Biblioteca Cervantes. Mester de clerecía-mester de juglaría.
Milagros de nuestra señora
El Mester de Clerecía y la literatura didáctica Jesús Cañas Murillo
La clerecía
El Mester de Clerecía, el Libro de Alexandre y el problema del manifiesto literario
Se vino tradicionalmente denominando Mester de Clerecía al conjunto de textos elaborados entre
los siglos XIII y XIV por autores cultos que eligieron el tetrástico monorrimo, la cuaderna vía, como
forma estrófica apta para redactar sus composiciones.
Modernamente la tendencia más generalizada es reservar tal denominación para identificar con ella
al grupo de escritos en cuaderna vía que vieron la luz en el siglo XIII, grupo en el que es posible
detectar todo un conjunto de caracteres comunes, de rasgos que les proporcionan una apreciable
unidad.
El nombre, Mester de Clerecía, fue extraído de la estrofa segunda del Libro de Alexandre.
En ella se insertan también varios de los caracteres que se consideraron típicos de los escritos
incluidos en el grupo, que permiten defender la existencia de unidad entre ellos, afirmar que sus creadores
forman parte de una misma escuela literaria.
Por ello, durante mucho tiempo se vino considerando tal estrofa como un auténtico manifiesto, el
primero que en la historia de la literatura española vio la luz, como el texto que contenía las ideas básicas
conocidas, aceptadas y aplicadas por todos los autores encuadrados en el Mester.
Se puso en entredicho tal interpretación al afirmar que los rasgos mencionados en la estrofa
aludían exclusivamente a la propia creación de su compositor, al Alexandre específicamente, que
no se trataba de una generalización, que no había tal manifiesto literario.
Sobre los rasgos de caracterización
La estrofa dos del Alexandre
Aunque no sea la estrofa segunda del Libro de Alexandre el manifiesto literario del Mester, es cierto
que en ella hallamos mencionada toda una serie de características que son identificables en los
textos, que permiten efectuar la individualización de la escuela.
Mester traigo fermoso, non es de joglaría,
mester es sin pecado, ca es de clerezía
fablar curso rimado por la quaderna vía,
a sílabas contadas, ca es gran maestría.
Non es de joglaría
El autor del Alexandre se limita a señalar, sin menosprecio, con respeto, que existen disimilitudes
entre ambos, que posee cada uno individualidad propia, que no hay entre ellos confusión.
Cada Mester parte de una tradición cultural que le es propia.
La juglaría de una tradición nacional y popular.
El juglar, no sólo el culto sino el compositor oral, tiene acceso a la tradición clerical a través
de asuntos que escoge como base para el argumento de sus obras, procedentes de fuentes
como
-la hagiografía;
-a través de la predicación de los clérigos sacerdotes, de quienes aprende recursos,
historias, cuentos, leyendas... que insertará en sus propias creaciones;
-a través de los mismos textos clericales, de los que tomará recursos, imitará formas de
tratar los asuntos elegidos con el fin de conseguir un objetivo -la transmisión de un
significado, de un mensaje, de carácter generalmente didáctico, a un auditorio-, léxico,
expresiones típicas de la lengua culta...
La clerecía de una tradición europea y culta. El clérigo acude también en ocasiones al arte
de juglaría. De él toma asuntos para construir el argumento de alguna de sus obras;
-imita actitudes y comportamientos, como la petición de soldada, sea material o espiritual (la
oración, el padrenuestro, alejandrina),
-el estilo oral formulario (epítetos, fórmulas épicas y juglarescas -señores, sepades, oid- con
las que enlazan con el receptor de sus textos, a quien, en un intento de acercamiento,
hablan directamente...), -la autodenominación, juglar, del propio autor, la intención de
escribir en una lengua que todo el mundo pueda comprender.
Ambas tienen concomitancias. Sus textos son contemporáneos en composición, tienen carácter
narrativo predominante y han sido escritos en verso. Ambas se influyen mutuamente.
Pero entre juglaría y clerecía existe separación.
