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Salud y mujeres en "Los Balcones de Julieta"

Los Balcones de Julieta es una obra que explora las historias de mujeres a través de personajes de Shakespeare, como Ofelia, Beatriz y Desdémona, quienes enfrentan el amor, la traición y la lucha por su libertad. Ofelia se convierte en una ninfa tras ser rechazada por Hamlet, mientras que Beatriz desafía las normas de género y Desdémona sufre por los celos de Otelo. La narrativa destaca la complejidad de las emociones femeninas y la lucha contra las adversidades impuestas por los hombres.

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Salud y mujeres en "Los Balcones de Julieta"

Los Balcones de Julieta es una obra que explora las historias de mujeres a través de personajes de Shakespeare, como Ofelia, Beatriz y Desdémona, quienes enfrentan el amor, la traición y la lucha por su libertad. Ofelia se convierte en una ninfa tras ser rechazada por Hamlet, mientras que Beatriz desafía las normas de género y Desdémona sufre por los celos de Otelo. La narrativa destaca la complejidad de las emociones femeninas y la lucha contra las adversidades impuestas por los hombres.

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LOS BALCONES DE JULIETA

de Chema Cardeña

(Sobre textos de William Shakespeare)

OBERTURA

1
Bruja I ¿Cuándo volveremos a encontrarnos las tres con el
rayos, el trueno y la lluvia, otra vez?

Bruja II Cuando acabe el estruendo, cuando la batalla esté


perdida o ganada.

Bruja III Antes de ponerse el sol

Brujas Lo bello es feo y feo lo que es bello. La niebla y el


aire impuro atravesemos.

Narrador Y las brujas atravesaron el aire, el sueño y el


tiempo
Vinieron trayendo el aire y el alma de todas
las mujeres del pasado; los celos, la ira, el
amor y la muerte. Trajeron todas sus voces y
sus historias.
Historias de mujeres frente a hombres.

I LA NINFA

Narrador De cómo Ofelia se convirtió en Ninfa. Ofelia


amaba a un príncipe. Un príncipe de cuento,
bello, rubio, culto…Él le mandó regalos, y
flores, incluso dulces poemas de amor. Pero
un día, el príncipe dejó de amarla. Estaba,
muy ocupado con su ser o no ser. Con su
propio dilema y su ambigua realidad. Negó
haberla querido nunca, haberle entregado
nada y tras maltratarla y humillarla la mandó
a un convento: “Mira, vete a un convento, ¿por
qué habías de ser madre de pecadores? Vete a un

2
convento. Vete a un convento. Al convento y pronto.
Adiós”- Y Ofelia herida de amor mortal sólo
dijo:

Ofelia ¡Oh! ¡Qué noble inteligencia trastornada La


penetración, del cortesano, la lengua del
sabio, la espada del guerrero, la esperanza de
este hermoso país, el espejo de la moda, el
molde de la elegancia, el blanco de todas las
miradas:¡perdido, totalmente perdido ¡Y yo la
más desventurada e infeliz de las mujeres,
que gusté la miel de sus dulces promesas
tener que contemplar aquel noble y soberano
entendimiento como armoniosas campanas
hendidas, en discordia y estridor, y aquellas
incomparables formas y facciones de florida
juventud, marchitas por el delirio. ¡Oh,
desdichada de mí! Haber visto lo que vi, y ver
ahora lo que veo.

Narrador Y Hamlet dejó de amarla, o eso creyó ella. Y su


hermano, se fue a la guerra, y su padre se fue
para no volver y Ofelia, la dulce Ofelia…perdió
el juicio:

Ofelia ¿Dónde está la hermosa majestad de Dinamarca?

Gertrud: ¿Qué tal Ofelia?

Ofelia: (Cantando) ¿Cómo te conocería dueño de mi corazón?


- Por el sombrero de conchas, las sandalias y el bordón.

Gertrud: Ay, querida amiga. ¿A qué viene ese cántico?

Ofelia: ¿Qué decís? No, permitidme un momento, atended.


(Cantando) Ya está muerto señora, nos ha dejado,
Verde alfombra de césped lo ha sepultado y a sus pies
Una losa de mármol blanco.

Gertrud: Sí, pero Ofelia…

Ofelia: Os lo ruego, atended.


(Cantando) Es tan blanca su mortaja
Como la nieve del monte.

Gertrud: ¡Oh, desdicha! Mirad aquí, señor.

3
Claudio: ¿Cómo estáis, linda doncella?

Ofelia: Bien, Dios os lo pague…Cuentan que la lechuza era hija de


un
Panadero. Señor, sabemos lo que somos, pero no sabemos
lo
Que podemos ser. Dios bendiga vuestra mesa.

Claudio: Desvaríos acerca de su padre.

