo, sin embargo, posee una fiabilidad interobservador
muy elevada con un índice de Kappa del .957 aunque cuenta con una consistencia interna
muy baja con un alfa de Cronbach de .142 (López Martínez, 2019). Aunque no tenga
excelentes propiedades psicométricas, esta escala ayuda a poder encuadrar o contextualizar la
situación en la que se encuentra Isabel en relación al tipo de vivienda, situación económica,
apoyo social y familiar que puede aportar información importante que pueda estar oculta. Se
trata de una escala breve que tan solo lleva 4-5 minutos.
Posteriormente, se le aplica la escala ESTE I de soledad, la cual se trata de un
sumario de las escalas UCLA (Escala de Soledad de la Universidad de Los Ángeles para
evaluar la percepción de soledad del paciente) con una consistencia interna del .89 y una
confiabilidad test-retest durante un período de 1 año del .73 (Russell et al., 1978), la escala
SELSA (para la evaluación de las relaciones con amigos y familia en adultos) con una
consistencia interna del .809 (Rivasplata Martiarena, 2021), la escala ESLI (para la
evaluación de la soledad social y emocional en mayores) con una consistencia interna del .85
y una confiabilidad test-retest durante un periodo de dos semanas de .80 (Bellegarde, 2017) y,
finalmente, la escala de satisfacción vital de Philadelphia (para la evaluación del bienestar
8

psicológico y satisfacción personal) con una consistencia interna de .81 a .86 (Tejedor et al.,
2014).
Tras la aplicación de estas escalas de forma independiente en una muestra de 295
personas mayores de 65 años, los autores observaron en los resultados que las escalas tenían
altas correlaciones entre ellas, es decir, todas medían el mismo constructo, en este caso la
soledad en personas mayores, por lo que decidieron construir la escala ESTE I con ítems
comunes a las escalas anteriores. La escala ESTE I cuenta con un coeficiente total de .92, por
lo que se trata de un instrumento muy fiable para el constructo que queremos medir en este
caso, el nivel de soledad que experimenta Isabel, ya sea familiar, conyugal, social y la
soledad existencial descrita como el sentimiento que puede generar la suma de los tipos de
soledad anteriores. La escala ESTE I consta de 34 ítems agrupados en cuatro factores
(soledad familiar, conyugal, social y existencial) y respuesta de tipo Likert con cinco
opciones de repuestas: 1= nunca, 2= rara vez, 3= alguna vez, 4= a menudo, 5= siempre
(Rubio, 2009).
Junto a la escala anterior, también se le administra la escala ESTE II, la cual evalúa
principalmente el factor de Soledad Social (Riba et al., 2021), dicha escala ha sido elaborada
tras una revisión sistemática de las principales escalas que evaluaban la soledad social, como
la escala de soledad de Russell et al. (1980), la escala de soledad social y emocional de
Gierveld (2006) y la adaptación española del SESLA de Yárnoz (2008). La versión final
cuenta con 15 ítems con tres alternativas de respuesta; siempre, a veces, nunca. En este caso
los ítems se organizan en tres factores: la percepción del apoyo social, uso que el mayor hace
de las nuevas tecnologías y el índice de participación social. Esta escala posee buena
consistencia interna (.77) aunque no tan buena como la anterior (Pinel Zafra y Rubio Rubio,
2010). Esta escala sirve para poder conocer en profundidad no solo el nivel de soledad sino la
percepción que tiene Isabel de los recursos que posee y cómo afronta esta situación.
Finalmente, se le administra a la paciente la versión adaptada al castellano y abreviada
de la GDS de Sheikh y Yesavage, Escala de Depresión Geriátrica por sus siglas en inglés,
derivada del Inventario de Depresión de Beck (Cabañero-Martínez et al., 2007). Esta escala
fue diseñada específicamente para ser aplicada en personas mayores de 65 años de forma
autoaplicada, además, es fundamental el uso de escalas adaptadas a esta población debido a
las particularidades que conlleva el proceso de envejecimiento, razón por la cual no se ha
escogido el BDI (Sanz et al., 2003). Esta escala tiene el objetivo de evaluar sintomatología
depresiva en personas mayores ya que mantiene muy buena correlación con otras escalas de
cribado de depresión, con esto, pretende distinguir entre personas mayores depresivas y no
9

depresivas (Arrieta Antón y García Alonso, 2009). La versión original consta de 30 ítems, sin
embargo, debido a su extensión se utiliza la versión abreviada de 15 ítems que evalúa
inactividad, irritabilidad, aislamiento y pensamientos angustiosos, excluyendo ítems que
evalúan sintomatología somática muy frecuentes en personas mayores y facilita la
comprensión y administración de la escala al poseer una forma dicotómica de responder
(Sí/No). La GDS tiene una orientación más cualitativa, sin embargo, posee propiedades
psicométricas bastante buenas ya que ha obtenido un valor de 0.96 para fiabilidad
intraobservador y un valor de 0.89 para fiabilidad interobservador (Tartaglini et al., 2021).
Las escalas administradas en parte de evaluación han mostrado las siguientes
puntuaciones:
En la escala de depresión GDS, Isabel ha mostrado resultados que se asocian con una
sintomatología depresiva, ya que presenta la máxima puntuación en esta escala (adjunta en el
Anexo 2).
En la escala sociofamiliar, Isabel ha obtenido una puntuación total de 11, una
puntuación alta que significa, según la interpretación de la escala, que existe riesgo social ya
que ha puntuado bastante alto en alguna de las dimensiones, como la dimensión situación
familiar y relaciones sociales (Anexo 5).
En relación a la escala ESTE I las puntuaciones se dividen por categorías, Isabel ha
obtenido las siguientes puntuaciones: en soledad familiar ha obtenido una puntuación de 63
sobre 70, en soledad conyugal ha obtenido una puntuación de 16 sobre 25, en soledad social
ha obtenido una puntuación de 30 sobre 35, y en crisis existencial ha obtenido una puntuación
de 42 sobre 45. Estos resultados muestran que Isabel tiene altas puntuaciones en todas las
dimensiones de la escala, lo que significa que siente un gran y profundo sentimiento de
soledad y desamparo.
En la escala ESTE II la puntuación se calcula mediante la suma de la puntuación en
cada uno de los ítems, de esta forma, Isabel ha obtenido una puntuación total de 25 sobre 30
lo que significa que Isabel tiene una gran sensación de soledad social, es decir, siente que no
tiene apoyo social y no participa de forma activa en actividades que requieran interacciones
con los demás.
Para finalizar la sesión, se le manda a la paciente un autorregistro breve a completar
por Isabel con información de su vida fuera de consulta, durante el periodo de tiempo entre la
primera y segunda que recoge aquella información que pueda estar oculta o pase
desapercibida para ayudar con el proceso terapéutico. Esta técnica es muy importante para
obtener, también, información sobre las situaciones que generan malestar a la paciente y
10

ayuda a que ésta sea consciente de qué manera afronta esas situaciones y qué pensamientos
presenta. El autorregistro que se le administra a Isabel se compone únicamente de las
situaciones que generan este malestar, el pensamiento que esas situaciones genera en el
paciente y la conducta que realiza ante ello. Es un autorregistro breve para que así se muestre
más dispuesta a colaborar y le resulte más cómodo y sencillo realizarlo ya que, en el motivo
de consulta se mostraba reticente a venir a consulta. Este método de evaluación está basado
en el modelo A-B-C diseñado por Albert Ellis que explica que los estados de ánimo (C) no
son provocados directamente por los acontecimientos (A), sino por la interpretación que se
hace de ellos (B). Por este motivo, ante un mismo acontecimiento, dos personas tienen
reacciones distintas, por la influencia de los pensamientos e interpretaciones de cada uno
(Díaz, 2019). De esta manera, gracias al autorregistro se pretende: primero, obtener más
información sobre las circunstancias en que se dan esos pensamientos de Isabel y, segundo,
favorecer el autoconocimiento y hacer más consciente a Isabel de la fuerza que tienen sus
propios pensamientos y de la importancia que tiene trabajar sobre las interpretaciones que
ella hace de la realidad.

