Trabajo de Cívica
III PERIODO
Fuente 1:
Perú 2023
Las fuerzas de seguridad respondieron a las protestas empleando fuerza
excesiva, especialmente en regiones predominantemente indígenas. Aún no se
habían producido reparaciones por el derrame de petróleo de la refinería La
Pampilla. Los defensores de los derechos humanos seguían exponiéndose a
riesgos importantes, y persistía la impunidad por los homicidios. La violencia
sexual y de género, incluida la cometida contra niños, niñas y adolescentes,
seguía estando muy extendida. Las autoridades obstaculizaban el derecho al
aborto en los casos de embarazo infantil. Se aprobó legislación que
menoscababa la igualdad de género. La población LGBTI seguía haciendo
frente a violencia y legislación discriminatoria. Las autoridades denegaron a las
personas venezolanas la protección que les correspondía. Las víctimas de
esterilización forzada seguían sin obtener reparación. Las autoridades
excarcelaron al expresidente Alberto Fujimori haciendo caso omiso de una
sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y socavando la
justicia para las víctimas.
Información general
La crisis social y política que había empezado en diciembre de 2022 prosiguió
en 2023. Las autoridades debilitaron instituciones como el Ministerio Público, el
Tribunal Constitucional, la Defensoría del Pueblo y la Junta Nacional de
Justicia, lo que ponía en peligro los derechos humanos.
Libertad de reunión pacífica
En enero y febrero continuaron las protestas que habían comenzado en
diciembre de 2022 en reacción al cambio de gobierno. Las autoridades
respondieron con fuerza letal y un uso excesivo de fuerza menos letal. La
represión se saldó con la muerte de 50 personas —49 civiles y un policía— y
centenares de personas heridas. Los cuerpos de seguridad emplearon fuerza
ilegítima con un sesgo racista, especialmente contra los pueblos indígenas, y
efectuaron al menos 20 posibles ejecuciones extrajudiciales.1
Las protestas se reanudaron en julio, durante la celebración nacional del Día de
la Independencia. Las fuerzas de seguridad utilizaron gas lacrimógeno y
perdigones de goma de forma desproporcionada, efectuaron posibles
detenciones arbitrarias y hostigaron a periodistas.
En noviembre, en medio de una investigación contra la fiscal general que
desembocó en su suspensión del cargo, ésta presentó una denuncia
constitucional contra la presidenta Dina Boluarte y cuatro exministros por la
muerte de cinco personas en Ayacucho, Cusco, Lima y Puno, así como por las
lesiones sufridas por un hombre en Lima durante las protestas de diciembre y
enero.2 Se reanudó la investigación penal contra varios policías en relación con
la muerte de dos hombres jóvenes y las lesiones infligidas a decenas de
personas que habían participado en las protestas del 14 de noviembre de 2020
contra la presidencia de Manuel Merino.
Continuaba vigente la Ley de Protección Policial, que contravenía las normas
internacionales al eliminar el principio de proporcionalidad en el uso de la
fuerza.
Derecho a un medioambiente saludable
Cuando habían transcurrido dos años del derrame de la refinería La Pampilla,
en el distrito de Ventanilla (provincia de Callao), los pescadores que faenaban
en las proximidades afirmaban que aún no se había completado el registro
formal de personas afectadas. La población perjudicada seguía denunciando
que no había recibido reparación efectiva. Tampoco se habían llevado a cabo
las acciones de recuperación y limpieza necesarias.
Las personas afectadas por la contaminación ambiental en la provincia de
Espinar (departamento de Cusco) y otras partes del país seguían sin recibir
servicios médicos especializados, pese a que una sentencia judicial de 2020
obligaba al sistema de salud a proporcionar ese tipo de atención en la provincia
y a aplicar un plan de intervención intersectorial con asignación presupuestaria
en varias regiones del país.
Defensores y defensoras de los derechos humanos
Se tuvo noticia del homicidio de cuatro defensores de los derechos humanos:
Cristino Melchor Flores, defensor del derecho a la tierra del departamento de
Piura; Santiago Contoricón, líder indígena de los derechos humanos de etnia
asháninka del departamento de Junín; Quinto Inuma, líder indígena kichwa del
departamento de San Martín al que se habían concedido medidas de
protección en 2021, y Benjamín Flores, miembro de la comunidad indígena
Kakataibo. Persistía la impunidad por la mayoría de los homicidios de personas
defensoras, como el del ambientalista Roberto Pacheco, perpetrado en 2020
en el departamento de Madre de Dios.