Ofelia: Por, favor, ni una palabra de eso, pero si os preguntan lo


que
Significa, decid lo siguiente. (Cantando)

Mañana es el día de San Valentín,


Al toque del alba, vendré por aquí.

Gertrud: Hermosa Ofelia…


Ofelia: Mirad, de veras, sin grosería alguna, voy a terminar
estacanción.
(Cantando)
¡Por Jesús y la Santa Caridad!
Desdichada de mí. ¡Ay, qué vergüenza!
- Hacen todos los jóvenes lo mismo
Cuando este propio caso se les brinda.
- Pues juro a Dios que es una acción villana
- contestó la doncella- porque antes
De tenderme en el lecho, prometiste
Unirte en sacrosanto matrimonio.
Y repuso él:
-Y tal hiciera por la luz del sol,
Si no te anticiparas a mi tálamo.

Gertrud: ¿Desde cuándo está así?

Ofelia: Espero todo irá bien, hemos de tener paciencia pero no


puedo menos de llorar pensando que lo pondrán allí en la fría
tierra. Mi hermano lo sabrá y así os agradezco vuestro consejo. A ver,
mi coche, buenas noches mis amables señores! ¡Mi coche!

Narrador: Y su locura fue a más, y su mente y su alma se


quedaron lejos, de un lugar del que era imposible volver

(Cantando) “Cantad abajo, abajito, y llamadle, que


está abajo”…He aquí romero que es para la memoria;
acuérdate, amor mío, te lo ruego; y aquí trinitarias, que
son para los pensamientos. Aquí os traigo Hinojo y
aguileñas. Aquí, ruda para vos, y también algo de ella

4
para mí; nosotros podemos llamarla hierba de gracia de
los domingos. ¡Ah! Más vos habéis de llevar vuestra ruda
de un modo distinto. Ahí va una margarita. Bien quisiera
ofreceros algunas violetas; pero se marchitaron todas
cuando murió mi padre. Dicen que tuvo un buen fin. ¡Dios
se apiade de su alma! ¡ Y de todas las almas cristianas!
Así lo pido a Dios. Sea Él con vosotros. Amén.

Narrador Y Ofelia salió corriendo al bosque, con sus flores en


las manos. Cantando bellas canciones, mirando
todas las cosas con los ojos chorreando luz y agua…
y la reina, la madre del aquel príncipe amado, otra
mujer hechizada:

Gertrud Hamlet, has partido en dos mi corazón

Narrador La reina Gertrud trajo las nuevas:

Gertrud Inclinado a orillas de un arroyo, elevase un sauce, que


refleja su plateado follaje en las ondas cristalinas. Allí se
dirigió, adornada con caprichosas guirnaldas de
ranúnculos, ortigas, velloritas y esas largas flores
purpúreas a las cuales nuestros licenciosos pastores dan
un nombre grosero, pero que nuestras castas doncellas
llaman dedos de difunto. Allí trepaba por el pendiente
ramaje para colgar su corona silvestre, cuando una
pérfida rama se desgajó, y, junto con sus agrestes trofeos,
vino a caer en el gimiente arroyo. A su alrededor se
extendieron sus ropas, y, como una Náyade, la
sostuvieron a flote durante un breve rato. Mientras,
cantaba estrofas de antiguas tonadas, como inconsciente
de su propia desgracia. Más no podía esto prolongarse
mucho, y los vestidos cargados con el peso de su bebida,
arrastraron pronto a la infeliz a una muerte cenagosa, en
medio de sus dulces cantos. Ahogada, ahogada, ahogada:

Narrador Y así fue como Ofelia se convirtió en Ninfa.

5
II LA TORMENTA

Narrador Beatriz. Beatriz no tiene dueño. Beatriz quiere ser


libre. Beatriz no quiere caer en los lazos de un amor
que la someta y le haga perder su libertad:

Beatriz ¡Señor! yo no podría sufrir a un marido con toda la barba,


preferiría acostarme con un montón de lana. No, no me
veréis provista de un esposo. No será en tanto Dios no
haga a los hombres de otra sustancia distinta a la tierra.
¿No es desesperante para una mujer el verse dominada
por un puñado de polvo valiente y tener que rendir
cuentas de su vida a un terrón de cieno petulante? No, no
quiero a ninguno. Los hijos de Adán son mis hermanos; y
francamente, tendría por pecado buscar un esposo en mi
familia.

Narrador Y esos hombres a los que tanto detesta,


deciden calumniar a su querida prima e
impedir su matrimonio. Beatriz estalla, se
siente impotente. Necesita ayuda para atajar
esa afrenta. Sólo Benedicto parece escucharla
y tenerle en cuenta:

6
Tengo la convicción, amada Beatriz de que
vuestra prima ha sido gravemente
calumniada:

Beatriz ¡Cuán acreedor se haría a mi gratitud el hombre que


la rehabilitase!

