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Para Comprender El Catecumenado - Floristán

El documento aborda la restauración del catecumenado en la Iglesia tras el Concilio Vaticano II, destacando la necesidad de una adecuada iniciación cristiana para adultos y jóvenes. Se analizan las diversas formas de catecumenado y la importancia de la pastoral catecumenal en un contexto cultural cambiante. El autor propone un enfoque global que incluye la historia del catecumenado, sus etapas y la necesidad de creatividad en la acción pastoral para fomentar una comunidad cristiana activa.
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Para Comprender El Catecumenado - Floristán

El documento aborda la restauración del catecumenado en la Iglesia tras el Concilio Vaticano II, destacando la necesidad de una adecuada iniciación cristiana para adultos y jóvenes. Se analizan las diversas formas de catecumenado y la importancia de la pastoral catecumenal en un contexto cultural cambiante. El autor propone un enfoque global que incluye la historia del catecumenado, sus etapas y la necesidad de creatividad en la acción pastoral para fomentar una comunidad cristiana activa.
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EL CA1ECUM

Casiano Floristán

rbo div
Para comprender
EL CATECUMENADO
Casiano Floristán

EDITORIAL VERBO DIVINO


Avda. de Pamplona, 41
31200 ESTELLA (Navarra) - España
1989
t

Dibujos: Mariano Sinués.


® Casiano Floristán - ® Editorial Verbo Divino, 1989 . Es propiedad . Printed in Spain .
Fotocomposición: Cometip, S. L., Plaza de los Fueros, 4. 31010 Barañain (Navarra) .
Impresión: Gráficas Lizarra, S. L., Ctra. de Tafalla, km. 1. 31200 Estella (Navarra) .
Depósito Legal: NA. 392-1989.
ISBN 84 7151 618 7
Introducción

Después que el concilio Vaticano II restauró pa- les y religiosas han variado profundamente. Tam-
ra toda la Iglesia el catecumenado, y en especial a poco podemos repetir, con el catecismo en la mano,
partir de la promulgación en 1972 del Ritual de la la iniciación escolar propia de la cristiandad. Nos
iniciación cristiana de adultos, han surgido por hallamos en un mundo laico, pretendidamente
todas partes diversas iniciativas catecumenales. adulto, emancipado de la tutela religiosa, en el que
Con frecuencia se llama catecumenado a un sinfín la Iglesia no es ya la gestadora de la única cultura,
de experiencias pastorales tan variadas como la sino portadora de una visión cultural particular
mera catequesis de adultos, la catequesis de adultos que se debate entre otras muchas cosmovisiones. Se
de inspiración catecumenal, el catecumenado es- impone una búsqueda creativa y seria de un nuevo
tricto con adultos que se preparan al bautismo y la proceso catecumenal dirigido a los adultos en
iniciación de jóvenes a la confirmación. proceso de iniciación o de reiniciación.
Lo que en el fondo se observa en todo el ancho En 1972 publiqué El catecumenado (PPC, Ma-
campo de la pastoral catecumenal es que muchos drid) con el deseo de ayudar en la iniciación
bautizados adultos no han recibido a su debido cristiana a quienes trabajaban entonces en el
tiempo una adecuada iniciación cristiana. El sacra- naciente proceso catecumenal. Seis años más tarde,
mento ha sido más precoz que la catequesis, ya que en 1978, apareció mi trabajo La evangelización,
el esfuerzo iniciatorio cristiano se ha desarrollado tarea del cristiano (Cristiandad, Madrid), después
después del bautismo, con la particularidad de del sínodo sobre la evangelización y de la exhorta-
llevarse a cabo en la niñez o, en todo caso, antes de ción Evangelii nuntiandi de Pablo VI, en pleno
entrar en la vida adulta, sin olvidarnos de que hervor de reflexiones misioneras. Ambos libros,
muchas iniciaciones han sido netamente preconci- agotados al poco tiempo de su aparición, me han
liares. Hoy comprobamos que en muchos casos la servido ahora para reelaborar una parte del trabajo
familia se inhibe en la educación cristiana de los presente, que aparece en Editorial Verbo Divino.
niños, bien porque los padres son escasamente
creyentes, bien porque no saben dar a sus hijos Mi reflexión sobre el catecumenado intenta ser
mínimas razones de su esperanza. Todo se confía a global. Comienzo por el hecho de la iniciación, en
una futura religión escolar o a una ascendente pero donde incluyo la iniciación religiosa a secas, el
incompleta catequesis parroquial. No es extraño catecumenado como iniciación cristiana, la reini-
que se necesite una preparación cristiana de adul- ciación de bautizados y la identidad cristiana. La
tos, directa o remotamente catecumenal. segunda parte se centra en la historia del catecume-
nado. Trato de obtener algunas conclusiones pasto-
Parece obvio que hoy no podemos repetir ar- rales de la iniciación antigua y de su desaparición.
queológicamente el catecumenado antiguo de los También me detengo en la restauración conciliar
primeros siglos, aunque nos sirva de marco y del catecumenado, después de analizar la renova-
referencia; sencillamente, las condiciones cultura- ción de la iniciación antes del concilio. La pastoral

PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO 5


catecumenal era ya antes del Vaticano II, sobre poner algunas directrices que ayuden a los respon-
todo en África y en Francia, una espléndida reali- sables de la pastoral catecumenal. La praxis catecu-
dad, surgida en los años fecundos misioneros que menal es cada día más variada y original. Y, por
siguieron a la última guerra mudial. Es cierto que supuesto, más necesaria. No sólo crecen entre
gran parte de la terminología empleada en el nosotros los increyentes y los creyentes no practi-
moderno catecumenado ha sido y es deudora de la cantes, sino que los cristianos nunca terminamos de
iniciación cristiana primitiva, ya que no había experimentar el proceso básico de la iniciación; en
entonces otro modelo de referencia más patente. cierto sentido somos catecúmenos durante toda la
Precisamente para comprender mejor algunos vo- vida.
cablos, he incluido un léxico de términos técnicos.
La tercera parte intenta describir el itinerario La acción pastoral, y en concreto la pastoral
catecumenal en sus cuatro etapas: precatecumena- catecumenal, necesita imaginación y creatividad.
do, catecumenado, cuaresma y tiempo pascual. La Sólo así será posible que la Iglesia cuente con
cuarta parte pone de relieve la acción catecumenal a militantes cristianos, testigos de la fe en la esperan-
través de los constitutivos centrales de la inicia- za, comprometidos en el crecimiento del reino de
ción: conversión, catequesis, liturgia y comunidad. Dios, que ayuden a otros en el proceso de conver-
sión y les inviten a participar en el itinerario de la
He pretendido, como ya lo intenté hace quince iniciación cristiana.
años, recoger experiencias y reflexiones pastorales
de dentro y fuera de nuestro país, insinuar nuevos 6 de enero de 1988
caminos, confrontar prácticas con teologías y pro- Solemnidad de la Epifanía del Señor

6 PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


SIGLAS

AAS Acta Apostolicae Sedis


AG Ad gentes. Decreto sobre la actividad
misionera de la Iglesia
CC La catcquesis de la comunidad. Docu-
mento de la Comisión Episcopal Espa-
ñola de Enseñanza y Catequesis
CD Christus Dominus. Decreto sobre el de-
ber pastoral de los obispos
CELAM Conferencia Episcopal Latinoamericana
CFP. Conceptos fundamentales de pastoral, ed.
por C. Floristán y J. J. Tamayo, Cristian-
dad, Madrid 1983
CIC Codex luris Canonici. Código de Derecho
Canónico
CT Catechesi tradendae. Exhortación de
Juan Pablo II
DCG .... Directorium Catechisticum Genérale. Di-
rectorio general de pastoral catequética
EN Evangelii nuntiandi. Exhortación de Pa-
blo VI
GS Gaudium et spes. Constitución pastoral
sobre la Iglesia en el mundo actual
LG Lumen gentium. Constitución dogmática
sobre la Iglesia
LMD ... La Maison-Dieu
LThK .. Lexikon für Theologie und Kirche
PC Perfectae caritatis. Decreto sobre la ade-
cuada renovación de la vida religiosa
PO Presbyterorum ordinis. Decreto sobre el
ministerio y vida de los presbíteros

PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO 7


RICA Ritual de la iniciación cristiana de
adultos
RGG Die Religión in Geschichte und Gegen-
wart
ThWNT Theologisches Wórterbuch zum Neuen
Testament
SC Sacrosanctum Concilium. Constitución
sobre la sagrada liturgia

8 PARA COMPRENDER EL CATECVMENADO


I
EL HECHO DE LA
INICIACIÓN
1
Iniciaciones
religiosas

El término iniciación procede del verbo latino comunidad 2o grupo humano con unos valores
in-ire que significa «entrar dentro». Equivale a todo espirituales .
proceso de maduración, desarrollado durante un
cierto tiempo, para lograr la identificación de una
persona con un grupo concreto o una comunidad 1. Diversidad de iniciaciones
específica. El iniciado religioso (en griego mystes) es
introducido mediante un rito o initium, participan- a) La iniciación en las religiones mistéricas
do así en los beneficios salvadores de la asociación greco-orientales
religiosa. Iniciación es fundamentalmente comien-
zo y aprendizaje de una experiencia religiosa que La iniciación mistérica, a diferencia de otras
intenta ser definitiva, ya que constituye un cambio iniciaciones religiosas arcaicas, produce mediante
de estado, la transformación del ser, la adquisición el rito del ingreso una cierta salvación, sea de la
de un nuevo estatuto '. Son momentos iniciáticos muerte (Eleusis), del ciclo de la existencia (Orfis) o
importantes el paso a la edad adulta, el matrimonio del mal cósmico humano (Mitra). Initia, en plural,
y la muerte. Pero al mismo tiempo la iniciación es equivale a los misterios propios de los cultos del
un rito secreto, en el sentido de que el iniciado se área greco-romana en los siglos anterior y posterior
compromete a guardar silencio. En definitiva, la al nacimiento de Cristo 3 . Misterio es el secreto de
iniciación religiosa es un rito secreto de entrada en
el ámbito de lo sagrado o en la vida religiosa,
2
Para el estudio de la iniciación es fundamental el trabajo
de M. Eliade, Iniciaciones místicas, Taurus, Madrid 1975,
1
Cf. J. Ríes, Les rites d'initiation et le sacre, en J. Ries (ed.). traducción del inglés Birth and Rebirth (1958) y publicado en
Les rites d'initiation (Actes du Colloque de Liége et de Louvain-la- francés en una primera edición titulada Naissances mystiques.
Neuve, 20-21 novembre 1984), Centre d'Histoire des Religions, Essais sur quelques types d'initiation (1959) y en una segunda con
Lovaina 1986, 27; A. Pasquier, Sociedad de iniciación, sociedad en el nombre de Initiation, rites, sociétés secretes. Naissances
busca de iniciaciones: «Concilium» 142 (1979) 171-187; L'initia- mystiques (1976).
tion. Dossiers du Centre Thomas More, La Tourette 1977 y en 3
R. Falsini, L'iniziazione cristiana e i suoi sacramenti, Ed.
LMD 133 (1978). O. R., Milán 1986, 9.

PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO 1 1


ciertas doctrinas o de ciertas prácticas cuyo conoci- un conjunto de ritos y enseñanzas orales que tiene
miento es producido por la iniciación 4 . La inicia- por finalidad la modificación radical de la condi-
ción es, pues, entrada en el misterio. ción religiosa y social del sujeto iniciado» 9 . Para el
En el AT, escribe X. Léon-Dufour, «los secretos conocido historiador de las religiones citado, la
divinos conciernen al designio eterno de salvación; iniciación «es uno de los fenómenos espirituales
no se pone de relieve el aspecto impenetrable para más significativos de la historia de la humani-
la razón, sino su carácter de revelación» . El dad» 10 .
término neotestamentario misterio no equivale al
de los cultos orientales o religiones mistéricas de c) La iniciación en los procesos
los griegos. En un sentido lato, misterio significó en
las religiones greco-romanas algo oscuro, escondido
culturales de socialización
o secreto. El acento cristiano no está puesto en lo
secreto, sino en lo revelado. Puede decirse que los El término iniciación, en un sentido cultural
misterios, según el NT, son las acciones salvadoras amplio, equivale a introducción, aprendizaje, edu-
o intervenciones de Dios en la instauración del cación, inculturación o «socialización», que los
reino. Estaban ocultas al principio, pero se han sociólogos entienden como «el proceso mediante el
revelado después, al irrumpir Dios en la historia cual se transmiten a un nuevo miembro de un
por medio de ciertos acontecimientos. Marcos ha- grupo social los valores, normas, actitudes y com-
bla del «misterio del reino de Dios» (Me 4, 10-12), portamientos compartidos por los miembros ya
que en realidad es la persona y obra de Cristo. Para existentes del mismo grupo» " . Dicho de otro
san Pablo, el misterio tiene un sentido cristológico: modo, es el procedimiento empleado para que una
es Jesucristo 6 . o más personas acepten consecuentemente los
modos de pensar y obrar con intenciones funda-
mentalmente generadoras, liberadoras o emancipa-
b) La iniciación en las religiones doras.
arcaicas sin escritura En la sociedad actual no subsisten las iniciacio-
nes de antaño. A lo sumo se encuentran en estratos
Según M. Eliade, «todas las sociedades premo- profundos de la cultura popular religiosa. Las tres
dernas, esto es, las que en Occidente han perdurado clásicas instituciones de la iniciación, es decir, la
hasta la Edad Media, y en el resto del mundo hasta Iglesia, la familia y la escuela, tienen muchas
la primera guerra mundial, asignan una función de dificultades para fomentar la reinserción de sus
p r i m e r orden a la ideología y a las técnicas de propios miembros. Quizá por eso hay u n a gran
iniciación» 7 . En las religiones arcaicas e históricas, preocupación en las sociedades modernas y en las
la iniciación es, según R. Bastide, «el conjunto de Iglesias sobre la transmisión de una generación a
ceremonias por las cuales uno es admitido en el otra de lo que las constituye 12 . Según A. Pasquier,
conocimiento de ciertos misterios» 8 . «Por inicia- la transmisión «se presenta bajo tres formas: la
ción -escribe M. E l i a d e - se entiende generalmente instrucción, el aprendizaje y la iniciación», de
acuerdo a los interlocutores que intervienen, los
contenidos transmitidos, las modalidades de comu-
4
D. Lamarche, Le baptéme, une initiation?, Paulines-Cerf,
París 1984, 14.
5 9
X. Léon-Dufour, Diccionario del Nuevo Testamento, Cris- M. Eliade, Iniciaciones místicas, op. cit., 10.
tiandad, Madrid 1977, 310. 10
Ibid., 19.
6
Cf. G. Bornkamm, Mysterion, en ThWNT, IV, Stuttgart 1
' B. Tellia, Socialización, en F. Demarchi y A. Ellena (eds.),
1942, 810-831. Diccionario de Sociología, Paulinas, Madrid 1986, 1569.
7
M. Eliade, Iniciaciones místicas, op. cit., 10. 12
Cf. Instituí Catholique de París, Essais de théologie
8
R. Bastide, Initiation, en Encyclopaedia Universalis, VIII, pratique. L'institution et le transmettre, Beauchesne, París 1988,
París 1970, 1031. especialmente los trabajos de J. Audinet y A. Pasquier.

1 2 PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


nicación y los objetivos perseguidos 13 . Estos tres iniciaciones al mundo familiar, a la vida sexual y
tipos de transmisión los podemos resumir en el afectiva, a la cultura tribal o social, al oficio laboral
siguiente cuadro : y al cometido político. Evidentemente, es significa-
tiva, según la etnología, la iniciación religiosa,
ENSEÑANZA APRENDIZAJE INICIACIÓN amenazada en las sociedades modernas por el
aprendizaje de técnicas concretas y por la educa-
TRANSMISOR Profesor Perito Maestro ción de una cultura racional a través de un sistema
(¿quién?) escolar de tipo «reproductor», racionalista, laico y
RECEPTOR en ocasiones laicista.
Discípulo Aprendiz Novicio
(¿a quién?)
- Aunque el proceso educativo dura toda la
CONTENIDO Materias, Habilidades Pruebas vida, hay una etapa fundamental socializadora que,
(¿qué?) ideas, procedimientos, (mitos y ritos) de ordinario, se desarrolla en los primeros años de
verdades aptitudes la vida de una persona como anticipo del comporta-
miento adulto. Toda iniciación cultural anticipa lo
Discurso Ejercicios Decisión, que se hará más tarde en la etapa de la madurez
MODALIDADES verbalizado repetidos cambio personal, hasta conseguir que el candidato sea un miembro
(¿cómo?) (exposición, y motivados admisión social con plena garantía, en aquel ámbito en donde
demostración,
memorización)
se desarrolla la socialización.
- Al comienzo de la iniciación, toda persona
OBJETIVOS Comprensión, Transformación, Superación que empieza un proceso es tabula rasa, no sabe ni
(¿qué fines?) aplicación creación de una etapa
tiene experiencia, aunque es en principio un ser
CLAVES Representación Repetición Operación
dúctil y maleable para el aprendizaje. Evidente-
del mecanismo conceptual práctica simbólica mente deben ser tenidos en cuenta todos los
factores personales, tanto innatos como ambienta-
les. Con todo, aunque el primer proceso socializa-
dor recibido en la juventud es determinante, cabe
En las sociedades antiguas predominaba la afirmar que la iniciación, al menos la cristiana, es
transmisión por medio de la iniciación, que era susceptible de llevarse a cabo en la edad adulta
social y religiosa al mismo tiempo. En nuestra como reiniciación. De hecho, nunca se empieza de
sociedad actual predomina la transmisión por cero.
medio del aprendizaje, técnico o social. Incluso el
saber es de tipo operativo. La iniciación religiosa - La iniciación es básicamente un aprendizaje
cristiana se advierte hoy en el rito del bautismo de de normas, valores, símbolos y comportamientos.
niños y en la catequesis de primera comunión. Con De una parte, la iniciación incluye funciones socio-
mucha dificultad se observa hoy una iniciación a culturales, simbólicas y políticas correspondientes
los viejos mitos, fiestas populares, tradiciones ri- a modelos culturales relacionados con la vida y la
tuales, etc. No obstante, en todo proceso básico muerte, la integración de los adolescentes o jóvenes
socializador podemos observar, desde el ángulo de en la vida adulta o la pertenencia a un grupo social,
la iniciación, los siguientes aspectos relevantes: restringido y exigente. De otra, afecta plenamente a
lo más profundo y global de la persona. La inicia-
- Nadie nace a la vida iniciado. A lo largo de la
ción transmite no solamente esquemas culturales,
vida, la persona recibe, de ordinario con muchas
sino que sitúa a la persona en un rol social
deficiencias, diversas iniciaciones. Señalemos las
entendido como enteramente nuevo.
- Las dificultades que manifiestan las diversas
13
A. Pasquier, Typologie des mécanismes du transmettre, en socializaciones básicas son evidentes. Basta obser-
Essais de théologie pratique, op. cit., 117. var la escasa coherencia que tiene la sociedad
14
Ibid., 133. moderna y la dificultad que hoy posee la juventud

PARA COMPRENDER EL CATECUMESADO 1 3


en su integración social. Recordemos que las inicia- cias sociales y religiosas t5 . La iniciación tiene que
ciones culturales básicas son vitales, necesarias e ver estrechamente con las tradiciones sagradas y
incluso imprescindibles; son complejas porque afec- los mitos (protológicos y escatológicos) y, como
tan a algo medular; superan el marco escolar, consecuencia, con las creencias y las conductas. El
manifiestamente insuficiente; se basan en observa- «neófito» descubre en la iniciación un nuevo senti-
ciones y experiencias directas que se repiten y que se do de la vida mediante la pertenencia a un grupo,
dan entre persona y persona o en grupo; y exigen un con el que se identifica, asumiendo sus valores y
cierto proceso de aprendizaje y maduración, en el razones de vivir, hasta adquirir una nueva forma de
que se evalúan y contrastan experiencias y se ser. Por otra parte, el equipo iniciador se reinicia a
indaga el sentido de las mismas. su vez en un proceso ascendente de madurez, al
- De ordinario se da una fuerte tensión entre paso que se reconstruye constantemente como
dos posiciones: los defensores literales de repetir la grupo.
iniciación recibida (con los mismos gestos, símbo- «Toda sociedad primitiva -afirma M. Eliade-
los, contenidos, esquemas, etc.) y los que desean posee un conjunto coherente de tradiciones míticas,
cambiar profundamente el modo de integrarse en el una concepción del mundo , y es esta concepción la
orden social establecido, al considerar el estatuto que será gradualmente revelada al novicio en el
social recibido como estado de alienación y conce- curso de su iniciación» 16. Por supuesto, no se trata
bir el futuro como tiempo emprendido de libera- de una enseñanza, sino de una instrucción sagrada
ción. Las instituciones encargadas tradicionalmen- como término de una preparación espiritual.
te de las iniciaciones (familia, escuela, iglesia, etc.)
han adoptado inevitablemente un sello burocrático,
de acuerdo al sistema establecido, enaltecedor de la b) Los ritos
autoridad y de las virtudes pasivas y desestimador
de los valores sociales nuevos. Los innovadores Esencial a la iniciación es el conjunto de cere-
pretenden cambiar las relaciones entre cultura y monias rituales que en un momento dado se
estado social, las condiciones de ingreso, las exigen- administran o se celebran. De ordinario no se
cias de participación, el estatuto comunitario y los reduce el ceremonial a una sola celebración. A lo
símbolos y valores, al paso que los conservadores largo de todo el aprendizaje de comportamientos,
intentan mantenerlos sin cambio. creencias y conocimientos, se desarrollan una serie
de ritos.
En el ámbito de la religiones, un rito de
iniciación es una acción simbólica, llevada a cabo
2. Constitutivos de la iniciación religiosa por los iniciadores según unas normas precisas,
para hacer eficazmente presente en el iniciado la
realidad transcendente simbolizada 17. Tres rasgos
caracterizan a los ritos de iniciación:
a) La instrucción
- En primer lugar son irrepetibles, es decir,
La iniciación entraña por lo general el conoci- imprimen su «carácter» propio de una vez para
miento de ciertos misterios. Más que una instruc- siempre. Todo rito de iniciación actualiza el aconte-
ción es una preparación espiritual que ayuda a que cimiento primordial de la cosmogonía y de la
el neófito se introduzca en un mundo de valores antropogonía. Para rehacer el comienzo es necesa-
religiosos, que abarca la mística de la tribu y una
determinada cosmovisión del mundo. Las enseñan-
zas contenidas en la iniciación se refieren al mundo 15
D. Lamarche, Le baptéme..., op. cit., 16.
de los dioses y de los ancestros, a saber, a todo lo 16
M. Eliade, Iniciaciones místicas, op. cit., 10.
que sucedió «in illo tempore» y que ahora ocurre en 17
Cf. J. Martín Velasco, Lo ritual en las religiones, Fundación
el iniciado y en el grupo iniciador con consecuen- Santa María, Madrid 1986.

14 PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO 15
rio abolir lo que existe. De ahí el «regressus ad relatan las gestas creadoras de los orígenes. En
uterum» y el simbolismo ritual de la muerte 18 . definitiva, la iniciación es un nacimiento místico o
- En segundo lugar son ritos de paso o de nuevo nacimiento, a saber, creación del hombre
tránsito, en relación a la persona más que a la nuevo o del «homo religiosus» adulto.
naturaleza. Se llevan a cabo cuando el sujeto
transita «de una edad a otra y de una ocupación a
otra» l 9 , como es el caso del nacimiento, infancia,
pubertad, matrimonio, maternidad, profesión y 3. El proceso de la iniciación religiosa
muerte. Al aprendizaje religioso le acompaña una
ceremonia; de este modo se celebra el tránsito de
una sociedad a otra, de un estadio de vida a otro a) La ruptura
estadio nuevo y de un género de vida a otro género
nuevo. Los ritos de la iniciación comienzan siempre con
una ruptura. A. van Gennep los denomina «ritos de
- En tercer lugar, los ritos de la iniciación separación», S. Vierne «ritos de preparación» y R.
producen una mutación ontológica del régimen Bastide «ritos previos de purificación». La ruptura
existencial. De ahí que la iniciación sea entendida es respecto del círculo materno y del mundo de la
por M. Eliade como «imitatio dei». infancia, y se simboliza con la separación del
candidato de su propia madre. A veces, la ruptura
c) La estructura con la vida anterior de ignorancia, irresponsabili-
dad o pecado se lleva a cabo por medio de un baño o
- Un primer elemento esencial en la estructura quema de los vestidos viejos.
de los ritos de iniciación es la referencia a un
arquetipo. «El arquetipo -afirma J. Ries- es un b) Las pruebas
modelo situado en los orígenes y considerado como
iniciador en el cuadro del desarrollo del rito» 2 0 . Es Los candidatos entran en el recinto de lo
lo que da eficacia a la acción h u m a n a por pertene- sagrado o en el secreto del santuario. De una parte
cer al mundo sobrenatural. Gracias al ritual, el sufren algunas pruebas (tatuajes, mutilaciones,
arquetipo da una dimensión de plenitud a la vida luchas, etc.) y de otra se socializan mediante los
del iniciado. mitos de la tribu. Así adquieren una educación
- El segundo elemento es el simbolismo de la moral para saber controlarse (dominando el miedo,
muerte iniciática. La iniciación transporta al novi- el dolor, los sentimientos, etc.) y adquirir hábitos de
cio del tiempo actual al «illud tempus» del princi- fraternidad (compartir la vida del grupo, la respon-
pio por medio de una muerte a una situación sabilidad, etc.). La prueba iniciática por excelencia
anterior. es la circuncisión . En esta etapa, los candidatos
conocerán las palabras de los dioses, el mito de los
- A la muerte iniciática sigue, como tercer orígenes y el relato primitivo que funda toda
elemento, el nuevo nacimiento, que consiste en esperanza a través de representaciones teatrales y
asumir la existencia que los ritos producen en el de juegos escénicos, celebrados de noche, a la luz de
neófito. En la simbólica del nuevo nacimiento, los antorchas. Así llegan a revelarse los misterios. Los
mitos ocupan un lugar importante, puesto que iniciados prometen guardar el secreto. Pasan del
mundo maternal al mundo de los adultos, de la
18
J. Ries, L'homme, le rite et l'initiation selon Mircea Eliade,
en J. Ries, Les rites d'initiation, op. cit., 21.
19
Cf. A. van Gennep, Los ritos de paso, Tauros, Madrid 1986, 21
J. Ries, Les rites d'initiation á la lumiére de l'histoire des
12. religions, en Le baptéme, entrée dans l'existence chrétienne,
20
J. Ries, Les rites d'initiation et le sacre, op. cit., 34. Facultes Universitaires Saint-Louis, Bruselas 1983, 27.

1 6 PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


ignorancia e irresponsabilidad a la sabiduría y serie de pruebas iniciáticas, mediante las cuales el
adultez, de la condición profana u hombre natural neófito entra en el conocimiento del mundo adulto
al estatuto religioso o personal sobrenatural, del y se pone en contacto con los mitos y tradiciones
caos o del mal al cosmos o comunión divina, del religiosas de la tribu. Gracias a estos ritos, los
ayuno a la comida, de la muerte a la vida. jóvenes acceden a la experiencia de lo sagrado y al
conocimiento de la sexualidad, y de este modo se
hacen verdaderamente «seres humanos». Este tipo
c) La reinserción de iniciación, atestiguada por los documentos más
arcaicos de la humanidad, ha jugado un papel
Mediante la «agregación» (A. van Gennep), el fundamental en la formación de las culturas y
«renacimiento» (S. Vierne) o la «clausura» (R. sociedades a través de la concepción del homo
Bastide) adquiere el neófito su estatuto definitivo religiosus.
de adulto, una vez olvidada su infancia o su
existencia anterior. La iniciación introduce al neófi-
to en una comunidad o grupo religioso. Por haber b) La entrada en una sociedad secreta
pasado por la muerte, se le recibe como a un héroe o
como un miembro que asegura la supervivencia del Un segundo tipo está constituido por los ritos de
clan. Todo puede acabar con una fiesta de acogida. entrada en una sociedad secreta, hermandad reli-
giosa o cofradía, masculina o femenina. Este tipo es
representativo de las religiones mistéricas griegas y
orientales, en las cuales la iniciación transmite a los
neófitos un conocimiento «secreto» de cara a la
4. Tipos de iniciación religiosa salvación. También son de este tipo las religiones
del chamán y del medicine man. Los ritos de este
Según M. Eliade hay tres tipos fundamentales segundo tipo favorecen la experiencia religiosa de
de iniciación. un contacto más íntimo con la divinidad.

c) La entrada en una vocación mística


a) La entrada en la vida adulta
El tercer tipo está constituido por los rituales de
El primer tipo de iniciación es el conjunto de entrada en la vocación mística, como es el caso del
ritos colectivos que marcan el paso de la infancia o chamanismo. Son de este tipo asimismo las inicia-
de la adolescencia a la edad adulta. Son los ritos de ciones sacerdotales, heroicas o guerreras. Se carac-
pubertad, propios de una comunidad o de una etnia, terizan por dos rasgos esenciales: la colación de un
obligatorios para todos sus miembros, a diferencia poder religioso especial y la entrada en un estado de
de otras iniciaciones voluntarias. Consisten en una vida accesible sólo a los miembros del grupo.

PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO 1 7


2
La iniciación cristiana

1. Iniciación religiosa categoría de «misterio», no desde la concepción de


e iniciación cristiana la «eficacia». Según esto, los sacramentos son los
misterios del culto cristiano o misterios salvíficos
que hacen presente el misterio de Cristo y su obra
a) La expresión«iniciación cristiana» salvadora. La actualización es in mysterio, in sacra-
mento, in pneuma. Sin embargo, a partir de la
Aunque la expresión «iniciación cristiana» va mitad del siglo presente, la atención de los historia-
unida al título de los rituales del bautismo y de la dores del cristianismo primitivo se ha desplazado
confirmación, su noción es más amplia. Por supues- desde las religiones mistéricas al judaismo 2 . Está
to, el hecho de la iniciación aplicado al cristianismo demostrado que la eucaristía cristiana hunde sus
es antiguo; puede decirse que es de origen patrístico raíces religiosas en el judaismo, lo que también es
e incluso apostólico. Desde los primeros siglos del válido para la iniciación y el conjunto de la
cristianismo, la iniciación cristiana se relacionó liturgia .
con los sacramentos denominados, más tarde, de la
En realidad, los Padres de la Iglesia primitiva
iniciación. Se entendió, incluso, como iniciación
rechazaron las semejanzas entre el culto pagano y
sacramental.
el cristiano 4 . Son conocidas las opiniones de Justi-
La noción de iniciación se desarrolló en la no y Tertuliano, quienes juzgaban demoníacos los
primera mitad del s. XX en relación con las ritos de las religiones mistéricas. Para los Padres
religiones mistéricas. Recordemos que, según O. alejandrinos, los misterios cristianos son verdades
Casel, los sacramentos, esenciales al cristianismo, de la Escritura; en cambio, los misterios paganos
son la realización perfecta de un «modelo mistéri- son simplemente ritos. Era una época cristiana
co» o iniciático, ya bosquejado en el paganismo antiritualista. Es sintomática la traducción del
antiguo '. Casel interpretó los sacramentos desde la

2
Cf. P.-M. Gy, La notion chrétienne d'initiation. Jalons pour
1
Cf. O. Casel, El misterio del culto cristiano, Dinor, San une enquéte: LMD 132 (1977) 33-54.
3
Sebastián 1953; I. Oñatibia, La presencia de la obra redentora en el Cf. L. Ligier, De la Cene de Jésus á l'anaphore de l'Eglise:
misterio del culto, Vitoria 1954; Th. Filthaut, La teología de los LMD 87 (1966) 7-51; Th. Talley, De la 'berakah' á l'eucharistie: une
misterios, Desclée, Bilbao 1963; A. Schilson, Theologie ais question á reexaminen LMD 125 (1976) 11-39.
Sakramententheologie. Die Mysterientheologie Odo Caséis, Magun- 4
Cf. M. Jourjon, Quatre conseils pour un bon usage des Peres
cia 1982. en sacramentaires: LMD 119 (1974) 74-84.

1 8 PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


término neotestamentario misterio por el latino L a m a r c h e - puede ser entendida como un proceso
sacramentum, palabra empleada por Tertuliano con ritual y celebrativo, en el curso del cual y por el cual
el significado de compromiso y que equivalía a una comunidad determinada hace pasar a una vida
juramento militar. Esa traducción se hizo, según nueva a los candidatos que acoge en sus filas» 7 .
Christine Mohrmann, para excluir del vocabulario Entre las iniciaciones mistéricas y la iniciación
cristiano todo aquello que pudiese evocar a los cristiana pueden señalarse diferencias y semejanzas.
misterios paganos. Se evitaron palabras como
mysteria, initia, arcana y sacra 5 . • En relación a las semejanzas, podemos afir-
m a r que el bautismo, sacramento central de la
Más tarde, en la gran época patrística, cuando iniciación, se ha entendido desde el principio como
los símbolos cristianos no tenían el peligro de ser «nuevo nacimiento» o tránsito de las tinieblas a la
contaminados por los ritos paganos, se admitieron luz y de la muerte a la vida. Es una participación
con más facilidad las semejanzas entre ambos sacramental o una imitación ritual de la muerte y
cultos. En las grandes catequesis de los siglos IV y V resurrección de Cristo. Tanto en las religiones
se habla de «mystagogia», especialmente en san mistéricas como en el cristianismo, hay un paso del
Juan Crisóstomo. Se encuentra ya el verbo «initia- no iniciado al iniciado mediante unos conocimien-
re» en un sentido sacramental. Es decir, la celebra- tos y unos gestos simbólicos.
ción sacramental es experiencia del misterio por
medio de la fe; nos introduce en el misterio de
• Pero también se advierten diferencias. D.
salvación.
Lamarche señala dos en relación a los ritos de
La expresión iniciación cristiana se empleó a separación: la ausencia de gestos violentos en la
finales del s. XIX, según P. M. Gy, para designar los iniciación cristiana, a diferencia de ciertas rupturas
sacramentos del bautismo, confirmación y eucaris- brutales familiares propias de los ritos iniciáticos, y
tía 6 . Especialmente la han empleado los liturgis- la universalidad de la iniciación cristiana que se
tas, en gran medida por influencia caseliana. Apare- ofrece a todos, sin discriminación (judíos y griegos,
ce oficialmente en el Directorio para la pastoral de libres y esclavos, hombres y mujeres), en contraste
sacramentos del episcopado francés en 1951 y se usa con los ritos iniciáticos exclusivos de los varones o
varias veces en los documentos del Vaticano II. El de los miembros de la tribu. Respecto de las
Concilio afirma que el bautismo, la confirmación y pruebas, se advierte en la iniciación cristiana la
la eucaristía son «sacramentos de la iniciación ausencia de sufrimientos físicos; todo se lleva a
cristiana» (AG 14; PO 2; SC 71). Finalmente, dicha cabo de un modo sacramental, es decir, simbólico.
expresión ha entrado en el título del ritual del También se observa la importancia del mimo en los
bautismo de adultos denominado Ritual de la ritos iniciáticos paganos y su ausencia en la inicia-
iniciación cristiana de adultos (RICA). ción cristiana. Finalmente, el iniciado en los ritos
paganos adquiere ahí mismo un saber, en contraste
con el largo período de aprendizaje religioso y
b) Semejanzas y diferencias moral que tiene el candidato al cristianismo. Al
entre iniciaciones religiosas final del proceso, el pagano iniciado ha logrado un
e iniciación cristiana estatuto definitivo, al paso que el bautizado debe
esforzarse por ser cristiano durante toda la vida 8 .
Como conclusión del estudio de las religiones
mistéricas y primitivas, «la iniciación —señala D.

5
Chr. Mohrmann, Eludes sur le latín des chrétiens, I, Ed. di
Storia & Letteratura, Roma 1958, 234-236.
7
6
La expresión iniciación cristiana fue acuñada por L. D. Lamarche, Le baptéme, une initiation?, Paulines-Cerf,
Duchesne en su obra Les origines du cuite chrétien. Etude sur la MontreaJ-París 1984, 30.
liturgie latine avant Charlemagne, París 1889; 5 a ed. París 1920. 8
D. Lamarche, Le baptéme..., op. cit., 47-51.

PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO 1 9


2. Qué es la iniciación cristiana sacramental, la iniciación cristiana es ritual, per-
manente y escatológica.
Ya vimos que en estos últimos decenios, por • Iniciación ritual
influencia de la antropología y la sociología, el con-
cepto de iniciación se entiende como proceso socia- Enmarcada por unos rituales, la iniciación se
lizados en el sentido de introducir gradualmente a lleva a cabo mediante un rito sacramental, funda-
una persona en un grupo social, en una doctrina o mentalmente bautismal. En esa acción ritual, la
en una profesión 9 . La iniciación cristiana será el Iglesia revela, actualiza y celebra a Cristo-sacra-
proceso gradual de fe que lleva a cabo un converti- mento en el bautizado, que es ya un iniciado.
do, con la ayuda de una comunidad de fieles, para Evidentemente, al rito le acompaña la palabra de
ser miembro de la misma por medio de los sacra- Dios para que se manifiesten las dos dimensiones
mentos de entrada y la fuerza del Espíritu de de todo sacramento: la duración (no es algo mo-
Jesucristo. Dos aspectos esenciales se deducen de mentáneo) y la instantaneidad (es, sin embargo,
esta concepción iniciática cristiana: 1) el sacramen- fugaz).
tal, a saber, bautismo, confirmación y eucaristía, • Iniciación permanente
sacramentos sin los cuales uno no está «iniciado»;
2) el catequético, es decir, la educación gradual de la Sacramento significa originalmente compromi-
fe cristiana, comprendida, celebrada y testimonia- so. Al ser alianza o compromiso con Dios, es el
da. En definitiva, el cristianismo comprende dos bautismo sacramento definitivo, duradero. Por esta
polos fundamentales: la fe-conversión y la praxis razón, el bautismo y la confirmación «imprimen
mistérica, que conducen a una identificación con carácter», es decir, no son reiterativos, son perma-
Cristo, dentro de la comunidad cristiana. «El nentes. Dan definitivamente el nacimiento de la
cristianismo —afirma H. Bourgeois— es entendido vida nueva.
como una fe y una práctica a las que se accede • Iniciación escatológica
estando iniciado» , 0 .
El catecúmeno es bautizado en la perspectiva
del bautismo de Jesús, que se hace efectivo en su
a) La iniciación cristiana es muerte y resurrección. Es bautismo de fe en la
esperanza. Por ser signo de una vida nueva, es
iniciación sacramental anticipo de una plenitud final. La iniciación tiene
relación inmediata con el momento final, que no es
La iniciación cristiana es el acceso a la experien- la muerte, sino la vida plena.
cia del misterio de Cristo, mediante el paso de un
estado (catecúmeno) a otro (fiel) a través de los
sacramentos del bautismo, confirmación y eucaris- b) La iniciación cristiana es
tía. Estos tres sacramentos, celebrados primitiva- iniciación catecumenal
mente en una misma liturgia con adultos al térmi-
no de un proceso catecumenal, son símbolos primi- De acuerdo a la expresión conocida de Tertulia-
genios que condensan y plasman la plenitud cristia- no: «no se nace cristiano, sino que se deviene», la fe
na, expresión y lenguaje de la vida de fe n . Por ser evangélica no es un hecho natural que se adquiere
automáticamente. El mero nacimiento -afirmó
Justino- nos hace «hijos de la necesidad y de la
ignorancia», pero el bautismo nos convierte en
«hijos de la elección y del conocimiento» 12. Esto
9
R. Falsini, L'iniziazione cristiana e i suoi sacramenti. O. R.,
Milán 1986, 11.
10
H. Bourgeois, L'Eglise est-elle initiatrice?: LMD 132 (1977)
103.
1
' L. Maldonado, Sacramentalidad evangélica. Signos de la Cerf, París 1979; id., Symbole et sacrement. Une relecture sacra-
Presencia para el Camino, Sal Terrae, Santander 1987; L. M. mentelle de l'existence chrétienne, Cerf, París 1987.
12
Chauvet, Du symbolique au symbole. Essai sur les sacrements, Justino, Primera Apología, 61.

2 0 PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


requiere un proceso de fe adecuado. La iniciación
cristiana es aprendizaje, prolongado, identificador.
• Aprendizaje
Al ser la conversión cristiana un itinerario
enmarcado por la iniciación cristiana, se requiere
un aprendizaje, es decir, una entrada en el misterio
de Dios, sin dejar de vivir la existencia humana,
pero en razón de la alianza, encarnación y pascua
de Cristo ° . Recordemos que Jesús evangelizó y
enseñó mediante palabras, imágenes y gestos, des-
de la vida humana y para una nueva vida en Dios.
• Prolongado
Aunque la conversión puede ser brusca, de
ordinario se necesita tiempo para descubrir las
dimensiones de la Iglesia y de la fe. Al mismo
tiempo se purifican poco a poco los motivos,
actitudes y comportamientos. Es necesario habi-
tuarse a entrar en un proceso de búsqueda incesan-
te que nunca termina.
• Identificador
La iniciación cristiana es iniciación a la Iglesia
en estado de comunidad, cuyos miembros confiesan
una fe evangélica diferente de muchas creencias, de
variados compromisos, con motivos comunes y
gestos grupales. Es entrada en la fraternidad carac-
terizada por la afiliación divina o el reconocimiento
de Dios como Padre. Para los candidatos, es la
iniciación un tiempo de identificación. Para la
Iglesia misma es asimismo reidentificación.

3. El catecumenado, proceso de iniciación


cristiana
El vocablo catecumenado procede del verbo
griego katejein, que significa «hacer resonar» o
«instruir a viva voz». Al verbo simple ejein, que
significa «resonar», se une kerusso, que equivale
a anuncio o proclama. En el Nuevo Testamento,
«catequizar -afirma X. Léon-Dufour- es enseñar los
hechos esenciales de la vida de Jesús; esta instruc-
ción sucedía, probablemente, al anuncio (kerigma)
del evangelio y preparaba para el bautismo o lo

13
Cf. H. Bourgeois, L'Eglise..., op. cit., 105.

PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO 2 1


seguía inmediatamente» 14 . Así como los judíos mente la iniciación cristiana de un adulto» 18 . En
instruían en la Ley, los cristianos enseñaban el este proceso destacan dos elementos esenciales: el
Evangelio (didajé). itinerario personal y el ámbito comunitario. El
itinerario comienza cuando una persona se interro-
El catecumenado es una de las instituciones más ga por el sentido de la existencia a partir de su
antiguas y básicas de la Iglesia, de carácter litúrgi- propia vida; desea encontrar significación a las
co, catequético y moral. Nació como etapa de realidades h u m a n a s . Si en ese momento encuentra
preparación a la vida cristiana o proceso de inicia- a Dios y acoge su palabra como buena noticia (la
ción que la Iglesia exige a los convertidos adultos historia tiene salida esperanzadora a partir de la
para que se transforme su fe inicial en profesión de resurrección de Jesús, y la naturaleza creada por
fe explícita, sacramentalmente celebrada en la Dios es en el fondo buena), puede entrar en proceso
comunidad cristiana pascual. Según D. Borobio, de conversión. Entonces comienza una transforma-
«es una pieza fundamental del conjunto de elemen- ción de su propia existencia personal, encuentra a
tos que componen el proceso de la iniciación otros cristianos, descubre la Iglesia como comuni-
cristiana. Hasta el punto de que sin él no puede dad de creyentes, se hace miembro de la misma,
considerarse que tal iniciación ha llegado a su ahonda en su propia fe, participa en la liturgia
plenitud» 15 . En el catecumenado se lleva a cabo catecumenal y recibe los sacramentos de la inicia-
comunitariamente la iniciación cristiana de los ción o reiniciación. El segundo elemento es la
adultos convertidos. Para el citado liturgista, «el comunidad concreta de creyentes que escucha la
catecumenado no debe considerarse como algo palabra, se interroga, madura en su propia fe, se
independiente de la iniciación, sino como un ele- pone en camino de conversión, se reconoce como
mento constitutivo e integrante de la misma, que en comunión, celebra la liturgia y es testimonial en la
un momento u otro, de una u otra forma, deberá sociedad.
darse. Por lo mismo, cuando se habla de catecume-
nado, se habla de iniciación, y viceversa» I 6 . De Como síntesis podemos afirmar que el catecu-
hecho, ambas realidades - e l catecumenado y la menado es proceso educativo cristiano, enmarcado
iniciación— son sinónimas l 7 . «En la Iglesia primiti- por unas etapas, dirigido a convertidos, en el seno
va -afirma la exhortación Catechesi tradendae-, de una comunidad eclesial, por medio de una
catecumenado e iniciación a los sacramentos del regeneración sacramental.
bautismo y de la eucaristía se identificaban» (n. 23).
Cabe una cierta distinción, ya que la iniciación
pone el acento en lo sacramental y el catecumenado a) Proceso educativo cristiano
dice relación con la catequesis.
El proceso educativo ha de entenderse a partir
del evangelio y del seguimiento a Jesús. La iniciación
El catecumenado -afirma el Ritual francés- «es cristiana se basa en la conversión a una vida
la institución donde se lleva a cabo comunitaria- evangélica, no en una precipitada conversión sacra-
mental. Frente a un sentido de iniciación cristiana
excesivamente sacramental, se pretende descubrir
un sentido de iniciación que reformule de un modo
14
X. Léon-Dufour, Diccionario del Nuevo Testamento, Cris- apropiado la fe, revalorice el sentido social de la
tiandad, Madrid 1977, 134. praxis y profundice la originalidad de lo cristiano
15
D. Borobio, Catecumenado, en D. Sartore y A. M. Triacca vivido en comunidad. Está tan deteriorado el
(eds.), Nuevo Diccionario de Liturgia, Paulinas, Madrid 1987,298.
16
D. Borobio, Ibid., 314.
17
Basta comparar los conceptos de iniciación cristiana (A.
18
Nocent) y de catecumenado (D. Borobio) en el citado Nuevo Cf. L'initiation chrétienne des adultes. Rituel du baptéme des
Diccionario de Liturgia, para darse cuenta de las similitudes. El adultes par étapes, edición francesa oficial del Ritual de la
desarrollo de esos dos términos, hecho por diferentes autores, es iniciación cristiana de adultos, I. Notes doctrinales et pastorales,
semejante. París 1974.

