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Resumen de "El árbol de la ciencia"

El documento presenta un resumen por capítulos de 'El árbol de la ciencia' de Pío Baroja, centrándose en la vida de Andrés Hurtado, un estudiante de Medicina en Madrid. A lo largo de los capítulos, se exploran sus interacciones con compañeros, su familia y su creciente desilusión con la educación y la medicina, así como su búsqueda de sentido en un entorno que le resulta superficial y desalentador. La narrativa refleja temas de conflicto generacional, la crítica social y el desarrollo personal en un contexto académico y familiar complejo.

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Resumen de "El árbol de la ciencia"

El documento presenta un resumen por capítulos de 'El árbol de la ciencia' de Pío Baroja, centrándose en la vida de Andrés Hurtado, un estudiante de Medicina en Madrid. A lo largo de los capítulos, se exploran sus interacciones con compañeros, su familia y su creciente desilusión con la educación y la medicina, así como su búsqueda de sentido en un entorno que le resulta superficial y desalentador. La narrativa refleja temas de conflicto generacional, la crítica social y el desarrollo personal en un contexto académico y familiar complejo.

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RESUMEN-POR-CAPITULOS-EL-ARBOL-D...

belbel1919

Lengua Castellana y Literatura II

1º Prueba de Acceso a la Universidad

PEvAU Andalucía, Ceuta, Melilla y Centros en Marruecos

Reservados todos los derechos.


No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
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EL ÁRBOL DE LA CIENCIA- PIO BAROJA

PRIMERA PARTE: LA VIDA DE UN ESTUDIANTE EN MADRID

Capítulo I: Andres Hurtado comienza la carrera

Una mañana de octubre. Reina un ambiente de alegría e ilusión entre los nuevos
estudiantes de Medicina, entre los que se encuentra Andrés Hurtado, que observa el ir y
venir de los estudiantes con cierto asombro. De pronto, se encuentra con Julio Aracil,
antiguo compañero suyo de bachillerato. Va acompañado de un amigo suyo llamdo
Montaner. Van juntos a clase. Entra el profesor de Química, un anciano pedante y
ceremonioso, del que se mofan los estudiantes, y que suelta un discurso hortera. Un
alumno recita un verso aludiendo al aspecto y actitud del profesor y todos rien
desenfrenadamente. Salen de clase y se dirgien a otra clase en otro edificio, pero el
profesor de esta segunda clase es mucho más serio y no permite ninguna salida de tono.
Terminada la clase, Andrés tiene un sentimiento de desagrado hacia Julio, que actúa con
superioridad, y sobre todo contra Montaner, que es monárquico y partidario de la
aristocracia, mientras que Hurtado es republicano y antiburgś. Julio Aracil media entre ellos.

Capítulo II: Los estudiantes

Madrid conserva todavía cierto aire romántico, cierto caracter perpetuo e inmovilista, como
si viviera en una ficción. De hecho los estudiantes que allí se dirigen participan de ese
ambiente, y viven de forma alegre y donjuanesca, persiguiendo mujeres. Un estudiante culto
no podría en ese ambiente de autocomplacencia, falsedad e irrealidad, recoger la cultura
europea moderna y avanzada. Los ancianos profesores de la universidad y su actitud es un
reflejo de ese estado de cosas. Los alumnos siguen riéndose del ridículo profesor de
Química, y hacen lo que les viene en gana en clase. Andrés Hurtado encuentra absurda y
triste su situación en la universidad.

Capítulo III: Andrés Hurtado y su familia

Andrés es huérfano de madre, Fermina Iturrioz, que le ha dejado un gran vacío. Ha


convivido con su padre, Pedro Hurtado, déspota, egoísta y controlador, de espíritu
aristocrático y amante del lujo. Sus hermanos son en orden de mayor a menor, Alejandro,
fiel retrato de su padre en cuanto a personalidad, Margarita, fría y controladora, Pedro,
amante de la buena vida pero a la vez buena persona, al que seguía Andrés, y finalmente
Luisito, de cinco años, y con poca salud. Andrés experimenta un gran cariño por Luisito, y
tiene en buena consideración a Pedro y Margarita, pero no soporta a Pedro y odia a su
padre, con el que choca constantemente.

Capítulo IV: En el aislamiento

Andrés fue educado por su madre hasta que murió con gra religiosidad, de la que él salió
espantado, especialmente del terrible acto de confesión. Luego, a diferencia de sus
hermanos mayores, fue a un instituto de menor coste, donde estuvo abandonado. Decidió
estudiar medicina a lo que su padre no se opuso, al contrario de lo que ocurría
habitualmente, ya que mantenía con él discusiones constantes, frecuentemente sobre
política: su padre era conservador, reaccionario y defensor de la riqueza económico como
valía de la persona; Andrés era liberal y revolucionario. Sus posturas irreconciliables,

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apenas moderadas por la intervención habitual de Margarita, les llevan a acrecentar su


mutuo odio.

Capítulo V: El rincón de Andrés

La familia de Andrés vive en una finca de un marqués, de la que el padre de Andrés es

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administrador y cobra los alquileres a los inquilinos. Pedro Hurtado desprecia a esa pobre
gente, excepto si pertenecían al inframundo de la desvergüenza. Entre ella, estaban dos ex
bailarinas, las del Moñete, de vida alegre, que hacen gracia a su padre y hermanos, pero
que Andrés desdeña. Finalmente, Andrés evita a su familia, solo les ve para comer y se
traslada a un cuarto pequeño y bajo, al que lleva cantidad de libros. Allí hace su rincón y
divisa un panorama que hace suyo: la casa del gato, ... Durante el primer año de carrera,
Andrés se agobia con los exámenes, pero al final solo le queda Química suspendida. En
verano estudia con ahínco en su rincón, distraído por dos muchachas que aparecen en
unos balcones y una señora que se maquilla en una buhardilla cercana. Finalmente no
puede concentrarse en la asignatura y recurre a su tío Iturrioz, que le escribe una carta de
recomendación que entrega al profesor. Días después, hace el examen, muy mal, pero
sorprendentemente aprueba.

Capítulo VI: La sala de disección

En el curso siguiente comienzan las prácticas de disección a las que los estudiantes acuden
haciendo alarde de indiferencia ante el triste espectáculo de los cadáveres y la muerte.
Incluso algunos de ellos se dedican a hacerse bromas con los cuerpos. A Andrés no le
afecta especialmente la vista de los cadáveres y su disección, pero si mostraba rechazo al
trato que se dispensaba a los cadáveres, irrespetuoso. Pero la disección y la anatomía le
producían interés, en el sentido de que constituye el estudio de la vida.

Por lo que respecta a sus amigos, Aracil se había convertido de alguna forma en el líder de
un grupo, en el que seguían Montaner y el propio Andrés. También había otros chicos
provincianos, Massó el catalán por ejemplo. Pero en general Aracil, Montaner y Hurtado
manifestaban un rechazo por los chicos de provincias, de clase baja y aficionados a lo
vulgar, como los juegos de cartas. Huyendo de ese ambiente, Andrés empieza a recopilar y
leer, con esfuerzo, libros de filosofía de Kant y Schopenhauer, entre otros. No comparte su
estudio de esas obras con nadie, excepto con su amigo Sañudo del instituto, del que
también va alejándose por su excesiva pasión por la música, que Andrés no comparte ni
entiende. Le acompaña a cafés donde se interpreta música, pero al final Andrés huyo de
ese ambiente, frecuentado también por gente de mal vivir y que considera peligroso.
Comienza a visitar a su amigo Fermín Ibarra, encamado permanentemente con artritis. Ante
él, valora positivamente la vida, al ver al propio Andrés libre de esos males, pero finalmente
le queda una sensación de que la vida es algo feo y doloroso.

