TEMA 5: LA FYSIS.
COSMOVISIONES CIENTÍFICAS
[Link]ón: disciplinas y métodos científicos
Los tipos de ciencias
Los métodos del saber científico
Método deductivo de las ciencias formales
Métodos de las ciencias empíricas naturales
Método inductivo
Método hipotético-deductivo
Método de as ciencias empíricas sociales
[Link] científicas
La filosofía de la naturaleza
Cosmología, cosmogonía y cosmovisión
Las cosmovisiones científicas
La cosmovisión teleológica: cosmovisión aristotĺica
Cosmovisión científica en la Edad Media
La cosmovisión mecanicista
Cosmovisión contemporánea: el paradigma de la complejidad
La crisis del mecanicismo y nuevo paradigma
La teoría de la relatividad: leyes del macrouniverso
La mecánica cuántica: una nueva forma de entender la materia
Origen y evolución cosmológica: la teoría del Big Bang
Universo termodinámico: entropía y teoría del caos
Dinamismo, complejidad y otras implicaciones filosóficas
[Link]ón: disciplinas y métodos científicos
LOS TIPOS DE CIENCIAS
A lo largo de la historia se han ofrecido diversas clasificaciones de las ciencias. Esto obedece tanto a la
pluralidad de criterios que pueden adaptarse para la clasificación como al hecho de que las ciencias son
construcciones históricas. Aunque la ciencia, en un sentido genérico, cobra independencia a partir del
Renacimiento, sin embargo, cada ciencia particular ha seguido su propio proceso. Por ejemplo, la
antropología, la sociología y la psicología adquieren su autonomía a finales del siglo XIX y la
sociobiología se desarrolla en el XX. Parece que una ciencia pasa a ser considerada como tal cuando
delimita su objeto de estudio y, sobre todo, cuando propone su propio método.
Algunos autores consideran que el rasgo que caracteriza a una ciencia es fundamentalmente su
método, entendiendo por método (del griego: μετά=”más allá, a lo largo” y οδός=”camino”; literalmente
“camino para llegar más lejos”) un modo de pensar o de actuar previamente planificado, ordenado y
orientado a la consecución de un fin. Combinando los diversos tipos de métodos de las ciencias con los
diferentes objetos que estudian puede proponerse la siguiente clasificación:
LOS MÉTODOS DEL SABER CIENTÍFICO
MÉTODO DEDUCTIVO DE LAS CIENCIAS FORMALES
Las ciencias formales no se refieren a hechos de la experiencia, sino a la forma de los razonamientos. Se
rigen por su propia coherencia interna, pero tienen gran aplicación. De hecho, Galileo quedó
sorprendido al comprobar que el mundo real responde a los experimentos formulados con
lenguaje matemático. Y la lógica, al estudiar las reglas que rigen la forma correcta de razonar, prepara
para razonar bien en el ámbito de cualquier tipo de saber.
El método deductivo es característico de las ciencias formales. En las ciencias empíricas se utiliza
básicamente en la primera etapa de la investigación, cuando es necesario formular hipótesis que, después,
deberán ser contrastadas.
Se entiende por deducción el proceso de razonamiento que permite derivar de una o varias proposiciones
dadas, llamadas premisas, otra, que es su consecuencia lógica necesaria y que se denomina
conclusión. Este método consiste en ir de lo general a lo particular. A partir de unos juicios o definiciones
generales se deducen conclusiones particulares que son la consecuencia necesaria de las primeras. Para
ello, hay que seguir unas reglas de razonamiento correcto. Por ejemplo: a partir de «los que estudian,
aprueban» y de «yo estudio mucho», se puede deducir que «yo aprobaré». Un ejemplo de sistema
deductivo es el ajedrez.
El ideal metodológico de las ciencias formales es constituirse en un sistema axiomático, es decir,
adoptar en su integridad la estructura deductiva. Para ello, el sistema ha de contar con los siguientes
elementos:
*Axiomas, que son principios fundamentales indemostrables dentro del sistema. Se seleccionan
por su utilidad, su fecundidad, su implantación en la ciencia correspondiente o por su evidencia. Por
ejemplo, dos axiomas de la geometría euclidiana son «el todo es mayor que la parte» y «por un punto
exterior a una recta solo puede trazarse una paralela a ella».
*Reglas de formación y de transformación, que permiten extraer nuevos enunciados válidos para ampliar el
sistema. Por ejemplo, las reglas que se deben seguir para sumar.
*Teoremas, que son los enunciados obtenidos deductivamente a partir de axiomas o de otros teoremas ya
demostrados. Un ejemplo sería el teorema de Pitágoras. Los teoremas comienzan siendo conjeturas o
hipótesis, y no se convierten en teoremas hasta que no se demuestran.
La estructura y alcance de un sistema axiomático están determinados por sus axiomas. De ahí que se
hayan construido geometrías alternativas a las convencionales, partiendo de otros axiomas diferentes, por
ejemplo, las geometrías no euclídeas de Gauss, Lobachewski o Riemann en las que por un punto
exterior a una recta se puede trazar más de una paralela, o en las que el teorema de Pitágoras no se
cumple.
MÉTODOS DE LAS CIENCIAS EMPÍRICAS NATURALES
Así como las ciencias formales utilizan sobre todo el razonamiento deductivo, las ciencias naturales se han
servido primero del método inductivo, aunque, a partir de Galileo, el método completo de las ciencias
naturales recibe el nombre de método hipotético-deductivo, o método experimental (Galileo lo llamaba
“resolutivo-compositivo”) , pues contiene momentos de inducción y momentos de deducción.
