Derecho de la prevención de riesgos laborales
2º RRLL y RRHH
TEMA 3: EL ÁMBITO SUBJETIVO DE LA PREVENCIÓN DE RIESGOS
LABORALES
INTRODUCCIÓN
Actualmente la normativa de prevención de riesgos laborales se dirige, de una forma u otra, prácticamente a
toda la actividad productiva; la Exposición de Motivos de la Ley menciona expresamente su «vocación de
universalidad».
La legislación sigue guardando una cierta deferencia a su ámbito primigenio de manera que utiliza la
terminología trabajadores y empresarios para comprender también, respectivamente de una parte el
personal civil con relación de carácter administrativo o estatutario y la Administración pública para la que
presta servicios y los socios de las cooperativas cuya actividad consista en la prestación de su trabajo personal
y las sociedades cooperativas para las que prestan sus servicios.
A la vista de las exigencias contenidas en el art. 2 DM, se puede advertir que nuestro país cumple
sobradamente con las exigencias comunitarias pues esa disposición propone, con un tenor muy expresivo, su
aplicación a todos los sectores de actividades públicas o privadas (industriales, agrícolas, comerciales,
administrativas, de servicios, educativas, culturales, de ocio, etc.).
Es el art. 3 LPRL -precepto calificado de oscuro, enrevesado y muy ambiguo por buena parte de la doctrina (así,
García Valverde)- el que establece el ámbito subjetivo o campo de aplicación de esta norma básica reguladora
de la prevención de riesgos desde una clasificación dual tradicional:
- Quienes están incluidos (formulación positiva).
- Quienes excluidos (formulación negativa).
Al mismo tiempo es posible advertir omisiones que constituyen auténticas lagunas, pues determinados
supuestos, como: los trabajos de colaboración social, los ejecutados en cumplimientos de penas, los realizados
por voluntarios, etc., es indudable que deberían haber sido citados y regulados por esta Ley marco.
En todo caso, téngase en cuenta los tres primeros artículos del Convenio núm. 155 OIT respecto a las
exclusiones parciales o totales de la aplicabilidad del convenio que recoge el derecho a la seguridad y salud
de las personas empleadas, incluidos los empleados públicos [art. 3.a)].
Tales limitaciones pueden darse tanto por rama de actividad, como respecto a los trabajadores de las mismas,
pero justificándose en una memoria explicativa, en las subsiguientes exponiendo los progresos hacia su
inclusión y todo ello previa consulta con las representaciones de los empresarios y trabajadores (arts. 1 y 2).
En parecido sentido cuando la Directiva 89/391/CEE señala en su art. 2 que “no será de aplicación cuando se
opongan a ello de manera concluyente las particularidades inherentes a determinadas actividades
específicas de la función pública...”.
Finalmente, procede recordar que el criterio utilizado por el legislador comunitario para determinar el ámbito
de aplicación de la Directiva 89/391, (de la que es trasunto recordemos nuestra LPRL), no está fundado en la
pertenencia de los trabajadores a los distintos sectores de actividades contemplados en el art. 2, apartado
2, párrafo primero, de dicha Directiva, considerados globalmente, como las fuerzas armadas, la policía y el
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servicio de protección civil, sino exclusivamente en la naturaleza específica de ciertos cometidos especiales
desempeñados por los trabajadores dentro de dichos sectores, que justifica una excepción a las normas
dictadas por la citada Directiva, en razón de la absoluta necesidad de garantizar una protección eficaz de la
colectividad.
1. RELACIONES DE TRABAJO DE RÉGIMEN LABORAL
El ámbito paradigmático de la normativa sobre Prevención de Riesgos Laborales está constituido por el
contrato de trabajo o como dice el art. 3.1. LPRL por las «relaciones laborales reguladas en el Estatuto de los
Trabajadores».
Así pues, se incluyen tanto las relaciones comunes, como las denominadas relaciones laborales con
peculiaridades, junto a -y salvo se diga lo contrario para algunos supuestos concretos- las relaciones de
carácter especial que contempla el art. 2 ET.
