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Teología de los Sacramentos: Evolución y Significado

El documento aborda la teología de los sacramentos, analizando su evolución histórica, definiciones preconciliares y la problemática teológica actual. Se exploran conceptos como el sacramento como símbolo religioso, la mediación del rito y la eficacia sacramental, destacando la influencia del Concilio Vaticano II en la comprensión contemporánea. Además, se discuten las implicaciones de la intervención de la Iglesia en la formación y adaptación de los signos sacramentales a lo largo de la historia.

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Teología de los Sacramentos: Evolución y Significado

El documento aborda la teología de los sacramentos, analizando su evolución histórica, definiciones preconciliares y la problemática teológica actual. Se exploran conceptos como el sacramento como símbolo religioso, la mediación del rito y la eficacia sacramental, destacando la influencia del Concilio Vaticano II en la comprensión contemporánea. Además, se discuten las implicaciones de la intervención de la Iglesia en la formación y adaptación de los signos sacramentales a lo largo de la historia.

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SACRAMENTOS

TEOLOGÍA MORAL

SUMARIO

Introducción:
1. Una definición preconciliar;
2. La problemática teológica actual.

I. Referencias históricas:
1. Origen y desarrollo del término sacramento;
2. La síntesis escolástica;
3. La crisis protestante;
4. La doctrina del concilio de Trento y la contrarreforma;
5. Las tendencias contemporáneas.

II. Para una teología de los sacramentos:


1. El sacramento, un símbolo religioso;
2. El rito, expresión universal de la religiosidad;
3. El rito religioso como necesidad y como don;
4. El rito cristiano: un lenguaje para el encuentro entre el
hombre y Dios.

III. Cristo, origen y forma de los sacramentos:


1. Cristo, sacramento primordial;
2. El misterio pascual, nueva alianza;
3. El Espíritu, presencia del ausente;
4. La Iglesia, cuerpo sacramental (místico) de Cristo;
5. Una salvación a través de los signos: estructura
sacramental de la salvación.

IV. El sacramento: la salvación confiada a un signo:


1. La Iglesia recoge la herencia del maestro;
2. Los símbolos sacramentales en la historia de la Iglesia;
3. Libertad relativa de la Iglesia en la adopción de los
signos sacramentales;
4. Diversidad de signos, identidad del don;
5. El número septenario y una realidad toda ella
sacramental.

V. Un acto salvífico de Cristo por el ministerio de la Iglesia:


1. Acto salvífico de Cristo;
2. Por el ministerio de la Iglesia;
3. La eficacia del rito sacramental. Respuestas
inadecuadas;
4. La verdadera respuesta está en el símbolo;
5. Ventajas y límites de la comunicación simbólica.

VI. La eficacia de mediación del símbolo sacramental:


1. El símbolo: una mediación eficaz;
2. El "ex opere operato";
3. Eficacia del bien celebrar;
4. Sacramento y vida litúrgica;
5. Sacramentos y vida moral.

Introducción

El concilio Vat. II, aunque no produjo una nueva teología


de los sacramentos, ha contribuido de manera decisiva a
la afirmación y a la divulgación de una idea del
sacramento que renueva profundamente la comprensión
preconciliar de los signos sacramentales.

1. UNA DEFINICIÓN PRECONCILIAR. "Un signo


sensible, instituido por Jesucristo, que produce la gracia
que significa" (A. PIOLANTI, De Sacramentas, 15 18). Ésta
era la doctrina teológica más difundida y acreditada en la
teología romana en vísperas todavía del concilio. Era la
teología de los manuales, la que servía de fondo a las
declaraciones del magisterio, a los diversos catecismos y
al derecho canónico. Es la doctrina del concilio Florentino
(1439; DS 1310) y del concilio Tridentino (1547; DS 1606),
tomada directamente de la teología escolástica y a partir
de entonces elevada a doctrina oficial de la Iglesia
católica como bandera contra los errores de los
protestantes. En aquella definición había también una
aportación más reciente, no contenida en las fuentes del
magisterio antiguo: el
término efficax (de efficere, producir). Los concilios se
limitaban a decir "contienen" (continere) y "dan",
"confieren" (conferre); la teología más reciente
(neoescolástica) prefería decir
"producen" (efficere), después de haber entrado este
término oficialmente en un documento del magisterio
(LEóN XIII, Apostolicae curae et caritatis, 1896: DS 3315).
Ello parecía más en consonancia con la doctrina de la
causalidad física instrumental de la escuela tomista. Y
daba mayor fuerza a la línea antiprotestante del
catolicismo postridentino.

