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EL ORIGEN MULTIFACÉTICO DE THE MULTIFACETED ORIGIN OF
MARINILLA MARINILLA
RESUMEN SUMMARY
El territorio que hoy ocupa la Ciudad de The territory that today occupies the city
Marinilla fue descubierto por los of Marinilla was discovered by the
españoles por el año de 1556. Hacia 1664 Spaniards in 1556. Around 1664, Fray
llegó a estas tierras Fray Miguel de Castro Miguel de Castro Rivadeneira arrived to
Rivadeneira, quien alrededor de una these lands, who started the settlement
ermita en honor a San José inicio el around a chapel in honor of San José. In
poblamiento. En 1690, Sabina Muñoz de 1690, Sabina Muñoz de Bonilla donated
Bonilla donó terrenos para la nueva land for the new municipal seat, there was
cabecera municipal, hubo un cambio de a change of place and it was called the
lugar pasando a ser llamado el sitio de site of San José de la Marinilla. In 1787,
San José de la Marinilla. En 1787, el Rey King Carlos III, granted the title of Villa,
Carlos III, le otorgó el título de Villa, por so the place was called Villa de San José
lo que el lugar se llamó Villa de San José de la Marinilla and in 1794 acquired the
de la Marinilla y en 1794 adquirió el honor of receiving from King Carlos IV a
honor de recibir del rey Carlos IV un Coat of Arms that ennobled it. In 1813
Escudo de Armas que la ennobleció. En for its patriotic services the President
1813 por sus servicios patrióticos el Dictator Juan del Corral, granted it the
Presidente Dictador Juan del Corral, le accreditation of City.
concedió la acreditación de Ciudad.
Palabras claves: Marinilla, poblamiento, Key words: Marinilla, settlement, site
título de sitio, Título de Parroquia, título title, parish title, town title, city title.
de villa, título de ciudad.
Miembros de la Corporación Centro Académico de Historia
de San José de la Marinilla.
ROBERTO DE E-mail:
JESÚS RAMÍREZ
MORENO Y [email protected],
DAVID RICARDO [email protected]
RAMÍREZ
GÓMEZ
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EL ORIGEN MULTIFACÉTICO DE MARINILLA
Anotaciones históricas a los inicios de Marinilla
Marinilla, situada en el valle de San Nicolás nació en un espacio bien apropiado para que
allí se fundase. Un clima no muy frio y sano, una tierra buena para la cría de ganado y la
agricultura, un rio cruzando cerca abastecido por numerosas quebradas, situada en la parte
de la cordillera en tierra sinuosa pero sin grandes elevaciones donde termina la larga
vertiente que llega distante a las riveras del Rio Grande la Magdalena, éste rio erigido en
la vía principal de comunicación entre el Caribe y el interior del Nuevo Reino de Granada,
la ubicación estratégica como lugar obligatorio de cruce hacía el interior de la provincia de
Antioquia, finalmente el rio Rionegro erigido como límite de ella con el espacio hasta
donde llegaría la provincia de Mariquita con su activo puerto de Honda.
De los primitivos habitantes que antes de ella existieron, nada de cierto sabemos aunque la
tradición dice, que era habitada por indígenas de la familia de los tahamíes. El poco
conocimiento existente, sólo aporta datos generales de este grupo indígena al que se
atribuye la ocupación de un gran territorio e identificaría la población nativa que entró en
contacto con el conquistador español. Aún más grande, es el desconocimiento que se posee
sobre los habitantes de estos territorios anteriores a los tahamíes hasta llegar a quienes por
primera vez lo poblaron.
La presencia inicial española se remite al año 1556 y fue fugaz. Sucedió cuando arribaron
los conquistadores al Valle de Aburra y se desplazaron por las tierras del hoy Oriente
Antioqueño en busca de pueblos indígenas y oro, los dos alicientes que determinaron la
conquista. Su lucha contra los nativos estaba en plena acción y no parecía terminarse en
corto tiempo como en efecto aconteció.
Ocurrió por entonces, que el esfuerzo avasallador de los ocupantes tuvo fortuna en las
décadas finales de ese siglo XVI cuando las ciudades de Remedios y Zaragoza aportaron
ricos tesoros y grandes excedentes auríferos, despertaron ambiciones, requirieron la
importación de una numerosa cantidad de esclavos, causaron un gran dinamismo comercial
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que les proporcionó mercancías y alimentos, atrajo a muchos interesados y en particular,
repercutió en que con esas ilusiones colonizaran tierras propicias para el sostenimiento del
ganado que con destino a esos centros mineros, llegaba de sitios distantes. En este
contexto, puede situarse al primer propietario en tierras que luego corresponden a Marinilla.
