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Unidad 1

La evaluación psicológica es un proceso consultivo que busca recopilar información sobre un individuo para tomar decisiones informadas en diversos ámbitos como el clínico, educativo y forense. Utiliza técnicas psicométricas y proyectivas, y se basa en modelos teóricos que permiten analizar el comportamiento humano en contextos específicos. La psicometría, como disciplina, se centra en desarrollar métodos cuantitativos para medir diferencias individuales y requiere evidencias de validez y confiabilidad en sus instrumentos.

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Unidad 1

La evaluación psicológica es un proceso consultivo que busca recopilar información sobre un individuo para tomar decisiones informadas en diversos ámbitos como el clínico, educativo y forense. Utiliza técnicas psicométricas y proyectivas, y se basa en modelos teóricos que permiten analizar el comportamiento humano en contextos específicos. La psicometría, como disciplina, se centra en desarrollar métodos cuantitativos para medir diferencias individuales y requiere evidencias de validez y confiabilidad en sus instrumentos.

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Elisa Tedesco

Unidad 1. Introducción a la Evaluación Psicológica


y la medición en psicología.
Parte 1: Evaluación Psicológica: Delimitaciones terminológicas. La evaluación psicológica como proceso.
Ámbitos de aplicación: clínico, educativo, laboral, jurídico, comunitario y/o de programas de intervención.
La utilización de técnicas en el contexto de investigación.

Fernández Liporace- Curso básico de psicometría.

Cap.1- Psicometría, evaluación psicológica y ámbitos de aplicación.

La evaluación psicológica: concepto y caracterización.

Cuando un individuo sabe que está siendo evaluado desde el punto de vista psicológico suele entregar al evaluador
un material muy preciado: su desempeño ante un test de inteligencia o de habilidades, sus respuestas sobre temas
personales, sus preferencias, sus intereses, sus actitudes, sus comportamientos más frecuentes, sus síntomas, entre
otros. El hecho de que la persona presente cierta ansiedad acerca de los resultados, el saber cómo le fue, tiene que
ver fundamentalmente con dos cuestiones: la primera se vincula con que ha brindado datos de su historia, ha
revelado partes de su vida cotidiana o de sus comportamientos habituales y todo eso se relacionen con temas muy
personales. La segunda se refiere a que esta persona sabe que está siendo evaluada con un objetivo en especial y
con el propósito de TOMAR UNA DECISIÓN determinada. En base a los resultados es que se va a recomendar
que el sujeto sea o no incluido en un programa de entrenamiento, que sea derivado a una psicoterapia, que sea
seleccionado para un trabajo, que sea declarado imputable o inimputable de algún delito, que sea valorado como
competente o no para la crianza o tutela de algún niño, entre otras muchas circunstancias que puedan darse.

El sujeto sabe que a partir de esta evaluación psicológica se tomará alguna decisión que, directa o indirectamente,
afectará su vida y/o la de sus allegados en mayor o menor grado.

En base a esto es que definimos a la EVALUACIÓN PSICOLÓGICA como un proceso de toma de decisiones,
ya que el propósito es recomendar un camino de acción determinado, en virtud de los objetivos perseguidos por la
evaluación. Es importante destacar que NO es el psicólogo evaluador quien ha de tomar una decisión sino que sólo
efectuará una recomendación. Hablamos entonces de una instancia consultiva y no decisoria, pero que a la larga va
a implicar la puesta en práctica de una decisión tomada por otras personas (por ej en el ámbito forense será el juez
quien determine el curso de la acción a seguir)

La evaluación psicológica tiene cabida en diversos ámbitos de aplicación de la psicología- clínico, educativo,
laboral, forense, evaluación de programas- y también se ejerce en el ámbito de investigación, más específicamente
en los contextos de descubrimiento y de justificación. En el ámbito de aplicación, la Evaluación Psicológica implica
una instancia consultiva, en la que el psicólogo será convocado para reunir toda la información o indicadores
disponibles referidos a un problema, a una pregunta o tema dado, y en base a ello efectuará una o varias
recomendaciones dirigidas a resolver o mejorar el problema o a responder el interrogante aún sin resolución, en la
que la decisión estará en manos de otra persona -quien ha solicitado la evaluación-. En cambio, si se trabaja en el
ámbito de investigación, la tarea de evaluación se relacionarán con recabar datos o indicadores que den cuenta de
Elisa Tedesco

aquel fenómeno que se quiere investigar, de manera que esta actividad de recogida de datos será un paso más dentro
del proceso de investigación.

Entendemos por ámbitos de aplicación de la Psicología y de la Evaluación Psicológica, aquellos contextos en los
que puede desempeñarse el psicólogo ejerciendo su rol profesional, aplicando conocimientos técnicos que derivan
de teorías y de investigaciones empíricas, es decir, del ámbito de la investigación científica a la resolución de
situaciones o problemas concretos; estos ámbitos son, entonces, el clínico, el educacional, el forense, el laboral y el
de evaluación de programas. Por otra parte, se define al ámbito de investigación al contexto en el que la
psicología se desarrolla como disciplina científica, generando nuevos conocimientos en forma permanente; esos
conocimientos serán transferidos al ámbito de la aplicación. De esta manera se puede afirmar que la evaluación
psicológica es una tarea de la psicología aplicada dirigida a la solución de problemas personales, institucionales,
grupales, comunitarios, sociales o ambientales.

Para desarrollar esta actividad resulta necesaria la aplicación de un modelo teórico que será de utilidad para
comprender o analizar el fenómeno a estudiar. El psicólogo evaluador podrá posicionarse en diversos modelos
teóricos alternativos para leer e interpretar el fenómeno que está estudiando o analizando, no existiendo un único
marco posible que sustente las conclusiones a las que se arribe. De esta manera, efectuando una clasificación
sencilla, se pueden distinguir tres tipos principales de modelos en los que podemos basarnos: los centrados en el
sujeto, los que ubican el énfasis en las variables situacionales y los que colocan el acento en las interacciones
entre sujeto y medio.

Ampliando la definición de la Evaluación Psicológica como un proceso de toma de decisiones, podría agregarse
que el objeto de esta área de trabajo es el estudio, análisis y valoración de las características de un sujeto, de sus
formas de acción, reacción e interacción con los demás y con la realidad, y de sus procesos de cambio. Para llegar a
esta meta es preciso conceptualizar al individuo o al grupo como integrante de un sistema conformado por sujetos
caracterizados como individualidades bio-psico-sociales, sometidas a procesos internos y externos que afectan y
determinan recíprocamente los modos de contactos entre el sujeto y la realidad.

Evaluación psicológica y psicometría: diferencias e interacción.

Desde la arista técnica, para llevar a cabo su tarea de evaluación, el psicólogo dispone de un arsenal de pruebas que
le permiten recoger la información necesaria para llevar a cabo este proceso. Ellas son las técnicas psicométricas y
proyectivas, y las entrevistas, entendidas estas últimas como elemento técnico irreemplazable en la toma de
contacto directo con el entrevistado y sus aspectos particulares, así como con el propósito de la evaluación.

De acuerdo a la distinción ya mencionada entre la psicología aplicada y la psicología como ámbito de


investigación, puede agregarse la del investigador que se especializará en el área de la psicometría, donde los test
ya no serán un medio para obtener información sino un fin en sí mismos; ellos son, en este caso, el producto de un
desarrollo tecnológico derivado de un modelo teórico y su construcción será, en sí misma, un objetivo de
investigación que más tarde servirá para que los profesionales que trabajan en el ámbito de aplicación de la
evaluación utilicen en su quehacer diario. Se define a la psicometría como la disciplina que tiene por finalidad el
desarrollo de modelos preferentemente cuantitativos que permitan transformar o codificar los fenómenos o los
hechos en datos, diseñando métodos adecuados para la aplicación de tales modelos con el fin de determinar las
diferencias individuales de los sujetos en cuanto a sus atributos, sus propiedades o sus rasgos.