Capítulo VII: Aracil y Montaner

Terminado el curso, Andrés pasa el verano solo en Madrid sin sus amigos. Se dedica a leer
una larga lista de novelas. En el nuevo curso, se desilusiona con la asignatura de Fisiología,
de la que esperaba mucho más, al tratarse de la ciencia de la vida, pero el profesor es malo
y sus textos peores. Tal como dice Julio Aracil, buscar el aprobado y punto. Y es que Julio

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Banco de apuntes de la
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EL ÁRBOL DE LA CIENCIA- PIO BAROJA

es práctico y vivo como el que más. Aprueba todo, casi sin estudiar, buscando la ayuda de
estudiantes no tan espabilados como él. Es presumido y galán, y considera el dinero como
lo más importante, algo a lo que había que dedicar todos los esfuerzos. Es de Mallorca, y es
que se diría que es todo un fenicio (antiguo pueblo comerciante del oriente mediterráneo),
un semita tal como diría su tío Iturrioz, que divide a los españoles entre ibéricos, pasionales,
y semíticos, fríos, listos y comerciantes. Montaner es del mismo palo, semítico, tranquilo y

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comodón, y Andrés acaba haciéndose buen amigo suyo. Acabado el curso, Julio volvió con
su familia y se quedaron en Madrid, Montaner y Andrés. Los dos critican a Aracil por su
egoísmo, pero cuando vuelve se reúnen con él.

Capítulo VIII. Una fórmula de la vida

Cuarto año de carrera. Andrés se queda admirado de las clases y también del talante del
profesor José de Letamendi, aunque de aspecto sea un hombre pequeño y escuálido.
Impresionado también de sus ideas, según las cuales las leyes de la vida se resumen en
multiplicaciones matemáticas. Se lo comenta a Sañudo y a sus amigos ingenieros, que se
echan a reír, y le argumentan el sinsentido de tales afirmaciones. Perplejo por sus
argumentos, relee a Letamendi, y ciertamente la teoría de Letamendi le parece palabrería
pura, adornada con la personalidad pedante de Letamendi, que se las da de genio. Para
entrar en el tema en serio, compra libros de Kant, Fichte y Schopenhauer. Le atrae sobre
todo este último. Comenta sus nuevos descubrimientos a los amigos de Sañudo, que se
mofan de él. En verano, sigue leyendo en la biblioteca más sobre temas filosóficos y vitales.
Termina entendiendo la Crítica de la Razón Pura de Kant.

Capítulo IX: Un rezagado

Al comienzo del curso, el hermano pequeño de Andrés cae gravemente enfermo y es


atendido por un médico familiar de Aracil. El médico señala que no hay que tratar, y que
simplemente hay que alimentar y bañar hasta que pase. Atendido con abnegación por
Margarita, el niño recobre la salud pero está muy debilitado. El escepticismo de Andrés por
la medicina cobra fuerza en su interior.

En las clases conoce a un gallego mayor que él, rezagado en la carrera, de nombre Lamela,
que le anima respecto a Luisito. Es un hombre romántico y fantasioso, que cree que tiene
una historia de amor con una aristócrata, ferviente creyente. El día que muestra de quién
está enamorado, Andrés se queda espantado: es una mujer vieja y horrible. Lamela sufre
además una paranoia constante: cree que hay gente que intenta boicotear la relación, que
en realidad no existe, con su amada. Lamela le lleva a su cuarto y allí no ve más que
botellas de vino, que Lamela guarda tras haberlas bebido. Afirma además Lamela que las
debe esconder, porque se las roban los otros inquilinos. Otro personaje extravagante, y
ciertamente deprimente, que conoce Andrés.

Capítulo X: Paso por San Juan de Dios

En el cuarto año de carrera, Andrés asiste a unos cursos de enfermedades venéreas o de


transmisión sexual en el hospital. Allí su pesimismo respecto de la vida se recrudece. Todo
es deprimente; los enfermos, los sanitarios, las instalaciones, todo gobernado por un
médico déspota. Ve como ordena que cojan y maten al gato del que está encariñada una

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paciente. Andrés se vuelve furibundo contra el médico déspota, aunque termina largándose
de allí para no volver. Presa de un sentimentalismo exacerbado, Andrés se solidariza con
los obreros, critica la injusticia social, pero Aracil le frena, le dice que se dedique a la
política si quiere cambiar algo, pero Andrés es totalmente escéptico. Su pesimismo le lleva
al anarquismo y nihilismo espiritual, y queda agotado anímicamente.

Capítulo XI: De alumno interno

Con sus amigos, Andrés se presenta a los exámenes de alumno interno o en prácticas en el
Hospital General. Pide una recomendación o enchufe a su tío Iturrioz. Aprueba finalmente.
Cobre poco, pero el trabajo es rutinario y administrativo. Su mentor o tutor es un médico que
vive para su trabajo, a Andrés le interesa más el aspecto personal del enfermo y social de
su trabajo, cosa que le reprocha el médico. En todo caso, Andrés es testigo de la
inmoralidad, corrupción y falta de implicación del personal en general, entre ellos capellanes
de hospital vulgares. Solo entre las monjas se ve algo de moral, pero se limitan a una labor
administrativa y religiosa. Un enfermero le da un diario de una monja que han encontrado
entre papeles viejos, y se emociona de su sensibilidad. Averigua que la monja ha fallecido, y
aunque curioso, es incapaz de preguntar nada más, pero guardó el diario como una reliquia.

Otro tipo extraño en el hospital es un fraile místico que cuida a enfermos. Vive solo, en un
cuarto misterioso, donde cualquiera que vaya siempre encuentra un poco de comida o
cualquier tipo de ayuda; misterio que alimenta rumores sobre si es un pervertido sexual. Así
es la gente. Reparte su dinero comprando comida para los enfermos y haciéndoles regalos.
Andrés no sabe qué pensar: la situación de los enfermos le parece repulsiva, el instinto y la
razón le dicen que hay que evitar el dolor y el sufrimiento, y sin embargo para aquel
hombre son atrayentes. Termina sintiendo rechazo por ese extraño hombre.

SEGUNDA PARTE: LAS CARNARIAS

(Las carnarias se refieren a un depósito de cadáveres).

Capítulo I: Las Minglanillas

Julio Aracil termina por intimar completamente con Andrés. Pero Montaner se descuelga del
grupo, no pasa los cursos y pasa el tiempo cortejando a una joven. Con la confianza que se
tienen, Aracil invita a Andrés a casa de las que él llama las Minganillas, una jóvenes que
viven con su madre: Nini y Lulú. Aracil va detrás de Nini, intenta ligarsela sin más, y
pretende que Andrés se quede con Lulú. Andrés acepta y Aracil le presenta en casa de las
chicas. La madre se llama Leonarda y tiene ínfulas de aristócrata. Lulú es graciosa, no muy
guapa, pero le falta ingenuidad y frescura, según piensa Andrés, por lo machacada que
está por la vida. Su hermana Nini en cambio busca siempre agradar. A Andrés le da mala
impresión la casa, una casa miserable, y censura los planes de Aracil de ligarse sin más a
Nini.

