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Unidad y Respeto en la Fe

El autor, Óscar López, sostiene que todos los seres humanos están bajo pecado y que la verdadera unidad entre los cristianos se basa en el amor y el respeto mutuo, independientemente de las denominaciones. Se enfatiza que el diálogo y la compasión son esenciales para compartir el evangelio, evitando el ecumenismo superficial y las críticas dañinas. Finalmente, se recuerda que no debemos juzgar a los demás, ya que todos somos igualmente necesitados de la gracia de Dios.

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Unidad y Respeto en la Fe

El autor, Óscar López, sostiene que todos los seres humanos están bajo pecado y que la verdadera unidad entre los cristianos se basa en el amor y el respeto mutuo, independientemente de las denominaciones. Se enfatiza que el diálogo y la compasión son esenciales para compartir el evangelio, evitando el ecumenismo superficial y las críticas dañinas. Finalmente, se recuerda que no debemos juzgar a los demás, ya que todos somos igualmente necesitados de la gracia de Dios.

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¿SOMOS MEJORES QUE ELLOS? …..

«¡De ninguna manera! – responde Pablo – pues ya hemos demostrado que todos, tanto
judíos como griegos, están bajo pecado» (Rom. 3: 9).

Me encanta el estilo dialéctico de Pablo. En la pregunta ya está implícita la respuesta. Los judíos
no son mejores que los gentiles. Y, dicho sea de paso, los adventistas no somos mejores que los
evangélicos o los católicos. De esto último quiero escribir.

Bueno sólo hay uno

Partimos de algo muy básico: Bueno sólo hay uno: Dios. Los seres humanos no nos dividimos
de forma natural en buenos y malos, puesto que ser lo primero es una gracia y ser lo segundo una
condición. La Biblia es clara cuando enseña que sólo los que permanecen en Jesús pueden llegar
a participar de la naturaleza divina, a través de la acción del Espíritu Santo.
El apóstol Juan no se cansa de recordarnos la necesidad que tenemos de persistir en una
relación íntima con Aquel que nos salva de nuestra miserable condición humana. En su evangelio,
escribe de parte del Señor: «Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar
fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí»
(Juan 15: 4). Más tarde, en palabras del propio Jesús oímos: «Permaneced en mi amor» (vers. 9).
¿A quién dirigió Jesús estas palabras? ¿Solo a los adventistas? Permitid que imite a Pablo: ¡De
ninguna manera! Jesús habla a todos aquellos que estén dispuestos a permanecer en su amor, que
es lo que realmente nos convierte en discípulos. Esto incluye a los adventistas que quieran aceptar tal
condición y no solo profesen una religión. Jesús estableció que la razón por la que el mundo
conocerá que somos sus discípulos es si tenemos amor los unos por los otros. (Juan 13: 35).

Ovejas en otros rebaños

A los que miramos al mundo desde una definición teológica y una barrera denominacional, nos
conviene recordar que Jesús dijo: «Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; a ésas
también debo atraer y oirán mi voz, y habrá un rebaño y un pastor» (Juan 10: 16). El apóstol Pablo
amplia este pensamiento cuando escribe a los creyentes de Éfeso: «Yo, pues, preso en el Señor, os
ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados: con toda humildad y
mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, procurando mantener
la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz: un solo cuerpo y un solo Espíritu, como fuisteis
también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un solo Señor, una sola fe, un solo
bautismo, un solo Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos y por todos y en todos» (Efe. 4: 1-6).
¿Qué nos ayudará a vivir esa unidad por la que tanto oró Jesús? ¿Será que solo nos pide que
nos llevemos bien entre nosotros y descuidemos el amor que merecen aquellos que piensan diferente
a nosotros? ¡De ninguna manera!
El mundo creerá en el mensaje del Evangelio cuando los cristianos se amen y cuando
«sean perfectos en unidad« (Juan 17: 23). Por si quedan dudas y, siguiendo con el modelo de Pablo,
pregunto: ¿Estoy hablando de ecumenismo? ¿Que no importa lo que uno cree, que lo importante es
llevarnos bien? ¡De ninguna manera!

Respeto no es ecumenismo

No hablo de ecumenismo, en el sentido de buscar la unidad de los cristianos a cualquier


precio. Porque hay un precio que no conviene pagar: el de traicionar la conciencia iluminada por el
Espíritu. De lo que estoy hablando es de diálogo, respeto, actitud cristiana y finalmente amor
por los que piensan o creen de forma distinta. ¿Cómo podemos compartir el evangelio maravilloso
de Cristo si seguimos empeñados en levantar paredes a nuestro alrededor?
El principio básico es que «Dios no favorece a unas personas más que a otras» (Rom. 2: 11) y,
por lo tanto, hemos de ser conscientes en todo momento que «todos hemos pecado y estamos
destituidos de la gloria de Dios, pero somos justificados gratuitamente por su gracia» (Rom. 3: 23-24).
Dicho esto, uno se pregunta ¿cómo llegaremos a esa unidad de la que habla el Evangelio, si no
somos capaces de llevarnos bien los que vamos a la misma iglesia?, ¿cómo amaremos a los cristianos
sinceros y verdaderos que encontramos en otras denominaciones?

No debemos cercar el camino (E.G.W.)

