Historia del Ejército Paraguayo 1932-1935
Historia del Ejército Paraguayo 1932-1935
(1932-1935) - TOMO II
ANGE-FRANÇOIS CASABIANCA
Traducción para este volumen
Editorial El Lector
ISBN 99925-51-24-0
ANGE-FRANÇOIS CASABIANCA
Pero si en el Capítulo VII (que abre este volumen) traza una concienzuda y medular historia
del ejército boliviano de 170 páginas, es al ejército paraguayo al que, a lo largo de dos
capítulos, el VIII y el IX, dedica mayor atención, desplegando su historia en más de 250
páginas.
ÍNDICE
CAPITULO VII : Historia del ejército boliviano y su preparación para la guerra del Chaco // -
De la colonia a la independencia // - Nacimiento del ejército // - Primera invasión peruana
(1828) // - Campaña de la Confederación (1835-1839) // - Segunda invasión peruana (1841-
1842) // - De tratado de Puno a la guerra del Pacífico (1842-1879) // - La guerra del Pacífico
(1879-1880) // - Campaña del Acre (1899-1903) // - Reforma de la era Montes y misiones
militares extranjeras // - Implantación de la aviación // - De 1920 a la guerra del Chaco
CAPITULO VIII : Historia del ejército paraguayo desde su origen hasta la guerra de la Triple
Alianza // - De la Colonia a la Independencia // - Nacimiento del ejército // - Período de la
dictadura // - Obra de Francisco Solano López // - La guerra de la Triple Alianza
2° Campaña de Corrientes
7° Combate de 1867
CAPITULO IX
El brasileño Chiavenatto (157) llega a cifras y tasas más elevadas, con un total de 194.000
sobrevivientes repartidos en 180.000 mujeres y 14.000 hombres, dividiéndose éstos en 9.800
niños de menos de doce años y 4.200 mayores de los cuales la mitad no tenía 20 años. Lo
que proporcionaría un total de 386.000 hombres y 220.000 mujeres abatidos o muertos de
hambre y equivaldría al 95.50% de la población masculina, 55% de la femenina y 75,50% de la
población global.
La guerra será seguida de la ocupación total del territorio, esencialmente por el ejército
brasileño, pues el contingente argentino no tardará en ser repatriado. El Conde d'Eu
transmitirá el 16 de abril de 1870 en Humaitá, la comandancia de las tropas a Cámara,
nombrado entretanto Barón de Pelotas, y volverá al Brasil. Los últimos ocupantes no dejarán
Asunción hasta el 22 de junio de 1876, luego de la firma del último de los tratados de paz con
el Paraguay. Financieramente sostenida por el vencido, la ocupación brasileña será muy
rigurosa y quisquillosa. El ejército intervendrá en todo dentro de la vida política de un país
que no tardará en conocer la violencia entre los raros partidarios de Solano López dejados
en libertad, con los antiguos exiliados o "Legionarios" que reivindicarán el poder absoluto.
Es así, entre otros ejemplos, que cuando el nuevo presidente electo, Facundo Machaín,
declarará el 20 de setiembre de 1870, sólo dos días luego de su elección, la caducidad del
"triunvirato" colocado bajo presión de los aliados un año antes, los brasileños ocuparán
militarmente la "Casa de Gobierno" y destituirán al nuevo presidente a quien reemplazará
Cirilo Antonio Rivarola, antiguo combatiente del ejército de López a quien abandonará en
1867 para unirse a sus adversarios.
El único resultado positivo de la ocupación del Brasil será que, aunque su ejército no hará
nada por oponerse a una anarquía creciente, evitará con su sola presencia la toma del poder
por un "caudillo", lo que evitará al Paraguay caer en los desbordes que conocerán sus
vecinos de Bolivia.
Por otra parte, es cierto que esta presencia permitirá el retorno pacífico de los prisioneros de
guerra y evitará como lo hemos dicho, a sus principales jefes, los generales Caballero y
Delgado o a los coroneles Genes, Hermosa y Quintana, el juicio por "alta traición" que
deseaba infligirles el "triunvirato".
Es así que Caballero será enviado en misión a Europa a su retorno del cautiverio y que el
"legionario" Juan Bautista Gill, electo presidente en 1874 y asesinado 3 años más tarde,
tendrá como secretario y hombre de confianza al Coronel Genes, héroe de los ataques y
abordajes de los acorazados imperiales. A su retorno de Europa en 1873, Caballero se
dedicará enteramente a la acción política creando el partido "colorado" y será Ministro del
Interior en 1878, luego presidente de 1880 a 1886. Será reemplazado en la magistratura
suprema por el General Patricio Escobar, otro antiguo miembro del ejército de López.
Se puede situar el renacimiento del ejército paraguayo en el período que parte de 1880 y en
el que el partido "colorado" se hará cargo del poder asumiéndolo en forma continuada hasta
1904.
Poca cosa será hecha para el efecto en los primeros tiempos pues al país aún le faltaban
hombres y, sus gobernantes, enfrascados en la "Primera Reconstrucción", debían afrontar
problemas mucho más urgentes e importantes. Sin embargo, la presidencia de Caballero
verá la construcción de nuevos cuarteles, hospitales reservados a los militares, la creación
de "colonias" explotadas por los militares y la reinstalación de un pequeño contingente en el
lejano puesto de Fuerte Olimpo, abandonado desde la guerra de la Triple Alianza. En 1888,
un navío paraguayo se apoderará sin resistencia de Puerto Pacheco, edificado por el hombre
de negocios boliviano Suárez Arana sobre el Río Paraguay, en los alrededores de Bahía
Negra donde el Paraguay tendrá también un destacamento de tropas.
A la primera era “colorada” sucederá la del partido “liberal” que gobernará también sin
interrupción hasta 1936.
Se sabe que su presencia en el poder puede dividirse en tres grandes etapas, desde la
anarquía a un estado de sitio prácticamente permanente entre 1905 y 1912, de alternancia
entre crisis políticas y sublevamientos armados que desembocaran en la guerra civil entre
1912 y 1923, finalmente, la época de la estabilización seguida de una reforma bajo el impulso
de Eusebio Ayala a partir de 1924. Los sublevamientos de 1908 y 1910 y las luchas fratricidas
de 1912 y 1922-23, de las que ya se habló anteriormente, tendrán consecuencias por demás
nefastas para el desarrollo del ejército.
A inicios del siglo actual, éste no contaba más que con 1 batallón de línea y 1 escuadrón de
caballería que formaban la escolta presidencial, ambos acantonados en Asunción, y las
pequeñas guarniciones de los puestos del Alto Paraguay, re ocupadas en la época de
Caballero.
También podemos decir que el ejército paraguayo realmente comenzará a tomar cuerpo con
la llegada a la presidencia, en 1906, del antiguo "legionario” Benigno Ferreira. Aunque no
contaba más que con 1500 oficiales y soldados dirigidos por jefes que debían sus rangos
más a su sumisión hacia el poder establecido que a sus propios meritos, Ferreira no dudará
en dotarlo de un Estado Mayor General, calcado del de la Prusia imperial, y de armamentos
modernos. Enviará a Europa en 1908 al Mayor Duarte que, debido a que el ejército paraguayo
estaba entonces totalmente germanizado en sus armas, métodos y hasta en su tenida, en
Alemania procederá a la adquisición de 5000 fusiles y 4 baterías Krupp de 105 mm, habiendo
estas últimas causado serios daños probablemente debidos a la falta de preparación de los
artilleros paraguayos más que a los vicios de fabricación.
Pero el principal mérito de Ferreira será el de haber creado, en 1906, una Escuela Militar,
instalada en Asunción, que tendrá no obstante una breve existencia pues será suprimida en
1908, luego de la rebelión fomentada por el mayor Jara con el apoyo de un cierto número de
"cadetes" que regresaban de Chile.
Esta medida no tendrá sin embargo al menos en un primer momento, el alcance que deseaba
proporcionarle la legislación, pues numerosas comisiones militares deberán ser enviadas a
los centro del interior para verificar la aplicación de la ley.
Esta reticencia de la población a cumplir con sus obligaciones militares podría explicar que
en 1908, en la primera rebelión del Mayor Jara, que reincidirá en 1910 y luego en 1912, el
ejército no pasará de 2000 hombres, principalmente repartidos entre Concepción, Asunción
y Paraguarí.
Sin embargo, en 1912, Jara llegará a concentrar entre Villarrica y Encarnación para marchar a
la capital, 2000 hombres encuadrados en su mayoría por oficiales de carrera y hará frente a
5000 "leales" comandados por el General Patricio Escobar y el Teniente Coronel Chirife. El
fracaso de Jara en mayo, en el combate de Paraguarí en el cual encontrará la muerte, traerá
la depuración en gran escala de los oficiales que habían tomado partido por él, lo que
reducirá los cuadros de un ejército que se había elevado a 3000 hombres, a 1 coronel, 4
tenientes coroneles y 40 mayores u oficiales subalternos, lo cual era manifiestamente
insuficiente para satisfacer las necesidades.
Un primer esfuerzo de organización había sido hecho, poco antes de la guerra civil, por el
General Schenoni que, a partir de diciembre 1922, asumirá la doble tarea de comandante en
jefe y de ministro de guerra y marina. El promoverá en ese mismo año; la creación en
Asunción de una unidad de ametralladoras pesadas, de una compañía de zapadores y de una
Inspección de las Fuerzas del "Chaco Norte".
Poco antes, un decreto del 8 de abril de 1927 había creado para la aviación una Escuela
Militar de donde saldrán, de 1928 a 1930, 11 alumnos pilotos y 11 oficiales-mecánicos.
Finalmente, la Escuela de Guerra será creada por decreto del 10 de agosto de 1929,
quedando su dirección asegurada a partir de 1931 por una misión militar argentina que
también se encargará de la escuela de aviación militar (160).
La importancia del papel jugado por Francia en la primera guerra mundial y su parte
preponderante en la victoria de los Aliados, hará que el Paraguay piense en el ejército de ese
país para ayudarlo en su esfuerzo para la reforma militar paraguaya.
El general Schenoni llegará a un acuerdo con las autoridades francesas para el envío de una
misión de siete miembros provenientes de diferentes cuerpos que llegará al Paraguay en
1926 y permanecerá hasta 1930.
Por otra parte, se inclinará muy especialmente hacia el perfeccionamiento de los alumnos
salidos de la Escuela Militar y de la Escuela de Aspirantes para la creación de un "Centro de
Perfeccionamiento Militar" y hacia la organización, en Asunción y Paraguarí, de sesiones
regulares en las que, por grupos que no pasaban de 15 personas y en los que todos los
oficiales de carrera deberán obligatoriamente participar, los oficiales de reserva podrán
aprovechar la experiencia adquirida en la guerra mundial por parte de sus profesores que les
harán participar de ejercicios en pleno campo, les formarán en el servicio del Estado Mayor,
en el arte de la fortificación en campaña y en las tácticas defensivas adoptadas en la batalla
de Verdún. También la misión militar francesa deberá el ejército paraguayo la adopción del
mortero Stokes Brand, arma que revolucionará la táctica de combate de su infantería y será,
en los primeros meses de la guerra del Chaco, un factor de sorpresa para un adversario que
ignoraba su existencia.
Una segunda misión militar francesa, igualmente de siete miembros, será enviada al
Paraguay en abril de 1938 y por lo tanto luego de la guerra del Chaco. Comandada por el
Teniente Coronel Petit, ella estará formada por los jefes de escuadrón Angenot, para la
Caballería, y de Clermont para la Artillería y los comandantes de administración o de
intendencia Barbier, Février, Mangin y Vignoles.
Esta misión se dividirá luego del fracaso francés en 1940; Petit y Angenot volverán
inmediatamente a las fuerzas francesas libres, mientras que Barbier, Clermont, Février,
Mangin y Vignoles quedarán en Asunción hasta el desembarco americano en África del Norte
en 1942, luego del cual volverán al ejército del General Giraud.
Entre las dos misiones francesas, el Paraguay obtendrá, en 1931, la ayuda de una misión
militar argentina encargada, como hemos visto, de la puesta en marcha de la Escuela de
Guerra y del desarrollo de la Aviación. Dirigida por el Teniente Coronel Abraham Schweitzer,
esta misión estará conformada por el Teniente Coronel Milán Quiroga, los mayores Lanus y
Campero, el Capitán Souville y el Teniente Badaro.
El inicio de la guerra, un año más tarde, hará que una única promoción de 10 miembros
pueda seguir los cursos de esta misión, cuyo papel será modificado. Ella asumirá entonces,
debido a las circunstancias, el doble papel de consejero militar de la alta comandancia
paraguaya y de órgano de observación y de transmisión del Estado Mayor Argentino el que,
aunque Buenos Aires optó por la neutralidad en el conflicto, seguirá siempre muy de cerca la
evolución de la situación militar.
