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01 BasileaII Transposicion

El documento analiza el Nuevo Acuerdo de Capital 'Basilea II', que reemplaza al anterior acuerdo de 1988, y su transposición en la Unión Europea, destacando su enfoque en la mejora de la gestión de riesgos en las entidades de crédito. Basilea II introduce tres pilares: requisitos mínimos de capital, revisión supervisora y disciplina de mercado, promoviendo una regulación más adaptada a las prácticas bancarias modernas. Además, se discuten los desafíos y el proceso de implementación del acuerdo, así como la importancia de la colaboración entre supervisores y la industria bancaria.

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01 BasileaII Transposicion

El documento analiza el Nuevo Acuerdo de Capital 'Basilea II', que reemplaza al anterior acuerdo de 1988, y su transposición en la Unión Europea, destacando su enfoque en la mejora de la gestión de riesgos en las entidades de crédito. Basilea II introduce tres pilares: requisitos mínimos de capital, revisión supervisora y disciplina de mercado, promoviendo una regulación más adaptada a las prácticas bancarias modernas. Además, se discuten los desafíos y el proceso de implementación del acuerdo, así como la importancia de la colaboración entre supervisores y la industria bancaria.

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EL NUEVO ACUERDO DE CAPITAL «BASILEA II» Y SU TRANSPOSICIÓN EUROPEA:

EL PROCESO Y LA IMPLEMENTACIÓN

Cristina Iglesias-Sarria (*)

Fernando Vargas (*)

«Todo cambio tiene un impacto psicológico considerable sobre la mente humana.


Para el asustadizo supone una amenaza porque las cosas pueden empeorar. Para el
optimista es esperanzador porque pueden mejorar. Para el sensato es inspirador
porque ofrece el desafío de mejorarlas», King Whitney Jr.

(*) Cristina Iglesias-Sarria y Fernando Vargas pertenecen a la Dirección General de Regulación del Banco de España. Los
autores agradecen sus valiosos comentarios a Asunción Alonso, Jesús Ibáñez y Rafael Repullo, así como su estimable
colaboración a Begoña Griñán.

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El Nuevo Acuerdo de Capital «Basilea II» y su transposición europea: el proceso
y la implementación

Tras más de cinco años de intenso trabajo, el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea ha
aprobado el texto para un Nuevo Acuerdo de Capital (conocido como «Basilea II»), que susti-
tuirá al actual Acuerdo de 1988. En la Unión Europea este texto dará lugar a una nueva direc-
tiva de adecuación de capital de las entidades de crédito y empresas de inversión, que, a su
vez, se transpondrá a las normativas nacionales para su entrada en vigor a partir de diciembre
de 2006.

Basilea II introduce nuevos elementos en la regulación del capital, la acerca a las mejores
prácticas bancarias y, principalmente, es mucho más que una mera exigencia de capital: su
objetivo fundamental es servir de estímulo para la mejora de la gestión de los riesgos de las
entidades de crédito, como una forma de garantizar la estabilidad de los sistemas financieros
y, en consecuencia, de los sistemas económicos.

El propósito de los autores al escribir este artículo no es realizar una descripción de la nueva
normativa desde un punto de vista estático, sino dinámico, describiendo el largo proceso
seguido para desarrollarla y las dificultades para su implementación, con los instrumentos
diseñados para afrontarlas. Y todo ello desde la doble perspectiva de los trabajos realizados
en el ámbito internacional, de Basilea, y en el ámbito europeo, de la Comisión Europea.

La descripción del proceso ya pasado y de los retos que se esperan para el futuro no solo es
ilustrativa para entender de una manera más completa y dinámica la nueva normativa, sino
que se enmarca dentro de la filosofía general de la misma: Basilea II es un marco evolutivo, que
irá acogiendo las nuevas prácticas bancarias a medida que estas se consoliden y sean asu-
mibles para la regulación prudencial.

1 Introducción «Solo cabe progresar cuando se piensa en grande, solo es posible avanzar cuando se
mira lejos», José Ortega y Gasset.

Como es bien conocido, el 26 de junio de 2004 los gobernadores de Bancos Centrales y los
jefes de los Organismos de Supervisión de los países que conforman el Comité de Supervisión
Bancaria de Basilea1 (BCBS en sus siglas en inglés; el Comité en este artículo) aprobaron el
«Marco revisado para la convergencia internacional de las medidas y normas de capital», más
conocido como «Basilea II»2. Este marco es la culminación de más de cinco años de trabajo
marcados por un continuo diálogo entre este Comité y la banca, los organismos no represen-
tados en él, los estamentos académicos y otras partes interesadas.

Una de las funciones de las autoridades públicas es salvaguardar la estabilidad financiera,


necesaria para la estabilidad económica general, y por ello las entidades financieras están
sometidas a mayores controles prudenciales y vigilancia que otro tipo de entidades. En este
contexto, la exigencia de que los bancos tengan un nivel de capital acorde con sus riesgos es
una regla prudencial fundamental, pues el capital constituye la última línea de defensa ante
pérdidas inesperadas de las entidades.

1. Formado por representantes de Alemania, Canadá, Bélgica, España, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Luxem-
burgo, Países Bajos, Reino Unido, Suecia y Suiza. 2. Véase BCBS (2004d). Todos los documentos del BCBS citados
en este artículo están disponibles en la página de internet del Banco de Pagos Internacionales: www.bis.org. Nótese que
el texto del Acuerdo está traducido al castellano.

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Además, la necesidad de que entidades de distintos países que compiten en los mismos
mercados estén sometidas a normas semejantes llevó al Comité, ya en 1988, a elaborar el
primer marco internacional de adecuación de capital, hoy llamado «Basilea I». Dicho marco,
que se extendió mucho más allá de los países del G-10, ha resultado de extrema utilidad para
asegurar unos niveles de capital mínimos en las entidades bancarias a nivel internacional y
facilitar la comparación entre las mismas, y sigue siendo una referencia para determinados
países y entidades3.

Todo marco de adecuación de capital debe contestar dos preguntas: ¿cómo medir los ries-
gos? y ¿cuánto capital se precisa para cubrirlos?

Basilea I dio respuestas simples y adecuadas al momento. El riesgo de crédito lo pondera en


relación con el sector institucional del acreditado, sin apenas más matizaciones: las empresas
no financieras suponen mayor riesgo que las entidades financieras sometidas a una estricta
regulación de su solvencia, y estas, a su vez, mayor riesgo que los Estados; todas las empre-
sas no financieras privadas tienen igual riesgo4. El capital exigido es igual al 8% de los riesgos
ponderados tras aplicar estas reglas simples.

Sin embargo, transcurridos diez años, Basilea I no se adaptaba bien a la gestión y medición
de los riesgos de la banca, que comenzaba a introducir procedimientos y sistemas más sofis-
ticados, ni a la evolución de la actividad financiera.

Hacía falta una revisión del marco de 1988. Esta revisión es la que aborda Basilea II, aproxi-
mando la medición de riesgos del supervisor a la forma de medir los riesgos de las entidades
—aunque manteniendo el convencional 8% de los riesgos ponderados como exigencia de
capital—, reconociendo que el tratamiento de la solvencia bancaria debe consistir en algo
más que en la simple fijación de unas ratios mínimas y estimulando el desarrollo de procedi-
mientos internos adecuados de gestión de riesgos.

Como es bien sabido, Basilea II consta de tres Pilares que se refuerzan mutuamente: (1) la
exigencia de un capital mínimo, es decir, Basilea I modificado sensiblemente y añadida la co-
bertura del riesgo operacional; (2) la revisión supervisora, que incluye un diálogo entre super-
visor y entidad acerca de las necesidades de capital que la propia entidad ha estimado tras un
análisis de su perfil de riesgos; y (3) la información que la entidad debe suministrar al mercado
para que este ejerza su disciplina.

Cada uno de estos Pilares representa un enfoque de política supervisora: el primer pilar pone
énfasis en la adopción de reglas uniformes; el segundo se basa en una supervisión más per-
sonalizada y discrecional; y el tercero responde al efecto disciplinario que ejerce el escrutinio
del mercado. Se puede argumentar, basándose en la teoría de la elección de carteras, que el
resultado óptimo se alcanza combinando los tres enfoques, que esa combinación es mejor
que el uso de cada uno individualmente, y que permite alcanzar una especie de «frontera de
eficiencia» de la supervisión5.

3. Es bien conocido el poder «moral» que tienen los documentos emitidos por el Comité de Basilea, pese a tener carác-
ter de guías o recomendaciones. Este poder deriva del reconocimiento de su alta calidad técnica y de su método de
trabajo, en el que la consulta con la propia industria es un elemento esencial. Para que estas guías adquieran fuerza legal
en los distintos países deben ser recogidas en los respectivos cuerpos legislativos. En el caso de los países de la UE, el
proceso legislativo tiene dos etapas: en primer lugar, la elaboración de una directiva comunitaria y, en segundo lugar, la
transposición de esta directiva a las normativas nacionales. En España las normas de Basilea I se encuentran compila-
das en la Circular del Banco de España CBE 5/1993. 4. No así los Estados y entidades bancarias, en los que distingue
entre los de países de la OCDE y no-OCDE (con independencia de su calidad crediticia), circunstancia que genera cier-
ta controversia. 5. Véase Caruana (2003). Los discursos citados en este artículo también se encuentran en
www.bis.org.

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Para la medición de los riesgos del Pilar 1, Basilea II proporciona un menú de métodos que van
desde los más simples a los más sofisticados. Estos últimos se basan en los cálculos internos
de las entidades y constituyen una aportación fundamental del nuevo marco. Las propias en-
tidades, tras cumplir unos requisitos mínimos, calculan las variables relevantes para medir las
pérdidas de su negocio que deben cubrirse con capital y provisiones. En términos medios, los
enfoques más avanzados implican menores exigencias de capital que aquellos más simples.

Esto último, junto con la interacción con los otros dos Pilares, hace que Basilea II sea mucho
más que una exigencia de capital: es también un instrumento que incentiva el desarrollo de
mejores sistemas de medición y control de riesgos. Así, al promover una adecuada capitaliza-
ción de los bancos e incentivar mejoras en la gestión del riesgo, Basilea II tendrá un impacto
positivo sobre la estabilidad financiera. Un banco adecuadamente capitalizado y bien gestio-
nado será más estable y más capaz de hacer frente a situaciones adversas.

Pues bien, el documento publicado en junio es largo (239 páginas), complejo y detallado.
Como se comentará posteriormente, esta complejidad responde necesariamente a la com-
plejidad de lo regulado y a lo ambicioso de sus objetivos, y se observa especialmente en lo
que se refiere a su primer Pilar.

Por otra parte, la flexibilidad del marco y la importancia de los elementos cualitativos en sus
dos primeros Pilares hacen más complicada su implementación, tanto en el ámbito doméstico
como en el internacional. Esto va a implicar, entre otras cosas, unas mayores necesidades de
recursos supervisores y una mayor variedad de perfiles profesionales entre los mismos para
llevar a cabo las diversas tareas; pero es la potencial aplicación desigual del Acuerdo entre los
distintos países lo que más preocupa a la industria y a los propios supervisores.

En relación con esta mayor dificultad de implementación, cabe señalar que, tanto en el
desarrollo del documento de Basilea II, como en el diálogo con las entidades, la atención se
había centrado, básicamente, en el desarrollo del Pilar 1. Las cuestiones relativas a la imple-
mentación, en general, y al Pilar 2, en particular, han recibido relativamente poca atención de
la industria bancaria hasta fechas más recientes, cuando ya se vislumbraba el final del proce-
so. Esto no significa que los supervisores no hubieran abordado estas cuestiones internamen-
te, sobre todo en Europa, como se verá posteriormente.

El proceso de elaboración del nuevo marco de capital ha sido extremadamente laborioso,


pero enriquecedor y apasionante para todos los participantes en el mismo; y promete seguir
siéndolo, pues ahora es cuando nos enfrentamos a su implementación. El marco aprobado
está a disposición de los interesados, y la descripción de su contenido, fundamentos teóricos,
etc., ha sido objeto de numerosos artículos en revistas económicas (entre ellas, esta misma)
y de monográficos en publicaciones de agentes especializados.

Por ello, el propósito de los autores al escribir este artículo no es realizar una descripción
del marco que ha sido acordado en Basilea desde un punto de vista estático (sus elementos
principales se presentan en el esquema 1), sino describir el largo proceso seguido para
desarrollarlo, los problemas y dificultades encontrados en el camino, la intensa comunica-
ción entre supervisores e industria bancaria, los complejos estudios de impacto realizados,
etc. Conocer este proceso es ilustrativo para entender el nuevo marco de una manera más
amplia y dinámica. Asimismo, con una perspectiva más de futuro, se describen los proble-
mas y dificultades para su implementación, los trabajos que se han llevado (y se están lle-
vando) a cabo y los instrumentos que se están estableciendo para afrontar dichas dificulta-
des.

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BASILEA II: ESTRUCTURA BÁSICA ESQUEMA 1

Tres Pilares

Requerimientos mínimos Revisión supervisora Disciplina de


de capital (Pilar 1) (Pilar 2) mercado
(Pilar 3)

Activos ponderados Definición de capital


por riesgo (= Basilea I)

Riesgo de crédito Riesgo de mercado Riesgo operacional


(= Basilea I)

Método Métodos Indicador Método Método


estándar (SA) avanzados básico (BIA) estándar avanzado
(IRB) (AMA)

Para ello, se va describir lo ocurrido en el ámbito de Basilea y de la UE. Como se verá, la


participación de la UE en el proceso ha sido muy relevante y, en la implementación, ha ido por
delante de Basilea en algunas cuestiones.

La sección 2 presenta un resumen esquemático de la evolución de los trabajos en el marco


del Comité de Basilea, desde la primera consulta de junio de 1999 al texto acordado en junio
de 2004, pasando por el importante «Consenso de Madrid». En la sección 3 se describe el
proceso paralelo de la Unión Europea para el desarrollo de la directiva, destacando el éxito
que supone la existencia de una propuesta de directiva de adecuación de capital de forma
prácticamente simultánea a la publicación del nuevo marco por el Comité, y se señalan algu-
nas de las particularidades importantes de la directiva que le dan un tinte europeo, siendo
especialmente relevante la articulación de algunas disposiciones para afrontar las cuestiones
de implementación.

A continuación, en la sección 4, se describen los principales retos de la implementación, así


como los trabajos realizados para afrontarlos en el ámbito de Basilea y de la UE. Cabe señalar
que, dado el carácter no formal de las recomendaciones de Basilea, en el ámbito internacional
estas dificultades solo se pueden afrontar con guías y principios de alto nivel emitidos por el
Comité, así como con el interés y buena disposición de las entidades y autoridades bancarias.
En la UE, la existencia de una normativa común y de una estructura formal de comités para la
elaboración de la regulación y para la comunicación entre los supervisores permite afrontar
algunas de estas cuestiones de implementación en la propia normativa legal (a través de la
figura del «supervisor en base consolidada» y las disposiciones sobre intercambio de informa-
ción, por ejemplo) y favorece el clima de confianza necesario para alcanzar esa «buena dispo-
sición» mencionada anteriormente.

Finalmente, en la sección 5 se hace una valoración del nuevo marco. En particular, se ana-
lizan los fundamentos de las críticas más repetidas que se vierten sobre el mismo (su
complejidad, sus potenciales efectos sobre el comportamiento de las entidades y ciertos
sectores o mercados), y las dificultades de su implementación en los grupos internaciona-
les.

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2 El proceso de «Todo debe hacerse de la manera más simple posible, pero no más simple», Albert
elaboración de Basilea II: Einstein.
Un poco de historia
Basilea II se publica tras un largo itinerario de gestación (1998-2004), un intenso proceso de
consulta y una continua interacción con la industria. Los hitos fundamentales de este desarro-
llo han sido los documentos consultivos. El primero de ellos constaba de solo 61 páginas; el
segundo superó las 500.

A continuación se describen, en forma esquemática, los elementos esenciales de cada uno


de los hitos del proceso, cómo se han ido resolviendo críticas o cuestiones problemáticas y
completando el marco, y cuál es el trabajo futuro previsto por el Comité.

2.1 DEL CP1 AL CP3 Este primer documento presenta el proyecto, explica las razones de la revisión y sus objeti-
vos6.
2.1.1 El CP1 (junio de 1999-
marzo de 2000) – Introduce la filosofía de los tres Pilares.

– Hace un desarrollo casi completo del capítulo sobre «ámbito de aplicación».

– Presenta un método estándar (SA) —heredero directo de Basilea I— muy perfilado.

– Solo prevé, pero no desarrolla, un (único) método basado en las calificaciones in-
ternas de las entidades (IRB): un IRB avanzado para los bancos muy sofisticados.
Se manifiesta de forma taxativa que no se aceptarán modelos completos de me-
dición del riesgo de crédito en esta revisión.

– Se apunta que se tratarán otros riesgos que deben cubrirse con capital en el Pi-
lar 1: el riesgo de interés (que posteriormente pasará al Pilar 2) y el riesgo opera-
cional.

– Establece los cuatro principios del Pilar 2.

– Establece que las entidades deben informar al mercado, al menos anualmente,


sobre: estructura del capital, exposición al riesgo y adecuación de su capital.

Este primer documento recibe una respuesta positiva de las partes interesadas a las líneas
generales descritas. No obstante, su falta de concreción impide una reacción detallada, al
contrario de lo que sucederá en los siguientes procesos consultivos, y no solo por el mayor
detalle de sus documentos, sino, también, por la dinámica creciente de consultas y respuesta
que se inicia entre el Comité y dichas partes interesadas.

En este sentido es importante señalar que, a lo largo del proceso, todas las partes involu-
cradas (autoridades supervisoras, entidades, asociaciones) han aprendido y desarrollado
mecanismos de consulta y respuesta, incluyendo la constitución de grupos de trabajo pa-
ralelos a los de Basilea en las asociaciones y agrupaciones bancarias internacionales y na-
cionales.

6. Estos objetivos se han explicado en la introducción a este artículo. El objetivo cuantitativo es que, para el conjunto del
sistema, no aumenten los requerimientos de capital para las entidades que adopten el método estándar, y que se reduz-
can para las entidades que elijan métodos internos, como forma de estimular a las entidades a adoptar sistemas de
gestión más sofisticados.

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2.1.2 El CP2 (enero de 2001- El Comité dedicó generosos esfuerzos al desarrollo de Basilea II durante el año y medio largo
mayo de 2001) que media entre la publicación de ambos documentos, que resultaron en un largo documen-
to de 506 páginas en conjunto —aunque fue mucho menos generoso con el plazo de consul-
ta dado.

En efecto, el CP2 fue fundamental, y es la base del documento actual:

– Completa el método estándar.

– Desarrolla el enfoque IRB, siendo lo más relevante:

• Se establecen dos métodos IRB: uno básico (FIRB; a petición de UE) y uno
avanzado (AIRB) para las entidades más sofisticadas.
• Se determinan los parámetros de las dos distintas curvas (empresas y retail): la
denominada «calibración»7.
En este sentido es muy importante señalar que esta calibración fue fruto de un
compromiso, contrario al fundamento teórico del esquema, con el objeto de
asegurar que las pérdidas esperadas estén cubiertas. En efecto, la calibración
se hizo de forma que la suma del capital y las provisiones cubran la suma de
pérdidas esperadas (EL) y las pérdidas no esperadas (UL), con unos límites al
uso «cruzado» de provisiones, y distinguiendo entre específicas y genéricas.
Esta decisión se replantearía posteriormente (véase sección 2.2).

– Se fijan las líneas maestras del nuevo esquema de reconocimiento de las técnicas
de mitigación del riesgo de crédito (CRM), también con un marcado carácter evo-
lutivo, basado en la definición de instrumentos elegibles, el establecimiento de
unos requerimientos operativos y de un método para el cálculo de su efecto reduc-
tor en los requerimientos. La libertad para aceptar técnicas como elegibles a efec-
tos de CRM, así como para calcular su efecto, es casi total para el método avan-
zado; sin embargo, no se reconoce el efecto del llamado «doble impago», esto es,
de la menor probabilidad de que se produzca conjuntamente el impago del obliga-
do directo y del garante.

– Se hace un primer desarrollo, incompleto, del tratamiento de la titulización.

