Violencia y Poder en la Guerra del Paraguay
Violencia y Poder en la Guerra del Paraguay
Uno de los sucesos más trágicos de la historia del departamento de Concepción fue
la ‘masacre de 1869’ durante la Guerra del Paraguay o de la Triple Alianza que se
extendió por seis largos años. 1 En la etapa final de esta Guerra cuando el Paraguay
resistía a tropas superiores en hombres, recursos y armamentos, el Mariscal Fran-
cisco Solano López endureció su control sobre la población, persiguió encarniza-
damente a sus opositores y a todo aquel que suponía que lo era. Algunos historia-
dores atribuyeron esta conducta a la ‘paranoia’ que comenzó a vivir ‘el tirano’
cuando se sintió acorralado e intentó fanatizar al pueblo tras la divisa ‘vencer o
morir’, llegando a extremos de violencia difíciles de concebir. Una de estas situa-
ciones fue precisamente la masacre llevada a cabo en el Departamento de Concep-
ción entre los meses de abril y mayo de 1869, una de las tantas que ordenó el Ma-
riscal durante los últimos meses de la guerra. 2
Si bien los vencedores construyeron una leyenda negra alrededor de estos
hechos y de su actor protagónico, Francisco S. López, la conducta de éste y los
sucesos acaecidos dieron pábulo para ello. Por empezar, es imposible desmentirlos.
La cuestión es ¿Por qué desencadena tal violencia? ¿La única manera de continuar
en el poder en plena guerra era a través del terror?
Nos limitamos a apuntar a algunos emergentes de este complejo y contradicto-
rio ámbito político en donde se hace difícil diferenciar al hombre público del pri-
vado. El objetivo es aproximarnos a la interpretación de las matanzas y de otras
medidas extremas adoptadas por Francisco S. López en el marco de una guerra sin
cuartel que rompió con el estado de derecho buscando legitimar la excepcionali-
dad. Con ello no sólo abrió el cauce a las arbitrariedades y a las injusticias, sino a
la demostración del abusivo poderío de un gobernante del cual emanaba una vio-
lencia ejercida sin escrúpulos.
En este sentido, en primer lugar nos interesa dar cuenta de una serie de cuestio-
nes que permiten contextualizar la matanza de hombres, mujeres y niños, la mayo-
ría de ellos integrantes de las principales familias del departamento de Concepción,
descendientes de los primeros pobladores. 3 La intención es avanzar en el espacio
de la interpretación a partir de la posibilidad que ofrecen estos violentos hechos
desencadenados en pequeñas localidades y, de esa manera, ir develando una histo-
ria más encarnada y compleja.
Este tipo de aproximación también nos permite el tratamiento en una escala ‘en
miniatura’ de un tema universal: ‘la violencia de la guerra’. Si hay que evitar redu-
cir el análisis del poder al esquema propuesto por la constitución jurídica de la so-
beranía, si hay que pensar el poder en términos de relaciones de fuerza, ¿será posi-
ble entonces – se preguntaba Foucault – descifrarlo según la forma general de la
guerra? ¿Puede ésta valer como instrumento de análisis de las relaciones de poder?
Pregunta que a su vez implica muchas otras como éstas: ¿Puede ser considerada la
44 | Revista Europea de Estudios Latinoamericanos y del Caribe 81, octubre de 2006
guerra como un Estado de cosas originario y fundamental, respecto del cual todos
los fenómenos de dominación, de diferenciación, de jerarquización social deben ser
tratados como derivados? Los procesos de antagonismo, de enfrentamiento y de
lucha entre individuos, grupos o clases, ¿provienen en última instancia de los pro-
cesos generales de la guerra? (Foucault 1992, 275).
No puede ignorarse que la Guerra del Paraguay involucró a la mayor cantidad
de soldados en los ejércitos de los países beligerantes que recuerda la historia de
América Latina. Algunos autores la clasifican como una guerra total porque inter-
firió profunda y decisivamente en la vida de las poblaciones que se vieron afecta-
das con la movilización de hombres y recursos y las muertes de familiares y ami-
gos; para otros no alcanzó tal dimensión aunque habría que analizar en profundidad
entre otras cuestiones: ‘el crecimiento del nacionalismo’, los sentimientos de per-
tenencia identitaria, la autoritaria centralización política y las reglamentaciones
económicas (Reber 1988, 289-319, y 1999, 15-39; Whigham y Potthast 1990, 667-
78; Whigham 2006). De todas maneras, una tragedia de tales dimensiones al tocar
la esfera de los sentimientos, al desgarrar la conciencia, contradictoriamente no
deja de dar lugar a repensar y democratizar la escritura de la historia.
Respecto a una cuestión clave que atañe al ejército y la consolidación del Esta-
do 4 hay que remarcar que durante el siglo XIX tuvo lugar en el Paraguay la centra-
lización de los medios de coerción militar. Los López, padre e hijo en el gobierno,
los reforzaron continuando con la política del Dictador José Gaspar Rodríguez de
Francia (White 1984, 114 y ss; Williams 1969, 200 y ss). Este proceso de centrali-
zación/descentralización siguió derroteros disímiles en los países americanos. Al-
gunos de ellos experimentaron mayores y más prolongadas alteraciones políticas
provocadas por los enfrentamientos que han dado en denominarse guerras civiles
cuyo papel en la construcción de los Estados-nacionales americanos no puede ob-
viarse (Salvatore 1992, 25-47; González 2004, 7-30).
En este artículo pretendemos interpretar las matanzas y otras medidas extremas
implementadas en el marco de una contienda sin cuartel. Con ellas se rompió el
estado de derecho, se abrió el cauce a las arbitrariedades y a las injusticias y a la
demostración del abusivo poderío de un gobernante del cual emanaba una violen-
cia ejercida sin escrúpulos. Pareciera que las explicaciones, de una manera u otra,
concluyen en lo irracional de su conducta. Sin embargo, lo que se trata de com-
prender son las formas de racionalidad que hacen brotar la violencia. La intención
es develar una historia más encarnada y compleja a partir del tratamiento, en una
escala local, de un tema universal: ‘la violencia de la guerra’. No pretendemos res-
tar importancia a la acción individual, a la actuación del sujeto histórico, sino que
la idea es ‘sumergirlo’ en la ‘marea de los tiempos históricos’ que le tocó vivir.
