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Leyes de la Academia Nacional de Historia

El documento presenta la Ley Número 24 de 1909, que otorga carácter oficial a la Academia Nacional de Historia de Colombia, y la Ley 28 de 1916, que complementa la anterior, asignando fondos para su funcionamiento y publicaciones. Se detalla la estructura de financiamiento y la autonomía de la Academia, así como la importancia de su labor en la cultura nacional. Además, se incluye un estudio sobre las divisiones territoriales de Colombia, resaltando la influencia de figuras históricas como el General Tomás Cipriano de Mosquera en la organización territorial del país.
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Leyes de la Academia Nacional de Historia

El documento presenta la Ley Número 24 de 1909, que otorga carácter oficial a la Academia Nacional de Historia de Colombia, y la Ley 28 de 1916, que complementa la anterior, asignando fondos para su funcionamiento y publicaciones. Se detalla la estructura de financiamiento y la autonomía de la Academia, así como la importancia de su labor en la cultura nacional. Además, se incluye un estudio sobre las divisiones territoriales de Colombia, resaltando la influencia de figuras históricas como el General Tomás Cipriano de Mosquera en la organización territorial del país.
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AñoXI—Núm.

122 Diciembre: 1916

DE HISTORIA T ANTIGÜEDADES
ORGANO DE LA ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA
-=>©c=-
Director, PEDRO M, IBANEZ

Bogotá — República de Colombia

BE9E5 nflCÍ0nflfaE5 SOBRE bfl ACflDEÍDlA DE BISTORIfl (1)


LEY NUMERO 24 DE 1909
(28 OE s e pt ie m b r e )

por la cual se reconoce carácter oficial a la Academia Nacional de


Historia.

El Congreso de Colombia,

CONSIDERANDO

Que la Academia Nacional de Historia, creada por Decreto


número 1808, dictado por el Poder Ejecutivo el 12 de diciembre
de 1902, ha prestado y está llamada a prestar servicios de grande
importancia para la cultura nacional y la Administración Pública,

d ec r et a :

Articulo i.° La Academia Nacional de Historia tendrá el ca­


rácter de Academia Oficial y será Cuerpo consultivo del Gobierno,
sin que por eso se le prive en manera alguna de su autonomía.
Artículo 2.0 El Boletín de Historia y Antigüedades y la
Biblioteca de Historia se continuarán publicando a costa del Teso­
ro Nacional.
Artículo 3.0 Destinase la suma de dos mil trescientos pesos
anuales para gastos de personal y material de la Academia, así:

(1) La Ley expedida por el Congreso de 1916, señalada con el


número 28, complementa la sancionada en 1909, por la cual se recono­
ció carácter oficial a la Academia. Esta Ley se publicó en el número
67 del Boletín de Historia, que hace parte del volumen vi, y se re­
gistra en la página 462. Con el fin de facilitar la consulta de estos ac­
tos legislativos, insertamos las dos Leyes a la cabeza de este número
del Boletín.
El Decreto ejecutivo número 1371, de .10 de agosto de 1916, que
destinó el edificio del Salón de Grados y algunas de sus dependen­
cias para la Academia Nacional de Historia, se halla publicado en
la página 756 del volumen x del Boletín ¿e Historia.
xi—5
66 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

Sueldo del Secretario de la Academia y Director del


Boletín......
Sueldo de un Secretario Auxiliar.................................. 6oo
Sueldo de un Escribiente........................................ 480
Para mobiliario, alumbrado y útiles de escritorio..... 260

Suma......... $ 2,300
En la Ley de Presupuestos de cada vigencia económica se in­
cluirá esta partida en el Departamento de Instrucción Pública.
Artículo 4.0 El auxilio para sueldos se les pagará por men­
sualidades vencidas, respectivamente, a las personas que nombre
la Academia para el desempeño de los cargos de Secretario, Secre­
tario Auxiliar y Escribiente. El referente a material se le cubrirá
al Tesorero de la Academia por cuatrimestres anticipados.
Articulo 5.0 Quedan derogados los decretos por los cuales se
otorgó alguna subvención anteriormente a la Academia.
Dada en Bogotá a diez y ocho de septiembre de mil nove­
cientos nueve.
El Presidente del Senado,
An t o n io Jo s é Ur ib e
El Presidente de la Cámara de Representantes
Pe d r o Ne l Os pin a
El Secretario del Senado,
Carlos Tamayo
El Secretario de la Cámara de Representantes,
Luis Mat ia Terán

Poder Ejecutivo—Bogotá, septiembre 28 de 1909.


Publíquese y ejecútese.
(L. S.).
RAMON GONZALEZ VALENCIA
El Ministro de Instrucción Pública,
Ma n u e l Dá v il a Fl ó r e z
(Diario Oficial número 13802 de 2 de octubre de 1909).

LEY 28 DE 1916

OCTUBRE IO
adicional a la número 24 de 1909.
El Congreso de Colombia

d ec r et a :

Artículo i.° Para dar cumplimiento al articulo 2.0 de la Lejr


número 24 de 1909, se destina la suma de cinco mil seiscientos
LEYES NACIONALES 67

pesos ($ 5,600) anuales para gastos de publicaciones de la Acade­


mia Nacional de Historia, así:
Para doce números anuales del Boletín de Historia y Anti­
güedades • •••••••••• • • • 1,350
Para cinco tomos anuales de la Biblioteca de Historia
Nacional........................................................................................ 4,250

Suma............................... $ 5,600

En la Ley de Presupuestos de cada vigencia económica se in­


cluirá esta partida en el departamento de Instrucción Pública, y
los pagos se harán al Tesorero de la Academia por cuatrimestres
anticipados.
La selección y dirección de las publicaciones a que se refiere
esta Ley continuarán a cargo de la Academia Nacional de Historia.
Artículo 2.0 Destínase para la Academia Nacional de Historia
el edificio denominado Salón de Grados, exceptuando las partes
de aquél que se hallen actualmente ocupadas por la Biblioteca Na­
cional o por otras oficinas'nacionales. La Academia podrá ocupar
este local hasta que se disponga la reconstrucción del edificio.
Parágrafo. Cuando el Gobierno o las demás Academias o So­
ciedades científicas necesitaren el salón para actos públicos, la
Academia Nacional de Historia lo pondrá a disposición de las en­
tidades correspondientes.
Artículo 3.0 Lo dispuesto en el artículo i.° de esta Ley se
entiende mientras la Imprenta Nacional no pueda hacer con ente­
ra normalidad los trabajos correspondientes.
Artículo 4.a En los términos de la presente queda adiciona­
da la Ley 24 de 1909.
Dada en Bogotá a siete de octubre de mil novecientos diez y
seis.
El Presidente del Senado,
Fr a n c is c o Jo s é Ur r u t ia
El Presidente de la Cámara de Representantes,
Sa c r a m e n t o Ce b a l l o s G.
El Secretario del Senado, Julio D. Portocarrero
El Secretario de la Cámara de Representantes,
Fernando Restrepo Bi iceña

Podtr Ejecutivo—Bogotá, octubre 10 de 1916.


Publíquese y ejecútese
JOSE VICENTE CONCHA
El Ministro de Instrucción Pública, Em il io Fe r r e r o
68 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

D1V1SIODES TERRITORIALES DE CObOÍDBIA


ESTUDIO LEÍDO POR DON GUSTAVO ARBOLEDA R., PARA SU RECEP­
CIÓN COMO MIEMBRO DE NÚMERO DE LA ACADEMIA NACIONAL DE
HISTORIA, EN LA NOCHE DEL 26 DE SEPTIEMBRE ÚLTIMO

Señor Presidente de la Academia Nacional de Historia, seño­


res académicos, señores:
Es de reglamento en la Academia Nacional de Historia que
cada miembro de número, al recibirse, dé lectura a algún trabajo
sobre tema acorde con los fines de la corporación. Dispensaréis
pues que fatigue vuestra atención en estos momentos, y que lo
haga disertando sobre un punto de la historia del país que nunca
deja de tener novedad, porque nunca acaba el legislador o el cons­
tituyente nacional de enriquecerlo: me refiero a la división territo­
rial de la República, cuya trayectoria, desde que adquirimos el de­
recho a constituirnos libremente, me ha servido para hilvanar el
presente estudio. Como veréis, si hay en vosotros bondad y pa­
ciencia para escucharme, he querido esbozar a grandes rasgos una
materia que, hermanando el campo histórico y el jurídico, daría
asunto a personas más capaces para disertar hermosamente en mu­
chas páginas de estilo galano y doctrina jugosa.
Se dejó a mi elección determinar el día para esta ceremonia.
Por hallarse dentro del tiempo en que me alistaba para el caso, he
escogido esta fecha, céntesimo décimooctavo aniversario del natali­
cio del General Tomás Cipriano de Mosquera, sin que ello impli­
que adhesión a tan notable figura nacional, sujeta a juicios contra­
dictorios y no bien apreciada hasta el presente. Mosquera, preciso
es declararlo, tiene en la historia nacional un copioso debe y un
haber no menos abundante. Su actuación está por balancearse.
Respecto al tema de mi discurso, el Gran General ha sido el co­
lombiano que entre nuestros legisladores y Jefes de Estado más
haya influido para los cambios y mutaciones del territorio nacio­
nal, dentro de las fronteras del uti possidetis. Estados, Provincias,
Cantones, Territorios y Distritos parroquiales hubo que a su inicia­
tiva, a su influjo o a su autoridad, no importa de dónde emanase,
debieron la creación y funcionamiento, y hasta nuestro escudo de
armas tuvo origen en la opinión de Mosquera, que triunfó en el
Congreso de 1834, haciendo reformar el primitivo proyecto, que
copiaba la heráldica de Venezuela.
El valeroso defensor de Barbacoas en la guerra magna; el
agente de la dictadura de Bolívar en Guayaquil; el progresista Pre­
sidente del 45; el vanidoso diplomático; el entendido Ministro de
la Guerra y jefe Militar legitimista; el rebelde Gobernador del
Cauca, caudillo de la única guerra civil que entre nosotros haya
triunfado; el veterano parlamentario; el fecundo aunque empírico
e incorrecto escritor que espigó en todos los campos de la activi­
dad intelectual, fue, como dijo un poeta, hoy hace diez y ocho
años «vendaval, pero también aurora....» Y dejando a un lado al
singular personaje, entro en materia.
DIVISIONES TERRITORIALES DE COLOMBIA 69

La actual República de Colombia fue constituida, al procla­


marse la independencia nacional, con el Virreinato de la Nueva
Granada, del cual dependían la Capitanía General de Venezuela y
la Presidencia de Quito. Todas tres porciones se hallaban enton­
ces divididas en Provincias. Las granadinas estuvieron organizadas
de modo vario en los dos lustros inmediatamente siguientes a 1810*
primaba la forma federal, que algunas llevaron hasta la exagera­
ción, proclamando su soberanía absoluta, causa eficiente del desas­
tre de 1816. La batalla de Boyacá, libertando a la Nueva Grana­
da de manera definitiva, permitió la formación de la República,
realizada por el Congreso reunido en la ciudad venezolana de An­
gostura. El 17 de diciembre de 1819 surgió a la vida de los pue­
blos independientes la antigua Colombia, que debía integrarse con
las tres secciones antaño dependientes del Virreinato, que fueron
consideradas Departamentos, con los nombres de Venezuela, el
del Norte; del Ecuador, el del Sur, y de Cundinamarca, el del Cen­
tro. Cada Departamento debería ser regido por un Vicepresidente.
Estos Departamentos se subdividían en Provincias, compuestas de
Cantones, y éstos de parroquias.
Dos años más tarde el Congreso Constituyente de Cúcuta ele­
vó el número de divisiones, y Cundinamarca quedó formada por
cuatro Departamentos: el de su nombre, capital Bogotá; el del
Cauca, capital lopayán; el del Magdalena, capital Cartagena, y el
de Boyacá, capital Tunja. A los pocos meses se agregó una quin­
ta sección al Centro: Panamá, que sacudió el yugo español el ?8
de noviembre dé 1821. El Istmo constaba de dos Provincias: Pa­
namá y Veraguas. Los otros cuatro llegaron a contar quince en
1830, fecha de la disolución de la República. Esas Provincias, cuya
primera autoridad era un Gobernador, y que se componían de Can­
tones regidos por Jefes políticos, eran Bogotá, Cartagena, Neiva,
Pamplona, Popayán, Socorro, Tunja, Mompós, Santa Marta y
Ríohacha, con capitales en las ciudades de los mismos nombres;
Antioquia, Casanare, Chocó y Mariquita, que tenían por asien­
to del Gobierno local a Medellín, Moreno, Quibdó y Honda, res­
pectivamente. Al frente de los Departamentos había sendos Inten­
dentes.
La disgregación de Colombia se realizó a tiempo en que fun­
cionaba el Congreso que Bolívar, su convocador como Presidente
de la República, había calificado de Admirable, por los méritos de
muchos de los Diputados elegidos. Esa Asamblea legisló, en el he­
cho, sólo para el centro de la Nación, y el 10 de mayo de 1830
aumentó a seis los Departamentos, creando en el de Cundinamar­
ca el de Antioquia, con la Provincia de esta denominación.
Un mes antes habían proclamado los pueblos de Casanare su
adhesión a Venezuela, alegando que el Llano tenía mayores víncu­
los con ese país, y los principales vecinos de Cúcuta, instigados
por militares venezolanos, habían pedido el amparo de Venezuela
contra las autoridades de Bogotá, con pretexto de que éstas los
hostilizaban.
El mal ejemplo de Casanare tuvo imitador en el Cantón de
San Martín, de la Provincia de Bogotá. Felizmente, el Congreso
70 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

de Venezuela, reunido en Valencia, no complació a los cucuteftos


ni aceptó la agregación de los pueblos del Llano.
Conducta opuesta observó el Estado del Sur, cuyo Jefe supre­
mo, General Flores, promovió la anexión de Buenaventura. •
Panamá, donde ejercía el mando militar el General Espinar,
último Secretario General del Libertador, se declaró en rebeldía
contra el Gobierno central a partir de agosto, expresando que se
consideraba como un Estado de Colombia hasta cuando el mismo
Bolívar decidiese lo más conveniente a la suerte del Istmo. Ese
primer brote de separatismo cesó a los dos meses, y Espinar se so­
metió a las autoridades que funcionaban en la capital de la Repú­
blica.
La rebelión iniciada en el mes antedicho, encabezada por el
General Rafael Urdaneta, se adueñó del Gobierno central y logró
dominar a casi toda la Nueva Granada. Algunas regiones, en su
empeño de sustraerse a la Dictadura de Urdaneta, pusieron una
vez más en peligro la integridad de la Nación: Ríohacha pidió
auxilio a Venezuela en septiembre, pero fue sojuzgada por agentes
del Dictador, quien pudo sujetar a su coyunda la Provincia de
Buenaventura, que desencantada por la revuelta que so capa de
reintegración colombiana hizo a Flores el General Luis Urdaneta,
proclamó su adhesión a Bogotá.
El Cauca, en vista de la situación creada en la capital, resol­
vió determinar por sí solo cuanto a sus futuros destinos conviniese.
El Intendente del Departamento, llamado ahora Prefecto por la
nueva terminología administrativa acordada por Bolívar cuando
asumió la Dictadura, convocó a una Asamblea de Diputados canto­
nales. Este Cuerpo se instaló en Buga el t i de noviembre, y estu­
vieron allí muy divididas las opiniones respecto de la actitud que el
Cauca hubiera de asumir. Entre considerarse Estado de Colombia,
depender de Quito o seguir unido a Bogotá, la mayoría optó por
lo último.
A los payaneses desagradó el depender de Urdaneta, y las de­
cisiones de la Asamblea fueron miradas con general disgusto. Los
Generales Obando y López supieron encauzar hábilmente las vo­
luntades de la mayoría, y los principales vecinos de Popayán, por
acta de i.° de diciembre, proclamaron la adherencia del Cantón al
Ecuador. El valle del Cauca, que estaba todo por Urdaneta, quien
acababa de introducir variaciones en la división de la República,
fue impotente para someter a los payaneses. Los Jefes* de ambos
bandos llegaron a un armisticio, en tanto que Flores acogía con jú­
bilo el pronunciamiento y declaraba incorporado todo el Cauca al
Ecuador. Esta medida llegó a ser efectiva, porque Obando venció
a los dictatoriales del Valle e hizo suscribir actas análogas a las de
diciembre en todos los pueblos del Cauca, inclusivé el Chocó.
Las Provincias caucanas eligieron Diputados al Congreso
ecuatoriano, uno de ellos López, quien*no pudo ira Quito porque,
en calidad de militar ecuatoriano auxiliar de la Nueva Granada,
pasó al valle del Alto Magdalena con algunas tropas e hizo que en
la villa de Purificación se declarase en ejercicio del legítimo po­
der ae la Nueva Granada el último Vicepresidente de Colombia,
DIVISIONES TERRITORIALES DE COLOMBIA 71

General Domingo Caicedo, cuando ya varias Provincias habían


derrotado a los agentes de la dictadura.
Obando siguió en pos de López, y ambos vinieron hasta Bo­
gotá. Aquí se reunió una Convención Constituyente el 20 de octu­
bre de 1831, la cual eligió un mes después a Obando para Jefe
provisional del Gobierno, por lenuncia de Caicedo, en tanto que
el otro General payanes, con instrucciones del ex-Vicepresidente,
tornaba a su tierra a trabajar por la reintegración nacional.
La Constituyente, mientras se discutía la Carta Fundamental
del Estado del Centro, empleó varias sesiones de agitados debates
para acordar el nombre que debería llevar el país. Los Diputados
de ideas moderadas querían que se conservase el título de Colom­
bia o que se considerase subsistente la antigua Nación, en espera
del día en que, por vínculos federativos, se uniesen a la Nueva
Granada el Ecuador y Venezuela. Los exaltados preferían el nom­
bre que llevó el Virreinato, y que al fin prevaleció. El 10 de no­
viembre pasó, por treinta y un votos contra treinta, una moción
así concebida:
«Las Provincias del Centro de Colombia forman un Estado con
el nombre de Nueva Granada. Lo constituirá y organizará la pre­
sen toCon vención.»
Durante los debates hubo algunos Diputados que manifesta­
ron su deseo de que se conservase el nombre de Colombia para los
tres Estados, y el centro se distinguiese por Nueva Granada. Así
procedió el Ecuador, que hasta 1835, ¿poca de su definitiva orga­
nización como República independiente, se titulaba simplemente
Estado y ponía a su nombre el aditamento de «en Colombia.» Ve­
nezuela rechazó de plano el título de Estado de la antigua Repú­
blica, y se contentó con facultar al Gobierno para entrar en arre­
glos de alianza o confederación.
Panamá, donde estaba como Jefe militar el venezolano Alzu-
ru, soportó un segundo movimiento separatista, proclamado en ju­
lio con el apoyo de otros advenedizos a quienes rodeaba la gente
de más mala condición y peores antecedentes. Fuerzas enviadas de
la Costa Atlántica restablecieron la normalidad, y Alzuru y sus
cómplices pagaron con la vida su vandálico proceder.
La Constituyente, seis días después de adoptar el nombre del
país, suprimió los Departamentos y dejó subsistentes las otras divi­
siones. Los Gobernadores de las Provincias serían nombrados por
el Ejecutivo, escogiendo de listas séxtuples elegidas por las res­
pectivas corporaciones administrativas denominadas Cámaras Pro­
vinciales. El Presidente de la República quedaba en libertad para
designar Gobernadores interinos sin sujetarse a indicación alguna,
facultad de que hubo abuso en años posteriores. El período de los
Gobernadores sería de cuatro años. Todo esto lo dispuso la Cons­
titución expedida para la Nueva Granada, sancionada por el Vice­
presidente Obando el 29 de febrero de 1832.
La Convención, por Decreto de 24 de marzo, creó la Provin­
cia de Vélez, con los Cantones de este nombre, Chiquinquirá y Mo-
niquirá, excepto las parroquias de Suaita y Gámbita, que se agre­
garon al Cantón del Centro de la Provincia del Socorro.
72 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

La Convención, para afianzar los derechos granadinos en el


Cauca, declaró que no aceptaría agregaciones de territorios y no re­
conocería al Ecuador como Estado independiente mientras no de­
volviese las Provincias anexadas, que el Congreso de Quito, por
Acto de 7 de noviembre de 1831, estimó debidamente incorpora­
das al Sur. La misma Convención dio amplias atribuciones al Eje­
cutivo para reintegrar la República, proveyendo a obtenerla por las
armas, llegado el caso. El Chocó había reconocido su legítima na­
cionalidad en octubre. El valle del Cauca y Popayán, por empeños
de López, solicitaron la reunión de otra Asamblea, como la de
Buga, para determinar a cuál Estado habrían de pertenecer. De
Bogotá se rechazó tal solicitud, por temor de que las intrigas de
Flores decidiesen el punto. La guarnición de Popayán se pronun­
ció por la Nueva Granada el 10 de enero de 1832, y un mes des­
pués hizo lo propio el vecindario. El Jefe ecuatoriano ocupó mili­
tarmente las Provincias de Pasto y Buenaventura. El doctor José
Ignacio de Márquez, nuevo Vicepresidente de la República, encar­
gado del Poder Ejecutivo durante la ausencia del General Santan­
der, que había sido elegido’ Presidente, y su Secretario de la Gue­
rra, General López, elevaron el Ejército granadino a 5,920 hom­
bres, con parte de los cuales marchó Obando sobre Pasto, desta­
cando en el tránsito a su segundo, Coronel Salvador Córdoba, con­
tra el Cantón de Cali, donde agentes ecuatorianos estaban en ar­
mas en favor de su país.
Pocos días antes tuvo acogida la especie de que existía en el
Cauca un grupo que trabajaba por que el extinguido Departamen­
to formase un Estado aparte con Antioquia, o proclamase el siste­
ma federal, y aun se dijo que los partidarios del cuarto Estado
contaban con Obando, lo cual retraía del proyecto a los enemigos
del citado General, quien, según varios de aquéllos, había abraza­
do ese plan en su despecho por haber sido preferido Márquez para
la Vicepresidencia.
El cuarto Estado fue también idea acariciada por el General
Mariano Montilla, quien intentó formarlo con la Costa Atlántica,,
de la que era Jefe Militar, en 1830. En 1854, cuando en la misma
Costa se creyó perdida la legitimidad por la rebelión de Meló en
Bogotá, el General Mosquera y otros sujetos de influjo dieron pa­
sos para crear, no un Estado independiente, sino unido a la Nueva
Granada por el sistema federal.
Córdoba pacificó el territorio de Cali después de una serie de
combates en los montes del Dagua. Obando entró a Pasto, obli­
gando así al Ecuador a pactar un armisticio, y luégo la paz, cosa
que por medios pacíficos no habían podido conseguir el Obispo de
Santa Marta y el historiador Restrepo, enviados a Quito. Esa paz
se firmó en Pasto el 8 de diciembre de 1832. Flores manifestó gran
cordialidad con sus vencedores, y regaló a Obando una espada y a
López una levita bordada de oro. El General Santander, ya en la
Presidencia, ratificó los Tratados, lo que también hizo el Congreso
granadino de 1833. No así el ecuatoriano, por oposición del carta­
genero García del Río, el cual, después de haber servido de pri­
mer Ministro a Urdaneta, había salido de Bogotá a desempeñar la
DIVISIONES TERRITORIALES DE COLOMBIA 73

