No se habla de antropología sino de antropologías, en plural.
Pero esto sucede con todas las ciencias que son, a la vez, una y
distintas
El hombre en su estructura y configuración es objeto de muchas
ciencias: la biología, la psicología, la educación, las ciencias naturales,
etc. Por eso, todas ellas tienen una dimensión antropológica
La antropología cristiana no es diferente, sino diferencial; o sea, una
etapa
evolutiva del proyecto total del hombre.
Cuando vamos en busca de la identidad o de la legitimidad de la
antropología cristiana hay que juzgarla como una variante de la
antropología
cultural basada en las condiciones espirituales y no materiales de la
historia
Desde hace unos años, aparece con fuerza en el panorama de las
ciencias sociales la llamada Antropología cultural, a través de las
condiciones materiales de la existencia humana. Inspirado en el
marxismo y en el estructuralismo posterior, Frente a ello, podemos
pensar que también existe una antropología cultural cristiana o una
comprensión del hombre a través de la religión.
Podemos hablar de
una filosofía precristiana, como calificó San Agustín a todo el
pensamiento
griego conocido como platonismo.
ANTROPOLOGIA BIBLIA
A.T.
Todas las religiones se enfrentan con el problema de explicar al
hombre no tanto lo que es (su esencia), sino lo que será, lo que espera
ser
En el relato bíblico hay que buscar literalidad y mensaje, historicidad
y revelación, cultura y fe, antropología y teología. Todo ello en un
sentido
objetivo, común e histórico.
Antes que la verdad revelada,
antes que la verdad del hombre, tenemos que encontrar la verdad del
texto.
Hay que buscar una línea de continuidad entre el sentido literal y el
sentido
espiritual de las narraciones.
La creación está orientada
hacia el hombre y la salvación o plenitud de la historia también es la
culminación del proyecto del hombre en el Apocalipsis. No podemos
acudir a
la lectura del relato de la creación cargados con las preocupaciones
científicas, evolucionistas, históricas o metafísicas de la antropología
actual
(unión cuerpo y alma, el feminismo o la igualdad de géneros), sino
dejar
hablar al texto en su perspectiva. Por consiguiente, la lectura e
interpretación
del comienzo de la historia del hombre en el Génesis, hay que
realizarla en
clave religiosa.
La condición del hombre
como imagen de Dios es el fundamento de toda la antropología
cristiana
La creación del hombre a
imagen y semejanza de Dios forma el núcleo central del pensamiento
cristiano. El hombre es la única criatura en el mundo pensada y
querida por sí
misma, en sí misma.
El hombre como criatura de Dios es pensado y proyectado como
imagen
suya. Esto significa que el hombre no tiene ninguna existencia
autónoma o
independiente, sino que todo en él depende de Dios y tiene una
relación de fe
con Él, que llamamos religión.
El hombre, a pesar de todo, sigue
siendo imagen y semejanza de Dios, algo herida, algo desdibujada. A
veces
se presenta el episodio del pecado original como un fracaso, un intento
de
apropiación, un gesto de soberbia por parte del hombre que no
consiguió su
objetivo y quedó malherido y necesitado de ayuda y salvación.
Siguiendo la terminología hebrea, se habla de un “ruhaj” o aire
infundido a la
materia o barro, que indica la transmisión del espíritu de Dios al
hombre con
lo que se convirtió en ser viviente, simbolizando al alma (nephesh)
frente al
cuerpo. Con ello, se simboliza la participación en el suspiro vital del
mismo
Dios. Estos primeros pasos de la antropología bíblica nos instalan en
la
dicotomía, en el dualismo cuerpo y alma que no nos abandonará más.
Es decir, el ser humano, resultado de la creación, puede
ser vivido y realizado como varón o como mujer. La mujer es otro yo
en la
identidad común humana.
En el principio era el hombre
Es interesante como desde la Biblia se muestra esa conexión del hombre con Dios,
Téngase en cuenta que el evolucionismo no es, inicialmente o
principalmente, una teoría antropológica, sino una explicación científica del
universo que le afecta, de manera derivada, al origen del hombre como parte
esencial del mismo. Pero, lamentablemente, hemos ocupado demasiado
tiempo en comparar y enfrentar al evolucionismo con el cristianismo para
defender a cada uno de las acusaciones del otro.