rado importantes avances técnicos aportados por médicos, ingenieros y otros profe-
sionales extranjeros invitados a establecerse en el país, al mismo tiempo que estu-
diantes paraguayos eran enviados a especializarse en centros europeos. Se había
impulsado la construcción de una fábrica metalúrgica, de un arsenal grande, se
habían tendido líneas ferroviarias, promovido la navegación fluvial, propulsado las
exportaciones de los productos del país. Con mucho recaudo y con no pocas situa-
ciones diplomáticas engorrosas se había ido abandonando la política de neutralidad
y de bloqueo interno defendida e impuesta por G. R. de Francia en las casi tres
décadas que precedieron a la independencia, y se habían firmado tratados de amis-
tad, comercio y navegación – algunos nunca ratificados – con los países vecinos,
Francia y los Estados Unidos de Norteamérica
El capital político con que contaba Francisco S. López se asentaba originalmen-
te en el poderío que su padre, el Excelentísimo como se lo conocía, había logrado
acumular en su prolongado gobierno. Pero sus proyectos diferían. Según la opinión
de algunos historiadores pensaba implantar una monarquía absoluta, a diferencia
de su antecesor quien en las postrimerías de su vida elucubraba una monarquía de
tipo constitucional (Cardozo 1965, 87). De todas maneras, la resistencia de parte
del patriciado asunceno a la continuidad del gobierno autócrata comprometido en
un desarrollo estatista ya se había manifestado en 1859 con la conspiración
Decoud-Machain-Canstatt la que no había afectado el curso político de antemano
programado por Carlos A. López.
Al asumir el gobierno, Francisco S. López expuso en un Manifiesto lo que se
puede considerar su programa nacional basado en el ideario de la ‘regeneración
política’. Ésta significaba el reconocimiento de la República del Paraguay como un
‘poder político’ entre los países rioplatenses y el logro en el concierto de naciones
de un prestigio internacional. Para cumplir con los principios de ese ideario, Fran-
cisco S. López demandaba todos los ciudadanos de la nación ‘subordinación y fiel
observancia de las leyes’ en un marco de ‘orden, justicia, moralidad, paz, unión y
concordia’. Desatado el conflicto, el Mariscal reclamaba al pueblo una ‘respuesta
obediente’ a su ‘grito nacional de guerra’. 8 El componente con una gran carga
emocional de sus arengas y discursos fue el del patriotismo entendido como ‘amor
a la patria’. Tal sentimiento se enrola con la defensa de su soberanía en circunstan-
cias en que su existencia como Estado independiente estaba en peligro. 9 La imagen
del paraguayo, hombre y mujer, niños y ancianos, como patriota y soldado cumplía
la función de aunar fuerzas para repeler a los invasores.
La ‘regeneración política’ era encabezada por el Mariscal quien se propuso
mantener y alimentar una relación ‘mágica’ de identificación con la mayoría del
pueblo transmitiendo la imagen de ‘Héroe defensor de la Patria’, depositario de
todas sus esperanzas. Sin embargo, para sus detractores los pasos seguidos para
acceder al poder y las acciones que le siguieron lo erigirán como un tirano. La
prensa brasileña de la época lo representaba vestido con sus galas militares en la
cúspide de una pirámide de cadáveres, lo comparaba con Nerón, el cruel empera-
dor romano que había masacrado millares de cristianos. La prensa porteña lo pre-
sentaba antes de la guerra también como un dictador y, más precisamente, como el
próximo Atila americano. Mientras que otros opositores lo mostraban como un
sultán o emperador que trataba de imitar las pompas y el boato del Imperio de Na-
poleón III, a las que tanto había admirado durante su viaje a Europa. Denunciaron
los cuantiosos gastos de carácter suntuario realizados para alcanzar esta imagen, en
particular la compra en 1863 de una condecoración ornamentada en brillantes y de
European Review of Latin American and Caribbean Studies 81, October 2006 | 47
un lujoso cinto por valor de 16.500 francos a la empresa Fontana y Cía., proveedo-
ra de joyas para la casa reinante en Francia, quien cumplió con el encargo del re-
ciente asumido presidente.
En Paraguay, la memoria del Mariscal López fue por mucho tiempo fuente de
escarnio, aunque desde la década del ‘30 del siglo XX comenzó a rehabilitarse
apuntalada por el militarismo y la difusión de las ideas fascistas que impusieron el
‘lopizmo’ como dogma de gobierno. Durante los años de la dictadura de Alfredo
Stroessner, se consideró al Mariscal como el máximo héroe nacional, entronización
que por muchos fue catalogada de pantalla que servía para ensombrecer la memo-
ria del Mariscal José Félix Estigarribia, vencedor de la Guerra del Chaco. Hacia
1960, la imagen del Mariscal ganaba en legitimidad esta vez sostenida por una de
las corrientes de la teoría de la dependencia que lo erigía como un héroe anti-
imperialista forjador de una Patria Libre. En estos últimos años, nuevos enfoques
ofrecen interpretaciones renovadas de un personaje y de un conflicto bélico que
han suscitado fuertes controversias.
El escenario de la masacre
los puestos militares establecidos sobre el río Apa. Esas bellas campañas se cubrían
con rapidez de importantes establecimientos rurales, de los que se contaban más de
treinta. En el centro, como en la costa del río mencionado, la agricultura daba
magníficos resultados. La parte del departamento situada al sur del Aquidabán se
encontraba mucho mas poblada, todos los valles estaban cubiertos de casas y de
campos cultivados sin interrupción (Du Graty 1862, 144-49). De Villa Concepción
al río Apa, en dirección nordeste, los campos sin alambrar eran muy pintorescos,
atravesados por picadas recorridas por inmensas carretas de bueyes cargadas con
frutos del país. Se encontraban bastante poblados con grupos humanos de diversa
procedencia étnica. Entre el predominio de criollos, se destacaban los cultivadores
de origen chané, no faltando portugueses, mulatos y negros. Las casas y chacras de
los pobres eran alquiladas, arrendadas, o estos se encontraban simplemente en con-
dición de arrimados (Susnik 1992, 142). 10
La sociedad concepcionera era una imagen en pequeña escala del conjunto de
la paraguaya, con un rasgo que la distinguía y que provenía de la peculiar naturale-
za de Comandancia de frontera. Por consiguiente el sector militar tenía una signifi-
cativa presencia en la región. Sus altos cuadros pertenecían al sector privilegiado
beneficiado con el crecimiento económico producido a partir de la década del ‘50.