Fue el Capitán Pedro de Beltrán, vecino de la ciudad de Arma quien obtuvo en el año de
1573 por influencia de su yerno, el regidor Don Rodrigo Hidalgo, una concesión del
Cabildo de dos leguas de terreno en el valle de la Marinilla, para destinarla a la cría y ceba
de ganado. Bien vale la pena retomar a Germán Colmenares para resaltar la dimensión de
estas circunstancias:
“A partir de 1580 se incorporaron los grandes descubrimientos antioqueños (de San
Jerónimo, Cáceres y Zaragoza) que, con el concurso de mano de obra esclava,
hicieron elevar la producción a magnitudes sólo igualadas dos siglos más tarde. El
apogeo no duró sino treinta años y hacia 1610-1620 mineros y oficiales reales
comenzaron a percibir una crisis ( ) (Colmenares: 1978, 240)”.
Es decir, tanto el auge aurífero del Nordeste de la provincia como su declive, incidieron en
que la tierra del Oriente Antioqueño y del Valle de Aburrá adquiriera valor y fuesen
ocupados. De ahí la presencia de ese capitán pariente del regidor del cabildo de Arma
iniciando el acaparamiento, al hacerse dueño de dos leguas de tierra en un espacio en que
ella abundaba, pero era pertinente tenerse para sí la más apropiada. Es lógico pensar que el
capitán Beltrán, fue uno de esos encomenderos que en Arma mandaban la parada y recibía
los beneficios de un cabildo que como en otras ciudades, repartía tierra a sus allegados para
satisfacerles sus ambiciones de riqueza, nobleza y poder.
A este tipo de personajes tan notorios, a sus indígenas sometidos les cambió las
circunstancias históricas cuando a comienzo del siglo XVII, se hizo evidente la reducción
impresionante de la población nativa y con ello, las encomiendas como fuente básica de
aporte en trabajo gratuito a sus dueños. Ante la percepción de la corona española, esto
motivó su política de reunir en resguardos los restos de población nativa que existía, la
cual el citado Colmenares afirma, era algo así como el “10% de su tamaño original”.
También en este siglo la fisonomía aurífera de la región antioqueña se amainó, entrando en
escena un transcurrir más ligado a la tierra como fuente de riqueza agraria. En paulatino
aumento de la presión por poseer los mejores predios por su ubicación, hizo que el
privilegio de poseerlos fuera esencial para sus dueños. En esta perspectiva, puede
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apreciarse que las dos leguas de tierra del capitán Beltrán pasaran en el año 1610 a manos
de Francisco de Alcalá, Pedro de Aldana, Gonzalo Ortiz Diente y Diego Suárez. En febrero
de 1655, don Diego Muñoz de Bonilla y su esposa doña Ana María de Alarcón adquirieron
estas tierras. (Ramírez, 1961).
Por entonces hacia las décadas de 1660-1670, en el Valle de Aburrá podían vivir, a lo largo
y ancho de él, tres mil personas de diversa condición racial, social y económica. Se ignora
pero se presiente, que el altiplano del rio Rionegro pudo tener una parecida distribución
extensiva de su ocupación quizás no de tanta magnitud. En los dos ámbitos comenzaban a
formarse haciendas y latifundios que dominaban la escena y sus dueños, al ser las
personalidades con mayor capacidad, les interesaba que se formase poblados desde donde
coordinaran la dinámica del territorio. Pues bien, existe la referencia según la cual el 13 de
junio de 1662, un juez eclesiástico llamado don Gaspar de Borja y Ezpeleta, expidió copia
de declaraciones tomadas “en este sitio de la Marinilla e iglesia de San José”. Situar allí
unos testimonios que no se sabe respecto a qué asunto se refirieron, denota la existencia de
la identidad de un lugar. No importa lo incipiente que hubiese sido, estaba presente en la
geografía de este altiplano. El por qué pudo existir en época tan temprana no se sabe, pero
una factible razón se debe a la necesidad de tenerlo, por una parte con relación a un largo,
difícil y peligroso camino que carente de un lugar intermedio articulaba al interior de la
provincia con el rio Magdalena. No sería el único caso en el que una ruta hubiese
propiciado el surgimiento de un lugar en el basto espacio del Nuevo Reino de Granada. Por
otro motivo, ser un referente de la posesión de espacio considerado atractivo que apenas
estaba en proceso de ocupación y por esto, formando su caracterización y reconocimiento.
