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Complementos UD1

El documento aborda las bases de la lengua, destacando su naturaleza como un sistema complejo de signos que permite la comunicación humana. Se analizan las características universales de las lenguas, las funciones que desempeñan y los niveles de estudio lingüístico, incluyendo fonética, morfología y sintaxis. Además, se enfatiza la importancia de entender la interconexión de estos elementos para una comprensión más profunda del lenguaje.

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Complementos UD1

El documento aborda las bases de la lengua, destacando su naturaleza como un sistema complejo de signos que permite la comunicación humana. Se analizan las características universales de las lenguas, las funciones que desempeñan y los niveles de estudio lingüístico, incluyendo fonética, morfología y sintaxis. Además, se enfatiza la importancia de entender la interconexión de estos elementos para una comprensión más profunda del lenguaje.

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UD 1.

Corrientes y técnicas lingüísticas


1.1. Bases de la lengua

La lengua (o idioma) es una manifestación específica del lenguaje. Dicho de otro modo, el
lenguaje es la capacidad humana de organizar ideas y expresarlas a través de un código
convencional y una serie de normas. La lengua, por su parte, es la combinación de sonidos de
acuerdo con ciertas normas para formar palabras y enunciados con los que transmitir un
mensaje. Conocer los elementos y normas que gobiernan la estructura de la lengua nos
permite, por una parte, un mejor manejo de la lengua y, por otra, ejercer un pensamiento
más crítico a la hora de analizarla. Tradicionalmente, el sistema educativo se ha volcado en
las normas prescriptivas, dejando de lado una visión más descriptiva y, sobre todo, el
componente humano y social que necesariamente está presente en la lengua. Para el futuro
docente, es importante revisar los elementos que intervienen en la lengua adoptando una
actitud holística que recuerde que, ante todo, se trata de un sistema complejo, conectado y
diverso. En ese sentido, independientemente de qué idioma en concreto se esté trabajando,
todas las lenguas presentan una serie de características comunes y universales que las
definen. Del mismo modo, todas las lenguas presentan los mismos elementos y funciones.

1.1.1. Características
Todas las lenguas presentan unas características comunes. Es fácil relacionar esto con el
concepto de gramática universal propuesto por el famoso lingüista Noam Chomsky.
Chomsky arguye que los humanos tienen una capacidad innata para entender y desarrollar
el conjunto básico de reglas que estructuran la lengua. Por ese motivo, todos los niños
aprenden su lengua —ya sea, por ejemplo, español, francés o japonés— más o menos a la
misma edad. Dicha capacidad se pierde con el paso del tiempo y, por eso, los adultos no
aprenden de forma espontánea las lenguas. Asimismo, esto explicaría los casos de los
«niños salvajes»: aquellos niños a los que se les ha privado de contacto lingüístico desde
pequeños y no han podido desarrollar después una competencia lingüística propia de su
edad.

No obstante, también existen varias teorías en contra que niegan la existencia de un


componente genético e incluso de la universalidad de las lenguas.

El futuro docente no puede desdeñar esta serie de características universales (o casi


universales) que definen la lengua, ya que permiten organizar el conocimiento y sentar la
base para una reflexión más profunda sobre los elementos que intervienen en la lengua y
sus funcionalidades. Se pueden resumir en siete:
Oralidad La manifestación básica del lenguaje es el habla. El habla codifica el lenguaje
mediante palabras formadas por combinación de sonidos (o alófonos). De aquí se deriva:
• Todas las lenguas tienen un número limitado de sonidos.
• En todos los idiomas hay dos clases de sonidos: vocálicos y consonánticos.
• Los sonidos no tienen significado en sí mismo, sino que se combinan según reglas
específicas formando palabras.

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Creatividad Es la capacidad de crear mensajes originales (en el sentido de que nunca han
sido dichos antes).
Arbitrariedad Las palabras constituyen signos que tienen una relación arbitraria con sus
referentes (es decir, una relación no motivada). Incluso las onomatopeyas no son
excepciones a la regla, ya que no son perfectamente universales.
Contextualidad La arbitrariedad de la relación entre forma y significado se compensa por el
contexto. Es decir, las palabras y enunciados adquieren un significado debido al contexto.
Sistematicidad Un conjunto de reglas determina tanto la forma de los signos como la
manera en que se organizan para formar enunciados. De aquí se deriva que todo idioma
tiene un conjunto finito de reglas que permiten elaborar un conjunto infinito de oraciones.
Recursividad La posibilidad de repetir procesos en la formación de enunciados. Es decir,
una frase puede contener otra frase, que contiene otra frase, que, a su vez, dentro de esta,
contiene otra frase, que, además, dentro tiene otra frase…, hasta el infinito.
Mutabilidad Todas las lenguas cambian a medida que pasa el tiempo.

1.1.2. Funciones de la lengua


Evidentemente, la función principal de la lengua es transmitir un mensaje. Pero esta es una
definición muy simple teniendo en cuenta el enorme potencial de la lengua y el variado uso
que los humanos le damos. Conocer estas funciones permite entender mejor los aspectos
sociales de la lingüística.
Así, nos encontramos con las siguientes funciones:
Informativa Expresar ideas o transmitir información.
Directiva Influir en el comportamiento de otras personas mediante mandatos, pedidos,
invitaciones, etc.
Fática Establecer o mantener relaciones sociales.
Expresiva Revelar emociones y sentimientos. Incluye la mayor parte de las interjecciones,
palabrotas y blasfemias.
Performativa o factitiva Se trata de enunciados que ejecutan la acción mientras la expresan.
Es decir, la palabra conlleva una acción y una nueva realidad. Son actos que tienen
asociados cierta ceremonia y un contexto muy específico.
Lúdica Empleo del lenguaje para fines humorísticos o de recreo.
Metalingüística Empleo del lenguaje para hablar del propio lenguaje. Es lo que hace la
lingüística y lo que sucede en esta misma unidad, combinada con la función informativa.

