I.E.
Juan Jiménez Pimentel
Gloriosa, Centenaria y
Emblemática
EL SEXTO
JOSÉ MARÍA ARGUEDAS
El Sexto es la cuarta novela del escritor peruano José María Arguedas publicada en 1961 y que mereció el Premio
Nacional de Fomento a la Cultura Ricardo Palma en 1962. Es una novela basada en la experiencia
carcelaria del autor en el penal El Sexto de Lima, entre los años de 1937 y 1938, bajo la dictadura de
Óscar R. Benavides.
Asimismo, la novela es un cuadro descarnado de la vida carcelaria, que se desarrolla en un edificio
lóbrego donde conviven presos comunes con presos políticos. El dolor, la angustia, el sufrimiento y la
muerte, son los elementos vitales que giran alrededor de la obra.
Resumen de la obra
El ingreso a la prisión
La novela empieza con el ingreso del joven Gabriel a la prisión de El Sexto, en pleno centro de Lima,
donde oye los cánticos de los presos políticos: los apristas cantan a todo pulmón «La marsellesa aprista»
y los comunistas el himno de «La Internacional». Gabriel es un estudiante universitario involucrado en una
protesta contra la dictadura que rige al país y por ello es conducido al pabellón destinado a los presos
políticos, situado en el tercer piso del penal. Es introducido en una celda, que compartirá en adelante con
Alejandro Cámac Jiménez, un sindicalista minero de la sierra central, preso por comunista.
Los presos
Cámac se convierte para Gabriel en el guía y consejero en ese submundo donde se encuentra «lo peor y
lo mejor del Perú». La cárcel está dividida en tres niveles: en el primer piso se encuentran los
delincuentes más peligrosos y prontuariados; en el segundo están los delincuentes no avezados
(violadores, ladrones primerizos, estafadores, etc.) y en el tercero se encuentran, como ya queda dicho,
los presos políticos.
Gabriel va conociendo uno por uno a los presidiarios. Pedro es el líder de los comunistas y Luis el de los
apristas; estos últimos son los más numerosos (más de 200, frente a 30 comunistas). Destacan también
el aprista Juan (apodado Mok’ontullo) y el comunista Torralba. Otros «políticos» como el Pacasmayo y el
piurano Policarpo Herrera se consideran apolíticos y aducen estar en prisión por venganzas personales.
De entre los delincuentes del piso inferior Gabriel conoce a los que son los amos del Sexto: Maraví, el
negro Puñalada y el Rosita, este último un travestido. Otro grupo lo conforman los vagos, algunos de los
cuales son pintorescos, como el negro que enseña su pene, «inmenso como el de una bestia de carga»,
a cambio de diez centavos; pero otros son verdaderos espantajos humanos, víctimas de la burla y el
sadismo de los más avezados. Tales son los casos del Pianista, el Japonés y el Clavel.
La desgracia del Clavel
Lo ocurrido en torno a Clavel ejemplifica en su máxima expresión el horror carcelario. Clavel es un
muchacho homosexual quien luego de ser violado por los presos, es encerrado por Puñalada en una
celda y obligado a prostituirse, todo ello con la complicidad de los guardias y las autoridades
penitenciarias. Clavel termina por enloquecer.
La muerte del Pianista
Otra escena nos permite conocer el alma bondadosa de Gabriel. Cuando el Pianista agoniza en el pasillo
víctima de los maltratos sufridos, Gabriel, con ayuda de Mok’ontullo, lo recoge, lo regresa a su celda y lo
abriga con su ropa. Inesperadamente se acerca Rosita ofreciendo ayuda y protección al Pianista. Pero
éste aparece muerto al día siguiente y algunos presos acusan a Gabriel de ser responsable de su muerte,
presumiendo que las ropas que le regaló habían atraído la codicia de los vagos quienes en el forcejeo
para quitárselas lo habrían ahorcado. Esto provoca una disputa entre apristas y comunistas; los primeros
acusan a los segundos de provocar el incidente, para enredar a Mok’ontullo con Rosita, y así ensuciar la
trayectoria de quien era considerado como la esperanza del partido, por su juventud y entusiasmo. Este
incidente provoca una serie de discusiones entre los militantes de cada partido. Los apristas se
consideran los verdaderos representantes del pueblo peruano y acusan a los comunistas de estar al
servicio de Moscú; por su parte, los comunistas acusan a los apristas de ser intrigantes y actuar solo
como instrumentos de la clase oligárquica para frenar la revolución auténtica. Ante tal discusión, Gabriel
no tiene reparos en decir abiertamente que no comulga con ideologías y disciplinas politizadas que,
según él, limitan la libertad natural del ser humano. Los demás comunistas le responden que es un
idealista y soñador, y que le faltaba compenetrarse más con la doctrina del partido.