1.Método inductivo
Al contrario que el deductivo, el método inductivo parte de lo particular para formular una conclusión
general. El científico, después de observar que una propiedad o un acontecimiento se repiten en
numerosos casos concretos, concluye que tal propiedad pertenece a todos los individuos del mismo tipo
-incluidos los no observados-. Por ejemplo: a partir de «la madera de pino arde» y de «la madera de
encina arde», se puede inducir que «todas las maderas arden». Es decir, se lleva a cabo una
generalización que se considerará ley. Por este motivo, este método es propio de las ciencias
empíricas.
Este método, sin embargo, ha sido muy discutido, primero porque no se pueden observar los hechos
puros sin la interpretación subjetiva del científico o la interferencia de la técnica. Pero además, en muchas
ocasiones, es imposible observar todos los casos posibles, por lo que siempre puede aparecer algún
caso que invalide la ley o, simplemente, la convierta en una afirmación probable. Es lo que se
denomina el problema de la inducción.
2.Método hipotético-deductivo
Fruto de la unión de los dos métodos anteriores, surge el método científico que mejores resultados
proporciona en el campo de las ciencias empíricas: el método hipotético-deductivo. Veamos qué pasos lo
integran:
1.° Observación de un hecho problemático, es decir, que no puede ser explicado por la teoría vigente o
que incluso es contradictorio con algunos de los postulados que integran dicha teoría.
2.° Formulación de una hipótesis. Para explicar el porqué de un hecho o de una serie de hechos, se
plantea una explicación posible y provisional de los hechos observados.
3.° Deducción de las consecuencias de la hipótesis. Se predice lo que sucedería en el caso de que tal
explicación provisional fuera acertada (por ejemplo, «si se dan las condiciones A, entonces se
producirá, como consecuencia, un acontecimiento B»).
4.° Contrastación o comprobación de las consecuencias deducidas de la hipótesis. Puesto que la
hipótesis es solo una posibilidad o una idea en la mente del científico, es preciso comprobarla
directamente en la experiencia. Por eso, en este paso se recurre a la observación empírica y a la
experimentación repetida, es decir, se trata de un paso inductivo.
5.º Confirmación o refutación de la hipótesis. Si la contrastación de las consecuencias tiene éxito, esta
confirmación puede dar lugar a una nueva ley. No obstante, esta confirmación es provisional, nunca
definitiva. Si, por el contrario, las consecuencias no se cumplen, la hipótesis queda rechazada o refutada,
debiendo empezar de nuevo. Es importante resaltar que estas nuevas hipótesis confirmadas muchas
veces abren nuevos caminos de investigación, convirtiéndose así en el vehículo que hace avanzar al saber
científico.
Establecidas varias leyes por este procedimiento, se intenta unificarlas mediante una teoría general de la
que puedan derivarse deductivamente. Para ello se establece hipotéticamente la teoría, se elabora
matemáticamente y se deducen nuevas leyes que puedan ser contrastadas por la experiencia. Si se logra
verificarlas o confirmarlas, se admite la validez de la teoría. Cuando un conjunto de teorías nos ofrece
en un momento dado de la historia del conocimiento humano una visión de la realidad, una
cosmovisión, tenemos lo que se denomina un paradigma científico. Cuando el cúmulo de evidencias
en contra alcanza un nivel crítico, el viejo paradigma es sustituido por el nuevo a través de un
complicado proceso denominado revolución científica (T. S. Kuhn; ejemplo de esto último fueron las
hipótesis del heliocentrismo, la relatividad o la evolución de las especies ).
Consciente de su provisionalidad, la ciencia hoy en día no se considera a sí misma un saber absoluto e
infalible, sino que es consciente de que todas sus ideas y teorías están sujetas a revisión y son
susceptibles de ser sustituidas por otras nuevas.
MÉTODO DE LAS CIENCIAS EMPÍRICAS SOCIALES
El objeto de las ciencias sociales es la realidad social, lo cual plantea una peculiar relación entre sujeto y
objeto del conocimiento: el sujeto forma parte del objeto de estudio. Este hecho confiere a las ciencias
sociales las siguientes características propias:
La capacidad de predicción es menor que en las ciencias naturales, porque interviene la libertad
del sujeto, del ser humano.
La capacidad de generalización es menor que en las ciencias naturales, porque la diversidad
de los eventos humanos es mucho mayor. Incluso hay ciencias que no se ocupan de hechos
generalizables y repetibles, sino individuales, como la historia.
La neutralidad valorativa es imposible, porque el investigador no es independiente de lo
investigado.
Estas características llevan a un problema clásico: ¿ha de ser el método de estas ciencias del mismo tipo
que el de las naturales? La respuesta apunta hacia dos tradiciones diferentes: la empírico-analítica y la
hermenéutica. La primera, que persigue la unidad de la ciencia, exige aplicar el método de las ciencias
naturales a las ciencias sociales. La hermenéutica, por su parte, considera que las ciencias sociales
tienen un estatus diferente y han de adoptar una metodología propia.
Habría así dos clases de enfoque metodológico: uno dirigido a la explicación y otro a la comprensión.
Explicar un fenómeno consiste en conocer las causas que lo producen.
Comprender un acontecimiento consiste en captar su sentido, para lo que es preciso situarse
dentro de los hechos. Por ejemplo, no puedo comprender los ritos funerarios de una cultura que
me es ajena, si no intento introducirme en ella de algún modo.