Capítulo II: Una cachupinada

(Cachupinada: fiesta) Aracil vuelve a invitar a Andrés a casa de Nini y Lulú, pero esta vez
para una fiesta. Acudirán además chicas del vecindario y otros amigos suyos. Ya en la

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fiesta, le presenta a Antonio Casares, periodista, y sobre todo seductor de mujeres, igual
que Aracil, y a un sainetero, escritor de poco monta. Pero enseguida le envía a que esté con
Lulú. Se abre paso entre chicas guapas, entre ellas una rubia protegida por un viejo, con
una hermana adolescente descocada que sigue sus pasos, y a la que Casares intenta
cortejar. Andrés llega donde Lulú, pero enseguida llega otra vez Casares, al que manda de
su lado de mala manera. Lulú se queda con Andrés, al que interpela directamente

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diciéndole que ya sabe que ha sido Aracil quien le ha mandado que esté con ella, pero que
es en vano, porque ya sabe que no se va enamorar de ella. Y es que Lulú siente un total
desinterés por las relaciones con los chicos, quizás por el duro ambiente en el vive. Aún así,
mantienen una conversación interesante y se hacen amigos, hasta que Doña Leonarda, la
madre de las chicas, da por terminada la fiesta por ser ya la hora de retirarse.

Capítulo III: Las moscas

Ya fuera, Casares propone ir a casa de doña Virginia, una comadrona. Suben a su casa y
se encuentran a la señora con dos personajes siniestros: un italiano y el director de una
revista. Doña Virginia se dedica a practicar partos y abortos a chicas de buena familia, pero
tambien hace de alcahueta, empujandolas a la prostitución. Es como esas moscas que se
lanzan a la carne. La señora les dice que tiene que salir de su casa, que tiene trabajo con
las chicas. Y salen todos a la calle. Se cruzan con un amigo de Aracil, que le espeta su falta
de vergüenza. La galería de personajes no puede ser más vulgar: el italiano no es
finalmente más que un ayudante de doña Virginia en sus oscuros negocios que llegan hasta
la prostitución de las chicas. Son como las moscas que revolotean entre cadáveres.
Casares propone ir a casa de Villasús, un autor dramático, de vida ligera, y que ha llevado
por el mismo camino a sus dos hijas, a través del mundo de la farándula. El sainetero de
casa de doña Leonarda y Vilasús empiezas a contar chistes sin gracia y estúpidos, hasta
que Andrés llama imbécil a uno de ellos, y se arma una trifulca, que tiene que apaciguar
Casares. Andrés Hurtado llega a casa con una malísima impresión de todo lo vivido, no
soporta tanta desgracias, miseria y estupidez.

Capítulo IV: Lulú

Andrés comienza a visitar a Lulú con frecuencia. La considera simpática, graciosa, y


frecuentemente mordaz e irreverente. A doña Virginia la trata directamente de guarra, y le
cuenta a Andrés que incluso a ella la quiso llevar a casa de un viejo. Es inteligente también
y trabajadora hábil, trabaja de bordadora. Andrés la escucha cantar con frecuencia mientras
borda, con alegría. Pero aún y todo no pasa por su cabeza seducirla (en el texto, hacer el
amor, que en la época significa cortejar). También a veces se ensimisma y se repliega en sí
misma, pensativa, en cualquier rincón. No tiene amigas íntimas, y prefiere cuidar a niños y
ancianos.

Un hombre llamado don Prudencio González suele visitar también a la familia, para regocijo
de doña Leonarda, que aprovecha para hacer recordar al hombre las épocas pasadas en
las que su marido era un personaje.

Capítulo V: Más de Lulú

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Andrés también acompaña a Lulú y su madre a pasear por los parques. Solamente Lulú le
suele contar cosas de su infancia, como haber tenido crisis de nervios en las que comía
papel de periódico y padecía jaquecas, con momentos de mucho brío y fatiga luego. Quizás
su forma de ser actual, arbitraria, simpática y antipática con quien le parece y a momentos,
queda explicada por esa problemática infancia. Tiene la manía por ejemplo de comer
siempre frío, lo cual es para Andrés completamente insano.

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Lulú es también de moral ligera. No censura el adulterio, pero en cambio odia la hipocresía.
Confiesa que no tendría reparos en escaparse con un hombre si la quisiera, sin casarse,
para sorpresa de Andrés. Le confiesa que de niña estuvieron incluso a punto de violarla,
pero sin dar más importancia al hecho, lo que demuestra su despreocupación general.
Andrés duda de que su forma de ser sea sincera o es simplemente una pose.

Al mismo tiempo, Andrés, con Julio, también suelen ir al teatro, con Lulú y Nini
respectivamente, junto con su madre.

Capítulo VI: Manolo el Chafandín

Una amiga de Lulú es la señora Venancia, que vive con su hija, yerno y sus cuatro hijos, y
pasa el día planchando. El yerno se llama Manolo el Chafandín, un holgazán y vago. La hija
de Venancia es una borracha y vaga también. Venancia arremete contra su yerno, pero la
hija le defiende a capa y espada. Un día, harta de la situación, Lulú arremete contra la hija
de Venancia y la llama de todo. Pero, Manolo el Chafandín se propone tomar cartas en el
asunto. La madre de Lulú está preocupada por la reacción de Manolo el Chafandín, pero
Lulú no se arredra. Andrés asegura que las defenderá si aparece. Y así el día que aparece
el Chafandín en casa, con un garrote en mano, le hace entrar. Aracil también está presente.
El hombre empieza a explicar lo sucedido y su indignación, de forma amenazante. Lulú
sigue nerviosa sus palabras. Al final, Andrés le canta las cuarenta, y amenazandole con una
silla, Manolo el Chafandín tiene que salir corriendo. Los presentes tienen incluso que
tranquilizar a Andrés.

Capítulo VII: Historia de la Venancia

Tras el episodio de Manolo el Chafandín, Andŕes es considerado un héroe en casa de Lulú.


Esta le lleva de visita a casa de Venancia, la planchadora suegra de Manolo. Venancia es
una mujer extraña: considera a la aristocracia y a la alta burguesía verdaderamente clases
superiores, a la que todo está permitido, por su riqueza, belleza o linaje. Sin embargo, la
clase baja le parece monstruosa. Durante la visita, Venancia le cuenta como han sido sus
patronas. Una de ellas, caprichosa y loca, hasta el punto que en la agonía de uno de sus
hijos pequeños fue al baile, y a la vuelta, ya muerto, simulaba una gran congoja; o culpaba
a los criados de robos simulados por ella, o incitaba a hablar mal a sus visitas de conocidos
suyos que escondía tras las cortinas. Otra era una mujer de un gran desenfreno sexual, que
encadenaba amantes. Venancia tuvo que rescatar a uno de sus amantes ante la ira del
marido. Andrés se escandalizaba con esas historias, y consideraba despreciable a toda esa
gente, pero la Venancia los exculpaba y decía que en el fondo eran buenos. Andrés le
replicaba que esa gente vivía del trabajo de los pobres, pero la Venancia no hacía caso.