La queja ante el Comisario
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Mientras tanto, el Clavel continúa siendo prostituido en su celda, lo que conmueve y repugna a los presos
políticos. El más afectado es Pacasmayo, quien para colmo es preso de una extraña enfermedad que le
hace enrojecer el rostro, ante la indiferencia del médico de la prisión, quien se limita a decirle que solo es
un mal pasajero. El piurano también demuestra abiertamente su aversión hacia todos los actos
homosexuales y de violencia sexual que se practican en la cárcel. Los líderes de los presos políticos se
ponen de acuerdo y solicitan una entrevista con el Comisario del penal; asimismo le envían un petitorio
donde exigen que se ponga fin al tráfico sexual y se trasladen a otra prisión al Puñalada, Maraví y Rosita.
Firman la solicitud Pedro, Luis y Gabriel (este último en nombre de los universitarios e independientes). El
Comisario llama a todos ellos a su despacho; luego de leer el petitorio, lo rechaza iracundo, aduciendo
que la cárcel era precisamente para eso, para que los presos se jodieran entre ellos, y que debían estar
más bien agradecidos los políticos de que no fueran encerrados en el primer piso, lo cual sería, según él,
el verdadero castigo, por traidores a la patria. Luis y Gabriel no se contienen y responden digna y
airadamente; ante lo cual el Comisario llama a los guardias y ordena que los golpeen y los devuelvan a
sus celdas.
La muerte de Alejandro Cámac
Poco después fallece Alejandro Cámac en brazos de Gabriel. En los últimos días su salud se había
quebrantado y perdido la visión de un ojo. Todos los políticos, apristas y comunistas rinden homenaje a
quien consideran un gran luchador social. Pedro da un vibrante discurso. El cadáver es sacado y los
presos lo despiden cantando a toda voz sus himnos respectivos. El teniente es enviado a acallar a los
presos, pero no logra su cometido. La muerte de Cámac coincide con la del Japonés, víctima del hambre
y los golpes; ambos cuerpos son sacados del penal en el mismo camión.
La violación múltiple a Libio Tasaico
Otro suceso que conmueve a Gabriel es el ocurrido en torno a Libio Tasaico, un muchacho serrano y
sirviente, de 14 años, quien llega a la cárcel acusado por su patrona de robarle una joya costosa. Esa
misma noche Puñalada y otros negros violan al muchacho, quien amanece llorando desconsoladamente.
Gabriel trata de calmarlo; lo lleva a su celda y le cuenta sobre la vida de su pueblo situado también en las
serranías, donde los hombres son valientes y no lloran a pesar de latiguearse en las festividades
patronales. Libio siente entonces alivio al encontrar a una persona que le habla con el idioma del corazón.
Poco después la patrona del muchacho avisa que ya encontró la joya (anillo costoso) perdida y pide que
le entreguen a Libio, pero éste no quiere regresar donde ella. Gabriel le convence entonces para que se
vaya de la prisión y lo despide afectuosamente, dándole la dirección de un amigo donde lo alojarían y
darían trabajo.
