Escenario 5 – Reflexión crítica
Estudiante
Presentado a:
Universidad Nacional Abierta y a Distancia
2024
La salud infantil como derecho fundamental desde la gestación: Un análisis de los
determinantes sociales del desarrollo infantil
La salud es un derecho fundamental que debe ser garantizado para todas las personas, sin
importar su edad, género, o condición social. En el caso de las niñas y los niños, este
derecho tiene una particular relevancia desde el momento mismo de la gestación. El acceso
a una salud integral, que contemple no solo la atención médica, sino también los
determinantes sociales como la nutrición, la educación, el ambiente familiar y las
condiciones de vida, es esencial para garantizar un desarrollo infantil pleno y equitativo. En
este sentido, la salud infantil debe ser entendida como un derecho fundamental que
trasciende la atención sanitaria individual, constituyéndose como una prioridad en las
políticas públicas y en los compromisos sociales. La salud como un derecho fundamental
desde la gestación. El derecho a la salud está consagrado en diversas normativas
internacionales, entre ellas la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) y la
Convención sobre los Derechos del Niño (1989), que reconoce a los niños como sujetos de
derechos, en especial en lo relativo a su bienestar físico, mental y social. La salud infantil,
por tanto, debe ser entendida en un sentido amplio, no solo como la ausencia de
enfermedades, sino como un proceso integral que involucra el acceso a una nutrición
adecuada, a una educación temprana de calidad, y a un entorno seguro y protector.
En este marco, es fundamental reconocer que la salud infantil comienza desde la gestación.
La salud de la madre durante el embarazo tiene un impacto directo en el desarrollo del niño
o la niña, desde su nacimiento hasta los primeros años de vida. De hecho, la salud materna
se considera uno de los principales determinantes sociales de la salud infantil. Las
condiciones de vida y de acceso a servicios de salud durante el embarazo, como la atención
prenatal, la alimentación adecuada y la prevención de enfermedades, son factores decisivos
para garantizar un inicio de vida saludable. La malnutrición, las infecciones no tratadas o
las condiciones precarias de vivienda durante el embarazo pueden dar lugar a
complicaciones graves tanto para la madre como para el bebé, afectando su salud a largo
plazo. Los determinantes sociales del desarrollo infantil. El concepto de determinantes
sociales de la salud hace referencia a los factores sociales y económicos que influyen en el
bienestar de las personas, en particular de los niños y niñas. Estos determinantes incluyen,
entre otros, el acceso a servicios de salud, la calidad de la educación, el nivel de ingresos,
las condiciones de vivienda, la seguridad alimentaria, y las políticas públicas que inciden en
el entorno social y económico de las familias. En el caso del desarrollo infantil, estos
factores son especialmente relevantes, ya que las primeras experiencias de vida,
especialmente durante los primeros mil días (desde la concepción hasta los dos años),
tienen un impacto crucial en el desarrollo físico, cognitivo y emocional de los niños. La
nutrición adecuada, por ejemplo, no solo es esencial durante la gestación, sino que durante
los primeros años de vida tiene un impacto directo en el desarrollo cerebral y el crecimiento
físico. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la malnutrición infantil es una
de las principales causas de morbilidad y mortalidad en la infancia, así como de retrasos en
el desarrollo cognitivo. Esto se debe a que el cerebro infantil es especialmente vulnerable
durante los primeros años de vida, y una alimentación deficiente puede afectar el
aprendizaje, el comportamiento y las capacidades intelectuales a largo plazo.
El entorno social también juega un papel crucial en el desarrollo infantil. Las niñas y los
niños que crecen en un ambiente seguro, con apoyo emocional y acceso a una educación de
calidad, tienen más posibilidades de desarrollarse de manera saludable y alcanzar su
máximo potencial. Por el contrario, aquellos que crecen en situaciones de violencia,
pobreza extrema o desnutrición, enfrentan mayores riesgos de sufrir problemas de salud
física y mental, lo que a su vez limita sus oportunidades de desarrollo a lo largo de su vida.
El papel del Estado y la sociedad en la garantía del derecho a la salud infantil, el acceso a la
salud como un derecho fundamental de las niñas y los niños no debe ser entendido solo
como una responsabilidad individual, sino como una obligación colectiva. Es el Estado
quien tiene la responsabilidad de crear las condiciones necesarias para garantizar que todas
las niñas y los niños, sin distinción alguna, puedan ejercer este derecho. Esto implica la
implementación de políticas públicas que aseguren el acceso a servicios de salud universal
y de calidad, a programas de nutrición, a la atención prenatal y a la prevención de
enfermedades, entre otros.
