Una hora más.
La observé mientras dormía. Sus mejillas estaban levemente ruborizadas y su pecho
ascendía y descendía levemente conforme respiraba, al igual que su hermoso vientre.
Jamás la había visto tan hermosa como en ese instante.
Tuve el impulso de acariciarle la cara con mi mano, pero me detuve. Estaba demasiado
cansada, y no quería despertarla de su apacible sueño. Así que me dediqué a mirarla
durante las horas, minutos o segundos que permaneció dormida.
Como si se hubiese sentido de repente observada, abrió sus ojos castaños y suspiró.
Le dediqué una sonrisa dulce y me atreví a acariciar su cabello.
Ella volvió a suspirar y trató de levantarse, pero yo se lo impedí.
-Todavía es temprano - le dije. - Puedes dormir una hora más.
Asintió con la cabeza y volvió a cerrar sus ojos.
Hacía meses que no la veía, y su recuerdo todavía seguía en mí.
Ella llevaba en su interior a mi hijo, y era la mujer de mi vida. Por más que