La «clerecía» del Mester
El oficio del autor del Alexandre, él lo indica, tiene carácter clerical. En su texto va a dar cabida a
buena parte del saber medieval. Abordará en su Libro un asunto culto, no de tradición popular.
Utilizará pautas, técnicas, recursos de composición típicos de la clerecía.
A sílabas contadas
Frente a la ausencia de estrofas y la utilización del verso irregular típicos del Mester de Juglaría, la
clerecía va a emplear la regularidad métrica y un esquema estrófico fijo, no una simple prosa
rimada, el tetrástico monorrimo o cuaderna vía.
Formada por cuatro versos alejandrinos monorrimos habitualmente en consonante, pero, en
menos ocasiones, en asonante también.
El «roman paladino»
La lengua romance, no el latín, va a ser la utilizada por los autores de la clerecía para redactar sus
escritos.
Tal lenguaje desea ser claro, accesible a todo el mundo, fácilmente comprensible.
Pero también culto, digno de una composición que pueda paragonarse con las creaciones de los
autores cultos anteriores y coetáneos que usaron la lengua latina como vehículo de expresión.
«Com'es costumbre de los predicadores»
Sus autores querían hacer una obra útil para el receptor.
Extraen de sus relatos unas enseñanzas que explícitamente ofrecen, como buenos predicadores, a
su auditorio.
Tiene la mayoría de las veces carácter religioso, con lo cual el didactismo se suele habitualmente
tornar en moralización.
<<Señores»
Mucho se ha debatido sobre la clase de personas a las que el clérigo del Mester dirige su texto,
sobre la naturaleza de esos «señores» que frecuentemente se mencionan.
Dos han sido las posturas tradicionales:
1. Amador de los Ríos y Menéndez Pelayo defendieron que un grupo selecto de hombres
cultos, que en solitario o grupo reducido leían las obras, fueron los destinatarios de las
creaciones del Mester.
2. Menéndez Pidal, al observar la cantidad de fórmulas juglarescas insertadas en las piezas,
defiende que la transmisión de estas se realizó oralmente, por medio de juglares que las
divulgaron entre un auditorio popular.
El clérigo del Mester no suele redactar sus obras en función del auditorio. Muestra la actitud del
compositor culto, acostumbrado a expresarse por escrito y a pensar esencialmente en el escrito.
Los textos y su posible clasificación
1. Vidas de santos:
Berceo:
o Santo Domingo de Silos
o San Millán de la Cogolla
o Santa Oria
Beneficiado de Úbeda:
o Vida de San Ildefonso
2. Obras marianas:
Berceo:
o Milagros de Nuestra Señora
o Loores de Nuestra Señora
o Planto que fizo la Virgen
3. Obras litúrgicas:
Berceo:
o El sacrificio de la misa Tres Himnos
4. Novelescas:
Libro de Apolonio
Libro de Alexandre
Historia troyana polimétrica
5. Épicas:
Poema de Fernán González
Didáctico-morales:
o Catón castellano
o Proverbios del sabio rey Salomón
o Proverbios morales, de Sem Tob de Carrión
o Tractado de la doctrina, de Pedro de Veragüe
o Libro de miseria de omne
6. Misceláneas:
Libro de buen amor, de Juan Ruiz
Rimado de Palacio, del Canciller Ayala
7. Asunto religioso diverso:
Berceo:
o Martirio de San Lorenzo
o De los signos que aparescerán antes del juicio
o Poema de Yuçuf
o Coplas de Yoçef
Los Votos del Pavón, sobre la leyenda de Alejandro Magno, citado por el Marqués de Santillana en su Carta-
Prohemio.
La extensión de las obras de Mester es variable. El texto más amplio, con dos mil seiscientas setenta y cinco
estrofas, es el Libro de Alexandre.
En el tratamiento de sus argumentos, los clérigos de la escuela tienden a evitar los localismos o
nacionalismos exagerados, aunque sin rehuirlos por completo.