Algunos autores utilizan la noción de «explicación comprensiva», porque consideran que en ocasiones
no es posible separar explicación y comprensión, pues la explicación facilita la comprensión y la
comprensión demanda explicaciones de los fenómenos.
Las técnicas de las ciencias sociales pueden ser cuantitativas (test, cuestionarios, muestreos y otros) y
cualitativas (entrevistas, grupos de discusión o historias de vida y otros).
[Link] científicas
La filosofía de la naturaleza
La filosofía de la naturaleza es la reflexión filosófica acerca del mundo natural o físico. La naturaleza
siempre ha sido motivo de admiración y de reflexión; de hecho, a los primeros filósofos, anteriores a
Sócrates (Grecia, 470-399 a.C.), se los suele agrupar bajo la denominación de «físicos» o también
«cosmólogos», pues su investigación fundamental se dirige a la naturaleza (en griego, fysis), es decir, al
universo en su totalidad. Estos pensadores concebían la naturaleza ante todo como un sistema ordenado
(kósmos), cuyas leyes pretendían descubrir, y no como un káos (desorden).
La filosofía de la naturaleza se pregunta por el origen, el desarrollo y el futuro del universo y también por su
realidad, es decir, investiga en qué consiste, de dónde proviene y hacia dónde evoluciona el universo. Para
ello, tiene en cuenta descubrimientos científicos muy variados: desde los relativos a las partículas que
componen la materia (microuniverso) hasta el conocimiento de los millones de galaxias que lo forman
(macrouniverso). Y no solo estudia los seres inanimados, sino también los seres vivientes, incluido al ser
humano en cuanto ser natural.
La filosofía de la naturaleza pretende dar razón de la dimensión física de todo lo que hay. Para ello cuenta
con los conocimientos que aportan las distintas ciencias, pero trata de ir más allá de ellas y ofrecer una
visión completa del universo, es decir, de la totalidad del universo, pero también del universo como totalidad.
Cosmología, cosmogonía y cosmovisión
Todas las culturas disponen de una forma de ver o de comprender el universo. Los términos «cosmología»,
«cosmogonía» y «cosmovisión» hacen referencia a esta comprensión del universo que tienen todas las
culturas y que todos los seres humanos necesitamos para orientarnos en la existencia. Su significado es
parecido, pero conviene distinguir bien entre los tres:
Cosmología. Este término de origen griego significa «tratado o estudio del orden que rige el universo».
Procede de Christian Wolff (Alemania, 1679-1754), que la entendió como el estudio del universo en su
totalidad y la consideró como una parte de la metafísica. En la actualidad la expresión «cosmología» se usa
también para referirse a una disciplina científica, muy ligada a la astronomía, a la física y a las matemáticas,
que se ocupa principalmente de construir modelos del universo que sean coherentes con los datos
astronómicos y físicos que poseemos. En sentido filosófico, puede considerarse como equivalente a
«filosofía de la naturaleza».
Cosmogonía. Cuando una visión del universo implica elementos míticos o aportaciones religiosas, suele
hablarse de una «cosmogonía» y en cada cultura o en cada época histórica puede incluir elementos muy
diferentes Por ejemplo, la cultura de los indígenas americanos diviniza la naturaleza, especialmente la
Pachamama (Madre Tierra); la africana se basa sobre todo en el animismo, que ve vida y alma en todo lo
que se mueve; la cultura oriental se inspira sobre todo en las grandes religiones de China y de la India; etc.
Cosmovisión. Aunque tiene raíces griegas, el termino procede del filósofo Wilhelm Dilthey (Alemania, 1833-
1911). En un sentido amplio, una cosmovisión es una interpretación coherente y sistemática del mundo, es
decir, una forma de ver y comprender la realidad en su conjunto. El filósofo Thomas S. Kuhn (EE. UU.,
1922-1996) consideraba que cada cosmovisión constituye un paradigma, es decir, un modelo más o menos
completo del mundo, que se corresponde con los conocimientos científicos aceptados como verdaderos en
cada momento histórico. Cada cosmovisión incluye una serie de supuestos compartidos por los científicos y
por la generalidad de los seres humanos de esa etapa de la historia: creencias, valores, técnicas de
identificación y resolución de problemas, etc. Por tanto, una cosmovisión, entendida como paradigma, no es
solo un conjunto de hipótesis o teorías científicas, sino una determinada forma de ver el mundo propia de
una cultura y época concretas. Los participantes en una determinada cosmovisión tienden a interpretar
desde ella todo acontecimiento natural, pero también social, político, cultural, etc.
Las cosmovisiones científicas
Desde la antigua Grecia hasta nuestros días, hemos aceptado la distinción entre el conocimiento vulgar y el
conocimiento científico, y hemos adoptado cosmovisiones que tienen como centro los conocimientos
científicos, Las ciencias han ido descubriendo fenómenos naturales y explicándolos y ello ha contribuido a
proporcionamos cierta visión del mundo. De ahí que se pueda hablar de «cosmovisiones científicas», ya que
las aportaciones de la ciencia, así como las formas de entender la propia ciencia, han condicionado la
manera de ver el mundo en Occidente. Por tanto, las cosmovisiones científicas son modelos de
interpretación del universo que se derivan de los
conocimientos científicos disponibles en cada etapa histórica.
Podemos clasificar las diversas cosmovisiones en las que ha influido la ciencia occidental de varias formas.