El número rigurosamente septenario de los sacramentos


y su origen y fundamentación rígidamente atribuible a
Cristo son sólo algunos de los rasgos característicos de
una teología que después del Vat. II ha perdido
notablemente terreno en favor de una comprensión
menos jurídica y más abierta al misterio, más respetuosa
de la parte del hombre y de la libertad de acción del
Espíritu.
Una prueba evidente de esta mayor sensibilidad a la
dimensión teológica del sacramento puede encontrarse
en la definición que sirve de introducción a la sección De
Sacramentis en el nuevo Código de derecho canónico:
"Los sacramentos del NT, instituidos por Cristo Señor y
encomendados a la Iglesia, en cuanto que son acciones de
Cristo y de la Iglesia, son signos y medios con los que se
expresa y fortalece la fe, se rinde culto a Dios y se realiza
la santificación de los hombres, y por tanto contribuyen
en gran medida a crear, corroborar y manifestar la
comunión eclesiástica" (can. 840). El viejo Código de 1917
se limitaba a declararlos a todos instituidos por Cristo y
"medios especialísimos (praecipua) de santificación y de
salvación" (can. 731, § 1).

2. LA PROBLEMÁTICA TEOLÓGICA ACTUAL. En la


base de esta reconsideración de la teología de los
sacramentos hay factores diversos, de diverso peso y
valor. -Ante todo la preferencia cada vez más neta por el
método inductivo y positivo que la investigación
histórica sobre las fuentes y sobre las formas de la
liturgia y la mayor atención a los datos de la Escritura
han ido poco a poco imponiendo. -Del mismo modo, una
nueva atención a las adquisiciones de las llamadas
ciencias humanas ha obligado a una relectura crítica del
concepto de signo que la teología católica había hecho
propio. De ahí se ha derivado una fuerte revalorización
de la categoría simbólica, hasta aquí demasiado
desestimada en favor de la categoría de lo real en el
plano ontológico y de la del concepto en el plano
gnoseológico. Los teólogos hablan cada vez menos de
"signo sensible" y cada vez con más frecuencia de
símbolo y de lenguaje simbólico. -También la institución
de los sacramentos por parte de Cristo se interpreta hoy
de manera menos literal que en el pasado. Si aparece
cierta la intención de Jesús acerca del bautismo y la
eucaristía, es mucho menos evidente la parte que él tuvo
en la determinación material de los otros signos
sacramentales. Ciertamente él perdona los pecados y
manda que se haga otro tanto; impone las manos a los
enfermos y ordena a sus discípulos que lo hagan también
ellos; confiere a los doce una potestad real sobre la
comunidad de los creyentes; declara indisoluble el
matrimonio, revelando la intención divina originaria
sobre él; sopla sobre los discípulos para que reciban el
Espíritu; pero sería difícil ir más allá de todo esto. Por
otra parte, en el curso de los siglos la Iglesia ha
intervenido tan repetidamente para disciplinar, adaptar,
uniformar e incluso introducir y suprimir gestos y
símbolos sacramentales, que será del todo justificado
considerarla de algún modo, y de forma subordinada,
responsable y casi "dueña" de los mismos. Y ello,
naturalmente, por aquel poder divino que le ha sido
conferido por el don del Espíritu. -El número septenario,
aunque se canonizó solamente a comienzos del segundo
milenio, después de la declaración tridentina no ha sido
generalmente discutido. Sin embargo, se afirma la
tendencia a integrar los siete sacramentos en una visión
más vasta y orgánica de la sacramentalidad de toda la
economía salvífica de la salvación. A la
teología contemporánea toda la economía salvífica le
parece estructural, íntima y hasta necesariamente
sacramental. Cristo, la Iglesia, la palabra revelada: todo
es signo (manifestación mediata, y por eso velada) de
Dios y de su voluntad de salvación. A esta luz los siete