Tabla 1
Ejemplo de autorregistro

Situación Pensamiento Conducta

Mi hija se independiza No me quiere Me enfado

Mi hija me dice de ir al centro de día Eso es de viejos No voy

Mi hijo me llama No me quiere porque me llama poco y Le cuelgo


no está conmigo

Mi hija viene a casa Solo viene una vez y lo hace obligada Me enfado

4. Análisis funcional del caso


En el primer esquema se analizan las hipótesis de origen (por condicionamiento clásico) y
mantenimiento (por condicionamiento operante) del problema.
11

Figura 1
Origen y mantenimiento del problema

Se observa cómo, a través de la conducta de evitación, los sentimientos negativos de


Isabel no aparecen a corto plazo, pero sí aparecerán con más frecuencia e intensidad a largo
plazo.
A continuación, se analizan dos cadenas conductuales, una primera en la que la hija
propone a Isabel ir a las actividades del centro de mayores y una segunda en la que el hijo de
Isabel la llama.
Figura 2
Cadena conductual 1
12

Figura 3
Cadena conductual 2

5. Propuesta de tratamiento
El objetivo general de la intervención con Isabel será reducir los sentimientos
asociados a la soledad real y percibida, junto con el malestar asociado.
Para alcanzar este objetivo la terapia se dividirá en distintos pasos más asequibles, los
objetivos específicos, y para cubrir cada uno se utilizará una técnica concreta (es posible que
una técnica cubra más de un objetivo y que un objetivo requiera de más de una técnica).
De esta manera, los objetivos específicos en el caso de Isabel consisten en:
1. Aumentar la participación en actividades de ocio fuera de su casa. Ya sea yendo a las
actividades del centro de mayores, a su antiguo club de costura o al de pintura, etc. Lo
que ayudará además a aumentar sus relaciones sociales y retomar sus antiguas
amistades.
2. Eliminar los pensamientos negativos de tipo “nada me interesa”, “prefiero estar sola
en casa”, “soy una inútil”, “mis hijos no me quieren lo suficiente”, “mi hija viene a
verme por pena”, etc.
3. Aumentar sus redes de contacto social, retomando amistades
4. Disminuir la aparición de los síntomas depresivos (apatía, insomnio, fallos de
memoria, irritabilidad, etc.)
Para cumplir el primer objetivo se utilizan algunas técnicas de la terapia de aceptación
y compromiso y la terapia de activación conductual que se explicarán a continuación.
En primer lugar, se utiliza la terapia de Aceptación y Compromiso para aumentar
su flexibilidad cognitiva, esto es, fomentar la aceptación de la paciente hacia el sentimiento
13

de soledad y tristeza que experimenta, así como en la propia situación que vive y ayudarle a
abordar situaciones cotidianas como puede ser la independización de sus hijos.
La ACT se basa en la Teoría del Marco Referencial formulada a partir de las
conceptualizaciones de Skinner, la cual sostiene, de forma general, que el comportamiento y
el lenguaje están relacionados en el sufrimiento o malestar de la persona (Mandil, 2015), de
esta forma, trabajar sobre el lenguaje es fundamental para lograr la aceptación y el
compromiso. Esto ayudará a que Isabel comprenda su situación, sus ideas y pensamientos, y
sea consciente de su problemática. Además, ayuda a que Isabel comprenda, no sólo su propia
situación, sino también la situación que viven sus hijos. Entender y aceptar que la situación
de ellos son acontecimientos que forman parte de la propia vida y que no por estar en otro
lugar o verlos menos significa que la quieran menos. Este, en concreto, es uno de los
principales objetivos de esta intervención, ya que, sobre esta creencia se encuentran
vinculados todos los demás pensamientos y sentimientos.
Para ello, la ACT se basa en seis principios (Mantilla, 2019); en primer lugar fomenta
la defusión cognitiva en oposición a la fusión cognitiva, es decir, hacer ver a la paciente que
los pensamientos o recuerdos no son amenazas sino que son simplemente pensamientos que
rondan, no verdades absolutas, y que, por tanto, no deben ser juzgados, sino que hay que
dejarlos ir para así poder reducir el malestar generado; en segundo lugar, se trabaja la
distinción entre el “yo como contexto” frente al “yo como contenido”, es decir, la paciente
debe verse a sí misma como una persona que observa y experimenta sus pensamientos y
emociones como algo externo sin que forme parte interna de ella; en tercer lugar, la acción
comprometida frente a la inactivación o estancamiento donde se ayuda a la paciente a realizar
contratos con ella misma donde se compromete a realizar gradualmente aquellas acciones que
puedan acercarle a lo que realmente le importa; en cuarto lugar, identificar aquellos valores
que son importantes para el paciente para poder conocer qué es lo que realmente le importa y
el camino que ha de seguir; en quinto lugar, focalizar toda la atención y compromiso en el
aquí y ahora, es decir en el presente, sin que existan preocupaciones sobre lo que se hizo en el
pasado o lo que se hará en el futuro; en el sexto y último lugar trabajar sobre la aceptación del
acontecimiento, experiencia o sensación del momento como parte natural del ser humano, sin
emitir juicios o valoraciones, favoreciendo el abandono de los intentos de lucha y/o control
sobre ellos (Mandil, 2015).
Esta terapia de tercera generación ha sido utilizada en varios estudios de personas
mayores con sintomatología depresiva donde se obtuvieron muy buenos resultados. Es el
caso del estudio realizado en la Universidad de Almería (Ruíz Sánchez y Callejón Ruiz,
14