La pregunta y la preocupación cristiana sobre qué es el hombre, va más
allá de un impacto o importancia individual. Afecta a su entorno o
circunstancias personales o familiares condicionando sus relaciones con los
demás y con la sociedad. Cada hombre, cada individuo, más allá de su origen
y condición, es imagen y reproducción de Dios.
Antropología de la esperanza y liberación
La situación primera del hombre era de total coincidencia
con Dios en su libertad y voluntad. Pero, en algún momento, el hombre quiso
ser igual que Dios, usurpar su independencia y poderío, y en ese momento
vino el castigo, el rechazo de Dios a las pretensiones del poder por parte del
hombre. Aquí se quebró la confianza de Dios en su criatura. Por ello, es
necesario recuperar la esperanza mediante las promesas.
La religión y la moral son asuntos del corazón y no de las manos. El
mejor culto es un corazón limpio y una justicia social.
El poeta alemán R. M. Rilke (1875–1926) decía que el libro de los salmos
era uno de esos libros en los que el hombre puede refugiarse para encontrar
ayuda en su debilidad, como puede verse en el salmo 23
¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él? Es una
metáfora, porque Dios no se olvida de nada ni se recuerda de nada. Por tanto,
los salmos demuestran que Dios sigue pensando en el hombre, que Dios sigue
activo en su amor al hombre, no le ha abandonado ni dejado solo frente a sus
enemigos.
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Antropología sapiencial
Se conocen como libros sapienciales, no
porque procedan de una inteligencia muy sabia o brillante, sino
porque
invocan a Dios pidiendo prudencia y saber para dirigir el mundo. Se
pide
vivir en la verdad y en el recto sentido de la vida y de la acción.
Ya vemos cómo la antropología sapiencial se convierte en teoría moral, o
sea, en discurso sobre el bien y el mal, sobre los justos y los impíos, entre
buenos y malos, en una batalla dialéctica del mayor dualismo que conocemos
en la comprensión de la humanidad.
II. ANTROPOLOGÍA DEL NUEVO
TESTAMENTO
Los escritos del Nuevo Testamento aceptan, continúan y completan la
imagen del hombre en el Antiguo Testamento, a saber, que el hombre ha sido
creado por Dios
Los creyentes tenemos que saber
interpretar las tres formas de enseñanza: existencia, actuaciones, discursos.
Pues bien, todas estas dimensiones “hablan” o enseñan. Son significativas y
dan sentido a la historia, teniendo en cuenta que es una historia única de la
salvación y que dicha salvación de la historia es salvación del hombre.
Todo va muy relacionado con el hombre, la salvación que Dios proveyó
El “Verbo se hizo carne” de San Juan significa que,
a continuación del amor al hombre demostrado por Dios en la creación, viene
ahora la encarnación, la elección del hombre como sacramento,
intermediación y presencia real de Dios en el mundo, pero de manera más
profunda y avanzada que la primera imagen.
Posibilidad y legitimidad de una antropología cristiana
El problema fundamental de una antropología cristiana consiste en
explicar el tipo de relación y de unidad entre el Jesús real y el género
humano.
3.1. Antropología de la transformación en San Juan
El hombre y Dios son los dos temas centrales del Evangelio, La antropología constructiva de
San Juan goza de las
condiciones filosóficas y culturales de su tiempo que no son definiciones
metafísicas del hombre, sino descripciones concretas de su posición en la
escala de valores que componen la vida.
La Biblia no es un tratado sobre el hombre, no dice todo lo que el hombre
es, sino solamente sus relaciones con Dios, No es una sistematización de la
antropología. Es un discurso revelado sobre Dios y, en su desarrollo,
introduce o incluye el tema del hombre.
diferenciar el pensamiento cristiano del pensamiento judío,
identificar lo cristiano frente a la filosofía helenística (resaltando
coincidencias y diferencias) y desarrollar una teoría dialógica, pero de
procedencia evangélica como obediencia al mensaje de Jesús.
Ahora bien, tras la llegada de Colón a América, la vida vegetal, animal y bacteriana de esos dos
mundos empezó a mezclarse.
En el análisis sociológico y cultural de aquel tiempo (siglos I–IV)
nace un hombre distinto. Sus necesidades o características emergentes nos
indican que la humanidad se encuentra ante una cultura diferente de la griega.
Está demostrado que se produce una transición entre dos mundos culturales.
