Contenido 1
Acahualinca
Revista Nicaragüense
de Cultura
Núm. 4
Diciembre, 2018
Academia de Geografía
e Historia de Nicaragua
2 Acahualinca
Acahualinca, Núm. 4
Diciembre, 2018
Academia de Geografía e Historia de Nicaragua
Palacio Nacional de la Cultura
Telefax: (505) 2228-1173
Correo electrónico: [email protected]
Página web: www.aghn.edu.ni
Apartado Postal: 2094, Managua, Nicaragua
Director: Jaime Íncer Barquero
Subdirectora: Ligia Madrigal Mendieta
Editor: Jorge Eduardo Arellano
Asesores:
Aldo Díaz Lacayo
Germán Romero Vargas
Patrocinador externo:
GRUPO PELLAS
Ilustración de cubierta:
Celia Lacayo: "Virgen. Toda hermosa eres María"
(óleo sobre tela), 30 x 24 pulgadas.
Ilustración de la contracubierta:
Actuales miembros de número de la AGHN.
Primera fila (de pie), de izq. a der.: Pablo Kraudy Medina, Fran-
cisco Aguirre Sacasa, Humberto Ortega Saavedra, Norman
Caldera Cardenal, Wilfredo Navarro Moreira, Hamlet Danilo
García, Óscar-René Vargas, Manuel Madriz Fornos, Jaime Se-
rrano Mena, Isolda Rodríguez Rosales y Rigoberto Navarro Genie.
Segunda fila (sentados), de izq. a der.: Eddy Kühl Aráuz, Ger-
mán Romero Vargas, Róger Norori Gutiérrez, Aldo Díaz Laca-
yo, Jaime Incer Barquero, Ligia Madrigal Mendieta, Jorge Eduardo
Arellano y Carlos Alemán Ocampo.
Diagramación: Fernando Solís Borge
Contenido 3
CONTENIDO
JIB / Presentación .................................................................. 7
I. ASTRONOMÍA DESDE CENTROAMÉRICA
Jaime Íncer Barquero / Visión astronómica de la
América Central .................................................................. 11
Faustino Sáenz / Un compendio pionero, único y útil ........ 13
II. HISTORIA
Ligia Madrigal Mendieta / Sincretismo inicial de la conquista .. 17
Jorge Eduardo Arellano / Síntesis histórica-política de
Nicaragua ............................................................................ 24
Letzira Sevilla Bolaños / Cubanos walkeristas
(entrevista a Armando Vargas Araya) ................................. 28
JEA / Nuestra herencia antidemocrática ............................. 34
III. POESÍA
Francisco de Asís Fernández / Homenaje a Simonetta
Vespucci .............................................................................. 39
Jorge Eduardo Arellano / Testigos de la Crucifixión .............. 44
IV. NARRATIVA
Autores varios / Miniantología nica-mexicana de
microrrelatos ........................................................................ 55
Guillermo Menocal / Los luchadores .................................... 60
V. DOCUMENTA RUBENDARIANA
Letzira Sevilla Bolaños / Un recuento apoteósico de
Darío (el Boletín Rubendariano 2017) .................................. 63
4 Acahualinca
JEA / La «expulsión» de Darío en México .......................... 67
Letzira Sevilla Bolaños / Las Novelas completas de Darío ..... 70
VI. EL CINE EN NICARAGUA: DOSSIER 2
Letzira Sevilla Bolaños / El Cine visto por los Nicas
en el siglo XX ...................................................................... 77
JEA / 31 de preguntas y respuestas sobre Cine en
Nicaragua ............................................................................ 81
Franklin Caldera / Una cátedra de historia patria
(El Cine entre los Nicas) ....................................................... 88
Roberto Íncer Barquero / Mi afición al Cine en los
años 40 ................................................................................ 93
VII. DOCUMENTOS
Miguel Ángel Orthez y Guillén / Llamado a la Guardia
Nacional (1ro. de enero, 1931) ........................................... 99
Blanca Aráuz [de Sandino] / Carta desconocida
(14 de octubre, 1931) ....................................................... 100
Luciano Cuadra Vega / La Purísima en las cárceles ............ 102
VIII. TEXTOS RESCATADOS
Luis Cuadra Cea / La Purísima en el León del siglo
XVIII ................................................................................. 105
Mario Cajina-Vega / La Doncella y el Almirante ............... 109
La Patriota del Sauce / Composición poética (1854) .......... 113
Jaime Íncer Barquero / Mitos y constelaciones en
la poesía de Darío .............................................................. 115
IX. NATURA
Ernesto Mejía Sánchez / La Nicaragua [o Sacuanjoche] ..... 123
Jorge Eduardo Arellano / El Concepción y sus erupciones .... 124
Contenido 5
X. FOLCLOR
Rafael Casanova Fuertes / Persistencia indígena en la
cultura popular .................................................................. 129
Esteban Sandino / De la musa popular nicaragüense .......... 144
XI. INVESTIGACIONES
Isolda Rodríguez Rosales / La sociedad colonial en las
Visitas Pastorales ............................................................... 163
Róger Norori Gutiérrez / la independencia de Nicaragua .... 191
XII. HABLA
Enrique Peña Hernández / Dichos sobre el «indio» en
Nicaragua .......................................................................... 215
Enrique Peña Hernández / Locuciones con el verbo ser ...... 218
XIII. NOTAS
Carlos Tünnermann Bernheim / La cultura del libro
es insustituible ................................................................... 223
JEA / El Rubén de los bazuqueros de Managua .................. 227
Armando Zambrana Fonseca / La vieja Managua:
mi paraíso perdido ............................................................. 231
Róger A. Cerda / Las elecciones estudiantiles de 1968
en la UCA ......................................................................... 241
Roberto Carlos Pérez / ¡Fuego! ¡Fuego! ............................... 245
Pablo Kraudy Medina / Periodicidad y criterios para
una antología del pensamiento crítico nicaragüense ......... 247
XIV. NUESTRA COSTA CARIBE
RAGHN / El miskito precursor de Robinson Crusoe ......... 253
Eduard Conzemius / Muerte y duelo entre los Miskitos
y Sumus ............................................................................. 256
6 Acahualinca
JEA / Cultura e historia costeñas en 15 obras .................... 259
XV. CRÍTICA
María Augusta Montealegre / En el centenario de Tropical
Town and Other Poems [de Salomón de la Selva] .............. 265
Beltrán Morales / Alrededor de los cuentos de
Fernando Silva .................................................................. 269
JEA / Rosario Aguilar y Juan Aburto: perspectivas críticas .. 273
XVI. SEMBLANZAS
Guillermo Rothschuh Villanueva / El diplomático gringo
y el científico inglés ........................................................... 279
Jorge Eduardo Arellano / Kraudy Medina y la historia de
nuestras ideas ..................................................................... 283
JEA / Armando Íncer y la boaqueñidad ............................ 286
XVII. RESEÑAS
Fernando Solís Borge / Nuestras letras de antaño
(Literatura nicaragüense: siglo XIX e inicios del XX)
de Jorge Eduardo Arellano ................................................ 291
JEA / Primera historia de nuestro boxeo [el Boxeo
nicaragüense (1912-1979) / Historia y estadística de
Ritomar Guillén] ............................................................... 296
Manuel Fernández Vilchez / Un gran aporte a la historia
del pensamiento en Nicaragua .......................................... 299
XVIII. ACTIVIDADES
Letzira Sevilla Bolaños / Actividades de la AGHN / 2018 .... 305
JEA / Beatriz Gutiérrez Mueller en Costa Rica .................. 310
XIX. BIBLIOGRAFÍA NACIONAL
Héctor Vargas / 85 títulos de 2018 ..................................... 317
Contenido 7
PRESENTACIÓN
ESTA CUARTA entrega de Acahualinca / Órgano de la Acade-
mia de Geografía e Historia de Nicaragua, se consagra de nuevo a su
objetivo primordial: el estudio y la divulgación de la cultura nacional
en todas sus manifestaciones.
Ahora esta tarea la desarrollan en más de sesenta trabajos —y a
través de diecinueve secciones— los 34 autores siguientes (en orden
alfabético): Blanca Aráuz de Sandino, Jorge Eduardo Arellano,
Franklin Caldera, Róger A. Cerda, Mario Cajina-Vega, Rafael
Casanova Fuertes, Eduard Conzemius, Luciano Cuadra Vega, Luis
Cuadra Cea, Francisco de Asís Fernández, Manuel Fernández Víl-
chez, Jaime Incer Barquero, Roberto Íncer Barquero, Pablo Kraudy
Medina, Ligia Madrigal Mendieta, Ernesto Mejía Sánchez, Guiller-
mo Menocal, María Augusta Montealegre, Beltrán Morales, Róger
Norori Gutiérrez, Miguel Ángel Orthez y Guillén, Enrique Peña
Hernández, Roberto Carlos Pérez, Isolda Rodríguez Rosales, Gui-
llermo Rothschuh Villanueva, Faustino Sáenz, Esteban Sandino,
Letzira Sevilla Bolaños, Fernando Solís Borge, Carlos Tünnermann
Bernheim, Héctor Vargas, Armando Vargas Araya y Armando
Zambrana Fonseca.
En cuanto a las ilustraciones, suman más de 70, muchas de ellas
desconocidas e inéditas.
Proseguimos, pues, siendo fiel a nuestro lema: Investigat, Ex-
truit, Difundit (Investiga, Enseña, Difunde). Porque «un pueblo
que ignora su historia, está condenado a perecer».
Jaime Íncer Barquero
Director
8 Acahualinca
ACAHUALINCA (Cagualinca)
Laguna, sitio y barrio en el extremo noroeste de la ciudad
de Managua; célebre por las huellas fósiles de hombres y
animales prehistóricos. Según [Alfonso Valle], deriva de
acahual, matorral; olín, temblor y can, lugar: «en el tembla-
dero de la maleza».
Carlos Mántica interpreta acahuali-can como «lugar de
los acahuales o girasoles» o también atl-cahualli, «lo que
deja en el agua». En todo caso: las malezas costeras al bajar
el nivel del lago.
[Jaime Íncer: Toponimias indígenas de Nica-
ragua. San José, Costa Rica, Libro Libre,
1985, p. 386].
I. Astronomía 9
I.
Astronomía
desde
Centroamérica
10 Acahualinca
Giuseppe Bertini (1825-1898):
«Galileo Galilei muestra la utilización del telescopio
al duque de Venecia» (fresco)
I. Astronomía 11
VISIÓN ASTRONÓMICA DE
LA AMÉRICA CENTRAL
(Sobre el Manual de Astronomía para centroamericanos.
Managua, Fundación UNO, 2013. 260 p., il. / Colección
Cultural de Centroamérica, Serie Educación, v. 3)
Jaime Íncer Barquero /
Fundador / ANASA
Presidente / AGHN
ESTE MANUAL es un resumen compendiado de los más impor-
tantes conceptos, descubrimientos y avances en el campo de la
Astronomía. Ha sido escrito en forma tal que cualquier persona,
sin especial ilustración en esta ciencia, pueda con facilidad co-
nocerla, entenderla y disfrutarla. Contiene datos actualizados y
relacionados con la posición de Centroamérica.
Originalmente el Manual fue diseñado para asistir a los pro-
fesores de esta disciplina, a nivel de la escuela primaria y secun-
daria, pero resulta igualmente útil y valioso como fuente de
conocimientos y actualización para la divulgación popular de
esta ciencia siempre apasionante.
La Astronomía, hoy en día, está a la cabeza de todas las
ciencias, gracias a los notables hallazgos realizados en la perma-
nente conquista del Espacio. Los descubrimientos han condu-
cido a sorprendentes conocimientos; involucrado a investiga-
dores en todos los campos de la ciencia, con el afán de compren-
der la evolución de la materia y la energía a través de consecu-
tivos fenómenos físico-químicos, cósmicos, geológicos, biológi-
cos, etc. Estas etapas explican la creación y conformación del
universo, su indetenible proceso de organización y diferencia-
ción en multitud de galaxias, estrellas, planetas y seres vivos. De
12 Acahualinca
hecho, nuestra existencia y destino están marcados por todos
estos procesos evolutivos que se originaron, produjeron y con-
tinúan multiplicando en toda la dimensión del espacio y del
tiempo.
El Manual comprende quince capítulos, debidamente ilus-
trados, que abarcan una serie de temas: desde la astronomía
posicional observada en la Tierra, con los descubrimientos más
actualizados sobre el sistema solar y los planetas, hasta los proce-
sos básicos en el espacio profundo que tienen lugar en las estre-
llas, nebulosas y galaxias.
En el Apéndice de esta obra se ilustra el aspecto cambiante
del cielo constelado según se observa en el istmo centroameri-
cano, presentando mapas celestes mensuales, así como otras
indicaciones para observar el paso ocasional de satélites artificia-
les, según las coordenadas geográficas de unas 160 poblaciones
y sitios seleccionados desde Belice hasta Panamá, de manera
especial el tránsito de la Estación Espacial Internacional, del
Telescopio Espacial Hubble y los súbitos destellos brillantes de
los satélites Iridum que con frecuencia se desplazan por el cielo
nocturno de nuestras latitudes.
Comprender los movimientos de los astros ejercita la mente
del observador, mientras la contemplación y estudio del univer-
so resulta en la más fascinante y mayor aventura que nos ofrece
la ciencia moderna.
A la orilla del abismo misterioso de lo Eterno / el inmenso
Sagitario no se cansa de flechar; / lo sustenta el frío Polo,
lo corona el blanco Invierno, / y le cubre los riñones el
vellón azul del mar.
Rubén Darío («Año Nuevo», 1894)
I. Astronomía 13
UN COMPENDIO PIONERO, ÚNICO Y ÚTIL
Faustino Sáenz
ESCRITO POR nuestro mayor científico, doctor Jaime Íncer
Barquero, este compendio es el primero que sobre la ciencia
astronómica se divulga en el área centroamericana. El texto
revela una redacción sencilla que facilita su comprensión y dis-
frute no sólo por profesores y alumnos, sino por cualquier perso-
na dispuesta a contemplar, paciente y constantemente, la bóve-
da celeste. Así, durante más de 60 años, lo ha practicado Íncer
Barquero, miembro fundador de la Asociación Nicaragüense de
Astrónomos Aficionados (ANASA) y director del Observatorio
Neil Armstrong, en la Escuela Pierre y Marie Curie, ubicado en
Las Colinas.
En sus 260 páginas, el Manual contiene más de 400 imáge-
nes ilustradas en relación a la posición de Nicaragua y países
vecinos, entre ellos mapas del cielo estrellado correspondientes
a cada mes del año. También presenta fotografías de la NASA
(National Aeronautics and Space Administration), tomadas a
través del Telescopio Espacial Hubble, de los satélites que gra-
vitan alrededor de los planetas o sus lunas y de los vehículos
robotizados que han escudriñado las superficies de los planetas
como Mercurio, Venus y Marte, gracias a los notables avances
de la tecnología espacial.
Aparte de diagramas y tablas comparativas, se describen los
pasos y trayectorias nocturnas en el cielo estrellado de los prin-
cipales vehículos que gravitan alrededor de la Tierra, incluyen-
do la Estación Espacial Internacional, el mismo Telescopio
Hubble y los destellos de los satélites Iridium, que con frecuencia
cruzan los cielos del Istmo. Para su identificación, se agrega una
tabla con las coordenadas geográficas de 150 ciudades distribui-
14 Acahualinca
das desde Guatemala hasta Panamá.
Además, esta obra —única y útil— ofrece grabados alusivos
a la historia de la Astronomía, a la conquista del espacio y a
pinturas de los más celebrados astrónomos: desde Aristarco de
Samos hasta Isaac Newton y Edmund Halley. De hecho, en su
portada figura Galileo Galilei observando el cielo con un Tele-
scopio.
Una curiosa dedicatoria a las estrellas de la constelación
familiar del autor precede el contenido de su excelente y nove-
doso Manual: Velia (la esposa), Ariadna, Berenice, Estefanía,
Eugenia y Valeria (sus cinco hijas), Paulina, Bayardo, Andrea,
Alexa y Andrés (sus cinco nietos).
Jaime Íncer Barquero
en su biblioteca-estudio
II. Historia 15
II.
Historia
16 Acahualinca
Desiderio H. Xochitiotzin: «La religion cristiana y los indios».
Mural en el Palacio de Gobierno de Tlaxcala
II. Historia 17
SINCRETISMO INICIAL DE LA CONQUISTA
Ligia Madrigal Mendieta
Docente-investigadora
UNAN-Managua
y tesorera de la AGHN
LA CONQUISTA implicó, en esencia, el mestizaje o hibrida-
ción racial gestado en Nicaragua a partir de 1523. Primero entre
españoles e indígenas y, eventualmente, cono el agregado del
negro africano. Pero también aconteció un sincretismo de for-
mas culturales por la proximidad de la convivencia entre géne-
ros étnicos diferentes provocada por esta dominación.
El bautizo como mecanismo de sometimiento
Gil González Dávila reportó el bautizo de más de nueve mil
indígenas en la región del istmo de Rivas. Gesto que el conquis-
tador no comprendió en toda su dimensión, pues es difícil supo-
ner que los indígenas habrían entendido, inmediatamente, el
mensaje religioso de conversión. Ello implicaba la aceptación, la
sumisión y el olvido inmediato de sus creencias y lealtades.
El bautismo era el instrumento con el que los españoles pre-
tendían forzar al aborigen a la sumisión y conversión religiosa,
pero sería un acto formal, dado que los españoles no estaban en
disposición de saber que su pensamiento religioso era la base de
la identidad colectiva primitiva. Una virtud vital de nuestra
sociedad aborigen, concediendo a la religión un peso conside-
rable para la organización y dirección de las actividades produc-
tivas, a lo cual no renunciaría fácilmente. González Dávila ano-
taba: en dos o tres días que se les habló en las cosas de Dios, bino [sic]
a querer ser cristianos el y todos sus yndios e mugeres, en que se
babtizaron en un día 9,017 ánimas chicas y grandes y con tanta
18 Acahualinca
voluntad y tanta atención.1
A pesar de esto, es posible creer que le eran tan importantes
sus preceptos religiosos, que la fe impuesta por los españoles no
le haría olvidarse de su religión. Así, el acto colectivo que con-
signa el conquistador solo sería un acto formal o una estrategia
del cacique. El reporte de semejante cantidad de bautizados le
era necesario al conquistador como requisito para avalar sus
derechos de conquista, pues implicaba que en el territorio exis-
tían una cantidad apreciable de nuevos súbditos, con lo que
aseguraba la soberanía real y, para esto, solo era necesario el
bautismo de aquella población.
El suceso disgustaría a Pedrarias Dávila, quien envió al mer-
cedario Francisco Bobadilla para examinar el nivel de asimila-
ción de los indígenas a la nueva religión. Oviedo comenta que
Pedrarias quiso haçer una probança por donde constas se que era
burla é que aquellos no eran chripstiano [...] muy raros é poquissimos
son los indios que se pueden decir chripstianos de los que toman el
baptismo en la edad adolscente ó desde arriba.2 El extenso interro-
gatorio que aplicó a algunos indios expresaba toda la vitalidad de
su cosmogonía, creencias religiosas, etc., mostrando que el acto
formal del bautismo no garantizaba mayor cosa.
Es importante indicar que, a pesar del sistemático trabajo
que la Iglesia desarrolló con la predicación religiosa, el indígena
sostuvo la validez de sus elementos identitarios, esto es lealtad a
sus dioses, costumbres y rituales vinculados a su religión y otros.
Esto habría de combinarlo con los elementos culturales españo-
1 Manuel de Peralta, comp.: «El Capitán Gil González Dávila á S.
M. el Emperador Carlos V, Rey de España, sobre su expedición á
Nicaragua. Santo Domingo, 6 de marzo de 1524», en Costa Rica,
Nicaragua y Panamá. Historia de sus límites. Madrid, Librería de M.
Murillo, 1883, p. 11.
2 Gonzalo Fernández de Oviedo: Nicaragua en los cronistas de Indias.
Managua, Fondo de Promoción Cultural Banco de América, 1976,
p. 311.
II. Historia 19
les que fue «aprendiendo» en la medida que fue asimilando la
enseñanza religiosa.
Los indígenas apreciaron a los españoles como «gente nue-
va» según indica Mártir de Anglería, igual que los perros y caba-
llos fueron una novedad muy trágica, junto a las armas (espadas,
arcabuces y otros) que conocieron muy crudamente, sin tener
acceso al uso de alguno. El único contacto directo que hubo
entre indígenas y españoles fue a través de la predicación religio-
sa y por necesidad de los españoles de contar con apoyo para la
conquista restante.
Asimilación recíproca de gestos y usos
Cuando Francisco Hernández de Córdoba llegó al territorio
de Nicaragua (1524) fue inevitable el inicio de un proceso de
socialización más firme donde unos y otros «aprendieron» rasgos
de la cultura ajena. A pesar de la coerción que impuso la conquis-
ta como por esa persistencia de las formas culturales que sostuvo
el indígena pues no podía renunciar inmediatamente a estas y
que el español debió «aprender».
De manera que la socialización de elementos culturales que
diera paso al sincretismo inicial, esto es la asimilación recíproca
de gestos, usos y otros; entre españoles e indios. Españoles e
indígenas correspondían a dos grupos étnicos diferentes que en
la forzada convivencia se apreciaron desde sus propios univer-
sos culturales y asumieron aquellos gestos y usos, unos —los
indígenas— por la vía de la coerción; en cambio, los españoles
lo hicieron por necesidad de sobrevivir en un territorio extra-
ño.
En vista que la conquista concentró su interés en la región
del Pacífico donde se concentraban la mayor cantidad de pobla-
ción, donde habitaban Chorotegas y Nicaraos y eran ejecutores
de un universo cultural específico y dominante con más simili-
tudes que diferencias por razón de sus orígenes mesoamericanos.
Samuel K. Lothrop indica: parece que en Nicaragua hubo dos
20 Acahualinca
propagadores de la cultura, los nicaraos y los chorotegas,3 en cuyo
universo se basan todas las observaciones de los escritos españo-
les.
Enseñanza del castellano
Esto refiere la cultura material, pero también a elementos
intangibles que la componen, de lo cual debe concluirse que la
mayor parte de las formas culturales que subsistieron en este
proceso de aprendizaje, fueron mesoamericanas y son las que
aún se deja ver. Otro elemento notable es la lengua que sufrió
cambios inmediatos, especialmente cuando se ordenó enseñar
al indígena el idioma español para facilitar el trabajo de conver-
sión religiosa. Una cédula real del 7 de junio de 1550 mandaba
procurar que essas gentes sean enseñados en nuestra lengua castella-
na [...] porque por esta via con más facilidad podrán entender y ser
doctrinados en las cossas de la rreligion cristiana.4
La enseñanza del castellano había comenzado con irregula-
ridad desde antes de la cédula mencionada, obedeciendo a las
necesidades naturales de comunicación y al proceso de indoctri-
nación emprendida por la Iglesia. En efecto, Diego Álvarez Osorio
—primer obispo de Nicaragua— recurrió a tres despabilados
niños indígenas (Perico, Gorgico y Dieguito) bilingües. Ellos
hablaban español al igual que, respectivamente, las lenguas in-
dígenas: nahuate, mangue y chontal. Con ellos, y el auxilio de
la música (pues a los tres les había enseñado a tocar varios ins-
trumentos), Álvarez Osorio inició la castellanización en la pro-
3 Samuel K. Lothrop: «Las culturas indígenas pre-hispánicas de
Nicaragua y Costa Rica», en Culturas indígenas de Nicaragua. Tomo
I. Managua, Hispamer, 1998, p. 58.
4 Andrés Vega Bolaños, comp.: «Real Cédula, expedida en Valla-
dolid el 7 de junio de 1550, ordenando al Padre Provincial de la
Orden de Santo Domingo que los religiosos se ocupasen de ense-
ñar a los indios la lengua castellana», en Documentos para la Histo-
ria de Nicaragua. DCCCXXIII. Tomo XVII. Madrid, 1955.
II. Historia 21
vincia.5 Así se establecieron las bases para la reelaboración de un
nuevo idioma muy mal construido y defectuoso como sugiere
Francisco Pérez Estrada.
El aprendizaje del idioma español involucró una evidente
deformación ideológica y pésima asimilación de representacio-
nes e imágenes en todo el complejo neológico; además de la mala
pronunciación del idioma español, baste indicar la figura de
Dios que fue el «Teotle» indígena. En el texto de La Loga del
Niño Dios, se lee Porque yo no soy inracioná / Ni tampoco gindio
cualquiera /Lo sé las letras gablá /Yo los leyé las cartillas /Bastante
lo sé rezá / Sabo muy bien el vendito / La salvilla y los evegolo no má
/ Tan bien sabo el pagre nuestro / Y bien me sé persiñá.6 Es evidente
la original pronunciación del idioma español, pero además se
puede notar el manejo ya aprendido de elementos culturales
propios de la religión que fue el instrumento básico a través del
cual lograron conminar al indio a su aprendizaje. Lo que deja en
evidencia el proceso de sincretismo ya encaminado.
Intercambio forzado para la supervivencia
En la medida que la convivencia se fue afirmando los cronis-
tas españoles fueron percibiendo una variada realidad cultural
que empezaron a asimilar junto a los soldados de la conquista.
Poco a poco fueron encontrándose con la necesidad de apren-
der las diversas manifestaciones del complejo cultural indígena
ya fuera para reparar sus armas como para conseguir alimentos.
Eugenia Ibarra Rojas expresa: en 1523 Gil Gonzáles y sus hombres
tuvieron que elaborar escudos (adargas) de algodón de la tierra y
usarlos en lugar de los de cuero originales, los cuales se habían perdido
en la batalla con el cacique Diriangén. Las armas cambian de materia
5 Jorge Eduardo Arellano: «La enseñanza en la provincia española
de Nicaragua». Revista de la Academia de Geografía e Historia, tomo
70, noviembre, 2010, p. 118.
6 Pablo Antonio Cuadra / Francisco Pérez Estrada, comps.: Muestra-
rio del folklore nicaragüense. Managua, Fundación UNO, 2005, p. 14.
22 Acahualinca
prima pero no en sus funciones.7
Esta autora sugiere, igualmente, que en los primeros años
habría ocurrido una «hibridación cultural laboral», en lo cual los
indígenas aprendieron nuevos oficios como la construcción de
casas, barcos y otros. Agrega también que los españoles estarían
experimentando ese fenómeno, referido a la adaptación de los
españoles a una alimentación ‘de la tierra’, por las limitaciones para
adquirir alimentos europeos, tenían que construir sus viviendas con
materiales autóctonos.8
Estas muestras preliminares de sincretismo fueron más allá
en poco tiempo cuando se enfrentaron a la falta de alimentos
que fueran propios de su dieta, a pesar de la introducción de
semillas y ganados de la península ibérica, pues las semillas no
progresaron por diferencias del clima. El medio geográfico impo-
nía sus propias condiciones en medio de la convivencia forzada
que habían provocado los mismos españoles y así estos debieron
empezar a conocer las virtudes naturales, recursos que ofrecía
para la alimentación y otros aspectos.
Debieron recurrir a la dieta indígena que les ofrecía alimen-
tos en base al maíz que se producía en grandes cantidades, para
esto fue importante el preliminar inventario de bienes naturales
que elaborara Gonzalo Fernández de Oviedo.9 Ese inventario
7 Eugenia Ibarra R.: Fronteras étnicas en la conquista de Nicaragua y
Nicoya. Entre la solidaridad y el conflicto. 800 d.C.-1524. Edit. Uni-
versidad de Costa Rica, 2001, p. 107.
8 Eugenia Ibarra R.: Fronteras étnicas en la conquista de Nicaragua, op.
cit., p. 108.
9 Fernández de Oviedo describe: es fertilissima de mahiçales é legum-
bres; de fésoles de diversas maneras; de fructas; de mucho cacao [...]
Hay mucha copia de miel é çeras, é mucha montería de puercos é venados
é otras salvaginas é conexos é otros animales, é muchas é buenas pesque-
rías, assi de la mar como de los ríos é lagunas: mucha abundancia de
algodón. Gonzalo Fernández de Oviedo: Nicaragua en los cronistas
de Indias. Managua, Banco de América, 1976, p. 304.
II. Historia 23
de bienes con que eventualmente aprendieron a elaborar sus
propios alimentos o variar la elaboración los alimentos indígenas
que conoció.
La decisión de los españoles por quedarse los llevó a some-
terse a ese proceso de intercambio cultural en el que cada grupo
debió asumir la experiencia cultural del otro, unos para sobrevi-
vir, otros adaptarse al nuevo estado de sumisión que vivían. Esta
primera fase del sincretismo temprano presenta un saldo favora-
ble al español en que estos habrían utilizado la coerción sobre el
indígena utilizando sus implementos culturales, especialmente
el religioso y las formas particulares del poder.
Con todo el intercambio cultural fue inevitable pues la cons-
trucción de las ciudades españolas requirió del esfuerzo laboral
indígena que debió aprender nuevas técnicas constructivas y
nuevas formas de ordenamiento espacial, mientras el español
aprovechaba la producción de alimentos y el uso de recursos que
ofrecía el territorio y población.
Ligia Madrigal Mendieta
24 Acahualinca
SÍNTESIS HISTÓRICA-POLÍTICA
DE NICARAGUA
Jorge Eduardo Arellano
CUANDO NACIÓ el 15 de septiembre de 1821 como entidad
política independiente, Nicaragua tenía apenas —sin incluir su
región del Caribe— unos 115 mil habitantes. Entonces pertene-
cía al Reino Capitanía General y Audiencia de Guatemala —con
otras cinco provincias coloniales— desde la implantación del
dominio español a principios del siglo XVI.
La rebelión criolla de 1811-12
Mas, a finales del XVII y más aún del XVIII, había surgido
entre los criollos (hijos de españoles nacidos en las tierras ultra-
marinas) una conciencia de americanidad que entraría en con-
flicto con la burocracia peninsular. En este contexto, a raíz de la
invasión francesa a España y captura de Fernando VII, los crio-
llos granadinos encabezaron la rebelión insurgente de 1811-12
que tuvo un fuerte apoyo popular. No detallaré los hechos, salvo
que enfrentaron a las tropas del rey el 21 de abril de 1812.
Sus consecuencias fueron 16 sentenciados a muerte, 9 a
presidio perpetuo y 133 a presidio temporal; en total: 158
condenados. Los «cabezas de la insurrección» se remitieron
a Cádiz para cumplir sus condenas en el Castillo de San Se-
bastián (fortaleza erigida sobre unas rocas internadas en el
mar) y algunos de ellos perecieron allí; los demás salieron
libres por un decreto real de Fernando VII. Ellos no preten-
dían una separación política de España: deseaban que la so-
beranía recayera en los ayuntamientos mientras el rey estu-
viera ausente.
II. Historia 25
Anexión a México e independencia absoluta
Diez años después, el 5 de enero de 1822, Nicaragua fue
incorporada al Imperio de Agustín de Iturbide en México. El 1ro
de julio de 1823 —con los embrionarios Estados de Guatemala,
El Salvador, Honduras y Costa Rica— se independizó en forma
absoluta de toda potencia del Viejo y Nuevo Mundo; y el 22 de
noviembre de 1824 —de acuerdo con la Constitución emitida
en esa fecha— integraría la Federación Centroamericana que
duró tres lustros. Nicaragua fue el primero en disgregarse de la
Federación el 30 de abril de 1838.
En menos de cuatro años los habitantes del territorio del
istmo centroamericano fueron súbditos de los reyes de España,
ciudadanos independientes de esa potencia europea en crisis,
miembros del efímero imperio mexicano y ciudadanos tanto de
la Federación como de cada uno de los cinco Estados.
Frustración republicana
Desde entonces, la inestabilidad política y el desbarajuste
económico condujeron a una frustración traducida —de 1824
a 1854— en 39 Jefes de Estado, entre titulares, accidentales e
interinos. Así la turbulencia anárquica se inició con la guerra
civil de 1824 entre sacasistas y ordoñistas que, por citar uno de
sus desastres, dejó en León más de novecientas casas arrasadas
por el fuego y desató tanto el resentimiento social antinobiliario
como el saqueo y la expropiación como botín político.
En medio de las continuas guerras intestinas —vinculadas o no
a las morazánicas de la región—, la agresiva presencia de los inte-
reses británicos y el naciente poderío norteamericano, podría apli-
carse a la realidad el testimonio de Manuel José Arce electo primer
presidente de Centroamérica, tras pacificar nuestro Estado con un
ejército enviado desde Guatemala por las autoridades federales.
«Nicaragua ya no existe [...] Hoy es un país destrozado por el
encarnizamiento más atroz, donde han fijado su trono los asesinatos,
26 Acahualinca
los robos y las violaciones de toda especie. Se ve regado de escombros
y más que por hombres, es habitado por fieras que han amontonado
un estupendo desorden».
Guerra nacional antifilibustera
Esta situación culminaría en 1854, año de la más intensa
pugna de las virtuales ciudades-Estados de León y Granada que
facilitó la intrusión del expansionismo esclavista y filibustero de
los Estados Unidos. Fue nuestra guerra nacional antifilibustera
—de 1855 a 1857— que hizo posible brotar con fuego el senti-
miento patrio. No en vano nuestro pueblo, con los aportes bé-
licos de los vecinos centroamericanos, combatieron a los inva-
sores, cuyas fuerzas sumaron más de cinco mil hombres.
La de los Aliados fueron dieciocho mil y un tercio de ellos
falleció en combate y por enfermedades. William Walker pre-
tendía incorporar Centroamérica a un imperio esclavista conce-
bido por el Sur de los Estados Unidos y su lema era: Five or none
(Cinco o ninguno).
Consenso patriarcal
Tras un consenso entre las élites —con el predominio de la
granadina—, se estableció un proceso de consolidación republi-
cana. Además de gobernabilidad (cada cuatro años se sucedie-
ron seis presidentes), se ejecutaron importantes obras de progre-
so infraestructurales y culturales, se instauraron una plena liber-
tad de prensa y el pluralismo ideológico, surgieron los primeros
bancos y monedas, y el país —reactivado económicamente—
llegó a insertarse en el mercado capitalista mundial.
Nicaragua tenía entonces que insertarse en el mercado ca-
pitalista mundial. Nicaragua tenía entonces un poco menos de
300 mil habitantes y era regida por la constitución de 1858, la
de mayor vigencia hasta ahora: 35 años. Aldo Díaz Lacayo ha
reconocido que durante este periodo —mal llamado «Los 30
años conservadores»— «Nicaragua emergió altiva, con plena
II. Historia 27
conciencia de su dignidad y orgullosa de su desempeño como
nacionalidad.»
Zelaya y la pax americana
Pero el patriciado gobernante granadinidista no pudo apa-
gar el localismo. Bastó la reelección de un presidente leonés para
encenderse una guerra civil en 1893 que engendraría a un dic-
tador de temple: José Santos Zelaya. Diecisiete años duró este en
el poder hasta que otra guerra civil y la primera intervención
militar de los Estados Unidos en 1912 consolidó durante diecio-
cho años una pax americana.
La segunda intervención militar de la misma potencia termi-
naría con el conservatismo yanquista (calificado de vendepatria)
y lo suplantaría en el poder con el mandatario liberal José María
Moncada, quien afirmó: «Las guerras las preparan los intelectuales,
las pelean los generales, las ganan los políticos: así mi presidencia es
tres veces mía». Él era las tres cosas.
El somocismo y la rps
A raíz de su retiro el 1ro de enero de 1933, la llamada ocu-
pación norteamericana dejó como herencia la Guardia Nacio-
nal que el civil Anastasio Somoza García —quinto jefe y director
y primer nicaragüense de esa institución— distorsionaría su
apoliticidad original para sustentar su poder político, o sea: el
somocismo. Propulsor de la expansión económica y estatal en
los años 40, dinástico a partir de 1956, fortalecido con el desa-
rrollo dependiente de los años 60 y descaradamente corrupto en
los 70, el somocismo concluiría en 1979, después de 42 años.
Durante otros diez se desarrolló la revolución popular san-
dinista con su protagonismo mundial y etapas de euforia, dete-
rioro y extinción tras la caída del socialismo real y la «centroame-
ricanización» de Esquipulas II. Como se sabe, tres gobiernos
neoliberales le sucedieron y, desde 2007, el actual.
[Artes y Letras / El Nuevo Diario, 22 de julio, 2018]
28 Acahualinca
CUBANOS WALKERISTAS EN NICARAGUA
Letzira Sevilla Bolaños
Armando Vargas Araya (Puntarenas, 1946) es escritor e
historiador costarricense. Ha sido galardonado con el Pre-
mio Nacional de Historia Cleto González Víquez. Es pre-
sidente de la Academia Morista Costarricense, miembro
de número de la Academia de Geografía e Historia de
Costa Rica y miembro correspondiente de la Real Acade-
mia Española, la Academia de la Historia de Cuba y la
Academia de Geografía e Historia de Nicaragua. En el
Gobierno de la República, fue el primer ministro de Infor-
mación y Comunicación; ha sido miembro de número de la
Academia Costarricense de la Lengua y ha cumplido res-
ponsabilidades culturales como embajador en misión espe-
cial en Argentina, Cuba y El Salvador. Su obra más recien-
te es Juan Rafael Mora y la Guerra Patria. Costa Rica versus
el expansionismo esclavista de Estados Unidos, 1850-1860 (La
Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 2017). Cuenta
con 28 títulos publicados —17 de su autoría, cinco en
coautoría y seis como editor—. La editorial de la Univer-
sidad Estatal a Distancia (EUNED) tiene en prensa su obra
«Rubén Darío y José Martí: fervor de Costa Rica».
HABLAR DE William Walker en Nicaragua y en Centroamé-
rica es equivalente a aludir al nuevo conquistador, que esta vez
no venía de Europa, sino que surgió de la propia América en
busca de construir un gran imperio, al mejor estilo del romano.
«Ansiosamente aguardamos que Cuba sea parte de la Unión
(Americana) [...] El Golfo [de México] será el centro del comercio
más rico que el que podría jamás presumir el Mediterráneo; Nueva
II. Historia 29
Orleans será la Alejandría y Habana la Constantinopla de nuestro
imperio, mucho más poderoso y extenso que el romano», escribió
Walker en The Daily Crescent de Nueva Orleans.
En nuestro país lo más estudiado sobre este personaje cono-
cido como «El predestinado de los ojos grises», por considerarse
designado por Dios para «civilizar» estas tierras, se centra en
episodios concretos: la quema de Granada, su ascenso a la presi-
dencia y la derrota de sus filibusteros en la batalla de San Jacinto.
Sin embargo, muy poco se ha dicho de que el interés de
Walker en Nicaragua era nimio, al fin y al cabo era para él como
la puerta que le abriría paso a conquistas más grandes como la de
liberar a Cuba de la monarquía española.
Fue en ese afán ambicioso que pactó un contrato con el
cubano Domingo Goicuría, quien envió a Nicaragua a 50 hom-
bres integrados en una falange filibustera compuesta por 250 en
total. De este hecho da cuenta el doctor Jorge Eduardo Arellano
en su artículo «Nicaragua y Cuba, planes pilotos de Walker y
Goicouría», publicado en 2009.
Asimismo, el historiador costarricense Armando Vargas Araya
30 Acahualinca
se ocupó del tema en una investigación publicada en el tomo 82
de la Revista de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua,
bajo el título «La brigada cubana del expansionismo esclavista
en Nicaragua».
«Suman casi 50 los reclutas y oficiales de una Brigada Cuba-
na quienes compartirán las responsabilidades de la guerra con
que Walker aumenta los duelos, las lágrimas y las ruinas de Ni-
caragua. A pocas semanas de su arribo, procedentes de Estados
Unidos, los aventureros antillanos pelearán contra las Fuerzas
Armadas de Costa Rica, además dirigirán el periódico de propa-
ganda filibustera, marcarán con una cruenta estela su paso por
Chontales, integrarán la llamada Guardia presidencial walkeris-
ta...», escribe el doctor Vargas Araya en su investigación.
Definitivamente, tan solo 50 cubanos fueron suficientes para
convertirse en los favoritos de Walker y sus principales aliados,
gracias a que Goicuría, un personaje que hizo baño de sangre en
Chontales, funcionaba como un agente diplomático para asun-
tos económicos, pues se encargaba de solicitar los empréstitos
que el líder filibustero pedía para llevar a cabo sus conquistas.
El historiador conversó con El Nuevo Diario sobre diversos
aspectos de la participación de los cubanos al lado de Walker.
¿Qué motivó a los cubanos a unirse a la falange de Walker?
¿Quién fue el intermediario?
Muchos cubanos bregaban por independizarse del Imperio
Colonial Español. Unos querían ser República, otros anexarse a
la Unión Americana. Unos favorecían la esclavitud, otros lu-
chaban por su abolición. Geopolíticamente, la invasión militar
del expansionismo esclavista a Centroamérica fue valorada po-
sitivamente por los anexionistas. Hubo un acuerdo entre Do-
mingo Goicuría y William Walker, intermediado por el austro-
húngaro Luis Schlesinger y el cubanoamericano Francisco Ale-
jandro Lainé.
¿Cómo podría definir la ambición de Walker al querer hacer
II. Historia 31
una especie de réplica del Imperio Romano?
El minúsculo narcisista soñaba en grande con llegar a ser un
Julio César o un Napoleón Bonaparte. «Vinimos [a Centroamé-
rica] como columna de vanguardia de la civilización america-
na», dijo en Rivas: «Nuestra misión se extiende más allá de los
límites de la visión ordinaria y abarca tal vez la redención y
civilización apropiada de toda la América española». Mínimo,
comandar un imperio militar esclavista desde el estrecho de
Panamá hasta el estrecho de Tehuantepec, con la península de
Yucatán incluida, más Cuba y la isla Española.
¿Qué rol jugó Goicuría?
Goicuría fue el segundo jefe militar de la llamada Falange
Americana. Ensangrentó Chontales en dos veces malhadadas
excursiones punitivas, recomendó separar de Roma a la Iglesia
nicaragüense, suya fue la idea de elegir Presidente de Nicaragua
al cabecilla invasor con esta argucia: «Como en todas las repú-
blicas hispanoamericanas, una espada es la que debe mandar
aquí». En la ceremonia de toma de posesión de la Presidencia,
el 12 de julio de 1856, ondearon juntas las banderas de Nicara-
32 Acahualinca
gua, Estados Unidos, Francia y el pabellón de «la Estrella Soli-
taria de Cuba».
¿Cuál fue el trato entre Walker y los cubanos?
Fue un toma y daca: los cubanos ayudan a conquistar Cen-
troamérica y luego los ayudaremos a independizarse de España.
El embajador español Facundo Goñi reportó a Madrid que «pro-
claman públicamente en Granada su pensamiento de afirmarse
en Centroamérica para emprender después sus ataques contra la
isla de Cuba, y aun extenderlos después a México y en el porve-
nir a las demás repúblicas hispanoamericanas, según la doctrina
de Monroe, y en cumplimiento del destino manifiesto».
¿Por qué Walker hizo a los cubanos su «guardia pretoriana»?
Los cubanos eran bilingües en su mayoría. Demostraron labia
para entenderse con los nacionales. Se regodeaban con la pre-
sencia del cabecilla invasor en sus banquetes, cenas y otras fies-
tas. Se entregaban ilusionados a la causa del expansionismo fi-
libustero. En el fondo, eran despreciados por el cabecilla de los
invasores de Centroamérica que escribió: «Los [cubanos] son
menos aptos para la obra verdadera de la revolución que los
robustos hijos del Norte, cuya fantasía no huye de la tumba ni de
las cosas que la rodean».
¿Cómo entró en escena Lainé? ¿En realidad fue amante de
Walker?
Lainé llegó a Nicaragua como agente de Goicuría y se quedó.
A sus 32 años, fue nombrado ayudante personal del cabecilla
invasor, con rango de teniente coronel. Dicen que era apuesto
y hasta guapo. Su jefe no solo lo apreció, sino que lo llegó a querer
con pasión. Los guatemaltecos lo fusilaron como traidor y su
patrón, andrógino de voz aflautada, entró en duelo.
Según un texto publicado por el doctor Jorge Eduardo Arella-
no, Goicuría llegó a instaurarse como gobernador en Granada,
¿en qué circunstancias se dio?
II. Historia 33
En un momento de la guerra, el cabecilla invasor se trasladó
a Rivas. Su lugarteniente Goicuría quedó al mando en Granada
y se hizo organizar un desfile militar en honor suyo. Recuérdense
las palabras de Rubén Darío sobre los rifleros del expansionismo
esclavista que «sembraron el espanto en Granada. Sus tiradores
cazaban nicaragüenses como quien caza venados o conejos».
¿Cuál es la trascendencia de la batalla contra los costarricen-
ses?
En sus nueve meses de residencia en Costa Rica, Rubén
Darío escribió sobre la Guerra Patria Centroamericana, «cuan-
do se echó al bucanero de rifle y bota, como a una fiera invasora».
Las otras cuatro repúblicas «acudieron en ayuda de Nicaragua,
con apoyo de todos y muy especialmente de Costa Rica». A
juicio suyo, esa fue su «segunda independencia, cuando se vio
libre de la ocupación del filibustero yanqui». Aún más, «la defen-
sa contra el famoso yanqui ha quedado como una de las páginas
más brillantes de la historia solidaria de las cinco repúblicas cen-
troamericanas».
¿Qué sucede con la alianza entre Walker y Goicuría?
El cabecilla invasor y Goicuría eran dos mandones de marca
mayor, dos egos hinchados. El cubano se atrevió a darle consejos
y enmendarle la plana al otro. Y cayó en desgracia. «Barbablan-
ca», así lo apodaban los nicas, explicó: «Nicaragua era para mí un
objeto secundario, un simple escalón para subir a Cuba. Mi primer
y principal objetivo es Cuba. Mi corazón, mi sangre y mi fortuna
pertenecen a la causa cubana». Si los celos son más terribles en la
política que en el amor, las rupturas entre los actores políticos
suelen ser más desgarradoras que entre las parejas. Y exclamó:
«Ya se acabó el ahijado por quien éramos compadres». El diario
New York Times le recordó que cuando dos montan en un caba-
llo, es fuerza que uno vaya en las ancas.
[Artes y Letras / El Nuevo Diario, 16 de septiembre, 2018]
34 Acahualinca
NUESTRA HERENCIA ANTIDEMOCRÁTICA
JEA
LA CULTURA política nicaragüense, según sus estudiosos, se
remonta a la herencia «pedrarista» del siglo XVI. Mejor dicho:
al autoritarismo, el desprecio a la ley, el nepotismo, la mentira
como instrumento político, la utilización del Estado para enri-
quecer a unos pocos, la plutocracia, el sectarismo y el poder de
la Iglesia. Algunos no están de acuerdo con este planteamiento
y establecen su origen a inicios del XIX. En realidad, Pedrarias
encarnaba el autoritarismo español marcado por la sociedad
guerrera del medioevo y la codicia moderna de signo capitalis-
ta.
Fue José Coronel Urtecho quien, en los primeros años trein-
ta, reconoció a Pedrarias, primer gobernador de la provincia
española, como «el símbolo máximo de los pecados de la con-
quista y aún de nuestros propios pecados políticos, económicos
y sociales». Coronel Urtecho fue más explícito en su prólogo al
poemario El estrecho dudoso (1967) de Ernesto Cardenal al sos-
tener que Pedrarias «el verdadero fundador del país», al que le
imprimió su propia fisonomía; y que los nicaragüenses le debe-
mos «algo de nuestro carácter y manera de ser, como también a
su familia que en cierto modo prefigura la tempestuosa historia
de casi todas nuestras familias principales».
Yo no creo en esa herencia, al contrario de Oscar-René
Vargas. Este señala otros elementos antidemocráticos en nuestra
historia: confrontaciones, intolerancia, exclusiones, baja capa-
cidad de negociación y centralismo, entre otros. Al mismo tiem-
po, en mi investigación sobre Anastasio Somoza García, especi-
fico que seis han sido los elementos predominantes de nuestra
cultura política: 1. La convicción de acceder al poder, cuando
II. Historia 35
lo creyese necesario, por la vía violenta o de las armas y la de
abandonarlo por la misma vía; 2. La nulificación, en el ejercicio
del mismo, de la independencia de los tres poderes del Estado (el
Legislativo y el Judicial, subordinados al Ejecutivo); 3. La ten-
dencia de asegurar colaboradores cómplices, antes que legítimos
competidores, para conservar el gobierno; 4. La aplicación de
métodos represivos a los opositores: encarcelamientos —arbitra-
rios o no—, torturas, turbas coercitivas para neutralizar protestas
o manifestaciones, confinamientos, expulsiones del país, entre
otras; 5. La fachada de un mecanismo electoral legal para obte-
ner legitimidad «democrática» y 6. La instrumentalización del
empleado público por el partido en el poder.
Existen otros elementos que debo tomar en cuenta. Por ejem-
plo, el caudillismo reeleccionista —remontado al general To-
más Martínez en 1863— y la sumisión y dependencia externas,
muy frecuente entre nuestros gobernantes, es decir —en pala-
bras de Donald Castillo— «la búsqueda de un imperio para ga-
rantizar la protección y estabilidad interna del poderoso de tur-
no». También debo citar los sistematizados por Emilio Álvarez
Montalván en su clásica obra pionera. Me refiero a elementos
explicables dentro de una formación social marcada por el sub-
desarrollo: cortoplacismo (o decisiones improvisadas para resol-
ver coyunturas) y nepotismo (presente en todos los gobiernos),
visión mágica de la vida y patrimonialismo caracterizado por la
fusión de lo privado y lo público. En mayo de 1911 declaró el
general Luis Mena, el militar más exitoso de la llamada «revolu-
ción de la Costa» que derrotó a los gobiernos liberales de Zelaya
y Madriz: «El afán de todo grupo político es llegar al poder,
apoderarse del Tesoro y ¡robar!».
Por lo demás, no hay que eludir otro elemento no menos
importante: el arreglismo a través de pactos cíclicos para poner
fin a la guerra fratricida (los de 1856, 1893, 1927, 1979 y 1990),
para buscar una salida electoral bipartidista a los conflictos po-
líticos (1924-1936) y los prebendarios, utilizados por los caudi-
36 Acahualinca
llos para optar a una nueva elección presidencial (1939, 1950,
1971).
Finalmente, Pablo Antonio Cuadra anotó en 1976 la praxis
de los gobernantes que, al conquistar el poder, imponen la parte
(el Partido) al todo (la Nación), suplantándola y transformando
el ejército en brazo armado partidario. Esta herencia —fueron
sus palabras— «impide al nicaragüense superar el estrecho ho-
rizonte del clan, la tribu o el bando. Además y por desgracia, esa
mutilación política del sentimiento del nosotros produce, de
inmediato, un mal funcionamiento de la democracia y una opre-
sión o represión contra el disidente o el opositor que no tarda en
convertirse en guerra civil. Es el dramático circuito que se repite
una y otra vez en el acontecer político nicaragüense».
Tales son los elementos negativos que, pese a la etapa ––ya
abolida–– de nuestra frágil transición democrática iniciada en
1990, todavía perduran en nuestra tercermundista patria, pobre,
pequeña y periférica.
[El Nuevo Diario, 30 de junio, 2018]
Emiliano Chamorro y Anastasio Somoza García
celebrando el «Pacto de los generales», 3 de abril, 1950
II. Historia 37
III.
Poesía
38 Acahualinca
Gloria Gabuardi y Francisco de Asís Fernández
SIMONETTA SURGE de nuevo en el poema: bella, desnuda
y soberana, como en el cuadro de Sandro Boticelli. Nace en el
seno del Egeo, y a la vez del Pacífico, y también del Caribe.
Brota del Lago Cocibolca con su melena prendida de palabras,
Venus nicaragüense, fruto del cielo y de las aguas, transmuta-
ción del tiempo y el espacio por obra de su amante: el poeta.
José Ramón Ripoll
(crítico español)
III. Poesía 39
HOMENAJE A SIMONETTA VESPUCCI
Francisco de Asís Fernández
Mi Dulcinea se llama Simonetta Vespucci
MI DULCINEA se llama Simonetta Vespucci,
ella es mi utopía, la poesía de mis manos,
el documento de mis despertares.
Ella es mi dolor, mi miedo, mi desesperación
mi irracionalidad, mi puesto de mando para entender
/ mis sueños.
Simonetta es mi Axa, mi Fátima y mi Marlén,
mi Sumaya que canta en la noche
y mi molino de viento.
Espigada ella me vence, me rinde a sus pies
que la trajeron a mí para inventar mi mundo
y hacerme pensar en la vida.
Mi ADN tiene la sangre de mi Simonetta Vespucci
Y la luna de flores alimenta la gota de agua
de los ríos que van a dar al mar
y mi Simonetta es mi mar.
Amatista del agua
AMATISTA DEL agua
tú apareces en las líneas de mi mano
sembrando lluvias,
cantando el himno del amor de la Edith Piaf,
llevándome de la mano como un ciego
a la hora mística de la resurrección de mi alma.
Tú eres la esposa de mis sueños
la esmeralda de Notre Dame.
Mi amatista del agua,
40 Acahualinca
mi árbol de la vida sembrado en mis ojos de nieve.
Yo te elegí para que seas mi rosa de los vientos
mi salud de los enfermos
mi torre de marfil
mi perdón de los pecados
y mi vida eterna.
Estoy huyendo de la realidad
EN LA oscuridad, sin una sola gotitita de luz,
mis ojos se voltean para adentro,
estoy huyendo de la realidad,
de las sombras que pasan intimidándome.
Mozart toca más alto la sinfonía concertante
en E flat major para que se me volteen los ojos.
Encuentro mucho desorden.
Tantas mujeres que amé.
Mi corazón está sembrado en un arboreto
junto al corazón de mi padre.
¿Será cierto que los faraones tuvieron naturaleza divina?
Mi Simonetta Vespucci es más divina que humana,
y se me apareció como un rayo de luz.
Y yo estoy convencido de lo que dice mi padre:
solo el amor detiene la violencia del tiempo.
Y me pregunto:
¿Por qué el corazón de mi Simonetta no está sembrado
conmigo en el arboreto?
Dios creó la belleza del capricho
LOS VAGABUNDOS, los artistas, los bohemios,
esas etnias gitanas errantes
que surcan el mundo en sus carromatos,
esos jóvenes vagabundos que no se atan a nada,
que viven en guetos pintando la libertad en su alma.
Dios no creó seres idénticos.
Y creó la belleza y la crueldad, la memoria y el olvido,
III. Poesía 41
la ternura y el vicio de la sangre, el desierto y la lluvia,
y los ángeles de nieve
y creó la belleza del capricho y la diferencia,
de la hormiga, de la jirafa, del león, del tiburón, de la raya,
de la foca, del cóndor, del rinoceronte, de la ballena,
de la jirafa, del lagarto, del tapir;
y millones de millones
de animales idénticos a la exuberancia de la fantasía,
y millones de millones de árboles y flores y frutas
idénticos a los sueños,
y millones de millones de estrellas y planetas
y el lado oscuro de la luna
y ángeles que se esconden en la libertad del infinito.
Tú eres mi paraíso terrenal
CUANDO TE veo yo quiero ser un pájaro
y cantarte canciones dulces para entrar a tu vida.
Quiero asaltar tu corazón para latir con el tuyo.
Si me dijeran que deje mi locura por tus ojos de
Venus Vespucci Angora
daría mi piel con mi sangre de miel y de lluvia.
Le daríamos la vuelta al mundo para acomodar
los sueños: un Ángel congelado que necesita
nuestro aliento,
el demonio, el mundo y la carne te dieron a mí
así como Dios nos dio el Paraíso Terrenal.
Alucinando en mi soledad
ALUCINANDO EN mi soledad
oí que una flor me decía:
«Cuando el mar arrojó los muertos a las costas del
/ infinito
vi cómo florecían las lilas en tus párpados
y sentí cómo mi mano tocó un sueño.
La serpiente, la soledad, los poemas
42 Acahualinca
son autoritarios como el mar en una pintura de
Picasso.»
¿Y por qué me habla una lila en mi soledad?
¿Y por qué me hace feliz un poema que hace florecer lilas
en tu cuerpo?
El mar
CUANDO HAY borrasca y tormenta y las olas del mar
se arrecian violentas unas contra otras,
y el cielo se apaga y deja de existir
y solo quedan las olas vivas enloquecidas
con un rugido sordo, implacables,
queriendo salvar el reino del mar,
y que nadie quede vivo
hasta que vuelva a encenderse el cielo
y yo pueda distinguir los sueños y la realidad.
A la belleza déjala entrar
DÉJALA ENTRAR. A la belleza déjala entrar.
Que no te atemorice la amapola que lleva en sus labios,
ni el relámpago de sus ojos.
Toca su piel para vivir, camina sobre el agua,
Ella va a entrar a tu vida cuando abras los ojos,
cuando la serpiente cambie de piel y llueva sobre el mar.
Hay que abrir el alma y respirar profundo
las corrientes subterráneas, la aurora boreal,
los lagartos del amazonas, el oso blanco y el cenzontle.
No hay que alargar la mano para tocar la belleza.
La belleza te envuelve a ti si abres tu alma.
Nació para ser amada por mí
SOLO ELLA emerge luminosa cuando el cielo se
/ llena de ternura
la magia del verde musgo de la montaña
III. Poesía 43
suelta las aromas del paraíso de su cuerpo.
Yo la tengo cautiva en mis sueños.
Y se confiesa conmigo:
«Nadie se ha sentido tan amada como yo,
soy tus poemas y nací para ser amada por ti
y quedar en la historia de los grandes amores.»
Y yo que soy un tigre de la India que suena
como pájaro le canto una canción para dormirla.
acurrucada en mis brazos.
Rosas fugitivas
SIEMPRE HAY más claridad antes de que anochezca
y puedes ver esconderse a las rosas fugitivas
en la maraña del iris de tus ojos.
El iris guarda versos separados de mi vida
pero unidos a la breña de mi alma y al azafrán.
Seguramente son versos que soñé como
confesión del espíritu
y los ángeles los guardaron amorosamente
en el olvido.
Si ya no me amas
SI YA no me amas,
si nunca me quisiste,
si me hiciste creer una mentira deliciosa,
si te inventé perfecta, inmaculada,
si el sol rotaba en torno a las virtudes que cometíamos,
dime una sola mentira más
para poder acomodar mi muerte junto a tu amor
porque ese sueño me hará morir en tus brazos,
Simonetta Vespucci.
44 Acahualinca
TESTIGOS DE LA CRUCIFIXIÓN
Jorge Eduardo Arellano
ANTE LA violencia fratricida, que ha sumido en dolor
inimaginable a la mayoría de las familias nicaragüenses,
escribí los siguientes poemas que en nuestro ultrasecula-
rizado siglo XXI acaso no tendrán eco.
Pero una fibra religiosa subyace en ellos. Franklin Caldera
los calificó de «profundos y sencillos, además de apropiados
a nuestros días»; y Gloriantonia Henríquez los considera
«hermosos poemas reveladores de una sensibilidad espiritual en
simbiosis con un acucioso conocimiento evangélico». JEA, 23
de junio, 2018.
[1]
Pilatos
NO ENCUENTRO culpa en este hombre
gritó Poncio Pilatos a la estruendosa
multitud. Libera a Barrabás
y crucifica a Jesús, decidió
la vociferante canalla. Y a Jesús
lo vistieron con un manto de grana
y le colocaron una corona de espinosos
sarmientos. ¡Crucifícale!¡Crucifícale!
