RESÚMENES PEDRO BARCELÓ
6. LA CONQISTA DE ORIENTE
1. El imperio de Alejandro Magno
Existen pocas épocas que se encuentren tan estrechamente vinculadas a las realizaciones o hazañas de
sus principales protagonistas como la era helenística. Alejandro Magno y su legado abren una nueva
dimensión en la historia del mundo antiguo. No sólo los hombres de la Antigüedad se sintieron atraídos por
su figura. La fuerza magnética de su persona también se mantuvo constante en la Edad Media e incluso la
Edad Moderna se encuentra aún bajo sus influjos.
Se inspiró en su padre Filipo II de Macedonia, fundador de la Liga corintia en el siglo IV a.C. En la batalla de
Queronea (338 a.C.), Alejandro comanda el ala izquierda de la falange macedonia, ganando así los
macedonios.
Algo más tarde, Alejandro fue enviado a una legación a Atenas. Tras la muerte violenta de su padre, logra
ascender al trono macedonio con la ayuda de su madre Olimpíade. Como sucesor de Filipo II, Alejandro
pasa a desempeñar el cargo de estratego plenipotenciario (strategós autokrator) de la Liga corintia además
de asumir la responsabilidad de proseguir la guerra contra el Imperio persa.
Pero Filipo II no fue el primero que se atrevió a esto, algunos decenios antes, el rey espartano Agesilao ya
había emprendido con éxito una expedición en Asia Menor.
Desde Ciro (una soldadesca griega reclutada por el pretendiente al trono persa), se había abierto
penosamente camino desde el interior de Asia hasta Grecia y el mundo griego tenía buena constancia de la
debilidad del Imperio persa. Será ahora, bajo el indiscutible liderazgo de Alejandro, cuando el deseo de una
acción político-militar común grecomacedonia hacia el exterior se convierta en una realidad.
Alejandro podía contar para su empresa asiática con dos condiciones favorables:
Alta calidad militar de la más que probada falange macedonia
Apoyo de muchos hoplitas griegos que no tenían nada que envidiar de las tropas de elite macedonias
en cuanto a valor y experiencia.
La debilidad del Imperio aqueménida, abatido por sus conflictos internos
Al llegar al Helesponto, Alejandro arroja sobre tierra una lanza, queriendo con ese gesto reafirmar su
pretensión de conquistar Asia.
1. Conquista de las ciudades jonias dominadas por Persia
2. En pocos meses, entre la batalla del Gránico (334 a.C.) y la toma de Mileto
3. Conquista de Caria, Frigia, Capadocia y Cilicia
4. Tras esto, mide las fuerzas por primera vez con el rey Darío II junto al Iso (333 a.C.). Lo derrotó y
consiguió acceso libre a Siria, Fenicia y Egipto.
Tras luchas en Fenicia (toma de Tiro), Alejandro llega a Egipto, donde es saludado como liberador del yugo
persa. Allí se deja coronar faraón y continúa las antiguas tradiciones egipcias locales con el fin de dar a su
dominio un amplio consenso
Poco después de la batalla de Iso, Alejandro recibe una oferta del rey persa, cediéndole todos los territorios
al oeste del Éufrates. Pero el rey macedonio rehusó.
Después de la toma de Tiro, y a la visita oasis de Siwah, un santuario del dios Amón (Zeus), las intenciones
de Alejandro ya se dirigen a la conquista de todo el Imperio aqueménida. Pero no quería que su posición de
fuerza se interpretara como la de un intruso extranjero, sino como la del heredero y sucesor legítimo de la
dinastía.
Alejandro se fue haciendo con el control del corazón del Imperio persa tras la decisiva batalla de Gaugamela
(331 a.C.).
Poco tiempo después de entrar en Babilonia, toma Susa (diciembre del 331 a.C.), la antigua residencia de
Jerjes y centro político de la monarquía aqueménida. Alejandro envía de vuelta a Atenas las estatuas de los
tiranicidas Harmodio y Aristogitón, que habían sido saqueadas por Jerjes, y con ese gesto logra perfilarse
ante la opinión pública del mundo griego como el vengador de Jerjes.
