Complementos UD1
Complementos UD1
La lengua (o idioma) es una manifestación específica del lenguaje. Dicho de otro modo, el
lenguaje es la capacidad humana de organizar ideas y expresarlas a través de un código
convencional y una serie de normas. La lengua, por su parte, es la combinación de sonidos de
acuerdo con ciertas normas para formar palabras y enunciados con los que transmitir un
mensaje. Conocer los elementos y normas que gobiernan la estructura de la lengua nos
permite, por una parte, un mejor manejo de la lengua y, por otra, ejercer un pensamiento
más crítico a la hora de analizarla. Tradicionalmente, el sistema educativo se ha volcado en
las normas prescriptivas, dejando de lado una visión más descriptiva y, sobre todo, el
componente humano y social que necesariamente está presente en la lengua. Para el futuro
docente, es importante revisar los elementos que intervienen en la lengua adoptando una
actitud holística que recuerde que, ante todo, se trata de un sistema complejo, conectado y
diverso. En ese sentido, independientemente de qué idioma en concreto se esté trabajando,
todas las lenguas presentan una serie de características comunes y universales que las
definen. Del mismo modo, todas las lenguas presentan los mismos elementos y funciones.
1.1.1. Características
Todas las lenguas presentan unas características comunes. Es fácil relacionar esto con el
concepto de gramática universal propuesto por el famoso lingüista Noam Chomsky.
Chomsky arguye que los humanos tienen una capacidad innata para entender y desarrollar
el conjunto básico de reglas que estructuran la lengua. Por ese motivo, todos los niños
aprenden su lengua —ya sea, por ejemplo, español, francés o japonés— más o menos a la
misma edad. Dicha capacidad se pierde con el paso del tiempo y, por eso, los adultos no
aprenden de forma espontánea las lenguas. Asimismo, esto explicaría los casos de los
«niños salvajes»: aquellos niños a los que se les ha privado de contacto lingüístico desde
pequeños y no han podido desarrollar después una competencia lingüística propia de su
edad.
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Creatividad Es la capacidad de crear mensajes originales (en el sentido de que nunca han
sido dichos antes).
Arbitrariedad Las palabras constituyen signos que tienen una relación arbitraria con sus
referentes (es decir, una relación no motivada). Incluso las onomatopeyas no son
excepciones a la regla, ya que no son perfectamente universales.
Contextualidad La arbitrariedad de la relación entre forma y significado se compensa por el
contexto. Es decir, las palabras y enunciados adquieren un significado debido al contexto.
Sistematicidad Un conjunto de reglas determina tanto la forma de los signos como la
manera en que se organizan para formar enunciados. De aquí se deriva que todo idioma
tiene un conjunto finito de reglas que permiten elaborar un conjunto infinito de oraciones.
Recursividad La posibilidad de repetir procesos en la formación de enunciados. Es decir,
una frase puede contener otra frase, que contiene otra frase, que, a su vez, dentro de esta,
contiene otra frase, que, además, dentro tiene otra frase…, hasta el infinito.
Mutabilidad Todas las lenguas cambian a medida que pasa el tiempo.
1.1.3. Componentes
En su expresión más simple, la lengua es un sistema de signos ordenados de acuerdo con
un código arbitrario. Sin embargo, más allá de esta simple explicación, se observa que la
lengua es una estructura muy compleja en la que intervienen varios elementos relacionados
entre sí y que actúan en distintos niveles. En los siguientes puntos se estudiará cada uno de
los niveles de la lengua y su área de acción. Por ahora, la atención se centrará en los
elementos que participan en la lengua. En primer lugar, hay que recordar que, en la mayoría
de los casos, la lengua nace como una manifestación hablada que solo en ciertas culturas
adopta también una manifestación escrita. Por tanto, el elemento de partida fundamental es
el sonido. A partir de aquí se encuentran distintas unidades conceptuales como los
fonemas y los alófonos.