2014) donde realizaron una intervención breve basada en la ACT en personas mayores con
edades comprendidas entre los 60-80 años con Trastorno Distímico y Trastorno Depresivo
recurrente, en dicho estudio, las personas mayores obtienen menores puntuaciones en
sintomatología depresiva y eran capaces de realizar actividades que antes no hacían debido al
malestar asociado.
Para empezar a trabajar sobre este caso se usan las siguientes técnicas de la ACT
(Badia, 2022):
Meditación: a través de la meditación la paciente podrá ser consciente de aquellas
sensaciones, pensamientos o emociones que está experimentando. Se trata de obtener una
consciencia plena a través de mindfulness donde se utiliza la respiración y el ejercicio de la
pasa (en este ejercicio se trabaja la atención de los sentidos a través de una uva o pasa donde
la paciente, a través de los sentidos, centra toda su atención en las cualidades de la pasa y en
cómo se siente al realizar este ejercicio) como elementos claves para aislar el estrés o
malestar que siente la paciente.
No evitar las sensaciones desagradables y normalización del malestar asociado: se
intenta concienciar a la paciente a que la sensación de “soledad” o “tristeza” no es algo malo
y por lo tanto no hay que evitarlo sino contextualizarlo como algo normal en la vida del ser
humano. De esta manera, se le pide a Isabel que deje de luchar o intentar controlar estas
sensaciones desagradables, ya que no es algo de lo que haya que escapar, sino que hay que
vivirlo de la manera más funcional posible, además, podrá ayudar en la aceptación de la
situación de sus hijos así como observar las herramientas de las que dispone para afrontar esa
situación como puede ser los talleres de costura o pintura. Para trabajar sobre esta técnica se
utiliza “la metáfora del muro” donde la paciente se encuentra con un muro de contención el
cual no puede atravesar, pero tras el proceso de aceptación es capaz de encontrar formas de
sobrepasar ese muro.
Clarificación de valores: con esta técnica se pretende identificar qué es lo realmente
importante para Isabel, cuáles son sus metas, qué objetivos tiene en mente y qué caminos
puede escoger para dirigir su vida. Para poder realizar esta técnica se usa como ejemplo “la
metáfora del jardín” donde la paciente imagina que un jardinero se encuentra en un jardín
lleno de flores de todo tipo pero éste sólo se centra y trabaja en las malas hierbas,
arrancándolas constantemente lo que provoca el olvido y descuido de aquellas flores que
tanto le gustan e importan.
Para trabajar la fusión cognitiva se utiliza la “metáfora del ajedrez” para ayudar la
naturaleza de los pensamientos con el objetivo de demostrar que los pensamientos son solo
15

eso, pensamientos. Esta metáfora es una buena técnica para trabajar en el “yo como contexto”
de la paciente ya que puede verse a ella misma como un tablero o contexto en el que las
piezas son los pensamientos y emociones.
Ejercicio “Saca tu mente a caminar” (Mandil, 2015): se le pide a Isabel que recorra la
consulta de formas diferentes a través de sus propias decisiones. El terapeuta, en este caso, va
a comenzar a seguirle y susurrar posibles pensamientos que pueda tener la paciente, se le pide
a Isabel que no luche ni evite estos susurros y siga realizando posibles caminos a lo largo de
la consulta.
La acción comprometida con los valores se realiza cuando la paciente ha alcanzado
una mejoría en relación a su sintomatología previa, es una técnica muy importante en ACT ya
que supone dar otra dimensión al sufrimiento de la paciente otorgando libertad y flexibilidad
a ese sufrimiento. Actuar en compromiso significa actuar con responsabilidad hacia una
dirección, en este caso supone actuar en relación a los valores que ha clarificado previamente
la paciente. Para ello, se crea una estrategia donde se plantean objetivos que sitúen a la
persona a cargo de sus acciones, en este caso, la estrategia que se sigue es la siguiente: se
hace especial énfasis en que cada acción tiene un propósito que le sigue, después, se fijan
unos objetivos a seguir equiparable a aquellos valores que la paciente quiere seguir, más
tarde, se establecen una serie de acciones comprometidas que son las elegidas por la paciente
con ayuda del análisis funcional anteriormente explicado y de la clarificación de valores. Al
poner en marcha las acciones, se pueden producir recaídas o pérdida de confianza en sí
misma por lo que se recurre a la metáfora del viaje en coche donde se alega al cuerpo como
vehículo, el “yo” o la mente como conductor de dicho vehículo y el viaje como el recorrido
que se realiza junto a las sensaciones o emociones que se han experimentando a lo largo del
viaje , a través de esta metáfora se enfatiza las sensaciones agradables que experimenta la
paciente a través del recorrido o “viaje” que producen las acciones (Pérez Vázquez, s.f.).
Posterior a la ACT, se utiliza la terapia de activación conductual para trabajar sobre
la sintomatología depresiva de Isabel así como sobrellevar el proceso de duelo de sus hijos.
Esta terapia se basa mayormente en la influencia del entorno sobre la paciente, es decir, cómo
este contexto en el que se emiten las conductas interactúa con las mismas y qué
consecuencias produce. Esta terapia se puede utilizar en este caso específico para tratar la
evitación conductual de Isabel ante las actividades que hacía antes en su día a día o la
evitación de los centros de día propuestos por su hija.
La terapia AC mantiene que una de las principales causas de la depresión es la ruptura
de las actividades que la paciente hacía en su vida cotidiana (como ir a centros de día, a
16

grupos de pintura, costura, pasear o hacer gimnasia) así como de los pensamientos que esto
puede producir (Farias, 2021). Para realizar la AC se sigue la siguiente estrategia:
En primer lugar, se buscan aquellas actividades que son reforzantes para la paciente y
ayudan a combatir la soledad, se valora los aspectos positivos que tienen los grupos de
costura, pintar o dar paseos así como las sensaciones que experimentaba al realizarlas. En
segundo lugar, se valora el esfuerzo que supone llevar a cabo esas actividades, ya sea a nivel
emocional, físico o económico, para conocer las actividades que pueden llevarse a cabo de
forma realista. Se opta por aquellas tareas que tengan un mínimo esfuerzo y máximo
bienestar (Fernández, 2021). Posterior a esto, las tareas se descomponen en pasos pequeños y
sencillos y se trabaja cada parte a través de la valoración y refuerzo del logro, posteriormente
se pasa a la siguiente parte de la tarea tras realizar con éxito la parte anterior. En las partes
anteriores se detectan dificultades que supongan obstáculos que podrán ser resueltos a través
de entrenamiento en mindfulness o en habilidades sociales. Finalmente, se recalca la
focalización en aquellos aspectos placenteros de la actividad así como de la sensación de
control y dominio sobre sí misma. De esta manera, podrá observar y realizar una valoración
positiva sobre herramientas o recursos que pensaba no disponer. El procedimiento es parecido
al modelo SOC que se explicará más adelante.
Las terapias de tercera generación están teniendo mucha evidencia empírica, en
concreto, la ACT y la terapia de AC son las que mayor evidencia científica poseen, después
de la MBT (Terapias Basadas en Mindfulness) según el estudio realizado en la Universidad
de Almería (Ruíz Sánchez y Callejón Ruiz, 2014) donde se llevó a cabo una revisión
sistemática sobre el grado de evidencia clínica de las Terapias Conductuales de Tercera
Generación. En dicho estudio, la ACT muestra resultados significativos en personas mayores
con un diagnóstico clínico independiente a sintomatología depresiva, mientras que la terapia
AC tiene resultados eficaces en población mayor con sintomatología depresiva, haciendo
especial hincapié al trastorno por duelo. Aún faltan muchos estudios y líneas de investigación
que aporten mayor evidencia sobre estas recientes terapias, sin embargo, actualmente existen
estudios controlados que están en marcha con este objetivo como es el caso del estudio de
Clignet, Van Meijel, Van Straten y Cuijpers (2011).
También se puede usar como ayuda para las técnicas empleadas el Modelo de
selección, optimización y compensación (SOC; Baltes y Baltes, 1990):
Este modelo se trata de la propuesta de un proceso compuesto por tres mecanismos,
que regulan el proceso de envejecimiento adaptativo: selección, optimización y
17

compensación. El objetivo es la adaptación de la persona a su nueva realidad, que suele ser


