SIRIA
Por: Manuel David Villegas Sierra
Durante seis años el presidente Hafez al Assad estuvo preparando a su hijo Bashar para la máxima
magistratura de Siria. Un cargo destinado inicialmente para el hermano de Bashar: Basil. Pero la
muerte destronó sus posibilidades el 21 de enero de 1994, en un accidente de tránsito a los 31
años. Entonces, Bashar regresó a su país desde Londres, en donde se especializaba en
oftalmología. Al morir Hafez al Assad, el 10 de junio del año 2000, se aceleró el proceso de
sucesión en Siria: su hijo Bashar de 34 años asumió la presidencia, y esto condujo a Siria a
convertirse en una república dinástica. Debido a su juventud, el parlamento enmendó la
constitución, pues el presidente debía tener un mínimo de 40 años. Así, el 11 de julio del 2000 es
nombrado presidente de Siria, considerada una de las principales enemigas de la primera potencia
militar del planeta.
Al asumir la presidencia Bashar, se encontró un país sumido en una crisis política y económica:
una nación empobrecida como consecuencia de la corrupción y la burocracia, después de tres
décadas de implacable represión y terror.
Bashar recibió el pleno apoyo de las fuerzas armadas; estas juegan un papel crucial en la política
del país. El pueblo puso todas sus expectativas en él al considerarlo un agente de cambio, a pesar
de su inexperiencia política. Bashar aspiraba a mejorar la calidad de vida de los sirios, con ideas
audaces para introducir al país en la era moderna.
Una vez asume las riendas de la primera “república dinástica” árabe, después de un discurso ante
el parlamento, Bashar anunció su interés de introducir a Siria al siglo XXI mediante reformas
modernizadoras: cambios económicos de manera gradual, remoción de obstáculos burocráticos,
reactivación del sector privado, hacer competitivo el sector público en los mercados internos y
externos, entre otras reformas. Bashar erigió los pilares para una nueva nación: la honestidad, la
transparencia y la eficiencia.
En la primera reforma, indultó y liberó a presos políticos islámicos al cerrar la cárcel de Mezze; en
la segunda, renovó su gabinete e introdujo reformas políticas y económicas (la Primavera de
Damasco); en la tercera, adquirió licencias de aplicaciones informáticas para su uso en las escuelas
de secundaria a través de la Sociedad Siria de Informática.
Pero sus buenas intenciones no tardaron en desvanecerse, es así como a principios del 2001
buscando la democratización del estado muchos intelectuales, artistas, escritores, científicos,
representantes de ciertos partidos políticos se dirigieron a la población y crearon el “Comité por la
reactivación de la sociedad civil” y anunciaron el nacimiento del “Movimiento Social por la paz”
abanderado por Riad Seif, parlamentario crítico del régimen, es por esto que a finales del 2001,
para lograr afianzar su posición interna, se cerraron todos los foros de discusión y se encarcelaron
los principales dirigentes de estos movimiento para así no permitir el surgimiento de cualquier
eventual recambio, ya sea dentro de la oposición como dentro del mismo Gobierno.
Desde sus inicios Bashar al-Assad favoreció a una micro-oligarquía al crear nuevos monopolios en
beneficio de su familia, se crearon algunos bancos privados repartiéndose el botín del régimen
cada vez en un círculo más estrecho, mientras que la calidad en los servicios especialmente en
salud y educación iban en decadencia, la población tenía que acudir a los costosos servicios
privados incluso para los servicios básicos.
Dos de las ramas más influyentes del Estado, la inteligencia militar y la guardia Republicana
llegaron a ser manejadas por su cuñado sef Shawka y su hermano Maher respectivamente,
mientras algunos miembros del Estado Mayor fueron obligados a retirarse o murieron en
circunstancias sospechosas. Bashar Al-Assad reconoció en el 2005 que enfrentaba numerosas
dificultades, debido a la falta de personal cualificado sumado a que su estructura administrativa era
ineficiente, no logra adelantar negociaciones de paz con Israel, ligadas a la devolución de los Altos
de Golán, perdiendo así la gran oportunidad de los beneficios económicos que un acuerdo de paz
le hubiera generado.
La etnia Alauí a la cual pertenece la familia al-Assad es una subrama del islán Chiita que
constituye apenas el 7% de la población, mientras que el 80% de la población son musulmanes
suníes, quienes vieron la muerte de Hafez al Assad como una oportunidad para que los alauíes
salieran del poder, especialmente porque los suníes no olvidan lo ocurrido en 1982 en la ciudad de
Hama, baluarte de la Hermandad Musulmana suní, donde hubo más de treinta mil muertos, debido
al brutal ataque de la fuerzas armadas ordenado por Hafez al Assad contra una tentativa de
revuelta islámica.
Que en Siria el poder esté en manos del clan Alauí quienes pertenecen a la rama chiita del Islam
significa que el país esté en un estado de conflicto constante y aunque con el ascenso de Bashar al
Assad las tensiones con las organizaciones del Islam Sunita y las cristianas bajaron, al estas poder
aumentar y reforzar sus redes de influencia, construyéndose más de diez mil mezquitas, cientos de
escuelas religiosas, dictándose más de doscientas conferencias dirigidas por clérigos, fortaleciendo
así la cooperación con las asociaciones cristianas y las fuerzas conservadoras de la sociedad, al
tener como propósito que todas las religiones se sintieran representadas dentro del Estado, debido
a que existían aproximadamente un total de 20 grupos étnicos, sin embargo, al ser una clase
dirigente que no controla toda la sociedad, sino solo unas pocas clases aliadas y auxiliares que
sirven como base social de su hegemonía, el gobierno se veía obligado a acudir a métodos
coercitivos (uso de la fuerza y el miedo) contra las clases opositoras.
Es así como en el 2011 la corrupción no cesaba, seguían las detenciones de destacados miembros
de la sociedad civil, no se promueve un acercamiento con occidente, la inexistencia de los
derechos democráticos, el empobrecimiento y la desigualdad social en aumento de una parte de la
sociedad. Fue en la ciudad de Daraa donde se inició el estallido de la ira popular contra la
“dictadura sin dictador”, a la que Bashar no dudo en responder con una despiadada y brutal
represión, digna del hijo de Hafez al Assad. A pesar de que Siria es una sociedad pluricultural, la
mayoría de su población es musulmana cuyas directrices para todos los aspectos de la vida se
encuentran en su libro sagrado el Corán, por lo tanto, para entender su permanente conflicto es
necesario comprender las diferencias religiosas entre sunitas y chiitas.
Fuentes:
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naturaleza-del-regimen-de-bashar-al-assad/