Tradicionalmente, se distinguen las tres siguientes:
[Link] ciencia y la filosofía antiguas, al tratar de comprender el universo, contribuyen a configurar una
cosmovisión finalista o teleológica.
[Link] el período histórico de la modernidad, a partir de los siglos XV y XVI, científicos y filósofos ayudan a
conformar la noción de ciencia moderna y con ella aparece la cosmovisión mecanicista.
3.Y ya en el mundo contemporáneo, en el que las teorías científicas de las diversas ciencias de la
naturaleza (física, química, biología, con sus respectivas especializaciones) muestran la complejidad de la
realidad, se habla de una nueva alianza entre la ciencia, la filosofía y el resto de saberes, y de una nueva
cosmovisión o paradigma (el de la complejidad) que quiere entender profundamente la estructura y
comportamiento de la materia, desde la escala de las partículas elementales hasta los sistemas más
complejos, incluyendo el cerebro humano.
No hay que perder de vista que cada cosmovisión científica trata de responder a las preguntas por el origen,
composición, evolución y sentido del universo, y, por ello, busca responder, en último término, a la pregunta
filosófica sobre el puesto del ser humano en el universo, puesto que somos nosotros los únicos capacitados
para preguntarnos por todo ello.
La cosmovisión teleológica
Una cosmovisión es teleológica (del griego télos, que significa “fin”) cuando considera que todos los seres
que pueblan el universo, y también el universo como unidad, tienden a un fin. Todo lo que sucede es
resultado de procesos que, ya desde el inicio, apuntaban al logro de determinados objetivos. Por ejemplo, el
grano de trigo existe con el objetivo o con el fin de producir una espiga y perpetuar así la especie. Esto
quiere decir que el orden que observamos actualmente en el universo no es resultado del azar, sino que se
ha producido por la acción de ciertos factores o causas que, en cierto modo, tenían ya como objetivo lograr
dicho orden.
Cosmovisión aristotélica
La cosmovisión teleológica más importante se la debemos a Aristóteles (Grecia, 384-322 a.C.). Para él, el
universo es finito (esto es, limitado en el espacio) y eterno (es decir, ilimitado en el tiempo: existe desde
siempre y existirá por siempre). Está formado por ocho esferas principales concéntricas, introducidas unas
dentro de las otras, y en el centro está la Tierra. Por ello afirmamos que su cosmovisión es geocéntrica.
Pero, además, el universo de Aristóteles está dividido en dos grandes regiones:
[Link] mundo supralunar, formado por las esferas de los planetas conocidos, la esfera de las estrellas móviles
(las que parecen cambiar de posición en el cielo nocturno) y, finalmente, la esfera de las estrellas fijas (las
que, en apariencia, se encuentran siempre en la misma posición). Esta región del universo está formada por
una materia especial, llamada «éter», que es incorruptible; además, los planetas que ocupan cada una de
las esferas son cuerpos geométricos perfectos y solo sufren un cambio: el movimiento circular y uniforme,
que es el más perfecto de todos los movimientos. Este sistema de esferas precisa, según Aristóteles, de un
agente que sea la causa del movimiento, aunque él mismo no se mueva. Es lo que denomina «motor
inmóvil», un ser absolutamente perfecto que es la causa de cualquier otro movimiento. Este motor inmóvil
se identifica con Dios, pero no se trata de un ser personal y transcendente, sino de un elemento o pieza más
del sistema del universo.
[Link] mundo sublunar, que se extiende desde la esfera de la Luna hasta el Centro, donde se encuentra la
Tierra, está formado por cuatro elementos (fuego, tierra, agua, aire) y en él se produce cambio, es decir, los
seres del mundo sublunar nacen y perecen. La multiplicidad de seres, vivos (como las plantas y los
animales) e inertes (como las rocas olas nubes), constituye la naturaleza. Según Aristóteles, todos los seres
naturales tienden a realizarse de acuerdo con el fin que la naturaleza les impone para alcanzar la perfección
que es propia de su especie. Por ejemplo, un renacuajo realiza una serie de operaciones vitales (nutrición,
respiración, natación, etc.) que permiten su desarrollo hasta llegar a conseguir la forma y perfección
características de la rana adulta; de este modo, podemos decir que la finalidad ( télos) del renacuajo es
llegar a adquirir la forma, estructura y funciones propias de la rana, lo que le hace ser una rana y no otra
cosa. Además, los movimientos de traslación de los seres naturales tienden siempre hacia el mismo fin: que
cada ser ocupe el «lugar natural» que le corresponde. De ahí que, al soltar una piedra, caiga al suelo, pues
ese es su lugar natural, mientras que el fuego tiende a ascender, buscando igualmente el lugar que por
naturaleza le corresponde.
La cosmovisión de Aristóteles está muy influida por sus amplios conocimientos de biología. Consideró la
totalidad de los seres naturales, esto es, la naturaleza entera, como un gran organismo que posee una
dinámica propia, una especie de fuerza natural que actúa desde el interior de cada uno de los seres que
llamamos «naturales», por lo que puede calificarse también de «cosmovisión organicista». Así, los cambios
que sufre el renacuajo hasta convertirse en rana no se producen por la acción de ningún agente exterior,
sino debido a la dinámica interna que, como ser natural, posee el renacuajo. Para completar la explicación
de los cambios que les ocurren a los seres naturales, Aristóteles distinguió cuatro causas, que se
corresponden con el modo de manifestarse el ser o la sustancia de cada cosa:
causa material, que responde a la pregunta de qué está hecha una cosa,
causa formal, que define lo que es propiamente una cosa,
causa eficiente, que señala a qué o quién ha producido una cosa,
causa final, que indica el para qué, la finalidad o télos de una cosa.