Pilatos recibió una nota de Prócula, su esposa:
No condenes a este hombre
porque es justo. Deja que ellos lo juzguen
y respondan por su sangre. Y Pilatos
se lavó las manos y entregó a Jesús
III. Poesía 45
diciendo: ¡He aquí al hombre! Y la clamorosa
multitud fanatizada le respondió:
Que caiga su sangre sobre nosotros
y sobre nuestros descendientes.
[2]
La Verónica
CON UN gesto esta mujer
—anónima y silenciosa—
entregó su corazón al Rey de Reyes
en su lento trayecto hacia El Calvario.
Con un gesto esta mujer
—audaz y delicada—
se compadeció del Señor,
ultrajado por la burla,
abofeteado por la maldad,
traicionado por el amigo.
Ella limpió su rostro
de sudor y polvo,
de sangre y escupitajos,
en medio de la turba hostil,
de las temerosas mujeres de Jerusalén,
de los opresores soldados romanos.
Bastó ese gesto
—hijo de la bondad—
para que esta mujer
recibiese la gracia
de grabar en su velo
el divino rostro del Redentor.
46 Acahualinca
[3]
Simón de Cirene
AYUDÓ A llevar el áspero madero
reclutado por el judío perverso.
No fue su acción heroica,
ni meritoria.
Pero el Cirineo
descubrió en aquella piltrafa humana
al Señor de los Señores
y tras su ascenso al Cielo
en cuerpo y alma
lo proclamó
y predicó sus enseñanzas
y lo adoró y alabó
como hoy lo adoran y alaban
en muchas lenguas
millones de hombres
todos los días.
[4]
María ante su Hijo
EN UNA esquina la madre,
ante la carne de su carne,
ante el Hijo del Padre,
con sus ojos ya sin lágrimas,
con su boca ya reseca,
no pronuncia palabra.
Solo
la mira profundamente
y le ofrece
el alma.
Todo lo ha aceptado
porque sabe que en sus ojos de madre
brilla también la mirada del Padre.
III. Poesía 47
[5]
Las mujeres de Jerusalén
MUCHAS MUJERES, ya fuera
de la muralla y deshechas en llanto,
despidieron al Nazareno.
Hijas de Jerusalén, les dijo
en medio de su inmenso dolor:
No lloréis por mí. Llorad
por vosotras y por vuestros hijos.
Y el Ungido anunció a la ciudad
que no quedaría de ella
piedra
sobre
piedra.
[6]
Malco
JESÚS ACABABA de orar
en el Monte de los Olivos,
junto al ojo de agua Cedrón,
cuando los esbirros de Caifás
llegaron a capturarle.
Pedro,
con un espadín, cortó
enfurecido la oreja izquierda
de un gendarme.
Malco
se llamaba. El Maestro, suavemente
sanó la herida y le dijo a Pedro:
El que a hierro mate, a hierro muera.
Y se entregó.
Fuerte y recio,
Malco no olvidaría la dulce,
48 Acahualinca
serena mirada de Jesús. Y más tarde,
ya seguidor suyo en Roma,
tendría el privilegio de leer
las epístolas de San Pablo.
[7]
Pedro
AGUA ARDIENTE brotó
de sus medrosos ojos cuando todo
se había consumado
y tres veces antes de cantar el gallo
a Jesús había negado.
Sin embargo Pedro,
pescador de hombres,
fue la piedra sobre la cual Cristo
edificó su Iglesia
asegurando que las puertas del Infierno
no prevalecerán contra ella.
[8]
Dimas
EL BUEN ladrón debió ser pájaro
de alto vuelo. No por un atraco cualquiera
decidieron crucificarlo. Mas por creer
en la misericordia del Señor
fue al único que aquí en la tierra
le garantizó el Cielo: «te digo que hoy mismo
estarás conmigo en el Paraíso».
[9]
Judas Iscariote
ARREPENTIDO, MORTIFICADO arrojó
lejos de sí las treinta monedas
por entregar al Maestro a sus verdugos.
III. Poesía 49
Otros las recogen para formar
incalculables fortunas. El Iscariote
lo amó. Fue un convencido
de su amorosa doctrina y hubiera
dado la vida por Él
como el mejor de sus discípulos.
Mientras sacrificaban al Redentor
creyó lavar su culpa colgándose
de una higuera: ejemplo que no siguen
quienes a diario imitan su infamia.
Mas la misión del Iscariote
ya estaba escrita. El único
apóstol deslumbrado por el oro
había sido el Escogido.
[10]
Juan y los otros apóstoles
DE LOS otros seguidores del Maestro
solo Juan, el más joven, estuvo
con Él hasta el pie de la cruz, junto
a su madre y María Magdalena.
El discípulo amado también legó
su vigoroso testimonio. Los demás
se ocultaron sometidos por el miedo:
Pedro, Simón, Andrés, Felipe, Mateo,
Tomás, Bartolomé, los dos Santiago,
y Judas Tadeo.
Después se les abrieron
los ojos ante el Mesías resucitado
y se postraron ante Él
cuando ascendió al Cielo.
50 Acahualinca
[11]
María ante el patíbulo
LOS DOS están ahora ante el patíbulo.
A su hijo único los clavos le taladran
las manos y los pies. A ella una espada
de dolor le traspasa el corazón.
José de Arimatea y Nicodemus lo bajan
de la cruz y lo entregan a su madre,
nuestra madre: llena de eterna gracia
y bendita entre todas las mujeres,
a quien pedimos rogar por nosotros
ahora y en la hora de nuestra muerte.
[12]
La Magdalena
MARÍA MAGDALENA de Magdala
permaneció al pie de la cruz
y confió en su amor y perdón.
Sin temer al murmureo de sus excompañeras,
nada ni nadie podía separarla de Jesús.
Ella le acompañó hasta la sepultura
y fue la primera en verlo resurrecto
y habló con sus dos ángeles custodios.
Rabboni, le dijo ella, llorando.
Luminoso, de pie, le dijo Él:
Mujer, no llores. Ve y lleva la noticia
de mi resurrección.
[13]
Anás y Caifás
ANÁS HABÍA sido sumo sacerdote
del Sanedrín y logró heredar el cargo
III. Poesía 51
a su yerno Caifás. Ambos eran astutos
y avaros, insaciables de poder e intrigantes.
Ambos temían que Jesús, con su creciente
popularidad, hiciese cambiar
la perspectiva romana sobre el Sanedrín.
Por eso lo espiaban y calumniaban.
Por eso, con sus paniaguados abyectos,
lo capturaron de noche y concibieron
y ejecutaron su crucifixión.
[14]
El Centurión
EL EVANGELIO de Mateo
no revela el nombre
del alto, erguido, arrogante
jefe de cien hombres armados
al servicio de la imperial Roma
invasora y de su poderoso
César Tiberio.
Solo consigna
que al expirar Jesús el Centurión
exclamó ante su espantada
tropa, mientras acontecía un terremoto:
En verdad, este hombre
era Hijo de Dios.
[15]
Nosotros
NOSOTROS SOMOS también
testigos de la crucifixión
y del inmarcesible mensaje
de nuestro Señor.
En arameo
lo predicó hace más de veinte
52 Acahualinca
siglos, a lo largo de seis
mil kilómetros durante
tres años. Unas trescientas
mil personas lo escucharon
y todavía perdura. Porque
todo en la tierra pasará,
pero su mensaje siempre
durará.
[Managua, 5, 9, 10 y 13 de junio / 2018]
Anthony Van Dyck (1599-1641):
«Crucifixion con la Virgen María, San Juan y
María Magdalena»
III. Poesía 53
IV.
Narrativa
54 Acahualinca
Magda Bello (2017), óleo de Marcelo Ampié.
[Magda es autora del microrrelato «En voz baja»]
IV. Narrativa 55
MINIANTOLOGÍA NICA-MEXICANA
DE MICRORRELATOS
Autores varios
LA BREVEDAD extrema —tan antigua como la sabiduría
popular y la cultura religiosa— fue iniciada en nuestra
América como ficción literaria por el mexicano Julio Torri
(1889-1970). Tras él surgió una tradición que ha tenido no
pocos representantes sorprendentes. Aquí presento una
muestra mínima de aquellos cuentos brevísimos o ultracor-
tos, llamados también microrrelatos, afines a mi gusto per-
sonal y otros de mi autoría, firmados con mi acrónimo JEA
y seudónimos Héctor Vargas, Faustino Sáenz y Hamilton
Vargas. JEA
Fecundidad / Augusto Monterroso
(guatemalteco / mexicano)
HOY ME siento bien: un Balzac. Estoy terminando esta línea
[1972].
El cuento más largo del mundo / Álvaro Gutiérrez
(nicaragüense)
EL MONO bajó del árbol y se erguió para talarlo [1997].
Enamorado / Anónimo
LE PROPUSO matrimonio. Ella no aceptó. Y fueron muy feli-
ces.
56 Acahualinca
Variante del Génesis / Jorge Eduardo Arellano
(nicaragüense)
EN VERDAD, en verdad os digo: Eva no se comió la manzana.
Se tragó la serpiente [2008].
Nalgófilo / Ernesto Mejía Sánchez
(nicaragüense / mexicano)
—¡QUIERO NALGAS! ¡Quiero nalgas! —clamaba el viejo
argentino—. ¡Aunque sean de mujer! [1981].
En voz baja / Magda Bello (nicaragüense)
Y A pesar de tu maldito acoso por cogerme, no has logrado
convertirme en feminista [2017].
Escena conyugal / Luis Felipe Hernández (mexicano)
LANZABA CON presteza, uno tras otro, los cuchillos a su mujer,
quien los recibía con el trapo para secarlos.
Platinum / Róger Fischer (nicaragüense)
EULALIA ERA mi novia, superficial, plástica... Tan plástica
que en un eclipse de luna, se volvió Tarjeta de Crédito [2004].
Diógenes / Michèle Najlis (nicaragüense)
PASÓ LOS largos años de su mísera existencia metido dentro de
un tonel, buscando un hombre. En el instante preciso de su
agonía, reunió con gran dificultad las últimas fuerzas que le
quedaban, y alzó nuevamente su lámpara: por primera vez, los
ojos del filósofo contemplaron un rostro verdaderamente huma-
no: el de una mujer [1988].
La Loba / Héctor Vargas (nicaragüense)
A MIS quince años hice el amor por primera vez con una pros-
tituta. Le decían «La Loba». Desde entonces, paso las noches
IV. Narrativa 57
aullando por ella [1990].
El nombre más corto del planeta / JEA
UN CERTAMEN fue celebrado en Japón para premiar el nom-
bre propio más corto del planeta. Un japonés creyó acreditarse
el galardón. Se llamaba O. Un venezolano también aseguró
merecerlo. Su nombre era Casi O. Pero el nicaragüense Ni-Casi-
O fue el escogido [2015].
Lesbiano / Héctor Vargas (nicaragüense)
TENÍA EL órgano masculino completo, casi normal. Pero no se
creía lo suficiente capaz para enamorar mujeres como macho.
Más bien, tendía a ser macha. Y con ese sentimiento sí podía
enamorarlas. Y lo hacía con frecuencia. Era un lesbiano. Yo
conocí a uno. Francés [1981].
Respuesta de gay / Hamilton Cuadra (nicaragüense)
—NO SEÁS ingrato, Albertico. Dame el número de tu teléfo-
no.
—Es el 71469. Es decir: la mitad de mi delirio, mi delirio
completo y mi posición predilecta [1968].
Salomé, anciana / JEA
YA ANCIANA, Salomé pensaba: tuve sal y amé. Fui de joven
feliz, pro frívola. Ahora soy una desdichada. Me carcome el arrepen-
timiento. No le hubiera obedecido a mi madre. Debí escuchar y seguir
al Deslenguado que clamaba en el desierto y luego al Señor, de quien
el Bautista se consideraba indigno de atar las correas de sus sandalias
[2008].
Un negro en el metro / Inés Arredondo (mexicana)
ESTABA SOLA en una estación del metro de París. Vi que
daban las doce de la noche. Era muy desgraciada. Las lágrimas
58 Acahualinca
comenzaron a correr por mis pupilas. Me miraba con ternura,
queriéndome consolar. Era un negro. Íbamos los dos colgados,
frente a frente, en silencio. Sostuvo sus ojos fijos en los míos hasta
que mis lágrimas se secaron. En la siguiente estación, bajó [1988].
Una pasión en el desierto / José de la Colina
(mexicano)
EL EXTENUADO y sediento viajero, perdido en el desierto,
vio que la hermosa mujer del oasis venía hacia él cargando un
ánfora en la que el agua danzaba al ritmo de las caderas. —Por
Alá —gritó—, dime que esto no es un espejismo. —No —res-
pondió la mujer, sonriendo—. El espejismo eres tú. Y en un
parpadeo de la mujer el hombre desapareció [1998].
Obsequio para el Jefe / JEA
EL SECRETARIO Privado de la Presidencia de la República, en
recompensa por sus eficaces servicios, fue nombrado Enviado
Extraordinario de Nicaragua en España y lo primero que hizo fue
el ineludible viaje a Toledo. Allí compró una legítima espada de
acero para obsequiarla a su Jefe. Deseaba que este matase con ella
a sus enemigos.
Padre de la Patria / JEA
UN DIPUTADO nicaraguaco de los años cuarenta, influido
por la aberración hitleriana de la raza pura, postuló una ley con
el fin de perennizar la estirpe Somoza en nuestro paisito: extraer-
le todo el semen posible al general Anastasio Somoza García
para iniciar un programa de inseminación artificial con todas las
mujeres de Nicaragua. Así se lograría que el ínclito general fuera
verdaderamente el Padre de la Patria [1985].
El rechazo del Cardenal / Faustino Sáenz
(nicaragüense)
EN LOS años cincuenta, cuando gobernaba el Vaticano Pío
IV. Narrativa 59
Doce, su Cardenal responsable de las finanzas rechazó ipso fac-
to, alarmadísimo, la oferta de un multimillonario norteamerica-
no. Sus colegas de Capelo, enterados que dicha oferta era de
cinco millones de dólares, le preguntaron la razón de su negati-
va. «Bien sé cuánto bien podría hacer Su Santidad con tanto
dinero —les dijo—. ¿Pero sabéis que condición pedía a cambio
de los cinco millones? Que Su Santidad diese orden a todos los
sacerdotes de España e Hispanoamérica de sustituir la expresión
DOMINUS OBISPUM, pronunciadas por nosotros en el santo
sacrificio de la misa cuando nos volvemos a los feligreses, por
TOMEN CANADA DRY» [1980].
Amor andaluz / Rubén Darío (indohispano)
EL AMOR popular en Andalucía es inquieto y fatal. La mujer
ama con ardor y con miedo. Sabe que si engaña al novio, le
partirá este el pecho y el vientre de un navajazo. «Una puñalaí-
ta». Hace algún tiempo, en un florido patio malagueño, se cele-
braba una fiesta, y cierta gallarda moza se puso a cantar. Cantaba
maravillosamente. De pronto cantó una copla que dice en dos
de sus versos: «No hay quien me pegue un tirito / en medio del
corazón». Un loco, o un enamorado novio, estaba allí, y sacó
una pistola, y le pegó el tiro, en medio del corazón [Málaga,
febrero, 1904].
[Tomado de El Nuevo Diario / Artes y Letras,
domingo, 4 de marzo, 2008]
Mariíta / Octavio Robleto
¡MARIYITAAAAA! ¡Quéeeee! ¡Mariiiitaa! ¡Quéee!
Nada, nada, quería oirte decir quéee.
[Tomado de Antología. Managua,
Ministerio de Educación, 1982, p. 12]
60 Acahualinca
LOS LUCHADORES
Guillermo Menocal
TODA LA vida había luchado por liberarse de la ira; pero nada
podía hacer para alejarla. Ella se apoderaba de él frecuentemente
aunque éste tuviera o no la razón. Un día el hombre, cansado ya
de tanto ardor, decidió ponerle fin a esta situación. La lucha fue
intensa y feroz: bramaron las palabras, rugieron los sonidos y los
pensamientos se lanzaron como bolas de fuego. Todavía ambos,
ya moribundos, fueron desgraciados y sus cuerpos esparcían alo-
cadas chispas ardientes llenas de resquemor y de brutal encono.
Entrelazados se los tuvo que llevar la muerte. Jamás se supo más
de ellos. Pero hay quienes dicen que sus sobras se pasean como
fantasmas por nuestras desdichadas existencias.
[Relacortos. Salinas, California,
edición personal, 2002, p. 37]
Guillermo Menocal
V. Documenta rubendariana 61
V.
Documenta
rubendariana
Funeral de Darío (León, domingo 13 de febrero, 1916)
62 Acahualinca
Retrato de Rubén Darío,
basado en fotografía de 1892,
por Marcelo Ampié (grafito sobre papel ingress)
V. Documenta rubendariana 63
UN RECUENTO APOTEÓSICO DE DARÍO
(El Boletín Rubendariano 2017)
Letzira Sevilla Bolaños
EN MARZO de este año fue editado el Boletín Rubendariano
2017 que consta de 303 páginas, y más de veinte fotografías en
blanco y negro muy poco conocidas. Una de ellas es la que
adorna la carátula: el entierro de Rubén Darío en León el do-
mingo 13 de febrero de 1916.
Cinco secciones
En cinco secciones se distribuye el material seleccionado por
Jorge Eduardo Arellano, cuyo objetivo —afirma el reconocido
dariísta— «consistió en registrar casi todo lo que se produjo en
el mundo hispánico, y fuera de él, durante el centenario luctuoso
(2016) y el sesquicentenario natalicio (2017) del nicaragüense
máximo». Estas secciones, precedidas de dos páginas del arqui-
tecto Luis Morales Alonso, se titulan Textos preliminares, No-
tas, Reseñas, Estudios y Documenta, sumando 34 las colabora-
ciones, en su mayoría inéditas.
Una cronología básica del ilustre homenajeado, quince de
sus pensamientos más representativos sobre el arte y los proble-
mas sociales de su tiempo, más veinte juicios de grandes autores
sobre su obra y significación —ubicados de 1892 a 1992— cons-
tituyen la primera sección. El último juicio corresponde al del
poeta y crítico cubano Roberto Fernández Retamar (1930).
Inaugurador de la poesía conversacional
Este considera a Darío el inaugurador en nuestra lengua de
la poesía conversacional. «Antes de él no había existido en
español, ni era posible un verso como Los Estados Unidos son
64 Acahualinca
potentes y grandes, ni estos: que se humedezca el áspero hocico de la
fiera del amor, si pasa por ahí, inimaginables antes de Darío, padre
de la poesía en lengua castellana del siglo XX, cuya obra para mí
continúa siendo paradigmática.»
El mismo Arellano, Erick Aguirre Aragón, Alba Luz Ramos
Vanegas, Marcela Pérez Silva, Rodrigo Caresani y otros autores
presentan obras o refieren los homenajes tributados a Darío
—principalmente congresos— en Perú, Alemania, Dinamarca,
Argentina, Japón, España, Francia, Italia, Estados Unidos, Chile,
Costa Rica y, desde luego, en su Nicaragua natal. Por ejemplo,
Caresani reseña ampliamente la edición crítica de Los Raros,
ejecutada con el máximo rigor por el dariísta teutón Günther
Schmigalle. Se trata de un volumen de 454 páginas y más de mil
notas esclarecedoras que, «sin lugar a dudas, es uno de los aportes
más relevantes a la bibliografía especializada en toda la historia
de la recepción del escritor nicaragüense».
Reseñas puntuales
No faltan, en la tercera sección, reseñas puntuales sobre
revistas que consagraron números monográficos al autor de La
caravana pasa. Me refiero a Repertorio dariano 2015-2016, de la
Academia Nicaragüense de la Lengua; Centroamericana, de la
Universidad del Sagrado Corazón de Milán; Boletín de la Acade-
mia Costarricense de la Lengua; Revista Nicaragüense de Cultura,
del Banco Central de Nicaragua; Zama, número especial de la
Universidad de Buenos Aires; Anales de Literatura Española, de
la Universidad de Alicante; y Anales de Literatura Hispanoame-
ricana, de la Universidad Complutense de Madrid.
Obras recientes de crítica e interpretación también fueron
reseñadas: Indagaciones rubendarianas, por Jorge Eduardo Arella-
no; Rubén Darío y la condición humana, por Pablo Kraudy Me-
dina; Léxico modernista en los versos de Azul..., por Eduardo Ze-
peda-Henríquez; Rubén Darío: una modernidad confrontada, por
Roberto Carlos Pérez; y Rubén Darío y los Estados Unidos, por
V. Documenta rubendariana 65
autores varios, editado por la Academia Norteamericana de la
Lengua. Igualmente, compilaciones de obras y escritos de y sobre
el bardo universalista, entre ellas Crónicas de arte argentino / Paseos
por el Ateneo de Buenos Aires en 1895, compiladas y anotadas por
Rodrigo Caresani; Último año de Darío [en la prensa centroame-
ricana], por Francisco Javier Bautista Lara y la trilogía rubenda-
riana de la Asociación de Academias de la Lengua (Prosas pro-
fanas, Cantos de vida y esperanza y Tierras solares). En esta edición
firman ensayos dos españoles y nueve hispanoamericanos, cua-
tro de ellos nicaragüenses: Sergio Ramírez, Noel Rivas Bravo,
Jorge Eduardo Arellano y Julio Valle-Castillo.
Estudios a fondo y documenta singular
En la penúltima sección se incluyen cuatro estudios a fondo:
«América Latina: realidad y utopía en el pensamiento de Rubén
Darío», por Pablo Kraudy Medina; «La conferencia panameri-
cana de Río de Janeiro: una lucha por la unidad», por Rocío
Oviedo Pérez de Tudela; «El homenaje machadiano a Darío de
Manuel Montero», por Ignacio Campos Ruiz; y «Ser y no saber...
análisis de Lo fatal», por Roberto Carlos Pérez.
Por su lado, la última contiene documentos singulares, entre
otros «Datos desconocidos de Rubén Darío en el Diccionario
Enciclopédico Hispanoamericano (1890 y 1898), la nota oficial de
la cancillería española sobre la presentación de credenciales de
Darío como embajador de Nicaragua el 2 de junio de 1908, «El
Archivo de Rubén Darío en Chile», por Kraudy Medina; «La
supuesta visita de Darío a Lourdes», por Schmigalle; «Rubén
Darío en dieciocho lenguas» (alemán, árabe, bangla, búlgaro,
coreano, croata, checo, danés, francés, japonés, latín, magyar,
mandarín, miskitu, portugués, rumano, ruso, sueco) y «El Cua-
derno de Hule Negro», ambos artículos de JEA; y una «Bibliogra-
fía anotada de y sobre Rubén Darío (2013-2017)», por Héctor
Vargas.
En total, suman 96 estas obras: 49 de Darío (antologías,
66 Acahualinca
reediciones y los dos últimos intentos de poesías completas: el de
Álvaro Salvador en España y el de Ignacio Zuleta en Argentina)
y 47 sobre su vida y producción escritural. Destacan, entre las
últimas, cuatro volúmenes compilados por Flavio Rivera Mon-
tealegre en Miami. Finalmente, el editor del Boletín rubendaria-
no 2017 agradece a todos sus colaboradores, especialmente a las
investigadoras españolas Rocío Oviedo Pérez de Tudela, de la
Universidad Complutense, y Rosa García Gutiérrez, de la Uni-
versidad de Huelva.
[Artes y Letras / El Nuevo Diario, domingo, 3 de junio, 2018]
Rubén Darío en Teocelo, Veracruz, 1910
V. Documenta rubendariana 67
LA «EXPULSIÓN» DE DARÍO EN MÉXICO
Jorge Eduardo Arellano
FERNANDO SOLÍS Borge me facilitó un impreso digital del
artículo aparecido en el diario madrileño La Correspondencia de
España (año LXI, núm. 19.220, lunes 5 de diciembre de 1910,
p. 1, columna 3). Titulado «En Méjico / La expulsión / de Rubén
Darío», reproduce una entrevista desconocida del gran poeta y
entonces diplomático acerca de su viaje a la capital azteca para
representar a Nicaragua en las Fiestas del Centenario de México
organizadas por el Porfiriato. Sin más comentario, lo reproduzco
a continuación:
«De París Journal copiamos la siguiente información, de doble
interés para el público español, por referirse al poeta Rubén
Darío, tan popular entre nosotros: ‘Hoy llega a nosotros la no-
ticia de que el escritor Rubén Darío, a quien suele llamarse el
Tolstoi de la América del Sur, se vio, en el momento de las fiestas
de Méjico, obligado a salir del país./ La razón de que se dio para
esta brusca indicación fue el hecho de que en 27 de mayo último,
Rubén Darío publicó en París Journal, después del paso del ex
presidente de los Estados Unidos por París, un artículo, titulado
«Las palabras y los actos de Roosevelt».
La influencia anglosajona se manifestaba de esta suerte con-
tra un hombre que cometió, por única falta, la de discutir la
sinceridad del que había venido a catequizar a Europa. / Ayer
visitamos a Rubén Darío, el cual nos dijo todo lo que sigue:
—Voy, por lo pronto, a hacerles a ustedes la historia del
incidente./ Regresaba yo de España, donde había ejercido las
funciones de ministro plenipotenciario de la República de Nica-
ragua./ En La Habana subieron a bordo la Delegación cubana
y varias personalidades que debían asistir a las fiestas de Mé-
68 Acahualinca
jico./ El Gobierno del país que yo representaba había cambia-
do, y, en vista de ello, dirigí un marconigrama, consultando, si
debía presentarme en Méjico como enviado oficial o como
simple particular./ No habiendo obtenido respuesta, cuando
visité a las autoridades de Veracruz lo hice sin llevar uniforme.
Me declararon, desde luego, que me recibían con los ho-
nores debidos a un literato, y me anunciaron que en el pueblo
de Teocelo, cerca de Xalapa, se acaba de dar a la calle principal
el nombre de «calle de Rubén Darío»./ Al mismo tiempo, ex-
perimenté la satisfacción, profunda siempre para un artista, de
recibir comisiones, de ser aclamado por el pueblo y de saber que
todos los organismos docentes del país reclamaban mi presen-
cia./ Pero pronto me hizo llamar el gobernador civil, y me
manifestó que, en nombre del ministro de Instrucción pública,
me rogaba que suspendiera mi viaje y que deseaban vivamente
verme abandonar aquel territorio./ No podía hacer otra cosa
que someterme.
¿Hay que hacer responsable al general Porfirio Díaz de
esos procedimientos? Seguramente no. En cada una de las
Repúblicas de Centro América existen hombres que se hallan
bajo la influencia de los Estados Unidos, y que encarnizada-
mente combaten todas las manifestaciones del espíritu latino./
Sin embargo, todo el Sur de los Estados Unidos no se halla
animado del mismo criterio de hostilidad para nosotros: la
brutalidad y la tiranía anglosajonas son execradas por aquellas
poblaciones generosas, ardientes, enamoradas de claro genio
francés, y que no pueden olvidar que Colón y sus compañeros
eran latinos, y que, como yo decía a propósito de Roosevelt, «no
corresponde a un país cuya historia se cuenta por años todavía,
enseñar los deberes del ciudadano a los pueblos civilizados
desde hace veinte siglos».
A pesar de que en Méjico se haya procedido así, hay en
París, un hombre que es el ídolo de toda la población mejicana,
pues entiende que «Méjico es para los mejicanos». Es el general
[Bernardo] Reyes./ Este espera su hora, y en él tendremos un
V. Documenta rubendariana 69
defensor contra la codicia de nuestros poderosos vecinos del
Norte».
Termina la interviú con estas palabras de Rubén Darío:
Si escribí hace seis meses que deseaba ver a Mr. Roosevelt
practicar las doctrinas que enseñaba, diciendo: —‘Es el deber
de todo hombre de Estado guiar a la nación de tal manera que
no cause ningún daño a otra nación alguna’, hoy no puedo sino
repetir la expresión del mismo deseo.
París Journal se limita a publicar estas palabras de Rubén
Darío, sin añadir comentario alguno. Lo mismo hacemos noso-
tros, reiterando con este motivo nuestra admiración al poeta».
Rubén Darío es recibido al bajar del tren en Teocelo,
10 de septiembre de 1910
70 Acahualinca
LAS NOVELAS COMPLETAS DE DARÍO
Letzira Sevilla Bolaños
PABLO KRAUDY reunió en volumen —editado en diciembre
de 2017 por el Banco Central de Nicaragua— las novelas de
Rubén Darío. Nítidamente impreso —e ilustrado en su carátula
con un retrato de Darío trazado a lápiz de grafito sobre papel
acuarela de Julio Martínez Castillo— consta de 436 páginas. En
ellas, cada una de las novelas es objeto de anotaciones a través
de las cuales Kraudy Medina identifica, traduce textos de otros
idiomas —especialmente del francés— y comenta las abundan-
tes citas y alusiones, referencias literarias e históricas. Así es posible
comprender y disfrutar mejor estas páginas que reflejan la cultura
de su autor y la mentalidad de la época entre fines del siglo XIX
e inicios del XX.
Presentación de Ovidio Reyes
En su prólogo, como presidente de la institución editora,
Ovidio Reyes Ramírez expresó: «Una vez más, el Banco Central
de Nicaragua retoma su labor editorial —precedida de notables
aportes muy conocidos— editando una obra reveladora y signi-
ficativa: las Novelas de Rubén Darío. La calificamos de revela-
dora porque en ella se compilan, por primera vez, todos los in-
tentos novelísticos acometidos por nuestra mayor gloria nacio-
nal en el ámbito de la cultura. Esos intentos y logros fueron
cinco: Emelina (1887), Caín (1895), El Hombre de oro (1897),
En la Isla de oro (1907) y El oro de Mallorca (1913); y vienen
acompañadas de una suficiente cantidad de notas necesarias y
esclarecedoras que permiten conocer a fondo las fuentes en que
se sustentó su autor para escribirlas». Y añadió:
Pablo Kraudy Medina las señala con rigor filológico y eru-
dición. De manera que ya podrá apreciarse la verdadera di-
V. Documenta rubendariana 71
mensión de Darío como novelista, aspecto que desarrolla Jorge
Eduardo Arellano en el estudio preliminar. Y solo falta que este
volumen se difunda como merece para que las novelas de Darío,
hasta ahora no muy valoradas por la crítica literaria, sean
ampliamente conocidas y reconocidas. Asimismo, esta obra
resulta significativa porque continúa el estudio y la difusión de
las creaciones rubendarianas, inmediatamente después que el
Bolívar literario de nuestra América cumpliera en 2016 cien
años de su defunción y en 2017 ciento cincuenta de su natalicio.
Esa labor y ese culto intelectual no puede ni debe interrumpirse,
dada la trascendencia de Darío como factor identitario de
nuestra nación y orgullo de nuestro pueblo.
Kraudy Medina y sus anotaciones
Al dariísta Kraudy Medina se le deben aportes fundamenta-
les. Los principales corresponden a la más autorizada edición
crítica de Cantos de vida y esperanza (INC, 2005) y a la colección
de ensayos Rubén Darío y la condición humana (JEA-editor, julio,
2016). También es autor del ensayo laureado a nivel nacional:
Modernidad, democracia y elecciones en Rubén Darío (2010). La
función cívico-política del escritor, la pasión por el arte, la espe-
ranza, los desheredados de la suerte, la guerra y la paz, entre
otros, constituyen los aspectos en Darío abordados por él con
lucidez.
En total, las anotaciones de Kraudy Medina suman 773 y
son de diversos tipos. Define vocablos cultos o desusados (ara,
odeón, landó, pórfido, trémulo), neologismos (nefelibáticos, diáni-
co); alusiones mitológicas (Orfeo, Tántalo, Aqueronte, Juven-
cia, Caja de Pandora); e incorpora datos básicos sobre ciudades
(Ostia, Milán, Roma) y sitios de las mismas (Fórum, Vía Sacra);
escritores antiguos (Horacio, Virgilio) y de los siglos XVIII y XIX
(Goethe, Bécquer); personajes históricos (Creso, Tiberio, Glads-
tone); artistas plásticos (Doré, Böcklin) y músicos famosos ya
olvidados como el italiano Tito Mattei.
72 Acahualinca
Además, señala la importancia de las obras literarias aludidas
por Darío (Atala, Lelia, Pablo y Virginia, Diccionario filosófico de
bolsillo, Un invierno en Mallorca) y traduce frases célebres en
latín como por omnia vita: por toda la vida; Stultinia dei: la necedad
de Dios y Collega jumentatorium: asociaciones de caballerías.
Las valoraciones de Arellano
Por su parte, en el estudio preliminar Arellano ofrece una
visión de conjunto sobre el tema, aprovechando todos los estu-
dios y ediciones existentes hasta ahora. En efecto, cita trabajos
de los chilenos Francisco Contreras, Armando Donoso, Raúl
Silva Castro y Juan Loveluck; de los estadounidenses E. K. Mapes,
Allen W. Philips e Ivan A. Schulman; de los argentinos Ángel
Estrada y Alberto Ghiraldo, del uruguayo Roberto Ibáñez; del
peruano Carlos Meneses, del puertorriqueño Ramón Acevedo,
del colombiano Luis M. Fernández Ripoll; de los españoles Luis
Maristany y Antonio Piedra; y de los nicaragüenses Orlando
Cuadra Downing, Nicasio Urbina e Ignacio Campos Ruíz.
En cuanto a las ediciones de las novelas, registra cinco de
Emelina (cuatro en Chile y una en España), dos de Caín (una en
Argentina y otra en Nicaragua), cinco también de El hombre de
oro (tres en Argentina y dos en España); cuatro de En la isla de
oro (una chilena, otra uruguaya y las dos restantes españolas),
más diez de El oro de Mallorca. Esta es, para JEA, la novela de
Darío más acabada y moderna. «Si El hombre de oro corresponde
a la etapa triunfal del modernismo —observa—, El oro de Ma-
llorca al postmodernismo: al Darío angustiado, acosado por pa-
siones conflictivas y preocupaciones religiosas y metafísicas».
De sus ediciones han aparecido una en Chile, otra en Esta-
dos Unidos, una más en Argentina, cinco en España y las dos
últimas en Nicaragua a cargo de la Academia de Geografía e
Historia de Nicaragua y de las Ediciones Distribuidora Cultural,
ambas anotadas por Kraudy Medina. Además, El oro de Mallorca
se ha traducido al alemán y al danés.
V. Documenta rubendariana 73
Resumen
Hay que reconocer el interés que el Banco Central de Nica-
ragua ha demostrado al editar este volumen de Novelas, carac-
terizado por su calidad científica. Emelina («ingenua, románti-
ca, cinematográfica y terrorífica») es más que una curiosidad
bibliográfica y fue la única que se publicó en libro; las demás se
difundieron en revistas y diarios. Caín se redujo a un fragmento
inicial. Según Günther Schmigalle uno de sus personajes, Pari-
sina (rubia y encantadora), se sustentó en el recuerdo de Marion
de Lorme, amante de Darío en París; y el título procedía del
protagonista Caín Marchenoir de la novela de León Bloy: La
Desesperé (1887), leída y admirada por Darío.
El hombre de oro, inspirada en modelos franceses, consiste en
la reconstrucción estética de un prestigioso pasado con el que
Darío se identifica: Roma en tiempos del emperador Tiberio,
poco después de la muerte y resurrección de Jesucristo. La novela
contrapone el mundo refinado y decadente del imperio romano
y el mundo austero e intenso del cristianismo primitivo. La isla
de oro no pasó de configurar el germen de una posible novela
primaveral, ceñido por el relato de viajes, muy de acuerdo con
la tradición inaugurada en el siglo XIX por los románticos y que
tanta fascinación ejercía sobre los modernistas.
Finalmente, El oro de Mallorca constituyó un maduro ejem-
plo de autobiografismo existencial e intimista. Rubén se identi-
fica con un músico, Benjamín Itaspes, quien navega de Marsella
a la isla mediterránea de Mallorca para pasar una temporada de
reposo y terapia. Utiliza recursos textuales reservados histórica-
mente al diario, al tratado filosófico, al ensayo de especulación
religiosa, al documento médico y a la crónica de viaje. «Todo
ello —señala JEA— se amalgama en esta novela existencial,
donde Darío ejecuta también incursiones intertextuales».
[El Nuevo Diario / Artes y Letras, domingo, 17 de junio, 2018]
74 Acahualinca
Carátula de la edición de 1927
VI. El Cine en Nicaragua: dossier 2 75
VI.
El Cine
en
Nicaragua:
dossier 2
EL PRIMER dossier apareció en la RAGHN 80
(mayo, 2017, pp. 93-146) con trabajos de María
Dolores G. Torres, Michele Najlis, Franklin Caldera,
Ariel Montoya, Jorge Eduardo Arellano e Incine («Fil-
mografía de Nicaragua en los años ochenta»).
76 Acahualinca
VI. El Cine en Nicaragua: dossier 2 77
EL CINE VISTO POR LOS NICAS
EN EL SIGLO XX
Letzira Sevilla Bolaños
EL NUEVO libro de Jorge Eduardo Arellano, El Cine entre
los Nicas, en opinión del escritor y filósofo Pablo Kraudy,
«concilia la lucidez crítica y la investigación a fondo», constitu-
yendo un rescate histórico-cultural único. La obra editada por
su autor, según Bayardo Cuadra, despliega en sus 341 páginas
más de treinta ilustraciones y dos secciones con unos veintitan-
tos capítulos, «un caleidoscopio de la cultura cinematográfica
de Nicaragua a lo largo del siglo veinte». Pero llega hasta 1978.
Incorporando el Séptimo arte a su colección de obras, Jorge
Eduardo Arellano asegura que este libro constituye un home-
naje al arte del celuloide, a sus íconos de antaño y a todos los
que lo amaron en Nicaragua, considerándolo el más popular
del siglo XX.
El libro será presentado el jueves 21 de septiembre, en el Ins-
tituto Nicaragüense de Cultura Hispánica, a las 6:30 de la tarde.
¿A qué se debe la delimitación cronológica al siglo XX que pre-
senta en el libro?
A una sencilla razón. Existen, al menos, seis obras que desa-
rrollan pormenorizadamente la producción cinematográfica del
país a partir del 79. Y yo deseaba aportar otra cosa: la recepción
del cine a nivel popular y culto, su influencia en la moral pública,
en la sociedad y en la literatura, entre otros múltiples aspectos.
¿Incluye su obra a los cinéfilos?
Desde luego. En el estudio preliminar y en la primera sección
78 Acahualinca
(«Textos impostergables») destaco ampliamente a los más gran-
des cinéfilos del país: Mario Cajina-Vega (1929-1995), Horacio
Peña, Sergio Ramírez, Franklin Caldera y Ramiro Argüello (1943-
2017). Precisamente, la desaparición de Ramiro el pasado 5 de
enero me motivó a ejecutar esta iniciativa. A los cinco (y un
poco menos a otros, como Roberto Cuadra, Rolando Steiner y
Guillermo Rothschuh Tablada) les dedico capítulos enteros.
¿Cuáles fueron sus fuentes?
Imposibles enumerarlas todas. Pero es posible resumirlas: 10
documentos singulares como guiones y textos desconocidos; 49
libros específicos sobre cine; 47 libros con información sobre la
actividad cinematográfica de Nicaragua y 106 artículos de cro-
nistas extranjeros y nacionales sobre la materia. Los últimos
proceden de 49 revistas y periódicos, aparecidos desde los años
veinte hasta nuestros días.
¿Dónde encontró más información?
En la Hemeroteca Nacional Manolo Cuadra, a cuyo perso-
nal agradezco su fina atención permanente; pero no debo restar
importancia a los datos localizados en la Biblioteca del Banco
Central y en mi estudio personal. Allí acumulaba mucho mate-
rial que me fue útil.
¿Dispuso de otras ayudas?
Naturalmente. Catorce fueron las personas amigas que me
facilitaron impresos valiosos. A todas les reconozco su generosi-
dad en las páginas iniciales. Pero especialmente me animaron
Franklin Caldera y Bayardo Cuadra: con ellos, siempre eficaces
y disponibles, aprendí mucho. Y no puedo dejar de citar los
documentos extraordinarios que me cedió Eduardo Pérez-Valle
hijo y una obra excepcional que me obsequió Humberto Ortega
Saavedra, editada en Buenos Aires, en 2015, por la cinéfila
nicaragüense Tamara Caldera Turcios: A / Zeta: Guía al mundo
del cine.
VI. El Cine en Nicaragua: dossier 2 79
¿Cuántas novedades contiene su obra?
Muchas. En un resumen final, expuesto en forma de 31
preguntas y respuestas, las enumero. Habría que repasar los ca-
pítulos de la segunda sección, en los cuales se amplía y corrige la
obra de Karly Gaitán Morales, primera cronista nica de nuestro
cine. Los cinco anteriores a ella son extranjeros: un boliviano,
un cubiche, un italiano, un gringo y una tica. Esos nueve capí-
tulos se titulan: «Inicios de un invento asombroso», «Cine mudo
de anteayer», «Delirio de los años veinte», «Once escritos pio-
neros», «Impacto del cine sonoro», «Nuestra vanguardia ante el
cinema», «Los años cuarenta», «Los cincuenta» y «Los sesenta
y setenta».
¿Cuáles fueron algunas de esas novedades?
Por ejemplo, hasta ahora la más temprana crítica cinemato-
gráfica, publicada por Ramón Caldera en la revista Los Domingos
(16 de noviembre, 1919) sobre la serie muda «El Desfalco»; el
primer nicaragüense que trabajó en Hollywood: Adolfo Vivas,
de Granada; el primer panegírico del cine como arte: el de
Antenor Sandino Hernández, de León, en la revista Arte y Vida
(15 de septiembre, 1920); y las más antiguas filmaciones realiza-
das en Nicaragua (noviembre, 1922). Me refiero a un documen-
tal sobre el Ingenio San Antonio y al reportaje de la consagra-
ción del obispo de León Agustín Tijerino Loáisiga.
¿Qué capítulo de su obra considera más logrado?
Depende del punto de vista. Como aporte al conocimiento
de Rubén Darío, el que descubre sus citas sobre el cinematógrafo
entre 1897 y 1913: once en total. Como reportaje concreto de
la experiencia hollywoodense de Gabry Rivas, las páginas que le
consagro. Como incidencia determinante del cinema en la lite-
ratura, el capítulo sobre los vanguardistas granadinos desde 1927
a inicios de los años treinta. Como semblanza integral de una
personalidad cinemaniática, de gran impacto en mi generación,
el titulado «Mario Cajina-Vega: Barón de la pantalla».
80 Acahualinca
¿Por qué decidió abordar la temática del cine en Nicaragua?
Porque se necesitaba conocer mucho más acerca de la expe-
riencia entre nosotros de ese vicio solitario —el mejor de to-
dos— practicado entre multitudes. Y porque ha incidido en la
vida de tres, cuatro, cinco generaciones, como sofisticado medio
expresivo, sin olvidarnos que su «amalgama y suma de todas las
artes» —como lo define Pedro Xavier Solís— ha sido y es indus-
tria y producto comercial, testigo de su tiempo, documento so-
cial y psicológico, evasión, divertimento y propaganda política.
¿Se limita el ámbito geográfico de su obra a Managua?
Como era de esperarse, nuestra capital ocupa la mayoría de
sus páginas. Pero también detallo el cine visto en otras ocho
poblaciones: León, que se lleva la primacía; Chinandega, Gra-
nada, Masatepe, Boaco, Juigalpa, Bluefields y el Mineral La India.
¿Cuál fue el aporte de Ramiro Argüello?
Mi libro lo concebí en homenaje a Ramiro. Franklin Caldera
—el intelectual nicaragüense que más sabe de cine— ha reco-
nocido ese aporte: una labor crítica que combinaba magistral-
mente la erudición y la pasión cinéfila con el análisis sintético,
profundo e incisivo.
¿Qué más puede añadir sobre El cine entre los nicas?
Prefiero que lo adquieran y lean. En el Instituto Nicara-
güense de Cultura Hispánica, donde se presentará el jueves
21 de septiembre por la noche, tendrá un precio promocio-
nal. No obstante, diré que mi más reciente obra conforma un
tributo al arte del celuloide, a sus íconos de antaño y de mi
generación, como también a todos los espectadores que, en
nuestro pedazo del tercer mundo, lo amaron y disfrutaron,
apreciándolo como el espectáculo más atractivo y popular del
siglo veinte.
[El Nuevo Diario, 15 de septiembre, 2017]
VI. El Cine en Nicaragua: dossier 2 81
31 PREGUNTAS Y RESPUESTAS
SOBRE CINE EN NICARAGUA
JEA
El frenesí de llegar a una conclusión
es la más frecuente y estéril de las
manías.
Jorge Luis Borges
PARA CONCLUIR, debería presentar un breve resumen de los
capítulos que integran esta obra. Pero me limitaré —en conside-
ración al epígrafe borgeseano— a reiterar aquellos datos que
considero valiosos, expuestos en forma didáctica, o sea, a través
de 31 preguntas y respuestas.
1. ¿Cuál fue el primer libro sobre cine publicado por un nicara-
güense?
—Listas de cine (Managua, Artes Gráficas, febrero, 1979) de
Franklin Caldera.
2. ¿Y la primera monografía que se escribió?
—La tesis de bachillerato en el Colegio Centroamérica de
Santiago Callejas Baca: «El cine, su evolución artística e impor-
tancia» (1941).
3. ¿Cuántos libros sobre cine se editaron en el país durante los
ochenta?
—Dos fueron los más conocidos. Datos útiles e inútiles sobre
cine (1983), coautoría de Franklin Caldera y Ramiro Argüello,
es el título del primero. El otro, poco accesible, corresponde al
de Carlos Mohs: Cinematografía y lucha ideológica / Reflexiones
sobre el cine en Nicaragua (1987).
82 Acahualinca
4. ¿Hubo, acaso, algún otro?
—El del boliviano Alfonso Gumucio Dagron: El cine de los
trabajadores (Managua, Central Sandinista de Trabajadores,
1981).
5. En suma, ¿cuántos son los libros existentes hasta hoy sobre el
cine en Nicaragua?
—Yo conozco diez. A los de Caldera (1979), Caldera y
Argüello (1983), Mohs (1987) y Gumucio Dagron (1981), habría
que añadir el tercero de Franklin: Luces, cámara, acción / 100
años de historia del cine (1996), tres de los extranjeros Mario J.
Cereghino: Senza il bacio finale / Cinema e rivoluzione in Nicara-
gua: 1979-1987 (1988); Jonathan Buchshaum: Cinema and the
sandinistas / Filmmaking in Revolutionary Nicaragua (2003), y
María Lourdes Cortés: La pantalla rota / Cien años de cine en
Centroamérica (2005), más dos de nicas. Me refiero al de Karly
Gaitán Morales: A la conquista de un sueño / Historia del cine en
Nicaragua (2014) y al de Rafael Vargarruiz: Campo vs Campo
(2002), colección de 27 críticas cinematográficas.
6. ¿Cuál de ellos es el más importante?
—Todos tienen su mérito. El del italiano Cereghino se des-
taca por su amplia documentación y carácter pionero; el tercero
de Franklin Caldera no desmerece ante las obras magnas del cine
mundial; el de Buchshaum agotó su tema y es casi imposible
superarlo; al de Cortés nadie le disputa su calidad académica y
amplitud comprensiva del área centroamericana; y el de Gaitán
Morales sobresale por su tenaz y minuciosa investigación oral y
escrita. En cuanto al de Vargarruiz, su autor es el segundo (el
primero fue Mohs) de nuestros cineastas en dar el ejemplo de
reunir en volumen sus críticas de cine.
7. ¿Cuál fue nuestra primera publicación periódica especializa-
da en cinematografía?
—Cine Latino, de León, dirigido de diciembre, 1929 a julio,
VI. El Cine en Nicaragua: dossier 2 83
1930, por Alejandro Dipp Muñoz. Una colección incompleta se
custodia en la Hemeroteca Nacional Manolo Cuadra, donde fue
consultada por Gaitán Morales.
8. ¿Han existido otras?
—Dos: Primer Plano, editada por Horacio Peña; y, más tar-
de, Montaje, fundada por Xavier Argüello y Franklin Caldera.
Ambas no pasaron de su primer número.
9. Y el primer crítico de cine conocido, ¿cómo se llama?
—Mario León, de La Prensa, en 1927.
10. ¿Se conocen otros críticos destacados antes de 1950?
—Ante todo, Luis Downing Urtecho, quien en el diario La
Reacción (abril-mayo, 1934) analizó cinco filmes y escribió artí-
culos sobre el cine sonoro y la toxicidad de Hollywood.
11. ¿Y posteriormente?
—En los años cincuenta y sesenta, Pablo Antonio Cuadra,
Horacio Ruíz, Horacio Peña, Rolando Steiner, Roberto Cuadra,
Mario Cajina-Vega; en los setenta y ochenta, Franklin Caldera (y
hasta hoy), Carlos Mohs, Mayra Luz Pérez Díaz, Ramiro Argüello,
Rodolfo Glenton, Carlos Vicente Ibarra. En los noventa, Rafael
Vargarruíz y otros de los ya citados. También han escrito sobre
cine, entre otros, Michèle Najlis, Wilfredo López Valladares, Sergio
Ramírez, Alberto Ycaza, Rosario Murillo, Lombardo Martínez
Cabezas, Bayardo Cuadra, Álvaro Urtecho, Juan Velásquez Molieri,
Álvaro Gutiérrez, Edgar Benavides Mora, Ariel Montoya, Leonel
Delgado Aburto y Flora Soledad Argüello. En el siglo XXI desta-
can Moisés Elías Fuentes, Rafael Lara y Juan Carlos Ampié.
12. ¿Quiénes fueron los primeros nicas que trabajaron en Ho-
llywood?
—El granadino Adolfo Vivas (1872-1937) parece haber sido
el primero. Le siguieron el rivense Manuel Martínez Ulloa, el
managua Joaquín Elizondo y el chinandegano Gabry Rivas
84 Acahualinca
(1890-1969). En los sesenta figuró efímeramente Peter Argüe-
llo.
13. ¿Y las primeras mujeres?
—Se tienen noticias de una Rosa Bernheim y de Peggy Stan-
ford (nacida en Matagalpa e hija de australiano) que actuó con
Charles Starret hacia 1940. Pero es Lillian Molieri Bermúdez
(1925-1980), nacida y fallecida en Managua, la primera de
nuestras mujeres en acceder a la Meca del cine sin llegar al
estrellato. Mucho después le seguiría la sancarleña Bárbara Ca-
rrera que sí fue una estrella, co-protagonista de tú a tú con astros
como Rod Hudson y Sean Connery.
14. ¿Quién y dónde publicó el primer comentario sobre una
película en el país?
—Ramón Caldera, periodista de Masaya, en Los Domingos
(núm. 79, 16 de noviembre, 1919). La película comentada fue
El Desfalco.
15. Y el autor del primer artículo sobre cine en general, ¿quién
fue y dónde se publicó?
—Antenor Sandino Hernández. Lo publicó en la revista
leonesa Arte y Vida (núm. 1, 15 de septiembre, 1920). Se titulaba
«El Encanto del Cinematógrafo».
16. ¿Cuál fue la primera cinta sonora llevada a la pantalla en
Nicaragua?
—Orquídeas salvajes (Wild Orchilds, 1929) dirigida por Sid-
ney Franklin y con la actuación de Greta Garbo y su paisano
sueco Nils Aster. Se exhibió en Managua a finales de abril de
1930.
17. ¿Cuál fue el título de la primera película parlante que se
estrenó en Granada?
—El Presidio (aparecía en una escena Gabry Rivas) en el
Teatro Margot de Granada el 31 de mayo de 1931.
VI. El Cine en Nicaragua: dossier 2 85
18. ¿Y en Chinandega?
—Sombras de gloria (versión en español de Blaze O’Glory,
1924, de George Crowe) con la actuación del argentino José
Bohr; el Teatro Alhambra de Chinandega la estrenó en no-
viembre de 1931.
19. ¿Cuándo y con cuál película se inauguró el Teatro González,
incendiado el jueves 16 de agosto de 1945?
—El lunes 14 de septiembre de 1953 con la película El mundo
en sus brazos (The World in his Arms, 1952, de Raoul Wash).
Gregory Peck, Ann Blyth y Anthony Quinn eran sus actores
principales.
20. Y el Margot, ya reconstruido después de su incendio el
martes 30 de septiembre de 1947, ¿cuándo y con qué film fue
reinaugurado?
—El 16 de diciembre de 1954 con La vida de Rodolfo Valen-
tino (Valentino, 1951, de Lewis Allen). Sus protagonistas fueron
Anthony Dexter y Eleanor Parker.
21. ¿Cuáles fueron los primeros guiones de cine escritos por
nicas?
—El Príncipe Cantinflas (1942) de Salomón de la Selva y La
Cegua (1950) de Pablo Antonio Cuadra y Ernesto Cardenal.
22. ¿Conoce otros autores nacionales de guiones?
—Al menos Sergio Ramírez, Lizandro Chávez Alfaro y
Rolando Steiner. Los tres elaboraron guiones sobre la gesta de
Sandino. El de Steiner («La historia de Bruce») se publicó en el
Nuevo Amanecer del 7 de julio de 1984. Los otros dos permane-
cen inéditos.
23. ¿Y de cuándo datan las más antiguas filmaciones en Nicara-
gua?
—De noviembre, 1922. Fueron dos: una visita el Ingenio
San Antonio; y la otra el reportaje de la consagración del obispo
86 Acahualinca
de León Agustín Tijerino y Loáisiga. Las realizó un fotógrafo
cinematográfico, granadino y de apellido Sequeira, a instancias
del fotógrafo leonés José Santos Cisneros.
24. ¿Quiénes protagonizaron la primera discusión pública sobre
el Cinematógrafo?
—Monseñor Lezcano y Josefa Toledo de Aguerri en La
Noticia Ilustrada (septiembre, 1927); el primero lo atacaba y la
segunda lo defendía.
25. ¿Quién fue la estrella de cine, cuya foto fue utilizada en La
Prensa para sustituir las columnas censuradas por el gobierno
a mediados de los cincuenta?
—Ava Gardner.
26. ¿Cuándo y con cuál película se inauguró el Teatro Salazar?
—El jueves 21 de junio de 1951 con El halcón y la flecha (The
Hawk and the Arrow, 1951, de Jacques Tourneur) con Burt
Lancaster y Virginia Mayo.
27. ¿Quién fue el primer nicaragüense en escribir un poema a
un famoso actor de cine?
—José Coronel Urtecho con su «Oda a Charles Spencer
Chaplin», publicada en El Diario Nicaragüense de Granada el 13
de noviembre de 1927.
28. ¿Y cuál es el título del más célebre poema en lengua española
dedicado a una estrella del celuloide, escrito durante los años
sesenta?
—«Oración por Marilyn Monroe» de Ernesto Cardenal.
29. De los vanguardistas nicaragüenses, ¿quién tuvo la relación
más fructífera con el cine?
—Pablo Antonio Cuadra.
30. ¿Y el primero de todos los escritores que asimiló en su obra
el lenguaje cinematográfico?
VI. El Cine en Nicaragua: dossier 2 87
—Mario Cajina-Vega.
31. ¿Tuvo algo que ver Rubén Darío con el cine?
—Lo reconoció como una novedosa expresión cultural y
artística. En sus crónicas, citó ocho veces el sustantivo cinema-
tógrafo y solo una vez lo llamó cine. También utilizó en dos
ocasiones el adjetivo cinematográfica.
[Tomado de la obra El cine entre los nicas
(Managua, JEA-Editor, julio, 2017, pp. 275-
280, correspondiente al último capítulo: «Fi-
nal en forma de 31 preguntas y respuestas».]
Cartel de la película con cual se reinauguró el Teatro
González el 14 de septiembre de 1953
88 Acahualinca
UNA CÁTEDRA DE HISTORIA PATRIA
[El Cine entre los Nicas]
Franklin Caldera
LA PRIMERA investigación histórica-literaria de Jorge Eduar-
do Arellano sobre el Séptimo Arte se titula El cine entre los nicas:
tema introducido en nuestras letras como género aparte por
Karly Gaitán Morales en su libro A la conquista de un sueño,
publicado en 2014. Anteriormente se habían incluido capítulos
sobre cine nicaragüense en libros con temas más generales. Como
el mismo Jorge Eduardo afirma, el cine no le ha sido ajeno del
todo, aunque no se considera un cinéfilo, término que en su
sentido francés significa una persona que enriquece su pasión
por el cine con el conocimiento intelectual.
El cine como identidad generacional
Jorge Eduardo pertenece a la generación del cine: los que
fuimos niños, adolescentes y jóvenes en las décadas de 1950,
1960 y 1970 cuando el cine comenzó a cambiar y madurar junto
con nosotros, hasta el punto de que todas nuestras inquietudes
generacionales aparecían en muchas películas señeras.
Nosotros no discutíamos si el cine era o no un arte, sino si era
la más importante de todas las artes. Arellano señala entre las
películas que más lo impactaron durante su niñez y juventud,
tres protagonizadas por Kirk Douglas: Ulises, Los vikingos y Es-
partaco; el film brasileño O’Cangaceiro de Lima Barreto, estrena-
do en 1953; el film alemán, El enigma de Gaspar Hauser de Werner
Herzog. Comparto con Jorge Eduardo, y con Guillermo Cabrera
Infante, su entusiasmo por la película Él dirigida por Luis Buñuel
en 1953, con la gran actriz argentina Delia Garcés. El yucateco
Arturo de Córdova interpreta a un «perfecto caballero cristia-
no» destruido por los celos que reflejan en él su sentido bien
VI. El Cine en Nicaragua: dossier 2 89
arraigado de la posesión absoluta. Fue basada en una novela de
la española refugiada en México, Mercedes Pinto.
El desarrollo de la cinefilia
Más que el campo de la realización cinematográfica en nues-
tro país, lo que distingue el libro de Jorge Eduardo es su énfasis
en el amor de los nicaragüenses por el cine. Entre muchas otras
cosas, es una crónica sobre el desarrollo de la cinefilia en Nica-
ragua, con capítulos dedicados a los primeros intelectuales que
incursionaron esporádicamente en la crítica cinematográfica:
Pablo Antonio Cuadra, Mario Cajina Vega, Rolando Steiner,
Sergio Ramírez Mercado, Roberto Cuadra y Horacio Peña, pio-
nero de los cine-foros en los colegios de monjas, antes de que, en
1974, yo iniciara mi página de crítica de cine en La Prensa Lite-
raria. Después siguieron la doctora Mayra Luz Pérez Díaz, Carlos
Mohs, el cineasta Rafael Vargarruiz y hoy Juan Carlos Ampié.
También abundan los testimonios relacionados con el cine
de personalidades nicaragüenses como el compositor Luis A.
Delgadillo, monseñor José Antonio Lezcano y Ortega (enemigo
del cine), la educadora Josefa Toledo de Aguerri (defensora del
cine, con reservas), el Conde Escoto («un Aladino sin lámpa-
ra»), los periodistas Gabry Rivas, Chepe Chico Borgen y Mario
Fulvio Espinoza; Luis Downing Urtecho, el cronista chinande-
gano Hugo Astacio Cabrera, el empresario de cine José Adán
Aguerri Hurtado, la poeta y crítica de cine Michèle Najlis, entre
muchos otros.
Como lo reconoce Arellano, pilar fundamental de este libro
fue el ingeniero Bayardo Cuadra Moreno, una verdadera enci-
clopedia ambulante de cine, música (clásica y popular), deportes
y la configuración exacta de la vieja Managua. Se incluyen nueve
epístolas sobre el desarrollo del cine en Nicaragua, cuya destina-
taria es Karly Gaitán: 1) Inicio de un invento asombroso; 2)
Cine mudo de anteayer; 3) Delirio de los años veinte; 4) Once
escritos pioneros; 5) Impacto del cine sonoro; 6) Nuestra van-
90 Acahualinca
guardia ante el cinema; 7) Los cuarenta; 8) Los cincuenta y 9)
Los sesenta y setenta, más un «Final en forma de 31 preguntas
y respuestas».