Dentro de las relaciones laborales con peculiaridades, a medio camino entre las comunes y las relaciones de
carácter especial, encontramos las relaciones laborales en el sector público o las de los socios de
cooperativas de trabajo asociado.
Alguna otra como la del trabajador a distancia (el trabajo a domicilio tradicional) por más que el art. 13.4 ET
declare el derecho -en todo caso, subraya- a la seguridad y salud en los términos previstos en la LPRL y su
normativa de desarrollo, no deja de presentar notables y obvias matizaciones.
2. RELACIONES LABORALES DE CARÁCTER ESPECIAL
Su inclusión se infiere a sensu contrario de la expresa exclusión de la relación del servicio del hogar familiar
(art. 3.4) y de esta forma se mantiene lo previsto en sus regulaciones propias, pues o éstas llaman
expresamente a la normativa general.
Ej. Art. 8.3 RD 1368/1985, sobre discapacitados en centros especiales de empleo) o declaran como derecho
supletorio el Estatuto de los Trabajadores y las demás normas de general aplicación ([Link]., art. 21 RD
1006/1985, respecto a deportistas profesionales.
Junto a la exclusión de los empleados domésticos, dentro de estas mismas relaciones son objeto de
matizaciones las del personal civil no funcionario al servicio de establecimientos militares y la de los penados
que realicen prestaciones laborales en establecimientos penitenciarios.
3. EMPLEADOS PÚBLICOS
La Ley 7/2007, de 12 de abril del Estatuto Básico del Empleado Público incluye el mandato a las [Link]. en su
condición de empleador de hacer efectivo el derecho de los empleados públicos a una protección eficaz [art.
14. l)].
Así pues, también se dirige con carácter general el Derecho de la Seguridad y Salud en el Trabajo a las
relaciones de carácter administrativo o estatutario del personal civil al servicio de las Administraciones
Públicas, aunque advierte el mismo art. 3.1 LPRL que en este caso habrá que estar a «las peculiaridades que...
se contemplen en la presente Ley o en sus normas de desarrollo».
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La LPRL ha preferido en su articulado mostrar el régimen laboral como el principal –de ahí que se haya
caracterizado como paradigmático- pero lo que importa resaltar al respecto es que también los vínculos
administrativos son objeto de una regulación tan exhaustiva como es posible en la normativa marco.
El criterio de separación incurre en una cierta incorrección, porque las peculiaridades que es preciso
introducir dependen en mayor medida de la identidad del empleador que de la naturaleza jurídica del
vínculo, es decir, esas salvedades anunciadas también afectan a contratos de trabajo en los que en materia
de representación (art. 34.3 LPRL, desarrollado para la Administración General del Estado por el RD
1488/1998, de 10 de julio, de adaptación de la legislación de prevención de riesgos laborales), y, también las
infracciones que pueda cometer su dador de trabajo «son objeto de responsabilidades» conforme al
procedimiento específico que evita la compleja operación que supondría la imposición de una sanción
administrativa por una Administración Pública a otra Administración Pública, regulado en el art. 45.1 LPRL, y
que con claridad se refiere tanto a relaciones laborales como administrativas, utilizando la expresión
«personal civil al servicio de las Administraciones públicas», planteamiento que ha reiterado el art. 22.4 de
la Ley 23/2015, de 21 de julio, de la Inspección de Trabajo y, de la misma forma, el Decreto de Imposición de
Sanciones y Actas de Liquidación (DIS), RD 928/1998, de 14 de mayo, ha excluido de su órbita de actuación,
con carácter general, «la corrección de infracciones en materia de prevención de riesgos en el ámbito de las
Administraciones públicas» (art. 3.4).
4. TRABAJADORES AUTÓNOMOS Y COOPERATIVAS
a) AUTÓNOMOS
La previsión de la LPRL para los trabajadores autónomos es formalmente similar a la que afecta a
fabricantes, importadores y suministradores: están fuera del ámbito de aplicación de la normativa de
prevención de riesgos laborales sin perjuicio, es este caso, de los derechos y obligaciones que puedan
derivarse para ellos.