(161) Cap. de Corbeta Juan Speratti: "Historia de la Armada Nacional (Périodo 1925-1937",
Esc. Técnica Salesiana, As. 1972, p. 24-26
(162) Henri Pitaud: "Les francais au Paraguay", Ediciones Biére, Burdeos y París 1955, p. 130
Una vez que las circunstancias lo permitirán y por lo tanto luego del conflicto europeo, el
gobierno de Paraguay retomará aunque a un nivel más elevado, su política inaugurada a
finales del siglo XIX, de enviar al extranjero los mejores elementos de su cuerpo de oficiales.
Esta política ya no tenderá sólo a la búsqueda de una formación, ya que los que se
beneficiaban de ella podrán ser considerados como poseedores de una excelente formación,
y no se limitará a los países vecinos, pues el perfeccionamiento buscado se realizará en los
principales ejércitos victoriosos en la primera guerra mundial.
Francia será elegida en primer lugar para recibir a los becarios paraguayos de los cuales el
más prestigioso será José Félix Estigarribia, futuro comandante en jefe en el Chaco y
Mariscal. Luego de haberse formado en Chile en 1911 en el regimiento de Infantería "Buin",
luego como sabemos de haber dirigido en 1923 el "Colegio Militar" que llevaba el nombre de
su ilustre predecesor en el mariscalato, Estigarribia, entonces Mayor, será enviado a Francia
en 1924.
El Mayor Delgado, antiguo estudiante en Chile y que comandará el III cuerpo de ejército en el
Chaco, seguirá cursos en la Escuela Superior de Guerra de 1930 a 1932. El Mayor Carlos
José Fernández, futuro comandante del 1er. cuerpo de ejército del Chaco, servirá en 1926 en
el 94° regimiento de Infantería de Bar-le-Duc, antes de ir a seguir los cursos de la Escuela de
Guerra de Turín en 1927-1928, mientras que el Mayor Gaudioso Núñez que lo precederá en la
dirección del 1er. cuerpo de ejército, irá a Francia de 1926 a 1929 y servirá en diferentes
unidades militares.
El Mayor Arturo Bray, voluntario en el ejército británico del cual saldrá como teniente
durante la guerra mundial, será enviado a seguir cursos en el Centro de Estudios de
Infantería de Versalles en 1927-1928. Luego de la guerra del Chaco, seis tenientes coroneles
veteranos de la misma, Francisco Chávez, Leandro González, Amancio Pampliega, Alfredo
Ramos, Luis Santiviago y Jorge Thompson serán enviados a Francia a finales de 1937 a
perfeccionar sus estudios y allí se encontrarán con otros doce estudiantes paraguayos.
Ramos y Santiviago seguirán los cursos de la Escuela Superior de Guerra de París,
Pampliega los de la Escuela de Artillería de Fontainebleau, Chávez en la de Ingeniería de
Versalles y Thompson en la de Intendencia, mientras que González será alumno de la
Escuela de Guerra de Bruselas.
El envío de estudiantes a los ejércitos de América del Sur será igualmente llevado a cabo
entre las dos guerras mundiales, pero a un nivel más reducido que anteriormente y con el
objeto de iniciarlos en las técnicas modernas más que en el perfeccionamiento, pues los
beneficiarios serán principalmente los que luego irán a realizar perfeccionamiento en
Europa. Los más conocidos de estos becarios serán, todos para Chile, los capitanes
Recalde, que irá en misión de estudios e Irrazábal, enviado al 2do. regimiento de caballería
"General Baquedano", luego a la Escuela de Aplicación de Caballería de 1923-1925, el
Capitán Delgado a la Escuela de Aplicación de la Infantería de 1923-1926, los capitanes de
caballería Ortiz Cabral y Federico Smith a la Escuela de Aplicación de sus armas en 1930-
1931, el Teniente Caballero Irala que pasará dos años en el regimiento de Ingeniería
"Aconcagua" y será el fundador de tal arma en el Paraguay.
Igualmente hay que agregar un número de becarios en el ejército chileno, todos los
candidatos paraguayos al Cuerpo de Intendencia, comenzando por el Teniente Sampson
Harrison, que reorganizará la administración militar de su país a su retorno de una beca
efectuada de 1923 a 1926 y que será comandante de esa repartición durante la guerra del
Chaco(164).
La evolución del ejército del Paraguay en los años siguientes a la guerra civil de 1922-1923
se realizará en función de dos datos fundamentales: la revelación que había tenido hacia
1920 de la existencia del problema del Chaco y en un segundo lugar, la decisión que tomará
en 1924 de penetrar en ese territorio y establecerse allí de manera estable.
Esta evolución ha sido objeto de estudio profundo del General Marcial Samaniego (166), que
constituye nuestra principal fuente de información.
La guerra civil de 1922-1923 dejará al país dividido con una situación económica y financiera
muy grave y un ejército casi totalmente desintegrado, habiendo perdido la mayor parte de su
material y de sus equipos. Ella arrastrará además la suspensión de la ocupación militar en el
Chaco, iniciada luego de una misión de reconocimiento efectuada en este territorio en 1921
por el Capitán Juan B. Ayala que, al año siguiente, condujo al Ministerio de Guerra y Marina a
transferir allí las tropas de la II zona militar de Paraguarí y de la III de Villa Hayes,
transferencia que no impedirá el estallido de la guerra civil. La desmovilización y la
depuración que seguirán a esta última, harán que el ejército sea reducido a tres batallones
de Infantería respectivamente instalados en Concepción, Asunción y Paraguarí, tres
escuadrones de Caballería acantonados en Cerro Torin, Paraguarí y San Ignacio de las
Misiones, un pequeño regimiento "Acá Verá" de la escolta presidencial y la II batería de
Artillería que mantendrá su guarnición en el "pueblo" de Cangó, hoy Gral. Artigas. No es
necesario agregar que todas estas unidades estaban reducidas al mínimo de efectivos y
pobremente equipadas.
El gobierno le encargará por decreto del 20 de abril de 1923 reconstruir el ejército levantando
unidades verdaderamente operativas. Esta reconstrucción se hará con el concurso de
militares de carrera tanto del reclutamiento como de los antiguos voluntarios movilizados,
con excepción de los comandantes de las I, III y IV zonas militares, separadas del ejército por
haber sido "cabezas" de la insurrección y oficiales que se habían adherido a este
levantamiento.
Schenoni comenzará por repartir las fuerzas terrestres en cuatro grandes categorías:
infantería, destacamento de guarda fronteriza del Chaco, caballería y artillería, a las que se
agregarán bajo su jurisdicción una flota de guerra formada por la nave-escuela "Adolfo
Riquelme" y los pequeños "Triunfo" y "Coronel Martínez", así como los arsenales de guerra
y marina y tres establecimientos militares de formación (Escuela Militar, Escuela de
Aviación, Escuela de Enfermeros y Camilleros). Luego basará su organización sobre una
unidad operativa que llamará "destacamento de campaña". Tres de esas unidades serán
creadas, cada una comprendiendo tres batallones de infantería, un escuadrón de caballería,
una batería de artillería, un destacamento sanitario, una sección de intendencia y una unidad
de transmisiones.
El destacamento de guardia fronteriza del Chaco será erigido como unidad autónoma,
encargada de la protección de puestos de Fuerte Olimpo y Bahía Negra en el norte del
territorio y de los fortines General Bruguez y General Delgado instalados en la región del río
Pilcomayo.
Sobre estas nuevas bases, el ejército paraguayo contará entonces, hacia 1924, con 91
oficiales y 2154 suboficiales y soldados para sus fuerzas terrestres, efectivo muy insuficiente
en lo que concierne a sus cuadros, y 39 oficiales y 227 suboficiales y marineros para las
navales.
Pero Schenoni establecerá, en julio de 1924, un plan mantenido en riguroso secreto que
tenía en vista formar un ejército de 4000 hombres que, a sus ojos, constituirá el marco
necesario para la movilización de una fuerza total de 24 a 30.000 hombres (167).
Para este efecto, un decreto del 16 de octubre siguiente transformará los tres
"destacamentos de campaña" en cuatro regimientos de infantería, debiendo coexistir con
unidades "no-enmarcadas" que eran los elementos de infantería que formaban la guarnición,
la Compañía de Ametralladoras pesadas recientemente creada en Asunción y que contaba
con 50 hombres, las guarniciones de Puerto Pinasco de 75 hombres y de Fuerte Olimpo de
17 y los dos pelotones de servicios de la aviación instalados en Campo Grande (Asunción).
El segundo RI tendrá su base en Asunción y estará formado por los III y V batallones, el III en
Villa Hayes y en el sector del río Pilcomayo, el V en la capital para la infantería y en Paraguarí
para los otros elementos.
El tercer RI tendrá su base en Encarnación y, a falta de oficiales como para asegurar el total
de sus efectivos, será limitado al IV batallón de sólo dos compañías de fusileros, las
secciones sanitaria y de intendencia, todas instaladas en Encarnación y el 3er. escuadrón de
caballería que tendrá su base en San Ignacio. El cuarto RI sólo será formado dos años más
tarde, en 1926
(164) Coronel DEM Alfredo Ramos; "Semblanzas Militares", Criterio Ediciones, Asunción
1987, tomo I, passim.
(166) General de Div. Marcial Samaniego: "Situación de las Fuerzas Armadas de la Nación en
el Decenio de la Pre-Guerra del Chaco", boletín N° 1 de 1984-85 de la Academia de Historia
Militar del Paraguay, Estudio Gráfico, Asunción 1985, passim.
(167) Zook, op. cit., p. 67
Si la Argentina será la 1ra, nación sudamericana en crear, en 1910, una Escuela de Aviación
Militar, el primer avión que sobrevolará el cielo del Paraguay será, en 1912, el piloteado por el
francés Paillette quien, en esta ocasión dará su bautismo de aire al Presidente Schaerer.
Esto decidirá, el mismo año, al mayor Chirife que era entonces Ministro de Guerra y Marina,
de dotar también a su país de una Escuela de Aviación. Se lo encargará a Silvio Pettirossi,
hijo de emigrantes italianos nacido en Asunción en 1887, y le concederá una beca, destinada
a permitirle ir a Europa para aprender a pilotear y proceder igualmente a la adquisición, en
Francia, de un biplano Farman y dos monoplanos Blériot de 50 HP, así como de las piezas de
repuesto necesarias que constituirán el embrión de la futura aviación paraguaya.
Los acontecimientos de los que acabamos de hablar ampliamente harán que la escuela de
aviación militar, aunque oficialmente creada por decreto del 22 de febrero de 1923, comience
realmente a tomar cuerpo a partir de 1926 bajo el impulso del Capitán-piloto Fromont y del
Teniente-mecánico Pommier de la Misión Militar Francesa, que en el curso de su estadía en
el Paraguay formarán 35 pilotos y 40 mecánicos, los primeros elementos del nuevo ejército
del aire, instalado en Puerto Sajonia, en las afueras de Asunción. Esta arma funcionará en un
primer momento con material únicamente francés llegado en el barco que transportaba a la
Misión Militar Francesa y ensamblado aquí.
El ejército paraguayo del aire estará muy satisfecho con la calidad del material suministrado
por Francia, pues le solicitará luego, en 1926 y 1927, siete aviones de caza Wibault con motor
Lorraine de 45 CV y siete aviones biplanos de reconocimiento y de bombardeo Potez 27
igualmente equipados con motores Lorraine que serán instalados en las bases de los
alrededores de Asunción.
La posición geográfica del Paraguay interesará desde el comienzo, las compañías aéreas
europeas buscarán implantarse en América del Sur para proceder allí al transporte de
pasajeros y carga. La predisposición de Almonacid y del aviador francés Paul Vacher
permitirá a la sociedad francesa Aéropostale, perteneciente al hombre de negocios
Bouilloux-Lafont, ya instalada en la Argentina, firmar con la administración de correos de
Asunción el primer contrato de transporte de correos con el Paraguay y la Aéropostale
creará una filial local para asegurar el transporte entre Asunción y Buenos Aires con sus
aviones Latécoére.
Por otra parte, el interés del mundo de la aviación por el Paraguay le valdrá ser visitado por
los más grandes nombres del espacio aéreo, el Conde de Vaulx, compañero de Santos
Dumont, Costes y Le Brix venidos desde Buenos Aires con el "Point d'Interrogation" luego
de haber atravesado el Atlántico, y los pilotos más prestigiosos de la Aéropostale, Mermoz y
Marcel Reine, Guillaumet y SaintExupéry. Estos verán en el Paraguay el lugar ideal para
establecer el pivot de las relaciones aéreas entre Europa y América del Sur. Pero el
advenimiento de la guerra del Chaco impedirá éste proyecto que sólo hubiera podido
beneficiar al Paraguay.
Este esfuerzo para el equipamiento del que hemos hablado en el capítulo anterior, acarreará
de 1926 a 1932 un gasto global evaluado en 4.703.733 dólares americanos o 211.321.843
pesos de la época, de los cuales, 2 millones de dólares para los años 1926 y 1927 durante los
cuales se solicitarán los pedidos de 24 cañones Schneider de 75 mm, de 7 cazas Wibault y
de 7 bombarderos Potez para la aviación, recibidos en 1928 como las dos cañoneras
"Humaitá" y "Paraguay", solicitadas a los astilleros navales de Génova por un precio global
de 300.000 libras esterlinas y enviada en mayo de 1931.
