Dr.
Fabián Andrés Ramos Castañeda
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Tema 3
La revelación de Dios en la Historia
Teología I
Dr. Fabián Andrés Ramos Castañeda
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ÍNDICE
CONTENIDOS
Introducción.
3.1 Dios revela su designio amoroso.
3.2 Las etapas de la revelación.
A) Antiguo Testamento.
B) Nuevo Testamento.
La historia como Historia de la Salvación.
La historia de los israelitas.
3.3 La transmisión de la revelación.
Significado religioso de la historia de Israel.
3
Introducción
(Youcat, capítulo 2, nº 8)
«Dispuso Dios en su sabiduría revelarse a Sí mismo y dar a conocer
el misterio de su voluntad, mediante el cual los hombres, por medio
de Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al Padre en el Espíritu
Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina. En
consecuencia, por esta revelación, Dios invisible habla a los
hombres como amigos, movido por su gran amor y mora con ellos,
para invitarlos a la comunicación consigo y recibirlos en su
compañía» (cfr. Catecismo, 51).
Dios quiso :
• darnos a conocer en profundidad su ser, su intimidad, [quién es Dios: Trinidad-comunidad de
amor]
• manifestar el misterio de su voluntad: salvar al hombre, hacer que el hombre a través de Él
tenga acceso al Padre por el Espíritu.
La revelación cristiana se presenta como historia de la salvación en la cual Dios, en cuanto persona,
actúa y habla libremente, y el hombre se encuentra ante Él como aquel que está disponible para
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acoger su manifestación.
3.1 Dios revela su
designio amoroso
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3.1 Dios releva su designio amoroso.
Las palabras “revelar” y “revelación” etimol. “quitar el velo”, “descubrir”, “destapar”, dar a
conocer lo que está escondido.
Dios ha roto el silencio,
ha salido de su misterio,
La revelación cristiana es el darse a conocer de Dios a los hombres.
se ha dirigido al hombre
y le ha revelado los
Autocomunicación libre y gratuita de Dios secretos de su vida
personal y su designio
al hombre realizada por amor. de invitar al hombre a
Revelación en sentido religioso - elementos esenciales: participar de su vida.
▪Sólo Dios puede tomar la iniciativa de la revelación, es, por tanto, el sujeto activo
de la revelación.
▪Es un diálogo entre Dios y los hombres.
▪La revelación supone también la manifestación o descubrimiento
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3.2 Las etapas de la
revelación.
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3.2 Las etapas de la revelación
La revelación se desarrolló progresivamente. Etapas :
A) El Antiguo Testamento como preparación.
B) El Nuevo Testamento como culminación: tiene lugar con Jesucristo.
A) El Antiguo Testamento, períodos:
a) Desde el origen, Dios se da a conocer. Los primeros padres: Dios creó al hombre por puro
amor y estableció con él una relación íntima de amor. Como consecuencia, el hombre vivía
santamente y gozaba de la armonía de todo su ser. Espontáneamente el hombre estaba, vivía,
bajo la autoridad de Dios.
Pero el hombre se reveló contra Dios, quiso ser como él y contra él. Como consecuencia, cayó en
una situación desgraciada, que llamamos del "hombre caído" o de "privación del estado y
santidad original". Ante esta situación Dios no abandonó al hombre, sino que le prometió
redimirlo.
Dios, "después de su caída alentó en ellos la esperanza de la salvación con la promesa de la
redención, y tuvo incesante cuidado del género humano, para dar la vida eterna a todos los que 8
buscan la salvación con la perseverancia en las buenas obras" (DV 3).
b) La alianza de Dios con Noé Alianza indicadora de una nueva situación de la humanidad
Los hombres se dividen en naciones según
Las naciones no se entienden,
sus lenguas, clanes, costumbres, lugar o
consecuencia de la soberbia de
región que ocupan: “régimen de las
una humanidad caída, una
naciones". No se debe idolatrar la nación
humanidad que quiso construir
y menos hacer de ella algo que vaya
su futuro prescindiendo de Dios.
contra Dios, se debe estimar y contribuir
al bien de todos sus miembros.