Tras la conquista de Persépolis, tradicional residencia de los reyes persas, la expedición había tocado a su
fin de manera oficial. En Ecbatana licencia a los contingentes griegos, que fueron ricamente recompensados.
Nada más regresar a Babilonia y Susa, Alejandro intenta poner el edificio de su dominio sobre una base
firme Alejandro Magno intentó consolidar su imperio integrando elementos grecomacedonios y persas en un
mosaico diverso de territorios. Estos incluían repúblicas comerciales fenicias, el estado agrario egipcio y
economías nómadas en Irán; ciudades-estado, templos-estado y estados territoriales; religiones como el
Olimpo griego, cultos egipcios y las enseñanzas de Zaratustra; y lenguas como el griego, egipcio, arameo y
persa. Sin embargo, nunca logró una verdadera unificación, y su muerte en 323 a.C. frustró sus proyectos
imperiales.
Las expediciones de Alejandro fueron obras inacabadas y su intención de fundar un nuevo imperio universal
fracasó. sus sucesores, los diádocos, no lograron mantener la unidad del imperio debido a que los territorios
conquistados dependían en gran medida de la figura personal de Alejandro. Durante su vida, Alejandro
adoptó una política de integración entre macedonios y persas, incorporando cada vez más persas en puestos
clave del ejército, la administración y la corte. Este enfoque tenía como objetivo fusionar los elementos
culturales y políticos macedonios y persas, convirtiéndose en la base de su visión de un imperio multiétnico.
Sin embargo, estas medidas provocaron resistencia entre los macedonios, especialmente de la aristocracia,
que veía en estas acciones una desviación hacia las tradiciones orientales.
Aunque algunos críticos cedieron a la política de Alejandro, como ocurrió en la fiesta de reconciliación en
Opis, esto se debió más a la lealtad personal hacia el rey que a una aceptación genuina de su visión.
La mentalidad macedonia predominó entre los diádocos, quienes rechazaron la integración persa. Esto tuvo
importantes consecuencias:
Cambio en el centro de poder: El foco del imperio se trasladó desde las ciudades orientales como
Babilonia, Susa y Ecbatana hacia el mundo occidental, específicamente el Egeo.
Política helenística: Durante el período de los diádocos, el Egeo se convirtió en el centro de la política,
marcando el inicio de un enfoque más griego y macedonio en la dirección del imperio.
2. El helenismo
La expedición asiática de Alejandro Magno transformó profundamente la política, economía, comercio y
transporte del mundo antiguo. Al conquistar Susa, Persépolis y Pasargadas, cambió la política monetaria del
Imperio persa, poniendo en circulación grandes cantidades de oro y plata almacenados, lo que financió
grandes proyectos como la construcción de sistemas de canalización en Mesopotamia y la fundación de
ciudades griegas a lo largo del imperio. Estas ciudades, muchas llamadas Alejandría, sirvieron como
avanzadas de la civilización griega y bases para la helenización del Oriente.
Además, las expediciones promovieron avances en ciencia y conocimiento, especialmente en etnografía y
geografía, gracias a los descubrimientos realizados. La posible correspondencia entre Alejandro y Aristóteles
habría permitido corregir conocimientos en áreas como geología, fauna y flora. La corte itinerante de
Alejandro incluyó científicos, historiadores, filósofos y médicos griegos, lo que impulsó el intercambio cultural
entre Oriente y Occidente y fomentó la expansión del espíritu griego en Oriente, marcando el camino del
helenismo.
El término "helenismo", describe esta interacción cultural entre Oriente y Grecia, con influencias mutuas que
dieron forma a la civilización europea. Desde el siglo III a.C., las monarquías helenísticas, surgidas de los
territorios conquistados por Alejandro, se convirtieron en depositarias de uno de los legados culturales más
trascendentales de la historia.