2 2 PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


sentido de lo sacramental, que hoy se comprende Iglesia como cristianos. De ordinario, nuestros
mejor al cristiano como creyente que como bautiza- catecúmenos son cristianos practicantes (rara vez
do. Dicho de otro modo, el cristianismo es entendi- convertidos de un total paganismo) que buscan una
do como fe evangélica antes que como práctica Iglesia comunitaria, de talante evangélico, poco
sacramental. La fe no es atávica; no nacemos con burocrática, con una liturgia viva, capaz de refor-
ella. Es aceptación libre y personal de la llamada de mular hoy la fe y plenamente abierta al compromi-
Dios que se visibiliza históricamente en el segui- so en el mundo.
miento de Jesús. Naturalmente, esto exige entrar en
el misterio de Dios o de Jesucristo.
d) En el seno de una comunidad eclesial
b) Enmarcado por unas etapas
La fe cristiana es esencialmente eclesial. Los
El catecumenado es un proceso dinámico y creyentes experimentan entre sí unos lazos de
organizado de maduración de la fe presidido por la comunión que provienen del evangelio, base de su
ley del crecimiento. No es un plan rígido de vida cristiana. La Iglesia no es un grupo social más,
integración, sino un método pedagógico. Exige sino una agrupación distinta, ya que constituye un
duración y tiempo. De ahí la existencia de unas misterio. Al mismo tiempo es una koinonia, una
etapas que de ningún modo deben ser arqueológi- comunión apostólica, eucarística, de bienes y de
cas. El catecumenado está al servicio del converti- afectos, que se realiza en cada comunidad cristiana.
do, no al revés. Es maduración «pluridimensional» Por consiguiente, sin comunidad no se da una
en donde entran muchos elementos, como conoci- verdadera iniciación. Sólo la Iglesia que inicia es
mientos, símbolos, gestos, actitudes, motivos, com- capaz de recibir nuevos fieles iniciados. El catecu-
portamientos y compromisos. Más que integrar en menado introduce al convertido en la comunidad
la Iglesia oficial y escasamente comunitaria a los cristiana que se fundamenta en la palabra de Dios,
nuevos convertidos, se trata de lograr en medio de vive un proceso de conversión, celebra la salvación
los mismos una Iglesia viva de talante compromi- de Dios, está encarnada en la realidad del mundo,
sual y comunitario. testimonia su propia fe y se reconoce como auténti-
ca comunión.
En realidad, la comunidad cristiana es germen y
c) Dirigido a convertidos matriz de iniciación cuando se sitúa en estado de
misión y en continua referencia catecumenal. Por
La conversión es el primer objetivo del catecu- consiguiente, el catecumenado no es algo fuera de
menado y el fundamento de la educación de la fe. la comunidad, sino su raíz. Dicho de otro modo, la
Excepcionalmente nos encontramos hoy con adul- comunidad cristiana auténtica posee una matriz
tos convertidos no bautizados que inician el proce- catecumenal, teniendo en cuenta que el lugar
so catecumenal. En la actual práctica pastoral, los propio de la catequesis es la comunidad, en la que
candidatos al catecumenado suelen ser de diversos unos son para otros catequistas, siendo la misma
tipos: 1) Bautizados asiduos en la práctica que catequesis creadora de comunidad, y al revés. Si no
necesitan una reeducación comunitaria de la fe en hay comunidad, el primer catecumenado es creador
relación con la dimensión social del evangelio; no de la misma. Si hay comunidad, el catecumenado
olvidemos que muchos cristianos recibieron una es una de sus principales tareas.
educación cristiana preconciliar, infantil e indivi-
dual. 2) Bautizados no practicantes sin ruptura total Además, la comunidad anuncia explícitamente
con la Iglesia (a veces son practicantes ocasionales), la fe. El catecumenado no es mera ocasión de hacer
pero que por una decisión evangélica están dispues- otra cosa por importante que sea o parezca, como
tos a formar parte de una comunidad cristiana estrechar amistades, entretener el ocio, ayudarse
exigente. 3) Bautizados totalmente alejados y poste- mutuamente, etc. Supone purificar intenciones y
riormente convertidos que desean ingresar en la promover el deseo de ser cristianos.

PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO 2 3


e) Por medio de una regeneración mente, los sacramentos de la iniciación son el
sacramental bautismo, la confirmación y la eucaristía. Conside-
rada la penitencia como un «segundo bautismo»,
Ya vimos que los primitivos cristianos se nega- podemos afirmar que los sacramentos de la reini-
ron a identificar la fe cristiana con una religión de ciación son la penitencia y la eucaristía.
tipo mistérico. El misterio cristiano se basa en Antes de la celebración sacramental, hay en el
Jesucristo, revelado en las Escriturras, enraizado catecumenado celebraciones previas. Todas las
en la historia, con una innegable tradición proféti- celebraciones del catecumenado son gestos extraí-
ca. Ser cristiano es penetrar en el misterio evangéli- dos de la vida humana, que con la palabra de Dios y
co de Jesucristo. la invocación al Espíritu actualizan el paso del
Ahora bien, desde la aparición de las primeras Señor desde una triple dimensión: rememorativa
comunidades cristianas, la agregación se hace (hacen presente la muerte y resurrección de Cristo),
mediante el baño bautismal, al que luego siguió la actualizadora (hoy está presente el Cristo vivo) y
imposición de manos y la unción crismal como anticipativa (son prenda de salvación).
condiciones de acceso a la eucaristía. Tradicional-

2 4 PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


3
La reiniciación
cristiana

1. La«segunda » evangelización El Vaticano II, en el decreto Ad gentes, habló de


«circunstancias» o de «condiciones enteramente
La segunda evangelización, denominada tam- nuevas» (AG 6) que exigen una actividad misionera
bién «nueva», equivale a «re-evangelización» '. Al adecuada. Aunque no lo expresa claramente, parece
ser calificada de «segunda», se supone que hay una referirse a una nueva o renovada evangelización,
«primera», a saber, la acción evangelizadora del distinta de la actividad misionera primera y de la
«primer anuncio», dirigida a no cristianos para que acción pastoral permanente.
accedan a la fe. Según el Directorio General de En las conclusiones de la Segunda Conferencia
Pastoral Catequética, la primera forma del ministe- General del Episcopado Latinoamericano celebra-
rio de la palabra es la «evangelización o predica- da en Medellín (1968) se dice que «hasta ahora se ha
ción misionera, que tiene como finalidad suscitar contado principalmente con una pastoral de con-
inicialmente la fe (cf. CD 11 y 13; AG 6, 13 y 14), de servación, basada en una sacramentalización con
manera que los hombres se adhieran a la palabra de poco énfasis en una previa evangelización» 2 . Las
Dios» (DCG 17). circunstancias actuales - s e afirma en el citado
La nueva evangelización se orienta a bautiza- d o c u m e n t o - «exigen una revisión de esa pastoral, a
dos, sean alejados, no practicantes o indiferentes, fin de que se adapte a la diversidad y pluralidad
para que personalicen la fe que inconscientemente culturales del pueblo latinoamericano», constitui-
recibieron con el sacramento. La segunda evangeli- do por una «gran masa de bautizados». De ahí que
zación es, pues, acción misionera de la Iglesia en los que se abogue por «una línea de pedagogía pastoral
países de cristiandad, en relación a los bautizados que: a) asegure una seria re-evangelización de las
que viven al margen de la vida cristiana o tienen diversas áreas humanas del continente; b) promue-
una fe, más o menos vaga, sin fundamentos («fe del va constantemente una re-conversión y una educa-
c a r b o n e r o » ) o con fundamentos i n a d e c u a d o s ción de nuestro pueblo en la fe a niveles cada vez
(creencias infantiles o mágicas). más profundos y maduros» 3 . Para una correcta

2
CELAM, La Iglesia en la actual transformación de América a
1
Cf. J. A. Vela, Reiniciación cristiana, Verbo Divino, Estella la luz del concilio, Medellín, Pastoral popular 1,1.
3
1986, 66-72. Ibid., II, 8.

PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO 2 5


evangelización de los bautizados en América Lati- margen de toda vida cristiana» (EN 52). Es el
na, Medellín propone que se tengan en cuenta las mundo de los «no practicantes», a saber, «toda una
semillas evangélicas de la religiosidad popular, se muchedumbre, hoy día muy numerosa, de bautiza-
purifiquen los motivos de la adhesión religiosa y se dos que, en gran medida, no han renegado formal-
promueva la aceptación personal y comunitaria de mente de su bautismo, pero están totalmente al
la fe 4 . margen del mismo y no lo viven» (EN 56).
De una manera explícita habla de «reevange- En la Tercera Conferencia General del Episcopa-
lización» el Directorium Catechisticum Genérale do Latinoamericano de Puebla (1979) se afirma que
(1971) al señalar la «grave crisis» de la fe tradicio- las nuevas situaciones nacidas de cambios socio-
nal a causa de la identificación de la religión con las culturales «requieren una nueva evangelización» 8
clases acomodadas, del costumbrismo religioso que equivale a un re-evangelización de la cultura 9 .
superficial, de la unanimidad cristiana impuesta Al relacionar la catequesis con el primer anun-
sin libertades y del ascenso creciente de la increen- cio del evangelio, la exhortación apostólica Cateche-
cia. «Ahora, más que de conservar sólo costumbres si tradendae de Juan Pablo II (1979) reconoce que «a
religiosas transmitidas, se trata sobre todo de veces la primera evangelización no ha tenido lugar»
fomentar una adecuada re-evangelización de los (CT 19) con determinados bautizados. Se necesita
hombres, de obtener su re-conversión, de impartir- una cierta «re-evangelización».
les una más profunda y madura educación de la
fe» 5 . El 21 de mayo de 1985, con ocasión de la visita
del Papa a Bélgica, Juan Pablo II habló de una
Entendida la re-evangelización como evangeli- «nueva evangelización» de las mentalidades actua-
zación segunda a los bautizados para que hagan les. En octubre de ese año, el VI Symposium de los
personal su fe y acepten la conversión cristiana, Obispos de Europa trató el tema «Evangelizar
vuelve a encontrarse este concepto en el Sínodo de Europa secularizada». Nuevamente se habló de la
Obispos de 1974. En este Sínodo sobre la evangeli- segunda evangelización en el Congreso español
zación, el entonces cardenal Wojtyla distinguió Evangelización y hombre de hoy (1985). «Cuando
entre la evangelización «ad extra» con los que no hablamos de segunda evangelización -afirma la
conocen el evangelio y la «ad intra» con los ponencia segunda—, hacemos referencia a la nueva
bautizados que deben ser cristianizados o evangelización que debe fecundar todo un país de
recristianizados 6 . Se da una analogía entre esos tradición cristiana que, al cabo del tiempo y con la
dos conceptos de evangelización (en los países evolución histórica y cultural, tiene estratos más o
misioneros y en los países de cristiandad), cuyas menos amplios y profundos que ya no están impreg-
diferencias residen en el «sentido» y en los «méto- nados por el evangelio: sectores importantes de
dos» 7 . La exhortación apostólica Evangelü nuntian- población que desconocen la fe cristiana o que se
di de Pablo VI (1975), después de recordar la han alejado de ella, grupos numerosos de bautiza-
importancia del «primer anuncio» a «quienes nun- dos que no han personalizado la fe, estructuras
ca han escuchado la buena nueva de Jesús», afirma vitales de la sociedad (familia, cultura, economía,
la necesidad de evangelizar a un «gran número de política...) en grado tal de transformación que
personas que recibieron el bautismo, pero viven al manifiestan en el presente serias incoherencias con
una concepción cristiana de la vida» 10. Forma

4
Ibid., II, 5-9.
5 8
Sagrada Congregación del Clero, Directorio General de III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano,
Pastoral Catequética, Edición bilingüe, Edice, Madrid, 2. a ed. Puebla. La evangelización en el presente y en el futuro de América
1981, n 6. Latina, n. 366.
6 9
Cf. G. Caprile, // Sínodo dei Vescovi, Roma 1975, 975. Ver Cf. en Puebla, Evangelización de la cultura, n. 385-443.
cita en J. A. Vela, Reiniciación, op. cit., 64. 10
Evangelización y hombre de hoy. Congreso, Edice, Madrid
7
Ibid., 989. 1986, 115.

2 6 PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


parte de la segunda evangelización la denominada alejan de la práctica, pero también hay muchos
«autoevangelización», es decir, «el logro de una bautizados que apenas practicaron personalmente
preparación sacramental más auténtica, la catc- nunca.
quesis de inspiración catecumenal en jóvenes y Frente al hecho de creyentes sin Iglesia, no
adultos, la renovación de los contenidos de fe practicantes o alejados (EN 16), es necesario que
centrados en el evangelio de Jesús» " . nos aproximemos con cautela 14. Los bautizados
El / / Sínodo extraordinario tenido en Roma, en no iniciados son diversos en su tipología.
diciembre de 1985, afirmó en su Mensaje al pueblo
de Dios que «la evangelización no pertenece sólo a
la misión del sentido ordinario, es decir, a los a) Bautizados creyentes no practicantes
gentiles. La evangelización de los no creyentes
presupone la autoevangelización de los bautizados y - Hay bautizados no practicantes que se consi-
también de los mismos diáconos, presbíteros y deran creyentes, con una concepción de fe mera-
obispos» 12. mente interior, en relación personal con Dios, sin
necesidad de exteriorizaciones. Rechazan la Iglesia
por su rostro institucional, demasiado humano. Lo
que vale -piensan- es el sentimiento del alma, no el
gesto corporal. Prefieren contar exclusivamente con
2. Los bautizados no iniciados Dios, sin asociarse con los demás cristianos. Esti-
o «desconvertidos» man que lo religioso es un hecho solitario.
A causa de la generalización del bautismo de De una parte, es necesario recordar los peligros
niños y de la desaparición de la pastoral catecume- del individualismo y la necesidad de los otros para
nal, una gran mayoría de los bautizados no han sido su misma subsistencia y maduración. Es cierto que
evangelizados o catequizados suficientemente por Jesús propuso la oración a solas con Dios, en la
la familia, la parroquia o la escuela. Lo he dicho recámara (Mt 6, 6), pero esto lo dijo en el contexto
repetidas veces: en la Iglesia primitiva era bautiza- del desenmascaramiento de los «hipócritas», que
do el convertido; ahora tiene que convertirse el ayunan, rezan y dan limosnas para que los vean y
bautizado 13. Esta anomalía obedece a una sobre va- reciban elogios de admiración. Lo que constante-
loración de la gracia sacramental por encima de la mente hizo Jesús fue convocar a reunión de unidad
fe personal; se muestra en la obsesión pastoral no y de caridad. Su obra tiene como objetivo «reunir
lejana de bautizar («quam primum») a quien no en uno a los hijos de Dios dispersos» (Jn 11, 52). De
tiene uso de razón y dar la extrema unción (hoy, otra, no olvidemos que, durante mucho tiempo,
unción de enfermos) a quien ha perdido la razón. La ciertos maestros espirituales han entendido la
existencia de un número considerable de bautiza- existencia cristiana de este modo. Por influencia de
dos no practicantes, con una vida de fe más o menos un dualismo griego, el hombre era entendido como
deficiente, se debe, sin duda, a la precipitación un compuesto de cuerpo y alma. Al despreciar la
bautismal. Evidentemente, hay cristianos que se importancia del cuerpo, todo iba dirigido al alma.
Sin embargo, según la concepción bíblica del
hombre, más cercana a la antropología actual, el
cuerpo y el soplo de vida proceden de Dios y no es
" I b i d . , 151. posible aislarlos. De otra parte, es necesario recal-
12
El Vaticano II, don de Dios. Los documentos del Sínodo car la importancia que hoy tiene no sólo el cuerpo,
extraordinario de 1985, PPC, Madrid 1986, 769. sino el gesto en la comunicación y en toda madura-
13
Cf. esta afirmación en la primera edición de mi libro La ción personal. Todo esto exige una consideración
parroquia, comunidad eucarística, Marova, Madrid 1961, 148.
Para entender la necesidad del catecumenado para adultos
bautizados, cf. Secretariado Diocesano de Catequesis de Madrid,
De la cristiandad a la comunidad, Paulinas, Madrid, 3. a ed. 1978
(El Catecumenado de Adultos, 1). 14
Cf. H. Denis, Chrétiens sans Eglise, Desclée, París 1979.

PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO 2 7


renovada de la liturgia como acción simbólica, a do de residencia, casamiento, cambio de trabajo,
saber, gesto extraído de la vida humana, que con la etc.). Con la práctica religiosa abandonan definiti-
palabra de Dios, en clima de plegaria comunitaria, vamente la fe.
nos comunicamos con Dios.
- Hay militantes cristianos que, al abrazar el
- Hay bautizados creyentes que no practican compromiso social, político o sindical con especial
sacramentalmente porque consideran que la prácti- intensidad y dedicación, se despegan poco a poco de
ca cristiana por antonomasia es la caridad con el la práctica religiosa y de la misma fe, que ya no es
prójimo o el compromiso. Recordemos que la motor de compromiso, puesto que ha sido sustitui-
práctica cristiana dominical se relaciona y se da por la racionalidad política . Otros militantes
complementa con la acción caritativa de la semana. la ponen entre paréntesis y algunos, los menos, se
Sin embargo, no siempre ha sido fácil unir el culto preguntan con renovado interés sobre el significado
con la ética, la liturgia con el compromiso. Precisa- y sentido de la misma fe, después de conocer y
mente los profetas denuncian la disociación entre la experimentar, con todas sus consecuencias, la ac-
moral y el culto. Dentro de la tradición de Jesús, los ción política.
cristianos comprenden que no debe separarse la
caridad con el hermano de la adoración de Dios; - Hay bautizados indiferentes porque han vivi-
son dos amores indisolubles. Incluso se desprende do en un momento dado una crisis moral; porque
del Nuevo Testamento que toda la existencia cris- han descuidado todo cultivo cristiano o porque se
tiana está inserta en el culto, que la vida entera han dejado influir por visiones increyentes de la
debe ser cultual. vida. Algunos agnósticos o ateos actuales tomaron
en un tiempo muy en serio la fe, pero posteriormen-
te la han llegado a considerar como algo ilusorio,
b) Bautizados no practicantes idealista o neurótico, incapaz de contribuir a la
transformación de la sociedad y a la maduración de
ni creyentes la persona.
Finalmente, hay muchos bautizados plenamen-
te inmersos en la indiferencia religiosa, alejados de
la Iglesia y de cualquier relación con Dios, ciudada-
nos de un mundo secularizado en una era poscris- 3. La reiniciación de adultos bautizados
tiana (CT 57). La acción pastoral de la Iglesia se
dirige, por una parte, a la evangelización de la
cultura neopagana actual, pero con raíces cristia- a) Necesidad de la reiniciación
nas; por otra, a la cristianización de los bautizados
totalmente alejados de la fe. La Iglesia, a lo largo de toda su historia, ha
realizado, de una u otra manera, la iniciación
- Hay bautizados que posteriormente no fue- cristiana, si con esta expresión entendemos el modo
ron educados en la fe ni llegaron a decisiones de formar creyentes. Evidentemente, el catecume-
personales cristianas; no fueron ni evangelizados ni nado o la iniciación cristiana (servicio organizado
catequizados. Sin darse cuenta, se reconocen ahora eclesialmente para iniciar a los convertidos al
«increyentes». Nacieron en un catolicismo denomi- cristianismo por medio de los sacramentos) tiene
nado «sociológico», pero posteriormente se han más actualidad en aquellas épocas en las que ser
situado en una increencia igualmente «socioló- cristiano no es una cuestión de nacimiento o de
gica». simple pertenencia cultural a la sociedad oficial,
- Hay creyentes que, después de haber fre-
cuentado, incluso intensamente, la práctica religio-
sa, la han abandonado poco a poco o abruptamente
por diversas razones derivadas de un cambio en 15
Cf. L. G. del Valle, El cristiano comprometido, ¿pierde la
algunas circunstancias esenciales de la vida (trasla- fe?, Desclée, Bilbao 1978.

2 8 PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO 2 9
sino quehacer personal de libre decisión y de modelo de toda catequesis es el catecumenado
coherente opción. bautismal» 16 .
En estricto rigor, catecumenado es proceso de
iniciación cristiana con adultos no bautizados. b) El proceso de reiniciación
Hasta hace pocos años, en los países occidentales
tradicionalmente cristianos, no existía el catecume- No es fácil estructurar hoy neocatecumenados
nado de adultos, ya que los recién nacidos se de adultos, con una catequesis adecuada, a lo largo
integraban de modo natural en la Iglesia a través de unas etapas, con objeto de que el bautizado
del bautismo de infantes. La iniciación cristiana se convertido ingrese consciente, activa y plenamente
realizaba en la etapa de la niñez, mediante la en la comunidad cristiana 17 . Esto exige que haya
recepción de los sacramentos de la iniciación y el comunidades y que al mismo tiempo se sitúen en
aprendizaje de la catequesis infantil, reducida con régimen evangelizador y catecumenal. Evidente-
frecuencia a la preparación de la primera confesión mente nos puede ayudar la aplicación inteligente
y comunión. El bautismo se había transformado en del Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos, en el
un rito sin catequesis ni etapas adecuadas, ya que que encontramos reflexiones teológicas, criterios
se administraba a toda criatura recién nacida sin pastorales y materiales litúrgicos l 8 . En el capítulo
exigencia alguna. Los primitivos rituales del bau- IV se dan sugerencias en orden a la «preparación
tismo de adultos se habían transformado en ritua- para la confirmación y la eucaristía de los adultos
les de ceremonias abreviadas para bautizar a bautizados en la primera infancia y que no han
infantes. recibido catequesis», y en el V se inserta un «ritual
de la iniciación de los niños en edad catequética».
Al celebrarse el bautismo inmediatamente des-
pués del nacimiento, dadas las graves urgencias del En la actualidad apenas poseemos experiencias
quam primum (cuanto antes), lo que era «requisito iniciatorias respecto a lo que se denomina «neo-
previo» (evangelización y catequesis del adulto catecumenado» o período de «re-iniciación» cristia-
candidato al bautismo) se convirtió en debilitada o na de adultos que, después de ser bautizados,
casi desaparecida «exigencia posterior» (iniciación confirmados y eucaristizados en su niñez, abando-
familiar, catequesis parroquial y religión escolar naron la vida cristiana (si es que alguna vez la
del niño bautizado). La desaparición del catecume- ejercieron) y posteriormente, mediante una conver-
nado de adultos y la infantilización de la iniciación sión, desean ingresar en una comunidad cris-
cristiana han supuesto un cambio profundo en la tiana 19 . Los sacramentos de la re-iniciación (peni-
pastoral de la Iglesia. La iniciación cristiana, tencia y eucaristía) deberían ser asumidos por estos
absolutamente necesaria cuando no se es creyente nuevos convertidos de un modo gradual, siguiendo
«por nacimiento», sino por «decisión personal» o u n a s e t a p a s a d e c u a d a s . De hecho, el neoca-
conversión adulta, es ignorada por la pastoral de la
Iglesia a partir de la terminación de la conversión 16
de los bárbaros (antiguos y nuevos), cuando se Mensaje al pueblo de Dios (Sínodo de 1977 sobre la
Catequesis), PPC, Madrid 1977, n. 8.
insertó la religión en la estructura de la sociedad 17
Cf. D. Borobio, Proyecto de iniciación cristiana, Desclée,
como tejido cultural popular. Bilbao 1980; J. Galiana, El neocatecumenado parroquial, Institu-
to Diocesano de Pastoral, Alicante 1978.
Junto a la iniciación estricta de adultos conver- 18
Cf. P. Llabrés, Celebración del neocatecumenado. A partir
tidos no bautizados, aparece modernamente la del «Ritual de la iniciación cristiana»: «Phase» 20 (1980) 295-304.
necesidad de un catecumenado con adultos bauti- 19
Cf. M. Gamo y A. Cañadas, Catecumenado, pastoral de
zados de niños, alejados posteriormente (o desde adultos: «Pastoral Misionera» 3 (1976) 28-34; L. Maldonado,
siempre) de la fe y de nuevo convertidos, que se ¿Liturgia neo-catecumenal para los bautizados en proceso de
preparan a los sacramentos de la reiniciación: re-descubrir la fe?: «Phase» 11 (1971) 375-379; C. Floristán,
Necesidad del catecumenado: «Pastoral Misionera» 9 (1973)
penitencia y eucaristía. Las diferencias en un caso y 387-397; J. Burgaleta, Reiniciación cristiana en una comunidad
en otro sólo varían en las celebraciones sacramen- de Madrid: «Misión Abierta» 65 (1972) 366-371; J. A. Vela,
tales (CC 84). No olvidemos, con todo, que «el Reiniciación cristiana, Verbo Divino, Estella 1986.

3 0 PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


tecumenado actual se convierte, en el mejor de euforia de ciertas fiestas, el encuentro profundo con
los casos, en una catequesis de adultos, sin apenas otras personas, el compromiso gratuito en favor de
tener en cuenta la pedagogía sacramental. gente necesitada, etc. Recordemos algunas «semi-
De acuerdo al modelo del catecumenado de llas de la Palabra» (AG 11) o «preparaciones
adultos , el proceso de reiniciación deberá constar evangélicas» (LG 16) existentes hoy en el ansia de
de unas determinadas etapas con sus correspon- justicia, la manifestación de la verdad, la valora-
dientes objetivos básicos. Recordemos que toda ción de la coherencia, etc. En definitiva, «la acción
iniciación (y reiniciación) consta de un itinerario en evangelizadora, derivada de la aceptación del reino
el que se trata de aceptar la opción personal de Dios, incluye también la realización de este reino
cristiana (fe, conversión, compromiso) y de fran- en el mundo, aunque sea de manera fragmentaria y
quear una entrada en la comunidad eclesial (litur- deficiente» 2 0 .
gia sacramental, vida comunitaria, testimonio mi- • La catequesis con bautizados
sionero). El proceso de reiniciación puede constar convertidos
de las siguientes etapas: (Madurar la fe y el compromiso)
• El precatecumenado con bautizados Dada la importancia de la conversión personal,
neopaganos la catequesis neocatecumenal ha de ser misionera,
(Suscitar la conversión a Cristo inculturada, sistemática y progresiva. En primer
y al evangelio) lugar, por ser la catequesis un momento central «en
el proceso de evangelización» (CT 18), debe ayudar
Los bautizados alejados de la vida cristiana son
a m a d u r a r la conversión y a educar la fe (CC 48-49).
en muchas ocasiones «descreídos». Conservan una
Aunque de suyo la catequesis supone la adhesión
mala imagen de la Iglesia, junto a una valoración
global al evangelio, «frecuentemente se dirige a
positiva del evangelio y de la persona de Jesús. El
nombres que, aunque pertenezcan a la Iglesia,
cristianismo no tiene para ellos ninguna novedad.
nunca dieron, de hecho, una verdadera adhesión
Se muestran indiferentes a la proclamación verbal
personal al mensaje de la revelación» (DCG 18) 2 1 .
del kerigma o de la palabra. Juzgan con severidad,
y a veces con injusticia, las intenciones de los curas, En segundo lugar, la catequesis ha de ser
en cuanto forman parte del sistema eclesiástico, inculturada, precisamente porque es con adultos,
aunque muestran un gran respeto hacia los creyen- personas responsables en los ámbitos personales,
tes genuinos e incluso hacia la fe cristiana, secreta- familiares, laborales y sociales. Sin adultos, no hay
mente añorada. Algunos sienten la necesidad de vida cristiana, como tampoco la hay sin adultos
abandonar de una vez el escaso y falso cristianismo creyentes. Adulto es quien puede identificarse y
en el que se mueven, o de tomarlo en serio del todo. conocerse a sí mismo (conciencia), sabe romper
dependencias y se conduce con criterios propios
La conversión de los nuevos paganos es difícil. (libertad), es responsable de otros y engendra vida
De ordinario es conversión religiosa más que mo- (amor), mide distancias y establece jerarquía de
ral; no es salida del pecado, sino búsqueda de un valores (pensamiento), transforma la realidad (tra-
sentido nuevo de la vida. Evidentemente exige un bajo y compromiso político) y se adapta a lo real de
cambio de conciencia y de conducta. En algunos la existencia (socialidad). Un adulto se pregunta
casos hay nostalgia de una cierta experiencia
religiosa anterior. Parece fundamental la corres-
pondencia entre esperanza cristiana y deseos hu-
manos profundos, realidades a menudo separadas, 20
Conferencia Episcopal Española, Testigos del Dios vivo,
puestas en oposición o tenidas ingenuamente como Edice, Madrid 1985, n. 53.
análogas o casi idénticas. 21
Cf. J. A. Vela, Catequesis evangelizadora, Indo-American
Press Service, Bogotá 1976; A. Cañizares, La catequesis misione-
En cualquier caso, la nueva evangelización ha ra, una exigencia de la evangelización en España, hoy, en
de tener en cuenta ciertas situaciones álgidas, como Evangelización y hombre de hoy. Congreso, Edice, Madrid 1986,
los momentos de crisis o de cambio de valores, la 261-266.

PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO 3 1


por el sentido de la vida: sabe analizar, juzgar y del creyente, cabe la manifestación apropiada de un
obrar. Rebasa la relación intimista yo-tú para llegar compromiso (incluye unas renuncias^ del pasado) y
a la dinámica social yo-pueblo o yo-hermanos. una profesión de fe (comprende unas esperanzas de
En tercer lugar, la catequesis ha de ser sistemáti- futuro). El gesto más tradicional del comienzo en el
ca, a saber, global y completa, unitaria y orgá- catecumenado es la señal de la cruz, que se puede
nica 22 . La educación de la fe ha de ayudar a que se complementar con la entrada en la comunidad y la
descubran las múltiples dimensiones que tiene la fe aceptación por medio de un aplauso o un abrazo,
y las perspectivas de fe que posee la vida. junto a la donación de una Biblia. Preside el
responsable real del catecumenado. Están presen-
Por último, la catequesis neocatecumenal ha de tes y toman parte activa los padrinos y los catequis-
ser progresiva. Todo catecumenado o proceso de tas si los hubiere.
iniciación requiere una determinada duración. De
este modo se da tiempo a purificar las motivacio- En segundo lugar, otro momento celebrativo
nes, m a d u r a r las opciones, afianzar la visión cris- importante es el comienzo del retiro cuaresmal. De
tiana de la vida y acrecentar la comunión fraternal. nuevo se reúne la comunidad para verificar la
decisión final de los propios catecúmenos respecto
• La liturgia con creyentes catequizados de su regeneración sacramental. Los catequistas
(Fomentar la participación presentan los candidatos a la comunidad, quienes
en la comunidad) manifiestan su decisión de reingresar sacramental-
En todo proceso de iniciación, la Iglesia es mente en la comunidad. Un gesto posible para esta
objeto de catequesis y de edificación. De una parte, celebración es la imposición de la ceniza como
se requiere una comunidad o grupo de cristianos signo de conversión.
que llevan a cabo el proceso de reiniciación. De otra,
Finalmente, el tercer momento decisivo es el de
es necesario desarrollar una conciencia eclesial
la celebración sacramental en la vigilia pascual.
comunitaria entre los catecúmenos para que se Los sacramentos centrales de la iniciación son el
incorporen sacramentalmente al cuerpo de Cristo bautismo y la eucaristía. La confirmación es tam-
en la asamblea. bién sacramento de iniciación, pero aisladamente
Tradicionalmente, tres son los momentos cele- considerada es accesoria. Su lugar tradicional se
brativos de la iniciación susceptibles de ser hoy encuentra entre los otros dos sacramentos. Al no
actualizados: la entrada en el catecumenado, la poseer los teólogos suficiente consenso sobre la
decisión de querer ser cristiano con todas sus confirmación, su práctica pastoral es enormemente
exigencias al comienzo de la cuaresma, y la partici- oscilante. Mientras el bautismo se celebre con
pación sacramental en la vigilia pascual. infantes y la primera comunión con niños, la
En primer lugar, la entrada en el catecumenado. confirmación puede intentar resolver la distorsión
El final del precatecumenado desemboca en la de los dos primeros sacramentos. Esto se lleva a
aceptación de la catequesis en comunidad. Este cabo en algunos catecumenados juveniles de confir-
momento puede señalarse con un encuentro espe- mación. Los sacramentos de la reiniciación son la
cial o una celebración de la palabra. Los neoconver- penitencia y la eucaristía. El lugar tradicional de la
tidos manifiestan, ante la comunidad creyente penitencia es el jueves santo. En ese día, o en la
reunida, su deseo de reingresar en la Iglesia y de ser víspera, cabe celebrar comunitariamente la recon-
cristianos convencidos y practicantes. Para exterio- ciliación con los neocatecúmenos y con todos los
rizar la conversión, como don de Dios y quehacer fieles. La eucaristía pascual podría ser para los
bautizados que terminan su proceso de reiniciación
una comunión «solemne». En cualquier caso, es
necesario tomar en serio el triduo pascual como
22
retiro último e intenso de catecúmenos y fieles que
Secretariados de Catequesis de Pamplona y Tudela, celebran comunitariamente la pasión del Señor, es
Bilbao, San Sebastián y Vitoria, Cristianos adultos. Un proceso
catequético de estilo catecumenal, Bilbao 1987. decir, su muerte y resurrección.

32 PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


4
La identidad
cristiana

La pregunta por la especificidad de la fe, la ciones parciales 3 . En el fondo de toda identifica-


singularidad de lo cristiano o la identidad de los ción cristiana late el problema profundo de la
creyentes se ha convertido posconciliarmente en identidad del cristianismo.
una cuestión acuciante e incluso angustiosa. ¿Qué
añade la fe, si es que añade algo? ¿En qué consiste
su aportación? ¿Para qué sirve? ¿En qué se diferen-
cia un cristiano de uno que no lo es? «Si fuera
cierto —afirma R. Marlé— que la fe cristiana no tiene 1. El concepto de identidad
ya, para presentar al mundo, nada original que la
especifique, no nos quedaría más remedio que y de identificación
declararla muerta» '. No olvidemos que, previa a
las preguntas anteriores, late la cuestión básica de «La identificación -afirma Th. de Saussure- es
la identidad de la persona o del hombre, de un un término cuya ambigüedad refleja ya sumaria-
grupo humano cualquiera o de un pueblo concreto. mente el movimiento de vaivén por el que el sujeto
se construye en sus relaciones con los demás» 4 ,
La cuestión de la identidad cristiana está en especialmente a través de la acomodación y de la
estrecha relación con el proceso de identificación asimilación. El término identidad procede del latín
del convertido con la Iglesia mediante el catecume- idem, que significa «el mismo» o «lo mismo»; de ahí
nado y los sacramentos de la iniciación. Ciertamen- que equivalga a mismidad. «La identidad o mismi-
te, en todo proceso de identificación hay institucio- dad —afirma J. Rof Carballo- tiene que ver con la
nes mediadoras 2, como la familia, la escuela y el continuidad del carácter personal a lo largo del
catecumenado, que realizan la pertenencia a la tiempo, por tanto con la sensación de ser uno
Iglesia de diversas maneras y mediante aproxima- mismo, siempre el mismo, desde la infancia hasta

1 3
R. Marlé, La singularidad cristiana, Mensajero, Bilbao Cf. mi artículo Pertenencia a la Iglesia y catecumenado:
1971, 9. «Phase» 11 (1971) 349-360.
2 4
Cf. D. Hameline, Identité psychosociale et institution: Th. de Saussure, El proceso de autoedificación: «Conci-
«Lumiére et Vie» 116 (1974) 31-41. lium» 216 (1988) 164.

PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO 3 3


la vejez» 5 . La identidad del yo, viene a decir E. H. identidad» 10 . Cuando se produce un sentido defec-
Erikson, es lo que nos permite experimentarnos a tuoso de la identidad, se manifiesta un «sentimien-
nosotros mismos como una «continuidad», como to de vacío, de estar perdido, de futilidad, de falta
algo que persiste «lo mismo» a través del tiempo. de vida, de aceptación de todo lo que se ofrece, sin
Lograr la identidad es madurar, ser adulto 6 . En resistencia» " . Pero aunque la identidad domina
definitiva equivale a la continuidad de uno mismo, toda la psicología, no es asunto meramente psicoló-
sometida a dos impulsos: de continuidad y de gico. La identidad es concepto clave en multitud de
cambio. De una parte, todo hombre necesita tener facetas personales y sociales.
una cierta conciencia de identidad. «Pero esa
identidad -escribe P. Bühler- es al mismo tiempo
una dimensión sumamente frágil, abierta, y por ello
mismo está expuesta a riesgos. El hombre puede
perder en las revueltas de su vida cotidiana su 2. Dificultades de la identidad cristiana
identidad, y, aunque no llegue a perderla, jamás
puede considerarla adquirida de una vez por
todas» 7 ,
a) Diversidad de planteamientos de
la identidad cristiana
En la identidad entran muchos aspectos: lo que
uno ha sido y es, lo que piensan los demás que uno Algunos cristianos aplazan la cuestión de la
es y lo que se pretende ser. Por estas razones, es identidad cristiana porque la creen insignificante
fundamental el cuidado de la identidad en las crisis frente a los problemas reales de la sociedad. Otros
de crecimiento de la juventud. «Nuestra civiliza- la debaten sin cesar porque pertenecen al grupo de
ción —afirma J. Rof Carballo- carece de los ritos de los perplejos en estado continuo de búsqueda sin
iniciación que otras sociedades han empleado, en arribada positiva a ninguna conclusión seria. Hay
diversas épocas de la historia, para preparar la quienes la solucionan por la vía de las afirmaciones
transición de la adolescencia a la edad madura» 8 . teológicas neokerigmáticas. Algunos la consideran
La ausencia de iniciación produce en la juventud desde la dimensión ética de los compromisos. Otros
una crisis de identidad o «huida en una identidad la intuyen a partir del lenguaje psicológico de las
negativa» (Erikson), es decir, «la adopción vengati- motivaciones. Finalmente, hay quienes la resuelven
va del ideal contrario al que se quiera o se debiera por los caminos simbólicos de los sentidos y
profesar» 9 ; se produce un peligroso «desarraigo». significaciones, siempre en referencia a la persona,
Por el contrario, todo proceso adecuado de inicia- obra y causa de Jesús de Nazaret, el Cristo.
ción contribuye a re modelar la identidad.
A. Fierro sugiere tres modelos fundamentales de
J. Rof Carballo llega a la conclusión de que «la identidad: el lógico , el biográfico y él estructural12.
piedra angular de la personalidad es la confianza De acuerdo al principio lógico de identidad, el
básica», que, a su vez, es, según E. H. Erikson, el cristianismo es siempre idéntico a sí mismo; es
núcleo en torno al cual se desarrolla el «proceso de inmutable e invariable; viene caracterizado por un
conjunto de dogmas, sacramentos y mandamientos
(es algo fijo y distinto: una esencia). Según el
criterio biográfico, la identidad es lo que permanece
5
J. Rof Carballo, Violencia y ternura, Prensa Española,
Madrid 1969, 232.
6
Cf. E. H. Erikson, Infancia y sociedad, Hormé-Paidos,
Buenos Aires 1956. 10
J. Rof Carballo, Rebelión y futuro, Taurus, Madrid 1970,
7
P. Bühler, La identidad cristiana. Entre objetividad y 137.
subjetividad: «Concilium» 216 (1988) 181. 11
J. Rof Carballo, Rebelión.... op. cit., 138.
8 12
J. Rof Carballo, Urdimbre afectiva y enfermedad, Labor, A. Fierro, La identidad cristiana. Modelos de planteamiento
Barcelona 1961, 418. y de respuesta, en Lumiére et Vie, Identidad cristiana, Verbo
9
J. Rof Carballo, Urdimbre afectiva, op. cit., 419. Divino, Estella 1976, 9-32.

34 PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


a través de cambios y de etapas. En este sentido, el mitido por la tradición a través de la comunidad
cristianismo no se caracteriza tanto por sus carac- cristiana y a la vez aventura personal» , 6 .
teres inmutables e invariables cuanto por su fideli- En cualquier caso, el problema de la identidad
dad a una historia (es algo vivo y dialéctico: un del cristianismo o de lo cristiano es importante en
proceso). Por último, el planteamiento estructural la práctica pastoral para iniciarse a la vida cristia-
indica una identidad a través de unas ciertas señas. na y para vivirla teologalmente; en teología, para
En el caso del cristianismo, se identifica a través de examinar el núcleo de la fe, y en exégesis para
unas notas o rasgos, de tipo histórico o genético, discernir la contextura del evangelio y la figura de
que lo hacen diferente a otras religiones o humanis- Jesús.
mos (es algo propio con caracteres comunes: una
relación).
Naturalmente, la identidad del cristianismo se b) Razones de la crisis
puede plantear históricamente a través del tiempo, de la identidad cristiana
en relación a su tradición; socialmente, en el
universo del mundo, respecto de otras magnitudes La singularidad de la fe cristiana, es decir, lo
equivalentes; y personalmente, en la conciencia de que representa o aporta -piensa R. Marlé- «parece
cada cristiano, como autoidentificación del creyen- estar cada vez más en tela de juicio» 17. «Hoy
te. Todo esto cabe plantearlo de diferentes modos: -afirma J. B. Metz- cuando precisamente los hom-
cómo realmente es el cristianismo y cómo debiera bres toman cada vez más conciencia de humanidad
ser; cómo se ven o se identifican los mismos —no sólo en teoría, sino en procesos históricos
cristianos y cómo son vistos o identificados por los reales—, parece que el cristianismo ha entrado en
no cristianos 13. una crisis histórica de identidad de proporciones
alarmantes» 18. Los cristianos nos hallamos en
A la hora de responder al problema de la busca de identidad, tanto en el plano personal como
identidad cristiana, hay una coincidencia lógica en el social. «Todo induce a creer que, bajo el efecto
entre los teólogos. Lo resume H. Küng de esta de la secularización, de la crítica a la religión y de
manera: «Según el testimonio de los orígenes y de la creciente indiferencia religiosa, los creyentes han
toda la tradición, lo peculiar del cristianismo es ese perdido las referencias de identificación de que
mismo Jesús al que en las lenguas antiguas y tradicionalmente disponían» 19. Hoy se plantea el
modernas se llama Cristo» 14. Y añade a continua- problema de la identidad cristiana de una manera
ción que «lo particular, lo propio y primigenio del más viva que en otras épocas por dos grandes
cristianismo es considerar a este Jesús como últi- razones, una cultural y otra eclesial 20
mamente decisivo, determinante y normativo en
todas sus distintas dimensiones» . En resumen, - Por el pluralismo religioso, moral e ideológico
ser cristiano -afirma I. Chareire- «es identificar a propio de la modernidad, caracterizado como ofer-
Jesús de Nazaret con el Mesías anunciado por los ta de diversos sistemas de valores, entre los cuales
profetas y esperado por el pueblo judío. Este está presente la increencia bajo distintas denomi-
reconocimiento se lleva a cabo a través de la naciones. Por otra parte, no es fácil discernir los
experiencia del Resucitado, acontecimiento trans- valores actuales y catalogarlos según sus proceden-

13
Cf. La identidad cristiana: «Concilium» 216 (1988); Hacia 16
I. Chareire, La función de Cristo y del Espíritu en el proceso
una superación de la crisis de identidad cristiana: «Sal Terrae» 66
de identificación: «Concilium» 216 (1988) 265.
(1978/6). 17
14 R. Marlé, La singularidad.., op. cit., 9.
H. Küng, Ser cristiano, Cristiandad, Madrid 1977, 150. 18
15 J. B. Metz, La fe, en la historia y en la sociedad,
Para conocer la discutida cuestión de la «esencia del Cristiandad, Madrid 1979, 164.
cristianismo», ver la obra de H. Wagenhammer, Das Wesen des 19
Christentums. Eine begriffsgeschitliche Untersuchung, Maguncia P. Bühler, La identidad cristiana, op. cit., 183.
20
1973. A. Fierro, La identidad cristiana, op. cit., 19.

PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO 3 5


cias, ya que se entremezclan o se amalgaman, «porque el evangelio no sea -como lo definió Jesús-
además de aparecer como contradictorios. En cam- buena noticia para los pobres, o porque sea para los
bio, en una sociedad globalmente cristiana y cultu- pobres una pretendida buena noticia distinta de la
ralmente unitaria no tenía razón de ser la pregunta de Jesús» 24 . También «se puede falsear la identi-
por la identidad cristiana. J. B. Metz señala como dad cristiana no sólo por excluir algunos contenidos
primera causa de la crisis de identidad cristiana «la (como el pecado o la resurrección de Jesús), sino
discontinuidad histórica entre cristianismo y época también por excluir algunas dimensiones», como
moderna» 21 . por ejemplo la labor crítica de la razón, la dimen-
sión personalista del hombre y la dimensión gratui-
- Por la crisis del sistema eclesial heredado, ta de la existencia 25 .
propio de la Iglesia en una sociedad cerrada, que
mantenía su identificación como bloque homogé-
neo y campado de creencias, comportamientos y
prácticas, todo ello definido por una ortodoxia
(recta creencia) y una ortopraxis (recta conducta). 3. Exigencias de la identidad cristiana
La pertenencia a la Iglesia, sin fisuras, equivalía a
una identificación. «El cristianismo aparecía -afir-
ma A. Fierro— como inequívocamente identificable a) Es identidad a partir de Cristo en su
(en el sentido de la identidad estructural), como seguimiento
sujeto histórico permanente a través de los tiempos
(en identidad biográfica) y hasta con capacidad de Teologías de la fe y cristologías actuales entien-
satisfacer en sus realizaciones de épocas y lugares den la identidad cristiana como seguimiento de
distintos un modelo lógico de perfecta identidad Jesús 26 . Asi lo formuló D. Bonhoeffer hace medio
consigo mismo» 22 . Al aparecer un cierto pluralis- siglo 27 y así lo entienden hoy teólogos europeos tan
mo en la teología, relativizarse el poder jerárquico, diferentes como H. Urs von Balthasar, J. B. Metz,
interpretarse de diferente modo la ortopraxis y M. Hengel y J. M. Castillo 28, o teólogos latinoame-
desentrañar con nuevas claves las adherencias ricanos como L. Boff, I. Ellacuría y J. Sobrino 29 .
culturales que posee la confesión de fe, es lógico que «El seguimiento de Jesús se convierte entonces
el sistema eclesial de identificación no sea tan -afirma J. Sobrino- en la fórmula breve del cristia-
simple y unitario como antaño. J. B. Metz señala
como segunda causa «la casi imperceptible atrofia
de la conciencia religiosa en general, de la progresiva 24
disminución del sentido de identidad religiosa en J. I. González Faus, Cómo delimitar la pregunta por la
extensas capas de la población» 23 . identidad cristiana: «Noticias Obreras», n. 764 (1979) 29-31 y en
id., Este es el hombre. Estudios sobre identidad cristiana y
realización humana, Sal Terrae, Santander 1980, 13.
25
Ibid., 18.
c) Identificaciones cristianas inadecuadas 26
Cf. S. Galilea, El seguimiento de Cristo, Madrid 1979; J.
Lois, ¿Qué significa ser cristiano como seguidor de Jesús?,
El cristianismo ha sido identificado con muchas Fundación Santa María, Madrid 1982; V. Codina, Seguir a Jesús
cosas, terribles unas veces (la cruzada), algunas hoy. De la modernidad a la solidaridad, Sigúeme, Salamanca
1988, especialmente La vida religiosa como seguimiento de Cristo,
superficiales (abstinencia de carne) y preocupantes 209-232.
otras (la cultura europea cristiana). Básicamente se 27
Cf. D. Bonhoeffer, Nachfolge, Munich 1971.
puede falsificar la identidad cristiana -opina J. I. 28
Cf. H. Urs von Balthasar, El seguimiento de Jesús en el
González Faus- por uno de los dos extremos: Nuevo Testamento, en Seguir a Jesús en medio de este mundo,
Bilbao 1980; J. B. Metz, Las órdenes religiosas. Su misión en un
futuro próximo como testimonio vivo del seguimiento de Cristo,
21
Barcelona 1978; M. Hengel, Seguimiento y carisma. La radicali-
J. B. Metz, La fe..., op. cit., 165. dad de la llamada de Jesús, Sal Terrae, Santander 1981; J. M.
22 Castillo, El seguimiento de Jesús, Sigúeme, Salamanca 1986.
A. Fierro, La identidad cristiana, op. cit., 23.
23 29
J. B. Metz, La fe.... op. cit., 165. Cf. J. Sobrino, Seguimiento, en CFP, 936-943.

3 6 PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


nismo, porque enuncia la recuperación de Jesús y el De una parte, ya es hora de que nos alejemos d e
modo de recuperarlo; tiene la virtualidad de resu- una actitud vergonzante respecto de la fe. De otra,
mir la totalidad de la vida cristiana y de evocarla hay pruebas suficientes en todos los campos de
desde lo concreto; tiene el carácter de norma y lucha transformadora para convencernos de que la
también de ánimo a su realización» 30 . fe no es una alienación, un ensueño o un espejismo:
Para comprender la identidad cristiana como es un dinamismo evangélico y profético que se
seguimiento de Cristo, es necesario descubrir a enraiza en el suelo más profundo de las conviccio-
Jesús de Nazaret en la historia concreta h u m a n a nes, cuando se traduce históricamente en el segui-
mediante la encarnación, a partir de lo que practicó miento de Jesús y recibe su fundamento del mismo
y manifestó, con las consecuencias que se derivan Dios.
de su muerte o de la cruz, con el destino final de la Además, en la vida h u m a n a hay siempre unos
resurrección 31 . Ahora bien, la fe en Jesús presupo- momentos que sirven para tomar conciencia y caer
ne o entraña creer como creyó Jesús, afiliado en cuenta. En esos momentos nos restauramos, nos
enteramente al Padre, a quien lo descubre y con recreamos. Son momentos significativos, por no
quien se identifica desde su entrega a la realización decir celebrativos o festivos. Lo mismo ocurre o
del reino, categoría central de su praxis y de su debe ocurrir en la vida cristiana. Por supuesto, la
predicación. Consecuencia de esta praxis es el primacía de la fe es vital para el cristiano, entendi-
hecho básico del seguimiento. Creer en Jesús es, da la fe como conversión, obra de Dios al mismo
nada más ni nada menos, seguirle 32 . tiempo que tarea del hombre. Precisamente porque
la fe es conversión y praxis, exige que se profese en
tales condiciones que el acto sea un tránsito de
b) La fe debe ser vivida y celebrada Jesucristo a través de gestos humanos. En determi-
nados momentos, estas mediaciones son sacramen-
Hoy no es fácil comunicar, transmitir o propo- tales. No hay fe sin celebración de la fe. La
ner la fe, pero no es imposible. Casi de repente, o al celebración es el lugar primordial donde se recono-
menos en unos pocos años, descubrimos una acti- ce la fe. La fe no se verifica sola y exclusivamente en
tud generalizada de increencia. No creer no es una la praxis, sino en la celebración de los hechos
especie de debilidad moral. Por otra parte, el históricos, puesto que ahí se reconoce el don
hombre se siente más libre y más crítico con lo máximo de Dios, que es Jesucristo. La praxis y la
religioso. Afortunadamente han cedido las presio- celebración no son, sin embargo, dos modos dife-
nes sociales de la práctica religiosa. rentes de verificar la fe, sino dos caras complemen-
Hay sin embargo una cara positiva manifiesta tarias de un único obrar humano y cristiano. La fe
en la vida de muchos creyentes actuales, testigos vivida es una exigencia de la fe celebrada, y la fe
del evangelio de Jesús y del Jesús de Dios en los celebrada, una fuente gratuita de la fe vivida.
conflictos y luchas sociales. Son los que viven en
cercanía lo que creen, los que comparten en profun-
didad lo que son, porque en definitiva son nuevos c) El cristianismo es evangélico
hombres que anticipan con sus vidas los signos del y sacramental
reino.
El cristianismo ha sido interpretado y previsi-
blemente lo será de diversas maneras. Me detengo
aquí en dos concepciones que en unas ocasiones se
30 complementan y en otras se excluyen 3 3 . Unos
Ibid., 937.
31
Cf. Ch. Perrot, Jesús y la historia, Cristiandad, Madrid
1982.
32
Cf. H. Linard de Guertechin, Suivre Jésus est-ce l'imiter?
33
Approche psychologique de l'identification au Christ: «Revue Cf. C. Floristán, Fe comprometida y celebración sacramen-
Théologique de Louvain» 15 (1984) 5-27. tal: «Pastoral Misionera» 12 (1976) 662-669.

PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO 37


destacan el cristianismo evangélico (fe verificada 4. Constitutivos de la identidad cristiana
conforme a la praxis de Jesús y a la praxis de la
liberación actual) y otros hacen hincapié en el
cristianismo sacramental (fe atestiguada en el miste- a) Cristiano es quien cree en Jesucristo
rio sacramental cristiano) 34 . (Especificidad dogmática)
Para los primeros, el hombre es esencialmente
acción; la Iglesia, un colectivo profético; Jesús, el Un primer modelo de especificar lo cristiano
hombre pleno para los demás; Dios, una llamada a discurre por la vía de las creencias. La identidad del
instaurar su reino; la conversión, un cambio radi- cristiano viene dada, afirma O. González de Carde-
cal; la fe, praxis de liberación; la caridad, acción dal, desde un triple punto de vista objetivo: «el
política revolucionaria, y la esperanza, punto de reconocimiento de Dios como Padre», «la confesión
arranque para la transformación del mundo. Para de Jesús de Nazaret» y «la experiencia del Espíritu
los segundos, el hombre es gratuidad; la Iglesia, de Jesús» 3 5 . Este modelo corresponde a la ortodo-
signo de salvación; Jesús, el protosacramento del xia doctrinal. De ordinario, las Iglesias definen lo
Padre; Dios, caridad derramada; la conversión, un específico cristiano con arreglo a este modelo.
descubrimiento de la realidad escondida de Dios; la Básicamente consiste en una pertenencia eclesial,
fe, pleno sentido de la vida; la caridad, amor en la adhesión al cuerpo de doctrina cristiana y en
personal que se da y se recibe, y la esperanza, una un tipo de comportamiento moral.
confianza en las promesas de Dios. Recordemos que «al comienzo de la era moder-
Estas dos maneras de interpretar el hecho na - n o s dice Cl. Geffré- la Iglesia se entendía a sí
cristiano se han enriquecido recientemente a causa misma como una sociedad exclusiva según el
de una revaloración de la naturaleza evangélica del modelo de una ideología unitaria. La teología
cristianismo y del impacto que sobre la fe y el dogmática de tipo monolítico era coherente con su
sacramento ejerce el ámbito de lo político. Si todo actitud defensiva hacia la sociedad moderna» 3 6 . El
tiene una dimensión política, no es menos cierto cristianismo se especificaba prácticamente por la
que todo está imbuido de un horizonte simbólico autoridad religiosa. Este sistema se resquebrajó al
sacramental. ser introducidos en la teología los métodos históri-
cos y al aceptar la Iglesia el diálogo con un mundo
No obstante, recordemos el contraste entre la pluralista.
importancia que el evangelio entero da a la fe como
opción fundamental y el relieve que la Iglesia En el cristianismo o en la práctica de Jesús hay
institucional da a los sacramentos. No es extraño una cara de la fe que no se puede obviar: es la fe
que se produzcan de vez en cuando tensiones entre como «verdad» o como «luz del mundo» (Jn 8, 12).
los evangélicos (condenados casi siempre como El lenguaje de la fe no puede reducirse únicamente
«herejes») y los sacramentalistas (considerados ha- a un lenguaje de acción o de praxis; ha de ser un
bitualmente como «ortodoxos»). Desde la Reforma lenguaje de aserción, de afirmación y de interpreta-
al posconcilio, por no remontarnos al tiempo de las ción. Hay un contenido del acto de fe, que es el
cartas pastorales paulinas, abundan los ejemplos. Credo. Jesús une la salvación con la afirmación de
Dios. El hombre no se reduce a acción, ni la vida es
mera praxis de transformación. El hombre como
apertura que se transciende a sí mismo o como

35
O. González de Cardedal, La identidad cristiana: ¿quién es
un cristiano?, en Cambios históricos e identidad cristiana, Sigúe-
me, Salamanca 1978, 99-100.
34 36
Cf. H. Denis, Sacramentos para los hombres, Narcea, Cl. Geffré, El cristianismo ante el riesgo de la interpretación,
Madrid 1979. Cristiandad, Madrid 1984, 76.

3 8 PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


apertura infinita nos abre un horizonte definitivo
para la misma liberación.
Si la relación de Jesús es la de la confianza,
haciéndose en la historia Hijo de Dios, la relación
de los creyentes con este Jesús, que es totalmente de
Dios, ha de ser de naturaleza análoga. Esto es lo que
intenta expresar la fe.

b) Cristiano es quien se compromete


por el reino de Dios
(Especificidad evangélica)
El segundo modelo es el de la autenticidad o de
la esencia del evangelio a través de los rasgos
característicos del vivir y del actuar cristianos. P.
de Locht señala que «el mensaje revelado, que
culmina en la práctica de la doctrina de Cristo,
demuestra que el servicio a Dios y el servicio a
nuestros hermanos están totalmente imbri-
cados» 37 . Según este modelo, «lo auténtico cristia-
no -escribe A. Fierro- será la fe pascual, el ser para
los otros, la vivencia indisoluble de amor a Dios y al
prójimo, la praxis de liberación, la esperanza
escatológica» . Este modelo corresponde a la
moral o a la ética. Se plantea aquí la cuestión de la
especificidad de la ética cristiana 39 . Según M.
Vidal, la especificidad del ethos cristiano se deriva
de «la referencia a Jesús de Nazaret en cuanto que
en él se hace presente y operante la fuerza crítico-
profética del Absoluto» .
Según este modelo, cristiano es el creyente que
intenta eficazmente pertenecer al reino de Dios,
calificado bíblicamente como pueblo universal en
estado de justicia, no entendida ésta como reparto a
cada uno de lo suyo según la ley, sino como defensa
de quienes están al margen de la ley, dentro de una
neta opción por los pobres y marginados. Los
problemas centrales del reino de Dios no son los de

37
P. de Locht, Comportamiento ético e identidad cristiana:
«Concilium» 216 (1988) 287.
38
A. Fierro, La identidad cristiana, op. cit., 25.
39
Cf. M. Vidal, Especificidad de la ética cristiana, en
Diccionario Enciclopédico de Teología Moral, Suplemento de la
tercera edición, Paulinas, Madrid 1978, 1320-1329.
40
Ibid„ 1325.
la Iglesia institucional, sino los de los hombres y los 5. Estructura de la identidad cristiana
de la sociedad. Todo un giro se impone a la actual
Iglesia, al pretender ser nada menos que signo o El cristianismo puede ser especificado por cua-
sacramento de salvación del mundo. tro elementos esenciales: la comunidad de creyen-
Con todo, «la especificidad cristiana -afirma A. tes, la palabra de Dios, la eucaristía como plegaria
Dumas— no se sitúa en el plano de una diferencia de de la Iglesia y el ministerio o servicio en la caridad
valores en el plano del derecho natural o de la de Cristo. El centro es la comunidad cristiana que
moral laica. La especificidad está en que aquí los se constituye por los otros tres elementos en
valores no son un ideal nunca alcanzado, sino un recíproca conexión. Así, la Escritura es proclamada
fundamento ya realizado» 4 I . Jesucristo es el que como palabra de Dios en la celebración y se
especifica la moral de la fe y el cristianismo. convierte en ágape por el compromiso o la misión
(evangelizadora y liberadora). La celebración sa-
cramental es memorial de la Escritura y presencia
c) Cristiano es quien celebra actualizadora del amor de Dios en Cristo por el
la liturgia cristiana Espíritu. La ética cristiana es la ética humana de
(Especificidad sacramental) servicio al otro, cuyo modelo es Jesús de Nazaret,
como nos lo revela la Escritura. Podemos esquema-
tizar el modelo del siguiente modo 4 3 :
El tercer modelo de especificar lo cristiano se
centra en lo que tradicionalmente se ha llamado
celebración cristiana. Cristiano es el bautizado que MODELO DE IDENTIDAD CRISTIANA
come un bocado (del pan, cuerpo de Cristo) y bebe
un trago (de la copa, sangre de Cristo) en el nombre
del Señor. Este modelo corresponde a la intelección Dios
del cristianismo como universo simbólico 42 .
La liturgia no sólo exige un ritmo temporal, sino
I
Jesucristo
unas condiciones que favorezcan el hecho mismo de (Sacramento original)
lo que es una celebración: sopesar libre, responsa- O
H
ble y gratuitamente el valor profundo de la existen- z
cia en un sentido grupal y colectivo de comunión <
popular. La celebración es una acción comunitaria
del orden simbólico que pretende adherir pensa- D ^/ Sacramento ^<^
H
mientos, voluntades y afectos de los participantes rV/ (eucaristía) \jt\

al sentido profundo de la fiesta, en cuyo interior se
difuminan las fronteras de lo habitual y de lo
PH
V)
oy // \\ \Y*
extraordinario, de lo racional y transracional, de lo w
sagrado y lo profano. Para que la celebración tenga -J
un sentido cristiano, es necesario reconocer la w
iniciativa y presencia del Dios de Jesucristo como 2
Dios cristiano, mediante palabras eficientes y ges- w
tos comprometedores que signifiquen la liberación
salvadora.

41
H. Dumas, Competencias técnicas y especificidad cristiana,
en Iniciación a la práctica de la teología, vol. IV, Cristiandad,
Madrid 1985, 67.
42 43
Cf. G. Ferrara, / sacramenti e l'idenútá cristiana, Piemme, Cf. L.-M. Chauvet, Symbole et sacrement. Une relecture
Cásale Monferrato 1986. sacramentel de iexistence chrétienne, Cerf, París 1987, 176.

4 0 PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


El polo de la Escritura incluye lo que tradicio- que, en la fuerza del Espíritu, ha acogido al reino de
nalmente se ha denominado «inteligencia de la fe», manera explícita en la persona de Jesucristo» 4 '.
es decir, la teología y la catequesis. Evidentemente Las dos grandes tentaciones de la identidad cristia-
no basta el «conocimiento» cristiano. Se requiere na son, a partir de lo afirmado anteriormente, una
un «reconocimiento», de tipo simbólico y espiri- Iglesia sin reino (el acento primero se pone en la
tual, para apropiarse del conocimiento. Esta fun- fidelidad a la jerarquía) y un reino sin Iglesia (el
ción la realiza el polo del Sacramento o, si se acento se pone en el compromiso político). Para que
prefiere, de la plegaria litúrgica. El tercer polo es la la Iglesia sea lugar positivo de identificación, se
Etica, que incluye la acción de los cristianos en el necesitan, según Ch. Duquoc, cuatro exigencias: a)
mundo dentro de la acción humana a secas. «La sea «un camino entre otros»; b) participe «en la
estructura Escritura / Sacramento / Etica, afirma discusión democrática»; c) tenga «voluntad comu-
L.-M. Chauvet, aparece así homologable a una nitaria» y d) sea «testigo de esperanza» 46 .
estructura antropológica más fundamental: conoci-
miento / reconocimiento / praxis» Finalmente, el cristianismo se deforma por
reducción de los tres elementos sustantivos que
Evidentemente, la Iglesia - o la comunidad posee la fe, arriba enunciados: la palabra de Dios
cristiana- no puede entenderse por sí misma, ya (reducción a un saber religioso), la vida litúrgica
que está al servicio de otras dos realidades que la (reducción a un sacramentalismo) y la ética evangé-
transcienden: 1) el reino de Dios, fin de la creación lica (reducción a un moralismó) . De ordinario se
de Dios liberada de toda imperfección, penetrada deforma un polo por su exageración, en detrimento
de lo divino y realizada absolutamente; es la utopía de los otros dos.
realizada en el mundo (escatología). 2) El mundo,
lugar de la realización histórica del reino; se
encuentra en decadencia, está marcado por el
pecado y necesita un proceso de liberación. «La 45
L. Boff, Iglesia: carisma y poder. Ensayos de eclesiología
Iglesia -afirma L. Boff- es aquella parte del mundo militante, Sal Terrae, Santander 1982, 15.
46
Ch. Duquoc, Pertenencia eclesial e identidad cristiana:
«Concilium» 216 (1988) 297.
47
Ibid., 185 Ibid., 176-194.

PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO 4 1


II
HISTORIA DEL
CATECUMENADO
5
Iniciación cristiana
en el Nuevo Testamento

1. Prefiguración de la iniciación cristiana un autobautizo (nunca fue así en el cristianismo),


en el judaismo para paganos (no para judíos), y sin motivación
escatológica (decisiva en el bautismo cristiano).
Por supuesto, no siempre eran puros los motivos
a) La admisión de los prosélitos de conversión. Había paganos que se hacían judíos
en la comunidad judía por motivos financieros, a causa de un buen
matrimonio, para lograr un empleo, agradar al
En tiempos del nacimiento y primer desarrollo amo, obtener beneficios de la caridad judía, o por
de la Iglesia, el pueblo judío aceptaba en su seno a miedo del poder del pueblo elegido. Flavio Josefo
no israelitas que renunciaban al politeísmo y narra algunos casos.
deseaban formar parte del judaismo con toda clase
de derechos y deberes. Eran los «temerosos de Se explica el baño de los prosélitos en relación a
Dios» o «prosélitos» (Hch 13, 43; 16, 14). El influjo las purificaciones rituales previstas por la ley judía.
judío entre los paganos fue notable en el s. I de El ideal bíblico judío de la pureza era. exigente,
nuestra era. Recordemos que había comunidades sobre todo cuando se trataba de introducir a un
judías en toda la Diáspora, que propagaban la fe en pagano impuro en el pueblo sacerdotal o nación
el Dios único y hacían accesibles las Escrituras. Los santa (Ex 19, 6). Quizá este rito no tuvo en sus
paganos convertidos al judaismo eran introducidos comienzos un sentido completo de iniciación, como
en la sinagoga mediante un rito. Según el Talmud lo tenía la circuncisión, pero poco a poco ganó
de Babilonia, se discutió entre los años 90 y 130 la prestigio frente a la misma circuncisión, prohibida
importancia decisiva de la circuncisión o del baño en tiempos de Adriano. Por otra parte, el baño era
de los prosélitos. Hubo rabinos que equiparaban a rito posible con mujeres convertidas al judaismo,
un pagano, bautizado al modo prosélito, con un no así la circuncisión; sin olvidar asimismo la
verdadero judío; ambos podían comer la pascua. De conversión eventual al judaismo de árabes anterior-
ordinario, el bautismo, como inmersión total, se mente circuncidados. El bautismo de los prosélitos
daba a los ocho días de la circuncisión como signo entrañaba la aceptación de la fe y de la ley judías '.
de incorporación a la comunidad israelita y como
perdón de los pecados o liberación de toda impure-
za pagana. Recordemos, con todo, que se trataba de 1
Cf. J. Delorme, La pratique du baptéme dans le judaisme

PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO 4 5


Aunque la Biblia y el Talmud se alejaron mutua- circunstancias parecidas al judaismo, a causa de las
mente en muchos aspectos, hay una cierta semejan- leyes restrictivas imperiales y de la dispersión de
za en las nociones de alianza y de pueblo. Para los creyentes entre los paganos. Evidentemente, la
participar en la alianza, se necesita una fe viva y comunidad judía evolucionó más lentamente que la
unos ritos de entrada en la comunidad. cristiana.
Para apreciar que la conversión del prosélito se
fundaba en el amor de Dios y no en el interés b) La admisión en la secta judía
humano, se imponían unas condiciones de admi- de los esenios
sión. En el s. II, los rabinos se oponían a una
admisión incontrolada. Así se llegó a una codifica- Aunque tampoco es fácil conocer las influencias
ción ritual, que desarrollaba la adhesión al judais- que las comunidades de Qumrán tuvieron en el
mo en tres momentos 2 : cristianismo primitivo, es útil analizar el ritual que
dichas comunidades empleaban con los candidatos
— Había un examen o juicio ante una especie de a las m i s m a s 4 . De hecho, muchos esenios se
tribunal de tres personas o testigos expertos que convirtieron al cristianismo después de la catástro-
indagaban los motivos de la conversión. Se le fe del año 70. Probablemente, dada la vida retirada
advertía tres veces al candidato sobre los peligros que tenían las comunidades de Qumrán, «el influjo
de la persecución a los judíos (cf. Jos 24, 19-23). Al de los esenios en la gran masa del judaismo y en el
final del examen, venía la admisión. cristianismo —piensa A. Diez Macho— no pudo ser
— El admitido comenzaba un período de ins- más que periférico y lateral. Además, desaparecida
trucción para conocer los mandamientos, la cari- la secta en tiempo de la guerra contra los romanos
dad, los castigos y el m u n d o futuro 3 . Esta catcque- (66-70), su influjo en el cristianismo sólo pudo
sis duraba un cierto tiempo. ejercerse desde entonces a través de esenios
conversos» 5 . Lo cierto es que en la comunidad de
— Al final de la instrucción venían los ritos: Qumrán existía un conjunto de prácticas bautisma-
circuncisión, baño y ofrecimiento de un sacrificio. les correspondientes a cada etapa de la iniciación
El sacrificio despareció con el templo después del de los novicios en las reglas de la comunidad. Los
año 70. Los tres expertos de la admisión eran miembros de la comunidad se bañaban diariamen-
testigos de los ritos. Decisivo era el baño. te antes de la comida. Conocemos algunos textos
El baño de los prosélitos, cuyo ritual es del s. II, que describen los ritos y quedan restos de algunas
estaba en uso al comienzo de la era cristiana piscinas descubiertas en lugares que tenían instala-
cuando empezó a estructurarse la Iglesia. No ciones hidráulicas. Las comunidades de Qumrán
olvidemos que el proselitismo se extendió con la nacieron de una ruptura radical contra el templo de
Diáspora después del período macabeo. El anuncio, Jerusalén y su sacerdocio, considerados impíos y
conversión y entrada en la comunidad judía fueron pervertidos. Los esenios se consideraban el pequeño
obra de un pueblo vivo y creyente. Precisamente la resto judío, en cuyo seno se cumplía el verdadero
comunidad cristiana vivió, entre los años 70 y 100, Israel.

contemporain des origines chrétiennes: «Lumiére et Vie» 26 (1956) 4


Cf. M. Jiménez y F. Bonhomme, Los documentos de
21-60; K. Aland, Zur Vorgeschichte der christlichen Taufe, en Qumrán, Cristiandad, Madrid 1976; J. Giblet, L'initiation dans
Neues Testament und Geschichte (Mélanges O. Cullmann), Zurich les communautés esséniques, en J. Ries (ed.), Les rites d'initiation
1972, 1-14. (Actes du Colloque de Liége et de Louvain-la-Neuve, 20-21
2
Cf. J. Thomas, Les mouvements baptistes en Palestine et en novembre 1984), Centre d'Histoire des Religions, Lovaina 1986,
Syrie, Gembloux 1935; M. Dujarier, Le parrainage des adultes 397-412.
aux trois premiers siécles de l'Eglise, Cerf, Paris 1962, 69-171; id., 5
A. Diez Macho, El medio ambiente judío en el que nace el
Breve historia del catecumenado, Desclée, Bilbao 1986, 30-35. cristianismo, en E. Schweizer y A. Diez Macho, La Iglesia
3
Cf. S. Légasse, Baptéme juif des prosélytes et baptéme primitiva. Medio ambiente, organización y culto, Sigúeme, Sala-
chrétien: «Bulletin de Littérature Ecclésiastique» 77 (1976) 3-40. manca 1974, 99.

4 6 PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


A la luz de los escritos de Flavio Josefo y de los cristianas entre los años 49 y 70 8 y el liderazgo que
documentos encontrados en 1947 en las orillas del tuvo la comunidad de Jerusalén sobre el resto de las
Mar Muerto, la iniciación a la comunidad esenia demás comunidades hasta el año 70, cuando se
constaba de varios constitutivos y jÚjfUSsUL?- estructura el cristianismo. Con todo, el influjo de
los ritos judíos sobre el cristianismo primitivo es
- El acto decisivo que debía desarrollarse discutido entre los investigadores 9 . Evidentemen-
durante toda la vida era la conversión o cambio te, al nacer el cristianismo en un contexto religioso
radical de quien entraba en la vía justa. De una con baños rituales, e incluso con la participación de
parte, entrañaba una toma de conciencia del mal los primeros creyentes en ciertas prácticas judías
cometido, y de otra suponía una iluminación divi- (Hcn 3 al 15), no es extraño que el bautismo
na. Era, pues, alejamiento del mundo pervertido (el cristiano tuviese prefiguraciones en los baños reli-
de la mayoría de los israelitas) y entrada en la giosos anteriores. En definitiva, el bautismo no es
comunidad del desierto mediante una especie de un rito nuevo -afirma G. Kretschmar- sino un « baño
juramento solemne. ritual recibido de la práctica judía, pero reformado
por la persona de Cristo y su promesa» 10.
- La entrada en la comunidad comenzaba por Naturalmente, las diferencias entre los baños
una especie de postulantado, equivalente a un año judíos y el bautismo cristiano son mayores que las
de probación después de la admisión. Constaba de semejanzas. Con el bautismo se entra en el ámbito
una serie de etapas fijadas con rigor. Un responsa- escatológico del reino que viene, no meramente en
ble examinaba minuciosamente las aptitudes de los la esfera religiosa divina. Pero en cualquier caso, se
candidatos y su capacidad de vivir las reglas de la observan ciertas similitudes. La entrada en el grupo
comunidad. De todo ello daba cuenta a la comuni- religioso supone la presentación del candidato, así
dad, la cual decidía aceptar o rechazar al candi- como unas pruebas de conocimiento y conducta
dato. hasta recabar la total admisión. De este modo se
- Si el candidato era admitido, entraba en un amplía la comunidad, cuya asamblea reunida juega
noviciado de dos años, durante los cuales participa- siempre un papel decisivo.
ba en los baños, pero no en la comida comunitaria
del mediodía. Terminaba este período con la admi-
sión plena a la manera de vivir integralmente la ley
de Moisés, tal como la interpretaban los discípulos 2. El bautismo, gesto fundamental
del maestro de justicia. Este período de tipo de la iniciación cristiana
catecumenal o monacal era tiempo de aprendizaje
práctico de fe y de conocimiento de las reglas de la
comunidad, que se observaban estrictamente. Para a) Del bautismo de Juan
la admisión definitiva hacían falta pruebas. al bautismo de Jesús
«Hasta la mitad del s. II, el cristianismo, El origen de la práctica bautismal de los prime-
esparcido por toda la cuenca del Mediterráneo ros cristianos procede del bautismo de Juan, no de
-afirma J. Daniélou- es de estructura judía» 7 . Tam-
bién debe señalarse, según la tesis de B. Reicke, el
influjo ejercido por el judaismo en las comunidades
8
Cf. B. Reicke, Diakonie, FestfreudeundZelos, Uppsala 1951,
233-268.
9
Cf. M. Simón y A. Benoit, El judaismo y el cristianismo
6
Cf. A. González Lamadrid, Los descubrimientos del Mar antiguo, Herder, Barcelona 1972; M. Simón, Les premiers chré-
Muerto. Balance de veinticinco años de hallazgos y estudio, Ed. tiens. 1. Les rapports du christianisme naissant avec le judaisme,
Católica, Madrid 1971. Belarmin-Cerf, Montreal-París 1983.
7 10
J. Daniélou, Théologie du judéo-christianisme, Desclée, G. Kretschmar, Nouvelles recherches sur l'initiation chré-
Tournai 1958, 19. Cita en A. Diez-Macho, op. cit., 90. tienne: LMD 132 (1977) 30.

PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO 4 7


las lustraciones helenísticas o de los baños misión respecto de la sociedad injusta existente
judíos n . Juan Bautista proclamó y practicó «un para reformarla. Al mismo tiempo, Jesús se mues-
bautismo en señal de enmienda, para el perdón de tra de acuerdo con el programa de Juan: ruptura
los pecados» (Me 1, 4; Le 3, 3). Bautizarse, según el con la injusticia y compromiso de edificar una
rito de Juan Bautista, equivale a «ser sumergido» o sociedad nueva, a costa incluso de la propia vida. El
a morir; el bautismo o la inmersión -afirma J. bautismo de Juan se refiere a un pasado; el de Jesús,
Mateos- «se usaba en el judaismo como símbolo de a un futuro, a saber, a una liberación de los
un cambio decisivo en la vida, tanto religiosa como hombres de toda opresión. Por eso la muerte de
civil» 12. En el judaismo, la inmersión de los Jesús se llamará «bautismo» (Jn 10, 38s).
prosélitos significaba el abandono de una vida
pagana y la aceptación de un proceder judío; en el Después de su bautismo, Jesús bautiza (Jn 3, 24)
caso de Juan, el bautismo equivalía al arrepenti- y hace bautizar a sus discípulos (Jn 4, 1) para
miento y enmienda, sepultando un pasado de mostrarse de acuerdo con el movimiento reforma-
injusticia mediante un cambio de vida y un com- dor de Juan Bautista, pero pronto abandona esta
promiso de conducta enmendada. práctica, dado su carácter preparatorio. En reali-
dad, estos textos, piensa G. Lohfink, indican la
Dentro de los movimientos bautismales judíos superioridad de Jesús sobre Juan Bautista. Los
de aquellos tiempos, el bautismo de Juan es origi- sinópticos no describen ninguna práctica bautismal
nal: 1) Es inmersión única e irrepetible, no mera hecha por Jesús. Incluso cuando el Jesús prepascual
ablución reiterable. 2) Es recibido de otro, no es envía a sus discípulos en misión (Me 6, 7-13; Mt 10,
autobautizo, a diferencia del baño de los prosélitos y 1.5-15; Le 9, 1-6)), no les da el encargo de
del practicado en las comunidades de Qumrán. 3) bautizar I6 .
Dirigido al pueblo de Israel, exige «que cada uno se Después del encarcelamiento o de la muerte de
reconozca públicamente cómplice de la injusticia y Juan, Jesús proclama su mensaje que se basa en la
exteriorice su ruptura con ella, comprometiéndose cercanía del reinado de Dios y en la exigencia de la
a rectificar su conducta» 13. 4) Es gesto profético de conversión; pero sin negar la obra peculiar de Juan,
conversión y de perdón, cuyo valor se debe a la fe el Maestro afirma su propia obra, enteramente
que tiene el neófito en la palabra que recibe de Dios, soberana. Sin mediación sacramental de ritos,
a través de su servidor . 5) Es un gesto escatológi- aunque no sin palabras y gestos, Jesús perdona los
co, dado con vistas a la inminente venida del juicio pecados. Es un perdón que no se funda en la
de Dios. 15. La conversión que proclama Juan, así proximidad de un juicio, sino en la misericordia y
como el perdón, son dones escatológicos de Dios, al en la bondad de Dios. La conversión que proclama
mismo tiempo que exigencias a los hombres, lejos Jesús no es a la ley o al culto del templo, sino
de todo carácter mágico-sacramental. sencilla y radicalmente al reino de Dios y al Dios
Jesús fue bautizado por Juan (Me 1, 9), con una del reino. Así como Juan se coloca en lugar del culto
particularidad: no confesó sus pecados ni tuvo que judío, Jesús se sitúa en lugar de Juan, en medio del
enmendarse (Jn 1, 5), pero tomó conciencia de su mundo, en nuestra situación. En realidad, Jesús es
el sacramento radical, como lo son sus mensajeros.
No dio a la comunidad pascual ningún rito de
iniciación según un antiguo sacramentalismo, en el
11
Cf. R. Schnackenburg, Taufe, en LThK, IX, 2. a ed., sentido de unir legalmente la salvación al cumpli-
1.311-1.314; E. Dinkler, Taufe, en RGG, VI, 3.' ed., 627-637. miento de unos ritos. Jesús, como Juan, protestan
12
J. Mateos, El bautismo, nuevo nacimiento, Fundación
Santa María, Madrid 1987, 13.
13
Ibid., 13-14.
14
Ch. Perrot, Jesús y la historia, Cristiandad, Madrid 1982, 16
G. Lohfink, Der Ursprung der christlichen Taufe: «Theolo-
especialmente el cap. III. Jesús y el movimiento bautista, 80-110. gische Quartalschrift» 156 (1976) 35-54 y condensado bajo el
15
R. E . O . White, The Bíblica! Doctrine of i'nitiation, Londres título El origen del bautismo cristiano: «Selecciones de Teología»
1960, 88. 16 (1977) 227-236.

4 8 PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


contra todo legalismo judío y todo ritualismo
cultual. El bautismo cristiano significa el compro-
miso de acabar con la injusticia y de construir una
sociedad justa, para lo cual Dios concede el Espíritu
Santo.

b) Del bautismo de Jesús


al bautismo de los creyentes
Al parecer, fueron discípulos de Juan los que, a
la muerte de su maestro, institucionalizaron su
bautismo y lo establecieron como rito de iniciación
a la comunidad. De hecho nunca se ha dado una
Iglesia sin bautismo. Los discípulos de Juan que se
incorporan más tarde a la comunidad cristiana se
basan en que Jesús fue bautizado por Juan, no en
que los cristianos aceptaron el rito del Bautista. El
bautismo que Cristo recibió de Juan no fue ningún
modelo ejemplar del bautismo cristiano en la
Iglesia primitiva. Lo cierto es que la práctica
bautismal es tan antigua como la primera comuni-
dad cristiana aramea. Nadie la discutió; resulta
incluso misteriosa. Así llegamos a la conclusión de
K. Aland, aceptada por R. Pesch: «No sabemos ni
cómo, ni dónde, ni cuándo surgió el bautismo
cristiano» 17 . Históricamente no podemos justifi-
carlo; sólo podemos hacerlo teológicamente. De
hecho, así lo hacen los evangelios cuando relatan la
orden de bautizar puesta en boca del Resucitado
(Me 16, 14-18; Mt 23, 18-20; Le 24, 36-39).
Se ha emitido la hipótesis de que los primeros
discípulos, al considerar los sucesos pascuales con
una perspectiva apocalíptica, vivieron una situa-
ción análoga a la que vivió Juan Bautista. Por eso el
bautismo cristiano no aparece como un rito de
iniciación orientado hacia una salvación ocurrida,
sino que se manifiesta como sello sacramental ante
el juicio venidero del m u n d o 18 .

17
K. Aland, Die Stellung der Kinder in den frühen christlichen
Gemeinden und ihre Taufe, Munich 1967, 4.
18
H. Thysen, Studien zur Sündenverbegung im Neuen Testa-
ment und seinen alttestamentlichen und jüdischen Vorausetzun-
gen, Góttingen 1970, 147; cf. W. Bieder, Um den Ursprung einer
Auseinanderseit mit dem Buch von Markus Barth, Die Lehre ein
Sakrament?: «Theologische Zeitschrift» 9 (1953) 161-173.
En estricto rigor, cristiano es el bautizado. estamos salvados, es aceptar que el gesto sacramen-
«Desde los orígenes -afirma R. Cabié- se entra en la tal se relaciona íntimamente con el bautismo de
Iglesia por medio de un rito de agua; en efecto, el Jesús, a saber, con el acto histórico de la muerte del
bautismo aparece al mismo tiempo que la comuni- Señor y de su resurrección, que es salvación radical
dad cristiana» 19. De acuerdo con la práctica cris- del Salvador del mundo y de los hombres 20 .
tiana más primitiva, heredada de Juan Bautista y
reinterpretada por Jesús, el bautismo es obra del
Espíritu de Cristo, en cuyo nombre se celebra, al
mismo tiempo que entrada en la comunidad de los 3. Relatos neotestamentarios de admisión
que creen en el Resucitado. Es expresión visible de al bautismo
la fe en Jesús como Señor. Bautizarse significa
identificarse con la causa de Jesús, optar por el Las alusiones al bautismo son frecuentes en el
sentido de la vida que manifestó Cristo. Entraña Nuevo Testamento, pero casi siempre se trata de
una conversión a los valores del reino de Dios y un textos ocasionales y esquemáticos, bien de tipo
compromiso de vida. narrativo, bien de tipo dogmático. En particular nos
Al mismo tiempo es el bautismo recepción de interesan algunas narraciones bautismales de los
gracia y de Espíritu. No es tanto una purificación Hechos, de cara a descubrir un posible esquema de
de culpabilidades humanas, cuanto reconocimiento iniciación, a pesar de que no sean los testimonios
de una profunda y radical liberación del poder del más antiguos sobre el bautismo cristiano 21 . En
pecado y de la muerte. Por eso decimos que el estas narraciones se trata de describir el acceso a la
convertido es bautizado en el nombre de Jesús (en fe o a la conversión de tres personajes representati-
el agua y en el Espíritu), en su fuerza, en su gracia, vos: el etíope eunuco (un pagano no romano), Saulo
al mismo tiempo que recibe el Espíritu Santo, (un judío) y Cornelio (un pagano romano), en el
vinculado con frecuencia al gesto de la imposición contexto de gestación de la nueva Iglesia (Hch 8,
de manos. Esto supone la fe en el Señor. De este 4-11, 18).
modo, el bautismo cristiano se diferencia de cual-
quier otro baño religioso. El bautismo sin fe
(personal o de los padres) es un baño de agua a) Conversión y bautismo
inexpresivo, como la fe sin el bautismo es una fe del tesorero etíope
inexpresada, incompleta. La fe y el bautismo,
íntimamente ligados, son dones de Dios aceptados El etíope eunuco (Hch 8, 26-40) representa al
responsablemente por el creyente convertido que se pagano estéril simpatizante del judaismo que des-
hace bautizar. Piénsese que tanto en el rito de Juan, cubre la Escritura al regresar del culto muerto de
como en el bautismo cristiano, uno no se baña a sí Jerusalén. Felipe es un misionero entre los samari-
mismo, sino que recibe el gesto de otro, que además tanos, en oposición a Simón, un mago que comer-
es único. ciaba con lo religioso, a pesar de estar bautizado. El
Bautizarse es ingresar en la comunión de los
cristianos, en la Iglesia, representada por una
comunidad concreta. No somos cristianos indivi- 20
Cf. G. Barth, El bautismo en el tiempo del cristianismo
dualmente y a solas, sino comunitariamente, con primitivo, Sigúeme, Salamanca 1986; A. Houssiau, Indications
los otros hermanos creyentes. Finalmente, bauti- bibliques sur la pastorale du baptéme: LMD 110 (1972) 7-15.
21
zarse es algo más que salvarse: es reconocer que Cf. J. Roloff, Hechos de los Apóstoles, Cristiandad, Madrid
1984; J. Rius-Camps, El camino de Pablo a la misión de los
paganos. Comentario lingüístico y exegético a Hch 13-28, Cristian-
dad, Madrid 1984; A. Wikenhauser, Los Hechos de los Apóstoles,
Herder, Barcelona 1981, 3." ed.; J. Dupont, Etudes sur les Actes
19
R. Cabié, La iniciación cristiana, en A.-G. Martimort, La des Apotres, Cerf, París 1967; W. Meeks, Los primeros cristianos
Iglesia en oración. Introducción a la liturgia, Herder, Barcelona urbanos. El mundo social del apóstol Pablo, Sigúeme, Salamanca
1986, 3.a ed., 574. 1988.