El Ministerio del Interior seguía careciendo de un protocolo para proteger a
quienes defendían los derechos humanos como parte del Mecanismo
Intersectorial para la Protección de Personas Defensoras de Derechos
Humanos.
Violencia sexual y de género
El Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables registró 142.182 casos de
violencia contra mujeres, niñas y adolescentes durante el año, cifra que
representaba un aumento del 7% con respecto a 2022. Un total de 28.991 eran
casos de violencia sexual, de los cuales el 50% afectaban a adolescentes de
entre 12 y 17 años. En ese mismo periodo, el Ministerio registró 11.944 casos
de violación —de los cuales, 7.757 (el 66%) correspondían a niños, niñas y
adolescentes—, pero sólo se repartieron 2.922 kits de atención posterior a la
violación; asimismo se cometieron 170 feminicidios —lo que suponía un
incremento del 16% con respecto al mismo periodo en 2022— y 258 tentativas
de feminicidio.
Según el Ministerio del Interior, se denunció la desaparición de 10.817 mujeres
y niñas, que representaban el 59% del total de personas desaparecidas. Pese
a que sólo el 50% de esas mujeres y niñas habían aparecido, no se implantó
un sistema especializado de búsqueda con perspectiva de género.
Derechos sexuales y reproductivos
En junio, el Comité de los Derechos del Niño, de la ONU, determinó que Perú
había incumplido la obligación que tenía de proteger a Camila, niña indígena de
13 años a la que se había negado el acceso al aborto. El dictamen obligaba al
Estado peruano a proporcionar acceso al aborto en todos los casos de
embarazo infantil. Diversas organizaciones denunciaron al menos 5 casos de
niñas menores de 15 años embarazadas a las que se había negado el acceso
al aborto en los departamentos de Loreto, Cajamarca y Cusco. Según el
Ministerio de Salud, en 2023 hubo 1.354 partos de niñas y adolescentes
menores de 15 años, de los que 4 correspondían a niñas menores de 11.
Derechos de las personas refugiadas y migrantes
Más de un millón y medio de personas venezolanas que vivían en Perú y
necesitaban protección encontraban impedimentos para solicitar asilo. En julio,
el 98% de las solicitudes de reconocimiento de la condición de refugiado
seguían pendientes. Los visados que se otorgaban no cumplían las
condiciones básicas, como la protección frente a la devolución o el acceso a los
servicios de salud.3 Se negó el derecho a trabajar a miles de personas
venezolanas porque el funcionariado no reconocía su situación ni los derechos
que les correspondían. Las mujeres de esta nacionalidad corrían especial
peligro, y muchas de las que habían sufrido violencia de género no acudían a
los centros de protección por temor, desconfianza o desinformación.
Las autoridades y los medios de comunicación fomentaron el discurso de
xenofobia y estigmatización contra las personas venezolanas.
El 10 de noviembre, cuando finalizaba el plazo oficial para que la población
extranjera regularizara su situación migratoria, las autoridades anunciaron que
expulsarían a todas las personas que no estuvieran en situación migratoria
regular, con lo que miles de ellas quedaron sin protección dentro y fuera del
país.
Derecho a verdad, justicia y reparación
Se devolvieron a las familias, al cabo de 31 años, los restos mortales de Dora
Oyague, Marcelino Rosales, Bertila Lozano, Felipe Flores Chipana y Armando
Amaro Cóndor, que formaban parte del grupo de 10 personas de la Universidad
La Cantuta sometidas a desaparición forzada, torturadas y asesinadas en
1992.
La Corte Interamericana de Derechos Humanos examinó por primera vez un
caso relacionado con la política de esterilización forzada de la década de 1990:
el de Celia Ramos. En noviembre, la Corte Suprema confirmó una sentencia de
2022 que ordenaba reparar a las víctimas. En diciembre, no obstante, la Sala
Penal de la Corte Suprema anuló la apertura de la investigación judicial contra
el expresidente Alberto Fujimori y otras autoridades en relación con esa
política.
También en diciembre, el Tribunal Constitucional ordenó la puesta en libertad
de Alberto Fujimori, decisión que vulneraba los derechos de las víctimas de
graves violaciones de derechos humanos de las que el expresidente había sido
declarado responsable y hacía caso omiso de las órdenes de la Corte
Interamericana de Derechos Humanos que prohibían su excarcelación.
