Intenta recordar la manera en que Dios te llamó a ser catequista
¿Cuándo fue? ¿Cómo? ¿De qué se valió Dios para irrumpir en tu vida
y llamarte?
¿Te acuerdas de personas que supieron transmitirte la Palabra de
Dios en tu vida? ¿Quiénes te enseñaron las cosas de Dios, aún sin
tener un título de catequista, pero viviendo la misión de un catequista?
Cuando compartimos nuestras experiencias de vida como
catequistas, cuando somos capaces de revisar nuestra vocación y
descubrir la forma en que Dios nos ha llamado a cada uno... y
meditamos nuestra vida a la luz de la Palabra siempre viva de la
Biblia, aprendemos como:
Dios utiliza distintos medios para llamarnos
- nos llama a través de personas
- nos llama a través de situaciones de la vida
- nos llama a través de señales o signos
Sentir el llamado de Dios, darse cuenta que Dios llama
- Dios pasa por la vida de todos los días, hay que estar atento para
escucharlo.
- Tener la capacidad de descubrir la presencia de Dios.
- Lo cotidiano, la vida de siempre, ése es el lugar que Dios elige para
revelarse, para correr el velo y descubrirnos que está pasando por
ahí.
La vocación es un proceso (tiene etapas, tiene momentos, se va
viviendo)
- el llamado de Dios es progresivo, nuestra vida es una historia de
sucesivos llamados.
- hay que aprender a mirar la vida con otros ojos para encontrar las
huellas de Dios en nuestro caminar.
- la vocación es camino, más que puerta de entrada, y se hace
camino al andar...
Todos recibimos dones para que podamos vivir nuestra vocación
- Dios no nos deja sólos, su garantía es que Él está junto a nosotros.
- todos hemos recibido mucho, hay que descubrir que recibió cada
uno, para ponerlo al servicio de los demás (parábola de los talentos).
- Dios nos llama constantemente, también nos va mostrando nuevos
dones que no sabíamos que teníamos.
A veces nos cuesta vivir la vocación (dudas, miedos,
incertidumbres)
- el llamado de Dios siempre es un desafío, un cuestionamiento, un
compromiso…
- decir sí al Señor compromete la vida.
- las dudas, miedos e incertidumbres son parte del camino, nos
ayudan a seguir buscando, nos recuerdan que nunca podremos
encontrarlo todo, nos descubren nuestra esencia vital de peregrinos...
Leer la Biblia, la Palabra de Dios, nos ayuda a descubrir nuestra
vocación.
- cuando leemos la Palabra encontramos ejemplos de personas que
vivieron llamados parecidos a los nuestros.
- sus vidas nos muestran que es posible responder al Señor e iniciar
un camino de compromiso
- sus experiencias también nos hablan de un lento descubrir que
quiere Dios de nosotros y un camino de respuesta que pasa por la
vida y no por decir, de palabra, «Señor, Señor...» (la respuesta se da
con la vida).
Nuestra respuesta al llamado de Dios es servir y ayudar con
disposición y alegría.
- Dios llama para dar una misión, un compromiso, una tarea en bien
de los demás.
- la respuesta es estar disponible a la misión que El nos vaya
mostrando.
- la alegría en el servicio es signo de que nuestra entrega es sincera y
fecunda.
Transmitir el mensaje de Dios y el amor de El.
- Dios nos llama para ser instrumentos de su mensaje y para
colaborar con Él en la construcción de su Reino
- para mostrar con nuestro testimonio (porque a las palabras... se las
lleva el viento) que nos ama y quiere que vivamos su amor
construyendo la fraternidad real (porque nadie ama a Dios a quien no
ve sino ama a su hermano al que ve).
EL CATEQUISTA: VOCACIÓN Y MISIÓN
La catequesis es lo que es el catequista. Es fruto de lo que el catequista vive y siente,
de lo que cree y de lo que ama, de lo que busca y de lo que en su actuación encuentra.
La catequesis es lo que bulle en la mente y en el corazón del catequista:
- Si vive ilusionado con su fe, la catequesis es cauce de fe. , ;
- Si ha descubierto el amor de Dios, es plataforma de amor.
- Si vive el mensaje de Cristo, es comunicación de un anuncio de salvación.
- Si sabe que es miembro de una comunidad de fe, construye la comunidad.