– Se establecen tres métodos para la medición del riesgo operacional y sus requeri-
mientos de capital: el método basado en un único indicador básico (BIA), el méto-
do estándar (SA), que distingue entre líneas de negocio, y los métodos internos
para entidades avanzadas (AMA), que quedan sin perfilar. El indicador elegido para
los dos primeros métodos son los ingresos brutos. Se realiza una calibración ba-
sada en la estimación de que el riesgo operacional constituye el 20% del capital
económico de una entidad.

– Se desarrollan los cuatro principios del Pilar 2 definidos en el CP1, cambiando


significativamente el orden: el primer principio es que las entidades deben tener un
proceso para valorar la adecuación de su capital.

7. En realidad la curva que se calibró fue la de empresas, pues no se tenía información sobre retail. Como primera
aproximación para trazar la curva de retail, se estableció que, para una misma PD, los requerimientos de capital por
retail eran la mitad de los que correspondían a la curva de empresas.

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– Con la incorporación del riesgo de interés al Pilar 2 se abre el capítulo de lo que se
ha venido a llamar en ocasiones el «Pilar 1,5», esto es, aquellos riesgos específica-
mente identificados en el Pilar 2, que las entidades deben tener en cuenta, pero
sobre los que no se establece un sistema concreto de medición y cobertura.

– Se desarrolla el Pilar 3, incorporando numerosas exigencias de información que las


entidades deben dar al mercado, y distinguiendo entre requerimientos y recomen-
daciones y entre información básica e información adicional.

No obstante, quedan algunas partes sin completar o perfilar, como el tratamiento de la carte-
ra de acciones, los préstamos especializados o financiación estructurada, y, en particular, la
titulización.

La respuesta al proceso de consulta es bastante crítica8. Las críticas más importantes fue-
ron:

1. La calibración del CP2 da lugar a requerimientos excesivos de capital, en particular en el


caso del riesgo operacional, y no proporciona incentivos para utilizar los métodos avanza-
dos de medición del riesgo de crédito, ya que los requerimientos del IRB son superiores
a los del SA9.

2. El tratamiento de las PYME no es adecuado, pues no se tiene en cuenta la mayor granu-


laridad (diversificación) de esta cartera, y los requerimientos de capital asociados a esta
operativa hacen temer que se les va a perjudicar.

3. La excesiva prociclicidad del Acuerdo, subrayando lo de «excesiva», ya que, por cons-


trucción, los requerimientos de capital serán procíclicos.

4. El excesivo detalle que incorpora el Pilar 3 al ir más allá de lo que tradicionalmente infor-
man públicamente los bancos, y su falta de sintonía con las informaciones requeridas
desde la legislación contable. Los bancos temen, además, que este Pilar les obligue a
revelar información confidencial.

Otras críticas son de carácter general e irresolubles de forma definitiva y se relacionan con
diversos equilibrios (o trade-offs) contenidos en el Acuerdo: complejidad frente a sensibilidad
al riesgo; prudencia frente a conservadurismo; flexibilidad y versatilidad frente a consistencia
en la aplicación; y consistencia entre los propios Pilares, entre otros. Además, se manifiesta el
temor a una aplicación desigual entre países debido a la existencia de distintas opciones su-
jetas a la discreción nacional y a la importancia de los elementos cualitativos para la certifica-
ción de modelos en el Pilar 1 y para la aplicación del Pilar 2.

2.1.3 El CP3 (abril de 2003- Es la primera versión del documento completo. El largo período que media entre el CP2 y esta
10
julio de 2003) nueva consulta se debe al tiempo dedicado a llevar a cabo el tercer estudio de impacto (QIS3),

8. Véase C. Iglesias-Sarria y F. Vargas (2002). 9. Es importante mencionar que a lo largo del proceso el Comité ha
realizado varios estudios cuantitativos de impacto (llamados QIS), para contrastar la bondad de los parámetros utilizados
en la calibración. El QIS2 se realizó después del CP2 y puso de manifiesto que la calibración no cumplía los objetivos. El
QIS3 se llevó a cabo antes de emitir el CP3, pues el Comité quería evitar errores en la calibración en el último documen-
to de consulta; este ejercicio fue muy completo, con una prolija información que sirvió posteriormente para realizar los
análisis derivados del cambio de enfoque que se decidió en la reunión de Madrid. Tras la publicación del texto, en junio,
se prevé que los países que lo estimen oportuno realicen un ejercicio QIS4, con carácter voluntario y con un papel dife-
rente por parte del Comité. 10. Para un análisis completo del CP3 y los resultados del QIS3, véanse Field (2003),
Saurina (2003) y Lozano (2003).

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iniciado en octubre de 2002. Así, la propuesta presentada en el CP3 estaba contrastada y
perfilada por los resultados de ese estudio de impacto.

Sus aportaciones más significativas son:

– Se corrigen los dos defectos generales de calibración identificados en el CP2 (es-


tructura de incentivos perversa; excesiva carga del riesgo operacional);

– Se aborda específicamente el tratamiento de las PYME, algunas de las cuales


podrán incluirse como actividad de retail y otras como empresa. Para aquellas que
se tratan como empresas se hacen dos ajustes en la curva de IRB: 1) un cambio
en los supuestos de correlaciones, que afecta a toda la curva con carácter gene-
ral, aplanándola, y 2) un ajuste específico por tamaño para las PYME.

– Además de lo anterior, se introducen numerosos cambios que reducen los reque-


rimientos de capital en los dos enfoques de medición del riesgo de crédito. Los
cambios más destacables son:

• En el SA: menores ponderaciones de los créditos hipotecarios y de retail.

• En el IRB: se desglosa la curva de retail en tres: 1) hipotecario; 2) otro retail, y


3) las tarjetas de crédito (crédito revolving). En esta última se acepta el margen
de ingresos futuros (future margin income, FMI) para cubrir la parte que corres-
ponda a las EL.

– Se completa el marco:

Cabe mencionar especialmente la parte de titulización, dada su gran complejidad


y novedad. Se desarrolla el tratamiento para las entidades como originadoras y/o
como «inversoras» (en sentido amplio: por ejemplo, concesión de una línea de li-
quidez). Se contempla tanto el caso de las titulizaciones tradicionales como sinté-
ticas. Existen dos enfoques: el estándar y el IRB, compuesto, a su vez, de diversas
metodologías (dependiendo de la existencia o no de calificaciones externas y del
tipo de operación).

– En el riesgo operacional se desarrollan los criterios para la adopción del AMA, y se


incorpora un «método estándar alternativo» (ASA), en el que el indicador para dos
de las líneas de negocio (retail y banca comercial) será el volumen de actividad en
lugar de los ingresos brutos11.

– Se incorporan nuevos elementos, que habían resultado difíciles de objetivizar en el


Pilar 1, al capítulo de riesgos específicos que deben tratarse en el Pilar 2: riesgo
residual en CRM, riesgo de concentración, riesgos implícitos en titulización y prue-
bas de estrés, entre otros.

– Se reducen considerablemente los requisitos de información exigidos en el Pilar 3,


atendiendo las peticiones de la industria, pero se confirma su carácter obligatorio.

11. Este es uno de los cambios que se realizaron como resultado de la información obtenida en el QIS3. Se detectó que,
al utilizar los ingresos como indicador, se producía un doble cómputo del riesgo, por riesgo de crédito y por riesgo ope-
racional, en aquellas actividades (o sistemas financieros) en que se opera con elevados márgenes.

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La respuesta es, en general, muy positiva. En particular, el nuevo tratamiento de las PYME y
eI aplanamiento de la curva de empresas (que se realizó en una fecha muy temprana después
del CP2) habían sido muy bien recibidos; además, esto último suavizaba el problema de ex-
ceso de prociclidad.

Sin embargo, se reciben algunas críticas concretas de peso, como se verá en el siguiente
epígrafe. Por otra parte, entre los comentarios obtenidos comienzan a tomar protagonismo
las cuestiones relativas a la implementación de Basilea II, y temas relacionados con activida-
des de la cartera de negociación.

2.2 LA REUNIÓN DE MADRID En octubre de 2003 el Comité se reúne en Madrid para analizar las respuestas al CP3 y deci-
(OCTUBRE DE 2003) dir los pasos siguientes para cerrar Basilea II.

En esta reunión no solo se tomaron importantes decisiones de carácter técnico, sino que
supuso un paso definitivo en el que se da un fuerte impulso político al proceso y se conforma
definitivamente el nuevo marco.

Las cuestiones concretas que el Comité decide replantear en esta reunión, y que responden
a las críticas recibidas, son las siguientes:

1. Calibración de los requerimientos de capital para cubrir solo las pérdidas no esperadas
(solo-UL). Las provisiones (sin distinción entre categorías) se compararán con las pérdidas
esperadas, y los déficit/excesos se restarán/sumarán al capital (con un limite al exceso
aceptado como capital).

2. Revisión del tratamiento de la titulización (que había recibido críticas por conservador y
complejo).

3. Revisión del tratamiento de las tarjetas de crédito, pues, como consecuencia de la deci-
sión de calibrar a solo-UL, el reconocimiento del margen «FMI» queda excluido, empeo-
rando el tratamiento de estos instrumentos. Se acuerda corregir el efecto.

4. Compromiso para la futura aceptación del doble impago (double default) en la mitigación
de riesgos.

El Comité emite una nota de prensa en la que, además de informar sobre estas cuatro
cuestiones, da a conocer los trabajos llevados a cabo sobre la implementación de Basi-
lea II, y menciona que se está trabajando en el caso específico de la aplicación del sistema
avanzado (AMA) para el riesgo operacional en los grupos internaciones (véase sec-
ción 4.2).

Por otra parte, la decisión tomada en Madrid para recalibrar los requerimientos de capital de
forma que este cubra las pérdidas no esperadas supuso un cambio importante en el esque-
ma, por lo que el Comité amplió unos meses, hasta mediados de 2004, la fecha prevista de
publicación del Acuerdo, meses en los que se trabajó intensamente para realizar los ajustes
necesarios.

2.3 DE LA REUNIÓN DE MADRID Como se ha mencionado, la decisión más relevante de las tomadas en Madrid es el cambio
AL TEXTO DE JUNIO al esquema solo-UL. Este cambio da lugar a una serie de efectos inducidos en los tratamien-
tos de las diversas carteras, así como en la calibración global del Acuerdo, que había que
resolver en un corto espacio de tiempo.

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Además, al analizar esta recalibración, aflora una importante cuestión que en la anterior
calibración a EL-UL quedaba desdibujada: no se tenía en cuenta la volatilidad de las seve-
ridades o pérdidas en caso de impago (LGD), y esto afecta en particular a los (reducidos)
requerimientos de los activos impagados. Este tema acapara un gran volumen de trabajo
académico y de cuantificación, siendo objeto de una consulta ad hoc con la industria en
enero de 2004. Como solución provisional, se realizan unas aclaraciones sobre la naturale-
za de la LGD en el texto (véase recuadro 1). No obstante, esta cuestión merecerá mayor
desarrollo, para lo que se ha creado un grupo dentro del Comité (dependiente de la Capital
Task Force y del Accord Implementation Group) para reflexionar sobre la LGD «condiciona-
da» y los tests de estrés del Pilar 2.

En lo que respecta a la titulización, la mayor parte de las cuestiones planteadas eran de


naturaleza muy específica, como el tratamiento de algunas líneas de liquidez, o de la tituli-
zación de los derechos de cobro en determinadas circunstancias. De carácter más general
era la crítica a la complejidad de la fórmula supervisora. Los trabajos realizados se someten
a consulta pública en enero de 2004. En general, la respuesta fue positiva12, y en el texto
de junio se presentan unas modificaciones que dotan al esquema de mayor flexibilidad
(permitiendo sistemas internos en algunos casos muy específicos) y menores requerimien-
tos de capital.

La revisión del tratamiento de las tarjetas de crédito (revolving) tiene relación con el cambio
al enfoque a solo-UL. En efecto, con este cambio empeora el tratamiento de las tarjetas
revolving, ya que antes se aceptaba el margen de ingresos futuros (FMI) para cubrir parte
de las pérdidas esperadas. En el texto de junio se ajusta el tratamiento, modificando la corre-
lación de activos para hacerla constante e igual al 4%; de esta manera se consigue reducir
los requerimientos de capital de las exposiciones, especialmente de aquellas con PD redu-
cidas, para las que antes se suponía una correlación del 11%. Además, se modifica el tra-
tamiento de las exposiciones revolving titulizadas.

Por otro lado, en la introducción del texto de junio, el Comité se compromete a tratar el
doble impago, además de algunos temas relacionados con la cartera de negociación, para
que estén ya incorporados en el momento de implementación de la nueva regulación (véase
sección 2.4). Este compromiso se inserta en el marco del enfoque evolutivo con el que el
Comité tiene previsto plantearse la regulación futura de la solvencia bancaria, de forma que
se mantenga al día con la evolución de los mercados.

Así, el texto publicado el 26 de junio es un texto completo, presentando el marco necesario


para su transposición normativa, así como para la toma de decisiones y preparación de las
entidades y los supervisores antes de su entrada en vigor, con una previsión de los desarro-
llos pendientes para antes de esa fecha.

Precisamente, respecto a la entrada en vigor, el Comité decide mantener la fecha prevista,


finales de 2006, para los enfoques más simples (SA y FIRB en el riesgo de crédito; BIA y SA
en el riesgo operacional), y retrasarla un año para las entidades que adopten los métodos
más avanzados (AIRB y AMA), estableciendo unos nuevos suelos para que los requerimien-
tos de capital no caigan excesivamente en ese año de transición y aseguren que las entida-
des avanzadas, que aplicarán Basilea II un año más tarde, no se encuentren en desven-
taja.

12. Aunque cabe señalar que, respondiendo a la petición de la industria, se presenta una fórmula más sencilla (y menos
sensible al riesgo), que es rechazada por la banca al implicar unos requerimientos superiores.

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LA CALIBRACIÓN A SOLO-UL, LA LGD CONDICIONADA Y LOS ACTIVOS IMPAGADOS RECUADRO 1

El Consenso de Madrid: La calibración a solo-UL a otra solo-UL hay que restar las pérdidas esperadas, es decir: Capi-
tal (solo-UL) = SPD x SLGD – EPD x ELGD.
Conceptualmente, las pérdidas esperadas, EL, deben cubrirse con
resultados (provisiones o margen de ingresos futuros) y las inespera- El CP3 exigía que los bancos aportaran EPD (denominada simple-
das, UL, con capital. No obstante, desde la calibración inicial de Ba- mente PD) y la propia fórmula calcula SPD («condiciona» la PD), lo
silea II, los requerimientos de capital se estimaron para la suma de EL y que supone que ambas PD de la fórmula anterior están disponibles.
UL, permitiendo que se cubran en parte con provisiones. No es así en el caso de la LGD en el IRB avanzado (recuérdese que
en el básico las LGD son aportadas por el supervisor), donde el CP3
Esta era una solución de compromiso, debido a que no existe una pedía SLGD y, por tanto, no está disponible ELGD, una de las varia-
armonización de la regulación de las provisiones entre países, y se bles de la fórmula en cuestión. La implicación es que, de no modificar
temía que parte de las EL no estuvieran cubiertas con provisiones en la información solicitada a la banca, o la fórmula IRB, la ecuación
algunas jurisdicciones. La calibración a UL + EL aseguraba que las anterior subestimaría el Capital (solo-UL), ya que se estaría restando
EL no cubiertas con provisiones estén cubiertas con capital. una pérdida esperada sobrestimada. Esto es, se restaría EPD x
SLGD (única disponible), y SLGD es siempre mayor o igual que
En la reunión de Madrid, se decidió calibrar los requerimientos de ELGD.
capital, tanto del riesgo de crédito como del riesgo operacional, a
Entre las alternativas que se barajaron para resolver este problema se
solo las pérdidas no esperadas, que serían cubiertas con capital.
pensó en pedir que los bancos aportaran dos medidas de LGD, la
Para asegurar que las EL están cubiertas por provisiones (específicas
media y la condicionada. No obstante, aparte del coste que este
o genéricas) se compararán dichas provisiones con la cuantía de la
cambio podía suponer, había un problema adicional: los resultados
EL: el déficit se deducirá del capital (50% de Tier 1; 50% de Tier 2), y
del QIS3, y el diálogo con las entidades, permitía concluir que estas
el exceso podrá sumarse al capital (solo al Tier 2) con un límite.
no eran realmente capaces de calcular SLGD sino solo ELGD. A raíz
de esto, otra alternativa que se barajó fue la modificación de la fór-
Este límite se estableció inicialmente (Madrid) en función del Tier 2,
mula IRB, dando entrada a LGD de la misma manera que PD; es
pero dado que creaba incentivos perversos al aumentar la propor-
decir, las entidades aportarían una ELGD y la propia fórmula la con-
ción de Tier 2 en el capital total, pasó a calcularse en función de los
dicionaría. La función que permite pasar de ELGD a SLGD sería
riesgos ponderados. aportada por el supervisor o, en casos muy señalados, desarrollada
por las propias entidades.
Se decidió hacer la «recalibración» de las curvas IRB por diferencias:
al importe total EL + UL se le restó la parte correspondiente a EL. No obstante, tras el trabajo realizado y una consulta muy restringida
con la industria, se vio que no era posible desarrollar esa fórmula en
Este método de pasar de una calibración EL + UL a otra UL puso de este momento por la ausencia de experiencia (y datos), y que, en lí-
manifiesto algunos problemas. Destacan dos: el papel de LGD en el nea con la filosofía general de Basilea II, no se debía ir por delante de
cálculo de los activos ponderados en la fórmula IRB y el tratamiento las prácticas de la industria, casi inexistentes en este caso.
de los activos impagados.
Por lo tanto, la solución finalmente adoptada (párrafo 468 del docu-
mento) es exigir que los bancos estimen una LGD que refleje condi-
La LGD «condicionada»
ciones económicas negativas (economic downturn conditions)
cuando sea necesario —es decir, una forma de definir SLGD—. Se
Las curvas utilizadas en el método IRB en el CP3 están calibradas,
exige, en particular, que cuando la variabilidad cíclica de las LGD de
como ya se ha dicho, para la suma de EL y UL, con un intervalo de
alguna operación sea severa, debe incorporarse en el cálculo de la
confianza del 99,9%. Como es sabido, la relación básica entre los
LGD. Sin embargo, esto no soluciona todo el problema de la sobre-
factores de riesgo del IRB viene dada por la siguiente ecuación: EL =
estimación de la EL, por lo que al final de ese mismo párrafo se dice
PD x LGD x EAD (las pérdidas esperadas son el producto de la pro-
que «los supervisores seguirán revisando y estimulando el desarrollo
babilidad de impago, la pérdida en caso de impago y la cuantía en
de enfoques adecuados a este tema».
riesgo en el momento del impago). O, hablando en términos porcen-
tuales de EAD, la formula anterior es EL = PD x LGD.
Los requerimientos de capital para los activos impagados

No obstante, hay dos medidas importantes de PD y de LGD: la


Un segundo efecto de consenso de Madrid es que hizo más patente
cuantía media o esperada (EPD y ELGD), y la cuantía «condiciona-
un problema con las exigencias de capital para los activos impaga-
da» (SPD y SLGD), reflejando esta última un suceso relacionado con
dos, que, en parte, ya existía.
el percentil 99,9%. Por lo tanto, siendo precisos, habría que escribir
EL = EPD x ELGD. Al exigir capital solo por UL, el capital que se pide para los activos
impagados es igual a SLGD menos ELGD (bajo el supuesto de que
Ahora bien, la calibración del capital a EL + UL significa que se tiene ELGD o, lo que es lo mismo, en el caso de los impagados, EL, está
en cuenta todo el recorrido de las pérdidas bajo la función de distri- totalmente provisionada). Esto se debe a que la PD (sea media o
bución hasta el percentil 99,9. Es decir, Capital (EL+UL) = SPD x condicionada) de los activos impagados es igual a uno: al haber im-
SLGD. Esta es la calibración del CP3. Para pasar de esta calibración pagado la probabilidad de impago se ha realizado.