Pretenden ofrecer unas obras con historias de valor universal, aptas para transmitir enseñanzas
útiles para el mayor número posible de gente. Es rasgo caracterizador, también, del Mester.
La trayectoria del Mester
Dos épocas diferenciadas se han distinguido tradicionalmente en la historia del Mester de Clerecía.
La primera, poseería los rasgos caracterizadores anteriormente comentados, recogería los textos
compuestos a lo largo del siglo XIII.
En este momento los autores prefieren redactar obras amplias, de carácter eminentemente épico,
apegadas a (no identificadas con) la tradición juglaresca.
Surgen entonces:
1. Vida de Santo Domingo de Silos, de Berceo (hacia 1230)
2. Vida de San Millán de la Cogolla, de Berceo (hacia 1234)
3. El sacrificio de la misa, de Berceo (hacia 1237)
4. Milagros de Nuestra Señora, de Berceo (entre 1245 y 1255)
5. El martirio de San Lorenzo, de Berceo (hacia 1250)
6. Duelo de la Virgen, de Berceo (hacia 1258)
7. Loores de Nuestra Señora, de Berceo
8. De los signos que aparescerán antes del juicio, de Berceo
9. Vida de Santa Oria, de Berceo (hacia 1265)
10. Tres Himnos (Veni creator, Ave Maria, Christus, qui lux), de Berceo
11. Libro de Apolonio (entre 1230 y 1250)
12. Libro de Alexandre (hacia 1249)
13. Poema de Fernán González (hacia 1250)
14. Catón Castellano (hacia 1270)
15. Historia troyana polimétrica (hacia 1270)
16. Poema de Yuçuf (fines del XIII, comienzos del XIV)
A lo largo del siglo XIV discurriría el segundo periodo de la vida del Mester.
En este momento el uso del tetrástico monorrimo, la cuaderna vía, se mantiene, pero aparecen,
con o sin él, otros tipos de versificación y otros usos estróficos.
Incluso en el tetrástico la regularidad silábica no siempre es respetada, conscientemente, por los
autores.
No hallamos un escrito base, un dictado, en todas las ocasiones (Juan Ruiz, López de Ayala).
Se acentúa el didactismo o resulta difícil de identificar (Juan Ruiz).
El apego a la realidad cotidiana, a la sátira de vicios, usos, costumbres del momento, se acrecienta.
El texto se llena de fragmentos líricos, religiosos, dramáticos..., en perjuicio de la pura narración
predominante.
La corriente trovadoresca deja su huella marcada en los escritos.
17. Vida de San Ildefonso, del Beneficiado de Úbeda (hacia 1303)
18. Libro de Buen Amor, de Juan Ruiz (entre 1330 y 1343)
19. Coplas de Yoçef (hacia 1330 y hacia 1350)
20. Proverbios morales, de Sem Tob (hacia 1351)
21. Proverbios del sabio rey Salomón (hacia 1375)
22. Tractado de la doctrina cristiana, de Pedro de Veragüe (última mitad del siglo XIV)
23. Libro de miseria de omne (hacia 1375)
24. Rimado de Palacio, del Canciller Ayala (antes de 1385 hasta después de 1403)
Móviles de su creación
Durante mucho tiempo se consideró la obra de Berceo la creación propia de un autor sencillo e
ingenuo que redactaba sus textos con vistas puestas en fomentar la devoción del pueblo por los
santos y la Virgen. Sus escritos servirían de nexo de unión entre el saber de los clérigos y las
clases populares y serían difundidos por juglares piadosos.
Otros, por el contrario, defendieron que tales obras fueron hechas con miras puestas en la lectura
individual o en la lectura en voz alta, tal vez realizada en ocasiones por el propio Gonzalo, ante un
selecto auditorio de gentes instruidas.
San Millán fue un importante monasterio medieval, favorecido por los reyes y pujante
económicamente. A fines del siglo XIII se instalan en sus alrededores otros conventos que atraen
hacia ellos las limosnas y donaciones. La hacienda de San Millán empieza a decaer.