- Si se siente portador del amor de Dios, es un regalo de amor del Señor.
- Si sabe vivir la esperanza, es un camino hacia el encuentro con Dios
- Si se halla dentro del Reino de Dios, la catequesis es ya el Reino de Dios.
1. SERVIDOR DE LA PALABRA DE DIOS
La palabra es el modo habitual de entrar en comunicación con los demás. Nada hay
más personal que la palabra ya que ésta, si es sincera, expresa lo que hay en nosotros.
Por esta razón, ante una palabra profundamente escuchada, nunca queda nadie
indiferente: se la acoge o se la rechaza, se la goza o se la teme, se la espera o se
la rehuye. La palabra suscita experiencias de cercanía, reacciones de gozo o de tristeza.
La palabra deja una huella en los demás.
Desde el momento en que el Señor llama a alguien a hacerse catequista, le lleva a ser
portador de su palabra ante los hombres. Al igual que los profetas, es servidor de la
palabra. Aun conservando toda su carga humana, una nueva riqueza le llega. Es la
riqueza de la palabra recibida que ha de llevar a los demás como medio y palanca para
que consigan la salvación.
Dios asocia su Palabra a la del catequista. Se sirve de ella para comunicarse con los
hombres de hoy, con la fuerza y eficacia que le es propia. En sus limitaciones y sus
rasgos humanos se esconde el mismo Dios y por medio de sus elegidos hace llegar la
vida a los que El ama.
A los catequistas les dice Jesús palabras que deben recordar con frecuencia,
pues definen evangélicamente lo que son ante el que los envía y ante los receptores de
sus mensajes:
- "Quien a vosotros escucha a mí me escucha". (Luc. 10. 16)
- "Como el Padre me ha enviado, así yo os envío". (Jn. 20. 21)
- “Dad gratuitamente lo que gratuitamente habéis recibido”. (Mt. 10.8)
Por eso el catequista debe preguntarse con frecuencia:
¿Cómo soy servidor fiel de la palabra? ¿Cuáles son los rasgos más significativos que
me configuran? ¿En dónde se apoya la grandeza de mi calidad de mensajero divino?
2. EL CATEQUISTA, DISCÍPULO DE JESÚS
El Catequista es un discípulo convencido de Jesús, que quiere hacer llegar su
mensaje a todos los que encuentra en su camino, de modo especial a aquellos con
quienes establece un compromiso de amor y de fe.
- Transmite su fe con obras y palabras. Pablo VI dice en la Exhortación sobre la
evangelización del mundo: "En el fondo, ¿hay otra forma de comunicar el Evangelio que
no sea la de transmitir a otro la propia experiencia de fe?
De manera callada o a grandes gritos, pero siempre con fuerza, se nos pregunta:
¿creéis verdaderamente en lo que anunciáis? ¿Predicáis verdaderamente lo que
vivís? Hoy más que nunca, el testimonio de la vida se ha convertido en una condición
esencial con vistas a una eficacia real de la nueva evangelización". (Evangelii Nuntiandi,
46 y 76)
El catequista, como dicen los Obispos españoles, tiene que ser consciente de su
misión de educador de la fe. Tiene que entregarse con ilusión y responsabilidad a su
misión sagrada. "El catequista, dotado del carisma del maestro, aparece como el educar
básico de la fe". (El catequista y su formación, 31)
Es importante que el catequista tenga conciencia de esta función, de esta misión,
pues sólo desde el entusiasmo se trasmite a los demás la alegría del mensaje recibido y
la sorpresa de la buena noticia que es el anuncio de la salvación, del amor del Señor
EL CATEQUISTA ENVIADO A HACER DISCÍPULOS
El catequista debe ser consciente de que es un elegido y un enviado del mismo Jesús.
En la doble dimensión de predilecto divino y de responsable de un ministerio al servicio
de los hombres, el catequista tiene que hacerse consciente de su identidad de “llamado
por Dios”.
- Es elegido y por lo tanto tiene una vocación singular. Jesús es claro: "No sois
vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os ha elegido a vosotros". (Jn. 15. 16).
