El Capital
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Sección Primera
MERCANCIA Y DINERO
Capítulo I
LA MERCANCIA
Marx explicará los fundamentos del intercambio en el mercado. Este intercambio se basa en un
elemento especial, la mercancía, que es un objeto producido con vistas al intercambio (para ser
vendido y no directamente consumido por el productor). Además de su utilidad, este elemento
tendrá, por tanto, un valor de cambio, que determina en qué proporción la mercancía producida
puede cambiarse por otras mercancías (o su equivalente en dinero). Se trata entonces de determinar
con mayor precisión cómo se puede medir este valor.
1. Los dos factores de la mercancía: valor de uso y valor (sustancia y magnitud del valor)
La riqueza de las sociedades en que impera el régimen capitalista de producción se nos aparece
como un "inmenso arsenal de mercancías"1 y la mercancía como su forma elemental. Por eso,
nuestra investigación arranca del análisis de la mercancía.
La mercancía es, en primer término, un objeto externo, una cosa apta para satisfacer
necesidades humanas, de cualquier clase que ellas sean.
Todo objeto útil, el hierro, el papel, etc., puede considerarse desde dos puntos de vista:
atendiendo a su calidad o a su cantidad. Cada objeto de éstos representa un conjunto de las más
diversas propiedades y puede emplearse, por tanto, en los más diversos aspectos. El descubrimiento
de estos diversos aspectos y, por tanto, de las diferentes modalidades de uso de las cosas, constituye
un hecho histórico. Otro tanto acontece con la invención de las medidas sociales para expresar la
cantidad de los objetos útiles. Unas veces, la diversidad que se advierte en las medidas de las
mercancías responde a la diversa naturaleza de los objetos que se trata de medir; otras veces. es
fruto de la convención.
La utilidad de un objeto lo convierte en valor de uso. Es algo que está condicionado por las
cualidades materiales de la mercancía y que no puede existir sin ellas. Lo que constituye un valor
de uso o un bien es, por tanto, la materialidad de la mercancía misma, el hierro, el trigo, el
diamante, etc. Al apreciar un valor de uso, se le supone siempre concretado en una cantidad. El
valor de uso sólo toma cuerpo en el uso o consumo de los objetos. Los valores de uso forman el
contenido material de la riqueza, cualquiera que sea la forma social de ésta. En el tipo de sociedad
que nos proponemos estudiar, los valores de uso son, además, el soporte material del valor de
cambio.
Un valor de uso, un bien, sólo encierra un valor por ser encarnación o materialización del
trabajo humano abstracto. ¿Cómo se mide la magnitud de este valor? Por la cantidad de “sustancia
creadora de valor”, es decir, de trabajo, que encierra. Y, a su vez, la cantidad de trabajo que encierra
se mide por el tiempo de su duración, y el tiempo de trabajo, tiene, finalmente, su unidad de medida
en las distintas fracciones de tiempo: horas, días, etc.
El trabajo que forma la sustancia de los valores es trabajo humano igual, inversión de la misma
fuerza humana de trabajo. Es como si toda la fuerza de trabajo de la sociedad, materializada en la
totalidad de los valores que forman el mundo de las mercancías, representase para estos efectos una
inmensa fuerza humana de trabajo, no obstante ser la suma de un sin número de fuerzas de trabajo
individuales. Cada una de estas fuerzas es una fuerza humana de trabajo equivalente a las demás,
siempre y cuando que presente el carácter de una fuerza media de trabajo social y dé, además, el
rendimiento que a esa fuerza media de trabajo social corresponde; o lo que es lo mismo, siempre y
cuando que para producir una mercancía no consuma más que el tiempo de trabajo que representa la
media necesaria, o sea el tiempo de trabajo socialmente necesario.
Tiempo de trabajo socialmente necesario es aquel que se requiere para producir un valor de uso
cualquiera, en las condiciones normales de producción y con el grado medio de destreza e
intensidad de trabajo imperantes en la sociedad. Así, por ejemplo, después de introducirse en
Inglaterra el telar de vapor, el volumen de trabajo necesario para convertir en tela una determinada
cantidad de hilado, seguramente quedaría reducido a la mitad.
Por consiguiente, lo que determina la magnitud de valor de un objeto no es más que la cantidad
de trabajo socialmente necesaria, o sea el tiempo de trabajo socialmente necesario para su
producción.
El valor de una mercancía es al valor de cualquiera otra lo que el tiempo de trabajo necesario para la
producción de la primera es al tiempo de trabajo necesario para la producción de la segunda.
"Consideradas como valores, las mercancías no son todas ellas más que determinadas cantidades de
tiempo de trabajo cristalizado.”
La capacidad productiva del trabajo depende de una serie de factores, entre los cuales se
cuentan el grado medio de destreza del obrero, el nivel de progreso de la ciencia y de sus
aplicaciones, la organización social del proceso de producción, el volumen y la eficacia de los
medios de producción y las condiciones naturales. Así, por ejemplo, la misma cantidad de trabajo
que en años de buena cosecha arroja 8 de trigo, en años de mala cosecha sólo arroja 4. antes.