Ramiro Argüello: cinéfilo de pura cepa
El libro es un homenaje al que fuera mi mejor amigo: Ramiro
Argüello Hurtado, cuyo fallecimiento el 5 de enero de 2017
reactivó el interés del autor por acometer y concluir esta obra
como un tributo a su memoria. Sobre todas las cosas, Ramiro fue
un cinéfilo de pura cepa. Eso nos hermanaba; fuimos cinéfilos
desde la primera vez que nos llevaron al cine. El cine no fue algo
que escogimos como una opción intelectual en la adolescencia.
Era algo que ya venía con nosotros. Pero, más que crítico de cine,
Ramiro fue un gran prosista. Su prosa era termita: arremetía
contra todo sin que nadie se diera cuenta.
Los nicas serán cineros
El libro de Jorge Eduardo está lleno de títulos de películas que
muestran la gran variedad del cine que vimos los nicaragüenses
en el siglo XX (en los años 40 y 50 el número de películas
mexicanas exhibidas en todo el país superaba el de las cintas
estadounidense). Arellano incluye colosales películas italianas
estrenadas en Nicaragua en la segunda década del siglo XX,
entre ellas: la clásica Cabiria, dirigida en 1914 por Giovani Pas-
trone, con Letizia Quaranta y el fortachón Bartolomeo Pagano
en el rol de Maciste. Mi papá recordaba haber visto a los 7 años
de edad (alrededor de 1915) una de esas películas, Maciste sol-
dado alpino, protagonizada por Pagano.
El mundo que nos recrea Arellano es el de la Nicaragua del
siglo XX anterior a 1979 y de la Managua antes del terremoto de
1972. Una Nicaragua en la cual el cine era parte importante de
la vida de los nicaragüenses. Los nicas de aquellos tiempos eran
«cineros». Las películas marcaban épocas y permanecían en el
corazón de quienes las veían.
VI. El Cine en Nicaragua: dossier 2 91
Como nos cuenta Jorge Eduardo, los personajes del cine se
materializaban en el folclor nacional. A un famoso delincuente
le llamaban «Jack Palance», como el villano de la película Shane,
el desconocido, con Alan Ladd. Hubo en Managua una famosa
cantina que sobrevivió el terremoto de 1931, llamada «Sangre
y Arena», en honor a la primera versión cinematográfica silente
de la novela de Vicente Blasco Ibáñez, protagonizada por Ro-
dolfo Valentino.
Epílogo
La cultura de un pueblo no es solamente lo que el país pro-
duce, sino también lo que recibe del exterior e incorpora a su
propia idiosincrasia: música, libros, revistas, idiomas, comidas,
deportes, películas, etc. El cine entre los nicas, que combina varios
mundos, mantiene siempre ese inconfundible sabor nicaragüen-
se de las recetas de cocina de doña Angélica Benard de Vivas,
granadina como Jorge Eduardo. Felicito al autor de esta obra que
nos hace caminar por las salas de cine de toda Nicaragua. Para
muchos, será el regreso a un pasado que alguna vez creímos que
era el presente. Para otros, un viaje de descubrimientos. Para
todos, una cátedra de historia patria impartida por un maestro de
lujo.
[Fragmento del ensayo sobre Presentación
de la obra El cine entre los nicas en West Re-
gional Kendall Library, de Miami, el 2 de di-
ciembre de 2017, publicado en Artes y Letras
/ El Nuevo Diario, domingo, 19 de agosto,
2018.]
Yo le veo aún, en el cinematógrafo de mi memoria, más
animado y más vivaz [...] Rubén Darío: «Conferencia sobre
Joaquín Nabuco» (Revista Iberoamericana, vol. XXIII, num.
52, julio-diciembre, 1961, p. 356).
92 Acahualinca
Cartel de la película (1958)
VI. El Cine en Nicaragua: dossier 2 93
MI AFICIÓN AL CINE EN LOS AÑOS 40
Roberto Íncer Barquero
EL ATRACTIVO principal de Managua para nosotros era la
presencia de muchas salas de cine, ofreciendo a los cineastas
todas las noches las más variadas funciones. Los cines cambia-
ban diario su cartelera, así que la lista de las películas proyectadas
era extensa. Por lo general, nuestros padres nos daban dinero
para ir los sábados y domingos al cine. A veces los cuatro herma-
nos [Armando, Silvio, Jaime y Roberto] íbamos al cine, aun en
días de semana, cuando alguno rodaba una película ya estrena-
da, pero que no habíamos visto y que nos interesara, ya sea por
su tema o por sus actores. Tal era el caso de las películas de
aventuras protagonizadas por Gary Cooper, Errol Flynn, Robert
Taylor, Tyrone Power, y Humphrey Bogart. Las películas cómi-
cas de Abbott y Costello, y las del inigualable Mario Moreno
Cantinflas también se incluían en nuestro repertorio.
Con el transcurso del tiempo, en especial durante los años
sesentas y setentas, los héroes del celuloide se fueron rindiendo
a la majestad de la muerte. Cada vez que me enteraba del falle-
cimiento de uno de ellos, sentía como si se arrancase una página
del libro de mi adolescencia y que ya no volvería a leer. Cantin-
flas, el último héroe, falleció en los años ochentas, cuando yo
residía exiliado en los Estados Unidos. Cuando leí la crónica de
su muerte en el diario Washington Post titulada: «México llora a
su querido payaso», la última página del libro se desgarró; como
todo hispanoparlante, la tristeza me anegó el pecho y humede-
ció los ojos.
Con dedicación filial mis hijos han venido coleccionando
los DVD con las grabaciones de mis películas preferidas de anta-
ño. Con mucha frecuencia nos reunimos en casa para verlas en
94 Acahualinca
televisión y oír mis comentarios sobre la reacción de la barra
durante el estreno en un teatro local. Cuando proyectamos una
película de Cantinflas no dejo de meditar sobre cómo la ausencia
del entorno cultural hispano en su educación les limita su capa-
cidad de reír con las «cantinfladas», o de seguir los diálogos
cantinflescos del genial Mario Moreno.
Los teatros elegantes de Managua
En esos años los teatros elegantes de Managua eran el Gon-
zález, el Margot y el Tropical. El Teatro González estaba situado
en la esquina de la calle Momotombo y la avenida Bolívar,
ocupando con las instalaciones del Gran Hotel, toda la manzana
de esta calle, entre las avenidas Roosevelt y Bolívar. Todo el
teatro estaba completamente techado, lo que le permitía dar
funciones (matineés), para menores en las tardes del sábado y las
mañanas del domingo. El Teatro Margot estaba situado también
en la calle Momotombo, y se extendía hasta la otra calle de la
manzana, donde estaban las boleterías y entradas de palco. El
Teatro Tropical estaba situado en la 3ª. avenida N.E. y el edificio
se extendía hasta la 4ª. avenida, donde estaban las boleterías y
entradas de luneta. Las áreas de palco del Margot y del Tropical
estaban techadas en toda su extensión, mientras que en las áreas
de luneta el techo solo cubría los corredores laterales. Antes de
la invención del aire acondicionado, esta arquitectura daba más
frescor a todo el teatro en los meses tórridos de marzo y abril; sin
embargo, los ocupantes de luneta tenían que refugiarse hacina-
dos en los corredores cuando caía un buen aguacero nocturno,
lo que era común en Managua de mayo a diciembre.
Los teatros Margot y González se incendiaron en 1945 y no
fueron reconstruidos hasta los primeros años de la década de los
50. Al final de los años 40 se construyeron los teatros: Luciérna-
ga, en la calle 15 de Septiembre, Trébol, en la 3ª. calle N.E., entre
la 6ª. y 7ª. avenida; y el Darío, situado en el lado este del Colegio
Bautista. El Darío y el Luciérnaga tenían techadas toda la sala,
VI. El Cine en Nicaragua: dossier 2 95
mientras el Trébol, a pesar de su arquitectura moderna, tenía la
luneta descubierta, como en el Margot y el Tropical.
El teatro Salazar fue construido a principios de la década de
los 50 en la Calle del Centenario, cerca de la catedral. Fue la
primera sala de cine con instalación central de aire acondicio-
nado, introdujo las tres tandas diarias de 5, 7 y 9 pm, y fue el
primer teatro en mantener la misma cartelera durante varios
días, o la semana entera. Con la inauguración del Salazar y la
construcción de los nuevos edificios del González y del Margot,
Managua contó con salas de cine modernas y cómodas.
Hollywood al servicio de la
propaganda bélica de los EE.UU.
En toda la década de los 40, la industria fílmica estaba domi-
nada por Hollywood y puesta al servicio de la propaganda bélica
de los Estados Unidos y sus aliados en la Segunda Guerra Mun-
dial. Fuera de las películas mexicanas, las proyectadas en el con-
tinente eran producidas en los Estados Unidos, conteniendo un
claro mensaje proestadounidense. En las películas veíamos a
Gary Cooper, en el papel del sargento York, capturando a cen-
tenares de soldados alemanes en la Primera Guerra Mundial; o
en el papel del héroe Robert Jordan, de la novela Por quién
doblan las campanas, luchando como voluntario de las brigadas
internacionales contra los franquistas en la Guerra Civil Espa-
ñola.
Errol Flynn protagonizaba el papel de piloto de la RAF de-
rribado en Alemania, evadiendo con su tripulación ser captura-
do por los nazis y regresando milagrosamente a Inglaterra. En
otra película, Flynn actúa como el jefe de una patrulla de coman-
dos luchando en las selvas de Birmania infestadas de japoneses.
Robert Taylor representa a un americano combatiendo al lado
de guerrilleros rusos, o a un marino defendiendo hasta la muerte
la isla de Wake contra la invasión japonesa. Tyrone Power tam-
bién actuó en una película como piloto de la RAF defendiendo
96 Acahualinca
los cielos de Inglaterra, y en otra, como jefe, liderando una gue-
rrilla en Filipinas. Alan Ladd protagoniza a un joven americano
luchando contra los japoneses en China, o a un piloto derribado
en la Francia ocupada por los nazis. Humphrey Bogart se vale de
su astucia para engañar a los alemanes en la película «Casa Blan-
ca», y en otra maneja un tanque extraviado en el desierto afri-
cano, destruyendo en su marcha a las patrullas alemanas.
Años después, guiados por las críticas publicadas en las revis-
tas cubanas y chilenas especializadas en el arte del celuloide, nos
volvimos más selectivos en cuanto a nuestras preferencias cine-
matográficas, prefiriendo las películas que los críticos alababan
por sus temas realistas, su expresión estética, por la originalidad
del director, o por la actuación de los actores. Al finalizar la
Segunda Guerra Mundial empezaron a circular películas italia-
nas, francesas e inglesas de la école nouveau de Rosellini, de Sica,
Jean-Michel Cousteau, y los nuevos directores de Hollywood,
como Elia Kazan.
[Capitulillo 9: «Los cines de Managua» en la
segunda parte: «La educación de un joven
en la Nicaragua de mediados del siglo XIX»,
de la obra Autobiografía (Managua, Funda-
ción Ortiz Gurdián / Banpro, 2015, pp. 55-
58).]
Roberto Íncer Barquero
VI. El Cine en Nicaragua: dossier 2 97
VII.
Documentos
98 Acahualinca
Miguel Ángel Orthés y Guillén
VII. Documentos 99
DE LOS CAMPAMENTOS DEL
EJÉRCITO AUTONOMISTA
A la Guardia Nacional que sirve de custodia
al traidor José María Moncada
GUARDIA NACIONAL:
Acaso habéis olvidado las luminosas lecciones de pa-
triotismo legadas por José Dolores Estrada, Benjamín Ze-
ledón, Salvador Baca, Juan Santamaría, etc.
¿Por qué os unís a los invasores de nuestra Patria, em-
puñando el arma fratricida contra nuestros hermanos que
están luchando heroicamente palmo a palmo, contra los
opresores y defendiendo los sagrados derechos de Consti-
tución y Soberanía?
¿Por qué obedecéis las desordenadas doctrinas de José
María Moncada, Adolfo Díaz y Emiliano Chamorro?
GUARDIA NACIONAL: raciocinad; poneos la mano
en el pecho y contestad:
¿Cuáles son los ideales que lleváis al ofrendar vuestras
vidas en pro de la intervención Yanqui?
Convenceos de que estáis desempeñando el papel más
cínico y ridículo del mundo; sois traidores a la tierra que
os dio la vida.
RECTIFICAD: imitemos a José Dolores Estrada, en el
glorioso día del 14 de Septiembre de 1856.
Venid a engrosar las filas Autonomistas, luchemos
contra los invasores y traidores hasta conquistar una Patria
Libre y SOBERANA.
Las Segovias, Nicaragua, Centro América, Enero pri-
mero de Mil Novecientos Treinta y Año Décimo Octavo
de Lucha Anti-imperialista en Nicaragua.
PATRIA Y LIBERTAD
Miguel Ángel Orthés y Guillén
Imprenta Gutenberg
100 Acahualinca
CARTA DESCONOCIDA DE
BLANCA [ARÁUZ DE] SANDINO
ES MUY poco conocida la siguiente carta de Blanca Aráuz de
Sandino (25 de mayo, 1909-2 de junio, 1933), cuyo manuscrito
reproduce Domingo Ibarra Grijalva en su obra The last night
of general Augusto C. Sandino. Translated from the Spanish
by Gloria Bonitz (New York - Washington - Hollywood, Van-
tage Press, 1973, p. 95) con su adjunta varsión en inglés en la
p. 94.
EJÉRCITO DEFENSOR DE LA
SOBERANÍA NACIONAL
DE NICARAGUA.
CORRESPONDENCIA OFICIAL DEL
JEFE SUPREMO DEL EJÉRCITO.
«La Claridad», 14 de octubre 1931
Señor
Augusto C. Sandino
Su Calma.
Recordado negro mío:
Ayer llegamos a este campamento «La Claridad», de donde
te envío mi cariñoso saludo.
Te mando esa mula para que, aunque sea por momentos,
descanses; pero me duele que te vengas con tu patita renca a pura
uña; pero en las partes de incomodidad es bueno te bajes de la
bestia para que no te vaya a ocurrir algo.
Aquí es muy bonito, pero has de saber que sin la persona
querida, uno no siente gusto aunque esté en la gloria.
VII. Documentos 101
Yo veo que en tu corazón ya va enraizándose la ingratitud
para mí, pero aun con eso yo más te adoro.
Te esperamos aquí con chancho muerto.
Recibe los besos amargos de tu vieja.
(f) Blanca Sandino
DEFENDING ARMY OF THE NATIONAL SOVE-
REIGNTY OF NICARAGUA
Official Correspondence of the Supreme Chief of the Army.
La Claridad, October 14, 1931.
Mr. Augusto C. Sandino, Su Calma.
My unforgettable dearest: Yesterday we arrived at this
campament of «La Claridad», from which I send you my
loving regards.
I am sending you this mule so that you may rest even for a
few moments; but I am sorry that you have to walk on your
lame leg on foot, as it is best in the dangerous spots you get
off the beast so that nothing will happen to you.
It’s very pretty over here; but you must know that without
the loved one, one does not feel at ease, even in heaven.
I can see that in your heart ungratefulness for me is taking
root; but, in spite of this, I adore you even more.
We await you here with a killed pig.
Receive bitter kisses from your old lady.
Blanca Sandino
102 Acahualinca
LA PURÍSIMA EN LAS CÁRCELES
Luciano Cuadra Vega
PLENOS DEL fervor religioso que en estos días inflama todo
corazón nicaragüense, y con gratas reminiscencias de la alegre
infancia, los presos políticos de Casa de Piedra y la Aviación
celebran el novenario de la Purísima. La Madre de Dios tiene su
culto allí en el corazón de ese centenar de jóvenes que antes en
la seguridad de sus hogares, con la madre terrenal, y después solo
en los peligros de las montañas, rezaron el Santo Rosario a la
Madre Celestial implorando su protección.
Allá les llega por las noches el eco de los cohetes y petardos
que estallan con júbilo en la ciudad llena de rumores dicembri-
nos y cantos gozosos de glorificación que recogen con melancó-
lica añoranza los oídos de los presos para devolverlos en cánticos
aprendidos durante la niñez.
Sobre el umbral del portón de hierro de la celda de Casa de
Piedra, circundada de velas encendidas y verdes retoños silves-
tres, entorna sus ojos al Cielo la Purísima, Madre de los Afligidos,
como intercediendo ante el Hijo Divino por sus otros hijos te-
rrenales, aquí en la tierra.
Casa de Piedra, diciembre 5 de 1959
[Manuscrito conservado por José Joaquín
Quadra Cardenal. Su autor, Luciano Cuadra
Vega (1903-2001) se había integrado —de 56
años— a los jóvenes conservadores de la frus-
trada rebelión antisomocista de Olama, en
Chontales, liderada por Pedro Joaquín Cha-
morro Cardenal en mayo del 59.]
VII. Documentos 103
VIII.
Textos
rescatados
104 Acahualinca
Bartolomé Esteban Murillo:
«Inmaculada Concepción de los Venerables» (1678)
(en el Museo del Prado)
VIII. Textos rescatados 105
LA PURÍSIMA EN EL LEÓN DEL SIGLO XVIII
Luis Cuadra Cea
LA MUY noble y muy leal ciudad de Santiago de León de los
Caballeros, fundada por Francisco Hernández de Córdoba para
ser cabecera de la naciente Provincia de Nicaragua, ha conser-
vado singular predilección por María. Su primera «Cathedral»,
besada por las dormidas aguas del sagrado Xolotlán, en un re-
manso al pie del Momotombo, la dedica a la Asunción. En sus
grandes catástrofes la clama bajo el constante nombre de Mer-
cedes, como en los terremotos de 1726, 1736, 1752, 1808, 1810
y 1885; o bien con el consolador de «Nuestra Señora de la Pes-
te», según legajo número 10, «Cuentas de cargo y data de Joseph
Lucas Díaz de Mayorga» (1769).
Sus municipios consignan en sus fastos los solemnes festiva-
les religiosos celebrados en su loor; se conmemora su natalicio,
de acuerdo con el legajo número 31, «Cuentas de propios por
don Joaquín de Passos», folio 2, año de 1755. Se canta su dulce
nombre, se rememora su patrocinio, se glorifica su Ascensión y,
con la opulenta México va a ofrecer a Guadalupe, con el canto
de sus aves, sus más fragantes flores y sus más dulces frutos, de
acuerdo con el acta municipal del 6 de agosto de 1743.
Pero es en los festejos de su concepción donde el pueblo,
sobremanera regocijado, le dirige olorosos y brillantes altares en
sus casas, y en alados coros canta sus glorias a porfía. Estrella,
Eterna Chispa de la Eterna Luz, que irradia en las almas desde lo
alto de su Catedral: agua de roca para sed de Sapiencia a vita
plena; dicha, contento, alegría... ¡Tal palpita en el corazón de la
Ciudad!
Y en pleno siglo XVIII, sus rígidos Alcaldes ordinarios —mo-
destos precursores de la augusta voz del pontífice— juran, al
106 Acahualinca
tomar posesión de su cargo, «defender el Misterio de la Pura y
limpia concepción de Nuestra Señora la Virgen Santa María y
observar las leyes y cédulas de su Majestad»; y, ya en vísperas de
la sonora Gritería, el Alcalde, trajeado con su uniforme antiguo
de casaca y calzón corto negro de seda, y medias, y zapatillas con
hebillas de oro y de plata, firmaba el decreto decorando la ciudad
para las fiestas». He aquí la copia de uno de esos edictos:
El capitán don Alfonso de Naua, Alcalde Ordinario de
Primer Voto de esta ciudad y su jurisdicción por su Majestad y
Teniente Gobernador en ella.
Por quanto es costumbre, que todos los años en esta ciudad
se hallan de limpiar las calles y solares, y estos hallarse hoy
sumamente montuosos y para que se limpien, por el presente
ordeno y mando a todas, y qualesquiera perzonas de quales-
quiera estado, y condición que sean, que todos con lo que
conbiene a la limpieza de la ciudad, desmonten y limpien calles
y solares dentro de ocho días primeros siguientes, porque de no
hazerlo se les sacarán cinco pesos de multa para propios de la
ciudad.
Y asimismo ordeno que la noche de este día por ser víspera
de la limpia y pura Concepción de Nuestra Señora pongan
luminarias en sus ventanas sin que nadie lo escuze y para que
llegue a noticia de todos y no aleguen ygnorancia mando que
este bando se publique por las calles, y plazas de esta ciudad a
son de caxa y philano que es fecho en esta ciudad de León en
siete días del mes de Diciembre de mil Setecientos Quarenta y
dos años y Va en este papel común por no hauerlo del sello
cuarto. / Alfondo de Naua [...]
En esa noche alegre, la Ciudad resplandece como a los ful-
gores de una inmensa hoguera. Los esclavos, ataviados con sus
vistosos trajes, van con sus amos por las calles, felices, gozosos,
cubiertos de flores, cantando himnos de amor a la Electa de
Javeh! (No consta que se haya dado malos tratos a los esclavos
en el siglo XVIII; muy al contrario: se llegó a procesar a un amo
VIII. Textos rescatados 107
por malos tratos con su esclavo, como se detalla en el documento
del Legajo N° 39: «Auto cabeza de Proceso contra d. José An-
tonio de Rentería por maltrato a una de sus Esclavas llamada
Raymunda Espinal / Año de 1759 / 13 folios»).
Los indios se recrean con sus bailes nativos al son del tepo-
naxtle y del huehuetl y por doquiera se obsequian gofios, chicha,
bienmesabes etc. al reclamo del ¡¿Quién causa tanta alegría?!
Al finalizar el siglo XVIII las ordenanzas de los intendentes
de 1787 restringieron la libertad de los Concejos en la celebra-
ción de fiestas de la Iglesia. Así, en el artículo 34 del Reglamento
de Propios Arbitrios elaborado por el Gobernador don José Sal-
vador en 23 de noviembre de 1795, se lee:
Los cavildos deben acistir con toda formalidad a las citadas
dos festividades (Trinidad y cumpleaños del Emperador, como
también a la proceción del día de Corpus, y su octava, a las
rogativas públicas, a las Missas del día de la Purísima Concep-
ción de María, de la Natividad del Señor, Domingo de Ramos,
oficios de Jueves y Viernes Santo, los días de Pascua de resu-
rrección, de Santiago Apóstol Patrón de esta ciudad, Santa
Rosa de Lima, Patrona de las Yndias, fiesta de Galeones el día
veinte y nueve de Noviembre, y Desagravios en el mes de Di-
ziembre conforme lo tiene prevenido su Magestad, y Nuestra
Señora Guadalupe el doze de Diziembre por estar Jurada por
Patrona a instancias de la piedad de la Muy Nombre é Imperial
Ciudad de México, según Documentos de que se tiene noticia.
Y se declara que no sean obligatorias y si de mera Devoción, o
urbanidad las demás acistencias a que han concurrido hasta el
precedente los Cavildos; y si alguna otra acistencia deviere
darce por cada uno, según voto que se haya hecho con la
formalidad y circunstancias que previene el Artículo 30, se
reconocerá por la Junta Municipal, y se añadirá respectivamen-
te a su tabla, que debe permanecer a la vista en la Sala de
Ayuntamiento.
Y no podía suprimirse la Purísima porque los Reyes Españo-
108 Acahualinca
les se habían «distinguido siempre con singular gloria en la de-
voción de este Misterio. Don Juan I de Aragón y de Valencia,
en real cédula de 2 de febrero de 1384, llamó a estas alegrías «La
Fiesta de la Casa Real» y es el primer Monarca que, en presencia
de las acaloradas disputas teológicas de las Órdenes Religiosas y
doctores de la Iglesia sobre este Dogma, se adelantó a proclamar-
lo movido por su fe.
[Tomado de la revista Azul / Órgano infor-
mativo del Ministerio de Relaciones Exterio-
res, núm. 35, diciembre de 1954, pp. 22-23].
Juan I de Aragón (detalle)
retrato imaginario por Manuel Aguirre y Monsalbe
(Ca. 1851-1854)
VIII. Textos rescatados 109
LA DONCELLA Y EL ALMIRANTE
Mario Cajina Vega
EL DELTA es ahora una batea de arena, un comal de sedimen-
tos entre ciénagas, suampo y miasmas; un puerto cegado y ane-
gado. El ombligo de Centroamérica se pudre ahí, al cabo del
cordón acuático innavegable con el lago y el litoral como exclu-
sas naturales que ensamblan los dos mares, Atlántico y Pacífico,
en este San Juan del Desaguadero de Nicaragua: el pasaje secreto
que se le escondió a Colón en 1502, el tajo donde los ingleses
querían quebrantar el yunque de la América Española partién-
dola en dos, la pesadilla del canal del comodoro Vanderbilt y del
filibustero William Walker. Todo para quedar en una piscina de
mosquitos. Un zancudero, en vez de bahía.
La bocana y el río no eran así cuando los reconoció y explo-
ró, por mandato real, el capitán Fernando Francisco de Escobe-
do en 1762 con un ingeniero español y otro veracruzano, para
fortificarlo en el punto más estratégico. Escobedo escogió el
pedregoso raudal de Santa Cruz, en curva y a mitad del río. Ya
el imperio sería inexpugnable. Un bastión más de granito, basal-
to y hierro, eslabonando la muralla del Caribe que Felipe II
atalayaba desesperado desde El Escorial imaginando los morros
y torreones de Cartagena, de Veracruz, de La Habana.
Concluido en 1675, se le bautizó como el Castillo de Nuestra
Señora de la Inmaculada Concepción de María, y se le llamó
primero solo El Castillo y después El Castillo Viejo, a medida que
el tiempo se acumulaba sobre su empeño de roca.
A la mitad de otro siglo, en 1753, llegó un nuevo Castellano
y Alcaide: don Joseph de Herrera y Sotomayor. Las fojas que
rolan en el Archivo Militar de Madrid hablan solo de hazañas
y campañas. No se trata de una genealogía sino de pura artillería.
110 Acahualinca
Su padre, don Juan de Herrera, de alférez a brigadier, sirvió
durante 63 años, 5 meses y 39 días en La Habana, Panamá,
Montevideo, Buenos Aires y Chile para anclar en Cartagena,
cuyos terraplenes edificó, defendió y glorificó.
Este su hijo, Joseph de Herrera y Sotomayor, escribió —tam-
bién de alférez en 1734 a comandante en 1750— esas mismas
líneas de gesta, defendiendo su natal Cartagena de Indias donde
casó con María Felipa Valdivia de Udinarte, en 1740, y en don-
de en 1743 les nació, hija única, Raphaela, quien vino con su
padre en 1753 a estas tierra y al baluarte en el río.
A una sólida centuria de su construcción, El Castillo fue
embestido en 1762 por un enemigo inesperado: el invierno del
trópico que en ese año alcanzó en Nicaragua el renombre de
«Diluvio». El lago se desbordó en la desembocadura del San Juan
y las vegas se inundaron, creciendo tanto el caudal que cubrió
los raudales y sus aguas afectaron al Castillo: la putrefacción de
las orillas causó diversas enfermedades. Uno de estos males pos-
tró al Capitán y Alcaide de la fortaleza, don Joseph de Herrera,
quien murió de malaria el 15 de julio. Raphaela lo veló y enterró
en el patio de armas.
Todo el tiempo que el dicho su difunto padre estuvo en su destino,
se le aplicó a instruir a su hija en el manejo del cañón, y ella con
alguna propiedad y acierto lo montaba, cargaba y disparaba, rezan
los memorables de la época.
Los ingleses no contaban con esta puntería femenina cuan-
do el Gobernador de Jamaica ordenó invadir, en fuerza, la Pro-
vincia de Nicaragua para asestarle en la cintura el hachazo pro-
testante al soberano católico. El 29 de julio están poniéndole en
regla sitio al Castillo que no arría bandera, y ese mismito día a las
3 de la tarde Raphaela, de 19 años de edad, sube al Caballero que
corona el baluarte, carga el mejor cañón con bala y metralla,
apunta con ojos de heredera, arrima el botafuegos (¡toda ella una
sola mecha!) dispara y al disiparse el humo: de los muchos enemigos
juntos se vieron salir corriendo pocos y con la confusión y el estrago
VIII. Textos rescatados 111
que causó este tiro, resultó muerto un inglés entre los principales —
cuenta hidalgamente el Diario de Campaña del Castillo, Francis-
co Sacasa, su comandante interino.
La tradición, y la tradición es amor, agrega que por la noche
la doncella Herrera y guerrera, encomendándose a la Virgen
Patrona empapó en aguardiente unas sábanas y velámenes, las
montó sobre ramas y gamalotes y, ayudada por Pablo Mora,
armador de la flotilla del rey en el lago que proveía al Castillo, les
dio fuego enviándolas corriente abajo donde incendiaron las
piraguas y barcas de los invasores. Al sexto día de asedio, el 3 de
agosto, ingleses y zambos levantaron el sitio, dándose por ven-
cidos ante la heroína: la Niña de Nicaragua como la bautizó
nuestro pueblo por valerosa y por invicta.
La gallarda Rafaelita casó, claro, con Pablito de Mora, naci-
do en 1735, y procrearon cinco hijos entre hombres y mujeres.
Ya viuda le escribió al rey, quien le otorgó tierras y sitios a su
escogencia, con pensión de 600 pesos anuales hasta 1801, en
que murió. La última certificación librada de su título de propie-
dad tiene por fecha el 26 de diciembre de 1906; su ascendencia
cobija, entre otras personitas, a un mi nieto. (Mi mujer, es más
heroína que su tatarabuela por defenderse ante mí...)
Pero esta historia no acaba en vanidades sentimentales. El
almirantazgo británico está, en cierto modo, asociados a la le-
yenda porque en Nicaragua se cree que Raphaela venció a Nelson,
confundiendo un hecho posterior. Volvamos a esos años.
Fracasada en 1762 la toma del Castillo, los ingleses repiten
en 1780 el ataque con una poderosa expedición anfibia de la que
participa el joven capitán de fragata Horatio Nelson, al mando
de doscientos soldados de línea. El 9 de abril se presenta ante el
Castillo, que defiende con bravura don Juan de Ayssa; logran
aislarlo, ocupando la isla Bartola, y Nelson mismo emplaza una
batería en elevado cerro desde cuya altura se puede dominar la
fortaleza.
112 Acahualinca
Sin municiones ni para sus propias pistolas de duelo, Ayssa
capitula al fin del mes. Y muy honrosamente: conservando él
mismo la bandera. Pero ya Nelson no está ahí; tembloroso, pa-
lúdico, lo han llevado de vuelta a la fragata. De sus 200 hombres,
regresan tan solo 10. El General Malaria vence al León Británi-
co. Nelson, en Londres, guardará cama por un año. Y cuando,
convaleciente, puede ponerse en pie manda que lo pinten en
arrogante retrato, con el Castillo al fondo. Otro dibujo del Cas-
tillo, visto desde abajo del río y con «la batería de Nelson» seño-
reándolo, se le atribuye al propio Nelson quien, según biógrafos,
quería grabarlo en oro y bronce en la empuñadura de su espada.
Pero de haber estado ahí Rafaelita, con su culebrina mirada
infalible, el audaz capitán no llega luego a Almirante. Y adiós
Trafalgar.
Ya que hablamos de escudos: en 1934, al fundarse, la Aca-
demia de Geografía e Historia de Nicaragua acordó tomar como
su «escudo de letras» la hazaña de Raphaela Herrera.
[El texto anterior, que me obsequió su autor
a inicio de los años noventa, no es muy cono-
cido; apenas lo difundí en el boletín Lengua,
Managua, núm. 16, septiembre, 1997, pp. 70-
72. JEA].
Retrato de Horacio Nelson (por John Francis Rigould, 1781)
con el Castillo de La Inmaculada Concepción al fondo
VIII. Textos rescatados 113
EL PRIMER POEMA DE UNA
MUJER NICARAGÜENSE
[El primer texto poemático —conocido hasta ahora— es-
crito por una mujer nicaragüense, apareció en El Defensor
del Orden, Granada, núm. 35, noviembre 10 de 1854, y se
reprodujo en la Revista de la Academia de Geografía e His-
toria de Nicaragua, tomo XXVII, julio-diciembre, 1967, pp.
184-185. En ella se alude a dos no identificados personajes
históricos: Abarca y Clemente, a quienes la autora incita
para combatir el gobierno provisorio del demócrata Fran-
cisco Castellón (1815-1855) en pugna con el constituido
del legitimista Fruto Chamorro (1804-1855). El nombre de
la autora se desconoce, pues ella se limitó a firmar su poe-
ma como «La Patriota del Sauce». JEA]
Composición poética de una señora vecina del
Sauce, en el Departamento Occidental
CORRE Abarca a defendernos
del demócrata opresor,
que anarquiza la República,
mata y roba sin pudor.
No desmayen los valientes,
ni contengan su furor;
acometan sin descanso
al Provisorio traidor.
Y vos paisano Clemente,
que aterras con tu valor,
escarmentad con tu espada
114 Acahualinca
al vándalo destructor.
Pueblos todos, levantaos
a volver por vuestro honor
sosteniendo con firmeza
de la ley al defensor.
Pertenezco al bello sexo
por desgracia, ¡oh qué dolor!
Sino, empuñaría el arma
con aliento y noble ardor.
Perseguiría tenaz
al demócrata ladrón
de quien es indigno Jefe
el perverso Castellón.
Mas ya que no puedo tanto,
al menos mi patrio amor
convida a mis compatriotas
para el campo del honor.
Viva el ilustre Chamorro
de la patria defensor;
muera, muera el Provisorio
fementido y destructor.
La Patriota del Sauce
VIII. Textos rescatados 115
MITOS Y CONSTELACIONES
EN LA POESÍA DE DARÍO
Jaime Íncer Barquero
RUBÉN DARÍO nos habló de algunas estrellas y de ciertas
constelaciones. Era de esperarlo como lector que fue de Homero,
Virgilio, Ovidio y de otros muchos autores antiguos que no ol-
vidaron cantar el bello dombo del cielo, citando a las estrellas
con sus propios nombres y a las constelaciones en relación con
su significado mitológico.
Rubén no conoció amigo astrónomo alguno que le mostrase
en el firmamento los asterismos que él cantaba. Posiblemente su
astronomía se limitó a ciertas constelaciones (como El Arado,
Las Siete Cabritas y Los Ojitos de Santa Lucía) que el pueblo
nicaragüense identifica fácilmente y aprende a conocer desde
la infancia. Sin embargo, Darío no las menciona con tales
nombres sino con los que poseen en la mitología, muchos de
cuyos personajes están representados en el cielo. De ahí que el
poeta nos hable con acertada propiedad de esas agrupaciones
estelares.
Me figuro que en Homero, en el canto 18 de La Ilíada, Rubén
descubrió a Las Osas, Orión, Las Pléyades, etc., que se citan
como las constelaciones que Vulcano labró en el escudo de
Aquiles. Más adelante, en La Odisea, Homero pone en boca de
Calipso otras constelaciones que la ninfa recomendó a Ulises
observar, y afirma que este no despegó los ojos de Las Pléyades
durante 17 días. Otros textos clásicos introdujeron a Darío al
luminoso huerto de Urania. En las Geórgicas, por ejemplo, Vir-
gilio hace un derroche con los jeroglíficos siderales, al igual que
Ovidio en sus Metamorfosis y Aratos en sus Fenómenos.
116 Acahualinca
Las Pléyades
Sin embargo, a diferencia de los antiguos que dieron abun-
dantes citas de Las Pléyades, Rubén solo las menciona una vez
en «El Salmo de la Pluma»: Arriba, en las profundas inmensidades
vagas, / a las estrellas trémulas como un amante halagas: / despierta
tu canción / a las pálidas Pléyades sobre su lecho oscuro; / y como a
un dios olímpico te ven el rubio Arcturo / y el cándido Orión.
Tiene razón el poeta en calificar a Las Pléyades de pálidas,
pues tanto como estrellas en el cielo (donde brillan escasamen-
te) y como ninfas en la mitología, palidecen ante la presencia de
Orión, el rudo cazador convertido por Diana en constelación,
que las persigue tenazmente. En este sentido, Orión no resulta
tan cándido. Además, el color del astro Arcturo es púrpura.
Darío gustaba juntar a Arcturo con Orión, pero esta vez en
presencia de Sirio, la estrella más rutilante del firmamento. Así,
al hablar de San Silvestre, en su poema «Año nuevo», nos dice:
Más hermoso que un rey mago que lleva puesta la tiara / de que son
bellos diamantes Sirio, Arcturo y Orión, / y el anillo de su diestra
hecho cual si fuera para / Salomón.
Con todo insisto en la indiferencia de Rubén para con Las
Pléyades, ya que estas estrellas fueron muy admiradas y cantadas
por sus maestros clásicos. La misma biblia las menciona: Podrás
tú impedir las delicias que me traen Las Pléyades, argumenta Job en
su santa persistencia; porque en aquellos tiempos las apariciones
matutinas de esta agrupación estelar anunciaba la llegada de la
primavera. Como al mismo tiempo soplaban favorables vientos
sobre las aguas del Mediterráneo, los griegos las ocuparon en sus
expediciones marítimas y las llamaron por esto Pléyades, que
significa Estrellas de Navegación.
Cabe la posibilidad de que en su «Soneto pascual», Darío se
refiera de nuevo a Las Pléyades, sin citarlas, y de modo tan oscuro
que el verso se presta a otras interpretaciones. Al respecto, dice:
Los pastores cantaban muy despacio, y postrero / iba un carro de
VIII. Textos rescatados 117
arcángeles que dejaba su huella; apenas se miraba lo que Aldebarán
sella / y el lucero del alba no era aún tempranero.
Aldebarán, una de las tres estrellas que cita Rubén con sus
nombres propios, va tras el curso de Las Pléyades, pues según la
mitología fue colocado en el cielo para que vigilase a estas estre-
llas y las defendiese de las pretensiones de Orión. Aunque tam-
bién el verso bien puede aludir a las Hyadas, hermanas de padre
de las anteriores, tampoco brillantes como ellas, y colocadas en
línea angular que se cierra con Aldebarán.
Calisto o la Osa Mayor
Otra de las más importantes constelaciones, la Osa Mayor,
es citada por Darío en «La Canción de los Osos». Viene llamán-
dola Calisto (al igual que Dante y Camoens), que significa «la
más hermosa», y basta con ser el brillo y disposición de sus estre-
llas para justificar su nombre. Los conocimientos mitológicos del
poeta guiaban su pluma: ¡Arcas! ¡Víctima sangrienta! Plantas,
flores, ecos, liras; / —Malhadado y cruento crimen del infausto Li-
caón; / en Arcadia los amores y los cánticos que inspiras, / y en el cielo
con Calisto, la inmortal constelación—. / Las dos Osas son asombro
para el Toro y el León.
En la mitología aparece Calisto como cierva de Diana. Fue
seducida por Júpiter de quien concibió un hijo, llamado Arcas
en honor a Arcadia, la tierra que tan despóticamente gobernaba
su padre Licaón. Juno, la celosa esposa de Júpiter, la castigó
cruelmente convirtiéndola en una osa. Creció Arcas adiestrán-
dose en el oficio de la caza. Un día encontró en el bosque una
osa y sin reconocer en la figura a su madre metamorfoseada, se
aprestó a dispararle sus flechas. Justamente intervino Júpiter y
convirtió a Arcas en un osezno, evitando el matricidio. Desde
ese día vagan juntos madre e hijo y fueron colocados a su muerte
entre las constelaciones, al lado del Toro y el León, que figuran
entre las más notables del Zodíaco.
Unas estrofas más adelante vuelven las Osas a la mente de
118 Acahualinca
Rubén: Bellos osos de oro rojo que ya estáis en el regazo / del azul
donde el Zodíaco sublimiza su visión: / de la Lira hacedme oír el son;
/ dad saludos a la Virgen en mi nombre, y un zarpazo, si podéis, al
Escorpión.
Las Musas llevaron al cielo la lira de Apolo. Aquella que
Mercurio construyó atando nueve fibras de lino al caparazón de
una tortuga. La misma que fue de Orfeo y que este, al pulsarlas,
arrancaba suaves notas que las fieras se amansaban, los ríos de-
tenían su curso y los hombres olvidaban sus rencillas, para escu-
charlas. Por eso Darío en su «Oda a Mitre» dice: Supiste que en
el mundo los odios, la mentira, / los recelos, las crueles insidias, los
espantos, / se esfuman ante el alma celeste de la Lira, / que puebla el
universo de estrellas y de cantos.
Sagitario
Sagitario es, entre las constelaciones, la más atendida por
Darío. En varias ocasiones la llama «El Arquero». Está represen-
tada como un centauro que dispara flechas ya que en la mitología
aparece como Quirón, el maestro de muchos héroes griegos. Por
eso en «Coloquio de los centauros», Reto le increpa: Arquero
luminoso, desde el Zodíaco llegas: / aun presas en las crines tienes
abejas griegas. Pero donde Darío manifiesta cierta autoridad as-
tronómica es en «Año Nuevo»: A la orilla del abismo misterioso
del Eterno, / el inmenso Sagitario no se cansa de flechar; / le sustenta
el frío Polo, le corona el blanco Invierno, / y le cubre las espaldas el
vellón azul del Mar.
En el tercer verso Darío alude a la conjunción del Sol con
Sagitario, cuando hacia el 22 de diciembre se hacen sentir los
rigores del invierno en el hemisferio norte del planeta, ya que es
Sagitario la constelación del Zodíaco más próxima al polo sur
celeste. Y este dato no lo aprendió de sus antiguos maestros, para
quienes Capricornio era la constelación invernal por excelen-
cia. En el último verso pone de espaldas al mar a Sagitario, puesto
que hacia ese lado de la agrupación, se extienden: Capricornio,
VIII. Textos rescatados 119
Acuario, Pez Austral, Peces, Delfín, Ballena y Río Eridano, to-
das constelaciones relacionadas con el agua.
Cruz del Sur
Otra de las constelaciones de que habla Rubén, y que no
pudo descubrirla en Homero, Virgilio, etc., ya que estos no la
conocieron, es la Cruz del Sur. Fácil la distinguió desde las tierras
del Plata, donde brilla eternamente, o en los versos de [José
Santos] Chocano o [Rafael] Pombo. Así, hablando del atuendo
de San Silvestre, dice Darío: Sus pies cubren los joyeles de la Osa
adamantina, / y su capa raras piedras de una ilustre Visapur: / y
colgada sobre el pecho resplandece la divina / Cruz del Sur.
Esta es la constelación más significativa del cielo. Su sola
contemplación basta para despertar la más devota admiración.
Ni los griegos ni los romanos pudieron verla desde los cielos
mediterráneos. En cambio, los astrónomos egipcios la dedicaron
al emperador Augusto con el nombre de Solio de César. Los
caldeos y los árabes, que siempre la veían, no reparaban en otro
nombre, cuando dice en Job: Él fue quien hizo Orión, Las Pléyades
y las recónditas Cámaras del Sur. En la actualidad, está perdida del
cielo de Jerusalén; pero en tiempos de Cristo, y aún antes, desde
los patriarcas, esparcía sus suaves fulgores sobre la tierra de Pales-
tina.
Los europeos del medioevo guardaban remota sospecha de
la existencia de la Cruz del Sur, a la que nunca localizaron sobre
su horizonte. En La Divina Comedia, Dante la menciona tan
oscuramente que ciertos autores dudan si se trata de ella o es una
alegoría a las cuatro virtudes cardinales. Rubén Darío no com-
parte estas ideas, ya que dice en «Salutación al Águila»: Muy bien
llegada seas a la tierra pujante y ubérrima, / sobre la cual la Cruz del
Sur está, que miró Dante / cuando siendo Mesías, impulsó en su
intuición sus bajeles / que antes que los del sumo Cristóbal supieron
nuestro cielo.
Porque la Cruz del Sur es una constelación americana. Fue
120 Acahualinca
redescubierta, en el siglo mismo en que se topó con América, por
los marinos portugueses que buscaban la ruta de las Indias. Na-
vegar hacia América suponía conocer la Cruz del Sur. Carlos V
la dio por escudo de armas al historiador [Gonzalo Fernández]
Oviedo en reconocimiento a los 34 años que estuvo en este
continente. Colón la llamó El Crucero. Uno de sus biógrafos dice
que la tripulación que acompañó al almirante en su tercer viaje,
al contemplarla, «se inclinaba extrañada sobre la borda de las
blancas carabelas —y puede uno imaginarlos como en el Soneto
de Heredia— viendo en el mar fosforescente un Augurio de Oro
en las Américas».
(Managua, D.N., mayo de 1956).
[Tomado de la revista Azul / Órgano infor-
mativo del Ministerio de Relaciones Exterio-
res, núm. 44, abril-mayo, 1956, pp. 18-19]
La constelación de Orión, ilustrada en
Uranometria (1661) de Johann Bayer
VIII. Textos rescatados 121
IX.
Natura
122 Acahualinca
Sacuanjoche (Plumeria rubra), flor nacional de Nicaragua
(Foto de Franco Peñalba)
IX. Natura 123
LA NICARAGUA
Ernesto Mejía Sánchez
(1923-1985)
Aquí remedando a la rosa, las mosquetas y diamelas daban alarma
a la vista, disparando antes su aroma al ambiente: allí la nicara-
gua, las campánulas, las arreboleras, avergonzaban la pura luz del
sol con sus matices y cambiantes.
Serafín Estébanez Calderón («El Solitario»), Escenas andalu-
zas. Madrid, Imprenta de A. Pérez Dubrull, 1883, p. 265.
ANDRÉS [HENESTROZA] y yo somos hombres de pueblo, de pueblo
chico, y padecemos memorias de infancia mocedad. Nuestras lecturas
van cargadas de recuerdos: amigos, paisajes, pájaros, flores y frutos de la
tierra. Con frecuencia discutimos sus nombres y variantes. Él me ha
dictado por teléfono esas líneas de «El Solitario» en que figura la Nica-
ragua, una flor, en una escena andaluza. He recorrido las Andalucías, sus
jardines y cármenes, terrazas y balcones floreados, y nunca me topé con
la flor de mi sangre, llevada allá por sangre conquistadora, la misma que
nos trajo tantas cosas de Castilla. Esto no puede quedarse así. Na-
vegaré los diccionarios de la flora libresca y obtendré un puñado de
noticias tranquilizantes. Aquí van enseguida: En la región oriental
de Nicaragua se da la Nicaragüita (Plumeria rubra), que en la occi-
dental se llama vulgarmente chiquiona; es roja, retozona y sandun-
guera. La amarilla (Plumeria palida) es el sacuanjoche, del náhuatl,
zacuani (amarillo) y xochitl (flor). La roja es el cacaloxóchitl o jaca-
losúschil mexicano, Flor de Mayo, Flor de Cuervo, Alejandría, en
maya Chacnicté. Pero el sacuanjoche amarillo es la flor nacional,
la flor de los concursos y los sellos de correo. Ah Nicaragüita salta-
rina, llevada en maceta, sobre el mar, prendedora, pegajosa, pren-
dida, perdida en el Alándaluz. Andalucía, solo una flor pudo con-
quistarte. Guerra florida, pues, que llevamos dentro, juntos, Andrés.
[Recolección a mediodía. México, Ed. Joaquín Mortiz, 1980, p. 176]
124 Acahualinca
EL CONCEPCIÓN Y SUS ERUPCIONES
Jorge Eduardo Arellano
EL VOLCÁN Concepción recibió su nombre a inicios del siglo
pasado, cuando los hermanos de las Escuelas Cristianas (léase
LA SALLE) elaboraron su mapa de Nicaragua. Anteriormente,
se llamaba Ometepe, al igual que la isla más grande de América
Latina en agua dulce. En efecto, como Ometepe (ome: dos;
tepetl: cerros; dos cerros o volcanes) figura en el primer inventa-
rio de nuestros recursos naturales (1873) elaborado por el fran-
cés Pablo Lévy y en la primera Jeografía (sic) de Nicaragua / para
uso de las escuelas de la República (1875) del alemán Maximiliano
Sonnestern (Stuttgard, Reino de Gutemberg, Alemania del Sur,
1811-Managua, 14 de septiembre, 1895).
Para Lévy, la isla de Ometepe era la principal curiosidad del
departamento de Rivas. Desde el vértice de su volcán, se goza de un
panorama probablemente único en el mundo; la ascensión es fácil por
las sabanas que cubren sus faldas occidentales. El Maderas es poco
accesible por las muchas piedras. La isla contiene muchas antigüeda-
des que, por lo regular, se localizan en sepulturas indígenas anteriores
a la conquista. Por su parte, Sonnestern midió la altura del
Ometepe, y la de los demás volcanes del Pacífico, incluyendo El
Viejo, como se llamaba entonces el futuro San Cristóbal, «bau-
tizado» también por los hermanos cristianos de La Salle.
También en la obra de Antonio Salaverri, Elementos de geo-
grafía e historia de Nicaragua / Escrita para las escuelas populares de
la República y editada por el Supremo Gobierno (Managua, Tipo-
grafía Nacional, 1897, pp. 15-16) se afirma: «Son notables en
Nicaragua los volcanes siguientes: el Ometepe y [el] Maderas que
forman la isla de aquel nombre [—]. Los de Ometepe y Momotom-
bo arrojan columnas de humo con alguna frecuencia».
IX. Natura 125
En mi crónica «Tragos en Ometepe» (1990) evoco las fra-
gorosas erupciones —descritas por don Carlos A. Bravo— del
Concepción, coloso de mil seiscientos metros sobre el nivel del
mar y de admirable, voluminosa forma cónica, casi siempre
empenachado con una gentil plumilla de humo. Erguido en la
isla mayor del Gran Lago —Mar de Agua Dulce para los espa-
ñoles y Cocibolca para sus primitivos habitantes—, tiene de
vecino a otro volcán menor, de cono truncado, con laguna en
su cráter extinto: el Maderas.
Don Carlos inició sus descripciones con la erupción de 1883,
cuando las llamas se veían desde el más recóndito poblado de
Costa Rica. Era un incendio continuo. La de 1889 fue aparatosa.
Parecía que la isla iba a hundirse. Temblaba el pedazo de natu-
raleza, piaban los pájaros, aullaban los animales. Los árboles
desprendían sus hojas. La de 1902 arruinó los cacaotales de
Rivas. La de 1907 fue más prolongada: estuvo encendida la
enorme antorcha durante tres años. A veces se avivaba tanto la
luz que permitía a los marineros apreciar toda la extensión del
Cocibolca.
En 1921 volvió el volcán a tronar y a incendiar el cielo.
Temblaba la mitad de Nicaragua. Ya se le conocía por Concep-
ción y las vacas, los frutales, aparentaban ser de oro. En agosto
de 1923 fue escalado por el español, arraigado en Nicaragua y
convertido en volcanero, Dionisio Martínez Sanz. La lluvia de
arenón grueso —anotó— es constante y las piedras incandescentes
ruedan de cuando en cuando por las chorreras. También los gases del
volcán molestan grandemente la vista, y el tufo de azufre pica en la
nariz. Pero no ha causado daño a la isla ni a sus habitantes.
En 1924 volvió a iluminarlo todo. Las aguas del Gran Lago,
por las noches, parecían teñidas de sangre. Cinco años duró el
Concepción invitando a presenciar una impresionante fiesta de
luces intermitentes. Tras el trueno insondable, se iluminaba su
cumbre y arrojaba piedras encendidas a grandes distancias. Es-
cupía al cielo, bramaba, estallaba, se deshacía en llamas, retem-
126 Acahualinca
blaba, vomitando fuego y lava. En los pueblecitos aledaños, a las
ocho de la noche, apagaban los candiles y se acostaban tranqui-
lamente; pero el monstruo telúrico parecía forcejear con enor-
mes fuerzas infernales.
En la cuarta edición de la Geografía de Nicaragua y Centro-
américa (1951) de los hermanos de las Escuelas Cristianas se
reconoce la fertilidad de los terrenos de Ometepe, sembrados de
caña, cacao, café, tabaco y granos, además de poseer buenas
haciendas de ganado. La isla, a ocho kilómetros de las costas de
Rivas, había surgido cuando la región circunvecina se hundió
para formar la gran cuenca lacustre, gracias a las aguas fluviales
que la cubrieron y aislaron a los dos volcanes de la tierra firme.
Recordemos también que, en palabras de Jaime Íncer, «el Con-
cepción ha estado tranquilo desde 1956, cuando expulsó piro-
clastos y lava, pero en años recientes ha presentado esporádicas
erupciones de cenizas que han atemorizado a los pueblos de la
isla e istmo de Rivas».
En fin, los volcanes gemelos Concepción y Maderas se lla-
maron en lengua aborigen Omeyatecigua y Omeyateyte («gran
abuelo y gran abuela»), dioses tutelares de los antiguos nahua-
tlecas.
[El Nuevo Diario, sábado, 14 de abril, 2018]
Vista del volcán Concepción, al fondo el Maderas
IX. Natura 127
X.
Folclor
Anselmo Fletes Bolaños (caricatura)
128 Acahualinca
Escena en el tiangue de Granada (1891)
Fuente: Biblioteca del Congreso, EE.UU. (www_loc_govitem2016821003)
X. Folclor 129
PERSISTENCIA INDÍGENA
EN LA CULTURA POPULAR
Rafael Casanova Fuertes
Presentación
ES CONOCIDO el hecho de que la dominación española no
solo implicó apropiarse de los territorios e imponer el control
político sobre los territorios, sino también arrancarle a la pobla-
ción indígena sus sistemas de creencias, sus valores culturales y
costumbres. Pero la población originaria adoptó mecanismos
defensivos que le permitieron conservar sus raíces, en distintas
dimensiones. Por supuesto que la preservación de lo propio, se
dio dentro de una serie de luchas y adaptaciones experimentadas
por la población originaria, desde el arribo de los conquistadores
en el siglo XVI, pasando por el periodo colonial y los regímenes
republicanos sucesivos del siglo XIX en adelante.
En las siguientes páginas, haré una exposición básica de
elementos tradicionales que lograron persistir hasta los tiempos
actuales, principalmente de los usos más comunes y de la utili-
zación cotidiana que tienen las lenguas indígenas en la comuni-
cación oral. En esta dirección, el énfasis reside principalmente
en el náhuat y la misma influencia del náhuatl en el Pacifico-
Centro Norte, que fue donde se estableció la dominación espa-
ñola en Nicaragua. Para facilitar su lectura, he colocado en letra
negrita las palabras que se originan de la lengua indígena men-
cionada.
Válido es anotar ante todo, que entre otras razones, que nos
impulsaron a realizar el presente trabajo fue el de sacar desde
dentro de nuestras propias vivencias, muchas expresiones y prác-
ticas que nos fueron familiares en el entorno mestizo-popular al
130 Acahualinca
que pertenecimos desde nuestra infancia. Esta también pudo ser
la experiencia de muchos de los lectores, que el día de mañana
tengan la oportunidad de leer estas líneas. En ese mismo univer-
so, nos acostumbramos a escuchar palabras como jipato en lugar
de pálido; chichas en lugar de tetas, cuajipal en lugar de lagarto,
tepezcuinte en lugar de guardatinaja, expresiones como el Jiiii
en sostenido como manifestación de sorpresa, Xux o Suj para
espantar gallinas y otras aves Xax o jaj para espantar semovien-
tes, todo esto acompañado de prácticas y creencias que repetía-
mos y hacíamos, con desconocimiento de sus orígenes. Esto
último, lo comprendimos hasta años más tarde, en el proceso de
profesionalización en la disciplina, pero además la toma de con-
ciencia identitaria cuando aprendimos ano avergonzarse del lado
prehispánico o cobrizo que persistió dentro del mestizaje, a tra-
vés de los siglos.
Es muy importante esta aclaración en tanto considero que la
vivencia obra en ventaja para abordar un tema que rasga tu
propio ego, como parte de una comunidad mestiza, que aún
tiene mucho camino por delante para redescubrir realmente sus
orígenes e ir dejando atrás las especulaciones y suposiciones.
Con respecto a la bibliografía, nos fueron de gran utilidad,
entre otros, los trabajos de Carlos Mántica en su obra pionera
sobre el habla popular nicaragüense, la que incluye dos excelen-
tes ensayos sobre los nahuatlismos nicaragüenses (flora, fauna,
dieta, etc.) y las toponimias; El diccionario Náhuatl-Español de
Simeón Rémi; el trabajo de Próspero Árauz y su diccionario
sobre el Pipil en los Izalcos de El Salvador. Pero, además, obras
generales sobre historia de Nicaragua, como las de Jorge Eduardo
Arellano y Francisco Pérez Estrada, las cuales abordan temas
como las migraciones que llegaron al territorio y los costumbris-
mos que se preservaron.
La historia como ciencia, ha venido asimilando los avances
que en materia investigativa han aportado otras ciencias y nue-
vas generaciones de historiadores con ese potencial irán deve-
X. Folclor 131
lando las verdades ocultas de una de las partes más oscuras de
nuestro pasado: la historia prehispánica y los aportes de la cul-
tura amerindia. Dentro de esta lógica, es válido advertir, que el
presente trabajo no es un estudio exhaustivo —como lo vere-
mos— sino una invitación a continuar investigando sobre nues-
tras las raíces de la cultura prehispánica y de como parte de estas
raíces, lograron sobrevivir hasta los tiempos actuales
Sistema de creencias
Si bien la población adoptó los ritos básicos del catolicismo,
le imprimió sus propias prácticas prehispánicas en el sistema de
organización de cofradías, en las danzas religiosas, las rozas, los
pedimentos, o promesas etc. la conversión sincrética de los san-
tos españoles en sus antiguas deidades. Ixtlicton o Ixtli-tilli el
dios azteca con la cara negra al que se invocaba para la curación
de los niños enfermos, pudo ser representado en los cristos ne-
gros venerados en varios pueblos del interior del país o en ritua-
les como los promesantes chinegros, quienes se cubren el cuerpo
de negro, en las fiestas dedicadas a Santo Domingo de Guzmán
y a Santa Ana en Nindirì (Casanova, 2013). En Popoyuapa,
Rivas, encontraron una forma de representar a Hecat o Hecate
dios del viento, en Jesús del Rescate y en Diriamba a San Sebas-
tián con Mazat, dios de la caza. A todas estas imágenes les
dedican rituales prehispánicos como los mencionados.
Desde pequeños se nos enseñó que no tratáramos mal al
perro, porque cuando muriéramos un perro nos ayudaba a cruzar
el río Jordán, lo que en las creencias antiguas chichimecas, se
asumía que dentro de los espacios que tenía que recorrer el alma
o yulio en camino hacia los dioses era la de cruzar un río asido
a la cola de un Xoloc o Xulo que se traduce como perro. Estaban
de por medio las fatalidades finales de todo culto, que el juicio
final se iba a dar si se juntaban el perro y el lagarto, ambos
protagonistas también del inframundo mexica. El cadejo negro
y el cadejo blanco que encontraban los caminantes nocturnos,
132 Acahualinca
evoca a los dos perros del mismo inframundo azteca que encuen-
tran las almas en tortuosa su marcha.