c) Elección de Abraham: Dios elige a Abraham.
bendecir por medio de él a
le promete todas las naciones. Esa
Le manda salir de
descendencia numerosa
Mesopotamia
constituirá un día el pueblo
[actual Iraq]
hacer de él un gran pueblo teniendo una de Israel.
descendencia numerosa, darle una tierra
donde pueda vivir en paz (la llamada
"tierra prometida", la tierra de Canaán
(actual Palestina e Israel]), 9
Abraham obedeció a Dios e hizo de tal modo lo que le pidió que fue
llamado el "padre de la fe" y "amigo de Dios".
El pueblo nacido de Abraham será el depositario de la promesa hecha
a los patriarcas, el pueblo de la elección, llamado a preparar la reunión
un día de todos los hijos de Dios en la unidad de la Iglesia; ese pueblo
será la raíz en la que serán injertados los paganos hechos creyentes.
d) Dios forma a su pueblo Israel
Después de haber vivido un tiempo en Palestina, debido a la pobreza
sobrevenida en esas tierras, los descendientes de Abrahán emigraron a Egipto.
Los descendientes hebreos fueron explotados por Egipto. Entonces Dios suscitó
entre ellos un personaje llamado Moisés, elegido por Dios para liberar a los
israelitas de la opresión egipcia. Dios se aparece a Moisés y establece con él una
alianza. En ella Dios da a Moisés unos mandatos, un código, los "Diez
Mandamientos". Israel tiene que cumplir esos mandatos, que le indican la forma
de vivir santamente tanto en su relación con Dios como en la vida social.
Después de la etapa de los patriarcas, Dios constituyó a Israel como su pueblo
salvándolo de la esclavitud de Egipto. 10
e) Los profetas y la promesa de una Nueva Alianza. En la
historia de Israel, Dios suscitó "profetas", a los que
iluminó de manera especial y les comunicó sus designios
sobre Israel para que ellos se los comunicaran al pueblo
entero. Por eso se presentaron ante los demás como la
"boca de Dios". Corregían las faltas de Israel, recordaban
siempre la alianza del Sinaí, proponían un ideal de vida.
También anunciaron que Dios enviaría a alguien que
realizaría todas las esperanzas de Israel. A ese
“personaje” lo llamaron el Mesías, palabra que significa
Ungido: era el Ungido por Dios para llevar a cumplimiento
esas esperanzas porque Dios estaría con él.
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B) El Nuevo Testamento
La revelación alcanza su culmen en Jesucristo, segunda Persona de la Trinidad, plenitud de la revelación y
mediador supremo ante el Padre. El es la Palabra definitiva que el Padre .
Al hacerse hombre:
- el Hijo de Dios piensa con inteligencia de hombre, ama con corazón de hombre y trabaja con manos de
hombre (GS 22).
- para mostrarnos cómo ha de ser el hombre según los planes divinos y el destino a que somos llamados: la
gloria eterna.
El es el Mesías prometido en el Antiguo Testamento y el instaurador de la Nueva Alianza anunciada por los
profetas. En él se encuentra la respuesta definitiva al problema sobre el sentido de la vida que se plantea el
hombre. Como consecuencia, ya no habrá más revelación pública.
No habrá otra revelación
Sin embargo, aunque la Revelación esté acabada, no está completamente explicitada; corresponderá a la fe
comprender todo su contenido.
Revelaciones "privadas", algunas de las cuales han sido reconocidas por la autoridad de la Iglesia. No
pertenecen al depósito de la fe, su función no es la de "mejorar" o "completar" la Revelación definitiva de
Cristo, sino la de ayudar a vivirla más plenamente en una cierta época de la historia.
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La historia como Historia de la Salvación
GEOGRAFÍA DEL PUEBLO DE ISRAEL
Israel tiene una vinculación muy fuerte a una tierra concreta. Aunque en un principio fue un pueblo nómada, se asentó en una tierra lo hizo en
Palestina o Canaán.
A lo largo de la historia ha recibido diversos nombres:
Canaán, por ser la tierra de los cananeos, que la habitaban antes de la llegada de los israelitas.