Junto a este sector, los estancieros, los mayores propietarios de tierras y ganado,
beneficiadores de yerba mate, conectados a su vez al comercio de los frutos del
país, y favorecidos con algún cargo público, siempre y cuando hubiesen sido acep-
tados en el círculo de influencias de los López. Precisamente fueron en su mayoría
los integrantes de estas familias de prestigio las que sufrieron las persecuciones y
matanzas a las que haremos referencia.
Al clero, concentrado en la Villa y diseminado por los curatos de la campaña,
se le reconocía tradicionalmente una posición de privilegio en la comunidad. La
jerarquía eclesiástica había tenido que doblegarse al régimen dictatorial del Dr.
Francia, pero el predicamento de los curas a cargo de las parroquias de barrio y
rurales se había mantenido incólume entre el común de la población. Configurada
de esta manera la relación Iglesia-Estado continuó con pocos cambios durante los
López. La influencia política se observará en la actuación que algunos de sus
miembros tuvieron en los sucesos sobre los cuales volcamos nuestro interés.
En la base, un mayoritario sector campesino mezclado étnicamente, disperso
por los valles, con muy escasos recursos pugnando por mantener su tierra frente a
los estancieros y también frente a las colonias agrícolas de los chanés acriollados y,
al mismo tiempo, repeliendo las incursiones de mbayás y kainguás. El gobierno de
los López reglamentará el trabajo rural y el de los changadores de la ciudad con la
finalidad de ordenar su situación laboral, lo que no modificó las relaciones patriar-
cales existentes en el mundo del trabajo y mucho menos en la sociedad en su con-
junto. De todas maneras, en Concepción, región de frontera de reciente incorpora-
ción al territorio paraguayo, esas relaciones eran más laxas que en otras regiones
del Paraguay de más antigua colonización. Los varones mayores de edad trabaja-
ban en los yerbales, o en los obrajes de madera, sino pasaban los días indolente-
mente después de haber plantado algo de mandioca o de maíz, con la mera finali-
dad de subsistir. Cuando estos escaseaban se iban a mariscar, es decir, perseguir
ganado alzado u orejano. En cuanto a los que trabajaban en los yerbales, sólo per-
manecían en sus hogares de uno a tres meses al año, siendo muy pocos los que
empleaban sus ganancias en comprar algo para su familia o invertir en ‘algunas
vaquitas’ o ‘lecherita’, la mayoría las gastaban en la bebida, el juego y las mujeres
European Review of Latin American and Caribbean Studies 81, October 2006 | 49
formado Estado nacional era que los pueblos indígenas debían ser extirpados del
nuevo orden socio-político por ocupar ilegítimamente tierras, obstaculizar el pro-
greso económico y el tránsito a la modernidad. Esta política se acentuó después de
finalizada la guerra en el marco de una entrada más efectiva de las empresas capi-
talistas interesadas en la explotación de los recursos naturales de la región, en es-
pecial yerba mate y maderas.
La determinación de los límites entre el Imperio del Brasil y la República del
Paraguay había provocado reiteradas controversias e incidentes marcando el climax
de beligerancia previo a la guerra, como hemos señalado. La actividad militar y los
reconocimientos del territorio se acrecentaron durante la mencionada década al
vaivén de las sucesivas crisis entre ambos Estados. Brasil reclamaba la habilitación
de la navegación fluvial y libre comercio, mientras que Paraguay sostenía que
acordaba siempre y cuando se llegara a un arreglo sobre la cuestión de límites. Los
brasileños realizaron una campaña bastante sistemática de ocupación de las tierras
comprendidas entre el Blanco y el Apa y algunos colonos incluso vadearon este
último río instalándose en el sur de la región apanaense ocupada históricamente por
estancieros y campesinos paraguayos.
El reclamo del Imperio en particular por la libre navegación del río Paraguay se
debía a que uno de los mayores problemas del espacio fronterizo matogrossense
continuaba siendo las dificultades de comunicación con las regiones costeras del
Imperio. Éstas habían sido facilitadas al franquearse la navegación del Paraguay en
1856, e interrumpidas al iniciarse las hostilidades. El Imperio en su faz de consoli-
dación estatal, debía superar el obstáculo que afectaba la integración de su territo-
rio y para ello lograr que el Paraguay accediera a sus pretensiones. Sin embargo,
mientras que sustentaba en el Amazonas una doctrina gemela a la paraguaya en
defensa de su soberanía, su papel estaba invertido en el Río de la Plata donde su
hábil diplomacia ‘apelaba a los más ingeniosos brincos dialécticos para esquivar
este boomerang amazónico’ (Ynsfrán 1954, 26-7).
En este marco, estando prohibido los intercambios que pudieran hacerse entre
productos del país y del exterior, los barcos mercantes extranjeros que surcaban las
aguas del Paraguay rumbo a Corumbá en el Mato Grosso sólo tenían permiso en el
puerto de Concepción para proveerse de ganado, aves y de otros comestibles. 14 Los
navíos que tenían como destino a Corumbá procedentes de Rio de Janeiro hacían
previamente escala en Montevideo, Buenos Aires, Rosario, Asunción, Concepción,
Coimbra y Albuquerque. Otra vía de entrada para aquellos distritos era la que pro-
venía de São Paulo y de Paraná, vía Tibagi-Paranápanema-Paraná-Ivinheima.
Un artículo apreciado en los intercambios intraregionales era la sal ordinaria de
la que no podía prescindir el ganado por la naturaleza de los pastos fuertes. Pero lo
que daba mucha vida al comercio concepcionero eran las relaciones de larga data
que mantenía con el Mato Grosso, con los pueblos de Miranda y Ñuaque, y aún
con Cuiabá, población cabecera de la Capitanía militar de Mato Grosso situada
hacia el Norte del Pantanal, intercambiando ganado vacuno y todo tipo de merca-
derías.