3. De la historia al mito
Cuando Alejandro Magno sube al trono, hereda una situación marcada por la hegemonía de Macedonia
sobre toda Grecia. Al comenzar su campaña contra Persia, combina dos roles clave: como rey de Macedonia
y como estratego de la Liga de Corinto. Esta doble función influye en su política, ya que debe equilibrar las
responsabilidades de liderar a Macedonia y de representar los intereses de toda Grecia unida en la Liga.
Comparaciones
Ya desde su desembarco en Troya, en el año 334 a.C., Alejandro no deja dudas sobre su intención de
posesionarse del continente asiático. Su expedición por Asia Menor la emprende como un segundo Aquiles
y se lanza a la liberación de los griegos residentes en Asia Menor y a la conquista del Oriente. Sin embargo,
después de realizar las primeras metas, quiso integrar formas y personajes persas en su sistema de
gobierno. Alejandro comienza a seleccionar a personajes orientales para participar en tareas administrativas
clave, mientras también otorga protagonismo a figuras del mundo griego. En Caria, inicia una política que
repetirá en Egipto: revitalizar tradiciones locales que habían sido debilitadas bajo el dominio persa.
La conquista de Egipto acontecida un año después (332 a.C.) le aporta un nuevo título, al hacerse investir
en Menfis como heredero directo de la última dinastia faraónica. Como faraón egipcio Alejandro rompe el
vínculo con la ocupación persa, siempre impopular en el país del Nilo. En el terreno religioso, destaca la
visita al oráculo de ZeusAmón en el oasis de Siwah, donde Alejandro obtiene una confirmación sobre su
origen divino que va a formar parte de su ideología de poder. Es importante destacar la propaganda de
Alejandro, que cada vez más se basaba en motivos divinos. Usó señales como signos divinos al colocar la
primera piedra en el templo de Zeus en Sardes, la profecía del nudo gordiano, sueños premonitorios sobre
la toma de Tiro y Gaza, y el oráculo de Amón en Siwah, entre otros vaticinios de santuarios en Asia Menor.
Con el tiempo las figuras de Heracles y Dioniso pasarán a ocupar un lugar relevante en el entramado de su
ideología de conquista y poder. Alejandro los adaptará de tal manera que llegarán a confundirse con él.
Después de derrotar a Darío III en la batalla de Gaugamela, Alejandro fue proclamado rey de Asia por su
ejército en el propio campo de batalla. En Babilonia, fue recibido como soberano, reconociéndose su
autoridad en uno de los centros más importantes del Imperio persa.
Ciro
Alejandro también mostró respeto por Ciro, el fundador del Imperio persa. Le rindió honores en su tumba, lo
que reflejaba la admiración del mundo griego por Ciro como un modelo de rey. Aunque en los relatos de
Heródoto Ciro aparece como un personaje duro y cruel, en la Ciropedia de Jenofonte se presenta como un
rey idealizado, un modelo de virtudes reales que Alejandro probablemente conocía bien.
Esta veneración de Alejandro por Ciro no solo tenía un componente emocional, sino también político. Al igual
que en Caria o Egipto, al honrar a Ciro, Alejandro se identificaba con él como su sucesor y legitimaba su
propio reinado, al asociarse con la figura de un rey modelo y grandioso.
Antepasados
Vemos una masificación de mortales e inmortales: Filipo II, Zeus, Ada, Amón, los faraones egipcios y ahora
Ciro, que representa las virtudes de la casa real persa.
Darío III, el último rey persa, no es considerado digno de ser el sucesor legítimo de Ciro, por lo que Alejandro,
con su personalidad y logros, ocupa esa posición. Tras la muerte de Darío II en 330 a.C., Alejandro adopta
el estilo de la monarquía persa: viste con ropas reales orientales, usa la diadema (coroa) y sigue las
costumbres de la corte persa, como la proskúnesis, un saludo reverencial (algunos en la tropa macedonia
se sienten incómodos con esto). Ante esta oposición, Alejandro ordenad la ejecución de Filotas y su padre
Parmenión.
La situación empeora cuando Alejandro mata a Clito, un compañero cercano. Calístenes, el historiador de
la corte y sobrino de Aristóteles, es uno de los principales opositores a esta práctica. Poco después,
Alejandro utiliza la conspiración de los pajes, un intento de asesinato contra él, como excusa para
deshacerse de Calístenes.