Toponimias
A pesar de que tanto a ciudades y pueblos se les impuso el de
un nombre cristiano de un santo patrono en las ordenanzas
eclesiásticas y reales, los nombres prehispánicos no solo se con-
servaron sino que se impusieron A Santiago de los Caballeros de
Managua, se le conoce como Managua. A Masaya se le conoce
como tal, conservando el nombre hispano cristiano de San Fer-
nando para denominar a su equipo de béisbol. En la mayoría de
las cabeceras (12 de 17) se omitió el nombre cristiano y español,
impuestas en el bautismo y ganaron la batalla los nombres indí-
genas, además de las mencionadas tenemos: Somoto, Ocotal,
Jinotega, Juigalpa, Boaco, Chinandega, Matagalpa, Jinotepe.
Estelí y Bilwi (lengua misquita). De un total de 155 municipios,
67 (más de un 40%) ostentan nombres de las lenguas originarias
del país.
Granada, Rivas y parte de Carazo, tienen en su mayoría
nombres nahuas: Malacatoya, Panaloya, Malacos, Ometepe,
Cocibolca, Ochomogo, Moyogalpa, Jinotepe, etc. En Masaya,
parte de Granada y el resto de Carazo (Antigua Manqueza), son
casi todos chorotegas: Nandaime, Niquinohomo, Diriá, Diriam-
ba, Monimbó, Diriomo, etc. En nuestra propia observación en-
contramos que hay espacios compartidos en Masaya en donde
el mismo nombre de la cabecera es nahuatleco y que se traduce
como lugar de los venados, pero además existen Masatepe,
Nindirí, Jalata al igual que otras comunidades. Hay nombres
compartidos en los dos idiomas como Nandasmo. En Managua,
tenemos nuevamente toponimias nahuas en pueblos y lagos:
Xolotlán, Xiloá, Asososca, Acahualinca, Ticuantepe, Ticomo,
Tipitapa, Apoyeque, etc. En León Viejo, otra vez son chorote-
gas: Nagarote, Imabite, etc. En León Nuevo, son sutiavas:
Maribios, etc. En la Zona del Golfo, reaparecen los nombres
X. Folclor 133
nahuas, pero con el sufijo gentilicio Tecate (tega): Pozoltega,
Achuapa, Chinandega, Tezoatega (El Viejo), Chichigalpa, etc.
En el Norte se sigue extendiendo el náhuat hasta al sur —en
combinación con el Matagalpa y otras lenguas— en los depar-
tamentos de Boaco, Chontales y Río San Juan, tales como: Sébaco,
Boaco, Juigalpa Comalapa, Camoapa, y El Tule.
Además de revisar el excelente trabajo sobre las toponimias
de Mántica en esta dirección, basta observar en el mapa del
territorio, para darse cuenta, la gran cantidad de toponimias que
superan a las de origen hispano, en la denominación de cerros,
ríos, quebradas y accidentes geográficos, que no alcanzarían a
enumerarse en este trabajo los que conservaron sus nombres
tradicionales.
Apellidos sobrevivientes
Una vez impuesta la dominación española, los indígenas no
solo tenían la obligación de adoptar el cristianismo, sino tam-
bién nombres y apellidos cristianos. De ahí que en el bautismo
y bautismos colectivos en donde un mismo encomendero o fun-
cionario de la Corona fungían como padrinos, la población perdió
sus apelativos originales adoptando los nombres y apellidos cas-
tellanos de allí que es fácil notar en áreas como la mal llamada
«de los pueblos blancos» la abundancia de apellidos españoles
como Ruiz, Gaitán, Calero, Guerrero, Pérez, Téllez, etcétera, en
personas con evidentes fenotipos amerindios. Esta ofensiva cul-
tural continuó durante el periodo republicano en donde siguie-
ron jugando su rol los mismos sacerdotes, además de los «com-
padres-padrinos» (terratenientes avecindados en las comunida-
des). Todo apuntaba a que los sobrevivientes amerindios olvi-
daran sus raíces, comenzando porque cambiaran sus nombres y
apellidos originales, los nombres se perdieron totalmente (aun-
que en los últimos años han repuntado algunos nombres feme-
ninos como Xóchitl y Yaoska, que son propios de las últimas tres
décadas).
134 Acahualinca
A pesar de ello, se conservaron apellidos indígenas, incluso,
se puede especular que Nicaragua después de Guatemala es el
país que más apellidos indígenas conserva, principalmente de
lengua náhuat (los números 19, 26, 33 y 34) y mangue (el
resto). Entre estos se pueden mencionar: 1-Ambota, 2-Anlina,
3-Balitán, 4-Carey, 5-Cachiro, 6-Catín, 7-Condega, 8-Hali-
nas, 9-Hondoy, 10-Jalina, 11-Macanche, 12-Matey, 13-Mon-
doy, 14-Nandayure, 15-Nacatime, 16-Namoyure, 17-Nama-
yure, 18-Nicoya, 19-Nicaragua, 20-Noriongue, 21-Norori, 22-
Nocotoyure, 23-Ñamendy, 24-Ñamendes, 25-Ñurinda, 26-
Ochomogo, 27-Papira, 28-Pupiro, 29-Putoy, 30-Potosme, 32-
Potoy, 33-Taisigue , 34-Telica, 35-Ticay.
El náhuat y el náhuatl en el habla popular
Mántica plantea que la conquista permitió, la hibridación
náhuatl castellana que incorporó verbos pronombres, preposi-
ciones, conjunciones y hasta sonidos inexistentes en la lengua
ancestral, que en el habla náhuatl y en sus variante no existían,
por ejemplo los sonidos b, d, f, g, j, r, y, v (Mántica, 1989). Si a
la llegada de los españoles se encontró el sonido de la rr en el
náhuatl, este provenía de la influencia de la lengua arawaca de
origen sudamericano extendido a las Antillas y parte de Centro-
américa. Aunque en algunos grupos no nahuatlecos en el Sur de
México se hacía uso de la r por lo que habría que comprobar en
futuros estudios si los oto-mangues o chorotegas, quienes prece-
dieron en su llegada al territorio a las demás grupos mexicanos
aportaron este sonido en el territorio. En esencia algunos verbos
según esta fuente, provienen de este proceso de mezcla tales
como: cipear, coyotear, chilear, melenquear, mecatear. Atilin-
tar, enzacatar, existe influencia en los prefijos a, en y des ejem-
plo: apocoparse, encolochar, despacharse, etc.
Pero, más que eso, el colonialismo no logró exterminar en su
totalidad las lenguas originarias, tal como lo demuestran los es-
tudiosos. Gran parte del habla popular y cotidiana, está llena de
X. Folclor 135
palabras provenientes de las lenguas originarias, o se da el caso
que algunos términos, aparentemente de origen castellano, tie-
nen sus raíces en las lenguas originarias. Una de las lenguas que
más aportó al mestizaje fue el Náhuat, o mejor definido su exten-
sión en Nicaragua y Centroamérica del Náhuatl clásico mexica-
no llamado por algunos estudiosos del Náhuat-Pipil. En tanto a
la llegada de los españoles, los nahuatlecos centroamericanos
principalmente de Nicaragua y El Salvador, no usaban la termi-
nación tl.
Hay distintos criterios con respecto al predominio nahua-
tleco. Algunos estudiosos argumentan que fue debido a su uso
como lengua franca por parte de los conquistadores para co-
municarse con las demás agrupaciones originarias en el terri-
torio, dejando entrever que se impuso ante otras lenguas como
el Mangue, el Tacacho, el Matagalpa el Maribio y otras len-
guas.
Pero como vemos la influencia nahuatleca no solo influye
en la lengua y en la toponimia, sino también en la tradición
religiosa, tal como decíamos anteriormente, en las mismas po-
blaciones de origen chorotega que era la otra agrupación mayo-
ritaria. Existe en su panteón un dios de origen nahuatleco para
sincretizar a un santo patrono, tal como sucedió en los mencio-
nados ejemplos de Diriamba y Managua. Pero, a diferencia de las
demás culturas prehispánicas, está demostrado que de las migra-
ciones mexicanas que llegaron al territorio, las nahuatlecas, fue-
ron las más extendidas en el mismo. Hay autores que señalan
cuatro migraciones en distintas épocas (Arellano, 1997; Íncer,
2018). Razón por la cual fue esta última fue la de mayor peso
cultural en el mestizaje, expresándose en las distintas variacio-
nes del idioma nahuat y porque no el nahuatl —que pudo haber
influido en las migraciones tardías—, cuando era la variable
extendida en todo el valle del Anáhuac. En síntesis, la cultura
nahuatleca influyo tanto en el sistema de creencias sincréticas
así como en el habla popular.
136 Acahualinca
Expresiones comunes
En términos familiares para referirnos a los hijos les decimos
los pilines relacionado con pillitzin que significa hijos o hijas.
Decimos tocayo a quien tiene el mismo nombre que en la expre-
sión Nahuatl tocatl identifica a los que nacieron en el mismo día
según la tradición mexicana. Llamamos chichigua a la nodriza
que sustituye a la madre para amamantar porque que te da los
chichitl (pechos) al recién nacido lo que en la traducción, en
náhuatl se traduce como chichihuatl: madre de pechos; nosotros
nos tomamos una chicha de maíz, pero además le decimos chi-
chas a los mismos pechos que es nuestra contraparte a las tetas
españolas. Pipe que viene de pipitl que significa niño o niña;
Decimos: voy para mi chante o chanta, que puede ser el náhuat
relacionado con el náhuatl chantli o chantle, que significa casa.
A nuestro padre cariñosamente le decimos «mi tata», que viene
de tlactli, equivalente a padre. Si al niño, le salió rizo el pelo,
decimos que es colochón, que en el náhuatl se dice coloch. Al
guía le decimos chane, que significa el habitante de una locali-
dad, lo que se vino transformando con el tiempo: en quien co-
noce el lugar y que por tanto puede servir de guía.
Comúnmente, usamos el verbo pepenar que viene de pepe-
netl cuyo significado más común es recoger del suelo. Moto es un
simplificado de motlazqui que significa desvalido o pobre, lo
usamos actualmente para designar al huérfano. Usamos guape
para decir doble que se origina en huaztli cuyo significado es
gemelos; coto, sinónimo de manco a quien le falta una extremi-
dad o un dedo, o cotocho para decir chaparro, lo que proviene de
cotochit, que quiere decir corto defectuoso; cuita (excremento)
de cuitlatl en Náhuatl (Rémi, 1977). Hubo un gran molote o se
formó el tanate que equivale a bolso de hojas de cuero esto
equivale actualmente en términos populares a agrupación de
gentes; cuando recibiste una cantidad menor de algo se dice: me
dieron un chupojo que proviene de chupic que significa poco o
algo. Es muy común llamar chigüín al tierno o a los niños peque-
X. Folclor 137
ños (principalmente en el norte) que viene de chiguintzín signi-
ficado de niñito; cipote equivalente al tepochtli, del náhuatl que
se traduce a muchacho o niño ya grande. Cuando el hijo llegó
a la adolescencia o se hizo hombre se dice: ya mi hijo está ma-
tacán: en el Náhuat. mactlapactic, al hombre robusto de fuertes
brazos, lo que puede comprenderse cuando ya al joven púber, le
salió musculatura. (Tacuazín se le dice al chaparro, que se vin-
cula al Náhuatl tlacatl-zin igual a hombre pequeño Rémi, 1977).
Decimos agarrá ese mecate que se traduce como soga, en
castellano y decimos ponele un malacate, que se traduce como
forma de garabato o de algo que crece enredado, que a su vez
tiene otra acepción para referirse a alguien que ya es (o nació)
malacate, es decir persona de malas costumbres. También se le
llama, a una forma de extraer el agua de un pozo, atando una
cuerda a la silla de un caballo. Este va y vuelve al pozo, en el
proceso de extracción, por lo que coincide con el término mala-
cacholayan que significa dar vueltas. Cuando se da un pleito y
a uno de los contrincantes lo tomaron del cuello, se dice le
apretaron el cogote que puede ser una deformación de malcochtli
que significa cuello o cuechcochtli cuyo significado es nuca (Rémi,
1977). Recordemos también que a una enfermedad en la que se
inflama el cuello, le llamamos guecho o huecho. Pero también,
que lo que no podemos guardarlo para sí y se lo contamos a otras
personas, sin rebajas y con aumento, le llamamos cuecho.
En fin, existen muchas y más palabras de uso cotidiano,
cuyos orígenes, no son precisamente castellanos, sino nahuatle-
cos. Basta introducirse en una comarca o barrio del interior, para
que nos demos cuenta, cuanto han persistido el náhuatl y otras
lenguas indígenas en el uso cotidiano. Algunas de estas formas
se proyectan mestizadas.
Si el golpe que se dio o le dieron en la cabeza fue tan grande,
que le salió un chichote o hasta le hizo un tolondrón. Lo primero
es más comprensible porque se relaciona inmediatamente con
un derivado de chichitl o especie de inflamación, en forma de
138 Acahualinca
chicha que le salió en la cabeza. Mientras que el segundo bien
puede relacionarse con tolontic que se traduce como esférico,
redondo, como el chichote.
Decimos está muy jipata, de xipatl que significa pálido por-
que está enfermo y hay que ponerle cuidado. Si la fruta esta verde
decimos celeque, si la masa de un cereal esta gruesa quedó payas-
te y hay que darle más en el metate (piedra de moler) y mucho
cuidado de dejar mucho tiempo esa masa porque si no se pone
zosolca (estado de fermentación). En lugar de panal de miel,
decimos xicote. Cuando a alguien se le hizo una brujería y quedó
atontado(a), se dice que le hicieron mal o le dieron una cochi-
nada que puede venir del Náhuatl cochihuani o cochizmahua
que se traduce en todo aquello que te hace dormir, término que
se también se aplica a una planta somnífera (Rémi, 1977). A una
mujer que quedó embarazada, se dice está pipona (puede ser que
sea porque lleva un pipe en su vientre) y si tiene un hijo, que
todavía recibe leche de pecho, el que está en el vientre puede
quedar cipe, que proviene del náhuatl tzipitl que significa niño
enfermo a causa de mala leche.
Actica significa estar hundido, hasta hace poco nuestras
abuelas decían allí tuve que aticuñarle papeles, al zapato para
que me quedaran. Normal es escuchar a alguien decir a veces
aticuño las cosas, para que no las hallen, es decir las escondió o
concentró, las cosas, en algún rincón. En otras acepciones se usa
como sinónimo de apelmazar. Por ejemplo le aticuñé unos pa-
peles a la hendija para que se tapara. Estas son formas mestizadas,
como el caso de la mujer pipona, en las expresiones populares a
través de las cuales sobrevivió la lengua prehispánica.
Están fregadas las cosechas he visto muchos tapachiches
(vinculado al náhuatl tapachtli chichi, que significa saltamon-
tes) no vaya a ser que haya peste de chapulín y se nos frieguen
las milpas (maizal) y si hay mala cosecha nos va a quedar una
pilcacha (depilcatic, cuyo significado es delgado, menudo) de
ganancia. Creo que va a haber vendaval porque miré muchos
X. Folclor 139
papalotes (mariposas negras).
Nahuatlismos en el uso familiar y cotidiano
El náhuatl en sus distintas variaciones es de uso normal y
cotidiano principalmente en las poblaciones del interior. Como
una especie de ejercicio hagamos un traslado imaginario hacia
una comunidad rural del país para poder compenetrarnos con
más facilidad de su utilización familiar en las poblaciones del
interior. Al iniciar sus quehaceres, la campesina a quien llama-
remos Teresa hablando con una amiga, hizo las siguientes ex-
presiones: «salí del tapesco (cama rústica) temprano, después de
comerme dos tanelos (viene de tlanelli una variedad de tamal)
con café, me puse a hacer el motete de ropa, para ir a lavar al río.
La primera palabra relaciona con tlapechtli o tlapechco que se
traduce como cama, angarilla o tablado, mientras que motete que
también denominamos «atado de ropa» viene de dos términos
similares motatachpaquenti, que se traduce bien cubierto por el
frío o motetiani lo que se recoge para construir (Rémi, 1977).
En este caso se vino utilizando más para amontonar y atar la
ropa para lavarla, ese es el motete. Allí Teresa se encontró en el
río con otras lavanderas y platicaron sus cosas mientras al restre-
gaban la ropa con el jabón, o las chorejas de guanacaste, hasta
sacarle jabonallo, para quitarle lo sucio. Lo que nos recuerda el
término náhuatl pozonallo, que significa espumoso o lleno de
espuma. Tuve que darles duro —dice ella— pues un pantalón
de Juan estaba casi alaste (de alastli: gelatinoso) de sucio. No-
tamos cómo, en otras expresiones anteriores, la claridad del
mestizaje en la construcción de palabras.
En un receso le ayudó a una de sus amigas a recoger unas
piedras para hacer un tenamaste porque lo mismo lo iba a ocupar
para colocar la olla y cocer nacatamales, elotes y yoltamales
para venderlos en el vecindario. Pero además aprovechó junto
a sus amigas para cortar unos zapotes y juntar hojachigue para
lavar trastos.
140 Acahualinca
Teresa, tras terminar de lavar la ropa, volvió a su casa y
encontró al marido, a quien llamaremos Juan, en estado de ebrie-
dad. Teresa se enojó y le tiró los calaches o tiliches (del nahuat
calachuni: cosas viejas) a la calle, y le dijo que se fuera con sus
cuitas (rel. con el náhuatl cuitlatl equivalente a heces fecales) a
otra parte.
Cuando Juan se fue, ella le explicaba a una vecina —que
llegó a conocer de fuente directa la novedad—, que no era la
primera vez, que venía bien «socado» (que proviene del náhuatl:
soquit (Arauz,1960) que significa ebrio, a lo que le agregaron el
sufijo castellano ado, para decir socado) y tuvo que decirle un
cachipil (para decir gran cantidad corresponde xiquipil el núme-
ro 800) de cosas, delante de los pilines, porque ya no lo aguan-
taba. Le agregó además que hubo un momento en que la quería
maquear, es decir golpear, ella sin pretenderlo nos recordó que
en náhuatl se dice maquichtle, que equivale a muñeca de la
mano, pero además machquit significa brazo. Es decir, que ma-
quear, puede originarse de golpear con la extremidad superior
utilizando las manos. Teresa regreso a su casa después de haber
de haber departido un tiste, con su vecina y llevando un costa-
lito de maíz pujagua aún indecisa de hacer un pozol o un chilate,
para el día de mañana con el pujagua.
Siempre en la misma secuencia imaginaria, sucedió que días
más tarde, Teresa, se encontró con su marido en la calle. Él, muy
apenado y un estado diferente, le pidió perdón por lo sucedido.
Ella accedió a escucharlo e inició la reconciliación, tornaron a
la chantita ya en horas de la noche y allí, él además de darle unos
regalos, empezó muy cariñoso a apapacharla, que puede enten-
derse como un derivado del náhuatl pipichoa que significa aca-
riciar, halagar, enamorar, engatusar, etc. Solo que se le agrega el
prefijo a. Después en la intimidad, comenzó a hacerle un resu-
men de donde había estado y las incidencias cotidianas, más
inmediatas: que estuvo en casa de su tata, que no aguantaba las
chayules (del náhuatl cayolin que significa una variedad mosqui-
X. Folclor 141
to); que un día de esos lo orinó una maya (equivalente a mayatl
que significa chinche) en el tapesco que por suerte fue en la
barriga y no en el ojo sino hubiera quedado choco (significa corto
de vista, pero su origen no está definido); que uno de sus cuña-
das, discutía con su hermano todos los días y era una chachalaca
(del náhuatl cacalaca) para hablar. Que allí le contaron, que
una de sus sobrinas en Managua fue víctima de un moclín (rel.,
con el náhuatl moquín), derivado de macuahuia que significa
violación (Rémi, 1977). Que en las fiestas patronales del pueblo,
dio una vuelta por los chinamos del nahuat Chinamitl (Arauz,
1960).
La señora durmió muy bien esa noche, pero olvidó antes de
acostarse, ponerle estorbos al portillo y al levantarse por la ma-
ñana, del día siguiente, escuchó un ruido ajeno y se dio cuenta
de que por la noche, se había metido un semoviente al solar. La
primera expresión que hizo fue el típico sonido ancestral de los
nahualparlantes, que denota sorpresa: ¡jiiiiii! se metió la vaca al
solar! y con rápidos gestos moviendo los brazos dirigiéndose a la
vaca empezó a gritar: ¡já!, ¡já! ¡Vaca jodida! ¡Ja! y ésta muy
presurosa se dirigió a buscar el portillo, por donde había entrado.
Esto nos trasladó al sonido que hacían para asustar a los anima-
les, los antiguos nahualparlantes: ¡Xa! Que significa vete. Pero
de igual modo se dio cuenta que las gallinas de las vecinas, esta-
ban dando cuenta de uno de sus siembras y nuevamente recurrió
a otra voz propia del náhuatl antiguo, que también significa
vete: ¡xux!, ¡xux!
Al levantarse el esposo, de forma muy expresiva, ella le dio
los pormenores de lo sucedido: ¡Ay pipe! vieras que susto, cuan-
do oigo el ¡chaca! ¡chaca! de la vaca y la veo comiéndose el
zacate de limón, la arreo y ¡tros! ¡tros! salió corriendo para el
portillo y eso es nada, las gallinas jodidas de la vecina, estaban
¡piqui! ¡piqui! comiéndose mis plantas. Juan se comprometió
con ella reparar el portillo y atilintar (relacionado con el náhuatl
tilinqui que significa tenso o tieso) los alambres para que ya bien
142 Acahualinca
tilintes no se vuelva a meter ni esa vaca, ni otros animales. Y con
este último episodio, cerramos nosotros también el viaje imagi-
nario por los senderos en que se abrió brecha, esta lengua indí-
gena.
Como podemos apreciar, en este esbozo de las persistencias
en la preservación de nuestras lenguas ancestrales, se hace uso
de sonidos imitativos (onomatopeyas), y hasta la misma imita-
ción de las personas y animales, para darle realce a lo que se está
narrando o relatando en la expresión oral. Esto también, forma
parte de nuestras raíces culturales y en particular del léxico pre-
hispánico, que logró atravesar las barreras que se le impusieron,
para ser parte intrínseca de la cultura popular actual, junto a
otros elementos del pasado prehispánico mismo que de estas
formas, persiste cinco siglos después de haberse impuesto la do-
minación política y cultural de España y Europa sobre nuestra
América.
Fuentes
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CASANOVA FUERTES, Rafael: «Los chinegros recuerdan a
Ixtlicton, el dios de la cara negra del panteón Azteca»,
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X. Folclor 143
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PÉREZ ESTRADA, Francisco: Ensayos nicaragüenses. Managua,
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Consultas electrónicas
Https://es.wikipedia.org/mictlan
Https//es.sildeshare.nelcamilacamps/panteón-azteca
Https//:portalancestral.com/xolot-elperro-del-inframundo-y-dios-
de-los-aztecas/
Rafael Casanova Fuertes
144 Acahualinca
DE LA MUSA POPULAR NICARAGÜENSE
[Homenaje al primer investigador de nuestro folclor
literario: Anselmo Fletes Bolaños (1878-1930)]
Esteban Sandino
1. La pobre doña Sabina
LA pobre doña Sabina
un gran chasco le pasó,
por andar tras de los yanques
el diablo se la llevó.
Por allá vienen los yanques,
con cotona colorada,
gritando ¡hurra! ¡hurra! ¡hurra!
¡En Granada ya no hay nada!
[Estrofas transcritas por Rubén Darío en la crónica: «El fin
de Nicaragua» (La Nación, Buenos Aires, 28 de septiembre,
1912, p. 6, col. 1-2), incluida en Escritos políticos. Selección,
estudios y notas: Jorge Eduardo Arellano, Pablo Kraudy Medi-
na. Managua, Banco Central de Nicaragua, 2010, pp. 180-184.
Doña Sabina [Estrada de Selva] fue una talentosa dama costa-
rricense, amiga y partidaria de William Walker (1824-1860).
Era casada con Silvestre Selva (1777-1855), senador que —con
José María Estrada de ministro general— inauguró su gobierno
en Masaya como director supremo el 16 de diciembre de 1844.
Pedro Higinio Selva, hijo del matrimonio, resultó un encendido
secuaz de Walker y, al ser expulsado este, tuvo que abandonar
Nicaragua y radicarse en Cuba.
En su crónica referida, Darío escribió: «Aún he alcanzado a
oír cantar ciertas viejas coplas populares [...] No se decía yan-
quis, sino yanques»; y a continuación cita los dos fragmentos que
X. Folclor 145
constituyen variantes del famoso corrido «La mama Ramona»,
colectado en León por Berta Buitrago y remitido a Ernesto Mejía
Sánchez para sus Romances y corridos nicaragüenses (México,
Editorial Universitaria, 1946, pp. 116-117). En esta versión, el
verso 14 con el nicaragüensismo cotona (camisa de manta, man-
ga corta, sin cuello, con dos o tres botones, popularmente usada
desde entonces) es sustituido por el anglicismo chaqueta; y al
verso 15 le faltan dos ¡hurra! para completar el octosílabo].
2. La mama Ramona
LA pobre mama Ramona
la gran vaina le pasó;
por meterse con los yanques
el diablo se la llevó.
La pobre mama Ramona
de un yanque se enamoró:
la agarraron los trotones
y ni el cuento nos contó.
Por allá vienen los yanques,
allá vienen los cabrones
a cogerse a Nicaragua
los grandísimos ladrones.
Por allá vienen los yanques,
con chaqueta colorada,
diciendo: «¡Hurra! ¡Hurra!
En Granada ya no hay nada».
Para los yanques tenemos
una hermosa recepción:
¡el filo de los machetes
y las balas de cañón!
En la calle’e Guadalupe
vamos a formar un puente,
con las costillas de un yanque
146 Acahualinca
y la sangre de un valiente.
Si en el camino a Mombacho,
ves dos orejas en punta:
¡tírale por hijo’e puta
que’s la cabeza de un «macho»!
A la pobre mama Ramona
la gran vaina le pasó;
por andar de chinvarona
el diablo se la llevó.
[La primera cuarteta fue recogida por Mariano Barreto (1856-
1927) en «Poesía regional», Páginas literarias. León, Tipografía
Robelo, 1925, p. 60; allí aseguró que «en esta ciudad [León] en
tiempos de los yanques, le llamaban tonada». El corrido comple-
to debió cantarse después del incendio de Granada (a partir del
23 de noviembre de 1856) y alentaba a los nicaragüenses ya
unidos; véanse las alusiones a un sitio de León: la calle’e Guada-
lupe, y a un paraje granadino: en el camino a Mombacho. Macho:
sinónimo de yanque; chinvarona: mujer ligera de cascos; otra
acepción de chinvarona es marimacha, pero aquí no se aplica.
Sin duda, «La mama Ramona» identificaba a los nicaragüen-
ses con el objetivo de expulsar al invasor. El personaje histórico
representaba a la mujer entreguista deslumbrada ante Walker.
Por eso la moraleja del corrido no podía ser más burlesca. Véase
a JEA «El patriotismo nicaragüense frente al expansionismo fi-
libustero», Boletín Nicaragüense de Bibliografía y Documentación,
núm. 62, agosto-octubre, 1989, pp. 89-95. Mejía Sánchez afir-
ma que «la protagonista de este corrido parece haber sido doña
Ramona Barquero, vecina de Masaya, una señora enormemente
gorda y alegre, según la opinión de Mr. Squier, que se mostró feliz
de que su pobre casa fuera honrada por los hijos de Washington. Era
dueña de una hospedería», en Romances y corridos nicaragüenses
(1946, op. cit., p. 23)].
X. Folclor 147
3. Ábrime tus puertas
—ÁBRIME tus puertas, mi alma,
que me quiero reclinar
en tus pechitos.
—Reclínate en los pechos
de tu abuela
que después de haber dormido
con tus queridas,
no me venga un momento
a despertar.
Reclínate en los pechos
de tu abuela,
bandido, regrosero, rejodido,
repisado
que después de haber dormido
con tus queridas,
no me venga un momento
a recordar.
[Tomado de «Canciones recogidas en León, 1909», por el
antropólogo y lingüista alemán Walter Lehmann (1878-1939),
en Boletín Nicaragüense de Bibliografía y Documentación, núm. 48,
julio-agosto, 1982, p. 32. Incluía la recolección de su música].
4. Bombas
—del fandango—
Amongst the lower classes, fandangoes and other characte-
ristic dances are frequent, and are sufficiently uproarious and
promiscuous. For obvions reasons, I never witnessed any of
these in the city, althrough I stumbled upon then occasionally
in the villages, ohiring my excur-sives in the country.
[E. G. Squier: Nicaragua; / its people,
scenary, monuments [...], vol. I, New York: / P.
Appleton & Co., Publishers. / MDCCCLII
[1852], p. 271].
148 Acahualinca
Las clases inferiores bailan el fandango y otras danzas típicas
de manera promiscua y escandalosa. Por razones obvias yo
nunca las vi bailar en la ciudad, aunque en mis excursiones por
el país tuve la oportunidad de presenciarlas en los pueblos.
[Traducción de Luciano Cuadra, toma-
da de Nicaragua, sus gentes y paisajes. San
José, Costa Rica, Educa, 1970, p. 209].
I. Galante
Él:
DE Norte a Sur
corren las nubes.
Mi amor te brinda
solicitudes.
Ella:
Solicitudes
mi amor no quiere.
Que no es tu amor
al que prefiere.
II. De los indios somoteños
Él:
TEBURCIA sé que ti llamas,
tu apelativu no sé.
Mi corazón si resiente,
Teburcia, no sé por qué.
Ella:
Mi apelativu is Gonzále,
mi nombre ya lo sabés:
si tu corazón risiente,
será porque mi querés.
X. Folclor 149
III. Injuriosa
Él:
DESDE aquí te estoy mirando
los defectos que tenés:
ojos de préstame medio,
cara de gorro al revés.
Ella:
Desde aquí te estoy mirando
los defectos que tenés:
rabadilla de aparejo,
patatucos los dos pies.
[En palabras de Anselmo Fletes Bolaños, «la bomba era una
copla, que de la pareja que bailaba el fandango, el varón le dirigía
a la mujer, quien contestana con otra referente a la recibida. Y
bomba va, bomba viene. Para que tuviese más gracia debía ser
improvisada [...] La bomba salía a la altura de los que se la dirigían
y según la situación; era satírica y hasta injuriosa y vulgar; y no
faltaban algunas que pudieran llamarse sentimentales, como
cuando con ellas expresan el amor o la galantería. Vengan unos
modelos que recuerdo» («Verso popular nicaraguano: XXI».
Nicaragua Informativa, año VII, núm. 122, febrero, 1924, p. 5).
La pronunciación de los «indios somoteños» suplanta la e por la
i (y viceversa), más la o por u en la bomba II; en la tercera ojos de
préstame medio equivale a ojos suplicantes; y patatuco (verso 8) a
patizambo, corneto].
5. Sueltas
[Cuertetas misóginas recogidas en Granada, Managua y las Segovias]
CUANDO te quería
era por tu pelo.
Ahora pelona
¡para qué te quiero!
150 Acahualinca
OJOS de iguana mirando al perro,
linda cabeza de mapachín
eres tan fina como un lagarto
y es tu sonrisa de jabalí.
UNA novia que yo tuve
todas las efes tenía:
era fea, flaca, flema,
fregona, frágil y fría.
DE la costilla de un perro
hizo Dios a la mujer;
por eso es que son muy bravas
y se lanzan a morder.
SIEMBRA tu amor,
Siémbralo, ingrata piruja,
que si en mi pecho lo siembras
no lo siembres en talpuja.
[Tomadas de «Verso popular nicaraguano», Nicaragua In-
formativa, año VII, núm. 112, noviembre, 1923, p. 15). Fletes
Bolaños, su colector, identifica los nicaragüensismos piruja:
muchacha en la Nueva Segovia; y talpuja: «Terreno ingrato
que hay en la Sultana [Granada], arcilloso y en el que no nace
nada»].
6. ¡Ay, cielos!
—Jalalela—
¡AY, cielos! ¡Ay, cielos!
¡Ay, cielos! ¿qué haré?
A mí no me quiere
ninguna mujer.
Y la que me quiere
quiere que le dé,
zapatos de moda
sin tener con qué.
X. Folclor 151
Y un defecto tiene
que se lo he notado:
la frente sumida,
un ojo apagado,
la boquita chueca,
la nariz de un lado,
cintura de avispa,
culo respingado.
[Esta jalalela en versos de seis silabas la colectó Anselmo
Fletes Bolaños (Gil Blas) en Regionales (Managua, Tipografía y
Encuadernación Nacionales, 1922, p. 68) «La jalalela, nuestro
cantar nacional, es una especie de jota española, que se canta al
rasgueo de una guitarra, generalmente en los valles y caseríos...»
(p. 46). El mismo texto, tomado del folleto de Salvatierra, lo
reprodujo Salvador Cardenal en su investigación «Música indí-
gena para marimba» (Cuaderno del Taller San Lucas, núm. 4, 4
de octubre, 1944, pp. 75-81) y en Vida y obra (Managua, Insti-
tuto Nicaragüense de Cultura, Fondo Editorial, 1997, p. 23),
especificando que su música corresponde a nuestro Jarabe. Tam-
bién lo oyó y recogió en Granada Pablo Antonio Cuadra, según
Ernesto Mejía Sánchez: Romances y corridos nicaragüenses (1946),
op. cit., pp. 102-103].
7. Tres consejos
MORENITA de mi vida,
dueña de mi corazón,
tres consejos vengo a darte
y te diré cuales son.
El primero es tus ojitos,
con que me mirás a mí;
no mirés a ningún otro,
que la pena es para mí.
El segundo es tu boquita
152 Acahualinca
con que me besás a mí;
no besés a ningún otro,
que la pena es para mí.
El tercero es tu pechito
en que me encerrás a mí;
no encerrés a ningún otro,
que la pena es para mí.
[Recogido por Fletes Bolaños en «Verso Popular Nicaragua-
no: X», Nicaragua Informativa, año VII, núm. 113, noviembre,
1923, p. 5, no ha vuelto a difundirse desde entonces. En esta
jalalela se despliega el voseo del nica: «Así, mirás, mirés, besás,
etc., para concordar con la música», observa el colector].
8. El chancho
(Legítimo de Granada tanto letra como música)
YA degollaron el chancho,
ya lo llevan a pelar,
decile a Felipe Neri
que ya mande por su real.
Muchacha, no te descuides
en dejar la casa sola,
no sea que se me lleven
los menudos y la cola.
Padre mío, San Antonio,
pariente de San Dionisio,
que me salgan veinte pesos
de todos estos chorizos.
Padre mío, San Antonio,
pariente de Santa Tecla,
que me salgan cien botellas
de todita la manteca.
Muchacha andá vete al centro
X. Folclor 153
a traerme aquellos reales
y de vuelta venís diciendo:
¡ya están los nacatamales!
¡Qué bien que se harta mi pebre
ese negro de Mongrío!
Y hasta la Ana Frita dice
que no hay pebre como el mío.
Padre mío, San Gerbacio,
ablandad los corazones,
que la gente se trompiece
por comprar los chicharrones.
Si vendo todo este chancho
a pagarle voy al Guico,
le pago a la Cunegunda
y hasta a don Tiburcio Mico.
[Publicado por Fletes Bolaños en «Verso Popular Nicara-
guano», Nicaragua Informativa, año VII, núm. 114, diciembre,
1923, p. 7].
9. La Patriótica
A nosotros no nos manda
el Gobierno Americano,
que nosotros somos libres
como pueblo soberano.
Don Bartolo, el segoviano;
don Bartolo nos ha dicho
que nosotros somos libres
del poder americano.
¡Fuera, fuera, no más gringos!
Fuera, fuera el cordobano.
A nosotros no nos manda
el poder americano.
154 Acahualinca
¡Fuera, fuera las estrellas!
Del poder americano.
Y en el campo solo flote
el pendón nicaraguano.
El pendón de San Jacinto
de heroísmo sobrehumano,
donde un día mordió el polvo
el soldado americano.
La bandera del Jocote,
de Fernando pinolano,
donde hicimos paste y cuita
al soldado americano.
Vaya, váyase el marino,
de este suelo soberano.
y en el Campo solo flote
el pendón nicaraguano.
[Publicado por Anselmo Fletes Bolaños en «Verso Popular
Nicaraguano: III», Nicaragua Informativa, año VII, núm. 110,
noviembre, 1923, p. 7, con esta aclaración: «La primera de las
estrofas que siguen la hemos recogido en un establecimiento de
Baco», en Managua; las seis restantes, originales del colector,
están calcadas en ella. Al respecto, JEA las transcribe y afirma:
«En esta recreación de ‘La Patriótica’, canción popular surgida
en Managua durante el breve gobierno progresista de Bartolomé
Martínez (1923-24), se alude a los términos locales: cordobano (o
córdoba): moneda impuesta desde 1912 por Wall Street, equi-
valente al dólar; al Campo [de Marte], cuartel de la intervención
armada; a San Jacinto, hacienda en la que fue derrotado el fili-
bustero durante la Guerra Nacional; el 14 de septiembre de 1956
al Jocote, otro hecho de nuestras glorias en esa contienda, acon-
tecido el 21 de marzo de 1856; a Fernando Chamorro, héroe del
Jocote; a pinolano, derivado de pinolero: apodo colectivo de los
nicas; y al marino, o la guardia de los marines estadounidenses»
(Literatura nicaragüense: siglo XIX e inicios del XX. Managua,
X. Folclor 155
JEA-Editor, noviembre, 2017, p. 283)].
10. Aquí me tenés...
AQUÍ me tenés, mamita,
como garcita en laguna;
¿cómo querés que me vaya,
sin esperanza ninguna?
[Citada por Anselmo Fletes Bolaños dentro de su estudio
«La Jalalela», en Regionales (1922), op. cit., p. 10 y por Francisco
Pérez Estrada en «Correvientos» (una de las isletas del Gran
Lago) en Chinazte (Managua, Imprenta Nacional, 1968, p. 18).
Cantar —lo denomina Pérez Estrada, quien se la oyó a un botero
isleño con una variante en el verso 1: parado en lugar de mamita.
Chinazte: semilla escogida para sembrar, op. cit., p. 41].
11. Calvino
ESTABA Calvino
sentado en el sol,
con el calzón roto,
de fuera un coyol.
Pasaron las niñas
y le preguntaron:
—¿Qué es eso Calvino?
—¿Qué es eso, mi amor?
—Esta es la gran carga
de mis municiones,
y esta es la escopeta
con que tiro yo.
Estaba Julián,
arriba’el balcón:
—Calvino, hijueputa,
zurcí tu calzón.
[Versión escuchada por JEA en el barrio Sajonia, de Mana-
156 Acahualinca
gua, a mediados de los años 50. Calvino (v. 1.), las niñas (v. 5)
y Julián (v. 13) suplantan a San Pedro, las monjas y San Pablo,
respectivamente, del «romancillo picaresco que los niños mu-
chas veces repiten, sin penetrar en su sentido y titulado ‘San
Pedro’, de raigambre española. En México el protagonista es
Juan Diego y en Argentina Fray Diego» (Ernesto Mejía Sán-
chez: Romances y corridos nicaragüenses (1946), op. cit., p. 22).]
12. ¡Ay!, qué vida
¡AY!, qué vida más terrible:
cuando yo era ternerito
me sacaban del chiquero,
muriéndome de flaquito.
Y para mal de mis males,
ni más trámite ni ley,
me sacaron de Chontales
solo para hacerme buey.
[Estas cuartetas pertenecen al corrido «El ternerito». La
primera es una variante de «El toro puntal», recogido por Fletes
Bolaños en «Verso popular nicaraguano» (Nicaragua Informati-
va, año VII, núm. 114, diciembre, 1923, p. 7): Trabajos los que
pasaba,/ cuando yo era ternerito,/ me echaban en el chiquero/ murién-
dome de flaquito. De siete cuartetas consta «El toro puntal», cuyo
origen —según Fletes Bolaños— «es paseño, esto es del Paso de
Panaloya, Granada. Lo recitan en las fiestas, y aún la cantan al
rasqueo de la guitarra con aire de jalalela». Ambas cuartetas las
transcribió Hernán Rosales en el capítulo «¿Hay cantos regiona-
les en Nicaragua?» de su libro Nicaragua: película de una vida
(México, «Gráficos Guanajuato», 1950, p. 102) con una varian-
te en el verso 6: sin en lugar de ni. El mismo Rosales las considera
«el canto regional más típico por su sabor campesino y sentido
picaresco». JEA se la oyó cantar a Leonor Vargas Sáenz en Gra-
nada y la reproduce en el Memorial de los 60 (Managua, JEA-
Editor, 2015, p. 24). Mejía Sánchez recoge dos versiones más
X. Folclor 157
extensas de «El ternerito» (1946), op. cit., pp. 112-113].
13. Yo he visto en invierno...
YO he visto en invierno llorar la avecilla
pidiéndole al cielo un rayo de sol:
la he visto más tarde, cantar de alegría,
cuando en el estío el sol alumbró.
[En Hernán Rosales: Nicaragua: película de una vida (1950),
op. cit., p. 192, precedida de estas líneas: «Conocí en Nicaragua
canciones que hasta hoy no he sabido que sean mexicanas, ni de
otra parte, puesto que no aparecen en ningún libro folclórico ni
sé que se hayan cantado nunca aquí [México], por lo que creo
son auténticas de allá [Nicaragua]. Tenemos, por ejemplo una
cuya letra, tal como yo la oí cantar, empezaba con la siguiente
estrofa» (y luego transcribe los cuatro endecasílabos citados).
También JEA la escuchó de Leonor Vargas Sáenz y la rescata en
su Memorial de los 60 (2015), op. cit., p. 24].
14. Amigos somos amigos
AMIGOS somos amigos:
présteme usted su mujer;
yo le voy a prestar la mía
cuando la llegue a tener.
Amigos somos amigos:
présteme usted su hermanita;
yo le prestaré la mía,
cuando no esté mi mamita.
Amigos somos amigos:
présteme usted su caballo;
yo le prestaré el mío
si algún día me lo hallo.
[Recogido por Octavio Robleto en Comalapa, departamen-
to de Chontales y publicada por JEA en Panorama de la literatura
158 Acahualinca
nicaragüense (De Colón a los finales de la colonia). Managua,
Ediciones Centenario Rubén Darío, 1966, p. 143 (Apéndice I:
«Poesía popular anónima»)].
15. Levantate mi alma
LEVANTATE mi alma
a lo que acostumbras,
a barrer tu casa
y a encender la lumbre.
—Yo no me he casado
para barrendona,
yo me he casado
para señorona.
Cupido pintó
en una solera;
la mujer chiquita
es muy zalamera.
Cupido pintó
en una cabulla;
la mujer chiquita
es muy zaramulla.
[También referida por Octavio Robleto en Chontales y
publicada por en su Panorama de la literatura nicaragüense (1966),
op. cit., pp. 143-144. Cupido, diosecillo del amor en la mitología
griega, fue motivo de una discusión literaria en Chontales. Dos
ebrios se dieron de machetazos porque uno sostenía, y el otro lo
negaba, «que Darío era mejor novelista que Cupido»].
Fuentes
ARELLANO, Jorge Eduardo: Panorama de la literatura nicaragüen-
se. (De Colón a los finales de la Colonia). Managua, Edicio-
nes Centenario Rubén Darío, 1966. 180 p.
X. Folclor 159
_______________________: «El patriotismo nicaragüense frente
al expansionismo filibustero», en Boletín Nicaragüense de
Bibliografía y Documentación, núm. 62, agosto-octubre, 1989,
pp. 89-95.
___________________________: Memorial de los 60. Managua, JEA-
Editor, 2015. 449 p.
___________________________: Literatura nicaragüense. Siglo XIX e
inicios del XX. Managua, JEA-Editor, noviembre, 2017.
BARRETO, Mariano: Páginas literarias. León, Tipografía Robelo,
1925. 126 p.
CARDENAL ARGÜELLO, Salvador: «Música indígena para
marimba (II. Jarabe matuteado III. Baile de inditas)».
Cuaderno del Taller San Lucas, núm. 4, 4 de octubre, 1944,
pp. 75-81.
___________________________: Vida y obra. Managua, Instituto
Nicaragüense de Cultura, Fondo Editorial, 1997, 97 p.
DARÍO, Rubén: Escritos políticos. Selección, estudios y notas: Jorge
Eduardo Arellano. Managua, Banco Central de Nicara-
gua, 2010. 446 p.
FLETES BOLAÑOS, Anselmo: Regionales. Managua, Tipografía y
Encuadernación Nacionales, 1922. 105 p.
MEJÍA SÁNCHEZ, Ernesto, comp.: Romances y corridos nicara-
güenses. México, Editorial Universitaria, 1946. 122 [1] p.
SQUIER, E.G.: Nicaragua; its People, Scenary, Monuments [...] Vol.
I. New York, D. Appleton & Co. Publishers, [1852]. 424 p.
_______________________: Nicaragua, sus gentes y paisajes. Traduc-
ción de Luciano Cuadra. San José, Costa Rica, Educa,
1970. 522 p.
160 Acahualinca
X. Folclor 161
XI.
Investigaciones
Isolda Rodríguez Rosales
162 Acahualinca
Documento más antiguo resguardado
en el Archivo Histórico Diocesano de León (1685).
XI. Investigaciones 163
LA SOCIEDAD COLONIAL
EN LAS VISITAS PASTORALES
Isolda Rodríguez Rosales
Nota preliminar
PARA TODO historiador es fundamental la existencia de fuen-
tes primarias que le permitan aproximarse al fenómeno histórico
que pretende interpretar y explicar. La utilización de este tipo de
fuentes del pasado hace más ardua la disciplina de la historia, si
la comparamos con otras áreas de las Ciencias Sociales, puesto
que cuanto más antiguo sea el período histórico y el fenómeno
que pretendemos investigar, más dificultades se presentan para
obtener fuentes primarias.
Esta nota preliminar resulta pertinente para plantear los
innumerables retos que enfrenta el estudio de la Historia Colo-
nial de Nicaragua, además de la dispersión geográfica de las fuen-
tes, la destrucción, saqueo que han sufrido estas en nuestro país,
y las condiciones inadecuadas en que se mantiene la documen-
tación de esta época, la que se encuentra mayoritariamente
concentrada en el Archivo Diocesano de León.
Una vez planteados estos condicionantes, es necesario seña-
lar que para esta época la documentación de origen eclesiástico
es vital para el estudio de la sociedad colonial. La Iglesia era una
potencia económica y una institución de control social, como se
desprende de las funciones de carácter estatal que traspasaban
los límites de lo estrictamente eclesiástico. De ahí, la importan-
cia de la revisión de sus fuentes, ya que era una de las pocas
instituciones que llevaba registros de control de la población y
de sus propiedades.
De estas funciones eclesiásticas y civiles que realizaba la Igle-
164 Acahualinca
sia, pervive la documentación de las actas de Visitas Pastorales
de los obispos que se revisaron, que reflejan aspectos importantes
de la sociedad de la época como son la función civil y religiosa
de la Iglesia, el control ideológico que ejercía esta institución
como normadora y reguladora de los comportamientos sociales,
su gestión y poderío económico, y la explotación en que man-
tenía a la población a través de los servicios y raciones que debía
suministrarles la población indígena.
I. La Iglesia y el Estado en el período colonial
Durante el período colonial, el éxito de la conquista y la
colonización, y la presencia del Estado español no pueden ex-
plicarse sin la existencia de la Iglesia Católica en los territorios
bajo control de la Corona. La Iglesia desarrolló un papel funda-
mental en este proceso al establecer las bases de la dominación
ideológica que facilitaron la subordinación y subyugación de la
población indígena, al garantizar su lealtad y conformismo por
medio de su labor evangelizadora.
La Iglesia era una institución que formaba parte del sistema
de gobierno español. Llegó a ser casi tan poderosa y efectiva que
la administración colonial en la gestión de sus propiedades y en
los sistemáticos controles y registros de la población. El poder
económico eclesiástico que acumuló a través de los tributos,
diezmos, cofradías, hermandades, le posibilitaban realizar fun-
ciones que le corresponden en la actualidad al Estado, como son
la educación, servicios de salud y de bienestar social. En Nica-
ragua, la Iglesia estaba organizada en la diócesis de León que
tenía a su cargo la jurisdicción de la Provincia de Nicaragua y
Costa Rica.
II. Las Visitas Pastorales
Las Visitas Pastorales constituyen documentos que recogen
las visitas de control realizadas por los obispos o visitadores de-
legados por ellos. Se encuentran en el Archivo Diocesano y
XI. Investigaciones 165
pertenecen al Fondo Curial Episcopal, sección «Curia de Go-
bierno y Administrativa». El documento más antiguo data del
año 1684 y el último, a 1895. Para este trabajo se eligió un
período que va desde 1704 hasta 1793, con un total de 24 do-
cumentos completos, seleccionados con una diferencia de dos,
seis y diez años, procurando que no existiese muchos años de
diferencia entre un legajo y otro. Este criterio se adoptó por la
falta de una serie completa de documentos por años que permi-
tiese establecer una división más precisa; a su vez, debido a que
varios de los documentos se encuentran en absoluto deterioro
(quemados).
Las visitas corresponden a los años 1704, 1706, 1711, 1714,
1716, 1726, 1728, 1731, 1733, 1734, 1738, 1742, 1748, 1755,
1765, 1771, 1779, 1783, 1788-89, 1793; abarcan todo el siglo
XVIII y constituyen una excelente muestra para estudiar la so-
ciedad nicaragüense de ese período. Cubren el área geográfica
del Pacífico, la zona Norte y Central de Nicaragua (Managua,
Granada, León, Boaco Juigalpa, Masaya, Estelí, Matagalpa, y
Jinotega); además la región de Nicoya —en ese período, de
Nicaragua—. También hay algunas visitas a Heredia, Costa Rica,
la que estaba comprendida en el Obispado de Nicaragua.
A. Estado material de los documentos
En términos generales, se puede afirmar que los documentos
se encuentran en franco estado de deterioro, unos en peor situa-
ción que otros. Los correspondientes a las tres primeras décadas
son los que se hallan en estado más deplorable, comidos por la
polilla, agujereados y algunos con perforaciones hasta de cuatro
centímetros, aproximadamente. La mayoría de los legajos tie-
nen las páginas con los bordes doblados y/o quebrados, lo que
dificulta la lectura de los mismos. La tinta está desvaída en casi
todos los folios. Sin embargo, hay un documento en mejor esta-
do: es el de la visita realizada por Dn. Juan Manuel López a
Esparza, Nicoya y la información está bastante clara y legible. El
166 Acahualinca
lugar en que se mantienen archivados no es el más recomenda-
ble, ya que al sacar un legajo, los otros sufren un deterioro lamen-
table. Asimismo, las condiciones físicas en general en que se
encuentran los documentos (clima, polución, manejo), no son
adecuadas; por lo que si no se toman precauciones, en unos
cuantos años quedarán inservibles.
1. Contenido de los documentos
Las visitas pastorales contienen una rica información de las
actividades de los obispos y sacerdotes, preocupados por la salud
de las almas y del estado material de las iglesias. Lo usual era que
en el documento se registraba el nombre del visitador, la fecha,
el lugar visitado y el objetivo de la visita. En ese sentido, muchos
documentos son parecidos y contienen al inicio un edicto en el
que se hace saber a «todos los fieles cristianos» la finalidad de la
visita.
Por el contenido mismo de los escritos se puede saber que ese
edicto era leído en las iglesias y pegado en la puerta de las mismas;
tres días después debían presentarse los «súbditos» a declarar lo
que supiesen o hubiesen oído decir en relación con los pecados
de legos y clérigos. Algunas visitas respondían a acusaciones
concretas contra algún cura, en ese caso, se especifica en el
escrito; después aparece un interrogatorio conducente a cono-
cer si los cristianos vivían de acuerdo con lo establecido por la
Iglesia. Se hacía mucho énfasis en indagar los pecados de man-
cebía y escándalos públicos, tanto de sacerdotes como de legos.
Las visitas tenían un carácter eminentemente inquisitorial,
por lo que, después de conocido el edicto, publicado el interro-
gatorio, los documentos registran la comparecencia de testigos,
para declarar si el cura cumplía con sus deberes correctamente,
o si sabían de pecados públicos de la gente de la comunidad
visitada. La mayoría de las personas llamadas a atestiguar eran
mulatos e indios, pocas veces aparecen registrados españoles o
mestizos. En la mayoría de los documentos, los curas resultaban
XI. Investigaciones 167
airosos de los procesos inquisitoriales; sin embargo, hay unos
cuantos escritos que testimonian acusaciones en relación al abuso
de indias o vida ilícita.
Los documentos también contienen actas resolutivas, en
relación con los casos conocidos. Por ejemplo, en una vista, una
mujer se presenta a denunciar a un hombre que la burló bajo
promesa de matrimonio. Al final, aparece la decisión de exco-
mulgar al acusado. En otros escritos también se registraba el
control que se ejercía sobre los fondos económicos de capella-
nías, cofradías y otras obras pías. Aparecen minuciosos inventa-
rios de sus bienes, asimismo, aparecen algunos testamentos, en
los que el difunto(a) deja una parte de sus bienes a la Iglesia. Se
encontró actas de las actividades de la hermandad formada para
celebrar el día de San José. Estos documentos mantienen, en lo
formal, muchos aspectos en común con las actas actuales.
Todos los escritos aparecen firmados por el visitador y un
notario. Cuando comparecen testigos, éstos también firman, y si
no saben, se especifica en el acta. El registro es ordenado y legal,
e incluso se usa papel sellado de la Iglesia. El estilo, las abrevia-
turas y el tipo de escrito son propios de la época y no cabe
ninguna duda en cuanto a la autenticidad de los documentos.
B. La sociedad reflejada en las Visitas Pastorales
Las actas de las visitas pastorales como mencionamos ante-
riormente constituyen una fuente importante para la recons-
trucción de la sociedad nicaragüense del siglo XVIII. Proporcio-
nan información diversa acerca de las normas religiosas que tra-
taban de imponerse a los súbditos de la Corona tanto españoles
como indígenas, y mestizos. Asimismo, las funciones de la Iglesia
y los servicios sociales que esta dispensaba, su administración y
recursos económicos, funciones civiles y jurídicas, y los castigos
que impartía entre los transgresores de las normas sociales. Entre
los diversos objetivos de las Visitas Pastorales estaba el control de
las costumbres de clérigos y seglares, así como del estado de las
168 Acahualinca
iglesias; para que esto «...fuere enderezado a la salud de las áni-
mas, que consiste en estar en gracia y caridad, apartados de los
pecados públicos y escandalosos con que Dios nuestro Señor
más se ofende»1.
Estos fines tenían que ver con su función eminentemente
evangelizadora y religiosa, y con la transmisión de un código de
conducta que se trataba de imponer entre sectores de la sociedad
de diverso origen cultural.
En los interrogatorios de las actas de visitas se aprecian las
principales funciones que debían desempeñar los representantes
de la Iglesia, propias de la naturaleza de esta institución.
Conviene saber si los rectores, curas, doctrineros, capella-
nes o sus hermanos y otros clérigos, hacen cada uno lo que les
toca, diciendo misas, vísperas y demás oficios diurno, cuando
son obligados y con la solemnidad y devoción que requiere,...
o han hechos en ellos alguna falta notable o si por su culpa sean
muerto alguna persona sin confesión o comunión o extremaun-
ción, o alguna criatura sin bautismo,... si han hecho algún
entierro sin acompañamiento de cruz y agua bendita, si tratan
con caridad a sus feligreses, dándoles buena doctrina y ejemplo,
enseñando a sus feligreses la doctrina cristiana y explicándoles
los misterios de nuestra santa fe católica como le es obligado2.
Como se puede apreciar, estas funciones religiosas se refieren
a la administración de los sacramentos, y al buen ejemplo y
comportamientos que deben seguir los representantes de la Igle-
sia para garantizar la salud de las almas y estar preparados en su
encuentro con Dios.
La Iglesia por sus funciones de carácter ideológico y social,
era la encargada de vigilar el comportamiento de los habitantes
1 Visita pastoral del Obispo Fray Dionisio de Villavicencio. Estelí,
15 de abril de 1731.
2 Visita Pastoral del Obispo Fr. Dionisio de Villavicencio. Estelí,
15 de abril de 1731.
XI. Investigaciones 169
españoles, ladinos e indígenas de la sociedad colonial que la
cultura dominante española, imbuida de su misión evangeliza-
dora cristiana pretendía normar; así como de castigar a todos
aquellos que incurriesen en pecado, es decir, aquellos que trans-
grediesen el comportamiento social que la cultura dominante
trataba de imponer como normas sociales de conducta.
En tal sentido, es evidente que esta institución era la encar-
gada de reproducir la ideología dominante de los conquistadores
entre la población dominada. Lógicamente, la religión era el
mecanismo más adecuado para este propósito. Conviene recor-
dar que toda religión está intrínsecamente relacionada con la
cultura. Los códigos religiosos son una muestra del pensamiento
filosófico y de la ideología de la sociedad: las relaciones con las
otras personas, la forma de entender la vida, su vinculación con
la naturaleza, sus actividades económicas, etc.
Los edictos inquisitoriales de las visitas muestran las normas
que se trataban de transmitir sobre el comportamiento de todo
buen cristiano, que eran sinónimas de buen ciudadano. En el
documento se observa un mayor énfasis en las normas relaciona-
das con la sexualidad y con las actitudes religiosas de los seglares,
como se ejemplifica en el siguiente texto:
Si sabéis o habéis oído decir que algunos seglares así de los
naturales como de los españoles estén en pecados escandalosos.
Como en amancebamientos públicos, que sean hechiceros, o
blasfemos del nombre de Dios y sus santos,... que estén casados
dos veces, viviendo con ambas mujeres o en grado prohibido
(como es con pariente o parienta), sin dispensación o compen-
sación, sin estar presente el cura o sin hacerse corrido las
amonestaciones... O que siendo casados no hagan vida mari-
tal... si hay algunos perjuros... o que sean hechiceros, adivinos
y ensalmadores, saludadores o blasfemos del nombre de Dios
y sus santos3.
3 Visita del Obispo Fray Dionisio Villavicencio. Estelí, 15 de abril
de 1931.
170 Acahualinca
El énfasis de las preguntas en la detección de delitos sexuales
muestra a su vez, el objetivo de imponer el modelo de relaciones
sexuales que pretendía imponer la Iglesia Católica, basadas en la
reproducción biológica y en el marco de la institución matrimo-
nial. De tal modo, que toda aquella relación que traspasase estos
lineamientos pasaba a ser considerada como pecaminosa. Esta
forma de entender la relación con nuestro cuerpo y con otros
cuerpos, debió ser difícilmente asimilada por la población indí-
gena y negra que tenían un patrón menos rígido en el cual el
placer ocupaba un papel más relevante en las relaciones. La
prohibición explícita de las prácticas incestuosas, además san-
cionaba la endogamia que se practicaba entre las poblaciones
indígenas con organizaciones tribales.
Por las alusiones a la hechicería, es evidente también que se
trata de erradicar la cultura religiosa indígena basada en expre-
siones mágicas y en la religión politeísta que pervivía como
herencia de su pasado precolombino y de la identidad étnica.
Asimismo, se trataba de impedir la introducción de otras mani-
festaciones religiosas como el judaísmo u otras expresiones del
cristianismo que eran fuertemente combatidas por la militante y
apostólica Corona española.