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la palabra morfema engloba tanto el morfema léxico, también llamado lexema o raíz, como
los morfemas gramaticales (o afijos), donde se incluyen los morfemas derivativos y los
flexivos, que dependen del lexema. La unión de ambos, el lexema y los afijos (a veces
únicamente el lexema, como en casa), configura la palabra. La palabra actúa como una
unidad morfológica y léxica, es decir, se estudia tanto por su forma y función dentro de la
frase como por su significado. Finalmente, las palabras se organizan en frases o
enunciados que, combinados, forman un texto. Todos estos elementos están gobernados
por sus respectivos códigos. Es decir, ni los sonidos ni los morfemas se organizan en
secuencias cualesquiera, sino que existen normas para su combinación. De la misma
manera, aunque las palabras funcionen correctamente de manera aislada, al combinarse
debe formarse una secuencia correcta. De lo contrario, se formaría un enunciado
agramatical y carente de sentido. Lo fundamental es entender que la lengua consiste en un
enunciado formado por palabras, compuestas, a su vez, por una raíz y una serie de afijos,
que son secuencias concretas de sonidos en el nivel oral. Cada una de estas unidades está
gobernada por su código correspondiente.
El alófono es el sonido generado por el aparato fonador y, por lo tanto, la realización física
de un fonema. Se representa entre corchetes, [], utilizando los símbolos acordados en el
Alfabeto Fonético Internacional. En el ámbito hispánico, a veces también se utiliza el
Alfabeto Fonético de la Revista de Filología Española. Los alófonos se definen, en primer
lugar, en función de si son vocales o consonantes. A partir de aquí se utilizan otros rasgos
para identificarlos. En el caso de las vocales se emplean dos ejes: la posición en la boca y
la apertura de la vocal. En el caso de las consonantes se definen por tres rasgos: punto de
articulación, modo de articulación y sonoridad.
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fonema en una secuencia cambia el significado de esta. El fonema permite garantizar la
diferencia de significados, esto es, posee una función distintiva.
El grafema, por su parte, es la letra o unidad gráfica distintiva. Es importante recordar que
pertenece al ámbito de la escritura y no representa de manera precisa los sonidos, ya que
es otra convención. A veces una misma letra puede realizarse con sonidos distintos, como
es el caso de la zeta, z, que puede pronunciarse como [s] y como [θ]. Del mismo modo, un
mismo sonido como [x] puede representarse con las letras equis, ge y jota, como en México,
gente y jungla.
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concreto. Por ejemplo, el enunciado «el miedo conduce a la ira, la ira al odio y el odio al
sufrimiento» tiene sentido. En cambio, si se organiza esta oración poniendo todas las
palabras por orden según su categoría gramatical (conjunción, preposición, determinante,
sustantivo y verbo), se obtiene un enunciado perfectamente absurdo que dice: «y a al el la
miedo ira odio sufrimiento conduce».
Las oraciones responden entonces a una organización interna que gira en torno al sujeto, al
verbo y al predicado. Las palabras se organizan en sintagmas que pueden moverse dentro
de la oración, pero no romperse. En el ejemplo anterior, por ejemplo, se puede decir «el
miedo conduce a la ira» y «el miedo a la ira conduce», pero no se puede separar a la de ira,
ya que estos elementos forman parte del mismo sintagma.
Existen varios criterios para clasificar las oraciones que generalmente suelen combinarse.
Así, existen oraciones copulativas o predicativas en función del verbo, y en función del
predicado las oraciones pueden ser transitivas, intransitivas, reflexivas, recíprocas,
personales, activas, etc. Además, en función de la intención, las oraciones pueden ser
enunciativas, imperativas, exclamativas, interrogativas, etc. Del mismo modo, según su
complejidad, pueden ser simples o compuestas y, dentro de estas, coordinadas,
yuxtapuestas, subordinadas…
1.2.4. Morfosintaxis
Estos niveles, morfología y sintaxis, tienen la suficiente complejidad por sí solos como para
estudiarse de manera independiente, especialmente, si se tiene en cuenta la complejidad
que ofrece la clasificación de sus elementos. Sin embargo, no es infrecuente que se
trabajen de manera combinada —la llamada morfosintaxis— por la estrecha relación de sus
componentes.
1.2.5. Léxico-semántico
El nivel léxico-semántico se refiere al significado de las palabras y a la relación que
establece entre el símbolo (la palabra) y la idea que se quiere transmitir (el significado).
No existe un vínculo natural y necesario entre las palabras y su significado, sino que este se
forma de manera arbitraria. Del mismo modo, las palabras no son una representación
exacta de la realidad, sino que indican la concepción que el hablante tiene de esa realidad.