Veamos el ejemplo de un pájaro:
causa material: Músculos, huesos, plumas, corazón, pulmones, etc.
causa formal: Lo que determina que esos elementos materiales sean un pájaro y no otra cosa.
causa eficiente: Los pájaros progenitores que Io engendraron y la dinámica interna de su desarrollo como
pájaro.
causa final: Llegar a ser un pájaro como individuo y asegurar la permanencia eterna de la especie.
Como podemos observar, en los seres naturales las causas formal, eficiente y final coinciden. La naturaleza,
es decir, la dinámica que poseen internamente, es en realidad la causa formal, eficiente y final de los seres
naturales. Por ello se dice que en esta visión hay una teleología inmanente o interna, porque la causa final
forma parte de la propia naturaleza de cada ser.
En esta cosmovisión, el ser humano se entiende como una parte de la naturaleza, que alcanza su fin
natural, la felicidad o plenitud vital, cuando desarrolla plenamente las capacidades que le corresponden
según su especie (inteligencia, sociabilidad, etc.).
La cosmovisión geocéntrica del universo propia de Aristóteles fue reforzada por las teorías de Claudio
Ptolomeo (Egipto, h. 110-h. 170), que aplicó los conocimientos de la geometría de Euclides (Grecia, 325-265
a.C.) al sistema de las esferas.
Cosmovisión científica en la Edad Media
La forma aristotélica de entender la teleologia del universo es reinterpretada en la Edad Media por parte de
diversos pensadores, que la incorporan a la visión religiosa del judaísmo (Maimónides, Córdoba/Al Ándalus,
1135-1204), del islam (Averroes, Córdoba/Al Ándalus, 1120:1198) y del Cristianismo (Santo Tomás, Italia,
1225-1274).
Estos autores consideran que la finalidad no es solo inmanente o interna al universo. También existe una
finalidad más importante porque es transcendente, es decir, que no pertenece al orden natural universal,
sino que se encuentra más allá de él. La finalidad última de todo lo que hay es Dios, entendido como un
agente externo al mundo, que lo ha creado de tal modo que no solo tiende a su propia perfección, sino
también a la plenitud definitiva que se alcanzará al final de los tiempos. Dios, que es entendido de diversos
modos por las tres religiones mencionadas, aparece como la causa primera y final del universo (A y Ω, alfa y
omega) y al mismo tiempo como un ser personal con el que es posible cierta comunicación.
Por ello, se entiende que el ser humano no está solo en el universo, más aún, ocupa un lugar muy especial,
pues de todos los seres creados, él es el único del que se dice que Dios lo creó “a su imagen y semejanza”.
El modelo geocéntrico del universo que idearon Aristóteles y Ptolomeo queda reforzado de este modo, pues
confirma la excepcionalidad del ser humano y su localización en el centro del universo.
La cosmovisión mecanicista
En esta cosmovisión se considera la naturaleza como una máquina cuyo comportamiento estaría regido por
un pequeño número de leyes sencillas e inmutables. Esta visión del mundo está íntimamente relacionada
con la aparición de la ciencia moderna a partir de los siglos XV y XVI; se consolida a lo largo del XVII,
alcanza su punto álgido en el siglo XVIII, con la figura de Isaac Newton (Reino Unido, 1643-1727), y
empieza a ser cuestionada en el XIX. Tiene sus antecedentes en el atomismo de Demócrito (Grecia, 460-
371 a.C.) y actualmente sigue vigente en algunas teorías que consideran la naturaleza como un mecanismo
en el que la libertad humana no tiene cabida.
Esta etapa de la historia de la ciencia se caracteriza por una nueva forma de mirar la naturaleza: la mera
observación y la razón no bastan, ahora se incorporan la experimentación y la matematización para tratar de
explicar cómo es y cómo funciona el universo. Por ejemplo, Nicolás Copérnico (Polonia, 1473-1543)
propone un cambio revolucionario al considerar que el Sol, y no la Tierra, es el centro del universo. Esta
teoría, que ya había sido propuesta por Aristarco de Samos (Grecia, h. 310-h. 230 a.C.), pero no tuvo éxito
en su época, es defendida ahora por astrónomos como Johannes Kepler (Alemania, 1571-1630) y Galileo
Galilei (Italia, 1564-1642), a pesar de que contradice nuestra percepción cotidiana (lo que percibimos a
simple vista es que el Sol gira alrededor de nosotros y no percibimos el movimiento de la Tierra). El llamado
«giro copernicano» supone un cambio radical en la concepción del universo y también en la del ser humano:
dado que la Tierra ya no es el centro del universo, el ser humano, tampoco. Esto introduce una dosis de
inseguridad vital que conecta con la llamada «crisis del Barroco», una época en la que muchas convicciones
tradicionales son cuestionadas.
Por su parte, Newton ofrece una teoría física capaz de explicar, al mismo tiempo, los fenómenos celestes
(movimiento de los astros) y los terrestres (por ejemplo, la caída de una manzana desde el árbol al suelo
con la ley de la gravedad). Expone su teoría en un libro titulado Philosophia naturalis principia mathematica,
Principios matemáticos de filosofa natural, donde el espacio y el tiempo son sistemas de referencia
absolutos. Las leyes de la mecánica newtoniana son aceptadas a partir de entonces como la mejor
explicación del movimiento de los cuerpos.