Otro dato que ratifica la existencia del pequeño lugar llamado Marinilla, es que dos años
después allí hubiera llegado un fraile llamado Miguel de Castro Rivadeneira con la tarea de
desempeñar su oficio de “Comisario de Jerusalén”. En parte, el motivo de su arribo fue
recaudar limosnas para enviar a Tierra Santa, una tarea en la cual se especializó la orden
franciscana y la ejerció como un privilegio dentro del conjunto de las comunidades
religiosas. (Mantilla, 1886).1
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De este personaje se ha dicho que reconstruyó y reformó una capilla en honor a San José y se dedicó, sin
licencia, a celebrar la eucaristía y otras ceremonias como bautismos y casamientos (Mantilla, 1886).
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Varios aspectos son importantes considerar respecto a este franciscano. 2 Sin autorización de
la autoridad eclesiástica regular, fundó una capilla en la incipiente Marinilla carente hasta
ese momento del auxilio espiritual. A sus habitantes y al fraile les convenía que existiera,
pero La versión común, le otorga el mérito al fraile e incluso se le atribuye que propició el
nacimiento de Marinilla. Una interpretación más cercana sería reconocerle que con la
capilla, el lugar se consolidara debido a la profunda sensibilidad religiosa de la población.
El segundo tema importante, es que su comportamiento causó dos litigios interreligiosos.
En este contexto el 19 de mayo de 1667, llegó fray Francisco de Caro por orden de su
superior provincial desde Santa Fe de Bogotá con la orden de inspeccionar las actividades
misionales de Fray Miguel; al llegar, lo encontró ejerciendo funciones sacerdotales y en
extrema pobreza, pues solo tenía: “el hábito que traía encima y dos tuniquillas y el
breviario viejo, una frazada, una sábana de lienzo de Pasto, un toldo, (…) y una silla de
andar a caballo” (Ramírez, 1961). Según anota Luis Carlos Mantilla, el fraile salió por
expresa orden de su padre provincial y dejó establecida una capilla dedicada a San José
(Mantilla, 1886).
Según el historiador franciscano Carlos Mantilla, fray Miguel encontró por un lado
indígenas llegadas de Quinchía, un territorio de la ciudad de Anserma, y por el otro, un
grupo de españoles provenientes muchos de Mariquita. Como había desavenencias entre los
dos grupos, el fraile decidió separarlos. A los indígenas los reunió en torno a una capilla
que construyó en San Antonio del Remolino hoy el Peñol y a los españoles, los congregó
para fundar a Marinilla por entonces en el alto de Belén donde estuvo la capilla (Mantilla,
1886).
La particularidad de la versión del padre Mantilla, es que usualmente la formación de
pueblos indígenas no era una competencia de un fraile sino de un funcionario designado por
el gobierno. La evidencia de ello, había sido el desempeño del visitador Francisco Herrera y
Campuzano a comienzos del siglo XVI. Esta vez varió el esquema, ya sea porque se
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En Antioquia al gran propietario de una hacienda o de un real de minas le interesó tener una capilla propia.
La quiso por estar su propiedad distante de la iglesia parroquial, por el honor distintivo de tenerla y por estar
dispuesto a realizar la inversión que conllevo respecto a la construcción, la aprobación por la autoridad
competente, el sostenimiento y el pago del eclesiástico. Sobre el tema, pero para el siglo XVIII consúltese la
obra de Francisco Silvestre, en la cual cuestiona a los eclesiásticos que la aprovechaban como recurso
económico (Silvestre: 1998, capítulo 10).
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hubiera dado atribuciones que no tenía o se las delegaran y alguna autoridad
gubernamental igual estuvo presente en San Antonio de los Remolinos. Otro aspecto
inquietante de la versión retomada del padre Mantilla, es atribuirle una gran capacidad
interventora. Según Mantilla, el fraile separó dos grupos en conflicto, cuando la realidad
consistió en que el último a través de las encomiendas, ejercía un gran dominio sobre la
población indígena. Ella era su fuente de trabajo y ahora, al establecerla en un resguardo
cambiaron las reglas de juego. Un fraile para logran tan acentuada delimitación, debió tener
una gran autoridad e influjo propio de un regidor, enviado por la Real Audiencia
santafereña hacía cincuenta años antes como fue el caso de Herrera y Campuzano.