más limitada de lo que solía ser antes.
Selección: seleccionar las actividades que la paciente sí puede realizar y reducir la
autodemanda. Como hemos visto, Isabel dice que cada vez ve peor y que por eso ya no hace
nada. En este punto se trabajaría con ella primero ayudándola a entender que es cierto que su
vista va empeorando pero eso no quiere decir que no pueda hacer absolutamente nada, que
puede elegir entre todo lo que solía hacer (costura, gimnasia, lectura, paseos, pintura, cuidar
la casa y sus hijos, etc.) y seleccionar aquellas actividades que a día de hoy pueda seguir
haciendo. Se le pedirá que se pregunte a sí misma: "¿Qué hobbies puedo mantener? ¿Cuál es
mi prioridad?". Por ejemplo, Isabel es una persona muy creativa, pero está claro que por los
problemas de la vista, ahora no puede, por ejemplo, coser como lo hacía antes ni leer durante
muchas horas seguidas; por lo que se le puede ayudar a elegir las dos o tres actividades que
más le gusten y que sean menos demandantes para su vista, como por ejemplo la gimnasia o
la pintura.
Optimización: se trata de regular y adecuar el tiempo y el esfuerzo que se dedica a
las actividades para hacerlas de manera exitosa. Es decir, si antes daba un paseo de 3
kilómetros durante una hora, ahora puede pasar a hacer solo un kilómetro y medio durante
esa hora y sigue estando muy bien, porque se trata de salir a pasear, no de cuánto tiempo ni de
cuántos kilómetros se haga. O, si antes podía leer un libro en una semana porque podía estar
varias horas seguidas leyendo, está bien que ahora necesite todo un mes para terminarlo por
la vista cansada.
Compensación: implica utilizar elementos como ayudas externas para contrarrestar
las pérdidas y deterioros propios del envejecimiento. En el caso de Isabel sería usar una lana
y agujas más grandes para sus labores, leer libros con letras más grandes o empezar a usar
audiolibros, es decir, buscar formas de poder continuar con su actividad placentera sin que se
convierta en un sufrimiento.
Este modelo hace mucho énfasis en las potencialidades de la persona y en su
protagonismo para optimizar y adecuar su funcionamiento en su vida cotidiana, y gracias a él
Isabel podrá adecuar su vida cotidiana a sus capacidades y limitaciones actuales. Así, la
respuesta no será dejar de lado todos sus hobbies, sino seguir haciendo las cosas que le gustan
pero de manera distinta, más adaptada a su situación. Ayudándole a ver que no se trata de
autoimponerse límites, sino de especializarse en distintas actividades y habilidades según sus
intereses, salud y capacidad.
18

Es necesario mencionar que de forma previa al comienzo de la intervención, se


realizará una revisión del Análisis funcional y de los autorregistros junto a Isabel, para poder
explicarle cómo aparecen y la importancia que tienen los pensamientos desadaptativos que
experimenta. Esto será útil para la posterior modificación de los mismos. Esta explicación
entra dentro de la psicoeducación que se va a realizar con la paciente. La psicoeducación se
realizará de manera transversal durante toda la intervención, para que Isabel comprenda su
situación de forma profunda y progresiva durante la intervención. De esta manera, se intenta
aumentar la implicación de la paciente a lo largo de su propio proceso terapéutico. Será
necesario explicarle cuales son las claves para detectar los posibles estímulos
desencadenantes o la conexión entre estos y el contenido de los pensamientos.
Del mismo modo, para abordar el segundo objetivo, se realizará la técnica de
Reestructuración Cognitiva con el objetivo de identificar qué pensamientos son
desadaptativos para la paciente. Con ello, se busca que sea la propia Isabel quien los
identifique y los termine modificando (siempre con la ayuda del terapeuta), por unos más
adaptativos para aumentar la sensación de locus de control interno y obtener mejores
resultados (Bados y García, 2010). Para poner en marcha el procedimiento, primero se
explicará a Isabel en qué consiste la técnica y cómo se va a proceder. A continuación, se
identificarán y registrarán los pensamientos irracionales para, posteriormente, mediante el
diálogo socrático cuestionar la veracidad de dichos pensamientos. Los pensamientos serán
formulados como hipótesis e Isabel trabajará junto al terapeuta para encontrar pruebas que
confirmen o desconfirmen dichas hipótesis. El terapeuta no indica que los pensamientos son
inadecuados directamente, sino que formula preguntas (del tipo: “¿Qué datos existen a favor
de este pensamiento?" "¿Es de ayuda en la vida diaria?") para que sea la propia Isabel quien
se cuestione la validez o utilidad de sus pensamientos. Una vez se ha llegado a la conclusión
de que estos pensamientos quizá no sean tan verídicos y correctos como pensaba, se trabajará
para modificarlos por unos más adaptativos y realistas, con el objetivo de que los
pensamientos alternativos se pongan en práctica en su vida diaria.
Esta técnica se basa en los supuestos de ABC de Ellis, en los que: A es una situación
determinada, B las cogniciones y atribuciones que hacemos sobre esa situación y C la
consecuencia emocional, física y conductual de los mismos. El malestar se siente en C, pero
A no se puede cambiar, ya que son situaciones de la vida diaria que suceden de forma ajena a
nosotros mismos. Por lo tanto, lo que se pretende es cambiar B, para así poder cambiar C
(Bados y García, 2010). Es decir, no son los hechos (A) los que hacen que nos sintamos o
actuemos de una determinada manera (C), sino que, en medio, modulando, se encuentran
19

nuestros pensamientos y las interpretaciones (B) que hacemos de esos hechos, que en ciertas
ocasiones, pueden se desadaptativos o disfuncionales (Díaz, 2019).
Así, mediante esta técnica se buscará eliminar los pensamientos distorsionados y
negativos de tipo “nada me interesa”, “prefiero estar sola en casa”, “soy una inútil”, “mis
hijos no me quieren lo suficiente”, “mi hija viene a verme por pena”, etc. y sustituirlos por
otros más adaptativos como “siempre he tenido muchos hobbies como pasear, coser y pintar,
podría retomarlos de vez en cuando porque son cosas que me gustan y no quiero dejar de
hacer”, “que suerte tengo que tengo hijos que me quieren y aunque mi hijo no pueda venir a
verme sí es verdad que me llama muy a menudo y que puedo pasar la Navidad con él y mi
hija sí que viene todas las semanas y se preocupa por mí porque me quiere”, “es verdad que
con los años pierdo algunas facultades como la vista pero eso no quiere decir que tenga que
dejar todas mis actividades de golpe”.
Estudios previos evidencian la efectividad de Reestructuración Cognitiva en personas
mayores y sin deterioro cognitivo sobre la reducción de la sintomatología depresiva, la
mejora de la autoestima, la resiliencia y la satisfacción vital. La eficacia de las técnicas
cognitivas para el alivio de sintomatología depresiva en personas mayores ha sido mostrada
en otros trabajos como el de Laidlaw, Thompson, Gallagher-Thompson y Dick-Siskin (2003).
Lo que sucede es que la sintomatología depresiva, activa esquemas cognitivos irracionales y
el sujeto percibe la realidad y su entorno de forma negativa y/o desadaptativa. Desde la
reestructuración cognitiva, se identifican este tipo de pensamientos y se aprende a modificar
las cogniciones desadaptativas para ver una realidad más empírica que permita actuar de
forma positiva.
Del mismo modo, en el envejecimiento se producen cambios, especialmente físicos y
cognitivos que llevan a las personas a sentirse menos útiles y dañar así su autoestima. La
reestructuración cognitiva ha mostrado ser efectiva para la mejora de la autoestima, al igual
que en trabajos anteriores (Connors, Johnson y Stuckey, 1984), ya que a través de esta
técnica, la persona tiene oportunidad de revalorar sus capacidades, dando lugar a nuevos
planteamientos más objetivos y realistas, ya que, a pesar de ciertas dificultades, todavía se
poseen grandes cualidades.
Asimismo, la reestructuración cognitiva permite hacer frente a los pensamientos
irracionales, los cuales bloquean al paciente ante distintas situaciones, así como permite
reevaluar los pensamientos adoptando una connotación más objetiva que posibilita lograr la
obtención de objetivos frente a la situación de afrontamiento y lograr así una mayor
resiliencia. De este modo, se ha visto la efectividad de la reestructuración cognitiva como
20