Las tensiones políticas activaban la frontera militar mucho antes del comienzo
de la gran guerra. Los paraguayos traspasaban el río Apa hacia el Mato Grosso
mientras lo fortificaban hasta sus cabeceras, en contrapartida intentando impulsar
el establecimiento de colonos, el gobierno imperial decretó en abril de 1856 la
creación de las colonias militares de Dorados y de Miranda. El Alto Paraguay se
había conformado decididamente en un área de presión colonialista, de pugnas
European Review of Latin American and Caribbean Studies 81, October 2006 | 51
Iniciada la fase final de la contienda, Asunción fue ocupada por los aliados en ene-
ro de 1869 y según concuerdan todos los testimonios, el pillaje llevado a cabo por
las fuerzas brasileñas comandadas por el general en jefe, Marqués de Caxias, estu-
vo a la orden del día. La ciudad sufrió un saqueo devastador, en especial los depó-
sitos de tabaco cuyos propietarios eran en su mayoría extranjeros. Un periódico
francés del Río de la Plata expresaba que ‘Los soldados de la Revolución, los após-
toles del progreso, los misioneros de la libertad, han actuado exactamente como los
romanos en la toma de Jerusalén, como los turcos en la toma de Missolonghi’ (Ci-
tado por Peña 1968, 102).
52 | Revista Europea de Estudios Latinoamericanos y del Caribe 81, octubre de 2006
mente estático. Otras explicaciones ven en el desarrollo del mercado mundial capi-
talista la realidad explicativa fundamental de la dislocación de las diferentes nacio-
nes en el centro o en la periferia del sistema conjunto de explotación; tienden así a
quitar toda importancia a las diferencias locales que no estén determinadas por
variables completamente exógenas respecto a la estructura social interna.23
Es necesario esclarecer, principalmente, en estas relaciones complejas entre el
centro y las periferias, el hecho de que la estructura con la que las nuevas forma-
ciones estatales se organizan después de la independencia, en sus aspectos políticos
posteriores, está condicionada por el modo en que las realidades locales han reac-
cionado al del sistema de toma, redistribución y control de los poderes centrales.
Por consiguiente se hace necesario analizar el cruce de pactos y conflictos entre
grupos del centro y de las localidades como mecanismo fundamental que diferen-
cia y caracteriza, a partir de sus resultados, los sistemas políticos. Para ello hay que
tener en cuenta que el poderío del Estado se deriva del papel de control que los
grupos dominantes han debido y podido confiar al poder central, según su capaci-
dad hegemónica y sus orientaciones económicas. En esto no puede descuidarse ni
infravalorar la enorme diversidad de las situaciones periféricas sobre las que el
Estado ejerce su propio poder, así como justipreciar los condicionamientos que se
derivan de él. El Estado nación latinoamericano fue posible edificarlo, precisamen-
te, por ‘las relaciones que tejieron y destejieron los dueños y beneficiarios del po-
der regional’, sin su indagación es imposible comprender los grandes procesos his-
tóricos del siglo XIX (Cerutti 1998, 9).
Se puede pensar, profundizando estos planteos, que Francisco S. López se re-
serva la tarea de gobernar (Poggi 1997, 21 y ss). Esta expresión apunta al hecho
de dar y obedecer órdenes de mando como la sustancia cotidiana de las relaciones,
por lo que transmite apropiadamente la naturaleza asimétrica de las relaciones so-
ciales. Las relaciones entre poder central y los Comandantes de frontera, en este
caso de Concepción, enlazan cuestiones teóricamente tan densas que se focalizan
en ‘la política como distribución’ y en ‘la política como nosotros contra el otro’. 24
La cuestión deriva en la gobernabilidad que se vincula a la gestión de gobierno y
que, en términos más abstractos, está asociada a un conjunto de relaciones sociales
que suponen poder, mando y autoridad
Replantearse la cuestión del advenimiento en Paraguay de ese sistema de poder
al que se denomina el ‘Estado moderno’, y sobre la cuestión de su ‘centralización’,
obliga básicamente a preguntarse ¿cuáles fueron los medios (financieros, materia-
les, humanos) para lograrla?, ¿a quiénes distribuyó el poder?, ¿cuáles los poderes
dados?, ¿qué relación existió entre la administración central y la administración de
las localidades?, ¿actuaron los funcionarios como instrumentos o competidores del
poder del gobierno central?. Los mecanismos de poder son difíciles de desentrañar
y posiblemente sólo a través de la realidad burocrática / institucional podamos
abordar superficialmente cómo se tramaban los equilibrios del poder.
Por un lado, hay que destacar que la matanza fue llevada a cabo por un grupo mili-
tar organizado para tal fin, cuya conducta irracional e inhumana se exacerbó con la
instrumentación de formas extremas de violencia. Entendiendo que la racionalidad
material es precisamente el intento de lidiar con la subjetividad que se presenta
irreductible y sugerir que, a pesar de ello, podemos hacer elecciones inteligentes y
European Review of Latin American and Caribbean Studies 81, October 2006 | 57
dotadas de sentido. Pero no olvidemos que todo acto encierra una intencionalidad:
la de ejercer el dominio y, en este caso, como maestros de la ‘pedagogía del mie-
do’. Por otro lado, las crueldades y atrocidades se hicieron sobre un grupo social
atomizado por la guerra que había destruido la plataforma de la convivencia huma-
na. Más aún, esa población, imposibilitada de organizarse para defenderse, no tenía
respuestas, no tenía capacidad momentáneamente de rehacerse, sólo atinaba a re-
unirse para bailar con los represores pretendiendo con ello apaciguar su violencia,
alternando en un teatro dantesco futuras víctimas y victimarios antes de desatarse
la orgía de sangre.
Todo se desarrollaba en un mar de intensas emociones y contradictorios senti-
mientos, dibujando un cuadro que desacreditaba la imagen triunfalista que preten-
día el gobierno. Éste a través de sus agentes empleaba la violencia como medio de
ganar y demostrar poder, y no se percataba que de esa manera dejaba al descubier-
to su extrema debilidad. Erróneamente confundía el uso del poder con la instru-
mentación de la violencia. Pareciera que ‘uno’, el Mariscal, sólo tenía frente a él a
los ‘otros’, y ‘todos’ se habían convertido en sus enemigos. Su responsabilidad en
las acciones de venganza y terror que se llevaron a cabo afectaron el lábil crédito
político que los agentes le habían conferido al asumir el gobierno y que, en gran
medida, había heredado. El Mariscal pretendía afirmar el sumo poder a través del
castigo – contrapartida del perdón –, y se valía para ello del costoso medio – por lo
contraproducente de sus efectos sobre la comunidad – de la crueldad. Atacar a la
población civil para hacerse valer políticamente, mejor dicho, para dominar por el
terror. Éste se impone y triunfa violando los derechos humanos, restringiendo las
libertades personales, exacerbando los controles, no es producto de una lógica irra-
cional sino de una lógica rigurosa, responde a una serie de premisas que están suje-
tas a la creencia de un bien inequívoco. La resultante: O están con nosotros o co-
ntra nosotros. El uso sistemático del terror o de una violencia no predecible ya sea
contra gobierno, público o individuos con el fin de alcanzar un objetivo político, en
otras palabras, el terrorismo, es una práctica muy antigua y los ejemplos se multi-
plican en la historia de la humanidad.