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LA CALIBRACIÓN A SOLO-UL, LA LGD CONDICIONADA Y LOS ACTIVOS IMPAGADOS (continuación) RECUADRO 1

Usando la fórmula del apartado anterior: radas, y establece que las LGD que los bancos asignen a los
activos impagados deben reflejar la posibilidad de que tengan
C (UL) impagados = SPD (=1) x SLGD – EPD (=1) x ELGD = SLGD que reconocer pérdidas adicionales, inesperadas, durante el pe-
– ELGD. ríodo de recuperación. En su caso, la cuantía en que la LGD de
un activo impagado excede la mejor estimación del banco acerca
Por lo tanto, el problema es similar al del apartado anterior y solucio- de la pérdida esperada de ese activo representa su requerimiento
nando aquel se soluciona este. En un mundo perfecto, un capital de capital.
que cubra la UL = SLGD – ELGD es suficiente. No obstante, hemos
visto que los bancos normalmente pueden no ser capaces de calcu- No obstante, queda un problema. ¿Qué ocurre si las provisiones son
lar adecuadamente SLGD sino solo ELGD. Si este es el caso —los distintas de EL? Como se ha dicho antes, si las provisiones son infe-
bancos del IRB avanzado solo aportan ELGD—, ya hemos visto que riores a EL, la diferencia se restará del capital, se trate de activos
las UL están infravaloradas y, concretamente en el caso de los im- impagados o no.
pagados, UL será igual a cero, del mismo modo que la exigencia de
capital. Si, por el contrario, las provisiones son superiores a EL (párra-
fo 385) cabe dudar de la bondad del cálculo de EL: los superviso-
Dicho de otra forma, no se está teniendo en cuenta la volatilidad de res deben considerar, en todo caso, si EL realmente refleja las
las LGD. Esto se ha solucionado redactando de una forma más exi- condiciones del mercado donde opera la entidad antes de permitir
gente las normas sobre el cálculo de las LGD con la finalidad de la inclusión de esta diferencia en capital Tier 2. En el caso de los
«condicionarlas», es decir, para incluir algún elemento que refleje activos impagados, el supervisor debe hacer iguales consideracio-
condiciones económicas generales negativas, especialmente para el nes antes de permitir que esos excesos se utilicen para la cober-
caso de los activos impagados. tura de EL de activos no impagados. Además, el párrafo 471 esta-
blece que, si las provisiones específicas y las amortizaciones son
En este sentido, el párrafo 471 del documento explica que las superiores a las pérdidas esperadas, el banco deberá justificar esa
pérdidas realizadas pueden exceder sistemáticamente las espe- diferencia.

Asimismo, con el objeto de contrastar la calibración (y, eventualmente, ajustarla), se establece


que las entidades que vayan a aplicar cualquiera de los dos métodos IRB realicen unos cálcu-
los paralelos durante los años previos a la entrada en vigor (2006 para el FIRB; 2006 y 2007
para el AIRB).

El Comité confirma los objetivos de calibración mantenidos desde el principio, y realiza una
estimación del ajuste que precisan los requerimientos como consecuencia del cambio a solo-
UL (un factor de escala de 1,06), pero es consciente de que este factor ha sido calculado con
los datos del QIS3, que no incorporan las últimas modificaciones. Por ello, el Comité hace
especial énfasis en la necesidad de realizar estos cálculos paralelos (así como estudios de
impacto, en su caso), para contrastar la calibración, y ver el funcionamiento de los suelos
establecidos.

2.4 LOS TRABAJOS FUTUROS Como se ha anticipado, existen varios temas abiertos sobre los que el Comité continúa traba-
jando y cuyo compromiso de resolución difiere en términos de plazo13. A continuación se
describe de forma muy breve el contenido de los mismos.

2.4.1 A corto plazo Uno de los aspectos novedosos del Nuevo Acuerdo es un mayor reconocimiento de las téc-
nicas de mitigación del riesgo de crédito (CRM). Este reconocimiento también se basa en un
a. El doble impago (double default) enfoque evolutivo (mayor reconocimiento para aquellos bancos que sean más avanzados). No
obstante, en lo que concierne a las garantías y derivados, en ningún caso se reconoce el
«doble impago», esto es, la menor probabilidad de concurrencia de un impago conjunto del
obligado directo y del garante.

13. Los temas que se señalan en este apartado se refieren exclusivamente a los que se hallan dentro del marco de
solvencia. No se incluyen otros temas de trabajo futuro del Comité, como la revisión de los Core Principles.

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La industria ha reivindicado desde el principio que se reconozca el «doble impago». En el
texto actual, en el tratamiento de las garantías simplemente se sustituye la ponderación del
obligado directo por la del garante, sin tener en cuenta que es menos probable que ambos
impaguen al mismo tiempo que cada uno de ellos lo haga de forma separada; se supone que
existe una correlación perfecta entre ambos.

Conceptualmente, el Comité siempre ha reconocido la realidad de este hecho. Sin embargo,


es conocida la cautela que siempre ha manifestado respecto a la solidez de los valores que
las entidades puedan proporcionar sobre sus propias correlaciones, dada la dificultad de su
estimación y de su validación14. El reconocimiento del doble impago supondría aceptar que el
banco estime las correlaciones de impago entre obligado directo y garante, o que el supervi-
sor estime unos valores estándares.

En la reunión de Madrid se decidió abordar esta cuestión, sobre la que se han realizado ya
unos estudios preliminares y sobre la que se seguirá trabajando en los próximos meses.

b. Aspectos relativos a la cartera Estos se refieren a cuestiones como el riesgo de contraparte de los derivados OTC, y el trata-
de negociación miento de las exposiciones resultantes de compraventa de valores, entre otros.

Hay que señalar que el Comité no tenía entre sus objetivos revisar el tratamiento de la cartera
de negociación. Sin embargo, se modificaron algunos aspectos relacionados con esta carte-
ra, incluyendo su propia definición, y otros elementos orientados a alcanzar una mayor con-
sistencia entre el tratamiento de la cartera de inversión y el de la cartera de negociación, en
orden a evitar arbitrajes regulatorios.

Una vez abierto el tema de la cartera de negociación en el documento consultivo, la industria


resaltó la necesidad de que el Comité llevase a cabo una revisión más profunda de algunos
temas, en los que se había puesto de manifiesto el diferente tratamiento entre regulaciones
(exposiciones resultantes de compraventa de valores), o la falta de consistencia con algunos
pasos dados para la valoración del riesgo de crédito (valoración interna de la exposición futu-
ra en los derivados OTC). El Comité decidió acometerla.

Estos temas no tienen un efecto importante en la banca universal, pero sí en ciertos bancos
internacionales especializados en cartera de negociación y, por descontado, en las empre-
sas de inversión, que empezaron a interesarse por Basilea en las últimas etapas del proce-
so15.

Para desarrollar este trabajo se ha creado un grupo conjunto de miembros del Comité de
Basilea y de miembros de la Organización Internacional de Comisiones de Valores (IOSCO).

2.4.2 A medio y largo plazo Por otra parte, ya se ha dicho que el Comité enfatiza el carácter evolutivo del Acuerdo, y por
lo tanto menciona, en su propio texto, los temas que tiene intención de desarrollar a medio o
largo plazo, incorporando progresivamente las mejores prácticas de la industria.

14. El método IRB está basado en un modelo unifactorial: solo se tiene en cuenta el componente sistemático, pero no
el idiosincrásico de cada acreditado. Se supone que un acreditado (exposición) tiene el mismo comportamiento de im-
pago en cualquier entidad, con independencia de cuál sea la composición de su cartera y, por tanto, el posible efecto
de esa (nueva) exposición al añadirse a la misma. Las correlaciones que se utilizan en las curvas, que son las mismas
para todas las entidades, están basadas en el grado de dependencia entre un acreditado, con una determinada PD, y
el sistema en general. 15. Nótese que las empresas de inversión (ESI) están sometidas a la misma regulación que los
bancos en Europa, y han venido siguiendo el proceso con más o menos interés desde el principio. No ocurre lo mismo
con las ESI (o bancos de negocios) de EEUU, pero se tiende a una mayor equiparación entre las normativas del sector
de valores y bancario.

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a. La definición del capital regulatorio El Comité anuncia que va a acometer la revisión de la definición de capital, en particular, de
los instrumentos elegibles como recursos propios básicos (Tier 1), como continuación de la
revisión parcial anunciada en su nota de prensa de 27 de octubre de 1998, para asegurar
la consistencia de la composición del capital en todas las jurisdicciones.

Además, hay otras cuestiones que afectan al capital regulatorio, como son el tratamiento de
las provisiones en el nuevo marco y el efecto de las normas internacionales de contabilidad,
en particular el efecto de contabilizar algunas carteras a valor razonable. Esto último lo está
analizando un grupo mixto del Grupo de Contabilidad (ATF) y la Capital Task Force (CTF), en
el sentido de proponer ciertos ajustes o filtros para neutralizar los efectos indeseados de esas
normas. Este grupo ya ha adelantado algunas de sus primeras decisiones al mercado, en
forma de notas de prensa (de 8 de junio y de 20 de julio de 2004).

b. Los modelos de riesgo de crédito Desde el principio el Comité dejó bien claro que no aceptaría modelos completos de medición
del riesgo de crédito en esta primera revisión del Acuerdo. En consecuencia, la aceptación de
modelos que tengan en cuenta las correlaciones y, por tanto, los posibles beneficios de la
diversificación geográfica y/o la diversificación de productos en el negocio bancario constituye
un tema que el Comité ha querido posponer.

En efecto, como ocurre con la cuestión del doble impago, existen ciertas dudas sobre la ca-
pacidad de las entidades para calcular las correlaciones entre actividades, áreas, etc., que
corresponderían a la estructura de su propio negocio, es decir, a la composición de su carte-
ra (véase nota 14), pues no se ha detectado, entre la propia industria, una mejor práctica
bancaria. Por ello, en el proceso evolutivo que se ha fijado, el Comité ha decidido parar inme-
diatamente antes de esa fase: la experiencia que se alcance con la puesta en práctica del
marco que ahora propone será un valioso punto de partida, de forma que los futuros avances
en esta área dependerán de la mejora en la solidez, comparabilidad y validación de los mode-
los IRB de las entidades bancarias.

Hay que destacar que el no reconocimiento de los modelos completos, en general, y de la


diversificación geográfica, en particular, es una de las críticas importantes recibidas de la in-
dustria, particularmente de la banca española, y de algunos medios académicos.

3 El desarrollo «Incluso cuando las leyes han sido escritas, no deberían permanecer inalteradas»,
en Europa y el Proyecto Aristóteles.
de Directiva
Desde el comienzo de los trabajos de revisión de la normativa de capital en Basilea, la Comi-
3.1 EL PROCESO EUROPEO DE sión Europea tomó dos decisiones cruciales:
ELABORACIÓN DE LA DIRECTIVA

1. La UE tenía que seguir los pasos de Basilea, pues es esencial que las entidades europeas
3.1.1 La participación compitan con la banca internacional en plano de igualdad, y
en las negociaciones de Basilea
y la redacción simultánea 2. la UE debía participar en el proceso de una forma activa, para influir sobre el mismo y
de las Directivas conocer todos sus extremos en tiempo real.

Así, a lo largo de todos estos años, la Comisión Europea ha venido participando como obser-
vadora en el Comité de Basilea y en sus grupos de trabajo16, y ha estado trabajando de forma
paralela a Basilea en el desarrollo de esta compleja normativa, a través de sus propios grupos

16. En los que la voz europea también se ha hecho oír a través de los nueve países de la UE miembros del Comité, cuyos
sistemas financieros y económicos tienen una base común muy importante, al margen de especificidades concretas.

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de trabajo y comités asesores, con objeto de adaptarla a la realidad europea, en los casos en
los que sea necesario, y de tenerla preparada en el momento de su finalización.

El resultado de esta política ha sido muy positivo: la Comisión Europea ha presentado su


propuesta de modificación de las dos Directivas afectadas (la 12/2000, «de coordinación
bancaria», y la 6/1993, «de adecuación de capital»; aunque, a efectos de este artículo, a par-
tir de este momento se hable de «la Directiva») apenas veinte días después de cerrarse el
texto en Basilea. Además, y muy importante, esta propuesta de directiva ha sido largamente
discutida y consensuada entre los Estados miembros (EEMM) a lo largo de este proceso pa-
ralelo, por lo que cabe esperar que la fase política de aprobación en la que ha entrado (por el
Consejo y por el Parlamento Europeo) sea mucho más rápida de lo que sería en otra circuns-
tancia, sobre todo teniendo en cuenta su envergadura y complejidad.

3.1.2 El contraste Asimismo, de forma más o menos paralela a Basilea, la Comisión Europea ha venido realizan-
con la realidad: las consultas do sus propios procesos consultivos. En estas consultas, la Comisión no solo tomaba el
y los estudios de impacto pulso de la opinión de los agentes europeos sobre los desarrollos del marco de Basilea, sino,
y principalmente, sobre las diferencias respecto a dicho marco que se proponían para la nor-
mativa europea. Estas abarcan desde la importante diferencia de su ámbito de aplicación,
hasta las adaptaciones o modificaciones de carácter más concreto decididas en la UE para
adaptar Basilea a las características del sistema financiero y económico europeo.

También en Europa se han realizado, siguiendo la metodología de los QIS de Basilea, sendos
estudios de impacto. De hecho, estos estudios de impacto se han llevado a cabo ampliando
el marco geográfico de los de Basilea, incluyendo algunos de los nuevos EEMM, entonces
países candidatos, y el marco institucional, realizándose estudios ad hoc acerca del efecto de
las nuevas normas sobre los requerimientos de capital de las empresas de inversión.

Como es conocido, en la UE la nueva regulación será de aplicación a todas las entidades de


crédito y empresas de inversión, con independencia de su tamaño, por lo que afectará a un
colectivo de entidades pequeñas muy numeroso, dada la estructura de la «banca» europea,
en la que las entidades cooperativas juegan un importante papel, que es esencial en algunos
países concretos. Esta aplicación generalizada, así como el peso de las pequeñas y medianas
empresas (PYME) en la economía europea, hacen que el impacto de las modificaciones de la
normativa que regula la solvencia de estos dos grupos de entidades haya sido considerado
una cuestión de suma importancia por los estamentos políticos. Por ello, el Consejo de Minis-
tros de la UE, en su reunión de marzo de 2002, en Barcelona, pidió a la Comisión que presen-
tara un informe analizando las consecuencias que tendrían las nuevas propuestas en todos
los sectores de la economía europea, con especial atención a las PYME.

Este «estudio de consecuencias» fue encargado a la firma PriceWarterhouseCoopers, en co-


laboración con el National Institute for Economic and Social Research. En él se examina el
impacto de las nuevas propuestas en el balance del sector financiero y en el conjunto de la
economía de la UE. Sus conclusiones generales han sido positivas, con solo dos áreas de
crítica: el efecto sobre las empresas de inversión y sobre el capital riesgo. En conjunto, se
prevé que la nueva normativa produzca una ligera reducción en los requerimientos de capital
del sistema bancario europeo, que, a largo plazo, y en condiciones favorables, se traduciría
en un efecto pequeño pero positivo en el producto interior bruto de la Unión Europea.

Desde el punto de vista del impacto sobre las entidades (actividad, negocio, estrategias), no
se esperan cambios drásticos. No obstante, sí que se esperan cambios en el comportamien-
to de las entidades, sobre todo en el desarrollo de prácticas de gestión más sensibles al

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riesgo, lo que supone un importante cambio cualitativo, difícil de cuantificar. Uno de los efec-
tos positivos, que ya es una realidad, es la existencia de un lenguaje común sobre el riesgo.
Esta conclusión es importante porque supone que Basilea II cumple el objetivo de estimular
las buenas prácticas de gestión y control de riesgos en la banca que se ha descrito al comien-
zo de este artículo.

El informe hace especial referencia a una de las preocupaciones más extendidas sobre el
efecto de la nueva normativa en la economía: su comportamiento procíclico, es decir, de
acentuar las tendencias del ciclo económico. El informe también ofrece una valoración positi-
va sobre este punto, pues, partiendo de la base de que cualquier enfoque que intente reflejar
el riesgo es necesariamente procíclico, se alega que, por el contrario, el nuevo marco puede
ser menos procíclico que el de 1988, como resultado de la mejora en la gestión de riesgos
(reducción del comportamiento en manada e introducción de elementos más prospectivos en
la toma de decisiones).

3.1.3 El futuro soporte Cabe mencionar en este artículo la importancia que tiene para la regulación del capital la nue-
del enfoque evolutivo y flexible va estructura de los organismos y comités reguladores y supervisores de la Unión Europea.
de la regulación de capital:
la nueva arquitectura de comités En diciembre de 2002, el ECOFIN tomó la decisión de extender el enfoque Lamfalussy, que
bancarios había sido diseñado para facilitar la elaboración rápida y flexible de la regulación de los mer-
cados de valores, a los sectores bancario y de seguros17. Esto va a ser fundamental para
poder introducir en el procedimiento de regulación europeo, normalmente rígido y lento, la
flexibilidad necesaria para poder dotar a la regulación de la solvencia bancaria de una agilidad
suficiente como para adaptarse a las cambiantes prácticas del mercado.

En efecto, la propuesta de directiva está estructurada siguiendo el enfoque Lamfalussy: en el


articulado (o «strand 1» en la terminología de Lamfalussy) se recogen los principios básicos de
la regulación (o los temas con un marcado carácter político), y en un conjunto de anexos
(«strand 2») se recogen los desarrollos técnicos de esos principios, entre los cuales cabe pre-
ver que habrá cuestiones que precisarán de modificaciones más frecuentes.

El proceso que está teniendo lugar en estos momentos para la aprobación de la revisión de la
directiva sigue el procedimiento de co-decisión (aprobación de la propuesta de la Comisión
por el Consejo y el Parlamento). Sin embargo, en el futuro, mientras que para una eventual
revisión del articulado será preciso seguir de nuevo el procedimiento de co-decisión, la revi-
sión de los anexos podrá llevarse a cabo por el procedimiento de comitología; esto es, con-
juntamente por la Comisión y el correspondiente comité de «nivel 2» (el Comité Bancario Eu-
ropeo, EBC, en el caso de la normativa bancaria), recibiendo el asesoramiento del comité de
«nivel 3» (el Comité Europeo de Supervisores Bancarios, CEBS). Esto permitirá realizar de una
manera mucho más rápida los ajustes y modificaciones que sean necesarios en los elementos
contenidos en los anexos.

Por otra parte, como se verá en el epígrafe de implementación, la creación de CEBS, que ya
está en pleno funcionamiento desde primeros de año18, será esencial para alcanzar una im-
plementación consistente de la nueva normativa de capital.

3.2 LAS PARTICULARIDADES La norma europea presenta algunas diferencias con las recomendaciones de Basilea, no solo
EUROPEAS INCORPORADAS en el aspecto formal y de ámbito de aplicación, derivados de la existencia de un mercado
EN LA DIRECTIVA

17. Véase, por ejemplo, Banco de España (2003), pp. 139-141. 18. El CEBS fue establecido por Decisión de la Comi-
sión de 5 de noviembre de 2003 (2004/05/EC).

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único europeo, sino también en el tratamiento de algunas cuestiones concretas, ya que da
respuesta a las características de los mercados u operativas que existen en los países de la
UE, y que no se contemplan en el marco más genérico de Basilea.

Por otra parte, hay que destacar que algunas de estas desviaciones respecto a Basilea tienen
su origen, precisamente, en el diferente ámbito de aplicación. En efecto, la aplicación de la
nueva normativa a las entidades de pequeño tamaño hace necesario realizar algunos ajustes,
para que las normas sean «proporcionadas» a la realidad y complejidad de estas entidades.
En el mismo sentido, se prevén tratamientos específicos para la aplicación de los requerimien-
tos por riesgo operacional a las empresas de inversión (ESI).

El trabajo de la Comisión Europea ha sido exhaustivo, y las modificaciones en el texto de la


directiva, presentadas al Consejo y al Parlamento Europeo para su aprobación, transponen
todos los complejos aspectos técnicos de Basilea II a la legislación europea, con determina-
das particularidades. Pero, además de estos aspectos técnicos, la Comisión Europea ha
aprovechado para llevar al texto legislativo algunas cuestiones de carácter más político que
facilitarán la implementación del mismo, estableciendo unas normas básicas para la coopera-
ción y el intercambio de información entre los supervisores. En este sentido hay que señalar
las normas relativas a las funciones del supervisor en base consolidada y a la transparencia
del supervisor.