El mecanicismo newtoniano conduce a una visión determinista del universo. El matemático Pierre Simon
Laplace (Francia, 1749-1829) la expresa como sigue: si en un momento dado una inteligencia
suficientemente poderosa conociera el estado en que se encuentran todas las cosas en el universo y las
leyes que lo rigen, podría predecir con exactitud la aparición de cualquier suceso posterior. Es decir, que
sabiendo las condiciones iniciales de un fenómeno y las leyes newtonianas, podremos explicar y predecir
todo lo que ocurre o puede ocurrir en el universo.
Las investigaciones sobre la materia de químicos como Robert Boyle (Irlanda, 1627-1691) y Antoine
Lavoisier (Francia, 1743-1794) también contribuyen a configurar la cosmovisión mecanicista del universo,
renovando la antigua teoría atomista de Demócrito.
Algunos filósofos contribuyen de manera especial a la cosmovisión mecanicista: unos, defendiendo un
determinismo y mecanicismo radical, y, otros, preguntándose críticamente si el mecanicismo sirve o no para
explicar todas las dimensiones de la realidad.
La contribución de Rene Descartes (Francia, 1596-1650), filósofo de la corriente racionalista, muestra un
universo en el que todo es matematizable y se rige por dos principios: el de la inercia y el de la conservación
de la cantidad de movimiento. Sin embargo, Descartes considera libre de mecanicismo la actividad psíquica
superior, la que corresponde a la res cogitans (el tipo de sustancia pensante que constituye a los espíritus,
incluida el alma humana), y, por supuesto, también Dios (sustancia infinita) estaría libre del mecanicismo. En
cambio, las cosas materiales (res extensa) se consideran explicables como meras máquinas, en términos
de masa, fuereza y movimiento local.
Julien Offray de La Mettrie (Francia, 1709-1751), en su obra El hombre máquina, considera que la materia
es la única realidad sustancial que existe. Ella y sus tres atributos (extensión, fuerza y movimiento)
resultarían suficientes para explicar toda la realidad.
Gottfried Leibniz (Alemania, 1646-1716], sin renunciar a una perspectiva finalista del mundo, propone el
principio de razón suficiente y considera la materia como vis (fuerza) mecánicamente entendida. Aunque, al
introducir el concepto de mónadas como puntos de fuerza o energía, se convierte en un antecedente de la
física contemporánea.
Immanuel Kant (Alemania, 1724-1804) considera que el mundo físico es explicable por las leyes de Newton,
pero abre la posibilidad de ir más allá del conocimiento científico a través de la reflexión filosófica: la ciencia
puede explicar los fenómenos naturales, pero se muestra incapaz de explicar la moralidad humana, basada
en el supuesto de que somos libres para actuar moralmente, y por lo tanto no puede explicar por qué nos
sentimos responsables de nuestros actos.
Con el éxito de la física newtoniana se llegó a creer que la ciencia podría desvelar todos los misterios de la
naturaleza. Esta confianza en la cosmovisión mecanicista ha conducido a algunos científicos y filósofos a
defender una visión reduccionista del universo, porque se esta dando por supuesto que los métodos que
son adecuados para explicar los fenómenos físicos son también válidos para explicar todos los demás
aspectos de la realidad. Sin embargo, esto no tiene por qué ser así. Esta cosmovisión tampoco explica la
causa final, es decir, el para qué del universo, ni consigue explicar, como decía Kant, cómo es posible la
libertad humana dentro de un sistema en el que la libertad no parece tener cabida.
Cosmovisión contemporánea: el paradigma de la complejidad
La crisis del mecanicismo y nuevo paradigma
Desde finales del siglo XIX comienzan a aparecer fenómenos y teorías que cuestionan algunos aspectos del
mecanicismo: la teoría ondulatoria de la luz, la noción de campo en el electromagnetismo, el calor y la
entropía desde la termodinámica, el descubrimiento del electrón, que afecta a la estructura del átomo, la
radiactividad, etc.
En este contexto aparecen dos importantes teorías que van a dar lugar al nacimiento del nuevo paradigma:
la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica.
En el nuevo paradigma científico interviene también, desde la biología, la teoría de la evolución, que Charles
Darwin (Reino Unido, 1809-1882) propone en su obra El origen de las especies. La aparición y desarrollo de
los seres vivos se considera ahora como un episodio más dentro de otro proceso evolutivo mucho más
amplio: el que comenzó con el Big Bang.
La teoría de la relatividad: leyes del macrouniverso
Albert Einstein (Alemania, 1879-1955) publica en 1905 la teoría especial de la relatividad, que aplica a los
sistemas inerciales. Parte de dos postulados: el principio de la relatividad, ya formulado por Galileo, y el
principio de invarianza de la velocidad de la luz. Desde ellos llega a conclusiones sorprendentes: 1) La
velocidad de la luz es teóricamente la máxima que puede ser alcanzada (aproximadamente 300.000 km/s).
2) La longitud disminuye con la velocidad. 3) El tiempo se ralentiza con la velocidad. 4) La masa y la energía
mantienen una relación de equivalencia (E=mc 2): la masa se puede convertir en energía y viceversa. 5) El
espacio y el tiempo dejan de ser magnitudes absolutas para ser consideradas ahora con relación al sistema
de que se trate y a la velocidad a la que se desplace dicho sistema; por ejemplo, el tiempo y el espacio no
se manifiestan del mismo modo en una nave que viajase a una velocidad cercana a la de la luz que en la
superficie terrestre.
