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El Consultorio

Alicia, una doctora, tiene un encuentro inesperado con su paciente Esteban en una cafetería, donde intercambian saludos y comentarios sobre su vida. Sin embargo, más tarde, en una tienda, se da cuenta de que Esteban parece estar persiguiéndola con intenciones amenazantes, revelando que ha estado observándola. La situación se torna aterradora cuando Alicia se enfrenta a una entidad que parece tener habilidades sobrenaturales, llevándola a un estado de desesperación y confusión.
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El Consultorio

Alicia, una doctora, tiene un encuentro inesperado con su paciente Esteban en una cafetería, donde intercambian saludos y comentarios sobre su vida. Sin embargo, más tarde, en una tienda, se da cuenta de que Esteban parece estar persiguiéndola con intenciones amenazantes, revelando que ha estado observándola. La situación se torna aterradora cuando Alicia se enfrenta a una entidad que parece tener habilidades sobrenaturales, llevándola a un estado de desesperación y confusión.
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El consultorio

Comencé la mañana como lo usual, pidiendo mi café camino al trabajo. Estaba vestida
con el uniforme laboral, y esperando impacientemente en la inmensa fila de la cafetería.
Demoró unos minutos hasta que finalmente llegó mi turno. La muchacha detrás del
mostrador me dio una sonrisa amable.
-Buenos días, Alicia. ¿Lo de siempre?
-¡Hola! En realidad, hoy quiero un café cortado. Va a ser un largo día.
La mujer, de la cual cuyo nombre me he olvidado repetitivas veces, asintió y se dio la
vuelta.
-No te recomendaría que pidieras eso. Para un largo dia, siempre un café espumado.
Me doy la vuelta y veo a mi paciente, Esteban, deslumbrando su distintiva y única
sonrisa.
-¡Esteban! Que sorpresa verte aquí. ¿Cómo has estado?
-He estado bastante bien, de hecho. Viajé a florida por dos semanas y volví este fin de
semana.
-Re bien. Te notaba un poco mas bronceado.
- Sí, he querido despejarme un poco desde hace mucho tiempo. ¿Que me cuenta usted?
¿mucho trabajo?
-Ya sabes, lo normal. Todos mis dias atareados y largos de siempre.
La muchacha me alcanza el café en un pequeño vaso de cartón y le transfiero el dinero.
-Bueno, fue un gusto verte.
-¡Hasta luego, doctora!
Al salir del local ,me aproximo rápidamente a mi pequeño twingo y subo al auto.
Al poner el café en el portavasos, doy una rápida mirada a través del espejo retrovisor y
visualizo a mi paciente sentado en la parte trasera de mi auto. Se me congela el cuerpo y
siento que mi corazón deja de latir por un segundo. Me doy vuelta casi
instantáneamente y miro fijamente los asientos tapizados de cuero vacíos.
Frunzo el ceño y decido ignorar mis alucinaciones. He dormido fatal anoche, fue solo
eso, pienso al mismo tiempo que enciendo el auto.
Con el paso del dia, comienzo a sentir el estomago vacio. En mi hora libre decido ir a
comprar unas galletas a la tiendita de la esquina.
Al llegar, entré y sentí un fuerte malestar en mi estomago. Me convencí de que solo era
por el hambre.
Detrás del mostrador, veo a Esteban, mi paciente que vi esta mañana con una pequeña
sonrisa.
Parpadeo varias veces sorprendida
-Esteban, nos vivimos encontrando. El suelta una pequeña risa
-¿Verdad? Grandes coincidencias.
Me adentré a la tienda, me dirigí hacia el estante y tomé un paquete de oreos.
Cuando regresé al mostrador, Esteban ya no estaba. Me di la vuelta y lo ví
parado junto a la puerta de entrada. Me miró fijamente mientras con su mano
izquierda antes detrás de su espalda trababa el pasador.
Rápidamente entendí que, a pesar de que no tenia claro sus intenciones, no eran
para nada buenas.
Tiré el paquete y evidentemente alarmada comencé a retroceder. Me di la vuelta
y comencé a correr en la dirección contraria a el. Vi la luz verde de la salida de
emergencia a unos varios metros y sentí un destello de esperanza dentro de mí.
Nunca fui una persona atlética pero en esos momentos la adrenalina estaba al
tope. No escuché ningunos pasos persiguiéndome y, cuando estaba a centímetros
de empujar la puerta exitosamente, vi a esteban parado en frente a esa puerta. No
lo podía entender, no entendía la manera de como apareció ahí
escalofriantemente, era imposible que haya llegado antes que yo.
-¿Estas asustada? Tranquila. No eres mi única victima que me ha mirado con
esos ojos suplicantes.
-¡¿Victima?! ¿Que vas a hacerme?
-Nada de estos últimos días han sido coincidencias. Te vengo observando desde
antes y pude descubrir a donde vienes frecuentemente. No preguntes donde está
el cajero de siempre ahora mismo.
- ¿Qué le hiciste?
-Eso no importa. Lo que importa es que estas encerrada conmigo y no soy el que
está en peligro ahora.
Pensé que era un enfermo, un psicópata. Intentaba recordar mi ultimo
diagnostico sobre el, pero dejó de venir a las consultas por unas semanas y mis
recuerdos eran borrosos. No podía concentrarme, no mientras veía como se
acercaba lentamente hacia mi.
Intente gritar, pero el se teletransportó a mi lado y tapó mi boca. ¿Era posible
eso? Lo que acababa de pasar delante de mis ojos. Simplemente sentí su
respiración cerca de mis oídos en un abrir y cerrar de ojos. Sin verlo caminar, sin
verlo correr.
Mis forcejeos contra él no causaban nada. Él tenía el triple de fuerza que yo y de
la desesperación me estaba costando respirar. No estaba ante un loco, un
criminal, un psicópata. Estaba ante una especie de entidad o algo paranormal, no
sabia que estaba pasando en mi realidad en esos momentos. Mis parpados
comenzaban a cansarse, mi respiración dejó de estar agitada, mi cuerpo se fue
debilitando y rindiendo ante el. Esquizofrenia. Recordé el día de abril en el cual
escribí con mi lapicera roja en el cuaderno, una especulación tras las señales de
sus comportamientos y pensamientos, mientras el me miraba fijamente sentado
frente a mí. Caí contra el piso, sin poder sentir alguna parte de mi cuerpo físico
y mi mente dispersó todo tipo de pensamientos, emociones y por ultima vez,
solo pude ver mis últimos años de la corta vida que logré tener pasar..

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