1.1.3. Componentes
En su expresión más simple, la lengua es un sistema de signos ordenados de acuerdo con
un código arbitrario. Sin embargo, más allá de esta simple explicación, se observa que la
lengua es una estructura muy compleja en la que intervienen varios elementos relacionados
entre sí y que actúan en distintos niveles. En los siguientes puntos se estudiará cada uno de
los niveles de la lengua y su área de acción. Por ahora, la atención se centrará en los
elementos que participan en la lengua. En primer lugar, hay que recordar que, en la mayoría
de los casos, la lengua nace como una manifestación hablada que solo en ciertas culturas
adopta también una manifestación escrita. Por tanto, el elemento de partida fundamental es
el sonido. A partir de aquí se encuentran distintas unidades conceptuales como los
fonemas y los alófonos.

Según el Diccionario de la lengua española, un morfema es la «unidad mínima aislable en


el análisis morfológico» y, además, la «unidad mínima de significado». En algunas escuelas,

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la palabra morfema engloba tanto el morfema léxico, también llamado lexema o raíz, como
los morfemas gramaticales (o afijos), donde se incluyen los morfemas derivativos y los
flexivos, que dependen del lexema. La unión de ambos, el lexema y los afijos (a veces
únicamente el lexema, como en casa), configura la palabra. La palabra actúa como una
unidad morfológica y léxica, es decir, se estudia tanto por su forma y función dentro de la
frase como por su significado. Finalmente, las palabras se organizan en frases o
enunciados que, combinados, forman un texto. Todos estos elementos están gobernados
por sus respectivos códigos. Es decir, ni los sonidos ni los morfemas se organizan en
secuencias cualesquiera, sino que existen normas para su combinación. De la misma
manera, aunque las palabras funcionen correctamente de manera aislada, al combinarse
debe formarse una secuencia correcta. De lo contrario, se formaría un enunciado
agramatical y carente de sentido. Lo fundamental es entender que la lengua consiste en un
enunciado formado por palabras, compuestas, a su vez, por una raíz y una serie de afijos,
que son secuencias concretas de sonidos en el nivel oral. Cada una de estas unidades está
gobernada por su código correspondiente.

1.2. Niveles de la lengua


El estudio de la lengua suele realizarse por niveles, en función de las unidades lingüísticas
que se emplean: el nivel fónico, referido a los sonidos; el nivel morfológico, referido a la
palabra; y el nivel sintáctico, referido a las oraciones. En los últimos años se ha atendido,
también, al nivel pragmático de la lengua, que estudia el contexto y significado de la frase.
Sin embargo, dado que todos estos elementos están conectados entre sí, estas divisiones
pueden mezclarse. En este caso se ha optado por estudiar juntas la fonética y la fonología,
unir morfología y sintaxis, ver el léxico de manera independiente y, finalmente, la
pragmática.

1.2.1. Fonética y fonología


La fonética y fonología tratan el primer nivel de la lengua, el de los sonidos, pero con
perspectivas distintas. La fonética se ocupa del estudio de los elementos fónicos de una
lengua «desde el punto de vista de su producción». La unidad básica de la fonética es el
alófono, es decir, el sonido articulado por el aparato fonador humano. Por su parte, la
fonología se ocupa de los elementos fónicos de la lengua «desde el punto de vista de su
función en el sistema». Por tanto, la unidad básica de la fonología ya no es el sonido, sino el
fonema. En ese sentido, es importante distinguir entre las distintas unidades lingüísticas y
su representación.

El alófono es el sonido generado por el aparato fonador y, por lo tanto, la realización física
de un fonema. Se representa entre corchetes, [], utilizando los símbolos acordados en el
Alfabeto Fonético Internacional. En el ámbito hispánico, a veces también se utiliza el
Alfabeto Fonético de la Revista de Filología Española. Los alófonos se definen, en primer
lugar, en función de si son vocales o consonantes. A partir de aquí se utilizan otros rasgos
para identificarlos. En el caso de las vocales se emplean dos ejes: la posición en la boca y
la apertura de la vocal. En el caso de las consonantes se definen por tres rasgos: punto de
articulación, modo de articulación y sonoridad.

El fonema es una unidad conceptual y abstracta. Se trata de la unidad mínima que


contrasta significado y se representa mediante los símbolos del AFI entre barras, //. ¡Ojo!
Esto no quiere decir que el fonema tenga significado, sino que el hecho de cambiar el

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fonema en una secuencia cambia el significado de esta. El fonema permite garantizar la
diferencia de significados, esto es, posee una función distintiva.

El grafema, por su parte, es la letra o unidad gráfica distintiva. Es importante recordar que
pertenece al ámbito de la escritura y no representa de manera precisa los sonidos, ya que
es otra convención. A veces una misma letra puede realizarse con sonidos distintos, como
es el caso de la zeta, z, que puede pronunciarse como [s] y como [θ]. Del mismo modo, un
mismo sonido como [x] puede representarse con las letras equis, ge y jota, como en México,
gente y jungla.

1.2.2. Fonética y fonología en ejecución


Es importante distinguir entre fonética, la parte física, y fonología, la parte conceptual. El
siguiente ejemplo puede ayudar a ilustrar las diferencias entre estos conceptos. Tomando la
palabra casa, su representación fonética sería [‘[Link]] y su representación fonológica,
/kasa/. Si se sustituye el fonema /s/ por otro como /t/, /p/ o /m/, el significado de la palabra
cambia a cata, capa o cama. He aquí el poder distintivo del fonema. El fonema /s/ por sí
solo no significa nada, pero permite diferenciar las secuencias de sonidos. En contraste,
dependiendo de la zona geográfica, es posible que el fonema /s/ tenga una manifestación
distinta. Es decir, ante el mismo fonema, el mismo concepto de /s/, los hablantes pueden
ejecutar sonidos diferentes. El fonema es un concepto abstracto que se manifiesta a través
de los alófonos y dichos alófonos pueden ser diferentes. En español, por ejemplo, el fonema
/s/ puede realizarse como [s], [ş], [z] e, incluso, [h] o [Ø], por mencionar solo algunos. Es
decir, el sonido asociado a la letra s se puede realizar de manera más o menos sorda o
sonora, aspirada e incluso ausente. Este ejemplo pone de relevancia la idea fundamental de
esta unidad y es que la lengua es un sistema interconectado. El cambio de fonema tiene
efectos que se manifiestan a nivel morfológico y léxico.