Cartera de Hacienda en el Ecuador. Como los pactos suscritos es­


tablecían la alianza granadino-ecuatoriana, García no quiso que el
Ecuador se viese arrastrado a una guerra, que él juzgaba inminen­
te, entre Nueva Granada y Venezuela, por las dificultades para la
partición de la deuda externa de Colombia.
Santander trabajó inútilmente para que el Ecuador ratificara
los Tratados, y envió a Quito un Agente Confidencial, que nada
pudo hacer a causa de la anómala situación del vecino país del
Sur, donde dos partidos luchaban por el mando, y uno de ellos, al
verse perdido, reunió una Asamblea que declaró la incorporación
del Estado a la Nueva Granada....
El Congreso granadino de 1833 decretó la creación de una
Provincia en el valle del Cauca, a petición de varios vecinos de
Cali, Anserma, Buga y Tuluá, a quienes dirigía el General Euse-
bio Borrero. Esa Provincia era la de Buenaventura, desmembran­
do la de este hombre y la de Popayán para situar la capital de la
primera en Cali, y variando además los límites de la de Pasto.
Santander objetó la ley, porque no se había consultado la opinión
de las Cámaras Provinciales de Iscuandé, Pasto y Popayán. El de­
bate en las Legislativas fue reñido, sobre todo en la de Represen­
tantes, a la cual pertenecía Borrero. En el Cauca fue causa de eno­
josas discusiones y de triste exhibición de celillos parroquiales el
proyecto, que pasó para su dictamen a las tres corporaciones antes
mencionadas.
En 1835 volvió el Congreso a tratar de la división del Cauca,,
tomando por base la ley objetada por el Ejecutivo. En la Cámara
de Representantes fue acalorada la discusión, y se presentaron en
conflicto las pretensiones de Cali y de Buga, cada una de las cua­
les quería ser capital de la entidad que se crease en el Cauca. Abo­
gaban por la Reina del Valle Borrero y el doctor Tomás Núñez
Contó, y por la Ciudad Señora, el doctor Martínez Escobar y el
Representante pamplonés doctor Ordóñez. El Senado, para conci­
liar tan encontrados pareceres, varió el proyecto, y en vez de una
se crearon dos Provincias, de este modo:
Los Cantones de Barbacoas y Tumaco, que eran de Buena­
ventura, se separaron de ella y se añadieron a Pasto; se restable­
ció el Cantón de Roldanillo, que estaba incorporado en el de Cali;
los de Iscuandé, Micay y Raposo, que pertenecían a Buenaventu­
ra, y los de Cali y Roldanillo, que hacían parte de Popayán, pasa­
ron a constituir la Provincia de Buenaventura, cuya capital sería
Cali; los Cantones de Supía, Anserma, Toro, Cartago, Tuluá, Buga
y Palmira entraron a formar la Provincia del Cauca, con capital
en Buga. En resumen, lo que se hizo fue variar una Provincia y
crear otra; quedaron de este modo diez y nueve en todo el país.
. Transcurrieron más de diez años sin que se variase la división
de primer grado, en tanto que los Cantones aumentaban poco a
poco, por frecuentes disposiciones del Congreso. La revolución
iniciada en Pasto a fines de 1839 dio margen para que Panamá se
proclamase Estado independiente y se organizase como tál, situa­
ción que terminó con el triunfo de las armas del Gobierno en el
interior del país, gran parte del cual había sido dominado por cau­
74 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

dillos revolucionarios que proclamaron la Federación y erigieron


Estados Soberanos en Cartagena, Mompós, Ríohacha, Santa Marta,
Socorro, Mariquita, Chocó y resto del antiguo Cauca.
El Gobierno, para salvarse, no vaciló en solicitar el apoyo del
Ecuador, dejándole entender a Flores que se le pagaría con la
Provincia de Pasto, la cual se anexó al vecino Estado, y sólo vol­
vió a la Nueva Granada una vez triunfante el Gobierno.
La proclamación del sistema federal fue causa para que el Po­
der Ejecutivo, que antes miraba bien la reforma constitucional en
ese sentido, la hiciese restringiéndola, y que para afianzar el poder
centra! pensase en la creación de mayor número de Provincias.
El doctor Ospina, en la Memoria que como Secretario de lo
Interior presentó al Congreso de 1844, propuso, con diversidad
de razones, una nueva división territorial, fraccionando las ac­
tuales Provincias, hasta hacer de ellas cuarenta, cada una con un
cantón, y además seis Territorios. De éstos últimos habría que
crear cinco, porque desde el año anterior funcionaba el de Bocas
del Toro. Los otros serían Remedios, Darién, Meta, Caquetá y
San Andrés. Habló extensamente de su empeño en robustecer la
administración municipal, con la supresión de los Jefes Políticos y
con el implantamiento de reformas orgánicas.
La división territorial era el punto capital del programa del
Gobierno ante el Congreso, y por hacer triunfar ese proyecto em­
peñó toda su energía, sus luces y su habilidad del doctor Ospina.
El proyecto, si bien bueno en lo general y libre por consiguiente
de que contra él se adujesen argumentos decisivos, encalló, sin em­
bargo, porque lo sostenían, aparte de algunos agentes del Ejecuti­
vo, como Gobernadores y empleados de las Secretarías de Estado,
que eran Senadores o Representantes, unos pocos hijos de las lo­
calidades que habrían de elevarse a Provincias, y lo combatían
los oriundos de las capitales existentes, sobre todo los del Sur, que
constituían la mayoría opositora. Parte de los votos con que con­
taba el proyecto los había obtenido Ospina con la lectura de las
razones que en favor de la reforma expuso en su Informe al Con­
greso. El quería educar a los jóvenes en la carrera administrativa,
enviando para las nuevas entidades territoriales a quienes, con­
cluidos sus estudios universitarios, no se dedédicasen a la profe­
sión adquirida o a negocios independientes.
El principal adalid contra la reforma en la Cámara fue don
Julio Arboleda, Representante por Buenaventura, cuyo estreno
fue un acontecimiento parlamentario, por sus raras dotes de ora­
dor, y se creía que no tenía precedente en nuestros Cuerpos cole­
giados. En favor del proyecto estaba el Jefe de la Sección cuarta
de la Secretaría de lo Interior, don José Eusebio Caro, Represen­
tante por Bogotá, poeta no menos alto que Arboleda y joven de
la misma edad que él, como nacidos ambos en 1817.
Durante la discusión del proyecto, cuando Arboleda pronun­
ciaba un brillante discurso, le interrumpió Caro con los primeros
versos de la conocida fábula de don Tomás de Iriarte La ardilla
V el caballo «Tantas idas | y venidas, | tantas vueltas | y revuel­
DIVISIONES TERRITORIA LES DE COLOMBIA 75

tas, | quiero, amiga, | que me diga ! ¿ son de alguna ¡ utilidad ?>


Y Arboleda le respondió continuando lo que al inquieto y capri­
choso roedor decía el caballo, y como enrostrándoselo a su con­
tendor, para hacer ver que Caro defendía el proyecto por compla­
cer al Secretario, que estaba en la sesión : «Yo me afano, } más
no en vano: ¡ sé mi oficio, ¡ y en servicio ¡ de mi dueño ¡ tengo
•empeño ¡ de lucir mi habilidad.»
• Caro no respondió nada por el momento: dirigióse hacia el
doctor Ospina, cruzó con él algunas palabras en voz baja, le pre­
sentó renuncia del empleo que desempeñaba en la Secretaría, fue
complacido, y con el Aceptada la leyó en plena Cámara. Ella con­
tenía la solemne promesa de no admitir ningún otro empleo de­
pendiente del Ejecutivo durante la Administración en curso. Lo
ocurrido no pasó de allí, porque al otro día Arboleda y Caro, que
eran muy buenos amigos, departían cordialmente, como antes lo
habían hecho.
El proyecto, después de varias sesiones, fue negado en pri­
mer debate, por cuarenta y dos Representantes contra veintidós.
Arboleda había dicho que el Gobierno se proponía dividir para
reinar. Esto afectó sensiblemente al General Herrán, Presidente
de la República, quien no quiso que el Ejecutivo insistiera en el
asunto.
El establecimiento de Provincias, aun cuando éstas eran en­
tonces la división de primer orden, se efectuaba por medio de
simples leyes, aprobadas en una sola legislatura, sin más trámite,
como se ha visto, que la opinión favorable de las Cámaras Seccio­
nales de los territorios afectados con el cambio El Congreso de
1845 determinó que el Cuerpo Soberano podía crear y suprimir
Provincias y Cantones, variar los límites de los existentes y erigir
en Territorio, regido por leyes especiales, cualquier porción del
país. El Ejecutivo quedó facultado para crear y eliminar Distritos,
alterar los límites cantonales, sin afectar los de la Provincia res­
pectiva, aclarar las dudas por límites parroquiales y cantonales y
cambiar las cabeceras de Distritos y Cantones. La misma Ley uni­
formó la división civil y eclesiástica, de modo que en cada Distri­
to hubiese un cura y un alcalde, pudiendo estar dos Distritos bajo
la jurisdicción de un párroco o dos parroquias sometidas a un Al­
calde.
En virtud de esta Ley erigió el Congreso siguiente los Terri­
torios del Darién y San Martín, con los Cantones de esos nombres,
segregados de Panamá y Bogotá; estableció el Territorio Goajiro,
desmembrando la Provincia de Ríohacha, y dio una Ley orgánica
de los Territorios. Además, fundó dos nuevas Provincias, fraccio­
nando la de Pasto, que quedó reducida al Cantón de su nombre.
Aquellas entidades fueron la de Túquerres, con el Cantón así lla­
mado, y la de Barbacoas, con los de Barbacoas, Tumaco, Iscuan­
dé y Micay.
En 1847 se propuso la erección de otras Provincias, entre
ellas las de Ámbalemay Tolima, que no fueron aceptadas; se forma­
ron los Territorios de San Andrés, insular, y de Guanacas, con las
poblaciones de la Cordillera enclavadas entre las Provincias de Po­
payán y Neiva.
76 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

En 1848 se transformó en Territorio el Cantón deL Raposo, de


Buenaventura, y se expidió una ley de régimen municipal, que
daba mayor amplitud a las facultades que para su administración
privativa tenían las Provincias.
Parece que entre nuestros legisladores había ansia de refor­
mas territoriales. Un año más tarde se suprimió el Cantón de Gua-
nacas, contra los empeños que para conservarlo hizo el Presidente
Mosquera; se establecieron las Provincias de Tundama y Chiriquí,
cabeceras Santa Rosa y David, segregando su territorio de Tunja
y Veraguas, y la de Ocaña, con Distritos pertenecientes casi todos
a Mompós. La Provincia de Chiriquí fue luego denominada de
Fábrega, por disposición legislativa, que pronto fue derogada. No
pararon ahí las reformas del año 49: se suprimió el novísimo Te­
rritorio del Raposo, que volvió a ser Cantón, y se aumentaron con­
siderablemente estas entidades, lo que también sucedió en 1850.
En este año se crearon las Provincias de Azuero, cabecera Los
Santos, en el Istmo; de Valledupar, cabecera la ciudad de este
nombre, en Santa Marta, y las de Soto y Santander, cabeceras Pie-
decuesta y San José de Cúcuta, en Pamplona, que quedó así divi­
dida en tres. Esta última partición había sido propuesta el año an­
terior, lo mismo que la de Tunja. También se propuso en 1849,
por dos Representantes de Provincias del interior, trasladar la ca­
pital de la República a Panamá, idea revivida hace pocos lustros
en la prensa, proponiendo llevar a Cartagena la sede del Go
bierno.
El doctor Manuel Murillo, Secretario de Hacienda, consiguió
que los legisladores del 50 expidiesen una Ley de descentraliza­
ción de varias rentas y gastos públicos, que tuvo origen en el de­
seo de aliviar el Erario Nacional y de hacer que cada región aten­
diese más directamente a sus propios intereses. De este modo que­
daron al cuidado de las Provincias algunos servicios que la Ley
expresó, y en cuanto a otros, dejó en libertad a esas secciones
para abandonarlos y también para implantar o para abolir rentas y
contribuciones. Unas cuantas Provincias acabaron con el diezmo,
que de renta nacional había pasado a ser municipal en virtud de
dicha Ley; y no pocas, estimuladas por las ideas del Secretario,
decretaron la contribución directa, que se llamó subsidio provin­
cial y que ei> ciertas regiones fue la única entrada para los gastos
del Gobierno seccional.
Cesaron los Territorios de San Andrés, Darién y San Martín,
que tornaron a ser parte de las secciones a que antes correspon­
dían. De este modo llegaron a ciento veintinueve los Cantones,
agrupados en veintinueve Provincias.
Se suprimieron las Jefaturas Políticas en las Provincias com­
puestas de un solo Cantón, se adscribieron las funciones de esos
cargos a los Gobernadores respectivos, y como los Jefes Políticos
eran suplentes interinos de los mismos Gobernadores, se dispuso
que éstos designaran cada año dos vecinos que llenasen sus faltas
accidentales.
El Congreso de 1851, por moción del Representante antio-
queño doctor Román de H oyos y de su colega el doctor Orbega-
DIVISIONES TERRITORIALES DE COLOMBIA 77

zo, de Soto, convirtió en tres Provincias la de Antioquia, dejan­


do este nombre a la situada al Norte y Occidente, con capital en
la ciudad de Antioquia, dando al Centro y Oriente la denomina­
ción de Medellín, cuya ciudad fue capital, y otorgando al Sur el
titulo de Córdoba, con cabecera en Rionegro. Esta medida agradó
a*muy pocos hijos de la Montaña, y fue uno de los pretextos que
se buscaron para la rebelión que encabezó en Medellín el General
Eusebio Borrero, proclamando, el mismo día que debían posesio­
narse los Gobernadores nombrados para las nuevas Entidades, un
Estado Federal compuesto de todas ellas. Cuando estaba en gesta­
ción la Ley, hubo antioqueños que protestaron por la partición de
su tierra, y Camilo Antonio Echeverri declaró que el proyecto no era
obra de sus paisanos sino del Senador costeño don Manuel Abello.
El Congreso aprobó otro proyecto para dividir igualmente en
tres la Provincia de Cartagena, siendo las dos nuevas Padilla y
Ricaurte, capitales Chinú y Barranquilla, El General López objetó
la I ey, alegando que sobre las dos secciones que se creaban pe­
saría una deuda de Cartagena por la reapertura del canal del Di­
que, que en nada las beneficiaría.
Algunas Provincias, ya por carencia de fondos, ya por desi­
dia de sus Diputados, habían prescindido de atender a ramos in­
dispensables del buen Gobierno. El Congreso, para llenar ese
vacío, reformó la Ley de descentralización, a fiu de obligar a las
secciones a subvenir a determinados servicios que antes no les
eran obligatorios. En la reforma se otorgó la inmunidad a los
miembros de las Cámaras Provinciales.
Con todo, quedaron muchos gastos de cargo de las Provin­
cias, sin mandato forzoso de proveer a ellos; el Gobierno Nacional
carecía de medios para atenderlos directamente, y el Ejecutivo se
vio en el caso de dirigir una circular a los Gobernadores, para in­
teresarlos en el sentido de no descuidar la beneficencia, la apertu­
ra de caminos, la construcción de cárceles, la inmigración, la sa­
lubridad, la higiene, el ornato y el embellecimiento de las pobla­
ciones. Con los lazaretos ocurrió que las Provincias donde estaban
ubicados no se preocupaban sino de sus propios enfermos, y las
restantes carecían de recursos para fundar leproserías.
Tales tropiezos en la marcha regular y ordenada de la Repú­
blica no fueron óbice para que, como había dicho Arboleda, se si­
guiese dividiendo para reinar. El Congreso de 1852, por la prime­
ra de sus leyes, enmendó el pioyecto objetado por el General Ló-
•pez, creando una sola Provincia en Cartagena, en vez de las de
Ricaurte y Padilla; se denominó de Sabanilla, y fue su capital la
ciudad de Barranquilla; por otra ley despedazó en cuatro la Pro­
vincia de Bogotá, formando las de este nombre, Cundinamarca,
Zipaquirá y Tequendama, cuyos Gobiernos tendrían por sedes a
Bogotá, Chocontá, Zipaquirá y La Mesa. De este modo llegó la
Nueva Granada a constar de treinta y cinco Provincias y dos Te­
rritorios, los de Bocas del Toro y La Goajira. Finalmente, el Con­
greso del 53 creó una Provincia más, desmembrando nuevamente
a Pamplona, para darle vida a García Rovira, que tuvo a Concep­
ción por cabecera.
78 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

1853 fue de reformas trascendentales en el régimen institucio­


nal de la República, generadoras de graves acontecimientos en
época inmediata. El 21 de mayo sancionó el Presidente Obando
una nueva Carta Fundamental del país, para cuya discusión sirvió
de base un proyecto presentado por don José María Plata en 1851.
Ese Código dio autonomía completa a las Provincias en su régi­
men y administración, y estableció que los’ Gobernadores fueran
elegidos por el pueblo, de acuerdo con lo que determinasen la
Constitución y leyes de cada entidad, pero todos para períodos de
dos años, que empezarían a contarse el i.° de enero siguiente. Las
aspiraciones federalistas habían sido considerables, al extremo de
que publicistas como Florentino González y José María Saroper
propusieran la división del país en Estados.
El doctor Rafael Núñez, encargado del Despacho de Gobier­
no, dio bases a los Gobernadores para que cada uno de ellos pre­
sentase un proyecto de Constitución a la respectiva Cámara o Le­
gislatura Provincial, como pasaron a llamarse esas corporaciones.
Las Provincias debían quedar constituidas antes de terminar el año,
y el i.° de enero siguiente, entrara ejercer los funcionarios de
elección popular. En casi todo el país los Gobernadores existen­
tes a tiempo de las elecciones se candidatizaron para seguir en el
puesto; algunos consiguieron salir en justicia electos; las votacio­
nes fueron en lo general correctas, pero 110 faltaron escándalos,
con efusión de sangre en algunas partes, y varios autocandidatos
quedaron triunfantes apelando al fraude y a la violencia. Había en­
tonces tres partidos políticos que se disputaban la primacía: el ra­
dical o gólgota; el liberal o draconiano, que estaba en el Gobierno,
y el conservador. Este, sobre todo, trabajó con entusiasmo y lo­
gró obtener las Gobernaciones de Medellín, Córdoba, Buenaven­
tura, Popayán, Pasto, Túquerres, Neiva, Mariquita, Ríohacha,
Bogotá y Zipaquirá, de donde fueron Gobernadores, respectiva­
mente, figuras conspicuas de ese partido: Mariano Ospina, Venan­
cio Restrepo, Manuel María Malllarino, Manuel de Jesús Quijano,
Vicente Cárdenas, Antonio José Chaves, Rufino Vega, Mateo
Viana, Nicolás Pérez Prieto y José María Coronado. Liberales y
radicales tacharon de incorrectos algunos de esos resultados elec­
torales, sobre todo el de Mariquita, de donde se dijo que el Co­
ronel Viana había obtenido su cargo con un registro falso, que
daba al Distrito de Guayabal, de escasa población, dos mil ocho­
cientos sufragios.
La autonomía era improcedente para muchas Provincias; asi
lo comprendieron numerosos ciudadanos, y cuando el Congreso
discutía Ja reforma constitucional, se elevaban peticiones para que
fuesen suprimidas Santander, Tequendama y Cundinamarca, a lo
cual no se accedió; antes se debatieron diversos proyectos para
subdividir aún más la República, fraccionando al Chocó y a Vélez.
Aquí se pretendía establecer la Esmeralda Granadina, con Chiquin-
quirá por capital. El doctor Florentino González, Senador soco-
rrano, que había tomado parte principalísima en la discusión del
Código de 21 de mayo, propuso, acaso para evitar mayores des­
DIVISIONES TERRITORIALES DE COLOMBIA 79

aciertos en las Provincias, que se las facultase para unirse dos o


más o cederse territorios. El proyecto no fue bien acogido. Algo
análogo existe en España, donde pueden mancomunarse Distritos y
Provincias, formando un solo Ayuntamiento o una sola Diputación,
para proveer mejor al desarrollo de las obras públicas y de las me­
joras en general que Ies sean comunes.
No todas las Legislaturas Constituyentes de las Provincias, cuya
fecha de instalación fue fijada para el 15 de septiembre, pudieron
llenar su cometido en oportunidad; los Diputados de Soto se dis­
persaron sin expedir la Carta Fundamental de la Provincia; en la
de Antioquia no se avinieron los liberales del Cantón de la capital
y los conservadores del de Santa Rosa, y ya corriendo el año 54 se
logró expedir la Constitución. Con ella y la de Soto vinieron a re­
gir en el país una Constitución general y treinta y seis particulares.
En tres años y medio que tuvo de imperar en toda su pureza la
primera, alcanzaron a expedirse cincuenta y cuatro provinciales,
ya por supresiones y cambios en la división del territorio, ya por
el querer de los partidos y círculos políticos que se adueñaban del
Poder. El prurito de las reformas hizo que varias Constituciones se
reemplazasen antes de un año de sancionadas, y que en pocos me­
ses, como en Sabanilla, en 1855, se diesen dos Constituciones. Allí
resultaron en el 53 dobles Diputaciones, que dieron origen a dos
legislaturas y a sendos escrutinios para las elecciones de Goberna­
dor, que favorecieron a dos ciudadanos distintos.
A las legislaturas constituyentes concurrió lo más granado de
todos los partidos, y hubo una Provincia, la de Veraguas, donde
la mayoría de los Diputados vestía traje talar, estando en minoría
los laicos. Algunas Constituciones fueron férreamente conservado­
ras, como la primera de NeiVa, la primera de Pasto y la de Tú-
querres; otras de un suave conservatismo o de un liberalismo mo­
derado, como las dos de Bogotá, la de Popayán y las dos de Río-
hacha; las del Norte, el Cauca, el Chocó y otros puntos, expedi­
das en el 53, tenían marcado tinte socialista; algunas declararon
que ningún destino ni cargo público podría ser oneroso; la de Me­
dellín, obra del doctor Ospina, estableció una Legislatura de dos
Cámaras, formando el Senado de cierto número de Diputados es­
cogidos a la suerte el día de la instalación. Casi todas las Legislatu­
ras establecieron un solo Secretario para el despacho del Goberna­
dor; muy pocas, dos. La Constituyente de Bogotá reunida en el
55 creó tres Secretarías. En general, las Provincias en cuyas Le­
gislaturas pesaban hombres ecuánimes y entendidos tuvieron Cons­
tituciones que eran modelo de organización y buen gobierno, pe­
cando casi todas las de conservadores por exceso de lo primero.
En Popayán fueron alma de la Constituyente Joaquín Mosquera,
Joaquín Valencia y Manuel de Jesús Quijano; en Bogotá figuraron
ciudadanos de no menos alta representación, habiendo sido Muri-
11o y Zaldúa los jefes de la minoría radical en el 53, y autores, con
Venancio Restrepo, de la Constitución del 55. En Vélez, donde
presidió en la Constituyente del 53 el fogoso joven radical Vicente
Herrera, se estableció el derecho de sufragio para todos los habí-
80 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