Tenemos valores nuevos y comunes, instituciones significativas, grupos
étnicos o comunidades relevantes, ideas y sistemas de pensamiento sólidos,
programas morales, comportamientos diferentes y propuestas políticas que
terminan incidiendo y cambiando la mentalidad, la sociedad y a los
individuos que viven en ella. Para el cristianismo en general, y para la
teología en particular, la historia es algo fundamental que aporta materiales
indispensables para su elaboración.
Todo el análisis que hemos hecho en las páginas anteriores sobre el
hombre, su origen y constitución (cuerpo-alma) no eran una obsesión de
filósofos y teólogos para consumo interno de pensadores o polemistas. Esas
reflexiones representan el comienzo del humanismo occidental cristiano en el
sentido de que, en adelante, es el hombre el que interesa. El cristianismo
descubre así, ante el mundo entero, el valor y la defensa del individuo
singular y concreto que llamamos hombre.
La obra y el pensamiento de San Ireneo comprenden muchos enlaces.
Nosotros activamos el de su antropología. Pero hay que admitir, al mismo
tiempo, que en el siglo II de la era cristiana, el gnosticismo lo invadía todo y
que era muy difícil distinguir aquellas corrientes ortodoxas que cristalizaron
en el cristianismo de aquellas que terminaron apartándose y desviándose de
él, a las que calificaron de heréticas. Todas las teorías gnósticas luchan por
resaltar la divinidad que contiene el hombre, que la imagen y semejanza de
Dios se da en todo hombre. La antropología de San Ireneo comprende una visión conjunta de
Dios, del hombre, del mundo, de la salvación, de la historia.
El hombre no es el tema u
objeto de la revelación bíblica, de la palabra de Dios, sino su
destinatario
Volviendo a la imagen recurrente de la Biblia: si Dios es el
artífice del hombre, también es el diseñador y arquitecto de la historia
en sus
etapas sucesivas, progresivas: Adán, los profetas, el exilio, el Nuevo
Testamento, la Iglesia y, finalmente, la plenitud de los tiempos o la
gloria del
universo. La gloria del Señor pasa a ser gloria del hombre y de todas
las
naciones.
La teoría sobre el mundo convoca otros
aspectos de su sistema: la creación y la redención del mismo, su
conservación
y plenitud, la relación del hombre con las cosas, dominio o esclavitud,
el
tema del mal, el señorío de las pasiones, contingencia y temporalidad.
En una
muy rápida síntesis, para Tertuliano Dios creó el mundo desde su
amor y
bondad intrínseca y, por tanto, el mundo es bueno en sí mismo, desde
su
causa y origen.
El matrimonio es el jardín del mundo donde se
planta y se cuida la vida. Nos recuerda a la primera unión entre el
primer
hombre (Adán) y la primera mujer (Eva). La creación comenzó en un
matrimonio. Sin embargo, Tertuliano remite la razón del matrimonio a
las
palabras del Apóstol Pablo “mejor es casarse que abrasarse en las
tentaciones”, como si el matrimonio entre hombre y mujer fuera solo
un
remedio, un calmante, un sedante y no un proyecto inicial de Dios
desde el
principio de la creación, ratificado y consagrado por Cristo Jesús en su
unión
con la Iglesia.
Antropología y nueva identidad en
San Cipriano
El lugar de la antropología en San Atanasio
Aunque el discurso antropológico y el modelo cristológico en la época
de
San Atanasio parezcan alejados uno del otro, sin embargo, se abre con
ello
una amplia vía metodológica de colaboración para nuestro intento que
consiste, simplemente, en hacer converger los dualismos existentes y
la
dialéctica antropológica en una única realidad.
Antropología de la ortodoxia oriental
Continuamos en el ámbito de influencia de la literatura oriental
cristiana.
San ambrocio, san Gregorio,
El
concepto existencial de la muerte está muy bien desarrollado por San
Ambrosio, pues la muerte física no es un “acto” o momento, sino que
es un
proceso alargado que se extiende en el tiempo a todo el recorrido o
duración
de la vida.
Aquí entra en acción otra de las ideas centrales de esta antropología
fugitiva que es el cristianismo. San Ambrosio habla de una huida
física del
mundo y de una huida espiritual. La muerte es la separación física,
obligada,
mientras que el monacato es la separación espiritual y el abandono
voluntario
del mundo y de sus alegrías. 225
Escribirá el título del libro,
la cantidad de páginas leídas, 2 impresiones (descripción
detallada) y una recomendación
para futuros lectores.