Por otra parte, los efectivos de la marina pasarán a 26 oficiales y 111 suboficiales y
marineros para el personal de embarque y 7 oficiales y 161 suboficiales y marineros para el
personal de tierra.
Las 1ra. y 2da, baterías de Artillería serán igualmente retiradas de los regimientos de
infantería a los que pertenecían para formar un grupo. La compañía, de ametralladoras
pesadas y la guarnición de Fuerte Olimpo perderán su autonomía, la primera siendo
transferida de Asunción a Paraguarí e integrada al II/5to. RI y la segunda pasando bajo la
autoridad del 1er. RI. Los destacamentos del Chaco Austral, es decir del sector del río
Pilcomayo, serán separados del III/2do. RI que operaba en el mismo sector antes que, en
junio de 1927, todas las unidades del Chaco con excepción de la guarnición de Villa Hayes
se encuentren bajo un único Comando unido a la 5ta. región militar de Villa Hayes y teniendo
autoridad sobre las tropas de Bahía Negra, Fuerte Olimpo, Puerto Casado, Nanawa y fortines
del sector del río Pilcomayo.
Hacia 1926, los efectivos del ejército de tierra paraguayo se elevarán a 3517 hombres, es
decir 3 generales, 210 oficiales superiores y subalternos y 3304 suboficiales y soldados.
Una reforma más importante será el resultado de un decreto del 28 de diciembre de 1927 y de
una resolución ministerial del 17 de febrero siguiente. El primero, concerniendo sólo a la
infantería, confirmará el agrupamiento del ejército en regimientos, decidirá que éstos
agreguen a su número de orden un título tomado de la historia nacional y fijará las
dotaciones previstas en tiempos de paz y en caso de guerra para cada regimiento. La
segunda, de alcance más general, otorgará poder al ministerio de guerra y marina para
repartir el personal militar en función de las necesidades propias a la jurisdicción territorial
del regimiento. Los cuatro regimientos que ya existían pasarán a ser el "Dos de Mayo" para
el 1er. RI de 613 hombres en Concepción que cubría los fortines desde Puerto Pinasco a
Nanawa, el "Ytororó" de 855 hombres para el 2do. RI en Campo Grande (Asunción) que
cubría los sectores del Confuso y del río Pilcomayo, el "Corrales" para el 3er. RI de 667
hombres con base en Puerto Guaraní y que supervisaba el sector de Bahía Negra-Fuerte
Olimpo-Puerto Casado, el "Curupayty" para el 4to. RI de 247 hombres instalado en
Encarnación. Podemos constatar que debido a la tensión que se intensificada en el Chaco,
toda la infantería paraguaya a excepción del 4to. RI "Curupayty" estaba distribuida en ese
territorio.
La misma razón acarreará la creación, por decreto del 24 de agosto de 1928, de nuevos
regimientos, el 5to. RI "Gral. Díaz" de dos batallones y una compañía fuera de rango unida al
efectivo de guerra de 1001 hombres y enviada a Bahía Negra, y el 6to. RI "Boquerón" en Villa
Hayes con la enviada estructura pero solamente con 604 hombres.
Esta razón conducirá luego al ministerio de guerra y marina a elevar el efectivo del
regimiento de Infantería a 1001 hombres para los enumerados 1 y 2; 971 hombres para
aquellos 3,4 y 6 y a llevar al 1er. RC "Valois Rivarola" a cuatro escuadrones montados y dos
secciones de ametralladoras con un total de 1641 hombres. En fin, el Estado Mayor General
será transferido en noviembre de 1928 de Asunción a Concepción y comenzará el envío al
Chaco de refuerzos de infantería y camiones.
La tensión siempre latente en el Chaco alcanzará una sensible intensidad con el ataque
paraguayo, el 25 de febrero de 1927, del fortín boliviano Sorpresa que causará la muerte del
subteniente Rojas Silva en las filas de los atacantes. Ella alcanzará su punto culminante
cuando, el 5 de diciembre de 1928, el Mayor Rafael Franco y las tropas del 5to. RI "Gral. Díaz"
se apoderarán en el norte del Fortín Vanguardia, habiendo Franco realizado esta maniobra
sin el acuerdo de su gobierno, que lo alejará del ejército.
Aparte del 5to. RI "Gral. Díaz", el Paraguay sólo disponía en esa época en el Chaco, sin
haberse terminado el movimiento de sus tropas, de 677 hombres del 3er. RI "Corrales" (V y
VI batallones) repartido sobre la línea Bahía Negra-Fuerte Olimpo-Puerto Casado en el sector
norte, de los 613 hombres del 1er. RI "Dos de Mayo" (I y II batallones) en el centro, en los
fortines de los alrededores de Nanawa y Puerto Pinasco y de los 835 del 2do. RI "Ytororó" (III
y IV batallones) sobre el río Pilcomayo y Confuso al sur, efectivos netamente insuficientes
para hacer frente al grueso de las fuerzas bolivianas estimado en 7000 hombres por el
estado mayor paraguayo, que en represalia por el ataque del Fortín Vanguardia, se
apoderarán de los fortines paraguayos de Boquerón y Mariscal López. Ante el giro que
tomaban las cosas, las autoridades de Asunción decretarán, el 16 de diciembre, la
movilización de los reservistas de 18 a 24 años, creará el puesto de Comandante en Jefe de
las Fuerzas Armadas que será otorgado al general de división Patricio Escobar que será
asistido por el Teniente Coronel Estigarribia, nombrándose Inspector General del Ejército al
viejo General de Brigada Manuel Rojas.
La movilización confirmará ser un fracaso total que pondrá en evidencia las debilidades de la
organización del ejército en materia de agrupamiento, de equipamiento y de encaminamiento
de los reservistas que, por otro lado, sólo serán 7 a 8000 en responder al llamado en lugar de
los 30.000 esperados.
Un decreto del 9 de enero de 1929 pondrá fin a la movilización, otro del 19 de junio suprimirá
el puesto de Comandante en Jefe, el 6to. RI "Boquerón" será también suprimido y sus
elementos derivados al 3er. RI "Corrales", y los cinco regimientos que continuarán
existiendo se verán reducidos al efectivo de los tiempos de paz. Como lo escribirá el
americano Zook, luego de Vanguardia, el Paraguay vivirá "en clima de guerra" (171).
Escobar, desde la toma del Comando, solicitará, aunque en vano, la creación de seis nuevos
regimientos. A pesar del riesgo de ver la situación del Chaco volverse de pronto explosiva, el
gobierno se limitará en un primer momento a la formación, por decreto del 13 de setiembre
de 1929, en ese territorio, de un Comando del sector norte, instalado en Pto. Casado y
disponiendo de los 4to. RI "Curupayty" y 5to. RI "Gral. Díaz; que será confiada al Teniente
Coronel José Sánchez con la misión de custoriar el sector de Bahía Negra-Puerto Pinasco y
que vendrá a reforzar un escuadrón del "Valois Rivarola".
Las autoridades de Asunción terminarán por rendirse ante las razones del inspector general
de su ejército, el General Manuel Rojas, que a instancias de Escobar no cesaba de reclamar
el aumento de efectivos y de dotaciones de materiales. Un decreto del 30 de junio de 1930
hará pasar al regimiento de infantería de 2 a 3 batallones, hará reaparecer al 6to. RI
"Boquerón", creará dos nuevos regimientos de infantería, los 7° RI "24 de Mayo" y el 8° RI
"Piribebuy", dará el nombre de "General Bruguez" al 1er. grupo de artillería de montaña,
transformará la compañía de zapadores de Paraguarí en 1er. batallón "General Aquino" y
rebautizará "Tacuary" y "Capitán Cabral" al "Adolfo Riquelme" y al "Triunfo". Un decreto
ulterior, del 17 de junio de 1931, creará para resguardo del sector central del Chaco, la 1ra.
división de infantería (1° DI) con los tres RI: 1er. "Dos de Mayo", 2do. "Ytororó", 4to.
"Curupayty" y el 1er. batallón de zapadores "General Aquino" cuya comandancia será del
sucesor de Rojas en la Inspección General del Ejército, Estigarribia, que será promovido a
coronel en esta ocasión y tendrá igualmente autoridad sobre las tropas de Bahía Negra y
Villa Hayes, lo que le otorgará la comandancia del conjunto de tropas instaladas en el Chaco.
El 16 de julio siguiente, el escuadrón del "Valois Rivarola" instalado en Riacho Negro y el
que fuera afectado al 4to. RI "Curupayty" serán agrupados para formar el 2do, regimiento de
Caballería "Coronel Toledo", que será confiado al Mayor Tranquilino Ortiz Cabral e
inmediatamente enviado a Puerto Casado para reforzar el primer DI.
Schenoni que, había retomado el Ministerio de Guerra y Marina en 1929 luego de haber
realizado la compra de materiales en Europa aprobada por Eligio Ayala, encargará en 1931 a
su nuevo Jefe de Estado Mayor General, el Teniente Coronel Juan B. Ayala, diplomado de la
Escuela de Guerra Francesa, establecer un profundo plan de exploración del Chaco y
consolidar la posición del Paraguay en ese territorio. Ayala se consagrará con entusiasmo a
esta tarea que traerá consigo la ejecución, en el Chaco, de un vasto programa de conexiones
terrestres y radiotelegráficas entre los fortines y las bases, construcción de depósitos de
víveres y municiones, reservorios de agua potable y de cuarteles, ya detallado
anteriormente, siendo el único punto de su programa que no fuera llevado a cabo por
razones de presupuesto el que contemplaba la construcción de una vía férrea Villa Hayes-
Nanawa que habría facilitado ampliamente el transporte de las tropas.
El jefe del Estado Mayor General presentará además un plan de adquisición de materiales de
guerra permitiendo la puesta en marcha de 4 divisiones de infantería y una de caballería con
un total de 45.000 hombres así como de organización de la retaguardia, pero por razones de
presupuesto este plan será progresivamente reducido a 20.000, luego a 15.000 y finalmente a
10.000 hombres antes de terminar "guardado en el cajón".
Hasta el estallido de la guerra, las unidades de infantería paraguaya contarán con los
mismos efectivos que en tiempos de paz. 700 hombres para un regimiento de dos batallones,
una compañía de ametralladoras pesadas de cuatro piezas, una sección de morteros de tres
piezas y las secciones de sanidad e intendencia, estando constituido cada batallón de dos
compañías de fusileros dotadas de 12 fusiles-ametralladoras.
Es en esta misma época que un destacamento boliviano que operaba en el Chaco Central,
alcanzará el vasto casco de agua llamado "Gran Lago" bautizado "Laguna Pitiantuta” por los
paraguayos y sacara su pequeña guarnición. Este será el origen de una guerra que no
sorprenderá el Estado Mayor de Asunción pues sabía que era ineludible luego del problema
del Fortín Vanguardia.
Luego del ataque de la Laguna Pitiantuta, el Paraguay no tenía en el Chaco para hacer
inmediatamente frente más que suprimir de la 1ra. DI (Coronel Estigarribia), creada el año
anterior y no disponiendo más que de dos de los tres regimientos que le habían sido
afectados, el 2do. RI "Ytororó" (Mayor José Vera) y el 4to. RI "Curupayty" (Mayor José A.
Ortiz). Las disposiciones tomadas por el Teniente Coronel Juan B. Ayala permitirán
reforzarla, en los días que seguirán, con el 2do. RC "Coronel Toledo" (Mayor Ortiz Cabral)
enviado de Paraguarí y con el 1er. batallón de ingeniería "General Aquino" (Capitán Basiliano
Caballero Irala), que se encontraba en Isla Poi y por lo tanto en el sitio. Las mismas
disposiciones permitirán, con el arribo de los movilizados, poner rápidamente en pie otras 2
divisiones de infantería, la 2da. DI (Teniente Coronel Gaudioso Núñez) en Concepción con el
1er. RI "Dos de Mayo" (Mayor Paulino Antola) para cubrir la zona de Nanawa, el 3er. RI
"Corrales" (Mayor José D. Melgarejo) y el 1er. RC "Valois Rivarola" (Teniente Coronel Manuel
García de Zúñiga) proveniente de Paraguarí por una parte y, por la otra, el 3er. DI (Teniente
Coronel José J. Sánchez) en Bahía Negra con el 5to. RI "General Díaz" (Teniente Coronel
Félix Cabrera) que mantenía la guarnición de Bahía Negra, el 8° RI "Piribebuy" (Mayor Mario
López Decoud) y el 3er. RC "Coronel Mongelós" (Mayor Federico Smith) que será constituida
en un tiempo récord; todas estas diferentes unidades siendo comandadas por oficiales que
jugarán un importante papel en la guerra.
