República Bolivariana de Venezuela
Ministerio del poder popular para la educación superior
Instituto Universitario Tecnológico Industrial Rodolfo Loero Arismendi
Cumaná-estado Sucre
Integrantes:
Bastardo, Roxibel
C. I.: 18.777. 147
Bottíni, Keilys
C. I.: 20.345. 875
Marcano, Stefanía
C. I.: 20. 563. 276
Cumaná 03 de mayo de 2009
Índice
Introducción………………………………………………………………….…3
Materiales folklore……………………………………………………………..4
Industrias domésticas………………………………………………………....5
Cocina…………………………………………………………………………..5
Artesanías……………………………………………………………………...6
Trajes…………………………………………………………………………...8
Folklore social………………………………………………………………….8
Conclusión……………………………………………………………………..10
Introducción
Folklore es la cultura oral tradicional que adquirimos desde la infancia y que
incrementa nuestro saber, al margen de toda la cultura oficializada. Es la
cultura que nos ayuda a identificarnos regionalmente y como nación, que no es
impuesta ni está reglamentada, ya que viene corriendo desde el fondo del
tiempo, adquiriendo personalidad colectiva, con olvido de su origen primero y
de toda autoría. Cultura que se mantiene porque se va adaptando a las épocas
y a sus circunstancias; evoluciona, en suma, pero no pierde su hilo conductor:
la tradición.
En Venezuela hay varios folklores es que se individualizan según las
culturas antecedentes: el folklore del indio, formado por su contacto con
culturas diversas, desde el tiempo de las "misiones"; el folklore afrovenezolano,
que creció con las vivencias del esclavo y su adaptación a los nuevos
ambientes donde le tocó actuar; el folklore llanero, producto de la ruda vida
campesina; el folklore isleño, que recuerda no poco de sus raíces Canarias y
que viene también del indígena guaiquerí, pescador de peces y perlas; el
folklore andino, con sus mitos y leyendas parameras y su música de raíz
hispana. También el neofolklore caraqueño, que actualiza historias, cuentos,
chistes y graffiti, así como incorpora creencias de los inmigrantes y acepta
músicas populares donde caben nuevos textos que comentan la realidad social
y política del país folklorizante, como la salsa y el rock venezolanizados, que
los jóvenes ejecutan con los conjuntos formados para ello.
Materiales folklore
En este rubro incluimos todo lo que el hombre hace, de acuerdo con
técnicas heredadas, utilizando los materiales que le dan la tierra. Estudiamos la
casa y los enseres que la integran, las técnicas de adquisición y las
transformadoras, que incluye el importante rubro de la cocina popular, las
industrias domésticas y las artesanías, que a su vez muestran un amplio
espectro.
Vivienda y enseres
Desde la vieja vivienda campesina de cañas y bahareque hasta la casa
colonial de gruesos muros encofrados y empañetados, desde la cubierta de
palmas hasta el techo de rojas tejas, el hombre de tierra adentro fue arquitecto
de su propia vivienda, y hoy, las casas con altas puertas, ventanas y rejas,
luciendo muchas veces fachadas de colores, se yerguen orgullosas en barrios
enteros de ciudades y pueblos del interior. Los zaguanes, que conducen al
corredor donde hace su vida la familia, rodean el amplio patio lleno de matas
que dan frescura y verdor. Las alcobas, con camas o hamacas y chinchorros,
suelen mostrar una mesa que hace de altar con el santo de la devoción
lugareña y con aquellos que completan la fe familiar, donde no falta alguno por
santificar, como José Gregorio Hernández, e inclusive la imagen de una diosa
aborigen que se constituyó en María Lionza, cuya estatua se yergue además
en la principal autopista caraqueña, frente a la Universidad Central. El entorno
familiar de las casas campesinas se complementa con algunas fotografías que
penden de las paredes, referidas a personas y acontecimientos resaltantes,
como el abuelo o el padre, el matrimonio, una primera comunión y el servicio
militar del hijo.
Las viviendas tradicionales responden a las necesidades vitales del hombre,
en relación con la topografía y el clima; y, además, dependen del propio hábitat
en lo que respecta a los materiales requeridos para su construcción.
Las casas suelen levantarse en colaboración con familiares y vecinos por el
sistema de " cayapa” o "mano vuelta".