La coexistencia de varios empresarios en un mismo centro de trabajo introduce un factor de riesgo, o si
se quiere expresar de otra forma, los trabajadores se encuentran afectados además de por los riesgos
inherentes a la actividad que desarrollan por los propios de actividades que, impulsadas por una
organización productiva diferente a la suya, se llevan a cabo en su cercanía y a tal efecto son oportunas
unas previsiones de coordinación que se extienden tanto a la representación de los trabajadores (art.
39.3 LPRL) como a la cooperación entre los distintos empresarios para la aplicación de la normativa de
prevención de riesgos, incluyendo la información sobre las condiciones respectivas que puedan afectar a
los trabajadores ajenos (apartados 1 y 2 del art. 24 LPRL), particular que vincula también a los autónomos
que se encuentren también en el centro de trabajo (art. 24.5 LPRL), y que por tanto es lógico entender
que pueden incurrir en la infracción administrativa grave que se consuma al incumplir estas obligaciones
(art. 12, apartados 13 y 14 LISOS).
La regulación de las responsabilidades únicamente se ha preocupado de las repercusiones de la
descentralización productiva y el recurso a las contratas (art. 42.2 ET), es decir, desde una perspectiva
ajena a la consideración estricta de la prevención, como es la propia de las figuras cercanas al
prestamismo laboral.
En lo que aquí interesa, la situación descrita permite concluir que los autónomos, aunque mencionados
en la LPRL, propiamente no son parte afectada por la normativa sobre prevención de riesgos laborales
más que respecto a algún punto marginal, y esta realidad exige un planteamiento crítico.
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En este contexto, no puede desconocerse que diversos fenómenos propios de nuestra época, desde la
denominada huida del Derecho del Trabajo hasta el grave problema de ocupación que genera un
importante auge del autoempleo, dan lugar a un continuo crecimiento del ya importante colectivo de
trabajadores autónomos.
Es difícilmente justificable que las sanciones a los trabajadores que incumplan las obligaciones impuestas
por la normativa de prevención de riesgos laborales no tengan la misma naturaleza pública que las
impuestas a los empresarios, los autónomos no pueden ser abandonados a la suerte de su autotutela,
porque existe el mismo interés público en su protección que el apreciable en las formas del trabajo
dependiente.
Así, todas las obligaciones relativas a operativos de seguridad, reconocimientos médicos, limitación de
exposición a sustancias, etc., deberían vincular a los autónomos y ser por tanto objeto posible de control
e inspección por la Administración Pública y causa, en su caso, del ejercicio de la potestad sancionadora.
Al respecto, aunque pueda parecer una consideración excesivamente prosaica, tampoco debe olvidarse
que la seguridad e higiene constituye una materia íntimamente conectada con la competencia, y al
permitir que la elección del sistema productivo lleve a eludir costes provocados por las obligaciones de
prevención se está penalizando a las empresas que crean puestos de trabajo.
La actitud de la normativa sobre prevención de riesgos laborales hacia el trabajador autónomo es
probable que gire significativamente en los próximos años, pero no, desde luego, por la toma de
conciencia de nuestro legislador, o en general, de los poderes públicos estatales, sino porque esa parece
ser la línea de tendencia en la Unión Europea.
No obstante, desde la aprobación de la Ley 20/2007, de 11 de julio, del Estatuto del Trabajador
Autónomo (LETA), se van aproximar los regímenes de prevención de riesgos de los trabajadores
autónomos al establecido por la LPRL para los trabajadores por cuenta ajena. Dentro del art. 8 de este
texto podemos destacar:
Las Administraciones Públicas competentes asumirán un papel activo en relación con la prevención de
riesgos laborales de los trabajadores autónomos, por medio de actividades de promoción de la
prevención, asesoramiento técnico, vigilancia y control del cumplimiento por los trabajadores
autónomos de la normativa de prevención de riesgos laborales. Las Administraciones Públicas
competentes promoverán una formación en prevención específica y adaptada a las peculiaridades de los
trabajadores autónomos.