Cuanto menor sea la capacidad productiva del trabajo, tanto mayor será el tiempo de trabajo
necesario para la producción de un artículo y tanto más grande el valor de éste. Por tanto, la
magnitud del valor de una mercancía cambia en razón directa a la cantidad y en razón inversa a la
capacidad productiva del trabajo que en ella se invierte.
Un objeto puede ser valor de uso sin ser valor. Así acontece cuando la utilidad que ese objeto
encierra para el hombre no se debe al trabajo. Es el caso del aire, de la tierra virgen, de las praderas
naturales, de los bosques silvestres, etc. Y puede, asimismo, un objeto ser útil y producto del trabajo
humano sin ser mercancía.. Los productos del trabajo destinados a satisfacer las necesidades per-
sonales de quien los crea son, indudablemente, valores de uso, pero no mercancías. Para producir
mercancías, no basta producir valores de uso, sino que es menester producir valores de uso para
otros, valores de uso sociales. (Y no sólo para otros, pura y simplemente. Para ser mercancía, el
producto ha de pasar a manos de otro, del que lo consume, por medio de un acto de cambio.
Finalmente, ningún objeto puede ser un valor sin ser a la vez objeto útil. Si es inútil, lo será también
el trabajo que éste encierra; no contará como trabajo ni representará, por tanto, un valor.
CAPITULO II
EL PROCESO DEL CAMBIO
Marx explica las características sociales y privadas del proceso de intercambio. Según Marx, los
propietarios de mercancías deben reconocerse mutuamente como propietarios de mercancías que
encarnan el valor. Él explica el intercambio no simplemente como un intercambio de artículos, sino
como un contrato entre los dos. Es este intercambio el que también permite que la mercancía en
cuestión realice su valor de cambio y explica que la realización del valor de cambio siempre
precede a la del valor de uso porque uno debe obtener el artículo en cuestión antes de que se realice
su utilidad real. Además, Marx explica que el valor de uso en cuestión sólo puede ser realizado por
el que compra la mercancía, mientras que el que está vendiendo una mercancía no debe encontrar
ninguna utilidad en el artículo, salvo la utilidad de su valor de cambio.
Marx concluye el capítulo con una abstracción sobre el necesario advenimiento del dinero
dondequiera que tenga lugar el intercambio, comenzando entre naciones y gradualmente
volviéndose cada vez más doméstico. Esta forma de dinero que surge de la necesidad de liquidar el
intercambio se convierte en la forma equivalente universal que se aparta de todas las mercancías
como una mera medida de valor, creando un dualismo dinero-mercancías.
“La repetición constante del intercambio hace de él un proceso social regular. Con el paso del
tiempo es forzoso que se produzca por lo menos una parte de los productos del trabajo con la
intención de volcarlos en el intercambio. A partir de ese momento se reafirma, por una parte, la
escisión entre la utilidad de las cosas para las necesidades inmediatas y su utilidad con vistas al
intercambio. Su valor de uso se desliga de su valor de cambio. De otra parte, la proporción
cuantitativa según la cual se intercambian, pasa a depender de su producción misma. La costumbre
las fija como magnitudes de valor”.
CAPITULO III
1. Medida de valores
2. Medio de circulación
El curso del dinero acusa la repetición constante y monótona del mismo proceso. La
mercancía aparece siempre al lado del vendedor y el dinero acompaña siempre al comprador, como
medio de compra. Cumple sus funciones de tal al realizar el precio de las mercancías. Y al hacerlo,
transfiere la mercancía de manos del vendedor a manos del comprador, a la par que él —el dinero—
pasa de las de éste a las de aquél, para repetir luego el mismo proceso con otra mercancía. A
primera vista, no se advierte, por aparecer velado, que esta forma unilateral del movimiento del
dinero brota de la doble forma de movimiento de la mercancía. El carácter propio de la circulación
de mercancías suscita la apariencia contraría
Al dar el primer paso en la órbita de la circulación, al sufrir el primer cambio de forma, la
mercancía sale siempre de la circulación, en la que entran constantemente mercancías nuevas: en
cambio, el dinero, como medio de circulación que es, mora constantemente en la órbita de la
circulación y se mueve sin cesar en ella. Surge así el problema de saber cuánto dinero absorbe de
un modo constante la órbita circulatoria.
suma de los precios de éstas aumenta o disminuye conforme a los cambios experimentados
por sus precios. Para ello no hace falta, ni mucho menos, que los precios de todas las mercancías
suban o bajen al mismo tiempo. Para que suba o baje la suma de los precios de todas las
mercancías en circulación que hay que realizar, y, por tanto, para que aumente o disminuya la masa
de dinero puesta en circulación, basta con que suban o bajen, según los casos, los precios de un
cierto número de artículos importantes. El cambio experimentado por los precios de las mercancías
actúa siempre del mismo modo sobre la masa de los medios de circulación, lo mismo cuando
refleja un verdadero cambio de valor que cuando responde a simples oscilaciones de los precios en
el mercado.