sacramentos no son las únicas realidades sacramentales
en la historia de nuestra salvación; son solamente los
momentos culminantes, la plenitud y la perfección de
esta "sacramentalidad difusa". -Un punto muy delicado y
controvertido, sobre el cual es dado registrar, hoy como
ayer, el más amplio abanico de opiniones, es el de la
eficacia sacramental. ¿Cómo puede una acción humana,
puesta por el hombre con la ayuda de instrumentos
(símbolos) humanos e incluso materiales, contener, o dar,
o incluso producir una realidad espiritual y sobrenatural
(la gracia)? La explicación tradicional no parece bastar
ya. El recurso a la categoría escolástica de causa
instrumental física no parece ya adecuado. No tiene
debidamente en cuenta la estructura simbólica del
lenguaje humano y la función de la metáfora en la
expresión de lo inefable. No tiene sentido querer hablar
del sacramento (realidad simbólica por definición) con
los conceptos y las categorías de la realidad física.
También la doctrina del ex opere operato adquiere un
significado diverso y una justificación más convincente a
la luz de las nuevas adquisiciones. -Hoy se pregunta
también por la naturaleza y por el don propio de cada
sacramento. Cada vez aparece más desprovista de
adecuada justificación histórica la afirmación, convertida
en lugar común, de que los sacramentos han
permanecido siempre iguales a sí mismos, tanto en
cuanto al rito, como en cuanto al sentido, como en cuanto
a la disciplina canónica. Cambios importantes han tenido
lugar en todos los siete sacramentos desde
cualquier punto de vista que se los quiera mirar. Ha
cambiado su orden interno ("de serie", podríamos decir),
la edad de conferirlos, las condiciones y circunstancias
legitimantes, el símbolo material (la materia de los
escolásticos), la fórmula esencial (la forma), el ritual, la
disciplina canónica, la interpretación teológica. Algunos
sacramentos (o grados de un sacramento) han
encontrado dificultad para ser reconocidos como
realidad sacramental autónoma (confirmación) y
auténtica (matrimonio), o han experimentado eclipses
(episcopado) o hipertrofias (presbiterado). Algunos
sacramentos han cambiado (también repetidamente) de
nombre. Hechos éstos que se repiten también en nuestros
días, e incluso se diría con particular evidencia y
abundancia. Circunstancias éstas que justifican una
nueva reflexión y una nueva síntesis.

I. Referencias históricas

El término sacramento no ha tenido siempre el mismo


significado en el curso de la historia. Damos aquí un
rápido cuadro de su evolución semántica.
1. ORIGEN Y DESARROLLO DEL TÉRMINO
SACRAMENTO. El primero que usó la
palabra sacramentum en un contexto cultual cristiano
parece haber sido Tertuliano. El término no era nuevo;
era corriente en el lenguaje no cristiano y tenía una
valencia religiosa precisa (como lo indica claramente la
raíz sac-): sacramentum era el juramento de fidelidad del
soldado al emperador y, en el lenguaje jurídico, la suma
de dinero que había que pagar al templo por parte del
que perdía una causa civil. Esto justifica el uso
preferentemente bautismal que tuvo el término al
principio: el bautismo pudo muy bien aparecer a los
primeros cristianos como el equivalente de un juramento
de fidelidad a Cristo por parte de quien se aprestaba a
entrar en su "milicia", y también como un acto de culto al
Dios que salva.

En los siglos sucesivos de la edad antigua el término tuvo


gran fortuna e incluso una gran variedad de aplicación:
sacramento pudo traducir el término griego mysterion
(también trasliterado en mysterium) en su acepción
paulina de designio divino de salvación realizado y
revelado en Cristo (en este sentido, según G. van Roo, el
uso de sacramentum es más antiguo que Tertuliano); e

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