Finalmente, no se quiere dejar de mencionar que, dentro de las modificaciones a la Directiva,


hay un tema importante que se ha desarrollado de una manera muy completa y sistemática:
los distintos niveles (individual, subconsolidado, consolidado) a los que se deben aplicar los
distintos requerimientos contenidos en ella, modificándose en cierta medida las disposiciones
actuales para garantizar la adecuada distribución de los recursos propios en los grupos ban-
carios.

Así, las principales cuestiones son las siguientes.

3.2.1 El ámbito de aplicación Como se ha mencionado repetidamente, la principal diferencia entre el texto de Basilea y la
Directiva comunitaria (además del carácter de recomendación del primero y de norma legal de
la segunda) es el diferente ámbito de aplicación. Basilea está dirigida a bancos internacional-
mente activos, mientras que la directiva de la UE es de aplicación a todas las entidades de
crédito y empresas de inversión, con independencia de su tamaño.

El enfoque europeo responde a dos motivos. En primer lugar, a un principio general seguido
en la regulación europea, que establece que la realización de las mismas actividades debe
estar sometida a las mismas normas, con independencia de la naturaleza (y tamaño) de las
entidades que las lleven a cabo, con el objeto de preservar la igualdad en el terreno de juego
competitivo. En segundo lugar, el nuevo marco es positivo para el desarrollo de las buenas
prácticas en la gestión de riesgo, y el no aplicarlo de forma generalizada sería discriminatorio
para las entidades excluidas.

Hay que destacar que esta decisión ha recibido un fuerte apoyo en las respuestas a las distin-
tas consultas realizadas por la Comisión Europea, a pesar de que en otros países (por ejemplo,
Estados Unidos) Basilea II solo se vaya a aplicar a los grandes bancos internacionales.

No obstante, esta decisión lleva aparejada la necesidad de ajustar algunas normas para ha-
cerlas más proporcionadas a la realidad económica de algunas de las entidades que las van
a aplicar.

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Cabe señalar que parte de los procedimientos que facilitan la adopción generalizada del
nuevo marco y el paso progresivo hacia las técnicas más avanzadas están incorporados
en el propio texto de Basilea. Por ejemplo, como se ha mencionado, los métodos interme-
dios (FIRB para el riesgo de crédito y SA para el riesgo operacional) se diseñaron a pro-
puesta de los países europeos. Otro ejemplo reseñable es la posibilidad de crear bases de
datos compartidas para facilitar el acceso de las entidades pequeñas a los enfoques avan-
zados.

3.2.2 Ajustes cuyo objetivo Los dos casos más destacables son los siguientes:
esencial es facilitar un tratamiento
proporcionado a determinados – El llamado «uso parcial permanente».
tipos de entidades
Esto es, la posibilidad de que las entidades (pequeñas) que adopten el método
IRB en sus carteras de empresas y de particulares puedan utilizar las ponderacio-
nes que corresponden al método estándar para sus carteras de soberanos y de
bancos. Esta posibilidad, que está algo mas restringida en el texto de Basilea, se
ha incluido con carácter permanente en Europa (bajo unas condiciones), al esti-
marse que las entidades de pequeño tamaño no pueden llegar a obtener los datos
propios suficientes de impagados y severidades de estas dos carteras, que, por
otra parte, gozan, en general, de calificaciones externas.

– La adaptación de los requerimientos por riesgo operacional de las ESI.

La calibración del Nuevo Acuerdo de Basilea está realizada bajo la premisa de que
en Basilea l el plus de requerimientos por riesgo operacional estaba incluido en el
8% de cómputo de los requerimientos por riesgo de crédito. Ahora, en la búsque-
da de una mayor sensibilidad, el riesgo operacional se identifica y aísla y, de acuer-
do con el objetivo de neutralidad en los requerimientos de capital para las entida-
des que adopten el método estándar, la calibración se ha realizado de forma que
el nuevo requerimiento por riesgo operacional se compensa con la reducción en
los requerimientos por riesgo de crédito.

El principal riesgo de las ESI es el de mercado, siendo el riesgo de crédito prácti-


camente nulo. En consecuencia, en su caso, el aumento de los requerimientos por
riesgo operacional no se ve compensado por reducciones en los requerimientos
por riesgo de crédito.

Por ello, la Directiva (6/1993) ha tenido que ajustar los requerimientos por riesgo
operacional de estas entidades. En primer lugar, el nuevo régimen no se aplicará a
las ESI de ámbito operativo limitado; para las entidades de mayor tamaño la idea
es establecer al menos un período transitorio, con unos niveles más reducidos en
los parámetros de las líneas de negocio típicas de estas entidades. Sin embargo,
esta última cuestión está todavía sin cerrar.

3.2.3 Operativas La Directiva incluye determinadas disposiciones orientadas a concretar cómo deben tratar-
que han recibido un tratamiento se determinadas operativas que son fundamentales para el sistema financiero europeo,
específico en Europa bien porque son importantes para la financiación de las PYME, para el mercado hipoteca-
rio, o para la financiación de las propias entidades (más pequeñas) bancarias europeas,
facilitando un tratamiento favorable para las mismas. En muchas de ellas los requerimien-
tos de capital aumentarían con Basilea II, y no se desea afectar negativamente a estos
mercados.

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Sin ánimo de ser exhaustivos, se señalan algunas de estas diferencias respecto al texto de
Basilea:

– Para estimular la financiación a las PYME, se relajan algunos requisitos estableci-


dos en el marco general del tratamiento de las técnicas de mitigación del riesgo de
crédito (CRM), proporcionando un tratamiento más favorable de algunas operati-
vas. Particularmente relevante es el caso de las operaciones garantizadas por las
sociedades de garantía mutua (nuestras sociedades de garantía recíproca y otras
similares en Europa).

Con el mismo objetivo, se ajusta el tratamiento de las operaciones de capital ries-


go cuando esta cartera está suficientemente diversificada, rebajando los requeri-
mientos de capital que corresponderían a los Fondos de Capital Riesgo (pues los
requerimientos de capital por la actividad de capital riesgo experimentan un au-
mento significativo en Basilea II, reflejando su mayor riesgo relativo).

– Asimismo, se relajan los requerimientos exigidos para que los bonos bancarios
puedan ser utilizados como colateral, con el objetivo de facilitar la financiación in-
terbancaria a pequeñas entidades.

– También esencial para la (re)financiación de las entidades, y la financiación del


mercado hipotecario y de los entes territoriales, es el tratamiento continuista y fa-
vorable para los llamados covered bonds, es decir, bonos emitidos por una enti-
dad de crédito con garantía, sea hipotecaria o de otra naturaleza. Se incluyen aquí
las cédulas hipotecarias y territoriales españolas.

– En lo que respecta al mercado hipotecario, además del tratamiento para las cédu-
las hipotecarias, cabe señalar la posibilidad de un reconocimiento más amplio de las
hipotecas sobre locales comerciales.

– En el tratamiento de la titulización se han incorporado pequeñas diferencias, de


naturaleza muy técnica, siendo destacable que la directiva establece un techo a
los requerimientos de capital también en el método estándar (Basilea solo lo esta-
blece para el IRB). Esto es, los requerimientos de capital que correspondan al
originador de una titulización por las posiciones que retenga en la misma, ya sean
por las mejoras crediticias o por posiciones de otra naturaleza, no pueden ser
mayores que antes de titulizar los activos.

3.2.4 El supervisor en base Curiosamente, en el informe inicial en el que fundamenta la necesidad de modificar la regula-
consolidada: la aplicación ción de la solvencia en la UE, la Comisión Europea describe las debilidades de la regulación
transfronteriza en la UE actual añadiendo una a las que tradicionalmente se barajan: que la regulación actual no se
ocupa suficientemente de la necesaria coordinación entre supervisores. Esto, por supuesto,
no es casual.

Con la finalidad de superar esta debilidad, la propuesta de Directiva desarrolla y amplía las
tareas del supervisor en base consolidada, que es una figura existente en la regulación euro-
pea en vigor, respetando la actual distribución de responsabilidades entre supervisor de ori-
gen y supervisor de acogida. Este desarrollo supone mayores exigencias de cooperación e
intercambio de información entre los supervisores y, especialmente, un papel importante para
el supervisor en base consolidada, es decir, para el supervisor de origen, en la validación de
los modelos avanzados del Nuevo Acuerdo. Con esta propuesta, la Comisión Europea tiene

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en cuenta el contexto europeo (regulación supranacional armonizada en el marco de un mer-
cado unificado) y las peticiones más razonables de la industria europea, sin llegar a aceptar
las propuestas más maximalistas o extremas de la misma.

En efecto, algunos representantes de la industria financiera europea han presionado a favor


del establecimiento de la figura de un supervisor principal (lead supervisor, también denomi-
nado «coordinador») para cada grupo bancario europeo con operativa transfronteriza, en or-
den a eliminar duplicidades y divergencias de interpretación y reducir costes administrativos.
Por ejemplo, la European Financial Services Roundtable, grupo privado integrado por los pre-
sidentes o altos ejecutivos de importantes bancos y compañías de seguros europeas, propo-
ne el establecimiento de un supervisor principal con amplios poderes, que sería el contacto
único del grupo europeo. Estos poderes incluirían la validación de los modelos internos, la
aprobación de la asignación del capital y la liquidez en el grupo, y la decisión acerca de todas
las inspecciones in situ dentro del grupo. Llega al extremo de pedir que el coordinador sea
responsable no solo de la supervisión a nivel consolidado, sino también a nivel local y subcon-
solidado, aunque, matiza, apoyándose en alguna medida en los supervisores de acogida re-
unidos en «colegios de supervisores»19.

Dado el vínculo de este tema con la implementación del nuevo marco, su descripción se hará
en el epígrafe 4.2, correspondiente a la implementación.

3.2.5 La transparencia Un último tema que es una peculiaridad europea contenida en el proyecto de directiva es el
del supervisor de la transparencia del supervisor.

Se establecen cuatro tipos de información que el supervisor debe hacer pública, como míni-
mo, exigiendo que se haga de tal modo que permita las comparaciones entre países:

– Los textos legales adoptados relativos a la regulación prudencial.

– Cómo se han ejercido las opciones de discrecionalidad nacional.

– Los criterios y metodologías utilizados en la revisión supervisora.

– Datos estadísticos agregados de los elementos clave de la implementación en


cada país.

Esta cuestión también merecerá mayor comentario en el epígrafe 4.4 a continuación.

4 Los desafíos de la «En teoría, no existe diferencia entre teoría y práctica; en la práctica sí la hay», Jan
implementación L. A. van Snepscheut.
de Basilea II
Lo primero que hay que tener en mente es que Basilea II representa un reto para supervisores
4.1 LOS DESAFÍOS y entidades, incluso en el plano nacional. Los desafíos para el supervisor son importantes.
Y LOS INSTRUMENTOS: Entre otras cuestiones, tendrá que concretar y desarrollar unos criterios de validación de los
AIG Y CEBS métodos avanzados en el Pilar 1, y acometer un tipo de supervisión más «personalizada» en el
Pilar 2, debiendo evaluar los procedimientos internos de cálculo de capital y la solvencia de las
4.1.1 Introducción entidades, y, en su caso, identificar sus debilidades e imponer medidas correctoras. Todo ello
con un elevado componente cualitativo. Esto implicará, sin duda, la necesidad de aumentar los
recursos necesarios para la supervisión. También conlleva un cierto cambio en el perfil y en el

19. European Financial Services Roundtable (2004).

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enfoque de la supervisión bancaria, especialmente en el caso de aquellos sistemas superviso-
res más basados en una vigilancia «externa» o, incluso, en el uso de auditores externos para
la supervisión —aunque Basilea deja muy claro que no es su intención influir sobre las estruc-
turas supervisoras de los países.

Sin embargo, el reto todavía adquiere mayor dimensión y complejidad en el plano internacio-
nal, es decir, en la supervisión de los grandes grupos bancarios con una extensa red en dife-
rentes países. Estos grupos son, no lo olvidemos, el sujeto fundamental de las recomendacio-
nes del Comité.

Uno de los objetivos principales de muchas regulaciones o recomendaciones internacionales,


incluyendo Basilea II, consiste en garantizar un terreno de juego competitivo a nivel internacio-
nal a través de unas normas mínimas comunes. Sin embargo, toda regulación internacional
tiene el riesgo potencial de una aplicación desigual entre los distintos países. Las regulaciones
nacionales de los más de cien países que adoptaron Basilea I no han sido ajenas a estas in-
consistencias (por no hablar de las diferencias que existen en otros ámbitos normativos esen-
ciales para el desarrollo de la actividad financiera, con mención especial a la normativa conta-
ble y a la fiscal).

Pues bien, la regulación de la solvencia es un elemento esencial del marco regulatorio del
sistema financiero internacional, y hay que reconocer que Basilea II presenta un mayor poten-
cial para una aplicación desigual que Basilea I. Las razones, ya apuntadas, son varias: la
existencia de mayores elementos de discreción nacional, por un lado, y cualitativos, por otro,
en el Pilar 1; un Pilar 2 que da mayor discreción a las autoridades supervisoras; o la existencia
de un menú de alternativas para la medición de riesgos, que implica que las diferentes filia-
les de los grandes bancos internacionales pueden estar sujetas a distintas metodologías de
acuerdo con el país en que operan.

Además, la posibilidad de una aplicación diferente en los distintos países no solo es negativa
desde el punto de vista del objetivo de igualdad competitiva en el ámbito internacional, sino
que también puede representar una carga excesiva para estos grupos internacionales, que
tienen que seguir criterios diversos y cumplir los distintos requisitos impuestos por los super-
visores de los países en los que operan.

4.1.2 La consistencia
El Comité es plenamente consciente de que, para su correcta implementación y el cumpli-

en Basilea: el Grupo
miento de sus objetivos, Basilea II requiere un cierto grado de consistencia entre las distintas
de Implementación del Acuerdo jurisdicciones. Por ello, en diciembre de 2001, creó el Grupo de Implementación del Acuerdo
(AIG) (Accord Implementation Group o AIG).

El objetivo del AIG es facilitar la implementación de Basilea II de una forma consistente entre
los distintos países, lo que no significa que tenga que ser una aplicación idéntica. El plantea-
miento es que este grupo sirva de foro para el intercambio fluido de información entre los
supervisores, fomentando la consistencia en la implementación del Acuerdo a través de dos
vías no preceptivas:

1. Compartiendo las experiencias y metodologías para identificar unas «mejores prácticas»,


y

2. facilitando la identificación de posibles inconsistencias en la implementación que puedan


requerir mayor guía por parte del Comité.

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Dentro de los trabajos del AIG destacan cuatro áreas: las opciones de discreción nacional, el
Pilar 2, la validación de modelos IRB (y AMA) y, sobre todo, la implementación transfronteriza
del Acuerdo.

La naturaleza y objetivos de los trabajos en cada una de estas áreas son muy diferentes. Está
claro que una igualdad total en las normas, en las prácticas supervisoras y en los criterios de
validación resolvería gran parte de las preocupaciones de los grupos internacionales. Pero
esto no es realista porque, como los reguladores saben perfectamente, muchas de las dife-
rencias en la regulación y supervisión entre países tienen causas de fondo sólidas; y seguirán
existiendo mientras estas persistan. Los distintos países viven realidades económicas, finan-
cieras, regulatorias, e incluso culturales, diferentes. Esta situación impone un límite a la con-
vergencia, cuyo alcance debe limitarse a aquellas cuestiones o áreas donde las diferencias
nacionales no están justificadas, o donde el coste neto de la diversidad supera al de la homo-
geneidad.

Así, en el caso de las áreas de discrecionalidad nacional el objetivo principal del AIG es bas-
tante limitado: simplemente facilitar la información de las opciones elegidas por los países. En
los trabajos sobre el Pilar 2 el objetivo va un poco más allá: aclarar lo que es (o lo que no es)
el Pilar 2, destacando que no hay una única receta para aplicarlo. En cuanto a la validación de
los modelos, que es un trabajo de gran complejidad, el objetivo va todavía más allá: se pre-
tende alcanzar una mayor convergencia, aprendiendo de los supervisores con más experien-
cia en este campo e intentando delimitar el contenido de algunos de los elementos esenciales
del marco IRB.

Totalmente diferentes son los trabajos encabezados bajo el título de «aplicación transfronteriza
del Acuerdo». Pero ¿no es esto de lo que hemos venido hablando todo este tiempo? En efec-
to, hemos visto que la aplicación desigual de los tres puntos anteriores es la causa principal
de las dificultades para aplicar el Acuerdo en los grupos transfronterizos. Pero los trabajos en
esta área lo que intentan es salvar estas dificultades definiendo unos principios básicos de
asignación de responsabilidades, cooperación y comunicación entre las distintas autoridades
implicadas en la supervisión de un grupo bancario internacional.

4.1.3 La convergencia En principio, las dificultades de implantar el Acuerdo en los grupos paneuropeos son muy si-
en Europa: el Comité Europeo milares a las que nos encontramos en los grupos internacionales. Pero la forma de abordarlas
de Supervisores Bancarios es diferente en el ámbito de un mercado único, con una base normativa común y con una
(CEBS) estructura institucional que facilita el reconocimiento mutuo necesario para tratar estas cues-
tiones.

Aunque la Directiva asienta las bases para tratar algunos de estos temas, eso no quiere decir
que vayan a ser fáciles de implementar. Para el desarrollo consistente de estas bases, y el tra-
tamiento de otras dificultades para la implementación de la Directiva, será necesaria una con-
vergencia en las prácticas supervisoras («strand 3» en la terminología Lamfalussy), para la que
el papel del Comité Europeo de Supervisores Bancarios, CEBS, está siendo fundamental.

El CEBS fue constituido por decisión de la Comisión Europea de 5 de noviembre de 2003 y,


como comité bancario de «nivel 3», cumple tres funciones: 1) asesorar a la Comisión en la
elaboración de la normativa bancaria; 2) asegurar una aplicación consistente de la normativa
europea y una convergencia en las prácticas supervisoras; y 3) estimular la cooperación y el
intercambio de información entre los supervisores20.

20. Para mayor información sobre el CEBS, véase su página: www.c-ebs.org.

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Desde su nacimiento, a principios de este año 2004 (su primera reunión formal fue el 29 de
enero en Barcelona), este Comité ha sido extraordinariamente activo en las cuestiones relati-
vas a la implementación del Acuerdo. Para ello ha contado con la ayuda de su principal grupo
de trabajo, el Grupo de Contacto (GdC), y de un grupo de nueva creación, el Grupo de Exper-
tos de la Directiva de Capital21.

De las tres áreas identificadas como problemáticas para la implementación de la nueva nor-
mativa hay que destacar, muy especialmente, los trabajos realizados por el GdC sobre el
contenido y desarrollo de la revisión supervisora, que han dado lugar a un documento que
el CEBS ha sometido a consulta. Además, por encargo de la Comisión Europea, y con el
objeto de reducir el número de opciones contenidas en el borrador de Directiva, el CEBS ha
analizado (a través del Grupo de Expertos) las áreas de discrecionalidad nacional. Finalmente,
también se han acometido los trabajos para alcanzar una mayor convergencia en las metodo-
logías para la validación de los enfoques internos, a través de un subgrupo conjunto formado
por ambos grupos citados, y se ha comenzado a trabajar en la transparencia del supervisor.

A continuación se describirán los pasos que se han dado, en Basilea y en la UE, para abordar
los temas descritos. Los dos siguientes epígrafes se dedican a la aplicación transfronteriza y
al Pilar 2, respectivamente. A continuación se tratan los otros tres: la validación de modelos,
la discreción nacional y la transparencia del supervisor.

De todos ellos, probablemente el de la aplicación transfronteriza es el más difícil, tanto porque


es en sí mismo extremadamente complejo, como porque incorpora un elevado componente
político. Además, en él se mezclan las cuestiones relativas a las otras áreas citadas.

Empecemos, pues, por lo más difícil.