Palestina, por ser el país de los filisteos, enemigos constantes de los israelitas, los cuales ocuparon aquellas tierras hasta que fueron derrotados por
los ejércitos de David.
Israel, nombre que dio Dios a Jacob (Gn32, 29) y que es el nombre actual del estado judío, aunque en la época del Antiguo Testamento designaba
sólo la parte norte del territorio de Palestina.
Los cristianos le dieron el nombre de Tierra Santa, porque Jesús, el Hijo de Dios nacido de María, la santificó con su presencia y con su palabra.
Situación
En la antigüedad, este territorio estaba rodeado por grandes imperios: Asiria, Babilonia, Persia...al norte, y Egipto al sur. Esta situación geográfica
marca la historia del pueblo de Dios, que se iba a ver constantemente amenazado en su independencia política.
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LA HISTORIA DE LOS ISRAELITAS.
La Biblia emplea varios nombres para designar al antiguo pueblo de Dios:
Hebreos: la raíz de este nombre significa pasar; los hebreos, en tiempo de
los patriarcas fueron hombres de paso, verdaderos nómadas.
Israelitas o hijos de Israel: Israel fue el segundo nombre de Jacob. Se le dio
este nombre por haber luchado con Dios y por estar junto a él.
Judíos: este nombre quiere decir hijos de Judá, palabra que significa alabar
o celebrar. En la actualidad se llama así a los miembros de este pueblo.
Palestina, situada entre Egipto y Mesopotamia, fue un lugar de paso de
caravanas y de ejércitos que originaron intercambios culturales y mezcla
de razas y pueblos, entre los que se encuentran los semitas,
descendientes de Sem, hijo de Noé. Un grupo de ellos constituirá el
pueblo de Israel o pueblo judío, en cuyo seno nacerá Jesús de Nazaret.
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Orígenes del pueblo. Época patriarcal
Los relatos que en la Biblia nos hablan de los patriarcas
(Gen 12-37) deben ser situados entre los siglos XX y XII a.C.
Este período está caracterizado por:
Las oleadas de poblaciones semitas e indoeuropeas que se producen en la zona en que Palestina está enclavada;
•La sucesión de diversos “imperios” que nacen, llegan a su máximo esplendor y luego desaparecen fragmentados, siendo
asimilados por otro pueblo o imperio que toma el relevo.
•Los grupos seminómadas se infiltran en el país de y lo recorren con sus ganados, asentándose paulatina y lentamente, y
conservando durante mucho tiempo sus estructuras tribales y familiares, hasta adaptarse a la vida sedentaria.
Los patriarcas bíblicos (Abraham, Isaac, Jacob, José) deben ser asimilados a estos grupos semitas, que tienen estructuras
sociales de tipo familiar con el padre a la cabeza; él es el encargado de realizar el culto, que consiste en banquetes y sacrificios
en honor del “dios del padre”, que se había relacionado con uno de sus antepasados, prometiéndole descendencia y tierra
donde asentarse.
15
Estos grupos conservan las tradiciones de su tribu en forma de “historias de familia” que se transmiten,
simplificándolas y refiriéndolas a sus antepasados. Cuando dos clanes se encuentran y asumen un mismo
proyecto en el futuro funden sus tradiciones hasta proceder de un común.
Este tipo de narraciones va a estar en el origen de los capítulos 12 a 37 de libro del Génesis, que comenzaron a
escribirse en el reinado de Salomón, s. X a.C.
Nacimiento del pueblo: El Éxodo
En Canaán, en la época de los patriarcas, se producían grandes sequías. Se sabe por las investigaciones
históricas que los grupos semitas que merodeaban por Canaán frecuentemente llegaban hasta Egipto,
buscando en el delta del Nilo solución a la sequía que se padecía en Palestina y mejores pastos para el ganado.
La familia de Jacob y las tribus israelitas llegaron a Egipto hacia el 1700 a.C. al principio, los egipcios los
trataron bien, porque eran parientes de José, gran visir del faraón, y porque el reducido número de israelitas
no significaba ningún peligro para ellos. Pero, a lo largo del tiempo, las cosas cambiaron Opresión del
pueblo de Israel (Ex 1,8-14).