50 PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


proceso de iniciación se puede descubrir en estas nismo, sino un enemigo. Pero gracias a su conducta
etapas: irreprochable y a su antigua preparación en la
— Aunque no sabemos la preparación previa escuela de Gamaliel, es capaz en su «camino»
del eunuco, parece un «temeroso de Dios», quizá es violento de ver una gran «luz» (reconocimiento de
un prosélito, está abierto a la fe y se esfuerza en Dios) que le deja «ciego» (le falta el Espíritu de
conocer las Escrituras. Con sencillez pide ser guia- Cristo), caer en tierra del «caballo» (abandono del
do. Es la etapa precatecumenal. poder, que se opone a la Iglesia) y oír una «voz» (la
palabra del Señor). Los «tres días» en ayuno
— El evangelista Felipe le anuncia la buena significan pascualmente el estado de muerte.
nueva de Jesús y lo catequiza en relación al reino, al
don del Espíritu y al bautismo. Desaparece, como - Preparación bautismal. Ananías, representan-
desapareció Cristo en la cena con los discípulos de te de los discípulos helenistas, es el educador
Emaús, para manifestar que el Señor está presente cristiano de Saulo, a quien hace ver que Jesús es el
en los signos de caridad y sacramentales. Es la Mesías y que, aparentemente fracasado ante los
etapa central de la iniciación. judíos, ha inaugurado el reino de Dios definitivo.
Quizá Saulo recibió una catequesis antes de aceptar
- Felipe y el eunuco se sumergen en el agua el kerigma o mensaje cristiano.
para significar que el bautismo es ruptura con el
pasado y entrada en una nueva vida. Es la hora de - Incorporación bautismal. Ananías impone las
la celebración sacramental. Desde ese momento, el manos a Saulo y le da el título de hermano. Saulo
bautizado sigue el «camino» cristiano con alegría, y recobra la vista y es bautizado, participa en la mesa
el evangelizador lleva la buena nueva del Espíritu a (quizá eucarística) y se introduce en la vida común
otra parte. y misionera. Desde ese momento, es un discípulo o
creyente que evangeliza, es decir, predica a Jesús
como Hijo de Dios. La desconfianza de la iglesia
b) Conversión y bautismo aramea de Jerusalén frente a Saulo desaparece
del judío Saulo gracias a la acción de Bernabé. Hubo garantías en
la iniciación de Saulo.
Lucas describe en tres relatos de los Hechos (9,
1-12; 22, 6-21; 26, 12-23) la conversión de Pablo. En
síntesis, estas tres narraciones afirman que Saulo, c) Conversión y bautismo
en su camino de persecución a los cristianos, es del centurión Comelio
encontrado por Jesús, cae del caballo y se convierte;
es iniciado, bautizado y acepta la misión a los En la narración del centurión Cornelio (Hch 10,
paganos 22. Para detectar aquí un proceso de inicia- 1-11, 18) podemos ver tres escenas, correspondien-
ción, podemos dividir la transformación de Pablo tes a tres momentos de la iniciación.
en tres momentos. - Cornelio, primer pagano recibido en la co-
- Conversión personal. Pablo fue desde su ju- munidad cristiana, es un «adepto» a la religiosidad
ventud fariseo conservador y extremista. Su mili- judía, como se comprueba por sus «limosnas» y
tancia beligerante y fanática frente a la iglesia «oraciones», manifestaciones clásicas del israelita
helenista le condujo a encarcelar a cristianos, piadoso. Su experiencia de Dios tiene semejanzas
forzarlos a blasfemar y perseguirlos hasta las con la experiencia religiosa de Pedro, en cuya
ciudades extranjeras. No era un alejado del cristia- comparación se aprecia la intervención salvadora
de Dios. Aunque Cornelio no toma la iniciativa, está
en disposición de abrazar la fe cristiana, a saber, es
capaz de percibir la voz de Dios, salir de su
22 aislamiento y superar ciertas barreras. Quiere ser
Cf. G. Kuss, San Pablo, Herder, Barcelona 1975; S.
Sabugal, La conversión de San Pablo, Herder, Barcelona 1976; G. miembro del pueblo del Dios judío y termina por
Bornkamm, Pablo de Tarso, Sigúeme, Salamanca 1979. pertenecer al pueblo del Dios cristiano.

PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO 5 1


- La Iglesia que misiona y catequiza, represen- ritual relativos al agua y a la mesa. Recordemos
tada por Pedro, no es el judaismo de la circuncisión que el pueblo, de ordinario pobre en su conjunto, no
y de la legalidad. Es la Iglesia abierta a los paganos, se ajustaba a las normas de la pureza legal.
con los que se manifiesta el universalismo de la Precisamente por esto surgen los movimientos
primera comunidad cristiana, modelo del cristia- bautistas, que exhortan a la conversión y anuncian
nismo futuro. La instrucción comunitaria de Pedro la llegada del juicio inminente de Dios. «El rito
a Cornelio (esquema fundamental del evangelio), en bautista de salvación -afirma Ch. Perrot- se dirigía a
la que el apóstol desglosa la vida y actividad de todos y era accesible a todos, por encima de todas
Jesús a la luz de las Escrituras, es el credo cristiano. las barreras de pureza» 2 3 . Sin embargo, Pablo no
En realidad, el auditorio tenía fe judía; había una alude nunca a Juan Bautista ni relata en las
especie de «preparación evangélica». epístolas su propio bautismo personal; incluso llega
a decir que «Cristo no me envió a bautizar» (1 Cor 1,
- Al terminar la catequesis, sobreviene la 17). Pablo entiende que lo que salva es el aconteci-
efusión del Espíritu como un segundo Pentecostés a miento de la muerte y resurrección de Cristo
los paganos. Cornelio y un grupo de adeptos son (bautismo de Espíritu), no el gesto bautista en
bautizados por orden de Pedro «en el nombre de cuanto tal (bautismo de agua).
Jesús». Es posible que ya existiesen ministros
adecuados para el bautismo. El acontecimiento Jesús elimina las prácticas purificatorias que
bautismal termina probablemente con una comida, convertían a los grupos religiosos en sectas encerra-
en la que participan judeocristianos y recién con- das en sí mismas. Su mensaje es universalista;
vertidos del paganismo. La estancia de Pedro por sobrepasa todas las barreras, sociales, culturales,
«unos días» indica la probable prolongación de la sexuales y étnicas. Va dirigido al pueblo, es decir, a
catequesis posbautismal. los pobres y pequeños, incapaces de conocer y
respetar las minuciosidades de los preceptos ritua-
les. La salvación se adquiere mediante la conver-
sión del corazón al reino que se acerca y que es de
4. Los inicios de la iniciación cristiana todos, de pecadores, prostitutas y soldados no
judíos. Jesús forma un grupo de «no segregados»,
a) Jesús, primer iniciador de la fe porque no ha «venido a llamar a los justos, sino a
los pecadores» (Me 2, 17). El bautismo cristiano, en
De acuerdo a los testimonios evangélicos, Jesús continuidad con el de Juan, no es rito de purifica-
fue bautizado por Juan, y el bautismo fue desde el ción que separa, sino acto de agregación que une.
principio rito de iniciación cristiana, gesto de Bautizar equivale a formar comunidad, no en torno
incorporación al pueblo de la nueva alianza y a la Tora, sino alrededor del Maestro. En tiempos
símbolo del perdón de Dios. Según estas afirmacio- de Jesús -afirma Ch. Perrot- «el anuncio del perdón
nes, el cristianismo es un movimiento bautista. de los pecados por medio de un gesto entrañaba
¿Fue asimismo Jesús un bautista? ¿Cómo practicó directamente la convicción de que estaba ya ac-
la iniciación? tuando la salvación escatológica» 2 4 . Con Jesús han
llegado la salvación y el reino. El inicia a los
En tiempos de Jesús eran frecuentes las ablucio- creyentes a una nueva vida. Ser discípulo es aceptar
nes con agua y los baños corporales, tanto en las exigencias del reino.
Oriente como en Occidente, entre judíos y entre
greco-romanos. Eran ritos de pureza para pasar de La iniciación ha de entenderse a partir de la que
lo profano a lo sagrado. Los puros o separados se lleva a cabo Jesús. Sus tres años de ministerio
distinguían de los pecadores. De ahí que estos ritos constituyen el modelo de la iniciación cristiana:
distinguiesen a los diferentes grupos religiosos que
pululaban en el siglo I, antes y después de Cristo.
Jesús rechaza las divisiones y separaciones entre Ch. Perrot, Jesús y la historia, op. cit., 91.
diferentes grupos sectarios por motivos de pureza Ibid., 108.

5 2 PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


evangeliza y llama a los primeros discípulos, los s. II, presupone una catequesis antes del büdÜHDu
forma como grupo y los instruye, los reúne asidua- Esto hace sospechar que existió una preparadÓB
mente a la mesa y cena con ellos por última vez, los prebautismal en los comienzos de la primera
confirma en el misterio de la resurrección después comunidad cristiana, de modo semejante a la
de la pascua y los envía a evangelizar, instruir e práctica ya existente con los prosélitos del judais-
iniciar. Los evangelios son, en última instancia, mo o con los novicios de Qumrán. Los relatos
relatos catecumenales o narraciones para m a d u r a r bautismales ya analizados presuponen esta practi-
la fe en la buena noticia del reino de Dios. ca, aunque no la relatan, puesto que la preocupa-
ción de Hechos está en mostrar los éxitos de la
misión, no la vida concreta de las comunidades. En
b) El proceso de la iniciación: Heb 6, 1 hay una referencia a la «instrucción de los
misión - catequesis - bautismo catecúmenos», según interpretan hoy muchos co-
mentaristas de esta carta. También puede deducir-
— El trinomio predicación - fe - bautismo es un se que en las comunidades paulinas había una
rasgo característico de la praxis pastoral neotesta- determinada instrucción prebautismal (cf. 1 Cor 15,
mentaria. Aunque no es posible deducir del Nuevo 3ss) relacionada con el credo y el comportamiento
Testamento el primitivo proceso de iniciación cris- moral.
tiana, puede observarse que, desde el comienzo de
la Iglesia, los convertidos por el anuncio del *- La descripción de los bautismos en el Nuevo
kerigma, después de aceptar la fe, son agregados al Testamento es muy breve. No obstante, puede
pueblo de Dios mediante el bautismo, rito funda- pensarse que hubo desde el principio exigencias
mental del catecumenado 2 5 . Como hemos visto, el bautismales: fe y conversión, sinónimos de adhe-
rito ya existía; lo había practicado Juan Bautista, sión a Cristo y de arrepentimiento; reconocimiento
quien a su vez tuvo en cuenta ciertos baños judíos. de la Iglesia y aceptación por parte de la comuni-
El rito era tan conocido que no necesitó ninguna dad; diálogo y examen para verificar la actitud y
explicación, como se observa en el primer bautismo disposiciones del candidato, junto a la decisión
de Pedro en Pentecostés (Hch 2, 38). En cambio final del responsable de la comunidad. Aunque no
quedará abolida la circuncisión como rito cristiano aparecen con claridad, podemos presuponer la
de pertenencia; a lo sumo se entenderá el bautismo existencia de unos «padrinos» o cristianos militan-
como nueva circuncisión (Col 2, 11-12). La tesis que tes que garantizaban al candidato delante de la
derivaba el bautismo cristiano del sacramentalis- comunidad y le ayudaban a m a d u r a r en su itinera-
mo helénico correspondiente a las religiones misté- rio de fe 2 7 .
ricas es hoy escasamente defendida.
*- El bautismo se hacía probablemente por
- «Es característico de la praxis bautismal de sumersión, a no ser que hubiese poca agua y se
la Iglesia antigua -afirma G. B a r t h - el hecho de ir derramase en la cabeza. El hecho de encontrar en el
precedida de una extensa instrucción sobre el Nuevo Testamento himnos, cánticos y fragmentos
bautismo, instrucción que, a finales del siglo II y que se utilizaron en el culto primitivo hace pensar
comienzos del siglo III, llegó a institucionalizarse que también se usaron en los bautismos, pero esto
tan sólidamente, que condujo a la creación del no es seguro. Lo que parece cierto es la existencia de
estado especial de catecúmenos como forma parti- una confesión de fe («Creo que Jesucristo es el Hijo
cular de ser cristiano antes de recibir el bau- de Dios») pronunciada en el bautismo (cf. Heb 3, 1;
tismo» 2 6 . La Didajé (7, 1), que es de comienzos del 4, 14; 10, 19ss), que ¿ n 4 u j a j ¿ n a obligación y una

25
Cf. P. Pas y Ph. Muralle, Le baptéme aujourd'hui, Caster-
man, París 1971; J.-J. von Allmen, Pastorale du baptéme, Ed. 27
Cf. Th. Maertens, Histoire et pastorale du rituel du
Universitaires-Cerf, Friburgo-París 1978. catéchuménat et du baptéme, Saint-André, Brujas 1962, especial-
26
G. Barth, El bautismo en el tiempo..., op. cit., 144. mente cap. II.

PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO 53


promesa de «permanecer firmes» 28 . Al recibir el través de dos mediaciones: la memoria de los
don del bautismo, el bautizado manifestaba su sucesos y la apertura de la Escritura con una
compromiso. interpretación adecuada. «El paso de la fe -afirma
- En relación con la liturgia bautismal, apare- L.-M. Chauvet- requiere que uno se desprenda del
ce asimismo el gesto de la imposición de manos, deseo de ver-tocar-encontrar para aceptar la escu-
signo de la concesión del Espíritu (Hch 19, 6). Pedro cha de una palabra que viene de los ángeles o del
y Pablo imponen las manos a los samaritanos ya Resucitado mismo, reconocida como palabra de
bautizados, para significar que los apóstoles están Dios» 30.
de acuerdo con la misión de Felipe en Samaría. Los tres relatos lucanos de la fe en el Resucitado
Otra cuestión es creer que la imposición de manos muestran la iniciación bajo el símbolo de un
apostólica sea un gesto de confirmación. En el «camino» que parte de Jerusalén y regresa a la
Nuevo Testamento no se distingue entre bautismo y misma ciudad, lugar de la muerte de Jesús y de sus
confirmación. Es evidente que algunos textos (Hch apariciones, de la efusión del Espíritu y de reunión
8, 14-17; 19, 1-7) hablan de la imposición de manos comunitaria, desde donde se despliega la Iglesia.
que sigue al bautismo, pero este gesto significa que Las mujeres, los discípulos de Emaús y los Once
un bautismo sin Espíritu (el de Juan, que subsistía) «regresan a Jerusalén» convertidos y misioneros.
no es verdadero bautismo, además de pertenecer al Recordemos que Lucas comienza su historia en el
tiempo de una cierta estructuración litúrgica bau- templo de Jerusalén (Le 1, 9) y la termina en el
tismal. Para el autor de los Hechos, bautismo, evangelio (Le 24, 53) con perspectivas universales
imposición de manos y recepción del Espíritu (Hch 1, 8).
forman una unidad. La distinción entre bautismo y
confirmación pertenece a una época posterior al En el relato de los discípulos de Emaús, Jesús no
Nuevo Testamento. Con todo, en el tiempo neotes- es visible, pero está vivo, es el ausente que se hace
tamentario tardío ya se daban los dos componentes presente en sus signos: lectura de la palabra, cena
de la iniciación, el bautismo y la imposición de fraternal, fracción del pan. Dicho de otro modo,
manos. cada vez que la comunidad cristiana anuncia la
muerte y resurrección de Jesús «según las Escritu-
ras», se convierte en signo sacramental de Cristo y
c) El relato de Emaús, prototipo mediación del tránsito de la no-fe a la fe, es decir,
del desconocimiento al reconocimiento, de los ojos
de iniciación (Le 24, 13-35) cerrados a una visión de fe, del desconcierto a la
misión, del grupo de amigos a la comunidad de
Lucas, en el capítulo 24 de su evangelio, intenta hermanos creyentes. En la narración de Emaús,
mostrar el tránsito de la no-fe a la fe. El relato de los semejante a la del bautismo del etíope eunuco (Hch
discípulos de Emaús se encuadra entre otros dos, el 8, 25-40), se pueden ver estas tres escenas:
anuncio de la resurrección y la aparición a los
Once 29 . Los destinatarios del mensaje en estas tres - En la primera escena, los discípulos salen de
perícopas se encuentran en una situación de no-fe: Jerusalén «cariacontecidos», desorientados, en de-
las mujeres «despavoridas», los de Emaús «ciegos» sacuerdo. No conocen bien a Jesús y se han
y los discípulos «incrédulos», pero todos ellos en equivocado en la confianza puesta en él. Simple-
búsqueda, a saber, con deseos de encontrar, tocar y mente creían que era un «profeta». No se han
ver el cuerpo de Jesús, al que lo creen simplemente separado del todo de la institución judía. Su idea
muerto. El paso de la increencia a la fe se efectúa a mesiánica es nacionalista y su esperanza meramen-
te temporal y política. Todo ha terminado o termi-

28
G. Barth, El bautismo en el tiempo..., 150.
29 30
Cf. X. Léon-Dufour, Resurrección de Jesús y mensaje L.-M. Chauvet, Symbole et Sacrement. Une relecture sacra-
pascual, Sigúeme, Salamanca 1973, 215-236. mentelle de l'existence chrétienne, Cerf, París 1987, 168.

54 PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


na con la muerte. «Hay que descender al vacío de la decisivo el testimonio de las Escrituras, que ilumi-
decepción, afirma X. Léon-Dufour, para después nan el misterio de Cristo. Aparecen en el relato las
exultar de gozo» 31 . Es la etapa precatecumenal. tres grandes lecturas sinagogales, que serán poste-
- La segunda escena empieza cuando los discí- riormente cristianas: Ley y Moisés (el seder), Profe-
pulos «se detienen». Comienza entonces un diálogo tas (la haftara) y Salmos (el mizmor).
con el caminante, que es Jesús. La palabra de Dios — En la tercera escena, el caminante se revela
ilumina los acontecimientos de la historia, especial- como Jesús. De nuevo se repite la presencia de un
mente los relacionados con la vida y la muerte. Dios personaje divino que, sin ser reconocido al comien-
habla a través de sus enviados: profetas, evangelis- zo (un caminante, un hortelano), desaparece en
tas, misioneros, predicadores, lectores. El mensaje cuanto se manifiesta su identidad. Los discípulos
central es éste: Jesucristo «está vivo». La resurrec- son creyentes que deben vivir las exigencias de la fe.
ción de Jesús es el objeto central de la fe cristiana. Han compartido el pan; deberán ser testigos y
Los discípulos escuchan la palabra del Señor, que misioneros. La escena del pan está en relación con
les ayuda a interpretar el credo. En esta etapa es el reparto del pan, no con la celebración de la cena
del Señor. El pan es el signo de una entrega, de
Cristo y de sus discípulos, que se hará sacramento
en la eucaristía. Los catecúmenos abren los ojos,
31
X. Léon-Dufour, Resurrección de Jesús..., op. cit., 228. creen y están de acuerdo. Son discípulos.

PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO 5 5


6
El catecumenado
antiguo

1. Visión global del catecumenado antiguo El catecumenado adoptó formas diversas en las
distintas iglesias particulares, aunque siempre tuvo
elementos comunes. Evolucionó sensiblemente du-
a) Razón de ser del catecumenado antiguo rante los cuatro primeros siglos del cristianismo, de
tal modo que el catecumenado anterior a la paz de
A partir de la efusión del Espíritu en Pentecos- Constantino fue diferente del posterior, reducido a
tés, los apóstoles y discípulos invitaron a judíos y finales del s. V a la cuaresma 2. Puede advertirse,
gentiles a convertirse a la fe cristiana y a bautizarse sin embargo, que el catecumenado antiguo estaba
en nombre de Jesucristo (Hch 2, 38). Ya desde el constituido en todas las iglesias por cuatro etapas:
comienzo, la Iglesia se esforzó en preparar a los 1) la misionera, o etapa de evangelización, destina-
candidatos al bautismo. Durante los primeros si- da a suscitar la fe y la conversión entre paganos
glos del cristianismo, el catecumenado fue una mediante la predicación del evangelio, que culmi-
institución pastoral organizada por la Iglesia para naba con la entrada en el catecumenado por medio
acoger en la comunidad cristiana a personas adul- de un examen sobre los motivos y disposiciones del
tas convertidas e instruirlas en grupo durante un candidato; 2) la etapa catecúmeno!, de tres o más
cierto tiempo, hasta su ingreso como fieles por años de duración, como período de formación y de
medio del bautismo y de la eucaristía. Se desarrolló prueba, que culminaba con un nuevo examen sobre
sobre todo en tierras paganas, dada la necesidad de el comportamiento del catecúmeno durante la
que los candidatos al bautismo descubriesen el instrucción; 3) la etapa cuaresmal, de unas pocas
monoteísmo cristiano, el sentido de las Escrituras y
el comportamiento moral evangélico '.
2
Cf. excelentes síntesis históricas del catecumenado en R.
Cabié, La iniciación cristiana, en A. G. Martimort, La Iglesia en
' Para una visión rápida del catecumenado antiguo, cf. M. oración. Introducción a la liturgia, Herder, Barcelona 1987, 3. a
Dujarier, L'évolution de la pastorale catéchuménale aux six ed., 572-661; M. Dujarier, Breve historia del catecumenado,
premiers siécles de l'Eglise: LMD 71 (1962) 46-61; A. Turk, Aux Desclée, Bilbao 1986 (original de 1980), que recoge otro estudio
origines du catéchuménat: «Revue Scientifique de Philosophie et anterior de A. Laurentin y M. Dujarier, Catéchuménat. Données
Théologie» 48 (1964) 20-31; G. Groppo, Catecumenado antiguo, de l'histoire et perspectives nouvelles, Centurión, París 1969; Th.
en J. Gevaert (ed.), Diccionario de Catequética, CCS, Madrid Maertens, Histoire et pastorale du rituel du catéchuménat et du
1987, 146-149. baptéme, Saint-André, Brujas 1962.

5 6 PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


semanas de duración, como preparación intensiva las tradiciones culturales filosóficas griegas. Aun-
al bautismo y eucaristía de la noche pascual, que que el pueblo, en su inmensa mayoría, no sabía leer
culminaba con la celebración sacramental, y 4) la y escribir, los retóricos griegos y romanos ejercían
etapa del tiempo pascual, en la que se desarrollaba una gran influencia cultural sobre las masas.
la catequesis mistagógica. Las exigencias de admi-
sión para cada etapa eran estrictas.
b) Testigos principales
Los historiadores modernos del catecumenado
sitúan su época más floreciente en los tres primeros
del catecumenado antiguo
siglos. Nace en el s. II, se desarrolla en el s. III y
El texto cristiano más antiguo fuera de la Biblia
primera mitad del s. IV, se transforma en la
es la Didajé o «enseñanza de los doce apóstoles»,
segunda mitad del s. IV, mantiene una cierta
aproximadamente del año 110. Es una instrucción
vitalidad en el s. V y entra en decadencia, hasta
moral basada en la doctrina de los «dos caminos»
desaparecer, en los s. VI y VIL «La historia del
(vida y muerte, luz y sombra, justicia e injusticia),
catecumenado -afirma M. Dujarier- se ha desarro-
dirigida a los candidatos al bautismo . Por este
llado en tres etapas. En el s. III, las exigencias de
texto sabemos que a finales del s. I había ya una
una Iglesia misionera mantenían en serio la prepa-
preparación al bautismo, aunque todavía no se
ración bautismal: examen de entrada, largo perío-
usaba el termino «catecumenado» 5 .
do de formación y nuevo examen antes de la
admisión al bautismo. Durante los s. IV y V Más tarde, hacia el año 150, alude Justino (+
cambian las circunstancias por la conversión de los 165) en su Apología I a la iniciación bautismal,
emperadores; se constituye la cristiandad. Se desa- escrito que refleja el proceso de conversión a la fe de
rrolla el período cuaresmal en detrimento del ese tiempo. Justino fue filósofo pagano convertido
catecumenado propiamente dicho. Finalmente, el s. en Efeso. Abrió una escuela cristiana en Roma, lo
VI sólo conservará ritos más o menos condensados, que le costó la vida bajo Antonino Pío. Su texto
y el bautismo de infantes sustituirá al catecume- indica que a finales del s. I había un tiempo de
nado» 3 . El cambio se operó a comienzos del s. IV. preparación al b a u t i s m o 6 . Con todo, no estaba
«El verdadero catecumenado es el de la Iglesia constituido todavía en ese momento el catecumena-
misionera del s. III, en la que la iniciación sacra- do organizado.
mental exige todavía una seria formación previa y
Para estudiar el catecumenado antiguo es nece-
en la que el acceso a la catequesis oficial no se
sario tener en cuenta cjiaJj-ftJtifiSS .djg testimonios,^
concede sino a creyentes» 4 .
de fuentes 7 :
El catecumenado antiguo está formado por dos • Escritos canónico-litúrgicos
constitutivos básicos: la catequesis o conjunto es-
tructurado de enseñanzas, y la liturgia o proceso Entre los escritos canónico-litúrgicos sobresale
ascendente de celebraciones que culminan en el la Tradición Apostólica de Hipólito (+ 253), escrita
bautismo y la eucaristía, todo al servicio de una
identificación cristiana del candidato. La mayor
parte de los candidatos al bautismo, participantes 5
Cf. el texto en castellano de la Didajé, en D. Ruiz, Padres
del catecumenado antiguo, eran analfabetos. Pero Apostólicos, Ed. Católica, Madrid 1950, 29-98 y en Padres
también se daban catecúmenos instruidos, a los que Apostólicos. Selección de textos de espiritualidad, ed. de L. Glimka,
debía presentarse el mensaje cristiano en relación a Lumen, Buenos Aires 1983; cf. W. Rordorf, Le baptéme selon la
Didaché, en Les Mélanges liturgiques offerts au R. P. B. Botte,
Lovaina 1972, 499-510.
6
Cf. San Justino, Apología I, 61-67, en D. Ruiz, Padres
3
apologistas griegos, Ed. Católica, Madrid 1954, 182-260.
M. Dujarier, Le parrainage des adultes aux trois premiers 7
R. Cabié, La iniciación cristiana, op. cit., 578-581. Ahí
siécles de l'Eglise. Recherche historique sur l'évolution des garan- puede encontrarse la bibliografía de las ediciones críticas en
ties et des ¿tapes catéchuménales avant 313, Cerf, París 1962, 65. idioma original. Daré a lo largo de este trabajo referencias de las
4
Ibid., 381. traducciones al castellano, cuando existan.

PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO 57


en Roma hacia el año 215 o 225. Constituye la predicó y catequizó en la basílica de la Resurrec-
fuente más antigua y completa del primer catecu- ción, edificada en tiempos de Constantino. Cirilo
menado romano. Por esta razón influyó en los fue obispo de la comunidad de Jerusalén. Sus 24
documentos catecumenales posteriores. Según catequesis comienzan el primer domingo de cuares-
Stenzel, transmite la práctica cristiana desde el año ma y se desarrollan diariamente hasta el bautismo.
170. Hipólito fue jefe de una comunidad disidente, Tiene cinco catequesis mistagógicas para explicar
que al final muere en el mismo martirio del papa el bautismo, la confirmación y la eucaristía 12.
Ponciano, con quien se reconcilia 8 .
Ambrosio de Milán (339-397) fue prefecto de la
Para conocer el origen del catecumenado en ciudad y catecúmeno antes de ser elegido obispo de
España son importantes las actas del Concilio de Milán en 373. Compuso dos tratados en torno a la
Granada (Elvira o Iliberri), celebrado entre el 306 y iniciación cristiana y a la preparación de los
el 314 9 . En dicho concilio se legisló sobre el catecúmenos: De sacramentis (serie de predicacio-
bautismo a causa del movimiento de conversiones nes) y De misteriis (pláticas dirigidas a los neobauti-
que hubo en ese tiempo en España. Otro tanto se zados) 13.
producirá con la invasión de los visigodos arríanos
y sus conversiones masivas en 589 . Uno de los cuatro grandes padres de Oriente y
uno de los tres doctores ecuménicos de la Iglesia
• Catequesis de iniciación griega es Juan Crisóstomo (354-407), natural de
En todo el proceso antiguo de iniciación hubo Antioquía; llegó a ser obispo de Constantinopla.
abundantes catequesis, tanto prebautismales o diri- Sus ocho catequesis bautismales son del tipo mista-
gidas a los candidatos al bautismo durante la gógico de Cirilo de Jerusalén y de Teodoro de
cuaresma, como posbautismales o mistagógicas, Mopsuestia, con la diferencia de ser pronunciadas
orientadas a los neófitos después de la celebración antes del bautismo. Las compuso en 392, al dedicar-
pascual ' ' . Son importantes las catequesis de los se a la preparación de catecúmenos 14. Amigo de
siglos IV y V, cuando se desarrolló ampliamente el Juan Crisóstomo y natural también de Antioquía
tiempo cuaresmal y el pascual. Destacan en primer fue Teodoro de Mopsuestia (350-428), en donde fue
lugar las de Cirilo de Jerusalén (315-386), quien obispo, ciudad cercana a Tarso, lugar del nacimien-
to de san Pablo, en la Turquía actual. Es el más
famoso representante de la escuela exegética de
Antioquía. Sus Homilías catequéticas son 16 cate-
8
Cf. Hipólito de Roma, La tradición apostólica. Sigúeme,
Salamanca 1986; J. M. Hanssens, La liturgie d'Hippolyte, Roma
1970. Es rigurosa la edición de B. Botte, La Tradition apostolique,
Aschendorf, Münster 1963. 12
Cf. San Cirilo de Jerusalén, Catequesis, trad. de A. Ortega,
9
Para más precisiones sobre este concilio, cf. M. Sotomayor PPC, Madrid 1985; J. Solano, Textos eucarísticos primitivos, vol I,
y Muro, La Iglesia en la España romana, en R. García-Villoslada Ed. Católica, Madrid 1952, 322-337; Las verdades de fe en las ocho
(ed.), Historia de la Iglesia en España, vol. I, Ed. Católica, Madrid catequesis de San Cirilo de Jerusalén, ed. de L. Glimka, Lumen,
1979, cap. III, 81-119. Buenos Aires 1987; A. Paulin, Saint Cyrille deJérusalem Catéchéte,
10
Cf. J. Fernández Alonso, La cura pastoral en la España Cerf, París 1959; A. Piedagnel, Cyrille de Jérusalem: Catéchéses
romano-visigoda, Iglesia Nacional Española, Roma 1955, cap. 5. mystagogiques, Cerf, París 1966.
13
La iniciación cristiana, 257-300; T. C. Akeley, Christian Initiation Cf. San Ambrosio de Milán, Los sacramentos y los
in Spain c. 300-1100, Darton, Londres 1967; J. Krinke, Der misterios, trad. de B. Agüero, Plantín, Buenos Aires 1954; San
spanische Taufritus im frühen Mittelalter, en Gesammelte Aufsatze Ambrosio, La iniciación cristiana (La explicación del símbolo,
zur Kulturgeschichte Spaniens, Münster 1954, 33-116. los sacramentos, los misterios), Rialp, Madrid 1977; San Ambro-
11
Cf. L'initiation chrétienne, textos elegidos y presentados sio, Obras, ed. de A. Garrido, Ed. Católica, Madrid 1966; B.
por A. H a m m a n , con introducción de J. Daniélou, Grasset, París Parodi, La catechesi di Sant'Ambrogio. Studio di pedagogía
1963; cf. una antología de textos bautismales patrísticos en El pastorale, Genova 1957; V. Monacchino. S. Ambrogio e la cura
bautismo según los Padres de la Iglesia, Lumen, Buenos Aires pastorale a Milano nel secólo IV, Milán 1973.
14
1978; R. Domínguez Balaguer, Catequesis y liturgia en los Padres. Cf. Juan Crisóstomo, Las catequesis bautismales, notas de
Interpelación a la catequesis de nuestros días, Sigúeme, Salaman- A. Ceresa-Gastaldo y trad. de A. Velasco, Ciudad Nueva, Madrid
ca 1988. 1988.

58 PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


quesis para presentar la fe de la Iglesia a los Palestina. Sus homilías del año 240 acerca del
catecúmenos . bautismo se hacen eco de las enseñanzas de
• Reflexiones doctrinales Tertuliano 19 . Además de la escuela de Alejandría y
de Cesárea del mar, hubo otro centro catecumenal
Esparcidas por diversos tratados sobre el bau- en Antioquía (Siria), con una tendencia basada en el
tismo o la iniciación se encuentran innumerables método gramatical y lógico, opuesta al método
reflexiones doctrinales patrísticas sobre el catecu- alegórico de Alejandría. Destacaron en Antioquía
menado. A comienzos del s. III son notables las Juan Crisóstomo (354-407) y Teodoro de Mopsues-
aportaciones de Tertuliano (160-220) en la comuni- tia (350-428).
dad cristiana de Cartago (África), ciudad casi tan
importante como Alejandría y Roma. Fue contem- Desde los tiempos de Tertuliano, las iglesias de
poráneo de Hipólito de Roma; de ahí las semejan- África tuvieron una gran vitalidad, con 500 ó 700
zas entre la Tradición apostólica y los escritos de obispados. Cartago era la ciudad más importante y
Tertuliano. Los historiadores dudan si fue presbíte- su obispado el más antiguo. Aunque Agustín de
ro o laico 16 . Otro ilustre cartaginés es Cipriano Hipona (354-430) nació en Tagaste, pasó en Cartago
(200/210-258), discípulo de Tertuliano. Ordenado su juventud. Viajó a Roma y a Milán, donde fue
obispo, fue un gran pastor, quizá el mejor de su profesor de retórica. En Milán se convirtió gracias a
tiempo 17 . las predicaciones de Ambrosio, quien le bautizó.
Agustín llegó a ser obispo de Hipona, segunda
Hacia el 190 se hace cargo Clemente (140/150- ciudad después de Cartago. Se entregó intensamen-
215) de una escuela de catequesis fundada por te a la tarea catecumenal. Destaca su precioso
Panteno en Alejandría (Egipto) 18 . Esta noticia tratado De catequizandis rudibus 2 0 .
procede de Eusebio de Cesárea, quien emplea ya la
palabra «catecumenado». Destaca asimismo Oríge- Un documento singular pero importante para
nes (185-254), genio colosal comparable a san conocer la iniciación cristiana del s. IV es el
Agustín. Fue continuador de la escuela de Alejan- Itinerario de Egeria o Eteria 21 , beata d a m a españo-
dría, de donde pasó más tarde a Cesárea del m a r la influyente que escribió un relato de su viaje a
(Palestina), hacia el año 230, para seguir su ense- Jerusalén en los años 415-418. Ya a partir de
ñanza en este segundo centro catequético. Orígenes comienzos del s. IV se advierte una clara laxitud en
proporciona datos importantes sobre el catecume- la disciplina catecumenal. El concilio de Nicea del
nado de la primera mitad del s. III en Egipto y año 325 hace constar que se han bautizado «hom-
bres que habían pasado de la vida pagana a la fe y
que no habían sido instruidos sino durante muy
poco tiempo». Más adelante, el mismo concilio
15
Cf. edición de R. Tonneau y R. Devresse, Les homilies
catéchétiques de Théodore de Mopsueste, Ciudad del Vaticano
1949; J. M. Lera, ...Yse hizo hombre. La economía trinitaria en las
catequesis de Teodoro de Mopsuestia, Bilbao 1977; J. Vernette, La
méthode catéchétique de Théodore de Mopsueste, Universidad 19
Cf. Orígenes. Contra Celso, edición de D. Ruiz Bueno, Ed.
Gregoriana, Roma 1954; I. Oñatibia, El misterio del bautismo en Católica, Madrid 1967; J. Quasten, Patrología, vol I, Ed. Católica,
la catequesis de Teodoro de Mopsuestia: «Teología v catequesis» Madrid 1961, 338-397.
18 (1986) 217-240. 20
16
El pensamiento de san Agustín sobre el catecumenado
Tiene dos obras, De baptismo y De oratione, dirigidas a los está disperso en sus obras, publicadas en 30 vol. de la BAC. Cf.
catecúmenos; cf. E. E. Karlic, El acontecimiento salvífico del San Agustín, Tratado catequístico, trad. de A. Seage, Plantín,
bautismo según Tertuliano, Eset, Vitoria 1967; A. Hoblaj, Cateche- Buenos Aires 1954; F. Van der Meer, San Agustín, pastor de
si a i catecumeni negli scritti di Tertuliano, U.P.S., Roma 1984. almas, Herder, Barcelona 1965, 446-496; L. Nos Muro, San
17
Cf. J. Quasten, Patrología, vol I, Ed. Católica, Madrid 1961, Agustín de Hipona, Paulinas, Madrid 1986; I. Rodríguez, El
617-657; Cipriano de Cartago, Cartas selectas, ed. de M. Guallar, catecumenado en la disciplina de África según San Agustín, Burgos
Aspas, Madrid 1946; Obras de San Cipriano. Tratados. Cartas, ed. 1955, 160-174; V. Grossi, La liturgia battesimale in S. Agostino,
de J. Campos, Ed. Católica, Madrid 1964. Augustinianum, Roma 1970.
18 21
Habla del catecumenado en su obra Pedagogo; cf. J. Cf. A. Arce, Itinerario de la virgen Egeria (381-384), Ed.
Quasten, Patrología, vol. I, Ed. Católica, Madrid 1961, 309-338. Católica, Madrid 1980.

PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO 5 9


prescribe que «en el porvenir no se obre más así, 667), arzobispo de la ciudad imperial de 657 a 667,
porque el catecúmeno necesita tiempo» (c. 2). mediante su tratado De cognitione baptismi, en
Asia Menor fue cuna de tres grandes padres donde se describe el sentido de los ritos del
capadocios representantes de la escuela neoalejan- catecumenado y del itinerario posbautismal. Se
drina. El primero es Basilio de Cesárea (329-379), en dirige esta obra a los adultos que se preparan al
donde llegó a ser obispo con una actividad pastoral bautismo y a los catequistas que los instruyen 26 .
extraordinaria. Preparó personalmente a los cate- • Los libros litúrgicos
cúmenos al bautismo, predicó asiduamente a los Hacia los siglos IV y V nacieron las primeras
fieles y recopiló la liturgia, denominada con razón codificaciones locales de los ritos antiguos, entre las
en Oriente con su propio nombre, es decir, «liturgia que cabe destacar las realizadas en las liturgias
de San Basilio». Amigo y condiscípulo de Basilio romana, ambrosiana, gálica e hispana, con objeto
fue Gregorio de Nacianzo (330-390), asimismo obis- de fijar por escrito oraciones y disposiciones que en
po. El tercero es Gregorio de Nisa (335-395), herma- un primer momento fueron espontáneas en su
no de Basilio, autor de la Catechesis u Oratio gestación y creatividad. Para la liturgia bautismal
catechetica magna, resumen de la doctrina cristiana romana es importante el Sacramentario gelasiano,
para los maestros de las instrucciones. Según J. que cristaliza en tiempos de los papas León Magno
Quasten, «a él se debe, después de Orígenes, la (440-461), Gelasio (492-496) y Vigilio (537-555) 2l, y
primera exposición orgánica y sistemática de la fe el Ordo XI, que describe los ritos del catecume-
cristiana» . nado 28 . La liturgia bautismal africana no fue
En España cabe reseñar el Tractatus de baptismo codificada a causa de la desaparición de aquella
de Paciano de Barcelona (+ c. 392), destinado a los floreciente cristiandad por vicisitudes políticas.
«competentes», para exponerles la naturaleza del Algunos de sus restos litúrgicos sobrevivieron en
sacramento y prepararlos a su próximo bau- Hispania y en las Galias. Son notables para la
tismo 23 , y el De libris sanctarum Scripturarum liturgia gálica de la iniciación los documentos
de Gregorio de Elvira o de Granada (+ 392), bautismales contenidos en el Misal de Bobbio,
contemporáneo del anterior 24. Según testimonios Missale gothicum y Missale Gallicanum vetus. El
de los dos autores citados, los candidatos al bautis- ritual romano acabó por imponerse en Francia. El
mo eran, en el s. IV en España, primero «catecúme- único rito que pudo desarrollarse con amplitud,
nos» y luego «competentes». Posteriormente aporta aparte del romano, fue el hispano. Al llegar los
reflexiones bautismales Martín de Braga (510- 580) árabes a España (711), la liturgia hispana estaba ya
en la segunda mitad del s. VI. En el s. VII son constituida, aunque en la España visigótica decayó
testigos españoles destacados de la iniciación cris- la creatividad litúrgica. Por decisión de Gregorio
tiana Isidoro de Sevilla (560-633), arzobispo de VII, en carta dirigida a los reyes Alfonso de Castilla
dicha ciudad, mediante su tratado De ecclesiasticis y Sancho de Aragón, el rito hispano fue abolido en
officiis y otros escritos 2S, e Ildefonso de Toledo (+

Sebastián, San Isidoro de Sevilla. Teología del pecado y la


conversión, Burgos 1976.
22
J. Quasten, Patrología, vol. II, Ed. Católica, Madrid 1962, 26
Cf. J. M. Hormaeche, La pastoral de la iniciación cristiana
297. Ver el estudio de los padres capadocios en dicha obra, en la España visigoda. Estudio sobre el «De cognitione baptismi»
247-310. de San Ildefonso de Toledo, Toledo 1983; Santos Padres Españoles,
23
Cf. San Paciano. Obras, ed. de L. Rubio Fernández, vol II. San Ildefonso, ed. V. Blanco y J. Campos, Ed. Católica,
Barcelona 1958. Madrid 1971.
24 27
Cf. J. Collantes, San Gregorio de Elvira. Estudio sobre su Cf. Liber sacramentorum Romanae Ecclesiae ordinis anni
eclesiología, Granada 1954. circuli (Sacramentarium Gelasianum), ed. por L. C. Mohlberg,
25
Cf. Etimologías de San Isidoro de Sevilla, 2 vol., ed. de J. Herder, Roma 1960; A. Chavasse, Le sacramentaire gélasien,
Oroz y M. A. Marcos, Ed. Católica, Madrid 1981; Santos Padres Desclée, Tournai 1958.
28
Españoles, vol II. San Leandro, San Isidoro y San Fructuoso, ed. Cf. M. Andrieu, Les «Ordines Romani» du haut moyen-áge,
V. Blanco y J. Campos, Ed. Católica, Madrid 1971; F. J. Lozano 5 vols., Lovaina 1931-1961.

6 0 PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


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P/UM COMPRENDER EL CATECVUESADO 61


TESTIGOS DEL CATECUMENADO ANTIGUO un ordo baptismi celebrandus quolibet tempore, rito
bautismal simple y breve, de la época en que los
Justino (+ 165) bautismos de adultos eran escasos, y un ordo
Roma baptizandi para la vigilia pascual, que se usaba en el
Hipólito (+ 253) s. VI con los catecúmenos adultos y que se empleó
después con los niños.
Tertuliano (160-220) Podemos resumir los testimonios principales de
Cartago Cipriano (200/210-258) las iglesias antiguas, con sus representantes respec-
Occidente Agustín (354-430) tivos, en el cuadro adjunto.
(latín)
Milán Ambrosio (339-397)

Paciano de Barcelona (+ c. 392)


Gregorio de Elvira (+ c. 392) 2. Evolución del catecumenado
España Isidoro de Sevilla (560-633) en sus diferentes etapas
Ildefonso de Toledo (+ 667)
Es evidente que desde los primeros tiempos de
Clemente (140/150-215) la Iglesia hubo el propósito firme de discernir la
Alejandría autenticidad de los candidatos al bautismo con la
Orígenes (185-254) ayuda de padrinos y de una catequesis adecuada.
«La gran expansión del cristianismo -afirma R.
Jerusalén Cirilo (315-386) Cabié- y la afluencia de candidatos impulsaban a
una mayor exigencia en la formación de los que se
Oriente Teodoro de Mopsuestia (350-428) acercaban a la fe, en una época en que las persecu-
ciones por una parte y las sectas heterodoxas por
(griego) Antioquía
Juan Crisóstomo (354-407)
otra habían producido ya más de un apóstata» 31 .
No era bautizado quien no era creyente o quien no
Basilio de Cesárea (329-379)
había cambiado de vida. Intentaremos a continua-
Siria Gregorio de Nacianzo (330-390)
ción analizar el catecumenado antiguo viendo la
Gregorio de Nisa (335-395)
evolución de cada uno de sus constitutivos. De
hecho, la práctica catecumenal era bastante unifor-
me en el s. III 32.