4.2 LA APLICACIÓN La importancia de la aplicación transfronteriza de Basilea II es tal que ha centrado la atención
TRANSFRONTERIZA DE BASILEA II de los supervisores de todo el mundo, reunidos en su conferencia bianual en Madrid en sep-
tiembre de este año —la denominada Conferencia Internacional de Supervisores Bancarios
(ICBS, según sus siglas en inglés)22—. Una de las conclusiones de esa conferencia es que los
desafíos supervisores transfronterizos van mucho más allá de la aplicación de Basilea II. La
centralización de funciones en una entidad en los grandes grupos bancarios internacionales,
la creciente globalización bancaria y el establecimiento de filiales sistémicas en los países de
acogida han sido citados como importantes elementos que hacen que el diálogo, la coopera-
ción y la coordinación entre los supervisores de origen y acogida deba incrementarse notable-
mente.

Con la finalidad de afrontar estos retos, el Comité publicó unos principios para la aplicación
transfronteriza del Acuerdo que nos servirán de punto de partida para el análisis de este
tema.

4.2.1 Los seis principios Uno de los problemas más importantes de la aplicación del Acuerdo, y al que más atención
generales para la aplicación se le ha dedicado, es el de la aplicación transfronteriza de los métodos avanzados de medi-
transfronteriza de Basilea II ción de los riesgos (de crédito, operacional o de Pilar 2). Un grupo internacionalmente activo

21. El GdC fue creado en 1974. Desde entonces ha promovido la convergencia de las prácticas supervisoras y la comu-
nicación entre supervisores. Con la creación del CEBS, el GdC se incorporó en la nueva estructura como principal grupo
de trabajo de este Comité. El Grupo de Expertos de la Directiva de Capital ha sido creado por CEBS para tratar las
cuestiones relacionadas con esta directiva y, en particular, para el cumplimiento de la tarea asesora de CEBS a la Comi-
sión en esta fase de la elaboración de la misma. 22. 13th Internacional Conference of Banking Supervisors (ICBS).
Madrid, 21-22 de septiembre de 2004. www.icbs2004.org.

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que aplique métodos avanzados al grupo consolidado, a la matriz y a las filiales se enfrenta
con una serie de cargas si los supervisores no aplican de manera similar Basilea II:

– Los criterios de la validación de los modelos pueden ser distintos. En este caso,
un modelo adecuado para el grupo o una filial puede no serlo para otra, no solo
porque las circunstancias de cada una sean distintas, sino porque la interpretación
de los supervisores acerca del cumplimiento de los requisitos sea diferente.

– Los países pueden decidir implementaciones muy distintas de Basilea II, hasta el
extremo de no aceptar los modelos avanzados en su territorio, implementando
solo el SA de Basilea II, o quedándose en Basilea I. O pueden no aceptarlos para
un conjunto determinado de entidades. Como es sabido, por ejemplo, Estados
Unidos solo aplicará (al menos por ahora) Basilea II a una veintena de bancos —in-
cluyendo todos los internacionalmente activos—. Esto significa que las distintas
entidades de un grupo internacional podrían tener que aplicar métodos distintos.

El AIG ha tratado de paliar ambos problemas. Como primera medida, el Comité publicó seis
principios de la aplicación transfronteriza de Basilea II elaborados por el AIG, que fueron com-
plementados posteriormente por otros dos (véase recuadro 2)23.

Estos seis principios son bastante genéricos, y se explican bien por sí mismos. Cabe reseñar
el primero: no se altera la actual distribución de responsabilidades entre el supervisor de
origen (de la matriz) y el de acogida (de la filial). Como es bien sabido, la distribución interna-
cional de responsabilidades de los supervisores es hoy la siguiente24: el supervisor de la
matriz es responsable del grupo consolidado, de su matriz y de las filiales establecidas en su
territorio; los supervisores de acogida son responsables de las filiales establecidas en su terri-
torio25.

Conviene también detenerse un momento en los dos adicionales citados, que tienen un alcan-
ce más práctico.

El primero de ellos establece que los supervisores (de los países miembros del Comité) que
necesiten información detallada de los planes de implementación de filiales extranjeras
que operan en su territorio deberán solicitarla al supervisor de origen antes de dirigirse al
banco. El texto aclara que esto debe interpretarse de manera «práctica» y que no impide los
contactos directos de cada autoridad con sus filiales, sino que proporciona una racionaliza-
ción de estas peticiones que redundará en menores cargas de implementación. No obstan-
te, la práctica ha demostrado que determinadas filiales ni siquiera tienen información general
sobre los planes de implementación del grupo al que pertenecen. Esta situación no es de-
seable y hace aumentar las reticencias de terceros países que estén pensando en aplicar
este principio.

El segundo principio adicional tiene relevancia para la discusión posterior acerca del papel del
supervisor en base consolidada en la UE. Este principio, que desarrolla el quinto de los prin-
cipios generales del recuadro 2, dice que el Comité espera que el trabajo inicial de validación

23. BCBS (2003) y BCBS (2004c), apéndice III. La traducción, no literal, es nuestra. 24. Esta distribución está conteni-
da en el primer documento del Comité, denominado «Concordato», cuya finalidad era asegurar que todo banco queda-
ra sujeto a supervisión. Véase BCBS (1983). 25. El caso de las sucursales —que no se trata aquí— es algo distinto y
varía según países. Normalmente será el país de origen el responsable de la supervisión prudencial de la sucursal —que
es una entidad sin personalidad jurídica propia—, aunque algunas jurisdicciones tienen la responsabilidad legal de super-
visarlas.

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PRINCIPIOS TRANSFRONTERIZOS Y AMA RECUADRO 2

A. Los seis principios para la aplicación transfronteriza B. Dos principios adicionales para la aplicación de Basilea II
del Acuerdo
1. Los supervisores de origen y de acogida deben considerar mo-
1. El Nuevo Acuerdo no altera las responsabilidades legales de los dos prácticos para la coordinación de las peticiones de informa-
supervisores nacionales para la regulación de sus entidades ción [que se le hacen a las entidades de un grupo internacional-
domésticas, ni los acuerdos para la supervisión en base conso- mente activo].
lidada establecidos por el BCBS.
2. Los supervisores no deben duplicar el trabajo de validación y
aprobación de [los modelos avanzados] de Basilea II. [Este prin-
2. El supervisor de origen es responsable de la vigilancia de la im-
cipio es un desarrollo del quinto anterior, véase la explicación en
plementación del Nuevo Acuerdo para un grupo bancario en
el texto.]
base consolidada.

C. Principios para la aplicación transfronteriza del AMA


3. Los supervisores de acogida tienen responsabilidades que de-
ben ser entendidas y reconocidas, especialmente en el caso de 1. El cálculo de los requerimientos AMA debe ser coherente con el
filiales. ámbito de aplicación del Acuerdo y con los seis principios trans-
fronterizos.
4. Debe fortalecerse la cooperación práctica entre supervisores
con intereses legítimos. El supervisor de origen debe dirigir esta 2. La dirección de cada entidad tiene la obligación de entender el
coordinación. perfil de riesgo operacional a su nivel de la organización y de
asegurar que estos riesgos se gestionan adecuadamente y que
el capital mantenido a cada nivel es adecuado en relación con
5. Cuando sea posible, los supervisores deben evitar hacer traba-
esos riesgos.
jos de validación redundantes y no coordinados, con la finalidad
de reducir la carga de implementación de los bancos y no dila-
3. Dado que el capital no es libremente transferible dentro de un
pidar los recursos de los supervisores.
grupo bancario, especialmente durante épocas de estrés, cada
filial del grupo debe estar adecuadamente capitalizada de mane-
6. Al implementar el Nuevo Acuerdo, los supervisores deben comu- ra individual.
nicar lo más claramente posible a los grupos bancarios interna-
cionalmente activos los papeles respectivos del supervisor de 4. Cuando sea posible, los supervisores deben buscar un equilibrio
origen y de los supervisores de acogida. El supervisor de origen entre los principios anteriores y el objetivo de reducir los costes
liderará los esfuerzos de coordinación en cooperación con los de implementación del AMA —tanto para los bancos como para
supervisores de acogida. los supervisores.

de los enfoques IRB avanzados para las exposiciones con grandes empresas sea liderado por
el país de origen con el apoyo de los supervisores de acogida, quienes tienen que basarse en
el trabajo del de origen26.

Como se verá más adelante, la propuesta de directiva de la Comisión Europea ha dado otra
vuelta de tuerca a este principio otorgando un papel aún más importante al supervisor de
origen —aunque en un contexto de normativa supranacional desarrollada.

4.2.2 El caso de la aplicación Esta aplicación de los sistemas avanzados para la medición del riesgo operacional, AMA, es
transfronteriza del AMA un caso particular de la aplicación transfronteriza general, y tendrá consecuencias para la
discusión del Pilar 2 (véase más adelante).

26. La referencia a grandes empresas se basa en la constatación de que los modelos del grupo para las mismas serán
de aplicación más generalizada que aquellos para retail, por ejemplo, donde las circunstancias específicas de los mer-
cados tienen mayor influencia y, consecuentemente, el papel de los supervisores de acogida debe ser mayor. En este
sentido, algunos supervisores están empezando a distinguir tres niveles de modelos de una misma entidad: global (para
todo el mundo), regional y local; para algunos, la implicación del supervisor de acogida podría ser nula en el primer caso,
relativa en el segundo, y preponderante en el local.

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Las entidades plantearon dos grandes conjuntos de problemas en la aplicación transfronteriza
del AMA. El primero, más práctico, se refiere a las dificultades de hacer un AMA para cada una
de las filiales del grupo, debido a problemas de preparación técnica de su personal y de dis-
ponibilidad de datos.

El segundo es consecuencia de que Basilea II permite que aquellas entidades que cumplan
los requisitos puedan reconocer los efectos de la diversificación en el AMA, a diferencia de lo
que ocurre en el riesgo de crédito, donde no se reconoce el AIRB. Sin embargo, si una entidad
aplica el AMA en un grupo consolidado, percibiendo esos beneficios en términos de menores
requerimientos de capital por riesgo operacional, y aplica asimismo el AMA (u otro método) a
cada una de sus filiales, normalmente la agregación (por mera suma) de los requerimientos de
todas ellas dará un capital total superior a los requerimientos del grupo consolidado.

Para evitar esto, los bancos plantearon una alternativa muy simple desde el punto de vista
conceptual, pero compleja en la práctica e imposible desde el punto de vista de la distribución
de las responsabilidades de la supervisión internacional. Consistía en calcular un solo reque-
rimiento AMA para el grupo, y luego distribuir esta cuantía entre las distintas filiales en base a
determinados criterios.

Aparte de las complicaciones prácticas para desarrollar un modelo de asignación del capital
a las filiales, esta solución chocó con dos problemas básicos. El primero es que el supervisor
de acogida de la filial no estará normalmente dispuesto a aceptar esa asignación, ya que
tiene la obligación legal de asegurarse que sus entidades están adecuadamente capitaliza-
das en relación con sus riesgos. Es soberano en la decisión de aceptar o no una asignación
del capital por el grupo. Así, no se puede establecer esa asignación como una obligación
general.

El segundo es que si bien es cierto que es poco probable que una entidad sufra grandes
pérdidas por riesgo operacional en varias filiales a la vez, no es menos cierto que, en general,
el capital no es transferible internacionalmente, de modo que es muy dudoso que una filial que
no ha sufrido pérdidas pueda apoyar a la que sí las ha sufrido.

El Comité, reconociendo esta situación, emitió un documento (que luego fue objeto de acla-
ración), argumentando que la necesaria flexibilidad de implementación no debe ir contra un
principio fundamental: que cada entidad debe estar adecuadamente capitalizada individual-
mente. Rechazaba, así, la posibilidad de un método de asignación generalizada, proponiendo
en su lugar un denominado «enfoque híbrido» del AMA27.

Este enfoque solo acepta, previo acuerdo del supervisor, la asignación del capital AMA calcu-
lado para el grupo en el caso de filiales «no significativas». Por lo tanto, los bancos tienen que
calcular un AMA individual (o aplicar otro método) para cada una de sus filiales significativas
(que no se definen), y en ningún caso se permite que los beneficios de diversificación del gru-
po en su conjunto puedan aplicarse «hacia abajo» a estas filiales. Sí se permite reconocer los
beneficios de diversificación internos de cada filial AMA, que serán los más importantes por el
mayor tamaño de estas.

Por otro lado, el documento trata de mitigar los problemas de coste, permitiendo que las filia-
les utilicen, en el cálculo de su AMA individual, los recursos de la matriz u otras entidades del

27. BCBS (2004a). Una interpretación/ampliación de estos principios se encuentra en la nota de prensa de 11 de mayo
del Comité, BCBS (2004c).

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grupo, y los datos y parámetros calculados para el grupo, siempre que los ajusten a la situa-
ción de la filial.

En el recuadro 2 se listan los cuatro principios del AMA transfronterizo contenidos en el docu-
mento citado.

4.2.3 La práctica: el estudio Los seis principios para la aplicación transfronteriza de Basilea II, junto con los trabajos del
de «casos reales» AIG en función de la experiencia de los países miembros, llevan al siguiente funcionamiento
de la implementación de Basilea II. Primero, cada banco debe presentar un plan de implemen-
tación que contenga un conjunto de informaciones. Algunas de las más importantes son: el
método de medición de riesgo que va a aplicar el grupo y cada una de las filiales, las fechas
de aplicación relevantes, la situación actual de cumplimiento de los requisitos del método o
los métodos elegidos, y los planes para que las filiales que no lo hayan hecho al inicio accedan
al método aplicado por el grupo si este es más avanzado (el denominado roll-out28).

A continuación el supervisor debe revisar este plan y entablar un diálogo con la entidad, y, lo
que es más importante para lo que nos ocupa, el supervisor de origen debe establecer con-
tacto con los supervisores de las filiales (más relevantes) del grupo. Este contacto puede
adoptar la forma de reuniones entre estos supervisores (las denominados «colegios de super-
visores»), aunque también se puede optar por múltiples contactos bilaterales29.

Estas reuniones forman la base de los llamados «estudios de casos reales» (real case studies)
del AIG. Estos estudios son los precursores de los acuerdos prácticos y planes conjuntos
entre el supervisor de origen y los de acogida para cada grupo. El AIG ha estudiado unos 17
casos relativos a la implementación de los métodos avanzados de riesgo de crédito y, en
menor medida, operacional. En estos trabajos han participado también algunos países que no
son miembros del Comité30.

Estos estudios han permitido extraer algunas lecciones preliminares:

– Es mejor empezar con un reducido grupo de supervisores: el de origen y los de


acogida más significativos, complementando esto con una adecuada política
de comunicación hacia los supervisores de otras filiales del grupo no incluidos en
las reuniones iniciales.

– Deben analizar como reaccionar ante los planes del banco y ver la mejor forma de
coordinar sus esfuerzos.

– Un prerrequisito es que los planes de los bancos estén adecuadamente desarro-


llados.

– Los supervisores de acogida deben decidir acerca de qué información precisan


para que puedan fiarse de los cálculos, análisis y trabajos desarrollados fuera de
su jurisdicción (normalmente en el país de origen).

28. De hecho, en inglés, este plan se denomina roll-out plan. Basilea II permite que las distintas entidades de un grupo
apliquen diferentes métodos de medición de los riesgos, transitoria o permanentemente, siempre que se cumplan deter-
minadas condiciones. Ya hemos dicho que en la UE algunas carteras (soberanos, interbancario) tienen una excepción
permanente. 29. Un factor para determinar el formato más apropiado para los contactos entre supervisores es el de la
estructura organizativa de los grupos. Por ejemplo, el formato multilateral es más adecuado para grupos en los que
existe una centralización de funciones. 30. Véase Nick Le Pan (2004). (Le Pan es vicepresidente del BCBS y presiden-
te del AIG.) Además, un discurso en el citado ICBS de Madrid volvió sobre este tema, ampliando los datos aportados en
el discurso citado.

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– Asimismo, los supervisores de origen deben tener claro qué información necesitan
de los de acogida acerca de la relevancia de los modelos y análisis del banco en
relación con los mercados de acogida.

– En ningún caso estas relaciones entre supervisores de origen y acogida pueden


seguir una fórmula preestablecida.

– Estas relaciones tampoco llevarán a cambios en la distribución de responsabilida-


des entre supervisores.

4.2.4 La aplicación Como se ha visto en el epígrafe 3.2, para resolver los problemas de consistencia entre enfo-
transfronteriza en la UE: ques y métodos distintos seguidos por los supervisores europeos, en especial respecto a la
las nuevas funciones validación de modelos, y propiciar la coordinación y el intercambio de información entre los
del supervisor en base distintos supervisores europeos a los que esté sometido un grupo bancario, la Comisión Eu-
31
consolidada ropea ha optado por desarrollar y ampliar las tareas que corresponden al supervisor respon-
sable de la vigilancia en base consolidada de un grupo bancario. Para ello, en su propuesta
de Directiva, define el concepto de «matriz europea» de un grupo bancario como aquella ma-
triz última, en Europa, del mismo32.

En efecto, la Directiva amplía (artículo 129) las actuales funciones del supervisor en base con-
solidada de una entidad de crédito matriz europea. Por una parte (art. 129.1), le otorga la
responsabilidad de la coordinación de la obtención y diseminación de la información relevante
para la supervisión, y la planificación y coordinación de las actividades supervisoras, incluyen-
do la revisión supervisora (o Pilar 2).

Por otra parte (art. 129.2), establece el siguiente procedimiento para la validación de los mo-
delos avanzados en el caso de los grupos europeos transfronterizos:

«En el caso de una solicitud de autorización para el uso de modelos avanzados por
parte de una entidad de crédito matriz europea y su grupo, que se someterá única-
mente al supervisor en base consolidada [el de origen] de la matriz europea, las auto-
ridades supervisoras deben trabajar conjuntamente para determinar si debe o no
otorgarse dicha autorización. Estas autoridades deberán resolver la solicitud en un
único documento [para el grupo y sus filiales] en un plazo no superior a seis meses. Si
no se ha producido una resolución en dicho plazo, el supervisor en base consolidada
resolverá»33.

La Directiva es una norma. Esto significa que, a diferencia de Basilea, no puede dejar abierta
la resolución de un procedimiento: no valdría decir que los supervisores de origen y acogida

31. Nótese que este tema, que es esencialmente de implementación en Basilea, ha sido incorporado a la propia legisla-
ción común de la Unión, dejando para el «strand 3» su desarrollo práctico. Nótese, además, que en este artículo solo se
tratan las cuestiones transfronterizas importantes directamente relacionadas con Basilea II. La discusión europea sobre-
pasa este limitado alcance, incluyendo cuestiones como la aplicación de la regulación de la sociedad europea en el caso
de grupos bancarios que transforman filiales en sucursales sistémicas, el papel de los sistemas de garantía de depósito,
los efectos sobre la estabilidad financiera, cómo internalizar las externalidades creadas por el contagio entre países de-
bido a la expansión transfronteriza, el impacto sobre los apoyos de liquidez y el papel de los bancos centrales, entre
otras cuestiones. 32. Art. 4 (16): Una entidad de crédito matriz europea es la matriz de un grupo de entidades de
crédito establecida en un Estado miembro que no es filial de una entidad de crédito (o de un holding financiero) estable-
cida en otro Estado miembro, y en la que ninguna entidad de crédito autorizada en un Estado miembro mantiene una
participación. El art. 4 (17) incluye una definición semejante para un holding matriz europea. 33. Es de esperar que, por
su mutuo interés, la necesidad de todos los supervisores de tener en cuenta la opinión de los demás, y los trabajos
hacia la convergencia de las prácticas supervisoras, en general, y de la validación, en particular, hagan que la resolución
por parte del supervisor de origen sea un hecho excepcional.

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decidirán conjuntamente sin establecer qué ocurre si no se ponen de acuerdo, y sin estable-
cer un plazo para la resolución. La Comisión soluciona esto estableciendo que decida el su-
pervisor de origen si no hay acuerdo en un plazo de seis meses34.

Esta norma tiene una consecuencia inmediata: se produce el traspaso de parte de la respon-
sabilidad sobre las filiales desde el supervisor de acogida (donde hoy reside) hacia el de ori-
gen. ¿Se trata de una cuestión preocupante? Vayamos por partes.