tantes de la Provincia mayores de veintiún años o que fuesen o hu­


bieran sido casados, sin distinguir sexo ni nacionalidad. Donde
también se implantaron principios avanzadísimos y utópicos fue en
la segunda Constitución de Neiva, de 1855, obra de Rojas Garri­
do, Gobernador entonces. Algunas Legislaturas dieron a sus actos
el nombre de leyes y decretos; la generalidad, el de ordenanzas;
unas cuantas se constituyeron en el nombre del pueblo, otras en el
nombre de Dios; algunas, declarándose en uso de la facultad que
les otorgaba la Carta Fundamental de la Nación. Casi todas divi­
dieron su territorio en Distritos; unas pocas implantaron otras en­
tidades administrativas a más de los Distritos, como Córdoba,
Pamplona, Popayán y Mompós; las hubo que fundaron Consejos
de Gobierno, a imitación del establecido por la Constitución Na-’
cional de 1843, en lugar del Consejo de Estado, y que fue conser­
vado por la del 53. La subrogación del Gobernador fue en muchas
partes por Vicegobernadores y Designados; en las otras sólo por
los últimos, cuyo número varió de dos a seis, elegidos ya anual,
ya bienalmente, y no faltaron Provincias donde eran subrogantes
del Gobernador otros funcionarios provinciales o el Alcalde del
Distrito de la capital. Casi todos los Diputados tuvieron dos años
de duración, siendo raras las Provincias donde se les renovaba
cada año, o apenas cada cuatro. No faltaron regiones donde la
mutación del Cuerpo Legislativo fuese por mitad en cada reunión
anual. El Constituyente del Socorro, radical, dio completa au­
tonomía a los Distritos. Allí y en otras Provincias, sin distinción
de color político, se instituyó la elección popular de los Alcaldes.
Los antiguos Cantones quedaron eliminados al expirar el año
53, porque el Constituyente nada dijo de ellos. En algunas Pro­
vincias se les reconoció supervivencia, y en la Legislación Nacio­
nal se siguió hablando de Cantones para determinar el territorio
que habían abarcado, cuando se trataba de variar o de precisar di­
visiones.
La descentralización fue frustránea en varias Provincias, que
por su pobreza o por falta de personal adecuado demostraron que
el país no estaba bien dispuesto a recibir esa reforma. Como se
hubiera establecido que parte de las rentas cedidas a las Provin­
cias debían ir al Tesoro Nacional, algunas Entidades no pudieron
cumplir con este requisito. Santa Marta se negó a pagar el subsi­
dio que allí correspondía al Fisco, y hubo necesidad de decretar
el embargo de las rentas provinciales.
Con la autonomía seccional, libres las Entidades territoriales
para proveer a todos sus servicios, creando nuevas contribuciones
o reemplazando con otras las existentes, las cosas fueron de mal
en peor. Algunas Legislaturas, como la del Chocó, gravaron fuerte­
mente el tabaco y otros artículos procedentes de Provincias distin­
tas, causando con ello graves perjuicios no sólo al consumidor lo­
cal sino al comercio general del país. Y esto en una época en que
los altos poderes nacionales hacían alarde de aborrecer los mono­
polios y todas las trabas a la libertad económica de los pueblos.
DIVISIONES TERRITORIALES DE COLOMBIA 81

La reacción no se hizo esperar, y ya en el 54 se presentó en


el Senado, y pasó en segundo debate, un proyecto para dividir la
República en catorce Provincias, fijando sus capitales en lugares
que evitasen la disputa entre diversas ciudades o que situasen el
Gobierno local en sitios de fácil acceso a todo el territoiio, así:
Panamá, capital Santiago; Calamar, con Cartagena y Atlántico,
capital Soledad; Sierra Nevada, capital Ríohacha; Magdalena, ca­
pital Ocaña; Pamplona y Neiva, capitales las ciudades de sus
nombres; Catare, capital Suaita; Tundama, con Tunja, capital So-
gamoso; Casanare, capital Moreno; Cundinamarca, capital Bogo­
tá; Marquetá, capital Ibagué; Antioquia, con el Chocó y parte del
Cauca, capital Envigado; Cauca, capital Caloto, y Guáitara, capi­
tal Pasto. En este proyecto tuvo paite principal don Julio Arbo­
leda, y se dijo que había querido fijar la capital del Cauca en el
centro de las haciendas suyas y de sus parientes.
Al Presidente de la República, General Obando, y a casi to­
dos los liberales desagradó el resultado electoral del 53, que los
hizo afianzar en su creencia de que no convenía la designación de
los Gobernadores por el pueblo. Ya en febrero de 54 fue suspen­
dido el de Zipaquirá, buscando argumentos para ello y acogiéndo­
se a disposiciones legales que autorizaban esa suspensión, sin más
requisito que dar cuenta a la Corte Suprema para que ella fijase el
tiempo en que el titular debería estar alejado de su puesto. Para
la guerra civil que se desencadenó en abril y que duró por el resto
del año, fue causa, aparte de otras de más peso y que no es opor­
tuno recordar, 1» elección de los Gobernadores, ya que el libera­
lismo se veía sin el predominio que en todo el país había ejercido
durante un lustro, ya unido, ya con exclusión del radicalismo.
Desconocido el Gobierno legítimo en Bogotá, casi todos los Go­
bernadores, basados en las facultades otorgadas por las respecti­
vas Constituciones Provinciales, organizaron fuerzas para restable­
cer el imperio de la Carta de mayo.
La primera Ley del año 54 había dispuesto que por invasión
exterior, insurrección armada, epidemia o cualquier otro motivo
grave, fuese capital de la República el lugar que designase la per­
sona encargada del Poder Ejecutivo, y que el Designado podría
posesionarse ante cualquier autoridad, funcionario o ante simples
ciudadanos. Obando, instado para reprimir la rebelión, dijo que
pensaba declarar capital a Ocaña; el Vicepresidente, José de Obal­
día, asilado en la Legación americana, convocó el Congreso para
el Socorro, y el General Tomás Herrera, Designado, que logró es­
capar de Bogotá, asumió el Poder en Chocontá. De este modo tu­
vimos un Gobierno legítimo, en oposición al rebelde de la capital,
y los representantes de ese Gobierno anduvieron errantes de abril
a diciembre: en Tunja, San Juan de Ríoseco, Ibagué, Honda y La
Mesa, habiendo prevalecido Ibagué, donde funcionaron todos los
Poderes del Estado. Años más tarde, los restos del Gobierno legí­
timo, ya expirante, hicieron a Pasto capital de la República, y
hubo allí un simulacro de autoridad suprema.
xi—6
82 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

Entre los Gobernadores de Provincia estaban Mariano Ospi­


na, Manuel María Mallarino, Rafael Núñez, Eustorgio Salgar, fu­
turos Presidentes de la Nación que contribuyeron grandemente al
restablecimiento del orden, secundando a los ex-Presidentes He­
rrón, Mosquera y López, Jefes del Ejército constitucional. Una de
las Divisiones de ese Ejército la mandaba el General Herrera, des­
pués de haber ejercido el Poder. Todos cuatro Generales entraron
a la capital, último reducto de la rebelión, el 4 de diciembre, segui­
dos del encargado del Poder Ejecutivo, don José de Obaldía, Vi­
cepresidente de la República, a cuyo lado estaban los Magistrados
de la Corte Suprema, uno de ellos ex-Presidente del Estado, doc­
tor José Ignacio de Márquez; otro, futuro Presidente, doctor Ma­
nuel Antonio Sanclemente; también acompañaba a Obaldia el
doctor Murillo, Jefe de la Nación más tarde y por dos veces. Era
Ayudante y Secretario de López el doctor Salvador Camacho Rol-
dán, que también llegó al primer puesto en la República. No ca­
rece de importancia anotar que el último Presidente de Colombia,
doctor Joaquín Mosquera, había estado oculto en Bogotá para sus­
traerse a los vejámenes de los revolucionarios, y que casi todos los
ciudadanos que ejercieron el Poder hasta 1898 intervinieron en la
vuelta al régimen legal: don Sergio Camargo y los doctores Santos
Gutiérrez y Santos Acosta eran Jefes militares en el Norte, a cuyo
Ejército pertenecían el Alférez Guillermo Quintero Calderón y el
Capitán doctor Leonardo Canal; el Teniente doctor José Eusebio
Otálora se enroló en las guerrillas restauradoras, en el oriente de
Bogotá; el Alférez doctor Carlos Holguín era Abanderado de un
Cuerpo que se batió bizarramente en el valle del Cauca; don Aqui-
leo Parra estuvo al lado de Mosquera en la acción de Los Cacaos;
los doctores Ignacio Gutiérrez y Elíseo Payán asistieron al Congreso
que en plena guerra se reunió en Ibagué para ayudar al Ejecutivo
en la tarea de acabar con la rebelión, y el segundo entró a la capi­
tal el 4 de diciembre, con Camacho y Murillo, sus colegas de Di­
putación; el doctor Julián Trujillo intervino en el sometimiento
de los rebeldes de Popayán, como Presidente del Cabildo de esa
ciudad; los doctores José María Rojas Garrido, en Neiva, y Juan
Agustín Uricoechea, en Mariquita, secundaron a los respectivos
Gobernadores; el doctor Manuel María Ramírez, como miembro del
Gobierno de Santander, intervino en el envío de auxilios militares
de Cúcuta a Pamplona. Por último, don Bartolomé Calvo, que
había obtenido la mayoría para la Gobernación de Cartagena y vis­
to burlados a sus electores, colaboró desde Panamá, como perio­
dista, a la tarea común.
Prepotentes los conservadores por efecto de la guerra, que
habían contribuido a debelar, se formó, con el apoyo de los radi­
cales, un Gobierno ecléctico, primero con Obaldía y después con
Mallarino, quienes siguieron haciendo uso de la facultad de sus­
pender Gobernadores. El Gobierno del primero trabajó por la re­
ducción de las Provincias. Obaldía declaró, en su Mensaje a las
Cámaras nacionales del 5^, que era necesario acabar con las pe­
queñas entidades territoriales, y su Secretario de Gobierno, doctor
Pastor Ospina, se pronunció también contra el sinnúmero de re­
DIVISIONES TERRITORIALES DE COLOMBIA 83

giones autónomas. Recordó lo ocurrido con la reforma propuesta


por su ilustre hermano dos lustros antes, y manifestó extrafieza
porque durante el régimen central, en 1844, se hubiese negado la
partición de grandes Provincias, y porque apenas empezado a in­
dependizarse el sistema municipal hubiese seguido la división de
las existentes, como por instinto fatal que arrastrase a frustrar toda
medida útil y benéfica. Manifestó que la mayoría de las treinta y
seis Provincias era incapaz de administrarse por si sola, y que los
escándalos de que ya habían sido teatro algunos lugares, como
Azuero, donde las autoridades cometieron tropelías inauditas, im­
ponían una reforma en el sentido de crear entidades de gran ta­
maño, y propuso que éstas fuesen nueve.
El proyecto del Secretario de Gobierno empezó a discutirse
en el Congreso, donde se le introdujeron cambios; se pensó en
constituir las Provincias de Cundinamarca, Boyacá, Socorro,
Santander, Alto Magdalena, Bajo Magdalena, Caldas, que sería el
Cauca, sin gran parte del Chocó, Antioquia y un Estado, el de Pa­
namá. La fundación del último había sido propuesta en el Senado
por el doctor Justo Arosemena el año anterior, y pasado por una­
nimidad en esa Cám-<ra el 11 de abril; pero había quedado pen­
diente, porque seis días más tarde estalló la rebelión en Bogotá.
Durante los debates de la reforma indicada por Ospina, se propu­
so la creación de otros Estados: el de Antioquia, el del Atlántico
y el del Sur, con capitales en Medellín, Cartagena y Popayán
Estos proyectos se dejaron a un lado, para tratar de lleno
sebre los de cambio de la Constitución, en sentido federal, pre­
sentados por los Senadores General Mosquera y doctor Murillo y
por el Representante doctor Antonio Olano. También se propuso
a la Legislatura del 55 la reintegración de algunas Provincias, y por
Mosquera el establecimiento del Estado de Santander. Lo único
que en materia de división territorial se llevó a cabo entonces fue
erigir el Estado de Panamá, con las Provincias de ese nombre,
Azuero, Chiriquí y Veraguas; suprimir, en seguida, la de Azuero,
por los meses que restaban hasta la fecha en que el Estado se cons­
tituyese, y reintegrar las Provincias de Antioquia, Bogotá y Pasto,
con la salvedad de agregar a Popayán los Cantones de Micay e Is­
cuandé y dar algunos Distritos bogotanos a Tunja, Mariquita y
Neiva.
El acto que dio sér a Panamá facultó al Congreso para esta­
blecer nuevos Estados.
El Istmo, al constituirse como entidad autónoma, eligió Jefe
superior del Estado a Arosemena, que podía reputarse su funda­
dor. El Secretario de Relaciones Exteriores de la Nueva Granada
dio cuenta a los países amigos de la formación de esa entidad fe­
derativa. En Europa creyeron, seguramente porque no se expli­
caban la anomalía del régimen netamente federal en parte de una
República que no tenía la plenitud de esa forma de gobierno, que
se trataba de otra nación, y por varios años apareció en el Alma­
naque de Gotha un capítulo dedicado a la que en Alemania consi­
deraban República de Panamá.
84 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

Con todo esto, vino a quedar la República en una situación


transitoria, y la preocupación dominante era la forma de gobierno
que en definitiva debería adoptarse para todo el país. El Secretario
Ospina solicitó la opinión de las Cámaras Provinciales, que res­
pondieron de modo contradictorio. En unas partes se manifestó
francamente el deseo del régimen federal sin reticencias; en otras,
el anhelo de continuar con la Constitución de 21 de mayo, divi­
diendo la Nueva Granada en grandes porciones. La Provincia de
Cartagena se singularizó, declarando su Legislatura, en la que ha­
cía cabeza el General Posada Gutiérrez, que no tocaba a esas cor­
poraciones dar la opinión solicitada.
En 1856 siguió viento en popa la idea federalista; la Provin
cia de Antioquia se convirtió en Estado por la Ley.de 11 de junio.
Un año más tarde se suprimieron las Provincias de Ocaña y Valle-
dupar, a causa de sucesos análogos a los de Azuero; en una y otra
partidos y círculos se disputaban el mando. En Valledupár, extin­
guida el 11 de abril, quien había de encargarse del Gobierno lo
asumió fuéra de la capital, apoyado por fuerza armada que llevó
de otra Provincia. En Ocaña hubo dos Gobiernos al comenzar el
año, uno liberal en la ciudad y otro conservador en el pueblo de
La Cruz. La actitud del primero hizo que el otro depusiese las
armas. La Ley de 14 de febrero acabó con esa entidad y la reincor­
poró en la Provincia de Mompós. Tal medida levantó vivas protes­
tas, se entronizó la anarquía más desconsoladora, y el Gobernador
momposino declaró que era una desgracia que a su tierra se le hu­
biese añadido la que acababa de perder la autonomía. Vino a en­
derezar las cosas la creación de un tercer Estado, el de Santander,
por la Ley de 13 de mayo y compuesto de Ocaña, parte de Vélez
y las Provincias de Pamplona y Socorro. Un mes más tarde, el 15
de junio, se fundaron los Estados del Cauca, Bolívar, Magdalena,
Cundinamarca y Boyacá.
En el 56 había tenido séquito el proyecto de división de toda
la República en ocho Estados, pero estableciendo el del Tolima y
dejando la Costa Atlántica en uno solo. El Senado aprobó la crea­
ción de un Distrito Federal, que no se perfeccionó en la otra Cáma­
ra, donde la mayoría no era federalista, y negó un proyecto que
tenía por base el presentado por una Comisión de Senadores y Re­
presentantes que pedía para la República el nombre de Confede­
ración Colombiana, compuesta de Estados Soberanos. Este califi­
cativo fue suprimido a petición del Representante caleño doctor
Miguel Guerrero. La mayoría de los Representantes negó el pro­
yecto, lo reconsideró a solicitud del Senado y lo negó de nuevo
en 1857. La actitud de la minoría liberal, que amenazó con deser­
tar, consiguió que en 1858 se adoptase una nueva Constitución,
que dio al país el título de Confederación Granadina.
Díjose que los conservadoras habían negado la formación del
Estado del Tolima, de indiscutible excedencia liberal, para ahogar
los votos de esa región con la abundancia de los contrarios en Bo­
gotá. Las Provincias de Neiva y Mariquita habían elegido Diputa­
dos liberales al comenzar el año 57, y la noticia de la creación de
los Estados cayó allá cual una bomba.
DIVISIONES TERRITORIALES DE COLOMBIA 85

El Presidente de la República, autorizado por la ley, fijó los


lugares donde debían reunirse las Asambleas Constituyentes’de los
Estados, que fueron Pamplona, Popayán, Cartagena, Santa Marta,
Bogotá y Tunja. A fines del año quedaron organizados los seis
Estados de nueva creación, conservando las capitales designadas
por el Presidente Ospina, salvo Santander, que por Ley de 24 de
noviembre declaró a Bucaramanga sede del Gobierno. La orga­
nización de los Estados fue tranquila, menos en el Magdalena,
donde con las armas en la mano lucharon dos fracciones políticas,
y una de ellas, dueña de Ríohacha, desconoció a las autoridades
de Santa Marta. Santander quedó bajo los radicales, y fue Murillo
su Presidente. Con el influjo de este personaje se estableció el
impuesto único y directo como sostén del Fisco. Los sucesos de la
guerra que se desencadenó en 1860 hicieron que el Gobierno san-
tandereano se trasladase al Socorro, que fue entonces capital de
hecho y luego legal y definitiva, hasta el 24 de marzo de 1886,
cuando un decreto del Jefe Civil y Militar del Estado, Antonio
Roldán, devolvió la primacía a Bucaramanga, y el Gobierno Na­
cional sancionó esta medida.
Aunque los Estados no eran soberanos, tuvieron amplitud ili­
mitada para organizarse, sin más que ceñirse a la Constitución ge­
neral de la República y no inmiscuirse en los asuntos que se ha­
bían declarado de la exclusiva incumbencia del Gobierno de Bo­
gotá. Apenas creados Panamá y Antioquia, fueron allí letra muer­
ta las leyes nacionales; y asuntos que estaban en tela de juicio en
la capital, como algunos relativos a Provincias antioqueñas, cesaron
desde luego, porque su conocimiento y resolución correspondía a
las autoridades de Medellín, que tenían atribuciones mucho ma­
yores que las otorgadas a los Gobiernos de las pequeñas entidades.
Algunos Estados, al constituirse, establecieron Cuerpos Legis­
lativos de dos Cámaras, que no subsistieron en esa forma, y a la
postre prevaleció dondequiera el sistema de una sola Cámara. En
cuanto a rentas sí hubo siempre grandes diferencias, que se ahon­
daron al implantarse en toda su desnudez el régimen federal.
Antioquia y Panamá, en sus primeras elecciones populares de
Gobernador o Presidente, y los otros Estados, al elegir por medio
de sus constituyentes a los respectivos mandatarios, o al proceder
a designaciones populares, escogieron figuras conspicuas de todos
los partidos. Herrámfue nombrado para Antioquia y Cundinamar­
ca ; Mosquera, para el Cauca ; Fernández Madrid, para Boyacá ;
Bartolomé Calvo, para Panamá.
El General Juan José Nieto derrocó a Juan Antonio Calvo, le­
gítimo Gobernador de Bolívar. Mosquera, por su parte, alegando
la defensa de la soberanía de los Estados, que se decía atropellada
por el Gobierno de la Confederación, invadió el territorio de Cun­
dinamarca. En Piedras, el 8 de mayo de 1860, decretó la separa­
ción del Cauca del resto de la República, y declaró agregadas aesé
Estado las porciones cundinamarquesas que las tropas caucanas
ocupasen. Entró en arreglos con Nieto, y en Cartagena se firmó el
10 de septiembre un pacto de unión del Cauca y Bolívar, que dio
86 BOL ETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

a esas entidades el titulo de Estados Unidos de la Nueva Granada


y estatuyó que a la nueva República se añadiesen los pueblos que
se separasen de la Confederación creada en el 58. Aquellos Esta­
dos Unidos fueron reconocidos porel Ecuador, y el Presidente Gar­
cía Moreno trató simultáneamfente’ en Quito con un Encargado de
Negocios enviado por Mosquera y con otro que representaba a la
Confederación Granadina.
La Constitución de Cundinamarca, sancionada en 1857, había
dividido el Estado en tres Departamentos, correspondientes a las
extinguidas Provincias de Bogotá, Mariquita y Neiva. Mosquera
anexó al Cauca los dos últimos, y una vez situado en el de Bogotá,
decretó el 12 de abril de 1861, en el Alto del Raizal, y basándose
en el pacto de Cartagena, la fundación del Estado del Tolima, con
dos de aquellos Departamentos. Dispuso que fuera Purificación la
capital transitoria del nuevo Estado, y asumió su gobierno hasta
que se organizase debidamente, sin perjuicio de seguir con los tí­
tulos de Gobernador constitucional del Cauca, Presidente provi­
sorio de los Estados Unidos de la Nueva Granada y Supremo Di­
rector de la Guerra. En Neiva se instaló la Constituyente tolimen-
se, ei 21 de diciembre de 1862, y al otro día expidió un Estatuto
provisional y nombró al General López Presidente del Estado. El
31 de enero sancionó la Constitución y trasladó a poco el asiento
del Gobierno a Natagaima.
El Supremo Director de la Guerra ocupó la capital de la Con­
federación el j 8 de julio de 1861, y cinco días después creó el Dis­
trito Federal de Bogotá, segregando su territorio de Cundinamar­
ca. Mosquera aprovechó en esta ocasión los omnímodos poderes
que se había apropiado, de un lado para ser consecuente con las
ideas que como legítimo gobernante había expresado al Congreso
de 1847, cuando dijo que la capital, como asiento de los altos po­
deres de la República, debía tener un régimen especial y depender
exclusivamente del Poder Ejecutivo, y de otro lado, como por vía
de desquite contra las mayorías conservadoras que en beneficio de
su partido, como lo declaró en plena Cámara el General Posada
Gutiérrez, habían enterrado tres años antes el proyecto de funda­
ción del mismo Distrito, para que los votos conservadores de Bo­
gotá, sumándose a los generales de Cundinamarca, contrapesasen
la opinión liberal de los Departamentos restantes.
Los Estados Unidos de la Nueva Granada fueron sustituidos
por los de Colombia, mediante un pacto que en Bogotá suscribie­
ron el 20 de septiembre los Plenipotenciarios de los Estados en
donde predominaba la rebelión : Bolívar, Boyacá, el Cauca, Cun­
dinamarca, Santander y Tolima, aceptado éste en la Unión el 3 de
dicho mes. Posteriormente adhirieron los de Antioquia y Panamá,
una vez derrocados los Gobiernos conservadores de esos pueblos.
El nuevo nombre del país se debió, en gran parte, a sueños de Mos­
quera en favor de la Colombia de Bolívar, ingresando a la unión el
Ecuador y Venezuela. En el primero de esos Estados fue muy
bien acogida en un principio la idea, y se empezó por adoptar el
tricolor colombiano. Venezuela estaba en guerra civil, y uno de los
DIVISIONES TERRITORIALES DE COLOMBIA 87