1080 y sustituido por el rito romano . Es impor- a) La evangelización previa


tante el Líber ordinum de la liturgia hispánica , de
uso en España desde el s. V, en el que se encuentra Los primeros testimonios señalan que cada
cristiano evangelizaba en la fe a familiares, amigos
y vecinos de una manera sencilla y espontánea.

29
Cf. J. Pinell, Liturgia hispánica, en Diccionario de Historia 31
Eclesiástica de España, vol. 2, CSIC, Madrid 1972, 1303-1320; J. R. Cabié, La iniciación cristiana, op. cit., 582.
F. Rivera, Los concilios de Toledo del siglo Vil y la antigua liturgia 32
Para un estudio histórico riguroso del catecumenado, cf.
hispana, Toledo 1972; id., Le rite baptismal dans Vancienne A. Stenzel, Die Taufe. Eine genetische Erklárung der Taufliturgie,
liturgie hispanique: LMD 58 (1959) 39-47; J. Pijuán, La liturgia F. Rauch, Innsbruck 1958; G. Kretschmar, Die Geschichte des
bautismal en la España romano-visigoda, Toledo 1981. Taufgottensdienstes in der alten Kirche, en Leiturgia. Handbuch
30
Cf. la ed. de M. Férotin, Le «Liber Ordinum» en usage dans des evangelischen Gottesdienstes, ed. por K. F. Müller y W.
l'Eglise wisigothique du Ve auXIe siécle, Didot, París 1904. Es el Blankenburg, vol. V: Der Taufgottesdienst, 1-348, J. Stauda
manuscrito del año 1052. Verlag, Kassel 1970.

62 PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


Algunos cristianos se dedicaron más intensamente convertidos. La decisión final de la admisión co-
a esta tarea a través de escuelas cristianas, semejan- rrespondía a quien hacía la encuesta, oJcSa^gi
tes a las filosóficas paganas, para llevar a cabo la parecer de los «introductores».
evangelización e instrucción de convertidos. En la
etapa de la evangelización, los interesados se Según el concilio de Granada, en España debían
ponían en contacto con los cristianos después de cambiar de profesión para ser catecúmenos una vez
despertar su interés por Cristo y el evangelio. convertidos, sacerdotes paganos, comediantes im-
púdicos, aurigas de los circos y cortesanas. Median-
Recordemos que la evangelización de España te la imposición de manos, se ingresaba en el
llegó a través del testimonio de colonos, soldados y catecumenado.
mercaderes cristianos, llegados todos ellos con
ocasión de la romanización. A comienzos del s. IV,
según testimonia el Concilio de Granada, los cris- c) El período catecúmeno!
tianos eran en España minoría. (preparación remota)
Los candidatos ingresados se denominaban «ca-
b) La admisión al catecumenado tecúmenos» u «oyentes». Tertuliano, en África del
Norte, distinguía entre pagano (ethnicus), catecú-
Después de la conversión, se procedía a la meno (catechwnenus) y fiel (fidelis). Para Hipólito,
entrada en el catecumenado mediante una rigurosa la distinción se daba entre «catecúmenos y fieles».
admisión, parecida a un control más que a un Algunos usaron el vocabulario militar y llamaron a
examen. Se trataba de verificar los motivos de los catecúmenos «reclutas» o «soldados» 33. Des-
conversión, a saber, la sinceridad de los candidatos, pués del ingreso, comenzaba un largo período de
juntamente con los datos relativos a su estado formación cristiana en el que había enseñanzas y
familiar (soltero o casado), social (libre o esclavo) y exigencias: arrepentimiento, fe en la Iglesia y vida
laboral (oficio o trabajo). Hipólito y Tertuliano transformada. Se observa que desde los comienzos
hablan ya de un rito de la admisión ante los la formación no fue puramente intelectual. Clemen-
«doctores». Con el tiempo llegó a tener este rito un te indica que el catecumenado de Alejandría en el
cierto desarrollo, con una cara negativa (insufla- año 200 duraba ya tres años, lo mismo que en Roma
ción y exorcismo) y otra positiva (signación y hacia el 225. Se extendió esta exigencia a todo el
gustación de sal). Especial relieve tuvo el signo de Oriente. Podía abreviarse con algunos catecúmenos
la cruz sobre la frente del candidato como expre- excepcionalmente preparados, ya que lo decisivo no
sión de la fe del catecúmeno en Cristo. Intervenían era el tiempo, sino la conducta. La catequesis
los «padrinos» para testimoniar la capacidad de sus estaba en manos de catequistas, clérigos o laicos,
ahijados en la participación futura de la catequesis. denominados «doctores audientium». Tenía lugar
Se exigía que algunos candidatos abandonasen en la celebración comunitaria matutina, antes del
ciertos oficios que conducían a uno de estos tres trabajo, mediante una liturgia de la palabra, en la
pecados: idolatría, homicidio e impureza. Siempre que se desarrollaba la catequesis correspondiente,
hubo preocupación por examinar las intenciones de se oraba por los catecúmenos y se les imponía las
quienes deseaban ser cristianos, especialmente des- manos como gesto de exorcismo. En la asamblea
pués de la paz de Constantino. Hubo candidatos dominical, los catecúmenos estaban presentes sólo
que querían el bautismo simplemente por motivos en la primera parte de la misa, en cuyo final se los
matrimoniales, ambiciones públicas, agradar al despedía.
amo, etc. También hubo catecúmenos que deseaban
permanecer en ese estado toda la vida por no
arribar a un compromiso serio. De hecho, las
exigencias de la admisión se debilitaron a partir del 33
Cf. P. M. Gy, Quest-ce qu'un catéchuméne: LMD 71 (1962)
s. IV. Había ya entonces más preocupación de 28-31; M. Dujarier, Sur le statut du catéchuménat dans l'Eglise:
bautizar a los tibios que de catequizar a los LMD 152 (1982) 143-173.

PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO 6 3


En España se denominaban los catecúmenos Durante esta etapa tenían lugar los «escrutinios»,
«audientes», quienes recibían una instrucción ele- que según el Gelasiano eran tres, en los domingos
mental, al mismo tiempo que se les exigía un tercero, cuarto y quinto de cuaresma. Constaban de
cambio de vida. El catecumenado duraba en los exorcismos y de «entregas» del evangelio, símbolo y
comienzos del s. IV dos años. oración dominical. Según la carta del diácono Juan,
el símbolo era el apostólico, mientras que el Gelasia-
no dice que era el nicenoconstantinopolitano. Más
d) La elección e inscripción del nombre tardíamente hubo siete escrutinios, como aparece
en el Ordo XI, por la relación con los siete dones del
El momento de la admisión al bautismo fue Espíritu Santo.
importante desde los comienzos de la iniciación. Se
exigía el arrepentimiento de los pecados, la acepta- En España, los candidatos de este período eran
ción de la fe de la Iglesia y la decisión de transfor- denominados «competentes», a quienes se les ense-
mar la propia vida. Era un nuevo examen sobre la ñaba el símbolo de la fe veinte días antes del
conducta de los catecúmenos durante el tiempo de bautismo.
la instrucción, en el que intervenían de nuevo los
.padrinos. Los admitidos se llamaban «benditos», f) La celebración sacramental
«elegidos», «competentes» o «iluminados».
Según el concilio de Braga de 572, en España el En todas las iglesias se celebró preferentemente
domingo de ramos se entregaba a los candidatos el el bautismo en la vigilia pascual. Al principio tuvo
símbolo de fe, junto a los exorcismos, triple insufla- lugar donde había agua, junto a un río o fuente. Los
ción, imposición del nombre y unción en la boca y bautizandos se lavaban el jueves santo, ayunaban el
oídos con óleo bendecido por el obispo. De hecho, el viernes y velaban el sábado, en cuya noche partici-
catecumenado se había reducido en España a la paban en las últimas lecturas e instrucciones de la
cuaresma. vigilia. Al alba del domingo, con el canto del gallo, o
posteriormente en la mañana del sábado, se acerca-
ban los bautizandos a las aguas, se desvestían (con
e) El período cuaresmal este orden: muchachos, muchachas, hombres y
(preparación próxima) mujeres), se disponían a la apertura de los sentidos
(«effetá» significa «ábrete»), renunciaban a Satanás
A finales del s. I, en los comienzos del catecume- vueltos a occidente (mundo pagano), proclamaban
nado, había en Siria unos días de preparación al el credo en dirección a oriente (en Roma), eran
bautismo, durante los cuales oraban y ayunaban los ungidos con el óleo de los exorcismos, en el pecho y
bautizandos, a los que se unían muchos fieles. Este la espalda o en todo el cuerpo, y pasaban donde
período empezaba con la inscripción solemne del estaba el obispo. La desnudez fue considerada
nombre. Egeria lo detalla en su diario. Entre la símbolo del abandono de vida pasada y de renuncia
elección y el bautismo transcurrió al principio una al hombre viejo; este gesto se desarrolló según las
semana; más tarde, una cuaresma. Las catequesis diversas sensibilidades culturales. Un diácono o
cuaresmales y pascuales se centraban en el evange- una diaconisa entraban en el agua con el candidato.
lio, el credo, el padrenuestro y los sacramentos.
Desde principios del s. IV, la segunda etapa catecu-
menal coincidió con la cuaresma, recién instaurada
como gran retiro bautismal; en el año 500, el
catecumenado era prácticamente la^ygr^grna 34 . (1948) 325-381; id., La structure du caréme et les lectures des
messes quadragésimales dans la liturgie romaine: LMD 31 (1952)
76-119; id., La discipline romaine des septs scrutins prébaptis-
maux: «Recherches de Science Religieuse» 40 (1960) 227-240;
id., L'organisation stationnale du caréme romain avant le VIHe
34 siécle, une organisation «pastorale»: «Recherches de Science
Cf. A. Chavasse, Le caréme romain et les scrutins prébaptis-
maux avant le IXe siécle : «Recherches de Science Relígieuse» 35 Religieuse» 56 (1982) 17-32.

64 PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


Finalmente eran bautizados con una triple inmer- 3. Deducciones pastorales del
sión, junto a un triple interrogatorio y profesión de catecumenado antiguo
fe. De este modo se manifestaba el carácter revela-
cional del cristianismo que viene de «fuera». Prime- En la actual renovación del catecumenado ha
ro se bautizaba a los niños y después a las mujeres y influido considerablemente la experiencia del cate-
hombres, por separado, a causa del despojo de los cumenado antiguo. Evidentemente no se trata hoy
vestidos. de repetirlo al pie de la letra, arqueológicamente.
Después de salir de las aguas, los bautizados «Sin querer reproducir hoy lo que los cristianos
eran ungidos con óleo consagrado por el obispo (el primitivos hicieron entonces -afirma M. Dujarier-,
crisma actual) y se ponían de nuevo sus vestidos; tenemos que inspirarnos en su espíritu, en sus
fue significativa más tarde la vestidura blanca. esfuerzos, e incluso en sus fracasos, para lograr hoy
Entraban en la iglesia donde les esperaba el obispo, día una iniciación mejor a la vida cristiana» 35 .
quien les imponía las manos y los ungía con óleo
«de acción de gracias» (tercera unción), que corres-
ponderá más tarde a la confirmación. El obispo los a) El catecumenado es
signaba en la frente y les daba el beso de paz. Los consecuencia pastoral inmediata
neófitos podían ya intervenir en la «oratio fide- de una Iglesia misionera
lium» de la comunidad, se daban entre sí el beso de
paz, presentaban sus ofrendas y gustaban de la La preocupación evangelizadora de la Iglesia de
comunión. En algunas iglesias, además del pan y los tres primeros siglos suscitó misioneros itineran-
del vino recibían leche y miel, signos de la tierra tes, aunque en realidad todos los cristianos eran
prometida. agentes de conversión en su propio medio de vida.
El precatecumenado se desarrolló en las casas y
En la liturgia hispana antigua entre la conver- talleres artesanales. Todo estaba en función de la fe
sión de Recaredo (587) y la invasión árabe (711), la entendida como conversión de vida hacia Cristo y el
vigilia pascual comenzaba a la hora de nona. La evangelio 36 .
nueva luz se encendía en la sacristía, con la que se
prendían las velas de los bautizados y el cirio
pascual. Después de la tercera lectura, se bendecía b) El padrinazgo supone
el agua, seguían los interrogatorios y profesión de fe una responsabilidad misionera
de los bautizandos. El bautismo era por inmersión.
En el altar tenía lugar la crismación, imposición de compartida y ejercida
manos y bendición. Al bautismo seguía en Hispania
y Milán, hasta comienzos del s. IV, el lavatorio de El padrinazgo antiguo nació de dos exigencias:
pies, suprimido por decisión del Concilio de Grana- la de ser «ayudantes» de los candidatos y la de ser
da por la simple razón de que no se practicaba en «garantizadores» frente a la comunidad. De hecho,
Roma. los padrinos -ordinariamente laicos- fueron los
mejores misioneros. Eran las mismas personas que
habían despertado la fe de sus propios ahijados. Es
g) La etapa mistagógica lógico que el catecumenado naciese del padrinazgo,
no al revés 37 . «El catecúmeno -afirma R. Cabié-
Durante la semana de pascua, los neófitos
acudían diariamente a la iglesia para recibir las
catequesis mistagógicas o sacramentales, con obje- 35
to de que los recién bautizados tomasen conciencia M. Dujarier, Breve historia del catecumenado, Desclée,
Bilbao 1986, 15.
de los símbolos experimentados. En algunas igle- 36
A. Turck, Evangélisation et calíchese aux deux premiers
sias se les instruía sobre ciertas exigencias morales. siécles, Cerf, París 1962.
Durante esa semana iban los neófitos vestidos con 37
M. Dujarier, Le parrainage des adultes aux trois premiers
el alba blanca. siécles de l'Eglise, Cerf, París 1962.

PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO 6 5


está asistido durante toda su preparación por un dj En eC catecumenado interviene
fiel veterano que le hace compartir su experiencia activamente toda la comunidad
de la vida cristiana y que se constituirá como
garante de su encaminamiento ante los responsa- Por ser agregación de nuevos miembros a la
bles de la Iglesia» 38. Iglesia, es lógico que el catecumenado fuese desde
el principio quehacer comunitario. La Iglesia esta-
ba representada por la comunidad concreta local y,
c) Los convertidos necesitan dentro de la misma, intervenían el obispo como
un proceso catecumenal para máximo responsable; los catequistas como inicia-
ser iniciados en la fe y en el bautismo dores; los padrinos como testigos y garantizadores,
y los catecúmenos en sus dos grados, como «oyen-
La entrada en la existencia cristiana exigió en la tes» (o «interesados») primero y como «elegidos» (o
Iglesia patrística el trazado de una acción pastoral «decididos») después. En determinados momentos,
completa y rigurosa. Solamente eran bautizados los a la hora de las admisiones y en el momento final de
candidatos que, después de un examen severo, la incorporación, estaba presente y reunida la
ingresaban en un largo período de formación hasta comunidad entera como asamblea cristiana 41 .
ser admitidos, después de otro segundo examen, en
el gran retiro previo al ingreso sacramental en la e) El proceso catecumenal termina
comunidad. En primer lugar, el acento se ponía en con el ingreso en la comunidad
la conversión, luego en la educación de la fe, para
terminar con la catequesis de los sacramentos. De por medio del bautismo
este modo se procedía a modo de una gestación « La historia del catecumenado antiguo -afirma
materna (san Agustín) 39, de la entrada en una gran I. Oñatibia- nos descubre, ante todo, la imagen de
basílica (Eusebio de Cesárea), del noviciado militar una Iglesia exigente, que se resiste a dar sus
(Tertuliano), del crecimiento de una planta (Cle- sacramentos a la ligera» 42 . El catecumenado anti-
mente de Alejandría), o de un itinerario por el guo está en función, en última instancia, del
desierto que conduce a la vida. Punto neurálgico del bautismo. La inmersión primitiva en las aguas
catecumenado antiguo fue la catequesis anterior y vivas, con la emersión correspondiente, significó el
posterior al bautismo que, además de ser iniciación baño del nuevo nacimiento a la vida cristiana a
en la historia de salvación, era educación de través de la sepultura y resurrección sacramental
costumbres cristianas y aprendizaje de vida comu- con Cristo. De este modo se cierra un ciclo que
nitaria eclesial 40 . comenzó por la conversión y que termina con el
sacramento de la fe y de la conversión 43 .

38
R. Cabié, La iniciación cristiana, en A. G. Martimort, La 41
Iglesia en oración. Introducción a la liturgia, Herder, Barcelona H. Chirat, La asamblea cristiana en el tiempo de los
1987, 3.a ed., 584. apóstoles, Studium, Madrid 1968.
39 42
Cf. M. Dujarier, Le catéchuménat et la matemité de l'Eglise: Cf. I. Oñatibia, Actualidad del catecumenado antiguo:
LMD 71 (1962) 78-93. «Phase» 64 (1971) 325-334.
40 43
Cf. J. Daniélou y R. Charlat, La catequesis en los primeros Cf. A. Stenzel, Lo transitorio y lo perenne en la historia del
siglos, Studium, Madrid 1975. catecumenado y del bautismo: «Concilium» 22 (1967) 206-221.

66 PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


7
Del bautismo de adultos
al bautismo de niños

En la historia del cristianismo hay dos hechos tos y de niños que se presentan al bautismo -afirma
decisivos, casi simultáneos, que han influido pro- R. Cabié- se invierte progresivamente con la cristia-
fundamente en la acción pastoral de la Iglesia: la nización de la sociedad, y se termina admitiendo
desaparición del catecumenado de adultos y la sólo en la Iglesia, salvo raras excepciones, a niños
generalización del bautismo de niños '. H. Urs von pequeños» .
Balthasar piensa que el bautismo de niños es «en
cierto modo la más grave de todas las decisiones de
la historia de la Iglesia» 2, decisión que entra en 1. Ocaso del catecumenado de adultos
vigor precisamente cuando desaparece el catecu-
menado de adultos, «de excepcional importancia» Los Padres de los siglos IV y V se dieron cuenta
en la formación de nuevos cristianos 3 . Estos dos del peligro que corría el catecumenado cuando los
hechos ocurren después de la gran evangelización bautismos comenzaron a multiplicarse indiscrimi-
de los pueblos romano y bárbaro, cuando se inicia nadamente. Querían mantener la exigencia hereda-
la simbiosis entre la cristiandad y el imperio o la da de bautizar solamente a creyentes capaces de
alianza de la Iglesia y el Estado, a partir del edicto vivir conforme a su fe. Sin embargo, a partir de la
de Milán (313) que da la paz a la Iglesia y le permite conversión del emperador Constantino, las conver-
salir de la clandestinidad. «La proporción de adul- siones se tornaron más interesadas o menos genui-
nas, al mismo tiempo que disminuyeron en la
práctica las exigencias de la iniciación. Por otra
parte, muchos adultos retrasaban su bautismo (les
' En realidad debiera decirse párvulo o infante, que equivale, bastaba ser catecúmenos) o se adelantaba a los
según el Ordo baptismi parvulorum, del 15 de mayo de 1969, al
niño que no ha llegado al uso de razón y no puede tener ni niños el suyo. De hecho, a partir del s. IV, a causa de
expresar una fe personal. Niño es el que puede dar por sí mismo los bautismos masivos, el catecumenado se vacía de
alguna respuesta en el bautismo, sin ser todavía adulto.
2
Cf. H. Urs von Balthasar, Ensayos teológicos, vol II. Sponsa
Verbi, Guadarrama, Madrid 1964, 25.
3 4
J. Daniélou, La catéchése dans la tradition patristique, en R. Cabié, La iniciación cristiana, en A. G. Martimort (ed.),
L'initiation chrétienne, textos seleccionados y presentados por A. La Iglesia en oración. Introducción a la liturgia, Herder, Barcelo-
H a m m a n , Grasset, París 1963, 8. na, 3.*ed., 1987, 626.

PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO 6 7


contenido. Tiene importancia entonces la recepción 2. Comienzo del bautismo de niños
del candidato para hacerlo cristiano (signación,
exorcismo y gustación de la sal). Los escrutinios o El Nuevo Testamento, escrito en función de una
«exámenes del corazón» iban acompañados de situación misionera, no habla explícitamente del
abundantes exorcismos. Se destacó la entrega y bautismo de párvulos, sino del bautismo de conver-
devolución del símbolo (traditio-redditio symboli), a sión, mediante el cual, judíos y paganos en cuanto
la que se añadieron las del evangelio y padrenues- adultos convertidos, ingresan en la comunidad
tro. A la renuncia a Satanás se sumó la fórmula de cristiana. Los textos neotestamentarios no aportan
adhesión a Cristo. Los actos de iniciación se reduje- ningún dato directo sobre el bautismo de niños, ya
ron más adelante a tres escrutinios, con la consi- que para las primeras comunidades carecía de
guiente desaparición gradual del catecumenado. importancia esta cuestión. La atención pastoral
En el s. VI se había reducido la iniciación estaba centrada en el binomio fe-bautismo corres-
prácticamente a la cuaresma, con una disminución pondiente a los adultos. En el Nuevo Testamento no
notable de catequesis y un aumento considerable de hay una norma para el bautismo de niños, aunque
ritos, dada la presencia cada vez mayor de párvu- tampoco se desprende del mismo una prohibición 7 .
los. Los escrutinios pasaron de tres a siete, entre El principal argumento neotestamentario a favor es
semana, sin presencia de la asamblea cristiana, el extraído de los bautismos que hizo Pablo de
suplida por la familia. Sólo cabía una cierta familias o casas enteras (Hch 16, 15.33; 18, 8; 1 Cor
instrucción con los padres de los infantes, que 1, 16), que incluían los niños de la comunidad
acudían en cuaresma a los escrutinios, ya que eran doméstica, dada la solidaridad del hogar antiguo
los garantes de una educación cristiana posterior de (el oikos). Otros argumentos esgrimidos se deducen
sus propios hijos, tal como lo relata Cesáreo de de las bendiciones que Jesús hizo a los niños (Me 10,
Arles en la primera mitad del s. VI. Con los adultos 13-16 par.), del bautismo judío de los prosélitos
candidatos al bautismo, cada vez más escasos, se (caso de familias enteras con sus niños pequeños),
pretendía instruirlos en un espacio breve de tiempo de la similitud con la circuncisión judía y de la
antes de pascua o de pentecostés, únicas fiestas santidad de los infantes (1 Cor 7, 14), argumentos
primitivas bautismales. Así, Martín de Braga exigía todos ellos ambiguos e indirectos. En realidad,
en España tres semanas de preparación, Bonifacio afirma G. Barth, «no se puede probar que en tiempo
en Alemania dos meses, y siete días Alcuino en del Nuevo Testamento se bautizara a los niños y
tiempos de Carlomagno 5 . En resumen, a partir de especialmente a los recién nacidos: a ellos solos o
los s. VI y VII, tanto el catecumenado como el juntamente con los adultos. Ciertamente no se
bautismo de adultos, afirma D. Borobio, entraron puede probar tampoco lo contrario, a saber, que no
«en un proceso de desfiguración y desaparición, al se bautizara también a los niños. Las fuentes no nos
generalizarse el bautismo de niños y considerarse la informan sobre ello» 8 .
sociedad como totalmente cristianizada, al multi- De un modo relativamente claro, Tertuliano es
plicarse las parroquias y no ser ya posible una el primer testigo, hacia el año 200, que habla
celebración unitaria de la iniciación» 6 . explícitamente del bautismo de niños en un texto
que ofrece dificultades de interpretación 9 . La ver-
dad es que Tertuliano no urgía el bautismo de niños
por dos razones: la inocencia del infante («innocens

7
Cf. E. Schlink, Die Lehre von der Taufe, en Leiturgia.
Handbuch des evangelischen Gottesdienstes, vol V. Der Taufgottes-
5
M. Dujarier, Breve historia del catecumenado, Desclée, dienst, Kassel 1970, 641-808.
8
Bilbao 1986, 135-137. G. Barth, El bautismo en el tiempo del cristianismo primiti-
6
D. Borobio, Bautismo de niños y confirmación: problemas vo, Sigúeme, Salamanca 1986, 165.
9
teológico-pastorales, Fundación Santa María, Madrid 1987. Tertuliano, De baptismo, 18, 1-6.

68 PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


aetas») y la gran responsabilidad que contraían los adultos en el s. IV que, por temor a pecados futuros
padrinos si se bautizaban hijos de paganos. No se y miedo a la penitencia pública, retrasaron su
ha comprobado con total seguridad si hubo bautis- propio bautismo y el de sus hijos. Se advierte en ese
mo de niños en los dos primeros siglos, aunque la tiempo una cierta regresión.
práctica de este tipo de bautismo es muy antigua 10. Lo cierto es que el bautismo de niños es una
El segundo texto justificativo del bautismo de niños praxis antigua, introducida en la Iglesia paulatina-
procede de la Tradición de Hipólito, de los años 215 mente, sin sobresaltos ni controversias importantes
ó 225. Afirma Hipólito que a la hora del bautismo se hasta la Reforma. Tuvo un relieve particular en
comience por los niños y que si pueden responder tiempos de san Agustín, especialmente con ocasión
por sí mismos, que respondan; de lo contrario, que de la crisis pelagiana. Pelagianos fueron los prime-
lo haga alguien de su familia. Otro texto se debe a ros impugnadores del bautismo de párvulos, frente
una carta de san Cipriano a Fidus hacia el año 250. a los que argumentó san Agustín, reconociéndolo
Hay historiadores que, a la vista de estos textos, como un hecho universal y tradicional. El obispo de
concluyen que el bautismo de niños es, desde la más Hipona propuso las bases teológicas para justificar
remota antigüedad, costumbre general de la Igle- esta praxis, al aportar las ideas de la fides aliena, o
sia, o como dijo Orígenes: «tradición recibida de los fe prestada que tiene el párvulo cuando es bautiza-
apóstoles» n . Evidentemente no fueron bautizados do, y la remissio peccatorum o perdón de los
en la Iglesia apostólica todos los niños; quizá pecados, entre los cuales tiene relieve particular el
solamente los que tenían alguna enfermedad, sien- «pecado original». Evidentemente, el bautismo
do sus padres necesariamente cristianos. También tiene una estrecha relación con la fe. Los niños son
puede afirmarse que no causó sorpresa el primer bautizados en la fe de los padres, padrinos y
inicio de esta práctica en la Iglesia antigua. comunidad cristiana, teoría elucidada por san
Agustín 13, con la convicción de que el bautismo no
es mero signo externo de una salvación interna y
3. Generalización del bautismo de niños espiritual ocurrida en la fe personal, sino acción
salvadora de Dios que interviene en la comunidad
La práctica del bautismo de niños se generalizó cristiana creyente y que exige la fe de los adultos
en el s. V, más en Occidente que en Oriente. El que se bautizan o de los padres y padrinos del niño
Concilio de Granada en España, a comienzos del s. que desean bautizar.
IV, atestigua la existencia apreciable de bautismos
de niños. Con todo, muchos padres cristianos Consecuencia de la toma de conciencia del
hacían retrasar el bautismo de sus hijos. De hecho dogma del pecado original, el bautismo de niños se
hubo Padres apostólicos, hijos de padres cristianos, adelantó hasta casi el nacimiento, aunque se respe-
nacidos en la primera mitad del s. IV y educados en taron al principio las fiestas de pascua y Pentecos-
la fe, que, no obstante, fueron bautizados a una tés como momentos propicios de celebración. La
edad adulta, en torno a los 25 y 40 años 12. Hubo generalización del bautismo de niños, comenzada
en el s. V, es ya un hecho a finales del s. VI. En los
siguientes siglos, hasta el XI, fue decisiva la teolo-
gía agustiniana para justificar el bautismo de
10
Cf. A. Benoit, Le baptéme chrétien au second siécle. La párvulos, práctica que se consolidará sociológica-
théologie des Peres, P.U.F., París 1953; ver asimismo Faut-il mente por la unión del derecho civil con el eclesiás-
baptiser les enfanís? La réponse de la tradition. Textes presentes tico, la ausencia del bautismo de adultos, las
par J.-Ch. Didier, Cerf, París 1967.
11
Cf. esta cita y el desarrollo de la cuestión en J.-J. von
sanciones canónicas que se imponen a quienes
Allmen, Pastorale du baptéme, Ed. Universitaires-Cerf, Friburgo-
París 1978, 91; ver asimismo Ph. H. Menoud, Le baptéme des
enfants dans l'Eglise ancienne, enJésus-Christ et la foi. Recherches
néotestamentaires, Neuchátel 1975, 229-231. entre los 28 y 38, Jerónimo entre los 16 y 26, Rufino a los 25,
12 Paulino de Ñola a los 37 y Agustín a los 33.
Así, por ejemplo, Gregorio de Nacianzo a los 30, Basilio el 13
Grande a los 27, Ambrosio entre los 34 y 41, Juan Crisóstomo San Agustín, Epist., 98, 5: PL 33, 362. 9.

PARA COMPRENDER EL CATECVMENADO 6 9


retrasan el primer sacramento, el miedo a la mediante la pregunta por el nombre, un interroga-
desgracia de que muera un párvulo sin estar torio breve, el soplo, la signación, la imposición de
bautizado y la obligatoriedad de bautizar a los manos y la gustación de la sal (en la puerta del
niños «cuanto antes» 14. En el s. XII, el bautismo se templo), b) recitación del credo y padrenuestro (en
administra en los días inmediatamente siguientes el itinerario al bautisterio), c) apertura de los oídos,
al nacimiento del infante, no sólo por las exigencias renuncias, óleo de catecúmenos, profesión de fe y
morales de borrar lo más pronto posible el pecado acción sacramental (en la pila bautismal) y d) el
original, sino por el peligro de los recién nacidos, neofitado (crisma, vestidura blanca y cirio encendi-
«pues pueden morir, dice un texto anónimo del s. do). Así han sido bautizados los niños durante el
XII, por la más mínima cosa» 15. Por comodidad y tiempo de la cristiandad, hasta las mismas puertas
seguridad se extendió la costumbre de bautizar por del Vaticano II.
infusión en lugar de inmersión.
A todas estas reducciones hay que añadir algu-
nas dificultades suplementarias. No se creó un 4. Evolución del bautismo, confirmación
nuevo ritual para bautizar a niños, sino que se y eucaristía de niños
emplearon los rituales antiguos de adultos. De ahí
que los escrutinios (exámenes del corazón) se
convirtieran en exorcismos (expulsión de demo- Según la tradición pastoral antigua, continuada
nios), ya que con los infantes no cabía una instruc- por las Iglesias orientales hasta hoy, los niños
ción religiosa ni una decisión personal. Hasta el s. recién bautizados recibían la confirmación y la
XII se administraba en Occidente a los recién comunión 16. Incluso algunos defendieron que sin
bautizados la eucaristía. crismación y primera comunión no valía del todo el
bautismo, postura que a los «armenios» les valió
En la Edad Media ya no hay catecumenado de una excomunión en 1341 por parte de Benedicto
adultos, salvo en el texto de los rituales, con los que XII.
se celebran la iniciación y el bautismo de niños en La tradición se diversifica a partir del s. IV. En
una sola sesión. Lo que se realizaba durante dos o las iglesias occidentales del s. V, el bautismo y la
tres años en los primeros siglos, y más tarde, a eucaristía son sacramentos propios del presbítero,
partir del s. VI, en una cuaresma, se redujo después, mientras que la confirmación queda reservada al
a partir del s. VIII, a veinte minutos, en un idioma obispo, quien ratifica de algún modo lo que ha
desconocido del pueblo, sin apenas evangelización hecho previamente el párroco 1?. Al separarse la
y catequesis, mediante un proceso casi exclusiva- confirmación del bautismo, se configura poco a
mente ritual. Esta acción litúrgica se configura en poco un ritual especial del segundo sacramento,
el Rituale Romanum de 1614, que contiene dos ritos que por otra parte se administra no importa a qué
bautismales, para adultos y para niños. Este último edad (cuando viene a la parroquia el obispo), sin
contiene abigarradamente los elementos del Ordo preparación alguna (es un sacramento insignifican-
bautismal antiguo: a) entrada en el catecumenado te) y de un modo abigarrado y masivo (todos a la
vez).

14
La expresión «quam primum baptizentur» del antiguo
CIC (c. 770), reproducida en el Rituale Romanum (tit. II, cap. 1, n.
16
39), procede del s. XIII a causa de la mortalidad infantil. Pasó Desde el punto de vista concreto, la práctica de la
pronto al derecho particular diocesano, se generalizó en los s. comunión no es fácil. Los armenios la dan haciendo tocar en la
XTV y XV y fue canonizada por el Concilio de Florencia de 1442. lengua del niño bautizado una hostia consagrada, y los coptos
Cf. P.-M. Gy, Quam primum. Note sur le baptéme des enfants: LMD dando a beber al niño una gota del cáliz por medio del dedo del
32 (1952) 124-128. Para la legislación posterior al concilio de sacerdote.
Trento, ver R. Etchegaray, La législation de l'Eglise sur le baptéme 17
Cf. L. A. van Buchen, L'homilie pseudoeusebienne de
d'enfants de catholíques non pratiquants: LMD 32 (1952) 90-117. Pentecóte. L'origine de la «confirmatio» en Gaule meridionale et
15
Cf. cita en R. Cabié, en A. G. Martimort, La Iglesia..., 634. l'interprétation de ceritepar Fauste de Rietz, GEBR, Nimega 1967.

70 PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


EVOLUCIÓN DE LA INICIACIÓN CRISTIANA
S. I-IV Catecumenado Vigilia Pascual
de adultos BAUTISMO-CONFIRMACION-EUCARISTIA

Catequesis
S. V-XII con los padres BAUTISMO-COMUNIÓN CONFIRMACIÓN
de los niños (sin esperar pascua) (en visita obispo)

Educación
S. XIII-XVII familiar de BAUTISMO - CONFIRMACIÓN - 1 . a COMUNIÓN j
los niños (7 años) (10-14 años)

Extensión del
1640-1750 catecismo BAUTISMO-CONFIRMACION-1." CONFESION-1.» COMUNIÓN
escolar (7-10 a.) (10-12 a.) (c. 12 a.)

Catecismo
1750-1910 escolar BAUTISMO- 1.a CONFESIÓN- CONFIRMACIÓN- 1.a COMUNIÓN
y parroquial (7-8 años) (10-14 años)

1.a CONFESIÓN
1910-1970 Catequesis BAUTISMO CONFIRMACIÓN
parroquial 1.a COMUNIÓN
(6-7 años) (c. 12 años)

Después Catequesis 1." CONFESIÓN


del de niños y BAUTISMO CONFIRMACIÓN
Vaticano II de jóvenes 1.a COMUNIÓN
(dilación) (8-9 años) (c. 16-18 años)

A partir de comienzos del s. XIII ya no se da la años comenzaba la preparación de la confirmación


comunión a los niños recién bautizados. El Concilio y continuaba la educación religiosa hasta la prime-
de Letrán de 1215 exige la edad de la «discreción», ra comunión, hacia los once o doce años. Ya en el s.
sin que haya acuerdo si es hacia los siete o doce XVIII, la confirmación tendió a celebrarse en
años. Desde entonces se obliga a los fieles a Francia después de la primera comunión, por
comulgar una vez al año por pascua. La confirma- razones prácticas, para asegurarse la presencia del
ción se celebra cuando está presente en la parro- obispo. Chocó esta tendencia con las directrices
quia el obispo, sin que se tenga en cuenta, como he oficiales de la Iglesia. En 1910, el decreto Quam
dicho, la edad de los candidatos. A partir del s. XV singulari de san Pío X adelantó la primera comu-
comenzó a darse la confirmación un poco más nión a los siete años, edad fijada en 1917 por el
tarde, de tal modo que el catecismo para párrocos Código de Derecho Canónico. Como consecuencia de
de 1566 recomienda que se administre después este adelanto, se retrasó inevitablemente la confir-
«que los niños tengan uso de razón» 18. mación. Así continuará la iniciación sacramental
de los niños hasta el Vaticano II.
Un cambio importante en la educación cristiana
de los niños se produjo en el s. XVII, cuando se Después del Concilio, el bautismo de niños se
organizó la instrucción religiosa de acuerdo a las inserta en el conjunto de la iniciación cristiana casi
directrices del concilio de Trento. Hacia los siete del mismo modo que antes del mismo. En primer
lugar, la denominada «primera comunión» o pri-
mera eucaristía, entre los siete y nueve años,
Cf. Catechismus ad parochos, II, 4, 15. aunque ha mejorado en muchas parroquias por

PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO 7 1


medio de una catequesis más apropiada, sigue como exaltación de la gracia, pero critica la genera-
siendo un momento culminante, no una etapa de la lización popular y masiva del bautismo de niños
iniciación. La dificultad reside en la continuación allí donde no existe una verdadera comunidad de
de la catequesis con niños y adolescentes después fe, por lo cual es partidario de dar vía libre al
de la primera comunión. Después de esta larga y bautismo de adultos. Afirma que por razones
problemática etapa, adviene la preparación a la bíblicas no deben condenarse creyentes o párrocos
confirmación, dentro de un proceso catecumenal en que no bautizan a sus propios hijos. Lo que
relación a la personalización de la fe y a la desfigura el bautismo de niños es su práctica como
socialización comunitaria y eclesial del bautismo. «costumbre burguesa», sin comunidad de creyentes
Podemos ver la historia de los cambios en la inicia- y sin padres y padrinos, cuya fe no ha sido
ción en el cuadro 19 de la página anterior. verificada. El bautismo de niños puede convertirse
en «resto de incredulidad» 22 . En resumen, Bonhóf-
fer acepta la antigua praxis, pero cree conveniente
iniciar una nueva, la del bautismo de adultos.
5. Controversias sobre el bautismo de niños
Importante fue asimismo la toma de posición de
a) En las Iglesias protestantes K. Barth. Mientras que en sus primeros escritos, a
partir de 1927, sostiene que el bautismo, y por
A propósito del origen, sentido teológico y supuesto el bautismo de niños, es signo sacramen-
significado pastoral del bautismo de niños se tal y eficaz de la gracia, en 1939 primero (en un
suscitaron en las décadas cincuenta y sesenta coloquio en Utrecht) y en 1943 después (IV Semana
importantes debates 20 . Hasta los años treinta no de las Facultades Teológicas de Suiza) ataca la
planteó ningún problema agudo el bautismo de legitimidad del bautismo de niños 23 . El bautismo
niños. Las primeras y más importantes discusiones es un suceso «cognitivo», no «causativo». De ahí
se originan en Alemania durante el dominio nazi, que el bautismo auténtico es el de adultos, en el que
en donde surge entre los protestantes una Iglesia puede darse conocimiento y responsabilidad. Para
Confesante (la denominada «Bekennende Kirche») K. Barth, el bautismo de niños no tiene sentido 24.
frente a la Iglesia estatal, al plantear con seriedad el Es una costumbre surgida sin fundamento bíblico,
problema de la pertenencia cristiana y la justifica- por motivos extradogmáticos, a causa de la unión
ción del bautismo de niños. En 1941, algunos de la Iglesia con la sociedad o como reminiscencia
párrocos defienden la prioridad del bautismo de judía de la circuncisión, cuando se identifica la vía
adultos; en la discusión suscitada intervienen teólo- de la sangre con la de la salvación. En definitiva, el
gos. Significativa es la posición que en 1942 adopta bautismo de párvulos es, para K. Barth, una
D. Bonhóffer21, quien acepta la praxis existente «disolución ilimitada del bautismo cristiano», un

19
Cf. O. S a r d a , La confirmation: «Célébrer» Notes de
Pastorale Liturgique 185 (1986) 12-13. Ver también D. Borobio, 22
En 1965 afirmará M. Peuchmaurd que el bautismo de
Bautismo de niños y confirmación: problemas teológico-pastorales, niños se ha convertido en «sacramento de descristianización»,
Fundación Santa María, Madrid 1987, 52-55. en su artículo Qui faut-il baptiser?: «Parole et Mission» 28 (1965)
20 112-131.
Cf. mi trabajo Controversias sobre el bautismo de niños:
«Phase» 10 (1970) 39-70; ver asimismo W. Kasper (ed.), Christ- 23
Cf. el pensamiento de K. Barth y su evolución en M. Raske
sein ohne Entscheidung, oder solí die Kirche Kinder taufen?, y P. Lengsfeld, Die Kindertaufe in Diskussion und Praxis bei
Grünewald, Maguncia 1970; W. Molinski (ed.), Diskussion um die nichtkatholischen Kirchen, en W. Kasper (ed.), Christsein ohne
Taufe. Mil Arbeitshilfen für eine emeuerte Praxis der Kindertaufe, Entscheidung..., op. cit., 26-29.
Pfeiffer, Munich 1971; P.-A. Liégé, Le baptéme des enfants dans le 24
Cf. K. Barth, Die kirchliche Lehre von der Taufe, Zollikon,
débat pastoral et théologique: LMD 107 (1971) 7-28; L. Ligier, Zurich 1943 (en francés: La doctrine ecclésiastique du baptéme:
Débats sur le baptéme des petits enfants. Motivations doctrinales et «Foi et Vie» 47 [1949] 1-50); id., Die Taufe ais Begründung des
expériences actuelles: «Gregorianum» 57 (1976) 613.-657. christlichen Leben, en Kirchliche Dogmatik, IV/4, EVZ, Zurich
21
Cf. D. Bonhóffer, Zur Tauffrage. Ein Gutachten, en Gesam- 1967 (en francés: Le baptéme, fondement de la vie chrétienne, en
melte Schriften, Munich 1960, III, 431-454. Dogmatique, 26, Labor et Fides, Ginebra 1969).

7 2 PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


«acto de poder», una «vieja equivocación eclesial» Al examinar J. Moltmann en 1975 la función del
o una «lacra purulenta en el flanco de la Iglesia». bautismo en la Iglesia, reconoce que «el bautismo
En sus últimos escritos de 1967 se radicaliza de niños es el pilar fundamental del corpus christia-
todavía más: distingue entre un bautismo de Espí- num, de la societas christiana y de una sociedad
ritu, expresión de la gracia, y un bautismo de agua, cristiana que reconozca al cristianismo» 30 . De ahí
acción puramente humana, en el que el hombre que no sea posible cambiar la praxis bautismal sin
responde y reconoce la acción de Dios 25 . K. Barth transformar la función de la Iglesia en la sociedad.
termina diciendo que «sin las filigranas y sofismas J. Moltmann se inclina por el bautismo de adultos.
exegéticos y oportunistas, es difícil salvar el bautis- Otro tanto piensa el monje americano A. Kavanagh,
mo de niños en conexión con la doctrina del al afirmar que el bautismo de adultos es la norma y
bautismo» 26 . el modelo del bautismo de niños 3 1 .
Las discusiones se centraron entonces sobre las
bases bíblicas justificativas del bautismo de niños. b) En la Iglesia católica
Los principales actores de la controversia fueron J.
Jeremías y K. Aland 27 . J. Jeremías sostuvo que la Las controversias surgidas en la Iglesia católi-
Iglesia practicó el bautismo de niños desde sus ca sobre el bautismo de niños no proceden tanto
mismos comienzos; de la misma opinión fue O. de la teología como de la acción pastoral 32 . No
Cullmann 28 . Por el contrario, K. Aland defendió olvidemos que, en el ámbito litúrgico, la práctica
que no hubo bautismo de niños en el tiempo del precede de modo ordinario a la teología 33. De una
Nuevo Testamento ni en los dos primeros siglos, forma ostensible, ningún teólogo católico niega la
manifestando al mismo tiempo una posición crítica justificación doctrinal del bautismo de niños. His-
frente a la práctica eclesial de bautizar a infantes, tórica y teológicamente, el bautismo de niños es
semejante a la de K. Barth 29 . válido. Las discusiones han sido y son propiamente
pastorales 34 . Comenzaron en Francia antes del
Concilio, al acabar la segunda guerra mundial. En
25
Cf. Zur Frage nach der Taufe. Ungedruckte Ergdnzung zu K 1946 se manifestaron dos tendencias: los partida-
Barth, «Die kirchl. Lehre von der Taufe»: «Evangelische Theolo- rios del «laxismo» y los defensores del «rigoris-
gie» 9 (1949/1950) 187-189. Ver también los trabajos de su hijo
Markus Barth, especialmente Die Taufe, ein Sakrament?, Zolli-
mo» 35. En 1951 publicó el episcopado francés un
kon, Zurich 1951. Directorio para la pastoral de sacramentos, en donde
26
Cf. Die kirchliche Lehre..., 36.
27
Cf. J. Jeremías, Hat die álteste Christenheit die Kindertaufe
geübt?, Góttingen 1938, publicado nuevamente con este título:
Hat die Urkirche die Kindertaufe geübt?, Góttingen 1949; más 30
J. Moltmann, La Iglesia, fuerza del Espíritu. Hacia una
tarde aparece, del mismo autor, Die Kindertaufe in den ersten vier eclesiologia mesiánica, Sigúeme, Salamanca 1978, 275.
Jahrhunderten, Vandenhoeck, Góttingen 1958 (en francés: Le 31
baptéme des enfants pendant les quatre premiers siécles, Mappus, Cf. A. Kavanagh, The Shape of Baptism: The Rite of
Le Puy-Lyon 1967). Contesta a este trabajo K. Aland, Die Christian Initiation, Pueblo Publishing Company, Nueva York
Saulingstaufe im Neuen Testament und in der alten Kirche. Eine 1978.
32
Antwort an Joachim Jeremías, Munich 1961, al que responde J. Cf. M. Hurley, ¿Qué pueden aprender los católicos de la
Jeremías, Die Anfánge der Kindertaufe. Eine Replik auf Kurt controversia sobre el bautismo de niños?: «Concilium» 24 (1967)
Alands Schrift: «Die Saulingstaufe im Neuen Testament und in der 19-27; P. F. X. Covino, Le débat post-conciliaire sur le baptéme des
alten Kirche», Kaiser, Munich 1962. Finalmente publica K. enfants dans l'Eglise catholique aux Etats-Unis: LMD 152 (1982)
Aland, Die Stellung der Kinder in den frühen christlichen Gemein- 111-141.
den und ihre Taufe, Kaiser, Munich 1967 y Taufe und Kindertaufe, 33
Cf. P. Schoonenberg, Theologische Frage zur Kindertaufe,
G. Mohr, Gütersloh 1971. en W. Kasper (ed.), Christsein ohne Entscheidung..., op. cit.,
28
Cf. O. Cullmann, Die Tauflehre des Neuen Testament. 108-128.
Erwachsenen- und Kirdertaufe, Zurich 1948, trad. El bautismo de 34
Cf. D. Borobio, Proyecto de iniciación cristiana. Cómo se
niños y la doctrina bíblica del bautismo, en Del evangelio a la hace un cristiano. Cómo se renueva una comunidad, Desclée,
formación de la teología cristiana, Sigúeme, Salamanca 1972. Bilbao 1980.
29 35
Cf. P. A. Gramaglia, // battesimo dei bambini nei primi Cf. la discusión en mi trabajo Controversias sobre el
quattro secoli, Brescia 1973. bautismo de niños, op. cit., 64-70.