Ser catequista es una vocación de entrega y sacrificio. La experiencia del profeta
Jeremías es reveladora:
"Recibí esta palabra del Señor:
Antes de formarte en el vientre, te escogí,
antes de que salieras del seno materno, te consagré,
te nombré profeta de los gentiles..." (Jer. 1. 5-9)
- Es enviado a los hombres para anunciarles la salvación
También Jesús es explícito: "Se me ha dado toda potestad en el cielo y en la tierra. Id,
pues, y haced discípulos míos por todas las naciones de la tierra, bautizándolos en el
nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y enseñándoles a guardar todo lo que yo
os he mandado. Mirad que yo me quedaré con vosotros hasta la consumación de los
siglos". (Mt. 28. 20)
Por lo tanto, el catequista es y tiene que sentirse partícipe y colaborador de la misión
de Jesús, a lo largo del tiempo y a lo ancho de toda la tierra.
- Participa en la misión de Jesús, que sigue actuando por su medio.
- Anuncia el Evangelio por todas las partes, por que el Señor lo mandó.
- Se siente movido por el Espíritu de Jesús y no por el propio.
- Descubre a los hermanos como amados por el mismo Dios.
- Siente que actúa como mediador o sacramento en medio de los elegidos.
Pablo VI decía en su exhortación: "El Espíritu Santo es el agente principal de la
e vangelización, el maestro interior que explica a tos fíeles el sentido profundo de las
enseñanzas de Jesús y de su misterio". (Evangelii Nuntiandi, 75)
EL CATEQUISTA ACTÚA DENTRO DE LA IGLESIA
El catequista no sólo realiza su tarea en nombre de Dios y ofrece sus servicios a los
hombres movidos por su amor al Señor y por la inspiración que siente en lo profundo de
su mente y de su corazón. Se siente y se sabe miembro de la Comunidad de Jesús. ;
- No sólo actúa, sino que anuncia el mensaje en nombre de la Iglesia. Está inserto en la
comunidad cristiana y se convierte en portavoz de la misma. Su palabra es eco del
mensaje que las Iglesia debe llevar a todos los hombres
- Se siente enviado por una comunidad de hermanos para hacer a los demás
participantes de la riqueza de familia, que proviene de Jesús. Por eso mira con amor
fraterno a todos los hombres, en especial a quienes con el comparten la búsqueda y la
clarificación. Y mira con amor crítico a los pastores de la Iglesia y a los demás ministros
ya que actúa en la comunidad de los elegidos de Jesús.
- Se sabe servidor de los hombres creyentes, que deben clarificar su fe y su amor y
para ellos actúa como estímulo e intermediario, como ayuda y colaboración, como
camino y como aliento.
Abierto a los problemas del hombre de nuestro tiempo y de nuestra sociedad, así
como a la persona del catequizando a quien sirve, se siente con entusiasmo al servicio
de la Palabra de Dios, que es palabra de vida y de esperanza, de fe y de salvación, de
gracia y de fraternidad.
La importancia de su tarea
Está en función de la misión evangelizadora que desempeña en la Iglesia. Su entrega
no es una ocurrencia, sino un servicio eclesial. Sabe que es llamado por el mismo Jesús
para hacer discípulos del misterio de un Dios encarnado. Esto implica un compromiso,
pero sobre todo reclama una conciencia de la propia identidad.
Por eso el catequista sabe, o debe saber:
* Su misión es actuar en nombre de Jesús y de su Iglesia.
* Su labor es transmitir la verdad divina, no su propia verdad.
* Su objetivo es sembrar una vida conforme al estilo del Evangelio.
* Su medio es hacer vivir la experiencia religiosa cristiana.
* Su ambiente es el de sus catequizandos,
que son sus hermanos en la fe y en el amor al Señor.
3. COMPROMISOS DE FORMACIÓN DEL CATEQUISTA
Su vocación, su identidad, su misión, reclaman del catequista entrar en un camino de
formación que le sitúa ante tres frentes:
* Vivencia y conocimiento de la fe, para poder transmitirla a los demás hombres con la
firme persuasión de que se trata de un regalo divino.
* Integración y conocimiento de la realidad y del misterio que anuncia a
los catequizandos, entendiendo que no es un fon propio, sino recibido de Dios.
* Capacitación en los lenguajes de los hombres, para hacerse entender por todos los
oyentes.
Si tal es la dignidad del catequista , necesita cualidades y valores. Unos son naturales
y otros son conquistas personales que reclaman tiempo, entrega y voluntad. No todos
valen para ello, a menos que se preparen y desarrollen las cualidades ministeriales que
se precisan