técnica para incrementar resiliencia (Gil Andino y Cano Vindel, 2001). Por otro lado, los
resultados obtenidos en el estudio de Sörensen et al. (2002), mostraron que las terapias
cognitivo-conductuales que utilizan, entre otras, la técnica de reestructuración cognitiva, son
unas de las más efectivas a la hora de incrementar la satisfacción vital. Si atendemos al
concepto de calidad de vida tal y como lo describe Yanguas Lezaun (2003), dentro de sus
componentes encontramos las impresiones subjetivas como es la satisfacción, es decir, la
percepción que tiene la persona de su propio funcionamiento psicológico, social y físico.
Desde la terapia, el paciente tiene la posibilidad de reflexionar y obtener una valoración más
positiva de sí mismo, o al menos más realista, eliminando connotaciones pesimistas e
irracionales
Para el tercer objetivo, se usará el entrenamiento en habilidades sociales y
role-playing para fomentar de nuevo el contacto social perdido, retomar amistades y mejorar
la relación con sus hijos. Según un estudio llevado a cabo por la fundación Rosa de la
Misericordia en Tulúa, Colombia, se identificó que el papel de las habilidades sociales es
fundamental en edad geriátrica y que su afianzamiento, facilita los procesos de socialización,
comunicación, expresión de sentimientos y pensamientos. Con respecto al proceso de
fortalecimiento de habilidades sociales, concluyeron que es importante su abordaje ya que, a
partir de ellas, se mejoran aspectos personales y comunitarios como la comunicación, la
autoestima y la asertividad (Betancourt Llanos et al., 2022).
Para que estas habilidades puedan ser adquiridas y utilizadas correctamente es
necesario el entrenamiento y la práctica (Oliveira Machado et al., 2013). Dicha práctica se
pretende lograr en el caso de Isabel mediante ejercicios de role-playing. Se comenzará
practicando en terapia una situación en la que Isabel retoma el contacto con el grupo de
costura, el terapeuta hará de encargado de dicho grupo e Isabel tendrá que practicar a
acercarse, presentarse, pedir información, inscribirse y finalmente, acudir. También se
practicará en terapia una conversación asertiva con cada uno de sus hijos en la que el
terapeuta hará de hija o hijo e Isabel tendrá que expresar sus sentimientos y pensamientos sin
hacer reproches ni actitud victimista. Después, deberá proceder a enfrentarse a estas mismas
situaciones pero en la vida real, es decir, como deberes para casa deberá acudir al grupo de
costura y seguir los pasos de pedir información, inscribirse y acudir, y también deberá probar
a hablar con sus hijos de forma asertiva.
Para el cumplimiento del último objetivo específico, disminuir la aparición de los
síntomas depresivos (apatía, insomnio, fallos de memoria, irritabilidad, etc.) no se aplica una
técnica nueva; si no que se espera que, a través de la activación conductual y del resto de
21

técnicas aplicadas Isabel mejore y la aparición de estos síntomas depresivos se reduzca. Esto
se logrará al cambiar sus pensamientos desadaptativos por unos más positivos, al retomar
actividades placenteras y al mejorar sus redes sociales. Según la teoría de Beck, el origen y
mantenimiento de la depresión se debe en gran medida a las cogniciones y creencias
desadaptativas y negativas sobre uno mismo, el entorno y el futuro. Por eso, el desafiar
estas cogniciones y modificarlas por unas más adaptativas ayudará a cambiar la percepción
de Isabel, de una tan negativa que propicia sentimientos depresivos a una más positiva y
realista. Además, se hablará con los hijos y para hacer una sesión de psicoeducación y
explicarles que deben reforzar las conductas independientes de Isabel y no las dependientes,
para la promoción de la autonomía y que aumente el autocontrol y la autoeficacia percibidas,
y disminuir la probabilidad de desarrollar dependencia aprendida gracias a los refuerzos
congruentes con actitudes dependientes (Solano y Gallagher-Thompson, 2001). En concreto,
en el caso de Isabel, se da dependencia aprendida cuando ella dice que no quiere salir de casa
para ir al centro de mayores o la compra y la hija deja de insistir y le dice que no pasa nada,
que está bien quedarse en casa y que ella le hace la compra para que no tenga de salir. De esta
manera, la hija hace conductas congruentes con las respuestas de dependencia e
incongruentes con la independencia y la autonomía, lo que facilitará el mantenimiento del
problema.
Por último, gracias a la consecución del resto de objetivos específicos se espera que la
percepción de control de Isabel sobre su propia vida y sus decisiones mejore, mientras que se
logre cubrir, así, el último objetivo específico de reducir los síntomas de depresión.

Tabla 2
Propuesta de intervención. Cronograma

Sesiones Objetivos Contenido

1 Conocer el caso de Isabel en - Entrevista inicial: semiestructurada


mayor profundidad individual de
Fernández-Ballesteros (2012).
- Cuestionarios: Escala
sociodemográfica, ESTE I, ESTE
II y GDS

2 Comenzar a ayudar a la paciente a - Psicoeducación: Explicación del


22

comprender en qué consiste su Análisis funcional. Explicación de


problemática y cómo se va a la problemática y sintomatología.
trabajar sobre ella. Explicación de los sistemas de
refuerzo que mantienen el
problema.
- Revisión de autorregistros.

3-4 Sustituir los pensamientos - Psicoeducación: explicación del


negativos de Isabel por unos más modelo Ellis ABC.
adaptativos. - Reestructuración cognitiva:
Identificación de pensamientos y
determinación de si son
racionales/irracionales.
- Cuestionamiento de los
pensamientos desadaptativos
(debate socrático)

5 Aumentar flexibilidad cognitiva - Terapia ACT: meditación,


de Isabel y favorecer la aceptación normalización y clarificación de
de su situación. valores (45 mins).
Sustituir los pensamientos (Con explicación previa y breve de
negativos de Isabel por unos más cada técnica)
adaptativos - Se continúa con la
Reestructuración cognitiva (15
mins)

6 Aumentar flexibilidad cognitiva - Terapia ACT: fusión cognitiva y


de Isabel y favorecer la aceptación acción comprometida
de su situación. - Explicación del modelo SOC y se
Sustituir los pensamientos hace el paso 1: selección
negativos de Isabel por unos más - Se continúa con la reestructuración
adaptativos si se considera que aún hay algún
pensamiento que requiera ser
trabajado
23

7-8 Hacer frente a la evitación - Recordar el modelo SOC: y se


conductual y favorecer la hacen los pasos 2 y 3: optimización
participación en actividades para y compensación
que disminuyan los síntomas - Terapia activación conductual
depresivos.