Tomemos unas cuantas ventas o metamorfosis parciales sin relación alguna entre si y que
discurren paralelamente en el tiempo y en el espacio, las ventas v. gr. de 1 quarter de trigo, 20
varas de lienzo, una Biblia y 4 galones de aguardiente. Suponiendo que el precio de cada uno de
estos artículos sea 2 libras esterlinas, y, por tanto, la suma de precios a realizar 8 libras esterlinas,
estas transacciones lanzarán a la circulación una masa de dinero de 8 libras. En cambio, si todas
estas mercancías representan otros tantos eslabones en la cadena de metamorfosis que ya
conocemos: 1 quarter de trigo — 2 libras esterlinas — 20 varas de lienzo — 2 libras esterlinas —
una Biblia — 2 libras esterlinas — 4 galones de aguardiente — 2 libras esterlinas, bastarán 2 libras
esterlinas para poner en circulación sucesivamente las distintas mercancías, realizando por turno
sus precios, y por tanto la suma de éstos, o sea, las 8 libras esterlinas, hasta hacer alto por fin en
manos del destilador. Para ello, darán cuatro vueltas. Este desplazamiento repetido de las mismas
piezas de dinero representa el doble cambio de forma de las mercancías, su movimiento a través
de dos fases contrapuestas de la circulación y el entrelazamiento de las metamorfosis de diversas
mercancias.28 Es evidente que las fases antagónicas que, completándose las unas a las otras,
recorre este proceso, no pueden discurrir paralelamente en el espacio, sino que tienen que
sucederse las unas a las otras en el tiempo. Su duración se mide, pues, por fracciones de tiempo, y
el número de rotaciones de las mismas monedas dentro de un tiempo dado indica la velocidad del
curso del dinero.
forma, y, por tanto, el de materia. De dónde proviene esta paralización, no nos lo dice,
directamente, como es natural, el propio proceso circulatorio. Este se limita a revelar el fenómeno.
La interpretación vulgar, viendo que, al amortiguarse el ritmo de rotación del dinero, éste se hace
menos frecuente y desaparece en todos los puntos de la periferia circulatoria, se inclina a pensar que
este fenómeno tiene su raíz en la escasez de medios de circulación.
Permaneciendo invariables los precios de las mercancías, puede aumentar la masa de los
medios de circulación por el hecho de que aumente la masa de las mercancías circulantes o
disminuya el ritmo de rotación del dinero, o por ambas cosas a la vez. Y viceversa; la masa de los
medios de circulación puede disminuir al disminuir la masa de mercancías o acelerarse el ritmo
circulatorio.
Cuando los precios de las mercancías experimenten una tendencia general al alza, la masa
de los medios de circulación puede permanecer constante si la masa de las mercancías circulantes
decrece en la misma proporción en que aumenta su precio o el ritmo de rota ción del dinero se
acelera con la misma rapidez con que los precios suben, sin que varíe, en cambio, la masa de
mercancías en circulación.
Por el contrario, la masa de los medios de circulación puede disminuir porque la masa de
mercancías disminuya o el ritmo de rotación se acelere con más rapidez que la subida de los
precios.
Cuando los precios de las mercancías experimenten una tendencia general a la baja, la
masa de los medios de circulación puede permanecer constante sí la masa de mercancías crece en la
misma proporción en que su precio disminuye o el ritmo de rotación del dinero disminuye en la
misma proporción en que bajan los precios.
Y puede, por el contrario, crecer si la masa de mercancías aumenta o el ritmo circulatorio
disminuye mas rápidamente que los precios.
De la función del dinero como medio de circulación brota su forma de moneda. La fracción
imaginaria de peso del oro representada por el precio o nombre en dinero de las mercancías tiene
que enfrentarse con éstas, en la circulación, como una pieza de oro dotada de nombre homónimo, o
sea como una moneda. La acuñación es, al igual que la fijación del patrón de precios, incumbencia
del Estado. En los diversos uniformes nacionales que visten el oro y la plata acuñados en monedas y
de los que en el mercado mundial se despojan, se nos revela el divorcio entre las órbitas interiores o
nacionales de la circulación de mercancías y la órbita genérica del mercado mundial.
La moneda de oro y el oro en barras sólo se distinguen, pues, de suyo, por la figura, y el oro
es susceptible de pasar continuamente de una forma a otra.33 Pero el camino del oro para dejar de
ser moneda es al mismo tiempo el camino que le conduce al horno de fusión. En efecto, en la
circulación se desgastan las monedas de oro, unas más y otras menos. Comienza el proceso de
disociación entre el título y la sustancia del oro, entre los quilates de su peso nominal y los de su
peso real. Monedas de oro de nombre homónimo asumen un valor desigual, por ser distinto su peso.