Cuando en un mismo centro de trabajo desarrollen actividades trabajadores autónomos y trabajadores
de otra u otras empresas, así como cuando los trabajadores autónomos ejecuten su actividad profesional
en los locales o centros de trabajo de las empresas para las que presten servicios, serán de aplicación
para todos ellos los deberes de cooperación, información e instrucción previstos en los apartados 1 y 2
del artículo 24 de la Ley 31/1995, de 8 de noviembre, de Prevención de Riesgos Laborales.
Las empresas que contraten con trabajadores autónomos la realización de obras o servicios
correspondientes a la propia actividad de aquellas, y que se desarrollen en sus propios centros de trabajo,
deberán vigilar el cumplimiento de la normativa de prevención de riesgos laborales por estos
trabajadores, por lo que las obligaciones previstas en el art. 24 LPRL se extienden a este colectivo (excepto
la vigilancia de la salud que corresponde en exclusiva a ellos mismos).
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Cuando los trabajadores autónomos deban operar con maquinaria, equipos, productos, materias o útiles
proporcionados por la empresa para la que ejecutan su actividad profesional, pero no realicen esa
actividad en el centro de trabajo de tal empresa, ésta asumirá las obligaciones consignadas en el último
párrafo del art. 41.1 LPRL.
En el caso de que las empresas incumplan las obligaciones previstas en estos apartados, asumirán las
obligaciones indemnizatorias de los daños y perjuicios ocasionados, siempre y cuando haya relación
causal directa entre tales incumplimientos y los perjuicios y daños causados, ex art. 1.101 CC (resp.
contractual).
La responsabilidad del pago establecida en el párrafo anterior, que recaerá directamente sobre el
empresario infractor, lo será con independencia de que el trabajador autónomo se haya acogido o no a
las prestaciones por contingencias profesionales.
El trabajador autónomo tendrá derecho a interrumpir su actividad y abandonar el lugar de trabajo
cuando considere que dicha actividad entraña un riesgo grave e inminente para su vida o salud, en los
mismos términos que los trabajadores por cuenta ajena [vid. art. 21.1a) LPRL].
Las disposiciones contenidas en el presente artículo se aplicarán sin perjuicio de las obligaciones legales
establecidas para los trabajadores autónomos con asalariados a su cargo en su condición de
empresarios.
Los autónomos en la construcción
La Directiva 92/57/CEE, de 24 de junio, establece las disposiciones mínimas de seguridad y salud para las
obras de construcción y, entre las líneas inspiradoras de su regulación, destaca la consideración tanto del
elevado nivel de siniestralidad del sector como la necesidad de coordinación debida a la participación
simultánea de varias empresas entre las que pueden contarse los autónomos.
El RD 1627/1997, de 24 de octubre, con la misma rúbrica que la mencionada directiva, asume el propósito
de trasponerla a nuestro ordenamiento. Contiene el desglose y concreción del art. 24 LPRL en materia de
coordinación de trabajos [arts. 3.2.9.b), 10.i) y 11.1.d)] y en cuanto a la aplicación a los autónomos de la
normativa de prevención –la extensión del art. 29 LPRL- elude la necesidad de adaptación manifestada
por la norma comunitaria [art. 12.1.c)], asimilando los autónomos a los trabajadores ordinarios;
claramente coincide con esta perspectiva su art. 11.2, que atribuye a los contratistas y subcontratistas la
responsabilidad por la «ejecución correcta de las medidas preventivas fijadas en el plan de seguridad y
salud en lo relativo a las obligaciones que les correspondan a ellos directamente, o en su caso, a los
trabajadores autónomos por ellos contratados”.
Así, la norma española se separa de la comunitaria pues el autónomo no es tratado como un empresario
que debe cumplir las normas de seguridad –ese es el sentido pretendido por la Directiva para la peculiar
adaptación del art. 29 LPRL- y que, aunque sea él mismo quien está sometido al peligro, responde de ello
ante la autoridad pública como cualquier otro empresario, sino que se convierte en un trabajador.
En definitiva, para ese supuesto habitual de relación con un contratista o subcontratista, el autónomo,
por una peculiar aplicación de la Disposición Adicional Primera ET, es tratado como un trabajador.