9-10 Mejorar las habilidades sociales - Entrenamiento en habilidades


de Isabel para que mejore la sociales (role-playing en terapia)
calidad de sus relaciones (con los - Y se manda como actividad para
del grupo de costura, con sus casa probar estas habilidades de
hijos, etc.) comunicación y expresión de
sentimientos en situaciones reales
como acudir al grupo de costura o
hablar con sus hijos.

11-12 Repaso de todo lo aprendido - Se repasa cada una de las técnicas y


Hacer ver a Isabel toda su mejora se manda como deberes seguir
y los beneficios que tienen todos practicándolas (en especial las de
sus esfuerzos activación conductual, habilidades
de comunicación asertiva y las de
aceptación y compromiso)

13-16 Seguimiento - La primera sesión de seguimiento


Sesiones de menor duración se hará a los 6 meses desde la
(15-30 minutos) última sesión de intervención
Evaluar el éxito o fracaso de la - La segunda 1 mes después de esta
terapia primera
Determinar si hay necesidad de - La tercera a los tres meses
retomar algunas sesiones - La última 6 meses después de la
anterior, es decir, al año de la
finalización de la terapia.

- En estas sesiones se preguntará a


Isabel por sus sentimientos
24

negativos que aparecían al


principio (soledad, tristeza y
desgana), por los síntomas de
depresión, por sus relaciones
sociales, por sus actividades del día
a día, etc.
- Si se considera necesario se puede
repetir en algún momento alguno
de los cuestionarios utilizados en la
primera sesión (ESTE I, ESTE II o
GDS)

Nota: El número de sesiones es orientativo y puede modificarse en función de las necesidades


y el progreso de la paciente.

6. Evaluación del cumplimiento de objetivos


Para evaluar el cumplimiento de objetivos, tras la intervención se realizará una serie
de sesiones de seguimiento de menor duración para comprobar el éxito de la terapia o valorar
la necesidad de una nueva intervención. La primera sesión de seguimiento se hará a los 6
meses desde la última sesión de intervención, la segunda, 1 mes después de esta primera
sesión de seguimiento, la tercera a los tres meses y, por último, una a los 6 meses, es decir,
aproximadamente al año de la finalización de la terapia. En estas sesiones de seguimiento se
aprovechará para preguntar a Isabel cómo está, si tiene sentimientos de soledad o depresión,
cómo sus sus actividades de la vida diaria, cómo es su relación con sus hijos y las personas
nuevas que ha conocido, qué cosas le gusta hacer y cuáles no, se le pasarán de nuevo los
cuestionarios para comprobar un cambio en las puntuaciones y ver si tiene nuevos problemas
o si necesita repetir alguna sesión, etc.
Las puntuaciones obtenidas al repetir los cuestionarios ESTE I, ESTE II y GDS
muestran mucha mejora en el caso de Isabel con una gran disminución de las puntuaciones
obtenidas previamente, lo que significa que prácticamente han desaparecido los sentimientos
de soledad así como de tristeza, mientras que ha mejorado el apoyo percibido.
Además, gracias al éxito de la intervención se observan cambios en el análisis
funcional de Isabel. A continuación, se vuelven a analizar las dos cadenas conductuales para
ver dichas mejoras:
25

Ahora, cuando la hija propone a Isabel acudir a una actividad del centro de mayores,
esta, en vez de negarse, acepta y va. Al principio aparecen sentimientos de desgana, pero en
cuanto se mete en la actividad y la disfruta estos sentimientos se cambian por unos más
positivos. Además, aumenta la probabilidad de hacer nuevas amistades e incrementar el
contacto social, lo que también ayudará a disminuir los sentimientos de soledad y tristeza.
Figura 4
Cadena conductual 1 post tratamiento

Y, siguiendo con la segunda cadena conductual, cuando su hijo la llama, Isabel, en vez
de decir comentarios negativos y recriminar se concentra más en agradecer y decir cosas
agradables, lo que hace que su hijo disfrute más de las conversaciones y haga las llamadas
por gusto y no por obligación, siendo más probable que las alargue y que llame con más
frecuencia, ya que, que Isabel diga tantas cosas buenas es un refuerzo positivo para él.
Figura 5
Cadena conductual 2 post tratamiento
26

7. Conclusiones
A raíz de la realización de este PBL se puede concluir que el sentimiento de soledad
tiene consecuencias muy perjudiciales para la salud física y mental de cualquier persona. Se
ha visto que las personas más vulnerables son las personas mayores ya que, por las
características del ciclo vital, hay mayor tendencia que estar solo y tener menos contacto y
social según uno se va haciendo mayor; puede ser por muerte del cónyuge y seres queridos,
porque los hijos se mudan de casa y les ven con menor frecuencia, con la pérdida de
facultades físicas es común encontrar personas que quieran dejar de acudir a actividades
donde hay alta probabilidad de tener contacto social (como es el caso de Isabel), etc.
Dado el progresivo envejecimiento de la población cabe esperar que este sentimiento,
y todas sus consecuencias negativas (que pueden llegar a derivar en trastornos clínicos como
una depresión mayor), se encuentren con mayor frecuencia en la población mayor. Además,
con la pandemia de Covid-19 se han visto incrementados el aislamiento social y los
sentimientos de soledad (Domínguez Domínguez, 2021). Por este motivo, es muy necesario
formar a profesionales de la Psicología para que sean capaces de abordar estos problemas de
la mejor manera posible, porque las personas que trabajan con esta población en los centros
de día, en hospitales, en domicilios, etc. en muchos casos no cuentan con los conocimientos
necesarios para el trato más correcto y, sin quererlo, pueden llegar a favorecer el declive
cognitivo de estas personas mayores y la aparición de trastornos mentales. Por ello, no solo es
conveniente asegurar la correcta formación de los futuros psicólogos sino también de todos
los trabajadores que tengan contacto directo con cualquier persona mayor (como son
enfermeros, auxiliares, cuidadores formales e informales, etc.) para que, aunque no lleguen a
tener un conocimiento exhaustivo sobre trastornos clínicos ni cómo intervenir sobre ellos, al
menos sí que puedan contar con habilidades básicas de cómo tratar en el día a día a una
persona mayor (no usar el habla patrón ni términos como “viejos/abuelos”, fomentar la
autonomía, saber escuchar y tener paciencia, tratar a cada uno de manera individualizada y no
como si fueran todos iguales, fomentar las relaciones sociales, tener en cuenta la historia
previa de la persona y su cohorte, etc.) (Gené-Badia et al., 2016).
Además, se ha podido comprender que, para poder intervenir sobre un problema, es
necesario primero evaluar el caso a fondo y tener en cuenta todas las variables. Si no se hace
una correcta evaluación es muy fácil fallar en el diagnóstico y proceder con una intervención
que no esté del todo ajustada a resolver la problemática y que, en ocasiones, incluso provoque
un empeoramiento del problema de la persona. Incluso se podría afirmar que la correcta
realización del análisis funcional tiene una mayor importancia ya que, desgranar cada
27