Narrador ¿En verdad es Claudio tu enemigo?

Beatriz ¿No está probado que es el más vil de los


miserables por haber calumniado, despreciado y
deshonrado a mi prima? ¡Oh, si yo fuera hombre!
¡Cómo! Engañarla hasta el punto de darse las
manos ante el altar, y acto seguido, con acusación
pública, con desembozada calumnia, con rencor
despiadado... ¡Dios mío! ¡Si yo fuera hombre! ¡Me
comería su corazón en medio de la plaza!

Benedicto ¡Óyeme, Beatriz!...

Beatriz. ¡Que habló en su ventana con un hombre! ¡Lindo


cuento!

Benedicto Pero ¡Beatriz!...

Beatriz Amada Hero! ¡Difamada! ¡Calumniada! ¡Perdida!

Benedicto Bea…!.

Beatriz. Príncipes y condes! ¡Verdaderamente, el testimonio


es principesco! ¡Valiente conde en confitura!
¡Famoso galán, a fe! ¡Oh, si yo fuera hombre para
defenderla, o tuviera sólo un amigo que fuera
hombre para vengarla por mi amor! Pero la hombría
se ha convertido en ceremonia, el valor en
cumplidos, y los hombres no tienen más que lengua,
y lengua meliflua a mayor abundamiento. Hoy se es
tan valiente como Hércules con sólo decir una
mentira y sostenerla con juramentos. ¡No puedo ser
hombre, a pesar de mi deseo, y por lo tanto, moriré
de pena como una mujer!

Benedicto ¡Basta! Me comprometo a desafiarle! Id a


consolar a vuestra prima. He de decir que
Claudio ha muerto.
- Y Benedicto desenmascaró a los
calumniadores y Beatriz se vio obligada a
él. Pero Benedicto era como ella,
temperamental, petulante y desafiante
¿De manera que no me amáis?

7
Beatriz No, en verdad; solamente como respuesta amistosa.

Benedicto Vamos, te tendré, pero por esta luz, que te


tomo por lástima.

Beatriz No he de rechazaros; por este día radiante, que es


por ceder a la gran influencia persuasiva, y en parte
por salvaros la existencia, pues me han dicho que os
estabais consumiendo.

Benedicto Voy a cerraros la boca (La besa)

Y Beatriz cedió ante el único hombre que


podía batirse a su altura. Aún dicen en
Messina que cuando hay tormenta, son las
voces de Beatriz y Benedicto, discutiendo sus
cuitas amorosas.

III EL MANANTIAL

Narrador Hubo una dulce mujer llamada Desdémona


que se enamoró de un hombre hosco y
extranjero “un moro” decía la buena sociedad
de Venecia, “un moro de tez oscura” Pero

8
Desdémona no escuchaba sus voces y
expresó:

Desdémona Amo al moro lo suficiente para pasar con él mi vida;


el estrépito franco de mi conducta y la tempestad
afrontada de mi suerte lo proclaman a son de
trompeta en el mundo. Mi corazón está sometido a
las condiciones mismas de la profesión militar de mi
esposo. En su alma es donde he visto el semblante
de Otelo, y consagra mi vida y mi destino a su honor
y a sus valientes cualidades. Mi amor le está tan
enteramente sometido que hasta su mal humor, sus
reprensiones y ceño tienen gracia y fineza.

Narrador Desdémona amaba a Otello. Y Otello amaba


a
Desdémona . Era un amor vendaval,
animal, salvaje, indestructible, imperecedero.
Y ese amor, como todos los grandes amores,
provocó la envidia del mismo diablo. Iago. Y
Iago, urdió una trama para crear los celos de
Otello, calumniando a Desdémona. Acusándola
de haberle engañando con el joven Cassio:
“Ojalá nunca hubieras venido al mundo” –
Llegó a decir el moro y olvidó el amor de
Desdémona y creyó las falsas palabras de
Iago. Desdémona, desconcertada, buscó
refugio en ella, en Emilia. La esposa de Iago,
la mujer que sabía lo que un hombre es en
verdad.

Emilia He puesto en el lecho las sábanas que me


ordenasteis
Colocar.

Desdémona Me da igual todo.. ¡Por mi fe! ¡Qué locas son


nuestras mentes. Si muero antes que tú, te suplico
que me envuelvas en una de estas mismas sábanas.

Emilia Vamos, vamos. No digáis tonterías.


Me quedare a haceros compañía un rato

(Desdémona Canta)

Emilia ¿Qué es eso?