En el libro Obreros Evangélicos, de Elena White, tenemos un capítulo titulado No debemos


cercar el camino. Los consejos allí escritos son importantísimos en esta era global donde los videos
se viralizan y las opiniones absurdas se difunden sin control. Os comparto lo esencial de dicho capítulo
que os animo a leer con corazones humildes y en profunda actitud de reflexión y oración:
«Que aquellos que escriben para nuestros periódicos no hagan alusiones mordaces que
producirían ciertamente daño, y que obstruirían el camino y nos impedirían hacer la obra que
debemos hacer para alcanzar a todas las clases, inclusive los católicos. Es obra nuestra decir
la verdad con amor… Todas las alusiones mordaces volverán contra nosotros en doble medida
cuando el poder esté en las manos de los que puedan ejercerlo para perjudicarnos.
Una y otra vez me ha sido dado el mensaje de que no debemos decir una palabra, no
debemos publicar una frase, especialmente acerca de personalidades que hayan de incitar a
nuestros enemigos contra nosotros y enardecer sus pasiones. Nuestra obra estará pronto
terminada; y pronto nos sobrecogerá el tiempo de angustia, cual no lo hubo nunca antes y del que
tenemos poca idea.

Representantes de Cristo

El Señor quiere que sus obreros lo representen a Él… La manifestación de un carácter


duro produce siempre daño. Los atributos esenciales para la vida cristiana deben ser aprendidos
diariamente en la escuela de Cristo.
El que es negligente y descuidado al pronunciar o escribir palabras que serán publicadas y
propaladas por el mundo, y profiere expresiones que nunca podrán ser retiradas, se está
descalificando para llevar la responsabilidad de la obra sagrada que incumbe a los discípulos de Cristo
en este tiempo. Los que acostumbran lanzar duras estocadas, están formando hábitos que se
fortalecerán con la repetición, y de los cuales tendrán que arrepentirse. Debemos examinar
cuidadosamente nuestros modales y nuestro espíritu, y ver de qué manera estamos haciendo la obra
que Dios nos ha dado, una obra que entraña el destino de las almas. Descansa sobre nosotros la más
suprema obligación.
Satanás está listo, y … toda palabra imprudente pronunciada por nuestros hermanos será
atesorada por el príncipe de las tinieblas. ¿Cómo osan los seres humanos finitos pronunciar palabras
descuidadas y atrevidas que incitarán a las potestades del infierno contra los santos de Dios, cuando
Miguel el arcángel no se atrevió a maldecir a Satanás, y se contentó con decir: “Jehová te reprenda”?
Nos será imposible evitar las dificultades y los sufrimientos… Pero no porque haya de haber
escándalos, debemos excitar el temperamento natural de los que no aman la verdad, por
palabras imprudentes y por la manifestación de un espíritu desprovisto de bondad.

Con ternura compasiva

La verdad preciosa debe ser presentada con su fuerza natural. Se han de desenmascarar los
errores engañosos que están muy difundidos, y que tienen cautivo al mundo. Se está haciendo todo
esfuerzo posible para entrampar a las almas con sutiles razonamientos, para desviarlas de la verdad
a las fábulas, y prepararlas para ser engañadas por fuertes seducciones. Pero, aunque estas almas
engañadas se aparten de la verdad al error, no les habléis una palabra de censura. Tratad de
mostrarles su peligro, y de revelarles cuán penosa es para Jesucristo su conducta; pero sea
hecho esto con ternura compasiva.
Trabajando de la debida manera, algunas de las almas que están entrampadas por Satanás
podrán ser arrebatadas de su poder. Pero no las inculpemos ni condenemos. El ridiculizar las ideas
de los que están en error, no abrirá sus ojos ciegos, ni los atraerá a la verdad.
Cuando los hombres pierden de vista el ejemplo de Cristo, y no imitan su manera de
enseñar, se engríen, y salen a hacer frente a Satanás con sus propias armas. El enemigo sabe
muy bien cómo volver sus armas contra los que las usan.
Si hubo alguna vez un pueblo que necesitaba andar en humildad delante de Dios, es su iglesia,
sus escogidos en esta generación… No tenemos nada de qué jactarnos. Agraviamos al Señor
Jesucristo por nuestra dureza, por nuestras expresiones hirientes tan contrarias al espíritu de Cristo.

No juzguéis, para que no seáis juzgados

Es cierto que se nos ordena: “Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta,
y anuncia a mi pueblo su rebelión y a la casa de Jacob su pecado” (Isa. 58: 1). Este mensaje debe ser
dado; pero debemos tener cuidado de no herir, lastimar y condenar a los que no tienen la luz
que nosotros tenemos. No debemos perder la línea y lanzar estocadas duras contra los
católicos. Entre los católicos hay muchos que son cristianos muy concienzudos, y que andan
en toda la luz que resplandece sobre ellos; y Dios obrará en favor suyo.
Los que han tenido grandes privilegios y oportunidades, pero que dejaron de mejorar sus
facultades físicas, mentales y morales, y vivieron para agradarse a sí mismos, negándose a llevar su
responsabilidad, están en mayor peligro y condenación delante de Dios que los que yerran en puntos
de doctrina, y sin embargo, tratan de vivir para hacer bien a otros.
No censuremos a los demás; no los condenemos. Si permitimos que consideraciones
egoístas, falsos razonamientos y excusas nos induzcan a un perverso estado de la mente y el
corazón, seremos mucho más culpables que el que peca abiertamente. Necesitamos ser muy
precavidos para no condenar a los que, delante de Dios, son menos culpables que nosotros» (OE,
págs. 342-344).
Termino con las palabras de Jesús: «No juzguéis, para que no seáis juzgados, porque con
el juicio con que juzgáis seréis juzgados, y con la medida con que medís se os medirá» (Mat. 7: 1-2).
Dios nos bendiga.
Autor: Óscar López, presidente de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en España.
Imagen: Photo by Ben White on Unsplash

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