¿Hablar con Dios?
Tal vez te dijeron como suelen decir: “La oración es hablar con Dios.” El problema es
que se les ovidó algo importante:
Hay una manera incorrecta de dirigirse a Dios.
Eclesiastés 5:1-5 nos advierte que tenemos que cuidar la manera en la cual nos
acercamos a Dios. Dice: “Acércate más para oír que para ofrecer el sacrificio de los
necios, quienes no saben que hacen mal.” Además, nos dice que nuestras palabras sean
POCAS.
¿Cúantas veces hemos dejado que Dios hable cuando oramos? ¿Es una conversación o
un discurso?
En Mateo 6:5-8, Jesús advierte de no orar con orgullo ni por ritual, como los hipócritas,
utilizando “vanas repeticiones.” (Nota que sólo se refiere a las vanas repeticiones, no a
las repeticiones en general.)
¿Qué estorba nuestras oraciones?
Ahora bien, hay unas cosas que hacen que nuestras oraciones sean inefectivas:
PECADO EN NUESTRAS VIDAS (Salmo 66:18)
• Este es el obstáculo más básico y perseverante de nuestras vidas. El pecado nos aleja
de Dios. Isaías 59:2 dice que nuestros “pecados han hecho que oculte de vosotros su
rostro para no oíros.”
• La persona que vive en pecado o tiene pecados ocultos (Salmo 19:12) puede tener la
certeza de que Dios no escuchará su petición (Juan 9:31)
• Sin embargo, Dios se acerca a aquellos que se acercan a Él (Santiago 4:8) con
corazones contritos y humillados (Salmos 34:18; 51:17).
MOTIVACIONES INCORRECTAS (Santiago 4:3)
• Esta es la razón primordial de las oraciones no contestadas entre los
Cristianos. Piden oración con motivaciones incorrectas: egoístas u orgollosas. ¿Te
acuerdas del ejemplo de la lluvia que se mencionó al principio? Ambos pedían oraciones
egoístas. (Si llovía o no, sería producto de las leyes naturales que gobiernan sobre la
Tierra, no necesariamente acto de Dios.)
• Hay personas que piensan de Dios como si fuese una nevera: voy, saco lo que quiero,
y me retiro hasta la próxima vez que quiera algo – sin tener necesidad de una relación
con Él.
• Muchas veces este es el problema. Oramos para que se sane nuestra abuelita (o
mamá o hermano o perrito) – pero, ¿con qué motivación lo pedimos? ¿Para
quenosotros podamos estar con ella más tiempo? ¿Por que nosotros no la queremos
extrañar? ¿Porque es a nosotros a quién le va a doler? Nuestra motivación es egoísta,
como suele suceder, y culpamos a Dios por ser “malo” y no escucharnos.
• Nuestra motivación en la oración debe ser pedir las cosas de Dios – no para que
nuestras necesidades se suplan, sino que Dios sea glorificado. Sencillamente puesto: no
se trata de nosotros, sino de Dios.
• Las palabras “en el nombre de Jesús” implican “en representación de Jesús.” La
oración efectiva es cuando oramos por lo que Él quiere.
FALTA DE FE (Santiago 1:6-8)
• Por alguna razón, la gente piensa que “tener fe” es sinónimo de “desear con todo el
corazón,” pero no es así.
• Fe es tener la certeza de lo que sabemos que es cierto. Abraham, por ejemplo, estaba
dispuesto a ofrecer a su hijo Isaac porque Abraham sabía que Dios le había llamado
promesa en Isaac. Por esta razón, Abraham confió (tuvo fe) que Dios iba a resucitar a
Isaac. (Hebreos 11:17-19). En otras palabras, a base delconocimiento de la promesa
de Dios, Abraha, confió (tuvo fe) de que Dios lo iba a resucitar.
• Muchas veces queremos tener Fe sin saber lo que Dios ha prometido. Esto es fe ciega,
sin prueba ni fundamento. Esta fe no es bíblica.
FALTA DE COMPROMISO
• ¿Recuerdas a Ana, que oraba en el templo pidiendo un hijo? (1 Samuel 1) ¡Ella estaba
tan comprometida con su oración que Elí pensó que estaba borracha! (versículo 11)
• Esta pasión se pierde cuando oramos por orar o por obligación. Se pierde el propósito
de la comunicación con Dios cuando perdemos el deseo de estar con Él. “Este Pueblo de
sus labios me honra; más su corazón está lejos de mí.” (Mateo 15:8)
FALTA DE PERSEVERANCIA (Lucas 11:5-8)
• ¿Has escuchado la frase: “entrégaselo a Dios y confía” (en inglés: “Let go and let
God”)? Tal vez algo semejante. En fin, la sugerencia es la misma: olvidarse de la
petición y dejar que Dios obre. ¿Sabes qué? Suena bonito, pero Jesús no eseña esto.
• Jesús planteó parábolas sobre la necesidad de orar “siempre y no desmayar” (Lucas
18:1-7; Lucas 11:5-8)
• Los que claman a Él “día y noche” recibirán de Su justicia (Lucas 18:7).
• No podemos orar una vez y ya.
• “No te rindas pronto en tus oraciones por algo. Demúestrale a Dios que vas en serio.”
(“Don’t give up too soon in your prayer for something. Show God that you mean
business.”) -W.L. Craig
Es sólo cuando corregimos estas cosas en nuestra vida y en nuestras oraciones que
podemos cualificar la promesa de recibir todo lo que pedimos en el nombre de Jesús.
Por lo tanto, antes de culpar a Dios de sordo o apático, estemos seguros de que hemos
cualificado nuestra oración. Examinemos nuestros corazones: ¿Cuál es el motivo de la
oración? ¿Cuidamos nuestras palabras ante la presencia de Dios? ¿Hay pecado? ¿Cómo
se glorificará Dios a través de ello?
Cuando oramos en SU voluntad, ¡no hay petición que no se conteste!