En los Andes se fabrican mezclando la tierra con hierbas, así como
utilizando la piedra para cimientos y paredes que se elevan hasta un metro
para resguardo del frío. Cerca de los ríos, en cambio, se aprecian las
construcciones palafíticas.
Los techos de las casas pueden armarse con cañas y cubrirse con hojas de
palma, o con paja, como en los Andes. En Falcón, donde no llueve, se cubren
con una mezcla de barro, bosta y paja. Pero modernamente el zinc, o el
asbesto, tienden a sustituir esos materiales.
Industrias domésticas
Nuestros campesinos poseen técnicas transformadoras tradicionales que
les permiten servirse a sí mismos o a su pequeña colectividad.
La edificación comienza con el lógico acondicionamiento del terreno, y el
corte de las maderas requeridas para la armazón, que se debe hacer "en
menguante" cuando las maderas están secas. Las paredes son "enlatadas" con
caña brava, colocada horizontalmente y atada con bejucos o alambre a los
horcones. El "enlatado" se embarra con una mezcla básica de tierra y paja.
Luego se recubre con el -empañetad6., al que se denomina .bahareque-, y se
pinta con cal, añadiendo a veces un zócalo de añil.
Las casas coloniales llevan anchas paredes encofradas. Estas suelen tener un
zaguán de entrada, que conduce hacia una ancha galería adonde dan las
habitaciones: una sala y los dormitorios.
Al final del corredor, si lo hay, o como Construcción anexa, se encuentra la
cocina cuyo fogón suele ser de mesa; pero en construcciones más primitivas el
fogón puede estar en el suelo formado con tres "topias" (piedras) y las ollas se.
'cuelgan sobre el mismo, desde el techo.
Cocina
Esta comprende una serie de platos que conforman la dieta diaria y de otros
reservados para ocasiones especiales. Las arepas, hechas más a menudo de
maíz blanco, se consumen diariamente para el desayuno, y a veces también
por las noches. Se trata de una masa sobada con agua y sal hasta compactarla
formando, pelotitas que se achatan en forma 'de 'pequeños discos de distinto
grosor según la región. Estos se cocinan por ambos lados, colocándolos sobre
un “blidare” o plancha de hierro caliente.
Las “cachapas de budare”, preparadas con maíz tierno desgranado y
molido, unido con agua, se cocinan aplastadas sobre un budare. Para las
“cachapas de hojas” se forman con un la masa, rollos que se envuelve en hojas
del .jojoto-, se atan con cinticas de las mismas hojas y se hierven en agua.
El arroz blanco hervido acompaña todas las comidas, lo mismo que las
tajadas de plátanos maduros, que se fríen en aceite, o los llamados -tostones-,
ruedas de plátano verde aplastadas e igualmente fritas. Otras formas de utilizar
el plátano son el asarlo con o sin concha, cuando está maduro; o el
sancocharlo en agua y sal, cuando está verde.
Las hallacas constituyen uno de los platos fuertes del venezolano y son
indudable exponente de mestizaje, esta vez culinario. Se preparan con harina
de maíz remojada a la cual se pone sal y, anoto. La masa se achata
individualmente y se le coloca encima un guiso; luego se dobla formando un
pastel de unos doce centímetros, que se envuelve en hoja de plátano,
previamente soasada en fogón de leña para darle-gusto característico. La
intervención de lo europeo se concentra en el guiso, que, siendo a base de
carnes (res, pollo, gallina, cerdo), debe llevar obligatoriamente algunas
aceitunas, alcaparras y pasas de uva.
Parecido a la “hallaca” es el “tamal” pero de éste hay variedades en
Colombia y otros países del Continente.
.
Un derivado de la confección de las hallacas es lo que se llama “bollo”. Los
bollos se hacen con los restos de masa y del guiso (sin carne), envolviéndolos
también en las hojas (soasadas) del plátano. Estos exigen un cocimiento menor
que el de la hallaca.
.
Bebidas. La chicha andina hecha de maíz, el agua de panela y el más
refinado ponche., fabricado con huevo y aguardiente, cuentan entre las bebidas
tradicionales. A ellas, en los Andes sobre todo, se agregaba hasta hace pocos
años el aguardiente, preparado en alambiques clandestinos.
Dulces. El dulce de lechoza, sobre todo, no puede faltar en la Navidad, y es
objetó de obsequio entre las familias campesinas.