Es importante destacar que los modelos psicométricos formulados para explicar o comprender fenómenos son en
general de corte cuantitativo, pero no necesariamente esto es así en todos los casos. Es posible detectar y describir
diferencias entre los sujetos mediante el empleo de conceptos operacionalizados en forma cualitativa,
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semicuantitativa u ordinal, o directamente cuantitativa. Para comprender estas distinciones resulta útil apelar a la
tradicional clasificación de los niveles de medición. Sin embargo, previamente es preciso caracterizar la medición
como un proceso de asignación de números o símbolos a atributos de los objetos siguiendo una serie de reglas
dirigidas a representar la presencia o ausencia del atributo medido, su cualidad, jerarquía o cantidad.
Conceptualizada de esta forma, una escala se define como un conjunto de números o símbolos cuyas propiedades
modelan propiedades empíricas de los sujetos a los que esos números o símbolos asignados.

NIVELES DE MEDICIÓN:
En el nivel cuantitativo o métrico pueden distinguirse las escalas de intervalos y las escalas de cocientes o razones.

-Intervalar: supone la igualdad de intervalos entre números: cada unidad de esta escala es exactamente igual a
cualquier otra unidad; además, al igual que en el nivel de medición ordinal, no existe un punto cero absoluto, sino
uno arbitrario (ej: temperatura expresada en grados).
-Razón: posee todas las características del intervalar, pero su punto cero es absoluto, ello significa que no ha sido
convencionalmente establecido. Tal cero significa verdadera ausencia del atributo medido (ej: tengo 1, 2 o 0 hijos).

Más allá de la cuantificación, también medimos cuando asignamos números de tal forma que éstos reflejan un
ordenamiento o jerarquía en los sujetos, resultante de la aplicación de algún criterio clasificatorio:

-Ordinal: aquí se asignan números de forma que éstos reflejan un ordenamiento o jerarquía en los sujetos,
resultante de la aplicación de algún criterio clasificatorio. Este escalamiento ordinal en el que el número es utilizado
para identificar cada categoría, se usa para dar cuenta del ordenamiento o posición del sujeto en el rasgo medido,
sin implicar una unidad de medición. De esta manera, no se conoce la cantidad absoluta del atributo, sino que
solamente se puede establecer qué sujetos se ubican en una categoría. Tanto el nivel intervalar como el ordinal
suponen el establecimiento de un orden y el uso de intervalos; aunque la diferencia radica en que en el ordinal los
intervalos no son necesariamente iguales ni suponen una única unidad de medida, en tanto que en el intervalar sí
nos hallamos ante intervalos iguales con igual unidad de medida. Por ej. nivel educativo (1- incompleto,
2-completo-3 en curso)
-Nominal: utilizamos este tipo de escala cuando aludimos a la presencia o ausencia de un atributo. (síntoma
ausente-presente). Ej neurosis-psicosis-perversión. El número acá simplemente nombra o nómina.

*El hecho de que trabajemos en uno u otro nivel de medición y por lo tanto de análisis, se relaciona con el interés
particular del evaluador, con las características de la variable que se está estudiando y con el tipo de escala al que
el instrumento empleado (test) es capaz de llegar. Una vez aclarado que las técnicas psicométricas no deben
necesariamente asociarse a la medición cuantitativa, volveremos a tratar el tema de los instrumentos psicométricos
y proyectivos.

Dentro del repertorio de pruebas disponibles, existen psicométricas y proyectivas. En este texto se profundizan las
primeras, sin perder de vista la necesidad de la permanente integración entre los dos tipos de datos generados por
ambas clases de herramientas en el ámbito de la aplicación. Se debe resaltar que en el ámbito de la psicología
aplicada, la tarea de la evaluación integra modelos proyectivos y psicométricos puesto que los individuos no poseen
un único nivel de análisis. Mantener alguno de ellos sin abordar otros implicaría una actitud reduccionista que
restringe la comprensión del fenómeno de estudio.

Los instrumentos psicométricos—definición.

‘’Una técnica, prueba o test, escala o instrumento psicométrico se define como un dispositivo o procedimiento en
el que se obtiene una muestra de comportamiento de un examinado en un dominio específico, subsiguientemente
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evaluado y puntuado usando procedimientos estandarizados y que cuenta con evidencias empíricas sobre la validez
y confiabilidad de los resultados que arroja’’. (A continuación desglosa la definición explicando parte por parte).

Que sea ha estandarizado, es decir, que se ha tipificado de manera explícita, puntualizando específicamente un
dispositivo o un método de trabajo: qué tipo de materiales deben usarse, qué consignas, qué ítems o estímulos, en
qué tiempos de administración se trabajará, si habrá o no tiempo límite, etc. Este conjunto de procedimientos se ha
especificado y estandarizado al momento en que el test ha sido validado y han sido calculadas sus normas, si
corresponde, y debe respetarse al pie de la letra cada vez que se administre a un examinado o a un grupo de
examinados en el ámbito de aplicación. Este respeto a la letra de tales prescripciones se basa en que cualquier
cambio que se produzca impedirá la comparación de resultados o desempeños. Si se mantiene constante el modo de
administración y puntuación, entonces también se podrá inferir que cualquier variación dada estará determinada por
diferencias en los sujetos mismos y no por alteraciones no previstas en el dispositivo de examen o de valoración del
rendimiento. No sólo los procedimientos de examen se tipifican y se hacen constantes, sino que también se realiza
lo propio con las formas de puntuación y con las condiciones de interpretación de las respuestas brindadas por los
examinados.

Rapport, entendido como los esfuerzos puestos en juego por el evaluador para generar en el evaluado una actitud
general de cooperación, despertar su interés y motivación y estimularlo a responder a los test y entrevistas de la
mejor manera posible, según los objetivos planteados en cada uno de ellos. El trabajo con técnicas debe ir
acompañado de un buen rapport que facilite la tarea. Para ello el examinador debe mantenerse atento desde el
primer contacto y a lo largo de todo el proceso de evaluación, a las características personales del evaluado. Es
importante tener en cuenta que en la evaluación psicológica las personas que son evaluadas experimentan diferentes
sentimientos y emociones desde el punto de vista psicológico, ya que sus respuestas se vinculan con temas
personales, tanto de la propia historia como de modalidad o estilo individual, los resultados pueden tener una
incidencia muy grande en determinadas decisiones que afecten la vida de aquellas personas. Es por esto que es
importante tener en cuenta al rapport.

Que el instrumento brinde al examinador una muestra de comportamiento en un dominio específico significa
que las condiciones del test pretenden lograr que el examinado emita una serie de comportamientos reducidos a un
área específica de todos los comportamientos que habitualmente genera. La prueba acota sus consignas a un
dominio específico y bien definido, referido a una o más variables psicológicas, como pueden ser la ansiedad, la
memoria de corto plazo, etc. El sujeto recibe una consigna que le indica qué se espera de él, qué se busca que haga,
y al responder a dichas instrucciones, generará un conjunto de comportamientos que el evaluador registrará
cuidadosamente. Esto implica que un test no evalúa todo el comportamiento de una persona, sino una muestra de
todos sus comportamientos posibles, reducidos a un área específica.

La condición de que deben determinarse y aportarse evidencias empíricas sobre la validez y la confiabilidad de los
resultados arrojados por la misma hace referencia a que se deben diseñar y llevar a cabo estudios empíricos que
den idea al usuario de dos cuestiones básicos: por un lado, si el test mide o evalúa aquellos que dice medir (validez)
y por ello, si aporta resultados o mediciones en las que se pueda confiar, con un error de medición predecible y
determinable (confiabilidad).