En este momento interviene Dios. Israel descubre a Dios en su actuar en la historia, a través de su
liberación y del cumplimiento de las promesas (Ex3,7-8).
16
Dios llama a Moisés para liberar a su pueblo Horeb, Dios se manifestó a Moisés, le
reveló su nombre (Ex3,14) y le ordenó que liberara a sus hermanos de la esclavitud de
Egipto.
El desierto, camino elegido por Dios para llevar La liberación comienza con la
al pueblo a la tierra prometida, (Ex, 13,17s). celebración de la pascua. El
Durante el éxodo, los israelitas tienen que paso de Dios, matando a los
enfrentarse a numerosas dificultades
primogénitos egipcios y
pasando de largo ante las casas
El pueblo murmura contra Moisés y se pregunta, marcadas con la sangre del
¿está Dios con nosotros? cordero pascual.
A los tres meses llegan al desierto de Sinaí:
hecho decisivo para toda la historia de Israel.
La alianza entre Dios y el pueblo.
Dios entrega a Moisés el Decálogo.
17
La conquista de Canaán
Moisés murió antes de entrar a la tierra prometida y fue Josué,
su sucesor, el que inició la conquista de Canaán con la toma de
Jericó.
Durante su estancia en Egipto, los israelitas habían conservado
su organización en tribus. Cada tribu llevaba el nombre de uno
de los hijos de Jacob y de dos de sus nietos, Manasés y Efraín,
que eran hijos de José. Una vez conquistada Canaán, el
territorio se dividió en doce tribus.
Cada tribu se gobernaba por sus propias costumbres y por
sus propios jefes. En los períodos de crisis se unían las tribus y
elegían a un juez que dirigía la guerra y gobernaba sobre
todas ellas.
El último juez fue Samuel. Esta época histórica se relata en la
Biblia a través de los libros de Josué, Jueces y 1 Samuel.
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La llegada de la monarquía. Nacimiento del Reino.
Ante la amenaza de los filisteos de ocupar los territorios israelitas, el pueblo pide a Samuel un rey. Samuel se
niega porque piensa que en Israel sólo Dios es rey, pero ante la petición masiva elige a Saúl. Saúl se convirtió en
el primer rey de Israel, que gobernará sobre las tribus del norte y centro de Palestina. No consiguió suprimir el
peligro de los filisteos y muerto Saúl en una batalla, David fue ungido rey. David, el gran rey de Israel y Judá; bajo
su reinado se logra la unidad política entre las tribus del Norte y del Sur, se establece la capital en Jerusalén, se
organiza una administración central, y será recordado siempre como el rey ideal.
Después fue elegido Salomón, hijo de David, va a engrandecer la corte y orientará la sociedad hacia un estado
tecnócrata. Durante su mandato se construirá el Templo y diversas obras de tipo suntuario y de defensa.
Después fue elegido Salomón, hijo de David, va a engrandecer la corte y orientará
la sociedad hacia un estado tecnócrata. Durante su mandato se construirá el
Templo y diversas obras de tipo suntuario y de defensa.
Los impuestos crecerán de forma terrible con Salomón, a fin de mantener a los
funcionarios reales, sacerdotes y militares; se va resquebrajando la unidad política
del pueblo judío, anticipando la secesión, que tendrá lugar en el año 932 a.C., a la
muerte de Salomón.
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La división del reino.
En esta época de la historia, la situación internacional aparece dominada por Asiria, y por el imperio neobabilónico,
que dominará la situación a partir de finales del siglo VII. Serán estos dos gigantes los ejecutores del Reino del Norte,
el primero, y de Judá el segundo.
Los reinos divididos quedan en muy diferente situación tras la separación:
ISRAEL, el Reino del Norte (932-722 a.C.)
Engloba las tribus del Norte y del centro, es más extenso y rico, al tiempo que está más abierto a las influencias
extranjeras y al comercio.