Sistema de gobierno
Alejandro es rey de Macedonia y rey de Asia al mismo tiempo, pero es también mucho más, por ejemplo:
Hegemón de la Liga corintia
Faraón de Egipto
Heredero de la reina Ada de Caria
Señor de pueblos del Imperio persa, que le juraron lealtad.
Aunque ocasionalmente surgen pequeñas oposiciones, nunca representan una amenaza seria para
Alejandro. Su manera de gobernar rompe con las tradiciones macedonias, que limitaban el poder real, y se
aproxima más a la forma de gobierno de las monarquías orientales, como la de Persia. Los reyes persas
tenían un poder casi ilimitado sobre sus súbditos, aunque consultaban a consejeros, sacerdotes y asesores,
siempre eran ellos quienes tomaban las decisiones finales. Además, los reyes persas heredaban la idea de
soberanía de las antiguas monarquías orientales, influidas por el zoroastrismo, la religión oficial del Imperio
persa, que promovía la tolerancia y el respeto por las costumbres locales. Alejandro adopta un enfoque
similar al de los persas.
El episodio con Calístenes, relacionado con la petición de Alejandro de ser saludado al modo oriental,
muestra que la aristocracia macedonia no tenía problemas en seguir a un rey absoluto, pero temía que
adoptar costumbres extranjeras debilitara los lazos tradicionales con su rey.
¿Cuándo Alejandro rompe con la monarquía macedónica y se convierte en un monarca universal?
Durante sus campañas por Asia Menor, Alejandro ya empieza a marcar la dirección de su futuro gobierno.
En lugar de integrar las ciudades griegas liberadas en la Liga corintia, les concede la independencia, lo que
refleja su decisión de asumir el poder que antes tenía el monarca persa. En esta etapa inicial de la conquista,
su objetivo no es expandir las estructuras de poder de Grecia y Macedonia, sino vincular esos territorios a
su persona. A medida que se aleja de Macedonia, su campaña se convierte en una empresa personal, más
que en una acción relacionada con la Liga corintia o la monarquía macedonia. Esto se hace más evidente
cuando, en Ecbatana, licencia a las tropas griegas, y su expedición toma un carácter más privado, impulsada
por su ambición personal.
Alejandro promovió un nuevo tipo de poder basado en su propia personalidad y no en un sistema institucional
preexistente. Su conquista y liderazgo fueron respaldados por su éxito militar, la sumisión de pueblos
derrotados y su extraordinaria personalidad. Algunos lo ven como un gran general dotado de carisma y
suerte, mientras que otros lo consideran un autócrata despótico. Además, fue visto como el sucesor legítimo
de los reyes persas, un liberador de autonomías locales o un ser divino. La universalidad de su proyecto de
poder se destacó por conectar Occidente y Oriente bajo una única soberanía y por su ambición de dominio,
inspirada en las antiguas monarquías orientales. Sin embargo, su sistema de gobierno no podía perdurar
sin él, ya que dependía profundamente de su persona. Por lo tanto, su modelo no se replicó de manera
institucional, sino que su legado se convirtió en un modelo a imitar por futuros monarcas, quienes buscaron
legitimar su poder mediante su emulación y no con un sistema basado en la institución creada por Alejandro.
Para los inmediatos sucesores de Alejandro, los diádocos, pero también para posteriores personajes como
Pirro de Épiro, Pompeyo Magno o Marco Antonio, por sólo citar algunos famosos ejemplos, la figura de
Alejandro fue el ideal a imitar. La figura de Alejandro se convierte en un mito, ya que su vida y logros parecen
fuera de lo común y su actuación histórica es insuperable. Su legado no es un sistema, sino una forma de
actuar que sus sucesores intentaron replicar, como lo hizo Augusto en Roma.