PSICOMÉTRICAS PROYECTIVAS

Dispositivo que permite obtener una muestra de Debe su nombre al mecanismo de proyección.
comportamiento de un examinado en un dominio Pretenden evaluar a la personalidad como un todo,
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específico, y que será evaluado y puntuado usando por lo que brindan una visión más global
procedimientos estandarizados

Evidencias de validez y confiabilidad de los No poseen criterios tan estrictos en relación a la


resultados que arrojan validez y la confiabilidad de sus resultados

Consignas, estímulos y alternativas de respuesta Consignas y estímulos con bajo grado de


altamente estructurados estructuración y contenido ambiguo

Pueden basarse en varios modelos teóricos Marco de referencia psicoanalítico.

Algunos autores consideran a la entrevista dirigida o cerrada como una técnica psicométrica, debido a su alta
estructuración; en cambio, la entrevista libre, en la que el sujeto habla sin ninguna restricción sobre aquello que
desee y del modo que desee, puede ser categorizada como una técnica proyectiva. Otros teóricos ubican las
entrevistas, cualquiera sea su tipo o grado de estructuración, en una clase aparte de las técnicas psicométricas y las
proyectivas.

Los test como operacionalizaciones de constructor teóricos.

Todo test se basa en un modelo dado. Asimismo, ese marco teórico que fundamenta la técnica apela a diversos
conceptos o constructos, por ejemplo la noción de ansiedad es un constructo construido por algunos autores, que
no existía de manera natural en la realidad: el operador observa determinados eventos de la realidad y adjudica
cierta unidad a ese conjunto de fenómenos observados, que conceptualiza bajo el rótulo de ansiedad. Así, esas
afirmaciones orgánicas o fisiológicas, motrices y cognitivas serían indicadores de un concepto teórico y abstracto
que las agrupa y de un fenómeno que contiene: la ansiedad. La ansiedad en sí mismo no es observable ni pasible de
ser medida, no tiene existencia real sino ideal, lo que sí tiene existencia real y puede ser medida son sus
manifestaciones o indicadores.

Una vez que se ha definido y descrito un concepto desde un modelo teórico, se procede a operacionalizarlo;
operacionalizar un concepto implicar “bajar” su definición abstracta a la empírea mediante la identificación de
indicadores observables que den cuenta de la ocurrencia de este fenómeno en la realidad. De esta forma, todo
constructo teórico implicaría una definición teórica y una operacional. La teórica se ocupará de examinar
distinciones relevantes a la luz del modelo desde el que se define el concepto, la definición operacional implicará
elaborar un listado de indicadores y observables empíricos que den cuenta de la presencia o ausencia de dicho
fenómeno en la realidad, o bien del grado en que se registra su ocurrencia. Mediante esa prueba empírica la teoría
se corrobora o no con datos de la realidad, confirmándose o debiendo reformularse a la luz de esos datos reales.
Ahora bien, siguiendo este razonamiento podemos entender los instrumentos psicométricos como un conjunto de
indicadores de un concepto o constructo teórico; ese conjunto de indicadores observables o medibles son los ítems,
elementos o reactivos del test.

Ese test será elaborado en conformidad y coherencia con ese marco de referencia teórico que le da sustento y por
ende, los ítems que lo forman serán indicadores que se habrán operacionalizado también en forma consistente con
esa teoría. El ítem o reactivo de un test, es la mínima unidad distinguible en él, consistentes en cada una de las
pequeñas tareas o actividades que el individuo debe realizar para responder a la consigna. El total de los ítems
forma la escala o prueba, pero en algunos casos, cuando existe diversidad de tareas o de contenidos porque dentro
de la variable evaluada es posible distinguir dimensiones subyacentes, entonces puede hablarse de subtest, y aún de
subescalas. En este caso, varios ítems forman un subtest o subprueba y varios subtest integran una subescala. Dos
o más subescalas forman la escala total o instrumento psicométrico.
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La noción de escalamiento.

Escalamiento significa la posibilidad de convertir o traducir las respuestas brindadas por los sujetos a una
puntuación. Estas respuestas se codificarán de una forma preestablecida y de manera pautada o altamente
estructurada, se agruparán para ser resumidas en una puntuación final que brindará una idea general sobre el
conjunto de las respuestas. Esas respuestas quedarán registradas en lo que se llamará el protocolo, que es un
registro de las respuestas brindadas por el sujeto. Luego el examinador codificará esas contestaciones según el
sistema tipificado en el manual para finalmente obtener una puntuación global que desde el punto de vista
estadístico y metodológico es un índice, es decir una puntuación construida que nos servirá para resumir la serie de
respuestas dadas por el sujeto.

Otro problema que debe atenderse es que el instrumento sea realmente capaz de captar las diferencias individuales
que existen entre las distintas personas en cuanto al rasgo o atributo medido, es decir, debe poder discriminar. Esto
significa que el instrumento debe servir para captar diferencias individuales, puesto que ese es su sentido: darnos
información sobre las características únicas de un sujeto, aquellas que lo diferencian de los demás. Asimismo, el
test debe tener estudios empíricos que hayan aportado evidencias sobre la validez y la confiabilidad de las
puntuaciones que éste permite obtener. Los estudios de validez nos permiten conocer de qué manera los autores han
aportado evidencias empíricas de que este instrumento está evaluando el constructo que promete evaluar o está
midiendo otras variables. Por otra parte, la confiabilidad de las puntuaciones obtenidas mediante el test alude a la
confianza que podemos tener acerca de los resultados concretos que esta prueba brinda al medir el constructo
aludido.

El test, por otra parte, contará con ciertas propiedades o características formales, los materiales empleados, la forma
de administración, el uso de tiempo límite o no, etc. En líneas generales, podría decirse que es factible realizar una
multiplicidad de clasificaciones de las pruebas según sus aspectos formales, que variarán notablemente en base al
criterio que se adopte para efectuar esa categorización. Las más comúnmente efectuadas se refieren a:

Objetivo de la pesquisa: puede hablarse de test de diagnóstico y test de screening. Los primeros intentan brindar
al usuario una evaluación detallada y pormenorizada de una situación, un atributo o un estado o rasgo dado,
mientras que los test de screening, rastrillaje o despistaje se usan para detectar riesgo; es decir que dan una
evaluación poco detallada, preliminar y que debe profundizar. Los test de screening son breves, poco específicos y
altamente sensibles, mientras que los de diagnóstico son poco sensibles y altamente específicos.

Según los materiales y medios empleados: se encuentran test de lápiz y papel, de materiales manipulables, de
estímulo oral y de respuesta oral, etc.

Forma de administración: pueden ser de forma individual y los autoadministrables (grupal).

Objeto de la evaluación: suele hablarse de test de habilidades, de potencia, de personalidad, entre otros.
Básicamente esta categorización alude al gran grupo de conceptos o variables al que pertenece aquel constructo que
se quiere evaluar.

Tipo de respuesta: las pruebas psicométricas pueden ser de formato dicotómico (elegir entre dos respuestas
polares si/no), likert (ordenamiento de las opciones según un gradiente que va desde la máxima aceptación al
máximo rechazo, o viceversa), de diferencial semántico (escala de siete o nueve puntos, en cuyos extremos se
ubican dos adjetivos o expresiones con significados contrapuestos, y se solicita que marque en qué punto de ese
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continuo ubica su parecer con respecto a aquella variable que se está evaluando, en términos de valorar significados
posibles de ser atribuidos), de opción múltiple, de resolución de tareas específicas, etc.