Capítulo VIII: Otros tipos de la casa

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Lulú centra todo su interés en la vecindad, es su universo particular. Y allí se encuentran


personajes extraños: la tía Negra, borracha, que insulta sin cesar a los políticos y a la que
detiene a veces la policía; Benjamina o doña Pitusa que suele pedir limosna narrando una
falsa vida trágica y sau hijo el Chuleta, personaje siniestro y fúnebre; don Cleto Meana,
hombre culto pero pobre de solemnidad, todo un estoico; el Maestrín, un curandero pedante
y su guapa hija Silveria, a la que protege a muerte contra los que se atrevan a acercarse.;
don Martín o tío Miserias, que cobra los alquileres de la casa y tiene además una tienda de
empeño, codicioso a no poder más; Victorio, su sobrino, elegante y listo para los negocios,
algunos de ellos oscuros.

Capítulo IX: La crueldad universal

Tras tener noticias de todos esos oscuros personajes, Andrñes decide ir a ver a su tío
Iturrioz, que fue médico militar, y de quien aprecia su carácter trascendental, aunque de
más joven le parecía seco y egoísta. Vive con un criado en un piso con amplias vistas de
los alrededores de Madrid. Le comenta las tristes vidas de toda esa pobre gente, y le pide
una conclusión. Su tío le comenta que la conclusión es clara: la vida es una constante lucha
de unos contra otros, en la que algunos ganan, otros pierden, y cada uno juega sus bazas.
Y es algo que se pueda observar en la naturaleza entre los animales e incluso entre los
insectos y plantas. No vale la pena indignarse porque no hay nada que hacer. Solo nos
queda la contemplación o el poder cambiar las cosas en nuestro círculo más cercano. No
tiene sentido pensar en una justicia universal, es una mera ilusión. Para ello, le pone varios
ejemplos tomados de la naturaleza, y concluye que la naturaleza en realidad es mala, y que
solo lo creado por el hombre puede ser bueno. Andrés escucha con atención, y al final
queda pensativo. La inquietud sobre qué dirección debe tomar uno en la vida le azota.

TERCERA PARTE: TRISTEZAS Y DOLORES

Capítulo I: Día de Navidad

Andrés visita a Luisito, enfermo, y preocupado por su estado y temiendo que esté afectado
por tuberculosis, pide ayuda a un médico del hospital. Son los días previos a la Navidad. Se
confirma que pueda tratarse de los inicios de una tuberculosis y deciden que lo mejor es
que pase una temporada en un lugar seco y templado. Su padre tiene unos primos en
Valencia con casas en la provincia. Andrés convence a su familia para que se pongan en
contacto con ellos y les pidan una casa a donde poder llevar a Luisito. Contestan diciendo
que solo hay una casa libre, y Andrés decide visitarla para ver si es adecuada, a pesar de
las reticencias de Margarita. Coge un tren en una noche fría, y tras pasar la llana Mancha,
llega a las cálidas tierras valencianas al día siguiente. Es Navidad. En Valencia, coge un
carro que le lleva al pueblo donde se encuentra la casa. Pide la llave a una vecina. Es una
casa hermosa, con patio y huerto. Ideal para Luisito. A él mismo le parece un paraíso. A la
vuelta, mandó un telegrama a la familia. Coge un tren de vuelta.

Capítulo II: Vida infantil

Ya en Madrid, Andrés informa a Margarita de cómo tienen que instalarse en el pueblo


valenciano. Y así lo hacen: Margarita, Luisito y don Pedro, padre de Andrés van esa casa

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de familiares y pasan unos meses mientras Andrés se queda en Madrid estudiando para la
Licenciatura. Al acabar los exámenes, se dirige a Valencia, a visitarlos. Encuentra mejor a
Luisito, y también a Margarita. Andrés se centra en Luisito, limpian y cuidan juntos la huerta
de la casa. El calor reinante hace difícil el cultivo de plantas. Luisito va adquiriendo fuerza.
Juega con otros niños. Sigue con su carácter fantasioso . Conocen a niños del pueblo: el
Roch, hijo de un curandero, el Choriset y el Chitano, ladronzuelos. El paisaje humano

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deprimente provoca que Andrés se recluye en casa y salga poco.

Capítulo III: La casa antigua

El padre propone la vuelta a Madrid, ya que Luisito está mejor. Andrés, como médico, es
reticente. Además están los gastos de estar fuera. Una prima de don Pedro ofrece que
vayan a casa de otros familiares en Valencia, ciudad, que allí estarán mejor. Andrés se
muestra reticente de nuevo, preocupado por Luisito pero al final acepta. Los familiares viven
en una casa grande y agradable, pero ellos, tres hombres y una mujer, solteros todos, son
un poco raros. Margarita y Luisito se encuentran bien en la casa, pero Andrés no soporta a
los solterones. Andrés discute con la criada. quiere que deje las ventanas abiertas, para que
el sol mate a los microbios, pero la mujer no entiende nada (es corta y habla en valenciano)
y finalmente Andrés le tiene que decir que hay como unas moscas invisibles que el sol
mata, de lo cual la criada deduce que está loco.

Capítulo IV: Aburrimiento

Andrés no consigue plaza de médico en ningún pueblo y decide estudiar intensamente para
el Doctorado. Frecuenta las azoteas y terrazas de la casa, desde donde contempla la
ciudad. De noche, Andrés contempla el cielo: pensamientos perturbadores, sobre las
fuerzas del universo, le asaltan. Luisito ha pasado bien el invierno y llega la primavera.

Capítulo V: Desde lejos

Es mayo y Andrés vuelve a Madrid a examinarse del doctorado. Lee su tesis, que ha escrito
en Valencia. No tiene dinero y busca trabajo de médico. Lo encuentra en un pueblo de
Burgos. Debe sustituir al médico local, que es un obseso de la numismática, y le ofrece su
casa. Andrés pasa un verano delicioso y lleno de alegría interior, en plena naturaleza. Pero
recibe una carta en la que se le comunica la muerte de Luisito en Valencia. Le habían
intentado avisar de su estado, pero no conocían su paradero. Su sensación es de estupor,
pero no el alejamiento le provoca cierta indiferencia. Le comunican en otra carta las
circunstancias exactas de su agonía y muerte. Recuerda la terrible muerte de un niño con
meningitis que pudo vivir en el hospital. Pero recordará siempre a Luisito alegre y sonriente.

CUARTA PARTE: INQUISICIONES

Capítulo I: Plan filosófico

Andrés vuelve del pueblo burgalés a Madrid. Busca trabajo. Se encuentra con su viejo
amigo Fermín Ibarra, estudiante de ingeniero, quien le enseña sus inventos. Visita a su tío
Iturrioz. Le confirma que no desea ejercer de médico, preferiría trabajar en un laboratorio. Y
sobre todo, ser independiente. En todo caso, en ese momento Andrés se encuentra además

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desorientado, angustiado por la falta de sentido de la vida, a pesar o gracias a las lecturas
de Kant y Schopenhauer. Cuenta Andrés que Kant ha destruido el paraíso metafísico de las
religiones, ha demostrado que Dios es indemostrable. No hay causa primera, el espacio y
tiempo son meras construcciones mentales, necesarias para conocer, pero irreales. Cuando
morimos, el tiempo y el espacio desaparecen. En realidad el mundo es ciego y no tiene fin,
sino una concatenación de causas y efectos.

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Capítulo II: Realidad de las cosas

Andrés sigue discutiendo con su tío Iturrioz. Afirma Andrés, que la realidad no es más que el
reflejo de lo sensible en nuestros sentidos, que contrastado con la percepción de los demás,
conforma la realidad y el conocimiento sobre ella. Por tanto, no podemos tener la seguridad
de que lo que percibimos como realidad realmente lo sea. Su tío en cambio afirma la
realidad de lo que conocemos, porque funciona y es práctico hacerlo así. Su tío le pone
como ejemplo las matemáticas, ¿acaso no existen? Existen, dice Andrés, pero solo como
leyes internas de la inteligencia humana.