Desdémona Es una vieja canción. Mi madre tenía una doncella


de nombre Bárbara. Se había enamorado, y
encontrose con que el galán a quien amaba se

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volvió loco y la abandonó. Era una triste canción.
Pero expresaba muy bien su destino y murió
cantándola. ¡Esta noche no quiere írseme del alma
esa canción! Me da mucha pena no poder inclinar la
cabeza a un lado y cantarla como la pobre Bárbara.
Me escuecen los ojos. Dicen que es presagio de
lágrimas.

Emilia Eso no tiene nada que ver

Desdémona Lo había oído decir. Hombres, hombres, estos


hombres. ¿Crees tú en conciencia, dímelo Emilia,
que hay mujeres que ofendan a sus maridos con tan
grueso ultraje?

Emilia Ya lo creo que las hay. Pero yo creo que cuando las
mujeres caen, la falta es de sus maridos, pues o no
cumplen con sus deberes y vierten nuestros tesoros
en regazos extraños, o estallan en celos mezquinos,
imponiéndonos sujeciones; o nos pegan y reducen
por despecho nuestro presupuesto acostumbrado.
¡Pardiez, tenemos hiel y aunque poseamos cierta
piedad, no carecemos de espíritu de venganza.
Sepan los maridos que sus mujeres gozan de
sentidos como ellos; ven, huelen, tienen paladares
capaces de distinguir lo que es dulce de lo que es
amargo, como sus esposos. ¿Qué es lo que procuran
cuando o nos cambian por otras? ¿Es placer? Yo
creo que sí. ¿Es el afecto lo que les impulsa? Creo
que sí también. ¿Es la fragilidad, que así desbarata?
Creo también que es esto. ¿Y es que no tenemos
nosotras afectos, deseos de placer y fragilidad como
tienen los hombres? Entonces que nos traten bien, o
sepan que el mal que hacemos son ellos quienes no
lo enseñan.

Desdémona Buenas noches. Que el cielo me permita no extraer


mal del mal, sino mejorarme por el mal.

Emilia Buenas noches, señora

Narrador Otello no atendió a razones. No creyó la


palabra de Desdémona

Desdémona No os he ofendido jamás en mi vida, nunca he


amado a Cassio sino con esa estimación corriente
que autoriza el Cielo. Nunca le di presente alguno.

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Narrador Otello está sordo y ciego. Su honor de hombre
necio
le desbordó:

Desdémona ¡Matadme mañana!..Dejadme vivir esta noche.

Narrador ¡No, si resistís…!

Desdémona ¡Media hora tan solo!

Narrador Si se hace no habrá vacilación.

Desdémona ¡Solo el tiempo de rezar una plegaria!

Narrador Es demasiado tarde…(La ahoga)

Desdémona ¡Dios…Dios…Dios!

Narrador Y Desdémona murió. Y Emilia, la pobre Emilia


trató de defender, aunque tarde a su señora

Emilia ¡Moro estúpido! ¿Ella desleal con Cassio? ¿Con


Cassio?
Es una mentira odiosa. ¡Oh imbécil asesino!

Narrador Pero, Iago, el pérfido Iago no estaba dispuesto


a que su esposa revelara la verdad y exclamó-
Mientes basura

Emilia ¡Por el Cielo no miento! ¡No miento!

Narrador ¡Infame puta! – gritó Iago y Emilia cayó a los


pies de su señora. La isla de Chipre tembló y
ambas mujeres fueron sepultadas cerca de
unas rocas, una al lado de la otra. Las dos
víctimas de sus maridos. De cada túmulo de
piedra brotó una corriente de agua que creció
convirtiéndose en cascadas. Ambas confluían
en el mar. A estas dos cascadas se las llamó
“Desdémona y Emilia” y aún alimentan un
manantial. Dicen que es la sangre inocente de
ambas que no cesa de correr.

11
IV LA TÓRTOLA

Narrador De cómo Julieta se transformó en tórtola Una


niña suspira en el balcón. Suspira por amor.
Por el primer amor. Ese que será único,
definitivo y verdadero. Ese amor que no
cambiaríamos por nada en el mundo. El amor
que sólo vivimos con la misma intensidad,
una vez y nada más.

Julieta ¡Oh, Romeo, Romeo! ¿Por qué eres Romeo?


Renuncia a tu padre, abjura tu nombre; o, si no
quieres, jura solamente amarme y dejaré de ser una
Capuleto. Sólo tu nombre es mi enemigo. Tú eres tú
mismo seas o no un Montesco ¿Qué es Montesco?
No es mano, Ni es brazo, ni pie, ni rostro, ni parte
alguna que pertenezca a un hombre ¡Oh! ¡Sé otro
nombre cualquiera!-

Narrador Julieta, está enamorada. Julieta ama pero


quieren casarla con otro. Y entonces, entonces
aparece ella. La nodriza que vela sus sueños
de amor y de miedo. La que meció su cuna. La
que también velará su muerte.