A pesar del rígido control de la Iglesia, la transgresión a las
normas religiosas que trataban de imponerse como comporta-
miento social son evidentes en la época como se constata en
las actas de visitas. Entre los delitos más frecuentes se encuen-
tran los de tipo religioso, y los delitos sexuales en que incurren
los representantes de la Iglesia y la población civil. Como de-
litos religiosos estaban tipificados los relacionados con el cum-
plimiento de la administración de sacramentos y celebración
de las misas que estaban a cargo de los curas de los pueblos;
la profanación de la iglesia con palabras deshonestas en las
iglesias con las mujeres y conversaciones indecorosas que perju-
diquen a los oficios divinos... o si alguno ha negado el poder del
Papa, o habla indignamente de los sacramentos, dignidad Episco-
XI. Investigaciones 171
pal, o si en los otros sacerdotes, Ministros de la Iglesia, han puesto
manos violentas o menospreciándolos,... o si algunos se han con-
fesado y comulgado por Pascua,... o si alguno ha quebrantado o
quebrantan las libertades eclesiásticas y hacen decir misa en sus
casas y oratorios particulares sin tener para ello facultad y licencia
y teniéndola4.
En estos interrogatorios se puede apreciar que las normas
religiosas no se adoptan de manera voluntaria, sino que su in-
cumplimiento y las actitudes irreverentes hacia la religión cató-
lica y hacia sus representantes no estarán exentas de castigo. En
tal sentido, la excomunión constituía una de las mayores sancio-
nes, si se toma en cuenta que en la historia de la sociedad espa-
ñola, las manifestaciones que pusiesen en entredicho el carácter
y el origen de la religión católica de una persona, provocaban su
estigmatización y reacciones de rechazo que podían llegar hasta
su expulsión del país, como sucedió con los judíos anteriormen-
te.
También, eran penados la fingición o la adopción de las
funciones del sacerdocio; por una parte se trata de controlar a los
falsos sacerdotes, y por otro lado se establece que la relación con
Dios y con sus sacramentos no se realiza de forma directa, sino
a través de la intermediación del cura, que es el que garantiza la
pureza de esta relación.
Anteriormente se hizo referencia a la vigilancia que la Iglesia
realizaba en torno al cumplimiento de la promesa de celibato de
sus sacerdotes, como se manifiesta en todos los edictos de actas
de visita cuando se interroga a los vecinos acerca de «si saben si
los padres curas... tienen en sus casas, mujer de que haya alguna
mala sospecha... si algunos clérigos de orden sacro, acompañan
mujeres llevándoles de las manos, en cualquier estado, calidad y
condición o que se las llevan a ancas de mula o si las acompañan
4 Visita del Obispo Dionisio de Villavicencio. Estelí, 15 de abril de
1731.
172 Acahualinca
llevando en sillas».5 En la documentación revisada, aparecen
denuncias y rumores de las malas costumbres de algunos sacer-
dotes. En julio de 1711, Matías Mercado acusa al padre cura don
Ginés Ruiz de Espinosa de haber forzado a su hija Beatriz Mer-
cado. Asimismo, en la pesquisa realizada contra dicho cura, la
declaración de Tomás Sánchez atestigua contra las malas cos-
tumbres de éste cuando menciona «que las mujeres que le sirven
en la cocina las tiene embarazadas, trabajando hasta media
noche, y que de esto se queja todo el pueblo».6
En la visita del obispo Juan Félix de Villegas, a Teustepe
(mayo de 1788) el testigo español Josef Aragón, en el interroga-
torio declara que «a la sexta dijo que ha oído decir a gente vulgar
(aunque él declara que no se persuade a ello) que el dicho cura
tiene ilícita amistad con Thomasa Luna, casada con Isidro
Hurtado, que se haya ausente no sabe por qué».
También aparecen los delitos sexuales cometidos por las
personas civiles, como se constata en la visita realizada por el
obispo Juan Félix de Villegas al pueblo de Teustepe en mayo de
1788. El español Francisco Alaniz responde a la decimotercera
pregunta del edicto inquisitorial:
que sólo ha oído decir que Antonia Luneras o Suneras,
mulata soltera, que vive en la hacienda ... a quien está de mala
vida ... que ignora con quien ... que ha oído decir que don
Santiago Sabetras está en ilícita amistad con una mujer llamada
Alipa, que ignora su apellido, pero que vive en la hacienda
llamada La Pita.7
A su vez se observa una práctica común hoy día, como son
las relaciones sexuales entre padrastros y entenadas. Durante el
interrogatorio realizado en Comalapa en 1789 a los indios, alcal-
5 Visita del Obispo Dionisio de Villavicencio. Estelí, 15 de abril de
1731.
6 Visita del Obispo Benito Garret a Masatepe, julio de 1711.
7 Visita del Obispo Juan Félix de Villegas a Teustepe, mayo de 1788.
XI. Investigaciones 173
des,... «respondieron que solo una persona ladina mulato llamádase
Nicolás Marifia vivía en mal estado según presumían con una ente-
nada suya, y que aunque el padre cura varias veces le había amones-
tado proseguían cohabitando, viviendo juntos con mal ejemplo del
vecindario».8
Estas relaciones de carácter «incestuoso» sin referencia a la
actitud de la madre de la joven en esta relación, abren la inte-
rrogante de la procedencia cultural de esta tipo de relación; si
tenemos en cuenta que aunque el incesto es una práctica común
en la mayoría de las culturas, también es duramente sancionada
en las sociedades practicantes de la religión católica, sobre todo
cuando es detectada y es de dominio público.
Las denuncias de delitos sexuales nos proporcionan una rica
información sobre la transgresión realizada por los representan-
tes de la Iglesia y por los seglares a las rígidas normas morales y
religiosas que se trataban de imponer como valores socialmente
aceptables.
C. Aspectos económicos reflejados en los documentos
Las Visitas Pastorales no siempre tenían como objetivo ase-
gurar la salvación de las almas. En algunos casos, las visitas con-
cedían la mayor parte de su tiempo a la revisión de cuentas
relacionadas con las organizaciones religiosas y actividades vin-
culadas con la Iglesia. Algunos documentos reflejan que las vi-
sitas pastorales también servían para ejercer control de las acti-
vidades económicas vinculadas al quehacer eclesiástico. Por
medio de ellas se puede saber que, además de «inquirir» sobre la
vida y costumbres de sus súbditos, clérigos y legos, les interesaba
conocer el estado de las iglesias, hospitales, ermitas, cofradías y
otras obras pías.
Es sorprendente el grado de organización de la Iglesia como
8 Visita del Obispo Juan Félix de Villegas. San Bartolomé de Co-
malapa, 4 de marzo de 1789.
174 Acahualinca
institución, ya que era capaz de ejercer un riguroso control hasta
en las villas más remotas y alejadas. El análisis de los documentos
de la época demuestra que la administración y gestión eran muy
eficientes, en tanto llevaban con todo detalle las cuentas de los
bienes eclesiales. Es por eso que el estudio de la fundación de
obras piadosas tales como capellanías y otras obras pías constitu-
yen una fuente confiable y rica para conocer la estructura eco-
nómica de la época colonial y el papel que la Iglesia tuvo dentro
de esta sociedad.
Las hermandades fueron una herencia española. Eran agru-
paciones cristianas que se organizaban para trabajar durante
todo el año en torno a la celebración de un santo o santa, divi-
nidad que se elegía como «patrono» de la localidad. En la visita
anual realizada por el cura Dn. Manuel de Noboa Paniagua, a la
parroquia de Niquihinomo (1748), ordena celebrar la festividad
de San José; Nicolás López había fundado la Hermandad, para
lo cual dejó aproximadamente treinta reses. El documento de
esta visita contiene información correspondiente a las personas
responsables de la celebración de San José. En un acta especial
se especifican las dimensiones y características del diseño del
altar y la imagen (media vara de alto, con su diadema y vara en
la mano, todo de plata; frontal y manteles y una lámpara como
una ampolla de plata). Seguidamente, el documento contiene el
informe de la cantidad de ganado que hay, es una especie de
inventario de los bienes que tiene la hermandad.
En el mismo legajo, aparece un inventario de los bienes del
altar, por el documento se puede saber que en el año 1748 tenían
diecinueve vacas de dos años de edad y cinco toros de la misma
edad, y que del cruce de reses, se obtuvo un total de treinta y
cuatro reses de todas edades. A continuación enumera la canti-
dad de quesos que se elaboraban y después vendían, con el fin
de obtener fondos para las celebraciones. Esta hermandad de
San José, en Niquihinohomo, se reunía periódicamente y ele-
gían a sus mayordomos y oficiales una vez al año. Ellos eran los
XI. Investigaciones 175
responsables de mantener todos los bienes y recursos y de la
producción de los mismos, así como de darle mantenimiento a
la imagen y al altar.
Para el año 1752, un nuevo inventario de los bienes de la
hermandad revela que «se hicieron veintiséis quesos de medio
real en el mes de agosto y la misma cantidad en septiembre. Hay
diecinueve vacas, y once toros, en total treinta y dos reses».9 En
el análisis del documento se infiere que llevaban una especie de
contabilidad, con el objetivo de controlar los bienes de la her-
mandad y por tanto de la Iglesia. El mismo documento revela
esta práctica: «el 1o de marzo se hicieron en el hatillo un poco de
queso, se hace cargo de un peso y cinco reales, de 26 quesos, que se
hicieron en el mes de julio. Un peso y dos reales por 26 quesos, hechos
en el mes de julio, la misma cantidad, por 26 de real, hechos en el mes
de agosto. Tres pesos de 26 quesos de a real, mes de septiembre. Un
peso y cinco reales de 26 quesos de medio real, mes de octubre».10
Se puede apreciar el riguroso detalle que se realiza sobre los
bienes y precios. Los bienes de las hermandades eran un fondo
económico que se empleaba para el mantenimiento del altar y
sufragar los gastos de celebración de San José. Todas estas acti-
vidades eran controladas rigurosamente por medio de las visitas
pastorales como se refleja en los documentos de la visita hecha
por el cura Dn. Manuel Noboa a Niquihinomo.
D. Testamentos
En la época colonial, la religión tenía un peso fundamental
en la vida de las personas, de manera que había una verdadera
preocupación por la salvación de las almas. Para garantizarla, las
familias adineradas acostumbraban dejar parte de sus bienes a la
Iglesia, especificando en su testamento la cantidad y los servicios
9 Visita realizada por Dn. Manuel Noboa Paniagua a Niquihinomo,
1748.
10 Ibidem.
176 Acahualinca
que deseaban se les oficiase después de muertos. Asimismo, ex-
presaban su voluntad de que se fundase una o varias capellanías,
quién debía administrarlas, etc.
En las visitas pastorales, también se controlaba el manejo de
los fondos legados a la Iglesia, a través de testamentos u otro tipo
de donaciones. En el testamento de doña Manuela de Oviedo
(villa de Heredia) se ejemplifica de forma muy clara la preocu-
pación que sentía ésta por la salvación de su alma, la de sus
esposos y personas de su obligación:
El Capitán Fermín Alfaro, vecino de la ciudad de Cartago,
de esta provincia de Costa Rica y morador de este valle de
Gaxva, albacea testamentario de Doña Manuela de Oviedo,
difunta, vecina que fue asimismo de dicha ciudad y moradora
de dicho valle de Gaxva, quien otorgó su testamento a los veinte
días del mes de agosto de este presente año, el capitán Don
Antonio Pérez de Cote, Alcalde de la Santa hermandad de
dicho valle, y su distrito, manda por dicho testamento que el
beneplácito del quinto de sus bienes, se imponga una capella-
nía para que se rece en la parroquia iglesia de Cubujuquí,
como más largamente consta en dicho testamento que a la letra
dice así: Mando que el permanente del quinto de mis bienes se
imponga una capellanía de misas rezadas por mi alma y la de
mis maridos y personas de mi obligación en la Santa iglesia de
Cubujuquí y para ella nombro por capellán propietario al que
se ordenare primero, al primero de mis hijos y por falta de este
al pariente más cercano, en el interés que le rece al señor cura
que fuere de dicha parroquia de Cujubuquí ya reglándome su
contenido y como cierto y bien informado derecho y de lo que
en este caso me conviene hacer, habiendo tenido para ello todo
mi acuerdo y deliberación y para que Dios Nuestro Señor y
Bendita Madre la Santísima Virgen María Señora nuestra y su
Divino culto sea ensalzado con ofrendas y sacrificios y las almas
de dicha difunta Doña Manuela de Obiedo y sus maridos y
personas de su obligación y las del purgatorio reciben beneficio
y sufragio para salir de aquellas penas que padecen por cuyo
XI. Investigaciones 177
medio gozarán de la gloria eterna.11
En el testamento se detallan los bienes que deja doña Ma-
nuela de Obiedo, de los cuales, la iglesia hereda la quinta parte:
Una casa de teja que es de mi morada, con un trapiche y
la finca a ella anexa, de cañaverales y platanales y ciento y una
cabeza de ganado; cada cabeza a seis pesos de cacao, quedan
líquidos trescientos noventa y tres pesos, cuatro reales y medio,
y un cuartillo de cuya cantidad, bajada de la escritura, por el
Real derecho de alcabala, quedan líquidos, la cantidad de tres-
cientos sesenta pesos un medio real y un cuartillo de moneda de
cacao, para cuyo seguro de dicho principal de esta capellanía
y potrero de dicho ganado que se me adjudicó por la parte del
quinto con los demás bienes que arriba se expresaron, que es la
finca de ella, pagándole a el capellán que la rezare dieciocho
reales en dicha moneda de cacao, en cada un año que el período
que le corresponde según la nueva pragmática de su majestad,
a razón del cinco por ciento y de veinte mil el millar, decide hoy
día de la fecha en adelante que ha de empezar a correr y
contarse dicha imposición, los cuales trescientos sesenta pesos
un medio real y un cuartillo de cacao están sobre casa, trapiche
y sobre las dichas ciento treinta y una cabeza de ganado.
Finalmente, aparece la resolución donde se consigna la de-
cisión de ejecutar la voluntad de la difunta para que parte de sus
bienes sean designados a la fundación de una capellanía:
La última voluntad de la testadora por lo que debe luego
aplico perpetuamente por dote principal de esta capellanía, los
dichos trescientos pesos de cacao y su renta al redimir y quitar
en la dicha finca y demás bienes y ganado que están en este
dicho valle de Gaxva, los que cuidaré, de tal manera que no
vengan en disminución, mientras estuviere en mi poder, y con
sus partes los convenidos bienes corporales en espirituales para
que sean suyos propios de esta capellanía y del capellán que a
11 Visita hecha por Don Juan Manuel de Casanova, visitador gene-
ral, a la ciudad Cartago, el 1o de marzo de 1768.
178 Acahualinca
título de ella se ordenare para que cada uno tenga su lugar y
tiempo y poder de su renta y tributo y en fe señal de ello, le
entrego esta fundación escritura o su traslado por su virtud se
le dé, adquiera y gane la dicha posesión y tenencia sin otro
instrumento alguno de aprehensión.12
Estos documentos constituyen una prueba fehaciente que
permite determinar cómo la base de la riqueza de la Iglesia se
había constituido a través de herencias cuantiosas las que se iban
incrementando, ya que como en este caso, se trataba de propie-
dades productivas. De esta manera la Iglesia pasó a ser la propie-
taria de grandes extensiones de tierras.
Las visitas pastorales también reflejan la preocupación de la
Iglesia de velar por el estado económico de las capellanías, con
el objetivo de conocer la cantidad de fondos que manejaban. La
capellanía era una fundación piadosa que consistía en dejar una
renta o dinero al cuidado de la Iglesia, para que produjera, a su
vez la Iglesia contraía ciertos compromisos espirituales, a cambio
del rezo de misas por la salvación del alma del difunto que hacía
la donación. En esta relación de intercambio: bienes materiales
por espirituales la Iglesia obtuvo otra fuente de ingresos.
Las capellanías eran consideradas «obras pías» las que se
fundaron para apoyar causas de caridad y beneficencia. Estas
podían ser capellanías, oraciones y misas por el eterno descanso
del difunto fundador, o también podían ser cantidades de dinero
destinadas para la manutención de alguna imagen o altar e in-
cluso, la construcción de capillas.
Las autoridades de la Iglesia ejercían un estricto control de
los bienes legados para las obras pías, como se refleja en la visita
pastoral realizada por don Lorenzo de Tristán, obispo de Nica-
ragua y Costa Rica, a la ciudad de León, quien manda a compa-
recer al presbítero Rafael Ayesta para que rinda cuenta de la
administración de las capellanías. Este declara la posesión de
12 Ibidem.
XI. Investigaciones 179
setecientos pesos de los cuales percibe réditos. El 24 de septiem-
bre manda a comparecer a don Joseph Albino López de Plata,
quien también declara tener setecientos pesos. En la misma vi-
sita, el 27 de septiembre de 1779 ... comparece Joseph Barquero,
presbítero, «y bajo juramento in verbo sacerdoti dijo: que posee el
capital de 200 pesos que instituyó en la capellanía el Deán Dn.
Balthasar de Cisneros, el que se halla en el mismo estado y que
percibe réditos para celebrar las misas».13
Posteriormente, el 3 de diciembre de 1782, el mismo Joseph
Barquero, declara, después de los juramentos de rigor, un capital
de 200 pesos, y el 4 diciembre, afirma poseer doscientos pesos, lo
que indica que el mismo presbítero estaba a cargo de varias ca-
pellanías, ya que en el documento estudiado, aparece repetidas
veces declarando distintas cantidades de dinero, el mismo año.
Más adelante, el mismo documento revela que ...el presbítero Dn.
Juan Joseph Barquero declara poseer un capital de 233 pesos y 22
reales de la capellanía que instituyó Don Fernando Carrión, el ca-
pital se halla en el mismo estado del asiento anterior y también, que
percibe los réditos. Tiene celebradas y aplicadas las respectivas misas.
Su secretaría ilustrísima dio por visitada esta capellanía y mandó al
actual capellán mantenerla en buen estado.14
Lo mismo se puede apreciar en otra visita de 1779, en la que
consta que Félix de Granja declara tener ciento cincuenta pesos.
En otro documento similar con la misma fecha y lugar (Villa de
Nicaragua), el mismo de Granja declara ciento ochenta pesos y
posteriormente asevera tener doscientos pesos, después afirma
tener trescientos pesos y en el último testifica poseer cien mil
pesos. De lo que se deduce que el obispo Félix de Granja admi-
nistraba varias capellanías. Todos estos documentos aparecen
firmados por el obispo y un notario.15
13 Visita de Don Esteban Lorenzo de Tristán, Obispo de Nicaragua
y Costa Rica, León, años 1779- 1781.
14 idem.
15 Visita del Obispo Félix Joseph de Granja, León, 1779.
180 Acahualinca
En el documento de la visita hecha por José Luis Osorno a
la Villa de Nicaragua, en 1734, por haber recibido denuncia
secreta de que cierta cantidad de obra pía que dejó un señor
llamado Dn. Diego Álvarez Cabeza de Baca a «cierta persona
pobre y a la que no se le ha dado cumplimiento por los albaceas
de dicho difunto». El visitador hace comparecer a varias perso-
nas, entre ellos a Antonio de la Vega, español, al que se le
pregunta si conoció al difunto y si sabe los bienes que dejó. A lo
que él responde, bajo juramento que:
Vio una memoria, y que también la vio Don Joseph de
Castro marido de la ahijada de dicho difunto llamada Doña
Luisa vecinos del pueblo de Managua, y que consta en dicha
memoria haberle dejado a la dicha Doña Luisa cien reses, ocho
mulas, caballos, cuatro mudas de ropa, una capa, unas estri-
beras de lazo, una tachuela de plata, una colcha, dos sábanas
y dos almohadas, una pieza de Bretaña, y que oyó decir que cien
pesos de cacao. Y que a la mujer de este declarante le dejó veinte
pesos de cacao y un caballo manso, dos camisas de su viso, dos
sombreros, y dos fanegas de maíz, lo que no se le ha dado. Y
que esta dicha manda la hacía por no haberles pagado su
trabajo personal de ambos.16
En resumen, en estos documentos se puede apreciar como
los visitadores llevaban estricto control de la situación económi-
ca de las obras pías que constituyeron una fuente de ingresos
importante para la Iglesia del período colonial.
Las cofradías eran parte de la estructura de la Iglesia Católica
y como instituciones económicas, muchas sostuvieron las igle-
sias, a sus curas y pagaron los gastos del culto religioso. Sin em-
bargo la mayoría fueron corporaciones laicas que servían para
articular la sociedad colonial. La mayoría de los especialistas
afirman que las cofradías se componían fundamentalmente de
16 Visita de Dn. José Luis Osorno, visitador, a la Villa de la Pura y
Limpia Concepción de Nicaragua, 30 de julio de 1734.
XI. Investigaciones 181
indígenas y se habían formado de la acumulación de las limosnas
para la celebración de algún santo o santa patrón(a). Los dona-
tivos se hacían principalmente en dinero, pero también con
animales y trabajo.
El análisis de las cofradías es de vital importancia para el
estudio de la economía colonial, ya que ayudaban a sufragar los
gastos de la Iglesia, a saber: costos de los sacramentos y otros ritos
de los fieles como los bautismos, matrimonios y entierros. De esta
manera constituyeron un apoyo sólido para el sostenimiento de
las parroquias e iglesias.
Las Visitas Pastorales fueron aprovechadas para realizar el
control de las cofradías, como se puede apreciar en la visita
realizada por don Juan Manuel López C. a Esparza, Nicoya, en
el año 1738:
En el Pueblo de Nicoya en veinte y dos días del mes de abril
de mil setecientos treinta y ocho, su merced el señor visitador
mandó se haga índice y apuntación de las cofradías y demás
cosas que se han ejecutado en esta presente visita para su
individual intención.
1o. Primeramente la cofradía de nuestra Señora de la
Concepción corriente.
2o. Y en la cofradía de nuestra Señora del Viejo alcanzó a
su mayordomo en cuatrocientos cuarenta pesos y cuatro reales
los que se le mandaron a sentar en su libro de cargo y mantu-
viere en su poder, hasta segunda orden.
3o. Y en la cofradía de Nuestra Señora del Rosario se halló
corriente.
4o. Y en la cofradía del Señor se halló corriente.
5o. Y en la cofradía de la Santa Vera Cruz se halló corriente.
6o. Y en la cofradía de Jesús Nuestra Señora de Dolores se
halló corriente.
7o. Y en la cofradía de las Ánimas se halló corriente.
182 Acahualinca
8o. Y en la cofradía de Nuestro Señor Pedro Apóstol, cuyos
libros no aparecieron porque dio por razón su mayordomo que
el reverendo provincial fray Lorenzo Ortiz de Castro, ya difun-
to los había tomado y no vuelto al dicho mayordomo Juan
Sánchez, indio natural del pueblo de Nicoya (...) resolvió su
merced en compañía de mí el presente notario a hacer vuelta de
ojos de los bienes de la Casa de Campo y halló tener aún todavía,
algún cuerpo como fueron ciento cincuenta yeguas pocas más
o menos; veinte y dos cabezas de ganado vacuno: once caballos
mansos y los atavíos de la Casa de Campo quedó entregado de
orden que su merced al reverendo cura Doctrinero fray Vicente
de Mesa, al alcalde de dicho pueblo Juan Brinxuela, y al escri-
bano de dicho pueblo, hasta la determinación de su SS.17
En esta visita se realizó el control de ocho cofradías las que
se encontraron en forma satisfactoria, excepto la de «Nuestro
Señor Pedro Apóstol, en la que no se hallaron los libros de
registro, por lo que se procedió a inventariar los bienes de esa
cofradía, los que se detallan en forma minuciosa».
Este estudio revela el volumen de cuotas de los ingresos a las
parroquias y por tanto permite conocer cómo la Iglesia obtuvo
parte de su poder económico a través de ellas. En algunos casos,
la visita se aprovechaba para pedir a los mayordomos de las
cofradías que compareciesen con los libros correspondientes y
así revisar el estado en que se encontraban y que declarasen el
número de cofradías a su cargo.
La Iglesia como institución de poder llevaba un estricto
control de los bienes materiales de «todos los fieles cristianos» y
de forma especial, de los que estaban estrictamente bajo su tutela
directa. Las cuentas eran revisadas cuidadosamente y de todo se
levantaba un acta que era ratificada por un notario.
En una visita realizada por el Pedro Agustín Morel de Santa
17 Visita realizada por Dn. Manuel López C. a Esparza, jurisdicción
de Nicoya, 1738.
XI. Investigaciones 183
Cruz, obispo de Nicaragua y Costa Rica, a la ciudad de Cartago,
se aprecia que el presbítero don Juan Manuel de Cassota y Cór-
doba presenta los libros de cargo para el control correspondien-
te, el que realiza el notario Juan Joseph de Fuentes:
Obedeciendo con el decreto en cumplimiento del superior
mandato derivado con la inspección que se requiere de las
cuentas de cargo y acta presentadas por el mayordomo de la
fábrica material de esta Santa iglesia y no se me ofrece ob-
jeción que poner en ellas, a tenor a reconocer están fiel y
legalmente ajustadas, y que no se ha expendido cosa alguna
de lo contenido en el descargo que no sea necesaria al Culto
Divino, por lo que siendo vuestra ilustrísima servido podrá mandar
a probar dichas cuentas o lo que la gran justificación de vuestra
ilustrísima tuviere por más conveniente que como siempre será
lo mejor. Cartago, marzo diez y siete de mil setecientos cincuen-
ta y uno.18
Parte del control de la economía eclesial se aprecia también
en el edicto que se hace en la mayoría de las visitas, en el cual se
insta a los cristianos a decir si «los rectores, curas, doctrineros,
capellanes y otros clérigos (...) les hacen extorsión llevándoles
intereses especiales por sus sacramentos o cobros demasiados de
que se les deben por sus aranceles» y más adelante prosigue: «que
no hagan contratos usuarios, comprando barato para dar a pre-
cio adelantado o vendiendo más caro, para darlo por fiado; o si
dan dineros a ganancia, aunque sean de menores, asegurando el
principal, o que hacen otros contratos ilícitos y usureros».19
18 Visita de Pedro Agustín Morel de Santa Cruz, Obispo de Nicara-
gua y Costa Rica, a la ciudad de Cartago, 13 de abril de 1714 (la
negrilla es nuestra).
19 Visita realizada por el visitador Sebastián Donaire por comisión
del Sr. Obispo Dionisio Villavicencio, a la curia de Estelí, año de
1731. Aunque este texto está tomado de esa vista en particular,
casi todos los documentos contienen en su edicto este aspecto en
relación a la usura o cobros indebidos.
184 Acahualinca
Uno de los «pecados» que la Iglesia combatió fue la usura, es
por eso que en todos los documentos revisados de las Visitas
Pastorales se hacen indagaciones que permitan dilucidar ese
asunto. Estas restricciones económicas reducía la iniciativa
empresarial y comercial, a diferencia de otras religiones, como la
protestante y el judaísmo, perseguidas en España.
En la visita a Granada, realizada por el visitador P. Fr. Ma-
nuel Guzmán, manda que «se revisen todos los libros, inventa-
rios, y justificantes. Se reconozcan y glosen las cuentas de todo
el trienio, poniendo a continuación de este la aprobación o no
que de ellas resuelve».20
La revisión fue realizada por el notario Toribio Ramírez y
habiendo encontrado todo en orden declara que:
En ejecución de lo mandado en el anterior auto, yo el
notario he revisado con prolijo esmero y cuidado los libros de
cuentas y comprobantes que presento el R. Padre Prior Juan
Gómez de la administración de las rentas del Hospital de San
Juan de Dios de Granada, y están con orden y pureza, indivi-
dualidad y exactitud, sentadas sus partidas divididas por clases
sin erratas ni enmiendas; adjuntadas sus firmas y comprobantes
legítimos, y buenos sin que halla nota que en ellos se encuentre
ni reparo que se advierta y por que conste lo firmo en León, a
siete de julio de 1783. En testimonio de verdad. Toribio Ramí-
rez (notario).21
E. Trabajo indígena
Otro mecanismo de obtención de los recursos de la Iglesia
tuvo como base el sistema de explotación sistemática del trabajo
de los/as indígenas. Este es un aspecto que también aparece
reflejado en los documentos de las Visitas Pastorales, en las cua-
les consta que los indígenas se quejaban de las raciones y servi-
20 Visita de Fray Manuel Guzmán a Granada, 1783.
21 Ibidem.
XI. Investigaciones 185
cios que les imponían los curas.
En la visita realizada por Dn. Juan Manuel López del Corral
a Pacaca, jurisdicción de Nicoya, (1771) se puede apreciar la
queja de los indígenas de ese lugar: «...por cuanto estamos infor-
mados por los indios de este pueblo de Pacaca, que de su trabajo
y espensas costean los gastos de nuestra manutención y la de
nuestros familiares en esta visita, (...) es excesiva ración que
contribuyen al padre cura y considerada parroquia la primera ...
con el acuerdo que es correspondiente, hallaron su ser muy in-
justo, opuesto a las leyes y reales cédulas de su Majestad Dios».22
F. Servicios sociales y civiles
Los ingresos económicos obtenidos por la Iglesia, le permi-
tían realizar acciones de atención a los enfermos, huérfanos, la
creación y mantenimiento de hospitales y otras actividades de
carácter social, que hoy día corresponden al Estado. El estudio
de los documentos ofrece la posibilidad de conocer el papel que
desempeñaba la Iglesia dentro de la sociedad colonial y cuál era
la estructura de la misma. Como es sabido, el Estado colonial no
desempeñaba las funciones sociales actuales, las que eran desa-
rrolladas por la Iglesia. Todos estos aspectos fueron recogidos en
las visitas pastorales, como se aprecia en la efectuada por el P.
Manuel Guzmán, en 1783, que refiere:
En atención a los muchos enfermos que en el hospital de
Granada se hallan, y a la precisión de asistir y curar los soldados
de la tropa veteranos del batallón de infantería, y a los que
vienen enfermos del nuevo Fuerte de San Carlos. El padre Prior
de dicho hospital, Fray Juan Gómez permanecerá en el conven-
to hospital hasta que otra cosa se determine.23
Otra función de carácter estatal era la legalización de la
22 Visita de Dn. Manuel López del Corral a Pacaca, Nicoya, año
1771. La negrilla es nuestra.
23 Visita de Fray Manuel Guzmán a Granada, 1783.
186 Acahualinca
relación entre la pareja por medio del matrimonio eclesiástico,
a su vez, administraba justicia como se aprecia en el litigio del
testamento del difunto Diego Álvarez Cabeza de Baca. En otro
documento se pregunta si están algunos testamentos o mandas
pías por cumplir. En la visita de Joseph Danilo y Delgado a El
Viejo, en 1733, se puede apreciar el control relacionado con los
documentos: «diga y ordene dicho padre doctrinero si sabe o ha
oído decir si hay algunos testamentos o memorias que necesiten
de visita».24
En la denuncia que se presentó en la visita del obispo Juan
Carlos Vílchez y Cabrera, (1742) «se conoce la denuncia de
María Rizzo, vecina de esta ciudad de la Segovia (en 18 días de
mayo en la población de San Antonio de Estelí), contra Bernar-
do de Hoyos» al pedir justicia ... y nosotros viéndolo justo, le sus-
pendimos, mandamos se le notifique a dicho Bernardo de Hoyos
que... bajo pena de excomunión ...comparezca en este sitio, juzgado
de visita a ésta, con la parte que se le diga y guardara justicia en lo que
la hubiere. Efectivamente esta notificaron al reverendo padre Fray
Antonio Figueroa, del Sacro Real, y militar de nuestro pueblo, quien
sentada la diligencia estará a la misma de su cumplimiento para en
caso... rotularlo por público excomulgado en la tablilla, dándonos
cuenta de este año, despacho para proceder a las almas que convenga
en justicia.25
El poder de la Iglesia era muy grande y le permitía dar segui-
miento a litigios relacionados con testamentos, además, era la
única institución que tenía padrones de la población, los que
necesitaba llevar al día para el cobro de los diezmos. Una de las
obligaciones de los curas era precisamente, elaborar los padrones
de la población, éstos constituyen una fuente muy valiosa para
conocer la conformación de sociedad de la época. En todos los
documentos de las visitas pastorales se consigna en el interroga-
24 Visita de Dn. Joseph y Delgado a El Viejo, 1733.
25 Visita del Obispo Juan Carlos Vílchez a Estelí, 1742.
XI. Investigaciones 187
torio relacionado con las obligaciones de los curas, que si sabe si
el padre cura lleva el padrón en que asienta a sus feligreses, o
bien, se les pide que «exhiban los libros de bautismo, casamien-
tos, entierros, padrones de su feligresía que deben tener».
Conclusiones
El interés de las visitas pastorales para la historia tiene que
ver con la misma necesidad de hacer historia y con la utilidad de
ésta. La historia como disciplina surge para buscar explicaciones
ayuden a comprender el presente.
El estudio de las sociedades pretéritas no persigue exclusiva-
mente como objetivo la descripción del pasado, sino descubrir
las tendencias, constantes y cambios de los fenómenos colecti-
vos en sus diversas y complejas interrelaciones; con el fin de
proporcionar explicaciones que nos ayuden a comprender nues-
tra realidad y poder transformarla. En esta explicación y en la
interpretación histórica encontramos la verdadera utilidad del
trabajo del historiador.
Un problema en cuanto a la objetividad en la investigación
histórica, es que el historiador/a se acerca al pasado a través de
las fuentes que quedan de éste. Este es uno de los problemas con
los que se encuentra el estudio de la época colonial de Nicara-
gua, como se expuso en la introducción.
En este sentido, son de gran importancia las Visitas Pastora-
les, aunque el historiador/a ante esta fuente —como ante todas
las escritas— debe tener el suficiente espíritu crítico. Las visitas
aunque sean fuentes de carácter eclesial, aportan datos impor-
tantes sobre las costumbres que se tratan de imponer y compor-
tamientos de la época. Esto es importante si se tiene en cuenta
que sobre esta época generalmente no se dispone de fuentes
escritas procedentes de los sectores marginados y explotados que
permitan aproximarse a cómo vivieron ellos estos procesos his-
tóricos.
188 Acahualinca
Asimismo, hay que destacar que en el contexto de las visitas
aparece otro tipo de informaciones de interés para la historia,
que no están relacionadas con el objetivo de la visitas. Entre
estas se destaca las referencias a la epidemia de «la Bola» en
Matagalpa en el año de 1788, cuando se menciona «que la
doctrina cristiana no se les enseñaba (en San Ramón) desde el
año pasado en que pasó la epidemia de la Bola, en cuyo tiempo
se murió la persona que tenía cuidado de enseñarla».26
También, aparecen otras informaciones de interés para la
historia demográfica como son el origen étnico de los testigos, su
edad, y estado civil. Estos datos dan la imagen de una sociedad en
que se ha dado un fuerte mestizaje entre los tres grupos étnicos que
conformaban la sociedad colonial: españoles, indios y negros.
Para la historia social, son de interés algunas de las referen-
cias que aparecen en las visitas sobre las ocupaciones y profesio-
nes de los testigos. En estas se constata la especialización de los
mulatos en los servicios domésticos, como se ejemplifica en la
visita del obispo José Luis Osorno a la Villa de Nicaragua en julio
de 1734, en el litigio mencionado anteriormente por el testa-
mento del difunto don Diego Álvarez Cabeza de Baca, atesti-
guaron los mulatos Manuel Ramírez e Isidro Ramírez (parientes)
que le asistieron y sirvieron durante dos años.
Los documentos permiten obtener una aproximación del rol
de la Iglesia en la sociedad de la Nicaragua colonial y es fácil
apreciar cómo estaba organizada, cómo funcionaba económica
y socialmente. Las cofradías tuvieron un carácter marcadamente
mercantil y un estudio más acucioso puede ayudar a explicar el
funcionamiento de los mercados monetarios coloniales, lo que
puede constituir un valioso aporte para el estudio de la histórica
económica de Nicaragua.
Todas estas informaciones de las visitas son de gran impor-
tancia para el estudio del período colonial porque proporcionan
26 Visita del Obispo Juan Félix de Villegas. Matagalpa, 1788.
XI. Investigaciones 189
datos que se pueden contrastar y comparar con otras fuentes que
permitan una mejor aproximación a la sociedad colonial del
siglo XVIII y entender algunas de las expresiones culturales de la
sociedad nicaragüense actual.
Documentación consultada
(Archivo Diocesano de León)
Corresponde al (1) Fondo Curial Episcopal: (1.1) Sección Curia de
Gobierno y administrativa: (1.1.14) Visitas pastorales.
Clasificación de períodos y años: 15 cajas
* 1684-1698: 1684
* 1691-1698: 1691, 1692, 1693, 1694, 1695, 1696, 1697 y 1698.
* 1704-1708: 1704 y 1706.
* 1711-1716: 1711, 1713, 1714, 1715 y 1716.
* 1721-1729: 1723, 1726, 1728 y 1729.
* 1731-1733: 1731, 1732 y 1733.
* 1734-1738: 1734, 1735, 1737 y 1738.
* 1741-1748: 1741, 1744, 1746, 1747 y 1748.
* 1751-1769: 1751, 1768 y 1769.
* 1770-1778: 1770, 1771 y 1778.
* 1778
* 1779: 1779-1781
* 1782: 1782, 1784, 1786, 1787, 1788 y 1789.
* 1790-1793: 1790, 1791, 1792 y 1793.
* 1852-1895: 1853, 1862, 1882, 1890, 1894 y 1895.
Legajos revisados
Se revisaron un total de veinticuatro legajos de las Visitas Pasto-
rales correspondientes a los años 1704-1793. El detalle a continua-
ción:
190 Acahualinca
VISITADOR LUGAR FECHA
Diego de Angulo Gascón Cartago 1704
Diego de Largaespada Managua 1706
Benito Garret y Arloví Masatepe 1711
Cosme D. Juárez Granada 1716
Félix Esteban de Tlosses Posoltega 1726
Benito Garret y Arloví Masatepe 1726
Manuel Ramírez Arellano Juigalpa 1728
Sebastián Donaire Estelí 1731
Joseph Danilo y Delgado El Viejo 1733
José Luis Osorno Villa de Nicaragua 1734
Manuel López C. Nicoya 1738
Manuel Guzmán Granada 1738
Juan Carlos Vílchez San Antonio de Estelí 1742
Manuel Noboa Paniagua Niquihinomo 1748
Pedro A. Morel de Santa Cruz Cartago 1751
Juan Manuel de Casanova Heredia 1755
Juan Carlos Vílchez El Viejo 1765
Juan Manuel López del Corral Nicoya 1771
Juan Manuel López del Corral Pacaca (Costa Rica) 1771
Lorenzo de Tristán León 1779
Félix Granja Villa de Nicaragua 1779
Manuel Guzmán Granada 1783
Juan Félix de Villegas Matagalpa, Boaco, 1788-89
Jinotega, Juigalpa
Juan Félix de Villegas Masatepe y Nandasmo 1793
XI. Investigaciones 191
LA INDEPENDENCIA DE NICARAGUA
Róger Norori Gutiérrez
Antecedentes
DESDE 1550 la provincia de Nicaragua se fue revelando como
un espacio productivo diverso. En la segunda parte del siglo se
empezó a asentar la ganadería en las regiones del Pacífico, a la
vez los indígenas empezarían al tratamiento de la grana que
luego fue desplazado por el añil de los criollos y españoles; pro-
ductos que fueron claves en el mercado colonial regional.
Del comercio de los colorantes no se puede dejar de advertir
que a finales del siglo XVI, Nicaragua habría despuntado hacia
el comercio intercolonial y transatlántico con este producto.
Cuando el comercio del añil entró en crisis en los años iniciales
del siglo XVII, la ganadería empezaba a extenderse colonizando
nuevas tierras en el oriente de la provincia. Así se articularon los
territorios de Chontales y Boaco.
Igualmente, no hay que ignorar la valía del comercio mular
que en Nicaragua encontró el ambiente propicio para volverse
lucrativo por la demanda de animales de carga destinados al
comercio colonial. Así fue que a diferencia de otros territorios
provinciales vecinos, Nicaragua se fue perfilando como un espa-
cio productivo diverso.
En Costa Rica la conquista del territorio encontró serios
obstáculos con los indios rebeldes, de manera que el territorio
productivo quedó dispuesto en el valle central y las estribaciones
serranas. En cambio, en El Salvador, la producción de añil de-
rivó en un monocultivo que desplazó aún a las comunidades
indígenas.
192 Acahualinca
En Honduras, los territorios al nororiente fueron ocupados
por grupos de diversas etnias que compitieron con la conquista
y solo dejaron en funcionamiento el camino hacia puerto Caba-
llos que fue inhabilitado en pocos años. Finalmente la presencia
de comerciantes ingleses y británico-norteamericanos, al norte;
cercenó buena parte del territorio productivo y encerró al siste-
ma productivo en una porción al sur.
Así, desde mediados del siglo XVII la Provincia de Nicaragua
se presentaba como un territorio de potencial productivo y di-
verso, con lo cual pudo iniciar una línea comercial relativamen-
te copiosa en relación con las otras parcelas provinciales. España
impuso tempranamente algunas disposiciones relativas al con-
trol del comercio intercolonial que se desarrollaba apoyado en
el sistema de puertos del Pacífico. El Realejo era uno de esos
puertos.
La corona española requería establecer ciertas condiciones
que le dieran ventaja frente a sus provincias americanas, por ello
el 16 de julio de 1561 el rey Felipe II ordenó la creación de flotas
para controlar de mejor manera el comercio transatlántico y el
intercolonial. Estas condiciones fueron las que para los años
iniciales del siglo XVII madurarían en las leyes de monopolio
comercial.
Si bien el rigor con que se aplicaron las leyes de control
comercial causó algunas reacciones que adversaron el comercio
y la producción colonial desde Nicaragua, pero los productores
y comerciantes provincianos encontraron la manera de convi-
vir con aquellas reglas. Algunas fuentes afirman para el año de
1590, los productos como la brea el alquitrán constituían los prin-
cipales productos exportables de Nicaragua,1 pero inmediatamente
el autor aludido indica que también productos como el cacao y
otros productos se exportaban.
1 Manuel Rubio Sánchez: Historial de El Realejo. Managua, Fondo de
Promoción Cultural Banco de América. Managua. 1975, p. 73.
XI. Investigaciones 193
Una lista más completa de los productos fue: colorantes (gra-
na y añil), brea, algodón, maderas, ganado, carne en tasajos,
cebo de res, mulas, puercos, hilo y otros. Al respecto, Sofonías
Salvatierra apunta: En el Reino de Guatemala, Nicaragua fué la
Provincia en donde más ampliamente se cultivó el ganado vacuno, y
por esto fué la gran proveedora de este animal.2
Para finales del siglo XVIII la capacidad productiva de la
provincia se hacía evidente en la variedad productiva que circu-
laba entre Nicaragua y Guatemala que controlaba el mercado de
compra por medio de un sistema de ferias que obligaba a los
productores provincianos a llevar sus productos bajo el rigor del
monopolio comercial.
La provincia de Nicaragua era, por tanto, un territorio don-
de germinarían condiciones para cuestionar el funcionamiento
de las autoridades guatemaltecas, especialmente en aquel aspec-
to vinculado al control del comercio. A mediados del siglo XVIII
que hiciera su visita el obispo Morel de Santa Cruz encontró el
comercio granadino afectado por las correrías de los zambos que
llegaban desde el Atlántico, de manera que el comercio era
sostenido en aquellos años por el tráfico de añil y ganado por los
caminos de mulas hacia el norte. Este obispo señala que la vida
granadina consiste transportar sus ganados a Guatemala y venderlos
a cambio de ropas, éstas por precio excesivo y aquellos por lo que
quieren sus compradores.3
Lo que muestra el texto son las formas de extorsión que
utilizaban los comerciantes guatemaltecos aprovechando las leyes
de monopolio comercial, situación que igualmente sucedía con
2 Sofonías Salvatierra: Compendio de historia de Centroamérica. Ma-
nagua, Banco Central de Nicaragua, 2011, p. 164.
3 Agustín Morel de Santa Cruz: «Visita apostólica, topográfica,
histórica y estadística de todos los pueblos de Nicaragua y Costa
Rica». Revista Conservadora del Pensamiento Centroamericano [Li-
bro del Mes], núm. 82, julio, 1967, p. 7.
194 Acahualinca
el comercio del añil de Nicaragua y debía ser vendido en Gua-
temala.
El resultado de ese alto nivel productivo y comercial que
generó la provincia fue la intensa actividad comercial en la ciu-
dad de Granada que desde los años centrales del siglo XVII era
un emporio comercial notable en el Reino de Guatemala y se
había convertido en un centro comercial notable con el uso de
la vía del Río San Juan que llevaba a los comerciantes a Portobe-
llo y Cartagena para efectuar comercio.4 Su prosperidad hizo que
fuera atacada, invadida y saqueada en varias ocasiones por aque-
llos piratas que fueron parte de una estrategia militar que selec-
cionó blancos económicos importantes en el continente.5
Desde el año de 1560 Granada se había convertido en el
centro de gravedad de la conquista, especialmente hacia Costa
Rica, donde se reunían todo tipo de recursos con este fin. Esto
y el deseo del traslado de los signos capitales (autoridades reales
y eclesiásticas) de León hacia Granada empezó a generar un
malestar mayúsculo en la funcionalidad de la provincia que los
4 El mismo reporte del obispo Andrés de las Navas y Quevedo se-
ñala la situación del comercio por el Río San Juan, brevemente
obstaculizado al momento de llegar a la provincia: Oi todo a sessa-
do por auer por auer ocupado el enemigo la boca de el Ryo San Juan y no
pazar fragatas de estos dominios. «El obispo fray Andrés de la Navas
y Quevedo da cuenta a S.M. de su llegada a Nicaragua, del estado
de la provincia, de la despoblación de Granada y lo que conviene
hacer para su defensa», en Revista de la Academia de Geografía e
Historia de Nicaragua, tomo 1, núm. 1, septiembre, 1936, p. 32.
5 Todavía en 1679, al llegar a la provincia fray Andrés de las Navas
y Quevedo, obispo nombrado para la provincia, reportaba: avien-
do tomado posecion de mi Yglesia pazar a la ciudad de Granada adonde
me llamaban los lamentos de esta desdichada troya saqueada dos ueces
del enemigo y otras tantas vltrajado el Santisimo nombre de Dios y su
Cuerpo Sacrosanto Sacramentado vilipendiado, encarnecido y arrastra-
do por sacrílegas manos de ereges idolatras. «El obispo fray Andrés de
la Navas y Quevedo da cuenta a S.M...», art. cit., p. 31.
XI. Investigaciones 195
agentes de la corona al otro lado del océano no advirtieron.
En el fondo de la rivalidad que se despertó entre León y
Granada se ubicaba la competencia por la capitalidad que habría
empezado en las condiciones poco favorables que sostuvo la
nueva ciudad de León durante los años del siglo XVII, a pesar del
proceso constructivo que se iniciara en aquellos años y la insis-
tencia de las autoridades centrales eclesiásticas porque la capital
fuera trasladada a Granada donde residieron.
Factores inmediatos
Las rivalidades localistas entre León y Granada y la situación
del comercio controlado por Guatemala serían dos elementos
básicos en las circunstancias que se revelaron en los años inme-
diatamente anteriores y posteriores a la Independencia en don-
de las ciudades mayores generaron un conflicto sostenido que
llevó a guerras civiles y que se ha determinado como «localismos
geográficos».6
En octubre de 1778 España decidió abolir el monopolio
comercial y conceder a las provincias americanas la libertad de
comercio y de puertos. Esta decisión indicaría solamente la acep-
tación de una circunstancia que ya venía sucediendo con mu-
cha frecuencia en el continente, en la cual centros de comercio
y producción americano sostenían intercambio con comercian-
tes ingleses por encima de las disposiciones españolas.
España aspiraba a hacer funcionar un nuevo sistema tribu-
tario basado en el intercambio comercial, que en el caso de la
nueva Intendencia de Guatemala no le funcionó del todo bien.
Pues inmediatamente a la abolición del monopolio, las autori-
6 Está visto que las conocidas rivalidades entre León y Granada no
empezaron al calor de la Independencia, como han apuntado has-
ta ahora multitud de versiones. Si bien los años de la Independen-
cia fueron el marco propicio para que este conflicto estallara abier-
tamente, el mismo tiene raíces más profundas.
196 Acahualinca
dades y comerciantes guatemaltecos que conformaban un nú-
cleo muy estrecho y fuerte, se apresuraron a sacar provecho a la
circunstancia.
Los comerciantes guatemaltecos sostuvieron la validez del
monopolio comercial que siguieron aplicando sobre los produc-
tores provincianos para lograr precios favorables de compra de
los distintos productos y aprovecharon la declarada libertad de
comercio para lograr precios favorables de venta, que les dejaba
importantes ganancias. Por ello la reacción de las autoridades de
León manifestaron cuando recibieron el aviso de Independen-
cia el mayor mal que recibiría esta Provincia sometiéndose á ésa, sería
tal vez que la balanza del Gobierno siempre del lado de sus intereses
que en todo tiempo han sido opuestos a los nuestro.7
Es decir, que las causales que condujeron a la proclamación
de Independencia se incubaron en estas circunstancias que se
han expuesto aquí, en las cuales se observa la diversidad produc-
tiva que habría alcanzado la Provincia de Nicaragua y sostenido
durante todo el periodo colonial; lo que al momento de la decla-
ración de la libertad de puertos se volvió una oportunidad bri-
llante a explotar por los comerciantes y autoridades de la capital
reinal, todo esto vino a ser parte de aquellas circunstancias que
se revelaron con fuerza al anuncio de la Independencia que se
gestó en Guatemala.
El peso específico de la figura guatemalteca gravitó por sobre
las circunstancias de productores provincianos en Nicaragua
que los llevaría a gestionar, como se verá, su propia independen-
cia administrativa como un recurso para librarse de Guatemala.
Gestiones por la autonomía administrativa
El 12 de octubre de 1778, la corona española mandó a esta-
blecer un nuevo reglamento con el cual se esperaba poner a
7 Antonio Esgueva Gómez: Documentos de la Historia de Nicaragua.
1523-1857. Managua, Universidad Centroamericana, 1993, p. 95.
XI. Investigaciones 197
funcionar nuevas formas para la regulación del comercio. Con
esto se abolía todas las disposiciones que monopolizaban el co-
mercio y así los territorios americanos encontraban un clima
favorable para intercambiar sus productos.
Igualmente se pretendía renovar los mecanismos político-
administrativos con el nuevo régimen de Intendencias, sistema
de gobierno que concentraría el poder político y militar en una
persona lo que se esperaba dotaría de eficiencia en la administra-
ción de los territorios. La libertad de comercio en los territorios
americanos incluiría a las provincias del Reino de Guatemala.
Coherente con esta decisión el rey Fernando VII habría
mandado mediante decreto del 26 de febrero de 1796, la habi-
litación del puerto de San Juan en «clase menor» con el fin de
aprovechar todos mecanismos naturales disponibles para el co-
mercio.8 Las disposiciones comentadas relativas a la habilitación
del puerto de San Juan y la creación de aquella población no
fueron realidad pues las autoridades guatemaltecas bloquearon
toda provisión al caso, pues el funcionamiento del río San Juan
les restaba fuerza con el continuado monopolio comercial que
aplicaban.
Así los comerciantes guatemaltecos en contubernio con las
autoridades de aquella provincia, encontraron la manera para
burlar aquellas disposiciones que favorecían al comercio en
Nicaragua, de manera que los productores de esta provincia
habrían empezado a realizar sus propias gestiones para gozar del
8 Vale afirmar también que por medio de otro decreto fechado 31
de marzo de 1808, el rey había encargado el fomento y comercio de
San Juan sino que mande y se forme en las Riveras del Río una población
de trescientos vecinos para auxiliarlo [sic]. «La diputación provincial
de Nicaragua y Costa Rica pide a la regencia del reino la erección
de una audiencia y capitanía general en estas dos provincias, con
independencia de Guatemala, Año de 1804». Revista de la Acade-
mia de Geografía e Historia de Nicaragua, tomo 7, núm. 3, noviem-
bre, 1945, p. 6.
198 Acahualinca
libre comercio. La situación de control del comercio se mantuvo
desde Guatemala, en todo el resto del siglo XVIII, así lo confirma
el siguiente texto:
Todos los provincianos de este dilatado Reyno se ven en la
dura necesidad de proveerse de esos Almacenes [en Guate-
mala] y cargan con sus preciosos frutos de tinte, ganados
mayores, mulas, caballos, cacaos y otros por sus dilatados
pésimos caminos, en los cuales por falta de pastos, de pestíferos
bebederos y de los calores se forman las partidas, perece una
gran parte; y la que llega al prefijado destino es tasado su valor
por un Comisionado a precios ínfimos, y se ven precisados los
provincianos a sacrificarlos todo por lo que les ofrecen o a
perderlo todo, por no ser posible retornárselos.9
Por otro lado, el documento citado destaca todo el sistema
natural que conforman los lagos y el río, agregando a ello las
zonas productivas en Nicoya, señalando: Esta es bañada en su
centro de su gran Lago de agua dulce y navegable que desagua en el
caudaloso Río de San Juan, también navegable con buques menores,
con solo cincuenta legua poco más o menos de curso, en el Mar del
Norte.10
Esta ruta había sido el punto clave del auge granadino desde
1540 y aún tenía validez a diferencia de las condiciones natura-
les guatemaltecas. Se presentaba esta alternativa como un vía
propia que facilitaría a la Provincia de Nicaragua, el ejercicio de
su libre comercio ya declarado a cambio de ir hasta Guatemala.
Se puede notar una actitud adversa a los intereses y posicio-
nes guatemaltecas. Mario Vázquez Olivera menciona que exis-
tía un rencor acendrado que muchos provincianos profesaban hacia
9 «Informe dirigido al señor marqués de la Hormaza por los hacen-
dados y comerciantes de la Villa de Nicaragua (Rivas)». Boletín
Nicaragüense de Bibliografía y Documentación, núm. 2, octubre-di-
ciembre, 1974, p. 28.
10 Ibíd.
XI. Investigaciones 199
su antigua capital.11 Los productores en Nicaragua se considera-
ban chantajeados y extorsionados de parte de aquellos agentes
guatemaltecos que los obligaban a sostener la venta de sus pro-
ductos (ganado, cacao, añil y otros) hacia las ferias comerciales
que organizaban las autoridades guatemaltecas y que aprove-
chaban en grande. Aquellos se consideraban robados en sus
capitales y propiedades, Vázquez Olivera asegura que ese rencor
de los productores provincianos...
puede atribuirse a los excesos cometidos por los comercian-
tes guatemaltecos y su abusiva intromisión en la economía de
las provincias [...] tenían una jugosa participación en el mer-
cado del añil, que constituía la producción más lucrativa del
Reino, asimismo controlaban buena parte de la red comercial
y del sistema crediticio.12
El recurso de los productores provincianos en Nicaragua fue
utilizar su representación en las Cortes de Cádiz, establecidas en
septiembre de 1810 para gestionar por su parte la creación de
una intendencia independiente que incluyera a Nicaragua y
Costa Rica. La idea no era mala por el hecho que el estado de los
caminos centroamericanos, además de la distancia que debía
cubrirse, adversaban el traslado del comercio y la administración
normal del territorio.
Esta idea había nacido de los productores provincianos bajo
el deseo que quizás podrían librarse de las exigencias guatemal-
tecas relativas al comercio regional y de todos los métodos de
extorsión que aplicaba con ventaja. El otro recurso fue el incre-
mento del comercio de contrabando que se llevó a cabo desde
Nicaragua aprovechando las corrientes de los ríos que desembo-
can en la costa oriental. Diferentes autores como Manuel Rubio
Sánchez y Murdo Macleod documentan este hecho, como re-
11 Mario Vázquez Olivera: El Imperio Mexicano y el Reino de Guatema-
la. México, Fondo de Cultura Económica, 2009, p. 57.
12 Ibíd.
200 Acahualinca
sultado del rigor con que los guatemaltecos aplicaban el control
sobre el comercio.13 Sin embargo, este era un recurso muy arries-
gado que atentaba contra el patrimonio del productor en vista
que las penas por contrabando incluían la cárcel y la confisca-
ción de las propiedades.
Las diferentes peticiones que los productores en Nicaragua
presentaron para librarse de aquella sujeción guatemalteca con-
tenían ya un cierto sabor de apropiación territorial en vista de los
elementos argumentativos que se hacían para justificar la peti-
ción de ser nominados como una provincia con autonomía
administrativa independiente de Guatemala, reclamaban aten-
ción sobre la geografía del territorio provincial.
Se presentó una primera petición a las autoridades guatemal-
tecas solicitando la creación de una capitanía general en la Pro-
vincia de Nicaragua independiente de Guatemala. El texto de
la petición hecha por el diputado por Nicaragua, José López de
la Plata en 1812 ante las instancias superiores guatemaltecas pide
que se forme de ella, unida a las que indica, una capitanía general
independiente.14 En su exposición del 3 de octubre de 1812, el
13 José Dolores Gámez en Historia de Nicaragua (Managua, Banco de
América, 1975, p. 259.) señala que los ingleses sostenían el co-
mercio junto a zambos y miskitos en la Costa Atlántica: Los esta-
blecimientos británicos de la costa Norte eran ya numerosos en 1776,
pues los había desde Punta Blanca siguiendo la costa hasta el Cabo de
Gracias á Dios al Norte; y siguiendo después al Nor-oeste hasta Cabo
Román, frente á la Isla de Roatán.
14 José Antonio López de la Plata: «Para la antología de la Indepen-
dencia de Nicaragua». Revista de la Academia de Geografía e Historia
de Nicaragua, tomo VII, núm. 2, agosto, 1945, p. 27. Fue muy cui-
dadoso el diputado De la Plata en este punto, pues del documento
se podía interpretar el traslado de la capital del Reino o la Inten-
dencia hacia León, lo cual no entraba en los planes de los provin-
cianos. Así lo aclara el texto expuesto en su presentación ante las
Cortes, indicando: quantos naturales y extranjeros han traficado por
todo el reyno de Guatemala han convenido que la capital correspondía
XI. Investigaciones 201
diputado López de la Plata señalaba las propiedades geográficas
del territorio que favorecían el comercio hacia afuera de la re-
gión, que ya insinuaban la posibilidad de un vía interoceánica.
El diputado señalaba...
Se halla bañada en sus mejores puntos por ambos mares;
la Capital dista 4 leguas de la mar del Sur y 30 del Norte por
caminos planos; la misma ó menos distancia tienen de ambos
mares los partidos principales de Granada, Rivas de Nicaragua
y Nicoya y otras menores que intermedian.15
De acuerdo con las condiciones geográficas, las perspectivas
del comercio regional hacia afuera se presentaban favorables
desde Nicaragua, no así desde Guatemala, que solo contaba con
el puerto de Santo Tomás, en el Atlántico, sin mayor conexión
hacia el interior. Esta misma referencia se destacó en otras peti-
ciones posteriores destacando las virtudes geográficas de la pro-
vincia con dos lagos y un río conectados con el océano que
podría facilitar el comercio regional y extra regional.
En Guatemala el diputado José Antonio López de la Plata
expuso ante las instancias superiores: el gran lago de Nicaragua,
que tiene de ámbito 80 leguas y desagua en el mar por medio del Río
de San Juan [...] hace comunicables los dos mares de Norte y Sur, con
la sola distancia de 3 á 4 leguas de uno á otro por la parte de Rivas
de Nicaragua.16 Fue muy cuidadoso en el planteamiento pues si
se buscaba la creación de una nueva intendencia en Nicaragua,
esto no debía interpretarse como un rompimiento con España,
como ya lo insinuaban los movimientos independentistas en los
estuviese en un pueblo que media entre León y Granada así por ser el
centro aproximado del reyno como por las ventajas del comercio. Jamás
intentaré se haga así. La traslación presentaría inconvenientes y estoy
conforme en que Guatemala sea la capital de todas las provincias que
pueda abrazar. En «Para la Antología de la Independencia de Ni-
caragua», art. cit., p. 37.