Suicidio de Pacasmayo y asesinato del Negro Puñalada
Este último incidente convence a Gabriel que el negro Puñalada debía morir y pide al Piurano que lo
asesine. El Piurano promete hacerlo y se consigue un enorme cuchillo. Una noche, Gabriel escucha los
gritos de Pacasmayo; al asomarse por la baranda, lo ve arrojarse desde lo alto contra las rejas de la celda
del Clavel, rompiéndose el cuello. No repuesto de la impresión, al poco rato Gabriel escucha al Puñalada
gritando de dolor y lo ve desplomarse sangrando, con un enorme corte en el cuello. Gabriel cree al
principio que es obra del Piurano pero éste se acerca y le asegura que otro se le había adelantado. El
teniente, el cabo y los guardias irrumpen y encuentran al negro exhibicionista con un cuchillo en la mano;
asumen que es el asesino del Puñalada y lo arrestan. También llevan como testigos a Gabriel y al
Piurano; Gabriel cuenta a los policías que Pacasmayo se quitó la vida al no poder soportar el abominable
espectáculo del muchacho prostituido, pero el cabo y los policías suponen que fue de celos por el Clavel,
lo que indigna a Gabriel y al Piurano.
El Piurano asesina al Pato
El Piurano y Gabriel son devueltos a sus celdas, pero al momento de atravesar el patio se les acerca el
Pato, un inspector, quien pistola en mano amenaza al piurano y lo insulta de la peor manera. El Pato era
un soplón o delator al servicio del gobierno y como tal odiado por los presos políticos; él no soporta la
ofensa y con un movimiento veloz saca su cuchillo y le da un tajo en el cuello. El Pato cae muerto ante la
estupefacción de todos. Gabriel sube al tercer piso y anuncia a toda voz el suceso; todos celebran y dan
vivas al Piurano; también se oyen vivas al Apra.
La libertad
El relato termina cuando, al amanecer siguiente, Gabriel despierta al escuchar una voz estentórea que le
llamaba desde la puerta de la prisión. Era un negro joven, que relevaba a Puñalada en la tarea de llamar
a los presos. Es también el momento en que Gabriel abandona la cárcel.
PERSONAJES
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PRINCIPALES
Gabriel Osborno, el narrador-protagonista, es un joven estudiante, serrano, artista, idealista, apolítico.
Alejandro Cámac, hombre maduro, alto, flaco, serrano, campesino de origen, carpintero de minas,
sindicalista y comunista.
Juan, apodado Mok’ontullo, joven, alto, blanco, arequipeño y aprista, hace amistad con Gabriel.
Francisco Estremadoyro, apodado Pacasmayo, por ser natural del puerto de ese nombre, situado en
el departamento de La Libertad, donde tenía un negocio de lanchas.
El piurano Policarpo Herrera, natural de Chulucanas. Es un hombre alto y fornido, pequeño propietario,
agricultor cañavelero, que según su versión estaba en prisión por su enemistad personal con el
subprefecto de su provincia.
Maraví, delincuente de alta peligrosidad, gordo, bajo y achinado. Es uno de los jefes de El Sexto.
Puñalada es un negro, ladrón y asesino. Es alto, corpulento y con mirada de caballo. Es jefe de una de
las bandas que existen dentro de la prisión.
Rosita, homosexual y travestido, quien purga prisión por ladrón y asesino. Es otro de los líderes del
Sexto, en rivalidad con Maraví y Puñalada.
Personajes secundarios
Luis, preso político, natural de Cutervo en el departamento de Cajamarca. Es el líder de los apristas.
Pedro, preso político, viejo, limeño. Es el líder de los comunistas, que conforman una minoría entre los
presos políticos (unos 30 «camaradas»).7
Torralba, preso político, obrero fornido, serrano y comunista.
El Clavel, un muchacho homosexual, de tez clara, que es traído de la calle y encerrado en una celda
donde el Puñalada y su gente lo prostituyen, cobrando a cada usuario diez soles.
El Pianista o el Músico, es un preso vago, quien sufre de maltratos, humillaciones y violaciones de parte
de Puñalada y otros presos avezados, y termina por enloquecer.
El Japonés es un preso vago, de ascendencia japonesa, quien es objeto de la burla y el maltrato de parte
del Puñalada y otros presos.
Libio Tasaico, un muchacho de 14 años, serrano y sirviente, quien llega al Sexto acusado por su patrona
de robar un anillo costoso. Llevado a una celda, es abusado sexualmente por Puñalada y otros negros.