Desde el punto de vista puramente legal, la responsabilidad del supervisor de acogida está a
salvo. La Directiva implicará (de mantenerse en su actual redacción) una modificación del
cuadro de responsabilidades nacionales actual, pasando un elemento de la supervisión pru-
dencial de las filiales de su país de acogida al de origen. Sin perjuicio de lo anterior, el super-
visor de acogida seguiría siendo responsable de la adecuación de capital de la filial y de su
supervisión prudencial en general.

No obstante, desde un punto de vista práctico y de aplicación, esta ruptura en la actual dis-
tribución de responsabilidades puede provocar serios problemas. Esto se debe a la naturale-
za de los requerimientos que deben cumplir los bancos para que el supervisor acepte sus
modelos avanzados y, por ende, a la naturaleza del propio proceso de validación. Tres ele-
mentos se pueden señalar en este sentido: la existencia de numerosos requisitos cualitativos
(de gobierno corporativo y gestión de riesgos) que deben cumplir los bancos que quieran
acceder a los modelos avanzados; la existencia de un «test de uso» o requerimiento de que el
modelo esté integrado en la gestión de la entidad; y la exigencia de que la entidad cumpla
continuamente (en todo momento) esos requerimientos.

Esa naturaleza provoca serias dudas, tanto conceptuales como prácticas, acerca de la posi-
bilidad de separar (o aislar) la validación de un modelo avanzado del resto de la supervisión
prudencial de la entidad de forma continuada. El proceso de validación no es puntual sino
continuo, ya que, si bien algunos requisitos se cumplen de una vez para siempre, otros requie-
ren una atención constante por parte del supervisor.

Por ejemplo, si el supervisor de acogida detecta una deficiencia sobrevenida de los controles
internos durante una inspección normal, tendrá que decidir qué impacto puede tener sobre el
modelo y, quizás, informar al supervisor de origen. ¿Quién es responsable de la detección de
la debilidad? ¿Y de su corrección?

Todo ello implica que, si bien el papel del país de origen puede ser primordial en la primera
autorización, deberá arbitrarse un procedimiento más equilibrado y cercano al supervisor de
acogida para la validación continuada del cumplimiento de los requisitos.

a. El posible papel del Pilar 2 En esa vigilancia continuada, un tema muy importante es el papel del Pilar 2: a pesar de que
la banca europea pide que se aplique solo a nivel del grupo consolidado, la Directiva estable-
ce que, al menos, la entidad o subgrupo filial dentro de cada país debe estar sometido a la
revisión supervisora del país de acogida.

Así, el Pilar 2 puede proporcionar una línea de defensa ante fallos materialmente importantes
del sistema descrito, pues permite al supervisor compensar esos posibles fallos asegurando
que cada filial tiene el capital suficiente.

34. El caso más extremo de falta de acuerdo es cuando un supervisor de acogida rechaza (no valida) la aplicación de un
IRB o un AMA para su filial, mientras que el de origen la acepta.

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Es posible argumentar que el Pilar 2 puede ser utilizado por el supervisor de acogida para
imponer unilateralmente su posición acerca de la validación cuando no esté de acuerdo con
el supervisor de origen, viciando la nueva delimitación de responsabilidades. No obstante,
este problema es probablemente menor en un contexto de supervisores razonables, transpa-
rencia supervisora y presiones de mercado, y en la medida en que los «requerimientos» adi-
cionales del Pilar 2 deban justificarse.

b. La importancia práctica La validación de modelos es un elemento dentro del esquema global de la supervisión pru-
de esta cuestión dencial de una entidad. Las diferencias que se pueden producir entre una validación (país de
acogida) y otras (país de origen) son probablemente mínimas, especialmente si la decisión se
produce tras un razonable intercambio de opiniones entre los supervisores.

Actualmente este tema tiene una dimensión muy acotada para España35: las 18 filiales es-
pañolas de bancos de la UE suponen entre un 3% y un 4% de los activos, empleados y
número de oficinas; las dos mayores suponen un 1,3% y un 0,9% de los activos totales.
Respecto a las filiales de bancos españoles en la UE (cuyos sistemas tendría que validar
España como supervisor en base consolidada), tienen cierta importancia en Alemania y en
Portugal.

No obstante, esta cuestión es vital para otros países europeos en cuyos sistemas bancarios
hay una gran preponderancia de filiales (o sucursales) de otros países, como puede ser el
caso de Luxemburgo o la mayor parte de los países nuevos de la UE, y es muy difícil, sobre
todo en estos últimos, separar las dificultades técnicas de las cuestiones políticas.

4.3 LA IMPLEMENTACIÓN Como se ha indicado en la introducción, la complejidad, intensidad y duración de los trabajos
DEL PILAR 2 sobre el Pilar 1 centraron gran parte de la atención del Comité y de la industria hasta hace
poco más de un año. Esto implicó retrasar la reflexión sobre el Pilar 2 en Basilea.

La redacción actual de la primera parte de este Pilar (que incorpora los cuatro principios) se
completó muy pronto en el proceso y prácticamente no se ha modificado (sección II del Pi-
lar 2). La segunda parte del mismo (sección III en adelante) ha sufrido más cambios, consis-
tentes básicamente en dar refugio a aquellos temas que estaban inicialmente en el Pilar 1,
siendo el riesgo de interés de la cartera de inversión uno de los primeros temas en emigrar, y
los aspectos relacionados con la titulización, de los últimos.

Sin embargo, coincidiendo con las respuestas al CP3, ha habido un interés creciente por este
tema, tanto por parte de la banca como de los propios supervisores.

Las principales preocupaciones de las entidades son dos, aunque, como veremos, en Euro-
pa se añade una tercera. La primera es el temor a que el Pilar 2 implique exigencias adicio-
nales de capital automáticas —exigencias cuyo efecto sobre los requerimientos de capital no
se ha estudiado en los sucesivos estudios de impacto—. La segunda es el temor a una apli-
cación desigual entre países que desnivele el terreno de juego competitivo, dada la gran
discreción con que cuenta el supervisor en la aplicación de la revisión supervisora. En Euro-
pa, además, las entidades han expresado el temor a una aplicación desproporcionada de los
principios de la revisión supervisora exigiendo que hasta las entidades menos sofisticadas
deban contar con modelos internos (complejos) de cálculo del capital económico (véase más
adelante).

35. Situación que puede cambiar con la adquisición por parte de un banco español de una entidad británica de cierto
peso.

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4.3.1 Lo que dice el Acuerdo El objetivo básico del Pilar 2 es asegurar que las entidades tienen el capital suficiente para
sobre el Pilar 2: los objetivos cubrir sus riesgos, y estimularlas a desarrollar y utilizar mejores sistemas y técnicas para la
y los cuatro principios gestión y medición de los mismos. Para ello se basa en cuatro principios que establecen lo
siguiente:

1. Los bancos deben tener un proceso para evaluar la adecuación global de su capital en
relación con su perfil de riesgos y una estrategia para mantener los niveles de capital. Este
proceso se ha venido a denominar proceso de evaluación de la adecuación del capital, o
CAAP en sus siglas en inglés. En definitiva, establece que los administradores de cada
entidad tienen la principal responsabilidad de que exista un CAAP que asegure que la en-
tidad tiene suficiente capital para hacer frente a las exigencias legales, a su perfil de ries-
gos y a sus objetivos internos.

2. Los supervisores deben revisar y evaluar la valoración interna del capital considerado
adecuado por los bancos y sus estrategias, y tomar las medidas que consideren adecua-
das si no están satisfechos con el resultado del proceso.

3. Los supervisores esperan que los bancos operen con unas ratios de capital superiores a
los mínimos legales del Pilar 1, y deben tener la potestad de exigir que los bancos man-
tengan un nivel de capital por encima del mínimo.

4. Los supervisores intervendrán pronto para evitar que los niveles de capital caigan por
debajo de los mínimos.

4.3.2 La posición del Comité El Comité de Basilea ha trabajo en el último año en la implementación del Pilar 2, aunque lo
sobre la implementación único que ha hecho público es el anexo B a su nota de prensa de enero de 200436. Dicho
del Pilar 2 anexo contiene ideas generales sobre cómo interpretar este Pilar de Basilea II, y reafirma el
compromiso del Comité de trabajar por una implementación consistente entre países. Reco-
noce que este Pilar tiene que ser flexible, por lo que no deben darse guías prescriptivas, sino
avanzar en dos direcciones: compartiendo información entre los supervisores acerca de su
aplicación nacional, y estableciendo un diálogo constructivo con las entidades.

Los puntos más importantes del citado anexo son los siguientes:

– La identificación individualizada de determinados riesgos incluidos en el texto del


Pilar 2 (de interés, de concentración, etc.) tiene la finalidad de que los bancos, bajo
su propia responsabilidad, los incluyan en su CAAP. Si se proporcionan principios
sobre su tratamiento, es para que los bancos los tengan en cuenta al hacer su
valoración interna. El Pilar 2 no impone automáticamente requerimientos adiciona-
les de capital (add-ons) para cada uno de ellos.

– No se pretende que el Pilar 2 conduzca a «requerimientos formales adicionales


específicos generalizados» (la cursiva es del Comité).

– El Pilar 2 reconoce que los bancos se enfrentan con riesgos no tratados en el Pi-
lar 1, y que muchos bancos eligen operar con niveles de capital superiores a los
mínimos. El Pilar 2 contiene la expectativa del Comité de que los bancos interna-
cionalmente activos operen por encima de los mínimos.

36. BCBS (2004b), anexo B.

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– La aplicación transfronteriza del Pilar 2 es un área que se presta especialmente a
la aplicación de los principios generales transfronterizos.

No obstante, el AIG no ha publicado nada relacionado con las cuestiones más prácticas,
como, por ejemplo, la visión del supervisor acerca de qué condiciones debe cumplir un CAAP
para ser aceptable, o cómo va a implementar el supervisor el principio 2.

4.3.3 Los trabajos En Europa la reflexión sobre el Pilar 2 ha ido por delante de Basilea. En efecto, el GdC lleva
sobre el Pilar 2 en la UE: años trabajando en el tema de la convergencia supervisora, en general, y del Pilar 2, en particu-
el documento consultivo lar. Gracias a este trabajo, los supervisores europeos han podido elaborar y someter a consul-
del CEBS ta un documento que contiene un conjunto de principios de alto nivel que desarrollan los dos
primeros principios del Pilar 2 de Basilea II37.

Este documento consultivo contiene, primero, un análisis conceptual de lo que debe enten-
derse por revisión supervisora y sus diversos componentes. Parte de la idea de que la revisión
supervisora consta de dos componentes íntimamente relacionados: un proceso interno de
evaluación del capital responsabilidad de la entidad (ICAAP; a diferencia de Basilea, Europa
añade una «I» de interno), y la obligación del supervisor de revisar el cumplimiento de la Direc-
tiva (incluyendo el ICAAP) e identificar, en su caso, medidas prudenciales.

La interacción entre estos dos componentes da lugar a uno de los principales valores añadi-
dos del Pilar 2: el diálogo entre supervisor y supervisado sobre la valoración del perfil de
riesgos y del capital (interno) de la entidad.

El documento deja claro que los requerimientos de capital que surgen del Pilar 1 son los
mínimos. Dado que estos mínimos se basan en un «modelo supervisor» (el del Pilar 1) igual
para todos dentro de cada método, y que ningún modelo uniforme puede medir de mane-
ra precisa los riesgos de cada entidad, no basta revisar el cumplimiento del Pilar 1: entida-
des y supervisores deben ir más allá en el Pilar 2. Así, dentro del proceso supervisor, la
exigencia de capital mínimo adicional por encima del mínimo legal es una de las opciones
con que cuenta el supervisor para asegurarse que se cubren los riesgos identificados, una
vez que ha tenido en cuenta los controles internos y otros elementos de reducción de
riesgos. Aclara, a continuación, que el énfasis también debe ponerse en la gestión de ries-
gos de la entidad.

En efecto, en muchos casos el capital no es la solución. Si el perfil de riesgos es especialmen-


te preocupante y los controles son adecuados, puede requerirse más capital que el mínimo
legal. Si los controles no son adecuados, la solución es mejorarlos, si bien una exigencia tran-
sitoria de capital adicional, junto con un plan de mejoras de los controles internos, puede servir
tanto de incentivo a mejorar estos como de colchón, sin ser una solución a largo plazo.

A continuación el documento presenta una serie de principios acerca del ICAAP (véase el re-
cuadro 3), advirtiendo que un ICAAP tiene una parte más cualitativa (principios de adecuado
gobierno corporativo y gestión de riesgos) y otra cuantitativa (la valoración del capital necesa-
rio en función del perfil de riesgos), y que esos principios se refieren básicamente a la segun-
da: el cálculo del capital adecuado.

La publicación de los principios constituye otro ejercicio de equilibrio dentro del nuevo marco
de adecuación de capital: el ICAAP es responsabilidad de la entidad y esta tiene libertad para

37. CEBS (2004).

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PRINCIPIOS DEL ICAAP1 RECUADRO 3

1. Toda entidad debe tener un ICAAP. 6. El ICAAP debe revisarse periódicamente.

2. El ICAAP es responsabilidad de la entidad 7. El ICAAP debe basarse en los riesgos.

3. El ICAAP debe ser proporcionado a la naturaleza, tamaño, perfil


8. El ICAAP debe ser integral.
de riesgo y sofisticación de la entidad.

Elementos que el supervisor debe tener en cuenta: tamaño, im- 9. El ICAAP debe ser forward looking.
portancia para la estabilidad financiera, o para otros objetivos
del supervisor, perfil de riesgos, complejidad, sofisticación, his- Debe tener en cuenta los planes estratégicos de la entidad y su
torial de cumplimiento de la normativa, o forma fundacional de la relación con factores macroeconómicos. Las entidades deben
entidad. tener un plan de capital que fije objetivos y la forma de conse-
guirlos, incluyendo el objetivo de cumplir los mínimos legales.
4. El ICAAP debe formalizarse, y las políticas de capital deben estar Debe tener en cuenta el crecimiento de los riesgos, las fuentes
documentadas y ser la responsabilidad de la alta administración. de financiación, las posibilidades de aumentar el capital, la polí-
tica de dividendos, etc.
5. El ICAAP debe formar parte integral del proceso de gestión y de
la cultura de toma de decisiones de la entidad.
10. El ICAAP debe basarse en procesos de medición y valoración
adecuados.
1. La traducción, no literal, es nuestra. El lector interesado puede remitirse al documento
consultivo citado para conocer los principios de la revisión y evaluación del supervisor inclui-
dos en él. 11. El ICAAP debe producir un resultado razonable.

desarrollarlo; no obstante hay unos mínimos que deben cumplirse que son lo suficientemente
generales como para no restringir sustancialmente esa libertad.

A continuación se comentan algunos de estos principios.

El principio 7 establece que el ICAAP debe basarse en los riesgos. Hay dos motivos por los
cuales las entidades eligen un nivel interno de capital determinado (nivel denominado habi-
tualmente «capital económico»), independientemente de la exigencia legal. El primero es la
necesidad de cubrir su perfil de riesgos. El segundo se refiere a ciertos objetivos que puede
perseguir la entidad, el más común de los cuales es un rating externo determinado. Este
principio reconoce esos otros motivos, pero exige que la entidad sea capaz de explicar al
supervisor cómo han influido estas consideraciones, distintas del perfil de riesgos, en el re-
sultado final.

El principio 8 dice que el ICAAP debe cubrir todos los riesgos; es decir: riesgos incluidos en el
Pilar 1; riesgos incluidos en el Pilar 1 cuyo tratamiento es insuficiente (para la entidad en cues-
tión); riesgos no incluidos en el Pilar 1 (por ejemplo, el riesgo de interés de la cartera de inver-
sión o el riesgo de concentración); y factores externos a la entidad (por ejemplo, la situación
macroeconómica general).

Las entidades deben incluir todos los riesgos materiales que les afecten, incluso riesgos no
bancarios, como los de seguros. En el caso de los riesgos «no cuantificables» (por ejemplo,
riesgos estratégicos), se permiten métodos cualitativos de valoración y se tienen en cuenta
técnicas de mitigación y adecuada gestión de los mismos.

El principio 10 dice que las entidades deben basarse en métodos de medición adecua-
dos, aunque se reconoce que no existe un único proceso «correcto». Las entidades
pueden:

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– Desde basarse casi únicamente el Pilar 1 como un ICAAP, aunque deberán anali-
zar todos sus riesgos y demostrar que los demás no son materiales, o que están
cubiertos mediante un simple colchón sobre los mínimos legales38,

– hasta utilizar sistemas sofisticados de asignación de capitales económicos.

Pero, en cualquier caso, se hace hincapié en que es importante que las entidades no solo se
fíen de los métodos cuantitativos, sino que introduzcan elementos cualitativos y juicios y valo-
raciones, tanto en los inputs como en los resultados de sus sistemas.

El último principio, que dice que el ICAAP debe producir un resultado razonable, parece de
Perogrullo. Pero esconde dos ideas importantes. La primera es que la entidad debe ser capaz
de explicar al supervisor las diferencias entre el ICAAP y el mínimo legal del Pilar 1. Nótese que
el ICAAP no solo incluye más riesgos que el Pilar 1, puede también basarse en una metodo-
logía o modelo distinto del modelo del supervisor al calcular los riesgos del Pilar 1. En efecto,
una entidad sofisticada puede medir (internamente mediante su ICAAP) los riesgos del Pilar 1
con un modelo más completo que el impuesto en el Pilar 1, incorporando correlaciones o
técnicas de mitigación de riesgos adicionales. Esto significa que, internamente, el cálculo del
capital necesario para cubrir los riesgos del Pilar 1 puede dar un número menor que el mínimo
legal. Dos comentarios inmediatos: (a) a este cálculo interno debe sumar el capital que cree
que necesita para cubrir los demás riesgos, y (b) en todo caso su capital regulatorio nunca
podrá situarse por debajo del mínimo legal.

La segunda idea es que debe incentivarse a las entidades a dar información pública acerca de
su ICAAP para que puedan comparar sus resultados con los de otras entidades semejantes
y someterlos, así, a un contraste. Esta idea, que ha sido criticada por los bancos en sus reac-
ciones al documento consultivo, surge de la siguiente reflexión. Existen al menos dos diferen-
cias entre la evaluación que puede hacer una entidad de su perfil de riesgos y la valoración del
supervisor. La primera es que el supervisor puede realizar una valoración de la calidad de la
gestión de una entidad que la propia entidad no puede hacer. La segunda es que el supervisor
tiene información acerca de otras entidades y puede realizar comparaciones entre entidades
similares. Si las entidades proporcionan suficiente información al mercado, ellas mismas po-
drán realizar esa comparación y contrastar los resultados de sus modelos.

Algunas preguntas sobre el Pilar 2 Se puede decir que el Pilar 2 es uno de los temas de implementación sobre el que más se ha
y el ICAAP europeo reflexionado y que las visiones sobre su contenido pueden ser muy diferentes. Su dificultad y
capacidad para generar polémica quedan reflejadas en las siguientes preguntas, que dejamos
simplemente apuntadas:

1. ¿Cuál debe ser el ámbito de aplicación del Pilar 2?

Las entidades argumentan que Basilea II incentiva la gestión de riesgos centralizada


en un grupo bancario y que, por tanto, debería exigir los cálculos de capital interno
solo a nivel consolidado. Además, dado que el ICAAP puede incorporar correlacio-
nes entre contrapartes, riesgos, líneas de negocio, etc., el capital interno de un grupo
(consolidado) puede ser menor que la suma de los capitales resultantes para cada
una de las entidades del grupo, al igual que lo que sucede en el caso del AMA ya

38. La exigencia de que todas las entidades deban tener un ICAAP ha sido una de las críticas al documento recibidas.
También ha sido un tema comentado en el ICBS de Madrid citado. La resistencia se basa en la idea de que la mayoría
de las entidades pequeñas son incapaces de desarrollar un ICAAP —e, incluso, que no es necesario—. La opción de
basarse en el Pilar 1 es una respuesta (anticipada) a esta cuestión, que, no obstante, se sigue planteando.

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analizado. Las entidades defienden que el ICAAP se aplique solo a nivel consolidado
(igual a lo que defienden para el AMA), y así lo han dicho con enorme fuerza en sus
comentarios al documento consultivo.