Existe la referencia de una carta que tres años después a la llegada del fray Miguel envió
otro fraile al superior provincial de su orden desde Marinilla, llamado Fray Caro. Al
parecer, su misión fue informarle sobre la labor cumplida allí por el primero y ordenarle a
éste regresar al convento. Escribió el enviado: “(…) me he estado veinte días viendo toda
esta tierra y he hallado muchos vecinos españoles que ha agregado y cantidad de indios que
ha ido sacando de sus montes.” Denota esta referencia, que efectivamente fray Miguel
indujo a ambos sectores a reunirse cada uno distantes entre sí y en cada lugar propició que
se construyeran iglesias erigidas como referentes central de atracción. También la carta del
fraile expuso algo más: “las cuales doctrinas ha estado sirviendo el padre, por carta del
Reverendo padre Fray Pedro de Angecira y una real provisión despachada por su
paternidad por cuya causa no tiene hecho más fruto del que ha hecho, por haberle ordenado
por ella suspendiese y no pasase adelante.” Cuatro leguas de distancia existió entre los dos
poblados y la cita anterior indica que fray Miguel se dedicó a ser doctrinero del indígena y
una especie de cura párroco del de españoles, en cumplimiento del mandato de su superior
y de “una real provisión” que éste había logrado del gobierno. En esta labor estuvo tres
años entre 1664 y 67 y según lo escribió fray Caro, adquirió mucho aprecio entre sus
feligreses hasta el punto que enterados de la orden según la cual debía regresar a su
convento, el vecindario español se resintió notoriamente: “(…) les he prometido de parte de
vuestra paternidad les dar a todos consuelo, para lo cual se han obligado los vecinos
españoles a dar 92 pesos de oro fino cada año y tiene hecha escritura (…)”. También los
indios se afectaron: “(…) se obligaron a hacerle al padre Doctrinero que estuviere dos
rosas cada año (…) (Acevedo Moreno: 1967, 15)”.
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Al despertar la presencia del fraile, sentimientos de respeto y aceptación de ellos cuando
llegó el otro religioso, se conjugaron con el presentimiento de un vació espiritual por
quedar sin la asistencia de un sacerdote. No eran tiempos ni lugares donde abundaran y
tener uno propio era un privilegio. Existía un monje en un sitio próximo a Marinilla que se
llamaría un siglo después la ciudad de Santiago de Arma de Rionegro y con él fray Miguel
tuvo problemas, debido a que éste asumió su presencia como un despojo de jurisdicción
religiosa. El conflicto fue propio de una división acostumbrada del territorio y la feligresía
eclesiástica e igual algo debió influir estar situados el sitio de Marinilla y el pueblo
indígena de San Antonio del Remolino, en la jurisdicción de la ciudad de Los Remedios en
una zona fronteriza con la ciudad de Antioquia y la ciudad de Arma.
El traslado de Marinilla y su constitución en Parroquia
Más o menos 30 años después de la presencia franciscana, otro hecho determinante. En
1690, Sabina Muñoz de Bonilla esposa del encomendero de la ciudad de Arma Francisco
Manzueto Giraldo, donó un fragmento de los terrenos que había recibido en herencia de sus
padres, don Diego Muñoz de Bonilla y doña Ana María de Alarcón, para trasladar el
caserío (Arbeláez, 20 02).3 Con ocasión a este acontecimiento, la historiografía tradicional
resalta su significado hasta el punto de asignar a la donación la fundación de Marinilla y a
la señora y su esposo, ser los personajes determinantes. Más allá del hecho, no se conoce un
documento que permita apreciar el o los motivos para la donación. Lo que sí se deduce es
una especie de sentido cívico dirigido a fomentar el progreso de Marinilla. Conceder un
fragmento de la tierra de una gran propiedad que muy posiblemente era la de los esposos
Girando y Muñoz, no les implicaría una gran pérdida y sí un factible beneficio al tener el
poblado inmediato a ella. De todas formas, se realizó el traslado al nuevo lugar, siendo el
precedente un paraje conocido hoy día con el nombre de Belén, cercano la quebrada
Cimarronas poco antes de desembocar al rio Rionegro. La ubicación definitiva quedó en los
márgenes del rio Marinilla entre las quebradas Occidente y Oriente. No hay una fecha del
traslado ni un testimonio de la adjudicación de la tierra para los solares, la demarcación de
la plaza, los nombres de los participantes, sus cifras, etc. Los gestores de esta acción se
afirma fueron Juan Duque de Estrada y Francisco Manzueto Giraldo y por tanto los
3
El terreno comprendía, entre dos aguaitas, por el sur la margen norte de la quebrada la Marinilla, por el norte
el alto del Calvario; por el occidente la quebradita de occidente y por el oriente la quebradita de oriente.