Según Andrés, dentro de su subjetividad inicial, el conocimiento es unanimidad, entre


sujetos y a través de diferentes procedimientos, y por tanto absoluto. La temperatura en
grados por ejemplo no es más que una convención arbitraria, pero el hecho de que el frío
tiene menor temperatura, es absoluto, porque siempre esa circunstancia siempre se
repetirá. Cierto que hay espacios a los que no llega la ciencia, pero va abriendo claros y
tendiendo puentes cada vez más fuertes entre diferentes aspectos de la realidad.

Capítulo III: El árbol de la ciencia y el árbol de la vida

Andrés Hurtado y su tío Iturrioz prosiguen su discusión sobre el papel de la ciencia en el


desarrollo humano, en la vida. Andrés defiende la ciencia a ultranza, mientras que Iturrioz
defiende la voluntad, el instinto de vida, la ficción y finalmente los dioses, como necesarios
para el hombre y la vida, tal como hicieron los riesgos y los semitas, y lo demuestra la
dominación de esas culturas. Hurtado pone en tela de juicio dicho dominio, dice que está en
declive, que los hombres del Norte, buscadores de la verdad, se impondrán. Dice Andrés,
que ha sido Kant el gran destructor de la mentira semítica, junto con Schopenhauer, dando
a la razón y la ciencia el papel primordial. Iturrioz le recuerda la alegoría bíblica del árbol de
la vida, y el árbol de la ciencia, del bien y del mal, del que Dios prohibió al hombre tomar su
fruto. Andrés dice que Kant no quiso apartar del todo el árbol de la vida, la libertad, el
derecho. Schopenhauer en cambió lo apartó del todo, y se quedó con el árbol de la ciencia,
reconociendo que de ese modo la vida queda sin sentido, cayendo en el pesimismo total.
Inteligencia o voluntad de vivir? Andrés rechaza ese dualismo excluyente que le impone
Iturrioz: da más importancia a la inteligencia, pero reconoce el peso también de la voluntad
de vivir. Su tío dice además que la verdad es relativa, subjetiva, engañosa, más allá de la
verdad matemática. Y por ello propone la utilidad, el pragmatismo, como criterio, lo cual
parece muy peligroso a Andrés, se puede llegar a atrocidades con ese criterio. Iturrioz
contraataca afirmando que la verdad también es peligrosa, a lo que Andrés contesta que
solo es peligrosa si se falsea, pero que en realidad es objetiva y clara; con el criterio de
utilidad, al final se aceptarían todos los mandatos impuestos por las religiones. Iturrioz
reconoce la fuerza de la fe, el voluntarismo ciego, pero Andrés solo le reconoce la

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conciencia de la fuerza humana. Iturrioz acaba afirmando que la verdad científica es triste y
sin fuerza, anémica.

Capítulo III: Disociación

Sigue la discusión entre tío y sobrino. Iturrioz critica el intelectualismo, y reafirma el sentido
práctico, como en Alemania. Andrés defiende la disociación de las ideas tradicionales de la
verdad científica, tomando de aquellas solo las que se afirmen científicamente. Disociar la
labor de limpieza de la vida, para un mundo mejor. Iturrioz arremete contra él diciendo que
en absoluto somos mejores que antes, y que el egoísmo seguirá imperando. Andrés
defiende que puede haber mejores formas sociales, pero Iturrioz dice que planteándose de
esa forma tan racional no se llega a nada, hay que prometer algo utópico, el paraíso, a los
hombres para que cambien. Andrés replica que ya no hay monstruos que acechan la vida
como antaño, y que podemos tomarnos las cosas serenamente, dado también que nos
estamos haciendo dueños del mundo.

Capítulo V: La compañía del hombre

Para Iturrioz la ciencia ha matado la vida, el romanticismo, las locuras de la vida, que es lo
que realmente da vida. Hay que recuperar la ilusión, para ello crearía la Compañia del
Hombre, frente la cristiana Compañia de Jesús, que afirme la alegría y el reposo, frente a la
tristeza y el sentimentalismo. Los dos coinciden en que sería positivo.

QUINTA PARTE: LA EXPERIENCIA EN EL PUEBLO

Capítulo I: De viaje

Andrés Hurtado es nombrado médico titular de Alcolea del Campo (pueblo de ficción)
situado entre el límite de Castilla con Andalucía. Tan pronto es informado de su
nombramiento, viaja allí en tren, de noche. Cuando va a entrar a los vagones, un
hombrecillo vestido de negro, que también va a coger el tren, le advierte, de forma ridícula,
que el vagón es solo para no fumadores., advertencia que repite a otro joven alto y rubio. El
tren echa a andar y en el mismo compartimento coinciden Andrés, el hombrecillo y el rubio.
Lega el revisor y cuando el hombrecillo enseña su billete, le dice que es segunda clase, y
que ese vagón es de primera. El hombrecillo empieza a despotricar, que todo es un error,
que es vergonzoso como se trata a la gente en España, que es un país sin cultura.
Finalmente el joven se encoleriza y le dice que se calle, que no va a permitir que hable así
de España. El hombrecillo se retracta de sus palabras, asustado. A medianoche, llegan a
una estación, donde se va realizar un transbordo con otro tren. Un grupo de cómicos sube
al tren de Andrés armando mucha bulla. De mañana, Andrés se baja en una estación
próxima a Alcolea y coge un coche para allá.

Capítulo II: Llegada al pueblo

Hace un calor espantoso y el viaje en coche se hace incómodo, con una señora vestida de
negro de acompañante. Llega al pueblo, rodeado de viñedos, y para en la fonda. El pueblo
es muy grande. Almuerza con tres viajantes de comercio, con los que visita el pueblo paso
el peso insoportable del calor. A la tarde, va a visitar al secretario del Ayuntamiento y al otro

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médico, de nombre Sánchez, para presentarse ante él. Este le dice que no espere muchas
ganancias; lo ricos del pueblo acuden a don Tomás, un médico privado. Los tres va a dar
una vuelta por el pueblo. Presencian un rezo colectivo en un patio, para asombro de
Andrés. Andrés queda solo con el secretario y suben al cerro que domina el pueblo, el
pueblo se divida como irreal, rodeado por viñedos, sin un árbol y bajo el calor sofocante. De
noche y tras cenar en la fonda, sale Andrés de nuevo, hace más fresco y las casa con sus

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rejas, flores y cruces tienen un aire misterioso y romántico.

Capítulo III: Primeras dificultades

Los dos médicos, Andres Hurtado y Sánchez, deciden repartirse las visitas a hacer en dos
zonas que se irán intercambiando semana a semana, excepto que el enfermo prefiriera a
algún médico en concreto. Al principio el trabajo se le hizo a Andŕes ligero y sin
complicaciones. Se hospeda en la fonda, donde pasa las artes de forma anodina. Se queja
de la comida, siempre carne picante, y demanda legumbres, pero en la fonda no le hacen
mucho caso al respecto. El baño también se hace complicado por la escasez de agua. De
noche sale al pueblo pero el ambiente le deprime. Andrés se va de la fonda y Sánchez le
busca una casa en las afueras, alejado del centro para que no le quite enfermos que le
interesan. La casa es humilde, pero Andrés no es exigente, pide al dueño una cama y una
tinaja para baño. Reclama legumbres como comida habitual, ante lo cual lo toman por loco.
La patrona es hermosa, pero el hombre tiene aspecto de degenerado. Presencia una
escena que le confirma su aprensión hacia ese hombre: la criada encuentra un pajarito que
no puede volar, lo deja en el suelo y el patrón de casa llama al gato para que se abalance
sobre él. El patrón se ríe cruelmente.