1.2.3. Morfología y sintaxis


El ámbito de la morfología comprende la construcción y organización de las palabras a
través de las unidades mínimas con significado denominadas morfemas. Las palabras
pueden formarse a partir de un único morfema léxico o mediante la combinación de un
morfema léxico y de morfemas gramaticales. A continuación, se explica con más detalle la
división.
• Morfema léxico: también llamado raíz o lexema, es el encargado de aportar el significado
semántico.
• Morfema gramatical: aporta información gramatical de la palabra. A su vez, este morfema
puede clasificarse en morfema flexivo (género, número, persona, tiempo, modo, aspecto,
voz, etc.) y en morfema derivativo (prefijos, sufijos e infijos). Asimismo, los morfemas
gramaticales pueden clasificarse en independientes o libres y morfemas dependientes o
ligados.
• Morfemas independientes: forman una palabra por sí mismos, por ejemplo, las
preposiciones y las conjunciones.
• Morfemas dependientes: siempre van unidos a un lexema. Estos, a su vez, como se ha
señalado, se pueden dividir en morfemas flexivos y morfemas derivativos.

En cuanto a la sintaxis, se trata de la combinación de palabras en oraciones de manera


que tengan sentido. Es decir, para que la oración cumpla su función comunicativa no basta
con que las palabras estén bien formadas, sino que, además, deben aparecer en un orden

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concreto. Por ejemplo, el enunciado «el miedo conduce a la ira, la ira al odio y el odio al
sufrimiento» tiene sentido. En cambio, si se organiza esta oración poniendo todas las
palabras por orden según su categoría gramatical (conjunción, preposición, determinante,
sustantivo y verbo), se obtiene un enunciado perfectamente absurdo que dice: «y a al el la
miedo ira odio sufrimiento conduce».

Las oraciones responden entonces a una organización interna que gira en torno al sujeto, al
verbo y al predicado. Las palabras se organizan en sintagmas que pueden moverse dentro
de la oración, pero no romperse. En el ejemplo anterior, por ejemplo, se puede decir «el
miedo conduce a la ira» y «el miedo a la ira conduce», pero no se puede separar a la de ira,
ya que estos elementos forman parte del mismo sintagma.

Existen varios criterios para clasificar las oraciones que generalmente suelen combinarse.
Así, existen oraciones copulativas o predicativas en función del verbo, y en función del
predicado las oraciones pueden ser transitivas, intransitivas, reflexivas, recíprocas,
personales, activas, etc. Además, en función de la intención, las oraciones pueden ser
enunciativas, imperativas, exclamativas, interrogativas, etc. Del mismo modo, según su
complejidad, pueden ser simples o compuestas y, dentro de estas, coordinadas,
yuxtapuestas, subordinadas…

1.2.4. Morfosintaxis
Estos niveles, morfología y sintaxis, tienen la suficiente complejidad por sí solos como para
estudiarse de manera independiente, especialmente, si se tiene en cuenta la complejidad
que ofrece la clasificación de sus elementos. Sin embargo, no es infrecuente que se
trabajen de manera combinada —la llamada morfosintaxis— por la estrecha relación de sus
componentes.

La sintaxis es la combinación de palabras dentro de sintagmas que cumplen diferentes


funciones. Al mismo tiempo, el empleo de uno u otro morfema altera la palabra y modifica
su función. Es decir, en función de si se utilizan los morfemas -idad o -mente, la raíz hábil,
que es un adjetivo, se transforma en el sustantivo habilidad o en el adverbio hábilmente, los
cuales tienen funciones muy distintas dentro de la oración. Esta interrelación en la que un
pequeño morfema altera el significado de la oración es la causa por la que estos niveles se
trabajan de manera conjunta.

1.2.5. Léxico-semántico
El nivel léxico-semántico se refiere al significado de las palabras y a la relación que
establece entre el símbolo (la palabra) y la idea que se quiere transmitir (el significado).
No existe un vínculo natural y necesario entre las palabras y su significado, sino que este se
forma de manera arbitraria. Del mismo modo, las palabras no son una representación
exacta de la realidad, sino que indican la concepción que el hablante tiene de esa realidad.
Dentro de una comunidad de hablantes existe un acuerdo por el cual se acepta que ciertas
palabras se refieren a ciertos conceptos, pero cada hablante individual siempre tendrá una
ligera variación sobre cómo interpreta esa relación. En el campo de la semántica hay cuatro
conceptos fundamentales:
Conocimiento del mundo Se trata del conocimiento individual que cada hablante tiene de su
entorno. Es un conocimiento que se construye de manera individual, en función de los
acontecimientos, pero que tiene un índice de coincidencia mayor dentro de cada comunidad

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específica de hablantes. Por ejemplo, ante el concepto de nieve, el conocimiento de esta
idea será distinto para un hablante de Puerto Rico, en el Caribe, y para un hablante de
Burgos, en la península ibérica, porque sus experiencias al respecto son diferentes.
Conocimiento de las palabras Cada individuo tiene un léxico o diccionario personal que
desarrolla con el tiempo. Esto supone que los individuos con un léxico más amplio serán
capaces de distinguir un mayor número de matices semánticos y utilizarán las palabras de
acuerdo con ese conocimiento. Por el contrario, un léxico menor supone una restricción en
la expresión y la pérdida de ciertos matices que tendrán que aportarse de otra manera. Por
ejemplo, un hablante puede indicar que quiere pintar la pared de su salón de color azul y, no
teniendo otra palabra más específica, añadir que quiere un tono azul cielo, pero más
brillante. Por el contrario, un hablante con un léxico de colores más amplio, como un pintor,
distinguirá entre azul Prusia, azul puro, azul verdoso, celeste, zafiro, añil o cerúleo, siendo
este último, por cierto, el tono de azul celeste intenso.
Significado denotativo Es el significado base de una palabra, aquel que, en principio,
comparte toda la comunidad de hablantes. Dicho de otra manera, es la definición de la
palabra tal y como aparece en la primera entrada del diccionario. Siguiendo con el ejemplo
de los colores, el significado denotativo de la palabra marrón es el de un color «semejante al
de la cáscara de la castaña o el pelaje de la ardilla» (DLE).
Significado connotativo Es el conjunto de asociaciones subjetivas que recaen sobre una
palabra. Es decir, más allá de la definición básica, las palabras evocan otros conceptos y
matices. Uno de los significados connotativos de marrón puede relacionarse con lo
antipático, lo antierótico, la vulgaridad y la necesidad.