13. EL IMPERIO EN LOS SIGLOS I Y II d. C
1. De Tiberio a los Antoninos
La muerte de Augusto (14 d.C.) dejó un vacío de poder en la dirección del Imperio romano. Esta situación
previa y los preparativos para la recepción del poder, permitieron que Tiberio, hijo adoptivo de Augusto,
tomara posesión del cargo como sucesor del fallecido prínceps. La situación del Imperio romano aparece
marcada en el interior por un creciente intercambio económico y social entre las diversas provincias, así
como por una estabilidad en la política exterior. La pax augusta sirvió de cuño a toda esa época.
Dinastía Julio-Claudia:
1. Tiberio (14-37 d.C.):
Dirigente capaz y hábil general.
No disimuló su aversión por tiberio
Gobernó con eficacia, pero su legado quedó opacado por las críticas históricas.
2. Calígula (37-41 d.C.):
Ansias de poder, despilfarro y mal gobierno.
Víctima de una revuelta palaciega.
Su muerte generó intentos de restaurar la República
3. Claudio (41-54 d.C.):
Llegó al poder por iniciativa de la guardia pretoriana.
Influencia destacada de su esposa Agripina, quien aseguró la sucesión de Nerón
4. Nerón (54-68 d.C.):
Primeros años positivos
Posteriormente, su gobierno fue marcado por crisis internas y externas.
Su muerte marcó el fin de la dinastía julio-claudia y un periodo de guerras civiles.
Dinastía Flavia: La dinastía de los Flavios marcó el traslado del poder imperial de Roma a Italia, reflejando
el ascenso de las provincias y la periferia del Imperio.
5. Vespasiano (69-79 d.C.):
Estabilizó el imperio tras guerras civiles.
Su gobierno se parecía al de Augusto
Fundador de la dinastía Flavia
6. Tito (79-81 d.C.):
Continuó con los valores de su padre, Vespasiano.
Conquistó Jerusalén.
Murió repentinamente tras un breve pero positivo reinado
7. Domiciano (81-96 d.C.):
Expandió el imperio en Britania y Germania.
Fue asesinado en una conspiración senatorial, ya que no tenían una buena relación
Dinastía de los Emperadores Adoptivos: Esta época ha sido denominada múltiples veces como la más feliz
de la Historia Antigua
8. Nerva (96-98 d.C.):
Elegido por el Senado tras la muerte de Domiciano.
Inició la tradición de adoptar sucesores competentes.
9. Trajano (98-117 d.C.):
Primer emperador de origen provincial (Hispania).
Amplió el imperio más allá del Danubio y el Éufrates (conquista de Dacia).
Restauró buenas relaciones con el Senado y fue honrado como optimus prínceps (Con un título
así no había sido honrado ningún emperador desde Augusto)
10. Adriano (117-138 d.C.):
Origen Hispánico
Admirador de la cultura griega, equilibró tensiones entre Oriente y Occidente.
Poseía una formación filosófica completa de orientación griega
11. Antonino Pío (138-161 d.C.):
Política interior enfocada en reformas sociales y legales.
Prosiguió en la misma línea de reformas iniciada por Adriano
12. Marco Aurelio (161-180 d.C.):
Filósofo en el trono, autor de Meditaciones.
Su reinado estuvo marcado por guerras fronterizas y la peste.
Introdujo la sucesión dinástica con su hijo Cómodo, rompiendo el modelo adoptivo.
El gobierno de Marco Aurelio marca el punto final de un época de la historia romana
Tras Augusto, el Imperio Romano se mantuvo estable gracias a los cimientos que él dejó y a la autonomía
de las ciudades y provincias, que no se vieron muy afectadas por las crisis en Roma. Aunque hubo abusos
de poder que afectaron a la aristocracia, los administradores mantuvieron el gobierno funcionando con
eficacia. Durante este tiempo, el Imperio se expandió, añadiendo provincias como Mauritania, Britania y
Tracia, y reafirmando su supremacía con actos como la coronación del rey de Armenia en Roma.
La romanización
Fue el proceso de difusión de la cultura, lengua y estilo de vida romano en el Imperio. En Occidente, como
Hispania y la Galia, el latín y las costumbres romanas se adoptaron rápidamente debido a la falta de
tradiciones urbanas previas. En Oriente, con una fuerte herencia griega, predominó la cultura helénica,
aunque el latín se usó en la administración. Las legiones romanas y los asentamientos de veteranos jugaron
un papel clave, creando ciudades y expandiendo la ciudadanía romana en las provincias.