Capuleto Nodriza, ya sabes que mi hija está en edad de


casarse

Nodriza- ¡Por mi fe! Puedo decir su edad sin equivocarme


una hora. Apostaría catorce de mis dientes (aunque
con sentimiento digo, no tengo sino cuatro) a que
en efecto no ha cumplido los catorce. ¿Cuánto falta
para la fiesta del Pan?

Capuleto Poco más de dos semanas

Nodriza Pues, pares o nones, de todos los días del año, la


víspera de la fiesta por la noche, cumplirá los
catorce.
Susana y ella (¡Dios ampare las almas de todos los
cristianos!) tenían una misma edad. Bien, Susana
está con Dios.; era demasiado buena para mí…

12
Pero, como digo, la víspera de la Fiesta, por la
noche, cumplirá los catorce. A fe que sí. Lo recuerdo
bien.
Del terremoto hace ahora once años, y entonces fue
destetada…Nunca lo olvidaré…De todos los días del
año, fue justamente aquel. Porque yo me había
untado antes los pezones con ajenjo, y me hallaba
sentada al sol, bajo la pared del palomar. Mi señor y
vos estabais A la sazón en Mantua. ¡Qué si tengo yo
una cabeza!…Pues, como decía, cuando probó el
ajenjo del pezón de mi pecho y lo encontró amargo,
¡preciosa tontuela!, era de ver su enojo y cómo se
enfadó con él. A todo esto comenzó a crujir el
palomar. No fue preciso, os aseguro, rogarme que
me pusiera en salvo. Y de desde aquel tiempo hace
once años, porque entonces podía tenerse solita en
pie, ¡qué digo!, por mi palabra, podía ya correr y
tropezar por todas partes, pues precisamente el día
anterior se hirió en la frente. Y entonces mi marido
(¡que en gloria esté!), que era un hombre muy jovial
levantó a la chiquilla y le dijo “Vaya, ¿te caes de
bruces? Cuando tengas más juicio, te caerás de
espaldas. ¿No es verdad, Julia? Y, por Nuestra
Señora, la linda picaruela dejó de llorar
inmediatamente y exclamó “Sí” ¡A ver ahora si una
broma va a llegar a veras! Mil años que yo viviese,
os aseguro que no lo olvidaría. “¿No es verdad
Julia?”,dijo él; y la linda chicuela se reprimió, y dijo
“Sí”

Capuleto.- Basta de eso. Por favor, cállate.

Nodriza.- Sí, señora; pero no puedo menos que reírme al


pensar que cesó de llorar, y dijo: “Sí”, y es que, Os
lo garantizo, tenía un chichón en la frente tan
grueso como un huevo de gallipollo; un golpe
formidable; y ella lloraba desoladamente. “Vaya-dijo
mi marido- ¿te caes de bruces?: Cuando seas mayor
te caerás de espaldas. ¿No es verdad, Julia?” Y ella
se reprimió, y dijo “Sí”

Julieta.- Y reprímete tú también, por favor, nodriza, te digo

Nodriza.- Silencio; he dado fin. ¡Que Dios te fortalezca con


su gracia! Eres la criatura más bonita que yo he
criado

Narrador Pero Julieta amaba a Romeo y estaba dispuesta a


todo por él. Desesperada acudió al buen fraile. El
buen fraile le dio una pócima. “Toma este pomo y

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bebe hasta la última gota. Tu vida parecerá
acabada y en tal apariencia permanecerás
cuarenta y ocho horas. En la mañana de tu
boda, te hallarán muerta. Romeo y yo
velaremos tu despertar y él te llevará a
Mantua.”

Julieta !... ¿Y si, depositada ya en la tumba, despierto antes


que llegue Romeo a liberarme? ¡Terrible caso!
¿No me asfixiaré, entonces, en aquel antro
inmundo, por cuya espantable boca, el aire puro no
penetra jamás, y moriré ahogada antes de ver a mi
Romeo?... ¿Y si vivo? ¿Qué será de mi? Las sombras,
la noche, la idea de la muerte me aterrorizan bajo
aquellas bóvedas de un panteón en donde desde
hace siglos se amontonan los huesos de mis
antepasados; Romeo, he aquí el licor, lo bebo a tu
salud.

Narrador Pero Romeo no supo de aquella treta y


creyéndola muerta se quitó la vida. Julieta
despertó y al ver a Romeo muerto a sus pies
dijo:

Julieta ¡Oh ingrato ¡ Todo lo apuraste al fin. Beberé de tus


labios. Quizá quede un resto de ponzoña para
hacerme morir. ¿Qué? ¡Rumor! Seamos breves. ¡Oh
daga bienhechora! ¡Esta es tu vaina!

Narrador Y con el valor que sólo da el amor, murió


Julieta junto a su Romeo. Con su último
aliento, una tórtola blanca cayó en su pecho,
como si hubiese tomado su alma y después
emprendió el vuelo. Cada vez que se posa en
un balcón anuncia que allí vive alguien
enamorado.