1.2.6. Consideraciones sobre el léxico


El léxico se presta a una serie de categorizaciones y análisis que permiten extraer
información adicional. Por una parte, el estudio del léxico permite identificar:
• El momento histórico.
• El origen geográfico del hablante.
• En ciertos casos, el extracto social.
• En otros casos, algunas peculiaridades, como la formalidad del contexto, el nivel de
conocimientos técnicos sobre un tema dado, etc.

Por su parte, en la semántica se estudian fenómenos tales como la denotación, la


connotación, la sinonimia, la antonimia, la polisemia, la homonimia, la metonimia y la
metáfora, entre otros. Todos estos fenómenos son formas que adoptan las relaciones de
significado de las palabras.

En ese sentido, uno de los conceptos fundamentales es la noción de campo semántico, es


decir, la agrupación de palabras por su vinculación conceptual. Estos campos pueden seguir
varias estructuras:
Hiponimia La palabra hipónima tiene todos los rasgos de su referente (el hiperónimo) y
algunos más específicos. Por ejemplo: descapotable, deportivo, monovolumen y utilitario
son todos hipónimos de coche. Visto de otra manera, deporte es el hiperónimo de atletismo,
hípica, fútbol, baloncesto, etc.
Meronimia La palabra merónima es aquella que forma parte o se refiere a uno de los
componentes del referente u holónimo. Por ejemplo: cabeza, brazos, piernas y tronco son
merónimos de cuerpo. Visto al revés, el holónimo brazo tiene varios merónimos, como
antebrazo, codo, hombro, mano, dedos, etc.

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Lineal Los elementos del campo semántico forman una cadena, de manera que cada uno
de ellos tiene vinculación con el anterior y el siguiente. Por ejemplo: semilla → brote →
árbol. A su vez, estos campos pueden ser lineales unidireccionales, reversibles, circulares,
etc. En una cadena lineal unidireccional, los extremos deberían ser antónimos, como en
amanecer, mañana, mediodía, tarde, crepúsculo, atardecer. Por otro lado, si a la cadena
anterior se añadiese el término noche, entonces se formaría una línea circular.
Equivalencia Se establece una relación de alta semejanza entre palabras de la misma
categoría gramatical. Por ejemplo: esposo, cónyuge y marido son sinónimos de la misma
categoría.
Libre Se produce vinculación semántica, pero no necesariamente gramatical, de manera
que cada palabra o concepto tiene funciones diferentes. Por ejemplo, la idea de amor puede
derivar en pareja, noviazgo, corazón, rojo, cupido, flecha, etc.

1.2.7. Pragmática
La pragmática se refiere a la capacidad de formar enunciados comunicativamente eficaces.
En ese sentido, la pragmática parece más una función de la lengua que un componente
como los que se han visto hasta ahora. Sin embargo, las últimas tendencias lingüísticas
prefieren estudiar la pragmática como un componente más porque, al igual que todos los
anteriores, responde a un código que permite elegir las expresiones adecuadas a cada
situación.

Este código responde a lo que el filósofo británico Herbert Grice (1975) llamó «principio de
cooperación», por el cual los hablantes siguen cuatro máximas que permiten construir
enunciados que faciliten la comunicación. Estas son las siguientes:
Máxima de cantidad Los enunciados deben ser veraces hasta donde sea posible para el
hablante. Esto supone no decir lo que se crea que puede ser falso y no decir algo sobre lo
que no se tienen pruebas. Sin duda, es más fácil pensar en ejemplos en los que se rompe
esta máxima que en ejemplos en los que se cumple.
Máxima de relación Las contribuciones deben ser relevantes. Esto supone que debe haber
algún vínculo lógico entre los enunciados. Es decir, a un enunciado como «Bajo a por un
café, ¿quieres algo?», se esperan respuestas como «Un cortado», «Sí, un café con leche,
por favor», «No, gracias», o incluso «Yo lo que quiero es que dejen de enviarme e-mails».
Sin embargo, en ningún caso se espera una respuesta como «El gentilicio de Tres Cantos
es tricantino», porque no hay ninguna relación, ni siquiera humorística o irónica. Sin
embargo, esto no quiere decir que el vínculo deba ser explícito y evidente. En muchas
ocasiones, la relación entre los enunciados puede ser implícita. Por ejemplo, ante la
pregunta «Hola, pequeña, ¿vienes mucho por aquí?», es posible responder «Tengo novio»
sin romper la máxima de relación. En este caso no vale decir que no se ha preguntado si
esa mujer tiene novio. La respuesta activa un proceso inferencial en el cual «Tengo novio»
equivale a «No me interesa lo que me quieras contar y como sospecho que decir “no” no
será suficiente para que respetes esto, voy a darte información adicional para que entiendas
que no hay nada que hacer aquí». Es decir, es posible saltar un par de escalones en la
relación y adelantarse a la conversación.
Máxima de modo o de manera Básicamente, se debe procurar que los enunciados sean
claros, para lo cual hay que evitar la oscuridad de la expresión y la ambigüedad y procurar,
por otra parte, ser breve y ordenado. Es decir, en lugar de «Prisión del nácar era, articulado,
de mi firmeza un émulo luciente, un diamante, ingeniosamente en oro también él
aprisionado», es más eficaz comunicativamente «Era un anillo de oro con un diamante tan

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agarrado a su dedo como yo lo estoy a ella». Pero los poetas, y en especial Góngora,
prefieren la estética a la pragmática, porque no utilizan la lengua por su potencial
comunicativo, sino por su capacidad expresiva.