Formato: las técnicas pueden dividirse en inventarios (listados de afirmaciones que el sujeto debe leer y
responder), cuestionarios (listados de preguntas que el sujeto debe responder según un formato preestablecido),
escalas clásicas (se componen de tareas que el sujeto debe resolver o de preguntas que debe contestar para reflejar
algún conocimiento o destreza), encuestas (suelen tener un formato similar al de los inventarios y se utilizan para
recolectar opiniones o actitudes de las personas sobre algún tema en especial), protocolos de entrevistas dirigidas
(listados de preguntas preestablecidas que se hacen oralmente al sujeto en una administración individual y que
deben responderse oralmente) y protocolos de observación (formularios preimpresos que establecen qué aspectos
específicos deben observarse en determinados comportamientos o interacciones), entre otras. Es importante tener
en cuenta que todos los instrumentos psicométricos son escalas dado que implican la noción de escalamiento, que
significa convertir las respuestas de los examinados a una puntuación que las resume.

Uso del tiempo: existen técnicas que no fijan un límite temporal para finalizar la tarea, otras, en cambio, establecen
un límite preciso luego del cual se suspende la tarea, llegando hasta el punto al que se haya arribado en la actividad.

Base sobre la que se valoran o comparan las respuestas o desempeño del sujeto evaluado: podemos clasificar
los instrumentos psicométricos en test normativos y test de criterio o de dominio. La primera modalidad de
valoración de los resultados corresponde a las técnicas psicométricas que se rigen por baremos o normas
estadísticas, llamados test normativos. Ellas comparan el rendimiento o respuestas de una persona individual con el
rendimiento promedio registrado por una muestra normativa o de tipificación, es decir, por un grupo de individuos
homogéneos al examinado, según edad, sexo, hábitat y otras condiciones. Así, el baremo o norma estadística es un
cuadro de doble entrada en el que se consignan el promedio de las puntuaciones obtenidas por esa muestra de
sujetos y su dispersión o desviación típica. Los test de criterio o de dominio, en cambio, no emplean normas para
comparar el desempeño o respuestas del individuo, sino que las valoran según un criterio previamente establecido.

Consideraciones éticas a ser tenidas en cuenta por el psicólogo evaluador:

En líneas generales, diremos que el profesional que se desempeña en el área debe ser consciente de la influencia
potencial que su trabajo puede tener en la vida de las personas reales y concretas. Por ello, debe estar
responsablemente formado y continuar su actividad en una constante inclinación al estudio, a la especialización y al
aprendizaje. Por otra parte, es fundamental tener en cuenta que la forma de conducirse en todo caso concreto es
teniendo en claro cuáles son los derechos de todo examinado: tener acceso a la mejor atención posible, ser tratado
con respeto, poder dar consentimiento informado, tener acceso a los resultados y recomendaciones surgidos de la
evaluación en forma completa y adecuada a sus posibilidades intelectuales, emocionales y educativas, etc.
Asimismo, es importante no olvidar las diferencias culturales resultantes de la diversidad poblacional existente en
nuestro país, de manera que aquellas no perjudiquen o beneficien espuriamente al sujeto en la valoración de su
desempeño y no se vuelvan un obstáculo o un prejuicio para la correcta comprensión del caso. Estas cuestiones
deben tenerse en cuenta en cada paso del proceso de la evaluación y también en el momento de elegir la batería de
instrumentos a ser utilizada, a la hora de administrarla y en el momento de puntuar los protocolos, al efectuar las
interpretaciones y también al comunicarlas a los interesados.

Desde otro ángulo, es preciso prestar atención a las características particulares de cada persona, aquellas que la
hacen única e irrepetible; para ello es importante mantener actualizados nuestros conocimientos. La comunicación
de resultados debe ser clara, directa, sin tecnicismos, dosificada y adecuada a las posibilidades, cultura de origen,
formación y características del destinatario, y debe también basarse en un profundo respeto y consideración por
éste. Deberá ser acompañada de propuestas concretas de intervención dirigidas a brindar insumos prácticos,
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intelectuales, emocionales y sociales para afrontar estos resultados y estas indicaciones. Jamás una devolución de
resultados debe generar un daño para el evaluado o sus allegados. Por otra parte, nunca debe olvidarse que el
examinado es un ser bio psico social, que posee, por ende, las tres clases de componentes o atributos, sin perder de
vista ninguno de ellos, pese a que nuestra mirada esté más entrenada para atender a los rasgos psíquicos antes que a
los pertenecientes a las otras dos esferas. La postura adecuada y sensata es la que corresponde al profesional que no
desecha ninguna de las tres dimensiones, reconociendo que no está capacitado para abordar todas.

Los lineamientos de la ITC (Comisión internacional de Test) suponen una actuación acorde con estándares éticos
y profesionales, en cuanto al uso de las técnicas, a la permanente actualización del evaluador sobre el debate
científico que tenga lugar en el área de especialización, así como en referencia al hecho de estar seguro de que las
personas con las que se trabaja o para quienes se trabaja mantienen también dichos estándares; implican también
comportarse con respeto y sensibilidad hacia los examinados, hacia las personas de su entorno y hacia las
instituciones involucradas en el proceso de evaluación, además de presentar la tarea de los evaluadores en forma
positiva y equilibrada cuando ésta tiene lugar en ambientes relacionados con los medios de comunicación. Por su
parte, el código de ética del psicodiagnosticador propone la regulación ética de la tarea concreta del psicólogo que
se desempeña en el ámbito de evaluación, haciendo eje en doce vectores:
1) que la evaluación, el diagnóstico y las intervenciones del área deben ser efectuadas en un contexto estrictamente
profesional,
2) la necesaria competencia del evaluador especializado y el uso apropiado que debe hacerse de cada evaluación e
intervención,
3) las cláusulas referidas al secreto profesional,
4) las cuestiones relativas a la construcción de test,
5) el buen uso que debe hacerse de la evaluación en general y con poblaciones especiales,
6) la adecuada interpretación de los resultados de la evaluación,
7) el deber de no promover la aplicación de técnicas de evaluación por parte de personas no calificadas, no
habilitadas por un título universitario idóneo y sin una preparación especial ulterior a su formación de grado,
8) la vigencia de los test, sus baremos y revisiones,
9) la necesaria comprobación de la adecuación e idoneidad de los servicios informatizados de puntuación e
interpretación que son responsabilidad del evaluador que los contrate,
10) el mantenimiento de la seguridad de los test, de sus materiales, protocolos, datos para la investigación y reserva
en cuanto a las respuestas correctas o esperadas, especialmente con sujetos que van a ser evaluados,
11) cuestiones relacionadas a la comunicación de los resultados de la evaluación y
12) restricciones en cuanto a la difusión en medios de comunicación, ya que ello puede afectar las aplicaciones
futuras de los instrumentos.

Parte 2: Introducción a la medición en Psicología y a la Psicometría. Operacionalización, estandarización y


baremación. Puntuaciones brutas y puntuaciones transformadas. Curva de distribución normal.

Capítulo 3. Las puntuaciones de los test.

Ya se ha hecho referencia a los cuatro niveles de medición y se definió a la medición como la asignación de
números o símbolos a objetos o fenómenos siguiendo ciertas reglas. De acuerdo con esta definición, las pruebas
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psicométricas, quedan caracterizadas como aquellas que permiten relevar y/o procesar información psicológica en
números.

Numerales y niveles de medición.


Los numerales son símbolos numéricos, (1, 2, 3, etc) mientras que el número es la cantidad que estos símbolos
representan. Si los signos numéricos se asignan a las distintas modalidades que puede tener una variable no
cuantitativa, estos símbolos sólo funcionan como numerales -no como números- y en este caso no tiene sentido
hacer operaciones matemáticas entre ellos. Solo si los numerales guardan una relación fija cuantitativa entre ellos
permiten realizar las operaciones matemáticas básicas y se llamarán números. Es decir, los numerales pueden
representar cualidades o cantidades pudiéndose distinguir entre numerales nominales, ordinales, cardinales (de
acuerdo a este nivel cuantitativo es que quedan definidos los niveles de medición de razones e intervalar).