4. El ejemplo de Trajano
“De modo provisional, respecto a aquellos a los que se me denunciaba como cristianos he seguido esta
norma. Les pregunté si eran cristianos. Cuando lo confesaron por segunda y tercera vez les amenacé con
la pena capital; cuando perseveraban les mandé ejecutar [...] Se publicó un libelo anónimo que contenía
nombres de muchas personas. Aquellos que negaban ser cristianos o haberlo sido, cuando precediéndoles
yo invocaban a los dioses y a tu imagen, que para este propósito hice instalar junto con las estatuas de los
dioses, y les elevaban súplicas de incienso y vino y además maldecían a Cristo, posturas que se dice son
incompatibles con los que son realmente cristianos, juzgué que debían ser puestos en libertad”
Trajano, tras preguntar por tercera vez al acusado si era cristiano y este aceptarlo, lo condenaría a muerte.
Reconoció que el cristianismo era visto como una asociación prohibida y desleal al Estado romano y su
religión.
Sin embargo, establece normas claras para tratar estos casos:
No buscar activamente a los cristianos. Las autoridades no debían iniciar investigaciones para
identificarlos.
Si alguien era denunciado y se probaba que era cristiano, debía ser castigado, pero aquellos que
renegaban de su fe y lo demostraban con sacrificios a los dioses romanos podían ser perdonados.
Prohíbe aceptar denuncias anónimas, considerándolas una práctica deshonrosa y contraria al
"espíritu de la época".
Quienes negaban ser cristianos podían demostrarlo con actos como:
Adorar a los dioses romanos.
Ofrecer incienso y vino ante la imagen del emperador y las estatuas de los dioses.
Maldecir a Cristo, ya que esto se consideraba incompatible con la fe cristiana.
Descartó las denuncias anónimas y exigía pruebas fundamentadas
¿Por qué podía el emperador derrochar tanta generosidad respecto a una gente considerada como
despreciable, cuando no peligrosa?
Trajano no veía en los cristianos ni un impedimento grave contra la religión romana ni tampoco un núcleo
peligroso capaz de socavar los fundamentos del estado. Ante este comportamiento, que parece contradecir
a las voces que alarmaban sobre la peligrosidad de los cristianos, hay que cuestionarse los motivos que
incitaron al emperador Trajano
¿Estamos aquí ante un caso de extrema ceguera política, o es Trajano más bien un clarividente convencido
de la imposibilidad de éxito a través de métodos violentos?
Trajano no era ni lo uno ni lo otro. Su actitud es comprensible si nos libramos del prejuicio de que las
autoridades romanas persiguieron desde el principio a los cristianos por estar convencidas de su
peligrosidad. En primer lugar, esta visión nos la proporciona una literatura tardía, interesada en presentar el
extendimiento del cristianismo como un proceso salpicado por una riada de.
¿Podemos considerar a los emperadores romanos de las dinastías julio-claudia y flavia, antecesores de
Trajano, como implacables perseguidores de cristianos, tal como los retrata Lactancio?
No pueden considerarse perseguidores de cristianos ya que el enfoque de Trajano marca un cambio
significativo en la política hacia el cristianismo. Aunque se mantenía la idea de que el cristianismo era un
delito, Trajano introdujo medidas más justas como hemos visto antes.
Al igual que hiciera Augusto, Trajano no permitió que ningún culto extranjero penetrara en las paredes de su
palacio, y no debemos olvidar que éste, además de ser su residencia habitual, ejercía también la función de
domus publica, o sea, de vivienda del pontifex maximus. El aferrarse al tradicionalismo podía ser
perfectamente compatible con una actitud moderada respecto a creencias religiosas opuestas, siempre y
cuando éstas no constituyeran una amenaza real para el Imperio.