ARTESANIAS
Venezuela posee una gran riqueza artesanal, herencia indígena en muchos
casos, que se manifiesta en su alfarería, su cestería, sus tejidos de redes de
pesca, chinchorros, hamacas, cobijas, “ruanas” y mantas. A estas técnicas
prehispánicas, los españoles agregaron sobre todo el torno alfarero y el telar de
pedales.
Alfarería. En materia de alfarería y cerámica se sigue más a menudo la
vieja técnica de .arepita y rodete., que consiste en dar forma de plato chato a la
base de la vasija y eh anexarle rollos de' barro hasta formar la pieza. Otras
veces se trabaja una bola de barro, modelando con las manos la vasija. Hay
una técnica que requiere un molde sobre o dentro del cual se afinca el barro.
Estas piezas se pueden trabajar por mitades que se unen. Una cuarta técnica
aparece con la introducción del torno, que permite el desarrollo de una loza
menos rústica.
La alfarería se seca primero al sol o al lado del fogón; luego se decora si se
desea, por medio de incisiones, con superposición de pasta, o se pinta con
tierra especial. Finalmente, se quema “en tierra”, según un procedimiento
heredado de nuestros Indígenas, o se quema en hornos fabricados al efecto,
La alfarería horneada puede pintarse O! alcoholarse posteriormente, lo cual
consiste en darle un baño de minio, que confiere brillo y consistencia a las
piezas. Estas admiten pinturas decorativas, que se fijan con un nuevo
quemado.
Tejeduría. Para los tejidos se utilizan fibras blandas, flexibles o duras. Estos
se realizan sobre un bastidor o un telar, o por los procedimientos del filet (o
malla anudada), del crochet o del tejido con una o dos agujas. El moriche, el
sisal, la cocuiza (o fique) y el algodón cuentan entre las fibras más usadas.
El tejido de chinchorros es una de las artesanías más ricas, por los
materiales empleados, la decoración y los tintes. En Venezuela son corrientes
tres tipos de tejidos realizados en telares desarmables: el de “malla en espiral”,
el de -tripa o cadena y el de “caireles”. Además se tejen hamacas en telares
posthispánicos, donde se combinan bellamente los colores. Estos telares se
utilizan también para cobijas y “ruanas”.
Cestería. Esta constituye una parte muy importante de la artesanía
campesina. Por una parte se fabrican cestas para atender las necesidades ho-
gareñas, y por otra hay una gran demanda comercial. Las técnicas cesteras
corresponden a los siguientes tipos: a) el tejido de tres elementos por la
superposición y cruce de fibras planas en las llamadas “cestas de ojo” de tejido
hexagonal; b) el de dos fibras planas en forma de ve, llamado “cruzado” o
parquet, propio de -sebucanes., -manares., petacas, etc.; y e) el entrecruce de
“parales” o montantes rígidos, que parten de una base entretejida de elementos
rígidos superpuestos en forma paralela y tejidos en espiral.
Sombrerería. Los sombreros distinguían hasta hace pocos años a los
campesinos, pues cada región poseía su modelo. Estos se cosen con crinejas
tejidas; pero en Falcón hay una manufactura semejante a la de los sombreros
de tejido conocidos como “panamá” que, como se sabe, se fabrican en
Ecuador.
Esteras y chingaleas. Estas tienen numerosos usos entre nuestros
campesinos colocadas sobre el piso para asolear granos, o sobre las camas de
madera, para dormir, y hasta enrolladas como almohadas.
Trabajos en cuero. Cubiertas de sillas y butaques y hasta tapas de mesas
comparten, con Ios aperos y las cubiertas de machetes, los trabajos de
talabarteros criollos.
Carpintería. Los trabajos más importantes se refieren por una parte, a la
hechura de bongos y chalanas que surcan nuestros ríos, y; por otra, a puertas,
ventanas, bancos y artesonados de las casas y, especialmente, de las iglesias.
Aparte, muebles, utensilios domésticos, útiles y artefactos de trabajo que se
fabrican localmente, así como los instrumentos musicales de la hoy muy
adelantada rama de la lutería.
Herrería. Poco a poco desaparecen los herreros que antiguamente forjaron
hermosas rejas y puertas, junto con hierros para marcar el 'ganado, espuelas y
otros objetos, además de los trompes, o birimbaos, a los que aún son tan
adeptos los wayuu, que ejecutan en ellos suaves melodías.