Mediciones psicológicas.
En la ciencia al especificar una medición debes especificar no solo el valor medido sino también el error con que
este se calcula. Hay varias formas de expresar el error y tiene que ver con la facilidad de acceso a la información
sobre lo que quiere medirse. Desde este punto de vista, las mediciones pueden ser directas o indirectas.

Las mediciones directas: son aquellas que el fenómeno a medir puede observarse a través de los sentidos, se puede
contar, calcular o bien comparar con un objeto o fenómeno.

Las mediciones indirectas: el fenómeno a medir no puede evaluarse en forma directa sino que se hace necesario el
uso de un instrumento para “materializarlo” y de este modo asignar números. Dentro de los fenómenos psicológicos
de medición indirecta podemos distinguir 2 tipos:
● Fenómenos tangibles: variables físicas o psicofísicas (ej. el tiempo que tarda un sujeto en resolver
un problema). Se le agrega el error que introduce el instrumento.
● Fenómenos intangibles: se infiere su misma existencia de los indicadores que se le atribuyen en su
operacionalización. El error se maximiza. (Se denominan constructos).

En este capítulo se hará referencia a los instrumentos cuantitativos o semicuantitativos; es por eso que interesa
en este punto destacar cuatro aspectos que se deben tener en cuenta en la construcción de un instrumento de
medición:

1. Cómo se operacionaliza el constructo: relevar cuales son las conductas o cogniciones observables que dan
cuenta del mismo (indicadores) y lo distinguen de otros.
2. Cómo se fomenta que las conductas a evaluar se manifiesten y cómo se les asignan números que representen ya
sea su intensidad o frecuencia, o al menos, su presencia-ausencia.
3. Cómo operar con esos números, para lograr, en lo posible, uno que sean la expresión cuantitativa y/o cualitativa
más acabada posible del constructo que se presente medir.
4. Cómo transformar los números obtenidos en resultados que sean significativos para su interpretación.
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El puntaje bruto.
Los fenómenos intangibles, objetos de mediciones indirectas, se denominan constructos, y la operacionalización
de los mismos permite encontrar sus indicadores. Por otro lado, cualquier constructo operacionalizado u otro
fenómeno que pueda ser medido con más de una modalidad, es decir, que tiene más de un estado posible, en el
contexto de la investigación y medición psicológica, se denomina variable. Así pues, referiremos como variable
psicológica a los fenómenos de interés de la psicología que tienen variabilidad, que se manifiestan con más de una
modalidad, sean estas cualitativas o cuantitativas. Si se pueden contar o ponderar las conductas observables
atribuidas a una variable psicológica, el resultado es una medida del fenómeno. Este principio es la base funcional
de la mayoría de los instrumentos de medición psicológica indirectos.

Ampliando el concepto de escalamiento tratado en el capítulo 1, se definía como escala de medición psicológica al
conjunto de modalidades de un constructo psicológico vinculados unívocamente a un conjunto de números
(numerales) distintos. Se podría también expresar que es un conjunto de números asignados unívocamente a una
variable psicológica y para ser unívocos los numerales asignados deberán cumplir con dos propiedades: ser
exclusivos (que cada una de las modalidades solo pueda ser representada por un numeral) y exhaustivos (que todas
las modalidades posibles tengan asignado un numeral). Una misma variable puede desglosarse en varios ítems o
reactivos, la suma de los mismos, generará un nuevo puntaje que sintetiza o representará la
cantidad/cualidad/frecuencia de la variable y que ha sido el resultado de este proceso de medición. Se lo suele
denominar puntaje bruto. El puntaje bruto es, entonces, un número que representa una cuantificación de la
variable o constructo a medir. Una gran parte de los instrumentos de medición tiene como resultado al menos un
puntaje bruto, aunque pueden no tenerlo. El puntaje bruto es el resultado final de la escala de medición.

Valoración del puntaje bruto.


En sí mismo, el puntaje bruto no aporta suficiente información con respecto a la magnitud de la medida obtenida.
Para comprender si el puntaje bruto es alto, bajo o intermedio se requiere de un sistema de referencia externo,
generalmente una comparación con los valores que comúnmente obtienen los demás sujetos. Lo que se hace para
valorar al puntaje bruto es compararlo con otros valores que permitan contextualizarlo. Los valores más utilizados
para contextualizarlos son las frecuencias (absolutas, relativas, acumuladas, mediana), la media (o promedio) y el
desvío estándar, obtenidos del conjunto de datos de una población. Cuando a estos valores se los utiliza para
convertir los puntajes brutos en otros, a los últimos se los conoce como Puntajes Transformados. Los nuevos
números que se asignarán a los puntajes brutos ya no son producto de la cuantificación directa del constructo a
medir, es decir no son el producto de una escala de medición, sino que se trata de nuevos números, fruto de la
comparación de los puntajes brutos con referencias poblacionales. Estos números no expresan cuánto de la variable
Elisa Tedesco

puntuó el examinado, sino cuánto puntuó en relación con los demás. Es oportuno remarcar que los instrumentos de
medición suelen estar conformados por una escala de medición y un dispositivo de conversión para la valoración,
cuyos resultados dan puntajes relacionados con los primeros, pero de distinta naturaleza.

A su vez, los puntajes transformados pueden clasificarse en dos grandes tipos: las Medidas de Posición y los
Puntajes Estándar.

Medidas de posición.

Lo ideal para establecer comparaciones y valorar el puntaje obtenido por un sujeto es hacerlo con los puntajes de la
población, entendiendo esta última como el conjunto de todos los sujetos con los que se desea comparar al primero.
A los valores estadísticos que se obtienen de esos puntajes (como son el promedio, mediana, desvío estándar, etc)
se los denomina parámetros, es decir, lo ideal sería comparar el puntaje del sujeto a examinar con estos
parámetros. En la gran mayoría de los casos de muy poco práctico obtener los puntajes de toda la población para
realizar dicha comparación, por ello es necesario recurrir a subconjuntos de la misma llamados muestras.

Muestreo.
Lo más importante para que estos parámetros estén adecuadamente estimados, es haberlos calculado con muestras
representativas de la población. Si la muestra es inadecuada, el instrumento de medición no podrá usarse como tal,
ya que aún siendo útil la escala de medición, no lo es la valoración.

Organización de los puntajes: frecuencias.


Una vez que se ha seleccionado la muestra, se administra el instrumento en cuestión a todos sus integrantes y se
calculan los resultados obtenidos por cada uno de los sujetos. Con esos puntajes, convenientemente tratados, se
calculan los estadísticos y se estiman los parámetros. Estos valores son presentados en los manuales para uso del
evaluador, en forma de tablas que permiten la conversión de los puntajes brutos a puntajes transformados. Dichas
tablas reciben el nombre de baremos o normas estadísticas.

En éstas, se encuentran presentes los resultados agrupados por frecuencia de respuestas. A las cantidades de casos
correspondientes a cada uno de los distintos puntajes se las denomina frecuencia (también frecuencia absoluta)
de dicho puntaje. Estas frecuencias (números de casos) se expresan con la letra n y cada puntaje (la variable
psicológica) se expresa con la letra x. Así entonces para x=9 hay frecuencia n=5. La cantidad total de datos que
conforman la muestra se denomina con la letra N. N=20.

Se denomina frecuencia relativa a la frecuencia absoluta dividida la cantidad total de datos que conforman la
muestra, y se expresa con la letra p. La frecuencia relativa expresa entonces qué proporción hay de determinado
puntaje respecto del total de puntajes o datos que conforman la muestra. Para mayor claridad, a la frecuencia
relativa se la multiplica por 100, obteniendo entonces la frecuencia relativa porcentual. La frecuencia arroja
información sobre qué tan recurrente o común es determinado puntaje.