14
V EL SAUCE

Narrador Pisó la tierra de Egipto una mujer que fue todas las
mujeres del mundo. Las que existieron y las que no.
Fue fábula y realidad. Historia y leyenda. Vida y
muerte. Ira y amor. Se llamaba Cleopatra. Usó a los
hombres para defender su reino. Rindió al mismo
Julio César y se enamoró del hombre de entre todos
los hombres; Antonio. Pero un día él se marchó. Ella
aguardaba noticias y las noticias llegaron
acompañadas de muy feos sones.

Cleopatra ¿Se ha casado Antonio? ¿Está casado? ¿Estás seguro


de ello? Parte de aquí. Las mercancías que me has
traído de Roma son demasiado caras para mi. ¡Ojalá
se te queden en los brazos y te arruinen! Al elogiar
a Antonio he denigrado a César. Ya estoy pagada.
Me desmayo. ¡Irás, Carmiana!... ¡Bah! Poco importa.
¡Ordenad que me traigan los informes sobre la
estatura de ella, su edad, sus inclinaciones y que no
olvide el color de su cabellera. Traedme la respuesta
acto seguido. Tened compasión de mi.

Narrador Y Antonio volvió a ella, rendido, sumiso y


enamorado.
Y llegó la guerra que todo destruye, incluso el
amor.
Ambos, quisieron reinar en el mundo y ambos
perdieron. Antonio se quitó la vida:

15
Cleopatra ¡Resucita bajo mis besos! ¡Ojala mis labios tuvieran
ese poder! ¡Oh, el más noble de los nobles! ¡Mirad,
como la diadema del mundo se funde!

Narrador Cleopatra se quedó sola y no pudo soportar la


idea de ser humillada ante el nuevo César en
la arrogante y cruel Roma y entregó su vida a
la víbora del Nilo.

Cleopatra Dadme el vestido, colócame la corona; siento en mi


la sed de la inmortalidad. Ahora nunca más el zumo
de los racimos de Egipto mojará estos labios.
Acelera, acelera mi buena Iras; aprisa. Me parece
que oigo a Antonio que me llama. Le veo levantarse
para alabar mi noble acción; le oigo burlarse de la
dicha de César, dicha que los dioses conceden a los
mortales para servir de excusa a sus cóleras
ulteriores. Voy, esposo mío. ¡Ahora pruebo por mi
valor mis títulos a este nombre! No soy más que
aire y fuego; abandono a la vida más grosera mis
otros elementos. Qué… ¿habéis terminado? Ven
ahora y recibe el último calor de mis labios. ¡Adiós,
mi querida Carmiana!... ¡Largo adiós, Irás! (La besa.
Iras cae y muere.) ¿Tengo el áspid en mis labios?
¿Caes? Si tú y la Naturaleza podéis tan suavemente
separaros, el golpe de la muerte es como pellizco de
un amante, que hiere y se desea. ¿Estás aún
inmóvil? Si así te has desvanecido, declaras al
mundo que no vale la pena despedirte de él.
¡Soy cobarde!..Si encuentra la primera a Antonio el
de la cabellera rizada, le preguntará y le dará ese
beso, cuya posesión es para mí el cielo. (Coge el
áspid, que se aplica al seno) ¡Ven, mortal asesino;
corta de un solo golpe con tus dientes agudos este
nudo complicado de la vida! ¡Pobre loco venenoso,
entra en furor y apresúrate! ¡Oh, que no puedas
hablar, para que te oiga llamar al gran César asno
impolítico!
¡Silencio! ¡Silencio! ¿No ves el niño que tengo el
pecho y que su nodriza le da teta para dormirle?
céfiro, tan gentil… ¡Oh, Antonio!... ¿Por qué habría
yo de permanecer?... (Muere)

Narrador El soldado que halló su cadáver dijo a


Carmiana:
¿Es esta una acción digna de tu señora?

Carmina Tan digna como corresponde a una princesa


descendiente de tan noble estirpe.

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Narrador Nunca encontraron su tumba. Nadie sabe
dónde se halla. Un anciano loco jura por todos
los dioses que en pleno desierto creció un
sauce, que contiene el alma de Cleopatra y
cuando mece sus hojas, llora por aquella
mujer imborrable.

VI LA ROSA NEGRA

Narrador De cómo Viola se transformó en hombre.


Viola, viajaba en un bajel junto a su hermano,
cuando una tremenda tempestad hizo
naufragar el barco en la costa de Iliria. Viola,
no encontró a su hermano y dándolo por
muerto se disfrazó de hombre y entró al
servicio del Duque de Orsino con el nombre de
“Cesarión”. Nada más verlo, Viola se enamoró
de él, pero su disfraz la tenía prisionera. El

17
duque amaba a otra, Olivia, una viuda
testaruda. Y el duque ordenó a Viola visitar a
la dama y manifestarle su amor:

Viola ¡Pero si ella no puede amaros, señor!