Medía cuatro cuadras de longitud por cuatro de anchura y forma lo que hoy es el centro histórico. (Urrea,
1984).
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creadores del nuevo pueblo, siendo Duque de Estrada uno de los primeros alcaldes
pedáneos y el segundo, el esposo de Sabina Muñoz de Bonilla. Es de suponerse que ambos
gozaran de una gran acogida entre los pobladores, de otra manera no se comprende que
admitieran irse a un nuevo lugar que les implicaba construir de nuevo sus viviendas y
trasladar sus actividades y bienes domésticos. Igual que los gestores del traslado, a todos
los demás, (que no se sabe cuántos) el cambio de lugar, finalmente lo consideraron
beneficioso.
El 10 de julio de 1722, el Gobernador de Antioquia ante la apremiante situación de pobreza
de la provincia, envió al Virrey la propuesta de anexar a Marinilla y la ciudad de Arma a
ella. Ya fuese por no ser conveniente un cambio espacial tan grande o por otras razones
desconocidas, pasaron siete años y de nuevo llegó la solicitud en 1729 al Virrey de la
Nueva Granada, con la inclusión de estas angustiosas palabras: “Hágalo Vuestra Majestad
así para bien de esta provincia, ya en los últimos términos de aniquilarse”. A pesar de tanto
lamento, solo el primero de junio de 1756 el Virrey Solís, decretó, de acuerdo con el
entonces gobernador Manuel del Castillo, que "La ciudad de Arma y su jurisdicción
perteneciente al gobierno de Popayán y la Marinilla y su distrito perteneciente al distrito de
Mariquita estén sujetos, y sus moradores, al dicho gobernador de Antioquia” (Llano, 2018).
Tanto para Marinilla como para el sito de Arma de Rionegro, la incorporación de un
espacio inmenso despoblado posibilitó el inicio a un proceso expansivo poblacional con
ambos lugares como sus epicentros, pero con una acentuada diferencia en sus dinámicas.
Cinco años antes a la anexión territorial, el 5 de diciembre de 1750, el Obispo de Popayán
don Francisco José de Figueredo y Victoria, autorizó al Visitador General, Dr. Melchor
Gutiérrez de Lara para segregar a la viceparroquia de Marinilla del curato de Rionegro, lo
que se concretó con el decreto de 18 de febrero de 1751 (Ramírez, 1961). Al nacer la nueva
Parroquia de San José de la Marinilla, su jurisdicción comprendió desde la margen derecha
del rio Rionegro a la margen izquierda del Río de la Magdalena. De tan basto espacios, al
surgir nuevo lugares, se desmembraron las parroquias de Concepción, El Peñol, San Carlos,
El Carmen, Vaos o Granada, Guatapé y Cocorná. Siete parroquias en total procedentes de
la de San José de la Marinilla que quedó reducida al terreno comprendido dentro de los
siguientes accidentes naturales:
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“ del desemboque de la quebrada llamada El Águila en el Rionegro, ésta arriba hasta
donde se divide en dos, siguiendo la vena mayor hasta sus nacimientos; de aquí
atravesando la cuchilla a buscar los nacimientos de una agüita pequeña; de aquí a caer
a la quebrada la Puerta, por esta abajo hasta la desembocadura hasta la quebrada o río
La Cimarronas; ésta arriba hasta donde entra la quebrada Rivera; por esta arriba hasta
sus nacimientos; de aquí hasta el morro de Velásquez; de aquí a buscar los nacimientos
de la quebrada de Aldana, ésta aguas abajo hasta la quebrada Pavas; esta aguas arriba
hasta sus nacimientos: de aquí en línea recta hasta la sierra de Bodeguitas y por toda la
cumbre hasta en frente de la quebrada Montañita, esta aguas abajo hasta el alto de las
Cuevas, de este punto girando sobre la izquierda hasta la cordillera de las Cuevas
encerrando todas las vertientes de dicha Montañita, por esta cordillera hasta la cumbre,
y de aquí por línea recta hasta el nacimiento de la quebrada de Pozo, ésta abajo hasta
su confluencia con Rionegro, ésta aguas arriba hasta donde se desemboca la quebrada
el Águila, primer lindero”. (Ramírez M. , 1961).