15 Ibíd.
16 Ibíd., p. 30.
202 Acahualinca
territorios vecinos, cuestión que se apresuró a aclarar debida-
mente. Por ello López de la Plata comentaba en su discurso:
No haré mérito de la conducta política de mi provincia en
las delicadas circunstancias del día ni de las demostraciones
públicas con que ha detestado y horrorizádose de las insignua-
ciones y convites que la han hecho los rebeldes con quienes
confina.17
A pesar de la aclaración, las distintas peticiones no dejaron
de crear alguna reticencia en los guatemaltecos que se aferraron
a la idea de evitar aprobar aquella petición o favorecerla de
alguna manera. La propuesta habría sido traslada al Consejo de
Indias, cuyos funcionarios conocieron más de cerca los plantea-
mientos provincianos, pero antes de la respuesta, a finales del
año de 1812, los ánimos anti-guatemaltecos se caldearon en las
provincias del sur.
Las principales localidades de Nicaragua se sublevaron con-
tra las autoridades guatemaltecas, acciones que se han interpre-
tado como un movimiento contra España. Los llamados movi-
mientos preindependentistas que se figuraron en León, Grana-
da y Rivas, contienen en sus peticiones decisiones vinculadas a
la libertad de comercio, de puertos; además de la sustitución de
las autoridades locales que habían sido nombradas desde Guate-
mala, cuestiones de interés en aquel momento, más que lograr
un rompimiento con España.
El pliego de peticiones fue presentado al obispo García Jerez
en el cual se leía: cambio de las autoridades, rebaja de impuestos,
supresión de monopolios, abolición de la esclavitud, libertad de prisio-
neros y otras más.18 En su intervención el obispo García Jerez se
habría asegurado que aquel movimiento no se extendiera más allá
de manera que significara un abierto rompimiento con España.
17 Ibíd., p. 35.
18 Sofonías Salvatierra: Compendio de Historia de Centroamérica
(2011), op. cit., p. 197.
XI. Investigaciones 203
Los documentos de la época presentan la intención de cul-
minar un proceso de independencia para conformar en la Pro-
vincia de Nicaragua una intendencia aparte de Guatemala, se-
gún consta en algunas notas. Desde el principio se pensó en una
absoluta independencia, y en formar una especie de República de toda
la Provincia. Se contaba con Granada, Segovia y Nicaragua.19
Circunstancia que no llegó a madurar por la intervención
del obispo a quien se entronizó como gobernador interino, du-
rante los sucesos y quien aseguró la permanencia de la vincula-
ción con Guatemala. Obsérvese, por otro lado, que se menciona
a los centros productivos más activos de la provincia, vinculados
al interés del comercio provincial que era afectado por Guate-
mala.
En el año de 1814, que Fernando VII disolvió las Cortes y
derogó la Constitución, el malestar de los productores provin-
cianos por el control del comercio que imponían los guatemal-
tecos seguía siendo evidente, de manera que nuevamente se
habría elevado una petición a la regencia del reino para que se
estableciera una capitanía general en Nicaragua y Costa Rica. El
argumento que se ofrece en la petición hace un contraste entre
la falta de una administración eficaz en los temas de justicia,
hacienda y otros que se debían dirigir desde Guatemala, a dife-
rencia de la eficacia con que los guatemaltecos aplicaban las
leyes del monopolio comercial sobre la producción provinciana.
El documento presentado insistía en que La sugecion [sic] y
dependencia de estas Provincias á la de Guatemala, distantes muchas
leguas y por lo mismo embarazosa y dificultosa la Administración de
justicia y demás ramos, ha sido la causa pral. [sic] del abandono de
estas Provincias.20
19 «Documentos sobre la sublevación de Nicaragua: año 1812. Ex-
pediente N° 5010». Revista de la Academia de Geografía e Historia de
Nicaragua, tomo 10, núm. 1, abril, 1948. p. 19.
20 «La diputación provincial de Nicaragua y Costa Rica pide a la
regencia del reino...», art. cit., p. 2.
204 Acahualinca
Desde los sucesos de 1760 cuando Nicaragua era asediada
por los zambos que llegaban del Atlántico, se había visto la falta
de atención que las autoridades centrales del Reino de Guate-
mala habían brindado a la provincia, aduciendo falta de recursos
para esto. Para finales del siglo XVIII y en los años iniciales del
siglo XIX, aquella seguía siendo la misma situación que repercu-
tía en los ramos de Justicia, Hacienda y otros, de ahí el reclamo
por una administración eficiente.
Según algunos documentos de la época esto se debía tanto
a la lejanía como a la atención que las autoridades superiores
daban a los caminos, la mayoría de los cuales se encontraban en
mal estado, especialmente en época de lluvias. Según calcula-
ban los provincianos, aquellos ramos descuidados desde Guate-
mala por esas condiciones adversas, podrían ser administrados
desde Nicaragua con sus propias autoridades y sin mayores es-
fuerzos.
Igual que antes de los sucesos de 1812 se insistía en el rom-
pimiento con Guatemala como una circunstancia clave para
Nicaragua y su comercio, de ahí que la petición de erigir una
capitanía general en el país, era la decisión más acertada que
podían tomar las autoridades guatemaltecas. En otro momento
se destacan las virtudes geográficas del territorio provincial en el
cual se exponía la presencia de los lagos interiores y el potencial
favorable que ofrecían para el comercio.
Era una circunstancia bastante positiva para la aprobación
de la petición en vista que el comercio en la época reclamaba
vías más expeditas, así exponía:
su terreno regado de muchos ríos y de varias Lagunas ó
lagos, de las cuales dos, que son las de Managua y Granada,
son de las mayores que se conocen [...], pudiéndose por medio
de estas lagunas y Ríos facilitar el Comercio interior. La de
Managua, distante ocho leguas de esta Capital, desagua en la
de Granada y está en el Mar del Norte por el río de San Juan,
distando del Mar del Sur, por varios puntos [...] de manera que
XI. Investigaciones 205
por un Canal podrían comunicarse los dos mares, ó á lo menos
transportarse los efectos comerciables del uno al otro con muchas
facilidad en bestias ó carros por caminos llanos.21
La emergencia del mundo neocolonial de la mano de los
países industriales preparaba las condiciones para el comercial
mundial en una dimensión más amplia y precisa que las alcan-
zadas con la dominación española. Era imprescindible conquis-
tar las vías comerciales que ofrecían rapidez en el intercambio
comercial y los provincianos en Nicaragua ofrecían una posible
ruta interoceánica como instrumento de comercio que supera-
ban las condiciones geográficas hacia Guatemala.22
Más adelante el documento de 1814 entra en materia expo-
niendo las afectaciones que sufre de parte de los comerciantes y
autoridades guatemaltecas en su comercio. Este era, en todo
caso, el problema central que pretendía solucionar los produc-
tores provincianos con su petición, por eso hablaban del
sórdido, destructor y bárbaro comercio de ganado mayor
que se obligaba á hacer á estas Provincias con aquella Capital,
poniéndole escandalosas trabas de asignarle tiempo, fixarle
21 Ibíd., p. 3.
22 Fue muy común en los viajeros extranjeros en Nicaragua del siglo
XIX, la descripción de las virtudes geográficas de la posible vía del
canal en el sistema lacustre de los lagos y el Río San Juan. Las
resaltaron los provincianos en su gestión, baste señalar lo men-
cionado por Miguel González Saravia en su informe: La descrip-
ción geográfica habrá hecho comprender los buenos caminos que por
naturaleza ofrece esta Provincia, encerrando dos grandes lagunas nave-
gables, siéndolo en efecto en piraguas de considerable tamaño y canoas
[...], se trajina en carretas tiradas por bueyes, desde los confines con la
Provincia de Honduras por el seno de Amapala y sus diversas calas,
puerto del Realejo, León, Managua, Masaya y Granada, con diversas
hijuelas de tan extensa línea, en Miguel González Saravia: Bosquejo
político estadístico de Nicaragua formado en el año de 1823 en Nicara-
gua en el siglo XIX. Testimonios de funcionarios, diplomáticos y viajeros.
Managua, Fundación UNO, 2005, pp. 30-31.
206 Acahualinca
precios y otras reglas del más descarado monopolio, con que
casi se arruinó la cría de ganado de estas Provincias y que fué
sostenido con tanto empeño por el Gobierno de Guatemala.23
Si bien con una resolución de las Cortes de Cádiz habían
logrado liberar, años atrás, el comercio de ganado, el monopolio
del comercio se sostenía en otros rubros, por lo que la petición
de la nominación de una Capitanía general para Nicaragua era
válida aún. Así lo afirmaba el documento en uno de sus pasajes,
refiriendo que se establezca en esta Ciudad de León una Audiencia
y Capitanía General.24
Tanto la solicitud de 1812 como la de 1814 fueron conoci-
das por las instancias superiores en España quienes decidieron
responder dándole validez a la coherencia político-administra-
tiva establecida desde Guatemala, lo cual no era conveniente
para los provincianos. De cualquier manera el Consejo de Indias
acordó tardíamente, en el año de 1817, señalando:
que careciendo de instrucción el punto respectivo á estable-
cimiento de capitanía general independiente y Audiencia en la
provincia de Nicaragua, se mande al capitán general de
Guatemala que formando espediente [sic] sobre el particular
y oyendo á la Audiencia por voto consultivo, lo remita con su
informe.25
23 «La diputación provincial de Nicaragua y Costa Rica pide a la
regencia del reino...», art. cit., p. 5.
24 Ibíd., p. 3. Podría creerse que a cambio de no satisfacer las deman-
das de los provincianos de Nicaragua, las autoridades habrían
autorizado, entre 1812 y 1819, la creación de la universidad y el
nombramiento de villa para algunas localidades como Masaya y
Managua.
25 «Informe del Consejo de Indias sobre las proposiciones de D. José
Antonio López de la Plata y de la diputación provincial de Nicara-
gua y Costa Rica, para el establecimiento en estas dos provincias de
una capitanía general y audiencia territorial con Independencia de
Guatemala. Año de 1817», en Revista de la Academia de Geografía e
Historia de Nicaragua, tomo VII, noviembre, 1945, núm. 3, p. 12.
XI. Investigaciones 207
Volvía el asunto a manos de los guatemaltecos quienes no
estaban en la mejor disposición de satisfacer los ánimos de los
provincianos pues no despertaban confianza entre los provin-
cianos, ya que no se esperaba que procedieran a lo mandado por
el Consejo. Por otro lado es necesario expresar que los años entre
1817 y 1820 fue un periodo crítico en España, por la fuerte
indisposición que había en contra del rey Fernando VII. De esto
resultó la llamada «revolución liberal» que depuso al monarca
español y estableció para las colonias americanas la libertad de
expresión que aprovecharon los guatemaltecos para exponer sus
deseos de independencia a través de los periódicos.
Desde 1815 ya era evidente que en Guatemala despertaban
expectativas una declaración a favor de un rompimiento con
España y los provincianos empezaron a calcular las consecuen-
cias de la posible situación que se presentaría si Guatemala se
decidía por esto. Por ser la capital del reino, era posible que
decidiera por todas las provincias, cuestión que le favorecería ya
que seguiría controlando el comercio regional y otras activida-
des político-administrativas.26
Causaba malestar aquella posibilidad por las posibles conse-
cuencias que tendría sobre el resto de las provincias, especial-
mente en Nicaragua que pretendía administrar su propia vía de
comercio sin tener que llevar hasta Guatemala sus productos.
Una nota que circuló a mediados del año de 1821 renovaba
aquella indisposición que existía entre los provincianos en con-
tra de los guatemaltecos
No os dejéis engañar, amadas Provincias y hermanos míos,
de esos ansiosos guatemaltecos cuyas vastas ideas llevan por
26 Mario Vázquez Olivera ofrece una nota documental en la que los
provincianos hondureños expresaban: Si como dicen, quieren le-
vantar el grito de independencia, hagámonos sordos, unámonos para
contrarrestar sus sacrílegas máximas, y desconozcamos toda autoridad
que emane de ella, citado en Mario Vázquez Olivera: El imperio mexi-
cano (2009), op. cit., pp. 61-62.
208 Acahualinca
objeto la más escandalosa conjuración absorberse el mando de
todo el Reino [...] Entonces veríamos [...] a esa chusma de
chapines [...] amadores de sí mismos, arrogantes, presuntuo-
sos, grotescos, contumaces, desobedientes, avarientos, carna-
les, mentirosos, blasfemos, hipócritas [...] echar sobre los cue-
llos de los provincianos y las Provincias, las pesadas cadenas de
la más torpe esclavitud.27
En septiembre que se conoció en la provincia la declaratoria
de Independencia desde Guatemala, la comunicación habría de
causar desconcierto entre las autoridades provincianas que ha-
bían apoyado y esperado una intendencia y gobierno indepen-
diente de Guatemala, y no un rompimiento abierto con España,
según se comunicaba. Las autoridades locales, Miguel González
Saravia, Domingo Galarza y otros; sin contar con la presencia
del obispo redactaron un escrito en el cual la diputación provin-
cial apoyaba lo acordado en Guatemala.
Días después, contando con la presencia del obispo García
Jerez motivó un cambio en la perspectiva de los agentes de go-
bierno mencionados y así se emitió el «Acta de los nublados». El
documento pretendía dejar clara la posición de las autoridades
en contra de lo decidido en Guatemala y se pronunciaban a
favor de la observancia de la Constitución Política de la Monarquía
y de las Leyes.28
Del mismo modo, el documento fechado el 28 de septiem-
bre, declaraba La absoluta y total independencia de Guatemala, que
parece se ha erigido en soberana,29 dejando sola a Guatemala con
su decisión. La muestra que las autoridades de la diputación
provincial en Nicaragua, influenciadas por el obispo, preten-
27 Ibíd., p. 61.
28 Zelaya: «La Independencia de Centroamérica y sus inmediatos
efectos en Nicaragua...», en Revista de la Academia de Geografía e
Historia de Nicaragua, tomo 9, núm. 1, abril, 1947, p. 32.
29 Ibíd.
XI. Investigaciones 209
dían sostener la validez de la figura real se puede notar en el acto
de juramentación que realizaron unos días después acogiéndose
a la letra del acta de Independencia de México que garantizaba
de algún modo la continuidad de la monarquía o al menos eso
creían los provincianos.30 El documento redactado por los agen-
tes de la diputación provincial de León señala
Que se proclame y jure pública y solemnemente la indepen-
dencia absoluta del Gobierno español en los mismos términos
que la propone en su plan el señor Agustín de Iturbide y bajo
los auspicios del ejército imperial, protector de las tres garan-
tías, según y como se expresa en el artículo 4 que dice: Será su
emperador el señor don Fernando VII y no presentándose éste
en Méjico personalmente, dentro del término que las Cortes
señalaren.31
Acogerse al plan de independencia de México, implicaba
desde ya una anexión política o al menos someterse política-
mente a aquel nuevo imperio, cuestión que agregaría confusión
y malestar en otras localidades. Pero es necesario señalar que el
plan guatemalteco que se escondía tras la decisión de Indepen-
dencia, involucraba el propósito de encontrar los medios para
controlar el comercio de las provincias al sur, y en la decisión de
León se echaba a perder aquello.
En Granada, en cambio, las cosas evolucionaban de manera
diferente, pues la corporación de autoridades locales se acogía a
la declaración de Guatemala y rompía fuegos contra el obispo y
demás autoridades. Es revelador el documento emitido por el
padre José A. Chamorro que reprodujeran tanto Chester Zelaya
Goodman como Antonio Esgueva. Eventualmente, la villa de
30 El documento en cuestión solicitaba el traslado de un agente o
representante de la monarquía española a suelo americano para
continuar con el gobierno.
31 Zelaya: «La Independencia de Centroamérica y sus inmediatos
efectos en Nicaragua...», art. cit., p. 34.
210 Acahualinca
Managua sería otro foco localista opuesto a la decisión guatemal-
teca, por influjo del obispo García Jerez y Sacasa y Manuel A. de
la Cerda.
Así fue como el conflicto localista oculto entre las dos ciu-
dades mayores vino a estallar violentamente en el fenómeno
nuevo que trajo la Independencia que fue la guerra civil. El
deseo por la capitalidad se volvió una aspiración en aquellas
circunstancias entre León y Granada mientras el país ardía una
y otra vez. Pero, el ambiente conflictivo que trajeron las guerras
civiles a Nicaragua, hicieron que Guatemala perdiera todo con-
trol sobre el territorio y su mercado, así devino la República
Federal en 1824 pero esto solo avivó aún más el conflicto regio-
nal.
Fuentes
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regencia del reino la erección de una audiencia y capita-
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Guatemala. Año de 1804». Revista de la Academia de Geo-
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XI. Investigaciones 211
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Nicaragua y Costa Rica, para el establecimiento en estas
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Guatemala. México, Fondo de Cultura Económica, 2009.
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fía e Historia de Nicaragua, tomo 9, núm. 1, abril, 1947.
Representación de primer grito de Independencia
de Centroamérica en San Salvador, 1910.
Pintura del chileno Luis Vergara y Ahumada (1957).
XI. Investigaciones 213
XII.
Habla
214 Acahualinca
Enrique Peña Hernández (Masaya, 7 de junio, 1922 - 19 de
noviembre, 2018). Abogado de la Universidad de Granada
[1944]. Folclorista, lexicógrafo, funcionario judicial, profesor de
gramática, catedrático universitario y ensayista. Tomó posesión
como Miembro de número de la Academia Nicaragüense de la
Lengua en el Instituto Nacional de Masaya el 28 de marzo de
1961. Título de su discurso: «El folklore en función de la lengua
española», le contestó Fernando Buitrago Morales.
XII. Habla 215
DICHOS SOBRE EL «INDIO» EN NICARAGUA
Enrique Peña Hernández
LOS DICHOS y expresiones populares sobre el «indio» se han
difundido en el país, al extremo que tanto en el lenguaje colo-
quial como en el culto se han empleado con alguna frecuencia.
Estas expresiones se originaron en Granada y León durante la
época colonial. Los granadinos trataban con los de Monimbó;
los leoneses con los de Sutiaba. Ofreceré a continuación veinte:
1. Un indio menos, un plátano más. Exclama el que, obser-
vando la pertinacia de alguien en no evitar un peligro conocido
y que le ha sido advertido, insiste en arrostrarlo. O también el
que recibe con indiferencia la noticia de la defunción de una
persona.
2. Machete caído indio muerto. Se dice esta frase al que se le
cae su instrumento de trabajo cuando debería tenerlo mejor
sujeto, como el indio su machete cuando se está batiendo; pues
si entonces se le cayere, se le consideraría muerto.
3. El perro y el indio nunca se pierden. Se aplica este dicho
cuando alguien manifiesta su temor de que cierto individuo se
pueda extraviar en un camino desconocido.
4. No hay peor cosa que poner a un indio a repartir chicha.
Los indios, cuando son comisionados en sus fiestas para repartir
chicha, le dan mucha seriedad o importancia a su cargo, al ex-
tremo de que caen pesados y antipáticos. Cuando alguien se
comporta así en el desempeño de alguna comisión o cargo, la
gente le espeta el aludido dicho popular.
5. Indio comido, puesto al camino. Se le dice así al invitado
a comer, que una vez concluida su comida dispone marcharse,
pretextando tener algo urgente que hacer, como el indio.
216 Acahualinca
6. Al indio, la culebra y el zanate, manda la ley que se mate.
Este dicho tiene resabio «encomendero», pues considera al in-
dio tan pernicioso como la culebra y el zanate.
7. Otro indio al palo. Esta locución se usa cuando se llama
a alguien a ocupar su turno en algo; v.gr.: en la barbería, cuando
están varios esperando ser atendidos. Se dice que los conquista-
dores llamaban a los indios con tal expresión, cuando les hacían
lo que al gran Caupolicán.
8. Hasta donde se amarró el indio el machete. Se exclama
así, por lo regular, cuando se ve pasar a alguien bien borracho o,
a alguna mujer embarazada.
9. El alba rayando y el indio cagando. Cuando el indio se
levanta muy de madrugada a prepararse para ir a su trabajo,
acostumbra hacer sus necesidades fisiológicas a esa hora.
10. Salírsele a uno el indio. Apartarse repentinamente de las
normas de urbanidad y proceder a hablar con manifiesta vulga-
ridad o jayanería; o sencillamente, responder con energía y vi-
gor.
11. Subírsele a uno el indio. Enojarse, encolerizarse, tornarse
violento o agresivo, aunque sea con justificación.
12. Si sos puro indio. Se le dice al individuo que se tenía por
bien educado, y que en la menor oportunidad dio a conocer lo
contrario.
13. Quedar o andar como nalga de india. Bien afeitada la
barba: lisa, sin asomo de vello.
14. Ser indio nápiro. Puro, auténtico, sin mezcla de sangre
de otra raza; que no es mestizo.
15. Ser espuela de indio. Gestor constante y continuo en un
asunto o negocio, cobrador infatigable. El indio no despega la
espuela de los ijares de su bestia.
16. El que anda con indio, anda solo. Porque no es solidario
XII. Habla 217
ni compañero con los «ladinos». Los abandona en cualquier
momento.
17. No hay peor cosa que poner a un indio a comer en plato
de china. Porque se crece y se manifiesta «igualado» con sus
patrones.
18. Indio piche o alcaraván no se crían porque se van. Este
elocuente adagio da a conocer la falta de gratitud del indio.
19. Cuando el indio se levanta y el chancho chilla ya es de
día. Como el indio no tiene letrina y hace «sus necesidades» en
el solar, el chillido del chancho es el mejor anuncio de la hora.
(Este dicho tiene mucha relación con el número 9).
20. Hacer fila india. Los indios suelen caminar uno tras otro,
jamás apareados. El hombre va adelante, la mujer detrás. Esa es
la fila india.
[Lengua / Boletín de la Academia Nicara-
güense de la Lengua, núm. 16, septiembre,
1997, pp. 73-75].
Ilustración de Carlos Montenegro publicada en Al pie del
Coyotepe, obra narrativa de Enrique Peña Hernández
218 Acahualinca
LOCUCIONES CON EL VERBO SER
Enrique Peña Hernández
EN NICARAGUA existen una serie de dichos populares inicia-
dos con el verbo ser que, en la mayoría de las veces, constituyen
verdaderas formas metafóricas, por la relación de semejanza que
ofrecen con el elemento principal de la locución.
1. Ser un piojo. Muy necio.
2. Ser un tábano. Molesto, importunador. Aplícase a los
cobradores.
3. Ser un garañón. Se aplica a los hombres de gran virilidad.
4. Ser un negro pijul. Dícese de la persona de piel negra,
retinta, que tira a azul oscuro.
5. Ser una jolota. Ser persona inepta e inútil, que nada pue-
de. Dícese del jugador (deportista) deficiente. (A la chompipa
se le dice jolota).
6. Ser coyote. Ser parásito. Se aplica a los que comen y beben
a costa de otros.
7. Ser una lombriz de leche. Blanco y delgado o flaco.
8. Ser un cascabel. Irascible y violento.
9. Ser como el escorpión. Negrito y flaco.
10. Ser como el chapulín (que va comiendo y cagando). Dícese
de las personas que inmediatamente después de tornar sus ali-
mentos, se van a defecar.
11. Ser una chicharra (cigarra). Orinar a cada momento.
12. Ser un ratón-bodego. Chiquito y rubicundo.
13. Ser una mojarra. Ser de piel roja y reluciente.
XII. Habla 219
14. Ser una víbora. Ser persona sumamente peligrosa, que
puede atacar a mansalva, ya con hechos y ya con palabras.
15. Ser una cuila. Aplícase a las mujeres que tienen hijos
cada año.
16. Ser un pulpo. Codicioso y sin escrúpulos.
17. Ser una elefanta. Se aplica a la mujer obesa: pesada y
lenta en sus movimientos.
18. Ser una nigua. Persona muy molesta.
19. Ser un caballo. Ignorante, bruto, torpe.
20. Ser águila. Ser muy vivo, sumamente pícaro, en extremo
listo.
21. Ser un chichicaste. Colérico, violento, irascible.
22. Ser un conejo. Ágil y rápido corredor. Arisco, inquieto,
listo.
23. Ser suegro jelepate. Que en vez de darle, se «chupa» al
yerno.
24. Ser un ruiseñor, un canario o un sinsonte. Tener voz
melodiosa. Cantar muy bien.
25. Ser el hombre de la Paula Pasos. El hombre del momen-
to, el más dichoso, el preferido, que recibe todas las cualidades
o condiciones masculinas, etc.
26. Ser una ardilla. Andar en constante movimiento, de
arriba a abajo, en idas y venidas. No tener sosiego.
27. Ser una vaca tunera. Ser persona que se va entretenien-
do en su camino, metiéndose en cualquier parte, sin importarle
nada, ni preocuparse de nada.
28. Ser una vaca. Ser muy torpe.
29. Ser mosca correvenado. Persona sumamente necia, im-
portunadora, grosera y jayana.
220 Acahualinca
30. Ser una cocoroca. Bocatero, bocasucia.
[Lengua, segunda época, núm. 12-13, junio-
septiembre, 1996, pp. 167-167].
XII. Habla 221
XIII.
Notas
Roberto Carlos Pérez
222 Acahualinca
XIII. Notas 223
LA CULTURA DEL LIBRO ES INSUSTITUIBLE
Carlos Tünnermann Bernheim
EN SU conocida obra La galaxia Gutemberg, Marshall McLuhan
pronosticó que los medios audiovisuales harían desaparecer a los
libros y los periódicos escritos. El pronóstico no se ha cumplido
ni se cumplirá. La cultura del libro es insustituible. Más bien, el
transcurso del tiempo da la razón a Ralph Waldo Emerson quien,
hace siglo y medio, sostuvo que «el libro sigue siendo el mejor
deleite de la civilización».
Ahora demos una rápida mirada sobre el libro en la historia.
En Centroamérica, la imprenta fue introducida primeramente
en Guatemala en el año 1660 por fray Payo Rivera. Según los
historiadores, a Nicaragua llegó hasta el año de 1829, a la ciudad
de Granada, durante el gobierno del director supremo del Esta-
do, Dionisio Herrera. En ella se editó el primer impreso conocido
en Nicaragua: una hoja suelta invitando para el entierro de los
asesinados en La Pelona, como consecuencia de la guerra civil
Cerda-Argüello. Al año siguiente, 1830, comenzó la imprenta
a funcionar en León, entonces capital del recién creado Estado
de Nicaragua. En ella se editó La Gaceta del Gobierno del Su-
premo Estado de Nicaragua.
El primer libro
Publicado por un nicaragüense, este fue escrito por fray Fer-
nando Espino, nacido en Nueva Segovia y cronista misionero.
Su libro, editado en Guatemala en 1674, se intitula Relación
verdadera de la reducción de los indios infieles de la provincia de la
Taguisgalpa, llamados Xicaques. De este libro existen ediciones
más recientes publicadas por la Universidad Nacional Autóno-
ma de Nicaragua (UNAN, 1968) y la Colección Cultural del
224 Acahualinca
Banco de América (1977), ambas con prólogo del historiador Jorge
Eduardo Arellano. Quizás, el primer libro de texto escolar escrito
por un nicaragüense es el Compendio de Geografía. Hecho espro-
fesamente [sic] para la juventud nicaragüense, por el maestro
rivense Emmanuel Mongalo, publicado en 1861 en Nueva York.
Su característica es que está escrito como catecismo, con
preguntas y respuestas. Mongalo es el héroe de la batalla de Rivas
del 29 de junio de 1855 cuando, exponiendo su vida, prendió
fuego a la casa donde se refugiaban los filibusteros.
Rubén Darío: ¡Qué triunfo, saber leer!
El libro ha merecido los más altos elogios de ilustres pensa-
dores y escritores que fueron asiduos lectores. Muchos de ellos
alcanzaron altos niveles de cultura de manera autodidacta. Uno
de ellos fue nuestro Rubén Darío, cuya extraordinaria formación
literaria se inició dedicando muchísimas horas a la lectura de los
volúmenes fundacionales de la Biblioteca Nacional de Nicara-
gua, creada en 1882 por el presidente Joaquín Zavala.
Precisamente, para saludar el acontecimiento, el joven poe-
ta Darío escribió las cien décimas de su poema «El libro», leído
por su autor el 24 de enero de ese mismo año ante el Congreso de
la República. En una alocución juvenil, pronunciada en Guate-
mala en una velada escolar, Darío exaltó ante los estudiantes la
importancia de la lectura: ¡Qué triunfo, saber leer! ¡Qué triunfo,
conversar en los libros con los sabios de los tiempos antiguos [...].
Rubén expresó, en varias ocasiones, su deseo de que su pe-
queña patria, Nicaragua, llegara a ser «una República de lecto-
res». ¡Qué cultos seríamos los nicaragüenses si el sueño de Darío
se hubiera convertido en realidad! A su vez, el prócer norteame-
ricano Thomas Jefferson aseguraba: No se puede vivir sin libros.
Niños no dominan la lectura
Nicaragua necesita una política nacional para el fomento de
XIII. Notas 225
la lectura. Para ello, lo primero es que los niños de los primeros
cuatro grados de primaria aprendan realmente a leer y escribir.
Los estudiantes que dominan sin dificultad la lecto-escritura son
más proclives a transformarse en apasionados cultivadores de la
lectura El hábito de la lectura se arraiga más fácilmente en ellos
porque la lectura les resulta placentera.
En cambio, cuando no adquieren esa competencia, la lectu-
ra les resulta tediosa, fatigosa, en vez de un disfrute. Desafortu-
nadamente, en nuestro país, casi la mitad de los niños egresan
del ciclo primario sin dominar satisfactoriamente la lectura. La
dificultad para que la lectura sea un verdadero gozo lleva, a gran
parte de nuestros niños, adolescentes e incluso jóvenes, a prefe-
rir la televisión, el celular, la tableta o la computadora.
Una correcta política encaminada a fomentar la lectura
debería conducir a las autoridades educativas a asignar a los
mejores maestros normalistas a los primeros cuatro grados de
primaria, que representan el nivel de educación fundamental.
Ello significa poner énfasis en el aprendizaje de la lecto-escritura
introduciendo, como recomienda Fernando Lázaro Carreter, el
método lúdico, es decir, que los niños aprendan a leer como si
fuera un juego que les genera placer.
La hora del cuento
Sugerimos introducir en los primeros grados de primaria «la
hora del cuento», que consistiría en dedicar una hora cada 15
días a la lectura colectiva de un cuento para niños. Tanto Rubén
Darío, como José Martí y otros escritores, nos legaron cuentos
maravillosos que enriquecen la literatura para niños. Conven-
dría aquí recordar que, por Decreto Ejecutivo del 17 de junio de
2005 se instaló, en el Ministerio de Educación, el Consejo Na-
cional del Libro, cuya principal función debió ser formular e
implementar un Plan Nacional de Lectura, lo que no pasó de ser
un buen propósito.
Estas reflexiones son motivadas por la próxima celebración
226 Acahualinca
del Día Internacional del Libro (23 de abril), instituido por la
Unesco en 1995. Este día fue escogido por coincidir con el ani-
versario del fallecimiento de tres gigantes de las letras: Miguel de
Cervantes, William Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega.
[Cultura / La Prensa, 23 de abril, 2018]
Carlos Tünnermann Bernheim
XIII. Notas 227
EL RUBÉN DE LOS BAZUQUEROS DE
MANAGUA
Jorge Eduardo Arellano
Bazuquero: adj. pop. Borracho consuetudinario
de barrios marginales, generalmente andrajoso,
que ingiere licor de baja calidad. En este barrio
abundan los bazuqueros.
Diccionario de uso del español de Nicaragua. Ma-
nagua, ANL, 2001, p. 38.
EL CONOCIMIENTO más ínfimo de Rubén Darío, existente
en Nicaragua hasta por lo menos los años sesenta, fue el apócrifo
de las cantinas, donde el poeta era vulgarizado. Debería decir:
vulgareado. Porque era totalmente ajeno a la obra y a la perso-
nalidad del liróforo celeste, resultando exclusiva obra de la ima-
ginación de nuestros anónimos picaditos o bazuqueros. En el
fondo, ellos aspiraban a incluir a Darío entre los ilustres antece-
sores de su gremio.
Y es que la leyenda alcohólica de Darío se oculta en estos
ejercicios de versificación que casi todo nicaragüense no puede
reprimir. Si a ello agregamos la dimensión de Darío como mayor
héroe civil y cultural del país, tendríamos una explicación del
producto folclórico que deseo ejemplificar, aprovechando co-
municaciones de varios amigos difuntos, como el profesor Rafael
Carrillo Díaz y el mal poeta Reinaldo Hooker, perteneciente a
la «generación traicionada» a sí misma. Ya Luis Alberto Cabra-
les, en los mismos años sesenta, había elaborado un ensayo sobre
el tema que consulté para no repetir los textos que transcribe.
Los «míos» oscilan entre la afirmación del orgullo patrio
(frente a los españoles) y la ocurrencia ingeniosa, más el uso
228 Acahualinca
efectivo de la rima consonante. El primer ejemplo, al respecto,
es la cuarteta sustentada en esta imaginaria anécdota. Hallándo-
se en la hermana república del sur, unos «colegas» de tragos y
versos le pidieron brindar después de sustituirle el licor con agua
en su copa. Pero el poeta, advirtiendo el truco, se salió con la
suya:
Ya que la musa me pica
y me ponen en una copa agua
yo brindo por Costa Rica
en nombre de Nicaragua.
Otra «improvisación», apócrifa como todas estas composi-
ciones, tiene de escenario la Madre Patria. «Allá en las márgenes
del Tejo», decían en las cantinas los picaditos de Rivas que
comenzó a declamar Darío. Tajo, le corrigió un muchacho del
público, por lo cual el inspirado vate tuvo que repetir estos du-
dosos versos:
Allá en las márgenes del Tejo
una desnuda criatura
se paseaba luciendo su figura
sobre una luna
de brillantes espajos.
Ya ves, gran jota-abajo,
que es Tejo y no Tajo.
Pero la mayoría de esas ilustraciones humorísticas, en la cual
Darío era concebido como un personaje similar al «Quevedo»
de nuestros relatos callejeros e infantiles, poseían una ostensible
connotación sexual. He aquí una consistente en el diálogo entre
el supuesto Darío quinceañero que detiene a una campesina, a
la salida de León, y le espeta:
De dónde vienes,
para dónde vas,
no hay más remedio,
aquí me lo das.
XIII. Notas 229
Y ella no se queda atrás:
De arriba vengo,
para abajo voy,
no hay más remedio:
aquí te lo doy.
Mas aún: el profesor Carrillo me comunicó una composición
coprológica que ficticiamente tuvo su lugar, es claro, en una
cantina, esta vez de Masaya. Mientras unos bolos —o ebrios
consuetudinarios— que libaban con Darío, uno de ellos impro-
visó:
Yo que para poeta no nací
y echo mis versos a la izquierda,
brindo porque coman mierda
todos los que están aquí.
Y Darío cerró con «broche de oro», contestándole:
Usted que para poeta no nació
y echa sus versos a la izquierda
brindo para que coma mierda
por la gran puta que lo parió.
Por su lado, Hooker me recitó una mala décima —también
coprológica y escuchada entre sus amigos bazuqueros— en la
que figuraban notables personalidades españolas del siglo dieci-
nueve:
Me cago en Prim y en Topete
en Serrano y Castelar
y en todo peninsular
de Madrid a Albacete.
Me cago en el Guadalete
y en toda la gente guapa
que del registro se escapa
y para hacerlo en conjunto
me cagaré hasta en el punto
que ocupa España en el mapa.
230 Acahualinca
Por fin, en la siguiente cuarteta el vulgo retoma la superio-
ridad nica ante los colegas peninsulares de Darío:
Rosales y Mejías,
poetizos españoles:
sois un par de frijoles
entre la mierda mía.
Evidentemente, el Rubén de los bazuqueros de Managua
pertenecía al fenómeno de la miticidad dariana —en la cual
tanto ha insistido Nicasio Urbina— que identifica a Darío con
un vulgar improvisador y aficionado a la bebida y a las mujeres.
Todos estos ejemplos —como señaló oportunamente Ricardo
Llopesa— «tienen más relación con la picaresca soez que con la
poesía». Y, si acaso persisten, no podrían desterrarse del imagi-
nario popular.
[El Nuevo Diario, 3 de febrero, 2018]
XIII. Notas 231
LA VIEJA MANAGUA: MI PARAÍSO PERDIDO
Armando Zambrana Fonseca
¿POR QUÉ escribir sobre la vieja Managua? Esta pregunta pue-
de ser respondida solamente por las personas que teníamos raíces
y pudimos vivir en aquella capital hasta 1972. Indudablemente,
existirán muchas variables en la respuesta de parte de las personas
que aún viven; y las tendrán de acuerdo con sensaciones e imá-
genes de la propia realidad que vivieron y viven actualmente.
Habitantes autóctonos y foráneos
Muchas personas que conocimos, ya no están con nosotros.
Ese mismo día en la madrugada del 23 de diciembre, partieron;
no obstante, otras por razones diversas, también, se han ido;
pero ¿quiénes eran los habitantes de Managua hasta 1972?
Tenemos muy claro, desde nuestra niñez, que muy pocas fami-
lias eran originarias de la Leal Villa de Santiago; si hacemos el
análisis desde finales del siglo XVIII, nos enteramos que siendo
una pequeña población no constituía esta de los elementos es-
tratificados tan vehementes como sucedía en León, y principal-
mente en Granada. Los grupos familiares lo formaban los autén-
ticos habitantes con ligas sociales en las pequeñas propiedades
que circundaban el espacio urbano. La pequeña ciudad contaba
con artesanos como fuerza principal, pequeño comercio y otras
actividades como la pesca. Su ubicación en la ruta del comercio
entre León y Granada permitía ofrecer hospedaje y alimenta-
ción a los viajeros; además, a su embarcadero arribaban merca-
derías en general, enviadas por vecinos del Norte, y que puestos
en San Francisco del Carnicero, podían llegar a Managua para
continuar su tránsito hacia otras poblaciones del Pacífico.
Después que fue elevada a Capital, se establecieron, en su
232 Acahualinca
mayoría, familias procedentes de Granada y León, puesto que al
conformarse en la principal ciudad del país, las autoridades re-
querirían espacio para su ubicación física, lo mismo que los em-
pleados públicos de todos los poderes del Estado. Otras familias se
establecieron con objetivos comerciales. En los tres últimos dece-
nios del XIX, nacieron muchas personas que iniciaron su vida en
la Capital; pero, con las pautas sociales, de las procedencias de sus
padres, hubo entonces influencias culturales que alteraron las
que por siglos eran parte de la cultura étnica de los managüenses.
Muchos de los nacidos en esa época participaron en la Re-
volución Liberal de 1893, y posiblemente una tercera genera-
ción de los que llegaron en el primer tercio del XIX, fueron
partícipes de las guerras de 1912 y 1926; y de esto últimos sus
hijos son ancianos de 90 o más años si están vivos, como el
escritor Carlos García Caracas, con 95, en 2017.
Todas esas generaciones, con los descendientes de los mana-
güenses autóctonos, formaron una cultura propia de la capital;
no obstante, ante el desarrollo social y la aparición de elementos
culturales propios con los que se identificaba el capitalino, fue
dañino para la preservación de los elementos culturales de los
ancestros, porque en muchos hogares que formaban la sociedad
capitalina no se ocuparon de trasmitir a las generaciones siguien-
tes la información cultural anterior, perdiéndose para ese grupo
humano la pauta social y antropológica del quehacer citadino o
étnico de lo creado, y luego preservado en muchos lugares limí-
trofes más allá del trazado urbano desde el siglo XIX en los an-
tiguos asentamientos indígenas y su descendencia; las comarcas
y hacienda, a las que se podía llegar por una red de caminos
carreteros que desembocaban en los límites urbanos de aquellos
días. Mucho del quehacer en estos lugares se esfumó con la
llegada de la modernidad, así, costumbres de familiares entre sí,
o las que mediaban en algunos reducidos grupos de pequeños
propietarios. El comportamiento de los vecinos en la guerra,
matrimonios, duelos, entierros etc.
XIII. Notas 233
Para llegar a Managua, había caminos desde Ticomo, Chiqui-
listagua, Sabanagrande, Los Brasiles, San Andrés de la Palanca,
etc. Lugares que eran fuente de abastecimiento de la Capital; por
consiguiente, habían desarrollado elementos culturales que iden-
tificaban antropológicamente a cada uno de estos conglomera-
dos. ¡Ah, vos sos de Chiquilistagua! Esas personas tenían particu-
laridades. Una conducta frente a una circunstancia los definía.
Aclaramos: si muchos descendientes de los autóctonos ha-
bitantes de Managua, lograron hasta los años 50 o 60, del siglo
XX, mantener algunas costumbres y recuerdos propios y de sus
padres, y trasmitirlos, otra cantidad mucho mayor se olvidó de
hacerlo y se perdieron. Detalles curiosos de cómo las mujeres
debían conseguir una hija si solamente tenían hijos, o si fuera lo
contrario; la menstruación y la miel de Tamagás, qué comer y
qué evitar; el parto y la sabiduría de la partera, las semillas que
había que ponerle a la criatura en el bracito izquierdo atadas con
cinta roja; el orín de la mañanita del niño para el constipado de
la abuela, echándoselo en la cabeza con un paño para retenerlo.
Después del terremoto de 1931, también hubo una consis-
tente migración hacia la capital: llegaron otras costumbres, pero
también estos migrantes, se adaptaron a los formas de ser de la
gente de Managua, pues ya no era la Capital una villa, sino que
su cultura comenzaba a incidir mucho más. El deje o dejo, como
forma de hablar, se fue estandarizando, de tal manera que en
Managua se sabía que era juerano.
Nosotros somos hijos de padres que nacieron entre 1925 al
27 del siglo XX; más aún, se cataloga a nuestra generación como
baby boomer,1 por haber nacido en los años siguientes de finali-
1 Explosión de natalidad es la expresión en lengua castellana equi-
valente a la expresión baby boom o baby boomer en lengua inglesa,
surgida tras la Segunda Guerra Mundial, para definir el fenómeno
demográfico durante el período comprendido entre 1946 y 1964,
y caracterizado por un incremento notable de la natalidad. A los
miembros de esa generación se los conoce como baby boomers.
234 Acahualinca
zada la Segunda Guerra Mundial. Nacimos entre 1947 y 1964 y
conocimos de los beneficios económicos de posguerra, sobre
todo el crecimiento vertical del casco urbano y el horizontal.
Esto fue un asombro mayor para los que nacieron en el segundo
tercio del XIX, y lograron ver en su ancianidad: carreteras, esta-
dios, automóviles por cantidades, autobuses y, sobre todo, aero-
planos de gran envergadura y edificios.
Estructura arquitectónica
A mediados del siglo XIX, en adelante, la población era
pequeña y la estructura arquitectónica, si podemos llamar así a
las edificaciones de viviendas, pequeño comercio y oficinas
públicas, muy rústicas. Una buena cantidad de la población en
el perímetro vivía en chozas, pero los gobiernos y comerciantes,
cambiaron la cara de la Villa, y siendo ciudad y capital, lucía con
edificaciones que sobresalían por la ornamentación que osten-
taban, pese a las calles empedradas y muy pocas aceras en mu-
chos lugares. Cuatro eran los barrios de importancia: San Anto-
nio, San Sebastián, al occidente; Candelaria y Santo Domingo
al oriente. Con el general Tomás Martínez se iniciaron casas
domiciliares con aleros volados y el general Zelaya le imprimió
un toque francés con postes de luz y faroles, por supuesto. Esto
estaba limitado a varias calles, en especial a las correspondientes
a la zona de la administración pública.
Cada uno de los barrios originales tenía apéndices, o sea:
asentamientos por el crecimiento poblacional por los habitantes
originales, o por los migrantes de otras ciudades o del campo; por
consiguiente, todo ello tuvo su efecto en los asentamientos pe-
riféricos.
Un ejemplo fue el desaparecido barrio del Nisperal, ubicado
en las cercanías del lago, cerca del barrio de San Sebastián. Así
también, el barrio de San Pedro, aledaño a San Antonio. ¿Pero,
cómo puede desaparecer un barrio? No se trata de la eliminación
física, por demolición o por un acto de magia. El Nisperal, era un
XIII. Notas 235
barrio de gente muy pobre dedicada a la servidumbre para la
gente «del centro» o artesanos para reparación de muebles o
zapatos, expendios de tortillas o «cosas de horno». No obstante
en la medida que crecía la clase media, esta se extiende en busca
de terrenos para edificar y el barrio de San Sebastián, sus trazos
tradicionales estaban limitados, y por necesidad habitacional,
apareció la ley del mercado. Oferta y demanda. Los de El Nispe-
ral, fueron sometidos a la presión de compra y estos vendieron.
Los nuevos dueños de esas tierras, por supuesto, no vivirán en El
Nisperal, sino en San Sebastián, por la Escuela de Arte y cuando
apareció Radio Mundial, la dirección fue de la Mundial, hacia el
lago. El resto de El Nisperal, hacia «abajo» cambió su nombre por
Barrio Cristo del Rosario, pero en las generaciones siguientes
hasta 1972, nadie sabía que había existido El Nisperal. Así suce-
dió con otros barrios que aunque estuviera, sus pobladores se
identificaban con el que tenía mejor crédito. ¿Barrio San Pedro?
No, barrio San Antonio, por el Hospital, para la montaña. ¿El
Caimito? ¡No! De Santo Domingo hacia la montaña, por la plaza
(después Instituto Ramírez Goyena) ¿El barrio Barrios? «La Calle
del Ahorcado» ¡Nada! Todo se había olvidado.
Las raíces profundas
patronales en Candelaria, San Miguel, Cristo del Rosario;
caminar por la aglomerada Avenida Roosevelt, o la Bolívar, la
Avenida del Centenario, o la Calle Santo Domingo; jugar en la
Explanada de Tiscapa, saltar desde el trampolín de la Cruz Roja
en la laguna, ver a la mujeres que lavaban ropa en esa espejo de
aguas verdes, verlas, bajar y subir con los motetes de ropa, o
seguir a los pequeños peces. Ir a la Bajada de Carranza por el lago
y bañarse en El Tronquito. Cada generación haciendo lo suyo,
pero en Managua.
Salir de tu casa y escoger a qué cine podías ir con los amigos
del barrio: el Margot, el Salazar, el González, El Tropical, Tré-
bol, el Fénix o el Luciérnaga. Eso era en mi sector; pero si pre-
236 Acahualinca
ferías ir un poco más largo, pues estaba el Cine Darío, cerca del
Colegio Bautista, o quizás al cine Aguerri ubicado por la iglesia
de El Redentor y el residencial Sajonia. O te ibas por otro lado
y encontrabas el Cine Lux. O, a lo mejor, preferías el América
o el Alameda en una calle bulliciosamente bella y adorable.
Pulperías, farmacias, fritangas, bares, restaurantes y refresque-
rías. El cine Ruiz cerca de la Cervecería, y los más pobres de
todos: Palace y Apolo, este último por El Calvario. O tomar la
ruta hacia el cementerio, pasar por el colegio La Inmaculada, por
el Banco de Londres y Montreal, por donde La Chalía, la bar-
bería San José, el templo viejo de San José, la Divina Pastora; ver
hacia la izquierda el Estadio y la estatua ecuestre del general
Somoza; hacia la derecha, la Cruz Ruja y al fondo el Destilatorio
Nacional. Y luego seguir por la acera del Plantel de Carreteras y
llegar al Asilo de Ancianos, bajo la alameda de los árboles de
Laurel de la India y escuchar a los escandalosos zanates, apreciar
las marmolerías (una de Pascualini), la esquina de la Gallera, la
Aceitera Corona para luego encontrarte con el frontis del Ce-
menterio: Letum non onmia finit.
¿Pero, qué era lo bonito e importante para nosotros y que
apreciamos hoy? Que podíamos caminar, nos acostumbramos a
hacerlo, podías salir de Santo Domingo hasta el Cementerio y
no era nada tedioso, pues había mucho que ver o distraerte.
Siempre encontrabas a alguien a quien saludar. Era agradable
salir en bicicletas hasta Gadala María, o a Las Piedrecitas. Reco-
rrer las calles por la tarde o noche; ver la gente sentada a la orilla
de sus puertas, «puertas abiertas» por las cuales se podía ver la
sala, humilde o muy bien decorada. Saludar, conocerse; esta
estudia en el Goyena y este en el Colegio Calasanz, Pedagógico de
Managua, nuestras amigas de La Inmaculada, La Asunción o del
Goyena. Por nuestras amistades en el colegio podíamos ir a otros
barrios y en ellos conocer a muchas personas más. Eso hacía un
mundo pequeño, una aldea de saludos, amistades, fiestas de
cumpleaños y también de duelos.
XIII. Notas 237
La desolación de hoy
Ese mundo era un paraíso, hoy perdido, del que fui echado
y nos echaron a todos para construir otro mundo, con dolores;
anónimo y fastidioso, donde la gente permanentemente con
caras de resentimientos, o tristeza, quizá acongojados, o lo peor:
con desconfianza, temerosa hasta el miedo permanente de no
saber dónde está, furor del inconsciente que se desplaza a la cara
y se manifiesta. Así se puede ver esas expresiones en los autobu-
ses, paradas, supermercado en muchas partes, lejos de la vida
comunal. Caminan entre extraños apartando miradas y desean-
do no encontrar a nadie. No obstante, pareciera que cada habi-
tante de los que están en la paradas de autobuses en ellos, vive
una amargura profunda, también cuando ves pasar los vehículos
particulares, sus conductores, no muestran una faz que relacione
el bienestar económico que ostentan, de tal manera que me
preguntó: ¿Qué sucede? ¿Qué expectativas no se satisfacen?
Quizá, esté equivocado, pero cuando cierro mis ojos y me voy a
buscar las imágenes del pasado, veo alegría, caras de preocupa-
ciones, pero no de amarguras. Éramos pocos, como una bella
familia, porque había lugares donde nos podíamos encontrar,
uno de eso lugares eran las fiestas, los mano a mano, los matiné
en el Margot, principalmente.
En los supermercados, caras arrogantes, solitarias, extrañas
entre las góndolas, anónimas o ignorando el mundo de su derre-
dor; otras pretenciosas sin la menor evidencia de sustentarlo,
agresivas con las cajeras y en muchos casos las diferencias éticas
insalvables. Hemos perdido tanto, pero tanto, tanto. Pues la
calidad humana era para nuestros días fundamental.
Vivir hoy en residenciales y condominios, donde nadie se
conoce, nadie sabe quién es quién, calles desoladas, ignorar es
fundamental para la vida en privacidad, se ha levantado un
muro para que nadie moleste, guardas, agujas ¿Quién puede
entrar? Las condiciones están escritas en la entrada, la política
de Donald Trump, pero en pequeño. No se puede escuchar el
238 Acahualinca
pregón de la vende pozol, tortillas, cajetas, pan o cosa de horno.
Celebran algunos a Santo Domingo sin Santo Domingo y sin
saber el por qué en medio de muros, el Año Nuevo en las cuatro
paredes sin salir a la acera y encontrarse con el vecino que hacía
lo mismo para abrazarse y desearte un mejor año o una feliz
Navidad. ¡Desolación!
Esas son las diferencias de hoy, analizadas a la luz de la
manifestación de un espíritu que se había creado por muchas
generaciones. Indudablemente era sólido comprensivo y alegre,
comunal y tradicional, solidario y respetuoso; pero también
debemos recordar, que aunque diferente, las zonas residenciales
que nacieron en los 60 no estaban alambradas ni tenían muros
perimetrales, ejemplo: Bolonia, Las Colinas, Altamira, Bosques
de Altamira y anterior a estos: Sajonia. Todo el espíritu del
pueblo de Managua quedó también sepultado bajos los escom-
bros. No resurgió, apareció otro, muy diferente: competitivo,
egoísta, segregacionista, desarraigado en la búsqueda de una
identidad que aún no la consigue en unidad. Lamento decirlo,
puedo estar equivocado: hoy se vive otro modelo. No me refiero
si es bueno o malo; no, pues no es un juicio.
En aquellos días, guardábamos los secretos y errores, incur-
siones notables a nuestra vida de adolescentes, fulano anda metido
en una organización política, mataron al hermano del turco, en
La Perfecta: Chorizín está bebiendo cerveza en el Scan No. 2.
¿Sabés quién anda metido en el asunto? El Cuervo.
El laberinto de los recuerdos
Ese tiempo, esa vida ya se terminó para nosotros por realidad
cronológica. La otra realidad es que desaparecieron las estructu-
ras físicas; que de suyo, esa ausencia acrecientan nuestra nostal-
gia. No es lo mismo para un ciudadano de cualquier país, que ha
nacido y vivido en su capital, ver que cambia. Pero ese cambio
va asimilado por el espíritu: la calle queda, un edificio es sustitui-
do por otro, pero la referencia en permanente y puede el abuelo
XIII. Notas 239
o el padre enseñar a la descendencia, la historia frente al creci-
miento del centro de su capital, por supuesto. Esto no lo pode-
mos hacer nosotros. ¿Quién puede decir dónde vivió el maestro
Gabriel Morales? O, ¿dónde vivió Andrés Castro? Primero, ¡no
lo saben! Y lo más triste y duro es: ¿a quién le importa? Mi abuelo
Fernando varias veces me señaló dónde había vivido Andrés
Castro. ¿Dónde? Conocí la casa de adobe con pintura de agua
de color roja, totalmente desteñida y pintura que había sido en
alguna oportunidad, blanca, igual. Ese lugar lo ocupaba el garaje
del presidente de la Asamblea Nacional. Antes del terremoto
estaba frente a las gradas antes, edificio del Ministerio de Salud,
luego, el Colegio Maestro Gabriel, después el Banco Central y
la Casa de la Presidencia con la señora Barrios de Chamorro. Y
es terrible darte cuenta que preguntas dónde queda la Plaza de
la República, nadie sabe; ni el Palacio Nacional, ni siquiera el
Parque Central; muchos ignoran la estatua de Ramón Montoya.
No saben que todavía existe el Parque de Candelaria, y la iglesia
de Santo Domingo, la ubican en el Oriental. Todo ello tiene
una explicación, pues son hijos o nietos de personas que llegaron
en el período de la guerra de los 80 y no podía haber en esa
generación una pauta social de algo que les fue ajeno. La Capital
no los cambió como a los que llegaron antes y después del terre-
moto del 31, pues la clave estaba que la ciudad no cambiaba de
lugar y fue reconstruida en el mismo espacio. Hoy los migrantes
la cambiaron, y debemos considerar a muchos managüenses que
se fueron de Nicaragua, en el período de 1972, 79 y los 80.
En esa casa antes del terremoto había una especie de taller
de mecánica. Si alguien se acuerda, quedaba cerca la Towico.
¿Cuántos sabían ese detalle? Lo mismo que las antiguas barracas
de la Academia de Zelaya que estaban a la orilla de un pequeño
cauce o drenaje en los linderos del INCEI, ahora Enabás. Se
cayeron con el terremoto. Muy pocos conocían el detalle. La
esquina donde enseñaba el maestro Gabriel Morales, fue donde
estuvo antes del terremoto de 1972, el Restaurante El Eskimo,
por la catedral, que hoy llaman vieja.
240 Acahualinca
Vivimos con mucho entusiasmo cuando recordamos nues-
tros mejores días, la primera fiesta, el primer beso, la primera
cerveza, los mano a mano de los conjuntos los Rocket y Los
Music Master, así como mi abuelo Fernando Fonseca recordaba
las retretas en el parque Aurelio Estrada, con la Banda de los
Supremos Podres. Me dirá usted joven lector: pero nosotros tam-
bién tenemos recuerdos. ¡Claro, si usted vive, pero no en Mi Pa-
raíso, en el de mi bisabuela Buenaventura Mora Bengoechea,
familia directa de un hombre que fue alcalde de Managua varias
veces; y que ella nació en 1862 y murió en 1962 cuando yo tenía
doce años. Y supimos de sus abuelos. Y cuántas cosas conocimos,
pues su madre María de las Nieves Mora de Bengoechea, vio
pasar por Candelaria a George E. Squier. Ese era el Paraíso de
donde fui echado.
Hoy recuerdo la calle que nos llevó al colegio, la sorbetería
y el sastre, el barbero que nos cortó el cabello desde niño hasta
1972. Risas, canciones bellas, bellamente románticas, aquellas
miradas. Recorremos en el laberinto de los recuerdos, cuadra por
cuadra, edificio por edificio, rótulo por rótulo, amigo por amigo
con sus tristezas y alegrías, virtudes y defectos, familia por familia,
a la suegra que no nos quiso, o la que te recibió con cariño, por
lo tanto, en ese momento es que el espíritu se expande, nace un
milagro cuando extasiados dentro de nosotros mismo, en esa
intimidad que nadie puede perturbar, sentimos como si fuera
una centella en el pensamiento , una sensación de vivir esos
momentos. ¿Cómo explicarlo? No puedo, pero lo sentimos.
Incluso por milésimas de segundo un olor que pasa o tener la
sensación de que volviste a ese lugar. No me pidan los lectores
un orden que no sea el cómo se producen los recuerdos.
Moriremos llenos de nostalgia. La Vieja Managua: mi paraí-
so perdido.
XIII. Notas 241
ELECCIONES ESTUDIANTILES DE 1968
EN LA UCA
Róger A. Cerda
ESTE AGOSTO de 2018 cumplimos cincuenta años de las
elecciones de autoridades estudiantiles de la Universidad Cen-
troamericana (UCA). Con este hecho histórico se rompió el
esquema de un centro de estudios concebido como una alterna-
tiva reaccionaria a la UNAN de León.
El año de 1968 fue un año de convulsiones políticas inter-
nacionales y nacionales: un parteaguas. Durante su transcurso,
en el mundo, dominado por la guerra fría entre Estados Unidos
y la Unión Soviética; conflicto chino-ruso; movimientos guerri-
lleros en América Latina y la muerte del Che Guevara; el surgi-
miento de regímenes militares «progresistas» en el Perú y Pana-
má; la ofensiva Tet en la guerra de Vietnam; la Revolución de
Mayo en París; la invasión de Checoslovaquia por Rusia; las
masacres estudiantiles de la Universidad Kent en los EE.UU. y
Tlatelolco en México; más los asesinatos de Martin Luther King
(1929-1968) y Robert Kennedy (1925-1968).
Gobernaba entonces Anastasio Somoza Debayle, presiden-
te desde 1967. Opositores, militantes revolucionarios, líderes
sindicales y estudiantiles eran reprimidos, torturados o asesina-
dos por los agentes del somocismo. Fue en estas circunstancias
que en agosto 1968 se dieron las elecciones para Presidente del
Centro Estudiantil Universitario de la Universidad Centroame-
ricana (CEUUCA), en Managua. Todos los candidatos éramos
de la facultad de Derecho: Raúl Palacios por el Frente Estudian-
til Liberal (somocista); Edmundo Jarquín, por los socialcristia-
nos; y yo, Róger Cerda, por los radicales. El año escolar duraba
de mayo a febrero. El Rector de la UCA era León Pallais Godoy,
242 Acahualinca
familiar de los Somoza y con rango militar. La facultad de Dere-
cho era la más beligerante. Habían sido presidentes de la Asocia-
ción de Estudiantes de Derecho (AEDUCA) o del CEUUCA
Julio Buitrago Urroz, David Tejada y Casimiro Sotelo. A primer
año habíamos ingresado a la Facultad, en mayo de 1966, Daniel
Ortega, Harold Solano, Fausto Orlando Amador, Julio López
Campos, Bayardo Quintanilla, Fernandolino Narváez, entre
muchos otros. Fernando Gordillo, Julio Buitrago y David Teja-
da iban en años superiores.