En 1917 Einstein formula la teoría general de la relatividad, que se ocupa de los sistemas no inerciales y de
los campos gravitatorios. Comprueba que el espacio físico no es recto sino curvo, y para mostrarlo utiliza
geometrías no euclidianas.
Con esta teoría Einstein explica la estructura y las leyes del universo considerado a escala macro, en el
ámbito de las grandes distancias y de las grandes velocidades; trata de dar razón de lo que ocurre en el
macrocosmos, donde ya no funcionan las leyes de Newton, aunque estas siguen funcionando en el
mesocosmos, es decir, en el mundo que percibimos con los sentidos, en el que nos movemos a escala
humana. La mecánica einsteniana abre la posibilidad de pensar en la multiplicidad de tiempos y espacios en
paralelo, y de expresarlos matemáticamente como espacios de más de tres dimensiones.
Einstein pretende abarcar una descripción universal y completa del mundo físico. Esta es una aspiración
que comparte con muchos físicos actuales que buscan unificar en una sola fórmula matemática las cuatro
fuerzas del universo: gravitatoria, electromagnética, nuclear débil y nuclear fuerte.
La mecánica cuántica: una nueva forma de entender la materia
La mecánica cuántica, por su parte, surge para explicar el comportamiento dela materia a escala micro: el
átomo y las partículas subatómicas. Diversos descubrimientos obligan a romper con la idea de átomo de la
época anterior: muestran que el átomo ya no es («a-tomo»: «a», sin y «tomo», parte o división), sino que se
puede romper porque está formado por partículas más pequeñas: electrones, neutrones y protones; y aún
más pequeñas: quarks y gluones. En la actualidad, en la física de partículas se conocen más de doscientas
partículas elementales; incluso se ha propuesto un modelo estándar, en el que aparecen seis quarks, seis
leptones, los gluones, los fotones, los bosones W y Z, el bosón de Higgs y el hipotético gravitón.
Tales partículas subatómicas son al mismo tiempo corpúsculo y onda; son radiaciones ondulatorias
discontinuas que se transmiten por paquetes de energía (los cuantos); son materia y energía a la vez; se
puede decir que son su actividad. Niels Bohr (Dinamarca, 1885-1962, premio Nobel de Física de 1922)
consideraba que ambas descripciones de la materia, corpuscular y ondulatoria, son complementarias, y que
es la experiencia la que determina cuál de esos dos aspectos se pone de manifiesto.
Si en la física clásica y en la de la relatividad se distingue entre el observador y lo observado, esto no es
factible en el mundo de las partículas subatómicas. Hay una interacción entre el sujeto y el objeto, de modo
que ahora el objeto es algo que se constituye por la interacción entre el observador y lo observado en el
momento mismo de la observación. Esto ha generado problemas lógicos, como la paradoja del gato de
Schródinger (Austria, 18871971), según la cual, si hubiera un gato metido en una caja y su vida dependiera
del movimiento de un quantum, estaría vivo y muerto al mismo tiempo, hasta que el observador abriera la
caja, momento en el que se decide la suerte o estado del animal.
Werner Heisenberg (Alemania, 1901-1976) trató de averiguar la posición y movimiento de las partículas y
vio que se comportan de un modo imposible de prever (principio de incertidumbre o de indeterminación).
Esto es una revolución extraordinaria frente al mecanicismo, porque si el presente no puede ser conocido
con precisión absoluta, tampoco es predecible el futuro. La idea de estricta causalidad desaparece, y en su
lugar entra la noción de probabilidad. Las únicas predicciones que se pueden hacer se basan en
probabilidades estadísticas. Esta teoría conforma una visión del mundo desconcertante, donde todo es más
incierto y complejo; una visión en la que el azar, la irreversibilidad y la incertidumbre son la regla.
En la actualidad, se dice que estamos asistiendo a una segunda revolución cuántica de la que se esperan
espectaculares avances tecnológicos.
Origen y evolución cosmológica: la teoría del Big Bang
En el campo de la cosmología, la teoría del Big Bang ha sido revolucionaria: el universo deja de concebirse
como algo estático y ahora se lo considera en expansión. Esta teoría describe el inicio y la evolución del
universo hasta el presente, e incluso prevé el modo en que el universo evolucionará en el futuro. Basándose
en ciertos cálculos, posibilitados por las leyes de Einstein, el universo del que formamos parte comenzó a
existir hace aproximadamente 13.750 millones de años. En los primeros instantes, toda la materia y energía
estaba concentrada en un punto infinitamente pequeño, con una densidad, temperatura y presión enormes.
De ahí se origina una gran explosión (Big Bang) y tras ella se multiplica exponencialmente su tamaño y
emergen partículas suhatómicas que,junto a la radiación primordial (radiación cósmica de fondo), empiezan
a expandirse. Posteriormente, al descender la temperatura, se forman los primeros núcleos de hidrógeno y
helio, y la radiación continúa expandiéndose. Con el paso del tiempo, empiezan a formarse las galaxias, que
contienen nubes de hidrógeno y helio; estas al concentrarse y girar, debido a su propia gravedad, dan lugar
a las estrellas. En el seno de las estrellas van surgiendo elementos mas pesados, como el hierro, el calcio,
el carbono, etc., que mas tarde formarán parte de los planetas y de nuestro propio cuerpo. Por eso se ha
dicho a veces que los humanos somos «polvo de estrellas».