corifeos del partido federalista de allá, asilado en Bogotá, contri­


buyó a impulsar la reintegración colombiana fundando aqui, bajo
el patrocinio del Supremo Director, un periódico llamado El Co
lorubiano.
En materia de reintegración quedaron ahí las cosas. García
Moreno disgustó con Mosquera y se llegó hasta un rompimiento
armado entre los Gobiernos de Bogotá y Quito. Los federalistas
de allende el Carchi, una vez triunfantes, tuvieron mucho en qué
ocuparse para poder pensar en el hermoso sueño.
Mosquera y el partido que c’on él se adueñó del país dio nue­
vas instituciones políticas, por medio de una Convención instalada
en la ciudad antioqueña de Ríonegro, que fue capital transitoria
del país. La Constitución del caso, sancionada el 8 de mayo de
1863, consagró para la República el nombre de Estados Unidos de
Colombia y la consideró formada por la adhesión de nueve Esta­
dos Soberanos.
Por su artículo 5.0 declaró que la ley podría crear nuevos Es­
tados, al solicitarlo la Legislatura o Legislaturas de aquellos que hu­
biesen de experimentar desmembración, y siempre que los nuevos
Estados quedasen con población no menor de 100,000 almas y
aquellos de donde se segregasen, de 150,000. El Acto constitucio­
nal transitorio dispuso que la Municipalidad de Bogotá organizase
el Distrito Federal hasta que fuese reincorporado a Cundinamarca,
por la Asamblea del Estado. Dicha Municipalidad cumplió su co­
metido el 2 de junio, y veintisiete días más tarde, Mosquera, en
ejercicio del Gobierno Ejecutivo, dictó un decreto orgánico del
Distrito, fechado en Popayán, que fue desconocido y acusado por
inconstitucional.
El mismo constituyente dispuso que fuesen regidos por leyes
especiales los Territorios poco poblados u ocupados por tribus sal­
vajes que los Estados dueños de ellos quisieran entregar a la
Unión para impulsar su progreso.
Cundinamarca y Bolívar cedieron en el 66 a San Martín y
las islas de San Andrés y San Luis de Providencia, que la Nación
aceptó al cabo de dos años. Bolívar hizo la cesión por veinte.
En estos mismos términos traspasó Boyacá a Casanare, Territorio
que acogió la República un año después. En el 70 autorizó el
Congreso al Ejecutivo para solicitar del Magdalena La Goajira y
la Sierra Nevada; aquel Estado convino, agregando a lo pedido
el Territorio de los indios motilones. Los dos últimos pasaron a
depender del Gobierno Federal, por veinte años, en el 71, y el otro,
por igual tiempo, en el 72.
Los Estados tuvieron que reformar sus primitivas Constitucio­
nes, para ponerlas acordes con la de Ríonegro, y posteriormente
casi todos sustituyeron las que acordaron en 1863 y 64. Ya por
todas esas Cartas, ya por leyes especiales, alteraron la división
territorial respectiva, y varios de ellos trasladaron de una localidad
a otra la sede de su Gobierno.
Cundinamarca, cuando quedó reducido al Departamento de
Bogotá, sin la ciudad capital, se constituyó en Funza el 21 de
88 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

agosto de 1862, y esa población, con el rango de ciudad, fue de­


clarada cabeza del Estado. El 10 de julio siguiente una nueva Ley
Fundamental, dada también en Funza, trasladó a Zipaquirá las
altas autoridades seccionales. El Presidente del Estado, General
Santos Gutiérrez, ejerció el Poder Ejecutivo en Chapinero, de fe­
brero a abril de 1864, en qne volvió a Zipaquirá; el 11 de mayo,
por ley cundinamarquesa, fue Bogotá reincorporada en el Estado,
y cuatro días después se radicó en esta ciudad el Gobierno seccio­
nal. Cundinamarca tuvo, pues, cuatro capitales, y puc^o tener
cinco. Cuando funcionaba el Distrito Federal, el Gobernador Justó
Briceño, uno de los antecesores de Gutiérrez, y el Secretario de
Gobierno, José María Vergara y Vergara, decretaron, con fecha
27 de septiembre de 1861, que el sitio de Cuatroesquinas, donde
se reunían los caminos de Occidente y Las Balsillas, fuese Distrito
con el nombre de Mosquera, creyendo que allí podría surgir un
centro de importancia social, política y comercial. Don Indalecio
Liévano trazó el área de la población, demarcó calles, plazas y
avenidas, y el 22 de noviembre comenzó a funcionar el flamante
Distrito, que no correspondió a las esperanzas de sus fundadores,
y fue contraproducente como homenaje al caudillo de la rebelión.
Vergara y Vergara, como disculpándose, declaró después que el
nombre de la población no tenía su origen en el Gran General sino
en su hermano el ilustre Arzobispo Manuel José Mosquera.
No faltaron más tarde algunos empeños para restablecer el
Distrito Federal, y estoy por creer que los sucesos políticos cum­
plidos en Bogotá en octubre del 68, cuando los liberales dijeron
que el Gobernador constitucional de Cundinamarca, doctor Igna­
cio Gutiérrez Vergara, hacía peligrar la seguridad del Presidente
de la Nación, General Gutiérrez, fueron argumento para revivir la
extinguida entidad; hubo peticiones en tal sentido, una de ellas
elevada por la Asamblea Legislativa de Boyacá en 1870.
Cundinamarca se dio una cuarta Constitución en 1865, que
dividió el territorio del Estado en cuatro Depar'amentos, y dos
Leyes Fundamentales más en 1867 y 1870. La primera suprimió
los Departamentos y dejó en pie los Distritos en que se subdivi­
dían, y la otra respetó esta organización, que se varió luégo, que­
dando formado el Estado por siete Departamentos.
El «Tolima alcanzó la mayor cifra de poblaciones que fueron
capitales del Estado; después de Purificación, Neiva y Natagaima,
tuvo dos más, con alternativas. En agosto del 66 se trasladó el
Gobierno a Ibagué; hubo cambio de partido en el poder el año
siguiente, y los conservadores reunieron su Constituyente en el
Guamo; allí reorganizaron el Estado, por la Carta de 29 de di­
ciembre, subrogada por la de 26 de septiembre de 1870, siempre
en el Guamo, de donde el Presidente del Estado se ausentó breve
tiempo para ejercer en Ibagué, a causa de una revolución liberal
iniciada en enero de 68. En marzo de 1876 volvió esa ciudad a
ser capital transitoria. Vencidos los conservadores en la revo­
lución general de entonces, el radicalismo local reunió una Cons­
tituyente en Neiva, que dio nueva organización al Tolima el 20
de febrero siguiente. Los constituyentes del 62 habían dividido el
DIVISIONES TERRITORIALES DE COLOMBIA 89

Estado en tres Provincias, Norte, Centro y Sur, cabeceras Amba-


lema, Guamo y Agrado, distribución que no subsistió, y a los
pocos años los conservadores dividieron el territorio en seis De­
partamentos. La Convención liberal de 1877 redujo las divisiones
a tres Departamentos, capitales Ambalema, Espinal y Neiva. La
Ley de 16 de marzo de aquel año señaló al Guamo para capital
del Estado; con todo, el Gobierno continuó en Neiva, hasta marzo
de 1887, en que se trasladó a Ibagué el Gobernador Manuel Ca-
sabianca, en obedecimiento ala Ley nacional número 21 de 16
de febrero anterior, que señaló capitales para los extinguidos Es­
tados Soberanos, llamados ahora Departamentos.
Santander reformó su primera Constitución en el 59, y se dio
una tercera para armonizar con la de Ríonegro. Primitivamente
se dividió el Estado en diez y seis Municipios, y a partir del 59
en ocho, y luego en nueve Departamentos, formados de Distritos.
El Cauca fue dividido primeramente en quince Provincias;
aumentadas a diez y seis desmembrando a Túquerres para esta­
blecer la de Obando en el Cantón de Ipiales; la segunda Consti­
tución del Estado, de 16 de diciembre de 1863, las convirtió en
Municipios, aparte de los cuales funcionó como Distrito el Terri­
torio del Caquetá. Los Municipios tenían sus Cámaras administra­
tivas, compuestas de Diputados elegidos por los Distritos en que se
subdividían esas entidades. Había, además, Cabildos Distritales.
El 3 de septiembre de 1872 se sancionó la última Constitución del
Estado, cuya capital fue siempre Popayán. Durante otro régimen,
en Ja revolución que estalló en 1899, estuvo en Cali el asiento del
Gobierno, sin que la otra ciudad perdiese su pri.nacía política.
Algo semejante podría decirse de los Estados de Bolívar y Boya­
cá, donde se ejerció el poder legítimo en’Mompós y en Labranza-
grande, y también después de la Federación en Barranquilla.
Panamá llegó a cinco Constituciones, a más de la expedida
en 1855, que. lo fueron en los años de 63, 65, 68, 73 y 75. El
territorio fue dividido en Departamentos, primero siete, luégo
seis, erigiendo el de la capital en Distrito. Tuvo, además, tres Co­
marcas o Territorios.
En Boyacá existió también un Territorio, en las orillas del
Magdalena, que perteneció primitivamente a Cundinamarca, y
que en la actualidad funciona nuevamente, el de Vásquez. Dicho
Estado, aunque fue en ocasiones víctima de sangrientas luchas
entre fracciones liberales, no cambió de régimen más que una vez,
por la Constitución de 24 de agosto de 1863, reformada parcial­
mente a los dos años. En esto dieron ejemplo los liberales boya-
censes a los panameños, pues en el Istmo influyeron para los cam­
bios institucionales continuas revueltas y golpes de cuartel. El
Estado de Boyacá se dividía en seis Departamentos, apaite del
Territorio.
Los revolucionarios de Bolívar sancionaron otra Constitución
para el Estado el 12 de enero de 1860, a la cual subrogó la de 9 de
julio de 1863. El Estado estuvo dividido en diez Provincias.
En el Magdalena rigieron sucesivamente dos Leyes Funda­
mentales más, después del 57, las de 12 de octubre de 1863 y 25 de
90 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

noviembre de 1864. La primera concedió amplitud al régimen


municipal, y los Cabildos se dieron sus propias Constituciones. La
de Santa Marta, de 1860, fue francamente revolucionaria, pues
manifestaba que el Distrito se organizaba declarándose en ejercicio
de la plenitud de su soberanía. En el Estado hubo cinco Depar­
tamentos.
En Antioquia rigió una segunda Constitución desde agosto
de 1864, imperando allá los conservadores; vueltos al poder los
liberales, expidióse nueva Carta en el 77. El Estado estuvo divi­
dido en nueve Departamentos.
La anarquía organizada, como llamó algún político al régi­
men de Ríonegro, estaba llamada a perdurar, si no se apelaba a
medios extremos, a causa de las trabas que el constituyente puso
para la reforma de la Carta Fundamental. Considerables masas de
ciudadanos de todos los partidos ansiaban el cambio o la abroga­
ción de ella; los radicales, apelando a las armas al expirar el año
de 84, ofrecieron la oportunidad para la brusca anulación de aquel
Código, lo cual fue declarado por el Presidente de la República,
liberal que llamó en su apoyo a los conservadores para debelar la
revolución. En 1886 se reunió en Bogotá una Convención que se
llamó Consejo Nacional de Delegatarios de los Estados, que ex­
pidió una nueva Constitución el 7 de agosto, y dio al país el nom­
bre de República de Colombia. En los debates de ese Cuerpo, al
cual fueron extraños los vencidos, así como en el de Ríonegro los
de entonces, hubo pareceres encontrados, por lo que a la forma de
gobierno y división del territorio correspondía; algunos Delegata­
rios querían que subsistiese la federación, pero al fin prevaleció la
opinión de don Miguel Antonio Caro, que dio al país un régimen
central, desde el punto de vista de la unidad nacional y la con­
servación del orden público, por la uniformidad de la legislación
y el vigor impreso al Gobierno general, pero con asomos de mixto
o centro-federal, ya que no se trataba del centralismo riguroso de
Francia o de Chile, sino más bien del sistema que imperó en Ve­
nezuela de 1830 a 50, o del que prevalece en la Argentina, donde
existe la autonomía de los Estados o Provincias con una sola le­
gislación para toda la República, y la diferencia sustancial con
nosotros estriba en la elección popular de los Gobernadores, que
pueden ser suspendidos por el Presidente de la República, y en
mayor libertad fiscal.
La Constitución del 86 reservó la soberanía para la Nación,
conservando los Estados con el nombre de Departamentos, que
serían gobernados por agentes del Ejecutivo central, libremente
nombrados por él, y tendrían en vez de Legislaturas, Asambleas de
mero carácter administrativo, con limitada ingerencia en la po­
lítica.
El doctor Carlos Holguín, a los pocos días de encargarse del
Gobierno Nacional como Designado escogido por el Congreso con
la unanimidad de los Diputados, si se exceptúa un voto en blanco,
presentó el 16 de octubre de 1888, con un Mensaje razonado, un
proyecto de reforma constitucional para facilitar y obtener la sub­
división de los actuales Departamentos. El proyecto decía, en
DIVISIONES TERRITORIALES DE COLOMBIA 91

esencia: la ley dividirá la Nación en Provincias, respetando los


límites de los Departamentos, de modo que cada uno quede divi­
dido en dos o más, con excepción de Panamá, que constituirá una
sola Provincia. Estas serían regidas por Gobernadores, y tendrían
sendas Cámaras de atribuciones casi iguales a las concedidas a las
Asambleas, y que elegiría cada una un Senador. Autorizaron el
Mensaje y el proyecto los Ministros José Domingo Ospina Cama­
cho, de Gobierno; Vicente Restrepo, de Relaciones Exteriores;
Felipe Fermín Paúl, de Hacienda; Antonio B. Cuervo, de la Gue­
rra; Jesús Casas Rojas, de Instrucción Pública; Carlos Martínez
Silva, del Tesoro, y Rafael Reye3, de Fomento. A los cuatro días
presentó informe favorable la Comisión de Representantes que es­
tudió el asunto, formada por don Primitivo Crespo, don Marceli­
no Arango y don Tomás Arias; pero la gran mayoría nacional, in­
clusive gran parte del conservatismo, quería la subsistencia de los
nueve Departamentos, acaso por el apego que daba la costumbre
de treinta años antes que por el análisis detenido de las ventajas o
inconvenientes que tuviese la reforma,, que algunos combatieron
tan sólo por el deseo de conservar lo existente y dar tiempo a que
se observase el resultado del régimen del 86. Al General Reyes se
le tachó de inconsecuente, porque en el Consejo de Delegatarios
se había empeñado para mantener el nombre de Estados y su in­
tegridad territorial a las antiguas secciones. El explicó su proce­
der de ahora como indispensable para salvar al partido conserva­
dor, evitando la escisión en las filas ministeriales. Simple excusa,
porque la integridad de los Departamentos fue bandera a cuya
sombra empezó a formarse una fuerte corriente conservadora de
oposición al Gobierno, y órganos muy respetables del conservatis­
mo en la prensa se dieron a combatir el proyecto, que pasó al fin,
pero muy cambiado, condición para que lo aceptasen veintinueve
Representantes adversos, que le dieron sus votos, según se dijo,
por una galantería con el Ejecutivo. Así surgió la Ley 103 de
1888, que para regir requería la aprobación de la Legislatura del
90, por implicar una reforma constitucional. Esa Ley dijo que el
Congreso podría alterar la división del territorio, formando el nú­
mero de Departamentos que estimase conveniente, de modo que
ninguna sección quedase con más de 200,000 habitantes, excepto
Panamá, que podría pasar de ese número.
Caro, desde las columnas*de La Nación^ sostuvo empeñosa­
mente la división en Provincias, en tanto que por dondequiera se
la impugnaba y venían a Bogotá manifestaciones en favor de los
nueve Departamentos.
Con la opinión de integristas y divisionistas, la del partido
dominante se cristalizó en dos grupos, congregados en torno de
Holguín y Marceliano Vélez, que pugnaron en la elección de De­
signado en 1890. El primero, o sea el iniciador de la reforma, ob­
tuvo mayoría, y siguió de Jefe de la Nación; el otro, considerado
paladín de la integridad, alcanzó catorce votos en el Congreso,
número relativamente considerable si se atiende a la época, cuan­
do el partido, conservador estaba perfectamente unido y las voces-
de la disidencia eran emitidas tan sólo por un punto de adminis­
tración que había dejado ya de discutirse, como vamos a verlo.
92 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

Los dos bandos medían sus fuerzas a fines del 89, y se com­
putaban las opiniones a favor y en contra de la división territorial.
En Bogotá se esperaba con ansia el concepto del Presidente Nú-
ñez, porque El Porvenir de Cartagena, tribuna del ilustre estadis­
ta, había guardado discreta reserva. Núñez enterró la Ley 103 con
un telegrama del 26 de noviembre, en que declaraba que para ro­
bustecer el poder municipal y consolidar la unidad nacional no
era preciso acabar con los Departamentos existentes. Así se quitó
su bandera a la oposición conservadora, y no hubo insistencia en
la subdivisión, que fue rechazada al someterse a debate en los pri­
meras sesiones de la Legislatura del 90.
Otra reforma se propuso por entonces: dotar a las Provincias
de Concejos Municipales, restableciendo para todo el país algo se­
mejante a lo que durante la federación rigió en el Cauca. El doc­
tor Miguel Guerrero fue el autor de ese proyecto, que no prosperó.
Es de advertir que con el nuevo régimen los Territorios cedi­
dos a la Nación fueron reincorporados en los Departamentos a
que pertenecían; Casanare, San Andrés y el Distrito del Caquetá,
las Provincias de Bolívar, los Municipios del Cauca y los Depar­
tamentos de los otros Estados pasaron a llamarse Provincias, que
eran la primera subdivisión de los nuevos Departamentos, cada una a
cargo de un Prefecto nombrado por el respectivo Gobernador. Se
suprimieron algunas, se crearon otras, y en 1890 pasaba de setenta
su número. La facultad de suprimirlas o crearlas se reservó al le­
gislador. En 1903 llegaban a setenta y ocho, sin contar las de Pa­
namá, Departamento que en ese año se rebeló contra la Nación,
proclamándose República independiente. La primera que se esta­
bleció fue la del Oriente de Cundinamarca, en 1888; las de última
creación, Robledo, en el Cauca; Girardot, en Cundinamarca, y
Herveo, en el Tolima. La de Herveo debió su existencia a un De­
creto del Poder Ejecutivo, de los que se llamaban legislativos, el
18 de mayo de 1902, aprobado por el Congreso del año siguiente.
Otro Decreto legislativo, el 740 de 27 de junio de 1901, había in­
troducido un cambio de importancia en la organización territorial:
suprimió el Departamento de Cundinamarca, y las funciones del
Gobernador las adscribió al Ministro de la Guerra. Este enorme
Distrito Capital, si se me permite llamarlo asi, no alcanzó a durar
un año: el Decreto 353, de 28 de marzo de 1902, restableció el
Departamento.
La Ley i.a de 1904 (6 de agosto), aprobada en dos legislatu­
ras, estableció el Departamento de Nariño, cuya idea, acariciada
por muchos desde cuando se trataba de la creación de los Estados,
permaneció latente y se manifestó en diversas ocasiones. En 1869
apareció en Cali un folleto anónimo titulado Décimo Estado, que
abogaba por la división del Cauca. En Popayán, donde la razón
más poderosa para oponerse a la división era el temor de perder
la capital, que habría de situarse en una ciudad que sin las Pro­
vincias meridionales quedase más central para el resto, se contestó
con otros folletos, para tratar de probar lo inconsulto de la refor­
ma iniciada en Cali; Manuel de Jesús Quijano, autor de uno de
DIVISIONES TERRITORIALES DE COLOMBIA 93

ellos, manifestó que en casó de llevarse a cabo la desmembración


del Estado no deberían ser dos, sino tres, las nuevas entidades, e
indicó cuáles, tal como existen hoy, con ligeras variantes. Mosque­
ra tampoco fue ajeno a la impugnación del opúsculo caleño, y
hay la creencia de que una de las publicaciones hechas en Popa­
yán fue inspirada por él.
El décimo Departamento, que veinte años después había sido
causa de acalorados debates en el sur de la República, particular­
mente en Popayán y en Pasto, donde se distinguieron los grupos
de decimistas e integristas, fue un proyecto bien mirado por la ge­
neralidad de los ciudadanos fuéra del antiguo Departamento. La
Convención Liberal reunida en Bogotá en 1897 incluyó en la pla­
taforma del partido la desmembración del Cauca, y nombró un
Directorio Departamental en Pasto, independiente del que había
funcionado en Popayán y en Cali. La Asamblea caucana de 1898,
después de una disputa entre los bandos nacionalista e histórico,
que la formaban, quedó sólo con los primeros, entre quienes pesa­
ban los Diputados del Sur, y entonces se adoptó una solicitud al
Congreso sobre creación del décimo Departamento.
Un día dSspués de creado Nariño se inició el Gobierno del
General Reyes, quien obtuvo diversas cambios constitucionales, y
entre ellos la subdivisión de la República, hasta llegar a implantar
una reforma análoga a la intentada por Holguín en el 88.
En los últimos años de la gestación del décimo se había ma­
nifestado por algunos ciudadanos de influencia que era necesario
crear el undécimo y duodécimo Departamentos, con el sur de San­
tander y con el sur de Antioquia y norte del Cauca, respectiva­
mente. La Ley 17 de 1905, de 11 de abril, colmó esa aspiración
creando a óalán, capital San Gil, y a Caldas, capital Manizales.
Pero no se detuvo allí: estableció también el Departamento del
Atlántico, cabecera Barranquilla, y el Distrito Capital, segregando
de Cundinamarca el Municipio de Bogotá. Dispuso que en caso
de trasladarse el Gobierno de ese Departamento a otra población,
se situase en la línea férrea de la Sabana, o si el Ejecutivo lo juzga­
ba más propio, se erigiese en Municipio a Chapinero. Al poco
tiempo se hizo capital a Facatativá.
Con procedimientos rápidos, funcionando en vez de las dos
Cámaras de origen popular una Asamblea Constituyente y Legis­
lativa nombrada por el Presidente de la República, valiéndose de
los Gobernadores, siguió dividiéndose más y más a la Nación. El
29 de dicho mes, por la Ley 46, se establecieron los Departamen­
tos de Quesada, Tundama y Huila, cabeceras Zipaquirá, Santa
Rosa de Viterbo y Neiva. Tres años más tarde expidió la Consti­
tuyente el Acto legislativo número 2 de 12 de agosto de 1908, que
reformó la Constitución suprimiendo las Provincias y dejando por
única subdivisión de los Departamentos los Distritos. La Ley 1.*
de dicho año decretó la partición del país en treinta y cuatro De­
partamentos, incluyendo a Panamá. Los otros, que debían llamar­
se con los nombres de sus capitales respectivas, serían: Tumaco,
Túquerres, Pasto, Popayán, Cali, Buga, Neiva, Garzón, Ibagué,
Honda, Facatativá, Girardot, Zipaquirá, Chiquinquirá, Santa
94 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