Ahora bien, los instrumentos sobre los que se basa esa relación –básicos a estos efectos, como el poder
disciplinario; cfr. Art. 29.3 LPRL- no existen por carecerse de una relación subordinada, de manera que se
han de trasladar al lugar donde se manifiesta la dependencia del autónomo respecto del empresario
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que le contrata: la relación económica y, en este sentido, las obligaciones de salud laboral, en cierta
manera, se incorporan a su relación mercantil.
b) COOPERATIVAS
Los caracteres estructurales de las Cooperativas de Trabajo Asociado que lo diferencian del trabajo por
cuenta ajena apenas son relevantes desde el punto de vista de la Seguridad y Salud laborales y por ello
prácticamente toda la LRPL y su desarrollo es trasladable íntegramente a este supuesto.
Una particularidad de los socios-trabajadores de estas cooperativas es que el cumplimiento de las
normas preventivas es obligatorio en todo caso, independientemente de cual sea el encuadramiento en
el Sistema de la Seguridad Social (Régimen General o R.E.T.A.).
Los mecanismos de representación y participación en materia preventiva introducen particularidades
entre los trabajadores comunes de la Coop. y los socios trabajadores. También en legitimación para la
paralización de actividades en caso de riesgo grave e inminente y solo existan socios o finalmente en
materia de designación de delegados de prevención sin trabajadores asalariados.
5. EXCLUSIONES Y ESPECIALIDADES
EXCLUSIONES
Algunos autores destacan la existencia de exclusiones tácitas, que serían las siguientes:
- Prestaciones personales obligatorias. Que tiene protección frente al accidente de trabajo,
reparadora pero no preventiva.
- Trabajos de carácter amistoso, benévolo o de buena vecindad.
- Trabajos familiares, salvo que se demuestre la condición de asalariado.
- La actividad que se limite al mero desempeño del cargo de consejero o miembro de los órganos de
administración de las empresas que revistan forma jurídica de sociedad.
- Agentes mercantiles que respondan del buen fin de las operaciones o transportistas con vehículo
propio.
- Trabajo au pair.
- Becarios.
- Religiosos de congregaciones, etc.
Con expresa previsión de normativa propia completa:
a) Algunas actividades de las funciones públicas de policía, seguridad y resguardo aduanero
Se admite la posible existencia de actividades en el ámbito de las funciones públicas de policía, seguridad
y resguardo aduanero cuyas particularidades impidan la aplicación de la LPRL, sobre la evidencia de que
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la prevención de riesgos laborales es difícilmente cohonestable con prestaciones cuya peligrosidad
consiste, precisamente, en desarrollarse en un entorno peligroso.
Sin dudar que esta exclusión no alcanza a todos los sujetos incorporados a los cuerpos especiales que
desarrollan tales cometidos, la referencia a unas «actividades concretas» puede tener un alcance objetivo
y subjetivo, según se entienda que afecta a unas tareas determinada, y por extensión a quienes están
encomendadas, o únicamente a aquellos momentos en que se desempeñen esas labores cuya
identificación debería precisar una norma ulterior.
Esta norma es el RD 2/2006, de 16 de enero, por el que se establecen normas sobre prevención de riesgos
laborales en la actividad de los funcionarios del Cuerpo Nacional de Policía.
No dejan de plantearse otros interrogantes; en primer lugar, es difícil entender por qué a profesiones del
ámbito privado en las que existe una estrecha conexión con alguna de las tareas mencionadas –Ej.
Vigilantes de seguridad- sí ha de aplicarse la normativa.
Se ha de tener presente la STJCE de 12 de enero de 2006 (TJCE 2006,12), C 132/04 en la que el Tribunal
condena al Reino de España por no haber transpuesto adecuadamente las previsiones de la Directiva
89/391/CEE, en lo que respecta al personal no civil de las Administraciones (Fuerzas Armadas y Policía).
b) Servicios operativos de protección civil y peritaje forense en los casos de grave riesgo
Para los trabajadores comprendidos en este supuesto, se descarta la aplicación de la LPRL y se anuncia
una normativa especial que regirá únicamente como la mencionada exclusión en los casos de grave
riesgo, catástrofe y calamidad pública.