Dentro de una comunidad de hablantes existe un acuerdo por el cual se acepta que ciertas
palabras se refieren a ciertos conceptos, pero cada hablante individual siempre tendrá una
ligera variación sobre cómo interpreta esa relación. En el campo de la semántica hay cuatro
conceptos fundamentales:
Conocimiento del mundo Se trata del conocimiento individual que cada hablante tiene de su
entorno. Es un conocimiento que se construye de manera individual, en función de los
acontecimientos, pero que tiene un índice de coincidencia mayor dentro de cada comunidad
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específica de hablantes. Por ejemplo, ante el concepto de nieve, el conocimiento de esta
idea será distinto para un hablante de Puerto Rico, en el Caribe, y para un hablante de
Burgos, en la península ibérica, porque sus experiencias al respecto son diferentes.
Conocimiento de las palabras Cada individuo tiene un léxico o diccionario personal que
desarrolla con el tiempo. Esto supone que los individuos con un léxico más amplio serán
capaces de distinguir un mayor número de matices semánticos y utilizarán las palabras de
acuerdo con ese conocimiento. Por el contrario, un léxico menor supone una restricción en
la expresión y la pérdida de ciertos matices que tendrán que aportarse de otra manera. Por
ejemplo, un hablante puede indicar que quiere pintar la pared de su salón de color azul y, no
teniendo otra palabra más específica, añadir que quiere un tono azul cielo, pero más
brillante. Por el contrario, un hablante con un léxico de colores más amplio, como un pintor,
distinguirá entre azul Prusia, azul puro, azul verdoso, celeste, zafiro, añil o cerúleo, siendo
este último, por cierto, el tono de azul celeste intenso.
Significado denotativo Es el significado base de una palabra, aquel que, en principio,
comparte toda la comunidad de hablantes. Dicho de otra manera, es la definición de la
palabra tal y como aparece en la primera entrada del diccionario. Siguiendo con el ejemplo
de los colores, el significado denotativo de la palabra marrón es el de un color «semejante al
de la cáscara de la castaña o el pelaje de la ardilla» (DLE).
Significado connotativo Es el conjunto de asociaciones subjetivas que recaen sobre una
palabra. Es decir, más allá de la definición básica, las palabras evocan otros conceptos y
matices. Uno de los significados connotativos de marrón puede relacionarse con lo
antipático, lo antierótico, la vulgaridad y la necesidad.
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Lineal Los elementos del campo semántico forman una cadena, de manera que cada uno
de ellos tiene vinculación con el anterior y el siguiente. Por ejemplo: semilla → brote →
árbol. A su vez, estos campos pueden ser lineales unidireccionales, reversibles, circulares,
etc. En una cadena lineal unidireccional, los extremos deberían ser antónimos, como en
amanecer, mañana, mediodía, tarde, crepúsculo, atardecer. Por otro lado, si a la cadena
anterior se añadiese el término noche, entonces se formaría una línea circular.
Equivalencia Se establece una relación de alta semejanza entre palabras de la misma
categoría gramatical. Por ejemplo: esposo, cónyuge y marido son sinónimos de la misma
categoría.
Libre Se produce vinculación semántica, pero no necesariamente gramatical, de manera
que cada palabra o concepto tiene funciones diferentes. Por ejemplo, la idea de amor puede
derivar en pareja, noviazgo, corazón, rojo, cupido, flecha, etc.
1.2.7. Pragmática
La pragmática se refiere a la capacidad de formar enunciados comunicativamente eficaces.
En ese sentido, la pragmática parece más una función de la lengua que un componente
como los que se han visto hasta ahora. Sin embargo, las últimas tendencias lingüísticas
prefieren estudiar la pragmática como un componente más porque, al igual que todos los
anteriores, responde a un código que permite elegir las expresiones adecuadas a cada
situación.
Este código responde a lo que el filósofo británico Herbert Grice (1975) llamó «principio de
cooperación», por el cual los hablantes siguen cuatro máximas que permiten construir
enunciados que faciliten la comunicación. Estas son las siguientes:
Máxima de cantidad Los enunciados deben ser veraces hasta donde sea posible para el
hablante. Esto supone no decir lo que se crea que puede ser falso y no decir algo sobre lo
que no se tienen pruebas. Sin duda, es más fácil pensar en ejemplos en los que se rompe
esta máxima que en ejemplos en los que se cumple.
Máxima de relación Las contribuciones deben ser relevantes. Esto supone que debe haber
algún vínculo lógico entre los enunciados. Es decir, a un enunciado como «Bajo a por un
café, ¿quieres algo?», se esperan respuestas como «Un cortado», «Sí, un café con leche,
por favor», «No, gracias», o incluso «Yo lo que quiero es que dejen de enviarme e-mails».