Rosa, Tunja, Vélez, San Gil, Bucaramanga, Cúcuta, Manizales,


Cartago, Medellín, Antioquia, Jericó, Sonsón, Barranquilla, Santa
Marta, Ríohacha, Quibdó, Cartago, Mompós y Sincejejo. Además
conservó el Distrito Capital, considerándolo como Departamento
para efectos electorales. La reforma no consistió sólo en eso: im­
plantó el centralismo en todo su rigor, quitando las rentas a los
Departamentos y haciéndolas ingresar al Tesoro Nacional. El Po­
der Ejecutivo quedó autorizado para variar los límites departamen­
tales y para dividir únicamente en dos los Departamentos que la
ley fraccionaba en tres o más, o para dejar sin efecto el reparto de
los existentes. Este paso, que venía a acabar con lo establecido en
materia de rentas desde 1832, porque siempre habían subvenido
las Provincias, Estados o Departamentos a gran parte o a todos
los ramos del servicio público a ellos concernientes, encontró re­
sistencias aun en localidades que parecían quedar beneficiadas con
la reforma. El 31 expidió Reyes un Decreto en desarrollo de la
nueva división, sin dar a ésta toda la extensión señalada en cuan­
to a la desmembración del territorio. Dejó intactos los Departa­
mentos del Tolima, Huila, Magdalena, Galán, Boyacá, Atlántico
y Tundama; agregó a Caldas algunos Distritos caucanos de la re­
gión del Quindío, y a Bogotá otros de Quesada y Cundinamarca,
entidades que en lo restante conservaron su integridad, pero dio a
todos el nombre de las capitales; elevó a Departamento de Quib­
dó las Provincias de Atrato y San Juan, que en noviembre de 1906
habían sido disgregadas del Cauca para erigir con ellas la Inten­
dencia del Chocó; formó de Antioquia los Departamentos de Me­
dellín, Antioquia, Jericó y Sonsón; de Bolívar, los de Cartagena,
Sincelejo y Mompós; del Cauca, los de Popayán, Cali y Buga; de
Santander, los de Cúcuta y Bucaramanga ; de Nariño, los de Pas­
to, Tumaco e Ipiales, éste con el territorio asignado a Túquerres,
que no fue capital por la oposición que allá encontró la reforma y
por la importancia de la ciudad de Ipiales, fronteriza al Ecuador,
según se desprende de los considerandos del Decreto; quedaron
sin establecer los Departamentos de Vélez, Garzón, Honda, Girar-
dot, Chiquinquirá y Cartago; se hicieron otras variaciones en los
Distritos y también en las Provincias, las cuales se consideraron
subsistentes para la Gendarmería y regidas por Prefectos de ese
ramo.
Estos cambios territoriales duraron apenas año y medio. El
Congreso de 1909^ por la Ley 65 de 14 de diciembre, ordenó que
desde el i.° de abril siguiente se restableciesen los Departamentos
como funcionaban el i.° de enero de 1905, o sea los antiguos nue­
ve, con Panamá, y el de Nariño, y se pusiesen bajo la administra­
ción directa del Gobierno Nacional, con el nombre de Intenden­
cias, los Territorios de San Martín, Casanare. Caquetá, Goajira y
Chocó. Después de abril podrían subsistir los Departamentos crea­
dos en los últimos cuatro años, siempre que comprobasen tener
una población mínima de 150,000 almas y rentas que no bajasen
de igual cantidad en pesos de oro. También podrían establecerse
nuevos Departamentos con esas condiciones de población y de ca­
DIVISIONES TERRITORIALES DE COLOMBIA 95

pacidad fiscal, y siempre que con ellas quedasen los Departamen­


tos de donde se segregasen; sólo, si, que las nuevas divisiohes de­
berían ser solicitadas por las tres cuartas partes de las Municipali­
dades de la región que tratase de adquirir autonomía; suprimió el
Distrito Capital; volvió sus rentas a los Departamentos y también
sus Asambleas, que en 1907 habían sido sustituidas por Consejos
Administrativos de escasas atribuciones y de elección ajena al pue­
blo; facilitó el lleno de las condiciones de población y renta, auto­
rizando la mancomunidad de dos o más Departamentos, cuya ca­
pital única se fijaría por la mayoria de los Concejos Municipales
respectivos; dejó funcionando las Provincias como secciones admi­
nistrativas hasta ulterior resolución; restableció la bolivarense de
Chinú, como existía en el 84, y facultó a los Departamentos para
crear Secretarías de Hacienda y los demás empleos que estimasen
necesarios. Cuando el Gobierno del General Reyes se habían he­
cho nacionales, con el nombre de Dilecciones Generales de Ins­
trucción Pública, las Secretarías de este nombre creadas después
del 86, y dejádose una sola Secretaría, con la denominación de ge­
neral, a cada Departamento.
El Congreso del año 9 expidió un Acto legislativo que no llegó
a perfeccionarse y que establecía el nombramiento de los Gober­
nadores escogiendo de ternas presentadas al Ejecutivo por las
Asambleas Departamentales.
En cuanto a los Territorios, el mismo Congreso los organizó
en dos Intendencias, Meta y Chocó, y siete Comisarías, distribu­
ción que luego se ha variado.
Posteriormente tuvieron los Departamentos facultad de crear
y suprimir Provincias, y aun la de eliminarlas todas. Hoy no hay
más que dos en Cundinamarca; en Antioquia no existen; de los
demás Departamentos, algunos que prescindieron de ellas, luégo
las restauraron. El número de esas divisiones, computando todas
las que había donde ya no existen o se han reducido, alcanzó a
ciento.
Con la Ley 65 han quedado catorce Departamentos, sin con­
tar a Panamá. El Acto legislativo número 3 de 1910 ha elevado
en 100,000 el número de habitantes y de pesos de renta requeri­
dos para crear Departamentos, siempre que la creación sea apro­
bada por dos Legislaturas sucesivas. Este último requisito se exige
para variar los límites departamentales. Una simple ley puede su-’
primir los Departamentos que no lleguen a la población o no ten­
gan los recursos señalados, caso en que estarían más de dos de los
actuales; segregar o agregar Municipios de un Departamento a
otro; eliminar Intendencias o añadirlas a uno o más Departamen-,
tos limítrofes; restablecer Territorios o disponer respecto a ellos lo
más conveniente. Por el mismo Acto se dividió cada Departamen­
to en Distritos Municipales, pero se facultó al legislador para esta­
blecer divisiones provinciales o de otra clase.
Durante el Gobierno del General Reyes, llamado del Quin­
quenio por su duración, se estimuló el natural anhelo de algunas
regiones, o simplemente el de varias ciudades, para adquirir inde­
pendencia administrativa. Las condiciones impuestas por el cons­
tituyente para la creación de nuevos Departamentos dejan margen
96 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

para que revivan unas cuantas entidades suprimidas, que tendrían


títulos sobrados a la existencia, contando sobre todo con la volun­
tad de los pueblos correspondientes, como se observa en partes de
lo que hoy son Antioquia y Bolívar. Además de esto, que parece
acorde con la buena marcha del país dentro del régimen de la uni­
dad política y la descentralización administrativa, no faltan voces,
que pueden considerarse generales en algunos puntos del territorio
nacional, para fundar otros Departamentos, que tienen como acica­
te la disparidad de costumbres y métodos de vida, o simplemente
emulaciones como las que antaño dieron nacimiento a las Provin­
cias de Buenaventura y Cauca en el valle de este nombre, o que
en tiempos más recientes han originado el aumento de las divisio­
nes de segundo orden.
Hace un mes cursa en la Cámara de Representantes un pro­
yecto presentado por treinta y dos miembros de ella, venidos de
diversos lugares de la República y afiliados a distintas escuelas
políticas, para elevar a treinta y cinco el número de entidades de
primer orden, que se llamarían Provincias, subdivididas en Distri­
tos y cada una con su Cámara respectiva. Tai proyecto, en sus li­
ncamientos generales, es reproducción del presentado en 1888 y
de la organización impuesta al país veinte años más tarde. Deja
intactos los Departamentos del Huila, Atlántico, Magdalena y
Santander del Norte; eleva la categoría del Chocó, haciéndolo
Provincia; conserva las demás Intendencias y Comisarías, y divide
así el resto de los Departamentos: Nariño, con parte de la costa
del Cauca, en cuatro Provincias; el Cauca, con prescindencia de
su costa, en tres Provincias; el valle del Cauca, con el resto del li­
toral caucano, en tres; Caldas, sin Manzanares, en dos; Antioquia,
en cinco; Bolívar, en cuatro, no manteniendo ninguna de ellas ese
nombre, que se conservaría en una Provincia caucana cuya capital
lo lleva; el Tolima, con parte de Caldas, en dos; Cundinamarca,
en tres: Bogotá, reducida al actual Distrito, y los Departamentos
de Quesada y Cundinamarca del Quinquenio; Boyacá, en dos: las
extinguidas Secciones de Boyacá y Tundama; Santander del Sur,
en dos, que equivalen, la una a las antiguas Provincias de Vélez y
el Socorro, y la otra a las de Soto y García Rovira. Según esta di­
visión, quedarían dos Provincias con más de 300,000 habitantes;
cuatro con más de 200,000; nueve con 150,000 o más; nueve con
más de 100,000, y el resto con poblaciones de 44,000 a 95,000
almas.
Para los partidarios del Distrito Capital esta división resolve­
ría favorablemente el problema de disgregar a Bogotá de Gundi-
namarca. Desde el punto de vista de los intereses políticos de par­
tido, ocurriría que habría Cámaras Provinciales de un color que
hoy resulta en minoría casi desprovista de representación en algu­
nas partes. Por ejemplo, la Provincia de Núñez, y acaso la de
Obando, en Nariño, serian liberales; lo mismo la de Torres, en el
Cauca, y la de Honda. Por estos aspectos, el proyecto está lla­
mado a encontrar eco simpático entre los vecinos de poblaciones
que no son capitales de Departamento, como ocurrió en 1844, en­
tre los partidarios del Distrito Capital y entre los adeptos del libe­
ralismo.
DIVISIONES TERRITORIALES DE COLOMBIA 97

Si la Nación asumiese la administración directa de las treinta


y cinco Provincias, la reforma que se pretende no tendría tacha;
dejando la actual organización rentística, ocurrirá que en muchas
partes no habrá fondos suficientes para pagar el servicio público,
ni siquiera para la impresión de la Gaceta respectiva, como se dijo
de algún Departamento del Quinquenio, y mucho menos para aten­
der a las vías de comunicación y a otras mejoras. Nuestro sistema,
cuasi centro-federal, parece exigir el funcionamiento de entidades
que posean sobrados medios de vida, que estén perfectamente des­
lindadas, de acuerdo con el movimiento mercantil e industrial,
para que no dependan o resulten tributarias de sus vecinas. Los
Departamentos actuales, si se prescinde del atraso general en las
vías de comunicación, disponen de costas propias o de puertos flu­
viales, aprovechados todos o en vía de serlo. Ofrecen, pues, perso­
nalidad inconfundible. Subdivididos algunos de estos Departamen­
tos, sin proveer a su independencia económica, valdría más ir al
centralismo genuino y sin ambages, que tolera las particiones ca­
prichosas del territorio, sin que importe que cada Prefecto, Inten­
dente, Gobernador o como quiera llamársele, atienda a determina­
da agrupación de Distritos para hacer cumplir en ellos las disposi­
ciones del Gobierno.
Estamos acaso en camino de constituir una vez más el suelo
patrio, sabe Dios si dejando en pie seculares defectos de delimita­
ción interprovincial, lo cual haría que no fuese definitivo el arreglo
de las secciones, y que Colombia siguiese presentándose ante el
mundo como pueblo veleidoso e inconforme.
Unas veces personajes de influjo decisivo; no pocas, emula­
ciones y rencillas parroquiales, han servido para mudar las divisio­
nes territoriales de la Nación. Ojalá en lo sucesivo sólo sirvan de
guía los bien entendidos intereses generales, que en el siglo de los
ferrocarriles, los telégrafos y las naves aéreas las distancias no se
computan, y la buena administración pública estriba en causas
muy diversas de la demarcación de límites dentro de las fronteras
de la Patria.
He terminado.

QUE TRATA

SOBRE LA POBLAZIÓN DE LA MUY NOBLE Y MUY LEAL CIUDAD


DE CARTHAGENA DE YNDIAS

La generalidad de los historiadores están más o me­


nos de acuerdo con respecto a la fecha en que fue fun­
dada nuestra vieja ciudad. Decimos <más o menos,= por­
que entre sus versiones apenas existe la disparidad de
un día. (Unos, 20 de enero de 1533; otros, 21 de enero).
Si a discutir este punto fuéramos, sería muy fácil de­
cidir la cuestión en dos plumadas, pues estando los au-
xi—7
98 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

tores conformes en que este suceso ocurrió en San Se­


bastián y conmemorándose esta advocación el 20 de ene­
ro, es claro que los partidarios del 21, con el Padre Si­
món a la cabeza, quedarían condenados a guardar per­
petuo silencio. Alas el caso es muy otro; se trata de
comprobar que la fundación de Cartagena ni fue en el
día de San Sebastián, ni en el de Santa Inés, ni acaeció
siquiera en enero.
Para demostrarlo, entresacaremos algunos apartes de
la primera carta-relación que de sus conquistas envió don
Pedro de Heredia al Rey (1). Habla el Adelantado:
<S. C. Mag.—Pedro de Heredia, Gobernador de esta
Provincia de Cartagena por V. M., dice: que él entró en
esta Provincia de Cartagena, a 14 días de enero con una
nao (nave) y dos carabelas y una fusta, en que metería
ciento cincuenta hombres de guerra y veintidós caballos,
no embargante que en la isla Española embarcó cuaren­
ta y siete, y los demás se murieron en el camino, de los
cuales caballos el día que se desembarcaron, que fue den­
tro de esta bahía de Cartagena (cercanías de Castillo-
Grande), uno de ellos, como salió del mar, se desman­
dó. . . .= etc.
Ocupados los españoles como estaban en las faenas del
desembarque, no atendieron por el momento a la fuga
del corcel, y cuando quisieron recogerlo, encontraron
que los indios se lo habían timado.
Púsose don Pedro a toda prisa en la persecución,
acompañado de dos jinetes y de quince infantes. Cami­
naron <hasta una legua, poco más, por la costa del mar,=
y andando, andando, dieron de súbito con un indiano es­
cuadrón, al cual después de una escaramuza, pusieron al
trote por aquellos arcabucos.
Hicieron allí un prisionero, <el cual después de toma­
do nos llevó a su pueblo. . mas como le hallaran
desierto, decidieron regresar al sitio del desembarco,

(1) Esta carta fue publicada la primera vez en el apéndice


del Compendio Histórico del Descubrimiento y Colonización de
la Nueva Granada (París, 1848), y fue obsequiada al señor Acos­
ta por don Domingo del Monte, quien la acopió de la colección
Muñoz. La carta no trae fecha, mas se colige hubo de ser escrita
en los fines de marzo o principios de abril de 1533. En la exposi­
ción de Documentos de América que se verificó en Sevilla el año
pasado, se expuso en las vitrinas una colección de cartas de He-
reíia, Jiménez de Quesada, Fernández de Lugo, García de Lerma,
etc. ¡Qué buen servicio haría el Gobierno a nuestra historia con­
quistadora si ordenase a alguno de los bellos Cónsules durmien­
tes que sostenemos en Espaaña, tomase una copia dé tan valiosos
manustritos* para imprimirlos luégo y hacerlos conocer del pú­
blico!
POBLAZIÓN DE CARTHAGENA DE YNDIAS 99

<donde yo le hice entender al indio con la lengua (1)


cómo nosotros no veníamos a hacerles mal, sino a tener­
los como amigos y a tratar con ellos, y a darles cuchi­
llos y hachas y otras cosas, y le hice dar un hacha y péi-
nes y cuchillos y anzuelo, y le dije que se fuese y que lo
dijese en su pueblo y que volviese a hablarnos.
¡ Ojos que te vieron ir! El taimado del indio, a pesar
de que prometió volvería, no lo hizo, y como esperaron
tres días y no regresó, decidieron volver segunda vez al
pueblo, el cual hallaron como la vez primera, desierto.
Como encontrasen allí aguas mejores que las del sitio
desembarcadero, <acordamos de asentar en el mismo
pueblo...=
Es decir, que por el 17 o 18 de enero de 1433 decidió
Heredia asentarse (acamparse, establecer el real) en el
pueblo abandonado, el cual no era otro que el humilde
Calamar, como adelante lo veremos.
Con el fin de si hallaba un sitio mejor provisto de
aguas (porque en Calamar apenas las había de pozo),
despacháronse dos carabelas, de las cuales una fuese ha­
cia Santa Marta y la otra rumbo al Sinú. La primera
<halló un puerto que dicen Zamba (2), que es seis o sie­
te leguas del Río Grande (Magdalena), el cual le pare­
ció buen puerto, v estaba en el mejor término de todos
para poblar. ...”
Entonces acordó el Gobernador moverse para Zamba
a la cabeza de cincuenta infantes y de veinte jinetes (el
resto lo despachó por agua), y <en comenzando a cami­
nar hasta una legua del pueblo donde estaba, que dicen
Calamar, hallaron otro pueblo pequeño, en el cual, tam­
poco los indios nos quisieron esperar.= (Canapoté?)-
<Tornamos a seguir nuestro camino con un indio que

(1) Lenguas llamaban los españoles a los intérpretes. La len­


gua a que se refiere Heredia era sin duda la famosa india Cata­
lina, que tanto sirvió en la Conquista. Nuestra Municipalidad, a
moción del honorable Concejero don Pedro Regalado Castro, dic­
tó un Acuerdo ordenando llamar la Plaza de la Yerba, Plaza de
Catalina, y poner la correspondiente placa de mármol. El Acuer­
do se quedó expedido...............
(2) <Y aqueste nombre de Zamba es puesto a disparate o es
ventoso y ya no nombre en este caso, porque Zamba es nombre
de negro de Guinea; pero l|i verdad del propio nombre de este
puerto es Nao, como tengo dicho.= (Oviedo y Valdés, Historia Ge­
neral y Natural de las Indias. Libro XXVII, capítulo VI). Ovie o
conoció la costa de Cartagena por haberla recorrido personal­
mente.
100 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

tomamos por guía (1), el cual nos llevó por un camino


de donde vimos a un cabo y a otro del camino, quedar
pueblos. . . = Después de haber andado como tres
leguas, llegaron a una población en la cual los recibie­
ron los indios bélicamente (2) : tras reñidas escaramu­
zas, resolvieron regresarse a Calamar, tanto para curar
seis saballos que fueron heridos y que eran los mejores
del ejército, como para enviar cuanto antes una carabe­
la a Jamaica por más caballos, pues viéndose la tierra
tan poblada, comprendieron que para su conquista nece­
sitaban la indispensable ayuda de una buena caballería.
Despachados de estos importantes asuntos, volvieron a
ocuparse en su primitivo, que era el reconocimiento y
exploración de Zamba, para ver si allí podían fundar el
proyecto de pueblo. Salieron, pues en su segunda jorna­
da, mas en esta ocasión tomaron otro camino, a lo largo
de la costa y del cual se les había dicho en Calamar que
era más expedito que el trajinado la primera vez. <Lle­
gamos a Zamba, la cual yo anduve toda a buscar si ha­
bía asiento (sitio) y no hallé disposición para pueblo
principal, porque el puerto es bajo a la entrada, que no
tiene más de braza y media................. Hay buena disposi­
ción para hacer un pueblo.= (Es decir, uno de tántos
pueblos, mas no el principal que se proyectaba).
De Zamba emprendieron excursión hacia las tierras del
río Magdalena, en las cuales hallaron muy grandes
pueblos. <Estuvimos en esta entrada, hasta volver a este
puerto de Zamba. 22 días. Trajimos diez mil castellanos
de oro fino, poco más o menos; cuando volvimos a este
puerto (3) de Zamba, hallamos la carabela que yo había

(1) Parece que este indio fue el astuto Corinche, a quien dice
Oviedo y Valdés que llamaron así <porque había dicho que él
mostraría un arroyo.= Hábíase pues comprometido a conseguir­
les agua. En las haciendas de Santander se llama corinche el
peón encargado de la provisión de agua potable.
(2) Todos los síntomas son de que ese lugar es el Turuaco de
que habla Castellanos, y el Taraguaco de Oviedo y Valdés, el cual
se cree es el de Turbaco de nuestros días. Corinche, en vez de
guiarlos a Zamba, tomó la dirección opuesta, vía de Canapote
(que quedaba a espaldas del cerro de la Popa), con el designio
de meter a los hispanos en las asperezas de Turbaco, quizá en la
esperanza de hacerlos perecer, como perecieron Juan de la Cosa
y sus valientes compañeros en esos mismos sitios.
(3) Fijarse en que Heredia repite la frase este puerto, el cual
Indica que su carta fue escrita en Zamba, y enviada por la segun­
da carabela que despachó de dicho puerto, la cual no pv.ede ser
otra que la llegada del Sinú, porque la otra había sido despacha­
da a Jamaica. Heredia habla en pretérito, al referirse a este des­
pacho. Sin duda lo hizo teniendo en cuenta que en el momento
POBLAZIÓN DE CARTHAGENA DE YNDIAS 101

enviado al río Sinú a ver si había buena disposición


para poblar, y hemos acordado, porque el invierno se en­
tra de recogernos a Calamar, que es el puerto de Carta­
gena (es decir, el purto de ía bahía de Cartagena), a
donde primero estábamos, para rehacernos allí este in­
vierno de caballos y gente, porque yo he enviado a car­
gar dos navios de caballos a las islas (1) para de allí sa­
lir el verano a verlo y hacer pueblo de asiento. Este pue­
blo de Calamar, donde nos irnos a informar, es, para
poca gente, buen asiento y muy seguro.=
Hasta aquí los apartes de la carta escrita al Rey por
el Gobernador de Cartagena, de los cuales se desprende,
muy claramente, que a la entrada del invierno de 1533,
después de haber hecho dos cortas salidas y una que
dura más de un mes, aún no se había escogido el sitio
para fundar el pueblo principal que proyectaba levantar
don Pedro, pues Calamar apenas le merecía el pobre
Concepto de pueblo para poca gente, y por tanto en él
apenas había formado un cuartel que podíamos llamar
eventual. Es por lo consiguiente imposible admitir, en bue­
na lógica, que en 20 o 21 de enero de 1533 (es decir, SEIS
o SIETE días después de la llegada de la expedición a
nuestras costas) se hubiera poblado ciudad alguna. Por
lo menos don Pedro de Heredia, el fundador de la ciu­
dad, da a entender lo contrario en una comunicación al
Monarca. . .