Si bien el argumento puede ser razonable, como lo es en el caso del AMA, choca con
los mismos problemas que vimos al analizar la asignación del capital desde el grupo
hacia las filiales. Asimismo, parece razonable que toda entidad (filial o no, nacional o
no) cumpla los aspectos cualitativos del ICAAP relativos al gobierno corporativo y el
control interno39.

2. ¿Qué pasa con el resultado numérico del ICAAP?

El capital interno que ha calculado la entidad en base a su ICAAP es el nivel de capi-


tal que estima que necesita (o desea) para cubrir su perfil de riesgos y, en su caso,
conseguir objetivos definidos (una determinada posición en el mercado, un rating
externo en concreto). Parece lógico esperar que, además de necesitar y desear te-
nerlo, lo tenga efectivamente. Pero ¿qué ocurre si el capital que la entidad tiene
efectivamente es inferior al resultado de su ICAAP?

Está claro que el resultado del ICAAP no es necesariamente un requerimiento legal


mínimo (cabe la posibilidad de que algún supervisor desee imponerlo). Pero tam-
bién está claro que ningún supervisor puede estar cómodo en una situación como
esta.

Esta reflexión es la que ha llevado a algunas entidades a temer que el resultado del
ICAAP puede convertirse en un mínimo de facto. El razonamiento es simple: una vez
que el supervisor conozca el nivel de capital resultado del ICAAP, ¿qué impedirá que
lo exija de facto?

Este es otro de los difíciles equilibrios del Nuevo Acuerdo. No es novedoso para al-
gunos supervisores y entidades, pero su formalización lo hace más patente. ¿La
solución? El diálogo. Y un tratamiento razonable caso a caso.

3. ¿Qué es el capital interno?

El artículo 123 de la propuesta de Directiva (el del ICAAP) habla de «capital interno»,
concepto que además se ha mencionado en relación con el documento consultivo
del CEBS sobre el Pilar 2. Ni una ni otro lo define.

Las entidades son libres de adoptar los modelos internos (ICAAP) que les parezcan
adecuados siempre que satisfagan al supervisor. Si esto es así, ¿por qué imponerles
a las entidades una definición de capital? ¿No es lógico que, para sus fines internos,
el capital calculado con modelos propios internos sea también definido internamen-
te? Ergo, surge el concepto de capital interno en la Directiva que, por definición, no
puede definirse. Por lo tanto, la propuesta de la Comisión de permitir que las enti-
dades usen una definición propia de capital interno es conceptualmente atracti-
va40.

39. Compárese esta idea con el principio 2 del AMA transfronterizo del recuadro 2. 40. No obstante, parece ser que
las entidades generalmente utilizan la definición legal de capital (fondos propios en la terminología de Bruselas), o un
subconjunto de la misma (capital y reservas), incluso internamente, entre otras cosas porque las agencias de calificación
emplean una definición más estricta que la legal.

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En efecto, es sabido que los objetivos del supervisor en relación con la definición del
capital no coinciden con los de las entidades. En particular, a los supervisores les
preocupa el riesgo sistémico, a las entidades no (o menos). Esta preocupación apa-
rece, por ejemplo, en una de las deducciones a los fondos propios: las entidades de
crédito tienen que deducir de sus recursos propios las participaciones superiores al
10% en el capital de otra entidad de crédito. Esta deducción tiene la finalidad de evitar
un cómputo múltiple del capital en el sistema bancario. Dado que esta no es una
preocupación de las entidades, parece lógico esperar que, a efectos internos, no
establezcan esta deducción.

De ser esto así, el capital interno será superior al capital regulatorio. Y este es solo un
ejemplo. Otros se refieren a cuestiones prudenciales o de ámbito temporal que im-
pregnan la definición legal. Piénsese, como segundo ejemplo, en la no inclusión de
parte de los beneficios futuros como capital. Al calcular los requerimientos mínimos
del Pilar 1 es lógico no incluirlos. Sin embargo, si se exige que el ICAAP tenga en
cuenta situaciones futuras, parece lógico que la definición de capital también las
tenga en cuenta.

No obstante, desde el punto de vista práctico, esto añade una complicación a la re-
visión supervisora. La definición de capital es un nuevo elemento a validar por el su-
pervisor dentro del ICAAP, y constituye otro elemento de potencial aplicación des-
igual de la Directiva.

4.4 OTROS TEMAS DE La aceptación de los sistemas internos de calificación de riesgo de las entidades es una de
IMPLEMENTACIÓN DE BASILEA II las piezas centrales del nuevo esquema, pero implica un formidable reto para entidades y
supervisores.
4.4.1 La validación
de los modelos IRB En efecto, las entidades tienen que crear sus sistemas de calificaciones internas, si bien es
cierto que las más sofisticadas ya usan este tipo de modelos en su gestión de riesgo. En
determinadas carteras, como la de minoristas, las calificaciones internas son instrumentos
bastante generalizados. Por otro lado, y en el marco de la utilización de estas calificaciones a
efectos prudenciales, el supervisor deberá comprobar que estos sistemas funcionan correc-
tamente; esto es: los parámetros de riesgo (PD, LGD, EAD) deben estar bien calculados y el
sistema de calificación, discriminar adecuadamente41. Este proceso de comprobación cons-
tituye la validación, que debe ser llevada a cabo por las propias entidades y por las autorida-
des supervisoras42. La validación de un modelo para ver si funciona (discrimina, en este caso)
adecuadamente es una tarea complicada.

Es cierto que en Basilea existen unos requerimientos mínimos que deben cumplir los sistemas
de las entidades para recibir la autorización supervisora para ser utilizados a efectos pruden-
ciales. Estos requerimientos son aparentemente prolijos y detallados. Sin embargo, incorpo-
ran numerosos elementos que pueden aplicarse y/o interpretarse de forma diferente (que las
PD sean point in time o through the cycle; los componentes de LGD, «estresamiento» de
las series, etc.), y esto dificulta todavía más el ya de por sí complicado proceso de validación

41. Hay que destacar que esta comprobación es un proceso continuo. En primer lugar, para que una entidad pueda usar
su sistema IRB, tiene que recibir el visto bueno (autorización) del supervisor. Pero este sistema tiene que seguir demos-
trando su validez y estar incorporado en la gestión diaria de la entidad. 42. España es uno de los pocos países, si no
el único, que tiene cierta experiencia en este campo. La normativa sobre la provisión estadística está basada en los
mismos principios teóricos que la nueva normativa de capital, por lo que algunas entidades ya tienen sistemas similares
a efectos de la cobertura de sus pérdidas esperadas con provisiones, y los servicios de Supervisión del Banco de Espa-
ña ya han estado realizando estas tareas de validación de dichos sistemas.

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que tendrán que acometer los supervisores, así como la posible comparación entre las distin-
tas entidades.

En Basilea, los trabajos para analizar cómo se puede realizar esta validación comenzaron,
desde un punto de vista académico, en el Grupo de Estudios del Comité (Research Task For-
ce), que también llevó a cabo un estudio más fáctico sobre cómo realizan los propios bancos
la validación de sus modelos. Los trabajos de este Grupo de Estudios sobre los aspectos
básicos de la validación han concluido, y el AIG ha tomado el relevo desde un punto de vista
más práctico. El objetivo de esta segunda etapa en los trabajos sobre la validación de mode-
los es, en palabras del presidente del AIG, la elaboración de un «libro de recetas de cocina»
de enfoques a la validación que cada supervisor pueda utilizar.

En Europa, como se ha mencionado, existe un subgrupo de trabajo dentro de la estructura


del CEBS que está trabajando en este tema. Además de abordar temas semejantes a los que
se están tratando en Basilea, también está estudiando en qué medida los trabajos prácticos
de validación pueden ser una fuente de información para el supervisor en la implementación
del Pilar 2. Es decir, en qué medida las informaciones sobre, por ejemplo, debilidades en la
gestión de riesgos de las entidades detectadas durante la validación pueden servir para que
el supervisor tenga una visión más completa en la revisión de los ICAAP de las entidades.

4.4.2 La discreción nacional Basilea II incluye numerosas áreas de discrecionalidad nacional. A diferencia de la UE, el AIG
no pretende reducirlas —ya son parte del Acuerdo— sino conocer las opciones decididas por
cada país. Simplemente saber cuáles son las intenciones de cada país sobre las opciones que
va a aplicar resulta de gran utilidad tanto para las entidades, en su planificación, como para
los propios supervisores, en su coordinación (o, incluso, en su toma de decisiones, en una
primera fase).

Desde sus primeras reuniones, el AIG identificó claramente esta cuestión como una de las
áreas en las que podía servir de red de comunicación entre los supervisores y facilitar una
base de información centralizada. En el discurso citado, Le Pan informa que el AIG ha com-
pletado un primer estudio acerca de las intenciones preliminares de los países del Comité (y
de algunos que no son miembros del mismo) acerca de qué opciones van a elegir en aquellas
áreas de Basilea II que se dejan a la discreción nacional. La intención es dar a conocer los
resultados de este estudio cuando alcance un nivel suficiente de desarrollo.

En Europa, el trabajo del CEBS ya ha dado sus primeros frutos: una propuesta para reducir el
número de elementos sujetos a discreción nacional de la Directiva, identificando opciones que
iban a ser aplicadas de la misma forma por todos los países de la UE, u otras en las que se
puede eliminar el componente arbitrario al definirse condiciones para aplicarlas. No obstante,
hay un número importante de opciones que es necesario mantener, pues reflejan mercados y
prácticas (todavía) diferentes en el ámbito de la UE; esto no significa que no se tenga que
continuar trabajando en la dirección de conocer estas diferencias y de buscar una convergen-
cia, que no igualdad, en la medida en que sea posible. A ello ayudará, sin duda, la transpa-
rencia del supervisor, en la que también el CEBS tiene asignado un papel.

Durante la negociación de la Directiva, la presidencia actual del consejo (Países Bajos) está
estudiando la manera de incorporar esa propuesta para reducir las áreas de discreción nacio-
nal en el texto final.

4.4.3 La transparencia Este es un tema eminentemente europeo. En el epígrafe 3.2 hemos visto que la nueva Direc-
del supervisor tiva (en su artículo 144) establece que el supervisor debe hacer públicos cuatro tipos de infor-

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mación, y que esta información debe ser proporcionada de tal modo que permita las compa-
raciones entre países.

La idea que subyace bajo esta obligación de transparencia es someter también al supervisor
a la «disciplina del mercado», con el objetivo último de estimular una implementación más
consistente de la norma a través de la obligación de hacer públicas sus posibles divergen-
cias.

Los dos primeros tipos de información exigidos (textos legales y opciones elegidas) son ob-
vios: todos los países hacen pública su regulación, aunque no de una forma fácilmente com-
parable entre países43. Los otros dos (criterios usados en el Pilar 2 y datos estadísticos agre-
gados de su implementación) son más complejos, tanto por el amplio alcance que puede
tener la referencia a la revisión supervisora, como por lo sensible que es la información —aun-
que sea a nivel estadístico agregado— de la aplicación de ese mismo Pilar.

Además, el artículo 150.2.d) y e) establece que la Comisión podrá fijar, mediante un procedi-
miento comitológico, cuáles son los elementos clave citados en el último punto anterior y, en
general, especificar el formato, estructura, contenido y fecha de publicación anual de las refe-
ridas informaciones.

La Comisión le ha propuesto al CEBS que coordine la transparencia del supervisor y propon-


ga un marco común aplicable por los supervisores de los 25 países de la Unión.

5 Valoración «Cualquier programa de acción implica riesgos y costes. Pero estos, a largo plazo,
y conclusiones son mucho menores que los riesgos y costes de un confortable inmovilismo», John F.
Kennedy.

Este artículo ha repasado el proceso y la implementación del nuevo marco de capital en Ba-
silea y en la Unión Europea. Ha descrito el camino hacia Basilea II y las peculiaridades del
proceso europeo y ha repasado los desafíos y los trabajos de implementación, centrándose
en la aplicación transnacional y en el desarrollo del Pilar 2, donde Europa ha ido por delante,
debido a su regulación supranacional y a la construcción del mercado interior en la Unión.

5.1 EL PROCESO El proceso ha sido largo y complejo. También lo es el documento resultante: el nuevo Marco
Y SU RESULTADO de Capital, que se define a sí mismo como «evolutivo»44 y deja tareas pendientes, incluso para
antes de la implementación.

Hemos visto que la interacción con los sectores interesados (entidades, resto de superviso-
res, ámbitos académicos) ha sido un elemento esencial en la constitución del Acuerdo. Se han
señalando los comentarios más significativos, algunos de los cuales han tenido, o tendrán,
reflejo o acogida en el mismo, como el tratamiento de las PYME, la excesiva prociclicidad, la
mayor flexibilidad para tratar la titulización o el doble impago. Otros son irresolubles a satisfac-
ción de todos los sujetos interesados, pues constituyen difíciles equilibrios entre objetivos o
necesidades diversos, todos ellos esenciales; en este sentido hemos venido oyendo términos
como «sensibilidad», «incentivos», «flexibilidad», «proporcionalidad» o «prudencia», que se

43. El idioma es, por ejemplo, una barrera para la comparación. 44. El presidente del Comité ha dicho en varias oca-
siones que, a diferencia de Basilea I, que experimentó modificaciones discretas (una importante en 1996 —riesgo de
mercado— y otra hoy), Basilea II estará sujeta a modificaciones menores y más continuas, pudiendo hablarse de Basilea
2.0 (junio de 2004), Basilea 2.1, etc. Este es otro de los equilibrios con los que convive el proceso: la necesidad de
mantener una regulación estable frente a la necesidad de adaptarla a las circunstancias cuando la acumulación de ob-
solescencias sea relevante. Véase, por ejemplo, J. Caruana (2004).

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contraponen a otros como «complejidad», «coste», «discrecionalidad», «divergencia en la
aplicación» o «conservadurismo».

El Comité y la UE, cada uno en su ámbito, han tenido muy en cuenta estos elementos en
sus respectivos documentos, Acuerdo y Directiva. No obstante, siempre existirán diferen-
tes opiniones sobre el equilibrio alcanzado. Estos distintos puntos de vista dependen de
numerosos factores: por ejemplo, del «lado» en el que nos encontremos, supervisor o su-
pervisado, pues en ocasiones sus objetivos no coinciden; o las características del país en
el que nos hallemos, en cuanto a la estructura de su sistema financiero (compuesto por
entidades grandes o pequeñas, calidad de país de origen o país de acogida), o de su sis-
tema legal (países con regulaciones más «abiertas» y discrecionales, o países más regla-
mentistas), o de sus prácticas supervisoras (intensivas y cercanas a las entidades o basa-
das en análisis externos, e incluso con el soporte de auditores externos). Así, nos
encontraríamos con un sinfín de intereses diversos (a veces incluso contrapuestos) impo-
sibles de acomodar.

5.1.1 La complejidad del nuevo Entre todas estas críticas hay una, la complejidad, que va a merecer especial atención, pues
marco es un comentario generalizado que, se dice, repercutirá en los costes para implementar el
nuevo marco y en la capacidad o posibilidad de adoptarlo por parte de las entidades o siste-
mas financieros menos sofisticados.

Sin embargo hay que señalar que esta complejidad responde a un conjunto de causas y ha
sido incluso impulsada por la propia industria en sus comentarios45.

La causa más importante es el objetivo de acercar el cálculo del capital regulatorio al del ca-
pital económico y, por tanto, que ese capital regulatorio sea más sensible al riesgo. Los mé-
todos internos utilizados por las entidades punteras son complejos, siéndolo también su refle-
jo legal adecuado —un ejemplo claro de esto es el tratamiento de la titulización—. Además, la
aceptación de los cálculos internos de las entidades genera la necesidad de definir unos re-
querimientos mínimos (detallados y complejos) para asegurar que esos cálculos son correctos
y tienen una base común mínima entre las distintas entidades que quieran acceder a los mé-
todos más avanzados de medición de los riesgos.

Por otra parte, un hecho que se asocia con la complejidad es lo voluminoso que es el texto.
Pero hay que tener en cuenta que uno de los activos de Basilea II es que no presenta un
esquema único para todas las entidades, sino que se adapta a las características de los
distintos tipos de entidades a través de la existencia de un menú de métodos de medición
de riesgos, por lo que parte importante de esta complejidad se debe, precisamente, a su
versatilidad.

Así, las entidades más sofisticadas aplicarán el conjunto más avanzado de Basilea II, mientras
que las entidades menos sofisticadas tienen la opción de aplicar, incluso, un enfoque estan-
darizado simplificado incluyendo el método del indicador básico para el riesgo operacional (un
anexo de 12 páginas no más difícil que Basilea I).

En resumen, la complejidad del resultado es lógica, y no es un problema sino una dificultad


que se puede asumir, aunque supone costes, necesidades de recursos adicionales y horas de
trabajo por parte de entidades y supervisores. Y, para ambos, implica un cierto cambio o
profundización de un enfoque basado en el riesgo.

45. Véase, como un ejemplo anecdótico, el caso de la fórmula supervisora en la titulización comentado antes.

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5.1.2 El impacto del nuevo Algo más preocupante puede ser el impacto de Basilea II sobre los requerimientos absolutos
marco sobre los requerimientos de capital. Es decir, cabe plantearse si la calibración absoluta del Acuerdo cumple el objetivo de
absolutos de capital mantener más o menos constante el nivel de capital exigido para los bancos que apliquen el
SA y dar un pequeño incentivo para aquellos que implementen los enfoques avanzados. Un
error de cálculo puede modificar el capital final, perjudicando el objetivo de estabilidad finan-
ciera si se exige muy poco —o mucho— capital. Un error de calibración también puede ir en
contra del objetivo de estimular el desarrollo de adecuadas técnicas de gestión de riesgos, si
los incentivos para ir hacia los enfoques de medición de riesgos más avanzados no son los
precisos, lo que sería nefasto ya que Basilea II pretende, como gran novedad, incorporar
claros incentivos (no exigencias) para la mejora de la gestión de riesgos.

No obstante, podría argumentarse que la calibración es casi una cuestión de intendencia o


cálculo numérico, donde solo cabría dudar de la bondad de los datos utilizados para realizar
el cálculo. Una correcta calibración no es fácil, pero es posible. Tras el error de calibración del
CP2, el QIS 3 ha permitido una recalibración que se sitúa muy próxima a los objetivos señala-
dos.

Es cierto que los sucesivos QIS, pero especialmente los primeros, tienen problemas de cali-
dad de datos y, probablemente, sobrestiman los requerimientos. No obstante, los QIS han
sido unos ejercicios innovadores y excelentes. También es cierto que QIS3 no incorpora las
modificaciones realizadas tras el Consenso de Madrid ni, por supuesto, las que se introduci-
rán antes de la implementación (básicamente el tratamiento del doble impago). Pero no es
menos cierto que el QIS3 ya ha cumplido su cometido y que la calibración final se realizará en
función de dos instrumentos poderosos y robustos. El Comité se ha comprometido a recali-
brar tras la aplicación paralela del Acuerdo46 y la realización, en los países que así lo decidan,
de un QIS4.

5.1.3 El impacto del nuevo Sin embargo, los estudios de impacto son estáticos: nos dicen cómo cambiarán los requeri-
marco sobre los requerimientos mientos de capital a una fecha determinada suponiendo que no se producen modificaciones
relativos de capital en la actividad de las entidades. No pueden pronunciarse acerca de las consecuencias futuras
más generales de la aplicación de Basilea II sobre el negocio y la estrategia de las entidades,
sobre los mercados y sectores económicos, y sobre la economía en general.

Se ha argumentado que algo tan simple como el Acuerdo de 1988 ha influido negativamente
sobre el flujo de financiación bancaria hacia las mejores empresas. El argumento es el siguien-
te: en Basilea I todas las empresas del sector privado tienen iguales requerimientos de capital.
Con la finalidad de mejorar la retribución del capital (regulatorio: esto es importante), las enti-
dades habrían tendido a prestar más a empresas con mayor probabilidad de impago, opera-
ciones en las que los márgenes son mayores, empeorando la calidad de sus carteras y em-
pujando a las mejores empresas a los mercados de valores, a los que podían acceder por sus
buenas calificaciones, aumentando la desintermediación y desarrollando esos mercados de
valores, por mencionar solo los efectos directos más obvios.