Por consiguiente, constituye un supuesto similar al de las funciones públicas de policía, seguridad y
resguardo aduanero, en el que únicamente se añade al criterio funcional otra restricción de índole
cronológica o situacional.
En este caso la LPRL entiende que las actividades descritas con carácter general, son susceptibles de
acogerse a su regulación, que únicamente en situaciones excepcionales decaería, precisamente porque
las profesiones listadas tienen como misión afrontar los importantes riesgos generados en esos
momentos.
Exclusiones relativas
a) Fabricantes, importadores y suministradores
La E.M. de la LPRL justifica la inclusión de un capítulo –el VI, de un solo artículo, el 41- destinado a las
obligaciones básicas que afectan a los fabricantes, importadores y suministradores de maquinaria,
equipos, productos y útiles de trabajo, por la necesidad de enlazar la prevención de riesgos laborales con
la normativa comunitaria de mercado interior dictada para asegurar la exclusiva comercialización de
aquellos productos y equipos que ofrezcan los mayores niveles de seguridad para los usuarios;
indudablemente, esas actividades tienen una repercusión inmediata en el control de determinadas
fuentes de riesgo profesional, tanto cuando el objeto de su actividad económica está constituido por
elementos necesarios para la producción (art. 41.1 LPRL, párrafos 2.o y 5.o) como cuando se trata de
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artefactos específicamente destinados a la protección de trabajadores (párrafo 4.o), pero la razón
aducida no encuentra respuesta en el precepto señalado de la LPRL y sí en otras normas anteriores.
Son varias las posibles opciones legislativas, pero básicamente caracterizables en torno a dos polos:
- Se refuerza el deber de vigilancia empresarial, atribuyéndole la responsabilidad por las
consecuencias que puedan derivarse a causa de sus elecciones, en las relaciones que vinculen al
proceso productivo con esos terceros sujetos.
- Se admite una relación directa entre tales fabricantes, importadores y suministradores con los
trabajadores, acumulada o excluyente respecto de la del empresario.
La Seguridad e Higiene ha optado tradicionalmente por la primera de las descritas, y se trata de una
elección lógica desde el punto de vista de la pretensión de eficacia que caracteriza a este sector del
ordenamiento laboral dada la más estrecha relación entre empresario y trabajador, y habida cuenta,
también, que la entrada de esos terceros sujetos es siempre producto de la decisión del empresario, en él
se hace recaer la completa responsabilidad sobre la adecuación de los elementos introducidos en el
proceso productivo y las exigencias normativas que a ellos afecten; en esta borrosa línea, marcada por la
existencia de la relación de dependencia, se encuentra la separación entre seguridad e higiene y seguridad
industrial.
La LPRL es fiel a este esquema, y si se observa con detenimiento su art. 41, es fácil notar que, aunque
algunas de las obligaciones legalmente atribuidas a estos sujetos tienen por beneficiario al trabajador,
lo cierto es que el acreedor de esa obligación de seguridad frente a tales terceros es el empresario, que
puede recabar la información pertinente sobre utilización, manipulación, etc.
Llevando este planteamiento hasta el extremo, y con el fin de asegurar el máximo celo empresarial en el
cumplimiento de estas disposiciones, el art. 14.4 LPRL parece salvaguardar también en este ámbito la
atribución de una completa responsabilidad al empresario, que aún sin concurrencia de culpa alguna
sería responsable frente a sus trabajadores, quedándole únicamente la posibilidad de ejercer sus propias
acciones indemnizatorias frente a estos sujetos.
En cuanto a la pregunta acerca de la pertinencia de la mención a fabricantes, importadores y
suministradores, incluyendo un cierto detalle sobre sus obligaciones, en una norma que al mismo tiempo
niega que se desenvuelvan en su ámbito al liberarlas de responsabilidad que regula, debe contestarse
que, evidentemente, se incurre en una cierta incoherencia, que sólo conocida permite contextualizarla
tanto la compleja expresión con que se refiere su exclusión de la normativa sobre prevención de riesgos
laborales como la teleología de esta construcción.