Ser una parroquia significó un paso esencial de consolidación religiosa y administrativa de
Marinilla y también en su presencia externa ante la Iglesia y el gobierno de la provincial.
Aún era un partido como el sitio de Rionegro y los dos se dividían el basto espacio del
Oriente Antioqueño. Como epicentro eclesiástico de su jurisdicción en el año 1770, tenía
muchas menos viceparroquias a cargo, por ser su jurisdicción menos habitada y esto en
parte debido a una geografía más hostil a su ocupación. Eran en total cinco.4
Un “Sitio” se convierte en “Villa”
El 12 de noviembre de 1774 se inició el proceso para la consecución del título de Villa, un
trámite dispendioso y complejo al pasar por muchas instancias aprobatorias hasta llegar a
España. No se logró en ese entonces a pesar que para sus gestores lo justificó el que su
poblado tuviera el honor de ser una Villa; la razón principal era la falta de autonomía que
privaba a los marinillos de tener jueces propios, por lo que los litigios civiles y penales
debían ser resueltos por los jueces de la ciudad de Antioquia de la cual era provincia. Esto
implicaba, que los pobladores del sitio tuvieran que recorrer el largo y tortuoso camino
hacia Santa Fe de Antioquia. (Arbeláez, 2002 ). Después de 10 años de espera, el rey de
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La parroquia contaba con las siguientes: el cura párroco tenía una en su “hacienda de campo” de “Las
simarronas”, a dos leguas del casco urbano y desde hacía siete años. Su hermano en su hacienda de campo a
seis leguas desde hacía cinco años. Los nombre de estos eclesiásticos-hacendados son, el doctor don Fabián
Sebastián Jiménez y Fajardo y el padre don José Jiménez Fajardo. Otro hacendado-sacerdote dispuso de la
suya a seis leguas de la iglesia parroquial en Guatape a seis leguas de distancia y se llamó el doctor don
Francisco Xavier Echeverri. Otro eclesiástico más, el padre don Pedro de Orozco fue el dueño de una a sólo
un cuarto de legua del centro urbano. Luego, el hacendado fue el capitán don Antonio Gómez de Castro con
su capilla del Santuario a casi un día de camino (Escobar, Escobar, 1960).
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España Don Carlos III el 19 de diciembre de 1787, concede el título en virtud de una real
cédula denominando a Marinilla, Villa de San José de la Marinilla.
El título implicó admitir la existencia de un Cabildo formado por un Alcalde Ordinario,
cuatro regidores, un Alguacil, un Mayordomo de Propios, un Escribano Público y de
Cabildo. Por esto, el 4 de marzo de 1790 un Teniente de Gobernador posesionó a un grupo
de personajes que compraron los cargos de los regidores según fueron rematados en
diversos valores. La Alcaldía Ordinaria se le concedió a don Ignacio de Hoyos, el puesto de
Regidor Decano para don Javier Gómez, los regidores sencillos para don Juan Fernando
Duque, don Pablo Ramírez y don José Esteban de Hoyos, finalmente don José Zuluaga fue
el Alguacil Mayor (Arbeláez, 2002 )
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Imagén 1. Primera página de la Real Cedula que la confiere a Marinilla el título de Villa .
Posteriormente, por Real Cédula expedida en Aranjuez, el 2 de marzo de 1794, el Rey
Carlos VI para resaltar el reconocimiento de la Villa, le adjudicó un escudo de armas, que
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probablemente demandó largas gestiones. El documento lo describió don Pascual Antonio
de la Rúa Ruiz de Noveno, cronista del Rey de la siguiente manera:
“Ceñida al todo de su empresa o emblema a dos brazos de encarnación, que sobre
campo azul, símbolo este color de perseverancia, recompensa y lealtad, se hallan
unidos y vestidos a la Española Antigua y original traje indio… pendiente de la mano
Española el arpón y la saeta, y de la india el mosquete o fusil, poblado este escudo de
oro y demostraciones de su actual y futura propiedad, y de letras negras este lema: “Pro
religiono et rege, munera antioquitatis novis, comunia” en Español “Por la religión y el
rey los dones de los antiguos nos son comunes ”..dando a entender la orla y su lema
que el vecindario de la Villa de Marinilla, como compuesto de vecinos españoles e
indios , pactaban y consolidaban con sus armas sus antiguos vínculos y establecen de
nuevo , haciendo comunes sus vidas e intereses en defensa de su Religión y el
Monarca” (Archivo Histórico de Marinilla, sin referencia).