PARA COMPRENDER EL CATECUMESADO 7 3


se constata la tensión existente entonces entre «los los pelagianos. Sencillamente, el bautismo borra el
defensores de la severidad y los de la indulgencia», pecado original del niño que trae consigo al nacer.
entre «los partidarios de los derechos del individuo La entrada en la Iglesia, realizada por el bautismo,
y l¿>s de los derechos de la comunidad», o entre «los es «remisión de pecados» y recepción de Espíritu.
apóstoles de la evangelización y los defensores de la Este argumento lo expone con toda claridad la
práctica sacramental» 36. Se señala en este directo- Instrucción de 1980, en donde se citan testimonios
rio que el bautismo de párvulos sólo puede ser cele- favorables de los concilios de Cartago, Viena,
brado si se da un compromiso de enviar al niño, en Florencia y Trento (n. 6-8).
su momento oportuno, a la catequesis. La tensión se - El segundo argumento proviene de la misma
produjo entre una pastoral de cristiandad y una concepción del bautismo como obra de Dios que
pastoral misionera. Se manifestó de un modo vivo invita al hombre a su alianza, le regala la fe y le
hacia 1964 37. En 1965 publicó el episcopado fran- hace miembro de su pueblo. Dicho de otra manera,
cés una nota titulada La pastoral del bautismo de el bautismo de niños es un signo de la gracia
niños, en la que se centra la responsabilidad en los preveniente de Dios; así se manifiesta claramente
padres del infante. Se propone una pastoral de la su iniciativa gratuita y salvadora. «Lo constitutivo
«dilación» entre el nacimiento del niño y el bautis- del bautismo es su promesa de salvación, y no la
mo propiamente dicho 38. confesión de fe del bautizando», afirma G. Barth 41 .
A partir de las discusiones sobre el bautismo de La citada Instrucción aplica al bautismo de niños lo
niños, puede hacerse un balance de argumentos a que es propio del bautismo de adultos: «manifesta-
favor y en contra 3 9 . Se ha hecho eco de las ción del amor gratuito de Dios, participación en el
controversias el documento de la Sagrada Congre- misterio pascual del Hijo, comunicación de una
gación para la Doctrina de la Fe de 1980, titulado nueva vida en el Espíritu» y agregación «al cuerpo
Instrucción sobre el bautismo de niños 40 . de Cristo, que es la Iglesia» (n. 10). Como funda-
mento bíblico se cita a Jn 3, 5 (diálogo de Jesús con
Nicodemo).
6. Argumentos sobre el bautismo de niños - Aunque le falte la respuesta inmediata, el
bautismo de niños es válido, ya que el infante es
bautizado con fe «vicaria». «Aunque no puedan aún
a) Argumentos a favor profesar personalmente su fe» -afirma la Instruc-
ción- la Iglesia bautiza a los niños «en su propia fe»
- El primer argumento procede de la teología (n. 14). Evidentemente, para esto se necesita «el
agustiniana desarrollada en las controversias con consentimiento de los padres y la garantía seria de
que el niño bautizado recibirá la educación católi-
36
ca» (n. 15). Aquí está el problema, en la garantía de
Cf. Directoire pour la pastorale des Sacrements á l'usage du una educación cristiana posterior, con objeto de
clergé adopté par l'assemblée pléniére de l'épiscopat pour les
diocéses de France, París 1951. que el bautizado «se confirme» más adelante en la
37
Cf. Les sacrements livrés á l'incroyance: «Parole et Mission» fe.
25 (1964).
38
Cf. el texto en «La Documentation Catholique» 48 (1966)
457-465. b) Argumentos en contra
39
Cf. J.-J. von Allmen, Pastorale du baptéme, Ed. Universitai-
res-Cerf, Friburgo-París 1978, 71-125; R.-M. Roberge, Un tour- - No se sigue en dicha práctica el orden
nant dans la pastorale du baptéme: «Laval Théologique et tradicional pastoral, a saber, proclamación del
Philosophique» 31 (1975) 227-238 y 33 (1977) 3-22, trad. y evangelio, aceptación del mismo por medio de la fe,
condensado en Un giro en la pastoral del bautismo: «Selecciones
de Teología» 69 (1979) 15-32.
40
Cf. el texto latino en «Osservatore Romano» del 22 de
noviembre de 1980 v en AAS 77 (1980) 1137-1156; la trad. al 41
castellano en .Phase» 122 (1980) 145-161. Cf. G. Barth, El bautismo en el tiempo..., 166.

74 PARA COUPRESDER EL CATECUMENADO


y bautismo. Según el Nuevo Testamento, es necesa- atenta contra la libertad es juzgada por la Instruc-
rio creer para ser bautizado. En el caso de los niños ción de 1980 como «absolutamente ilusoria», ya
que se bautizan, se advierte que en ellos no se da que «no existe la pura libertad humana que esté
conversión, fe personal, confesión de fe y deseo de exenta de todo condicionamiento» (n. 21).
bautizarse. Ahí radica el principal argumento de los
bautistas 42 .
- El segundo argumento procede del cambio 7. Pastoral del bautismo de niños
cultural producido en la sociedad occidental con el a) Los problemas planteados
advenimiento del mundo moderno. En la cristian-
dad había un clima cristiano dentro de la familia, En la generalización del bautismo de niños han
profesión, escuela y cultura. Han cambiado profun- influido diversas razones sociológicas (coherencia
damente las circunstancias pastorales. Es cierto de la unidad familiar), sanitarias (frecuencia de
que los padres quieren lo mejor para sus hijos sin mortalidad infantil), teológicas (necesidad de per-
necesidad de preguntarles, y que los más conscien- dón radical) y pastorales (la implantación de la
tes desean seriamente unos descendientes cristia- cristiandad). De hecho, el actual bautismo generali-
nos. Pero al mismo tiempo se observa que hoy no se zado de niños no equivale siempre al sacramento de
hereda como ayer el estilo familiar, la profesión, la la fe, sino que en ocasiones es un rito sacramental
decisión matrimonial, la opción política, las pautas más o menos religioso o sagrado. Pastoralmente se
de comportamiento y los usos y costumbres religio- plantean dos cuestiones: si las familias que bauti-
sas. No es fácil garantizar para los hijos la posterior zan hoy a sus hijos son suficientemente cristianas
aceptación personal de la fe, ni aun en el caso de como lo exige la fe de la Iglesia, y si los recién
familias rigurosamente cristianas. bautizados serán mañana previsiblemente creyen-
- El tercer argumento se deriva de la altera- tes, dada la secularización no sólo de la sociedad,
ción del mismo sacramento. Sencillamente, el sino de muchísimos bautizados. De hecho no se
bautismo se devalúa en el caso de los infantes al toma en serio el criterio tradicional de bautizar
generalizar lo excepcional y disminuir su significa- solamente a niños que sean hijos de padres cristia-
ción de compromiso en la fe, identificando fe o nos, siempre que se dé una «seguridad moral» de su
religión con nacimiento, y engendrando muchos iniciación cristiana futura. En muchos bautismos
más hijos bautizados que la paternidad responsable actuales no se cumplen estos requisitos.
de la Iglesia puede admitir para su posterior y Hoy se admite que la alternativa no es bautismo
adecuada educación 43 . de niños o bautismo de adultos, como tampoco es
- Un cuarto argumento se relaciona con la válida la contraposición entre bautismo de niños y
libertad de elección. Piensan algunos pastores que educación indiferente. El criterio reside en asegurar
el bautismo de niños debe ser planteado en térmi- una adecuada iniciación cristiana después del bau-
nos de libertad más que en perspectivas de tradi- tismo, al menos para una mayoría de los niños. Pero
ción. De hecho, algunos jóvenes reprochan a sus dada la situación de nuestra sociedad y las posibili-
padres la decisión que un día tomaron de bautizar- dades pastorales de la educación cristiana, cabe
los. La afirmación de que el bautismo de niños preguntarse: ¿es posible asegurar hoy la iniciación
cristiana a la mayoría de los niños después de su
bautismo? ¿Hay responsabilidad de fe en los padres
que desean bautizar a sus hijos y mediaciones de
42
Cf. J. McClendon, ¿Por qué los bautistas no bautizan a los educación cristiana en nuestras parroquias? ¿Se
infantes?: «Concilium» 24 (1967) 9-18; G. Beasley-Murray, dan auténticas condiciones pastorales para que se
Baptism today and tomorrow, Macmillan, Londres 1966 (en verifique lo que la teología afirma (muchas veces en
alemán: Die christliche Taufe, Kassel 1968); R. E. O. White, The
biblical Doctrine of Initiation, Londres 1960. abstracto) sobre el bautismo de niños? Recordemos
43
Cf. J.-J. von Allmen, Reflexión d'un protestant sur le
que la teología del bautismo procede del bautismo
pédobaptisme généralisé: LMD 89 (1967) 66-86. de adultos, mientras que los criterios de acción

PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO 75


pastoral bautismal se extraen del bautismo de este ritual se aduce el texto de Jn 3, 5 para justificar
• - 44 el bautismo de adultos y de párvulos. Se afirma
niños . asimismo que la Iglesia, «ya desde los primeros
siglos», bautizó a niños «en la fe de la misma
b) Orientaciones generales del Iglesia, proclamada por los padres, padrinos y
«Ritual del bautismo de niños» demás presentes», que representan a la Iglesia local
y universal, según la doctrina de san Agustín 46 .
La Sagrada Congregación para el Culto Divino
promulgó el 15 de mayo de 1969 un nuevo Ordo
baptismi parvulorum, cuya versión oficial al caste- c) Orientaciones pastorales concretas
llano apareció el 24 de junio de 1970 con el título de
Ritual del bautismo de niños. Este nuevo ritual, • Pastoral de la «dilación»
consecuencia de las decisiones del Vaticano II (SC (Catecumenado de padres)
67), sustituye al que se contiene en el Ritual El episcopado francés publicó en 1965, al acabar
Romano, promulgado por Paulo V en 1614, que, en el Vaticano II y después de promulgada la constitu-
realidad, era sustancialmente igual al ritual del ción sobre la liturgia, un documento titulado La
bautismo de adultos de dicho Ritual Romano, pastoral del bautismo de niños, en donde se propone
aunque más breve. un intervalo de tiempo, sin precisar su duración,
Los comentaristas del nuevo ritual, sin contro- entre la inscripción y la celebración, para llevar a
versias destacadas, están de acuerdo en señalar cabo una catequesis adecuada con los padres 47 . La
estas apreciaciones: 1) No es una abreviación del experiencia demostraba que esta catequesis era
antiguo ritual, sino un rito nuevo para párvulos, tal imposible después del bautizo del niño o antes de su
como lo expresó el Concilio. 2) Su estructura es nacimiento. De ahí nació la pastoral de la dilación
lógica y sencilla: acogida, servicio de la palabra, del bautismo de párvulos, con objeto de llegar a una
celebración bautismal y rito de despedida. 3) Se verificación más cuidadosa y a una exigencia mayor
adapta a la situación real del párvulo. 4) Tiene en de disposiciones.
cuenta la participación y responsabilidad de los La pastoral del bautismo de párvulos fue estu-
asistentes: padres, padrinos y asamblea. 5) No diada en España en las jornadas nacionales de
desciende a mínimos detalles; de ahí la posibilidad responsables diocesanos de liturgia de 1968 48 . En
de diversas adaptaciones. 6) Se basa en la doctrina las orientaciones finales, fruto de estas jornadas, se
bíblica del bautismo como sacramento de la fe, constata que «el tema del bautismo de los párvulos
incorporación a la Iglesia, nacimiento a la vida de interesa como problema vivo en nuestros días en
Dios y participación en el misterio pascual 45 . amplios sectores de nuestra geografía». Se afirma
En las orientaciones doctrinales y pastorales de «que la actitud verdadera no es la de bautizar a
cualquier precio a los hijos de padres, incluso
descristianizados, valorando rápida y quizás injus-
tamente su petición». Finalmente se admite, aun-
44
Cf. Fr. Reckinger, Baptiser des enfants á quelles conditions. que con ciertas reservas, «dilatar el tiempo de
Réflexions théologiques etpastorales, Nauwelaerts, Bruselas 1987. preparación al bautismo».
45
Cf. P. Talec, Le nouveau rituel du baptéme des enfants. Essai
d'appre'ciation pastorale: «Paroisse et Liturgie» 51 (1969) 339-353; En el Ritual del bautismo de niños se recomien-
L. Ligier, Le nouveau rituel du baptéme des enfants: LMD 98
(1969) 7-31; P. Tihon, Le nouveau rituel du baptéme des enfants:
«Nouvelle Revue Théologique» 91 (1969) 643-655; P. Martínez,
Rasgos teológicos del nuevo Ritual para el bautismo de niños: 46
«Phase» 55 (1970) 7-37; // nuovo rito del battesimo: «Rivista di Se cita el texto de san Agustín, Epist., 98, 5: PL 33, 362.
47
Pastorale Litúrgica» 38 (1070/8); C. Braga, In Ordinem Baptismi Cf. La pastorale du baptéme des petits enfants. Document
parvulorum Commentarius: «Ephemerides Liturgicae» 84 (1970) episcopal: LMD 88 (1966) 43-56.
43-55; A. Iniesta, El bautismo. Introducción pastoral. Comentario 48
Cf. las actas en Bautizar en la fe de la Iglesia, Marova,
al nuevo ritual español, PPC, Madrid 1970. Madrid 1968.

7 6 PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


da que se tenga en cuenta «el tiempo suficiente para la primera comunión, y finalmente hacerle partici-
preparar a los padres» (n. 44), para lo cual «es par en los tres sacramentos de la iniciación hacia
necesario que a la preparación del bautismo prece- los doce años, con
53
la intervención del obispo en la
da el diálogo con un sacerdote o con otras personas noche pascual . Las «celebraciones de acogida»
responsabilizadas en la pastoral bautismal» (n. 57). pretendían salir al paso del todo o nada, es decir,
En otra parte se habla de «cursillos o conferencias» bautismo o no bautismo. Se trata en esta pastoral
(n. 58). La Instrucción de 1980 llama a la dilación de pasar del catecumenado de padres al de niños y
«demora pedagógica» (n. 31). De momento, esta adolescentes. En la acogida se le hace al niño la
pastoral produce buenos resultados, pero no solu- señal de la cruz y se le da el nombre. La segunda
ciona los problemas de la iniciación cristiana ni la etapa correspondería a la liturgia de la palabra
formación de la comunidad. Es necesaria una dominical. Se terminaría todo el proceso con el
catequesis de inspiración catecumenal con los bautismo, la confirmación y la eucaristía en la
padres más estricta, más prolongada y con mayores vigilia pascual.
exigencias 49 .
La asamblea episcopal francesa de 1971 no
• Pastoral del bautismo por «etapas» alentó este camino, sino que afirmó la pastoral
(Catecumenado de niños) tradicional del bautismo de niños 5 4 , como lo
Hacia 1948 se propuso en la Iglesia anglicana habían indicado los obispos alemanes un año
bautizar solamente a los niños de familias rigurosa- antes 5 5 y lo haría en 1980 la Instrucción de la
mente cristianas; a los otros infantes se les admiti- Congregación para la doctrina de la Fe. Esta
ría con un rito de admisión, de acción de gracias o Instrucción, en general restrictiva, desestima la
de bendición, con objeto de hacerlos catecúmenos. En «inscripción» del niño, así como un rito apropiado
la Iglesia católica, dentro de la pastoral de la a ese momento como entrada en el catecumenado,
dilación favorecida por el ritual del bautismo de independiente del rito bautismal.
niños, surgió en países misioneros 50 y europeos 5I • Pastoral del bautismo «aplazado»
la necesidad de un «rito de inscripción» 52. En la (Catecumenado de jóvenes)
diócesis de Arras se hicieron las primeras experien-
cias, continuadas en otras dieciséis diócesis. En Según esta p a s t o r a l , defendida por D.
realidad, más importante que la inscripción del Boureau 56, el bautismo sigue a un proceso de
niño es la acogida de los padres. Un infante no evangelización y catecumenado con adolescentes y
puede ser catecúmeno; sólo puede serlo el adulto o jóvenes. Se comienza por un rito de acción de
el niño llegado al uso de razón. Lo que se pretende gracias que celebra el nacimiento del niño a la vida
con esta pastoral es inscribir al niño y acoger a los o la apertura del hombre al misterio de la creación.
padres en un primer momento, después del naci- Es un rito que no tiene nada de sacramental; es un
miento. Luego educar posteriormente al niño con simple gesto de acogida «doméstico y privado» que
una catequesis semejante a la que hoy se hace para concierne a la familia. Se trata de lograr, por medio

53
Cf. J.-Ph. Bonnard, Le temps du baptéme. Vers un catéchu-
49
H. Denis, Ch. Paliard y P.-G. Trebossen, Le baptéme des ménat des enfants: «Etudes» 333 (1970) 431-442.
petits enfants. Histoire, doctrine, pastorale, Centurión, París 1980. 54
Cf. Déclaration des évéques de France sur le baptéme des
50
Cf. P. Reinhard, Note sur la nécessité pastorale d'un rite petits enfants (20.11.1971): «La Documentation Catholique» 53
d'accueil des enfants au Nord-Togo: LMD 98 (1969) 59-62. (1971) 1063s.
51 55
Cf. LMD 104 (1970), art. de P.-M. Gy y B. Rey. Cf. Pastoralanweisung der Deutschen Bischofskonferenz
52
Cf. Comisión de pastoral sacramental del Centro-Este de über die Einführung eines Tagesprachs mit den Eltem vor der
Francia, Célébration de l'accueil par l'Eglise en vue du baptéme: Spendung der Taufe (24.9.1970): «Kirchlicher Anzeiger Kóln» 110
«Communautés et Liturgie» 62 (1980/2) 155-164; A. Albarrán, (1979) 323-325.
56
Celebración cristiana de la vida: un rito de acogida: «Pastoral Cf. D. Boureau, El futuro del bautismo, Herder, Barcelona
Misionera» 6 (1976) 7-10. 1973.

PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO 77


de una adecuada evangelización, que el niño sea pastorales de fondo siguen patentes. No sólo resulta
catecúmeno cuando llegue al uso de razón. La difícil la transmisión familiar de la fe, sino que cada
entrada en el catecumenado se hará cuando el niño vez se dan más casos de bautismos de niños, hijos
o el adolescente hayan aceptado el mensaje cristia- de padres apenas creyentes y lejanamente practi-
no. Por último, el convertido y catequizado es cantes o simplemente indiferentes e incluso in-
bautizado, confirmado y eucaristizado. En realidad creyentes. No faltan las peticiones bautismales de
se sigue el esquema del catecumenado de adultos y padres casados civilmente o libremente unidos en
se preconiza el bautismo de jóvenes, aunque dentro matrimonio que quieren bautizar a sus hijos. Por
de un pluralismo pastoral para el bautismo. En dos otra parte, crecerá previsiblemente el número de
trabajos importantes, J. Moingt 57 propone una niños cuyo bautismo se aplaza para otro momento
«estrategia misionera» y un nuevo itinerario sacra- que nunca llega 59. Dentro de pocos años comenza-
mental. Después de una petición adecuada, el niño rá entre nosotros el bautismo de niños en edad
sería bautizado entre los 6 y 12 años, cuando ya escolar y de adultos convertidos, siempre que se
puede apropiarse el lenguaje de la fe. La penitencia proceda con una pastoral rigurosamente evangeli-
sería en el tiempo de la crisis de la adolescencia, y la zadora. Entre tanto preocupa gravemente el bautis-
eucaristía entre los 10 y los 14 años, cuando mo generalizado de niños sin que le preceda o le
comienza su socialización. El proceso sería corona- siga en muchos casos una acción pastoral ade-
do con la confirmación en la edad adulta, cuando se cuada 60. Se impone la necesidad de una catequesis
pueden expresar los compromisos definitivos. El de adultos de inspiración catecumenal.
pastoralista alemán N. Greinacher se mostró de
acuerdo con las tesis de J.-Ph Bonnard y J.
Moingt 58.
Aunque se manifiesta actualmente una cierta 59
Cf. la encuesta de la diócesis de Bilbao hecha en 1982, El
calma en torno al bautismo de niños, los problemas sacramento del bautismo; X. Basurko, Hacia una pastoral del
bautismo: «Teología y catequesis» 18 (1986) 249-260.
60
Para conocer las directrices pastorales del bautismo de
niños en algunas diócesis españolas, cf. la revista «Actualidad
57
Catequética» en sus números 106 (1982), 110 (1982), 111 (1983) y
Cf. J. Moingt, Le devenir chrétien. Initiation chrétienne des 114 (1984). Ver asimismo A. Rada y J. Riquelme, Pastorales
jeunes, DDB, París 1973; id., La transmission de la foi, París 1976. bautismales existentes: «Medellín» 15 (1974) 93-114; D. Grasso,
58
Cf. N. Greinacher, Zur Eingliederung des jungen Menschen ¿Hay que seguir bautizando a los niños? Teología y pastoral,
in der Kirche: «Theologische Quartalschrift» 154 (1974) 48-67. Sigúeme, Salamanca 1973.

7 8 PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


8
Renovación
del catecumenado
en países de misión

1. Intentos de renovación catecumenal ordinario precedía un período de instrucción cris-


de la Iglesia colonial española tiana a la celebración bautismal, aun en el caso,
en los siglos XVI y XVII muy frecuente al principio, de sacramentalizar
masivamente. Se guardó una cierta preparación
mínima, tanto en México entre 1524 y 1536 por los
a) Los comienzos primeros misioneros franciscanos, según refiere
fray Toribio de Motolinía (1490-1569), como en
Las expansiones coloniales de españoles y portu- Filipinas por los agustinos que allí arribaron con la
gueses en los s. XV, XVI y XVII dieron origen a la expedición de Legazpi en 1564, al no encontrar
evangelización del Nuevo Mundo y a la restaura- ninguna huella cristiana en el archipiélago filipino
ción del bautismo de adultos '. Al comienzo, los de los bautismos conferidos con ocasión de la
bautismos fueron por coacción y en masa, pero expedición de Magallanes (1520-1521). Entre 1524 y
poco a poco se impuso una pastoral catecumenal, es 1536, los franciscanos bautizaron, según Motolinía,
decir, un proceso más o menos largo de conversión a más de cuatro millones de indígenas. Los prime-
hasta llegar a la fe y, sobre todo, a la eucaristía 2 . De

Beckmann, Taufvorbereitung und Taufliturgie in den Missionen


1 von 16. Jahrhundert bis zur Gegenwart: «Neue Zeitschrift für
Cf. AA.W., Para una historia de la evangelización en Missionswissenschaft und Religionswissenschaft» 15 (1959) 14-
América Latina: Symposio CEHILA, Barcelona 1977; G. Guarda, 31, o en lengua francesa L'initiation el la célébration baptismale
Los laicos en la cristianización de América. Siglos XV-XVI, dans les missions du 16e siécle á nos jours: LMD 58 (1959) 48-70;
Santiago de Chile 1973; P. Borges, Métodos misionales en la L. Kilger, Entwicklung der Katechumenatspraxis vom 5.-18 Jahr-
cristianización de América. Siglo XVI, Madrid 1960. hundert: «Zeitschrift für Missionswissenschaft» 15 (1925) 166-
2
Cf. R. Ricard, La conquista espiritual de México. Ensayo 182; G. Mensaert, La préparation des adultes au Baptéme en terre
sobre el apostolado y los métodos misioneros de las órdenes paienne: «Revue d'Histoire des Missions» 16 (1939) 233-255;
mendicantes en la Nueva España de 1523 a 1572, México 1947; J. 402-419; 498-526.

PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO 7 9


ros bautismos en masa fueron examinados en estipuló nada sobre esta cuestión, al estar los
España desde un punto de vista teológico y moral. obispos europeos más preocupados por los proble-
Al llegar a México fray Bernardino de Sahagún en mas teológicos planteados por la Reforma que por
1529 observó manifestaciones de idolatría en los las urgencias misioneras descubiertas en el Nuevo
neófitos. Mundo. Recordemos que a Trento no fue ningún
obispo de América. Tuvo intenciones de acudir fray
Juan de Zumárraga, precisamente para dar a
b) Las exigencias conocer los problemas de las nuevas cristiandades y
recabar ayuda del papa y del futuro concilio, pero
En realidad hubo en los comienzos de la evange- murió sin lograrlo.
lización americana dos prácticas bautismales dife-
rentes, la «sacramentalista» de los primeros fran- En la pastoral catecumenal de la evangelización
ciscanos (anuncio sucinto, bautismo masivo, con- americana fue importante la denominada doctrina
versión y catequesis posterior) y la «catecumenal» cristiana, que se impartía a los indios tres veces por
de los dominicos, agustinos y jesuítas (catecumena- semana en torno a los contenidos fundamentales de
do y conversión, bautismo, catequesis permanente) la fe (Dios creador, Trinidad, Cristo salvador,
llevada a cabo a partir de 1526, después de su Iglesia, Sacramentos), oración cristiana (Padre-
llegada. Los teólogos salmantinos , además de J. de nuestro, Avemaria, Credo) y normas de conducta
Acosta y J. de Focher, defendieron esta segunda (mandamientos, pecados y virtudes) 6 . Para enseñar
pastoral 3 . Los agustinos exigieron a partir de 1534 el cristianismo se utilizaron con profusión diversi-
que sólo hubiera bautismos cuatro veces al año dad de catecismos o de doctrinas cristianas breves,
(Pascua, Pentecostés, San Agustín y Epifanía), des- como la que usaron por primera vez en México los
pués de un período previo de instrucción cristiana, famosos «doce frailes de San Francisco» a partir de
en el que además de la catequesis se celebraban los 1524, a la que debemos añadir los catecismos de
exorcismos y escrutinios. En 1541, los teólogos de Juan de Ribas (México 1537), Fray Juan de Zumá-
Salamanca, en un memorial dirigido al Consejo de rraga (México 1539), Pedro de Córdoba (México
Indias, se pronunciaron a favor de una preparación 1544), Pedro de Gante (México 1544) y J. de Acosta,
prebautismal4. m a n d a d o redactar por santo Toribio de Mogrovejo,
con ocasión del III Concilio provincial de Lima, y
Los primeros concilios de México (1555) y Lima que fue el primer libro impreso en América. Hubo
(1552) prescribieron con claridad y firmeza la un total de un centenar de textos catequéticos
catequesis bautismal obligatoria 5 . Se señaló un importantes 7 . Recordemos que los famosos catecis-
tiempo mínimo de 30 días para la instrucción mos de G. Astete (¿Salamanca 1576?, Burgos 1593)
prebautismal o catecumenal. El Sínodo de Quito y J. de Ripalda (Burgos 1591) son posteriores a las
(1570) exigió un «tiempo conveniente». Con todo, «doctrinas cristianas» hispanoamericanas, a dife-
los importantes concilios de Lima (1584) y México rencia del controvertido catecismo de J. de Valdés,
(1585), que tanta influencia ejercieron hasta el siglo previo a todos ellos (Alcalá 1529). También son
XIX, nada prescribieron sobre el catecumenado, posteriores los catecismos de Pedro Canisio (1555-
quizá porque el Concilio de Trento (1545-1563) no

6
Cf. J. G. Duran, Monumenta Catechetica Hispanoamericana
3 (s. XVI-XVIII), vol. I, Siglo XXI, Buenos Aires 1984, 368-375, cita
Cf. D. Borobio, Los laicos y la evangelización, Desclée, en D. Borobio, Los laicos..., op. cit., 40.
Bilbao 1987, 38; ver especialmente la primera parte de esta obra: 7
Los laicos en la evangelización de América durante el siglo XVI. Cf. J. R. Guerrero, Catecismos españoles del siglo XVI. La
4 obra catequética del Dr. Constantino Ponce de la Fuente, ISP,
Cf. D. Borobio, Los teólogos salmantinos ante el problema Madrid 1979; id., Catecismos de autores españoles de la primera
bautismal en la evangelización de América (s. XVI): « Salmanticen- mitad del siglo XVI (1500-1559), en Repertorio de las ciencias
sis» 33 (1986) 179-206. Eclesiásticas en España, II, Salamanca 1971, 225-260; L. Resines,
5
Cf. R. Vargas Ugarte, Concilios Limenses (1551-1772), vol. I, Catecismos de Astete y Ripálda. Edición crítica, Ed. Católica,
Lima 1951. Madrid 1987.

8 0 PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


1559), del Concilio de Trento (1566) y de Roberto navarro propició una nueva evangelización. Deci-
Belarmino (1597-1598). dió irse a China, fuente de la sabiduría japonesa,
pero murió el 3 de diciembre de 1552 en una isla
frente a Cantón.
2. Experiencias catecumenales
de las Iglesias coloniales asiáticas b) Las exigencias
a) Los comienzos El primer concilio de Goa decretó en 1567 que a
nadie se le bautizase en contra de su voluntad. Y en
La preocupación de bautizar cuanto antes, sin el tercer concilio de 1585 se exigió un período de
preparación previa, se dio en las primeras misiones preparación previo al bautismo, al menos de veinte
cristianas de Asia, cuyo centro de irradiación fue días. Para facilitar la instrucción, se utilizaron
Goa, obispado desde 1533 y sede primacial de una catecismos apropiados, como los de A. Valignano
gran provincia eclesiástica que se extendía desde (Lisboa 1586) y D. de Nieva y J. de San Pedro Mártir
África Oriental a Japón. En 1542 llegó a Goa san (Filipinas 1593). A. Valignano fue el primer organi-
Francisco Javier (1506-1552) y en diciembre de zador de la Iglesia en Japón como visitador de 1579
1543 bautizó en las costas de la Pesquería, al sureste a 1606. Fue partidario de la adaptación misionera.
de la India, 10.000 mukuvares, con cinco días Otro tanto puede decirse del nuevo estilo misionero
escasos de preparación 8 . Evidentemente, la prepa- de Mateo Ricci (1552-1610), que vivió en Pekín los
ración bautismal era muy somera. Al comprobar últimos años de su vida como un bonzo budista. Al
que muchos neófitos volvían al paganismo, se principio, Ricci y sus compañeros procedían en
comenzó a promover una seria iniciación cristiana, China con cierto rigor en la preparación del bau-
para lo cual se crearon en la India, a mitad del s. tismo 9 .
XVI, por sugerencia de san Ignacio, casas de
catecumenado, en donde los convertidos recibían El jesuita italiano Roberto de Nobili (1577-1656)
una instrucción de tres meses antes de ser bautiza- llegó a la India en 1605, donde permaneció medio
dos. La primera data de 1552, erigida en Goa. Fue siglo. Aprendió varios idiomas indígenas, populares
de gran ayuda la obra del santo navarro Instructio y cultos, y pretendió encarnarse como un penitente
pro Catechistis, escrita en 1545, en donde se emplea hindú, al modo de un b r a h m á n . Celebraba los
por primera vez el término «catechisti» derivado de bautismos de adultos acomodados a la cultura
«catecismo», palabra usada ya en España en el indígena.
Catechismo pro judaeorum conversione del cardenal En Japón, país con sólida cultura propia, se
Pedro González de Mendoza en 1478. estableció el catecumenado desde el s. XVI con más
En 1549 llegó san Francisco Javier a Japón con dificultades que en India o China I 0 . Según J. López
algunos compañeros y pronto se dio cuenta de que Gay, el catecumenado en Japón tenía varios esta-
para misionar se necesitaba promocionar catequis- dios: uno preliminar, para suscitar el problema
tas laicos y conocer la lengua del pueblo, la filosofía religioso con la ayuda de los catecismos; otro
de la gente culta y las costumbres del país. El santo posterior, de instrucción propiamente dicha hasta
que el infiel, ya creyente, era bautizado; finalmente,
el tercer estadio posbautisnmal perseguía una
8
Carta desde Cochin, del 15 dé enero de 1544, en Monumento
formación más completa " .
Xavierana, I, 279-283 y en San Francisco Javier, Cartas y escritos,
Edice, Madrid 1953, 172-173; cf. J. Wicki, Die altere katholische
Mission in der Begegnung mit Indien: «Saeculum» 6 (1955) 9
345-367; G. Schurhammer y J. Wicki, Epistulae S. Francisci Cf. J. Bettray, Die Akkommodations-methode des P. Mattes
Xavieri, aliaque eius scripta (Monumenta Histórica S. I., 67-68), 2 Ricci S. J. in China, Roma 1955.
10
vol., Roma 1944-1945, especialmente I, 93-105; II, 581-599; J. Cf. J. López Gay, El catecumenado en la misión del Japón
Hofinger, Saint Francois-Xavier Catéchéte: «Lumen Vitae» 8 del s. XVI, Universidad Gregoriana, Roma 1966.
(1953) 555-562. " I b i d . , 2-5.

PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO 8 1


Desgraciadamente, en India y China se dividie- en 1614, en el que se suprimieron las etapas
ron los pareceres de los misioneros a propósito del catecumenales. Ha durado tres siglos y medio,
lenguaje teológico, la adaptación de la liturgia y la hasta 1969, que fue sustituido por el ritual del
aceptación de algunas costumbres. En general, los Vaticano II.
jesuitas eran partidarios de la adaptación, mientras Parece hoy evidente que la obra de Tomás de
que la rechazaban dominicos y franciscanos. La Jesús influyó en los misioneros del s. XVII, ya que la
discusión comenzó hacia la mitad del s. XVII y se recién fundada Congregación para la propagación de
agudizó en 1693. Finalmente fue prohibida la la fe (1622) divulgó este trabajo entre los misione-
adaptación por Clemente XI en 1704. En 1742 y ros que partían hacia Asia. A la vista de las
1744 se condenaron definitivamente los ritos chinos experiencias de los primeros vicarios apostólicos de
y malabares. La situación prosiguió sin cambios Asia, se redactaron en 1665 en París unas Instruc-
hasta la segunda guerra mundial. tiones ad muñera apostólica rite obeunda, inspiradas
en el De procuranda salute y editadas en Praga
(1669) y Roma (1744) 14 . Las nuevas Iglesias asiáti-
3. Las directrices catecumenales de Roma cas crearon un catecumenado por etapas, aunque el
en los siglos XVI y XVII ritual oficial no las incluía. Las Instructiones fueron
la base de los Mónita ad Missionarios de la Congre-
Un gran promotor romano de la renovación del gación para la propagación de la fe desde 1840. Una
ritual de sacramentos fue el cardenal G. A. Santori, tercera parte de los Mónita tratan del catecumena-
Sanctorius o Santorio (1532-1602), quien, basado do. Desgraciadamente, esta práctica pastoral basa-
en las fuentes antiguas de la liturgia romana y en da en la tradición primitiva se extinguió al no ser
las exigencias misioneras del Nuevo Mundo descu- alentada por los dicasterios romanos. Pero, la Con-
bierto, escribió a finales del s. XVI, a petición de gregación para la propagación de la fe determinó, a
Gregorio XIII, un ritual del catecumenado, en el comienzos del s. XIX, que la duración y la forma del
que se propuso restaurar las etapas de la iniciación catecumenado fuese decidida por los obispos misio-
cristiana y su liturgia. Fue impreso en 1584 en neros. Nos encontramos, sin embargo, a comienzos
Roma, pero no divulgado; fue rechazado y destrui- del siglo pasado, con una crisis misional excepcio-
do, pero se salvaron de la quema algunos ejempla- nal, a causa de la cual disminuyó notablemente el
res. Las ideas litúrgicas y pastorales del cardenal quehacer apostólico y la preocupación catecume-
Santori fueron divulgadas por el carmelita español nal. En 1866, el Santo Oficio y la Congregación para
Tomás de Jesús (1564-1627), promotor de la refor- la propagación de la fe exigieron la supresión de los
ma teresiana y alentador de vocaciones misioneras. ritos catecumenales por considerarlos un abuso. Se
En 1613 publicó Tomás de Jesús en Anvers un desconocían entonces en Roma los esfuerzos reno-
voluminoso trabajo de orientación misionera 12, en vadores del cardenal Santori.
donde proponía la organización estable de un
catecumenado 13 . De hecho, el ritual de Santori
influyó en las misiones del s. XVII, especialmente
en China. 4. La renovación catecumenal en África
San Pío V nombró una comisión de cuatro a) Implantación del catecumenado primitivo
cardenales, entre ellos Roberto Belarmino, para
redactar un ritual. Se promulgó el Ritual Romano El primer impulsor moderno de la misión en
África fue Fr. Libermann, quien en 1848, con
misioneros de su misma congregación, los «espiri-
12
Cf. Tomás de Jesús, De procuranda salute omnium gen-
tium... et pro conversis catechismus, Anvers 1613.
13 14
Cf. J. Christiaens, L'organisation d'un catéchuménat au 16e Cf. M. Dujarier, Breve historia del catecumenado, Desclée,
siécle: LMD 58 (1959) 71-82. Bilbao 1986, 140.

82 PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


taños», intentaron promocionar catequistas laicos,
a los que pretendieron conferir las «órdenes meno-
res», sin conseguirlo por prohibición de Roma.
Recordemos que bajo el pontificado de Gregorio
XVI (1831-1846) se desarrollaron ampliamente las
misiones en África, coincidiendo la llegada de
diversas congregaciones (lazaristas, espirítanos, je-
suítas y oblatos) con la colonización del continente
negro, repartido posteriormente entre diversas po-
tencias europeas en la conferencia de Berlín en
1885.
En realidad, el creador del catecumenado en
África fue el cardenal Lavigerie, profesor de historia
eclesiástica en la Sorbona y posteriormente arzo-
bispo de Alger y fundador de los Padres Blancos 15.
Lavigerie dirigió en 1878 al cardenal Franchi,
prefecto de Propaganda Fide, una exposición de su
visión misionera y catecumenal, que fue aprobada.
En la ciudad africana de Cartago reapareció enton-
ces el catecumenado. Lavigerie redactó ese mismo
año sus primeras Instrucciones a los diez primeros
misioneros de Tanzania, en el reino de Buganda.
Desde 1879, el catecumenado recién implantado
durará cuatro años, con tres grados o etapas. La
primera etapa se dirige a los postulantes, que
reciben una instrucción elemental o evangelización
durante dos años. La segunda tiene en cuenta a los
catecúmenos, que son instruidos en la totalidad del
mensaje cristiano durante otros dos años y pueden
participar ya en la liturgia de la palabra. Finalmen-
te transcurre el gran retiro final, después de una
admisión rigurosa, como preparación próxima de
los candidatos al bautismo o elegidos.
La gran preocupación de Lavigerie fue restable-
cer en África Ecuatorial el catecumenado de la
Iglesia primitiva. No olvidemos que como historia-
dor conocía bien la tradición de la Iglesia patrís-
tica 16. Lo que no conoció Lavigerie fue la impor-
tancia que para los africanos tenían sus propios

15
Cf. J. Perraudin, Le Catéchuménat d'aprés le Cardinal
Lavigerie: «Parole et Mission» 4 (1961) 386-395; W. Ulms, Die
Katechumenatspraxis der Weissen Valer: «Missionswissenschaft
und Religionswissenschaft» 4 (1941) 120-124; 217-225.
16
Cf. su tesis doctoral Essai historique sur l'école chrétienne
d'Edesse, París-Lyon 1850.

PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO 8 3


ritos de iniciación. Después de enseñar a los que el africano es «un ser cultual con necesidad de
candidatos a leer y escribir, se les impartía una expresar en y con la comunidad sus experiencias
enseñanza religiosa de tipo escolar, según el estilo religiosas; la liturgia es consiguientemente más
del catecismo occidental. Las traducciones a las importante en la Iglesia de África que en los países
lenguas indígenas obligaron a una primera adapta- de tradición cristiana» 19 . Para A. F. Santos Neves,
ción africana del mensaje cristiano, ciertamente director del Centro Catequético de Angola, «el
somera. cristianismo africano o será un cristianismo ex-
haustivamente litúrgico o nunca llegará a ser un
verdadero cristianismo» 2 0 .
b) Evangelización de las
iniciaciones africanas El franciscano Pl. Tempels propuso en 1948, en
medio bantú, inculturar el cristianismo al modo
Los Padres Blancos han mantenido en África africano en lugar de modelar a los africanos al
hasta el Vaticano II la tradición catecumenal estilo occidental. Los misioneros más sensibles
restaurada por su fundador. Estos nuevos catecu- intentaron africanizar de algún modo el cristianis-
menados han influido notablemente en muchas mo. En 1952 se hizo un primer estudio de la validez
misiones africanas. De hecho, el catecumenado se de los catecismos empleados en África para mejorar
ha implantado progresivamente en África, en donde la enseñanza religiosa. Se continuó esa línea en
la renovación catequética y litúrgica, después del 1955 con una semana internacional de catequesis
Vaticano II, ha sido manifiesta. africana. Fue definitivo el impulso dado por el
Vaticano II en la dirección de tener en cuenta los
Las dificultades de los catecumenados africanos «semina Verbi» o la «preparación evangélica» (AG
han sido y son apreciables 17 . A pesar de los 3, 11, 15, 22; LG 16 y 17), las tradiciones y
esfuerzos catequéticos, subyace en muchos catecú- costumbres africanas y la situación sociopolítica.
menos y cristianos africanos un paganismo ances- Empezó a preocupar seriamente la promoción del
tral que en algunos momentos salta a la superficie, clero africano y el libre desarrollo de las nuevas
no siempre apreciado desde su mística religiosa. De Iglesias. Todo esto ha repercutido favorablemente
ahí la necesidad de «indigenizar» o inculturar la fe. en la reorganización a fondo del catecumenado
También aparece un sincretismo religioso o mero africano.
compromiso entre el cristianismo y el paganismo,
puesto que muchos africanos quieren ser «inicia- Las experiencias catecumenales africanas mani-
dos» al modo africano y «creyentes» en el evange- fiestan que la iniciación cristiana es la misión
lio. Por esta razón, muchos ritos paganos se refu- básica de toda la pastoral, no sólo por la importan-
gian en la vida familiar o individual. Asimismo cia que el catecumenado tiene en relación a la
resulta difícil para los africanos la duración del evangelización, sino por el rol decisivo que juega en
proceso y sus exigencias, así como reunir a muchos África la iniciación religiosa y cultural ancestral 21 .
candidatos dispersos en los poblados. Por el contra- Ya el Concilio, en la constitución de liturgia, afirmó
rio, facilita la tarea catecumenal el sentido comuni- que «en las misiones, además de los elementos de
tario del pueblo africano, su sensibilidad simbólica iniciación contenidos en la tradición cristiana,
o ritual y la misma existencia de ritos iniciáticos 18 . pueden admitirse también aquellos que se encuen-
Según J. López Gay, todos los misioneros reconocen

19
J. López Gay, Liturgia y misión: «Ephemerides Liturgi-
17 cae» 88 (1974) 223.
Cf. X. Seumois, La structure de la liturgie baptismale
20
romaine et les problémes du catéchuménat missionnaire: LMD 58 A. F. Santos Neves, No principio, os «Coloquios de
(1959) 83-110. Pastoral»: «Ora et Labora» 14 (1967) 10, citado en el artículo
18 precedente de J. López Gay, 223.
Cf. Ph. Béguerie, Devenir chrétien en Afrique: LMD 133
21
(1978) 130-146; B. Luykx, Renovación litúrgica en África: «Conci- Cf. A. Titianma Sanon y R. Luneau, Enraciner l'évangile.
lium» 12 (1966) 290-297. Initiations africaines et pédagogie de la foi, Cerf, París 1982.