Desvanecido ese error secular, por boca del mismo He­


redia, según queda expuesto, róstanos levantar de nuevo
el edificio, buscar la efemérides en la cual vino al mundo
nuestra querida Cartagena, para gloria y prez del conti­
nente latinoamericano.
Seguiremos para ello al cronista don Gonzalo Fernán­
dez de Oviedo y Valdés, el historiador más antiguo de
las Indias, contemporáneo de estos hechos y amigo de
varios de los madrileños compañeros de Heredia, del
cual era también paisano, como que su naturaleza era de
la alegre villa del madroño y el oso. Fernández de Ovie­
do, además, había sido Gobernador—bien que in nomi­
ne—de Cartagena (2).

de leer el Rey su misiva, el despacho era asunto consumado. He­


redia varía en la carta la persona, poniéndola a veces en singu­
lar y a veces en plural.
(1) Las islas de Jamaica, San Juan de Puerto Rico y Santo
Domingo.
(2) Las relaciones de Oviedo sobre la conquista, de Cartagena
son en lo general admisibles, no obstante el sinnúmero de mar­
chas y contramarchas, combates y escaramuzas, pueblos y nació
102 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

Dejamos pues a Heredia de regreso en Zamba, y pre­


parándose para ir a invernar a Cartagena. <Desde Nao
o puerto de Zamba (escribe Oviedo v Valdés) se tor­
nó el Gobernador Pedro de Heredia a Calamar, y es­
tuvo en el camino días, y entró en aquestos pueblos que
ahora se dirán y los hizo de paz y le hicieron buen ser­
vicio: Mecahulico, Matuzelde, Colocha, Alipaya y Tesca.
En este Tesca le recibieron con una cierta manera de
música de unos pífanos y sonajas que parecían bien al
oído. Y desde aquel pueblo fue a Calamar, donde llegó
a los diez y siete días de abril de aquel año, y los navios,
que va estaban allí, los mandó a descargar.=
Adelante reanuda: <A los 9 de mayo partió el Gober­
nador para visitar dos pueblos que están junto a la bahía
de Cartagena, a dos leguas de Calamar, el uno se dice
Matarap y el otio Cospique.=
De esos lugares regresó en breve el Gobernador a su
asiento o <real= de Calamar, y sigue nuestro cronista:
<Primero de junio de aquel año de mil y quinientos y
treinta y tres, años, nombró el Gobernador por primeros
Alcaldes y Regidores para el pueblo de Calamar, donde
hizo su asiento, y mandó que se llamase la ciudad de
Cartagena, y luego hizo la taza del asiento de esa pobla­
ción para repartir los solares de ella. . .= (1).

nes que cita hasta marear al mejor conocedor de estas topogra­


fías. A pesar de todo, comparada su crónica con la relación de
Heredia, resiste un análisis satisfactorio y superior al que po­
dría resultar del cotejo de dicha relación con las de Simón y Cas­
tellanos. Las disparidades que se notan entre los textos de los
madrileños, deben consistir, en cuanto a la ausencia de algunos
detalles, en que Heredia pudo haber desechado de su informe al
Monarca muchas minuciosidades, al paso que Oviedo más bien
peca en este ca^o por exceso ele los detalles. En lo que respecta
a contradicciones entre los dos relatos (por cierto muy escasas),
podría admitirse que se deben a que Oviedo hubo de seguir dos
o más delaciones de diferentes informantes, no acordes entre sí,
y de ahí, las repeticiones en que incurre algunas veces y los erro­
res que comete. Hagamos justicia a esos historiadores primitivos,
que copiaban las relaciones de aquellos soldados rudos, ayunas
de sintaxis, de estilo enrevesado, de endemoniados giros y dia­
bólica letra. Si nosotros, leyendo al mismo Heredia en letra de
imprenta, pasamos trabajos interpretando algunos de sus pasa­
jes- ¿qué mucho si los antiguos cronistas se equivocaban al vertir
al español las indescifrables relaciones de los soldados de las In­
dias . -
(9) La causa principal que moviera a Heredia para fundar
la ciudad en el sitió de Calamar, después de haberle merecido
este tan pobre concepto, no debe ser otra que el atractivo de su
magnífica bahía, una de las más bellas del mundo. En toda la costa
desde el Magdalena hasta Urabá, no hay una sola ensenada qu,
se pueda decir propia para puerto de una capital de gobernacio -
EL GÉNERO LOZANIA 103

Fue pues el PRIMERO DE JUNIO DE 1533 la fe­


cha en que se fundó la ciudad de Cartagena, por don
Pedro de Heredia; de ella no puede quedar mínima duda,
porque a más de los testimonios ya exhibidos, habría sido
imposible, absurdo, fundar población alguna sin dotar­
la tpso jacto de autoridades, sin darle nombre y sin re­
partir solares para los conquistadores.
Fue pues el PRIMERO DE JUNIO, lo repetimos,
el día en que se fundó nuestra ciudad. Ya me parece
contemplar la escena al través de los siglos. . . Alre­
dedor de la naciente plazoleta me finjo observar las es­
cuadras españolas, arma al brazo y vista fija en su cau­
dillo, oyéndole lanzar, armado de todas sus armas y con
rostro colérico, estas o semejantes voces:
—¡ Caballeros, ya yo tengo poblada la ciudad de Car­
tagena en nombre de Su Majestad; si hay alguna per­
sona que lo pretenda contradecir, salga conmigo al cam­
po. donde podrá batallar, el cual se lo aseguro, porque
en su defensa ofrezco de morir ahora y en cualquier
tiempo, defendiéndola por el Rey mi señor, como su Ca­
pitán, criado y vasallo y como caballero hijodalgo!!!
A cuyo reto, lanzado tres veces, debieran replicar los
conquistadores con graves y solemnes voces:
—¡La ciudad está bien poblada,, viva el Rey nuestro
señor! ¡ La ciudad está bien poblada, viva el Rey nues­
tro señor! ¡ La ciudad está bien poblada, viva el Rey
nuestro señor!
Y mientras tanto, el sol radiante de los trópicos debía
posar su beso de oro sobre los pliegues del estandarte
glorioso de Castilla.
E. d e Sa l d a n iia

Eb GE11ERO EOZflDIfl
Leimos, con muchísimo gusto, la extensa y bien nu­
trida biografía del procer don Jorge Tadeo Lozano, es­
crita por el joven doctor Fabio Lozano y Lozano, y que
vino publicada en los números 116 y 117 del Boletín de
Historia y Antigüedades. El mismo interés que ella nos
inspiró, nos mueve a hacerle algunos reparos y anota­
ciones :
No fue el ilustre Mutis—don José Celestino—quien de­
dicó a nuestro sabio zoólogo el género lozanía. Fue su

Quieran los hados que así como esa preciosa joya fascinó al no
ble Heredia en tiempos lejanos, no vaya a fascinar en los prosai
eos de ahora a algún pirata constitucional. . .
104 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

sobrino, don Sinforoso Mutis, a quien los botánicos eu­


ropeos, por un extraño error, han llamado Sebastián. Así
lo cita Decandolle en su Prodromus, publicado en 1828,
y así lo han repetido Endlicher, Lindley, Bentham y
Hooker, en obras posteriores. Dicho género, que enton­
ces se creyó pertenecer a la familia de las vochisiáceas,
resultó errado, falso, pues se reconoció ser el mismo que
el botánico sueco Swartz había establecido y descrito,
desde 1788, con el -nombre de lacistema. En el Boletín
de la Sociedad Botánica de Francia (tomo XXVIII, de
1881), publicámos nosotros una nota, en que aclarámos
este punto. Ahí mismo rectificámos otro error de Decan­
dolle, que consiste en atribuir a don Jorge Tadeo Loza­
no el género ullucus, de la familia de las quenopodiá-
ceas, creado y descrito en el Semanario del año de 1809
por el infortunado y sabio Caldas. Bueno será recordar
que el mismo Caldas, que ya había cambiado el concep­
to poco favorable que en antes se había formado de don
Sinforoso Mutis, le tributa merecidos elogios en 1810, al
dedicarle el género consuegria, derivado de su apellido
materno. Dice ahí de él que <ha correspondido a las in­
tenciones de su digno tío y a las esperanzas del Gobier­
no.= y encomia su Monografía sobre las Quinas y sus de­
más trabajos sobre la flora del país.
Agreguemos que el género lacistema forma por sí so­
lo una pequeña familia, la de las laclstemáceas, que
comprende varias especies, todas de Sur América. La
lacistema miryeoides, que se encuentra en Popayán, en
Ibagué y en las montañas de los alrededores de Medellín,
lleva por acá el nombre de café de monte (denomina­
ción que aplican también a una especie de faramea, ru-
biácea).
Dejemos pues constancia, aunque con dolor, de que la
ciencia no ha conservado los géneros caldasia y lozanía,
que debían perpetuar la memoria de los más ilustres re­
dactores de nuestro glorioso Semanario; que son desco­
nocidos de los botánicos el val.enzuelia y el consuegria,
quedando apenas el restrepia, que Humboldt, Bonpland
y Kunth consagraron a nuestro grande historiador, al
Tácito de nuestras montañas. Agreguemos, por nuestra
cuenta, que el pombea, con que el agradecido Caldas
quiso honrar a su protector (don José Ignacio Pombo),
era una especie de escallonia, género clásico establecido
por el inmortal Mutis, en la familia de las saxifragáceas,
desde 1781.
Andrés Posada Arango
Medellín. julio 20 de 1916.
ORIGEN DE LAS RAZAS AMERICANAS 105

ORIGEÍI DE bAS RAZAS AÍDERÍCADAS


El doctor Ales Hrdlicka, conservador de la Sección de
Antropología física del Museo Nacional de los Estados
Unidos, publicó en The Journal of Heredity, de Washing­
ton, D. C., un interesante estudio acerca del origen pro­
bable de los aborígenes de América, estudio del cual dio
cuenta la Revista de la Unión Panamericana en su edi-
cióh española de 1915. Como las observaciones del doc­
tor Hrdlicka se basan en los estudios y exploraciones que
ha llevado a cabo en muchas regiones del hemisferio
occidental, sus conclusiones son por demás respetables.
Por otra parte, el doctor Hrdlicka es considerado, como
la primera autoridad de los Estados Unidos en materia
de’ antropología.
En el estudio en referencia, el autor pasa en revista
las teorías mediante las cuales se ha tratado de explicar
el origen de los indios americanos, y principalmente los
enunciados por Huinboldt, Brerewood, Bell, Swinton,
Latham, Quatrefages y Peschel, los cuales se inclinaron
a la creencia de que, con excepción de los esquimales, los
indios americanos eran de una misma raza, y ascendían
de gentes venidas del nordeste del Asia.
Fuéra del paleontólogo argentino señor Ameghino, los
antropólogos modernos se acuerdan en la opinión de que
los primitivos habitantes de América provinieron de
gentes inmigradas, que en ella se reprodujeron. Cuanto
a la opinión del sabio sudamericano, el doctor Hrdlicka
dice lo siguiente:
<El señor Ameghino ha formulado acerca del origen
de la población indígena de América una notable hipó­
tesis, que merece capítulo aparte. En breves palabras, es­
ta hipótesis conceptúa que no sólo la raza americana sino
el hombre en general tuvo su origen en la América del
Sur; que el hombre primitivo se dividió en el continente
meridional en cierto número de especies, que en su ma­
yor parte se extinguieron; que de la América del Sur
sus antepasados emigraron al Africa, pasando por tie­
rras que se comunicaban con dicho continente: que desde
allí poblaron, asumiendo la forma del homo uter, la ma­
yor parte del continente africano y la Oceanía: que una
rama de aquéllos se multiplicó v extendió por la Améri­
ca del Sur, de donde emigró a la América del Norte, ha­
cia la segunda mitad del período plioceno, y que de la
América del Norte el hombre se dirigió al Asia y a Eu­
106 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

ropa, ciando así nacimiento al homo mongolicus y al ho­


mo caucasicus.”
Innecesario es decir que el doctor Hrdlicka no acepta
la hipótesis de Ameghino. En su sentir, la próxima pala­
bra acerca de los problemas relativos al origen de las ra­
zas americanas corresponde a la antropología física, la
cual trata de las partes menos notables del hombre, esto
es, de su cara y de su esqueleto.

inFORíDE

DEL TESORERO DE LA ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA

Harta satisfacción y no poco contento han producido


a la Academia los informes que han rendido el señor Bi­
bliotecario y el señor Secretario perpetuo; y no sin ra­
zón, como que si el primero hizo el relato del acrecenta­
miento de la biblioteca por los canjes, donaciones de aca­
démicos y de extraños, y presentó el cuadro de los ade­
lantos a que ha llegado tal Oficina, el segundo, con la
gracia y donosura que le son peculiares, a par del relato
de las labores oficiales y de oficina, nos ha hecho pasear
y asisitir, no a los campos de batalla y sus líneas de fue­
go, sino a presenciar los cuadros dolorosos de desolación
y muerte con que, hace un siglo, nos regalaron los paci­
ficadores, que creyeron que el terror era el mejor medio
de apagar la hoguera prendida en toda la Nación, que
quería conquistar su independencia y libertad, y sin caer
en la cuenta de que la sangre que hacían verter caía, co­
mo abono benéfico, en el corazón de todas las almas, que
no trepidaban en sacrificarlo todo por adquirir una Pa­
tria libre e independiente.
En cambio, este mi enteco y desgarbado informe no
tiene sino noticias pesarosas y no nada halagüeñas para
el instituto.
Pero como mis anhelos no alcanzan a allegar los re­
cursos que la Academia necesita, y como cada cual da
de lo que tiene, si mis predecesores informantes han he­
cho saborear gratas noticias, es porque han tenido ma­
teria para ello, y yo carezco de ellas, y no puedo impro­
visar lo que sería de desearse: los recursos suficientes
para que el instituto luciera ya imprimiendo las muchas
obras en que puede emprender, ya sacando a relucir, si­
quiera con puntualidad, el Boletín^ que es ya como el co­
meta, que sólo se presenta muy de' vez en cuando. Y cosa
rara: el Tesorero no tiene qué contar, mientras que los
otros funcionarios sí cuentan y recuentan siquiera los ade-
INFORME 107

lautos alcanzados por el instituto, en el año que lioy ter­


mina.
Pero, ¿y no estamos de malas? Hasta la guerra nefas­
ta en que se empeñan los señorones que gobiernan allen­
de el Océano, ha venido a ser parte a que aquí vayamos
llevando una pobreza franciscana. Entre nosotros no ha
calado la idea y usanza de los que dotan con sus millon­
ee] os de dólares universidades y colegios, bibliotecas y
hospitales; y aun no podemos hacer esta exigencia. ¡So­
mos tan pobres!
Visto se está que nuestras rentas se acabaron con la
disminución de las rentas nacionales. Para dar auxilios
estará la Nación, cuando dicen que ella misma no tie­
ne con qué vivir y hacer sus gastos más precisos. Por lo
menos así nos lo hicieron saber en el Ministerio de Ins­
trucción Pública cuando presentámos la humilde cuen­
ta de cobro que representaba la partida que la Ley 24
de 1909 nos otorgó para gastos de escritorio, muebles y
alumbrado.
En cambio estamos de plácemes por el buen local que
al presente tenemos. Pero me dan ganas de que no nos ufa­
nemos con esto: llevamos tántas desilusiones y tántos
trasteos, que no creo en la duración del obtenido, en que
tan gallardamente nos encontramos. Después de que se
nos sacó del local *.que el mismísimo Secretario de Ins­
trucción Pública nos entregó a todas y cada una de las
Academias, en virtud de Decreto especial, ¿quién va a te­
ner fe en la duración de este obsequio? Que venga la ley.
y refrende la propiedad de la Academia en el Salón de
Grados, que se nos ha cedido, y nos dejen de mandar de
Herodes a Pilatos, y de aquí para allí, y de acá para allá.
Por fortuna, el proyecto presentado a las Cámaras ya
debe ser ley de la República, según lo rezan las actas del
Congreso.
Con estos antecedentes, ved que en seis renglones rin­
do la cuenta del año, así:
Entradas:
Saldo en caja el 11 de octubre de 1911. . .$ 165 97
Cuatrimestre al 31 de diciembre de 1915, pa­
gado en vales de la Tesorería, vendidos por
vuestra orden al 30 por 100 de descuento. . . 133 34
Cinco medallas, vendidas a $ 2 cada una. . 10 ..

Suman las entradas, salvo error u omisión.$ 309 31


Gastos en el año, según recibos.......................... 222 94

Saldo en caja hoy................................................... $ 86 37


108 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

Que es con lo tínico que se cuenta para los gastos del


año que hoy empieza.
Acompaño la cuenta detallada de entradas y salidas
y los comprobantes respectivos.
Señores académicos.
M. M. Fa j a r d o
Bogotá, octubre 12 de 1913.

¡nFORÍIlE
DEL BIBLIOTECARIO DE LA ACADEMIA

.Señor Presidente y miembros de la Academia Nacional


de Historia:
Tócame por segunda vez el honor de presentaros, en
cumplimiento de una disposición adicional al Reglamen­
to de la Academia, el informe relativo al estado y mar­
cha de la biblioteca privada del instituto, que ha estado
a mi cargo, así como de las funciones o quehaceres adscri­
tos a su dirección.
Corresponde este informe al año oficial que va a ex­
pirar el 12 del presente, año feliz para la corporación,
bien podemos decirlo, por los muchos y eficaces trabajos
que se han llevado a cabo, y por los ricos frutos obteni­
dos durante él, debidos sin duda al acierto, actividad e
inteligencia de su digno Presidente, a la laboriosidad y
patriótico celo de su esclarecido Secretario, como tam­
bién a la ilustración y decisión por el estudio del mayor
número de sus miembros.
Convencido de que para llenar cumplidamente mis
obligaciones se requieren dotes qpe no poseo, he querido
suplir mi deficiencia con la más decidida voluntad y con­
sagración.
En mi informe del año pasado decía, al dar cuenta del
trasteo sufrido por la biblioteca al Pasaje Cuervo, que
allí pasaría más largos y mejores tiempos, y ya lo veis
que anduve equivocado, puesto que hoy ocupa nuevo lo­
cal, en el que, por fortuna, al favor de la ley, habrá de
llegar a su mayor edad. Convencido de esto, hice que
los estantes fueran más sólidamente colocados.
Los dos últimos trasteos, no obstante lo penoso de ellos,
se han logrado hacer sin que la biblioteca haya sufrido,
sin pérdida ninguna. Y aquí es de ocasión recordar que
hubo un tiempo en el que al pasarse la Academia de uno
a otro local, el trasteo se hacía con sólo coger el señor
INFORME 109

Secretario su libro de actas, y un académico, ayudante


benévolo, el tintero y la pluma, cuando lo había.
Pero vamos: esta biblioteca, '•‘que está llamada a ser
en no lejanos tiempos digna de la visita de extranjeros
pensadores, y de ser mencionada como alta muestra de la
entura intelectual del país,= ha seguido enriqueciéndo­
se, aunque poco a poco, con obras de reconocido méri­
to y de indiscutible valor para los laboradores en la
reconstrucción del pasado.
Hace año y medio, cuando empecé a catalogarla, ape­
nas contaba con 1,063 volúmenes; hace un año, cuando
rendí mi primer informe, contaba ya 1,212, y hoy ascien­
de su caudal, en volúmenes, a 1,404. Han ingresado pues
341 libros, y de ellos, sólo unos 9 comprados con fondos
de la Academia, porque los demás, todos, han sido ob­
sequiados por miembros de ella, por particulares y unos
muy pocos por canjes.
Hay en la biblioteca cerca de 1,600 folletos, entre los
cuales se encuentran varias interesantes monografías, es­
tudios históricos, informes, tesis, etc., los que se han esta­
do agrupando por materias, para hacer de ellos algunos
volúmenes de misceláneas, y hay también muchos núme­
ros de revistas, periódicos y boletines, ya nacionales como
extranjeros, pero desgraciadamente truncas las coleccio­
nes.
Se lleva por la Dirección de la biblioteca un libro don­
de se inscriben, inmediatamente después de recibidas, las
publicaciones que llegan. De allí tomamos, como que a
ella han ingresado,- v ya hoy están numeradas, catalogadas
y colocadas en sus anaqueles, las siguientes obras o vo­
lúmenes: Biografía de don José Fernández Madrid., ob­
sequio del académico José María Restrepo S.; Centena­
rio de Murillo Toro, obsequio de la Junta Directiva de
aquel centenario; Annucd Riport of the Smithosonian,
tres volúmenes, obsequio de esa institución; Manual Con­
sular Colombiano, y El Proceso de Nariño, enviados por
el correspondiente J. M. Pérez Sarmiento; Méjico a tra­
vés de los siglos, magnífica obra en cinco volúmenes, re­
galada por el correspondiente, Juan Ignacio Gálvez; Go­
bernantes del Perú indefinidamente, obsequio del señor
Moisés Pavón Riberos; el octavo tomo del periódico Sur
América, cuidadosamente empastado, obsequio del cons­
tante favorecedor de la biblioteca, individuo de núme­
ro, doctor Adolfo León Gómez, con otras varias publica­
ciones; el acta final del segundo Congreso Científico Pan­
americano, obsequio de la Comisión Ejecutiva del mismo
Congreso; Diccionario Geográfica Histórico de las Indias
110 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