Estos actos de barbarie nos introducen en el terreno de la más descarnada vio-
lencia definida como ‘un acto de poder que mediante ‘daño corporal intencionado’
se realiza a los otros’. El carácter institucional de la violencia está presente pero
también sus dimensiones corporales (antropológicas) y narrativas (simbólicas)
(Riekenberg 2000, 73-80), ofreciendo múltiples formas y rostros resultados de me-
canismos específicos. La violencia inscripta en el poder emerge a través de enun-
ciados políticos, sea una proclama, un manifiesto, o el abreviado lema diario que el
Mariscal repetía a los soldados ‘Conquistar o morir’. Esto también obliga a dete-
nernos en su corporeidad. Por empezar en la muerte, pero más específicamente en
el dispositivo de la tortura en la cual se observa el ensañamiento de los actores en
pugna. La tortura vista no sólo como instrumento para interrogar – con el que en
forma inmediata se puede o no lograr lo que se busca, o sea, obtener información –,
sino como herramienta sumamente eficaz para lograr su verdadero propósito: ate-
rrorizar no sólo a los detenidos sino a la comunidad que se entera de tales abusos y
crueldades. De esa manera, se pretende deshumanizar a la víctima, quebrar su vo-
luntad de resistencia y, sobre todo, al propagarse el miedo, minar la voluntad y la
coherencia de la comunidad no dejando intersticios para que se rehaga. La tortura
aparece como un dispositivo del terrorismo de Estado de suma utilidad para el con-
trol social. Con el terror que se difunde este terrorismo domina e impone su pode-
58 | Revista Europea de Estudios Latinoamericanos y del Caribe 81, octubre de 2006
río. Al introducir esta cuestión, la violencia a más de ser considerada como una
consecuencia social, se muestra como el sujeto principal de una política (Farge
1995, 154).
Retomemos la pregunta de M. Foucault de la cual partimos: ¿Puede la guerra
valer como instrumento de análisis de las relaciones de poder? La misma historia
ha dado muestra de ello. En el caso particular analizado de una comunidad humana
inmersa en la guerra total y en el terror local, modelada geográfica e históricamen-
te, la existencia de redes de poder político tanto reales como imaginarias ofertaron
el marco de la masacre. No basta constatar y denunciar la represión para compren-
der el régimen del Mariscal López, es preciso buscar los resortes escondidos en el
apretado y complejo tejido socio-político concepcionero que lo envolvía y estre-
chaba al Estado y a la situación de guerra. Los campos estaban claramente demar-
cados entre los paraguayos y sus enemigos, había que acatar sin discutir ni protes-
tar porque sino se era un traidor a la Patria. Frente a esto que se complicaba con la
posición geoestratégica de la región, a la población local le resultó prácticamente
imposible operar solidariamente, responder en forma coherente frente a la más vio-
lenta agresión que puede ejercerse y sobre la cual no existe explicación racional ni
comprensiva que la valide. Mientras que lo que está fuera de los marcos sociales y
humanitarios no puede tolerarse, las guerras – a pesar de la impugnación que pesa
sobre ellas – están normalizadas, legitimadas, a través de regulaciones fijas y con-
venciones que establecen sus leyes de juego y también límites.
En principio ¿Cómo podemos ver a toda guerra? Puede verse como la ‘forma
general’ de las relaciones humanas y sociales, más precisamente como un conflicto
de grandes intereses que no deja de tener rasgos provenientes de la sociedad y de la
cultura que se encuentran involucradas. Podemos reflexionar acerca de la naturale-
za de la racionalidad del poder para buscar explicar la violencia que engendra, sin
embargo sea cual fuere el enfoque que se decida adoptar, no dejará de considerarse
que la guerra es una acción humana, deliberada y premeditada, de cuyos efectos
alguien tiene que ser responsable, precisamente porque perfora el proceso de vio-
lencia controlada (Farge 1995, 148). Enfrentado a los muchos crímenes que se co-
meten en el transcurso de una guerra o al crimen de la agresividad de la misma, el
teórico moral busca a los agentes humanos. Sin embargo, dado el carácter extremo
de la situación, los hombres que hacen la guerra frecuentemente juzgan que las
normas morales no son relevantes (Walzer 2001, 43) definiendo un criterio de jus-
ticia que se amolda con el Estado de excepción, y que de ninguna manera se justi-
fica.
La otra cuestión que conceptualmente tuvimos en cuenta y que nos permitió
despejar el camino analítico fue pensar al Estado como un trenzado o bien una red
de símbolos, narraciones e infraestructuras que contribuyen a reagrupar a los cuer-
pos, lugares y objetos para producir de esta manera el poder estatal. Sin dejar de
tener en cuenta el conjunto institucional y el marco normativo, a través de esta mi-
rada pudieron observarse las estrategias y la capilaridad del poder y en particular la
dimensión social del Estado. Los vínculos entre sociedad y Estado se comprenden
en la medida que no se separan uno del otro. Es evidente que el tipo de poder pú-
blico que ejerce el Mariscal tiene su enlace con el modelo paternalista instalado en
la sociedad paraguaya. Pero fundamentalmente, nos obliga a repensar la conforma-
ción del Estado como un proceso social y centrarnos en el conjunto multiforme de
comunicaciones y de procesos de negociaciones entre la sociedad local y los pode-
res centrales. Esta perspectiva de análisis implica no solamente el reconocimiento
European Review of Latin American and Caribbean Studies 81, October 2006 | 59
***
Notas
1. La literatura historiográfica que tiene como centro de interés la Guerra del Paraguay es muy extensa
y presenta enfoques e interpretaciones muy disímiles. La interpretación de que el colonialismo in-
glés había sido la causa que desencadenó el conflicto con la finalidad de destruir el modelo de desa-
rrollo autónomo paraguayo, para lo cual utilizó como instrumentos a los Estados vecinos, ganó es-
pacio a partir de la década del 1970. Estudios más recientes se han preocupado en demostrar la
incidencia que en ello también tuvo el proceso de conformación de los Estados nacionales rio-
platenses.