A continuación la imagen del escudo en donde se hace visible la intensión simbólica de
ubicar en un pedestal la presunta armonía entre el indígena y el español, cuyas armas
propias se unen y su fuerza unificada las hace más poderosas. El cronista del Rey por su
parte deduce que así aconteció el encuentro de ambas culturas y luego su coexistencia.
Imagén 2. Escudo
Antecedentes del título de ciudad
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El recorrido histórico de la manera como Marinilla transitó por diferentes
reconocimientos como poblado, concluye con la adquisición del título de ciudad,
acontecimiento sucedido en la época de la Primera República antioqueña. Este honor se le
adjudicó entre otras razones, por su desempeño como pueblo merecedor de un
reconocimiento a la contribución tenida en ese proyecto político desde su mismo comienzo.
En efecto, el 11 de agosto de 1813, reunidos los delegados de Antioquia al mando del
Presidente Dictador Juan del corral en la Casa Consistorial de Santa Fe de Antioquia,
redactaron el Acta de Proclamación de la Independencia de Antioquia y Marinilla estuvo
representada en la junta que declaró la independencia por el insigne marinillo, Don Juan
Nicolás de Hoyos, quien ejercía el cargo de Vicepresidente del Estado de Antioquia y el Dr.
Presbítero Jorge Ramón de Posada, cura párroco de Marinilla.
El 14 de agosto de dicho año, el representante en la redacción del acta de proclamación de
independencia, Juan Nicolás de Hoyos, tomó juramento de fidelidad a la causa de la
independencia, en la plaza principal de Marinilla a sus funcionarios y sacerdotes. El coronel
Gutiérrez Caviedes habló al pueblo desde los balcones de la casa cural pidiendo reforzar la
compañía de Marinilla que se desplazaría con el general Nariño. Como respuesta a este
pedido, el Dr. Jorge Ramón de Posada entregó el curato al Pbro. Ramón Gómez y se fue de
pueblo en pueblo a levantar el entusiasmo de los habitantes por la independencia y a
recoger dinero para sostener a los soldados. De esta manera el Dr. Posada organizó el
contingente de 125 jóvenes de lo más selecto de la sociedad Marinilla, para marchar al sur a
combatir a Sámano. (Ramírez U. , 1984)
En síntesis, la Villa de San José de la Marinilla, junto a la Villa de Nuestra Señora de la
Candelaria de Medellín, se hicieron ciudades para equilibrar su importancia política y
motivar a sus vecindarios. La nivelación fue relativa a las ciudades de Antioquia y
Rionegro y el estímulo cumplió su propósito, el pueblo marinillo estuvo acorde al
momento histórico que exigió la incondicional adhesión a una nueva República en peligro
(Echeverri, 2010).
Consideraciones finales
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En los párrafos escritos, bien queda sintetizado el prolongado proceso según el cual
Marinilla evolucionó por distintas etapas hasta alcanzar ser una ciudad. Se extendió desde
la segunda mitad del siglo XVI a principios del XIX. No fue un curso ajeno a la evolución
contextual de la región y en particular del Oriente Antioqueño y en general a la misma
provincia. En sus logros sobresale el papel desempeñado por diferentes personajes que
lideraron las situaciones y tras de sí, estuvieron el conjunto de los habitantes que
persistieron en continuar su existencia allí.
Hoy Marinilla se perfila actualmente como una ciudad cosmopolita, con más de 60.000
habitantes. Una buena parte de ellos son personas venidas de otros lugares sin raíces en
ella, unos la han valorado en su existencia otros son indiferentes a los retos que afronta
en este presente. Las viejas casonas están siendo demolidas para dar lugar a la construcción
de bloques de apartamentos de cinco y más pisos. La rueda del progreso y del cambio está
rodando y es imposible detenerla.
BIBLIOGRAFÍA
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