En definitiva, se puede concluir que la LPRL ha sacrificado el rigor dogmático en favor de una exposición
pretendidamente completa de las diversas conexiones que se presentan en la búsqueda de la protección
de los trabajadores frente a los riesgos laborales, presuponiendo que el conocimiento e incluso la
mención reiterativa contribuyen a la eficacia; quizá un punto intermedio, en el que se conjugarán esos
valores con la claridad, omitiendo el innecesario art. 41, capítulo VI, se hiciese acreedor de un juicio más
favorable; en todo caso, conviene subrayar de nuevo que esas obligaciones, propias del ámbito de la
Seguridad Industrial, también cuenta con una completa regulación en nuestro país.
b) Autónomos → Ya visto
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Exclusiones absolutas
a) Relación laboral de carácter especial del servicio del hogar familiar, regulada por el RD 1620/2011, de
14 de noviembre.
Siguiendo fielmente los dictados de la DM, el art. 3.4 LPRL extrae de su ámbito de aplicación a los
empleados domésticos.
El fundamento de esta exclusión es habitual que se atribuya a la prevalencia del derecho a la intimidad,
y su concreción en el respeto a la inviolabilidad del hogar familiar (cfr. aparts. 2 y 3 del art. 18 CE).
La inexistencia de esa especial intervención pública que fundamenta el Derecho de la Seguridad e
Higiene en el Trabajo en absoluto significa que las condiciones en que estos trabajadores desarrollan su
prestación sean jurídicamente irrelevantes; afortunadamente matiza al respecto el mismo art. 3.4 LPRL
que no obstante la exclusión, «el titular del hogar familiar está obligado a cuidar de que el trabajo de
sus empleados se realice en las debidas condiciones de seguridad e higiene».
b) Prestación a las fuerzas armadas y actividades militares de la Guardia Civil
Prevista en el art. 3.2. LPRL. Nombrados expresamente en el art. 3 LPRL, los militares (Fuerzas Armadas),
si bien no todas sino respecto de ciertas actividades, están excluidos de la normativa sobre prevención de
riesgos laborales.
Por supuesto, la actividad de los militares con frecuencia implica aceptar un riesgo, inherente a los meros
entrenamientos, pero esa incontestable realidad es compatible con unas ciertas normas de prevención,
con una planificación, y esa norma es el RD 1755/2007, de 28 de diciembre, (modificado por RD 640/2011,
de 9 de mayo), de prevención de riesgos laborales del Personal Militar de las Fuerzas Armadas y de la
organización de los servicios de prevención del Ministerio de Defensa.
Lo mismo cabe decir de la actividad militar de la Guardia Civil, en RD 179/2005, de 18 de febrero.
ESPECIALIDADES
a) Voluntariado
Aunque no expresamente mencionado en la LPRL, por remisión contenida en el art. 6.g) de la Ley 6/1996,
del Voluntariado, se aplica su contenido a «las actividades de interés general, desarrolladas por personas
físicas, siempre que las mismas no se realicen en virtud de relación laboral, funcionarial, mercantil o
cualquier otra retribuida» y reúnan los demás requisitos mencionados en el art. 3.1 de esa Ley, ya que
uno de los derechos del voluntario es «realizar su actividad en las debidas condiciones de seguridad e
higiene».
La laguna legal provocada por el olvido de la LPRL motiva que algunas prescripciones sean difícilmente
aplicables, como, desde luego, las de representación colectiva, organización de la prevención en la
empresa, etc.