2. Entre otros numerosos testimonios ver ‘Atrocidades de López’, Carta de C. J. Masterman, agregado
como médico a la legación de los Estados Unidos en el Paraguay, publicada en el Standard, Lon-
dres, 2 de abril de 1869, y reproducida en los diarios de Buenos Aires y de Santiago de Chile, de
junio a julio del mismo año. Ver tb. Thompson, George, The War in Paraguay, Longmans Green
and Cía, London, 1869, ingeniero inglés, que se distinguió como oficial durante la Guerra, quien
pasado el conflicto tildó al Mariscal de ‘monstruo sin igual’. Una crítica al libro de Thompson apa-
reció inmediatamente en el Eco de Córdoba, Argentina, del 19 de enero de 1870.
3. La Villa Real de la Concepción fue establecida por los españoles en 1773 respondiendo a la política
borbónica de asegurar territorios de frontera en este caso con Portugal y con las ‘naciones’ indíge-
nas. Su fundación representó la recuperación de un territorio que un siglo antes se habían visto
obligados a abandonar por las invasiones combinadas de indios y bandeirantes.
4. Para el historiador alemán Otto Hintze, en la mayoría de los países de la Europa occidental el ejér-
cito nacional fue el centro de construcción del Estado. Ver para América entre otros Tulio Halperín
Donghi (1985), Günter Kahle, Manfred Kossok, Juan Marchena Fernández.
5. Francisco Solano López (soltero, con descendencia) fue el primogénito del matrimonio de Carlos
Antonio López con Juana Pabla Carrillo. Sus otros hijos fueron: Inocencia (casada con el General
Vicente Barrios, con descendencia); Venancio (soltero, con descendencia); Rafaela (casada en pri-
meras nupcias con Saturnino Bedoya y, en segundas, con Milcíades Acevedo Pedra, brasileño, con
descendencia) y Benigno (soltero, condescendencia).
6. Fidel Maíz, sacerdote, después que fue liberado por orden misma de López recién en 1866, se volcó
a apoyarlo incondicionalmente convirtiéndose en uno de sus hombres de confianza. Figura polémi-
ca si las hay en toda esta historia, al finalizar la guerra fue llevado prisionero al Brasil. De regreso
al Paraguay, siguió participando en política hasta su muerte a principios del siglo XX.
7. Archivo Nacional de Asunción (en adelante ANA) Serie Nueva Encuadernación (en adelante NE)
Vol. 1067.
60 | Revista Europea de Estudios Latinoamericanos y del Caribe 81, octubre de 2006
8. Carlos Calvo a Mariano González, ministro de Hacienda paraguayo, París, 24/08/1863, en ANA
Sección Historia (en adelante SH), Agregados, Vol. 444, doc. 9.
9. François-Xavier Guerra sostiene que producida la independencia ‘Quedará aún pendiente en todos
los nuevos Estados, la construcción de la nación moderna en su doble vertiente: la política, la aso-
ciación voluntaria de los individuos-ciudadanos, y la cultural, conseguir que todos compartan una
historia y un imaginario comunes, aunque sean míticos. Esta es la paradoja de la nación en Hispa-
noamérica. En la Europa del siglo XIX se trata de cómo construir el Estado-nación moderno, a par-
tir de la nacionalidad; en Hispanoamérica, de cómo construir Estados-naciones separados a partir de
una ‘nacionalidad’ en gran parte común a todos’. Sin tratar de formular la construcción del Estado-
nación a partir de precondiciones establecidas, de posiciones sustantivistas, sino, por el contrario,
pensándolo procesualmente, el problema es comprobarlo para el caso paraguayo donde la medite-
rraneidad de su territorio, la vigencia de la lengua y de la cultura guaraní y, para sintetizar, distintas
razones históricas muestran una asociación, un fuerte sentido de pertenencia y otros rasgos que
hablan de una temprana formación identitaria en el marco de la pertenencia a una común, la Hispa-
noamérica, de la cual también se desprende.
10. ANA NE 3195. Año 1865.
11. Si bien es un relato posterior, hace referencia a costumbres y conductas que no se habían modificado.
12. Cerro Corá: Lugar donde el 1º de marzo de 1870 se libró la última batalla entre fuerzas paraguayas
y brasileñas y donde fue muerto el Mariscal.
13. ANA SH 368, I y II. Informes de los Comandantes de Concepción.
14. ANA SH 319, 14.
15. Durante la presidencia de Carlos Antonio López se organizó administrativamente al país en Depar-
tamentos, los que suplantaron a las antiguas Comandancias de la época del Dictador G. R. de Fran-
cia, heredadas a su vez del régimen colonial.
16. Policarpo Páez logró escapar y posteriormente colaboró con el gobierno provisorio participando
como convencional constituyente.
17. Elisa Alicia Lynch, irlandesa, a quien el Mariscal había conocido en el transcurso de su viaje a
Europa en 1853, era su ‘concubina idolatrada’, según las declaraciones realizadas en el juicio suce-
sorio una vez terminada la Guerra por testigos presentados por la madre, Juana P. Carrilo. De la
lectura de los testimonios presentados se desprenden los prejuicios que pesaban sobre ‘La
Lynch’ o ‘La Mariscala’ como se la conocía, a quien no dejaban de considerar una extranjera a
pesar de quedar encandilados con sus modales parisinos que terminaron marcando la moda en la
capital paraguaya.
18. Toro Pichaí: Apelativo por la fuerza del toro, demostrada con los azotamientos y por su cabellera
encrespada e hirsuta, semejante al pelo rizado de los raros ejemplares de esta clase de vacuno, y
que, generalmente, suelen distinguirse en las corridas de toros, por la gran furia de sus acometidas.
En la década de 1880, H. F. Decout declaró que tuvo al Toro Pichaí ‘como su resguardo en las lu-
chas electorales en que actuó y, después, como capataz de su establecimiento rural de Emboscada.
De aquí proviene la relación de todos los informes de la actuación de aquel hombre, corroborada por
muchos vecinos de Concepción, a más de los documentos auténticos en poder del mismo autor’.
19. Cepo Uruguayana: Castigo corporal extremo que dañaba irreversiblemente a los músculos y a los
nervios.
20. Acá Yboty: Se refiere a un escuadrón de lanceros que se hizo famoso después de los ajusticiamien-
tos de ‘los traidores de San Fernando’. El término significa ‘Cabeza florida’ en alusión a las flores
con que las mujeres del campamento acostumbraban adornar los kepís de los lanceadores después
de cada ajusticiamiento en previsión de una malquerencia.