Narrador No puedo admitir semejante contestación.

Viola No obstante debéis admitirla, señor. Supongamos que una


mujer, quizá la tal existe, sufre por vuestro amor como
vos sufrís por el de esa dama. Vos se lo decís. ¿No debe
aceptar ella semejante contestación?

Narrador Ninguna mujer sabría soportar una pasión tan


fuerte.

Viola Sé demasiado bien hasta que punto pueden llegar las


mujeres por los hombres. La verdad es que poseen un
corazón tan sincero como el de nosotros. Mi padre tenía
una hija que amaba a un hombre tanto como yo, quizá si
fuese mujer, amaría a vuestra señoría, y nunca ha
descubierto su amor, sino que ha dejado su secreto roer
el color de sus mejillas, se ha relegado a sus
pensamientos, y verdosa amarillenta por la melancolía ha
permanecido como sobre un monumento la estatua de la
resignación sonriendo al dolor. ¿No era esto amor
verdaderamente? Nosotros los hombres podemos
decir más, multiplicar los juramentos; pero
indudablemente prometemos más que cumplimos. Porque
somos más pródigos en protestas y más pobres en
sentimientos. Yo represento a todas las hijas de la casa de
mi padre y también a todos los hermanos. Y, si embargo,
habré de visitar a esa dama?

Narrador Sí, ese es el asunto. Búscala a toda prisa- dijo


el duque de Orsino. Y Viola, con el corazón
destrozado cumplió con su señor. Pero, el azar
quiso que la dama Olivia se enamorara de
Viola, es decir de “su disfraz de Cesarión”

Olivia Cesarión, por las rosas de la primavera, por el


honor, la buena fe, te amo a tal extremo que ni el
juicio pueden disimular mi pasión

Narrador Y Viola estupefacta, exclamó:

Viola Yo soy su hombre. Si es así, como así es, pobre


dama, mejor haría en enamorarse de un sueño.
Disfraz, lo noto eres una inmoralidad que explota el
enemigo malo. ¡Qué fácil es para un impostor

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imprimir su imagen sobre el corazón de cera de las
mujeres!
¡Ay! La causa está en vuestra fragilidad, no en
nosotras. Porque somos lo que se nos ha hecho que
seamos. ¿Cómo se arreglará esto? Mi señor la ama
tiernamente, y yo, pobre monstruo, estoy
profundamente prendada de él, y ella, engañada por
las apariencias, parece que se ha enamorado de mí.
¿Qué va a resultar de todo esto?

Narrador Pero el Dios amor se apiadó de Viola.


Sebastian su hermano gemelo, apareció ante
ellos. La dama Olivia pudo tener al hombre
que deseaba y Viola pudo confesar su verdad
al duque:
- “Cesarión, me has repetido mil veces que
nunca amarías a una mujer, como me amas a
mí.

Viola Lo que he dicho puedo jurarlo. Y conservaré mi


juramento en mi corazón, tan fielmente como el sol
guarda el fuego que separa el día de la noche.

Narrador Dame la mano y muéstrate con tu traje de


mujer- dijo el duque besando sus labios. Viola
obtuvo el amor de una hombre disfrazada de
otro hombre, que sedujo a una mujer, que
también le creyó hombre.
En la puerta del palacio de Orsino, crece
perennemente una rosa negra, en memoria
del paje Cesarión que se desvaneció , cuando
Viola, encontró a su verdadero amor.

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VII EL DRAGÓN

Narrador Hubo una vez una dama que quiso tener el


mundo en sus manos. Sin pedir permiso, sin
esperar respuesta. Sinuosa, silenciosa,
precisa, rápida y mortal nada. Así, milady
Macbeth se pasea por el mundo

L. Macbeth ¡Está ronco el cuervo que anuncia con sus graznidos


la entrada fatal de Duncan bajo mis almenas!...
¡Corred a mi, espíritus propulsores de pensamientos
asesinos!... ¡Cambiadme de sexo, y desde los pies a
la cabeza llenadme, haced que me desborde de la
mas implacable crueldad!... ¡Espesad mi sangre;
cerrad en mi todo acceso, todo paso a la piedad,
para que ningún escrúpulo compatible con la
Naturaleza turbe mi propósito feroz ni se interponga
entre el deseo y el golpe!¡ Venid a mis senos
maternales y convertid mi leche en hiel, vosotros
genios del mal, de allí de dónde presidáis bajo
invisibles sustancias la hora de hacer mal!¡ Baja,
horrenda noche, y envuélvete como en un palio en
la mas espesa humareda del infierno!¡ Que mi
agudo puñal oculte la herida que va a abrir y que el
cielo, espiándome a través de la cobertura de las
tinieblas, no pueda gritarme: “¡Basta, basta!...”.