1.3. Fundamentos de la lingüística


La ciencia de la lingüística se dedica al estudio de las lenguas humanas desde diferentes
perspectivas. En una primera instancia se puede hacer una gran división en dos grupos y
distinguir entonces entre los acercamientos teóricos y los prácticos. En el primer caso se
trata de conocer y entender la estructura de la lengua, la adquisición del habla y la variación
y el cambio de la lengua en todas sus vertientes. En el segundo caso, el acercamiento
práctico, el objetivo es aumentar la comprensión sobre cómo se adquieren las lenguas y,
por tanto, cuáles son los mejores métodos para su enseñanza, cómo afinar el diagnóstico
de patologías del lenguaje, refinar los procesos de traducción o diseñar políticas lingüísticas
eficaces. Además de estos acercamientos, existen varios campos de especialización en los
que enfocar el estudio de la lengua. Sin embargo, es fundamental mantener en mente que
en la lingüística se aplica el mismo principio que se ha repetido a lo largo de esta unidad: el
alto grado de interrelación y dependencia de todos los aspectos de la lengua. De ese modo,
sin conocimientos descriptivos de fonología no es posible elaborar mecanismos de
diagnóstico de patologías e igualmente para elaborar una política lingüística es necesario
tener en cuenta tanto los factores sociales como el desarrollo educativo y el proceso de
adquisición.

1.3.1. El cambio lingüístico


Las lenguas son altamente inestables y están en continuo cambio. Estos cambios rara vez
se producen de manera espontánea. Al contrario, el cambio lingüístico se produce dentro de
un patrón sistemático. Dichos cambios pueden ser de dos tipos:
Diacrónicos Cambios que se producen a lo largo del tiempo, entre dos momentos
temporales. Los cambios diacrónicos se estudian en el campo de la historia de la lengua. El
tiempo hace que cambien todos los aspectos de un idioma, desde la base fónica hasta los
usos pragmáticos.
Sincrónicos Cambios que se producen en el mismo momento y que responden, entonces, a
una variación geográfica o social. Los cambios sincrónicos pueden deberse a la variación
regional y social. En el primer caso se trata de la dialectología, las diferentes variantes de
una lengua dentro del territorio. La variación social, en cambio, aunque se ha mencionado
aquí, corresponde al punto que se estudiará más adelante sobre la sociolingüística.

1.3.2. Cambio lingüístico: dialectología


La dialectología diferencia entre dos conceptos fundamentales: la comunidad de habla y la
comunidad de la lengua. La comunidad de la lengua se refiere a todos los hablantes que
comparten ese idioma, mientras que la comunidad de habla es un grupo menor de personas
que emplea esa lengua de manera diferente y mutuamente aceptada. Generalmente, estas
comunidades de habla tienen en común la cercanía geográfica, ya que la distancia impide la
comunicación y, por tanto, dificulta que se compartan los cambios. No obstante, más
adelante se verá que también existen comunidades de habla diferenciadas por otros
patrones más allá del espacio. En el punto 1.2.1 de esta unidad se ha explicado la relación
entre dos conceptos, el fonema y el alófono, indicando que el fonema es una idea abstracta,
mientras que el alófono es la realización de esa idea. Pues bien, en el otro extremo ocurre
algo similar con los conceptos de lengua y dialecto. Se habla de una comunidad de la

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lengua y de la cultura asociada a dicha lengua, pero en realidad la lengua (o idioma) es un
concepto abstracto. Nadie habla una lengua, sino que se hablan dialectos de esta. Un
dialecto es una variedad, variante o modalidad de un idioma. Aunque se define como el
conjunto de elementos lingüísticos compartidos por una comunidad de habla, se distinguen
al menos tres niveles en función del tamaño de esa comunidad.
Macrodialecto Variedad de la lengua que alberga dentro de sí otras variedades.
Subdialecto o dialecto Variedad lingüística de la lengua. Estas variedades pueden surgir en
función del tiempo, del estilo, de la zona geográfica (geolecto) y de la estratificación social
(sociolecto).
Idiolecto La variedad lingüística del individuo.

La llamada «norma culta» o «español estándar» no es más que una variedad del idioma
español. Se trata de la variedad preferida y de mayor prestigio, pero no por ello puede
considerarse sinónimo del concepto de lengua o idioma. De hecho, hoy en día se distinguen
entre varias normas cultas, es decir, varias modalidades del español normativo. Resulta casi
imposible recoger aquí todos los dialectos geográficos (variedades diatópicas) del español,
ya que el gran tamaño de la comunidad hispanohablante supone que exista un gran número
de dialectos. No obstante, se puede hacer una revisión a su clasificación.

Tradicionalmente, se han aplicado ante todo criterios geopolíticos para crear dos
macrodialectos: el español peninsular y el español de América. Hoy en día se sigue
utilizando esta división pese a que no se trata de una dicotomía perfecta y los dialectos del
sur de España tienen tanto en común con ciertos dialectos americanos como con los
dialectos del norte de la Península. Desde un punto de vista lingüístico, esta dicotomía está
superada y es preferible una clasificación que refleje mejor la gran variedad dialectal. Sin
embargo, el contexto educativo se resiste a abandonar el binomio España/América pese a
que esta clasificación resulta problemática por varios motivos, como los siguientes:
• Refuerza la idea de «nosotros» versus «ellos» al utilizar la agrupación de España y
«todos los demás». Esto dificulta transmitir la idea de una comunidad global.
• Margina las variedades del español fuera de América, como en Filipinas, Guinea
Ecuatorial y el Sáhara.
• Plantea una división dura en lugar de una gradación.
Por ello, el docente debe tratar de transmitir la idea de que la clasificación es una
herramienta para el estudio y no un reflejo de la realidad. Se trata de facilitar la organización
del conocimiento.