21. Relato que según el mencionado Decoud se encontraba en su poder.
22. Felicia del Carmen Irigoyen y Urbieta de Gómez de Pedrueza y Gamarra, representante de la más
encumbrada sociedad concepcionera, Urbieta de Irigoyen y tres hijas; Agüero de Carísimo; Urbieta
de Martínez y una hija; Carmen Agüero; Martínez de Carísimo y cuatro hijas; Quevedo de Aquino;
Dolores Recalde; Martínez de Rodríguez; Rodríguez de Villa; Rodríguez y tres hijas; Teixera,
compuesta de cuatro hermanas; García, compuesta también de cuatro hermanas; Villa y tres hijas;
Josefa Esquivel de Ruda y sus tres hijas, Cayetana, Margarita y María Jesús; Lamas y dos hijas;
Córdoba; Echagüe.
23. Véase con esta perspectiva de análisis: Parsons, Talcons (1966) Societes, Evolutionary and Compa-
rative Perspective. Englewood Cliffs, Prentice Hall; Stone, Lawrence (1965) The Crisis of the Aris-
European Review of Latin American and Caribbean Studies 81, October 2006 | 61
tocracy, 1558-1641. Oxford, Oxford University Press, Oxford; Wallerstein, Immanuel (1979) El
moderno sistema mundial. II. el mercantilismo y la consolidación de la economía-mundo europea
1600-1750. Madrid, Siglo XXI.
24. Planteos disímiles que provienen de David Easton y Carl Schmitt.
Bibliografía
Adorno, Teodoro W. y colaboradores (1965) La personalidad autoritaria. Buenos Aires: Proyección.
Amerlan, Alberto (1904) Bosquejos de la Guerra del Paraguay. Buenos Aires: Editorial Hermann
Tjarks.
Areces, Nidia R. (1999) ‘La política de tierras en Concepción durante el gobierno de Carlos A. López’,
Prohistoria II 2: 93-106, Rosario.
––– (2000) ‘El trabajo en los “yerbales” de Concepcion, frontera norte paraguaya, en el siglo XIX’,
Varia Historia 23: 42-60, Minas Gerais, Universidad Federal de Minas Gerais.
––– (2004) ‘La frontera entre Mato Grosso y Concepción. De tierra de Indios Bárbaros a espacio milita-
rizado y colonizado’, Cuadernos de Historia 6: 41-70, Córdoba, UNC.
––– (2006) ‘Concepción, frontera paraguaya con el Mato Grosso, y la política económica de Carlos A.
López. Entre la guerra y la diplomacia’, Mundo Agrario 10, UNLP.
Arendt, Hannah (1970) Sobre la violencia. México: Cuadernos de Joaquín Mortiz.
––– (1981-1982) Los orígenes del autoritarismo. 3 Vols. Madrid: Alianza.
Aylmer, Gerald E. (1997) ‘Centro y localidad. La naturaleza de las élites de poder’. En: Wolfgang
Reinhard (coordinador) Las élites del poder y la construcción del Estado: 83-105. México/Madrid:
Fondo de Cultura Económica.
Báez, Cecilio (1926) ‘La tiranía de Solano López: su aspecto comercial. En: El mariscal Francisco
Solano López. Asunción: Junta Patriótica Paraguaya.
Benjamín, Walter (1977) Para una crítica de la Violencia. Puebla, México: Premiá.
Cardozo, Efraín (1964) Vísperas de la guerra del Paraguay. Buenos Aires: El Ateneo.
––– (1965) Breve historia del Paraguay. Buenos Aires: Eudeba.
Cerutti, Mario (1998) ‘Preliminares’, Historia y Grafía. Universidad Iberoamericana, pág. 11.
De Bourgoing, Adolfo (1894) Viajes en el Paraguay y Misiones. Recuerdos de una expedición á los
yerbales de Concepción, Cerro-Corá y Sierras de Amambay, Etc. Paraná: Tipografía, Litografía y
Enc. ‘La Velocidad’.
Decoud, Héctor F. (s/f.) La Masacre de Concepción ordenada por el Mcal. López. Asunción: RP edi-
ciones.
Doratioto, Francisco (2004) Maldita guerra. Nueva historia de la Guerra del Paraguay. Buenos Aires:
Emecé Argentina.
Du Graty, Alfredo M. (1862) La República del Paraguay. Besanzon: Imprenta de José Jacquin.
Easton, David (1953) The Political System: An Inquiry into the State of Political Science, NuevoYork:
Alfred A. Knopf.
Farge, Arlette (1995) ‘Algunos instrumentos para reflexionar sobre la historia de la violencia’, Anuario
del IEHS 10: 145-154, Tandil: Universidad Nacional del Centro.
Foucault, Michel (1978) Vigilar y castigar. Madrid: Siglo XXI.
––– (1992) Genealogía del racismo. De la guerra de las razas al racismo de Estado. Madrid: Las Edi-
ciones de La Piqueta.
Garmendia, José I. (1891) Recuerdos de la Guerra del Paraguay. Buenos Aires: Jacobo Peuser.
Godoi, Juan Silvano (1996) El fusilamiento del obispo Palacios y los tribunales de sangre de San Fer-
nando: documentos históricos. Asunción: El Lector.
González, Fernán E. (2004) ‘A propósito de ‘Las palabras de la guerra’: los comienzos conflictivos de
la construcción del Estado Nación y las guerras civiles de la primera mitad del siglo XIX’, Estudios
Políticos, 25: 7-30.
González, Gonzalo (1905) Uruguay y Paraguay. Los dominios de Lambaré. Santa Fe, s/e.
Grinberg, Miguel (2002) Edgar Morin y el pensamiento complejo. Madrid: Campo de Ideas.
Guerra, François-Xavier (1995) ‘Identidad y soberanía: una relación compleja’, Revoluciones hispáni-
cas. Independencias americanas y liberalismo español. Cursos de Veranos de El Escorial 93-94, di-
rigido por François-Xavier Guerra. Madrid: Editorial Complutense.
Guthmann, Gerardo (1991) Los saberes de la violencia y la violencia de los saberes. Montevideo, Uru-
guay: Nordan Comunidad.
62 | Revista Europea de Estudios Latinoamericanos y del Caribe 81, octubre de 2006
Halperín Donghi, Tulio (1986) ‘Dictaduras hispanoamericanas en perspectiva histórica’. En: Saúl Sos-
nowski (comp.) Augusto Roa Bastos y la producción cultural americana. Buenos Aires: Ediciones
de La Flor, pág. 21-48.