Narrador.- Y puso en práctica sus deseos y llegó la hora


del mal. Su esposo reflexiona, ella recela:

Macbeth ¡Hola! ¿Qué hay de nuevas?

L. Macbeth Está acabando de cenar…¿Por qué os


retirasteis
de la sala?

Macbeth ¿Ha preguntado por mí?

L. Macbeth ¿No lo sabéis?

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Macbeth No debemos ir más lejos en este asunto.

L. Macbeth ¿Estaba ebria, entonces la esperanza con que os


vestíais? ¿Se ha dormido después y se despierta
ahora para contemplar, pálida y verde lo que supo
mirar tan arrogante? Desde este momento creeré
tan frágil tu amor. ¿Tienes miedo de ser en ánimo y
en obras que en deseos? ¿Quisieras poseer lo que
estimas
el ornamento de la vida y vivir como un cobarde
dejando que un “No me atrevo” vaya en pos del “Yo
quisiera” como el pobre gato del refrán?

Macbeth ¡Silencio, por favor! Me atrevo a lo que se atreve un


hombre quien se atreva a más no lo es.

L. Macbeth ¡Qué bestia entonces, os impulsó a revelarme este


proyecto? Erais un hombre cuando os atrevíais a
ello y más que hombre seríais si a más os
atrevieseis. He dado de mamar y se lo grato que es
amar al tierno ser que me lacta. Bien; pues en el
instante en que sonriese ante mi rostro, le hubiera
arrancando el pezón de mi pecho de entre sus
encías sin hueso, y hubiese estrellado su cráneo, de
haberlo jurado como vos jurasteis así…

Macbeth ¿Y si fracasamos?

L. Macbeth ¿Quiénes? ¿Nosotros fracasar? Tensa las cuerdas de


tu valor hasta su punto firme y no fracasaremos.

Macbeth ¡No des al mundo más que hijos varones, pues de tu


temple no pueden salir más que machos!
¡Estoy resuelto! ¡Vamos! Que un falso rostro oculte
lo que sabe un falso corazón.

Narrador Y corrió la sangre. Y murieron muchos


inocentes. Y milady no podía dormir. Los gritos
de las almas en pena turbaron su paz:

L Macbeth Todavía hay aquí una mancha. ¡ Fuera


mancha maldita!…¡Fuera digo!...Una, dos,
vaya llego el instante de ponerlo por obra…¡El
infierno es sombrío!... ¡Qué vergüenza, dueño
mío, qué vergüenza! ¡Un soldado y tener
miedo? ¡Qué importa que llegue a saberse, si
nadie puede pedir cuentas a nuestro

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poder!...Pero ¡quién hubiera imaginado que
había de tener aquel viejo tanta sangre!… ¡El
señor de Fife tenía una esposa! Ahora, ¿dónde
está?...¡Cómo! ¿No he de poder ver limpias
estas manos? ¡No más, dueño mío, acaba;
todo lo echáis a perder con esos
sobresaltos!... ¡Siempre aquí el hedor de la
sangre!...¡Todas las esencias de la Arabia no
desinfectarían esta pequeña mano mía!...¡Oh!
¡Oh! ¡Oh!...Lavaos vuestras manos; poneos
vuestro vestido de noche; No estéis tan
pálido…Os lo repito…; Banquo está enterrado,
no puede salir de su tumba…¡Al lecho, al
lecho! Llaman a la puerta. Venid, venid, venid,
venid. Dadme vuestra mano. ¡Lo hecho no se
puede deshacer! ¡Al lecho! ¡Al lecho! ¡Al
lecho!

Narrador.- Milady corrió, y corrió. Llegó al balcón


más alto de su castillo. Miró al cielo y
luego tras emitir un conmovedor suspiro
se lanzó al vacío.
Dicen que poco después los aldeanos
vieron surcar la noche un enorme
dragón que rugía una extraña melodía.
Piensan que es el alma de aquella mujer
atormentada vagando por los cielos.

Narrador Y las brujas atravesaron el aire, el sueño


y el tiempo. Y se llevaron el aire y el
alma de todas las mujeres del pasado;

Bruja I ¿Cuándo volveremos a encontrarnos las tres con el


rayos, el trueno y la lluvia, otra vez?

Bruja II Cuando acabe el estruendo, cuando la batalla esté


perdida o ganada.

Bruja III Antes de ponerse el sol

Brujas Lo bello es feo y feo lo que es bello. La niebla y el


aire impuro atravesemos.

Narrador ¡Capitulo final!

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(Oscuro)

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