Su primer rey, Jeroboan I, mandará construir dos santuarios en Dan y Betel para aislarse de la influencia que pudiera
ejercer el Templo de Jerusalén. A lo largo de dos siglos se van a dar unas profundas luchas por el poder, así como
una prosperidad que va a beneficiar a una minoría de la población, originando una situación de gran injusticia
que denunciarán los profetas Amós y Oseas.
En el 722 a.C., el imperio Asirio devastará el Reino de Israel, deportando a sus habitantes y repoblando el territorio
con extranjeros. Grupos de levitas del reino del norte van a buscar refugio a Judá, llevando consigo las tradiciones
que con el tiempo estarán en la base del Deuteronomio.
En adelante ese territorio será conocido con el nombre de Samaría, provincia autónoma de los imperios Asirios,
Babilónico, Persa y Helenistas.
20
JUDA, el Reino del Sur (932-587 a.C.)
El reino del sur estaba más resguardo y oculto en las montañas que
Israel.
Esto va a beneficiarle, pudiéndose salvar el imperio Asirio, que se
quedó a sus puertas en el reinado de Ezequías (722-698), mientras
que el hermano del norte sucumbía ante el ejército invasor.
Al contrario que en Israel, Judá conservó la dinastía de David. Esta
continuidad de la familia de David, sin embargo, no impide que rompa
la Alianza, cayendo Judá en la opresión social y la idolatría.
Josías (640-609) trató de reformar la vida del pueblo durante su
reinado, debido al hallazgo del Libro de la Ley (2 Re 22-23), que era el
núcleo del Deuteronomio. Esta reforma, sin embargo, no quedó sino
en lo superficial. Nabucodonosor, que sometió a toda Siria y
Palestina, entró en Jerusalén en el 587 a.C. pues que se había negado
a pagar su tributo a Babilonia. El territorio de Judá quedó asolado y
los judíos pertenecientes a las clases más activas y cultas fueron
deportados a Babilonia.
21
El destierro y la reconstrucción.
El poderoso rey babilonio Nabucodonosor emprendió
sucesivas campañas para conquistar Judá hasta que, en el año
597, tomó la ciudad de Jerusalén. El templo fue saqueado
primero y arrasado poco después. Deportó a babilonia en el
año 587 a.C., a los principales judíos. En Judea quedaron
después de la deportación sólo las clases más pobres. Sin
reino, ni monarquía; sin templo, en un país extraño, con gran
confusión sobre la actuación de Dios.
Durante el exilio se avivó la fe en el futuro Mesías, un salvador descendiente de David que liberaría a
Israel de todos sus males. Los profetas animaron esta esperanza.
Esta situación se modificará notablemente cuando Ciro, emperador de Persia, tome en el 539 Babilonia.
El nuevo soberano dará la libertad a los judíos para volver a su patria y edificar en Jerusalén el Templo.
Sin embargo, el proceso de reconstrucción es lento y está continuamente asediado por el acoso
samaritano.
Esta situación va a necesitar el ánimo que Ageo, Zacarías y el Tercer Isaías van a infundir en la población.
Al tiempo, sin reyes y con escasos profetas, el pueblo pasa a ser gobernado por sacerdotes,
organizándose un estado teocrático, regido por una ley civil y religiosa redactada por Esdras.
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Israel ya no volverá a ser independiente.
Cuando Alejandro Magno destruye el imperio persa, el pueblo elegido entrará dentro del ámbito de la
cultura helenista que Antíoco IV Epífanes va a tratar de imponer en el siglo II.
Una parte del pueblo, dirigida por los Macabeos, va a sublevarse contra esta medida, y, apoyado por
Roma, Simón Macabeo se convierte en el sumo sacerdote y jefe de la comunidad judía, que obtiene de
roma una independencia vigilada.
Los continuos enfrentamientos entre los diversos grupos judíos hacen que Pompeyo entre en Jerusalén en
el 63 a.C., destruyéndola e incendiando el Templo, quedando Judea incorporada a la provincia romana de
Siria.