Capítulo IV: La hostilidad médica

Juan Sánchez había llegado a Alcolea hace treinta años, y ejerció su profesión durante
muchos años bajo la superioridad del anterior médico, hasta que murió. Entonces decidió
que era su turno y por eso actuaba de forma despótica con Andrés. Una noche, en la que
Sánchez estaba ausente por haber ido a una corrida de toros en otro pueblo, hecho que
indignaba a Andrés, este recibió el encargo de ir a visitar a la hija del molinero gravemente
enferma. Cuando llegó al molino, el molinero empezó a maldecir, por no haber traído ni a
Sánchez ni a don Tomás. Finalmente, acepta la presencia de Andrés, ante la advertencia de
este de que iba a regresar a su casa si no necesitaban sus servicios. exploró a la chica,
tenía el vientre hinchado a causa de un agravamiento de una enfermedad del hígado. Volvió
a casa, cogió el instrumental necesario y le hizo una punción para soltar todo el líquido.
Andrés advierte a la familia de que sería necesario ir a Madrid a ver un médico especialista.
A la vuelta de Sánchez, este le recrimina su actitud, por haber recomendado ir a Madrid, en
perjuicio de él mismo. Andrés actúa con prudencia y no cae en la provocación: los casos
graves, con necesidad de cirugía los deriva a Sánchez, y él se limita a recetar con
prudencia y recomendar hábitos saludables, aunque puede comprobar que sus consejos
(comer poca carne, ...) caen en saco roto. Para colmo, una mujer le dice a Andrés que
debería casarse en el pueblo. Veremos, dice él.

Capítulo V: Alcolea del Campo

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El narrador critica el ambiente y la mentalidad de las gentes del pueblo. En relación a sus
gentes, no entiende sus costumbres de aislamiento social entre unos y otros, su falta de
iniciativa, su inercia absurda. No es capaz de entender a qué se dedican sus mujeres, que
son invisibles. Y además todo el ambiente de decadencia, envidia, ... se traslada a la
política, con sus dos bandos irreconciliables: liberales y conservadores, cada uno con su
mote. Andrés desearía una revolución que pusiera fin a toda esa lamentable situación, en la

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que todos intentan sacar provecho, así se lo comenta a su patrona, pero es incapaz de
entender sus planteamientos. Pero al mismo tiempo reconoce la fatalidad de la situación.
Frecuenta el alternativo Círculo Republicano del pueblo, donde le propone dar conferencias
sobre higiene, pero se muestra reacio, a la vez que intenta convencer a los jóvenes de lo
estéril de sus esfuerzos por cambiar las cosas y les recomienda irse del pueblo. Por lo
demás el tiempo se le hace muy largo a Hurtado, incluso en otoño hace muchísimo calor, y
no tiene otro quehacer que observar las rutinas de la patrona, su madre, su hija y su criada,
a las que el patrón trata de forma indigna. Es además desagradable en su conversación,
que se limita a referir peleas y a comparar su pueblo con Alcolea. Un día la patrona le invita
a visitar las bodegas de la familia y una cueva aneja, donde Andrés no se extraña que la
gente se la imagine llena de duendes en ese ambiente oscuro. Le invitan a probar el vino,
pero Andrés lo rechaza. Presencia unos días más tarde la vendimia y la pisada de la uva y
le parece un espectáculo brutal, duro. Sin duda, lo natural es lo malo y lo artificial es lo
bueno, como decía su tío Iturrioz.

Capítulo VI: Tipos de casino

En invierno, Andrés comienza a frecuentar el Casino. Allí traba relación con dos individuos
especialmente. el pianista, con aspecto de cura, y de hablar pedante y alambicado, y Don
Blas, personaje excéntrico, un hombre que vive todavía en un mudo antiguo, entre sus
libros de los que extrae citas y formas de pensar arcaicas, alejadas totalmente del mundo
moderno. Aún así, Don Blas cae bien a Hurtado. A quién no soporta a un joven reaccionario
que frecuenta el casino, hijo del usurero del pueblo, que no hace más que alardear de culto,
cuando en realidad es un imbécil, incapaz de decir nada serio.

Capítulo VII: Sexualidad y pornografía

Andrés muestra su sorpresa por encontrar pornografía en la papelería y librería del pueblo.
El dueño asegura que se vende muchísimo. Andrés se extraña, pero encuentra la
explicación: es dificil tener relaciones sexuales en el pueblo, y los hombres encuentran en la
pornografia la via de escape a sus deseos, al contrario delo que ocurre en Inglaterra, donde
los hábitos sexuales son muy libertinos y la pornografía incluso está prohibida.

Capítulo VIII: El dilema

Andrés percibe claramente que se va forjando mala fama en el pueblo alrededor de su


persona, por lo que deja de ir al casino y se refugia en su triste alcoba. En el pueblo
consideran que odia a los ricos y exalta a los pobres. Lo tiene claro: cumplirá sus
obligaciones si más y se aislará. Se propone al principio dedicarse a leer, pero no encuentra
satisfacción en ello. Ni tampoco se siente especialmente dotado para la escritura. Al poco
cae en una especie de estado depresivo que le afecta incluso físicamente, se
autodiagnostica artritis por acumulación de tóxicos y considera que una solución sería dejar

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a una lado la castidad. Pero no ven entre las mujeres del pueblo ninguna que le guste, más
bien las desprecia. Tampoco ve como solución adecuada ir a los burdeles del pueblo, por
orgullo. Decide finalmente cuidar la dieta, desterrar la carne entre otros, comer más verdura,
y beber mucha agua. Al poco tiempo comienza a sentirse mejor, más tranquilo y menos
nervioso y agresivo. Se levanta temprano y pasea por los campos sobrecogido por los
paisajes y la aurora. De noche, observa el fuego de la cocina, en compañía de los
habitantes de la casa.

Capítulo IX: La mujer del tío Garrota

Una noche dan aviso a Andrés de que una mujer ha caído a la calle. Raudo, llega al lugar y
se encuentra una mujer con un fuerte golpe en la cabeza. La atiende de urgencia, pero su
estado sigue siendo crítico. Es la mujer del tío Garrota, un personaje siniestro del pueblo,
prendero. Llaman entre otros al juez, y ante las preguntas de este la mujer solo es capaz de
decir Garro, por la lesión cerebral que sufre, lo que sugiere que ha sido su marido el
culpable de sus heridas. Suben a su casa, y encuentran una badila con sangre. Parece ser
que se ha golpeado o la han golpeado con ese objeto en la cabeza. Detienen al marido que
niega su responsabilidad una y otra vez. Aun así lo envían a prisión. Andrés tiene la
convicción de que el hombre es inocente. Participan en la autopsia para aclarar los hechos,
Andrés y Sánchez, con un tercer médico como observador neutral. Sánchez dictamina en el
sentido que el marido es el claro culpable, Andrés en cambio no lo ve así, ya que los golpes
con la badila son leves. el desacuerdo se traslada al pueblo que queda dividido en dos,
siguiendo las opiniones respectivas de los dos médicos. El juez no encuentra huellas del
marido en la badila, y tras múltiples interrogatorios no puede sonsacar al reo su
culpabilidad, por lo que al final lo deja libre. Gran parte del pueblo critica la decisión, y de
paso a Hurtado.