8 4 PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


tran en uso en cada pueblo en cuanto puedan la iniciación cristiana primitiva 23 . Ya señaló M.
acomodarse al rito cristiano» (SC 65). Más tarde, en Eliade que «existe entre las distintas categorías de
octubre de 1967, el mensaje de Pablo VI a África iniciación una especie de afinidad cultural que hace
reconoció la importancia de las iniciaciones afri- que se asemejen todas» 24 . Esto exige una fecunda-
canas. ción mutua entre cristianismo y cultura africana,
La iniciación africana señala el tránsito de la sin rupturas ni eliminaciones, puesto que la fe tiene
infancia a la edad adulta y la entrada solemne en la siempre una dimensión cultural 25 .
comunidad. Comienza por una separación, vivida
simbólicamente como una muerte o ruptura con el
universo familiar. Le sucede un tiempo de reclusión,
23
con objeto de que se produzca la gestación del ser Cf. V. Mulago, Simbolismo religioso africano, Edica,
nuevo que nace, tiempo en el que se dan las pruebas Madrid 1979; C. Mubengayi, Initiation africaine et initiation
chrétienne, Kinshasa 1966.
y enseñanzas. Finalmente se produce la agregación 24
M. Eliade, Iniciaciones místicas, Taurus, Madrid 1975, 19.
mediante el camino de vuelta, a saber, los neo- 25
Cf. M. Dujarier, Experiencias de iniciación cristiana en
nacidos son acogidos por la comunidad en estado de África Occidental: «Concilium» 142 (1979) 233-239; F. González,
fiesta 22 . Evidentemente hay grandes parecidos con La dimensión misionera de la catequesis en las jóvenes Iglesias dea
África, en Dimensión misionera de nuestra catequesis (29.
Semana Española de Misionología), Burgos 1977, 199-249; A.
Shorter, Los catequistas en África: nuevas perspectivas: «Misio-
Ibid., 46-47. nes Extranjeras» 13 (1973) 55-64.

PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO 8 5


9
Renovación
del catecumenado
en Francia

1. Los comienzos (1945-1953) por parte de adultos. La cristalización de las nuevas


demandas se debieron, sobre todo, al trabajo apos-
En 1906 afirmó Dom Cabrol que, «a consecuen- tólico de laicos ejemplares pertenecientes a movi-
cia de la apostasía, tan frecuente en los cristianos mientos apostólicos, sacerdotes obreros y religiosas
de nuestros días, en ciertos países, y sobre todo en insertas en barriadas populares de suburbios mar-
Francia, podría reservarse el bautismo sólo a los ginados. La mayor parte de los nuevos convertidos
niños cuya familia, auténticamente cristiana, pre- no estaban bautizados, ya que, en determinadas
sentase garantías serias de una educación religiosa, zonas industriales o urbanas francesas, un tercio de
mientras que para los otros podría darse el bautis- los niños no habían accedido a los sacramentos. Por
mo de adultos, quienes lo recibirían en pleno uso de otra parte, a causa de la emigración, se trasladaron
razón, con lo que se conseguiría devolver al sacra- a las regiones más industriales trabajadores no
mento toda su significación» '. Lo cierto es que cristianos.
antes de 1950 eran escasos y aislados los bautismos El movimiento misionero francés, en el que
de adultos. De ordinario, la petición sacramental se confluyeron las renovaciones bíblica, litúrgica, so-
expresaba con ocasión del matrimonio o por alguna cial y laical, correspondiente a la década beligeran-
motivación secundaria. te de los cuarenta, manifestó también sus preocupa-
A consecuencia de las conmociones causadas ciones catecumenales en dos importantes trabajos
por la segunda guerra mundial y como resultado que hicieron época: France, pays de mission? de H.
del testimonio y compromiso de cristianos en la Godin (París 1943) y Paroisse, communauté mission-
convivencia de las trincheras, campos de concen- naire de G. Michonneau (París 1945) 2 . Recordemos
tración y luchas de la resistencia, hubo en Francia
un notable incremento de peticiones al bautismo
2
Fue traducido al castellano el libro de G. Michonneau,
Parroquia, comunidad misionera, Desclée, Buenos Aires 1951. Se
1
F. Cabrol, Les origines liturgiques, París 1906, 168. añaden a los dos trabajos citados el de F. Boulard, Problémes

8 6 PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


que en 1943 se crearon el Centro de pastoral litúrgica ciones para convertidos» 5 . La asamblea plenaria
francés, la Misión de Francia y la Misión de París, y del episcopado francés publicó el 3 de abril de 1951
en 1951 el Centro pastoral de misiones interiores. En un Directorio para la pastoral de sacramentos, en el
1945, con ocasión de la sesión de Vannes del Centro que se prescribe que «sólo se concederá el bautismo
de Pastoral Litúrgica, pidió P. Gouzi la creación del después de una instrucción previa de tres meses al
catecumenado colectivo 3 . De una parte, se advirtió menos...(completada) por una cierta participación
que en la preparación de los adultos al bautismo no en la vida parroquial, sobre todo a través de la
bastaba una somera instrucción de tipo escolar, y, asistencia a los oficios» (n. 27) 6 . Con todo, se
de otra, las instituciones pastorales tradicionales trataba todavía de una preparación individual más
no eran ni misioneras, ni comunitarias, ni aptas que de un catecumenado. Según B. Guillard, «el
para el catecumenado. nacimiento de la institución del catecumenado se
En el congreso nacional francés de 1947 sobre la debió a la convergencia de varios factores: los
evangelización, celebrado en Burdeos, propuso L. estudios históricos sobre el catecumenado, el redes-
Rétif cuatro importantes conclusiones, al tratar el cubrimiento de la conversión en los adultos, la
tema sobre catecumenado y parroquia : 1) nuestras voluntad de diálogo con los no cristianos, la
parroquias agonizan por falta de catecúmenos; 2) preocupación misionera de encontrar a los hombres
las parroquias no se abren a los catecúmenos, en su propia vida y, por último, el deseo de ligar el
aunque éstos están abiertos a la parroquia; 3) las bautismo personal con la promoción colectiva. Los
parroquias misioneras responden mejor al catecu- historiadores y los teólogos se encontraron de esta
menado, y 4) hace falta un equipo de sacerdotes y forma con los pastores en el terreno de la práctica
militantes laicos que apoyen el catecumenado . pastoral» 7 .
Nueve años más tarde, con ocasión del encuentro de Las causas inmediatas que produjeron la reno-
Bagneux de 1956, reconoce L. Rétif que estas vación catecumenal en Francia podemos reducirlas
conclusiones seguían siendo válidas, y refiriéndose a éstas: aumento de conversiones en no bautizados
a la situación pastoral francesa de ese año, añade: y en bautizados alejados totalmente de la Iglesia, y
«Actualmente nos encontramos bajo el signo de la necesidad de superar el bautismo generalizado de
confusión. Celebramos una liturgia con gentes que los infantes, junto al acento misionero dado a la
han sido catequizadas, pero no evangelizadas. pastoral, al descubrimiento del catecumenado anti-
Damos los sacramentos sin iniciación previa y sin guo (el de la Iglesia primitiva) y moderno (el de
cohesión. Introducimos en la Iglesia a niños someti- África) y a la necesidad de recalcar la dimensión
dos inmediatamente a la influencia de un medio social de la fe, la función insustituible del evangelio
pagano o descristianizado. Introducimos con fre- y el puesto central de Jesús de Nazaret en la vida
cuencia bautizados adultos sin que sean adoptados cristiana.
por una comunidad. Olvidamos que la conversión
no sólo precede, sino que acompaña a la vida De ordinario fueron hermanas religiosas las
sacramental. Finalmente, nuestra predicación se primeras encargadas de impartir a los adultos
dirige a catecúmenos, pero hablamos con instruc- candidatos al bautismo la formación cristiana.
Muchos sacerdotes no se encontraban preparados
para realizar esta tarea, no tenían tiempo o no la

missionnaires de la France rurale (1946) y las tres cartas


pastorales del cardenal Suhard de los años 1947 (Essorou déclin
5
de l'Eglise), 1948 (Le sens de Dieu) y 1949 (Le Prétre dans la cité), L. Rétif, Expérience paroissiale, en Vers un catéchuménat
publicadas en castellano con el título Dios. Iglesia. Sacerdocio, d'adultes: «Documentation Catéchistique» 37 (1957) 88.
6
Rialp, Madrid 1953. Cf. A.-G. Martimort, Catéchuménat et initiation chrétienne
3
Cf. P. Gouzi, Le catéchuménat d'adultes en milieu déchristia- des adultesparétapes: jalons historiques: «Croissance de l'Eglise»
nisé: LMD 2 (1945) 445-465. 74 (1985) 4-7.
4 7
L. Rétif, De la catéchése au catéchuménat, en Evangélisa- B. Guillard, Evangelización y catecumenado en Francia:
tion, Fleurus, París 1947, 148-149. «Concilium» 22 (1967) 327.

PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO 87


veían importante. Oficialmente, el primer catecu- Nacional de Enseñanza Religiosa se instituyese en
menado en tierras de cristiandad apareció en Lyon, 1955 una Subcomisión de Catequesis de Adultos,
con la creación en 1950 de un Centro de catecumena- cuyo primer responsable fue F. Coudreau, director
do, promovido por las Auxiliadoras, encargadas de al mismo tiempo del Instituto Superior de Catequéti-
instruir a los adultos que demandaban ser bautiza- ca de París.
dos. Solicitaron al cardenal arzobispo Gerlier la
ayuda de un sacerdote para organizar la iniciación Con la ayuda de J. Cellier, realizó la nueva
sacramental 8 . Entre 1950 y 1953 se llevaron a cabo subcomisión una encuesta nacional sobre la institu-
las primeras experiencias, para lo cual se recabó la ción catecumenal, dirigida a los directores de
ayuda de los profesores de la Facultad de Teología enseñanza religiosa, a los movimientos de A. C, a
de Lyon, especialmente de algunos historiadores de los centros de acción social o pastoral y a los
la liturgia, como A. Chavasse. También se abrió en centros de catecumenado. Los resultados de esta
1950 en París un Centro de formación cristiana para encuesta fueron presentados y discutidos en la
adultos, dependiente de las Misiones diocesanas. sesión de estudios de Bagneux de 1956 n . Se
Pioneros de los primeros catecumenados fueron observó que más del 80% de los bautizados (anual-
algunos sacerdotes que trabajaban en el campo mente entre cuatro y cinco mil) renunciaban pronto
misionero, especialmente en las barriadas obreras. a la práctica religiosa, ya que no se daba en ellos
De un modo oficial, algunas diócesis francesas una verdadera conversión. La catequesis era insufi-
promulgaron disposiciones en torno a la creación ciente, no encontraban los nuevos bautizados una
de instituciones catecumenales: Lyon en 1953 con J. comunidad cristiana apropiada, se celebraban po-
Cellier como responsable; París en 1958 con F. cas confirmaciones y casi ninguno accedía a la
Coudreau; Nantes en 1958 con B. Guillard, etc. eucaristía. La mayor parte de los pastores de
aquella época desconocían o no aplicaban los
Después de una consulta del Cardenal Gerlier a criterios del Directorio para la pastoral de sacramen-
la Comisión episcopal de liturgia en 1952, con tos relativos a la iniciación sacramental de los
resultado positivo, a proposito de la restauración adultos (n. 26-30), promulgado en 1951. No obstan-
del catecumenado antiguo, comenzó en 1953 el te, se advirtió también que un pequeño número de
catecumenado moderno por etapas (entrada, tres candidatos al bautismo estaba constituido por
escrutinios, llamada decisiva y bautismo), con una verdaderos convertidos. Se plantearon, entre otros,
catequesis basada en Cristo y en el evangelio 9 . tres graves problemas: la importancia de la fase
previa al catecumenado o precatecumenado; la
revitalización del contenido de la catequesis, que
2. Las realizaciones (1953-1967) todavía era apologético o racional, y la creación de
comunidades cristianas sensibles a la pastoral cate-
«De 1953 a 1963 -afirman H. Vernette y H. cumenal.
Bourgeois-, el catecumenado se desarrolló veloz- La citada sesión de Bagneux en 1956 sobre la
mente. En unos años, la mayoría de las diócesis de iniciación constituyó el primer aporte teológico-
Francia abrieron un centro o servicio» l0 . El desa- pastoral francés sobre el catecumenado. Los parti-
rrollo de las primeras experiencias catecumenales cipantes pusieron en común en esta sesión abun-
exigió la coordinación de las mismas en un nivel dantes experiencias y testimonios sobre la impor-
nacional. De ahí que en el seno de la Comisión tancia pastoral que poseían los nuevos catecumena-
dos, así como sobre sus dificultades. Al resumir
monseñor Lacointe, obispo de Bauvais, la sesión,
8
Cf. J. Cellier, Des naissances a la croissance. Lyon: 1950- señaló, respecto de la catequesis de adultos y del
1955: «Croissance de l'Eglise» 74 (1985) 11-13.
9
Cf. D. Zimmermann, Die Emeuerung des Katechumenats in
Frankreich und seine Bedeutung für Deutschland, Münster 1974.
10 1
H. Vernette y H. Bougeois, Perspectivas catecumenales. Un ' Cf. la encuesta en Vers un catéchuménaf. «Documentation
futuro para la fe, Marova, Madrid 1980, 52. Catéchistique» 37 (1957) 11-23.

8 8 PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


catecumenado, la amplitud de este ministerio por el
crecimiento incesante de los candidatos al bautis-
mo (300 cada año en París); su complejidad, ya que
los candidatos son de diferente edad, medio de vida,
profesión y cultura; su dificultad, a causa de la débil
perseverancia, ya que el 80% vuelve al cristianismo
sociológico ambiental por falta de conversión pro-
pia y escasez de testimonio ajeno; su novedad, ya
que hay que inventarlo todo, y su carácter equívoco,
ya que si muchos neobautizados desean un mero
cristianismo formal de tipo sociológico, por presio-
nes familiares sobre todo, otros buscan un cristia-
nismo evangélico. Se vio que era ineficaz la educa-
ción privada e individual de los candidatos. Por
otra parte, era urgente crear comunidades cristia-
nas vivas.
La pastoral catecumenal francesa desarrolló sus
experiencias, ya coordinadas, a partir de 1957 12.
En 1962 se celebró una primera sesión nacional en
Blois sobre los neófitos. Se concebía el neofitado
como el tiempo —de ordinario un año— que sigue a
los sacramentos de iniciación, en el que los neobau-
tizados experimentan la vida comunitaria y cristia-
na y se comprometen en la acción misionera de la
Iglesia para evangelizar sus propios ambientes.
Preocupó entonces la articulación del esfuerzo
catecumenal con la acción de los movimientos
especializados de A. C.
En el mismo año de 1962 apareció el nuevo
Ritual del bautismo de adultos, promulgado por la
Congregación de Ritos, dividido en siete etapas. En
repetidas ocasiones habían solicitado este ritual
diversos obispos, tanto de países misioneros como
de naciones tradicionalmente cristianas. A partir de
esta fecha, se multiplicaron los trabajos sobre la
iniciación cristiana . En 1963 editó F. Coudreau
un importante trabajo sobre la diócesis de París 14,

12
En 1961 publicó F. Coudreau un curso de iniciación
catecumenal, dirigido a los catequistas de la diócesis de Pa-
rís, titulado Le Caíéchuménat. Orientations pédagogiques et
pastorales, Service Diocésain du Catéchuménat, París 1961.
13
Se recopilaron los principales en Problémes du Catéchumé-
nat, número especial de «Catéchése», CNER, París 1962.
14
Cf. F. Coudreau, Le Catéchuménat du Diocése de París:
«Semaine Religieuse de Paris», 23 y 30 de marzo de 1963 y en
«Paroisse et Liturgie» 46 (1964) 369-399.

PARA COMPRENDER EL CATECVMESADO 8 9


en donde afirmaba lo siguiente: 1) El número de mismo catecúmeno o de la Iglesia ,7 .
adultos que piden el bautismo aumenta a causa del
ascenso progresivo de adultos no bautizados y del
esfuerzo apostólico debido al testimonio individual, 3. La crisis (1968-1974)
a la A. C. y a los centros misioneros. 2) Las
dificultades del adulto en su proceso catecumenal El primer encuentro nacional se celebró en 1969
son grandes, tanto psicológicas como sociológicas. sobre el crecimiento de la Iglesia a partir de los
3) La perseverancia de los bautizados sigue siendo catecúmenos en relación a las comunidades nuevas.
débil, sólo un 20%, ya que algunos acceden al El problema no era cómo integrar a los bautizados
bautismo por presiones familiares, la catequesis es en la Iglesia, sino cómo hacer nacer la Iglesia en los
a veces mera instrucción religiosa, falta el padri- neófitos. Aumentaron los participantes y países
nazgo, es negativo el contra testimonio de los bauti- representados. Al final de esta sesión, se formularon
zados no practicantes y escasean las comunidades unas Orientaciones para una pastoral catecumenal,
vivas. La práctica dominical de los bautizados en estrecha conexión con la pastoral de las nuevas
tradicionales era entonces en Francia entre el 10 y comunidades cristianas 18. Se volvió a repetir en-
el 20%. 4) La parroquia no es apta para responder a tonces que la parroquia no era apta para el
las exigencias catecumenales. Se dieron además catecumenado en la medida que no era comunidad;
diversas razones para explicar la incorporación que algunos accedían al bautismo por presiones
difícil de los nuevos bautizados a la Iglesia real: su familiares; que era difícil unir conversión con fe;
conversión no era madura, el lenguaje de la Iglesia que las prácticas rituales no eran liberadoras y que
les resultaba extraño, no era fácil pasar de un grupo faltaban espacios de acogida.
reducido (comunidad) a la parroquia (masiva) y se
quedaban excesivamente centrados en sí mismos, En estas jornadas de 1969 se sometieron neófitos
protegidos cálidamente sin apertura hacia la misión. y catequistas del catecumenado a una crítica
radical. Se rechazó el catecumenado como proceso
En 1964 se celebró una segunda sesión nacional de integración a un sistema eclesiástico o a unas
(Peyruis II) sobre el padrinazgo. Se reflexionó sobre estructuras de Iglesia decadentes y caducas, se-
la responsabilidad colectiva de la comunidad cris- mejantes a las de la sociedad. No olvidemos la toma
tiana, de la que el padrino es delegado. Ahí se de conciencia que supuso en Francia la «primavera
afirmó que toda la Iglesia debe ejercer la función caliente» de 1968 o el mayo de la contestación 19.
del padrinazgo 15. En ese mismo año se creó en
Francia el Servicio Nacional del Catecumenado 16. A A finales de la década de los sesenta, se advierte
partir de 1966, se experimentó en Francia el nuevo en Francia una disminución de los bautismos de
ritual del bautismo de adultos propuesto por el adultos, un crecimiento de la secularización y de la
Consilium de Liturgia. increencia, parejas a la sociedad de consumo, junto
a la manifestación de una crisis eclesial. La sacudi-
La tercera sesión nacional se celebró, asimismo da de mayo de 1968 provocó «una cierta alergia a la
en Peyruis, en 1967 sobre los criterios de entrada en institución» catecumenal y provocó «una reticencia
el catecumenado. Hubo representantes de Bélgica, de muchos neófitos respecto a los movimientos
Portugal y Suiza. Las conclusiones de esta sesión organizados» 20 .
describen los problemas más importantes respecto
de la entrada en el catecumenado, ya provengan del
17
Cf. el resumen de esta sesión en B. Guillard, La pastorale
catéchuménale en France: «Catéchése» 8 (1968) 235-242.
18
Cf. Orientations pour une pastorale catéchuménale: «Caté-
15 chuménat-Réflexion» 11 (1969) 22-23 y 12 (1969) 16-17.
Cf. el resumen de esta sesión en Le parrainage, segunda
19
sesión nacional, «Catéchuménat. Documents», n. 26, Service Cf. A. Aubry, Celebrar el crecimiento de una Iglesia: «Phase»
National du Catéchuménat, París 1964. 11 (1971) 361-373.
16 20
Cf. el número especial de «La Vie Spirituelle», julio de J. Vernette y H. Bourgeois, Perspectivas catecumenales. Un
1965, sobre Le témoignage des convertís. L'Eglise des baptisés. reto para la fe, Marova, Madrid 1980, 61.

90 PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


El segundo encuentro nacional de 1973 en Issy sistema eclesiástico antiguo. Por estas razones se
sobre el crecimiento de la Iglesia descubrió que era requería que la Iglesia estuviese atenta al catecú-
necesario reajustar el catecumenado a la vista del meno, se dejase interpelar por él y respetase su
decrecimiento de sus efectivos. El catecumenado, se mundo cultural propio; que los cristianos se com-
dijo ahí, está al servicio de la conversión a Jesucris- prometiesen en la sociedad y que se hiciese ver la
to, para lo cual se requiere discernir la presencia de novedad del evangelio. En la sesión se respondió
los nuevos lugares en los que sopla el Espíritu. que las experiencias de conversión, aunque modes-
Estos lugares no son sólo religiosos, sino también tas, son reales; que se necesita un «neo-catecu-
seculares, a saber, espacios nuevos de acogida y de menado» (propuesto en el Sínodo recién concluido)
libertad en donde se confiese y anuncie explícita- y que deben afianzarse las nuevas experiencias de
mente la fe en Jesucristo. Todo esto supuso revisar vida comunitaria. Con todo, la prioridad en el
el lenguaje de la Iglesia, cuidar enormemente la catecumenado la tienen los no bautizados y los no
acogida antes de proponer cuestiones y coordinar el practicantes, sin olvidar la reiniciación a la fe de los
catecumenado con toda la pastoral de la Iglesia 21 . mismos bautizados 24 .
Una reciente sesión sobre la iniciación cristiana
4. El futuro (1977-1988) se ha celebrado en 1985, a los 30 años de la primera
reunión de Bagneux. Evidentemente, el contexto de
Hacia 1977, el catecumenado se había extendido la sociedad ha cambiado; los acentos actuales se
a casi todas las iglesias de Europa. Tenía entonces ponen en la conversión interior a Dios, en el
especial vigencia y fuerza en España e Italia, bajo la aprendizaje a la vida cristiana y en la catequesis
concepción de iniciar en la fe a los bautizados 2 . El inicial. Se recalcan los componentes de la inicia-
tercer encuentro nacional de Issy en 1977 planteó el ción: 1 ) la catequesis, que conduce a la profesión de
tema: El catecumenado, ¿un futuro para la Iglesia? fe; 2) la conversión, ejercicio a una vida según el
Previamente a esta sesión, se consideraba que la evangelio; 3) la liturgia o iniciación a la oración y a
iniciación cristiana era una institución insignifi- los sacramentos de la alianza, y 4) la vida en Iglesia o
cante en relación a la masa de increyentes e la comunión fraterna como signo cristiano.
indiferentes; que la nueva generación de jóvenes se
desentendía de la fe; que muchos sacramentos
seguían siendo equívocos en su «administración»; 5. El influjo de la renovación catecumenal
que el clero era un cuerpo social en baja y que debía
prestarse atención al catolicismo popular. Como francesa en Europa
problemas se destacaron la degradación de la
autoridad y del poder, la dificultad de tener en
cuenta la sexualidad, la asunción del comporta- a) Los logros del catecumenado francés
miento social y político por parte de la Iglesia y la
disminución del primer entusiasmo 23. Nacido como institución, aunque con gran espí-
ritu misionero para preparar el bautismo de adul-
Se tenía la impresión de que la institución tos, el catecumenado francés se define posterior-
catecumenal había envejecido, estaban inadapta- mente como servicio de Iglesia. No pretende ser
das la catequesis y la liturgia, y se empleaba este organización o estructura, sino un aspecto funda-
ministerio en integrar nuevos cristianos en el mental de la misión de la Iglesia en su función de
acoger la experiencia de conversión e iniciar a la fe.
Pueden destacarse en el catecumenado galo cuatro
21
Cf. Au souffle de l'Esprit: «Croissance de l'Eglise» 26-27
(1973).
22
Cf. J. A. Vela, Reiniciación cristiana, Verbo Divino, Estella
1986, 255. 24
Cf. Le catéchuménat: un avenirpour l'Eglise?: «Croissance
23
Cf. Déclin ou essor?: «Croissance de l'Eglise» 40 (1976). de l'Eglise» 45 (1978).

PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO 9 1


aspectos esenciales, ya descubiertos y desarrollados • La comunidad catecumenal
hacia 1960 25 . y las celebraciones (función litúrgica)
• La acogida y el precatecumenado Hubo necesidad vital de fomentar en arcipres-
(función evangelizadora) tazgos, zonas o sectores catecumenales, comunida-
Desde un primer momento se advirtió que des de acogida, de talla humana, en donde se
accedían al bautismo adultos sin verdadera motiva- pusiese en común la fe y se celebrase la palabra.
ción cristiana, por presiones del «futuro cónyuge Estas comunidades reunían catecúmenos, padri-
bautizado» para casarse por la Iglesia. Había que nos, hogares de acogida, religiosas y sacerdotes
distinguir el bautismo de la conversión, el desper- comprometidos con el ministerio catecumenal. Era
tar la fe y la profesión de la misma, el diálogo en importante la reunión mensual con una liturgia de
orden a la fe de conversión y la catequesis propia- la palabra sobre el tema de la catequesis colectiva y
mente dicha. Pronto se vio que la perseverancia de los diferentes ritos de las etapas.
los bautizados era débil (en 1962 un 20%, pero en • El padrinazgo y la inserción eclesial
1967 un 80%). Hubo necesidad de crear dos itinera- (función de acompañamiento)
rios o etapas: el precatecumenado y el catecumena-
do. El precatecumenado comienza con el trabajo La inserción de los convertidos en el catecume-
misionero de los padrinos y madrinas, que traducen nado y de los neófitos en la vida concreta de la
el evangelio a la vida. Todo proceso evangelizador Iglesia, tanto parroquial como extraparroquial (en
deberá partir de la misma vida humana, de las ciertos «movimientos»), constituyó desde los ini-
aspiraciones de los hombres y mujeres, no de una cios un reto para todos. En realidad, una Iglesia de
doctrina más o menos elaborada que dé la impre- cristiandad difícilmente puede acoger nuevos con-
sión de venir desde fuera. Se reconoció pronto que vertidos o catecúmenos en proceso de iniciación.
el catecumenado no es una «escuela», sino un lugar Los padrinos responsables eran escasos. Hubo
de encuentro. Frecuentemente, los evangelizadores necesidad de intensificar el rol del padrinazgo.
son evangelizados. Como plataformas de evangeli- La pastoral catecumenal francesa descubrió los
zación se crearon «hogares de acogida», en los que flancos débiles de la pastoral sacramental ejercida
cristianos convencidos aceptaban dar su testimonio rutinariamente como pastoral de cristiandad, el
de vida y su compromiso de fe. Evidentemente, el abuso en la generalización del bautismo de infan-
catecumenado tuvo que definirse respecto de los tes, la escasa capacidad acogedora de la parroquia
movimientos apostólicos. y la necesidad de crear comunidades cristianas
nuevas que respondan a las exigencias de los
• La iniciación a la fe comunitaria nuevos bautizados convertidos.
(función catequética)
Se vieron enseguida las limitaciones que tenía la
catequesis antigua, de tipo doctrinal, preconciliar e b) Las jornadas europeas
infantil. Era necesario rehacer el contenido de la sobre el catecumenado
catequesis de adultos y su pedagogía de transmi-
sión. Se necesitaban además nuevos catequistas, La experiencia catecumenal francesa ha influido
reeducados para el diálogo con adultos y la no en muchas iglesias europeas. Ya en la sesión de
directividad. Era necesario conectar el evangelio 1967 en Peyruis hubo invitados de diversos países
con la vida, el lenguaje religioso con el habla con algunas experiencias catecumenales incipien-
común, el grupo cristiano con la sociedad. tes. En 1968 se celebró un encuentro europeo sobre
el catecumenado, al que asistieron participantes de
Francia, Bélgica, Suiza, Portugal y España 26 . Cada

25 26
Cf. J. Vernette y H. Bourgeois, Perspectivas catecumenales. Cf. J.-B. Dousse, Ouverture européenne: «Croissance de
Un reto para la fe, Marova, Madrid 1980, 56-57. l'Eglise» 74 (1985) 23.

9 2 PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


participante describió la situación del catecumena- Como resumen de lo tratado en estos encuen-
do en la pastoral de conjunto de su país o diócesis. tros, podemos señalar estas conclusiones: 1) Hay
Al juzgarse positiva la experiencia, nacieron las que crear catecumenados con libertad. 2) No se
Jornadas europeas sobre el catecumenado. Se celebró trata tanto de hacer entrar a los catecúmenos en la
la primera en Ginebra (1969) sobre el tema «Itine- Iglesia cuanto de que la Iglesia nazca en los
rario del catecúmeno y su experiencia de Iglesia». A catecúmenos. 3) Son necesarias y urgentes comuni-
partir de entonces se han tratado estas cuestiones: dades cristianas adecuadas. 4) Todos los cristianos
«Catecumenado y misión» (Bruselas 1970); «Perte- somos catecúmenos de alguna manera toda la vida,
nencia a una Iglesia nueva en fidelidad a una Iglesia y toda la pastoral debe ser siempre catecumenal.
de la tradición» (Madrid 1971); «La conversión a la
fe cristiana en una Europa secularizada» (Estras- Se observa en estos encuentros que los catecu-
burgo 1973); «El anuncio de Jesucristo a los menados son diferentes según la situación de la
hombres de hoy» (Amsterdam 1975); «Signos de los Iglesia y la pastoral en cada país. En Francia y
tiempos y palabra de Dios» (Lyon 1977); «Comuni- Bélgica, el catecumenado es estricto, a saber,
dades catecumenales» (Anvers 1979); «Urgencia del iniciación cristiana de adultos no bautizados, con-
catecumenado en un clima de secularización» (Ma- vertidos a una iglesia comunitaria. En Suiza,
drid 1981); «¿Se puede avanzar en la fe sin cele- Alemania y Holanda, el catecumenado se plantea
brar?» (Londres 1983); «Respetar al hombre en el bajo perspectivas ecuménicas. Finalmente, en Es-
proceso de la fe» (Annecy-Ginebra 1985), y «El paña, Italia y Portugal se trata más de catequesis de
catecumenado es una gracia» (Gazzada, Italia adultos o de re-iniciación con neo-convertidos.
1987).

PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO 93


10
Renovación
del catecumenado
en España

1. Toma de conciencia cuatro días a un mundo mejor o a una nueva


de la pastoral catecumenal cristiandad '.
Algunos movimientos especializados de A. C.
Por influjo del movimiento misionero francés, ejercieron una cierta pastoral catecumenal entre
comenzó en España una nueva etapa en la acción los años 1956 y 1966, como se advierte en las
pastoral hacia los años 1954-1956, decisivos en la campañas de A. C, antes de la crisis que sufrieron
renovación de los ámbitos bíblico, litúrgico, teoló- hacia 1966 y que les impidió un desarrollo misione-
gico, social y laical. En los años que siguieron a ro y catequético de acuerdo al espíritu del Vaticano
nuestra guerra civil, se llevó a cabo un esfuerzo II. La experiencia catecumenal francesa comenzó a
misionero ingente, con resultados a veces especta- ser conocida y a extenderse entre nosotros como
culares, aunque a la larga mediocres, sobre todo en evangelización de bautizados o reiniciación de
la grandes ciudades. Otro tanto puede decirse de la practicantes al acabar el Concilio 2 . El catecumena-
enorme actividad desplegada por los Cursillos de
Cristiandad y las Ejercitaciones para un mundo
mejor. Sus contenidos teológicos, entresacados de la
1
neoescolástica, adolecieron de poca hondura kerig- En «Incunable», mayo de 1961, publiqué un artículo breve
mática y escasa visión catecumenal, con un método titulado Los cursillos de cristiandad y el catecumenado, influido
de trabajo meticulosamente estudiado y aplicado por las clases de liturgia que recibí de J. A. Jungmann en
Innsbruck (1954-1956) y por mis contactos con parroquias
que produjo efectos deslumbrantes, pero escasa- misioneras francesas a partir de 1956, fecha de mi ordenación.
mente duraderos. En estos movimientos apostóli- Defendí entonces que a la conversión «sacramental» debe
cos faltó un replanteamiento de lo que es la seguirle una catequesis de adultos en régimen catecumenal.
2
evangelización con su continuidad en un adecuado En el otoño de 1964, después de la experiencia que supuso
catecumenado, en el que se inscribieran los bauti- para mí ir por primera vez a Latinoamérica, tuve la oportuni-
dad de dar en Roma -como perito de la Conferencia Episcopal
zados tibios que se convertían en el plazo de tres o en el Vaticano II- una charla a los obispos españoles, reunidos

9 4 PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


do apareció entre nosotros al mismo tiempo que el revisión de vida fueron en un principio bien partici-
fenómeno de las comunidades de base. pados por jóvenes contestatarios que buscaban
salida a una situación dictatorial en lo político,
anacrónica en lo cultural y preconciliar en lo
2. Inicios del catecumenado de adultos religioso. Al mismo tiempo comenzaban a crecer los
catecumenados de tipo espiritualista basados casi
El catecumenado ha sido en España desde sus únicamente en la Biblia, la liturgia y la oración.
inicios, y prácticamente lo es hoy, catequesis de
adultos . De una parte, son escasos los adultos El catecumenado de adultos para bautizados
actuales que no han sido bautizados de infantes o surgió por primera vez en Moratalaz (Madrid) en el
que en su debido momento no han hecho la primera curso 1965-66, llevado a cabo conjuntamente por
comunión. De otra, los escasos bautismos de adul- cinco párrocos 6 . La experiencia más conocida fue
tos que se celebran en España apenas entran en un la de M. Gamo en la parroquia de Nuestra Señora
régimen de pastoral catecumenal. En 1967 había en de Moratalaz, con un marcado acento político de
Madrid y Barcelona varios centenares de adultos compromiso liberador 7 . Desgraciadamente, la ex-
candidatos al bautismo cada año, siendo su mayo- periencia se extinguió pronto. Hacia 1967 inició
ría extranjeros 4 . La preparación de los candidatos Kiko Arguello, con otros seglares convertidos de los
era entonces, y en gran parte lo sigue siendo, cursillos de cristiandad, la primera comunidad de
individual y privada, sin catequesis adecuada, en lo que posteriormente sería el «camino neo-
función de un inmediato matrimonio y sin relación catecumenal», que analizaré más adelante. Con la
a una comunidad cristiana de talla humana 5 . ayuda del entonces diácono P. Capdevila, comencé
yo mismo un catecumenado para universitarios en
Entre nosotros surge el catecumenado en ámbi- enero de 1968, que desembocó en la comunidad de
tos universitarios, barriadas populares y núcleos la Resurrección a partir de la pascua de ese año 8 .
rurales al final de la década de los sesenta, dentro
de una cierta diversidad de catequesis de adultos,
bajo la influencia de los métodos de formación 3. Modelos de comunidades
activa propios de los movimientos apostólicos, del y catecumenados en España
análisis de la situación religiosa y social correspon-
diente a aquellos años de «estados de excepción» y La aparición de catecumenados va pareja con la
de una teología de la historia de salvación a la que creación de comunidades cristianas, dentro o fuera
se añadió mas tarde la teología de la liberación. Las del ámbito parroquial. De ahí que el fenómeno
liturgias asamblearias y los grupos reducidos de catecumenal deba ser analizado junto al de la
comunidad. Digamos de entrada que el fenómeno
comunitario no es uniforme ni unitario. De hecho,
desde su nacimiento, se dan diversos modelos
en la tercera sesión del Concilio. Les hablé de lo que me parecía eclesiales, ya que sus rasgos y objetivos son
pastoralmente más relevante en aquel momento conciliar y de
más futuro: el catecumenado, la comunidad de base y el
diaconado. Confieso que para muchos obispos eran estos tres
temas entonces inimaginables por innecesarios.
3 6
Cf. A. Bravo, De la catequesis de adultos al catecumenado de Cf. J. López, El problema de la reiniciación en España, en
adultos: «Actualidad catequética» 81-82 (1977) 43-60. Iniciación al catecumenado de adultos, Edice, Madrid 1979,
4 documento 1, incluido asimismo en España, país de misión,
Cf. I. Oñatibia, Evangelización y catecumenado en España:
«Concilium» 22 (1967) 336-342. PPC, Madrid 1979.
5 7
En 1962 pude llevar a cabo en Salamanca un catecumena- Cf. M. Gamo y A. Cañadas, Catecumenado, pastoral de
do de varios meses de duración, con ayuda del Instituto de adultos: «Pastoral Misionera» 3 (1967) 28-34.
8
Misioneras Seculares, para preparar al bautismo, en la pascua Fruto de mi enseñanza en el Instituto Superior de
de ese año, a una madre de familia de Puerto Rico y a sus dos Pastoral, del conocimiento que tuve del catecumenado francés y
hijos adolescentes. Utilicé el recién promulgado ritual de 1962. de la incipiente experiencia catecumenal posbautismal, fue mi
La experiencia fue satisfactoria. libro El catecumenado, PPC, Madrid 1972.

PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO 9 5


distintos 9 . Hay coincidencias básicas, pero los sensibilidad por la transcendencia; rasgo peculiar
modos de realización e incluso de concepción son de las críticas es el acento en el compromiso
diferentes. «La variedad de estas comunidades liberador 12.
-afirma J. J. Tamayo- estriba sobre todo en su Parecida distinción señala A. Acerbi en las
proyecto eclesial y en su forma de entender y vivir comunidades europeas y norteamericanas, al dis-
la relación con la sociedad» 10. tinguir dentro de las mismas dos tendencias: el
Una primera distinción entre dos grandes estilos anti-institucionalismo, es decir, la contestación a la
de comunidades, procede del modo de entender la vez evangélica y política del funcionamiento de la
misma expresión comunidad de base (cristianas o Iglesia y de la sociedad; y el comunitarismo,
eclesiales son o intentan serlo todas), al unir dos caracterizado por el énfasis de la expresión religio-
términos de compleja y profunda significación. sa libre y personal, independiente de la reglamenta-
«Cuando se insiste más en la noción de comunidad ción oficial y del compromiso político militante,
-afirma E. Dussel-, es porque necesariamente se junto al acento en las relaciones interpersonales y
pone un enfoque más ad intra eclesial», y «cuando se las actividades intraeclesiales 13. R. J. Kleiner dis-
insiste, en cambio, en la noción de base, es porque tingue tres tipos de comunidades cristianas: las
se tiende a dar más importancia a la función ad comunidades de fe, centradas en el kerigma bíblico;
extra de la Iglesia» " . Esta diferencia de acentos ha las eucarístico-sociales, con equilibrio entre la litur-
sido puesta de relieve por G. Paiement cuando gia y el compromiso, y las socio-políticas, que
distingue las comunidades cálidas, en las que acentúan la diaconía cristiana o la crítica, desde
prevalecen las «comunicaciones interpersonales» perspectivas socialistas, respecto a la ideología
(fraternidad, llevarse bien, ayuda mutua, apoyo religiosa y la sociedad capitalista 14.
ocasional), de las críticas (otros las llaman proféti-
cas), en las que se advierte un cierto tipo de En España se distinguen, asimismo, diversos
compromiso temporal o político (preocupación por modelos de comunidades. Un documento de la
las estructuras, acciones en los ambientes sociales, Comisión Episcopal de Pastoral española reconoce
teología popular, comunión crítica con la Iglesia que en el mundo de las comunidades «se dan entre
institucional). Características de las cálidas es su ellas evidentes diversidades, aunque pueden distin-
guirse algunas como grandes familias que agrupan a
las nacidas a impulsos de una misma intuición
pastoral» 15. Recordemos que la exhortación de
9
He tenido en cuenta cuatro estudios de comunidades Pablo VI Evangelii nuntiandi de 1975 alude a
todavía inéditos. Dos son memorias de licenciatura: E. de la diversos modelos, con desestima de las que «se
Hera, Las comunidades cristianas de Madrid. Estudio sobre 20 reúnen con un espíritu de crítica amarga hacia la
comunidades, Instituto Superior de Pastoral, Madrid 1975; P. Iglesia que estigmatizan como institucional», adop-
Jurío, Comunidades cristianas de Pamplona, Instituto Superior
de Ciencias Religiosas y Catequéticas, Madrid 1978. Los otros tan una «actitud de censura y de rechazo hacia las
dos son tesis doctorales: J. Caldentey, Estudio sobre comunida-
des cristianas de base en Barcelona y su significado para una
renovación de la Iglesia, Facultad de Teología Católica, Münster 12
1975; L. E. Cardona, Las comunidades eclesiales de base en la G. Paiement, Comunicación y conflictos en la comunidad
Viceprovincia Franciscana de San Pablo Apóstol en Colombia, debase: «Concilium» 104(1975) 122-131; id.,Groupeslibresetfoi
Sección de Pastoral de la Universidad Pontificia de Salamanca, chrétienne. La signification actuelle de certains modeles de
Madrid 1988. Ver además otros trabajos complementarios: J. communauté chrétienne, Desclée-Bellarmin, París-Montreal
Equiza, La Iglesia en Navarra: «Pastoral Misionera» 12 (1976/5) 1972.
467-499 (descripción de diversos tipos de comunidades); A. R. 13
A. Acerbi, L'ecclésiologie á la base des institutions ecclésia-
Guimaraens, As comunidades ecclesiais de base no Brasil, Vozes, les posconciliaires, en G. Alberigo (ed.), Les Eglises aprés Vatican
Petropolis 1877. II. Dynamisme et prospective. Colloque International de Bologne
10
J. J. Tamayo, Comunidades de base, en C. Floristán y J. J. 1908, París 1981, 253.
14
Tamayo (eds.), Conceptos fundamentales de Pastoral, Cristian- J. Kleiner, Basisgemeinden in derKirche. Was sie arbeiten -
dad, Madrid 1983, 142. wie sie wirken, Styria, Graz 1976, 190-191.
15
" E. Dussel, La «base» en la teología de la liberación: Comisión Episcopal de Pastoral, Servicio pastoral a las
«Concilium» 104 (1975) 80. pequeñas comunidades cristianas, Edice, Madrid 1982, 6.