1.3.3. Cambio lingüístico: dialectología del español


Más allá del binomio clásico España/América, los dialectos del español pueden organizarse
en torno a otras categorías que reflejan mejor la variedad de la lengua.
Hispanoesfera Basada en la clasificación de Braj Kachru para la lengua inglesa
(anglosphere), la hispanoesfera plantea tres grandes comunidades de hablantes en círculos
concéntricos.
Primer círculo Hablantes de español como lengua materna residentes en países en los que
el español es la lengua oficial, vehicular y dominante.
Segundo círculo Residentes en países en los que el español es la lengua oficial, vehicular
y dominante, pero cuya lengua materna no es el español. Esto permite rescatar del olvido a
las comunidades con diglosia y lenguas en contacto y resaltar las lenguas que conviven con

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el español, como el gallego, el euskera, el catalán, el árabe, el quechua, el aimara, el
guaraní, el náhuatl, etc.
Tercer círculo Hablantes de español como lengua materna residentes en países en los que
el español no es lengua oficial ni hegemónica. Con esta clasificación, se rescata la diáspora
hispanohablante y se visibiliza a comunidades de herencia como las que se encuentran en
Filipinas, Marruecos, Israel y, sobre todo, Estados Unidos.

Atendiendo al criterio de rasgos compartidos, se distinguen los siguientes doce


macrodialectos, lo que supone que cada uno de ellos puede tener uno o más dialectos en
su interior: • Peninsular. • Andaluz (separado del dialecto peninsular, aunque también se
produzca en la Península, porque tiene un grado de separación mayor). • Canario
(equidistante entre el español de la Península y las variantes caribeñas, en especial, el
venezolano costeño). • Caribeño (dependiendo de la clasificación, abarca únicamente las
islas o incluye también el habla de la costa). • Centroamericano. • Mexicano. • Andino. •
Chileno. • Rioplatense. 24 • Ecuatoguineano. • Filipino. • Saharaui.

1.3.4. Fonética y fonología


Los estudios de fonética se dividen en tres categorías en función de dónde se centra el foco
de análisis.
• La fonética articulatoria se ocupa de la producción de los sonidos fijándose, por tanto, en
los órganos del aparato fonador que intervienen en esa producción. Dichos órganos se
clasifican en activos y pasivos. Los órganos activos son aquellos que se mueven e incluyen
los labios, la lengua y la mandíbula inferior. Los órganos pasivos tienen movimiento nulo o
muy escaso e incluyen los incisivos superiores, el paladar duro y paladar blando. Además,
intervienen otros órganos como las cuerdas vocales, los órganos que intervienen en la
respiración, etc.
• La fonética acústica trata de la forma y componentes de los sonidos. Lógicamente, está
muy vinculada a la fonética articulatoria y en ocasiones se estudian ambas como un todo,
ya que la forma del sonido depende en gran medida de los órganos que intervienen en su
producción.
• La fonética auditiva trata de cómo se reciben e interpretan los sonidos, por lo que sus
áreas de interés son tanto el oído como el cerebro.

A partir de los estudios de articulación y audición, los sonidos se clasifican con una serie de
rasgos y una valencia positiva o negativa que señala la presencia o ausencia de dicho
rasgo.

1.3.5. Rasgos fonéticos


Dado que los rasgos fonéticos tienen valencia, siempre se representan todos ellos con los
signos de suma y resta entre corchetes. Cuando se habla de un alófono en concreto,
entonces se elimina el signo que no corresponde.
• [+/−] silábico. El valor positivo indica que pueden formar parte del núcleo de la sílaba. En
español esto supone que todas las vocales tienen un valor positivo y las consonantes,
negativo, ya que no es posible formar una sílaba solo con consonantes.
• [+/−] consonántico. El grado de obstrucción del aire expirado. Las vocales no tienen
ninguna obstrucción, por lo que su valor es negativo, mientras que las consonantes sí tienen
más obstrucción. No obstante, existen sonidos intermedios, por lo que un sonido con valor
consonántico negativo no necesariamente tiene que ser una vocal.

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• [+/−] aproximante. Son aproximantes las vocales, semivocales y líquidas, mientras que las
nasales y obstruyentes tienen valencia negativa.
• [+/−] sonorante. La constricción del tracto bucal y el desequilibrio de presión del aire. Son
sonorantes las vocales, semivocales, líquidas y nasales. Es importante no confundir este
rasgo con el de [+/−] sonoro, que indica si se produce vibración de las cuerdas vocales. En
el caso de las vocales se distingue entre su elevación y posición horizontal.
• Por su elevación, las vocales pueden ser altas, medias o bajas.
• Por su posición horizontal, las vocales pueden ser anteriores, centrales y posteriores.

En el caso de las consonantes, se distinguen por su modo y punto de articulación. El modo


de articulación se refiere al obstáculo a la salida del aire y se distinguen los siguientes tipos:
• [+/−] nasales: el aire pasa por la cavidad nasal.
• [+/−] oclusivas: hay una obstrucción total y una posterior explosión del aire.
• [+/−] fricativas: el bloqueo es parcial.
• [+/−] africadas: combinación de dos fases articulatorias, una oclusiva primero y una
fricativa después.
• [+/−] vibrantes: se producen una (simple) o varias (múltiple) vibraciones.
• [+/−] laterales: el aire sale por los lados.

En cuanto al punto de articulación, se trata de dónde se forma el obstáculo para el aire y


qué órganos intervienen. A partir de aquí se diferencian cuatro grandes categorías con sus
subcategorías:
• [+/−] labial: dividida en bilabial, labiodental y linguolabial.
• [+/−] coronal: dividida en dental, alveolar, posalveolar, retrofleja y alveopalatal.
• [+/−] dorsal: dividida en palatal, velar y uvular.
• [+/−] laríngea: dividida en faríngea o epiglotal y glotal.