El ambiente universitario estaba candente. El asesinato de
Casimiro Sotelo en noviembre del 66, las masacres del 22 de
enero y de Pancasán en agosto del 67; las carceleadas de Daniel
Ortega y Harold Solano en noviembre del 67, el asesinato de
David Tejada en abril 1968 eran sus causas. El Frente Estudiantil
Revolucionario (FER), por la presencia de militares de la Oficina
de Seguridad Nacional (OSN) y del Servicio anti-comunista
(SAC), no se expresaba abiertamente, aunque militantes del
FER, como Humberto Ortega, llegaban a distribuir materiales y
se identificaban con los radicales o libertarios. Las cárceles esta-
ban llenas de reos políticos, entre ellos, Jacinto Suárez, Carlos
Guadamuz, Lenin Cerna, Jacinto Baca Jerez, Denis Moncada
Colindres, Guillermo Mejía y otros. Nosotros actuábamos como
sus abogados.
Los socialcristianos se presentaban como alternativa al «co-
munismo», con mucho apoyo de Venezuela y Chile, que capa-
citaban a sus líderes. Estos eran, en la UCA, William Ríos, Ed-
gardo Matamoros, Roberto y Azucena Ferrey, Ricardo Peters,
Erwin Kruger, Camilo Bárcenas, Dionisio Marenco, Silvio Zúñi-
ga, Julio López Miranda y Edmundo Jarquín.
Los liberales oficialistas (FEL) llevaban como candidato a
Raúl Palacios, cuyos jefes de campaña eran Horacio Arguello
Carazo y Yalí Molina. Sus bases la constituían los becarios de
Somoza, empleados públicos y somocistas.
Los radicales, llamados también libertarios o autonomistas,
XIII. Notas 243
me llevaban como candidato siendo presidente del cuarto año
de Derecho. Sosteníamos una posición revolucionaria sustenta-
dos en una base social muy amplia y plural. Éramos visitantes de
la imprenta del doctor Adán Selva, donde imprimimos la prime-
ra edición nicaragüense de El Pequeño Ejército Loco de Gregorio
Selser y nuestras proclamas estudiantiles. El lema radical era: A
LA UNIVERSIDAD POPULAR POR LA LIBERACIÓN CUL-
TURAL; A LA LIBERACIÓN POPULAR POR LA REVOLU-
CIÓN CULTURAL. El programa comprendía mejoras académi-
cas y acercamiento a los sindicatos de obreros y campesinos.
Disponíamos del apoyo económico y moral de dirigentes oposi-
tores y disidentes del somocismo y comerciantes: Guerrero Fer-
nando Agüero Rocha, Pedro Joaquín Chamorro, Juan Manuel
Gutiérrez, Ramiro Sacasa y Edmundo del Carmen.
Jefe de campaña de los radicales fue Carlos Agüero apoyado
por Virgilio Gurdián, Fernando Benavente, Augusto Montea-
legre, Adolfo Medal, Marino Castrillo, Manuel Gutiérrez, Al-
berto Novoa, Danilo Valle, Salomón Delgado, Jorge Buitrago
Solórzano, Dinorah Parrales, Norman Miranda, Vianney Parra-
les, Mario Mejía, Alejandro Gutiérrez; los periodistas Carlos
Ramírez y Hermógenes Balladares, Martha Julia Chévez, viuda
de Casimiro; Gloria Gabuardi viuda de Tejada y muchos otros.
Las elecciones fueron ganadas por Jarquín. La toma de posesión
fue en la rectoría, presidida por Pallais y el vicerrector Juan Bautista
Arríen. A ella asistieron solamente los candidatos Jarquín y
Palacios.
De ahí en adelante el movimiento radical desarrolló su lide-
razgo propio, paralelo al gobierno estudiantil oficial y culminó
un año después, en 1969 con la huelga de tres meses, iniciada el
15 de julio tras la caída en combate de Julio Buitrago, y del
hermano de un compañero de Derecho: Alesio Blandón Juárez.
Los radicales nos tomamos la Universidad después de ese
combate, pues Julio Buitrago, nuestro líder, había sido presiden-
te de la facultad de Derecho de la UCA y exigimos con fuerza a
244 Acahualinca
las autoridades gestionasen ante Somoza la entrega del cadáver
de Julio y demás combatientes, el respeto a la integridad física de
las detenidas, Doris Tijerino y Gloria Campos, más la libertad de
Daniel Ortega y Harold Solano. La respuesta de las autoridades
fue negativa. Entonces Pallais y Arríen decretaron la expulsión
de los líderes radicales. La toma terminó en septiembre del 69.
El rector León Pallais discurseando en el Gimnasio de la
UCA el 27 de junio de 1969
XIII. Notas 245
¡FUEGO! ¡FUEGO!
Roberto Carlos Pérez
DE LA poesía nicaragüense de vanguardia he aprendido mu-
chas cosas. Entre ellas que se puede dar cuenta de la destrucción
sin lo que Amelia Mondragón llamó palabras «lloronas». Tanta
muerte y tanta devastación no pueden azorarme puesto que
vivimos en una perpetua guerra de exterminio en la que el amor
es una rareza y en la que lo único natural es el odio. Nos abofe-
teamos todos los días. El horror nos reitera su dominio cuando
un árbol es talado, un río se seca y las abejas marchan a su hora
final gracias a la supremacía del hombre.
Hace un poco más de un mes, el 28 de septiembre de 2018,
lo perdí todo en un incendio que consumió mi casa y cuanto
había ella: mi biblioteca, mis trompetas, mis discos y lo acumu-
lado en una vida, digamos, no muy fácil. Pero ¿qué vida lo es?
Ante la impotencia de salvar la «Biblioteca de autores espa-
ñoles», la colección de Gredos y Austral, los libros sobre la Edad
Media, el teatro español, los de literatura colonial, la obra de
Garcilaso, Quevedo, Góngora, Lope de Vega, las decenas de
ediciones del «Quijote», los diccionarios, las gramáticas, la co-
lección de literatura hispanoamericana, la obra de Darío y todo
el conjunto modernista, los libros de filosofía ,entre otros, más las
pinturas, los discos de música clásica que ya se contaban por
miles, no me quedó más que pensar en Dios. Y mientras los
bomberos desbarataban la casa para sofocar el fuego, se me vino
a la mente un salmo de David: «El Señor ha estado grande con
nosotros y estamos alegres».
Mi familia está bien, más unida que nunca. Sissy, la alegre
perrita que nos enseñó que la dueña de la casa era ella, y nos
avisaba con sus fuertes ladridos que Ramona, la cartera, se aproxi-
246 Acahualinca
maba a dejar la correspondencia, murió. De sus cenizas pronto
brotará un hermoso arce y eso me hace feliz, pues alimentará otra
vida con sus fuertes e inquebrantables huesitos.
Dios nos dio esa casa y cuanto la habitaba. Él nos la quitó.
¡Bendito sea!
XIII. Notas 247
PERIODICIDAD Y CRITERIOS PARA
UNA ANTOLOGÍA DEL PENSAMIENTO
CRÍTICO NICARAGÜENSE
Pablo Kraudy Medina
A CAUSA de una historia marcada por la violencia y la domi-
nación, Nicaragua no ha constituido terreno fértil para el pen-
samiento especulativo. Lo que se abunda, fundamentalmente,
es el pensamiento social y político. Su objetivo ha sido otorgar
legitimidad a determinados contextos sociopolíticos o viabilizar
propósitos de la misma índole, estructurado desde una perspec-
tiva crítica al ejercicio del poder o con fines explicativos y pro-
positivos.
Contrastando los rasgos señalados por el profesor Fidel Co-
loma González para el período 1925-1975, Eduardo Devés Valdez
ha caracterizado la producción del pensamiento nicaragüense a
fines del siglo XX de la manera siguiente:
Fidel Coloma González en su «Medio siglo de ensayo
nicaragüense» (1991) apunta tres cuestiones característi-
cas para la producción entre 1925-1975: a) muchos artícu-
los y pocos libros; b) temas relevantes son la identidad, el
antiimperialismo, los caracteres de la cultura y del ser
racional, el nacionalismo y el mestizaje; c) relación estre-
cha entre la actividad intelectual y la política. En el fin de
siglo lo primero ha cambiado: existen muchos libros, siendo
los trabajos de mayor aliento; lo segundo se mantiene,
aunque con innovaciones: la globalización, la educación
en la perspectiva global, la democracia, la tensión entre el
Estado y la sociedad civil, y entre la región central y la
atlántica; lo tercero se mantiene cabalmente: la preocupa-
ción por la realidad y el tránsito entre lo intelectual y lo
248 Acahualinca
político es predominante y quizás esto haya impedido la
elaboración de trabajos de mayor nivel teórico»1.
Sus forjadores han sido, a tono con lo indicado, por una
parte, protagonistas en esa historia, tales como Augusto César
Sandino y Carlos Fonseca Amador; e ideólogos que han nutrido
las interpretaciones y posiciones de grupos políticos: entre ellos
Salvador Mendieta, Carlos Cuadra Pasos y Ricardo Morales Avilés.
Y por otra han sido escritores y periodistas que, con juicio lúcido,
han llevado el pulso del acontecer interno e internacional, entre
los cuales cabe mencionar a Rubén Darío, Mariano Fiallos Gil,
Edgardo Buitrago, Pablo Antonio Cuadra, Sergio Ramírez Mer-
cado, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal; y cientistas sociales
afanados en explicar y proponer alternativas ante la compleji-
dad y conflictividad social nacional, regional y del mundo. Por
ejemplo, Xavier Gorostiaga, Oscar René Vargas, Orlando Núñez
Soto y Alejandro Serrano Caldera.
Considerados los últimos cincuenta años (mediados de la
década del 60 hasta la actualidad), el pensamiento nicaragüense
experimenta un proceso intenso en el que se observan clara-
mente tres momentos, resultados de las coyunturas sociales a las
cuales responden. El primero corresponde a la fase final de la
dictadura somocista, culminando en 1979; el segundo a la revo-
lución sandinista, el que se extiende durante la década del 80,
constituyendo un proceso único en la región y el continente que
da lugar a una eclosión cultural y de pensamiento orientada al
autorreconocimiento; y el tercero, ligado a los procesos de de-
mocratización que se inician en 1990 y se extiende hasta nues-
tros días, en cuyo lapso se reconocen asimismo dos fases: de 1990
a 2006, correspondientes a diecisiete años de gobiernos neolibe-
rales, y luego de 2007 a la fecha actual, con el ascenso al poder
por parte de la alianza liderada por el Frente Sandinista de Libe-
1 Eduardo Devés y Alfredo Lobato (editores), Nicaragua/ Ideas. Siglo
XX. Santiago de Chile, LOM Editores, 2005, p. 153.
XIII. Notas 249
ración Nacional (FSLN). Los desafíos de este tercer momento
estimulan la maduración y profesionalización del pensamiento
social, así como la ampliación temática. Presentamos sintética-
mente esta periodización tal como sigue, conexa a algunas cate-
gorías con que se definen los respectivos momentos:
Años 60 hasta Década de 1980 De 1990 hasta la
1979 actualidad
Dictadura / Revolución / Democracia
Dominación Liberacionismo Neoliberalismo / Socialismo
Dependencia Autodeterminación del siglo XXI
Desarrollismo Identidad Globalización
Participación ciudadana
Derechos humanos
Modernizador Identitario Modernizador
Ciclos
Para la selección de los ensayos y composición de la obra, se
sigue esta periodización, tomando en consideración los criterios
siguientes:
1. La selección de autores y textos que, además de ser repre-
sentativos de cada momento, revelan preocupaciones que
trascienden el momento en el que se producen y permiten
volver sobre ellos en ánimo de brindar nuevas luces al res-
pecto. Ejemplo de ello es el tema de la integración, presente
en los tres momentos, pero abordado de modo y con alcan-
ce diverso.
2. En la selección de autores y textos se expresan las múltiples
perspectivas con que se ha estructurado el pensamiento
nicaragüense, preocupado por el acontecer interno, sin que
por ello derive en provincialismo, y también por tener de los
problemas comunes y las alternativas una perspectiva regio-
nal, centroamericana, y por adoptar desde la propia situa-
250 Acahualinca
ción y experiencia una perspectiva del proceso mundial.
3. En la selección de autores y textos, particularmente del
tercer momento, se expresan las múltiples voces con que se
está estructurando el pensamiento nicaragüense actual; por
tanto, se considera el enfoque de género, y junto a este,
diversos enfoques de índole ideológica.
4. Pese a las limitaciones de espacio, propia de todo proyecto
editorial ambicioso, en la selección de autores y textos se
procura reflejar diversidad temática y metodológica, selec-
cionados por su actualidad. Se considera así, temáticamen-
te, entre otros, el proceso socioeconómico y político del
país, la democracia y los derechos humanos como proble-
mas nacionales y de la época actual, los proyectos societa-
rios, el papel de la mujer en la sociedad contemporánea, la
cuestión étnica y el problema medioambiental.
Pablo Kraudy Medina
XIII. Notas 251
XIV.
Nuestra
Costa Caribe
Vista parcial de Bluefields, Nicaragua, en tarjeta postal
editada por Casa Alemana (c. 1910).
Fuente: commons.wikimedia.org
252 Acahualinca
Niños afrodescendientes en Bluefields (c. 1939)
XIV. Nuestra Costa Caribe 253
EL MISKITO PRECURSOR DE
ROBINSON CRUSOE
RAGHN
PABLO ANTONIO Cuadra, Jaime Íncer y Jorge Eduardo Are-
llano —sustentados en el testimonio del célebre navegante
William Dampier (1652-1715)— han referido la historia del
indio miskito, quien en 1681 quedó abandonado en la isla «Más
afuera» del archipiélago Juan Fernández en el Mar del Sur (océa-
no Pacífico), frente a las costas de Chile. Precipitadamente el
barco pirata, a cuya tripulación pertenecía, tuvo que dejarlo en
dicho sitio a la vista de una nave de la armada española. Coman-
daba dicho barco el pirata «Charqui», o Bartolomé Sharp: «más
codicioso que cruel, más cobarde que dañino».
Pues bien, el miskito se las arregló para sobrevivir en aquel
lugar remoto, alimentándose de focas y cabras silvestres. Agota-
das las municiones de su mosquete, tomó el cuchillo y ablandán-
dolo al fuego escarbó algunas melladuras en el filo para poder
aserrar el cañón del arma. Así obtuvo virutas, las que fundió en
puntas de lanzas, flechas, anzuelos y arpones, tal como lo había
visto hacer a los piratas, pues en su tierra no se conocían la fragua
ni el yunque. De este modo ingenioso pudo seguir cazando y
pescando, sobrevivir durante tres años como náufrago en la isla,
antes de ser rescatado por otro barco donde viajaba Dampier.
Durante su involuntario exilio el miskito —llamado William
por sus amigos ingleses— había construido chozas, muebles y
fabricaba ropa con el cuero de las cabras silvestres que cazaba.
Cuando apareció el barco salvador, el indígena con su aguda
vista reconoció desde lejos a sus amigos ingleses de otro tiempo,
a los cuales recibió con una gustosa cena de cabritos horneados.
El primero en saltar a tierra fue casualmente otro miskito de
254 Acahualinca
nombre Robin, quien fue al encuentro de su paisano. Intercam-
biaron saludos a la costumbre miskita: cada uno en su turno
acostándose a los pies del otro, para ser por este incorporado,
como si tratasen de observar el más estricto de los protocolos,
para después abrazarse fraternalmente.
Como es muy sabido, otra experiencia similar vivió después
en la isla «Más afuera» el náufrago escocés Alexander Selkirg,
cuyo relato —al igual que la aventura de Will— sirvió al inglés
Daniel Defoe (1660-1731) de argumento para escribir la mun-
dialmente conocida novela Robinson Crusoe (1719). Pero el
escritor estadounidense Irving Wallace (1916-1990), en su obra
Argumentos fabulosos (Barcelona, Grijalbo, 1966), puntualiza
que Selkirg había encontrado restos de la choza de nuestro mis-
kito, siendo este consecuentemente su precursor e inspirador
también de «Robinson Crusoe», personaje que encarnaba al
vagabundo o rodador de fortuna surgido en el siglo XVII y ex-
perimentado en viajes peligrosos, negocios y trata de negros.
La excepcional historia de William fue consignada en el
siglo XIX por el historiador chileno Benjamín Vicuña Macken-
na (1831-1886) al señalar: «¿Quién no ha reconocido en el
indio mosquito William al precursor de Selkirg y de Robinson
Crusoe? El nombre del indio Robin (Robinson: hijo de Robin),
que andaba con los bucaneros y ayudó a su perdido compañero,
¿no habría sido así un tributo de franqueza y del honrado recuer-
do del autor del último, a su primitivo modelo y fuente primera
de su inmortal inspiración?» Desde luego.
Dicha historia procedía de la mentalidad eurocentrista del
siglo XVII en la línea del Calibán de «The Tempest» (1611) de
William Shakespeare. El mismo Vicuña Mackenna captó esta
concepción: «El marinero abandonado resultó ser un indio de
Centroamérica llamado Guillermo, y este es el tipo que sirvió de
molde al indio que Defoe dio por compañero a Robinson Crusoe
y se llamó Viernes, por el día de su hallazgo». He aquí la aporta-
ción centroamericana, o más bien de la nación mosquita, a la
XIV. Nuestra Costa Caribe 255
novela de Robinson Crusoe. Y basado en ella, Pablo Antonio
Cuadra en El Nicaragüense (1967) ––citando el testimonio de
Dampier ya referido–– la incorpora como ejemplo del aventure-
ro nicaragüense, capaz de sobrevivir en las más difíciles circuns-
tancias. Por eso sugirió: «¿No debería ser integrado a nuestra
nativa mitología con levantarse en algún parque de nuestro país
(en Bluefields o Puerto Cabezas) la estatua de este ‘soldado
desconocido’ de la aventura nicaragüense?» Y, aunque no se ha
erigido monumento alguno, ya forma parte de nuestra mitología.
Sin embargo, en 1868 el miskito William ya se había olvida-
do. Ese año cuando el comodoro Richard Ashmore Powell ins-
taló en «Más afuera» una sólida plancha de hierro en memoria
de Selkirg, fallecido a los 47 años, en 1728, como teniente de la
armada británica.
[El Nuevo Diario, 17 de febrero, 2018]
William Dampier
(Retrato de T. Murray, 1698, en London’s National Gallery)
256 Acahualinca
MUERTE Y DUELO ENTRE
LOS MIKITOS Y SUMUS
[Traducción de Jaime Íncer Barquero]
Eduard Conzemius
TANTO MISKITOS como Sumus dejaban morir de hambre a
aquellos que estaban ya al borde de la muerte, pretextando que
no había razón para continuarlos alimentando. Se dice que los
Sumus llevaban al moribundo al monte y lo dejaban ahí para que
muriera, para no tener que abandonar la villa, pues en tiempos
pasados todo el asentamiento era desertado al suceder una de
tales calamidades.
Muerte
La muerte se supone era debida no a causas naturales, sino
a la influencia de la brujería o de los espíritus malévolos. Algunas
veces se dispara un fusil al ocurrir el deceso, para limpiar la casa
de los demonios. Los parientes del desaparecido inmediatamen-
te tratan de mortificarse, golpeando la cabeza contra los postes
de la casa, o intentan suicidarse colgándose o ahogándose. Todo
esto es, sin embargo, solo una pantomima hasta cierto punto,
pues bien saben que las otras personas presentes les evitarán el
inferirse daño; rara vez hacen el esfuerzo de mortificarse cuando
no hay nadie alrededor.
La viuda del desaparecido se corta el cabello; según Bell con
la idea de que nadie ose tocarlo después de muerto. En tiempos
antiguos los indios Ulwa también acostumbraban cortarse el
pelo a la muerte de sus esposas, pero en la actualidad los hombres
de ambas tribus siempre mantienen su cabello corto. El nombre
de la persona muerta jamás debe ser mencionado en la presencia
de su viudo o viuda, lo cual constituirá una grave falta. El espíritu
XIV. Nuestra Costa Caribe 257
es siempre objeto de temor y flota por su anterior morada; se teme
que se materialice al pronunciar su nombre. En la noche que
sigue al deceso se celebra una cierta clase de «velorio», a la que
está invitada toda la villa. Se sirve a los convidados bastante
comida y bebidas embriagantes; se sacrifica una vaca para ofre-
cerles carne, en caso que existan reses en la vecindad.
Duelo
Cuando ocurre una muerte en la villa Miskita todos los ve-
cinos se reúnen y las mujeres comienzan a plañir, una tras otra.
Primero empiezan los parientes cercanos, como la esposa del
difunto. Cubre su cabeza con un gran trapo y se sienta al lado del
cadáver, inclinándose sobre él y olfateándolo, lo que es equiva-
lente a la costumbre de besarlo. Entonces comienza a entonar
una clase de lamento, en el cual elogia las virtudes del desapa-
recido, enumerando sus buenas cualidades, tanto las verdaderas
como las supuestas. La canción es monótona y de un solo tiem-
po, aunque las palabras son improvisadas. Ella le pregunta por
qué la ha dejado; si acaso no lo ha tratado bien; si no lo amaba
demasiado y qué hizo ella para merecer tal desgracia. Continúa
plañendo de la siguiente forma:
¿quién velará por mí y por tus hijos ahora? ¡Eras tan hábil
en hacer la plantación; en manejar la canoa, el rifle, el arco, la
flecha, etc. ¡Estamos tan tristes ahora y nunca volveremos a ser
felices¡ ¡Tus hijos siempre me preguntan por ti.
A continuación amenaza al responsable de esta tragedia,
pues toda muerte es atribuible a designios de brujería. A medida
que sigue con los lamentos sus sentimientos van incrementán-
dose y las frases finales son interrumpidas continuamente por
sollozos. Después de haberse lamentado de esta manera, por una
media hora, seca sus lágrimas y continúa con sus quehaceres
usuales como si nada hubiese sucedido. Otras de las mujeres
comenzará entonces con los llantos sobre el cuerpo del inerme.
Esta forma de condolerse es repetida por la viuda en las semanas
258 Acahualinca
siguientes, dos veces diarias, un poco luego al anochecer. Des-
pués de este tiempo la viuda puede repetirla siempre que se sienta
triste o recuerde al difunto. Bell ha recogido la siguiente canción
de una niña miskita del río Wawa, acongojada por la muerte de
su querida madre; la ofrece tanto en inglés como en miskito:
Ay, madre, ¡Pobre madre! Ay madre, ¿dónde te has ido?
Aquí estamos tus hijos llorando por ti;
No más ayer, hablábamos juntos, pero ahora descansas allá.
Ay, madre, ¿te fuiste con nos disgustada?
¿Acaso no te amábamos?
Tu marido se sienta afuera cabizbajo.
Aquí las mujeres andan con sus cabezas tapadas;
Todos por amor a ti.
Pero nos has abandonado.
Ay, que ya nunca podré más contemplar tu rostro;
Que ya nunca oiré de nuevo tu voz.
Los hombres nunca derraman una lágrima a la muerte de sus
más cercanos parientes, pero se deshacen en quedas lamentacio-
nes. A la muerte de su esposa un indígena miskito exclamará lo
siguiente:
¿Por qué me dejaste? ¿Quién va a cocinar mi comida aho-
ra? ¿Quién va a criar a tus hijos? ¡Qué desgraciado que soy!
¡No volveré a ser feliz jamás! ¡Tus hijos están siempre pregun-
tando por ti.
Esta manera de duelo es de común ocurrencia en las villas
Miskitas. Es también practicada por los indios de Gran Chaco y
de las Guayanas. Las mujeres Sumus cantan también elogios a
sus muertos, pero manifiestan sus penas en una forma más come-
dida.
[Miskitos y Sumus de Honduras y Nicara-
gua. Managua, Fundación Vida, 2004,
pp. 268-270]
XIV. Nuestra Costa Caribe 259
CULTURA E HISTORIA COSTEÑAS EN 15 OBRAS
Jorge Eduardo Arellano
LA BIBLIOGRAFÍA sobre nuestra Costa Caribe, publicada a lo
largo de cinco siglos, es muy rica y valiosa. Algunos estudiosos y
centros de investigaciones hemos incursionado en ella: De Kalb
(1894), Arellano (1982), Alegrett (1985), CIDCA (2004 y 2007),
AGHN (2009) y BNBD (2009). He aquí quince de sus obras más
recientes:
1. ALEMÁN PORRAS, Eddy y Franklin BROOKS VARGAS,
comps.: Bluefields en la sangre. Poesía del Caribe Sur nicaragüen-
se. Introducción: Víctor Obando Sancho. Traducciones (del
inglés al español): Carlos Castro Jo, Deborah Robb. Managua,
BICU, CNU, 400 Elefantes, 2011. 255 p. 38 poetas ––doce de
ellos mujeres–– y 169 poemas. Segunda edición de la edición de
1998, más amplia y de muy variada temática. Los poetas perte-
necen a las etnias mestiza (la mayoría), kreol y garífuna.
2. ÁLVAREZ, María José & Claudia GORDILLO: Estampas del
Caribe nicaragüense. Con una introducción por Alejandro Arós-
tegui y un ensayo por María Dolores G. Torres. Managua, Ins-
tituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica / UCA, etc.,
2000. 159 p., il. Más de 70 fotografías en blanco y negro de los
años 80 e inicios de los 90, en las que puede leerse la historia
socio-cultural de la Nicaragua caribeña.
3. AUTORES VARIOS: La Costa Caribe Nicaragüense: desde sus
orígenes hasta el siglo XXI. Compilador y editor: Jorge Eduardo
Arellano. Managua, Academia de Geografía e Historia de Nica-
ragua, marzo, 2009. 402 p., il. Con voluntad enciclopédica, esta
obra tiene dos objetivos: por un lado, difundir una selección de
estudios e investigaciones que sobre la región han aportado
antropólogos, arqueólogos, geógrafos e historiadores, lingüistas,
260 Acahualinca
literarios y religiosos. Por otra, reconocer y proyectar las voces y
perspectivas de los intelectuales costeños, entre ellos Lizandro Chávez
Alfaro (1929-2006), y Halstead E. Hodgson, quien floreció de
1880 a 1940 y tradujo al inglés la «Marcha triunfal» de Darío.
Sus temas son múltiples. Abarcan los primitivos grupos indí-
genas, las improntas africanas y europeas, el conflicto entre el
imperio español y el inglés disputándose el territorio, el protec-
torado británico y la dinastía miskita, la Reserva creada por el
Tratado de Managua en 1860, y la penetración comercial y
geopolítica de los Estados Unidos. Puntualiza los hechos de la
llamada «Reincorporación» de la Mosquitia y el papel de los
moravos como elementos homogenizadores, el impacto de los
huracanes, las lenguas y etnias, más los ambientes geográficos,
las creencias, expresiones culturales (música, poesía, danza fol-
clórica) y sociabilidad (clubes, periódicos, etc.) de la Costa.
4. CONZEMIUS, Eduard: Estudio etnográfico sobre los indios mis-
kitos y sumus de Honduras y Nicaragua. Traducción de Jaime
Íncer Barquero. Managua, Fundación Vida, 2004, 309 p., il. Se
trata de la más completa descripción de ambas etnias a principios
del siglo veinte.
5. CONZEMIUS, Eduard: Estudios etnológicos y lingüísticos sobre
el Caribe centroamericano. Presentación: Jaime Íncer Barquero.
Contribuciones: Claude Wey. Managua, Academia de Geogra-
fía e Historia de Nicaragua con el apoyo del Gran Ducado de
Luxemburgo, noviembre, 2017. 273 [1] p., il., col. Cuatro in-
vestigaciones complementarias —tres vertidas del alemán, fran-
cés e inglés— de la magna obra anterior. Contiene un dicciona-
rio de las tribus indígenas en la Costa de los Mosquitos, un estu-
dio etnográfico y lingüístico sobre los indios rama de Nicaragua,
otro —también lingüístico— sobre los sumus y miskitos, más
una monografía histórica-geográfica de las Islas del Maíz.
6. FRÜHLING, Pierre; Miguel GONZÁLEZ y Hans Petter BU-
VOLLEN: Etnicidad y Nación. El desarrollo de la Autonomía de
la Costa Atlántica de Nicaragua (1987-2007). Guatemala, F&G
XIV. Nuestra Costa Caribe 261
Editores, mayo de 2007. 428 p. Rigoberta Menchú, premio Nobel
de la Paz, la dirigente costeña Mirna Cunningham Kain, el
antropólogo estadounidense Charles R. Hale y el dirigente cos-
teño Johnny Hodgson Deerings avalan este libro clave, sintéti-
co y completo para comprender el proceso autonómico de la
región caribeña de Nicaragua. En su prólogo, el científico social
Edelberto Torres Rivas, también reconoce su calidad académi-
ca, desplegada en cuatro secciones.
7. HOOKER KAIM, Stephen Dexter: El ocaso de un Pueblo /
Sunset Bluefields. Managua, edición personal, 2016. 128 p. Cla-
mor integral de un líder costeño por el bienestar de su pueblo.
8. ÍNCER BARQUERO, Jaime, ed.: Colón y la Costa Caribe de
Centroamérica. Managua, Fundación Vida, 2002. 250 p., il. col.
Entre otros textos, incluye la descripción del cuarto viaje y la
geografía de la Costa Caribe de Nicaragua, ambos de JIB; «Etnias
y lenguas del Caribe nicaragüense», por Carlos Alemán Ocam-
po y «La empresa de la conquista en Centroamérica», por Jorge
Eduardo Arellano.
9. ÍNCER BARQUERO, Jaime, ed.: Piratas y aventureros en las
costas de Nicaragua. Managua, Fundación Vida, 2003. 430 p.
(Colección Cultural de Centroamérica, Cronistas, v. 7). Inclu-
ye: «El indio misquito y su río de Oro» de M. W., la crónica de
John Roach, Matías de Oropesa, Robert Hodgson, Antonio
Porta Costas, José del Río, José Donuar del Valle y Orlando W.
Roberts, todas sobre la Costa Atlántica.
10. MALESPÍN JIRÓN, Alfonso: Bluefields en la memoria. Mana-
gua, URACCAN, 2003. 133 p. Refiere la historia de la ciudad, el
incendio de 1970, el paso del huracán «Joan» el 21 de octubre
de 1988 (y las consecuencias de ambas tragedias); evoca lugares
de ayer y hoy, plantea reclamos y propuestas. Además, entrevista
a personajes representativos: Mrs. Lizzie Nelson, el compositor
José Sinclair (Mango ghost), el reverendo moravo Allan Budier
Ryan, el orfebre José Guillén (Pachanga), el director de Radio
Zinica, Arturo Valdés Robleto; la Reina del Centenario Shan-
262 Acahualinca
tamy Anasha Campbell, la profesora Maura Díaz, el lustrador
Silvester Hodgson y Roy Lambert.
11. ROBB TAYLOR, Deborah (ed.): The times &Life of Blue-
fields. Managua, AGHN, 2005. 477 p., il. Ampliamente ilustrada
con mapas y fotografías tanto antiguas como modernas, esta
investigación marca un hito en su género y temática, ofreciendo
reseñas históricas de la Mosquitia, la descripción de sus etnias,
aspectos culturales, logros y limitaciones de la Autonomía regio-
nal, más entrevistas a personalidades representativas de la ciudad.
12. ROMERO VARGAS, Germán: Las sociedades del Atlántico de
Nicaragua en los siglos XVII y XVIII. Managua, Fondo de Promo-
ción Cultural BANIC, 1995. 322 p. En nueve capítulos exten-
sos, el autor concluye que dichas sociedades la formaba una
yuxtaposición de grupos con sus propios rasgos, apenas modifi-
cados por la presencia europea. Su magna investigación se sus-
tenta en documentos manuscritos procedentes de España (56),
Inglaterra (68), Guatemala (72) y Belice (4).
13. ROMERO VARGAS, Germán: Historia de la Costa Atlántica.
Managua, CIDCA-UCA, 1997. 171 p. Exposición didáctica de
las características propias de esta vasta región, de su diversidad
étnica y desarrollo histórico. Reproduce en forma de lecturas
significativos documentos.
14. SUJO WILSON, Hugo: Oral history of Bluefields / Historia oral
de Bluefields. Managua, CIDCA, 1998. 144 p. A partir de 31
entrevistas a blufileños, el profesor Sujo Wilson rescata «los
buenos viejos tiempos». Mejor dicho: «un pasado rico en tradi-
ciones, el cual nadie debe ignorar».
15. WILLIAMSON CUTHBERT, Dennis: Análisis económico de
la inversión extranjera directa en la Costa Atlántica de Nicaragua:
1969-1978. Managua, CIDCA-UCA, 1997. 263 p., il., mapas
(Colección Autonomía). Impacto de las cinco empresas trans-
nacionales que operaban en la región antes de 1979 y evalua-
ción del valor actual neto de las mismas.
XIV. Nuestra Costa Caribe 263
XV.
Crítica
Salomón de la Selva con el unifome
del ejército inglés en Canadá (septiembre, 1918)
264 Acahualinca
Portada interna de la primera edición (1918)
XV. Crítica 265
EN EL CENTENARIO DE
TROPICAL TOWN AND OTHER POEMS
[de Salomón de la Selva]
María Augusta Montealegre
EN LEÓN de Nicaragua deberíamos haber organizado una gran
fiesta. Así lo había planeado conmigo Jorge Eduardo Arellano,
para celebrar a Salomón de la Selva en el centenario de Tropical
Town and Other Poems. Un libro que se ha construido su historia
crítica propia desde 1918, cuando apareció bajo el sello de The
Bodley Head de Londres y Nueva York, editor de Swin burne y
otros prerrafaelistas que De la Selva admiró y tradujo.
«Pajaritos de barro» es el único poema que De la Selva vertió
a nuestro idioma. Pajaritos de barro, pajaritos/ del barro colorado de
mi tierra/ que me pusisteis en el alma los infinitos/ ¡Valores que
encierra! [...] Cuando me muera quiero que se me entierre/ Donde
arranquen los niños sollozo y canción/ Avivando las músicas esen-
ciales que encierre/ ¡El pajarito de barro de mi corazón! Dice su
original, «Birds of Clay» («Pájaros de barro»): Birds of clay I whist
led through,/ Have you flown away?/ I remember the smell of you,/
Birds of clay! // Old it was, so old, so old, —/ Dust of centuries of
dead!/ All my child hood I was told/ You would fly, and are you fled?
// When I am dead I want to lie / Where in the centuries to be /
Childrens hallutter song and cry/ Through the win geddust of me.
Existe una traducción contemporánea en español: Ciudad
tropical y otros poemas (2008) de Moisés Elías Fuentes y Guiller-
mo Fernández Ampié. Al mismo tiempo, una edición inglesa
prologada por Silvio Sirias (2000) y varias versiones parciales
(como las de Ernesto Gutiérrez y Alberto Ordóñez Argüello), las
cuales se disputan la pertenencia del libro. Por su parte, JEA
tradujo en 1968 «A Song for Wall Street», considerado por Luis
Alberto Cabrales el primer poema de protesta en Hispanoamé-
266 Acahualinca
rica contra el capitalismo de Wall Street:
In Nicaragua, my Nicaragua,
What can you buy for a penny there?
A basketful of apricots,
A water jug of earthen ware,
A rosary of coral beads
And a priest’s prayer.
And for two pennies? For two new pennies ?—
The strangest music ever heard
All from the brittle Little throat
Of a clay bird,
And, for good measure, we will give you
A patriot’s word.
And for a nickel? A bright white nickel?
It’s lots of land a man can buy,
A golden mine that s long and deep,
A forest growing high,
And a Little house with a red roof
And a river passing by.
But for your dollar, your dirty dollar,
Your greenish leprosy,
It’s only hatred you shall get
From all my folks and me;
So keep your dollar where it belongs
And let us be!
***
En Nicaragua, mi Nicaragua,
¿Qué puedes comprar con un centavo?
Una canasta de jocotes,
Un cántaro de barro,
Un rosario de cuentas de coral,
Y la oración de un sacerdote.
¿Y por dos nuevos centavos?
La más extraña música nunca oída
XV. Crítica 267
De la frágil y pequeña garganta
De un pajarito de barro,
Y como mayor tesoro le daremos
La palabra de un patriota.
¿Y por cinco centavos? ¿Por cinco blancos y brillantes centavos?
Un hombre puede comprar su lote de tierra,
Una grande, profunda mina de oro,
Un bosque creciendo alto,
Una casita con un tejado rojo
Y un río pasando cerca.
Pero por el dólar, el sucio dólar,
La verdosa lepra de ustedes,
Solo odio obtendrán
De todo mi pueblo y de mí.
Guarden, pues, el dólar con ustedes
¡Y déjennos en paz!
En realidad, el texto pertenece al lugar de donde procede: al
lugar de arribo y al lugar nuevo que conforma: a la literatura
nicaragüense, porque en el texto se traduce el imaginario cultu-
ral de este país al verso formal inglés (lengua-identidad); a los
Estados Unidos, como parte del testimonio poético angloame-
ricano sobre el movimiento panamericano en Nueva York (len-
gua-refugio); y a la herencia hispana en Norteamérica, ya que
constituye el texto fundacional de lo que posteriormente se
conocerá como Latino Writers (lengua-medida-propia).
De la Selva reescribe una «Tropical Dance» (Danza tropical):
How were you born, Pelota?/ I was born nude, Pelota./ Not so the corn,
Pelota!/ The corn is not lewd, Pelota,/ Not lewd as I, my God! // —
Where do you run, Pelota?/ Far to the South, Pelota./ Not so the sun,
Pelota!/ There is mouth, Pelota,/ No sun knows but I, my God!
¿Cómo te parieron Pelota?/ Desnudo me han hecho, Pelota./ ¡Al
maíz vistieron, Pelota!/ ¡El maíz no es chancho, Pelota!/ ¡Ay Dios
mío!, no es chancho como yo. // —¿Hacia dónde viajas, Pelota?/
Muy lejos al sur, Pelota./ ¡Al sur ni el sol viaja, Pelota!/ Es que hay
268 Acahualinca
un albur, Pelota./ ¡Ay Dios mío!, ni el sol lo sabe, solo yo! «La
Pelota», nacida de una canción folclórica y construida con una
estructura muy antigua descendiente de las formas inglesas del
siglo XVI, nos da la medida de la complejidad del libro.
En cien años las valoraciones han sido muy pocas, pero
contundentes. Entre sus críticos nicaragüenses, figuran Jorge
Eduardo Arellano y Julio Valle-Castillo. Y desde Estados Unidos
Pedro Henríquez Ureña, Luis Bolaños-Salvatierra, Silvio Sirias,
David Colón. Si Pedro Henríquez Ureña había estimado el libro
dentro de los límites estéticos del modernismo del siglo XIX;
David Colón hoy lo ubica certeramente como un libro de van-
guardia del siglo XX. En efecto, De la Selva elaboró una traduc-
ción radical de su imaginario cultural al verso formal inglés. Y al
hacerlo, su acto constituye un evento de vanguardia. Con ello,
De la Selva se distingue de todos los poetas norteamericanos e
hispanoamericanos de su época.
El descubrimiento crítico más importante del libro fue reco-
nocer su vanguardismo, desempolvar el modernismo que conlle-
va para constituirse en la joya acabada del siglo XX; el libro
constructor de una tradición que desemboca en lo que hoy se
conoce como antipoesía. Fue colocarlo en la tradición de El
soldado desconocido (1922), lo cual implica que Salomón de la
Selva es padre estético de José Coronel y Ernesto Cardenal, y
autor fundacional de lo que se conoce como «La otra vanguar-
dia» hispanoamericana desde 1918 y no desde 1922. Y que «La
otra vanguardia» nació en Estados Unidos y no en México, país
al que De la Selva finalmente la trasladó.
El ensayo crítico de publicación más reciente es de Tatiana
Suárez Turriza: «Tropical Town and Other Poems de Salomón de
la Selva. Poemas panamericanos en tiempos de la Gran Guerra»
(Valenciana. Estudios de filosofía y letras. Número 22, 2018).
Para celebrar dicho centenario, invito a leer los poemas de Tro-
pical Town... como justo tributo a Salomón de la Selva (León, Nica-
ragua; 20 de marzo de 1893-París, Francia, 5 de febrero de 1959).
XV. Crítica 269
ALREDEDOR DE LOS CUENTOS DE
FERNANDO SILVA
Beltrán Morales
En su libro Sin páginas amarillas/ Crítica reunida (Mana-
gua, Ediciones Nacionales, 1975), Beltrán Morales (1945-
1986) decidió dejar en blanco —en señal de manifiesto des-
dén— la novela El Comandante (1969) de Fernando Silva
(1927-2016). Con ello daba a entender su radical desacuerdo
con los valores que le atribuían a esa muy promovida obra. Pero
no fue la primera vez que el vitriólico Beltrán cuestionaba la
narrativa del ahora denominado errática e hiperbólicamente
«el más poeta de los nicaragüenses y el más nicaragüense de los
poetas», a cuya memoria se le consagra este año la edición
décimo cuarta del Festival Internacional de Poesía de Granada.
En efecto, Beltrán publicó la reseña crítica «Alrededor de
los cuentos de Silva» (La Prensa Literaria, 22 de junio de
1965) que excluiría de Sin páginas amarillas. En ella reseña
el primer libro de Silva: De tierra y agua (Managua, Extensión
Cultural del Ministerio de Educación Pública, 1965). A con-
tinuación, lo rescato por constituir un ejemplo de la prosa vein-
teañera de su autor y contribuir al estudio del gran narrador.
JEA.
¿Fulano mejor que mengano?
SI YO comenzara este artículo afirmando que los cuentos de
Silva son los cuentos de un hombre experto en cocina vegeta-
riana, tendría, lógicamente, que demostrarlo. Si el señor Rober-
to Cuadra afirma que Silva es el mejor cuentista de Nicaragua
(Novedades Cultural, 13 de junio, 1965) tiene que demostrarlo.
270 Acahualinca
Pero no lo hace. Muestra, sí, una fértil torpeza en su exposición.
Hace gala de un gratuito macartismo literario aludiendo a «los
escritores comunistas o comunistoides». Y trata mal, pero muy
mal, y con visible falta de respeto, a don Adolfo Calero-Orozco
y a Sergio Ramírez.
No es esa la mejor manera de hacer crítica literaria. Y como
no estamos en una competencia de motocicletas, poco importa
saber si fulano es mejor que mengano. En otras palabras, a mí,
como lector anónimo, me tiene sin cuidado averiguar si Silva es
el mejor o el peor de los cuentistas de Nicaragua. Se trata de
analizar su obra objetivamente, de comentarla con probidad
intelectual.
El folclor elevado a categoría de espíritu
Uno de los vicios del mundo moderno —dice Nicanor Pa-
rra— es la exaltación del folclor a categoría de espíritu. Tal es el
caso de Silva. No obstante de que «su firma en un cuento es un
aseguro de calidad y gracia», insisto en un defecto que se ha
señalado como virtud: su enorme limitación lingüística. Expre-
siones como «apéllese diay», «vella que cosa», «la quiso juer-
ciar», son lamentables, por más que reflejen el habla nicaragüen-
se y por más que salten gozosos los adeptos de la popularísima
cultura proletaria. «Pues bien, el muchacho mentado para no
molestarme se me acurrucó él entre las canillas a mí». En esta
graciosa oración, sobra un artículo (el) y un pronombre (mí).
Los grandes escritores, claro está, nunca se han preocupado por
la gramática; sin llegar a creer, como me dijo F. V., que Silva es
la prosa nicaragüense, lo que Gabriel y Galán a la poesía espa-
ñola.
En Silva hay desmesura y abuso. Lo nicaragüense no es solo
el habla. Está la tierra, el espíritu de sus hombres. A este respecto,
en Nicaragua conozco nada más un ejemplo de lo que debe ser
un cuento vernáculo elaborado sin los trucos del vernaculismo.
Concretamente me refiero a «Agosto» de Pablo Antonio Cua-
XV. Crítica 271
dra. Esto, en definitiva, es hacer arte. Lo demás es folclor.
Prosa atropellada
Volviendo con Silva: muchas veces su prosa es atropellada
y sin flexibilidad alguna, como en «El aruño». En otras ocasiones
hay aciertos, pero de orden poético. («El sol estaba bien caliente
y el llano parecía un vidrio como reflejaba»). En cuanto a sus
personajes, son débiles y pálidamente caracterizados. Podría
afirmarse que sus protagonistas —fuera de perros, perras, chan-
chos, viejos chanchos, lagartos, etcétera— son el paisaje y la
lengua. Un cabo, un sargento y dos comandantes que aparecen,
son bellísimas personas. No culatean a la gente ni nada de esas
cosas feas que dizque la Guardia hace. (A propósito: no en
«Orientación popular», sino en «Fin de semana» de La Prensa he
leído sobre la desnutrición, falta de techo y promiscuidad en que
vive el campesino nicaragüense. No podemos menos que admi-
rar, pues, la visión idílica y soñadora que el poeta Silva tiene del
campo, y agradecer la comunicación que de ella hace a nosotros,
sus atentos lectores. A nosotros, que tanto nos gusta la poesía
bucólica).
«Francisco»: pieza excepcionalmente buena
Para terminar, apuntaré algunos cuentos que me han pare-
cido acertados. En «El pollo de los tres» flota un humor y una
picardía muy nicaragüense, en contraposición al humor chusco
e idiota de «Don Chilo». «El hombre del sombrerote» está lleno
de cierto misterio que no logro aún descifrar; tiene un gran en-
canto, logrado, quizás, a través de la parsimonia del Comandan-
te y del sombrero del hombre, que se viene a convertir en el
inquietante elemento (no en sentido detectivesco) que antes
apuntaba. Y para cerrar con broche de oro, está «Francisco».
Dentro de la cuentística de Silva (y también dentro de la nacio-
nal) «Francisco» es una pieza excepcionalmente buena. Aquí el
lenguaje está depurado. La trama no es esquemática y el lector
sufre a la par del protagonista. El detalle del guardia enfermo («el
272 Acahualinca
pobre guardia enfermo») es francamente magistral y de gran
hondura humana. Para mí, este cuento es el mejor de la cosecha.
Quizá este es el camino que Silva debería seguir. Unos cuentos
que sean más cuentos y menos «maravillosa limitación», gracia
y salero.
Beltrán Morales
XV. Crítica 273
ROSARIO AGUILAR Y JUAN ABURTO:
PERSPECTIVAS CRÍTICAS
JEA
DOS OBRAS recientemente editadas —una por la norteame-
ricana María Roof y la otra por el nicaragüense Erick Blandón
Guevara— han logrado sendas perspectivas críticas acerca de
dos grandes narradores nuestros: Rosario Aguilar (León, 29 de
enero, 1938) y Juan Aburto (Managua, 9 de mayo, 1918-Méxi-
co, 4 de agosto, 1988).
Esfuerzo máximo de Roof
Pero si el esfuerzo de Roof resulta máximo, el de Blandón
Guevara no es sino mínimo. En sus 545 páginas, la obra de Roof,
Rosario Aguilar (Nicaragua): acercamientos críticos (Washington,
Casasola, 2016, presentada en Managua a inicios de este año)
demuestra una conciencia profesional de la que carece Blandón
Guevara. Ella organiza su labor en diez secciones: desde una
introductoria visión de conjunto —pasando por una cronología
biográfica, resúmenes de las once obras de la autora, entrevistas
que le han realizado, una sección de tres discursos fundamenta-
les, otra de reseñas y notas imprescindibles, más el medular con-
junto de los acercamientos críticos (a obras específicas según el
año de publicación y luego las panorámicas)— hasta una ex-
haustiva bibliografía, como es de rigor en este tipo de trabajo.
Dieciocho suman los referidos acercamientos que reflejan
—anota la editora— «la diversidad de herramientas críticas
contemporáneas, posmodernas, para abordar sus textos». En ellos
sus personajes femeninos viven el legado pernicioso del abuso
sexual trasmitido de madre a hija, el asesinato por venganza
cometido por una mujer contra un hombre, el embarazo no
274 Acahualinca
deseado que restringe opciones vitales, el alcoholismo como
escape a la mujer sometida a demandas maternales «imposibles»,
el acoso sexual a la mujer soltera desprovista de protección en el
patriarcado, el abandono de obligaciones familiares por el va-
rón, las conflictivas relaciones de género en el marco de una
insurrección y sus consecuencias, la instrumentalización de la
mujer por objetivos políticos, el sida engendrado por el amor
libre y la hipocresía rampante en postulados legales y religiosos.
¿Cuentos completos?
Por otro lado, en sus 315 páginas, la obra preparada por
Blandón Guevara, Juan Aburto / Cuentos completos (Managua,
Hispamer, 2018) consta de tres notas introductorias —firmadas
por el citado editor, Sergio Ramírez y Alfonsina Aburto Arrie-
ta—, de siete valoraciones de la obra de Aburto bajo el rubro de
«Crítica»; y de 73 piezas narrativas: «Cuentos completos» que
no lo son. En efecto, faltó la indispensable búsqueda minuciosa
en suplementos literarios. Yo he constatado —al revisar mis
fólderes con recortes de Aburto— que faltan más de una decena.
Por ejemplo, «El juicio final» (suplemento de La Prensa, 25 de
junio, 1961), «La pared» (cuyo mecanuscrito me obsequió su
autor en illo tempore), «Las armas» (NAC, 29 de agosto, 1982)
y «Un poeta» (NAC, 8 de agosto, 1988).
La entrevista de Margaret Randall
Además, salvo dos o tres, los cuentos no se fechan, ni se
indican sus fuentes hemerográficas como lo hace Roof con los
textos de Rosario. También, alevosamente, Blandón Guevara
prescinde de no pocos análisis sobre cuentos de Aburto como los
de Gladis Miranda y Carlos Powell; de una entrevista a fondo,
al parecer la única que se le hizo a Juan: la de Margaret Randall
(Ventana, 7 de mayo, 1983), significativo testimonio del autor
sobre su experiencia literaria.
«El escritor que realmente me impresionó, en mi época ini-
XV. Crítica 275
cial, fue [Horacio] Quiroga, el uruguayo [...]. El Banco Nacio-
nal de Nicaragua, donde trabajé más de 35 años me dio discipli-
na y me inclinó al ejercicio de la prosa, ya que me obligaba a
redactar mensualmente memoriales de gran claridad y precisión
[...] Viví mucho tiempo en barriada y conocí muy bien las cuar-
terías antes del terremoto y su gente triste, pero con mucho
sentimiento y emotividad...». Es decir, a los personajes y el
ambiente de sus cuentos.
Condiciones básicas del cuento
Otro elemento ausente en la edición de Blandón Guevara,
que supera su epílogo («Juan Aburto por sí mismo») es un breve
texto en el que Juan concebía su narrativa. «Este es mi cuento»
se titula ese miniensayo, difundido en una entrega monográfica
de La Prensa Literaria en los años setenta a los cuatro o cinco
cuentistas mayores de Nicaragua.
Yo conservo también su mecanuscrito autografiado. Así,
sostuvo, «Dos condiciones básicas considero para la elaboración
de un cuento: una excelente prosa y el contenido poético, mas
creo que la falta de una puede ser completada por la otra [...] la
presencia de esos determinantes hace quizás que en mi cuentos
realmente subsista más una actitud emocionada que una acción
argumental [...] No procuro seguir a los maestros actuales, o al
menos puedo eludirlos, aunque tal vez por ello luzcan mis obras
un tanto anacrónicas en su expresión, si bien resultan absoluta-
mente sinceras».
Fallas evidentes de Blandón Guevara
Por lo demás, la obra editada por Blandón Guevara no está
exenta de grafías arbitrarias: «Último poema del mar» por «Úni-
co...» (pág. 78), «Cuchusapo» escrito con /z/ (pág. 159) y «ci-
rios» con /s/ (pág. 310), como también de datos erróneos: atri-
buir al año 1949 el centenario de la fundación de Managua
como capital. Fue en 1946. Pero no es posible negar las siete
276 Acahualinca
valoraciones que asedian la personalidad y el mundo narrativo
de Aburto, ubicado en la Managua de 1931 a 1972. Las enca-
beza Lizandro Chávez Alfaro, quien asegura en su correspon-
diente obituario: «Juan Aburto repetía, entre la pena y la since-
ridad, que era un escritor tardío. Pero si los extremos represen-
taran mérito o demérito, preferimos la tardanza acumulada fren-
te al apresuramiento envanecido. Y en este caso la tardanza
quedó de sobra justificada por un hecho que en resumen puede
expresarse así: Juan Aburto contribuyó seriamente a sacar del
monte nuestra cuentística para instalarla en el medio urbano.
Con él, con su narrativa, los polvorientos barrios de Managua se
incorporaron a la realidad descrita».
Finalmente, Blandón Guevara excluyó —sin justificación
alguna— la sección que ningún auténtico editor crítico es capaz
de eludir: la lista, lo más completa posible, de la bibliografía
activa y pasiva del autor estudiado. Por eso lamento que mis
obras básicas sobre literatura nicaragüense —donde figura Abur-
to— hayan sido despreciadas.
En resumen, Erick Blandón Guevara está en su derecho de
rescatar la obra de nuestro querido y recordado Juan Aburto,
pero ello no le autoriza a cometer las evidentes fallas señaladas.
XV. Crítica 277
XVI.
Semblanzas
278 Acahualinca
Ephraim George Squier, grabado circa 1870
XVI. Semblanzas 279
EL DIPLOMÁTICO GRINGO
Y EL CIENTÍFICO INGLÉS
Guillermo Rothschuh Villanueva
¿VIAJAR A dónde y para qué? Sigue siendo una pregunta que
ronda en mi cabeza. Viajar para conocer otros mundos, tomar
contacto con otras culturas y escalar otros cielos. Los viajeros
han sido gente curiosa. Sumamente estudiosa. Sus investigacio-
nes sobre diversos países forman parte de un estupendo legado
histórico. Nos asomamos a sus páginas para descubrir —con
asombro— detalles insospechados. Su sensibilidad pasa la prue-
ba de los tiempos. Sus textos continúan siendo consultados por
las enseñanzas que nos dejan.
Su mirada ausculta el corazón de las cosas. Con sus pasos
iluminan el camino de otros caminantes. Son los testigos de una
época sin cuyos descubrimientos no tendríamos ni la más remota
idea de situaciones y acontecimientos de primerísima importan-
cia. Diligentes e inquietos, se atienen a sus propias reglas y man-
datos. En Nicaragua son muchos los que han incursionado en
diferentes campos. Altos divisaderos, permiten ver por los cuatro
rumbos cardinales del país.
Los viajeros son seres excepcionales, corriente impetuosa
que nos arrastra para mostrarnos tesoros soterrados. Vinieron
con el ánimo de encontrar pepitas de oro en los socavones,
guirnaldas y flores en las llanerías y nuevas especies en las pro-
fundidades de las montañas. Las reportaban y adornaban con su
exotismo los museos de Berlín, París y Londres. Venían con los
ojos abiertos dispuestos a encontrar lo que buscaban. Nuevas
plantas, animales y otras rarezas.
Excavaron las profundidades para indagar nuestra riqueza
arqueológica. Sus resultados saltan a la vista. Contribuyen a
280 Acahualinca
analizar y comprender las culturas aborígenes. Sus inquietudes
trascendían la paga recibida. Su más grande apuesta estaba orien-
tada al estudio de las novedades que encontraban a su paso.
Luego las remitían como su mayor conquista a sus lugares de
orígenes, especialmente al continente europeo y Estados Uni-
dos. Su ánimo y disposición eran otro. Estudiar y analizar forma-
ba parte de su credo.
Pienso por ahora en Ephraim George Squier y Thomas Belt,
diplomático el primero, y geólogo el segundo. Squier talló sobre
roca Nicaragua, sus gentes y paisajes (1852) y Belt auscultó la flora
y fauna nicaragüense. Vinieron con propósitos distintos. Se
empinaron sobre sus pies para ver más allá del horizonte de sus
cargos. A Squier creímos culpable de la llegada de William Walker
en Nicaragua. La lectura del texto de su coterráneo había sido
decisiva para emprender su aventura.
Dos prominentes liberales —Francisco Castellón y Máximo
Jerez— le invitaron a venir a Nicaragua para acuerpar sus luchas
contra los timbucos. Las paralelas históricas no conocían otra
forma de mantenerse en el poder, sino a través de las armas.
Walker, en verdad, llegó para implantar con el apoyo de los
sureños estadounidenses un imperio esclavista. La fiebre del oro
infectaba a los estadounidenses. La mejor forma de capear a los
indios, era bajar en barco desde la costa oeste de Estados Unidos
hasta llegar a San Juan de Nicaragua, atravesar Río San Juan,
cruzar el Cocibolca, desandar el istmo de Rivas, llegar a la bahía
La Virgen, para luego enrumbarse hacia la costa este de Estados
Unidos.
Belt fue más incisivo. El inglés se dedicó a develar los miste-
rios del trópico. Su coterráneo Charles Darwin recomendaba la
lectura de su libro como un clásico. Mejor elogio no pudo haber
recibido. Una especie de consagración definitiva. El diplomáti-
co y científico. Más de un siglo después —en compañía de Fran-
co Peñalba— Jaime Íncer desanduvo los caminos transitados
por Belt en el siglo diecinueve. Una larga caminata de grandes
XVI. Semblanzas 281
y fructíferas consecuencias. Escaló montañas, vadeó ríos y cruzó
llanuras.
La obra de Squier llegó de manos de Luciano Cuadra Vega,
el mayor de los Cuadra Vega, una familia de poetas y humoristas.
La Editorial Universitaria Centroamericana (Educa, 1972), fue
la encargada de difundir —por toda la región— las conclusiones
a las que había arribado el diplomático estadounidense. Capítu-
lo fascinante, el dedicado a la política. Su crítica a las elecciones
en Nicaragua todavía golpea mis oídos. La comparación que
hace con las elecciones estadounidenses es aleccionadora.
Lo que en aquel país son tolvaneras de verano, aquí eran la
antesala del infierno, tanto para el partido perdedor como para
sus adláteres. Quien gana —recalca Squier— lo gana todo. Quien
pierde, lo pierde todo. ¡Ay! del que disiente. Lo esperaba la
cárcel, el exilio, la confiscación o la muerte. ¿Cuánto ha cambia-
do desde entonces el panorama político nacional? ¿Mucho?
¿Poco? ¿Nada? Una invitación encaminada a repensar la reali-
dad política nicaragüense. Especialmente durante en estos me-
ses.
A Jaime Íncer, traductor de cronistas y viajeros —cronista y
viajero él mismo— debemos no solo la traducción, también
haber descubierto la obra de Belt. El naturalista en Nicaragua
(1874), fue uno de sus más felices hallazgos en la Biblioteca del
Congreso de Estados Unidos. Íncer se encontraba en Washing-
ton D. C., durante el verano de 1960, junto con su hermano
Roberto. Ambos sin un centavo en la bolsa. En aquellas circuns-
tancias fue que halló el libro de Belt.
La manera cómo narra Jaime la forma que encontró el texto
del geólogo inglés (Nicaragua: un anecdotario de semblanzas y
recuerdos, 2015), ratifica que grandes logros muchas veces pro-
vienen del estómago vacío. Titula el trabajo: Desayuno en la
biblioteca del Congreso. Para paliar el momento, a falta de pan,
decidió desayunar con lecturas nutritivas. El desayuno le produ-
282 Acahualinca
jo buena digestión. Solo los editores del Taller San Lucas en
Managua, conocían de su existencia. Jaime será el más conno-
tado impulsor de la obra de Belt.