Capítulo X: Despedida

La animadversión en el pueblo hacía Hurtado se convierte en hostilidad, y Andrés dimite de


su cargo. Se despide de sus amigos, tiene un altercado final con Sánchez, el médico. En
casa, dice a la patrona que si siente dejar el pueblo es por ella. La mujer se siente
halagada, y Hurtado va más allá y le dice que está casada con un idiota y que siente no
haberle hecho el amor. Le propone que pasen la noche juntos. La mujer, turbada, se deja
llevar, entre remordimientos. A la mañana la mujer se levanta apresuradamente del lecho y
se va. Hurtado queda triste y piensa en lo absurdo de todo. Coge la diligencia, llega a
Aranjuez y pasa allí tres días descansando.

QUINTA PARTE: LA EXPERIENCIA DE MADRID

Capítulo I: Comentario a lo pasado

La guerra de Cuba está apunto de comenzar, y el ambiente de Madrid es patriótico pero a la


vez de mucha confusión. Andrés participa con emoción de ese ambiente. Empieza a
trabajar en una consulta de enfermedades del aparato digestivo. Los periódicos lanzan
afirmaciones absurdas contra los estadounidenses y ven la guerra ganada. Andrés se
encuentra con su tío Iturrioz, y este ve claro que la derrota de España va a ser total. No hay
nada que hacer frente a la armada norteamericana. Y en efecto, las previsiones de Iturrioz

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se cumplen. La derrota de España es absoluta. Pero paradójicamente para Andrés, la gente


de la calle se lo toma con indiferencia, a pesar del aparente patriotismo desplegado durante
los prolegómenos de la guerra. Finalmente, Iturrioz le pregunta a Andrés por su estancia en
Alcolea: bien como médico, mal en lo personal, responde Andrés. Comenta Andrés que la
gente del pueblo no tiene ninguna conciencia de nada. Su tío replica que les falta egoísmo e
individualismo, que es lo que hace avanzar a uno mismo y a la sociedad en conjunto, a lo

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que Andrés asiente. Además no hay ninguna justicia para repartir los beneficios que se
generan, y el pobre sigue en su espíritu de miseria. Iturrioz le critica que se ha presentado
en Alcolea con un ser superior, pero Andŕes contesta que solo ser independiente.

Capítulo II: Los amigos

Es otoño y Andrés está sin trabajo. Se encuentra por la calle con Montaner, amigo de
estudios (ver primeros capítulos) y van a tomar algo. Le cuenta que tenía novia, pero que
sus padres la casaron con otro y que terminó entonces la carrera en Salamanca. Ha estado
trabajando de ayudante en la clínica de Julio Aracil, amigo común, pero le ha echado. No
tiene trabajo pero no quiere salir de Madrid, ni para trabajar de médico. Le habla de otros
amigos: Cañizo, que tiene un periódico sobre carnicería y le va bien, Ortega alcoholizado.
Sobre Aracil le dice que lleva una vida algo desordenada y que prostituye a su mujer. Se
encuentra otro día con Aracil, le cuenta que ha estado con Montaner y ya sabe que habrá
hablado mal de él. Desmiente todo, a su mujer simplemente le da libertad para que ande
con quien quiera. Vive al día, con muchos gastos, trajes, diligencias, joyas, ... Se despiden.

Capítulo III: Fermín Ibarra

Se encuentra también con su antiguo amigo Fermín Ibarra, el inventor. Se queja de que en
España no le hacen mucho caso y critica la chulería que domina el país. Unos meses
después, Ibarra le escribe desde Bélgica. Allí ha tenido éxito.

Capítulo IV: Encuentro con Lulú

Se encuentra con Lulú que se turba al verle. Lulú le propone quedar el sábado. Cuando
aparece, Lulú está con su madre y un hombre joven. Andrés se siente apartado pero Lulú le
dice que se acerque. La madre se comporta de forma desagradable con Andrés.
Comienzan a hablar animadamente Andrés y Lulú, se cuentan dónde y cómo han andado
los dos. El hombre joven se va, visto que Lulú está con Andrés. Doña Leonarda, la madre,
parece enfadada, y es que el chico parece ser un pretendiente de Lulú. Lulú le cuenta que
Julio Aracil no tenía intención de casarse con Niní, por ser pobre. Lo contó a su madre y a
Niní, que lloró por ello. Pero ella vió la solución en don Prudencio, que visitaba a la familia.
Se casó finalmente con Niní y generosamente le puso una tienda de confección a Lulú. Le
comunica que don Cleto, un vecino conocido por ambos, murió de hambre el pobre. Quedan
en verse allí mismo. Aracil también suele ir, pero no le guarda rencor.

Capítulo V: Médico de higiene

El padre de Andrés hace valer sus influencias y un amigo suyo del gobierno promete
buscarle un puesto de médico de higiene, si así lo quiere Andrés, que acepta sin dudas.
Pero a los pocos días de ocupar el puesto, entiende que no está hecho para ello. Su trabajo

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consiste en examinar el estado de salud de las prostitutas, para dictaminar si pueden


ejercer la profesión. Siente tristeza y también ira, hacia los proxenetas y chulos y también
hacia las prostitutas por su falta de conciencia e indiferencia. Entre los dueños de las casas
de prostitución hay de todo, incluso curas. Y los clientes son casi siempre hombres de la
alta sociedad, sin escrúpulos a pesar de su apariencia. Piensa que si hubiera conciencia
habría una revolución en contra de todo eso. Pero el pueblo va cayendo en el espíritu de lo

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más miserable, incapaz de luchar, incluso físicamente, mientras que la burguesía parecía
invencible, dispuesta siempre a someter y esclavizar.

Capítulo VI: La tienda de confecciones

Tras un paréntesis de un mes, Andrés visita a Lulú en su tienda y queda asombrado por lo
bien que está montada. Lulú le comenta que Aracil estuvo de visita y que no habló bien de
eĺ. Le contó que Andrés le había dicho que ella era como un orangután. Andrñes confiesa
que es posible que dijese eso, y Lulú se indigna. Otro día Andrés encuentra en la tienda a
un farmacéutico, amigo de Lulú. Entabla conversación con él, y Andrés le confiesa que cree
que es una chica sin sensualidad, demasiado intelectual. Andrés percibe que Lulú trata mal
y desdeña a ese hombre y se lo recrimina, siendo además un hombre agradable, pero Lulú
dice que hace lo que da la gana. Andrés contesta que no soporta a las mujeres, a ella
incluida. Lulú reprocha a Andrés su carácter, medio en broma.

Capítulo VII: De los focos de la peste

En la tienda Andrés comenta a Lulú que el mundo está compuesto de contrarios, amor y
prostitución, libertad y cárcel. Cuenta las bestialidades de los burdeles, como las tienen
presas y esclavizadas y las tratan con crueldad terrible. Cuenta varias historias al respecto.
Arremete contra los chulos que las controlan, gente sin escrúpulos que consideran a las
mujeres un mero objeto. Dice que todo eso proviene del carácter semítico (judío y moro)
que todavía impregna al español. Y todo dentro de una inconsciencia absoluta, desde las
víctimas a los verdugos. Quizás al final haya que aceptar la teoría de Iturrioz, según la cual
todo ello no es más que un fenómeno natural, una ley de la naturaleza. Lulú le propone
dejar el puesto de trabajo y Andrés asiente.