Además, el Paraguay podía igualmente disponer en forma inmediata del 1er. Grupo de
Artillería "General Bruguez" instalado en Concepción, de dos escuadrillas de aviones Potez y
Whibault concentradas en los alrededores de Asunción, y del conjunto de su Marina de
Guerra que comprendía un batallón de fusileros-marineros más tarde transformado en 1er.
regimiento de infantería de marina "Riachuelo", una compañía de ametralladoras afectada a
la defensa costera, la cañonera "Tacuarí" y los avisos "Capitán Cabral" y "Teniente
Herreros", a los que vinieron a agregarse las cañoneras "Humaitá" y "Paraguay" y dos
hidroaviones comprados en Italia y recibidos en mayo de 1931.
(172) Mayor Antonio González: "La guerra del Chaco", Sáo Paulo 1941, sin indicación de
editor, p. 17.
PREPARACIÓN DE LA GUERRA
Es casi un hecho que el Paraguay al igual que Bolivia no considerarán, durante años, la
posibilidad de recurrir a las armas por la posesión del Chaco. Por otra parte, es no obstante
cierto que Bolivia se preparará para esta eventualidad antes que el Paraguay. Pero estas dos
verdades no nos impedirán seguir integralmente la tesis de numerosos autores paraguayos,
especialmente el Mayor Antonio E. González a quien debemos uno de los mejores estudios
de la guerra del Chaco (173), tesis que retomará el norteamericano Zook, para quien el
Paraguay entrará en esta guerra sin la menor reparación previa.
Como lo hemos hecho con respecto a este último, examinaremos el estado de preparación
del Paraguay desde el cuádruple punto de vista del territorio en el que su ejército deberá
combatir, de los hombres con los que estará formado, de los medios puestos a su
disposición y/o de los planes considerados por el Estado Mayor General.
(173) Mayor Antonio González: "La guerra del Chaco", Sáo Paulo 1941, sin indicación de
editor, p. 17.
EL TERRITORIO
El sector en el cual actuará el ejército paraguayo en los primeros meses de la guerra, será la
zona de 250 a 300 kilómetros de extensión partiendo de la orilla del río Paraguay en dirección
oeste, que ha sido descripta bajo el nombre de "zona fluvial oriental" en nuestra
presentación del Chaco. Se trata de una inmensa llanura de 100 a 200 metros de altitud,
sembrada de bosquecillos o “islas” y de vastos palmares, rica en pasturas y en plantación
de quebracho que hacen de ella una región ganadera cuyo subsuelo está provisto de agua
fresca y sabrosa proveniente de fuertes lluvias anuales como de esteros, lagunas y arroyos
formados por el río Paraguay en el momento de las crecidas.
En el borde oriental de esta zona, existían poblaciones más o menos importantes entre las
que, desde el punto de vista estratégico, las principales eran, de norte a sur, Bahía Negra,
Puerto Casado, Villa Hayes. Ellas constituían otras tantas bases de partida hacia el interior
del Chaco, desde Bahía Negra hacia los fortines Galpón al noroeste y Coronel Bogado al
suroeste; desde Puerto Casado hacia los fortines Toledo y Corrales al oeste y Falcón y
Boquerón al suroeste; desde Villa Hayes y sus antenas avanzadas de los fortines General
Bruguez y General Delgado hacia el norte-nordeste y Nanawa.
El Chaco oriental disponía en esa época de una red de 1500 kms de caminos principales,
construidos por el ejército bajo impulso de Estigarribia y de Juan B. Ayala o de las empresas
privadas de la zona.
Al norte, los de 60 y 40 km respectivamente uniendo Bahía Negra con los fortines Galpón y
Coronel Bogado y el de 150 km que iba de Fuerte Olimpo al fortín Mayor Torres.
Al sur, el camino de 350 km que iba de Villa Hayes al Fortín General Delgado y a Nanawa
concluyendo en el Fortín Falcón (174).
Esta red interna, la mayoría de las veces formada por vías inaccesibles a los vehículos, era
completada por un conjunto de vías férreas, todas construidas por sociedades extranjeras
instaladas en el Chaco. La vía férrea principal, de la que ya hemos hablado, era la de la
compañía argentina Carlos Casado Ltda., teniendo su punto de partida en Puerto Casado y
un recorrido de 160 kilómetros en dirección oeste, la cual, en el km 145, se encontraba con la
ruta transversal proveniente de Isla Poí en dirección a los fortines Boquerón, Toledo y
Corrales y a las colonias mennonitas. La línea de Puerto Casado jugará un papel de gran
importancia en el transporte de los refuerzos, del reabastecimiento y en la evacuación de los
heridos y prisioneros en el curso de los dos primeros años de la guerra. Las otras vías
férreas del Chaco, de longitud menor y partiendo respectivamente de Puerto Pinasco, Puerto
Sastre y Puerto Guaraní, serán igualmente utilizadas durante la guerra.
La futura zona de combate en la cual, como hemos visto, la 1ra. DI de Estigarribia estaba
instalada antes de las hostilidades, se encontraba, en línea recta, de Asunción y de
Concepción, que serán los principales centros de concentración de los convocados, no más
que a unos 300 y 200 kilómetros hasta el puerto de desembarque elegido y podía entonces
ser alcanzada vía fluvial en unas 36 horas desde la capital y en menor tiempo desde
Concepción.
Del Río Paraguay al punto de encuentro en el Chaco, entre los cuales el principal será Isla
Poí, el soldado paraguayo tendrá todavía unos 150 kilómetros a recorrer, efectuados a
menudo por vía férrea pero también a tracción animal, medios que serán utilizados para el
transporte de municiones y de víveres durante la batalla de Boquerón.
El acceso al Chaco será pues mucho más fácil para el ejército paraguayo que para el
boliviano. Recordemos que este último, para llegar a él, tendrá primeramente que pasar por
lo que en un principio eran simples caminos de mulas, un recorrido topográficamente difícil
que varía entre 750 y 120 kilómetros para alcanzar el límite oriental del Chaco, luego 200 a
300 kilómetros para alcanzar el teatro de operaciones. Así, el traslado desde el punto de
movilización al frente exigirá 60 a 90 días para el soldado boliviano contra sólo 10 a 30 días
para el soldado paraguayo, ventaja de la que sabrá sacar provecho el Estado Mayor
Paraguayo.
Otra ventaja para el Paraguay residirá, al menos en los dos primeros años de la lucha, en el
hecho de que los soldados operarán en región llana, en condiciones naturales y con un
clima al cual estaban habituados. No ocurrirá evidentemente lo mismo con el soldado de
raza aymará o quechua que será trasladado de la altura y el frío de la alta meseta del
Altiplano al fuerte calor de las llanuras bajas.
El pueblo paraguayo constituye un grupo étnico que, luego del acertado mestizaje, ha sido
siempre más homogéneo que el formado por el pueblo boliviano, fuertemente impregnado,
en el momento de la guerra del Chaco, de una diferenciación entre las clases sociales.
Diferenciación prácticamente inexistente en el Paraguay, lo que le permitirá a su ejército
formar un cuerpo netamente más "democrático" que el de su adversario. Este carácter
democrático ya se había manifestado durante la guerra de la Triple Alianza donde, entre
otros ejemplos, un hombre como Caballero la iniciará como simple soldado y la terminará
como general.
Por otra parte, el hecho de pertenecer a una nacionalidad bien definida que se ha visto
fortificada con el correr de los siglos, nacionalidad de la que se siente orgulloso con justicia,
determinará en él un patriotismo feroz que, al igual que sus precursores, lo hará adherirse
sin restricción a la defensa de la patria cuando ésta se vea amenazada. De tal modo que
cualquiera que fuese su rango en la jerarquía, el combatiente paraguayo del Chaco se
revelará como un soldado sin par, lo que constituye una tradición en su historia nacional.
Desde su arribo a la cabeza del Estado Mayor General, nos dice el Mayor González (175), el
Teniente Coronel Juan B. Ayala hará proceder a un estudio profundo del potencial humano
con el cual podía contar en caso de acontecimientos irreversibles.
Este estudio alcanzará a un total de cerca de 150.000 hombres, con exactitud 148.000 que se
repartían en la siguiente forma:
- 300 oficiales activos, 150 para el ejército de tierra, 80 para la marina y 70 para los servicios
auxiliares, ninguno de ellos contando con diploma del Estado Mayor, los dos tercios
provenientes de la Escuela Militar y el último tercio de los cuerpos de tropa;
- 200 suboficiales de los cuales el 60% poseía poca instrucción o era analfabeto, todos
formados en los cuerpos de tropa o en la policía sin una real preparación;
- 25 000 reservistas;
- 120 000 hombres en edad militar y por lo tanto movilizables, de los que una gran parte será
formado luego de la visita de incorporación.
Este cuadro, tal vez voluntariamente oscurecido por el autor, no nos parece totalmente
creíble. La afirmación según la cual ni un oficial activo era diplomado del Estado Mayor es
contradictoria con las indicaciones del párrafo que hemos consagrado al envío al extranjero
de becarios con miras a perfeccionar sus conocimientos profesionales.
Es indudable que, entre los oficiales en actividad en 1931, al menos el Coronel Estigarribia,
los tenientes coroneles Juan B. Ayala, Delgado y Recalde, los mayores Carlos José
Fernández e Irrazábal habían seguido, en Bruselas, París o Turín, los cursos de la escuela
superior de guerra, lo que automáticamente les daba, al menos en lo que concierne a
Francia, el título de diplomado del Estado Mayor. Por otra parte, la Misión Militar Argentina
había organizado una Escuela Superior de Guerra que sólo existirá un año, pero de la que se
puede lógicamente pensar que se consagrará a la preparación, a un nivel elevado, de los
cuadros y que lo mismo sucedía en las sesiones regulares a las cuales todos los oficiales de
carrera debían participar, en el "Centro de Perfeccionamiento Militar" de la Misión Militar
francesa.
Durante la guerra en la que participarán más de 120 000 de esos conciudadanos, el Estado
Mayor Paraguayo pondrá en funcionamiento las nuevas grandes unidades siguientes:
- 3 Cuerpos de Ejército, I,II y III a los cuales se agregará hacia el final, un Cuerpo de Ejército
de Reserva;
- 13 regimientos de infantería; 9° "Ytá Ybaté", 10° "Sauce", 11° "Abay", 12° "Rubio Ñú", 13°
"Tuyutí", 14° "Cerro Corá", 15° "Lomas Valentinas", 16° "Mcal. López", 17° "Yataity Corá", 18°
"Pitiantuta", 19° "Gral. Escobar", 20° "Acá Yuasá", "Batallón 40";
A la cifra citada más arriba de 120 000 participantes paraguayos en la guerra se agregará
cierto número de extranjeros, todos voluntarios contrariamente a lo que sucederá en el
ejército boliviano, donde los combatientes de nacionalidad extranjera serán casi todos
oficiales, sobre todo chilenos comprometidos por contrato. Los voluntarios extranjeros del
ejército paraguayo más numerosos serán los argentinos, oficiales retirados o de reserva
como Almonacid, ciudadanos argentinos que vivían en Paraguay o civiles provenientes de la
provincia limítrofe de Entre Ríos. Estos últimos, excelentes jinetes de profesión, serán ante
todo incorporados al 40 RC "Acá Carayá" en su mayoría, luego agrupados en el seno de una
nueva gran unidad de caballería, el 7° RC al cual se le dará en su honor el nombre de "Gral.
San Martín" y cuyo comandante será uno de sus compatriotas, el Mayor Domingo Aguirre.
Se puede igualmente citar entre los voluntarios al hombre de Estado uruguayo, Luis Alberto
de Herrera con cuyo nombre se llamará a un fortín y a una calle de Asunción o al
norteamericano Philip De Ronde, coronel retirado del ejército de los Estados Unidos y único
voluntario de este país a nuestro conocimiento, cónsul del Paraguay en Nueva York durante
25 años, nombrado teniente coronel HC y comandante segundo del 4° RC paraguayo "Acá
Carayá" que ha dejado un libro sobre los recuerdos de campaña (177) y al diplomático
chileno Gonzalo Montt Rivas que estará a la cabeza de una batería en la batalla de Nanawa.
Finalmente, el Paraguay tendrá en sus filas a rusos blancos a los cuales nos hemos referido
evocando la actividad en el Chaco de su representante más prestigioso, el General de
División HC Juan Belaief, ex combatiente al lado de Denikine y de Wrangel de la guerra civil
rusa, la que terminará como General de Brigada e Inspector General de la artillería blanca.
Belaief estará en Paraguay a fines de 1924.
(176) José Carlos Marcet: "Antecedentes, desarrollo y resultados de la guerra del Chaco",
Ediciones Comuneros, Asunción 1974, p. 77-88.
(177) Cnel. Philip De Ronde; "Paraguay, una pequeña nación valiente", GP Putnam's Sons, N.
York 1935.
(178) Coronel H.C. Alexandre von Eckstein: "Pitiantuta", Publicaciones de las FF AA. de la
Nación, Asunción, 1986.