Sin embargo, en ningún caso se espera una respuesta como «El gentilicio de Tres Cantos
es tricantino», porque no hay ninguna relación, ni siquiera humorística o irónica. Sin
embargo, esto no quiere decir que el vínculo deba ser explícito y evidente. En muchas
ocasiones, la relación entre los enunciados puede ser implícita. Por ejemplo, ante la
pregunta «Hola, pequeña, ¿vienes mucho por aquí?», es posible responder «Tengo novio»
sin romper la máxima de relación. En este caso no vale decir que no se ha preguntado si
esa mujer tiene novio. La respuesta activa un proceso inferencial en el cual «Tengo novio»
equivale a «No me interesa lo que me quieras contar y como sospecho que decir “no” no
será suficiente para que respetes esto, voy a darte información adicional para que entiendas
que no hay nada que hacer aquí». Es decir, es posible saltar un par de escalones en la
relación y adelantarse a la conversación.
Máxima de modo o de manera Básicamente, se debe procurar que los enunciados sean
claros, para lo cual hay que evitar la oscuridad de la expresión y la ambigüedad y procurar,
por otra parte, ser breve y ordenado. Es decir, en lugar de «Prisión del nácar era, articulado,
de mi firmeza un émulo luciente, un diamante, ingeniosamente en oro también él
aprisionado», es más eficaz comunicativamente «Era un anillo de oro con un diamante tan
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agarrado a su dedo como yo lo estoy a ella». Pero los poetas, y en especial Góngora,
prefieren la estética a la pragmática, porque no utilizan la lengua por su potencial
comunicativo, sino por su capacidad expresiva.
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lengua y de la cultura asociada a dicha lengua, pero en realidad la lengua (o idioma) es un
concepto abstracto. Nadie habla una lengua, sino que se hablan dialectos de esta. Un
dialecto es una variedad, variante o modalidad de un idioma. Aunque se define como el
conjunto de elementos lingüísticos compartidos por una comunidad de habla, se distinguen
al menos tres niveles en función del tamaño de esa comunidad.
Macrodialecto Variedad de la lengua que alberga dentro de sí otras variedades.
Subdialecto o dialecto Variedad lingüística de la lengua. Estas variedades pueden surgir en
función del tiempo, del estilo, de la zona geográfica (geolecto) y de la estratificación social
(sociolecto).
Idiolecto La variedad lingüística del individuo.
La llamada «norma culta» o «español estándar» no es más que una variedad del idioma
español. Se trata de la variedad preferida y de mayor prestigio, pero no por ello puede
considerarse sinónimo del concepto de lengua o idioma. De hecho, hoy en día se distinguen
entre varias normas cultas, es decir, varias modalidades del español normativo. Resulta casi
imposible recoger aquí todos los dialectos geográficos (variedades diatópicas) del español,
ya que el gran tamaño de la comunidad hispanohablante supone que exista un gran número
de dialectos. No obstante, se puede hacer una revisión a su clasificación.
Tradicionalmente, se han aplicado ante todo criterios geopolíticos para crear dos
macrodialectos: el español peninsular y el español de América. Hoy en día se sigue
utilizando esta división pese a que no se trata de una dicotomía perfecta y los dialectos del
sur de España tienen tanto en común con ciertos dialectos americanos como con los
dialectos del norte de la Península. Desde un punto de vista lingüístico, esta dicotomía está
superada y es preferible una clasificación que refleje mejor la gran variedad dialectal. Sin
embargo, el contexto educativo se resiste a abandonar el binomio España/América pese a
que esta clasificación resulta problemática por varios motivos, como los siguientes:
• Refuerza la idea de «nosotros» versus «ellos» al utilizar la agrupación de España y
«todos los demás». Esto dificulta transmitir la idea de una comunidad global.
• Margina las variedades del español fuera de América, como en Filipinas, Guinea
Ecuatorial y el Sáhara.
• Plantea una división dura en lugar de una gradación.
Por ello, el docente debe tratar de transmitir la idea de que la clasificación es una
herramienta para el estudio y no un reflejo de la realidad. Se trata de facilitar la organización
del conocimiento.
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el español, como el gallego, el euskera, el catalán, el árabe, el quechua, el aimara, el
guaraní, el náhuatl, etc.
Tercer círculo Hablantes de español como lengua materna residentes en países en los que
el español no es lengua oficial ni hegemónica. Con esta clasificación, se rescata la diáspora
hispanohablante y se visibiliza a comunidades de herencia como las que se encuentran en
Filipinas, Marruecos, Israel y, sobre todo, Estados Unidos.