Capítulo VIII: La muerte de Villasús

Andrés cambia de puesto y ahora se dedica a tratar a la gente pobre. Sin embargo,
tampoco se encuentra a gusto. No soporta la miseria de esas gentes, y menos aún su
espíritu miserable y esclavo. Se encoleriza incluso contra ellos. Los domingos, cuando
pasea y ve a la gente de vuelta de los toros, tiene ganas de empuñar un arma y disparar
contra esa multitud de chulos, para que aprendan lo que es el dolor ajeno. Solo se
encuentra bien en la tienda de Lulú.

Un día, de visita en un barrio pobre, le llaman para que visite a un hombre en mal estado. Y
realmente lo está: famélico, ciego y además canta y recita continuamente. Se llama Rafael
Vilasús y enseguida Andrés le reconoce, es un escritor de dramas que había conocido hace
años. Ha envejecido notablemente y se compadece de él viéndole enloquecido. A la
semana vuelve pero Vilasús ha muerto. Velan su cadáver además de sus hijas, también
miserables, una panda de bohemios que dicen que no está muerto sino que sufre un ataque

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de catalepsia, hasta que Andrés certifica la muerte. Uno de los desarrapados lanza una
ridícula loa al muerto, mientras el empleado del coche fúnebre mete prisa a los presentes.
Otro dice, tras ver la escena, que habría que ponerse una bomba en la boca, para
desaparecer. Andrés sale de la casa, dejando atrás esa pandilla de desarrapados y
bohemios.

Capítulo IX: Amor, teoría y práctica

En la tienda de Lulú, Andrés comienza a divagar con ella sobre el amor de pareja.
Considera que existen dos tipos amor: el amor entre semejantes o amor entre hombres y
mujer parecidos, propio de los que tienen un alto concepto de sí mismos (hombre delgado y
mujer delgada); y el amor entre contrarios o diferentes, que se corresponde a aquellos que
no tienen una buena imagen propia (hombre gordo con mujer delgada). Lulú le contesta
haciendo referencia a sí misma, divertida. Andrés define el amor como instinto sexual
maquillado con el instinto fetichista de idolatrar a la pareja. Lo considera un engaño, pero no
sabe si es mejor engañarse o no engañarse y ser consciente de lo que significa el amor.

Los días siguientes, Andrés se siente melancólico, quizás por su soltería. Va a la tienda y le
dice a Lulú que está muy guapa, le toma la mano y declara su amor. La besa. Lulú queda
turbada, pero al final confiesa que sintió el engaño del amor, como dice Andrés, hacia él
desde el momento que le conoció. Y le dice que no quiere que se separe de ella.

SÉPTIMA PARTE: LA EXPERIENCIA DEL HIJO

Capítulo I: El derecho a la prole

Unos días más tarde, Andrés se presenta en casa de su tío Iturrioz, simulando que necesita
consejo para un amigo suyo que se quiere casar, cuando en realidad pide opinión sobre
casarse con Lulú. Le cuenta el caso: un chico nervioso con una novia algo histérica. Y le
plantea a su tío si deberían casarse. Iturrioz le contesta que no, de forma taxativa, pero que
el amigo debería hacer al final lo que él quiera. Su argumento es que de ese matrimonio
solo nacerán niños insanos e infelices. Más aún: odia a la gente vulgar y miserable que trae
hijos al mundo sin ton ni son, sin importarles su educación, su salud y su bienestar. Sólo el
hombre egoísta, fuerte, sano y con recursos debería tener hijos. Andrés sale de su casa sin
una decisión clara, pero finalmente escribe a su tío diciendo que el que se plantea casarse
realmente es él.

Capítulo II: La vida nueva

Finalmente se casó por la Iglesia (en el fondo le daba igual). Andrés comenzó a trabajar de
traductor y redactor de revistas médicas. Compraron una casa cerca de la tienda y
acondicionaron una habitación de acuerdo con los principios de higiene que Andrés tanto
respetaba. Quiere muebles sencillos. Se muestra inflexible ante el deseo de Lulú de que su
madre, Doña Leonarda, venga a vivir con ellos. Traen de criada a la Venancia (capítulo VI).
Trabaja a gusto, alegre y motivado, y de hecho le permiten dejar a un lado las traducciones
y centrarse en los estudios originales, aunque siempre con datos de investigadores
extranjeros. Con lo fácil que sería montar laboratorios en el país, se acuerda de lo que le
decía su amigo Fermín Ibarra. Es feliz, pero su pesimismo le hace pensar que su alegría

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puede acabarse cualquier día. Comenta por ello a Lulú que no haga caso ni se relaciona
demasiado con los allegados, su hermana, su suegra, vecinos, ... Lulú ya sabe que es algo
antisocial. Llevan una vida tranquila, pasean y van al cine. Sin mayores contratiempos,
excepto un intento de robo en la calle, en el que Andrés reacciona rápida y eficientemente.
Se quieren de verdad.

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Capítulo III: En paz

El estado de felicidad de Andrés se prolonga durante meses. Ha llegado al estado de


serenidad al que aspiraban los filósofos antiguos. Ni siquiera le importa el dinero y se lo
entrega todo a Lulú. Incluso su aspecto físico ha mejorado, y también el de Lulú, que de
guapa que está los hombres han empezado incluso a seguirla. Lulú le comenta la
posibilidad de tener un hijo, pero Andrés no quiere ni oír hablar de ello, le parece que es
asomarse a un abismo. Pero al poco tiempo, Lulú empieza a mostrarse melancólica. Le
confiesa a Andrés que desea un hijo. Andrés acepta, pero sus nervios afloran de nuevo.
Percibe que el amor que Lulú siente por él ha cambiado. Será el embarazo, piensa. Doña
Leonarda frecuenta a su hija y envenena las conversaciones. Lulú también está nerviosa. Y
todo ello le afecta de tal manera a Andrés, que incluso comienza a tomar morfina para
dormir.

Capítulo IV: Tenía algo de precursor (final)

Llega la hora del parto. Lulú, valiente y animada, pero sufriendo. Al final, se va atenuando.
Andrés. sufriendo también. Se complica el parto, utilizan el fórceps. Pero el niño nace
muerto. Lulú sufre una hemorragia importante y queda muy débil y deprimida. Cree que va a
morir, y lo siente sobre todo por Andrés, al que acarició para consolarla. Al tercer día, Lulú
murió. Extenuado y destrozado, toma morfina y se duerme, mientras Niní, su marido y Doña
Leonarda, horrible, pululan por casa. Se despierta y ve el cadáver de Lulú, blanco y sereno.
Queda absorto, mientras escucha la conversación del médico e Iturrioz en el cuarto
contiguo. Dice el tío que es una lástima, ahora que Andrés iba tan bien, que suceda esto. A
la mañana, a la hora del entierro, Andrés no se levanta y van a despertarle pero está
muerto. Se ha inyectado veneno. Ha muerto sin dolor. Su tío le aclama: era un epicúreo, un
verdadero aristócrata. Y el médico asiente, y añade que era un precursor, un pionero.

FIN

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