El oro, como medio de circulación, difiere del oro considerado como patrón de precios, dejando con
ello, a la par, de ser el verdadero equivalente de las mercancías cuyo precio realiza. La historia de
estos embrollos forma la historia monetaria de la Edad Media y de los tiempos modernos, hasta
llegar al siglo XVIII. Las leyes más modernas acerca del grado de pérdida de metal que incapacita a
una moneda de oro para circular, o, lo que es lo mismo, la desmonetiza, sancionan y reconocen la
tendencia natural del proceso de circulación a convertir la esencia de oro de la moneda en
apariencia de oro; es decir, a convertir la moneda en símbolo de la cantidad de metal que oficial-
mente contiene.
El curso del dinero, al disociar la ley real de la ley nominal de la moneda, su existencia
metálica de su existencia funcional, lleva ya implícita la posibilidad de sustituir el dinero metálico,
en su función monetaria, por contraseñas hechas de otro material o por simples símbolos. Las
dificultades técnicas con que tropieza la acuñación de fracciones pequeñísimas de peso del oro o de
la plata y el hecho de que primitivamente se empleasen como medida de valores y circulasen como
dinero otros metales de categoría inferior a la de los metales preciosos, plata en vez de oro y cobre
en vez de plata, hasta el instante en que el metal precioso los destrona, explican históricamente el
papel de las piezas de plata y de cobre como sustitutos de las monedas de oro. Estas piezas
sustituyen al oro en aquellos sectores de la circulación de mercancías en que la moneda circula con
mayor rapidez y se desgasta, por tanto, mas pronto; es decir, allí donde las compras y las ventas se
suceden incesantemente en las más ínfimas proporciones. Para impedir que estos facinerosos
suplanten al oro, la ley se encarga de determinar las proporciones, pequeñísimas, en que es
obligatorio aceptar esas piezas, sustituyendo al oro, en función de pago. Claro está que los sectores
en que circulan estas diversas clases de monedas se confunden constantemente, sin que sea posible
establecer entre ellos una nítida separación. Las monedas fraccionarias aparecen junto al oro, para
cooperar al pago de fracciones a que no llega la moneda de oro más pequeña; y a su vez, el oro se
mezcla constantemente en la pequeña circulación, aunque se vea expulsado de ella constantemente
también al cambiarse por las monedas fraccionarias.34
La ley determina a su voluntad el contenido metálico de las piezas de plata o de cobre.
Estas se desgastan en la circulación mucho más rápidamente todavía que las monedas de oro. Por
tanto, su función monetaria es, de hecho, totalmente independiente de su peso, es decir, de todo
valor. La existencia monetaria del oro se disocia radicalmente de su sustancia de valor. Esto abre el
paso a la posibilidad de que objetos relativamente carentes de valor, como un billete de papel
puedan actuar en lugar suyo con las funciones propias de una moneda. En las piezas metálicas de
dinero, el carácter puramente simbólico aparece todavía, en cierto modo, oculto. En el papel
moneda, se revela ya a la luz del día. Como se ve, ce n'est que le premier pas qui coute.
Aquí, nos referimos exclusivamente al papel moneda emitido por el Estado con curso
forzoso y que brota directamente de la circulación de los metales. En cambio, el dinero—crédito se
halla regido por factores que, por el momento, no tenemos por qué conocer, pues no afectan a la
simple circulación de mercancías. Diremos, sin embargo, de pasada, que del mismo modo que el
verdadero papel moneda brota de la función del dinero como medio de circulación, el dinero—
crédito tiene sus raíces naturales en la función del dinero como medio de pago.35
El Estado lanza exteriormente al proceso de la circulación una serie de billetes que llevan
estampado su nombre en dinero, v. gr. Una libra esterlina, 5 libras esterlinas, etc. En la medida en
que estos billetes circulan efectivamente en sustitución de la suma de oro de igual denominación,
sus movimientos no hacen más que reflejar las leyes de la circulación del dinero. Para encontrar una
ley específica de la circulación de billetes, no hay más remedio que atenerse a su proporción
representativa respecto al oro. Y esta ley es sencillamente la de que la emisión de papel moneda
debe limitarse a aquella cantidad en que sin él, circularía necesariamente el oro (o la plata)
representado simbólicamente por ese papel. Claro está que la cantidad de oro que la circulación
puede absorber fluctúa constantemente en torno a un cierto nivel medio. Sin embargo, la masa de
los medios que circulan en un país dado no es nunca inferior a un determinado mínimum, que la
experiencia permite establecer. El hecho de que esta masa mínima esté sujeta a cambio constante en
lo que a sus elementos se refiere; es decir, el hecho de que esté formada por monedas de oro que
cambian incesantemente, no afecta para nada, como es natural, a. su volumen ni a su giro constante
en la órbita de la circulación. Por eso se la puede sustituir mediante símbolos de papel. Pero si hoy
llenamos con papel moneda todos los canales de la circulación, hasta agotar su capacidad de
absorción monetaria, podemos encontramos con que mañana, a consecuencia de las fluctuaciones
de la circulación de mercancías, el papel moneda rebasa los cauces. Al llegar a este momento, se
pierden todas las medidas. Pero si el papel moneda rebasa sus límites, es decir, la cantidad monedas
—oro de idéntica denominación que pueden circular, todavía representará dentro del mundo de las
mercancías, prescindiendo del peligro del descrédito general, la cantidad de oro determinada y, por
tanto, representable por sus leyes inmanentes. Así por ejemplo, si la masa de billetes emitidos re-
presenta 2 onzas de oro en vez de 1, nos encontraremos con que 1 libra esterlina, v. gr. se convierte
de hecho en el nombre en dinero de 1/8 onza, digamos, en vez de 1/4 onza. El resultado es el mismo
que sí se hubiese modificado el oro en su función de medida de precios. Por tanto, los valores que
antes se expresaban en el precio de 1 libra esterlina, se expresan ahora en el precio de 2 libras
esterlinas.