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Desde luego, no parece razonable, de acuerdo con la naturaleza y pretensiones de la LPRL, distinguir
entre condiciones de seguridad que deben rodear una prestación dependiendo de la índole económica
del vínculo entre la organización que recibe los servicios y el sujeto que los presta.
b) Trabajos temporales de colaboración social y en beneficio de la comunidad
A los trabajos temporales de colaboración social regulados por el capítulo V del RD 1445/1982 y
disposiciones complementarias se le aplican las medidas de seguridad e higiene, habida cuenta que los
mismos se realizarán en el ámbito de las administraciones públicas, los perceptores de prestaciones por
desempleo quedan asimilados a los funcionarios, personal estatutario o trabajadores por cuenta ajena
que desarrollen su actividad al servicio del mismo organismo al que hayan sido adscritos. Las
disposiciones que tienen más difícil traslación son las relativas a participación y representación.
Habida cuenta que uno de los requisitos estructurales se encuentra en «la utilidad social de tales obras,
trabajos o servicios» [art. 39.1.b) RD 1445/1982], existe en este punto un notable paralelismo con la
novedosa modalidad de pena introducida por la Ley 10/1995, del Código Penal, ya que «los trabajos en
beneficio de la comunidad, que no podrán imponerse sin consentimiento del penado, le obligan a prestar
su cooperación no retribuida en determinadas actividades de utilidad pública» (art. 49); es común entre
ambas el carácter social de los servicios prestados y la ausencia de un elemento esencial de la relación
laboral: la voluntariedad en el primer caso, la retribución en el segundo.
El desarrollo reglamentario ha precisado que «durante el desempeño de la actividad, los sentenciados a
la pena de trabajo en beneficio de la comunidad... estarán protegidos por la normativa laboral en
materia de seguridad e higiene en el trabajo» (art. 11.2 RD 840/2011).
c) Centros y establecimientos militares
Conforme al art. 3.3 LPRL, en los centros y establecimientos militares será de aplicación la normativa de
Seguridad e Higiene, con las particularidades previstas en su normativa específica.
Conforme a una tradición que se remonta al mismo origen de la regulación propia del personal que sirve
a la Administración Militar, lo que en realidad se produce es una elusión de la LPRL que cede ante
disposiciones específicas de esta relación laboral.
Sobre las peculiaridades comunes a las relaciones jurídicas con una Administración, deben añadirse
pues, las propias de este régimen. La más importante es la sustitución de la Inspección de Trabajo por
órganos de la propia Administración militar (Secciones Laborales e Inspección castrense), autorizada
actualmente por el art. 19.2 de la propia LITS, Ley 23/2015, de 21 de julio.
En materia de derechos y obligaciones, por una u otra razón se excluye casi todo el contenido de la LPRL.
d) Determinadas labores en prisiones
En una situación similar desde el punto de vista material, en términos generales, se ha llevado a cabo la
inclusión del personal adscrito a centros penitenciarios, puesto que si bien algunos de los cometidos allí
desarrollados se regirán por la normativa común, la LPRL prevé que «se adaptarán a la presente Ley
aquellas actividades cuyas características justifiquen una regulación especial», cabiendo atribuir ese
especial tratamiento a las peculiares vicisitudes que envuelven la tarea de los funcionarios de prisiones.
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Peculiar y extremadamente sorprendente es la fuente a la que se llama en este caso, pues tal adaptación
«se llevará a efecto en los términos señalados en la Ley 7/1990, de 19 de julio, sobre negociación colectiva
y participación en la determinación de las condiciones de trabajo de los empleados públicos».
Más extraño es que en este caso la modificación de la Ley no se atribuya a una norma heterónoma y la
falta de explicaciones sobre la razón que justifica tal singularidad, junto a la actual ausencia de esa
disciplina propia, impide conocer con claridad el alcance que se pretende para esta modificación,
también reiterada en normas posteriores.
Si determinadas actividades presentan unas características que justifican una regulación especial, los
poderes públicos están obligados, por el mandato constitucional del art. 40.2 CE, a dotarles del
contenido oportuno, sin que quepa quedar esta materia al albedrío de la peculiar negociación colectiva
a la que se remite en este supuesto la normativa de prevención de riesgos laborales.
Por otra parte, la amplitud de la remisión parece configurar un abierto supuesto de deslegalización que
convertiría a la LPRL en material normativo subsidiario, aspecto difícilmente compatible con su
caracterización como derecho mínimo necesario (art. 2.2. LPRL).
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