Distribución de frecuencias:
Medianas: una manera de mejorar el ordenamiento de los datos cuando se trabaja con una variable de nivel
ordinal, intervalar o de cocientes, es utilizar las frecuencias acumuladas. Para ello se ordenan los resultados de
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menor a mayor y se calcula la frecuencia obtenida por cada uno de ellos. Se llamará frecuencia acumulada a la
frecuencia que tiene un determinado puntaje más las frecuencias que tienen todos los resultados menores a él.
Todos los puntajes transformados llamados medidas de posición se basan en las frecuencias acumuladas
porcentuales. Los más destacados en psicología son el percentil, el decil, y el cuartil; en general a este tipo de
medidas se las denomina cuantiles o fractiles.

Percentil: como se ha visto, la mediana es el valor que divide al conjunto de los datos en dos mitades con la misma
cantidad de datos (en este caso puntajes brutos). Si se deseara dividir la distribución en 100 partes en cada una de
las cuales se encuentre la misma cantidad de casos, hacen falta 99 valores. Esos puntajes que dividen la distribución
en 100 partes con el 1% de los casos en cada una de ellas se denominan percentiles. El percentil (también llamado
centil) expresa qué porcentaje de mediciones de la muestra tiene por debajo o en el mismo valor cada puntaje bruto.

Decil: son puntajes análogos a los percentiles, pero en lugar de tener un rango de 99 posiciones, tienen uno de 9.
Estos 9 valores son aquellos que dividen a los datos en 10 conjuntos de igual cantidad y se obtienen también de las
frecuencias acumuladas.

Cuartiles: son otra medida de posición que dividen los resultados solo en cuatro agrupamientos de igual cantidad
de datos, basándose en los percentiles, 25, 50 y 75 a los que se los llama primer, segundo, tercer y cuarto cuartil.

Los puntajes estándar.


Los puntajes estándar se obtienen mediante un cálculo matemático por el que se logra comparar el puntaje bruto
evaluado en un sujeto con el valor medio y el desvío estándar previamente calculados en una muestra. Un aspecto
importante de los puntajes estándar es que como se obtiene de una fórmula matemática aplicada a los puntajes
brutos, a cada uno de estos le corresponde un único puntaje estándar. Es decir, los puntajes transformados
mantienen el aspecto unívoco que caracteriza a las escalas de medición.

Puntaje diferencial: uso de la media.


Para obtener el puntaje medio o promedio, es necesario administrar el instrumento a una muestra de sujetos y
obtener los puntajes de cada uno de los individuos. Hecho esto, la media se obtiene sumando todos los puntajes y
dividiendo el resultado de esa suma por la cantidad de sujetos evaluados. Estadísticamente se la expresa como X. Si
al puntaje bruto se le resta el valor de la media, se obtiene un nuevo puntaje cuyo valor indica cuán apartado del
valor promedio está el puntaje bruto en cuestión. Este nuevo puntaje se denomina puntaje diferencial. Si el puntaje
bruto de un sujeto fuera superior al valor promedio, el puntaje diferencial será un valor positivo, de lo contrario,
será negativo. La ventaja del uso de los puntajes diferenciales con respecto a los puntajes brutos es que informan
si la medida está por encima o por debajo de la media con solo ver su signo; también indican, con su valor absoluto,
que tan lejos está del valor promedio.

Puntaje z: uso de media y desvío estándar.


Para superar las limitaciones que tiene el uso de la media como cociente para dividir los puntajes diferenciales, se
usa otro estadístico que toma en cuenta la dispersión que tienen los valores respecto de la media. El desvío estándar
o desvío típico es la raíz cuadrada del promedio de los puntajes diferenciales elevados al cuadrado. Es una medida
que varía de acuerdo a cuán dispersos están los puntajes brutos respecto de la media. Si el valor es muy pequeño
indicará que la muestra está agrupada alrededor de la media; valores más elevados implican mayor lejanía de los
PB con respecto al promedio. SD= (pb-M)2N.

Por ejemplo:
● puntaje: 17.
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● media: 20.
● DE: 5.
La cuenta se realiza de la siguiente manera: 17-20 / 5 = -0.6 .
Si observamos en la campana de gauss donde se ubicaría el puntaje zeta (-0.6) se la encontraría entre el primer
desvío negativo y la media, estando por debajo de esta (la media en la campana se encuentra en el punto 0).

El puntaje Z tiene gran difusión en los instrumentos de evaluación psicológica. Por eso es importante conocer
algunas de sus propiedades:
1. Cuando el PB obtenido de una medición es igual al valor de la media, z valdrá cero.
2. Si z es un valor positivo entonces el puntaje bruto con el que se calculó es mayor a la media, y si es negativo,
dicho bruto es menor a la media.
3. Cuando el puntaje z=-1, entonces la diferencia pb-x=s, es decir, un puntaje z=-1 indica que este puntaje bruto se
corresponde a un valor ubicado exactamente un desvío estándar por debajo de la media. Es decir, que el número z
indica cuán alejado o cercano a la media está un puntaje bruto en unidades de desvío estándar.

En síntesis, el puntaje z es un puntaje transformado que puede obtenerse a partir de un puntaje bruto, cuando se
conocen la media y el desvío estándar de los puntajes obtenidos previamente en una muestra. Este puntaje es un
número que puede ser positivo o negativo, e indica cuán cercano o lejano al valor promedio de la muestra está el
puntaje bruto.

Puntaje T.
Para simplificar la interpretación de los puntajes estándar, numerosos instrumentos utilizan variantes del z, una de
ellas es el puntaje T. Que se obtiene de la siguiente manera:

resultado siguiendo el ejemplo anterior sería: 17-20 / 5= -0.6


a ese resultado lo continuamos así: (-0.6) x 10 +50 = 44.

Puntajes CI.
Las escalas Wechsler de inteligencia expresan sus resultados principales en puntajes transformados, también
derivados del z, llamados Coeficientes intelectuales y Puntajes índice. CI=100 M +15 DE, donde CI coeficiente
intelectual, I índice (cualquiera de los cinco índices que tiene el Wechsler) y z=puntaje z.

Todos los índices comparten las mismas características como puntajes transformados, usando una media de 100
puntos y un desvío estándar de 15. La lectura de los CI así como de los índices es análoga a los T y z. En este
caso, un CI de 100 indica que el examinado ha obtenido un valor medio; un CI=115 se corresponde a un puntaje
z=1, es decir, un desvío estándar por encima de la media.

Con el objetivo de facilitar la lectura de los CI, las Escalas Wechsler proponen rangos o intervalos de
interpretación, que se seleccionaron teniendo en cuenta la frecuencia con la que los sujetos pueden obtener distintos
valores de CI.
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Puntajes equivalentes.
Las escalas Weschler obtienen sus valores de CI y Puntajes índice de una combinatoria de puntajes obtenidos a
través de los distintos subtest que las componen. Cada uno de estos subtest puede administrarse en forma
independiente de los otros, según la secuencia de administración que indica el manual. Como resultado de la
puntuación de cada uno de ellos se obtienen los correspondientes puntajes brutos que se han de convertir en un
puntaje transformado que permita su comparación, además de permitir su agrupamiento tanto en los puntajes índice
o CI.

Cada uno de estos puntajes transformados es también una variante del puntaje z llamado puntaje equivalente, que
se obtiene con una modificación de la fórmula z, pero en este caso resulta conveniente que la media sea de 10
puntos y el desvío de 3. Para lograr esto se igualan los puntajes equivalentes a los puntajes z. Pe=10+3z Como se
podrá observar, se trata del puntaje z al que se lo multiplica por 3 y se le suma una constante de 10.

Puntajes y distribución normal.