1.3.6. Reglas fonológicas: procesos consonánticos


La fonología se ocupa de describir el inventario fonológico como un sistema de fonemas.
Por tanto, parte de la fonología consiste en identificar las reglas que gobiernan los procesos
fonológicos. La aplicación de una regla fonológica a un fonema resulta en la articulación de
un alófono específico.

En ese sentido, se distinguen dos tipos de procesos:


Procesos categóricos Aquellos que se cumplen en prácticamente todos los casos. Son
reglas comunes a todas las variedades del español.
Procesos optativos Procesos con una variación libre que suele responder a la organización
social, de manera que el alófono resultante es predecible.

Entre los procesos más habituales en español para los sonidos consonánticos se
encuentran:
- Asimilación Un sonido consonántico se asimila al punto de articulación de la consonante
siguiente, que puede estar dentro de esa misma palabra o incluso en la palabra siguiente.
Ocurre especialmente con nasales y laterales. Los procesos de asimilación pueden dividirse
en labialización, dentalización, palatalización, velarización, etc. Además, se clasifican por la
posición de los sonidos (progresiva y regresiva) y su contigüidad.
- Sonorización Un fonema sordo en posición anterior a una consonante sonora adopta ese
rasgo y sonoriza.

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- Ensordecimiento El ensordecimiento o desonorización se produce cuando un fonema
sonoro se vuelve sordo por la influencia del ambiente sordo. Suele ocurrir con los fonemas
oclusivos. Por ejemplo, /obtuso/ se pronuncia [optuso] y /obtener/ es [optener].
- Debilitamiento Este proceso consiste en que la consonante pierda fuerza en el modo de
obstrucción del aire. Existen varias formas de este proceso:
• Fricativización: los fonemas oclusivos adquieren rasgos fricativos. Por ejemplo, el fonema
/b/ pasa a [β]. Se puede ver al comparar la pronunciación de /b/ en boca y en abierto.
• Desafricación: el sonido /tʃ/ (que corresponde con la letra ch) pierde el rasgo africado y se
pronuncia como [ʃ]. Esto equivale a la pronunciación relajada de mucho como musho.
• Elisión: la pérdida de un fonema en posición final absoluta de sílaba o posición
intervocálica. El ejemplo paradigmático es la /d/ intervocálica en posición final de sílaba, la
cual desaparece siempre salvo en los contextos más formales. Se ve bien al observar
cómo, en contextos informales, pronunciamos la terminación de participio –ado.

1.3.7. Reglas fonológicas: procesos vocálicos


Además de los procesos anteriores, existen otros que gobiernan a los sonidos vocálicos. A
continuación, se encuentra un resumen de los más importantes en español.
- Alargamiento La pronunciación de una vocal se alarga. Puede ser por una vocal tónica o
por combinación de dos vocales contiguas idénticas. Es decir, «de espuma» se pronuncia
[dēspuma]. Existe también un alargamiento compensatorio por la pérdida de una
consonante. Por ejemplo, cuando se pierde la /s/ en final de palabra que indica un plural, la
vocal anterior varía. Es decir, la palabra chica se pronuncia [tʃika], mientras que chicas se
pronunciaría [tʃikas] y, al perder esa /s/, pasa a [tʃikā].
- Diptongación Cuando hay dos vocales medias juntas, a veces la vocal átona pierde su
rasgo silábico y se pronuncia como un diptongo. Es decir, teatro se pronuncia [tiatro]. No es
raro encontrar el fenómeno contrario, en el que el diptongo desaparece y se sustituye por
una vocal simple: [neba] por nieva y [kebra] por quiebra.
- Sinéresis y sinalefa Es la unión de dos vocales medias contiguas, pero que no forman
diptongo. Se llama sinalefa cuando ocurre entre palabras y sinéresis cuando es dentro de la
palabra. Por ejemplo, poeta realiza una sinéresis al unir la [o] y la [e] en una sílaba. La
expresión «de acuerdo» hace una sinalefa, [deakuerdo], tan potente que suele confundir y
lleva a escribir erróneamente *deacuerdo porque, al oído, estas palabras aparecen juntas.
- Omisiones y elisiones Es la relajación extrema e incluso desaparición de la vocal.
Dependiendo de la posición (inicial, interior o final), la omisión se llama aféresis, síncopa o
apócope.
- Adiciones Aunque se incluye aquí entre los procesos vocálicos, se trata de un proceso
combinado en el que el fonema vocálico adquiere un fonema consonántico que lo
acompaña. De nuevo, su nombre cambia dependiendo de la posición inicial, interior o final
de palabra, teniendo entonces prótesis, epéntesis y paragoge. En español, es frecuente
encontrar paragoges con /s/ en formas verbales, de modo que dijiste o viniste se convierten
en dijistes y vinistes.

1.3.8. Sociolingüística
La sociolingüística estudia la lengua desde la perspectiva del contexto social y cultural en el
que se produce. En realidad, siempre que se estudia la lengua se tienen en cuenta
necesariamente características del contexto. En los puntos anteriores se veía, por ejemplo,
que la dialectología depende de la distribución geográfica humana. Del mismo modo, el
cambio histórico debe tener en cuenta el momento temporal. Sin embargo, lo que distingue

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la sociolingüística es que no solo se tiene en cuenta el contexto de la lengua, sino que hay
un mayor enfoque en la influencia que los factores sociales tienen sobre la manifestación de
la lengua. Es decir, las distintas divisiones sociales tienen repercusiones lingüísticas, de
manera que la sociolingüística observa la lengua tal y como la emplean los grupos en
función de su sexo, edad, origen étnico, grado de escolarización o clase social económica y,
no solo eso, pues, aunque la sociolingüística a menudo desciende al nivel individual,
también tiene en cuenta una perspectiva más global y trabaja entonces el uso social de la
lengua dentro de comunidades de hablantes en lo que se llama «sociología del lenguaje».
La sociolingüística es una herramienta muy útil para el profesor de Lengua castellana y
Literatura porque facilita la reflexión crítica sobre el uso de la lengua y, en especial, sobre
las políticas lingüísticas. La sociolingüística permite traer a la luz actitudes y prejuicios que
pasan fácilmente desapercibidos.