Cuando habían transcurrido 20 años de la entrega del informe final de la
Comisión de la Verdad y Reconciliación de 2003, muchas de las
recomendaciones no se habían aplicado, y 19.000 personas seguían
desaparecidas como consecuencia del conflicto armado interno.
Fuente 2:
Dos informes en torno a la situación de los derechos humanos en el Perú han
sido publicados durante la última semana y ambos dan una imagen de cuánto y
cómo hemos retrocedido en dicha materia.
El primero fue elaborado por el Departamento de Estado de los Estados
Unidos y da cuenta de “asesinatos arbitrarios cometidos por las fuerzas de
seguridad; torturas o tratos o penas crueles, inhumanas o degradantes por
parte de las fuerzas de seguridad; graves restricciones a la libertad de
expresión y a la libertad de los medios de comunicación, incluida la violencia o
amenazas de violencia contra periodistas; grave corrupción gubernamental; y
violencia de género, incluida la violencia doméstica, la violencia sexual y el
feminicidio”.
Algunos hechos que resalta dicho reporte son la muerte de 49 personas
durante las protestas sociales de los primeros meses del 2023; el hacinamiento
en las prisiones; el asesinato de líderes y defensores medioambientales; las
193 detenciones arbitrarias realizadas en la Universidad Nacional Mayor de
San Marcos; los ataques a la prensa registrados por organizaciones nacionales
e internacionales; y el alto índice de denuncias por corrupción gubernamental,
además de otros casos.
El segundo, elaborado por Amnistía Internacional, coincide en gran medida con
lo planteado por el Departamento de Estado de EE.UU. y añade “que en un
contexto de crisis social y política, las autoridades debilitaron instituciones
públicas, como la Junta Nacional de Justicia, el Tribunal Constitucional, la
Defensoría del Pueblo y el Ministerio Público, lo cual ha puesto en peligro el
acceso de toda la población a la justicia y al ejercicio de sus derechos
humanos”. Este informe destaca como evidentes violaciones a los derechos
humanos casos como los de la liberación de Alberto Fujimori, que ha sentado
un peligroso precedente contrario al acceso de las víctimas a la justicia; los
alarmantes niveles de violencia contra las mujeres y niñas; el retroceso en las
políticas para promover la igualdad de género y se debilitaron los derechos
sexuales y reproductivos de las mujeres: la impunidad y el crecimiento de
discursos antiderechos que refuerzan la violencia y discriminación que enfrenta
la comunidad LGTBIQ+; entre otros.
Sonia Paredes, directora de Campañas e Incidencia de Amnistía Internacional
Perú, considera que la defensa de los derechos humanos en el Perú se ha
convertido en una batalla contra la impunidad y por la memoria, al referirse a
casos entrampados en la investigación judicial que dejan a las víctimas directas
y a la ciudadanía en general una percepción de ausencia de justicia.
Sobre la liberación de Alberto Fujimori, Paredes enfatizó que es necesario tener
presente que el estar libre no lo hace inocente. “A pesar de estar en libertad,
sigue siendo un condenado por crímenes de lesa humanidad, y eso es algo
que debemos tener presente. A él se le declaró culpable, y lo que le
corresponde a la sociedad civil es defender la memoria de lo que sucedió y de
los delitos que cometió Alberto Fujimori”, dijo.
La representante de Amnistía Internacional también considera importante
destacar el problema que supone los retrocesos en cuanto a inclusión e
igualdad de género, pues esto supone un alto riesgo en la defensa de los
derechos humanos de las mujeres, sobre todo de las niñas y adolescentes.
“Que el aborto terapéutico se convierta en una odisea, especialmente para las
niñas y adolescentes, es una clara muestra de la poca preocupación política
por su salud y por el desarrollo de su proyecto de vida. Que se haya aprobado
que la educación sexual sea optativa y que se haya dejado sin efecto el
lenguaje inclusivo son acciones que suponen un retroceso de muchos años en
materia de igualdad de género. Lo que estamos haciendo es crear las
condiciones no solo para que se valide la subordinación de las mujeres, sino
también para que la violencia y la exclusión contra ellas siga aumentando”,
advirtió.
Ambos informes coinciden en que la impunidad sigue avanzando y en que las
instituciones gubernamentales no hacen lo suficiente para detenerla. Al
contrario, dentro de ellas se multiplica la corrupción y, junto con ello, la
búsqueda de eludir todo tipo de sanción. Corresponde a la sociedad civil
trabajar por mantener vivas la verdad y la memoria.