El papel moneda es un signo de oro o un signo de dinero. Su relación con los valores de las
mercancías consiste simplemente en que éstos se expresan idealmente, mediante él, en la misma
cantidad de oro que el papel moneda representa simbólicamente y de un modo perceptible. Sólo el
hecho de representar cantidades de oro, que son también, como todas las cantidades de mercancías,
cantidades de valor, es lo que permite al papel moneda ser un signo de valor.36
Se plantea, finalmente, el problema de saber por qué el oro puede sustituirse por signos de si
mismo, privados de todo valor. Pero, como hemos visto, el oro sólo es sustituible en la medida en
que se aísla o adquiere sustantividad en su función de moneda o de medio de circulación. Ahora
bien, esta función no cobra sustantividad respecto a las monedas sueltas de oro, aunque se revele en
el hecho de que las piezas desgastadas de oro permanezcan dentro de la circulación. Las piezas de
oro sólo son simples monedas o medios de circulación mientras circulan efectivamente. Pero lo que
no puede decirse de una moneda suelta de oro, es aplicable a la masa de oro sustituible por papel
moneda. Esta gira constantemente en la órbita de la circulación, funciona continuamente como
medio de circulación y existe, por tanto, única y exclusivamente como agente de esta función. Por
consiguiente, su dinámica se limita a representar las continuas mutaciones que forman los procesos
antagónicos de la metamorfosis de mercancías M – D – M, en las que frente a la mercancía se alza
su configuración de valor, para desaparecer enseguida de nuevo: La encarnación sustantiva del
valor de cambio, de la mercancía solo es, en este proceso, un momento fugaz. Inmediatamente, es
sustituida por otra mercancía. Por eso, en un proceso que lo hace cambiar continuamente de mano,
basta con que el dinero exista simbólicamente. Su existencia funcional absorbe, por decirlo así, su
existencia material. No es más que un reflejo objetivo de los precios de las mercancías, reflejo
llamado a desaparecer y, funcionando como sólo funciona, como signo de si mismo, es natural que
pueda ser sustituido por otros signos .37 Lo que ocurre es que el signo del dinero exige una validez
social objetiva propia, y esta validez se la da, al símbolo del papel moneda, el curso forzoso. Este
curso forzoso del Estado sólo rige dentro de las fronteras de una comunidad, dentro de su órbita
interna de circulación, que son también los límites dentro de los cuales el dinero se reduce todo él a
su función de medio de circulación o de moneda y en los que, por tanto, puede cobrar en el papel
moneda una modalidad de existencia puramente funcional e independiente al exterior de su
sustancia metálica.
3. Dinero
La mercancía que funciona como medida de valor y por tanto, sea en persona o a través de un
representante, como medio de circulación, es el dinero. El oro o, en su caso, la plata es, por con-
siguiente, dinero. El oro desempeña funciones de dinero de dos modos: las desempeña allí donde
actúa en su corporeidad áurea (o argentífera), es decir, como mercancía dinero, sin reducirse, por
tanto, a una forma puramente ideal, como cuando interviene como medida de valor, ni de un modo
representativo, como en su papel de medio de circulación; y las desempeña también allí donde su
función, ya la ejecute en persona o por medio de un representante, lo plasma como configuración
exclusiva de valor o única existencia adecuada del valor de cambio frente a todas las demás
mercancías, consideradas como simples valores de uso.
a.) Atesoramiento
En cuanto comienza a desarrollarse la circulación de mercancías, comienza a desarrollarse
también la necesidad y la pasión de retener el producto de la primera metamorfosis, la forma
transfigurada de la mercancía, o sea su crisálida dínero.38 Ahora, las mercancías se venden, no para
comprar con su producto otras, sino para sustituir la forma mercancía por la forma dinero. De
simple agente mediador del metabolismo, este cambio de forma se convierte en fin supremo. La
forma enajenada de la mercancía tropieza con un obstáculo que le impide funcionar como su forma
absolutamente enajenable, como su forma dinero, llamada constantemente a desaparecer. El dinero
se petrifica, convirtiéndose en tesoro, y el vendedor de mercancías en atesorador.