A Luciano y Jaime debemos el conocimiento de dos obras
capitales, tuvieron visión y acierto. Trajeron hasta nosotros dos
textos que sintetizan parte de nuestro acervo cultural. El de
Squier, hermanado con la política, expone el entusiasmo de un
diplomático que supo invertir sus largas horas de ocio. Vio, ana-
lizó y escribió sobre un momento clave de la historia nacional.
Si animó o no al filibustero para que desembarcara en Nicaragua
y se hiciese nombrar presidente a sangre y fuego, no podemos
culparlo.
Belt vino al servicio de explotadores del oro. A cambio nos
dejó la primera obra científica nicaragüense. Un texto impresio-
nante incubado en los minerales chontaleños de Santo domin-
go y la Libertad, ahora explotados a cielo abierto por B2 Gold,
empresa minera canadiense.
XVI. Semblanzas 283
KRAUDY MEDINA Y LA HISTORIA DE
NUESTRAS IDEAS
Jorge Eduardo Arellano
PABLO KRAUDY (Matagalpa, 7 de mayo, 1964) ha concebi-
do y realizado una historia social de las ideas a partir de la primera
mitad del siglo XVI, cuando se operó un proceso en el cual se
aniquilaron estructuras eidéticas antiguas y surgieron nuevas
totalidades. Su período de estudio comprende de 1502 a 1550,
dividiéndolo en tres fases: 1. la exploratoria: desde el recorrido
colombino de la costa Caribe del istmo centroamericano hasta
la exploración del Pacífico en 1523; 2. la conquistadora, o crea-
ción del espacio hispánico, apropiación, población y constitu-
ción jurídica de la provincia en 1527; y 3. la fundadora de la
sociedad colonial del último año a 1554.
Así, analizando las construcciones discursivas de la época
mediante el método de la comparación/constraste —o de simi-
litud y oposición, por usar la terminología de Rolena Adorno
(1942)—, Kraudy deslinda dos pensamientos. En primer lugar:
el hispánico, afín a la ideología imperial, con dos vertientes: el
de la conquista propiamente tal, cuyo actor esencial es el con-
quistador; y el de la crítica humanista-paternalista, cuyo actor es
el fraile. En ambos casos, sus autores representan al grupo letra-
do, siendo su pensamiento condicionado por la sociedad de
procedencia. Y, en segundo lugar: el pensamiento soterrado que
tiene de autor al indio, víctima del estrago demográfico y del
sentimiento de derrota, que constituye el grupo iletrado de aque-
lla coyuntura y se filtra, aunque precariamente, a través en los
escritos de los primeros autores. Es decir, Kraudy conceptualiza
las actitudes y vivencias de los vencidos indígenas frente a sus
vencedores en el momento de la conquista y su obra mereció el
284 Acahualinca
Premio Nacional de Historia José Dolores Gámez 2000.
Por otro lado, se apropió de la especialidad como experien-
cia metodológica al redactar una introducción sobre el tema.
Ejecutó una edición crítica —sin antecedentes entre nosotros—
del dariano opus rotundum: Cantos de vida y esperanza (2005).
Investigó a fondo el pensamiento social y político de Rubén
Darío, siendo premiado en el Concurso Nacional Rubén Darío
también de 2000, al igual que los aspectos de su condición hu-
mana en otro libro de 2016. Consiste esta obra seria y novedosa
en ocho ensayos, o prospecciones críticas, sobre el nicaragüense
máximo. La función cívico-política del escritor, la pasión por el
arte, los desheredados de la suerte, las elecciones, la guerra y la
paz son, entre otros, los aspectos abordados por él con erudición
y lucidez.
También estructuró en cinco tomos —de 2008 a 2014— las
Obras de Alejandro Serrano Caldera: Escritos filosóficos y políti-
cos, I y II; III. América Latina ante la razón filosófica / Escritos sobre
el pensamiento, la cultura y la política nicaragüense; IV. Ídem. /
Escritos jurídicos; y V. La razón crítica: filosofía, política y cultura
(Addenda). Su criterio de edición fue el siguiente: «Los textos
han sido dispuestos según una serie de categorías temáticas que
dan lugar a la conformación de partes que suceden por gradua-
ción, poseyendo cada una sus correspondientes derivaciones o
secciones, a lo interno de las cuales igualmente se ha procurado
alcanzar unidad y continuidad eidética».
Kraudy ha desarrollado ampliamente temas fundamentales
como la paz, el derecho y las elecciones en los pensadores nica-
ragüenses. Basta recordar sus colaboraciones en publicaciones
periódicas del extranjero, entre ellas CIDAL (Centro Interna-
cional de los Dominicos de América Latina y el Caribe) y Cua-
dernos del CILHA (Centro Interdisciplinario de Literatura His-
pánica); y en numerosas nacionales, sobre todo en la RAGHN.
Recordemos dos de sus visiones de conjunto: «Crisis histórica y
transmodernidad» y la «Historia de nuestro pensamiento: una
XVI. Semblanzas 285
obra en gestación», más los siguientes capítulos de su Historia
social de las ideas en Nicaragua: «Actitud y pensamiento del ca-
cique Nicarao», «Mentalidad y formas de resistencia indígena
durante la primera mitad del siglo XVI», «El humanismo pater-
nalista en Nicaragua / Los frailes de la Orden de Santo Domingo
Bartolomé de las Casas y Antonio de Valdivieso». Igualmente,
el acierto interpretativo se halla en sus reseñas de libros: «Un
análisis rigurosamente crítico sobre las actuaciones de Pedrarias
y Balboa» (según la investigación de Bethan Aram); «La pax
americana en Nicaragua (1910-1932): ¿una pieza de historiogra-
fía nacionalista?» y «A propósito de Tacho Somoza y su poder
(1933-1956) de Jorge Eduardo Arellano».
Pablo Kraudy no es el principal dariísta del país, pero sí el de
mayor experiencia filológica y, tras Serrano Caldera, el más fe-
cundo de los ensayistas filosóficos de Nicaragua.
[El Nuevo Diario, 26 de mayo, 2018]
286 Acahualinca
ARMANDO ÍNCER Y LA BOAQUEÑIDAD
JEA
EL MÉDICO, poeta, dramaturgo y promotor cultural Armando
Íncer Barquero (16 de febrero, 1930-26 de julio, 2018) pertene-
ció a un tipo de intelectual desarrollado en un medio provincia-
no y que, representando con autoridad a la ciudadanía, conocía
a fondo su entorno vital. Más aún: que se compromete a impulsar
el progreso de su ciudad y departamento, asumiendo incluso
cargos de elección popular como alcalde e impulsando la ense-
ñanza. Muchos casos se dieron en el país, pero el último ejemplo
más representativo de esa especie ya en extinción fue el mayor
de los Íncer Barquero.
Amigo de muchos años, reconocí su notable labor creadora
en el ámbito de la poesía, del teatro y de la boaqueñidad en
general. Por ejemplo en la obra «El grupo U de Boaco / Anto-
logía poética y labor teatral» (2000) que preparé y editó la Aca-
demia Nicaragüense de la Lengua, de la cual era miembro corres-
pondiente. Pero sus aportes a la historia de Boaco le acreditaron
también incorporarse como miembro honorario a la Academia
de Geografía e Historia de Nicaragua. Su última obra en esa línea
fue A pedir de boca (Boaco, Artesanías Gráficas, 2012).
Se trata de un hermoso volumen ilustrado de 305 páginas
que compendia y enriquece dos trabajos suyos reunidos en folle-
tos: Breve historia de Boaco (2002) y Los bailantes / Con el sol en
la piel (2002). De un libro con mejor diseño que revela la cons-
tancia de su editor: Ojos fieles de la fuerza (1982) de Salvador
López Zamorán y Serán cenizas (2000) de Ángela Robleto de
Barquero. Si el primero corresponde a un testimonio sobre la
guerra constitucionalista de 1926-27, el segundo consiste en la
autobiografía de los Íncer Barquero y Brown Barquero.
XVI. Semblanzas 287
De una anécdota personal, surgida en el contexto del servi-
cio de consulta historiográfica que Armando brindaba habitual-
mente a los estudiantes de secundaria, procede el título de su
obra. Al retirarse uno de ellos, tras quedar satisfecho, estrechó la
mano de Íncer Barquero y le dijo: «Haber venido a consultar con
usted nos salió a pedir de boca, porque hallamos más de lo que
buscábamos. Muchas gracias». Los boaqueños debieron rendirle
las gracias por este magnífico esfuerzo solo comparable a la
monografía que la Biblioteca del Banco Central «Roberto Íncer
Barquero» consagró a «Boaco: cultura e historia» en el número
119 del Boletín Nicaragüense de Bibliografía y Documentación
(abril-junio, 2003) que tuvo en él, como intelectual orgánico de
la ciudad, su principal colaborador proporcionando materiales y
fotografías que allí se rescatan.
¿Qué temas buscaban los estudiantes de secundaria en la
casa de Armando? Los nombres de los alcaldes de la ciudad desde
el 4 de mayo de 1995 hasta nuestros días, la creación del depar-
tamento el 18 de julio de 1935, la historia de sus centros educa-
cionales, la vida y los progresos realizados por el sacerdote José
Nieborowsky (1866-1942), el paulino polaco que gustoso dio
todo de sí para ganar las almas de los boaqueños y mejorar su
condiciones materiales de vida e incluso promover su cultura, el
incendio de la parroquia en 1922 y su reconstrucción, aparte de
otras muchas referencias fundamentales de la gente y su cotidia-
no bregar.
Todo ello lo despliega Íncer Barquero en A pedir de boca y
más, mucho más, conformando un anecdotario no por extenso
menos útil y ameno, signado a veces por la ternura y la emoción,
otras por el humor, la rareza y el recurso saleroso. Así divide su
obra en cuatro secciones: I. Historia / Lo continuado del vivir;
II. Personajes / Nombres asentados en mi voz: III. Experiencia /
Mi sombra usada en la tierra; y IV. Escritos ajenos / La palabra
es el nexo. Es decir, textos de otros boaqueños —y de otras
latitudes— transcritos para complementar sus páginas. He aquí
288 Acahualinca
algunos de sus nombres: Salvador Barquero, Emilio Sobalvarro,
Rafael Alvarado Sarria, Donaldo Chávez Núñez, Mauricio Díaz
Dávila, Jaime y Jorge Íncer (la crónica de un viacrucis vivido e
interpretado por un niño boaqueño), Sarita Íncer, Dionisio
Martínez Sanz y Gregorio Cerda Sequeira.
En fin, Armando Íncer Barquero fue el mayor representante
de la boaqueñidad y dejó palpables huellas de ornado en su
amada y nutricia ciudad natal construyendo el Mirador de los
Poetas (1991), el Paseo peatonal Antonio Tovar (1997), el
Paseo del Bailante (1995) y el Paseo El Cerrito (1996), corona-
do por un singular faro, entre otros logros edilicios.
[El Nuevo Diario, 4 de agosto, 2018]
Armando Íncer Barquero
(foto: Melvin Rodríguez, periódico Hoy)
XVI. Semblanzas 289
XVII.
Reseñas
290 Acahualinca
XVII. Reseñas 291
NUESTRAS LETRAS DE ANTAÑO
[Literatura nicaragüense: siglo XIX e inicios del XX]
Fernando Solís Borge
EL PROCESO histórico-cultural de Nicaragua, desde finales del
siglo dieciocho hasta 1928, se estudia y ejemplifica —con breves
textos representativos— en la nueva investigación paradigmá-
tica de Jorge Eduardo Arellano. Titulada Literatura nicaragüense:
siglo XIX e inicios del XX (Managua, JEA-Editor, noviembre,
2017. 298 p., il.), la conforman tres extensos capítulos, un pro-
loguillo y un índice de autores nacionales de la época más cita-
dos. También incluye más de veinte ilustraciones, figurando
entre ellas portadas de libros, como el primer impreso en el país
(León, Imprenta de la Junta de Instrucción Pública, 1838) y la
antología Lira nicaragüense (Chinandega, Imprenta de El Pro-
greso, 1878).
Independencia y república
El capítulo inicial («Independencia y república») contiene
amplia información bio-bibliográfica sobre grandes intelectua-
les, entre ellos Rafael Agustín Ayesta, Francisco Ayerdi, Tomás
Ruiz y Miguel Larreynaga (vinculados al Colegio-Seminario San
Ramón y a la Universidad de León, la segunda establecida en
Centroamérica). Se detallan los inicios del periodismo (analizan-
do, por ejemplo, el contenido ideológico del semanario granadino
Mentor Nicaragüense: 1841-42); se reproducen poemas ocasiona-
les y canciones patrióticas antifilibusteras; y se valora a los princi-
pales aficionados de las musas (Francisco Zamora, Juan Iribarren,
Carmen Díaz, Antonino Aragón y Francisco Díaz Zapata).
Al mismo tiempo, Arellano otorga su justo lugar a escritores
políticos (Rosalío Cortés y José Benito Rosales), a oradores sa-
292 Acahualinca
grados (Agustín Vijil y Rafael Jerez), juristas notables (Jesús de
la Rocha y Buenaventura Selva) y al sabio enciclopédico de su
época Gregorio Juárez (1800-1879). No falta el detallado regis-
tro de las primeras instituciones culturales (ateneos, institutos,
tertulias, etc., sin olvidarse de la Biblioteca Nacional fundada en
1882) y actividades literarias (grupos, revistas, etc.). Entre las
últimas, figuran El Ensayo, El Álbum, El Ateneo y, entre otras,
Revista Literaria Científica y de Conocimientos Útiles. Tampoco
prescinde del examen de las ideas predominantes, tributarias de
pensadores europeos como Carlos Marx, Louis Veuillot (1813-
1883) y el vizconde de Cormeni (1788-1868), cuya obra De los
oradores se editó hasta 1845 dieciocho veces, incluyendo traduc-
ciones al español.
Finales del siglo XIX
El siguiente capítulo («Finales del siglo XIX») se dedica a los
fundadores de nuestra historiografía (Pedro Francisco de la Rocha,
Jerónimo Pérez, Tomás y Alfonso Ayón, José Dolores Gámez,
Francisco Ortega Arancibia), a la influencia mental de España,
a Gustavo Guzmán y sus seis novelas europeístas, impresas de
1881 a 1887 en París o Madrid; a las coronas fúnebres y a pro-
sistas señeros (Carlos Selva, Enrique Guzmán, Anselmo H. Ri-
vas, Rigoberto Cabezas y Pedro Ortiz).
En ese mismo capítulo se destacan los primeros diarios, los
periódicos católicos y los vinculados a ideales obreros; las brillan-
tes e intransigentes polémicas, incluyendo una sobre las novelas
de la época en el semanario El Termómetro de Rivas en 1879; los
estudiosos del idioma castellano (sobre todo a Mariano Barreto,
elogiado por Unamuno), los poetas coetáneos, románticos y
modernistas, de Darío y al propio vate durante su etapa formativa
en León y Managua. Por algo es el autor más citado (85 veces).
Enrique Guzmán y la doctrina Monroe
Otro autor bastante citado (42 veces) es Enrique Guzmán
XVII. Reseñas 293
(1843-1911), el primer nicaragüense electo en 1891 socio co-
rrespondiente de la Real Academia Española y de quien Jorge
Eduardo transcribe un fragmento de su artículo cuestionando la
doctrina Monroe a raíz de la ocupación militar inglesa del Puerto
de Corinto en 1895. Combatiendo a sus defensores, o doctrinistas
—como los llamaba—, Guzmán aclaró:
Los Estados Unidos miran por su negocio y nada más; y
puede asegurarse que cada vez que la doctrina de Monroe ha
tenido práctica aplicación solo ha servido para entorpecer el
progreso de los pueblos hispanoamericanos. Pruébanlo Santo
Domingo, México y el Perú. La Doctrina de Monroe —no
temo decirlo— es el mejor sustentáculo que tiene la barbarie en
América [...]
Importa saber que en la tierra de Monroe, americanos
significa nativos de los Estados Unidos; los que moramos de este
lado del Río Grande, somos espaniers (españoles) y los brasi-
leños son portugueses: a unos y a otros nos apodan con el bonito
nombre de greasers (pronúnciase grisers) que vale tanto como
mantecosos.
Inicios del siglo XX
No menos interesante es el tercer y último capítulo («Inicios
del siglo XX») que arranca con el régimen liberal de José Santos
Zelaya (1893-1909) y su hegemonía ideológica. La vida intelec-
tual a lo largo de casi tres décadas del siglo pasado se puntualiza
a través de revistas, como La Patria (1895-1922) y La Torre de
Marfil (1908-09 y 1918), principal órgano del modernismo en
Centroamérica, que tuvo la prioridad cronológica de traducir al
español el manifiesto futurista de Marinetti antes que en España
lo hiciera Ramón Gómez de la Serna (1888-1963).
Desde luego, Arellano nos da a conocer detalladamente las
propuestas estéticas, los juegos florales en León y Managua, las
promociones de poetas en las anteriores ciudades y en Masaya,
las campañas antintervencionistas de los diarios La Tribuna y La
294 Acahualinca
Prensa, más las proyecciones de escritores nicaragüenses en el
extranjero. En concreto, la experiencia de Solón Argüello (1879-
1913) en la ciudad mexicana de Tepic y en la propia capital
azteca, donde fue fusilado por ser partidario de Francisco Made-
ro; y las de Leonardo Montalván (1887-1946) en México y
Costa Rica. Arellano, además, revalora el vanguardismo funda-
cional de Salomón de la Selva (1893-1959) en Estados Unidos
y México; mejor dicho, sus poemarios Tropical Town and Other
Poems (1918) y El soldado desconocido (1922).
Rescate de letrados y hechos significativos
Habría que tomar muy en cuenta el justo rescate que realiza
el autor de grandes letrados decimonónicos fallecidos en el siglo
veinte: Fabio Carnevalini (1836-1916), Modesto Barrios (1849-
1920), Félix Quiñones (1855-1923), Francisco Paniagua Prado
(1861-1932), Ramón Mayorga Rivas (1862-1925), Manuel
Coronel Matus (1864-1910) y Remigio Casco (1869-1909). Al
mismo tiempo, privilegia hechos culturales significativos como
el primer grupo literario fundado en Granada por Faustino Are-
llano (1837-1905) en 1862; las ideas estéticas de Tomás Ayón,
las Prosas de combate de Mariano Barreto (1856-1927) contra el
liberalismo malentendido, el conservatismo yanquista y el cleri-
calismo; la propuesta «Nacionalización del Arte» de Justo Pastor
de la Rocha en 1907; y las lecturas de los artesanos leoneses «para
que el imperialismo de un lado y otro del Atlántico no domine
a la raza de tronco hispánico».
No se olvida del volumen de Juan Bautista Prado, Laurel
solariego (1909), donde se compilaron los discursos laudatorios
y las crónicas sobre el retorno triunfal y temporal de Rubén Darío
a su patria; y de la Antología universal (Managua, Tipografía
Renacimiento, 1920) de los modernistas nacionales, en la que
incluían poemas de 21 franceses, 13 ingleses, 7 alemanes, 5 ita-
lianos, 3 estadounidenses (Longfellow, Poe, Whitman), más las
de 16 españoles, 9 mexicanos, 6 hondureños, otros 6 salvadore-
ños, 3 costarricenses, otros 3 panameños, además las de otros 29
XVII. Reseñas 295
de antillanos, argentinos, bolivianos, chilenos, peruanos, uru-
guayos y venezolanos. Los nicaragüenses eran 5: el infaltable
Darío y sus paisanos Santiago Argüello, Manuel Maldonado,
Ramón Sáenz Morales y José T. Olivares.
Conclusión
Con la fundación de la Academia Nicaragüense de la Len-
gua en 1928 concluyen estas páginas, elaboradas con criterio
filológico y categorías filosóficas. «En ellas —señala Manuel
Fernández Vílchez—, Jorge Eduardo Arellano, historiador so-
cial con dilatada experiencia, aporta una fuente válida para
conocer cómo se pensaban los nicaragüenses en el período de la
formación de la república».
Fundadores de la Academia Nicaragüense de la Lengua (Ma-
nagua, 9 de agosto, 1928). Sentados: Carlos Cuadra Pasos,
José Antonio Lezcano, Luis H. Debayle; de pie: Pedro Joaquín
Chamorro Zelaya, Francisco Paniagua Prado, Manuel Maldo-
nado; y atrás: Alfonso Ayón.
296 Acahualinca
PRIMERA HISTORIA DE NUESTRO BOXEO
JEA
LA OBRA en dos tomos de Ritomar Guillén, Boxeo nicaragüense
(1912-1979) / Historia y estadísticas, marca un hito en la inves-
tigación del deporte en nuestro país. Oportunamente, lo valoró
Danilo Aguirre Solís en su amplio comentario sobre el primer
tomo. Yo confirmo su carácter de «primer gran esfuerzo por
cronologizar, sistematizar y hasta en cierto modo antologizar el
boxeo en Nicaragua y sus más caracterizados exponentes. Ade-
más, reconozco su mayor evidencia: el entusiasmo, «esa virtud
juvenil capaz de producir cosas brillantes y hermosas» como lo
definía nuestro Rubén Darío.
Y no se me venga a decir que Darío no tiene nada que ver
con el boxeo ni con los deportes. En Chile fue cronista deportivo
del diario El Heraldo de Valparaíso y más tarde escribió páginas
sobre gimnastas y acróbatas, juegos olímpicos, carreras de caba-
llos y de automóviles, tenis, beisbol y boxeo: el deporte —de
origen norteamericano— más arraigado en nuestro pueblo des-
pués del beisbol. Por algo usó el anglicismo «box» en el poema
«Aviso del porvenir» (marzo de 1887).
A partir de 1912, cuando Nicaragua fue intervenida militar-
mente por primera vez en el siglo XX, inicia Ritomar Guillén
(nacido en Juigalpa, 1985) su periplo documental, extrayendo
la información pertinente de los diarios, facilitados en la Biblio-
teca del Banco Central, en la Hemeroteca Nacional «Manolo
Cuadra» y en el IHNCA de la UCA. Toda una intensa labor que
debemos aplaudir, sobre todo porque ha obedecido a su propia
iniciativa, sin apoyo económico alguno.
De esta manera, Ritomar ha trazado un panorama que abar-
ca 67 años y todas las etapas de nuestro boxeo amateur y profe-
XVII. Reseñas 297
sional, aparte de una bastante completa lista cronológica de
veladas boxísticas desde 1920 hasta 1979. Una de ellas, en la que
se disputó el primer campeonato nacional, tuvo lugar en el cua-
drilátero de La Momotombo en Managua (donde hoy es Ena-
bás) el 16 de septiembre de 1923. Enrique Leal, derrotando por
decisión a Ofilio Simonson en el décimo round, obtuvo el galar-
dón.
Precisamente de Leal y Simonson —como también de Pan-
cho Ríos, Napoleón Delgado Chaparrón, Kid Thomas, Mike
Duarte, Rosendo Rubí, Gustavo Choza y el Bathing Espinoza,
entre otros— registro sus actuaciones en una investigación an-
terior a la totalizadora de Ritomar: «Pioneros del boxeo en Ni-
caragua» (Revista de la Academia de Geografía e Historia de Nica-
ragua, núm. 69, abril, 2010). El texto lo ilustra la primera foto-
grafía colectiva de boxeadores nicas, reproducida después por
Ritomar en su obra, que tomé de la revista Los Domingos (núm.
374, octubre, 1926, semanario ilustrado del diario La Noticia).
Un cronista de ese diario, Gustavo Robleto (Speke) figura, de-
lante de los boxeadores, en ese documento gráfico.
Pero nuestro primer cronista de boxeo fue el capitalino Lolo
[José Dolores] Estrada, quien firmaba con el seudónimo Arsene
Lupin y mantenía una columna en La Noticia: «La Semana
Deportiva». A Lupin se le deben la crónica pionera «Los reyes
nicas del puñetazo» y un artículo previo a la célebre pelea Tho-
mas-Chaparrón, ambos textos rescatados por Ritomar en su obra.
«Este encuentro, sin discusión, será el más interesante de todas
las peleas presenciadas en la República [...] Thomas y Chapa-
rrón constituyen nuestro orgullo pugilístico. Cada uno tiene sus
cualidades y estilo personal» —consignó en La Noticia Ilustrada,
núm. 1, el domingo 21 de marzo de 1926.
Otro texto interesante, no tan «arqueológico» como el refe-
rido, es el «Panorama del boxeo nacional» (El Mundo, 25 de
abril y 2 de marzo, 1948) que, con otros sobre el tico-nica Tuzo
Portugués, rescaté en el Boletín Nicaragüense de Bibliografía y
298 Acahualinca
Documentación dedicado a Manolo Cuadra (núm. 42, julio-agosto,
1981, pp. 48-51). Ahora los divulga, una vez más, Ritomar. Pero
Manolo fue autor de otros artículos, entre ellos unos sobre Kid
Centella (Gustavo Vega), primer boxeador nicaragüense en
obtener medalla de oro en Juegos Olímpicos Centroamericanos
y del Caribe (Guatemala, 1950). Sin duda, debería incluirse en
la antología de crónicas boxísticas que Ritomar debe realizar.
Sería un complemento magistral de su obra.
En dicha antología, cabría insertar literatura de creación:
poemas y cuentos sobre el boxeo. No olvidemos que Ritomar es
poeta y filólogo egresado de la UNAN-Managua, en ese sentido
hay que pensar en el primer texto poemático sobre boxeo escrito
por un nicaragüense. Me refiero a «Stadium», de Pablo Antonio
Cuadra, localizado en su primera obra impresa: Poemas nicara-
güenses (Santiago de Chile, Editorial Nascimento, 1934, pp. 45-
46).
[El Nuevo Diario, 18 de agosto, 2018]
Ritomar Guillén
XVII. Reseñas 299
UN GRAN APORTE A LA HISTORIA
DEL PENSAMIENTO EN NICARAGUA
Manuel Fernández Vílchez
ARELLANO, Jorge Eduardo: Pensadores de Nicaragua. Mana-
gua, JEA-Editor, julio 2018. 320 p., il.
[Contenido: Nota preliminar. 1. Abril de 1523: inicio de la
resistencia indígena / Cosmovisión de los nicaraos centroameri-
canos / Pensadores de la época colonial: I. Nativos: fray Fernan-
do Espino y su pionera Relación verdadera de la reducción de los
indios infieles de la provincia de la Taguzgalpa; el jesuita Antonio
de Cáceres y su laureado poema alegórico sobre el Niño Jesús;
fray Lucas de San José de Angulo y su Ensaye de la muerte; el
doctor Francisco Vega Lacayo y sus tres memoriales eclesiásti-
cos; el sargento mayor Gerónimo Vega Lacayo y su informe
político militar; el doctor Juan de la Santa Rosa Ramírez y sus
sermones fúnebres; fray Blas de Hurtado y su «Memorial de mi
vida»; el presbítero José Antonio Velasco y su décima realista;
tesis universitarias de 1690 a 1814; II. Peninsulares y criollos de
Guatemala: fray Alonso Briceño, un escolástico escotista; el
obispo de las Navas y su denuncia de la explotación colonial;
fray José de Velasco y su sermón Mariano del 8 de diciembre de
1675; fray Rodrigo de Jesús de Betancourt y su tratado sobre las
supersticiones de los indios del norte de Nicaragua; tres mitrados
más: Garret, Morel y Villegas; el obispo Esteban Lorenzo Tristán
y su viaje de reconocimiento a Río Frío y territorio de los Gua-
tusos; el cura de Granada Pedro Ximena y sus tres panegíricos
barrocos / Tomás Ruiz: el Padre indio.
2. Leoneses representativos del siglo XIX: Francisco Ayer-
di: rector y orador sagrado; Miguel Larreynaga: gloria centro-
americana; Gregorio Juárez: sabio para su época; Buenaventura
300 Acahualinca
Selva: explicado en Harvard; Bruno Hermógenes Buitrago: eru-
dito de la jurisprudencia; Luis H. Debayle: transformador de la
ciencia médica y cultor de la palabra / Máximo Jerez: ideas e
ideales; Adolfo Altamirano: delfín de Zelaya; Lección de Augus-
to César Sandino.
3. Sustrato ético de Martí y Mendieta / Sofonías Salvatierra
y Pedro Joaquín Chamorro Zelaya: intelectuales nacionalistas /
Aforismos de diez pensadores: Luis H. Debayle, Rubén Darío,
Manuel Maldonado, Santiago Argüello, Darío Zúñiga Pallais,
Edmundo Solórzano Díaz, Alejandro Alonso Ibarra, José Coro-
nel Urtecho, Pablo Antonio Cuadra y Alejandro Serrano Cal-
dera / Edelberto Torres: educador centroamericanista del siglo
XX / Tres aproximaciones identitarias: El nicaragüense de PAC:
una relectura; Mitología nicaragüense de Eduardo Zepeda-Hen-
ríquez, ensayista nato; Nosotros los nicaragüenses de Carlos José
Solórzano: un examen sincero / Terquedad y escritura de P. J. Ch.
C.: a cuarenta años de su magnicidio.
4. Una antología del ensayo nicaragüense (1909-1979) /
Pablo Antonio Cuadra: hispanoamericanistamestizófilo / Julio
Ycaza Tijerino y la originalidad de Hispanoamérica / El ensayo
filosófico de las últimas décadas.
5. Fenomenología psicopolítica del nicaragüense / Dos ve-
teranos periodistas: Luis Sánchez Sancho y Onofre Guevara
López / Una interpretación de lo que pensaron las élites sobre el
país / Aldo Díaz y su historiografía reflexiva / Oscar-René: el
científico social de Nicaragua / Álvaro Urtecho y su linaje cai-
nita / Yolanda Blanco: nuestra ecofeminista.
6. Otros pensadores importantes y algunos no tanto: Car-
los Selva y el derecho de insurrección / Mariano Barreto y sus
Prosas de combate / José María Moncada: pensador político /
Pedro J. Cuadra Ch.: editorialista de fuste / Agustín Tijerino
Rojas: filósofo de vocación / Joaquín Pasos: catolicidad y fe im-
perial / Adán Selva y su cívica oposición panfletaria / Edgardo
XVII. Reseñas 301
Buitrago y su tesis telúrica / Reynaldo Antonio Téfel: ideólogo
del socialcristianismo / Arríen y Anitua: profesores de filosofía /
Carlos Mántica: teólogo católico / Reflexión teológica de las
iglesias bautistas.
Apéndice: Pablo Kraudy: Periodicidad y criterio para una
antología del pensamiento crítico nicaragüense; pensadores
nicaragüenses citados.
Esta obra es la más completa que se ha escrito sobre las
manifestaciones del tratado filosófico y el ensayo ilustrado en
Nicaragua. Se trata de una obra de madurez, con el aparato
crítico y formal más desarrollado que el del pionero de la Historia
de las Ideas en Centroamérica (San José, C.R., Educa, 1970 de
Constantino Láscares). Comprende, desde la cosmovisión de
los pueblos originarios, pasando por el tratado escolástico al ser-
vicio de la educación colonial, hasta el moderno ensayo ideoló-
gico dedicado a la formación de opinión. Y no es poco por el
número de manifestaciones registradas en una sociedad urbana
tan pequeña como la nuestra; ni pequeño en importancia, por
saber reflejar en el papel impreso la suerte de la sociedad civil y
las instituciones políticas nicaragüenses.
Por la obra de Jorge Eduardo —entre el ensayo filosófico y
la crítica literaria, entre poeta y narrador, entre historiador y
formador de opinión, entre el académico y el divulgador— cum-
ple con la versatilidad de disponer de suficientes categorías y
criterios sensibles a las variadas formas del ensayo ilustrado
moderno. Y dado un ecosistema intelectual minúsculo como el
nicaragüense, de pequeñas instituciones culturales, su mirada
panorámica presta atención a manifestaciones que para el espe-
cialista y su mirada experta habrían pasado inadvertidas.
También Jorge Eduardo ha sido testigo en primera línea del
relevo generacional del movimiento literario de Pablo Antonio
Cuadra, vinculado a la Falange española, a la Acción Católica
y al hispanismo del movimiento nacional franquista, los Institu-
302 Acahualinca
tos de Cultura Hispánica (clausurado en la Transición españo-
la); relevo generacional de los años sesenta y setenta que fue
acunado en el muy conservador y nacional católico diario La
Prensa de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, y en la Prensa
Literaria aparecida desde 1954, bajo dirección de Pablo Antonio
Cuadra Cardenal. Este relevo marcó el rumbo socialcristiano a
la élite de la generación joven de los años sesenta y setenta del
pasado siglo, a unos más que otros.
Equidistante es el privilegio del ojo crítico y mira panorámi-
ca de Jorge Eduardo, quien ha visto crecer y dar frutos a esta
generación de ideólogos socialcristianos; registrándola en sus
notas de la mejor manera que enseñaron los sumerios en la es-
critura. Y como Esdras, en representación del poder de Babilo-
nia, dijo y dictó a las hebreos que compusieran las Escrituras de
sus tradiciones orales, no importando que aparecieran tres ver-
siones del Génesis, en las notas de Jorge Eduardo Arellano que-
dan registradas versiones contradictorias del ensayismo nica, y
sus mitos sin más fundamento que el imaginario de su autor, tal
como fueron explicadas por la generación de los años sesenta.
Jorge Eduardo Arellano
XVII. Reseñas 303
XVIII.
Actividades
304 Acahualinca
Los directivos de la AGHN, Jaime Íncer, Ligia Madrigal, Róger
Norori y Jorge Eduardo Arellano, en Bluefields, en ocasión de
la Jornada del centenario de Conzemius, acompañados de
funcionarios de la universidad URACCAN y de André Biever,
encargado de negocios de la Embajada de Luxemburgo.
XVIII. Actividades 305
ACTIVIDADES DE LA AGHN / 2018
Letzira Sevilla Bolaños
EL VIERNES 16 de noviembre, en la Universidad American
College, tuvo lugar la Asamblea Anual de la Academia de Geo-
grafía e Historia de Nicaragua (AGHN) en la que se presentaron
informes de sus actividades y vinculaciones con las instituciones
del estado. Las primeras se concibieron durante once reuniones
ordinarias de la Junta Directiva correspondientes a 2018, ini-
ciándose con un par de ediciones: el número 3 de ACAHUA-
LINCA / Revista Nicaragüense de Cultura y el número 82 de la
RAGHN, la más antigua que se publica en el país, remontada a
septiembre de 1936.
Acahualinca 3
Constando de 271 páginas, presenta más de cincuenta co-
laboraciones de cuarenta autores a través de sus acostumbradas
doce secciones: I. Volcanes de Nicaragua, II. Estatuaria aborigen
del Gran Lago, III. Crítica y ensayo, IV. Folclore, V. Arte, VI.
Poesía, VII. Narrativa, VIII. Español de América, IX. Historia, X.
Notas y semblanzas, XI. Reseñas y XII. Bibliografía nacional (140
títulos publicados en 2017). Esta revista la dirige el presidente de
la AGHN, Jaime Íncer Barquero y la edita el secretario Jorge
Eduardo Arellano.
RAGHN 82
La RAGHN núm. 82, aparecida en julio, conformó un tomo
de 350 páginas. En once secciones se distribuyeron sus colabo-
raciones: I. Nuestras culturas originarias, II. Una geografía que hizo
historia, III. Documentos, IV. Ensayos, V. Discursos de ingreso, VI.
Pluma invitada, VII. El movimiento obrero nicaragüense (dossier
con cinco trabajos), VIII. Textos rescatados, IX. Nuestra Costa
306 Acahualinca
Caribe, X. Investigaciones y XI. Actividades y reseñas. Como ya
dimos cuenta de ella no es necesario especificar los títulos de sus
colaboraciones.
Nuevos miembros
En su sesión ordinaria del 1ro. de marzo, la Junta Directiva
tomó la unánime decisión de incorporar este año, como miem-
bro honorario, al embajador de la república Argentina en Nica-
ragua, Marcelo F. Valle Fonrouge, en reconocimiento a su acti-
vidad cultural (conferencias en universidades y ediciones de tres
libros: uno de Julio Cortázar sobre su experiencia en Nicaragua
y dos de Rubén Darío) y a la vinculación que ha establecido con
cinco de nuestros académicos, miembros del Grupo Malvinas en
nuestro país. Igualmente, decidió nombrar a dos miembros co-
rrespondientes: el historiador y encargado de negocios del Gran
Ducado de Luxemburgo, André Biever; y al PhD. en historia, el
nicaragüense residente en Estados Unidos Gustavo A. Gutié-
rrez.
Centenario de Eduard Conzemius
Seis actividades realizó la AGHN dentro de la Jornada del
centenario de Conzemius. 1) Círculo de lectura en la Alcaldía
de Managua, auditorio de Patrimonio Histórico Cultural el vier-
nes 12 de enero; 2) Presentación de la obra Estudios etnológicos
y lingüísticos sobre el Caribe centroamericano en el Auditorio Central
de la Casa de los Tres Mundos, Granada, el martes 23 de enero;
3) Presentación de la misma obra en la Biblioteca Nora Rigby,
de URACCAN, Bluefields, el jueves 8 de febrero; 4) Panel sobre
el aporte de Conzemius en el Recinto de la BICU en Corn Island,
el mismo jueves 8 de febrero; 5) Panel también sobre el aporte
de Conzemius en el Auditorio Central de la Alcaldía de Mata-
galpa el viernes 9 de marzo; y 6) Segundo círculo de lectura sobre
los Estudios etnológicos y lingüísticos... citados en el Centro de
Difusión de las Humanidades en la UNAN-Managua el miérco-
les 11 de abril.
XVIII. Actividades 307
Panel con la Unión Europea
Los embajadores de la Unión Europea invitaron a la AGHN
para realizar el Panel: «Nicaragua: pasado y perspectiva». Dos
fueron sus objetivos: 1) Valorar el panorama de Nicaragua a
partir de la experiencia histórica; y 2) Contribuir a una mejor
comprensión de la situación en Nicaragua desde la visión histó-
rica. Participaron en el mismo: Jaime Íncer Barquero, Jorge
Eduardo Arellano, Ligia Madrigal Mendieta, Germán Romero
Vargas, Róger Norori Gutiérrez, Mauricio Herdocia Sacasa y
Norman Caldera Cardenal.
Presentación de RAGHN
y Coloquio sobre San Jacinto
El jueves 6 de septiembre fue presentada en el Auditorio
Central de la Universidad American College la RAGHN, núm.
82, de la cual ya se dio referencia. Igualmente, en conmemora-
ción de las fechas patrias, tuvo lugar en la Sala Pablo Antonio
Cuadra del INC, el 13 de septiembre, un «Coloquio sobre San
Jacinto» para explicar los aspectos fundamentales del hecho
histórico y valorar su importancia histórica en la construcción
de la identidad nacional. Realizada en conjunto con el INC,
intervinieron: Luis Morales Alonso, codirector del INC: «Bien-
venida»; Ligia Madrigal Mendieta, tesorera de la AGHN: «San
Jacinto: una enseñanza de la historia»; Róger Norori Gutiérrez,
miembro directivo de la AGHN: «San Jacinto: la epopeya nica-
ragüense»; y Jorge Eduardo Arellano, secretario de la AGHN:
«San Jacinto: revisitado».
Charlas indigenistas
A solicitud también del INC, se desarrollaron un par de charlas
sobre la resistencia indígena en Nicaragua en la Sala Pablo
Antonio Cuadra el jueves 12 de octubre, con el fin de brindar
un panorama más amplio del proceso de la conquista y en el
marco de la referida efeméride nacional; y en Masaya, con la
308 Acahualinca
filial en esa ciudad del Instituto Nicaragüense de Cultura His-
pánica, tuvo lugar la conferencia: «Grupos indígenas en la
Nicaragua precolombina», impartida por el doctor Jaime Íncer
Barquero.
Premio Eduard Conzemius
Pero la más importante iniciativa de la AGHN fue convocar
al Premio de Investigación Eduard Conzemius (noviembre, 2018-
febrero, 2019) para incentivar en los jóvenes el espíritu investi-
gador sobre el Caribe nicaragüense, desde la perspectiva del
análisis cultural y continuar valorando el legado del antropólogo
luxemburgués Eduard Conzemius. Este Concurso fue dado a
conocer el miércoles 31 de octubre de 2018, a las 11:00 a.m.,
durante una rueda de prensa, desarrollada en el Auditorio Cen-
tral de la Universidad American College.
Visitas y consultas
El miércoles 18 de abril de 2018, a las 10:00 a.m., en la sede
de la AGHN, se recibió la visita del señor embajador de la repú-
blica de Corea del Sur en Nicaragua, señor Seok Hwa Hong, con
el objetivo de proponer una síntesis de la cultura e historia de
Nicaragua para ser traducida en coreano. Y luego la del historia-
dor coreano Taeheok Lee.
También atendieron consultas de varias instituciones como
el Instituto Nicaragüense de Tecnología Agropecuaria (INTA)
sobre el sitio arqueológico de la Laguna de Moyuá y del Minis-
terio de Educación (MINED) sobre historiografía de Nicaragua.
Igualmente, se atendieron consultas de estudiantes e interesados
que visitan la sede de la AGHN y desean consultar el acervo
bibliográfico de la institución y a través del correo electrónico:
[email protected] y por medio de la página web www.aghn.
edu.ni, la cual fue galardonada con el Premio Internacional OX
en la categoría de HUMANIDADES.
XVIII. Actividades 309
Participación con el gremio de bibliotecarios
La AGHN también participó en el XVIII Encuentro Nacio-
nal de la Asociación de Bibliotecarios y Profesionales Afines
2018, el martes 30 de octubre, en el Centro Cultural Nicara-
güense Norteamericano y la máster Ligia Madrigal Mendieta
impartió una conferencia en el Día Nacional del Bibliotecario
el viernes 9 de noviembre, en la Sala Pablo Antonio Cuadra del
Instituto Nicaragüense de Cultura, titulada «Bibliotecas para la
paz y el desarrollo en Nicaragua».
Otros apoyos
Se contribuyó a preparar un vídeo sobre los archivos nacio-
nales, fondos y colecciones y el máster Roger Norori continuó
trabajando en la comisión de Expurgo Documental de la Corte
Suprema de Justicia.
Presentación de la RAGHN número 82 en el Auditorio
Central de la universidad American College, Managua
310 Acahualinca
BEATRIZ GUTIÉRREZ MUELLER
EN COSTA RICA
JEA
COMO MIEMBRO correspondiente en Nicaragua de la Aca-
demia Morista de Costa Rica, fui testigo el 24, 25 y 26 de octubre
de la docta presencia en San José de la mujer excepcional que es
Beatriz Gutiérrez Mueller.
Rescates de dos intelectuales maderistas
A ella —los nicas y los ticos— le debemos dos excelentes
rescates: el del leonés Solón Argüello (1879-1913) y el del jose-
fino Rogelio Fernández Güell (1883-1918). Ambos se incorpo-
raron a la vida cultural de México, desplegando sus talentos
como poetas adeptos al modernismo hispánico guiado por Rubén
Darío; y estuvieron al servicio de la revolución maderista, vin-
culados estrechamente a su líder, Francisco I. Madero (1873-
1913), presidente de México (1911-1913) y cuyo lema «Sufra-
gio libre. No reelección» continúa vigente. Ambos, combatien-
do tiranías políticas, compartieron la muerte heroica: Argüello
en Ciudad México el 29 de agosto de1913 y Fernández Güell en
Buenos Aires de Osa, provincia de Puntarenas, el 15 de marzo
de 1918. El nicaragüense fue fusilado por orden del general
golpista Victoriano Huerta (1850-1916) y el costarricense ase-
sinado por la del dictador Federico Tinoco (1868-1931). El
primero a sus 34 años y el segundo a los 35.
Excepto por el suscrito y algún otro estudioso, Solón ha sido
olvidado radicalmente en Nicaragua; y Rogelio es apenas cono-
cido por cierta élite intelectual en su patria. Por eso la letrada
mexicana Gutiérrez Mueller, experta en maderismo, decidió
compilar toda la producción en verso de Argüello: sus tres poe-
XVIII. Actividades 311
marios difundidos en 1905, 1909 e inicios de 1913, más los
poemas dispersos en revistas y periódicos. Un inapreciable rigor
filológico preside este volumen titulado Antología poética (Pue-
bla, 2017). Luego ella, al año siguiente, dio a luz la reproducción
facsimilar en otro amplio volumen (478 páginas): Tepic Literario
/ Revista mensual de literatura, variedades y anuncios (1907-1908).
Como en el anterior, un estudio a fondo precede a los diez nú-
meros digitalizados de esa importante y casi inhallable revista.
Las relaciones históricas México/Costa Rica
El miércoles 24, por la tarde, la doctora Gutiérrez Mueller
participó en un «Conversatorio» desarrollado en la Casa de
Cultura de México. Mucho, en más de dos horas, aprendimos los
privilegiados oyentes de las relaciones históricas y culturales de
su gran país con la pequeña Costa Rica. De hecho, esa actividad
fue algo así como un cursillo relámpago sobre el tema y en ella
intervinieron además cinco expositores: las doctoras Laura
Moreno, de la facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la
UNAM; Macarena Barahona Riera, de la UCR y sus colegas
Tomás Federico Arias y Hernaldo Moya, más Verónica Ríos
Quesada, de la Escuela de Filología Lingüística y Literatura de la
UCR. El conversatorio fue moderado por el doctor David Díaz
Arias, del Centro de Investigaciones Históricas de América
Central y Escuela de Historia, UCR.
Huésped de Honor y Orden al Mérito Morista
Ese mismo día, a partir de las 8 de la noche, tuvo lugar el
evento más importante de las actividades organizadas en honor
de la letrada mexicana. En el club Unión de San José, la Acade-
mia Morista —la cual auspicia el conocimiento y la difusión del
Libertador y Héroe nacional Juan Rafael Mora Porras (1814-
1860) y su época— le impuso su Orden al Mérito en reconoci-
miento a su labor en el cultivo del conocimiento literario e
histórico sobre los nexos que hermanan a Costa Rica y México.
312 Acahualinca
Previamente la catedrática, ensayista, poeta e investigadora de
la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla fue declarada
huésped de honor por Johnny Araya, alcalde metropolitano de
San José; y recibió un ramo de rosas blancas y el retrato al óleo
de Fernández Güell pintado por Manuel Carranza, académico
morista.
Cena de Honor
A continuación, se le ofreció una memorable Cena de Ho-
nor —presidida por Epsy Campbell Barr, vicepresidenta y can-
ciller de la república—, cuyo original menú —obra de la escri-
tora Marjorie Ross— transcribo. Entrada: crema de pejibaye tu-
rrialbeño; plato fuerte: lomito del volcán Poás y corvina reina del
Pacífico, ambos a la plancha. Guarniciones: arroz salvaje (al vapor)
y sorpresa de palmito (con tallo de palmas y brócoli salteado); postre:
óvalos de moras silvestres (rellenos con frutos del bosque) y vinos:
chúcaro cabernet sauvignon y chúcaro chardonnay.
Exposición documental «La cólera celeste»
El jueves 25 la también primera dama de las actuales letras
de México participó en el acto inaugural de la exposición «La
cólera celeste» (libros, portadas de periódicos, una cronología
biográfica, etc.), organizada por la Biblioteca Nacional de Costa
Rica con motivo del centenario del asesinato de Fernández Güell,
como tributo «a su memoria santa en los altares de la patria». De
inmediato, nuestra ilustre invitada impartió la conferencia «Ro-
gelio Fernández Güell, prócer de la democracia costarricense».
La conferenciante recordó que Fernández Güell, íntimo amigo
de Solón Argüello, había escogido a este como padrino de su
segundo hijo; remarcó que el costarricense fue jefe de publica-
ciones del Museo Nacional de Antropología y director de la
Biblioteca Nacional en 1902; y enfatizó la dimensión de Fer-
nández Güell como luchador político y visionario del paradigma
democrático.
XVIII. Actividades 313
Episodios de la revolución mexicana
Precisamente el jueves 25, por la tarde, Gutiérrez Mueller
presentaría la obra de Fernández Güell, Episodios de la revolución
mexicana (1914), en una nueva edición con su acostumbrado y
necesario estudio preliminar. El auditorio de educación de la
Universidad de Costa Rica fue el escenario de este acto. Y el
viernes 26, en el contexto del Coloquio Internacional sobre el
Exilio Iberoamericano (campus Omar Dengo de la UNA), im-
partió una cuarta lección magistral, esta vez sobre el exilio del
mismo Fernández Güell, «mártir de la libertad democrática»,
como lo denomina el historiador Armando Vargas Araya, pre-
sidente de la Academia Morista.
Mora Porras y Fernández Güell
Como se esperaba, este fraterno amigo —en su discurso pre-
vio a la entrega de la Orden del Mérito Morista a la señora
Gutiérrez Mueller— vinculó a Mora Porras con Fernández Güell
como constructores de patria e historia. Ambos, «civiles que
lideraron guerras patrióticas», fueron «sacrificados en sendos
asesinatos de Estado [...] Sus ideales, virtudes y valores son como
manantial que brota de la tierra para la niñez y la juventud, en
la formación del carácter y la construcción de la ciudadanía.» En
esa misma línea, doña Beatriz postuló la convivencia multiforme
de los seres humanos, la apertura de los gobiernos para acoger
exiliados, el pleno ejercicio de libre pensamiento y la garantía
del derecho a disentir.
Tal fue la brillante e intensa jornada intelectual que prota-
gonizó quien ejercerá, a partir del 1ro. de diciembre, el rango
oficial de primera dama del gobierno de Andrés Manuel López
Obrador, presidente electo de los Estados Unidos Mexicanos.
314 Acahualinca
Beatriz Gutiérrez Mueller con el diploma de la Orden al
Mérito que le otorgó la Academia Morista de Costa Rica
XVIII. Actividades 315
XIX.
Bibliografía
nacional
316 Acahualinca
XIX. Bibliografía nacional 317
85 TÍTULOS DE 2018
Héctor Vargas
1. XIII Festival Internacional de Poesía de Granada, Nicaragua, 2017.
Memoria poética. 105 poetas invitados. En homenaje al
poeta Manolo Cuadra y al poeta salvadoreño Roque Dal-
ton. Cuidado de la edición: Gloria Gabuardi Ibarra y Salo-
món Alarcón Lindo. Managua, 2018. 206 p. [Se incluye
dossier con tres ensayos: «La obra poética de Manolo
Cuadra», por Nicasio Urbina; «Manolo, el poeta», por Jorge
Eduardo Arellano y «Pensamiento filosófico fundamen-
tal», por Ario E. Salazar].
2. ABURTO, Juan: Cuentos completos. Prólogo: Sergio Ramírez;
biografía: Alfonsina Aburto Arrieta; edición: Erick Blan-
dón Guevara. Managua, Hispamer, 2018. 315 p. [Contie-
ne artículos y ensayos críticos de Lizandro Chávez, Ana
Ilce Gómez, Julio Valle-Castillo, Víctor Ruiz M., Marcel
Jaentschke, Fernando Burgos Pérez y Blandón Guevara;
más un epilogo de Aburto].
3. ARELLANO, Jorge Eduardo: Boletín Rubendariano 2017. Miami,
Florida, USA, Movimiento Cultural Nicaragüense, junio,
2018. 319 p., il.
4. _______________________: Pensadores de Nicaragua. Managua,
JEA-Editor, 2018. 380 p., il.
5. _______________________: Un lagarto en el tejado. (Poemas para
niños de cualquier edad). Ilustraciones: Pablo Téllez; guía
de estudio: María Lourdes Guevara. Managua, Ediciones
Distribuidora Cultural, 2018. 24 p., il.
6. ARGÜELLO H.: Mogui, El Cachorro y otras narraciones cortas.
Managua, Editorial CRIPTOS, 2018. 114 p.
7. AUTORES VARIOS: En mis manos no se marchita la belleza.
318 Acahualinca
Homenaje múltiple al poeta Francisco de Asís Fernández.
Selección, prólogo y bibliografía: Jorge Eduardo Arellano.
Managua, Academia Nicaragüense de la Lengua, 2018.
250 p. [64 escritos distribuidos en cinco secciones: textos
preliminares, aproximaciones exegéticas, discursos lauda-
torios, cartas y poemas, más reseñas y notas].
8. _______________________: Once mujeres que cuentan Erotismo.
[Texto de la contratapa: Daisy Zamora]. México, Narra-
tio, 2018. 110 p. [Incluye textos de las nicas Linda Báez
Lacayo, Ligia Urroz, Marianela Corriols y Blanca García
Monge].
9. _______________________: ¿Qué pasa en Nicaragua? Apuntes
para entender la derrota del ‘golpe suave’. Lima, Comité
de Solidaridad Amigos de Nicaragua, setiembre [sic], 2018.
116 p., il., col. [Contiene entrevista a Max Blumenthal y
ensayos de Benjamín Forcano, Gustavo Espinoza Montesi-
nos, Luis Verese, Manuel Dammert, Alberto Corona, Max
Blumenthal y Enrique Hendrix, aparte de cuatro docu-
mentos: «Resolución del XXIV Encuentro del Foro de São
Paulo sobre Nicaragua» (La Habana, 15, 16 y 17 de julio,
2018), «Declaración del Symposium Ecumenico por la Paz
de Nicaragua» (10 de julio, 2018), Policía Nacional de
Nicaragua: «Informe sobre las personas fallecidas» y «Pa-
labras del comandante Daniel Ortega, Presidente de Ni-
caragua» (39° Aniversario de la Fuerza Aérea, 31 de julio,
2018)].
10. _______________________: Tertulia literaria. Enrique Langrand
/ Yasmina Caballero / Alberto Juárez / Jaime Buitrago /
Juan Centeno. Managua, Ediciones del Festival Interna-
cional de Poesía de Granada, 2018. 47 p., il. (Serie Poesía
Moderna, v. 10). [Veinticinco poemas cuyos autores se
identifican como poetas leoneses].
11. BÁEZ LACAYO, Linda: El mar no devuelve a sus muertos. México,
Narratio, 2018. 105 p. (Novela).
12. BALTODANO ALEMÁN, Ariel Oswaldo: El diablo baila sobre
XIX. Bibliografía nacional 319
el zacate y otros cuentos. Managua, Fondo Editorial El
Güegüense / INC. 98 p.
13. BAUTISTA LARA, Francisco Javier: Buen olor del ejemplo:
siervo de Dios Mariano Dubón. Managua, La Salle Siglo
XXI, 2018. 100 p., il. [Omite, por desconocimiento, la
monografía de Gratus Halftermeyer: Vida ejemplar del padre
Dubón (1942), entre otros aportes fundamentales sobre el
tema].
14. BOLAÑOS DAVIS, Alejandro: El nicaragüense. La incultura de
nuestra cultura y transformación de la incultura en cultura. Un
análisis antropológico, psicológico, sociopolítico, con una
propuesta para la alterativa de un diálogo nacional. Con
un epílogo «Atlas cultural de Nicaragua» de Julio Valle-
Castillo. Managua, Pavsa, 2018. 231 p.
15. BONIFACE, Michel: Para hacer bien la Cuaresma y la Semana
Santa. Ayuno, oración, limosna. Estelí, Diócesis de Estelí,
febrero, 2018. 57 p. (La Antorcha de la fe católica, v. 1).
16. BORGE PÉREZ, Camila: Si pequeña es la patria, uno grande la
sueña. Muestra fotográfica. [Textos de Jorge Eduardo
Arellano y Germán Vegas]. Lima, Embajada de Nicara-
gua, marzo, 2018. [46] p., il., col.
17. BRACHTL TEJADA, Francisco Víctor: Tejada: origen España,
historia en Nicaragua, algunas biografías. Managua, Ame-
rrisque, 2018. 142 p.
18. CALDERA FUENTES, Jaime: Reviviendo la Managua de 1972.
Managua, Amerrisque, 2018. 236 p., il.
19. CAMPOS, Teresa: Manú. Ilustraciones Wilfred Cunningham.
Managua, 400 Elefantes, 2018. 12 p., il.
20. CASANOVA FUERTES, Marco Antonio: ¡Tercera edad! ¡Lle-
gó la tarde!... adultos mayores. Managua, Edición personal,
2018. 32 p.
21. CASTILLO PÉREZ, Nydia: Estado, procesos políticos, movi-
mientos populares y transmisión al neocolonialismo en Améri-
320 Acahualinca
ca Latina. Managua, Pavsa, 2018. 254 p.
22. CASTRO JO, Carlos: Entre memes y selfis. Managua, 400 Ele-
fantes, 2018. 50 p. [Poemario].
23. CENTENO, Julio: Atentado en el río. [2ª ed.]. Managua, Cen-
tro Nicaragüense de Escritores, 2018. 185 p. [Novela].
24. CERRATO, Armando J.: Desde lo profundo de mi alma. Mana-
gua, Amerrisque, 2018. 96 p. [Poemario].
25. CÍRCULO DE LITERATOS Y ARTISTAS DE NICARA-
GUA CLAN: Ánforas del cisne. Antología poética. Mana-
gua, Amerrisque, 2018. 140 p.
26. CRUZ, Arturo: Cuentos verídicos. Managua, edición personal,
2018. 120 p. [24 textos: 12 personajes y 12 anécdotas].
27. CURTEIS, Hannah Clare: El legado musical de Felipe Urrutia y
sus cachorros. Compilación y notas de Hannah Clare Cur-
teis. Managua, Fondo Editorial El Güegüense / INC, 2008.
126 p., il., col.
28. DARÍO, Rubén: Novelas. Estudio preliminar: Jorge Eduardo
Arellano. Managua, Banco Central de Nicaragua, 2018.
422 p. [Incluye los cinco intentos novelísticos: Emelina,
Caín, El hombre de oro, En la isla de oro y El oro de Mallorca].
29. _________________: Semblanzas de Emilio Castelar. Cinco cró-
nicas y un cuento. Edición, introducción y notas de Noel
Rivas Bravo. México, Editorial Flores / Universidad de
Sevilla, Facultad de Derecho, febrero, 2018. 114 p. (Bre-
viarios Hispalenses, v. 3).
30. DE CASTILLA, Miguel: Summa Pedagógica. «1998-2018: Veinte
años pensando y escribiendo sobre la Educación en los
Nicaragüenses». Managua, Grupo Editorial LEA, 2018.
633 p.
31. DETRINIDAD, Jorge Ernesto: La Pécora. Managua, [s.i.],
2018. 100 p. [Novela].
32. DUARTE, Dulce María; Mónica KUPFOR e Ileana ALVA-
XIX. Bibliografía nacional 321
RADO: Colecciones del Centro de Arte Fundación Ortiz
Gurdián. León, Latinoamérica: Arte Moderno, 201. 280 p.,
il. col.
33. ESCOBAR FORNOS, Iván: Cine y Derecho. Notas introduc-
torias: Ing. Bayardo Cuadra M. / Dr. Franklin Caldera.
Managua, SENICSA (Servicios Culturales Nicaragüense
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zano; Cuido: Elena Rounova; Versión al inglés: Silvio Li-
narte; Fotografías: Jorge Paniagua, Rodrigo Castillo, Jai-
me Sandino, César Pérez, Cinemateca Nacional. Mana-
gua, BCN, 2018. 190 p., il. col. [Nueve secciones: I. Ciu-
dades acogedoras; II. Turismo que cautiva; III. Imponen-
324 Acahualinca
tes templos religiosos; IV. Deslumbrante folclor; V. Arte-
sanía de ensueño; VI. Sabores exquisitos; VII. Economía
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