Distribución normal.
Si se grafican los datos de determinada muestra, las frecuencias, mediante un diagrama de barras, donde la altura de
cada una (y) indique el valor de la frecuencia, y el eje horizontal (x) el valor del puntaje, se obtendrá un gráfico
donde se presenta una cantidad de frecuencias más elevadas en la parte central y que estas van disminuyendo tanto
hacia los extremos. Este tipo de frecuencias es uno de los más comunes y se presenta ante magnitudes físicas, de
constructos psicológicos, etc. Tal repetición fundamenta su nominación: distribución de frecuencias normal.

Gauss fue quien formuló un modelo y ecuación para hacer cálculos con distribuciones de este tipo. El modelo de
distribución normal propuesto por Gauss parte de varias postulaciones. La variable debe ser continua y debe poder
tomar valores infinitamente pequeños y grandes.

Características de la distribución teórica normal:


● La altura de la curva en cada punto que la compone representa la densidad de frecuencia, es decir la
frecuencia de la variable que se está graficando en la curva dividida la frecuencia máxima. La altura
máxima de la curva, representa a la mayor frecuencia dividida por sí misma por lo que su valor es
uno, y se halla en el centro de la distribución.
● La curva es asintótica tanto hacia los valores mayores como los menores, es decir, la altura nunca
llega a ser, por ende nunca toca el eje de abscisas.
● La media y la mediana coinciden en el mismo valor que se encuentra en el centro de la distribución.
● Hay dos puntos destacados en la curva (uno por debajo y uno por encima) en el cual esta pasa de
convexa a cóncava. Estos puntos se corresponden con un desvío estándar por encima o uno por
debajo del valor central, del que ya se dijera corresponde a media y mediana.
● Al valor central se le asignó arbitrariamente el valor de cero y al punto que le corresponde al desvío
estándar la unidad. Adoptada esta convención, el cero estará en el centro y la unidad de la curva es el
desvío estándar.

Equivalencias entre medidas estándar y de posición.


Cuando la distribución de frecuencias es normal, cada puntaje normalizado (t, z, ci, etc) dejará por debajo de sí un
exacto valor del área de la curva, área que indica el porcentaje de casos que queda por debajo de ese valor. Como
el porcentaje de casos que queda por debajo de un calor se corresponde con el percentil, siempre que la
distribución sea normal es posible hallar la correspondencia exacta entre estos y los puntajes estándar.
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Comparación de escalas con distribución no normal.


Las escalas que evalúan dimensiones psicopatológicas no se distribuyen de manera normal en la población.

Puntaje T normalizado.
Una de las variantes del puntaje t es el T normalizado, utilizado en SCL-90. Se obtiene “normalizando” la
distribución de frecuencias de cada una de las escalas de las 9 dimensiones primarias que lo conforman. A partir de
cada uno de los PB se calcula el percentil o frecuencia acumulada que le corresponde. Luego, se le asigna a ese
percentil el puntaje T que le correspondería de acuerdo a la curva normal.

Valor medio=50
DE=10 A
A cada valor T le corresponde un percentil de una distribución normal.

Puntajes de prevalencia (PP).


Propuestos por Millon (MIPS) es una variante que combina la distribución de frecuencias con tasas de prevalencias
poblacionales de los constructos a evaluar. Se utiliza el término prevalencia para indicar la frecuencia que tiene
determinado constructo en una población, es decir qué proporción o porcentaje de sujetos poseen ese rasgo en el
total de la población.

DIFERENCIA ENTRE PUNTAJE T LINEAL Y T NORMALIZADO: En el puntaje T NORMALIZADO en


vez de calcularse como derivado del Z se calcula en función de los percentiles de la muestra. Así, T 50 se ubicaría
en el P50 (percentil 50) que sería coincidente con la media de la muestra. La diferencia entre ambos es que el
LINEAL asume una distribución normal y se ubica en función de la media de Z y el normalizado NO asume una
distribución normal y se ubica en función del percentil 50. Por ejemplo en las variables clínicas como los síntomas
la curva no se distribuye normalmente. (ejemplo SCL-90-R).

La medición de lo psicológico - muñiz.


Elisa Tedesco

El fin general de toda teoría de la medición, es estimar los errores aleatorios de las mediciones, pues toda
medición siempre conlleva un cierto error. En la medición de lo psicológico, existen unos problemas generales que
se presentan en todos los campos. En todos los casos, por un lado, hay que estimar la cuantía de los errores
cometidos al medir, y, por otro, hay que garantizar que la medición tiene entidad explicativa y predictiva. En otras
palabras, hay que comprobar que las mediciones son fiables y válidas. Asimismo, los teóricos de la medición se
ocupan de analizar y justificar de forma rigurosa el estatus métrico de las mediciones, contemplando a la luz de los
avances de la teoría de la medición.
FIABILIDAD.
Bajo la denominación genérica de fiabilidad se agrupan todo un conjunto de métodos y técnicas utilizada por los
psicólogos para estimar el grado de precisión con el que están midiendo sus variables. Cuando un psicólogo
aplica un test, una escala o cualquier otro instrumento de medida a una persona, obtiene una puntuación
denominada puntuación empírica. ¿Cómo estar seguros de que esa puntuación obtenida es la que verdaderamente le
corresponde a esa persona en esa prueba? ¿cuánto error afecta a esa puntuación empírica? Responder a esas
preguntas es el objetivo de la fiabilidad. Este objetivo se logra a través de métodos indirectos.

Se destacan dos modelos para la estimación de los errores:

Modelo clásico: Spearman considera que la puntuación empírica de un sujeto en una prueba, consta de dos
componentes, la puntuación que verdaderamente le corresponde en esa prueba, y un cierto error. Para poder derivar
las fórmulas necesarias para el cálculo de la fiabilidad, Spearman añade al modelo tres supuestos y una definición.

Asume que 1) la verdadera puntuación de una persona en una prueba sería la que obtendría como promedio si se le
aplicase infinitas veces la prueba, 2) no hay relación entre la verdadera puntuación de las personas y los errores de
medida, y 3) los errores de medida de los test no están relacionados. Además, define el concepto de test paralelos
como aquellos que miden lo mismo aunque utilizando distintos ítems.
A partir de este modelo, va a ser posible llegar a fórmulas operativas para la estimación de los errores y por ende de
las puntuaciones verdaderas de los sujetos. En otras palabras, se obtiene la fórmula del Coeficiente de fiabilidad.

Otra forma de expresar la fiabilidad de los test es mediante el Error Típico de Medida. Se considera que son tres
fuentes las que dan lugar al error aleatorio en la medida psicológica: 1) la propia persona evaluada, 2) el propio
instrumento de medida y 3) la evaluación del profesional.

El enfoque clásico presenta tres principales limitaciones:


1) ausencia de invarianza de las mediciones respecto del instrumento utilizado, es decir, bajo el modelo clásico
cuando se utilizan test distintos para evaluar la misma variable no se obtienen directamente resultados en la misma
escala, por lo que hay que proceder a equiparar las puntuaciones obtenidas.
2) la dependencia que las propiedades del instrumento utilizado tienen de las propias personas evaluadas, lo cual no
es deseable dentro de un marco riguroso de medición.
3) problema de la dependencia entre la cantidad de error y el nivel de las personas en la variable medida: dentro del
marco clásico se estima el coeficiente de fiabilidad de una determinada prueba y se asume que es el mismo para
todas las personas a las que se aplica la prueba. Sin embargo, se ha comprobado que el mismo test no mide con la
misma precisión a todas las personas, que su precisión está en función del nivel de la persona en la variable medida.