Para retener el oro como dinero, y, por tanto, como materia de atesoramiento, hay que impedirle
que circule o se invierta como medio de compra en artículos de disfrute. El atesorador sacrifica al
fetiche del oro los placeres de la carne. Abraza el evangelio de la abstención. Además, sólo puede
sustraer de la circulación en forma de dinero lo que incorpora a ella en forma de mercancías. Cuanto
más produce, más puede vender. La laboriosidad, el ahorro y la avaricia son, por tanto, sus virtudes
cardinales, y el vender mucho y comprar poco el compendio de su ciencia económica.
El atesoramiento desempeña diversas funciones en la economía de la circulación de los metales.
Su primera función es la que se desprende de las condiciones de circulación de las monedas de oro
y plata. Hemos visto que la masa del dinero en circulación crece y disminuye incesantemente en
punto a volumen, precios y celeridad, obedeciendo a las constantes oscilaciones de la circulación de
mercancías. La masa del dinero circulante ha de ser, por tanto, capaz de contracción y de expansión.
Tan pronto es necesario atraer al dinero como moneda cuanto repeler a la moneda como dinero.
Para que la masa de dinero que realmente circula satisfaga en todo momento el grado de saturación
de la órbita circulatoria, es necesario que la cantidad de oro y plata existente en un país exceda a la
absorbida por la función monetaria. Pues bien, el dinero atesorado es el que permite que se cumpla
esta condición. Los receptáculos en que el dinero se atesora sirven al mismo tiempo de canales de
desagüe y de suministro del dinero en circulación, que, gracias a ello, no inunda nunca sus canales
circulatorios .
b) Medio de pago
En la forma directa de la circulación de mercancías, que hemos venido estudiando hasta aquí, la
misma magnitud de valor se presentaba siempre por partida doble, en uno de los polos como mer-
cancía, en el polo contrario como dinero. Por consiguiente, los poseedores de mercancías sólo
entraban en contacto como representantes de sus mutuos equivalentes. Pero, al desarrollarse la
circulación de mercancías, se interponen una serie de factores que separan cronológicamente la
venta de una mercancía de la realización de su precio. Bastará con que apuntemos, entre estos
factores, los más simples. Unas clases de mercancías requieren más tiempo que otras para
producirse. Por tanto, unos poseedores de mercancías pueden actuar como vendedores antes de que
los otros actúen como compradores. A fuerza de repetirse las mismas transacciones entre las
mismas personas, las condiciones de venta de las mercancías se ajustan a sus condiciones de
producción. Otras veces, lo que se vende es el uso de ciertas clases de mercancías, v. gr. dé una
casa, durante un determinado tiempo. En realidad, el comprador no obtiene el valor de uso de la
mercancía hasta que no transcurre el tiempo señalado. La compra, por tanto, antes de pagarla. Uno
de los poseedores de mercancías vende mercancías que ya existen, mientras que el otro compra
como simple representante del dinero, o como representante de un dinero futuro. El vendedor se
convierte en acreedor, el comprador en deudor. Como aquí la metamorfosis de la mercancía, o sea
el desarrollo de su forma de valor, se desplaza, el dinero asume una función distinta. Se convierte en
medio de pago .
El carácter de acreedor o deudor brota aquí de la circulación simple de mercancías. Es el
cambio de forma de ésta el que imprime al vendedor y al comprador este nuevo cuño. A primera
vista, trátase, pues, de los mismos papeles recíprocos y llamados a desaparecer, desempeñados por
los mismos agentes de la circulación que antes actuaban como vendedor y comprador. Sin embargo,
ahora la antítesis presenta de suyo un cariz menos apacible y es susceptible de una mayor
cristalización.
Volvamos a la órbita de la circulación de mercancías. Aquí, ya no nos encontramos con la
comparecencia simultánea de los equivalentes mercancía y dinero en los dos polos del proceso de
venta. Ahora, el dinero tiene dos funciones. En primer lugar, funciona como medida de valor, en la
determinación del precio de la mercancía vendida. El precio que a ésta se le asigna
contractualmente mide la obligación del comprador, es decir, la suma de dinero que éste adeuda en
el plazo de tiempo señalado . Y, en segundo lugar, funciona como medio ideal de compra. Aunque
no exista más que en la promesa de dinero del comprador, hace que la mercancía cambie de mano.
Es al vencer el plazo fijado para el pago cuando el medio de pago entra realmente en circulación, es
decir, cuando pasa de manos del comprador a manos del vendedor. El medio de circulación se
convirtió en tesoro, al interrumpir en su primera fase el proceso de circulación o, lo que es lo
mismo, al sustraerse a la circulación la forma transfigurada de la mercancía. El medio de pago se
lanza a la circulación, pero es después de haber salido de ella la mercancía. El dinero ya no sigue
siendo el agente mediador del proceso de circulación. Ahora, lo cierra de un modo autónomo, como
existencia absoluta del valor de cambio o mercancía general. El vendedor convierte su mercancía en
dinero para satisfacer con éste una necesidad; el atesorador, para preservar la mercancía en forma de
dinero; el comprador a crédito, para poder pagar. Si no lo hace, los agentes ejecutivos se encargaran
de vender judicialmente su ajuar. Como se ve, la forma de valor de la mercancía, el dinero, por una
necesidad social que brota automáticamente de las condiciones del proceso de circulación, se con-
vierte ahora en fin último de la venta.