elemento que envuelve a un problema, un malestar, un comportamiento o pensamiento


desadaptativo, un sentimiento negativo, etc, y entender cómo se relacionan entre ellos y qué
papel e intensidad tiene cada uno, ayuda a comprender más a fondo el problema, encontrar
una posible raíz o elemento más central sobre el que trabajar. Si las hipótesis de origen y
mantenimiento del problema están bien desarrolladas es mucho más probable que la
intervención esté adecuada al caso y tenga éxito. Ayuda a comprender la historia vital de la
persona y ver que sus conductas/pensamientos/sentimientos no se dan sin motivo, sino que
todo acontecimiento en la vida de una persona está condicionado por cómo se interpreta y
afronta. Explicado con una metáfora la mente humana sería como el complejo mecanismo de
un reloj (incluso más), si el reloj está roto tienes que dedicar un tiempo y esfuerzo adecuados
para que ver qué pieza es la que falla, y si la identificas bien podrás actuar sobre ella y
arreglar, así, todo el mecanismo; si no se encuentra cuál es la pieza que falla antes de empezar
a desmontar y mover todos los engranajes es muy probable que terminemos por estropearlo
más y soltar alguna pieza que estaba bien.
Las técnicas seleccionadas para el caso han sido: reestructuración cognitiva (de la
terapia cognitivo-conductual), meditación, clarificación de valores, normalización, fusión
cognitiva, acción comprometida, etc. (de la terapia de aceptación y compromiso),
entrenamiento en habilidades sociales, activación conductual, psicoeducación y modelo de
SOC. Todas estas técnicas han demostrado tener una gran efectividad cuando han sido
aplicadas a casos de personas mayores. La reestructuración cognitiva tiene una gran
evidencia empírica ya que hay muchos estudios que aseguran su utilidad a la hora de cambiar
pensamientos desadaptativos por unos más adaptativos, mejorar la autoestima, reducir
sintomatología depresiva, activar esquemas cognitivos racionales y positivos, mejorar la
resiliencia y la satisfacción vital, etc. (Bados y García, 2010; Connors, Johnson y Stuckey,
1984; Gil Andino y Cano Vindel, 2001; Laidlaw, Thompson, Gallagher-Thompson y
Dick-Siskin, 2003). La terapia de aceptación y compromiso es una terapia de tercera
generación que, aunque no tiene tanta evidencia empírica como la cognitivo-conductual, poco
a poco va ganando más apoyo y obteniendo mejores resultados (Badia, 2022; Mandil, 2015;
Unir, 2022). Concretamente, en un estudio de Ruíz Sánchez et al. (2014) se aplicó la ACT
para personas mayores con síntomas depresivos y estos disminuyeron. La terapia de
activación conductual es de gran utilidad en casos de depresión de personas mayores porque
ayuda a retomar actividades placenteras que poco a poco se han ido abandonando, lo cual es
muy común en estas personas por la pérdida progresiva de facultades, y también tiene
especial eficacia en los trastornos por duelo (Clignet, Van Meijel, Van Straten y Cuijpers,
28

2011; Farias, 2021; Fernández, 2021; Vargas, 2018). La psicoeducación resulta muy útil en
cualquier tipo de intervención, ya que, comprender cómo son los procesos mentales, por qué
se dan determinados sentimientos o pensamientos y cómo funcionan las técnicas que se van a
usar favorece la implicación y la participación del paciente. Por otro lado, creemos que la
psicoeducación con población mayor tiene muchos beneficios porque es menos probable que
hayan recibido formación a lo largo de su vida, es decir, hoy en día se da mucha más
importancia a la salud mental que antes, y es más probable que una persona más joven haya
recibido mucha educación sobre este tema, mientras que puede que a una persona más mayor
todo esto de la salud mental, la inteligencia emocional, las habilidades sociales, la
reestructuración cognitiva, la aceptación y el compromiso, etc. le suene muy nuevo. El
modelo selección, optimización y compensación resulta muy efectivo para regular un
envejecimiento activo y adaptativo (Collins y Smyer, 2006; Freund y Baltes, 2007; Martín,
2009; Rohr y Lang, 2009; Vera-Martínez y Yeung y Fung, 2009, citados por García y García,
2013). Por último, el entrenamiento en habilidades sociales también tiene un gran beneficio
para las personas mayores, como se describe en el estudio de Betancourt Llanos et al. (2022)
ya que, el desarrollo de estas habilidades permite los procesos de socialización, comunicación
y expresión de sentimientos entre otros. Asimismo, según describen Oliveira Machado et al.
(2013), un correcto desempeño social promueve sentimientos de autoeficacia, motivación y
confianza en uno mismo, mejora la calidad de las relaciones, previene estados depresivos y
aislamiento social, etc. todo esto, a su vez, favorece el bienestar y la calidad de vida.
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34

ANEXOS
ANEXO 1. PREGUNTAS ENTREVISTA
Datos personales
Apellidos.........................Nombre.........................
Edad......Estudios.................. Profesión................... Situación laboral............ Estado civil........
Con quién vive.......................... Dónde trabaja/estudia..............................................
Fecha de nacimiento.............................Lugar...................
Dirección....................................................................
Tel..........................E-mail........................
Utiliza alguna prótesis:Sí.....Cuál...................................No.....
Rasgos físicos distintivos:.....................................

- Buenos días Isabel, ¿Qué tal? ¿Cómo se encuentra?


- ¿Podría describirme el motivo de su consulta?
- Descríbame, por favor, lo mejor posible qué le pasa
- ¿Podría especificar la última vez que se sintió así?
- En general,¿con qué frecuencia le ocurre ese problema? ¿Podría concretar más o
menos cuál es su duración?:
- ¿Con qué intensidad ocurre, por ejemplo, en una escala de 1 a 5 (en la que 1 es muy
baja intensidad y 5 muy alta)?:
- En una escala de 1 a 5 (en que 1 sería nada o muy poco y 5 muchísimo), ¿en qué
medida considera que estas manifestaciones le afectan en su vida cotidiana?:
- ¿Ocurre, especialmente, en alguna situación?; por favor, descríbala
- Cuénteme más sobre la historia de ese problema: ¿cuándo empezaron esas
manifestaciones?
- ¿En qué circunstancias?
- ¿Cree que esas manifestaciones se han agravado?
- ¿A qué cree que se debe su problema?
Me ha dicho usted que antes vivía con su hija y ahora vive sola. Quisiera saber más de su
situación familiar actual:
- El problema por el que consulta, ¿qué repercusiones tiene en sus relaciones familiares
actuales?
- ¿Qué hacen los miembros de su familia cuando aparece?
- ¿Qué piensan del problema?
35

- ¿Por qué piensan y dicen que le ocurre el problema?