Teoría de la respuesta a los ítems: bajo la óptica de la TRI la fiabilidad de una prueba pasa a denominarse
Función de Información, y es una función matemática continua a lo largo de la escala de las puntuaciones de la
prueba. Es decir, el test ya no tiene un coeficiente de fiabilidad determinado, éste depende, está en función, del
nivel de la persona en la variable medida. La fiabilidad se expresa mediante una función (función de información)
que toma distintos valores según el nivel de la persona en el test. La tecnología evaluativa basada en la teoría de
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respuesta a los ítems nos ha liberado de la necesidad de tener que utilizar el mismo test con todas las personas para
poder compararlas. Esta nueva conceptualización del error permitida por el marco de la TRI ha llevado a una
verdadera revolución en la evaluación psicológica y educativa en los últimos años. Puesto que ya no es necesario
utilizar el mismo test para evaluar a todas las personas, se elige aquél que mida con mayor precisión a cada cual, es
lo que se ha dado en llamar Test Adaptativos Computerizados. Para elegir la prueba más adecuada para cada
persona, se busca aquella prueba cuya dificultad mejor se ajuste al examinado. Para ello se van presentando uno a
uno los ítems extraídos de un Banco de ítems y en función de las respuestas, según sean aciertos o errores, se va
aumentando o disminuyendo la dificultad de los ítems subsiguientes. Los que trabajan con ítems más sencillos no
se encuentran beneficiados, puesto que en la puntuación final se puede observar que no es lo mismo acertar ítems
fáciles que difíciles, estos puntúan distintos.

VALIDEZ.
Una vez que existen garantías de que un instrumento mide con precisión, surge la pregunta clave: ¿son válidas las
inferencias hechas a partir de él? Porque no se trata sólo de medir con precisión, además, y, sobre todo, hay que
garantizar que las inferencias y decisiones que se hacen basadas en esas mediciones son correctas. Es este el
problema de la validez. Para probar la validez de las inferencias hechas a partir de las pruebas hay que recoger
evidencia empírica que corrobore o refute las inferencias. Entonces, lo que se valida no es la prueba en sí, sino las
inferencias hechas a partir de ella. La forma estándar de validar las inferencias es derivar predicciones y
contrastarlas con los datos. Dentro de este marco general hay tres procedimientos clásicos y muy utilizados para
recabar información empírica probatoria de la validez, denominados Validez de contenido, Validez predictiva y
Validez de constructo.

La validez de contenido: tiene un carácter básico, y va encaminada a comprobar que la prueba recoge una muestra
representativa de los contenidos correspondientes al campo evaluado. Por ejemplo, si se trata de una escala de
actitudes hay que asegurarse que todos los componentes que conforman la actitud están representados en la escala.
La validez predictiva: se centra en la comprobación de que las pruebas predicen aquello para lo que fueron
diseñadas. La capacidad predictiva suele expresarse mediante su Coeficiente de validez, que es la correlación entre
las puntuaciones en la prueba y la ejecución en el criterio que se pretende predecir.
La validez de constructo: trata de asegurar que las variables o constructos medidos, además de capacidad
predictiva, tienen rigor, y se encuentran insertas dentro de un marco teórico coherente.

TEORÍA DE LA MEDICIÓN.
Paralelo a la medición empírica de las variables psicológicas, existe toda una línea de trabajo más teórica
encaminada al análisis del estatus teórico de las mediciones psicológicas, que hincha sus raíces en los trabajos
originarios del campo de la física. Un comité dirigido por Campbell emitió un informe en el que dudan que las
mediciones de carácter psicológico y psicofísico reúnan las condiciones exigidas por los axiomas de Hölder. El
argumento central de Campbell era que para poder hablar de medición debe de darse un isomorfismo entre la
cantidad y las magnitudes de la propiedad a medir.

Aproximación clásica: la revolución copernicana en la fundamentación teórica de la medición psicológica elimina


la restricción de que los números asignados como medidas tengan que obedecer necesariamente a leyes de la
cantidad, abriendo así la posibilidad a otros tipos de escalas. Stevens define la medición como la asignación de
números a objetos según determinadas reglas. La flexibilización introducida al permitir diferentes reglas de
asignación extiende el sistema de Campbell y permite el establecimiento de las hoy clásicas cuatro escalas de
medición: nominal, ordinal, intervalo y de razón.

Enfoque representacional: medir es construir un modelo de alguna realidad existente en el mundo. Por tanto,
como cualquier otra modelización, implica establecer una correspondencia entre el sistema relacional empírico (el
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mundo) y un sistema relacional formal (el modelo), de tal modo que se pueda decir que uno representa al otro; si el
modelo es numérico entonces la representación se denomina medición. En este contexto los problemas de la
medición no son otros que los problemas científicos generales para establecer modelos de la realidad, la medición
pasa a ser modelización en la que el sistema relacional formal son los números. Por tanto el problema central a
resolver será el de la representación, es decir, asegurarse que el modelo representa adecuadamente la realidad.
Medir es modelizar.

Medrano y Pérez - Manual de Psicometría y Evaluación Psicológica.

Medición en psicología: Posee una serie de dificultades, ya que no siempre se puede establecer con
claridad un isomorfismo entre el sistema numérico y el empírico, esto se debe a que trabajamos con
constructos teóricos. En psicología, se suelen utilizar las mediciones indirectas, ya que muchos conceptos
no tienen un referente empírico inmediato, por lo que se deben buscar procedimientos que permitan una
medición indirecta mediante indicadores operacionales, es decir, manifestaciones externas, empíricas y
observables. Cuando efectuamos una medición en psicología lo hacemos asumiendo dos grandes
supuestos: asumimos que existen rasgos o características psicológicas reconocibles que describen
aspectos importantes de los individuos, y asumimos que es posible cuantificar estos rasgos.

Tres problemas de medición:


1. No explicitar las reglas que utilizamos para medir un constructo: Cuando un
psicoterapeuta no explica los criterios que utilizó para llegar a un diagnóstico, lo cual genera
confusiones entre los profesionales, ya que para un profesional los indicadores operacionales
pueden ser distintos a los considerados por otro. Cuando un profesional otorga mayor
importancia a ciertos indicadores que a otros. Esto conlleva muchos problemas de
comunicación, y, en consecuencia, dificulta la posibilidad de un trabajo grupal e
interdisciplinario.
2. Utilizar reglas distintas para medir un constructo y posteriormente compararlas:
Cuando dos investigadores estudian el mismo fenómeno, pero al momento de realizar el
estudio uno de ellos utiliza un método para medir el fenómeno, y el otro utiliza un método
alternativo. El problema que surge es determinar si las conclusiones a las que cada
investigador arriba son comparables entre sí. (pruebas psicológicas que dicen evaluar el
mismo constructo, pero que utilizan metodologías radicalmente distintas).
3. dificultades de acuerdo o convención en relación al modo en que conceptualizamos el
atributo que se pretende medir: En la psicología, los constructos no pueden definirse
operacionalmente de manera aislada, sino que deben relacionarse o integrarse a una teoría.
Cuando pretendemos medir un constructo teórico, debemos definir los indicadores que
usaremos para efectuar tal medición. Para ello, es esencial haber definido previamente la
naturaleza del atributo que pretendemos medir. La forma en que conceptualizamos un
atributo determina qué indicadores operacionales vamos a considerar. Cada vez que se
pretenda medir una misma variable psicológica nos encontraremos con varios modelos
teóricos que plantean diferentes conceptualizaciones de la misma, y, en consecuencia,
contemplan diferentes indicadores operacionales.
Elisa Tedesco

➢ Debido a las dificultades que conlleva efectuar una medición de los constructos psicológicos es
que existe la psicometría, un área de la psicología que se ocupa de los procedimientos de medición
del comportamiento humano, incluyendo a los tests psicométricos.
➢ Es importante que el psicólogo sepa estas cuestiones porque muchas veces la mayor fuente de
error y sesgo en los instrumentos de medición psicológica se debe al uso inadecuado de los mismos.

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