El comprador vuelve a convertir su dinero en mercancía antes de convertir ésta en dinero; es
decir, ejecuta la segunda metamorfosis de la mercancía antes que la primera. Pero la mercancía del
vendedor sólo circula, sólo realiza su precio, en forma de un título jurídico privado que le permite
reclamar el dinero. Se convierte en valor de uso antes de haberse convertido en dinero. Su primera
metamorfosis sólo se consuma a posteriorí.50
En todo periodo concreto del tiempo del proceso de circulación, las obligaciones líquidas
representan la suma de precios de las mercancías cuya venta las ha provocado. La masa de dinero
necesario para realizar esta suma de precios depende, ante todo, del ritmo circulatorio de los
medios de pago.
La función del dinero como medio de pago envuelve una brusca contradicción. En la medida en
que los pagos se compensan unos con otros, el dinero sólo funciona idealmente, como dinero arit-
mético o medida de valor. En cambio, cuando hay que hacer pagos efectivos, el dinero ya no actúa
solamente como medio de circulación, como forma mediadora y llamada a desaparecer de la
asimilación, sino como la encarnación individual del trabajo social, como la existencia autónoma
del valor de cambio, como la mercancía absoluta. Esta contradicción estalla en ese momento de las
crisis comerciales y de producción a que se da el nombre de crisis de dínero. Este fenómeno se da
solamente allí donde la cadena progresiva de los pagos cobra pleno desarrollo, desarrollándose
también un sistema artificial de compensación. Tan pronto como este mecanismo sufre una
perturbación general, sea la que fuere, el dinero se trueca brusca y súbitamente de la forma
puramente ideal del dinero aritmético en dinero contante y sonante. Ya no puede ser sustituido por
las mercancías profanas. El valor de uso de la mercancía se desvaloriza y su valor desaparece ante
su propia forma de valor.
Si analizamos la suma total del dinero en circulación durante un determinado período de
tiempo, vemos que, suponiendo que los medios de circulación y de pago tengan un ritmo de
rotación dado, es igual a la suma de los precios de las mercancías que hay que realizar más la suma
de los pagos vencidos, menos los pagos que se compensan unos con otros, y finalmente, menos el
número de rotaciones que la misma moneda describe funcionando alternativamente como medio de
circulación y como medio de pago. Así, por ejemplo, el labriego vende su trigo por 2 libras
esterlinas, lanzadas, por tanto, al mercado como medio de circulación. Con estas dos libras
esterlinas paga, al llegar el día de su vencimiento, el lienzo que le ha vendido el tejedor. Ahora, las
2 libras esterlinas, las mismas, funcionan como medio de pago. Así, pues, aun suponiendo que los
precios, el ritmo de la rotación del dinero y la economía de los pagos, permanezcan invariables, la
masa de dinero que rueda y la masa de mercancías que circula durante un período, durante un día,
por ejemplo, ya no coincidirán. Una parte del dinero en curso representa mercancías sustraídas
desde hace ya mucho tiempo a la circulación. Y una parte de las mercancías que circulan sólo
proyecta su equivalente en dinero en el porvenir. Además, los pagos contraídos cada día y los pagos
que vencen en ese mismo día son magnitudes absolutamente inconmensurables.54
El dinero–crédito brota directamente de la función del dinero como medio de pago, al ponerse
en circulación certificados de deudas representativos de las mercancías vendidas y como medio de
traspaso de los correspondientes créditos. De otra parte, al extenderse el sistema de crédito, se
extiende la función del dinero como medio de pago. Este cobra como tal formas propias de
existencia allí donde tienen su órbita las grandes transacciones comerciales, mientras que las
monedas de oro y plata quedan retraídas generalmente dentro de la órbita del comercio en pequeña
escala.55
Tan pronto como la producción de mercancías alcanza un cierto nivel y una cierta extensión, la
función del dinero como medio de pago trasciende de la esfera de la circulación de mercancías y se
convierte en la mercancía general de los contratos. Las rentas, los impuestos, etc., se convierten de
entregas en especie en pagos en dinero.