Occidentales, por Antonio de Alcedo, preciosa obra en


cinco tomos, regalo del señor Daniel Rebolledo; Una len­
gua y una raza, enviada por su autor, el doctor Alfonso
Robledo; Geografía Médica y Patología de Colombia,
regalada por el autor de ella, el doctor Luis Cuervo Már­
quez; Discursos y Conferencias, enviado por el miembro
honorario José Gil Fortoul, su autor; Geografía Médica
del Departamento de Caldas, interesante libro que acaba
de dar a la prensa el doctor Emilio Robledo, su donante;
El Brasil cu través de su Historia, Revoluciones Locales
i-n Colombia y Diccionario Biográfico del antiguo Depar­
tamento del Cauca, obsequiadas por el miembro de núme­
ro señor Gustavo Arboleda, con otras dos más, de todas
las cuales es su autor; Historia de Venezuela, por Pedro
de Aguado, dos tomos enviados por el correspondiente,
de Caracas, Manuel Segundo Sánchez; Ultimos tiempos
del Imperio de Occidente, por Amadeé Thierry, obsequio
del correspondiente Eduardo Domínguez; La Argentina
en su interior, y varios folletos sobre arqueología, razas
americanas, etc., enviados de Río de Janeiro por su autor,
el correspondiente Antonio Carlos Simoens D’Silva; Cur­
sos de estudios históricos, por Daunou, en cuatro tomos;
Teoría, de la Historia, por A. D. Xénopol; Enseñanza de
la Historia, por Altamira, y Lecciones de Historia, dos
tomos, por Volney, obras todas éstas obsequiadas por el
bien sentido miembro de número, doctor Eugenio Orte­
ga, ocho días antes de su muerte, y por último, para no
cansar más con una mayor enumeración, tomo del mismo
libro anotador de publicaciones recibidas, el siguiente va­
lioso obsequio hecho por el señor Nemesio Pardo y su
distinguida señora, la Ley Fundamental de la Gran Co­
lombia, en una hoja, con firmas autógrafas; la Constitu­
ción original, primera del Estado Soberano de Cundina­
marca; Obras del Abate Millot (doce tomos); Anales
generales de ciencias físicas (ocho tomos); Tableau his-
torique et politique de la Frunce, por Delacroix (tres to­
mos) : a las Indias Orientales, por M. Sonnini (tres
tomos), y Monumentos inéditos de la antigüedad, obra de
Winckelman, en tres tomos; y ha llegado últimamente,
obsequiado por don Manuel Lobo Guerrero, a nombre de
Santander del Norte, Los Genitores, noticias históricas
de la ciudad de Ocaña, obra postuma.
Pero no por hacer más ligero este informe, habré de
callar los nombres de varios otros donantes, miembros de
la Academia, porque tengo especial placer en hacer pre­
sente el interés de la corporación en el mejoramiento de
ese anexo de ella, y por consiguiente, en citar sus nom­
INFORME 111

bres. para que quede constancia de sus favorecedores: ya


libros, ya folletos, ya colecciones de hojas sueltas y de
periódicos, todos en gran parte de interés y utilidad, han
obsequiado en este últniio año los señores Ernesto Res­
trepo Tirado, José Joaquín Guerra, Raimundo Rivas,
Luis Augusto Cuervo, J. D. Monsalve, Pedro A. Peña,
Emilio Duran L., Anselmo Pineda, Reverendo Padre A.
Mesanza y fray Adolfo Zawadsky, como le han hecho
también apreciables obsequios los siguientes caballeros,
extraños a la corporación: Luis E. Nieto Caballero, Jor­
ge W. Price, Ambrosio Robayo L. y Su Excelencia el ac­
tual Ministro alemán.
Como siempre, la prensa extranjera ha seguido favore­
ciendo a la biblioteca con el envío de algunas de sus pro­
ducciones. Han llegado, entre otras: La enseñanza de la
Historia en las Universidades Alemanas; el Libro Ro­
sado de El Salvador; Anales de Instrucción Primaria del
Uruguay; Revista de la Universidad Nacional de Córdo­
ba; La Nouvelle Revue; Boletín del Centro de Estudios
Americanistas de Sevilla, etc.
De carácter oficial se han recibido los informes al Con­
greso de 1915, del señor Presidente de la Nación y de sus
Ministros; el Boletín del Ministerio de Relaciones Exte-
riores y los Anales de las Cámaras Legislativas naciona­
les.
Algunas agrupaciones científicas y literarias del país
han cuidado de enviar también sus órganos de publicidad,
como la Revista Moderna, Revista Nacional de Agricul­
tura, Revista Odontológica y Memorial del Estado Ma­
yor del Ejército, publiaciones éstas que son ricas fuen­
tes de estudio en sus diferentes ramos.

Boletín, de Historia.

Con relación a este punto, no de otra cosa tengo nece­


sidad para informar que transcribir en parte lo que en
mi informe del año pasado decía:
<La repartición, dentro del interior, de este órgano de
la Academia, que ha quedado a mi cargo, aseguro haber
sido cumplida estrictamente esta función, pues una vez
que, por desgracia, con mucha irregularidad, debido, a
inconvenientes de imprenta, ha sido recibido el Boletín,
cuatro horas después, con sus correspondientes direccio­
nes ha sido llevado a los correos para su entrega. De esta'
importante, bien dirigida publicación, hay cada día ma­
yor solicitud, según he podido observar, y de lamentar
es que muchos de sus números se hayan agotado.=
112 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

Canjes.

Propiamente el movimiento de canjes no se ha efec­


tuado en la biblioteca, a excepción de los que en el año
pasado se dio cuenta, esto es, de cuatro tomos de los de
la Biblioteca de Historia Nacional., por catorce de las
obras de Pradt; porque, aunque existen por duplicado
unas cincuenta publicaciones de las que se le han obse­
quiado, son éstas de mediana importancia, y únicamente
el Boletín ha sostenido sus canjes con algunas de las re­
vistas ya mencionadas.

Depósito.

Este se ha ido formando con todo libro o folleto que,


en más de un ejemplar, haya llegado a la biblioteca, y se
encuentran en él, podemos decir, en abundante número,
Páginas de la Historia de Colombia, por el señor Rivas
Groot (trece ejemplares); Asuntos Económicos y Fiscales,
del mismo (seis ejemplares); Guia de la República de
Colombia, por don Manuel María Zamora (cinco ejem­
plares; Organización del servicio de Tesoreria, 1907 y
1908, edición oficial (diez y ocho ejemplares); La Cons­
piración y el Plebiscito Nacional (veintitrés ejemplares);
Les Réseau des chemins de fer colombiens, por Mauricio
Bfrochet (veinte ejemplares), y Anales del Consejo de
Ministros (trescientos treinta números).

Servicio prestado por la biblioteca.


Algunos particulares, con previa autorización de los
dignatarios de la Academia, y varios miembros de ella,
han visitado la biblioteca en consulta de sus obras. La Di­
rección lleva un libro a este respecto, con anotación de la
obra u obras consultadas por cada uno, y allí figuran los
señores doctor J. Tomás Henao, doctor Fabio Lozano y
Lozano, doctor Emestro Restrepo Tirado, doctor Jesús
María Henao, doctor Pedro María Ibáñez, doctor Deme­
trio Salamanca, doctor Eugenio Ortega,' doctor Arturo
Quijano, doctor Hernando Holguín y Caro, doctor Eu-
sebio Robledo, doctor J. M. Vesga y Avila, doctor J. D.
Monsalve, Reverendo Padre A. Mesanza, doctor Eduar­
do Posada, y los señores Anselmo Pineda, Luis Orjuela,
Moisés de la Rosa, Nicolás García Zamudio, Manuel Vi-
INFORME 113

llaveces, Eduardo Domínguez, Jorge W. Price y Manuel


María Tobar. El año pasado sólo doce consultaron, y en
este año, veintidós, y conforme lo anotado en el libro ya
dicho, en materia de obras pedidas para su consulta o es­
tudio, se observa inmediatamente que en este año la
más solicitada ha sido Documentos inéditos del Archivo
de Indias, de la que sólo existen cuarenta y dos tomos, y
de la cual se tiene conocimiento que ya se acercan a no­
venta los editados. Después de ésta, las más consultadas
han sido: el Boletín de Historia, la Biblioteca de Histo­
ria Nacional y algunas sobre la historia de Venezuela.
Pero muchas otras, de las que carece la biblioteca, han
ido allí a buscarse, como a Quijano Otero, Castellanos,
Piedrahita, obras que con los tomos que faltan del Ar­
chivo de Indias, es ya más que urgente, inaplazable, el
que la corporación se preocupe por adquirir, como cosa
que se impone.

Comisiones.

Varias, y no en pequeño número, han sido las que en


diferentes sesiones de la Academia se han encomendado
al Bibliotecario, relativas al envío de las producciones
de la corporación, para dentro y fuéra del país, y a par­
ticulares, oficinas públicas, centros, colegios y bibliotecas,
y todas ellas casi, con orgullo lo digo, han sido cumpli­
das inmediatamente, como consta del copiador de oficios
que lleva la Dirección; del legajo de órdenes con su ano­
tación de cumplido, que también se conserva, y de los va­
rios recibos que han llegado. En su cumplimiento se ha
remitido: al señor Jefe de la Escuela Nacional de Bi­
bliotecarios y Archiveros de Méjico, el tomo 8o del Bole­
tín, y los tomos Vida de Herrón, Recopilación Historial
y El Tribuno de 1810', al doctor César Piedrahita, Secre­
tario de Hacienda del Departamento de Antioquia, los
tomos 3o y 5? de la Biblioteca de Historia Nacional; al
señor José Miguel Pinto, Director de la Biblioteca y Mu-
Museo Municipales de Guateque, un ejemplar de Recopila­
ción Historial; al señor Ministro de Obras Públicas de
la República, el tomo 9?, y los números publicados del
*omo 10 del Boletín; a la Institución Smithsoniana de
Washington, los volúmenes 3?, 5o y 7? de la Biblioteca de
Historia Nacional, y el tomo 9? del Boletín; al señor Di­
rector de la Unión Panamericana, a Washington, varios
tomos y números del Boletín; al señor Ministro alemán,
de todo lo existente, por duplicado, de las producciones
xi—8
114 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

de la Academia, y en fin, se han despachado de estas mis­


mas publicaciones a Buenos Aires Roma, Nue­
va York, Tegucigalpa, etc., sirviendo el envío de estos
trabajos de la Academia, para dar a conocer mejor la ín­
dole y seriedad de este ilustre instituto colombiano.

U tiles.

Carece de éstos la biblioteca, pero felizmente ya os


habéis ocupado, señor Presidente, en asocio de la Secre­
taría, de hacer la petición del caso al señor Ministro del
ramo, quien parece estar animado de atender favorable­
mente la petición.
Gastos.

La supresión en los Presupuestos en el presente año,


del auxilio que gozaba la Academia, hizo suspender el
empastamiento del ya bien crecido número de libros que
lo necesitan, y por esta razón sólo una pequeña cantidad
fue empleada con tal objeto.
Termino: en mi empeño de que no se me escapara en
este informe punto alguno del que debiera daros cuenta,
tal vez he hecho de él una monserga, pero bien sé que
vosotros, que en más estima tenéis, el dar aliento vital a
la corporación con vuestra labor, habréis de perdonar­
me. al considerar que ha sido mi único propósito el cum­
plimiento del deber.

Señor Presidente, señores académicos,

Ma n u e l Ma r ía Me s a
Octubre 2 de 1916.

flPOSCIhbfl
Fue don Manuel Fernández de Navarrete el primero, si
no estamos equivocados, que dio el dato del viaje de Cer­
vantes a América. En la vida que él escribió del autor del
Quijote, y que publicó la Academia Española en 1819,
refiere que en 1588 se trasladó Cervantes a Sevilla a des­
empeñar el empleo de Comisario para la compra de víve­
res destinados a los navios de Indias. Le dio este desti­
no don Antonio de Guevara, que era Proveedor General
de las armadas v flotas que hacían el viaje al Nuevo
Mundo.
<Cervantes, obligado de su pobreza—dice dicho bió­
grafo—abrazó aquella ocupación tan precaria y subal­
APOSTILLA 115

terna, mirándola, sin embargo, como escala para mayo­


res ascensos, o como más propocionada para inquirir las
vacantes de los empleos de Indias, y poder hacer sus so­
licitudes con mayor apoyo y recomendación. Así lo ejecu­
tó en mayo de 1590, dirigiendo al Rey un memorial, en
que exponiendo los servicios que había contraído en vein­
tidós años, sin habérsele hecho por ello merced alguna,
suplicaba se dignase concederle Su Majestad un oficio en
las Indias, de los que entonces se hallaban vacantes, que
lo eran la Contaduría del Nuevo Reino de Granada, la
de las galeras de Cartagena, el Gobierno de la Provincia
de Soconuco de Guatemala y el Corregimiento de la
ciudad de La Paz, pues con cualquiera de ellos se daría
por satisfecho, continuando de este modo en servir a Su
Majestad, como lo deseaba, hasta acabar su vida, según
lo habían hecho sus antepasados; resolución que manifies­
ta bien cuál era la situación de Cervantes cuando se aco­
gía (según su expresión) al remedio a que otros muchos
perdidos en aquella ciudad (Sevilla) se acogen, que es el
pasarse a las Indias, refugio y amparo de los desesperados
de España. Este recurso lo pasó el Rey en veintiuno del
mismo mes al Presidente del Consejo de Indias; y por
decreto fecho en Madrid a seis de junio, y formado por
el doctor Núñez Morquecho, se contestó que buscase Cer­
vantes por acá en qué se le hiciese merced.=
No inserta Navarrete el memorial de Cervantes, y ape­
nas dice en una nota 152, que fue hallado posteriormente
a -los trabajos de Maváns. de Ríos y de Pellicer y en los
días en que se ocupaba él en investigaciones sobre Cer­
vantes.
En 1870 estuvo Vergara v Vergara en España, y vi­
sitó el archivo de Sevilla. <El amable y culto archivero,
señor Juárez, me dejó ver el escrito en que un pobre sitia­
do de Lepanto pedía un destino en la Chancillería de
Santafé de ^Bogotá, firmando al pie Miguel de Cervantes
Saavedra.= Así lo cuenta el bondadoso Vergara en una
revista que escribió al regresar, en Santa Marta, el 30 de
marzo de ese año.
Y luégo agrega con su delicioso humorismo, que por
aquella venerable hoja ofreció un inglés 20.000 libras, y
que a él (Vergara) le ofrece un editor ocho pesos por
sus Memorias.
<El señor Asensio, dice luégo. ha hecho sacar unas
copias como fotográficas, y tuvo la bondad de arrancar
de su álbum cervantino el ejemplar que tenía, y me lo re­
galó. Esto es para la Chancillería de Santafé o quien la
116 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

represente, dije yo guardando el precioso papel en mi


cartera, y puesto que el autor quería irse a Santafé de
Bogotá, por mi santiguada que ha de ser bien recibido su
deseo, pues conozco aquellas gentes y sé que han de con­
testar como contestó el Rey al pie de este escrito: Bus­
que por acá y se le proveerá en lo que hubiere?
Don Juan Francisco Ortiz le escribió con este motivo
una carta a Vergara y Vergara en abril de 1871, y en
ella hace notar que Fernández de Navarrete había dicho
Contad,uría, lo cual fue seguramente un error, pues Ver-
gara dice Chancillería (1).
En 1875 se publicó, quizá por primera vez, el memorial
de Cervantes en el tomo 25 de la obra Documentos iné­
ditos de América. Allí se repite Contaduría. Dice así:
"REPRESENTACIÓN DE MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA

exponiendo sus méritos y servicios hechos en Italia, en la


batalla naval de Lepanto y en otras partes, con motivo
de solicitar uno de los oficios vacantes en la^Lndia A r
<Madrid, mayo 21 de 1590
<Señor.
<Miguel de Cervantes Saavedra dice que ha servido a
Vuestra Majestad muchos años en las jornadas de mar
y tierra que se han ofrecido de veintidós años a esta par­
te, particularmente en la batalla naval donde le dieron
muchas heridas, de las cuales perdió una mano de un ar-
cabuzazo, y el año siguiente fue a Nacarina, y después
a la de Túnez y a la Goleta; y viniendo a esta Corte con
cartas del señor don Xoan y del Duque de Sesa para que
Vuestra Majestad le hiciese merced, fue cautivo en la ga­
lera del Sol, él y un hermano suyo que también ha servi­
do a Vuestra Majestad en las mismas jornadas, y fueron
llevados a Argel, donde gastaron el patrimonio que te­
nían en rescatarse, y toda la hacienda de sus padres y la
dote de dos hermanas doncellas que tenían, las cuales
quedaron pobres por rescatar a sus hermanos, y después
de libertados, fueron a servir a Vuestra Majestad en el
Reino de Portugal y a las Terceras con el Marqués de
Santa Cruz, y ahora al presente, están sirviendo y sir-

(1) El escrito del señor Ortiz está publicado en el Museo Litera-


rio, periódico de Bogotá (8 de mayo de 1871). Ignoramos dónde pu­
blicó Vergara su revista. Conocemos sólo el párrafo que reproduce
el señor Ortiz.
APOSTILLA 117

ven a Vuestra Majestad, el uno de ellos en Flandes, de


Alférez, y él, Miguel de Cervantes, fue el que trajo las
cartas y avisos del Alcaide de Mostagán y fue a Orón
por orden de Vuestra Majestad, y después asistido sir­
viendo en Sevilla en negocios de la Armada por orden de
Antonio de Guevara, como consta por las informaciones
que tiene, y en todo este tiempo no se le ha hecho merced
ninguna. Pide y suplica humildemente, cuanto puede a
Vuestra Majestad, sea servido de hacerle merced de un
oficio en las Indias, de los tres o cuatro que al presente
están vacos, que es el uno la Contaduría del Nuevo Reino
de Granada, o la Gobernación de la provincia del Soco­
nusco en Guatemala, o Contador de las galeras de Carta­
gena. o Corregidor de la ciudad de la Paz; que con cual­
quiera de estos oficios que Vuestra Majestad le haga mer­
ced, la recibirá, porque es hombre hábil y suficiente y be­
nemérito, para que Vuestra Majestad le haga merced; por­
que su deseo es a continuar siempre en el servicio de Vues­
tra Majestad, y acabar su vida como lo han hecho sus an­
tepasados, que en ello recibirá muy gran bien y merced.
<En Madrid, a 21 de mayo de 1590.
<Mig u e l d e Ce r v a n t e s Sa a v e d r a =
<Su s seguros servidores, Gasea, Medina, don Luis, doc­
tor Gutiérrez, Flores, Fudanco, Valdonato, Alvarez de
Toledo.
“Busque por acá en qué se le haga merced.
Madrid, junio 6 de 1590.
“El doctor Núñez Morquecho
<(Hay una rúbrica).
<Mig u e l d e Ce r v a n t e s Sa a v e d r a =
<No t a —Según la precedente información, Miguel de
Cervantes Saavedra ha servido veintidós años a esta
parte.
<En la batalla de Lepanto, donde recibió dos arcabu-
zazos y perdió una mano.
<Al año siguiente fue a Navarino.
<Después a Túnez y la Goleta.
<Viniendo a esta Corte para que Su Majestad le hicie­
se merced, fue cautivo en la galera del Sol con un her­
mano, que juntos venían en dichas jornadas.
<Fueron llevados a Argel, donde después de penosos
padecimientos, gastaron su patrimonio en sus rescates, y
<la hacienda de su padre y las dotes de dos hermanas.
118 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

<Ya rescatados, fueron a servir a Portugal con el Mar­


qués de Santa Cruz.
<Ahora, el uno de ellos sirve de Alférez en Flandes.
<Este Miguel de Cervantes -ino con cartas del Alcai­
de de Mostagán, y fue a Oran, con orden de Su Majes­
tad.
<Después, el mismo asistió en Sevilla a negocios de la
Armada, con orden de Antonio de Guevara.
<Acompaña una información especial, hecha a solici­
tud de su padre, Rodrigo de Cervantes; una certificación
del Duque de Sesa; otra información hecha en Argel a
solicitud de dicho Miguel de Cervantes, y una represen­
tación del mismo, que fundado en sus méritos y servicios,
suplica uno de los oficios que se expresan.
<Es benemérito para cualquier oficio, y de buena cuenta.
<Junio de 1590.
<Al Presidente del Consejo de Indias.=
El G de agosto de 1879 celebró la Academia Colombia­
na una sesión solemne por ser aniversario de su funda­
ción. El doctor Q.uijano Otero obsequió ese día a dicha cor­
poración el facsímile del memorial de Cervantes. Quizás
es este el mismo ejemplar que tenga Vergara (1).
En el año de 1914 publicó el escritor peruano señor
Larrabure y Unanue un interesante folleto sobre el ar­
chivo de Sevilla, y ahí está en fotograbado el famoso me­
morial, como lo dijimos en otra apostilla (c x x x ii ). No
obstante lo reducido de ese facsímile, hemos podido leer
allí, con el auxilio del lente, la palabra Contaduría. No
fue pues error de Fernández de Navarrete, sino tal vez
un lapsus plumee de Vergara. cuando puso Chancillería.
Navarro Ledesma y demás biógrafos modernos de Cer­
vantes relatan este episodio y traen también la palabra
C ontaduría.
! ‘ Ed u a r d o Po s a d a

(1) Está publicada la nota de Quijano Otero en el Repertorio


Colombiano número 14. volumen 5’, página 114. No sabemos dónde
se halle hoy dicho facsímile.
UN AUSTRIACO GOBERNADOR DE ANTIOQUIA 119