LOS MEDIOS
Hemos visto anteriormente que, durante largo tiempo, todas las dotaciones del ejército
paraguayo no bastarán para cubrir las necesidades del servicio en tiempo de paz. Es así que
durante años, la artillería se limitará a 6 cañones Vickers y 6 cañones Krupp modelo 1907 de
75 mm que serán sin embargo transportados al Chaco y allí terminarán una carrera de cerca
de 30 años, y la infantería no contará más que con 12.000 fusiles "mata paraguayos". Pero
este estado de cosas será remediado por el intenso esfuerzo realizado a partir de 1926 y
continuado hasta la guerra, con miras a dotar al ejército de un armamento suficiente para
poder afrontar cualquier eventualidad.
Los materiales capturados se elevarán a 25.000 fusiles, 250 ametralladoras pesadas, 1400
ametralladoras livianas, 600 fusiles-ametralladoras, 75 morteros y alrededor de 20 millones
de cartuchos y 15.000 granadas de mortero (180), lo que permitirá renovar una parte
importante del stock.
ARMAMENTO INDIVIDUAL
Los oficiales serán dotados en ciertos casos de pistolas Mauser, Colt o Browning y en otros
de revólveres Smith & Wesson, cada uno recibiendo además, una pistola de alarma.
La tropa se repartirá 2500 Mauser chilenos 1895 de 7 mm. y 1500 Mauser 1907 que serán
atribuidos a la guarnición de Bahía Negra y que equiparán igualmente a los 4to. y 5to. RC
"Acá Carayá" y "Acá Verá" antes de ser rápidamente puestos fuera de uso y retirados, 11.000
Mauser modelo 1927 de cañón largo de la fábrica de armas de Oviedo y 7.500 Mauser modelo
1930 fabricados por Herstal, estas dos categorías de Mauser, de excelente funcionamiento.
ARMAS AUTOMÁTICAS
Las más corrientes serán las ametralladoras danesas Madsen 1926 con 250 piezas y las Colt
MG 38 con 32, a las cuales se debe agregar 24 morteros Stokes-Brandt modelo 1929 de 81
mm, todos en perfecto estado.
Como ya lo hemos dicho a propósito del ejército boliviano, la bala "dum-dum" sólo hará una
breve aparición durante las hostilidades, pues los dos campos renunciarán voluntariamente
a su utilización.
ARTILLERÍA
El ejército paraguayo debutará en la guerra con 14 cañones Vickers modelo 1907 de 75 mm.
desprovistos de mira, lo que les volvía no aptos para el servicio, un cañón Vickers modelo
1907 de 76 mm. para la marina, 7 cañones Krupp modelo 1907 de 75 mm. sin lente pero
utilizables y, en perfecto estado, 24 cañones Schneider modelo 1927 de 75 mm., 8 Schneider
modelo 1927 de 105 mm., 6 Armstrong de 76 mm. y cañones antiaéreos Semak cuyo número
ignoramos.
Los cañones Schneider formarán tres grupos de dos baterías cada uno y constituirán la
artillería de los tres cuerpos del ejército, los seis Vickers de montaña un quinto grupo, los
Krupp un grupo autónomo que será utilizado en función de las necesidades del momento,
mientras que de los 8 Vickers de marina, 5 de ellos constituirán la fuerza de defensa del
punto estratégico de Bahía Negra, los tres restantes siendo montados sobre los "avisos"
"Tacuary" y "Capitán Cabral", mientras que los 6 Armstrong asegurarán la defensa de Fuerte
Olimpo.
LANZALLAMAS Y TANQUES
MUNICIONES
El ejército dispondrá al inicio de 70.000 cartuchos para Mauser chileno 1895, 1.000.000 para
Mauser 1907, 23.500.000 para los otros fusiles y las diferentes categorías de ametralladoras,
9800 granadas para los cañones Schneider, 4400 para los Krupp y los Armstrong, 2000 para
los Vickers y 2400 granadas de mortero (181).
La relativa proximidad del teatro de operaciones en los primeros años de la guerra, hará que
el Paraguay no siga el ejemplo de Bolivia que, como hemos visto, dividirá su territorio en
tres zonas sometidas, cada una, a la autoridad militar.
El Paraguay será, una vez declarada la movilización, dividido en dos zonas que, por otra
parte, correspondían a su aspecto geográfico. Por un lado, del Río Paraguay hacia el este,
una "Zona Interior" donde se encontraban la totalidad de los departamentos que formaban
entonces la república, cuyas capitales serán otros tantos centros de movilización pero que,
por lo demás, continuarán dependiendo de la autoridad civil.
Por otro lado, del Río Paraguay hacia el oeste y consecuentemente englobando sólo el
Chaco, una "Zona de Operaciones", poco poblada además de las tropas que allí se
encontraban y que serán enviadas, zona que estará bajo la autoridad única del Comandante
del Ejército en Campaña. Conviene señalar de paso que, contrariamente a Bolivia donde el
presidente Salamanca chocará desde el principio con sus comandantes del Chaco debido a
una tendencia bastante fuerte de interferir en sus responsabilidades, la cohabitación del
poder civil con la autoridad militar funcionará en el Paraguay de manera satisfactoria durante
toda la guerra, pues los dos responsables sabrán situarse en sus esferas de acción
respectiva.
la misión de movilizar las múltiples y dispersas fuerzas económicas del país y de mantener
y, si fuera posible, elevar, a pesar de la falta de mano ocupada por la movilización, el nivel de
productividad especialmente en el campo de la agricultura y de la ganadería.
Esta primera medida de carácter estrictamente económico, será seguida, igualmente en julio,
de la reconstitución pues ya había existido en el momento de la movilización de 1928, de una
"Junta Nacional de Aprovisionamiento" que será un nudo vital entre la Dirección de la
Economía y el soldado del frente, luego de la creación de un "Consejo General de Economía
y Abastecimiento".
Dotado de los más importantes poderes pues éstos cubrían el abastecimiento, el comercio,
la ganadería, el transporte, los talleres, la contabilidad y la tesorería del país, este organismo
será encargado de la coordinación de los diferentes esfuerzos emprendidos para asegurar el
suministro regular de combustible al ejército, de armas, de vestimenta, de alimentos y de
medicamentos, lo que facilitará ampliamente la tarea de la Intendencia General Militar.
Finalmente, Eusebio Ayala creará una "Junta Nacional de Auxilios" cuyo objetivo será estar
pendiente de la suerte de las familias de los movilizados, especialmente aquellas que la
ausencia del jefe de la familia había reducido a la miseria y que el 31 de diciembre de 1933
alcanzaban el número de 6579. La actividad de la "Junta de Auxilios" y la generosidad
individual permitirán otorgar en víveres, vestimenta y recursos pecuniarios a estos
desfavorecidos entre setiembre de 1932 y enero de 1936 más de 8.000.000 de pesos de la
época.
El mejor ejemplo de los resultados económicos de la política de guerra de Eusebio Ayala nos
es suministrado por los arsenales de guerra y marina, instalados en las afueras de Asunción
y dirigidos por el Capitán de Corbeta José Bozzano.
Sus 9000 obreros, trabajando 24 horas sobre 24 en tres equipos y 7 días a la semana, a los
cuales se agregaban 2000 auxiliares, fabricarán las cureñas de cañones, los chasis
camiones, 300.000 granadas de mano, granadas para mortero, bombas para los aviones
Potez e incluso una decena de morteros, repararán las armas descompuestas, formarán
millares de choferes sin olvidar la adaptación a las necesidades de la guerra en lo que
respecta a carrocerías para 2308 vehículos civiles que serán requisados.
DIRECCIÓN DE ETAPAS
No parece que, por razones de proximidad al teatro de operaciones como hemos dicho
anteriormente, el ejército paraguayo haya tenido necesidad de organizar, al menos en la
"Zona Interior", un verdadero servicio de etapas. En efecto, el civil convocado por la
movilización general, limitada primeramente a 10.000 civiles ya instruidos para poder tener
en cuenta las posibilidades del momento para armarlos, tendrá un proceso de incorporación
bastante flexible, llevado a cabo por el Teniente Coronel Juan B. Ayala y el Estado Mayor
General, a partir de las conclusiones sobre la desastrosa movilización general de 1928.
Estos delegados encaminarán a los movilizados por grupos que irán de 20 a 200 personas
según la importancia del reclutamiento local, a la estación ferroviaria o al puerto fluvial más
próximo, que los conducirá al centro de agrupamiento del cual dependían. El Estado Mayor
General había previsto 8 centros de agrupamiento: Puerto Casado, Puerto Pinasco y Villa
Hayes en el Chaco; Concepción, Paraguarí, Villarrica, Pilar y Encarnación en la zona oriental,
disponiendo todos ellos de carpas, cocinas, reservorios de agua potable, instalaciones
higiénicas y oficinas.
En los principales de ellos, por uno de los cuales el movilizado debía obligatoriamente pasar,
Puerto Casado, Puerto Pinasco, Concepción y Asunción, será instalado en el jardín
zoológico o en el estadio de fútbol, el mismo pasará la revisión médica para determinar su
aptitud o no para servir pues, en el primer caso, será vacunado contra la viruela y el tifus
antes de recibir un uniforme verde-olivo, sombrero del mismo color de alas anchas al que la
guerra del Chaco hará famoso, una frazada de algodón y un par de borceguíes de cuero que
muchos de ellos calzarán por primera vez en su vida.
Para los hombres de la tropa, la destinación a una unidad de combate o a los servicios
auxiliares será hecha por una comisión militar en función de las declaraciones del
interesado; la comisión no buscará verificarlas sabiendo que el soldado no mentiría sobre
ellos pues él debería luego justificarse ante sus camaradas y jefes.
(183) "Gran Enciclopedia Fotográfica de la Guerra del Chaco", obra colectiva publicada en
ocasión del 50° aniversario de la guerra, Asunción, sin indicación de editor, p. 162-163.
TRANSPORTES
Hasta la guerra, la parte más habitada del Paraguay, la zona oriental, prácticamente ignorará
el tráfico de ruta a falta de vías verdaderamente accesibles a los vehículos de cuatro ruedas,
si bien es cierto que allí los camiones y automóviles privados serán poco numerosos y
generalmente de modelo antiguo.
El transporte de mercaderías como de personas se hacía esencialmente por carretas, por vía
fluvial y, accesoriamente, por vía férrea. La zona poseía dos de ellas solamente, las dos
estrechas, una de 35 kilómetros uniendo al norte de Concepción a Horqueta y la otra del
"Central Paraguayo", la más importante con sus 370 kilómetros de largo, creada en la época
de Carlos A. López, yendo de Asunción a Encarnación y pasando por las principales
aglomeraciones del interior.
La situación del transporte por ruta era mejor en el Chaco, pues el ejército, bajo el impulso
de los teniente coroneles Estigarribia y Juan B. Ayala y las compañías extranjeras allí
instaladas habían construido caminos, el primero para unir sus puntos fortificados, las
segundas para las necesidades de sus explotaciones agrícolas o forestales.
Pero se trataba, en todos los casos, de caminos de tierra apisonada y sin revestimiento que
se prestaban más al paso de carros tirados por bueyes que al de vehículos con motor. El
ejército del Chaco no disponía de estos últimos más que en pequeñas proporciones: para el
regimiento, un único camión que servía sobre todo para el transporte de los medios de la
intendencia o de la sección sanitaria; para la división, dos camiones. Por otra parte, si el
Chaco estaba dotado de algunas vías férreas entre las cuales la principal era la de Carlos
Casado Ltda., partiendo de Puerto Casado, todas estas vías eran propiedad de sociedades
extranjeras.
Todo estaba para ser organizado entonces en lo que concierne a los transportes y Juan B.
Ayala y sus colaboradores del Estado Mayor General se consagrarán plenamente a ello.
Esto conducirá a una serie de acuerdos de transporte en el Chaco con las compañías
Mihanovich y Casado Ltda. y tendrá como resultado permitir, a un ritmo de 3 o 4 viajes
cotidianos por la línea de Puerto Casado que tendrá un papel de primer plano en la
movilización, el transporte hacia el frente de mil hombres por día. El transporte fluvial de
estos hombres será confiado a la marina de guerra, que además de sus propias naves, podrá
disponer en virtud de los acuerdos, de una decena de navíos mercantes que habían sido
objeto de un préstamo al Estado paraguayo de parte de sus propietarios extranjeros, pero
que navegaran siempre bajo comando y bandera paraguayos. En razón de su lentitud y de su
insuficiente espacio, los navíos mercantes serán sobre todo destinados por la marina
nacional al transporte de equipamientos, víveres y ganado, rara vez al de personas,
transporte que será llevado a cabo con escolta de "chatas" armadas de la marina guerra El
transporte de hombres será sobre todo efectuado por las modernas cañoneras "Paraguay" y
"Humaitá", que embarcaran a 1200 hombres por viaje y efectuarán el trayecto Puerto Sajonia,
Puerto Casado en 36 horas, mientras que el mismo recorrido necesitaba 10 horas más para
los navíos mercantes (184).
Si agregamos un día y medio para el transporte fluvial y medio día para alcanzar el interior
del Chaco por vía férrea, al promedio de 15 días entre la incorporación del movilizado y su
partida desde el centro de agrupamiento, llegamos a un total de 17 días necesarios para que
el soldado paraguayo llegue a la zona de combate, mientras que se necesitarán 90 días para
el soldado boliviano, es decir cinco veces más.