Platería. Los viejos plateros han desaparecido casi completamente, pero
aún quedan finos arreos de caballo, espuelas de plata, exvotos o “milagritos” y
“contras” con que nuestras gentes pagan promesas.
Trabajo en cacho y carey. Los cachos, muchas veces finamente labrados,
son empleados como bocinas y para portar -caña- (aguardiente) en los viajes;
en cambio, los peines de “parape” o fino carey ya no encuentran artífices; no
así las cajitas para -chimó-, o como adorno, que hoy se fabrican para uso
particular y venta turística.
Totumas y cocos. Desde las consabidas maracas hasta recipientes
variados, estos materiales son objeto de técnicas transformadoras que incluyen
'finos labrados y pulimentos sobre su superficie. También los cocos suministran
sus nueces para fabricar alcancías y vasos, que los artistas populares decoran
con incisiones y pintan de blanco o con colores.
TRAJES
Venezuela ha adaptado en nuestros días ciertas prendas masculinas y
femeninas en busca de un traje nacional, como lo tienen otros países. Así, para
el hombre se recurre al antiguo -garra sí- y al blusón con alforzas y bordados, o
al liquilique, que se desprestigió en parte con las obligadas -semanas de la
patria- instauradas por la dictadura perezjimenista. Y está desechado el traje
llanero con cobijita al hombro, que data de dicha época, en tanto la “ruana” es
bella prenda usada en las zonas frías del país. En lo que respecta a la mujer,
hay dos trajes ya consagrados. El de falda ancha, floreada o con adorno de
encajes, que se completa con una cota escotada de cortas mangas -abu-
llonadas.; y el vestido andino, también de dos piezas, cuya blusa, con mangas
largas, es cerrada por delante, como el liquilique, y puede llevar un cuello
grande, adornado. A estos dos tipos de vestidos se agrega la bella -manta
guajira-, suficientemente impuesta en todo el país, que admite espléndidas
variantes y estilizaciones, como se pudo apreciar en un estupendo desfile de
modas wayuu realizado hace años en Maracaibo.
En cuanto al sombrero, desde hace tiempo, en el Llano se impuso, para el
hombre, el sombrero borsalino importado, denominado “pelo'é guama” mientras
en el resto del país cada región tenía un tipo de sombrero de cogollo que
distinguía regionalmente a sus portadores. Hoy se reemplazan los bellos y
variados modelos regionales por sombreros hechos de materiales plásticos,
aunque en algunos lugares se observa un resurgir de sombreros típicos
trenzados y cosidos a mano.
FOLKLORE SOCIAL
Este abarca la conducta humana en relación con todas, las actividades que
condicionan su estructura y funcionamiento.
El lenguaje
El folklore social abarca ante todo el medio primordial de transmisión qué es
la lengua, con el habla local y regional, la jerga y las locuciones particulares.
Estudia el léxico con los apodos, topónimos y nombres. Capítulo especial
merecen las expresiones paremiológicas, las cuales comprenden refranes,
modismos, dichos, frases hechas por hacer, que son breves comentarios
humorísticos en los que el verbo se ajusta a, la acción, el tiempo y la persona.
.
Refranes. Expresan sabiduría y abundan en Venezuela en tanto están en
boca de todas las clases sociales: “Cachicamo trabaja para lapa”, “El que
venga atrás que arree”, “Mientras más masa, mas mazamorra”, “Camarón que
se duerme, se lo lleva la corriente”, etc.
.
Conclusión
El folklore de Venezuela, como todos los del mundo, forma parte de la
cultura, como una parcela que da identidad, frente a la cultura popular más
general, que masifica y nos hace ciudadanos del mundo. El estudio de nuestra
realidad social nos lleva a discriminar aspectos de la cultura que son exclusivos
de la nación, frente a otros regionales y a otros propios de particulares
conglomerados humanos. Distinguimos así el folklore del indio, el folklore afro
venezolano y el folklore de raíz hispana, junto al neofolklore o folklore que se
está gestando en ciudades y aldeas campesinas, y también frente al folklore
inmigrante que halla su asiento en círculos de connacionales. Todo ello dentro
de un proceso en el que las tradiciones se actualizan agregando eslabones a la
cadena del tiempo.
Para la clasificación del folklore adoptamos la división tripartita en folklore
material, social y espiritual, que permite delimitar mejor los diferentes asuntos
que son objeto de nuestro estudio.