––– (1985) Reforma y disolución de los Imperios ibéricos, 1750-1850. Madrid: Alianza América.
Hintze, Otto (1975) ‘Military Organization and the Organization of the State’. En: Felix Gilbert (ed.)
The Historical Essays of Otto Hintze. Oxford University Press: Nueva York, pág. 178-215.
Kahle, Günter (1997) El ejército y la formación del Estado en los comienzos de la independencia de
México. México: Fondo de Cultura Económica.
Köning, Hans-Joachim (2000) ‘Nacionalismo y nación en la historia de Iberoamérica’. En: Hans-
Joachim Köning, Tristan Platt y Colin Lewis (coords.) Cuadernos de Historia Latinoamericana Es-
tado-nación, Comunidad Indígena, Industria. Tres debates al final del Milenio. Ridderkerk:
AHILA 8: 7-47.
Kössok, Manfred, y Michael Zeuske Jr. (1991) ‘El factor militar en la Independencia. La dialéctica
entre guerra y revolución en el período de 1810-1830’. En: ‘Les révolutions ibériques et ibéro-
américaines à l’aube du XIXe siècle’. Actes du Colloque de Bordeaux, 2-4 juillet 1989, Paris, Cen-
tre National de la Recherche Scientifique, pág. 395-414.
Marchena Fernández, Juan (1996) ‘La expresión de la guerra. El poder colonial. El ejército y la crisis
del régimen colonial’, Historia Andina. Quito, III.
Marí, Enrique (1983) La problemática del castigo. Buenos Aires: Hachette.
Masterman, Jorge Federico (1911) [1870] Siete años de aventuras en el Paraguay. Buenos Aires: Ed. J.
Palumbo.
Morin, Edgar (2003) Introducción al pensamiento complejo. Barcelona: Gedisa.
O’Leary, Juan Emiliano (1925) El Mariscal Solano López. Madrid: Imprenta de Félix Moliner.
Peña, Manuel Pedro (1865) Cartas Históricas 1857-1865. Buenos Aires, s/e.
Peña, Milcíades (1968) La Era de Mitre. Buenos Aires: Fichas.
Pereira Ferraz, Antonio Leoncio (1929) ‘Memória sobre as fortificações de Matto Grosso’. Apresentado
ao IHGB, (Fragmentos), Revista Trimestral de Historia e Geographia ou Jornal do Historia e Ge-
ographia Brasileiro 156. Rio de Janeiro.
Poggi, Gianfranco (1ª ed. en inglés 1978; ed. en español 1997) El desarrollo del Estado moderno. Una
introducción sociológica. Buenos Aires: Universidad Nacional de Quilmes.
Pomer, León (1987) La guerra del Paraguay. Estado, política y negocios. Buenos Aires: Centro Editor
de América Latina.
Reber, Vera Blinn (1988) ‘The Demographics of Paraguay: A Reinterpretation of the Great War 1864-
1870’, Hispanic American Historical Review 68, 2: 289-319.
––– (1999), ‘A case of total war: Paraguay, 1864-1870’, Journal of Iberian and Latin American Studies,
5, 1:. 15-39.
Reinhard, Wolfgand (comp.) (1997) Las élites del poder y la construcción del Estado. México/Madrid:
Fondo de Cultura Económica.
Resquín, Francisco I. (1942) Datos Históricos de la Guerra del Paraguay. Asunción, s/e.
Riekenberg, Michael (2000) ‘Algunos comentarios sobre literatura reciente acerca de la violencia y del
Estado en América Latina’. En: Hans Joachim König, Tristan Platt y Colin Lewis, (coordinadores)
Estado-nación, Comunidad Indígena, Industria. Tres debates al final del Milenio, Cuadernos de
Historia Latinoamericana 8: 71-93. Leiden: Asociación de Historiadores Latinoamericanistas Euro-
peos.
Rodríguez Molas, Ricardo (1985) Historia de la Tortura y el Orden Represivo en la Argentina. Buenos
Aires: Eudeba.
Salvatore, Ricardo D. (1992) ‘Reclutamiento militar, disciplinamiento y proletarización en el era de
Rosas’, Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana Dr. Emilio Ravignani. Tercera Se-
rie, 5: 25-47.
Silveira De Mello, General Raúl (1960-61) Historia do Forte de Coimbra. 4 Vols. Rio de Janeiro,
SMG: Imprenta do Exército.
Schmitt, Carl (1968) Trattato politico. Torino: Einaudi.
Susnik, Branislava (1992) Una visión socio-antropológica del Paraguay del siglo XIX. Parte 1ª. Asun-
ción: Museo Etnográfico ‘Andrés Barbero’.
Swendinger, H. (1985) ‘¿Defensores del orden o custodios de los derechos humanos?’. En: Walton
Taylor y P. Young; Criminología crítica. Madrid: Siglo Veintiuno Editores.
Thompson, George (1869) ‘Latest from Paraguay’, The Standard, Buenos Aires.
Walzer, Michael (2001) Guerras justas e injustas. Un razonamiento moral con ejemplos históricos.
Barcelona: Paidós.
Whigham, Thomas L. (2002) The Paraguayan War. Lincoln-Nebraska: The University of Nebraska
Press.
European Review of Latin American and Caribbean Studies 81, October 2006 | 63
––– (2006) ‘La guerra destruye, la guerra construye. Ensayo sobre el desarrollo del nacionalismo en
Sudamérica’, Nuevo Mundo Mundos Nuevos, 6. [Link]
Whigham, Thomas L., y. Barbara Potthast (1990) ‘Some strong reservations: a critique of Vera Blinn
Reber’s “The demographics of Paraguay: a reinterpretation of the great war, 1868-1870”’, Hispanic
American Historical Review, 70, 4: 667-78.
White, Richard Alan (1976) ‘La política económica del Paraguay popular, 1810-1840. La primera revo-
lución radical en América’, Estudios Paraguayos, III, 1 y 2, IV, 1.
Williams, John Hoyt (1979) The Rise and Fall of the Paraguayan Republic, 1800-1870. Austin, Univer-
sity of Texas at Austin.
Ynsfrán; Pablo Max (1954) La expedición norteamericana contra el Paraguay, 1858-1859. 2ts. Méxi-
co/Buenos Aires: Guarania.