Herodes el Grande fue nombrado rey de Judea en el año 40 por el senado
romano. A pesar de su intento de congraciarse con el pueblo a través de la
reconstrucción del Templo, su fomento de la cultura helenística va a molestar
a gran parte de los judíos. Durante su reinado, el pueblo vivió con una relativa
tranquilidad. A su muerte, el año 4 a. C. el reino se dividió entre sus hijos, de
los que conocemos sobre todo a Herodes Antipas por los datos que de él
tenemos por el Nuevo Testamento.
23
3.3 La transmisión de la
revelación
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3.3 La transmisión de la revelación
Dios "quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad" (1 Tim
2,4), es decir, al conocimiento de Cristo Jesús (cf. Jn 14,6). Es preciso, pues, que Cristo sea
anunciado a todos los pueblos y a todos los hombres y que así la Revelación llegue hasta los
confines del mundo: «Dios quiso que lo que había revelado para salvación de todos los
pueblos se conservara por siempre íntegro y fuera transmitido a todas las generaciones» (DV
7)” (Catecismo, n. 74)
LA TRADICIÓN APOSTÓLICA. La revelación, transmitida por la predicación de los
apóstoles
"Cristo nuestro Señor, en quien alcanza su plenitud
toda la Revelación de Dios, mandó a los Apóstoles
predicar a todos los hombres el Evangelio como
fuente de toda verdad salvadora y de toda norma de
conducta, comunicándoles así los bienes divinos: el
Evangelio prometido por los profetas, que Él mismo
cumplió y promulgó con su voz" (DV 7). (Catecismo,
n. 75) 25
Los Apóstoles transmitieron la revelación de dos modos:
Oralmente: transmisión que implica toda la persona y vida de los Apóstoles: por la predicación, el tes monio de vida, las ins tuciones que fundan,
el culto. Se le llama simplemente la Tradición o también la Tradición Viva.
Por escrito: Sagrada Escritura (la Biblia). El valor del escrito es que no se puede alterar el contenido, cosa que es fácil ocurra con la tradición oral,
a veces sin querer. Ante el peligro del olvido o de la alteración, los primeros cris anos, bajo la guía de los Apóstoles, pusieron por escrito su
comprensión y vivencia de la revelación.
El Espíritu Santo quien, con su iluminación e inspiración,
garantizó la delidad de la transmisión de la revelación
de Jesucristo hecha por los Apóstoles, tanto en el mod
o oral como en el modo escrito.
El Espíritu Santo quien, con su iluminación e inspiración,
garantizó la fidelidad de la transmisión de la revelación de
Jesucristo hecha por los Apóstoles, tanto en el modo oral
como en el modo escrito.
LA REVELACIÓN DIVINA ESTA CONTENIDA EN LA SAGRADA
ESCRITURA Y EN LA TRADICIÓN.
Único depósito donde se custodia la Palabra de Dios. La
tradición trasmite e interpreta la Sagrada Escritura, y esta a
su vez, verifica y convalida cuanto se vive en la Tradición. (Cfr,
26
catecismo. 80 -82).
fi
ti
ti
ti
La Tradición, fundada sobre la predicación apostólica, testimonia y transmite de modo vivo y
dinámico cuanto la Escritura ha recogido a través de un texto fijado. «Esta Tradición, que deriva
de los Apóstoles, progresa en la Iglesia con la asistencia del Espíritu Santo»( Cfr. Concilio Vaticano
II, Const. Dei Verbum,8).
La predicación o tradición de los Apóstoles continuada por los Sucesores en el MINISTERIO
APOSTÓLICO (= Sucesión Apostólica)
Los Apóstoles instituyeron sucesores suyos: los obispos. Éstos, presididos por el Papa, sucesor de
San Pedro, que era la cabeza de los Apóstoles, constituyen la Sucesión Apostólica. El papa preside
el Colegio Episcopal (= Cuerpo o conjunto de los obispos).
El Papa y los obispos juntos tienen la misión de dar la
interpretación autorizada de la revelación o, lo que es lo
mismo, tienen la última palabra en la interpretación de la
revelación: es lo que llamamos el Magisterio Eclesiástico.