Esta ventaja tendrá una gran importancia en la evolución de los acontecimientos en el curso
de los primeros meses de la guerra.
Otra urgencia que Juan B. Ayala tendrá que resolver será la constitución de un parque de
vehículos de transporte. Como en Bolivia, ante todo procederá a la requisición de aquellos
destinados al transporte público que sólo serán 62, luego los pertenecientes a los
particulares, mientras se esperaba recibir los camiones que serán comprados en el exterior,
sobre todo en la Argentina. Los vehículos requisados serán transformados en vehículos
blindados y equipados en los talleres de los arsenales, que a un ritmo de cinco unidades por
hora, reacondicionarán 2308 vehículos, en su mayoría inmediatamente enviados al Chaco.
Un primer refuerzo de 50 camiones cuyo blindaje será realizado en los arsenales, llegará de
la Argentina en Setiembre de 1932. Será seguido de la adquisición de camiones Chevrolet y
sobre todo Ford, esta vez blindados, que serán enviados desde su recepción al Chaco y
transportados por el ferrocarril de Puerto Casado a su lugar de servicio, asegurando a lo
largo de toda la guerra, transportes de todo tipo así como la evacuación de miles de heridos,
enfermos o prisioneros. Si no contamos con cifras precisas sobre la importancia que el
parque automotriz tendrá durante la guerra, podemos sin embargo tener una idea indicando
que, sólo los navíos mercantes "Holanda", "San Francisco" y "Dayman" transportarán al
Chaco en 1933 y 1934, 1580 camiones, al mismo tiempo que 331.000 toneladas de víveres y
armamentos y, en un sentido o en otro, 43.000 pasajeros (185).
El aumento del parque automotriz creará una necesidad siempre creciente de choferes y
mecánicos. Su formación estará a cargo de la dirección de arsenales de guerra y marina de
donde saldrán miles de nuevos choferes. El papel jugado por los choferes en la guerra les
valdrá merecidamente el nombre de "Choferes del Chaco", otorgado a una de las principales
arterias de Asunción.
Desde el principio, el soldado recibirá una ración diaria que comprenderá: 700 g de carne
fresca o congelada, 70 g de maíz, 80 g de porotos, 50 g de harina, 50 g de arroz, 60 g de
azúcar, 30 g de sal, 30 g de yerba mate, 30 g de jabón y 300 g de galletas de fabricación
nacional. En comparación, el soldado boliviano, será menos favorecido recibiendo 300 g de
carne fresca, 80 g de carne seca, 300 g de cereales, 200 g de pan o harina, 50 de azúcar, 30
de sal y 5 de yerba mate o de café (186). A pesar de su sobriedad, el indio boliviano siempre
encontrará insuficiente su ración y acosará al cocinero de su unidad pidiendo en un español
mal hablado: “Yo repete, yo repete”, lo que le valdrá ser comúnmente llamado con el vocablo
“repete” por sus compañeros de armas criollos o mestizos.
INTENDENCIA
Sabemos que el servicio de intendencia será por mucho tiempo rudimentario en el ejército
paraguayo y que la misión militar francesa será la primera que tratará de organizarlo. Esto
acarreará la creación, en el seno del Estado Mayor General, de un Departamento de
Administración Militar que formará la 5ta. oficina, luego una Intendencia de Destacamentos
del Chaco. El Departamento de Administración Militar será luego la Intendencia General de
Guerra cuya misión será organizar todos los servicios del ejército, las compras, al interior o
al exterior del país, de víveres, equipamiento, combustibles, lubricantes, materiales de
guerra y materiales de comunicación destinados al ejército y la creación de depósitos.
Sólo se harán en el Chaco, pues en la zona oriental continuarán siendo realizados por la
administración civil, a pesar de la reducción de efectivos luego de la movilización.
Poco antes de la guerra, será encargado de reforzar la protección del Fortín Boquerón con
un cerco de alambre de púa de 6 kilómetros de extensión y de 5 metros de altura, además de
una serie de fosos.
En la guerra serán creados cuatro regimientos de ingeniería con un millar de efectivos por
unidad: Su actividad será extremamente diversificada, tratándose especialmente de la
apertura a machetazos de caminos o picadas de aproximación al adversario o de
desplazamiento lateral en el interior de las líneas; la perforación de pozos, la instalación de
obras de defensa, de puestos de comando, de depósitos de municiones, de sitios para armas
automáticas, de refugios antiaéreos, sin olvidar el abastecimiento de agua de las unidades
en acción.
Por otra parte, el cumplimiento de estas diferentes tareas no impedirá a los zapadores
intervenir en numerosas oportunidades en los combates (187).
ARSENALES
Ocho mil ingenieros y obreros en total, como ya lo hemos dicho, participarán en el esfuerzo
de guerra del Paraguay. Este personal cumplirá las tareas más diversas, tanto para las
necesidades del frente como para las de la retaguardia.
(187) Teniente Coronel Basiliano Caballero Irala; "Acción de nuestros zapadores durante la
guerra del Chaco", Edic. Comuneros, E. Rolón, As. 1981, passim.
TRANSMISIONES
Las transmisiones se limitarán hasta la guerra a una red telefónica y telegráfica que unía a
partir de 1925 Concepción con Puerto Casado, Bahía Negra y Fortín Orihuela extendida más
tarde a otros fortines principales bajo las órdenes del Teniente Coronel Juan B. Ayala y, a
nivel de regimiento, a la sección de transmisiones dotada de dos puestos: emisor-receptor.
Una vez más, todo deberá ser organizado. La presencia entre los movilizados de numerosos
agentes de la administración de correos y telégrafos, pondrá al ejército en condiciones de
crear una dirección de transmisiones en cada cuerpo y, en las divisiones, una sección
especializada asegurando la unión entre las unidades de infantería y artillería. Ella permitirá
además la instalación en el Estado Mayor del Comando del Ejército en Campaña de un
organismo especialmente encargado de las claves y el descifrado de las mismas. El
Paraguay será poderosamente ayudado por la Argentina en la organización de sus
transmisiones. Desde el inicio de las hostilidades, el servicio criptográfico argentino
procederá al descifrado sistemático de los mensajes codificados bolivianos que serán
inmediatamente retransmitidos al Estado Mayor Paraguayo y, a menudo, completados con
notas de orientación o directivas sobre la conducta a adoptar, establecidas por el Estado
Mayor Argentino. Por otra parte, el ejército argentino pondrá inmediatamente a disposición
del paraguayo especialistas para ayudar a la creación de su propio servicio de clave y
descifrado (189).
Para guardar mejor el secreto sobre las operaciones, Estigarribia decretará por decisión del
28 de mayo de 1933 que todas las comunicaciones oficiales o privadas, por cable o por
teléfono, y que todos los mensajes directos o cifrados que emanaban del ejército o recibidos
por él deberían ser hechos en adelante empleando la lengua guaraní.
Esta disposición facilitará mucho la comprensión entre los soldados y sus jefes, pues todos
los paraguayos conocen el guaraní aunque no conozcan el español. Por el contrario, ella
volverá muy difícil la tarea a los servicios de escucha bolivianos, entre quienes el guaraní era
prácticamente desconocido (190).
(189) Carlos Pastore: "Relación histórica y sociológica de episodios de la guerra del Chaco",
Criterio Edic., Asunc. 1987, p. 8
En el Chaco, los regimientos sólo contaban con una pequeña sección sanitaria, compuesta
sobre todo de enfermeros igualmente desprovistos de los medios esenciales. Sin embargo,
su organización estaba prevista por la misión militar francesa que la había calcado del
ejército del cual provenía. Ella previa dotar al regimiento de cuatro médicos y de una
ambulancia quirúrgica lo que, para la única división de tres regimientos creada antes de la
guerra, representaba un mínimo de doce médicos y tres ambulancias. Si aplicamos las
dotaciones reglamentarias a los tres cuerpos de ejército de tres divisiones cada uno que
participarán en la guerra, se alcanza, además del personal sanitario a un total de 108
médicos de los que el ejército debía disponer a partir de su entrada en campaña. Lo que
resultaba materialmente imposible pues, en esa época, el país sólo contaba en todo su
territorio con 194 médicos nacionales de los cuales 24 de edad avanzada y un cierto número
de ellos en un estado de salud que los hacía no aptos para servir, y 25 médicos de
nacionalidad extranjera, a los que el acceso al frente estaba en principio vedado. Estos
últimos terminarán sin embargo por ser admitidos, igual que los médicos nacionales que
ejercían en el extranjero y que vendrán como voluntarios.
Por las razones que acabamos de exponer, la reglamentación oficial será pues abandonada y
reemplazada por una nueva organización en la que todo deberá ser creado. Esta
organización será obra de dos eminentes médicos, los doctores Cándido Vasconcellos,
futuro Jefe del Servicio de Sanidad del Chaco y Juan Francisco Recalde. La insuficiencia
de médicos será cubierta reemplazándolos por enfermeros en los batallones, por estudiantes
de últimos curso de medicina en los regimientos, previendo en principio un sólo médico por
división (192).
Los enfermeros y camilleros de carrera, cuyo número era muy limitado, recibirán el refuerzo
de los reformados y de los enfermeros voluntarios pertenecientes a hospitales civiles, en el
primer caso, jóvenes que aún no alcanzaban la edad de incorporarse y hombres que ya la
habían pasado, en el segundo. Estas medidas permitirán, por ejemplo, dotar inmediatamente
a la II DI, que se formará desde agosto de 1932 en Concepción con dos regimientos de
infantería (1er. "Dos de Mayo" y 3ero. "Corrales") y un grupo de artillería (1er. "Gral.
Bruguez) de un cuerpo sanitario de 2 cirujanos, 20 médicos diplomados o auxiliares, 11
farmacéuticos y biólogos, 8 dentistas, 3 veterinarios, 43 enfermeros, 134 camilleros y 2
ambulancias de campaña (193).
Pero esta dotación durará poco tiempo pues, con la formación de nuevas grandes unidades,
la mayoría de sus componentes serán progresivamente retirados para unirse a estas nuevas
unidades. Tanto es así que el efectivo médico de las unidades de primera línea será siempre
insuficiente para asegurar, sobre todo en zonas desérticas, los primeros auxilios a los
heridos y enfermos para los cuales se tendrá además, en razón de la insuficiencia de
camiones y ambulancias, el problema de su evacuación.
Las largas esperas provocadas por las frecuente indisponibilidad de medios de transporte,
pues las distancias alcanzaban centenas de kilómetros que estos últimos deberán recorrer
para alcanzar la vía férrea de Puerto Casado serán en muchos casos la causa de
agravamiento del estado de salud de los pacientes evacuados hacia el interior. Una
estadística oficial del Hospital Militar de Asunción nos indica que 130.000 evacuaciones del
frente serán realizadas de las que 104.000 o sea 75% se trataba de enfermos y 34.398 o sea
25% de heridos graves y que 17.107 soldados o el 12% de evacuados, morirán en los
diferentes hospitales de la capital (194). Es posible pensar que al menos una parte de esos
decesos pudiera ser imputada a las interminables horas de espera en el frío glacial o en el
intenso calor del Chaco, como a las que se requerirán para atravesar el territorio.
Los hospitales paraguayos del Chaco se dividirán en tres categorías: hospitales del frente,
hospitales de evacuación y hospitales de etapa, todos instalados en tiendas en los primeros
momentos.
Los hospitales del frente, entre los cuales los primeros serán el de Villa Militar, Trébol dotado
de 100 camas, Isla Poí y Benjamín Aceval serán establecidos en los alrededores de las zonas
de combate con el objeto de administrar lo antes posible cuidados de primeros auxilios a los
heridos y contarán cada uno, como mínimo, con un médico, dos cirujanos, dos estudiantes
de medicina y un enfermero jefe. El elevado número de heridos en los primeros combates,
sobre todo en el Fortín Boquerón donde será más de 110, llevará rápidamente al servicio de
sanidad a crear nuevas unidades sanitarias con el objeto de descongestionar los hospitales
del frente y permitir a los practicantes realizar un trabajo más calmo.
Estas nuevas unidades serán los hospitales de evacuación, de los cuales el primero será el
de Casanillo abierto en el momento de la batalla de Boquerón, que serán igualmente
instalados cerca de las zonas de combate con un personal idéntico al de hospital del frente y
a los que serán dirigidos los heridos menos graves y susceptibles de ser evacuados más
rápidamente.
Desde los hospitales del frente y de evacuación, los heridos graves serán evacuados en
camiones en la medida de las disponibilidades de estos últimos sobre el km 145 de la vía
férrea por la cual llegarán a Puerto Casado y, las urgencias, a partir de 1933 por medio de un
avión sanitario Breda adquirido con este objetivo.