Algunos se han planteado: ¿Qué no podrá suceder con una norma compleja, casi de ingenie-
ría legal, cuyas partes son interdependientes, que toca desde las formas más avanzadas de
medir los riesgos por carteras, hasta las técnicas más recientes de mitigación de los mismos,
pasando por un tratamiento determinado de la titulización, de las operaciones estructuradas
y del riesgo operacional? ¿Cambiará el comportamiento y la operativa de las entidades?

46. Dos años antes de la implementación de los métodos avanzados, los bancos deben calcular en paralelo el resultado
del marco actual y futuro.

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Por el contrario, es de esperar que todo el complejo entramado de Basilea II tenga menores
efectos negativos sobre la actividad bancaria que la simplicidad de Basilea I, precisamente por
la razón última de esa complejidad: la sensibilidad del capital regulatorio a los riesgos. Esa
sensibilidad, asentada en las mejores prácticas de la industria, tiene como consecuencia una
mayor cercanía a los desarrollos de los mercados financieros y, por tanto, una menor interfe-
rencia en el funcionamiento eficiente de los mismos.

Ahora bien, para que esto sea así deben cumplirse, al menos, dos condiciones cruciales.
Primero, que Basilea II incorpore efectivamente las mejores prácticas de la industria —hemos
visto que ese ha sido el objetivo—. Segundo, y muy importante, que la calibración relativa del
Nuevo Acuerdo sea correcta.

Al comienzo de este artículo señalamos que las dos preguntas básicas de todo marco de
adecuación del capital son cómo medir los riesgos y cuánto capital se precisa para cubrirlos.
La calibración absoluta que discutimos en el epígrafe previo tiende a contestar a la segunda. La
primera no depende del nivel absoluto de los requerimientos de capital, sino del nivel relativo
de las exigencias. Es decir, se trata de determinar si los riesgos de las distintas operativas y
carteras están medidos adecuadamente, tanto en cuanto a su orden (tal operativa tiene más
riesgo que otra), como en cuanto a su distancia relativa (tal operativa tiene tanto más riesgo
que otra). Cuanto mejor sea esta medición relativa, más neutrales serán los requerimientos de
capital en relación con la actividad bancaria.

Todos los esfuerzos del Comité se han dirigido a asegurar una adecuada medición relativa
que, aunque imposible de conseguir totalmente en una norma, por compleja y completa que
sea, se acerque lo más posible al riesgo subyacente. De hecho, el Comité, al verse en la ne-
cesidad de recalibrar el Acuerdo para asegurar un determinado nivel absoluto de capital tras
el consenso de Madrid, optó por una solución aparentemente nada sensible al riesgo: un
multiplicador. Sin embargo, ese multiplicador es, por el contrario, sensible al riesgo porque
permite no tener que tocar los componentes relativos del mismo, que se consideran adecua-
damente calibrados. Es decir, un multiplicador es neutral respecto a la medición del riesgo
relativo.

5.1.4 Capital regulatorio Entre los posibles efectos o cambios en el comportamiento y actividad de las entidades hay
y capital económico: dos cuestiones que han dado lugar a numerosos comentarios: el posible efecto negativo so-
la financiación a países bre los flujos financieros hacia países emergentes y el posible efecto de estimular la concen-
emergentes y las fusiones tración en los sistemas bancarios.
bancarias
Como veremos enseguida, al abordar estos dos temas, a los argumentos anteriores se puede
añadir que, en su toma de decisiones, las entidades se guían más por su capital económico
y por otro complejo conjunto de factores, que por las exigencias de capital regulatorio, hecho
que minimizaría el efecto final del Acuerdo.

En relación con el primer tema ha habido cierta preocupación sobre la posibilidad de que el
Nuevo Acuerdo tenga efectos negativos sobre las posibilidades de crecimiento de estas áreas
geográficas, al poder suponer una restricción o un encarecimiento de la financiación concedi-
da a los países emergentes, y al «perjudicar» a los grupos internacionales que han optado por
una diversificación de su negocio a través de una expansión en dichas áreas.

El razonamiento es que, como consecuencia de que el nuevo marco es más sensible al ries-
go, los requerimientos de capital por los préstamos concedidos a los países emergentes au-
mentarán, reflejando su mayor riesgo, y (este es el punto débil del argumento) esto repercuti-

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rá en un aumento de los precios de esta financiación. Pues bien, en este razonamiento no se
tiene en cuenta que los precios de los préstamos se establecen en función del capital econó-
mico y otros elementos, no del regulatorio. Esto es, los bancos bien gestionados ya incorpo-
ran la valoración del riesgo al decidir la concesión y precio de sus créditos, como lo evidencian
las primas de riesgo que existen para estos mercados, a pesar de encontrarnos en el marco
simple de Basilea I.

Por otra parte, se argumenta que las inversiones en países emergentes se ven perjudicadas
por el hecho de que el nuevo marco no tiene en consideración los beneficios de la diversifica-
ción geográfica47. En efecto, el Acuerdo está calibrado para una diversificación determinada,
pero no toma en cuenta la situación de los bancos con fuerte actividad en países emergentes
cuyos ciclos económicos son contrapuestos a los de los países del G10 y, por tanto, sus
riesgos conjuntos son menores por el efecto de la diversificación.

Aunque en este caso también puede argumentarse, como en el epígrafe anterior, que la cali-
bración relativa es correcta y, por tanto, las exigencias de capital responden a los riesgos
reales, es cierto que esa calibración relativa se ha modificado sustancialmente en relación con
la de Basilea I y, por tanto, también han variado las exigencia relativas de capital hacia los
países emergentes. Además, es cierto que la calibración se ha hecho para un banco interna-
cionalmente activo diversificado, pero también lo es que no toma en cuenta en toda su exten-
sión los beneficios de esa diversificación.

Entre los comentarios recibidos al CP3 hubo propuestas imaginativas para incorporar la diver-
sificación geográfica en la versión final de una manera práctica y simple. El Comité es plena-
mente consciente de que esa diversificación puede reducir el riesgo, pero consideró que no
era conveniente introducir soluciones intermedias dadas las actuales carencias en la informa-
ción de las entidades. La solución definitiva vendrá de la aceptación de modelos completos,
que son parte del programa de trabajo futuro del Comité.

En segundo lugar, en el tema de las fusiones bancarias, el argumento básico, de nuevo muy
simplificadamente, es que los bancos para los que Basilea II implique reducciones de capital
regulatorio estarán en condiciones de comprar otros bancos. Si bien es cierto que, al replan-
tearse sus sistemas internos de medición y gestión de riesgos, los bancos pueden también
replantearse su estrategia global, no lo es menos que el capital regulatorio es solo uno de los
elementos que toman en cuenta.

En efecto, las preocupaciones presentadas tienen en común que probablemente no toman


suficientemente en cuenta el hecho de que el capital regulatorio —variable última afectada por
el Acuerdo— es uno de muchos elementos que influyen sobre las decisiones diarias y estra-
tégicas de las entidades. Como ya hemos señalado, es probable que en muchos casos sea
más importante el capital económico (y otras variables, incluido el nivel de competencia) y
que, por ejemplo, las entidades ya tengan en cuenta el riesgo en sus decisiones sobre cuan-
tías, tipos de negocio y precios (y no el capital regulatorio que exige el Acuerdo de 1988).

Para finalizar esta discusión, cabe apuntar que tranquilizan los resultados del único estudio
amplio de consecuencias que existe, hecho con suficientes datos y con el apoyo de entrevis-
tas a los supervisores y entidades, el citado estudio de PriceWaterhouseCoopers. Sus conclu-
siones apuntan a un efecto reducido, salvo por un elemento positivo: la mejora de la gestión
de riesgos.

47. Véase Griffith-Jones (2003).

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En este sentido, se puede concluir que el propio proceso de elaboración del nuevo marco ya
ha propiciado una toma de conciencia general, de supervisores y entidades, acerca de la
importancia de la gestión de riesgos. También ha motivado un fructífero diálogo entre super-
visores y entidades, y un intenso diálogo entre supervisores de distintos países, que ha llevado
aparejado un aprendizaje y conocimiento mutuos que permitirá una mejor colaboración du-
rante la compleja fase de implementación de Basilea II, tema que se comenta a continua-
ción.

5.2 LA IMPLEMENTACIÓN La implementación del nuevo marco será beneficiosa, aunque costosa, y deberá cuidar de
que haya una aplicación consistente (Basilea) o convergente (UE) entre países.

5.2.1 Los costes Hay costes evidentes de la implementación de Basilea II. Hemos hablado de varios, siendo
y los beneficios probablemente el más notable la actualización de los sistemas de gestión interna de los ries-
de la implementación gos, en especial para las entidades que quieran aplicar los métodos avanzados. También
habrá costes, en especial de validación, para los supervisores.

Sin embargo, en el caso de los bancos, es difícil separar estos costes de los que habrían
soportado en cualquier caso (sin un Nuevo Acuerdo) para poner sus sistemas al día o para
desarrollarlos, y se reconoce que algunos de los cálculos que circulan exageran la cuantía.

Por otra parte, la implementación de Basilea II tiene unos beneficios evidentes que van mucho
más allá del cumplimiento cuantitativo de la norma e, incluso, del potencial ahorro de capital
de ir a los modelos más avanzados. En efecto, es ampliamente aceptado que, por ejemplo,
la actualización y desarrollo de esos sistemas tiene una utilidad en sí misma, al tratarse de una
inversión positiva para el propio funcionamiento de la entidad, que revertirá en mejoras futu-
ras. Debe recordarse que, en efecto, este es uno de los principales objetivos del Nuevo
Acuerdo.

5.2.2 La consistencia Uno de los principales problemas que se han identificado es la aplicación consistente de Ba-
en la implementación silea II, especialmente entre países. Hemos visto que son dos los temas principales: la aplica-
ción transfronteriza del Acuerdo y la aplicación del Pilar 2.

El primero, la aplicación transfronteriza, choca con un límite que no se quiere sobrepasar, o


solo se está dispuesto a modificar levemente: la actual distribución de responsabilidades
entre supervisor de origen y acogida recogida en el Concordato y replicada en la normativa
europea.

La cuestión que se plantearía aquí es en qué medida esa distribución de responsabilidades


constituye una restricción cada vez menos aceptable a la distribución de tareas entre super-
visor de origen y supervisor de acogida. Es decir, en qué medida podría estar haciéndose
obsoleto el Concordato de Basilea, elaborado incluso antes que Basilea I, con una finalidad
muy específica y en un mundo distinto al actual.

Hemos visto que este tema mezcla cuestiones técnicas con otras muy políticas, y que supera
con mucho el ámbito estricto de la regulación internacional del capital. Constituye una de las
tareas pendientes, y probablemente urgentes, de la supervisión internacional. Su modificación
no solo exigiría cambios legales y reales, sino también un cambio en la mentalidad de los su-
pervisores.

Este artículo ha reseñado los trabajos del AIG por asegurar una aplicación transfronteriza
consistente, que además traiga una reducción de los costes de implementación de entidades

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y supervisores. Estos esfuerzos, aunque limitados, están bien encaminados y darán sus frutos
en el medio plazo.

También hemos visto que la UE va más allá en el tema transfronterizo: la nueva directiva pro-
pone traspasar algunas responsabilidades (referentes a la validación de modelos) del supervi-
sor de acogida al de origen. Este es el primer esfuerzo importante por abrir una ventana en los
principios del Concordato, aunque hemos visto que podría abrir una grieta. En efecto, los pro-
blemas que ello plantea se refieren a la necesidad de una validación continuada, que exige
unos contrapesos y elaborados equilibrios más sofisticados que los incorporados en la Direc-
tiva, distinguiendo incluso entre distintos modelos, en función de carteras o ámbito geográfico
de aplicación.

Estos esfuerzos pueden estar bien encaminados, pero tienen un claro peligro si esa división
de responsabilidades no queda suficientemente clara. Parece más razonable dar más fuerza
a la coordinación y colaboración entre supervisores, facilitándolas, además, con la búsqueda
de un marco más convergente de aplicación y un mayor uso del «strand 3».

En este sentido, el de la convergencia, la EU ha ido más lejos porque puede hacerlo, gracias
a la existencia de una regulación pan-europea que permite un reconocimiento mutuo fuerte.
En Europa no solo se pretende aumentar el intercambio de información y experiencias entre
supervisores, como el AIG, sino que busca conscientemente la convergencia de las prácticas
supervisoras mediante la elaboración de principios de alto nivel voluntariamente aceptados
por todos los países, sea sobre el Pilar 2, el outsourcing u otras prácticas supervisoras.

Poco más puede decirse del Pilar 2. Los trabajos del AIG, con sus límites, parecen ir bien
encaminados. Los de la UE, que, nuevamente, van más allá, han recibido comentarios elogio-
sos por parte de la industria, que, entre otras cosas, ha aplaudido su oportunidad.

Pero al hablar de convergencia no hay que olvidar las divergencias actuales pre-Basilea II:
existen también aplicaciones no homogéneas de Basilea I. Todos los esfuerzos de Basilea y la
UE por avanzar en la convergencia de las prácticas supervisoras a las puertas de Basilea II no
son casuales. Responden a la propia naturaleza del nuevo marco. En efecto, se puede argu-
mentar que la propia existencia del Nuevo Acuerdo, en especial de su Pilar 2, ha llevado a los
supervisores (y a la industria) a plantear de manera más clara, directa y formal el tema de la
consistencia. Y que esta es la razón de los esfuerzos que se están realizando. De alguna ma-
nera, Basilea II contiene en sí misma la solución de un problema ya existente y que se acre-
cienta con el nuevo marco. En este sentido, recuérdese que el nuevo marco, además de in-
centivar una mejor gestión de riesgos, exige una mayor transparencia y estimula la cooperación
entre los supervisores.

5.3 LOS PRÓXIMOS PASOS Antes de hablar de la naturaleza evolutiva del Acuerdo, una última reflexión acerca de Basi-
lea II. El proceso descrito en este artículo ha generado una dinámica y una interacción entre
las partes interesadas desconocida hasta ahora en la comunidad supervisora internacional,
gracias al esfuerzo desplegado por cada organismo supervisor de los miembros del Comité y
los apoyos externos recibidos. Si uno se para a pensarlo, el resultado impresiona. Basilea II no
fue minuciosamente planificada —hubo numerosos retrasos, retrocesos y avances—. El es-
quema general existía, pero el camino se fue haciendo al trabajar, y el resultado final es de alta
calidad.

Sabemos que el Nuevo Acuerdo es evolutivo, que antes de su entrada en vigor se incorpora-
rán reglas sobre el doble impago (que quizás constituyan Basilea 2.1); se modificarán aspec-

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tos del tratamiento de la cartera de negociación, y se revisará la definición de capital (¿Basilea
2.5?). Sin embargo, probablemente el cambio cualitativo más importante vendrá de la incor-
poración de los modelos completos de medición del riesgo de crédito, otro de los trabajos
futuros identificados por el Comité.

Algunos han dicho que, una vez incorporados los modelos completos, se podría reducir drás-
ticamente el Acuerdo, convirtiéndolo en una ratio de capital sobre activos totales más cuentas
de orden con la alternativa de aplicar modelos avanzados, que permitirían a las entidades
calcular directamente su capital una vez satisfecho un conjunto de requerimientos para la
aplicación de esos modelos.

No obstante, es importante señalar tres consideraciones que pueden afectar a la evolución


del Acuerdo, haciéndolo más rico que lo descrito en el párrafo anterior.

La primera es una consideración práctica: no todos los bancos estarán preparados para apli-
car modelos avanzados, y hay que acomodarlos dentro del Acuerdo. Por tanto, se puede
pensar que los modelos avanzados constituirán otro enfoque de medición del riesgo de cré-
dito dentro del menú de Basilea, sustituyendo quizás a uno de los IRB actuales.

La segunda es de fondo: los objetivos del supervisor al exigir capital a las entidades no coin-
ciden con los objetivos que tienen las propias entidades para mantener capital. Aquí encon-
tramos por tercera vez el tema de la diferencia entre medición (relativa) de riesgos y nivel
(absoluto) de capital. La similitud en la medición de los riesgos entre supervisores y entidades
no implica identidad en el nivel de capital exigido.

Los supervisores tienen en cuenta externalidades que no preocupan a las entidades: por
ejemplo, el riesgo sistémico y su relación con la necesidad de mantener la estabilidad finan-
ciera, que pueden llevar a mayores exigencias de capital para igual nivel de riesgos (e igual
forma de medición de los mismos). Por tanto, no es suficiente con aceptar el resultado de
esos modelos futuros.

La tercera consideración es casi de filosofía: el negocio bancario seguirá siendo más arte que
ciencia. Y, afortunadamente, el arte no puede capturarse mediante formulaciones matemáti-
cas. La buena gestión del riesgo deberá seguir siendo un objetivo de Basilea, y el Acuerdo
deberá seguir teniendo importantes elementos cualitativos. El juicio, conocimiento e instinto
del banquero deben ser una parte importante de la dirección de una entidad, especialmente
en su faceta estratégica, como aún sucede en toda actividad humana. Y lo mismo puede
decirse del supervisor.

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ANEJO SA: Enfoque estándar de medición del riesgo de crédito de Basilea II. Es similar a Basilea I,
pero permitiendo el uso de calificaciones externas para medir los riesgos, estableciendo pon-
Glosario de principales deraciones adicionales (por ejemplo, 150% para determinados activos y 75% para retail),
siglas habitualmente modificando otras (pasando del 50% al 35% para créditos hipotecarios) y permitiendo más
utilizadas en Basilea elementos de mitigación de riesgos. Este es el método por defecto que deben aplicar los
bancos en Basilea II.
TÉRMINOS

IRB: Enfoque basado en las calificaciones internas de los bancos. Es la mayor aportación del
nuevo marco a la medición del riesgo de crédito. Se basa en los cálculos internos de los ban-
cos de las variables principales que miden el riesgo de crédito. Las formulas (curvas) para
medir los riesgos están dadas por el supervisor (denominándose «modelo supervisor del Pi-
lar 1»). Para acceder al IRB las entidades deben cumplir un conjunto de requisitos y obtener
la autorización del supervisor.

FIRB: IRB básico: sistema más simple de cálculo interno de las variables de riesgo, en que los
bancos solo deben calcular la PD.

AIRB: IRB avanzado de cálculo de las variables de riesgo en que los bancos deben calcular
PD, LGD, EAD y el vencimiento.

EL: Pérdida esperada. Es igual a PD x LGD x EAD.

UL: Pérdida no esperada.

PD: Pérdida esperada.

LGD: Pérdida en caso de impago. Es igual a (1-Tasa de Recuperación).

EAD: Exposición en el momento del impago. Tiene un componente de «fuera de balance»


(compromisos, etc.) para el que hay que hacer determinados supuestos.

CRM: Técnicas de mitigación de riesgos.

FMI: Margen de ingresos futuros.

Capital Tier 1: El capital regulatorio (numerados del coeficiente de solvencia) tiene dos componentes
principales. El Tier 1 es el de mayor calidad, e incluye capital, reservas, acciones preferentes, etc.

Capital Tier 2: Es el elemento de menor calidad del capital regulatorio. Incluye, por ejemplo,
financiaciones subordinadas.

BIA: Método del indicador básico para la medición del riesgo operacional. Es la medida más
simple de este riesgo, estableciendo que el capital necesario para cubrirlo es igual al 15% del

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margen ordinario neto medio de los últimos tres años. Sistema que se aplica por defecto a la
medición de este riesgo.

SA de riesgo operacional: sistema estándar de medición de este riesgo que se basa en una
serie de líneas de negocio prefijadas que tienen distinto riesgo operacional (por ejemplo: ne-
gociación, banca comercial, banca minorista). A cada línea de negocio se le aplicará un coefi-
ciente (que va entre 12% y 18%) para obtener el capital requerido. Este sistema también
puede aplicarse por defecto si la entidad cumple determinados requerimientos.

AMA: Es el enfoque avanzado de medición del riesgo operacional. Para acceder a él las enti-
dades deben cumplir un conjunto de requisitos y obtener autorización del supervisor.

GRUPOS BCBS: Comité de Supervisión Bancaria de Basilea.


AIG: Grupo de Implementación del Acuerdo.
CTF: Grupo de Trabajo de Capital.
ATF: Grupo de Trabajo de Contabilidad.
RTF: Grupo de Trabajo de Estudios.

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