A partir de los estudios de articulación y audición, los sonidos se clasifican con una serie de
rasgos y una valencia positiva o negativa que señala la presencia o ausencia de dicho
rasgo.
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• [+/−] aproximante. Son aproximantes las vocales, semivocales y líquidas, mientras que las
nasales y obstruyentes tienen valencia negativa.
• [+/−] sonorante. La constricción del tracto bucal y el desequilibrio de presión del aire. Son
sonorantes las vocales, semivocales, líquidas y nasales. Es importante no confundir este
rasgo con el de [+/−] sonoro, que indica si se produce vibración de las cuerdas vocales. En
el caso de las vocales se distingue entre su elevación y posición horizontal.
• Por su elevación, las vocales pueden ser altas, medias o bajas.
• Por su posición horizontal, las vocales pueden ser anteriores, centrales y posteriores.
Entre los procesos más habituales en español para los sonidos consonánticos se
encuentran:
- Asimilación Un sonido consonántico se asimila al punto de articulación de la consonante
siguiente, que puede estar dentro de esa misma palabra o incluso en la palabra siguiente.
Ocurre especialmente con nasales y laterales. Los procesos de asimilación pueden dividirse
en labialización, dentalización, palatalización, velarización, etc. Además, se clasifican por la
posición de los sonidos (progresiva y regresiva) y su contigüidad.
- Sonorización Un fonema sordo en posición anterior a una consonante sonora adopta ese
rasgo y sonoriza.
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- Ensordecimiento El ensordecimiento o desonorización se produce cuando un fonema
sonoro se vuelve sordo por la influencia del ambiente sordo. Suele ocurrir con los fonemas
oclusivos. Por ejemplo, /obtuso/ se pronuncia [optuso] y /obtener/ es [optener].
- Debilitamiento Este proceso consiste en que la consonante pierda fuerza en el modo de
obstrucción del aire. Existen varias formas de este proceso:
• Fricativización: los fonemas oclusivos adquieren rasgos fricativos. Por ejemplo, el fonema
/b/ pasa a [β]. Se puede ver al comparar la pronunciación de /b/ en boca y en abierto.
• Desafricación: el sonido /tʃ/ (que corresponde con la letra ch) pierde el rasgo africado y se
pronuncia como [ʃ]. Esto equivale a la pronunciación relajada de mucho como musho.
• Elisión: la pérdida de un fonema en posición final absoluta de sílaba o posición
intervocálica. El ejemplo paradigmático es la /d/ intervocálica en posición final de sílaba, la
cual desaparece siempre salvo en los contextos más formales. Se ve bien al observar
cómo, en contextos informales, pronunciamos la terminación de participio –ado.
1.3.8. Sociolingüística
La sociolingüística estudia la lengua desde la perspectiva del contexto social y cultural en el
que se produce. En realidad, siempre que se estudia la lengua se tienen en cuenta
necesariamente características del contexto. En los puntos anteriores se veía, por ejemplo,
que la dialectología depende de la distribución geográfica humana. Del mismo modo, el
cambio histórico debe tener en cuenta el momento temporal. Sin embargo, lo que distingue
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la sociolingüística es que no solo se tiene en cuenta el contexto de la lengua, sino que hay
un mayor enfoque en la influencia que los factores sociales tienen sobre la manifestación de
la lengua. Es decir, las distintas divisiones sociales tienen repercusiones lingüísticas, de
manera que la sociolingüística observa la lengua tal y como la emplean los grupos en
función de su sexo, edad, origen étnico, grado de escolarización o clase social económica y,
no solo eso, pues, aunque la sociolingüística a menudo desciende al nivel individual,
también tiene en cuenta una perspectiva más global y trabaja entonces el uso social de la
lengua dentro de comunidades de hablantes en lo que se llama «sociología del lenguaje».
La sociolingüística es una herramienta muy útil para el profesor de Lengua castellana y
Literatura porque facilita la reflexión crítica sobre el uso de la lengua y, en especial, sobre
las políticas lingüísticas. La sociolingüística permite traer a la luz actitudes y prejuicios que
pasan fácilmente desapercibidos.
En los siguientes puntos se ofrece una explicación de las tres ramas fundamentales de la
sociolingüística, el variacionismo, la sociología del lenguaje y la etnografía lingüística.
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mucho tiempo la distinción ha gozado de más prestigio que el seseo y ha sido la forma que
se ha imitado.
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