En los siguientes puntos se ofrece una explicación de las tres ramas fundamentales de la
sociolingüística, el variacionismo, la sociología del lenguaje y la etnografía lingüística.

1.3.9. Sociolingüística: variacionismo


El variacionismo, también conocido como sociolingüística cuantitativa urbana o
variación diastrática, es un campo que trata la variación concreta que se produce dentro
de una comunidad de hablantes teniendo en cuenta los factores sociales. Estos factores
incluyen edad, lazos de sangre, profesiones, religión, tendencia política, clases sociales,
educación, etc. En suma, se trata de cualquier factor social que pueda compartir el grupo.
Estas variaciones reciben el nombre de sociolectos o variación diastrática, ya que se
producen en los distintos estratos de la comunidad. Quizá la mejor explicación del
variacionismo sea el primer estudio realizado en este campo por William Labov en 1966.
Ese año, Labov publicó un artículo titulado «The Social Stratification of (r) in New York City
Department Stores». Labov visitó tres grandes almacenes, Saks, Macy’s y Klein, asociados
a las clases alta, media y baja, respectivamente. Allí, se dedicó a hacer preguntas abiertas
esperando que en la respuesta dijeran «en la cuarta planta» para medir la potencia de la /r/
en «cuarta» (fourth en inglés). Los resultados demostraron que, pese a que se trataba de la
misma ciudad y de almacenes que apenas distaban unas calles de distancia, la
pronunciación era diferente de acuerdo con la clase social.

Los estudios variacionistas permiten trabajar conceptos como los siguientes:


Prestigio lingüístico La forma lingüística empleada por las personas o grupo dominante
adquiere poder y prestigio social. Lingüísticamente se dice que todas las variantes son
iguales, puesto que todas son manifestaciones de la lengua, pero socialmente se prefieren
unas variantes sobre otras.
Lingüicismo (o discriminación lingüística) La marginación y prejuicios asociados a una forma
de hablar. Valoración subjetiva negativa que se hace de una variedad lingüística.
Ultracorrección En España un ejemplo paradigmático son los valores asociados a la
pronunciación de los grafemas s, c y z. La parte central y norte de la península practica la
distinción, es decir, distingue los fonemas /s/ y /θ/. En algunas zonas del sur de España, en
Canarias y en prácticamente toda Latinoamérica, la variedad que se emplea es el seseo,
pronunciando únicamente /s/. Además, también existen algunas zonas con áreas de ceceo,
en las que solo se emplea /θ/. El ceceo se considera socialmente un vulgarismo, mientras
que tanto la distinción de /s/ y /θ/ como el seseo son prestigiosos. Sin embargo, durante

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mucho tiempo la distinción ha gozado de más prestigio que el seseo y ha sido la forma que
se ha imitado.

1.3.10. Sociolingüística: sociología del lenguaje


La sociología del lenguaje trata la relación entre una variedad de la lengua y la comunidad
de habla en la que se practica. Dicho de otro modo, es el estado en que se encuentra la
lengua en esa comunidad. En ese sentido, es esencial conocer los siguientes conceptos:
Lengua oficial La lengua hablada de forma habitual en un territorio y de uso obligatorio en la
Administración pública.
Bilingüismo ambiental Convivencia de dos lenguas en un territorio. Se distingue entre
bilingüismo estable, inestable y residual en función de lo extendido que esté su uso.
Diglosia Coexistencia de dos lenguas con una relación desequilibrada. Es decir, una lengua
dominante cuenta con más prestigio que la otra, lengua subordinada. En la mayoría de los
casos en los que se habla de bilingüismo realmente se da una situación de diglosia. La
diglosia supone, además, que existe una separación funcional, de modo que las lenguas se
usan en ámbitos y funciones separados. Generalmente, una lengua se emplea para
actividades públicas, formales y estatales y la otra, para el ambiente íntimo y familiar.
Política lingüística Es el conjunto de normas y directrices administrativas que regulan el uso
de una lengua con el fin de promocionarla o contenerla.

La sociología del lenguaje es particularmente relevante en España ya que el país cuenta


con una lengua oficial y varias lenguas cooficiales. En ocasiones, los criterios empleados en
el tratamiento de estas lenguas responden más a intereses políticos que lingüísticos, como
ocurre con el debate sobre si el catalán y el valenciano son lenguas diferenciadas o si son
dos variedades de la misma lengua. Del mismo modo, cada comunidad autónoma tiene su
propia política lingüística destinada a promover y proteger la lengua local.

1.3.11. Sociolingüística: etnografía


La etnografía se refiere al uso que los hablantes hacen de la lengua. Se trata de una rama
muy en contacto con la antropología, que observa los actos de habla y la interacción
social a través de la lengua. La etnografía de la lengua analiza los actos comunicativos y,
dentro de ellos, las normas que la comunidad considera apropiadas para ese contexto. Esto
supone valorar el canal empleado, el estilo, las fórmulas lingüísticas, etc., entendiendo que
incluso las situaciones comunicativas más comunes tienen un componente de ritualización
que los hablantes deben seguir.

A partir de la etnografía surgen conceptos como la competencia comunicativa y la


competencia intercultural. En ambos casos se trata de lograr el intercambio de
información de manera satisfactoria atendiendo no solo a normas gramaticales, sino
también sociales y culturales. Es decir, aunque una frase como «¿A qué te dedicas tú?» es
correcta desde un punto de vista gramatical e incluso pragmático, ya que cumple las
normas de morfología y concordancia y las máximas del principio de cooperación, si en un
acto protocolario se dirigiera esta pregunta al presidente del Gobierno, por ejemplo,
resultaría descortés e incluso ofensiva. En ese contexto, la lengua debe seguir otras
normas, como el empleo del tratamiento de usted e incluso no dirigirse hacia la persona de
autoridad y esperar a que dicha persona se dirija primero a nosotros.
En el contexto educativo, la etnografía permite una reflexión sobre por qué y para qué se
enseña lengua a los estudiantes.

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