Este oficio del Magisterio de la Iglesia es un servicio a la
palabra divina y tiene como fin la salvación de las almas; no
está sobre la palabra de Dios, sino que la sirve, enseñando
solamente lo que le ha sido confiado, por mandato divino y
con la asistencia del Espíritu Santo. 27
Dicho Magisterio tiene dos grados: el ordinario y el
extraordinario. Éste último tiene más autoridad y
alcanza su culmen cuando, poniendo en juego toda
su autoridad, propone de modo infalible que una
verdad pertenece a la revelación: es lo que llamamos
magisterio definitivo, que alcanza su forma más
solemne en la definición dogmática. Puede hacer
esto porque goza de una asistencia especial del
Espíritu Santo.
La Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio de la
Iglesia constituyen, por tanto, una cierta unidad, de modo
que ninguna de estas realidades puede subsistir sin las
otras. El fundamento de esta unidad es el Espíritu Santo,
Autor de la Escritura, protagonista de la Tradición viva de la
Iglesia, guía del Magisterio, al que asiste con sus carismas.
28
SIGNIFICADO RELIGIOSO DE LA HISTORIA DE ISRAEL
Dios se ha querido revelar en la historia haciendo de la historia humana lugar donde acaece la
salvación.
Que Dios escogiese al pequeño pueblo semita, nacido del pastor errante, Abraham, en un tiempo
oscuro y remoto y que hiciese de él una historia abierta a lo universal y al futuro, sólo se puede
entender leyendo esta historia con los ojos de la fe, descubriendo la experiencia profunda que
este pueblo vive y que expresa por medio de la Sagrada Escritura.
La Promesa
Podríamos definir este momento como la «llamada» que anuncia y
abre un futuro nuevo de plenitud que proviene de Dios. Esta promesa
se experimenta como realidad en la vida de Abraham, a quien se
anuncia la posesión de una tierra y el nacimiento de un verdadero
pueblo, que será su descendencia.
Plenitud Jesús como la Resurrección y la victoria sobre la muerte
en la Nueva Jerusalén celestial, consumación del Reino de Dios.
Promesa motor en el camino hacia la Tierra prometida, que se
concreta en el Espíritu Santo derramado sobre los creyentes en Jesús.
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La liberación
Esta etapa es prefigurada en la vivencia de la Pascua, signo clave de
salvación, cuando el pueblo judío es liberado de la esclavitud de Egipto.
Los cristianos vivimos esta experiencia en la Pascua de Jesús que, por su
paso de la muerte a la Vida, ha destruido el mal que oprime al hombre. La
plenitud total será cuando se hagan presentes el cielo nuevo y la tierra
nueva.
La Alianza
Israel vive la Alianza como el compromiso que Dios adquiere al
revelarse en el monte Sinaí. A esta fidelidad de Dios, va a
responder Israel con su cerrazón y el deseo de seguir a otros
dioses. Esta situación la denunciarán los profetas.
Este futuro toma realidad en la Alianza definitiva sellada en la
sangre de Jesús y realizada en su Resurrección. A partir de
entonces no es que Dios esté con su pueblo, sino que somos
constituidos familia de Dios porque participamos de su mismo
aliento divino, de su Espíritu.
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El Reino
Es la presencia de Dios reinando en su pueblo, que se concreta en el rey David, cuyo
reino se intuye como imagen y figura del porvenir. En Jesús, el reino se hace presente, se
inaugura, comenzando la nueva creación que surge de la transformación interior de todo
lo existente.
Jesucristo, centro de la Historia
Por todo lo hasta ahora expuesto, podemos descubrir cómo
Jesús se presenta como la revelación plena de Dios y la
salvación definitiva del hombre.
Jesús es desvelamiento pleno de ese Dios que, fiel a sí mismo y
a su criatura, promete al hombre colmar sus ansias y sus
búsquedas; revelación del Dios que Israel descubre como
salvador al salir de la esclavitud de Egipto y de toda tierra de
opresión; presencia perenne de una Alianza que es entrega
absoluta de Dios en fidelidad a un pueblo y signo increíble de
ese Reino que, en plenitud, es destino de su peregrinar.
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