En este universo en expansión ya no tienen sentido ni el geocentrismo ni el heliocentrismo: William Herschel
(Alemania, 1738-1822) demuestra que el Sol no es el centro de universo, sino que es una estrella más entre
las muchas que conforman la Vía Láctea, y ni siquiera está en el centro de la misma, sino en una rama
exterior.
Universo termodinámico: entropía y teoría del caos
Las novedades que se introducen en la termodinámica también influyen en la nueva cosmovisión. Por una
parte, el concepto de entropía, propuesto por Rudolf Clausius (Alemania, 1822-1888), ofrece una visión de
la evolución del universo como un proceso de degradación irreversible, originado por el transcurso del
tiempo en el funcionamiento del sistema, que acaba anulando el potencial energético del mismo y le
provoca una parálisis total: no una aniquilación, pero si un apagamiento o muerte universal. La entropía
ejerce su acción en sistemas cerrados y aislados, pero también afecta a los sistemas abiertos. Estos últimos
tienen la capacidad de combatir ese desorden y de recuperar el orden con aportaciones de los subsistemas
con los que se relacionan. Ilya Prigogine (Bélgica, 1917-2003) señala que la complejidad de la realidad
permite que, a partir del caos, aparezcan nuevas estructuras ordenadas.
Por otra parte, la teoría del caos la inicia el meteorólogo y matemático Edward Lorenz (EE. UU., 1917-2008)
al elaborar un modelo matemático para predecir fenómenos atmosféricos y comprobar que la herramienta
matemática que utilizaba estaba fallando porque pequeños cambios en las condiciones iniciales producían
diferencias extraordinarias. Lo denominó el «efecto mariposa», que habla de pequeños cambios (por
ejemplo, el aleteo de una mariposa en Pekín) que pueden tener a largo plazo importantes consecuencias
(como, por ejemplo, un huracán en Arizona). Uno de los principales representantes de esta teoría es
Prigogine, que considera que el mundo no sigue el modelo del reloj, previsible y determinado, sino que
presenta aspectos caóticos: el mundo es un sistema dinámico caótico, en el que se suceden ciclos de orden
y de desorden.
Los sistemas son predecibles, pero de repente, sin que nadie sepa muy bien por que, comienzan a
desordenarse (periodo donde se tornan imposibles las predicciones) pudiendo retornar luego a la
estabilidad. El modelo matemático de la teoría del caos se aplica en numerosas investigaciones. Por
ejemplo, los médicos la aplican para investigar por qué en el ritmo cardíaco normal se filtra a veces el caos,
produciendo un paro cardíaco repentino.
Dinamismo, complejidad y otras implicaciones filosóficas
Esta concepción dinamicista de la realidad también ha sido expresada con rigor filosófico en las filosofías
del proceso (Alfred N. Whitehead, EE. UU., 1861-1947) y en las filosofías del dinamismo (Xavier Zubiri,
España, 18981983). Zubiri, en su obra Estructura dinámica dela realidad, se pregunta por la diferencia que
hay entre «ser sujeto de evolución» y «ser deviniente», y afirma que el cosmos «no está en dinamismo»
sino que «es dinamismo». Ahora se introducen nuevos conceptos para explicar la realidad: evolucionismo,
dinamismo, caos, azar, etc.
Esto hace que la ciencia no se preocupe únicamente de las situaciones estables y permanentes, sino
también de las evoluciones, las crisis, lo probable, etc., como, por ejemplo, el cambio climático, el posible
agotamiento de los recursos, el desarrollo sostenible, etc.
El nuevo paradigma científico ofrece una imagen más compleja y completa del universo: un universo
holístico que es un sistema abierto, del que pueden emerger nuevas estructuras dinámicas, y requiere un
conocimiento más integrado y globalizado. La ciencia experimental por si sola no logra alcanzar una
comprensión completa del mundo, sino que requiere la aportación de otros saberes Por ello, Prigogine
reclama la alianza de la ciencia y la filosofía y Edgar Morin (Francia, 1921) propone el concepto de
transdisciplinariedad. Y también se plantea la necesidad de reforzar y orientar bien la relación entre la
ciencia y la tecnología.
Las novedades científicas han puesto de manifiesto que el universo no tiene un centro propiamente dicho. Y
que la especie humana es una especie más del proceso evolutivo. Pero al mismo tiempo es la especie que
posee las capacidades más sorprendentes. La evolución muestra la estructura dinámica del ser humano, un
ser capaz de tener conciencia de sí mismo, de hacerse cargo de las cosas y de proyectar lo que quiere ser.
De ahí que ahora se pueda entender que la libertad y la responsabilidad tienen cabida en la nueva
cosmovisión científica, a diferencia de lo que ocurría en la cosmovisión mecanicista.
Algunos pensadores consideran que la ciencia contemporánea nos acerca a Dios, pero no entendido como
un ser supremo alejado del mundo, sino como un Dios que es pura actividad, que es amor que actúa en la
entraña misma de la realidad cósmica. Y, en cambio, otros opinan que esta cosmovisión permite prescindir
de Dios, porque la nueva ciencia «deifica» la materia-energía. Pero la cuestión filosófica de la existencia y
la esencia de Dios sigue siendo una cuestión abierta que la ciencia no puede cerrar porque sus métodos de
investigación no pueden ir más allá de ciertos límites.