Del rescripto de Trajano también se desprende la apreciación política de que gozaba el sacrificio ante los
dioses. Por una parte, aparece como ceremonia sacral revestida de amplias connotaciones jurídicas:
el efectuarla tenía el valor de prueba exculpatoria. Se llegaban así a anudar los vínculos entre el
sacrificante y los dioses propiciando la reconciliación (pax deorum).
Por otra parte, el cumplimiento del ritual era considerado como un acto de afirmación pública que
manifestaba conformidad. Sacrificar significaba formalizar una relación previamente deteriorada.
No se trataba de exteriorizar creencias individuales, sino de demostrar por mediación de un acto
público la fidelidad al estado.
Disponemos del testimonio de Orígenes, quien contradice a Lactancio y Eusebio, apuntando que, desde el
inicio del cristianismo hasta su tiempo, el número de martirios fue más bien escaso. El Apocalipsis de San
Juan ha sido interpretado como un testimonio de persecución cristiana, identificando al emperador romano
(como Nerón o Domiciano) con la figura del animal simbólico que amenaza a las comunidades cristianas.
Se ha supuesto que el autor quería consolar a los cristianos de Asia Menor, atribuyendo la persecución a la
política de Domiciano. Sin embargo, esta interpretación es incorrecta. El Apocalipsis no tiene como objetivo
consolar a los perseguidos por el Estado, sino advertir a una comunidad cristiana en peligro de
desintegración interna debido a la deserción hacia el paganismo, fomentada por el auge del culto imperial
en Asia Menor.
El auge de cultos tradicionales, como los de Asclepio en Pérgamo y Artemisa en Éfeso, refleja la popularidad
del paganismo. Ante este resurgimiento, el autor del Apocalipsis se preocupa de que los cristianos sean
atraídos por el paganismo y busca evitar su deserción. Su objetivo es instar a los cristianos a mantenerse
firmes y no sucumbir a la tentación del ambiente pagano. Así, no es el Estado romano el que teme a los
cristianos, sino que son los líderes cristianos quienes temen la creciente atracción del culto tradicional.
Su actitud refleja una política de tolerancia, influenciada por un clima general de estabilidad religiosa, y
contrasta con las acciones de emperadores anteriores como Domiciano, cuya persecución a los cristianos,
simbolizada por la ejecución de Flavio Clemente, fue vista como excesiva. Trajano, al promover la
moderación, no solo resolvía un problema inmediato, sino que ofrecía un modelo de gobierno que buscaba
reconciliar a los disidentes sin recurrir a la violencia. Su postura de tolerancia, además, tenía un fuerte
componente de distanciamiento de las políticas de su predecesor, Domiciano, y se consolidó como un
principio duradero de su gobierno.
Cuando Trajano promulga sus instrucciones sobre política cristiana, ya ha alcanzado la cima de su
popularidad. Su celebrada actuación político-militar le valdrá ser equiparado a Agusto, el emperador modelo.
Esto le confiere una sólida posición fuera de cualquier duda. Su autoridad es indiscutible. Es más fácil ser
generoso y actuar con miramientos arropado por un ambiente favorable fruto de una actuación política
exitosa que cuando se halla uno con la espalda contra la pared. Pero tampoco hay que menospreciar una
notable componente personal, ya que deja entrever una notable condición humana. Su actitud benevolente
parece reflejar también un carácter equilibrado, dotado de una predisposición natural a solucionar los
problemas con buenas formas.
Aunque los principios del cristianismo y el paganismo parecían opuestos, en la práctica, ambos mundos
pudieron coexistir mediante el sincretismo y la adaptación, como lo demuestra la política cristiana de Trajano,
que representó un equilibrio entre ambos.
A pesar de la naturaleza monoteísta del cristianismo, sus seguidores a menudo adoptaron elementos del
sincretismo, combinando prácticas romanas y cristianas para evitar persecuciones. Aunque las autoridades
romanas condenaban el cristianismo, no lograron detener su expansión. El reinado de Trajano muestra cómo
su política más moderada permitió que el cristianismo continuara proliferando, adaptándose a las
circunstancias y coexistiendo en parte con las religiones romanas.