En cada país se imponen determinados plazos generales para los pagos. En parte, estos plazos,
prescindiendo de otros ciclos de la reproducción, responden a las condiciones naturales de la
producción, vinculadas al cambio de las estaciones. Pero estos plazos regulan también los pagos que
no brotan directamente de la circulación de mercancías, tales como los impuestos, las rentas, etc. La
masa de dinero que hay que movilizar en ciertos días del año para atender a todos estos pagos,
desperdigados por toda la superficie de la sociedad, origina perturbaciones periódicas, aunque
completamente superficiales, en la economía de los medios de pago.De la ley que rige el ritmo de
rotación de los medios de pago se desprende que, en lo tocante a todos los pagos periódicos,
cualquiera que sea su fuente, la masa de los medios de pago necesaria se halla en razón directa a
la duración de los plazos de pago
El desarrollo del dinero como medio de pago exige una cierta acumulación de dinero, al llegar los
términos de vencimiento de las sumas adeudadas. Mientras que, al progresar la sociedad burguesa,
el atesoramiento desaparece como forma independiente de enriquecimiento, se incrementa, en
cambio, bajo la forma de un fondo de reserva de medios de pago.
c) Dinero mundial
En el comercio mundial, las mercancías despliegan su valor con carácter universal. Su forma in-
dependiente de valor se enfrenta con ellas, por tanto, bajo la forma de dinero mundial. Es en el
mercado mundial donde el dinero funciona en toda su plenitud como la mercancía, cuya forma
natural es al mismo tiempo forma directamente social de realización del trabajo humano en
abstracto. Su existencia se ajusta por entero a su concepto.
En la órbita interna de la circulación sólo puede servir de medida de valor, y por tanto de
dinero, una mercancía. En el mercado mundial reina una doble medida de valor: el oro y la plata.
El dinero mundial funciona como medio general de pago, como medio general de compra y como
materialización social absoluta de la riqueza en general (universal wealth). Su función de medio de
pago, para nivelar los saldos internacionales, es la predominante. De aquí la consigna de los
mercantilistas: ¡balanza comercial!
Todo país necesita contar con un fondo de reserva, tanto para la circulación del mercado
mundial como para su circulación interior. Las funciones del atesoramiento responden, pues, en
parte, a la función del dinero como medio interior de circulación y de pago, y en parte a su función
como dinero mundial. En esta última función se requiere siempre mercancía dinero efectiva, oro y
plata en su corporeidad material, que es la razón por la que James Steuart define expresamente el
oro y la plata, a diferencia de sus representaciones puramente locales, como money of the world.
Valor de cambio: que "x" cantidad de la mercancía A igual a "y" cantidad de la mercancía
B significa que algo hace equivalentes a ambas cantidades de mercancías diferentes. Lo
que las hace comparables, conmensurables, medibles es la sustancia del valor. La
sustancia del valor hace abstracción de la utilidad de un objeto porque es una
característica cuantitativa, no una cualitativa como el valor de uso. La sustancia del valor
es el trabajo socialmente necesario para producir cierta cantidad de una mercancía con las
condiciones medias de trabajo. La magnitud del valor es la magnitud de la sustancia del
valor, que es el tiempo de trabajo invertido en la mercancía, por ejemplo: si "x" cantidad
de hierro es igual a "n" cantidad de pan, es porque, el tiempo necesario para producir "n"
cantidad de pan y "x" cantidad de hierro son proporcionalmente equivalentes.
Si 1 levita equivale a 20 lienzos de tela; dicho fenómenos puede medirse en tiempo de
trabajo para observar la equivalencia; de tal suerte que si un lienzo requiere 5 horas de
trabajo, entonces, 1 levita equivale a 100 horas de trabajo de lienzo. Por otra parte si la
levita requiere de 30 horas de trabajo del sastre, eso comprueba que 30 horas del trabajo
del sastre equivalen a 100 horas de trabajo del lienzo; por tanto, se trata de una
equivalencia directamente proporcional; expresada como:
30 K = 100.
k = 100 / 30-
k = 3.3333
Eso implica, que en determinado momento, la sociedad valora el trabajo del sastre para
fabricar una levita como un trabajo complejo, mientras que el trabajo del hilador del
lienzo, lo considera como un trabajo simple; una hora de trabajo del sastre es 3.3333
veces más que una hora del trabajo del hilador.
El valor de uso y el valor de cambio se deben al carácter bifacético (dual) del trabajo. El
trabajo es útil porque transforma materias primas y las convierte en cosas útiles, por
ejemplo, como convierte el hombre una semilla en un cítrico, o el mineral de hierro en
utensilios y herramientas. El trabajo abstracto es el gasto de trabajo humano
indiferenciado. Es la propiedad que queda si se separa el valor de uso de las mercancías y
hace que las mercancías sean comparables entre sí. El trabajo abstracto se vincula
orgánicamente con el valor como gasto de trabajo humano en general. El trabajo
abstracto puede ser simple, es decir no requiere ninguna destreza o conocimiento
especial o complejo que requiere un aprendizaje o práctica especial. Una cantidad de
trabajo complejo equivale a una cantidad de trabajo simple mayor. El propio Marx señaló
que ya en el siglo XVIII los economistas ingleses habían llegado a la concepción de trabajo
simple (unskilled labour), “el trabajo que puede efectuar cualquier individuo medio de una
sociedad dada”, considerado como gasto de “músculo, nervio, cerebro humano”.