Me gustaría saber algo más de sus intereses y entretenimientos a lo largo de su vida:
- En la actualidad, ¿qué hace usted en sus ratos libres en el presente?
- ¿Cuántas horas dedica al día a esos entretenimientos?
- Cuénteme, ¿qué hace en vacaciones?
Hemos hablado de su familia, de sus compañeros/as de colegio y de trabajo; me gustaría
saber más acerca de sus relaciones sociales:
- ¿Hace amigos/as fácilmente?
- ¿Tiene muchos/as amigos/as?
- En general, ¿se siente cómodo en situaciones sociales?
- ¿Expresa sus sentimientos, opiniones y deseos fácilmente?
- ¿A cuántas personas le cuenta sus secretos más íntimos?
Ahora, me gustaría conocer su estado de salud:
- ¿Ha tenido usted alguna enfermedad grave a lo largo de su vida?
- Si ha tenido intervenciones quirúrgicas, ¿cuáles y cuándo han ocurrido?
- En su caso, descríbeme sus dolencias físicas presentes (tensión alta, diabetes, pro-
- blemas de corazón, etc.):
- ¿Tiene problemas para dormir?
- ¿Realiza una actividad física regular (ir al gimnasio, deporte, etc.)?
- ¿Qué medicamentos toma y con qué frecuencia?
Estamos llegando al final de esta entrevista, pero aún me gustaría saber cómo se ve usted a sí
mismo/a:
- ¿Cómo se describiría a sí mismo/a?
- ¿Cuáles son sus características más positivas?
- ¿Cuáles son sus características más negativas?
- ¿Qué le gustaría a usted cambiar de sí mismo/a?
- ¿Cómo le gustaría ser?
36

ANEXO 2. ESCALA GDS


Escala de Depresión Geriátrica de Yesavage abreviada (versión española): GDS-VE

1. ¿En general, está satisfecho con su vida? Sí No


2. ¿Ha abandonado muchas de sus tareas habituales y Sí No
aficiones?
3. ¿Siente que su vida está vacía? Sí No
4. ¿Se siente con frecuencia aburrido/a? Sí No
5. ¿Se encuentra de buen humor la mayor parte del tiempo? Sí No
6. ¿Teme que algo malo pueda ocurrirle? Sí No
7. ¿Se siente feliz la mayor parte del tiempo? Sí No
8. ¿Se siente desamparado/a, desprotegido/a? Sí No
9. ¿Prefiere usted quedarse en casa, más que salir y hacer cosas Sí No
nuevas?
10. ¿Cree que tiene más problemas de memoria que la mayoría Sí No
de la gente?
11. ¿En estos momentos, piensa que es estupendo estar vivo? Sí No
12. ¿Actualmente se siente un/a inútil? Sí No
13. ¿Se siente lleno/a de energía? Sí No
14. ¿Se siente sin esperanza en este momento? Sí No
15. ¿Piensa que la mayoría de la gente está en mejor situación Sí No
que usted?

PUNTUACIÓN TOTAL…………………………………15
Las respuestas que indican depresión están en negrita. Cada una de estas respuestas cuenta
un punto.

ANEXO 3. ESCALA ESTE I

NUN RA AL A SIEM
CA RA GU MEN PRE
1 VEZ NA UDO 5
2 VEZ 4
3

Me siento solo

¿Con qué frecuencia siente que no hay nadie


cerca de usted?

¿Siente que tiene a alguien que quiere compartir


su vida usted?
37

Tengo un compañero sentimental que me da el


apoyo y aliento que necesito

Siento que estoy enamorado de alguien que me


ama

Tengo a alguien que llena mis necesidades


emocionales

Contribuyo a que mi pareja sea feliz

Me siento solo cuando estoy con mi familia

Mi familia se preocupa por mí

Siento que en mi familia no hay nadie que me


preste su apoyo aunque me gustaría que lo
hubiera

Realmente me preocupo por mi familia

Siento que pertenezco a mi familia

Me siento cercano a mi familia

Lo que es importante para mí no parece


importante para la gente que conozco

No tengo amigos que compartan mis opiniones


aunque me gustaría tenerlos

Siento que mis amigos entienden mis intenciones


y opiniones

Me encuentro a gusto con la gente

Tengo amigos a los que puedo recurrir cuando


necesito consejo
38

Me siento aislado

¿Con qué frecuencia sientes que hay gente que


realmente te comprende?

Siento que mi familia es importante para mí

Me gusta la gente con la que salgo

Puedo contar con mis amigos si necesito recibir


ayuda

Me siento satisfecho con los amigos que tengo

Tengo amigos con los que comparto mis


opiniones

Estoy preocupado porque no puedo confiar en


nadie

Me siento sin apoyo o comprensión cuando


cuento mis problemas

Siento que soy importante para la gente

Siento que no soy popular

Siento que a medida que me voy haciendo mayor


se ponen las cosas peor para mí

Siento que las cosas pequeñas me molestan ahora


más que antes

Siento que conforme me voy haciendo mayor, soy


menos útil

A veces siento que la vida no merece la pena ser


vivida
39

Tengo miedo de muchas cosas

ANEXO 4. ESCALA ESTE II


Factor 1: Percepción de Apoyo Social

SIEMPRE A VECES NUNCA


0 1 2

¿Tiene a alguien con quien pueda hablar de sus


problemas cotidianos?

¿Cree que hay personas que se preocupan por usted?

¿Tiene amigos o familiares cuando le hacen falta?

¿Siente que no le hacen caso?

¿Se siente triste?

¿Se siente usted solo?

¿Y por la noche, se siente solo?

¿Se siente querido?

Factor 2: Uso de las Nuevas Tecnologías

SIEMPRE A VECES NUNCA

¿Utiliza Ud. el teléfono móvil?

¿Utiliza Ud. el ordenador (consola, juegos de la


memoria)?

¿Utiliza Ud. Internet?

Factor 3: índice de Participación social subjetiva


40

SIEMPRE A VECES NUNCA

Durante la semana y los fines de semana ¿le llaman


otras personas para salir a la calle?

¿Le resulta fácil hacer amigos?

¿Va a algún parque, asociación, hogar del


pensionista donde se relacione con otros mayores?

¿Le gusta participar en las actividades de ocio que


se organizan en su barrio/pueblo?

ANEXO 5. ESCALA SOCIO-FAMILIAR DE GIJÓN


Situación Familiar
0. Vive con sus hijos.
1. Vive con la pareja de similar edad.
2. Vive con otros familiares o amigos.
3. Vive solo pero tiene hijos próximos.
4. Vive solo, carece de hijos o viven alejados.
Vivienda
0. Adecuada (luz, agua, calefacción, aseo, teléfono, ascensor).
1. Equipamiento inadecuado (Carece de alguno de los anteriores).
2. Barreras arquitectónicas.
3. Vivienda inadecuada (carece de dos o más de los anteriores).
4. No tiene casa (ausencia de vivienda).
Relaciones y contactos sociales
0. Mantiene relaciones sociales fuera del domicilio.
1. Sólo se relaciona con familia y vecinos, sale de casa.
2. Sólo se relaciona con familia, sale de casa.
3. No sale de su domicilio, recibe familia o visitas (> 1/semana).
4. No sale del domicilio, ni recibe visitas (o < 1/semana).
Apoyos de la red social
0. No necesita ningún apoyo.
41

1. Recibe apoyo de la familia y/o vecinos.


2. Recibe ayuda a domicilio formal o voluntaria.
3. Pendiente de ingreso en residencia de ancianos.
4. Necesita cuidados permanentes que no son dados.
Situación económica
0. Más de 1,5 veces el salario mínimo.
1. Desde 1,5 veces el salario mínimo hasta el salario mínimo exclusive.
2. Desde el salario mínimo a pensión mínima contributiva.
3. Pensión no contributiva.
4. Sin ingresos o inferiores al apartado anterior.

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