Llegados hasta las orillas del río Paraguay, los heridos y enfermos serán hospitalizados en el
hospital regional de Puerto Casado o más a frecuentemente embarcados en el navío-hospital
"Cuyabá" para ser dirigidos hacia uno de los tres hospitales regionales, Concepción,
Salvador o Asunción, a los cuales se agregará durante la guerra un hospital de 100 camas
construido en Filadelfia por la comunidad menonita. El centro de hospitalización y
tratamiento más importante será el de Asunción que, además del hospital militar central,
dispondrá del hospital civil "San Lorenzo" dotado de un banco de sangre, del hospital "María
Auxiliadora" y de un cierto número de centros instalados en las iglesias o en las escuelas,
todos bien equipados luego de la compra de materiales gracias a la generosidad pública.
Pero la causa principal de los decesos sobre todo en los dieciocho meses de la guerra en la
que el alargamiento considerable de las líneas de comunicación tendrá como corolario la
insuficiencia de abastecimiento por falta de transportes, será el agotamiento psicológico de
numerosos soldados por falta de alimentos y aún más de agua potable. El Chaco, al que el
periodista británico Julian Duguid calificará con justicia de “Infierno verde”, probará que era
el "campo de desolación" del cual hablaban los españoles de la conquista.
(192) Prof. Pedro de Felice: "La atención de los heridos en el Chaco y en la región oriental
durante la guerra con Bolivia", Historia Militar del Paraguay, boletín N° 11984-85 de la
Academia de la Historia Militar del Paraguay Estudio Gráfico, Asunción 1985, p. 89-91.
(193) Sergio E. Recalde: "1932-1935, La sanidad militar en la guerra del Chaco", Talleres Graf.
ORBIS, As. 1981, p. 104-107
OTROS SERVICIOS
El comandante del ejército paraguayo contará en sus filas con un Maestre General del
Cuartel situado bajo la autoridad directa del comandante de las tropas y del cual dependía la
administración general y los transportes. Este puesto ya había existido en el ejército francés
en la época de la monarquía, siendo el Maestre General del Cuartel responsable de la
tesorería de los cuerpos.
No pensamos que el Estado Mayor Paraguayo se haya inspirado en este precedente sino
más bien de la época en la que la organización del ejército era un calco de la germánica,
donde el Maestre General del Cuartel estaba en tercer rango de jerarquía luego del
emperador y el jefe del "Oberkommando".
La justicia militar será ejercida en primera instancia por los tribunales de instrucción de los
cuerpos del ejército y, en instancia apelativa, por el tribunal militar de apelación o el auditor
general de guerra según el caso a ser juzgado.
El comandante en jefe del Chaco tendrá además, bajo su dependencia directa, al Primer
Regimiento del Tren encargado de los transportes, el Servicio de Códigos y Cifras, el
Servicio Topográfico, la Capellanía General, el Servicio Veterinario y de Remonta y el
Depósito de agrupamiento de ganado de Puerto Pinasco.
EL PLAN
Seguimos con dificultad la afirmación de ciertos autores según la cual el Paraguay entrara a
la guerra del Chaco “a tientas”, es decir sin el menor plan; lo que nos parece impensable
pues estaba expectante ante el estallido de la guerra con Bolivia desde la decisión de ésta en
1924 de internarse en el Chaco de establecerse allí de manera estable, aún pudiendo
admitirse que su falta de recursos financieros le hacía llevarlo a cabo más moderadamente
de lo que hubiera deseado. Por otra parte, estos autores omiten, conscientemente, las
numerosas hipótesis de trabajo efectuadas antes de la guerra, las cuales vamos a tratar, por
no hablar más que de un plan de guerra entre los cuales el mejor, lo sabemos por
experiencia, no puede ser más que aquél que establecerá en el momento de las hostilidades
el Estado Mayor luego de un profundo estudio del teatro de operaciones y de la situación
respectiva de los beligerantes.
La primera previsión que conocemos con respecto a las medidas de defensa del Chaco, ha
sido establecida en agosto de 1924 por el General de División Patricio Escobar que será
nombrado Comandante en Jefe en 1928 en el momento del problema del Fortín Vanguardia y
por el Coronel Manuel Rojas, que ocupará la misma función cuando estalle la guerra del
Chaco.
Pero tiene el mérito de mencionar por primera vez las condiciones óptimas en las que el
ejército debería afrontar una guerra con Bolivia. El mismo prevé, en efecto, que los 4000
hombres de las tres armas, formando cuatro brigadas que representaban el ejército de la
época, debían llegar a ser el esqueleto de un cuerpo más importante que, por efecto de la
movilización recibirían en un primer momento el refuerzo de 780 oficiales y 11.600
suboficiales y soldados, los que serían repartidos entre las cuatro regiones militares
existentes. Escobar y Rojas proponían además, para acentuar el esfuerzo de la preparación
de la guerra, la creación de un estado mayor general, escuelas de aspirantes de reserva, de
suboficiales y de administración militar y el compromiso por contrato limitado de oficiales
extranjeros especializados en diferentes técnicas.
La parte relativa a las necesidades de material del ejército para llegar a esto será, no
obstante, aprobada en el Consejo de Ministros y traerá consigo el programa de compras que
ya conocemos.
A pesar del abandono de las medidas militares consideradas por Schenoni, durante su
ministerio comenzará el más importante esfuerzo para poner en estado de defensa al Chaco.
Este se basará en la construcción de las líneas de fortines Pitiantuta Coronel Bogado-Galpón
al norte y General Caballero-Mcal. López-Nanawa-Falcón Boquerón-Corrales al sur; la
apertura de 700 kilómetros de nuevas vías de comunicación, la extensión de redes
telefónicas y telegráficas a los principales fortines y la edificación de cuarteles en Paraguarí,
Asunción, Concepción y Bahía Negra.
Todas las disposiciones que acabamos de resumir no tendían sin embargo a tomar la
iniciativa en la guerra, sino a preservar lo ya adquirido. Pues el Estado Mayor del Paraguay
basándose en la diferencia de población entre su país y Bolivia y sobre una convicción
errónea de la superioridad en lo que respecta a organización del ejército boliviano luego de
la estadía del general alemán Kundt en Bolivia quedará bastante tiempo convencido de la
imposibilidad de afrontar favorablemente a este adversario, lo que será desmentido por los
hechos, juzgando en consecuencia preferible no incurrir en la responsabilidad de la guerra
tomando la iniciativa.
Sin embargo, será después de la desastrosa movilización de 1928 que el estado mayor
paraguayo comenzará a considerar la elección de una estrategia en el Chaco. Esta le será
impuesta por el poder civil para el cual las preocupaciones diplomáticas deberán estar antes
que las militares. Recordemos que una nota del estado mayor del 2 de enero de 1929 que
será aprobada por el jefe de la misión militar francesa considerará, teniendo en cuenta las
deficiencias en la preparación del ejército reveladas por la reciente movilización, establecer
la defensa del "territorio nacional" que ella limitaba sólo a la zona oriental, a lo largo de una
línea instalada entre 10 y 15 kilómetros al oeste del río Paraguay y yendo de Bahía Negra a
Villa Hayes, de donde ella se bifurcaba en ángulo recto hacia el oeste para alcanzar el Río
Pilcomayo a Puerto Galileo.
Esto implicaba abandonar la defensa de las colonias mennonitas a pesar del importante
papel que ellas tenían en el aprovisionamiento de los contingentes del Chaco. Por otra parte,
la misma nota preveía no dejar más allá de la línea elegida sino pequeños destacamentos de
cobertura encargados de observar los movimientos de los bolivianos y no teniendo que
proceder sino para casos de rápidas incursiones en campo enemigo.
Esta concepción de la defensa del territorio procedía igualmente del complejo de inferioridad
con respecto al ejército boliviano que a pesar de todo no era compartido por todo el mundo.
Se sabe que se enfrentará a una fuerte oposición de parte de ciertos altos jefes militares y
por parte de una opinión más sensibilizada ante el problema del Chaco. Uno de sus violentos
detractores será al decir de sus "Memorias", desde el principio, el Teniente Coronel
Estigarribia que era jefe del estado mayor general en 1929.
Estigarribia, buen conocedor del Chaco, estimaba que la decisión tomada no haría más que
permitir al adversario boliviano alcanzar sin mayores dificultades la orilla oriental del río
Paraguay, lo que significaba su objetivo deseado. Contrariamente a esto, él estimaba que
convenía ante todo impedir la reunión de los diferentes coroneles lanzados hacia este
objetivo, lo que no podía ser hecho más que a la mayor distancia posible del río y, de
preferencia, en los alrededores de Nanawa, por lo tanto a 300 kilómetros al oeste de
Concepción. Su opinión era entonces de tomar la ofensiva en forma preventiva y obrar ya
por las líneas interiores, ya a partir de una posición central para interponerse entre dos o
varias columnas adversarias y destruirlas poco a poco o simultáneamente. Estigarribia no se
extenderá sin embargo sobre los medios ni la organización logística de los que se debía
disponer para conseguir la meta que él indicaba.
También el Teniente Coronel paraguayo Antonio E. González, autor de una obra sobre la
preparación del Paraguay para la guerra (195) estima que las concepciones estratégicas de
Estigarribia no irán más allá de una expresión verbal, pues el Teniente Coronel Juan B. Ayala
que lo sucederá en la dirección del estado mayor no encontrará rastros de ellas en los
informes que heredará al hacerse cargo de sus nuevas funciones.
Nombrado para el puesto de jefe del estado mayor el 31 de diciembre de 1930, Ayala recibirá
del General Schenoni, ministro de guerra, la orden que debía mantenerse secreta “de
explorar el Chaco en todos los campos para iniciar un periodo de actividades que no debería
finalizar".
Esto significaba claramente reunir todos los datos políticos extranjeros y nacionales,
industriales y comerciales, económicos y financieros que pudieran permitir el
establecimiento de un plan de campaña y prever igualmente los planes de adquisición de
materiales y de organización logística que tal decisión acarrearía.
El Teniente Coronel Juan B. Ayala antiguo becario de la Escuela Superior de Guerra de París
donde seguirá las enseñanzas del General Giraud, se consagrará a esta tarea con un
pequeño equipo competente y bien compenetrado. Se pondrá a trabajar sin preocuparse
demasiado de la pequeña parte de la opinión pública que se oponía a la guerra, de las
reticencias del gobierno que seguían esperando llegar a una solución pacífica y de las dudas
del comandante del ejército, el General de Brigada Manuel Rojas, hombre de edad avanzada
y por lo tanto poco predispuesto a la aventura que, por otra parte, no había puesto jamás los
pies en el chaco.
Parte del principio de que la preparación de un plan de defensa debe, en primer lugar, tener
en cuenta las intenciones del adversario, aún siendo difícil, en una guerra, prever de
antemano todas las posibilidades de acción y que los problemas deberán ser resueltos a
medida que ellos se presenten en función de las circunstancias y las posibilidades de cada
adversario.
Este plan estima que Bolivia optará por la ofensiva, debido a sus pretensiones sobre el
Chaco, a su aspiración a un puerto libre sobre el río Paraguay y al refuerzo de material de su
ejército.
Admitiendo la ofensiva, el problema es entonces imaginar cuales serán las probables zonas
de invasión.
Este ataque le obligaría a prolongar previamente hacia el sudeste la vía férrea de Puerto
Pinasco para poder realizar una maniobra envolvente y construir nuevos caminos para
efectuar la misma sobre los flancos, exigencias que hacían poco probable un ataque hacia
Asunción. Hacia Concepción, éste era realizable en tiempo normal, pero imposible en época
de lluvias.
Si a pesar de todo éste era realizado, el ejército paraguayo debería afrontar primeramente
una fuerza móvil de apertura y concentrar su masa a lo largo de la vía férrea de Puerto
Pinasco, lanzando en un segundo momento, con los refuerzos llegados desde Asunción, una
acción conjunta de doble envolvimiento, o al menos, caer sobre la retaguardia del adversario
y amenazar sus líneas de comunicación. Esto sólo sería posible prolongando la vía férrea de
Puerto Pinasco en dirección a Nanawa y construyendo caminos de unión entre esta vía
férrea y la actual ruta que unía Concepción con Nanawa.
Todas las contrariedades indicadas llevan a considerar las hipótesis Asunción y Concepción
menos probables que las de Puerto Casado y Bahía Negra. Cabeza de línea de una vía férrea
estratégica y punto de salida de una importante región agrícola y ganadera, Puerto Casado
era a todas luces el objetivo que el comando boliviano debería elegir primeramente. Los
autores del plan fundamentan esta opinión sobre la perturbación que un avance boliviano en
esta zona acarrearía a la movilización de las reservas paraguayas para la cual Puerto Casado
era la principal vía de acceso al Chaco; sobre la actividad de exploración de los bolivianos
en el sector y sobre su proyecto de crear desde su fortín Suárez Arana, un camino hacia los
esteros de Fuerte Olimpo. El Paraguay debía entonces imperativamente defender sus
posiciones actuales y llevar a cabo en el Chaco un verdadero combate efectuando
movimientos sobre los cuales resultaba difícil anticipar, pero que debían inexorablemente
estar unidos en su concepción y en su ejecución a las dos vías férreas existentes.