Además, es crucial que el Estado trabaje en la promoción de un entorno social favorable
para el desarrollo infantil. Esto incluye la creación de programas que apoyen a las familias,
especialmente a aquellas en situación de vulnerabilidad, garantizando el acceso a la
educación, al empleo digno y a la seguridad social. Las políticas públicas deben ser
integrales, de modo que no solo se atiendan los problemas de salud de manera aislada, sino
que se aborden también las causas sociales subyacentes que afectan el bienestar de los
niños y las niñas. Por otro lado, las comunidades y la sociedad en general también tienen
un papel importante en la promoción de la salud infantil. La sensibilización sobre la
importancia de la salud prenatal, la nutrición adecuada y el apoyo emocional durante los
primeros años de vida es esencial para crear una cultura de protección y cuidado infantil. La
participación activa de las comunidades en el cuidado y protección de la infancia
contribuye al desarrollo de entornos más saludables y seguros. En ese orden de ideas, El
crecimiento de niñas y niños en entornos protegidos, cálidos, respetuosos y sensibles es
fundamental para su desarrollo integral, ya que estos aspectos favorecen tanto su bienestar
emocional como cognitivo. A continuación, te explico cómo cada uno de estos elementos influye
en su proceso de desarrollo y aprendizaje:
1. Entorno protegido:
Un entorno seguro y protegido, tanto física como emocionalmente, proporciona una base
sólida sobre la cual los niños pueden explorar el mundo, aprender y desarrollarse. La
seguridad les da confianza para experimentar, hacer preguntas y cometer errores sin el
temor a consecuencias dañinas. Esta protección también contribuye a la salud mental,
reduciendo el estrés y la ansiedad, factores que pueden dificultar el aprendizaje.
2. Entorno cálido:
La calidez se refiere a la atención afectuosa, el cariño y la disposición a atender las
necesidades emocionales de los niños. Un entorno cálido fomenta la vinculación afectiva
con cuidadores, lo cual es crucial para el desarrollo de la confianza y la autoestima. Esta
relación afectiva positiva les permite sentirse valorados y apoyados, lo que a su vez
favorece su disposición para aprender y afrontar nuevos retos. Además, la calidez en la
relación facilita la regulación emocional, lo que es esencial para que los niños puedan
manejar frustraciones y desafíos en su proceso de aprendizaje.
3. Entorno respetuoso:
Un ambiente respetuoso promueve la autonomía, el respeto mutuo y la valorización de la
individualidad de cada niño. El respeto implica escuchar a los niños, tener en cuenta sus
necesidades, deseos e intereses, y reconocer su capacidad para tomar decisiones y expresar
sus opiniones. Este tipo de entorno favorece la motivación intrínseca para aprender, ya que
los niños se sienten empoderados y reconocidos. Además, fomenta el desarrollo de
habilidades sociales y de resolución de conflictos.
4. Entorno sensible:
La sensibilidad de los adultos hacia las emociones, necesidades y señales de los niños es
clave para proporcionarles un ambiente en el que puedan crecer de manera saludable. Los
adultos sensibles pueden identificar cuándo un niño necesita apoyo emocional, cómo
ayudarle a desarrollar sus habilidades sociales o cómo ofrecer estímulos adecuados para su
desarrollo cognitivo. Este tipo de sensibilidad también favorece la regulación emocional de
los niños, promoviendo un sentido de seguridad emocional que facilita la concentración y el
aprendizaje.
Impacto en el aprendizaje:
Cuando los niños crecen en un entorno que es a la vez protegido, cálido, respetuoso y
sensible, desarrollan una mayor capacidad para concentrarse, explorar, y abordar desafíos
cognitivos. La confianza en sí mismos, la regulación emocional y las relaciones afectivas
positivas son la base sobre la que pueden construir habilidades cognitivas más complejas.
Además, los niños que crecen en este tipo de ambientes son más propensos a desarrollar
empatía, resiliencia y habilidades sociales, factores clave tanto en su desarrollo personal
como en su capacidad de aprendizaje a lo largo de la vida.
En resumen, un entorno que combina protección, calidez, respeto y sensibilidad es crucial
para que los niños puedan desarrollarse de manera saludable, sentir seguridad para aprender
y enfrentar desafíos, y construir una base sólida para su crecimiento intelectual, emocional
y social.
Conclusión
En conclusión, la salud infantil es un derecho fundamental que debe ser garantizado desde
la gestación, ya que los determinantes sociales del desarrollo infantil tienen un impacto
directo en el bienestar físico, emocional y cognitivo de los niños y las niñas. La salud no
debe ser entendida únicamente desde una perspectiva biomédica, sino como un derecho
integral que involucra tanto la atención sanitaria como las condiciones sociales y
económicas que favorecen un desarrollo saludable. El Estado, la sociedad y las familias
deben trabajar juntos para garantizar este derecho, creando políticas públicas inclusivas,
accesibles y de calidad que permitan a todos los niños y niñas acceder a las condiciones
necesarias para su desarrollo pleno. Solo así se podrá construir una sociedad más justa,
equitativa y saludable para las futuras generaciones.
A nivel de forma debe tener en cuenta los criterios descritos en
la Guía de actividades.
Referencias
BIBLIOGRAPHYCantero, e. (2011). Psicologia del desarrollo humano: Del nacimiento a la vejez.
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García Pérez MA, M. G. (2016). Desarrollo psicomotor y signos de alarma. 82-83.
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