Berceo quiso intervenir en la recuperación económica del monasterio ayudando a difundir el privilegio
de los votos de San Millán. Lo incluyó, traducido, en su Vida de San Millán, compuesta expresamente para
ese fin y dada a difundir a juglares piadosos por los pueblos o a los propios monjes que pudieran recitarla
ante los peregrinos que acudían al convento. Los móviles de Berceo no son sólo tan altruistas como se
dijo. Hay también intencionalidad propagandística clara al menos en esta parcela de su creación.
En el resto de sus escritos los móviles propagandísticos no son tan evidentes.
Las obras hagiográficas giran en torno a santos relacionados con San Millán. Por extender la
devoción a ellos, pero, tal vez, también para animar a los peregrinos a visitar los lugares donde
vivieron y que conservan sus reliquias (tumbas...), peregrinos que con sus limosnas ayudarían a
mantener en alza la economía del lugar29. Las obras marianas y doctrinales, además de extender,
por su parte, la devoción por la Virgen o incitar un aumento de la piedad, podrían, quizá, utilizarse
para adoctrinar y entretener, al ser recitadas en público, a los visitantes del cenobio.
Milagros de Nuestra Señora
Constituyen una colección de veinticinco milagros precedidos por una introducción alegórica.
Se relacionan con las obras similares que surgen a lo largo del medievo europeo como
consecuencia del auge del culto a María.
La fuente de los Milagros sería una colección de relatos marianos similares, escrita en latín,
parecida a la hallada por Becker en la Biblioteca de Copenhague con la signatura Thott 128.
Consta este manuscrito de veintiocho milagros ordenados exactamente igual que en el volumen de
Berceo. La diferencia estriba en que Gonzalo, con respecto a tal escrito base, eliminó los cuatro
últimos relatos e incluyó uno, el número veinticinco de su colección.
A lo largo de diferentes milagros Berceo muestra las diferentes formas de intervención influjo de
María en la vida de los mortales.
Las diferentes historias han sido construidas sobre un pilar principal, la relación María-hombre.
Tomando esta como base los diferentes milagros se distribuyen en tres grupos:
«los milagros en que María premia y castiga a los hombres» (El premio de la Virgen, El
pobre caritativo, El nuevo obispo, El clérigo y la flor, La imagen respetada, los judíos de
Toledo, La casulla de San Ildefonso, El niño judío, El náufrago salvado, La deuda pagada,
La iglesia robada);
los «milagros del perdón, en los que María logra salvar de la condenación a sus devotos»
(El sacristán impúdico, El monje y San Pedro, El romero de Santiago, Los dos hermanos, El
prior y el sacristán, El labrador avaro, El ladrón devoto, Un parto maravilloso);
los «milagros de conversión o crisis», aquellos en los que los personajes sufren una crisis
espiritual y en los que la «carga existencial» predomina sobre el «sentido doctrinal» (La
boda y la Virgen, La iglesia profanada, El clérigo embriagado, La abadesa encinta, El
milagro de Teófilo, El clérigo ignorante).
La acción de los Milagros es sencilla. Tres elementos principales es posible detectar siempre en
ella, tres motivos cada uno de los cuales tiene su correspondiente protagonista:
la tentación, realizada por el diablo;
la caída, sufrida por el pecador;
y el milagro, cuyo centro es la Virgen.
Los diferentes cuadros de la colección tienen su propia individualidad, pero no se desligan del
conjunto. La obra adquiere unidad de diferentes formas:
Por la intervención de un único protagonista principal, la Virgen.
Por la aparición de un núcleo narrativo básico, el relato del milagro en sí, en todos los
cuadros.
Por la unificación del estilo.
Por la inserción de versos y estrofas que enlazan los distintos episodios.
Por el significado, por la existencia de una unidad de intención: Berceo escribe su obra con
el fin de extender la devoción por María, para acercar al pueblo su figura, para mostrar
cómo la Virgen sabe siempre favorecer a aquellos que practican fervorosamente su culto.