9 6 PARA COMPRENDER EL CATECVMENADO


manifestaciones de la Iglesia», son «hostiles hacia populares 18 se indican como factores desencade-
la jerarquía» y «se separan de la Iglesia» (n. 58). nantes la presencia de curas obreros en el mundo
Las experiencias de catecumenados posbautis- del trabajo laboral, la encarnación de religiosas y
males en España difieren como los tipos de comuni- ex-religiosas en barriadas, la aparición organizada
dades, según sean su concepción teológica, modelo del movimiento obrero, la situación de margina-
de Iglesia, toma de conciencia política, relaciones ción de algunos sectores de población, la militancia
con la jerarquía y comprensión de lo que es un de algunos cristianos en partidos de izquierda, la
grupo social. Aquí me detengo en los tipos de represión policíaca y las contradicciones de la
comunidades más representativas vigentes en Es- Iglesia oficial durante la dictadura, con todo su
paña: populares, diocesanas, neocatecumenales y lento proceso de distanciamiento 19. Los primeros
carismáticas I6 . Estos cuatro colectivos se conside- núcleos de talante popular aparecen entre 1965 y
ran organizados en un nivel estatal con expansiones 1968 en parroquias de barriada donde la práctica
o conexiones con colectivos parecidos o iguales en religiosa era escasa. No podemos olvidar el inmen-
otros países 17. so trabajo que realizaron hasta esos años los
movimientos apostólicos. En 1968 se organiza en
Madrid la Federación de Asambleas Cristianas
(FAC), que promovió entre el 68 y el 70 varias
4. El modelo popular reuniones «asamblearias». En 1969 se celebra en
Valencia clandestinamente la I Asamblea de Comu-
a) Tipo de comunidad nidades Cristianas, y en Bilbao se dedica a este
tema la V Semana de Teología de la Universidad de
• Origen y evolución Deusto. La Comissió de Servéis de les Comunitats de
El adjetivo popular proviene del campo cultural Base aparece en Barcelona en 1970. En el 71 se lleva
y político, en contraposición a burgués. De este a cabo la Asamblea-Conjunta, cuya preparación
modo se calificaba a los movimientos ciudadanos despertó poco interés en los cristianos de talante
que se originaron en las barriadas de las grandes popular, pero sí su celebración, ponencias y conclu-
ciudades, sobre todo en el último decenio franquis- siones. Hay decaimiento entre 1971 y 1973 por la
ta: asociaciones de vecinos, amas de casa y otros situación política del «estado de excepción» casi
colectivos. En los umbrales de la democracia, el continua, el abandono de curas y militantes en la
adjetivo popular fue utilizado por partidos políticos lucha intraeclesial y los recelos que suscitan estos
conservadores, como es el caso de «Alianza Popu- grupos a la jerarquía.
lar» o ahora de «Partido Popular». En 1973 se organiza en España el movimiento
En el origen de las comunidades cristianas Cristianos por el socialismo, surgido en el Chile de
Allende el año anterior 20 . Se tuvo ese año el
encuentro «de Avila» (en realidad fue en Cataluña)
con unos 200 participantes, muchos de los cuales
16
Según una encuesta hecha en la diócesis de Madrid en militaban en parroquias populares. También en el
1980, de los 3.775 catequistas que respondieron a la cuestión de 73 se gesta la denominada Iglesia popular, plasma-
su pertenencia a algún tipo de comunidad, el 89 % respondieron da doctrinalmente en el documento «Bases comu-
afirmativamente, de los cuales sólo el 17 % se situaba con total
pertenencia comunitaria. La distribución de este grupo era la
siguiente: el 9 % de comunidades neocatecumenales, el 7 % de
comunidades populares y el 1 % de la renovación carismáüca. 18
Se supone que el resto, hasta el 87 %, se vinculaba a otros Cf. J. J. Tamayo, Comunidades cristianas populares,
grupos o comunidades más o menos consistentes. Sigúeme, Salamanca 1981.
17 19
Cf. C. Floristán, Modelos de comunidades cristianas: «Sal Cf. J. Domínguez, Organizaciones obreras cristianas en la
Terrae» 67 (1979) 61-72 y 145-154; Secretariado Diocesano de oposición al franquismo (1939-1975), Mensajero, Bilbao 1985.
20
Catequesis de Madrid, Comunidades plurales en la Iglesia, Cf. A. Fierro y R. Mate, Cristianos por el socialismo, Verbo
Paulinas, Madrid 1981; Nous Moviments: «Quaderns de Pasto- Divino, Estella 1975; P. Richard, Cristianos por el socialismo,
ral» 109 (1988). Sigúeme, Salamanca 1976.

PARA COMPRENDER EL CATECUUENADO 9 7


nes» de 1974. El otoño de 1973 fue «caliente»; es la • Rasgos
época de los encierros cristianos: Nunciatura y Están contenidos fundamentalmente en las
Seminario de Madrid. Es además el momento del «nuevas bases» redactadas en 1980 22 . Su rasgo
Proceso 1.001 a Comisiones Obreras. principal es el de autodenominarse Iglesia en la base
Con ocasión del año de la reconciliación anun- o «del pueblo y para el pueblo». Se centra en la
ciado por Pablo VI, se denominan estos grupos eclesiología de la comunión, de la fraternidad, del
«comunidades de la reconciliación». Hay una rela- pueblo de Dios, con un fuerte acento desde la
ción estrecha con los sectores populares y una cristología del Jesús histórico y de su causa del
participación en las «mesas democráticas». Tiem- reino de Dios. En estas comunidades, el sacerdote es
pos de derechos humanos y amnistía, cárcel de un «laico ordenado», los responsables se eligen
Zamora para curas, homilías multadas, clausura democráticamente según sus carismas, se respira
precipitada de la Asamblea de Vallecas, etc. Des- un ambiente evangélico y secular, hay recelo a lo
pués, en un nuevo intento de síntesis, se llamaron institucional jerárquico, predomina lo espontáneo
Comunidades cristianas populares. La sospecha de y experimental, se acepta la opción por los pobres
que servían de correa de transmisión de algunos como opción de fe, se celebra la liturgia con gran
partidos políticos de izquierda suscitó en su inte- simplicidad y se pretende orientar la misión de la
rior agudas tensiones. Iglesia en la esfera de los servicios a la sociedad, a
través, sobre todo, del compromiso político y social.
A partir de 1975 se coordina este movimiento a
todos los niveles. Se celebran tres primeros encuen- Este modelo pastoral comunitario opta por el
tros nacionales, todos en Madrid: marzo de 1976 (el pueblo, la defensa del pobre y marginado, la lectura
I), noviembre de 1976 (el II) y mayo de 1978 (el III); del evangelio en las exigencias de la justicia, la
después han tenido lugar los de Valladolid en 1979 teología de la liberación, el catecumenado forjador
(el IV y V), Alicante en 1982 (el VI), Barcelona en de conciencias creyentes críticas y la celebración
1984 (el VII), Zaragoza en 1986 (el VIII) y Valencia como asamblea cristiana popular. El acento está
en 1988 (el IX). Entre 1976 y 1988 se han celebrado puesto más en la «base» que en la «comunidad», en
en Andalucía cinco semanas de teología y libera- el pueblo entendido como «clase social» que como
ción. Después del cambio democrático, se conexio- nación. Se trata, por supuesto, de crear una comu-
nan diversos movimientos comunitarios existentes nidad, pero no en la línea de un grupo de amistad,
ya en todo el estado español. Se comienza a editar sino en el sentido de un grupo de acción, tarea o
el boletín «Comunidades Cristianas Populares», compromiso. No se pretende crear un grupo porque
que desaparece unos años más tarde, con un nuevo la comunidad es algo excelente (que lo es), sino
momento de decaimiento popular comunitario. En porque la situación injusta debe ser transformada
1984 se suscita una renovación con la convocatoria para que la sociedad se asemeje al reino de Dios. Se
del colectivo Iglesia de base de Madrid, que celebra piensa que la comunidad se justifica por la misión,
una primera asamblea constituyente en 1986, cuyos no por el estar juntos afectivamente. Dicho de otro
resultados se plasman en un documento que descri- modo: la comunidad no es aproximación de ami-
be los rasgos característicos y la forma de organiza- gos, sino grupo de hermanos que se hacen prójimos
ción de este colectivo, constituido por unos 50 del desvalido.
movimientos y comunidades. Los congresos de
teología, promovidos por la Asociación de Teólogos Estas comunidades no desean ser Iglesia parale-
«Juan XXIII», en colaboración con comunidades y la, sino Iglesia local «en comunión crítico-dialéc-
grupos de base, a partir de 1981 (el octavo ha sido tica con la Iglesia oficial». Al entender que hacen
celebrado en 1988), han servido de gran ayuda al
pensamiento y acción pastoral de la Iglesia de
base 21 . «Misión Abierta» en el último número de cada año, entre 1981 y
1987. El noveno lo ha editado «Evangelio y Liberación».
22
Cf. este documento en la revista «Comunidades Cristia-
21
Han sido publicados los siete primeros por la revista nas Populares» 26-27 (1980) 7-11.

98 PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


PARA COMPRENDER EL CATECVMESADO 9 9
Iglesia de otro modo, viven una «solidaridad con- de una lectura del evangelio desde los pobres,
flictiva» con la jerarquía o, mejor dicho, «con teniendo en cuenta los problemas fronterizos del
ciertos sectores de la clase dominante». cristianismo con la sociedad. Los temas más trata-
La liturgia de estas comunidades es de tipo dos giran en torno a estos ejes: fe y política, moral
«asambleario»; usan con libertad el ritual; hay humana y cristiana, lectura actualizada del evange-
diálogo, información y tomas de decisión. Se utili- lio, concreción de compromisos, revisión de lo
zan a veces nuevos símbolos o se usan los antiguos sacramental, nuevo rostro de la Iglesia, la figura
cargados de nueva significación. Va ganando el central de Jesús, etc.
sentido de la fiesta o se añade al del compromiso.
Sigue siendo su celebración liturgia politizada. c) Riesgos
Escasea la oración personal.
El principal riesgo es el de la reducción política
del reino; el evangelio se convierte sólo en fuerza de
b) Tipo de catecumenado liberación humana, a través de una lectura simplifi-
cada «materialista». Así se puede llegar a una
En las comunidades de base populares no existe nueva ideologización de la fe. También cabe la
un plan uniforme de catecumenado ni un proyecto tentación del olvido del don gratuito de la fe y de la
único de iniciación. Importa, por supuesto, la oración. Puede caerse asimismo en un cierto secta-
creación y maduración de la comunidad en cuanto rismo a causa de la radicalización política o de una
tal, pero no se siguen etapas establecidas de visión cerrada y estrecha de la tradición. Al acen-
antemano. Los candidatos a estas comunidades, tuar sobremanera el «hoy», no se tiene en cuenta a
por regla general, no forman un grupo especial, sino veces la totalidad de la historia. Puede llegarse a no
que su re-iniciación comienza y se desarrolla con su admitir otras mediaciones que las políticas. Hay
ingreso en la comunidad. Dicho con otras palabras, que afirmar, con toda justicia, que el cambio
la comunidad no tiene un catecumenado, sino que político ocurrido en España ha equilibrado la
en su interior hay una matriz catecumenal. Según se conciencia cristiana de estas comunidades en lo
expresan en sus propios documentos, intentan social y lo político.
«llevar a cabo una profundización en la fe, reformu- Al no poseer un plan concreto catecumenal, se
lándola críticamente, valorando la fe y la religiosi- cae fácilmente en la dispersión de los temas. Se
dad del pueblo». El proceso catecumenal es enten- tiene la impresión de que se improvisa demasiado o
dido como elaboración de una teología popular a de que se dan vueltas interminables a unas mismas
partir de la experiencia y de la Biblia leída de un cuestiones. La Biblia es a veces leída parcial y
modo comunitario y militante. La pedagogía cate- selectivamente, con atenciones excesivas al éxodo,
cumenal es pedagogía de la liberación integral, a profetismo, bienaventuranzas y proceso de Jesús.
saber, grupal, inductiva y deductiva, no directiva y Otro tanto ocurre con la preparación, ejecución y
procesual. revisión de ciertas acciones o documentos públicos.
Lo que preocupan son los objetivos de toda Recientemente se advierten deseos de globalizar
iniciación cristiana: maduración personal y social mejor lo cristiano, recuperar sin crispaciones el
de la fe, revisión de las pautas de comportamiento, difícil diálogo eclesial, aceptar con realismo y
descubrimiento de la simbólica sacramental y sensatez el compromiso político sin transplantar la
popular, fomento de la comunicación social de los radicalidad evangélica a la acción política y resca-
bienes, simbiosis unitaria del doble compromiso (el tar espacios adecuados de oración.
religioso y el social) y revisión crítica del catolicis-
mo heredado. La educación de la fe en estas
comunidades no se reduce a un mero desbloqueo
ideológico, sino que intenta ser una re-iniciación a
una fe personal con dimensiones sociales, a partir

100 PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


5. El modelo neocatecumenal unas cinco o seis mil comunidades difundidas en 80
países, entre unas 2.500 parroquias. Tuvieron una
audiencia con Pablo VI el 8 de mayo de 1974.
a) Tipo de comunidad Presentaron al papa un informe sobre estas comuni-
dades en mayo de 1984. K. Arguello fue miembro del
• Origen y evolución Sínodo de Laicos de 1987. Juan Pablo II ha aludido
La primera comunidad del «camino neocatecu- en algunas ocasiones a las comunidades neocate-
menal» surgió por primera vez en la parroquia de cumenales 24 .
los Sagrados Corazones del barrio madrileño de
Arguelles hacia 1966 o 1967. Sus miembros proce-
dían de cursillos de cristiandad y de movimientos • Rasgos
matrimoniales de la clase media. Kiko Arguello,
fundador de este movimiento, había vivido antes en Las comunidades neocatecumenales se sitúan
Palomeras Altas (suburbio de Vallecas, Madrid), sin entre los «movimientos neoconservadores» que se
lograr hacer ahí comunidad; consiguió algunas manifestaron con especial fuerza en el Sínodo de
captaciones. Pronto se le sumó en el trabajo Car- Laicos de 1987. Coincide el «camino neocatecume-
men Hernández. nal» con los colectivos comunitarios que enfatizan
la comunicación interpersonal cálida y festiva,
Las comunidades neocatecumenales 23 comenza- como reacción a las asambleas masivas, impersona-
ron a propagarse en las diócesis españolas, después les y aburridas. Acentúan la fraternidad, la ayuda
en Roma y posteriormente en otros países. Según mutua, la conversión personal. La comunidad es
datos de 1976, había en España 450 comunidades básicamente un ámbito para orar y expresar la fe,
(de 30/40 personas cada una) en 200 parroquias y 20 alimentada por la escucha de la palabra y el
diócesis; en todo el mundo eran entonces 2.000 testimonio personal.
comunidades en 800 parroquias y 42 países. Se
calcula que en 1988 hay en los cinco continentes Su eclesiología se basa en la fuerza del Espíritu.
Poseen una mística propia, contagiosa, entusiásti-
ca, que proviene de la palabra de Dios aceptada
23
como don gratuito, salvador y alegre. Despliegan su
Cf. K. Arguello, El neocatecumenado. Una experiencia tarea fundamental en forma de celebración a través
actual de evangelización y catequesis para esta generación.
Síntesis de sus líneas de fondo, Roma 1976 (pro manuscripto); de reuniones adecuadas y en grupos de reflexión
id., Le comunitá neocatecumenali: «Rivista di Vita Spirituale» bíblica. Lo que importa es la educación de la fe a
29 (1975) 191-200; id., // neocatecumenato. Una esperienza di partir de una mística o espiritualidad, sin demasia-
evangelizazione in atto. Sintesi delle sue linee di fondo: «Rivista di das preocupaciones dogmáticas o morales. De ordi-
Vita Spirituale» 31 (1977) 84-101; id., Convivencias de los
párrocos de las comunidades neocatecumenales con vistas al nario están visiblemente alejadas del «compromiso
Sínodo sobre «Catequesis en nuestro tiempo», Roma, 10-13 enero político». No les preocupa el cambio de estructuras;
1977 (pro manuscripto); R. Blázquez, Las comunidades neocate- todo reside en la transformación personal. Viven
cumenales. Discernimiento teológico, Desclée, Bilbao 1988; L. una Iglesia «hacia dentro». En realidad, el compro-
della Torre, // neocatecumenato: «Communio» 32 (1977) 58-88;
C. Elorriaga, El camino neocatecumenal dentro de la iniciación miso social lo toma cada miembro según las
cristiana de adultos: «Comunidades» 14 (1986) 199-208; L. exigencias de su conversión.
Engels, Der Neokatechumenat: «Liturgisches Jahrbuch» 29
(1979/3) 180-185; J. Higueras, Comunidades neocatecumenales La intención expresa de estas comunidades es
en la parroquia de S. Pedro el Real («La Paloma») de Madrid, en «vivir la Iglesia» a partir de una predicación
Evangelización y hombre de hoy. Congreso, Madrid 1986, 325- pascual eminentemente kerigmática (o bíblica),
330; J. Martrat, Les comunitats neocatecumenals: «Quaderns de
Pastoral» 109 (1988) 21-29; E. Rucandio, Una comunidad basada en la resurrección de Jesús. El anuncio del
cristiana en la parroquia de Cristo Rey, de Arguelles, de Madrid, en
El sacramento del Espíritu. La confirmación en la Iglesia de hoy,
PPC, Madrid 1976, 361-366; G. Zevini, Experiencias de iniciación
cristiana de adultos en las comunidades neocatecumenales: 24
Cf. El neocatecumenado en los discursos de Pablo VI y Juan
«Concilium» 142 (1979) 240-248. Pablo II, Centro Neocatecumenal, Madrid 1986.

PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO 101


mensaje lo realizan los «apóstoles itinerantes» (de liturgia de la palabra a partir de temas bíblicos 25 y
ordinario, un presbítero y dos laicos) en los ambien- otra eucarística, ordinariamente dominical. Una
tes parroquiales, para poner en marcha comunida- vez al mes se tiene convivencia de un día entero.
des de unas cuarenta personas, mediante un «cami- Termina esta fase con el «primer escrutinio», en el
no posbautismal de conversión». que el obispo mantiene con los neocatecúmenos un
diálogo bautismal.
- El paso al catecumenado, de otros dos años de
b) Tipo de catecumenado duración, en los que se profundiza en la triple
realidad de la palabra, la liturgia y la comunidad a
Como su mismo nombre expresa, el énfasis de través de nuevas catequesis sobre la historia de
las comunidades neocatecumenales está puesto en salvación, la confesión de la fe y el evangelio de las
el neocatecumenado, entendido como «una pastoral riquezas para revisar tres ídolos: el trabajo, los
de evangelización y una catequesis permanente de afectos y el dinero. Termina esta fase con un
adultos, formando pequeñas comunidades en el «segundo escrutinio», en presencia del obispo, para
interior de la actual estructura parroquial y en manifestar las renuncias, vender los bienes y adhe-
comunión con el obispo». Estas comunidades sur- rirse a Cristo. La colecta del dinero obtenido se da a
gen mediante una catequesis de adultos o catecu- los pobres.
menado bíblico y litúrgico, alejado de lo social. En — El catecumenado, que dura tres años y se
realidad, el catecumenado es entendido como «am- emplea en experimentar la acción liberadora de
plio proceso» más que como catequesis de adultos. Cristo. Continúan las catequesis con contenidos
Se basa en el reconocimiento y vivencia de la fe, casi exclusivamente bíblicos. Al final del primer
recibida por el hombre pecador gratuitamente, a la año se entrega el Salterio, en el segundo el Símbolo
que responde con la oración. De ahí que la escucha y en el tercero el Padre Nuestro. Estas tres entregas
de la palabra sea el acto básico en orden a la expresan respectivamente la vida de oración (rezo
conversión. Entienden estas comunidades que la diario de laudes y vísperas), la evangelización (se
palabra de Dios debe ser conocida «según el visitan familias de la parroquia) y la iniciación de
espíritu, con sabiduría profunda más que con la los niños a la fe.
lógica de la razón». La palabra ha de resonar; hay
que darle espacio y tiempo para que germine en el — La elección, que se lleva a cabo en el marco
creyente y lo transforme. De ahí las seis fases o de una celebración litúrgica, en la que se inscriben
etapas del camino neocatecumenal: los nombres de los catecúmenos en el «Libro de la
Vida» (cf. Me 10, 20). Dura esta etapa otros dos
- El anuncio o fase kerigmática, ya que la fe años. Se destina a vivir una espiritualidad de
nace de la predicación. Después que un párroco acción de gracias.
acepta iniciar en su feudo el neocatecumenado, - La renovación de las promesas del bautismo
varios catequistas (un presbítero y algunos laicos) por todos aquellos verdaderamente convertidos en
predican en las misas dominicales de la parroquia, fieles que siguen la «espiritualidad de camino».
y a los feligreses interesados se les invita a partici-
par en unas diez o doce catequesis, dos veces por
semana. Incluye este proceso una celebración de la c) Riesgos
penitencia y otra de la palabra sobre la Biblia.
Termina con una convivencia de tres días y una Junto a logros, sin duda evidentes, como es el
eucaristía, en la que se constituye la comunidad, énfasis en la Biblia y liturgia, responsabilidad
para iniciar el precatecumenado seis meses des-
pués.
25
Se usa el Vocabulario de Teología Bíblica de X. Léon-
— El precatecumenado, con dos años de dura- Dufour, Herder, Barcelona 1965, con ediciones abundantes
ción y dos celebraciones por semana, a saber, una posteriores.

102 PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


laical, conversión personal y generosidad de cada Surge hacia 1966 en la universidad norteamericana
uno sin moralismos estrechos, adolecen estas comu- de Duquesne (Pittsburgh, Michigan), dirigida por
nidades de cierto repliegue eclesial sobre sí mis- los Padres del Espíritu Santo. La actividad caris-
mas, de escasas perspectivas sociales y políticas, de mática se extiende a la universidad de Notre Dame
depender rígidamente de un modelo que se repite (South Bend, Indiana), en la que se celebra del 8 al 9
en todas partes invariablemente, y de centrar casi de abril la primera asamblea carismática católica.
exclusivamente el campo de su evangelización en el Se habló entonces de un «movimiento pentecostal»
recinto parroquial. Su catecumenado es a todas dentro de la Iglesia Católica, por comparación al
luces excesivamente largo (nunca duró menos de movimiento pentecostal que se daba entre los
cuatro años), con tendencias arqueológicas (imita- protestantes desde comienzos de este siglo y que se
ción del catecumenado de Hipólito; la cena pascual había renovado en la década de los años cincuenta y
con cordero, etc.). Al enfatizar tanto el don de la fe y sesenta mediante el llamado «neo-pentecostalis-
la actitud de la escucha, el creyente y convertido mo» 27. En 1970 había en USA unos 10.000 pen-
puede acentuar la pasividad con todas las secuelas tecostales católicos. Tuvieron un congreso inter-
del subjetivismo e intimismo. La palabra de Dios es nacional en Grottaferrata, cerca de Roma. Desde
absolutizada al modo barthiano. Además, Dios entonces, el cardenal Suenens apoyó el mo-
habla casi sólo por la Biblia, no por los signos de los vimiento 28 . En ese año, la Conferencia Episco-
tiempos ni por los acontecimientos, que apenas pal Norteamericana recomendó a sus sacerdotes
tienen relieve. participación activa. En Pentecostés de 1975, en
otro congreso internacional, Pablo VI hizo una
Se vislumbra en estas comunidades un cierto anti- especie de reconocimiento oficial. Juan Pablo II
rracionalismo religioso a causa del dualismo razón- hizo otro tanto el 15 de mayo de 1987, al reconocer
sentimiento. Parece como si la reflexión fuese un ante unos mil delegados de la renovación católica
ídolo. En la comunidad no hay discusión ni crítica mundial «el vigor y la fecundidad» de este movi-
de ningún tipo, ya sea de dentro o de fuera. Sólo el miento. Se calculan en unos cincuenta millones los
eco de la palabra. Al faltar el sentido crítico, se cae miembros de la renovación carismática en el
en el conformismo estructural. mundo.
Los primeros carismáticos en España aparecen
6. El modelo carismático en 1973 (Madrid, Barcelona y Tolosa). Posterior-
mente se extienden a Bilbao (1974), Granada (1975)
a) Tipo de común idad y Sevilla (1976). Hoy están extendidos prácticamen-
te en todas las diócesis de nuestro país. La primera
• Origen y evolución asamblea nacional española se celebró en Madrid
los días 2 y 3 de julio de 1977, con 1.600 participan-
Otro movimiento comunitario de cuño estricta- tes, que representaban a unos 70 grupos de toda
mente «espiritual» es el correspondiente a la reno- España. Han celebrado posteriormente diversas
vación carismática o renovación en el Espíritu . asambleas.

26
Cf. P. Fernández, La renovación carismática. Documenta-
ción, Secretariado Trinitario, Salamanca 1978, con abundante eos, Logos International, Plainfield, Nueva Jersey 1971; W.
bibliografía; R. Laurentin, Pentecostalismo católico. Riesgos y Smet, Yo hago un mundo nuevo, Ed. Roma, Barcelona 1975.
futuro^ PPC, Madrid 1976; A. Uribe, El actual pentecostés del 27
Espíritu Santo, Paulinas, Bogotá 1976; El movimiento carismáti- El pentecostalismo clásico, nacido entre los metodistas
co, Verbo Divino, Estella 1977 (traducción del n. 125 de en Topeka (Kansas), tuvo desde sus comienzos dos rasgos
«Lumiére et Vie»); W. J. Hollenweger, El pentecostalismo: propios: el rechazo institucional y la interpretación conservado-
historia y doctrina, Aurora, Buenos Aires 1976; E. D. O'Connor, ra de la Biblia o «fundamentaíismo».
28
La renovación carismática en la Iglesia Católica, Lasser Press Cf. L. J. Suenens, ¿Un nuevo Pentecostés?, Desclée, Bilbao
Mexicana, México 1973; K.-D. Ranaghan, Pentecostales católi- 1975.

PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO 1 0 3


• Rasgos abierto a todos), el catecumenado (siete semanas de
Más que un movimiento organizado, el pente- iniciación a la vida del Espíritu) y el poscatecume-
costalismo católico es una renovación de la vida nado (la fraternidad lograda y el espíritu comunita-
bautismal a partir de una «inspiración» y una rio). El plan de siete semanas se entiende como
«experiencia». No protestan -dicen— ni están en cursillo a la vida de oración, con enseñanzas,
contra de nada, sino que se hallan a favor de la vida oraciones y comunicaciones de experiencias. Sirve
en el Espíritu. Norma y fundamento de estas como preparación al bautismo en el Espíritu. Los
comunidades o asambleas de oración es la expe- siete temas son: la relación personal con Dios, Jesús
riencia del Espíritu que se realiza con el bautismo Señor y Salvador, la vida nueva del Espíritu, el don
de dicho don, con el que se reciben tres carismas o de Dios, el bautismo en el Espíritu, el compromiso
frutos: el don de lenguas, el de profecía y el de cristiano y la vida según el evangelio.
curación. Los carismáticos consideran al «bautis-
mo con Espíritu» o a la «efusión del Espíritu» la c) Riesgos
unión con Cristo, experimentada como don, con
frutos duraderos en forma de carisma. Se acentúa Se ha hecho notar que en muchos casos la
la intervención amorosa de Dios mediante su conversión a la renovación carismática significa la
gracia, saboreada en el gozo del Espíritu y hecha pérdida de inserción en movimientos sociales de
presente en la transformación del nombre. liberación. Lo que al pentecostal le importa es la
Aunque este movimiento no provoca directa- persona y la experiencia carismática. Se da una
mente una huida o una ruptura con el mundo, huida hacia lo religioso en detrimento de la presen-
tampoco se adapta a la realidad social, ya que su cia activa en el mundo. Se explica esto por el juicio
expresión y testimonio tienen poco que ver con los negativo de la realidad social que hacen muchos s
signos de los tiempos. Les preocupa la experiencia carismáticos: es un mundo de pecado, puesto de
de la fe de un modo vivencial, testimonial y directo, relieve en el alcoholismo, la prostitución, el juego
sin apenas mediaciones y raciocinios. Las comuni- prohibido, las drogas, la delincuencia, etc. Todos
dades carismáticas son , en realidad, asambleas de estos pecados son fruto de la «acción demoníaca», a
oración contagiosa y espontánea, rítmica y sencilla. la que sólo es posible enfrentarse con la «acción
divina». La generosidad en la entrega de muchos
La facilidad con la que se forman los grupos pentecostales es admirable, precisamente con gen-
carismáticos y el influjo que poseen los líderes tes que viven la marginación y la pobreza. Pero en
sobre la asamblea dificultan la caracterización de última instancia lo que preocupa es el desarrollo y
un cierto tipo de admisión o inserción. De hecho se crecimiento del propio grupo religioso, no el cam-
ingresa en la renovación con facilidad, dada la bio de la realidad social; de ahí cierta proclividad al
solidaridad espiritual y el compañerismo personal proselitismo a base de mensaje, testimonio y uso de
que hay entre los «hermanos». dones milagrosos.

b) Tipo de catecumenado
7. El modelo diocesano
Algunos carismáticos creen ver en la misma
renovación una especie de catecumenado perma-
nente. Hay elementos que ayudan al ingreso en el a) Tipo de común idad
grupo de oración: la búsqueda religiosa, a la que se
responde con facilidad; los cantos, cálidos y rítmi- • Origen y evolución
cos; las lecturas bíblicas, explicadas con sencillez; Corresponde a comunidades promovidas por los
la participación, mediante cauces espontáneos, etc. secretarianos diocesanos de catequesis en parro-
Hoy tienden algunos carismáticos a distinguir entre quias renovadas comunitariamente. Cabe situar
precatecutnenado (el grupo de oración semanal aquí, bajo la denominación diocesana, diversos

1 0 4 PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


colectivos surgidos fundamentalmente en el ámbito estudiar La iniciación del catecumenado, en 1979
parroquial, de acuerdo a directrices emanadas por se celebra III Encuentro sobre La experiencia de fe en
los secretariados diocesanos de catequesis o en el catecumenado y en 1981 el IV trata el tema
amplia coincidencia con dichos criterios. El califi- Comunidades y evangelización en Madrid33. La I
cativo de «diocesano», a falta de otro nombre más Asamblea Diocesana de Catequesis de la diócesis de
exacto, quiere expresar una línea de trabajo en Madrid corresponde a los trabajos sobre la comuni-
estrecha relación con la Iglesia local diocesana, dad cristiana y la catequesis de los años 1977-
criterio que no destaca, como rasgo principal, en los 1980 34 . A partir de 1980, el cardenal Tarancón
tres anteriores colectivos reseñados 29 . impulsa la orientación diocesana hacia el reconoci-
Así, por iniciativa del movimiento por un Mun- miento de las comunidades, hecho que se plasma en
do Mejor surgen en el país vasco hacia 1969 las resoluciones del Consejo Presbiteral del curso
diversos proyectos de catecumenado que cristaliza- 1980-81.
rán en el movimiento «Fe y justicia», cuyo impulsor Cabe situar asimismo en este apartado a las
principal es F. Loidi 30, quien había trabajado tres comunidades ADSIS (Asociación de Dirigentes Se-
años en el «plan de renovación conciliar»; reciente- glares de la Juventud Salesiana), que aparecen
mente se ha comenzado a extender por Madrid. El hacia 1969, nacidas en torno a centros juveniles y
movimiento por un Mundo Mejor se suma nacional- colegios salesianos 35. En 1969 se hace la transición
mente a la pastoral de la iniciación e imparte en de la asociación de grupos juveniles a un movimien-
1971 y 1972 cursos sobre catecumenado y comuni- to de comunidades cristianas. En 1973, ADSIS
dad cristiana en La Granja (Segovia). En 1973, la redacta un ideario, con la preocupación de evange-
XVIII Asamblea plenaria del Episcopado español lizar a través de una «convocatoria», para que el
alienta la creación de catecumenados, y en 1974 el joven descubra y profundice el sentido de la vida, y
Secretariado nacional de catequesis dedica las una «iniciación cristiana», en la que se eduque la fe
terceras jornadas de estudios al tema «experiencias de los jóvenes a través de la palabra, la celebración
catecumenales en España» 31 . Posteriormente, a y el compromiso. Su proyecto catecumenal tiene
partir de 1976, el Departamento de Adultos del tres etapas: descubrimiento, asimilación y opción.
Secretariado Diocesano de Catequesis de Madrid
inicia la publicación de varios trabajos en una También pertenece a este grupo el colectivo
colección titulada «Catecumenado de adultos» 32. Ayala (Parroquia del Cristo de la Salud de la calle
En 1977 se celebra el I Encuentro Catecumenal Ayala de Madrid), que se origina en 1973 en
Diocesano de Madrid sobre El catecumenado de conexión con las Comunidades Neocatecumenales,
adultos con el propósito de intercambiar experien- de las que dos años más tarde toman una cierta
cias. En 1978 tiene lugar el II Encuentro para distancia. Se aproximan a las directrices emanadas
del departamento de adultos del Secretariado dio-
cesano de catequesis de Madrid, cuya responsabili-
dad ha recaído precisamente en Jesús López, funda-
29
Cf. Secretariado Diocesano de Catequesis de Madrid,
dor de Ayala, durante algún tiempo 36.
Comunidades plurales en la Iglesia, Paulinas, Madrid 1981,
91-155.
30
Es el autor de Cuadernos Fe y Justicia, Ega, Bilbao 1987,
colección hasta hoy de 12 folletos. El pensamiento comunitario 33
se encuentra en el n. 10. Construir la comunidad. Anteriormente Cf. Secretariado Diocesano de Catequesis, Comunidades y
publicó, con M. Longa, Catequesis para la comunidad cristiana. evangelización en Madrid, PPC, Madrid 1981.
34
Adultos, 2 vol., Desclée, Bilbao 1972-1975. Cf. I Asamblea Diocesana de Catequesis. Madrid-Alcalá,
31
Cf. El catecumenado: «Actualidad Catequética» 74-75 Paulinas, Madrid 1980.
35
(1977) 155-206. Cf. J. R. Urbieta, El movimiento Adsis, comunión de
32
Han sido publicados cuatro en Ediciones Paulinas: 1. De comunidades: «Misión Abierta» 70 (1977) 568-581.
36
la cristiandad a la comunidad, Madrid 1976; 2. Etapas de un Cf. Secretariado Diocesano de Catequesis de Madrid,
caminar, Madrid 1977; 3. Manual para el catequista de adultos, Comunidades plurales en la Iglesia, Paulinas, Madrid 1981,
Madrid 1983; 4. Comunidades plurales en la Iglesia, Madrid 1981. 91-112 y 113-129.

PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO 105


Todas estas comunidades de tipo diocesano como cristianos y la necesidad de reunirse como
apelan al Vaticano II, a la conversión de la parro- amigos, el desprendimiento de ciertos bienes y la
quia en «comunidad de comunidades», al compro- exigencia de una total puesta en común, etc. En el
miso liberador, a la responsabilidad de los laicos y fondo de todas estas tensiones se debate el proble-
a un nuevo modo de vivir la eclesialidad en ma de las «suplencias» de la Iglesia.
comunión con los obispos y en cercanía de la Su objetivo prioritario es la reforma de la Iglesia
religiosidad popular. en profundidad. Son sensibles a la dialéctica o
tensión entre el «espíritu» (carisma o acontecimien-
• Rasgos to) e «institución» (estructura de poder). Entienden
Constituyen un grupo de acción evangelizadora que la reforma de la Iglesia no consiste sólo en un
típicamente eclesial con un cierto grado de concien- cambio de estructuras o de sistemas eclesiásticos,
cia crítica desde lo explícito cristiano. No están sino en una renovación teológica y espiritual a
totalmente de acuerdo con muchos aspectos de la fondo, a partir del evangelio y de la actualidad
institución eclesial, pero no entran en conflicto con humana. Sin cambio «eclesiológico», no hay refor-
la jerarquía. El modelo de operatividad es variable ma. Piensan que los cambios fracasan porque son
y variado. Aunque no parten del conflicto ni lo impuestos desde arriba, porque se hacen precipita-
buscan, se encuentran con él, sobre todo en su damente sin comprender el pueblo su sentido o
interior, ya que la gama de las ideologías (religiosas porque son accesorios. También perciben la necesi-
y políticas más o menos inconscientes) es muy dad de un cambio «ministerial».
amplia. Pertenecen a las capas del centrismo, unas
veces con inclinación a la derecha y otras a la
izquierda. Critican el capitalismo exagerado y el b) Tipo de catecumenado
dogmatismo comunista. En su composición hay
capas sociales modestas sin un pronunciado politi- El catecumenado seguido por estas comunida-
cismo. des, dentro de una gran diversidad, tiene varias
etapas: 1) El precatecumenado o lanzamiento de la
Se basan pastoralmente en la misión de Jesús y comunidad a través de una sensibilización, cambio
de la Iglesia. Su teología es básicamente eclesiológi- en las actitudes de la vida y convocatoria personal.
ca, la del Vaticano II puesta al día. Consideran 2) La revisión de la experiencia de fe con objeto de
fundamental el don de Jesús junto al don de la vida ayudar al bautizado a una personalización de su ser
humana. Tienen en cuenta los acontecimientos y los cristiano y de su compromiso. 3) El desmonte de los
signos de los tiempos. Es, pues, su teología teoría de ídolos y la falsa religiosidad, mezcla de supersticio-
las acciones eclesiales con una búsqueda de equili- nes, ritualismos, moralismos, etc.; culmina esta
brio entre liturgia y misión. Intentan guardar fase con los «exorcismos» como superación de
equilibrio entre las dimensiones de la fe y el resistencias. 4) El encuentro personal con Jesús de
compromiso de los cristianos en el mundo. Nacen Nazaret, luz, agua viva, camino, vida y rostro de
en determinados ambientes sociales de la pequeña Dios. Termina esta etapa, y la primera fase, con una
burguesía. En estas comunidades se debaten dialéc- celebración que da paso a una última etapa: la
ticamente ciertas tensiones entre la privatización incorporación a la comunidad.
de la política y la politización de la comunidad, la
espontaneidad y la directividad, la atención a la
reforma eclesial y la preocupación por el cambio de c) Riesgos
estructuras sociopolíticas, la búsqueda de la fe y la
maduración de la persona, el grupo «intencional» y El mayor peligro de estas comunidades es el
el grupo «natural», la apertura indiscriminada y el «centrismo», al intentar ser equidistantes de los
cierre sobre sí misma, la celebración litúrgica y la otros colectivos comunitarios. Así se llega a un
reunión humana, el compromiso y la fiesta, la cierto «populismo», a valorar excesivamente los
memoria y el futuro, la voluntad de encontrarse intereses de la comunidad y de la Iglesia, a

1 0 6 FARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


redescubrir el evangelio desde la neo-ortodoxia No es fácil su coordinación, ya que las instancias
kerigmática, a utilizar una sociología meramente federativas oficiales dentro de la Iglesia son prácti-
funcional sin análisis estructural y a usar un camente nulas o poco interesantes. Por otra parte,
lenguaje generalizado y abstracto para evitar ten- tienen recelos de las otras federaciones de comuni-
siones con la jerarquía o enfrentamientos en el seno dades. Terminan por ser «microiglesias» o «micro-
mismo de la comunidad. Por alejarse de los conflic- mundos».
tos, pueden refugiarse en una cierta calma y
Podemos resumir los rasgos generales de los
quietud. Los compromisos pueden quedar en algo
cuatro modelos de comunidades analizados en el
meramente verbal. El hecho de ser bien vistas por
siguiente cuadro sinóptico:
los obispos, les ayuda en su extensión y crecimiento.

MODELOS DE COMUNIDADES CRISTIANAS

Indicadores POPULARES NEOCATECUMENALES CARISMATICAS DIOCESANAS

1. Grupo social de acción pública de tarea reproductora de base emocional de trabajo reformador
ideología socialista grupista mística personalista
jefe popular directivo autocrático liberal

2. Teología liberadora kerigmática pneumática eclesial


acento la causa de Jesús la palabra de Dios el Espíritu la misión eclesial
Iglesia alternativa global modelo total propio modelo parcial propio modelo oficial reformado

3. Liturgia politizada de la palabra de oración eucarístico-social

4. Compromiso liberador catecumenal santificador evangelizador


acción contra-institucional anti-institucional institucional no-institucional

5. Objetivo la transformación de la iglesia la conversión personal la experiencia del espíritu la renovación de la iglesia
y de la sociedad

6. Riesgo reducción temporalista lejanía de lo social espiritualización absolutizar la comunidad

7. Hermenéutica socio-política bíblica doxológica antropológica y social


catecumenal

PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO 107


11
Restauración oficial
del catecumenado

1. Restauración del catecumenado la iniciación cristiana, en el que X. Seumois, de los


en vísperas del Concilio Padres Blancos, presentó una importante comuni-
cación sobre el catecumenado, sólidamente estable-
Restaurado en Francia el catecumenado a partir cido en África por los seguidores del cardenal
de la experiencia de Lyon de 1952, y a la vista de los Lavigerie 2 . En enero de 1959, J. Blomjous, obispo
excelentes resultados obtenidos rápidamente en de Tanganica, solicitó por primera vez a Roma la
diversas regiones gracias a la implantación de la restauración del ritual del bautismo de adultos
iniciación cristiana, se dirigió el arzobispo de dividido en siete etapas, con tres escrutinios y
Rouen, J. Martin, entonces presidente de la comi- entregas del Credo y Padrenuestro. Coincidieron,
sión episcopal francesa de pastoral y liturgia, a la pues, las demandas catecumenales africanas y
Congregación de Ritos para solicitar autorización europeas.
expresa del uso del bautismo de adultos por etapas Por entonces, F. Antonelli estaba al frente de la
en las diócesis galas '. comisión de reforma litúrgica creada por Pío XII,
En ese tiempo, muchos misioneros descubrieron que acababa de decretar la reforma de la semana
también la pastoral litúrgica y la necesidad de la santa. F. Antonelli era cercano a la pastoral litúrgi-
restauración catecumenal. El jesuíta J. Christaens ca y aceptó la reforma del ritual del bautismo de
sugirió en 1956 la necesidad de restaurar el catecu- adultos. Se comenzó el trabajo, que, una vez
menado por etapas, para lo cual propuso un concluido, se presentó a Juan XXIII, recién elegido
esquema de aplicación práctica. Casi al mismo papa, para su aprobación. Con fecha del 16 de abril
tiempo, en 1958, se celebró en Montserrat un de 1962 se publicó el Ritual del bautismo de adultos
encuentro internacional de pastoral litúrgica sobre

2
Cf. X. Seumois, La structure de la liturgie baptismale
romaine et les problémes du catéchuménat missionnaire: LMD 58
1
A.-G. Martimort, Catéchuménat et initiation chrétienne des (1959) 83-110; la totalidad de este número de LMD, titulado Du
adultes parétapes: jalons historiques: «Croissance de l'Eglise» 74 catéchuménat á la confirmation, recoge las ponencias del congre-
(1985) 5. so internacional de Montserrat.

10 8 PARA COMPRENDER EL CATECUMENADO


dividido en etapas 3 . Sustituía al ritual del bautismo 2. Las decisiones catecumenales
de adultos contenido en el Ritual romano decretado del Vaticano II
por Paulo V en 1614. En el ritual romano anterior
de 1523, titulado Líber sacerdotalis y compuesto por
A. Castellano, se contenían dos formularios para el a) Restauración del catecumenado
bautismo de niños basados en fuentes romanas
antiguas. El Rituale romanum de 1614 aceptó el Los primeros textos conciliares sobre el catecu-
primero de estos dos rituales como Ordo baptismi menado, presentados en la primera sesión de 1962,
parvulorum, y el segundo, ligeramente modificado, se encuentran en la Constitución sobre la sagrada
como Ordo baptismi adultorum. Prácticamente de- liturgia (n. 64-68), promulgada el 4 de diciembre de
sapareció del Rituale romanum el antiguo ritual del 1963:
catecumenado 4 .
«Restaúrese el catecumenado de adultos, dividi-
Se distinguen en este nuevo ritual oficial siete do en distintas etapas, cuya práctica dependerá del
etapas, aunque algo distintas de las propuestas por juicio del ordinario de lugar; de esa manera, el
J. Blomjous. Por ejemplo, los ritos de entrada tiempo del catecumenado, establecido para la con-
constituyen dos etapas (entrada en el catecumena- veniente instrucción, podrá ser santificado con los
do e imposición de la sal); la etapas tercera, cuarta sagrados ritos que se celebrarán en tiempos sucesi-
y quinta (de los exorcismos) coinciden con los tres vos» (SC 64)
escrutinios; en la sexta tiene lugar la entrega del
Símbolo y Padrenuestro, y la séptima es propia- Esta decisión supone una revisión del ritual del
mente la celebración bautismal. Se admite ya una bautismo de adultos:
cierta adaptación y todo es posible celebrarlo en la «Revísense ambos ritos del bautismo de adultos,
lengua del pueblo . Pero el hecho conciliar relegó a tanto el simple como el solemne, teniendo en cuenta
un lado la novedad, no excesivamente grande, de la restauración del catecumenado, e insértese en el
este nuevo ritual, ya que no había modificado los Misal romano la misma propia In collatione baptis-
ritos. Los intereses se centraron entonces en la mi» (SC 66).
Constitución sobre la sagrada liturgia.
Otro tanto puede decirse del segundo sacramen-
to de la iniciación cristiana, la confirmación. De ahí
que el Vaticano II afirme:
«Revísese también el rito de la confirmación,
para que aparezca más claramente la íntima rela-