En consecuencia, para obtener éxito era necesario prolongar la de Puerto Casado hasta
Fortín Toledo y la de Puerto Pinasco hacia Campo Esperanza o entonces, según el caso, la
septentrional de Puerto Sastre hacia los esteros de Fuerte Olimpo y Fortín Toledo.
Un avance sobre Bahía Negra parecía casi seguro, pues los bolivianos tenían pretensiones
sobre esta desembocadura fluvial cerca de la cual habían instalado Puerto Pacheco, del cual
el Paraguay se había apoderado en 1888, y disponían en la zona de su V DI manteniendo sus
fortines septentrionales. Era necesario entonces que Bahía Negra fuera igualmente puesta
en posición de defenderse y prever en consecuencia el refuerzo de su guarnición y la
situación simultánea más al sur en Fuerte Olimpo, de al menos un batallón de infantería para
servir de reserva exterior.
En conclusión, el plan declara que las hipótesis más reales eran que el adversario tendería
su esfuerzo a la vez hacia Bahía Negra y hacia Puerto Casado y emplearía su caballería para
proteger su avance mediante acciones de hostigamiento más al sur en dirección a
Concepción y Puerto Rosario. Este avance sería afrontado en las condiciones previstas,
defensivamente en Bahía Negra que sólo era un teatro de operaciones secundario y
ofensivamente con la masa operacional reunida de antemano en Puerto Casado y que
debería actuar en colaboración con los defensores de los fortines, sobre los ejes de Puerto
Casado-Fortín Boquerón o Concepción-Nanawa. Se recomendaba a esta masa no iniciar, en
principio, batallas frontales y maniobrar contra los flancos y la retaguardia del adversario.
Se puede constatar que este Plan n° 1 prevé con exactitud los acontecimientos futuros, con
excepción del avance hacia Bahía Negra, cuya realización era prácticamente imposible
debido a las condiciones geográficas y climáticas que parecen ser ignoradas por los autores
y sobre las cuales volveremos.
Basado sobre los principios fundamentales de la estrategia que son: reagrupar las fuerzas
para constituir una masa operacional y orientar esta masa en la dirección más ventajosa,
tendrá una consecuencia inmediata con la decisión del estado mayor de crear en el Chaco
esta masa operacional en la primera DI en Puerto Casado y de repartirla en función de las
acciones a prever.
Los tres regimientos de infantería que formaban el 1er. DI "Dos de Mayo", el 3ro. "Corrales" y
el 4to. "Curupayty", serán instalados cerca de las vías férreas de Puerto Casado y Puerto
Pinasco, para poder actuar sobre Nanawa así como en defensa de su base y el 1er. RC
"Valois Rivarola" del otro lado del río, en San Salvador, Puerto Max y Coronel Risso entre
Puerto Casado y Concepción con el ferrocarril de Puerto Pinasco como eje de las
operaciones.
PLAN Nº 2
Este plan de mediados de 1931 constituye la respuesta por escrito del Teniente Coronel Juan
B. Ayala a una solicitud del Ministro de Guerra, Raúl Casal Ribeiro, sobre las medidas de
defensa tomadas en el Chaco en caso de ataque por sorpresa por parte del ejército boliviano
El plan retoma de manera más concreta y profunda las disposiciones previstas por el plan N°
1 e insiste en la necesidad de prever una actitud defensiva en el norte del territorio y agrupar
la fuerza operacional en el centro.
A los ojos del Estado Mayor, el espíritu ofensivo de sus tropas no es suficiente para
compensar la superioridad de su adversario en materiales, lo que les obliga casi
invariablemente a optar por la estrategia en el plano defensivo y por la táctica en el plano
ofensivo.
Reteniendo el sector de Puerto Casado como el más importante, este sector debía disponer
para su defensa de tropas de cobertura, de medios de maniobra y de una fuerza principal
con la cual se iniciará la batalla que decidirá la suerte del Chaco.
Desde el inicio de las hostilidades, debería asegurar la cobertura de las colonias mennonitas
y del flanco derecho de la 1ra. DI, y tendría por misión crear una amenaza permanente contra
las líneas de retaguardia del adversario y no atacar a fondo hasta el día de la batalla decisiva.
La fuerza principal es la infantería de la 1ra. DI, que se concentrará en un punto desde donde
ella podrá ejercer en las mejores condiciones, la defensiva estratégica como la ofensiva
táctica. Para la defensa, destinará a uno de sus regimientos que se resguardará detrás de
sólidas fortificaciones y, con los otros dos, atacará uno de los flancos del adversario y, de
ser posible, su línea de comunicación.
Para llegar allí, se necesitará utilizar como efectivo de guerra al primer RI "Dos de Mayo",
proporcionar a los tres regimientos un apoyo de artillería y organizar la protección de las
líneas de comunicación.
Estas medidas permitirían contrarrestar a los efectivos bolivianos reunidos entre su fortín
Arce y el río Pilcomayo, cuya importancia es conocida por el autor en el momento de
redactar el documento.
Un aumento de las tropas bolivianas a 12 o 15.000 hombres por ejemplo, obligaría a la fuerza
principal paraguaya a tener que maniobrar con el objeto de atraer al adversario hacia el
punto elegido para el lanzamiento de un ataque que se realizaría en colaboración con la II DI
en vías de formación.
Por otra parte, para distraer a estas últimas de las operaciones realizadas en otros sectores e
intensificar el desastre que ellas encontrarán a la hora señalada, Ayala planea constituir
unidades autónomas que, en colaboración con la marina actuarían en el interior de las
líneas enemigas en los sectores de Puerto Casado, del curso superior del río Confuso y de
Bahía Negra y cuyos objetivos finales serían los fortines bolivianos de Vitriones y
Vanguardia y Puerto Suárez.
Examinando la situación actual del enemigo, Ayala llega a la conclusión de que si su ejército
cuenta con seis divisiones de infantería en tiempos de paz, en el Chaco sólo existe una
división, la V DI que opera en la zona del Pilcomayo y pequeños destacamentos esparcidos,
lo que para él es insuficiente para poder pensar en una ofensiva.
Por otra parte, la movilización a través de Bolivia necesitaría al menos dos meses antes de
que ella pudiese concentrar y organizar en el Chaco una masa suficiente para atacar. Si el
ejército boliviano tiene sobre el paraguayo la ventaja de un material más importante, sus
puntos débiles residen en la falta de cohesión entre sus elementos constitutivos y en la gran
extensión de sus líneas de comunicación, pues una guerra en el Chaco será una guerra de
comunicaciones.
Para concluir, Ayala estima que el plan de guerra más apropiado será el que establecerá el
comandante en jefe al inicio de las hostilidades, luego de haber estudiado cuidadosamente
el teatro de operaciones y la situación respectiva de los beligerantes.
Las indicaciones del Plan n° 2 de Ayala que, más que otra cosa, eran previsiones para el
futuro, serán retomadas por el alto comando en su instrucción número 2 del 29 de julio de
1932, establecida entonces luego del inicio de las hostilidades, por la cual declara que "la
intención del alto comando es buscar la batalla con la totalidad de nuestras fuerzas (1ra. y
2da. DI, y 1er. 3er. RC) en la dirección en la que se encuentra el grueso del ejército enemigo.
De acuerdo con esta idea directriz, es de gran importancia que la primera DI evite envolverse
en una acción aislada, contra fuerzas que, sabemos, son superiores".
Esta decisión será confirmada, dos días más tarde a Estigarribia que realizaría el ataque al
Fortín Boquerón caído entretanto en manos bolivianas, mientras que la 2da. DI aún no había
sido reagrupada.
PLAN N° 3
Las bases de retaguardia de este último estarán sobre el río Paraguay las bolivianas mucho
más alejadas, distantes en línea recta alrededor de 800 kilómetros.
La vida comienza a ser difícil de soportar a partir del río Paraguay, aún cuando las fuerzas
paraguayas cuentan actualmente con todos los ríos y arroyos que confluyen con él desde el
oeste, pues sus aguas son saladas. El combate se llevará a cabo en una inmensa llanura
salitrosa en su mayor parte y recubierta de palmeras y montículos que se extiende hasta el
río Parapití al norte, a la montaña de Charagua, en el centro y al sur, hasta el Pilcomayo que
desciende del macizó andino en el noroeste y se une al río Paraguay.
Las condiciones de vida son mejores en la región del río Pilcomayo que limita a la Argentina
pero la viabilidad es igual a la de las otras dos zonas debido a frecuentes desbordes del río
Pilcomayo provocados por el deshielo de los Andes. En el plano práctico, las condiciones
generales del Chaco traerán consigo un tipo de combate particular, pues la eficacia de las
armas livianas sólo es efectiva a media distancia y raramente alcanza los 1000 metros. La
guerra será entonces de movimientos, de combates móviles y de ataques por sorpresa no
sólo para aniquilar al adversario, sino además para apoderarse de sus depósitos de víveres y
de agua potable y de sus comunicaciones.
Según las informaciones obtenidas, el teatro de operaciones sería dividido en tres sectores.
Al norte, un sector secundario formado por la línea Fuerte Olimpo-Bahía Negra; en el centro,
el sector principal entre la vía férrea de Puerto Casado y el camino que va de Concepción a
Nanawa por el Fortín Orihuela; al sur, entre los ríos Confuso y Pilcomayo, otro sector de
importancia secundaria.
Al inicio de las hostilidades, los bolivianos deberían atacar primero al norte para tentar la
captura de los fortines Patria y Galpón, antes de salir entre Fortín Patria y Bahía Negra y
asaltar el último.
El sector del centro, que es a la vez el más importante y el más extendido, ofrece la
desventaja de contar con malos caminos que las grandes lluvias transforman en lodo y
esteros y de ser un desierto sin agua en el período de sequía.
Es probable que, desde el inicio, los bolivianos busquen apoderarse de Nanawa con el
objeto de asegurar la cobertura y la protección de sus líneas de comunicaciones y puede
que traten igualmente de tomar el Fortín Boquerón con miras a echar mano sobre la principal
vía férrea del Chaco. Luego mantendrían Nanawa y Boquerón con los destacamentos de
cobertura con el objeto de proteger la movilización y la concentración de sus fuerzas, lo que
valía también para el ejército paraguayo. Pero de una manera general, si los dos beligerantes
procederán correctamente y de manera idéntica sobre el plan operacional, los bolivianos
siempre estarán en desventaja debido a la precariedad de sus uniones con su base de Fortín
Muñoz y con el resto del país.
La lucha en los montículos y esteros del sector central será terrible y sin resultados
susceptibles de decidir la suerte de la guerra además del caso de agotamiento de uno u otro
campo.
En el Chaco, al principio, la línea de separación entre los dos campos deberá ser aquella
sobre la cual se realizará la concentración de tropas y se instalarán las posiciones de
defensa de los elementos de cobertura. Luego será necesario, durante las primeras
maniobras de campaña, acumular fuerzas en puntos bien determinados para poder caer
sobre el adversario con la superioridad de medios. Esto implica poder desplazar
rápidamente las grandes masas y cambiarlas de dirección de ataque sin ser impedido por los
obstáculos naturales. Puede que el terreno del Chaco sea favorable al ejército paraguayo o
que no lo sea. En el primer caso, será necesario tomar la ofensiva en la dirección elegida con
el máximo de las fuerzas que puede consentir la configuración del terreno y los medios de
transportes de los que se dispone. En caso contrario, habrá que estabilizar el frente principal
y buscar la superioridad numérica, disminuyendo severamente los efectivos de los sectores
secundarios luego, cuando esta superioridad sea obtenida, llegar a la victoria atacando con
vigor luego de una activa preparación. Si al inicio los bolivianos tenían superioridad
numérica a lo largo de la línea de separación y si la falta de caminos y de medios de
transporte hacía difícil la concentración del ejército paraguayo, era preferible que este último
adoptase primeramente una actitud de defensiva activa hasta que el despliegue estratégico
de sus fuerzas estuviera terminado y luego pasar a la ofensiva.
Ayala termina indicando que para realizar sin obstáculos la movilización, la concentración y
el despliegue estratégico de las fuerzas paraguayas, así como la formación de los servicios
de retaguardia y constitución de nuevas unidades de reserva estratégica, es prioridad de
primer orden aumentar los efectivos de tropa de cobertura instaladas en los cuatro puntos
estratégicos de Bahía Negra, Fuerte Olimpo, Fortín Boquerón y Nanawa. En su opinión, estos
efectivos deberían alcanzar a 2500 infantes y 4 cañones en Bahía Negra con un elemento de
reserva en fuerte Olimpo, 2500 infantes y 4 cañones en el Fortin Boquerón y en Nanawa y 500
a 600 hombres a caballo en los fortines meridionales General Aquino y General Caballero lo
que implica aumentar a 10.000 hombres el actual efectivo de paz que se eleva a 4711
hombres (196).
(196) General de Brigada Juan B. Ayala: "Planes de Operaciones en la guerra del Chaco", sin
indic. del editor, Asunción 1969, p. 44-62.
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DOCUMENTO RECOMENDADO:
(1932-1935) - TOMO II
ANGE-FRANÇOIS CASABIANCA