Un flUSÜRIfICO GOBERDflDOR DE flDCÍOQUIfl


En la brillante cuanto frívola Corte de Viena durante
la época del Emperador Carlos vi, cuya desgraciada políti­
ca hace resaltar la agitada y gloriosa de su heredera la cé­
lebre María Teresa, estuvo desempeñando el honorífico
cargo de Secretario de la Embajada española don Francis­
co de Baraya y Larave, vizcaíno, quien llevó consigo a su
esposa doña Clara de la Campa y Zúñiga, natural de Lare-
do. Fruto de este matrimonio fue don E'rancisco de Baraya
y la Campa, nacido en la imperial villa por los años de 1723.
Más que las inclinaciones del padre a la diplomacia,
cuadraba con el carácter del hijo la afición a las armas. De­
cidióse por la carrera militar, y la principió el 1° de abril de
1740, sentando plaza de cadete en el Regimiento de caballe­
ría de Santiago ; ingresó luégo en la Compañía Española de
Reales Guardias de Corps, y en 1752 obtuvo el grado de Te­
niente.
En virtud de real orden fechada el 12 de junio de 1753,
hubo de pasar el joven Oficial al Nuevo Reino de Granada,
haciendo parte de la comitiva del Virrey don José Solís
Folch de Cardona, de imperecedera memoria, que llegó a
Santafé en el siguiente noviembre y recibió el mando de
don José Alfonso Pizarro, por medio de un complicadísimo,
elegante e inusitado ceremonial. Solís, conocedor de las do­
tes de Baraya, le dio el Gobierno de la importante Provin­
cia de Girón, que desempeñó por cerca de doce años. Usa­
ba también el título de Alcalde Mayor de Minas de Pamplo­
na y Bucaramanga.
El Virrey Messía de la Zerda confirió a nuestro perso­
naje el Gobierno y Comandancia de la comarca del Río de la
Hacha, hostilizada a la sazón por los temibles indios, y úti­
les serían los oficios del Teniente Baraya y gratos los re­
cuerdos que había dejado en Girón, cuando, corrido algún
tiempo, el señor Guirior le designó para regir nuevamente
los destinos de esta última Provincia.
El Rey don Carlos m le dispensó el grado de Capitán
de caballería de sus ejércitos el 6 de junio de 1776.
A mediados de 1780 terminaba don Francisco el perío­
do de su mando, con la satisfacción del deber cumplido. La
consagración al trabajo durante ocho lustros y el interés
desplegado por el bién de sus súbditos, le merecieron la
aprobación de sus superiores. Se encontraba pobre, pues
había tenido que invertir su única renta, los estipendios de­
vengados, en el sostenimiento de su familia y en la conser­
vación de la categoría que ocupaba. En la época indicada
residía en Santafé, y pidió al Virrey que le emplease en el
servicio de las armas en la ciudad de Cartagena de Indias,
mientras la guerra con la nación británica. El señor Flórez
120 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

no despreció el ofrecimiento del veterano, y en consecuen­


cia le nombró Teniente de la Compañía de su guardia, pre­
viniéndole que se trasladase a aquella plaza con tal objeto.
Por Cédula firmada en San Ildefonso el 22 de agosto de
1786, se dignó el Rey hacer a Baraya la merced de la Go­
bernación de Antioquia; pero fuera por la demora en las
comunicaciones con el Viejo Continente o por las dificulta­
des que a menudo se presentaban para llenar todas las for­
malidades que en la Colonia se requerían para ocupar de­
terminados puestos, hasta el 10 de agosto de 1788 no empe­
zó el agraciado a ejercer sus elevadas funciones, ocurrien­
do en ese día con las correspondientes credenciales ante el
Cabildo de Medellín. Dice el señor Restrepo Euse que bajo
el mando de don Francisco Baraya se abrió el camino del
río Magdalena por Juntas de Nare, se construyeron bode­
gas en este puerto y se inició el desarrollo comercial de Río-
negro y el tráfico por el oriente de la Provincia. Lamenta­
mos no poseer datos concretos respecto de la Administra­
ción de Baraya en la tierra de Robledo y de Aguinaga. Su­
ponemos que sabría aprovechar allí la práctica adquirida en
los anteriores cargos y que no hallaría mayores tropiezos
para la fácil marcha de los asuntos públicos. Desde enton­
ces las admirables cualidades de la privilegiada raza hacían
que todos los Gobiernos resultaran buenos.
Salió Baraya de Antioquia en dirección a Santafé en
noviembre de 1793, provisto de las licencias del caso, y pare­
ce que no regresó a sus dominios porque en 1794 se mostra­
ba resuelto a no moverse de la capital a causa de sus graves
enfermedades. Era ya Teniente Coronel graduado de ejér­
cito, y en 1795, Coronel. Como tál logró su retiro con dere­
cho al respectivo sueldo.
Murió el 2 de noviembre de 1796.
El 13 de junio de 1767 había unido su suerte por el sa­
grado vínculo, en Santafé, con doña Rosalía Ricaurte, hija
legítima de don Rafael de Ricaurte y Terreros y de la dis­
tinguida dama antioqueña doña María Ignacia Maurís de
Posada. De dicho enlace vino al mundo el General Antonio
Baraya, activo procer de la Independencia y mártir de la
Patria.
Jo s é Ma r ía Re s t r e po Sá e n z
Medellín, noviembre de 1916.

No t a —Para elaborar el anterior boceto nos hemos servido de las


informaciones de soltería de don Francisco Baraya, que reposan en
el archivo arzobispal de Bogotá ; de distintos documentos de las sec­
ciones Milicias y Marina y Empleados públicos del archivo nacional;
de los libros parroquiales de la Catedral de dicha ciudad, y de la
biografía de don Antonio Baraya publicada por el señor Marco A.
Pizano en el primer tomo del Papel Periódico Ilustrado.
REAL Y SUPREMO DE INDIAS 121

REflb y SUPREfDO DE IDDIAS


El torrente de males que afligen a muchas Provincias
de mis dominios de América ; el trastorno general de la Ad­
ministración Pública que reina en otras, y el desorden y
confusión introducida hasta en la misma administración de
justicia, llamaron-mi soberana atención desde el momento
en que, restituido por un favor especial de la Divina Provi­
dencia al trono, me encargué nuevamente del Gobierno de
mis Reinos. El deseo, pues, de restituir a aquellos mis ama­
dos vasallos su sosiego y felicidad, me ha hecho meditar se­
ria y detenidamente acerca de los medios de conseguirlo. Y
después de un largo examen he creído que uno de los más
convenientes era el restablecimiento del Consejo Supremo
de las Indias. Este Tribunal, sobre la fidelidad y amor que
en todos tiempos ha profesado a los Reyes mis progenitores,
se ha distinguido constantemente en el celo y acierto con
que ha desempeñado los muchos y graves encargos de su
instituto; por donde no sólo mereció su confianza y ser
igualado en goces y honor al Consejo Real, sino también la
de aquellos naturales y moradores, viendo lo mucho que de­
bían a un Cuerpo creado para su amparo y protección, casi
al mismo tiempo de los descubrimientos de aquella vasta
porción del mundo. Movido, pues, de esta consideración, y
teniendo presénte cuán indispensable es para el buen go­
bierno de aquellos dominios que los Ministros en quien de­
posite mi confianza tengan las calidades y conocimientos
particulares que su administración exige, he venido en res­
tablecer el citado Consejo, el cual continuará, por ahora,
con las atribuciones que tenía en 1° de mayo de 18C8. Cons­
tará, como en los últimos tiempos, de tres Salas permanen­
tes, dos de Gobierno y una de Justicia, y se compondrán de
los Ministros que se expresan en nómina rubricada de mi
real mano. Y por cuanto no conviene que se aumente el nu­
mero de plazas, fijado en él, de cinco Ministros de capa y
espada por reales Decretos de 13 de marzo de 1760 y 25 de
agosto de 1785, y de catorce Ministros togados, dos Fisca­
les, también togados; dos Secretarios y un Contador esta­
blecido por los de 29 de julio de 1773, 26 de febrero de 1776,
6 de junio y 11 de marzo siguientes, quiero quese observen
estos decretos llenándose el número de los Ministres de esta
clase, y quedando desde ahora suprimidas las plazas que ha­
bía de más en la otra, según que fueren vacando, y que
siempre haya en él algunos Ministros que sean naturales de
Indias. Puesto el Consejo en ejercicio, meditará sobre las
novedades que en aquellos dilatados y recomendables domi­
nios se han originado de las grandes y extraordinarias ocu­
rrencias acaecidas en la metrópoli, y me propondrá lo que
122 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

crea conveniente para que se establezca allí el mejor orden,


y fomentar su bien y prosperidad. Tendréislo entendido,
y lo comunicaréis a quien corresponda.

Madrid, 2 de julio de 1814.

Señalado de la real mano de Su Majestad, a don

Mig u e l de La r d iz á b a l y Ur ib e

NOMINA
de los Ministros de que han de componerse las tres Salas de mi Real
y Supremo Consejo de las Indias, .salva la antigüedad que a cada
uno corresponde.

SALA PRIMERA DE GOBIERNO

El Duque de Montemar, Presidente—Don Miguel Ca­


lixto de Acedo—Don Francisco Requena—Don Josef Pablo
Valiente—Don Antonio Gámiz—Don Antonio López Quin­
tana—Don Francisco de la Vega—Don Francisco de Aran-
go—Don Francisco Ibáñez Leiva — Don Juan Gualberto
González, Fiscal—Don Esteban Varea, Secretario.

SALA SEGUNDA DE GOBIERNO

Don Pedro Aparici—Conde de Torre-Muzquiz—Don


Ignacio Omulrrian—Don Cayetano Urbina—Don Juan Ro­
bledo—Don Francisco Javier Caro—Don Josef Aycinena.
Don Antonio Calderón, Fiscal—Don Silvestre Collar, Se­
cretario.
SALA TERCERA DE JUSTICIA

Don Ramón de Posada—Don Francisco Jcsef Viaña


Don Joaquín Mosquera—Don Antonio Salcedo—Conde de.
Vista-Florida—Contador General, que no ha de ser Minis­
tro de la tabla, don Josef Manuel de Aparici y Prado.
Madrid, 2 de julio de 1814.
Señalado de la real mano de Su Majestad.
Es copia.

Por mi real Decreto de esta fecha be venido en resta­


blecer el Real y Supremo Consejo'de las Indias, siguiendo
al presente con las atribuciones que tenía en 1° de mayo de
1808, y con el número de Ministros expresados en la nómi­
NOTAS OFICIALES 123

na que a él acompaña, confirmando y ratificando para en


adelante su última planta, que fija las plazas de capa y es­
pada a cinco, y las togadas a catorce, además de los dos
Fiscales, también togadas. Y exigiendo el buen gobierno
eclesiástico y temporal de aquellos dominios que la Cámara
de Indias, establecida de antiguo con igualdad de goce y
tratamiento a la de Castilla, vuelva a su ejercicio sin inno­
var en su privativa atribución, vengo igualmente a restable­
cerla, como por este mi real Decreto la restablezco y con­
firmo. Se compondrá por ahora del Presidente y de cinco
Ministros, tres togados y dos de capa y espada, que se ex­
presan en lista rubricada de mi real mano; pero reducido
que sea el número de los de esta clase al de la citada planta,
sólo se compondrá del Presidente, de un Ministro de capa
y espada y de tres togados. Tendréislo entendido y lo co­
municaréis a quien corresponda.

Madrid, 2 de julio de 1814.


Señalado de la real mano de Su Majestad.
A don Miguel de Lardizábal y Uribe.

NOMINA
de los Ministros de mi Real Cámara de Indias.

El Du q u e d e Mo n t e m a r , Presidente—Don Mig u e l Ca ­
l ix t o d e Ac e d o —Don Pe d r o Apa r ic i —Don Ra m ó n d e Po ­
s a d a —Don Fr a n c is c o Re q u e n a —Don Jo s e f Pa b l o Va ­
l ie n t e .

Madrid, 2 de julio de 1814.


Señalado de la real mano de Su Majestad.
Es copia.

nocas OFiciahES
República de Colombia—Ministerio de Obras Públicas.
Sección 4.1—Número 12430—Bogotá, julio 6 de 1916.

Señor Secretario de la Academia Nacional de Historia.


En su Despacho.

Tengo el honor de avisar a usted recibo de su atenta


nota número 1669, de fecha 3 de los corrientes, en la cual
se ha servido usted comunicar a este Ministerio lo resuelto
por esa honorable Academia respecto de la consulta hecha
124 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

sobre las inscripciones que han de ponerse en el salón de la


Cámara de Representantes.
Este Despacho procederá de acuerdo, y por el digno
conducto de usted presento a esa corporación mis agrade­
cimientos por el importante servicio a que me refiero.
Soy de usted, con toda consideración, muy atento y se­
guro servidor,
Jo r g e Vé l e z

Buenos Aires, 23 de julio de 1916.


Señor Presidente de la Academia Nacional de Historia, doctor don
Pedro M. Ibáñez—Bogotá, República de Colombia.

Me es honroso acusar recepción de la nota número


1636, fecha 4 de abril, de esa importante corporación, en
virtud de la cual se me comunicaba a mí—como también al
señor don Pedro Sondereguei—que habíamos sido designa­
dos para representar a la Academia Nacional de Historia
ante el Congreso Americano de Bibliografía e Historia, en
Buenos Aires.
Igualmente se me informaba que próximamente ha­
bría de recibir, por correo, el ejemplar del Boletín de His­
toria y algunos trabajos. Sólo ha llegado a mi poder y en­
viado a título particulai—por lo menos así lo he entendi­
do—un opúsculo sobre Bibliografía del Derecho Colombiano
del doctor Arturo Quijano ; esto no obstante, recibí el tra­
bajo de referencia, con fecha 20 de julio ; es decir, una vez
clausurado ya el Congreso.
Me es grato acompañar al señor Presidente copia del
discurso pronunciado por mí en la sesión inaugural verifi­
cada en el salón de grados de la Facultad de Derecho y
Ciencias Sociales, como también copia del que produje para
la última reunión del Congreso.
Por separado envío síntesis de las resoluciones tomadas
en las sesiones plenarias, algunas de las cuales, con toda se­
guridad, interesarán vivamente a esa Academia.
Entre los Delegados que, por cierto han sido poco nu­
merosos, hay algunos que, a juicio mío, han demostrado un
profundo conocimiento de nuestra propia historia, sin con­
tar con que, en todo njomento, han abundado en atenciones
y distinciones para con nuestro país. Sería injusto si, al res­
pecto, no mencionara muy especialmente a los doctores Da­
vid Peña (Presidente del Congreso, Catedrático de Histo­
ria en la Universidad Nacional y abogado de nota). Nica­
nor Sarmiento (descendiente del patricio argentino don
Domingo F. Sarmiento y Presidente de la Junta Ejecutiva
del Congreso, Presidente de varias bibliotecas en esta capí-
NOTAS OFICIALES 125

tal, etc.), Carlos J. Salas (publicista, historiador, propagan­


dista de Bolívar, admirador y conocedor de todo lo colom­
biano, miembro honorario de la Academia de Historia del
Ecuador). Estimo, señor Presidente, y salvo su mejor cri­
terio, que habría conveniencia, no sólo para la corporación
de su ilustrada Presidencia, sino también para el país, en
recibir en su seno a esos tres estudiosos de la historia y de
la bibliografía americanas.
No queriendo que Colombia quedara sin participación
en la Exposición del Libro, coleccioné en la biblioteca de
mi padre algunas obras publicadas entre los años 1845 a
1880 y de propiedad de mi abuelo, don Manuel Ancízar,
habiéndolas exhibido a nombre de esa corporación, como
también a nombre de la Academia de Jurisprudencia.
Antes de terminar este breve informe, debo agrade­
cer, muy especialmente, el honrosísimo nombramiento que
usted ha hecho recaer sobre mí, lamentando sólo que no lle­
garan en tiempo los trabajos que se anunciaron con los que,
a no dudarlo, habría obtenido un señalado triunfo la Aca­
demia Nacional de Historia de Colombia.
Con sentimiento de alta consideración quedo del señor
Presidente atento y respetuoso servidor.
Gu il l e r m o An c íz a r

Facultad de Filosofía y Letras—• Museo Etnográfico — Via-


monte 430—Número 347—Buenos Aires, 10 de agosto
de iq ió .
Señor Presidente de la Academia Nacional de Historia de la Repú­
blica de Colombia, General don Carlos Cuervo Márquez—Bogotá.
Tengo el honor de acusar recibo de su nota número
1640, en la que se me comunica que a propuesta del señor
Presidente he merecido la alta distinción de ser nombrado
miembro correspondiente.
Al agradecer este diploma como merece, me pongo a
disposición de esa ilustrada Academia, esperando poder a
mi vez coadyuvar al noble propósito de estrechar vínculos
intelectuales entre nuestras respectivas patrias.
Aprovecho esta oportunidad para ofrecer al señor Pre­
sidente y demás miembros que me han elegido, las seguri­
dades de mi más alta consideración.
Ja u n B. Am b r o s e t t i
Lima 30 de agosto de 1916
Señor don Pedro M. Ibáñez, Secretario de la Academia Nacional de
Historia de Colombia—Bogotá.

Muy distinguido señor:


De regreso a mi país, después de una larga ausencia, ha
126 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

llegado a mi poder la atenta nota de usted, fecha 5 del pa­


sado abril, y el diploma de socio correspondiente de la Aca­
demia Nacional de Historia.
Acojo esta distinción muy honrosa para mí, convencido
de la alta misión que en la América Latina corresponde a
los institutos de investigación histórica y con el propósito
de coadyuvar a un mayor acercamiento intelectual entre
Colombia y el Perú.
Quiera usted expresar mi profundo agradecimiento a
los miembros de la Academia, y muy especialmente al Ge­
neral Cuervo Márquez, para quien conservo la estimación
y simpatía que él supo inspirar a sus compañeros del pasa­
do Congreso Científico de Washington.
Con sentimientos de particular deferencia, le saluda
atentamente.
Su colega y servidor,
Mo r a l e s Ma c e d o
Congreso Americano de Bibliografía e Historia—Avenida
de Mayo, 715—Constitución Argentina número 291.
Buenos Aíres, agosto 31 de 1916.
Señor Presidente de la Academia de la Historia—Bogotá.

En mi carácter de Presidente de la Comisión Ejecutiva


del Congreso Americano de Bibliografía e Historia, reuni­
do en esta capital con motivo de las solemnidades del cen­
tenario de la jura de la Constitución argentina, tengo el
honor de comunicar a usted que dicha Asamblea realizó con
franco éxito sus sesiones ordinarias, del 6 al 19 de julio
próximo pasado, tomando parte en ellas, con los demás se­
ñores Delegados de las instituciones científicas america­
nas. el representante de esa ilustre Academia, señor Gui­
llermo Ancízar Samper.
Entre los diversos asuntos tratados en el seno del Con­
greso figuran algunos que se refieren a Colombia y los que
para su conocimiento paso a enumerar :
l.° Homenaje de ponerse de pie en la sesión inaugural,
en honra de Colombia, todos los señores congresistas que
bajo la Presidencia del señor Ministro de Hacienda de la
Nación argentina, doctor F. J. Oliver, concurrieron a este
acto. El homenaje referido se tributó por moción del señor
Presidente de la Delegación del Brasil, doctor Edmundo
Gutiérrez, quien adujo como argumento o motivo para for­
mular su proyecto, el ser Colombia la única nación que
reinvindicó para sí el pago de la deuda inmensa que el con­
tinente entero tenía para su inmortal descubridor. La mo­
ción del doctor Edmundo Gutiérrez fue aprobada por acla­
mación, y el homenaje tributado.
NOTAS OFICIALES 127

2° Proyecto aprobado por el Congreso, del mismo doc­


tor Edmundo Gutiérrez, para que la Asamblea pidiera de
la Municipalidad de la capital el que se designe con el nom­
bre de Colombia a una de las calles principales de-Buenos
Aires, como reconocimiento a la parte grandiosa que cabe
a la nación colombiana en la historia de América.
39 Voto de censura acordado por el Congreso, a moción
del mismo Presidente de la Delegación del Brasil, doctor
Gutiérrez, a las obras históricas de algunos autores que per­
siguen como fin el opacar la gloria inmensa de los dos
grandes libertadores Bolívar y Sanmartín o Sanmartín
y Bolívar, punto de inútil discusión desde que su obra liber­
taria se complementa mutuamente en el firmamento glorio­
so de la historia americana.
También popgo en conocimiento de esa Academia que
el Congreso le acordó un voto de aplauso, en atención a los
amplios ideales americanos que caracterizan su labor, y por
formar parte de ella un núcleo de los más ilustres y cons­
picuos personajes de la intelectual República colombiana.
Saludo a usted atentamente.
El Presidente de la Comisión Ejecutiva.
A. Sa r m ie n t o
Bogotá, octubre 3 de 1916
Señor Presidente:
Tengo el honor de poner en conocimiento de la Acade­
mia que usted dignamente preside, que. promovido por el
Instituto Histórico y Geográfico Brasilero para conmemo­
rar el centenario de la proclamación de la Independencia
del Brasil, deberá reunirse en Río de Janeiro el día 7 de
septiembre de 1922, un Congreso Internacional de Historia
de América.
El Gobierno del Brasil vería con suma complacencia
que esa Academia tomara parte en el Congreso aludido, y
quisiera desde ahora organizar una Comisión que elaborara
las tesis sobre la historia de Colombia. Esas tesis pueden
amoldarse a las que han sido elaboradas para la sección del
Brasil, para lo cual me permito acompañar tres ejemplares
de dicha sección ; debiendo los programas contener las si­
guientes subsecciones : 1^, historia general ; 2i\ historia de
las exploraciones geográficas; 3^, historia de las exploracio­
nes arqueológicas y etnográficas; 4^, historia constitucio­
nal y administrativa; 5^, historia parlamentaria; 6^, histo­
ria económica ; 7^, historia militar; 8^, historia diplomáti­
co; 9*, historia de la literatura y de las artes.
Tengo el honor de acompañar también a usted tres
ejemplares del Reglamento General del Congreso; y apro­
128 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

vecho la oportunidad, para presentar al señor Presidente los


sentimientos de mi más distinguida consideración.
Ma n u e l Ma r u l a n d a
Cónsul General,
Encargado de los Negocios.
Al señor General don Carlos Cuervo Márquez, Presidente de la Aca­
demia de Historia—Presente.

República de Colombia—Cámara de Representantes—Se­


cretaria—Número 947—Bogotá, 5 de octubre de 1916.

Señor Presidente de la Academia Nacional de Historia.


En su Despacho.
Para conocimiento de esa corporación tengo el ho­
nor de transcribir a usted la siguiente proposición aproba­
da por esta honorable Cámara, en su sesión de hoy:
< La Cámara de Representantes,
< CONSIDERANDO 1

«Que hoy, 5 de octubre de 1916, hace precisamente un


siglo fueron sacrificados en esta capital los ilustres ciuda­
danos Camilo Torres, Manuel Rodríguez Torices, José M.
Dávila y el Conde de Casa Valencia ;
«Que aquel horrendo sacrificio no tuvo otro fin que el
de castigar en ellos su lealtad y servicios a la causa de la Re­
pública;
« Que es un deber de la Nación honrar la memoria de
los fundadores de la Patria, y procurar que su recuerdo se
perpetúe al través de las generaciones,
« r esu el v e :
« Honrar una vez más la memoria de los proceres Ca­
milo Torres, Manuel Rodríguez Torices, José M. Dávila y el
Conde de Jasa Valencia, y consignar los nombres de tan
preclaros varones en el acta de este día como un tributo
que la gratitud nacional rinde a sus méritos eminentes y a
sus excelsas virtudes ciudadanas.
« Publíquese por carteles y trancríbase a la Academia
Nacional de Historia.»

Soy del señor Presidente muy atento servidor,


Fernando Restrepo Bt iceño

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