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¿CÓMO SE REZA LA LECTIO DIVINA?

«Lectio Divina» significa, lectura divina en Latín. Es


una antigua práctica que nos enseña a leer, meditar y
vivir la Palabra de Dios. La historia nos cuenta que fue
el Beato Guijo, el Cartujo, quién escribió las “etapas
más importantes” de esta forma de meditar la palabra.
No es una oración que tenga unas reglas fijas, pero sí
algunas etapas importantes que nos irán guiando hacia
un encuentro con el mensaje personal de Dios hacia
nosotros a través de la Sagrada Escritura.
Estas etapas son cuatro: La Lectio, o lectura, de la
palabra de Dios; la meditación de aquello que hemos
leído; la oración (que es ese momento en que entramos
en diálogo con Dios), y finalmente, la contemplación,
etapa en la que nos abandonamos a los pensamientos
santos. Es la etapa en la que dejamos atrás nuestros
propios pensamientos y nos disponemos a escuchar la
voz de Dios que habla dentro de nosotros.
La Lectio Divina puede hacerse individualmente o
en grupo. Es a causa de eso último que la estructura se
hace necesaria. Aquí te dejamos una forma de llevar a
cabo esta meditación. Ésta, seguro, te ayudará en el
crecimiento de tu relación con Dios.
«La lectura busca la dulzura de la vida bienaventurada,
la meditación la encuentra, la oración la pide, la
contemplación la saborea. La lectura es como un
manjar sólido que uno se lleva a la boca, la meditación
lo mastica y tritura, la oración le coge gusto, la
contemplación es la misma dulzura que alegra y
restablece. La lectura toca la corteza, la meditación
penetra en la médula, la oración consiste en la
expresión del deseo, y la contemplación radica en la
delectación de la dulzura obtenida» (Beato Guigo el
cartujo – Fragmento Sobre la vida contemplativa).
1. Preparación previa. Búsqueda de la lectura
Antes de empezar la Lectio es importante hacer un
pequeño trabajo previo. Se trata de buscar el
Evangelio del día correspondiente o otro que
quieras meditar ese día o varios días, así como
también citas y comentarios que te ayuden a
profundizar en su comprensión y a preparar algunas
preguntas para la reflexión personal. Lee varios
comentarios con atención y busca sacar los puntos más
importantes que te llamaron la atención. Luego de esto
puedes disponerte a la oración en sí.
2. Señal de la Cruz
Comenzamos buscando un lugar y una posición
adecuados para la oración. Lo siguiente (que puede
resultar obvio, pero que es importante recordar) es
que un católico empieza siempre sus oraciones con
la Señal de la Cruz.
3. Oración Inicial
Existen muchas oraciones con las que podemos dar
apertura a la Lectio Divina. Una sugerencia es invocar
al Espíritu Santo para que nos ilumine y permita
escuchar el mensaje que Dios nos quiere dar a través
de su Palabra. Aquí te dejamos un ejemplo, pero en
realidad la oración inicial la puedes construir con tus
propias palabras.
«Señor mío, puesto en tu presencia quiero disponer mi
corazón para este momento de oración. Envía tu Espíritu
Santo para me ilumine y abra mi mente y corazón a todo
lo que Tú me quieras decir hoy. Gracias, Señor, por
alimentarme con tu Palabra».
4. Lectura bíblica
Es en este punto que se lee la lectura bíblica del
Evangelio que previamente seleccionaste. Puede ser
el Evangelio del día o el que tú has elegido para
meditar. Es bonito hacer la lectura directamente de la
Biblia y hacerlo pausadamente para comprender lo que
está escrito.
5. Lectura breve
Es en este punto en el que volvemos a dar lectura al
comentario o reflexión sobre el Evangelio que
hayamos encontrado y seleccionado en la preparación
previa. Esta lectura breve tiene como objetivo ayudarte
a profundizar su sentido y predisponerte a escuchar la
voz de Dios.
6. Breve meditación personal
En este punto se hace silencio interior y
propiamente empieza la meditación. La idea es que
puedas profundizar en lo que este Evangelio tiene que
ver con tu vida y acogerlo en el corazón. Aquí te
dejamos algunas preguntas que pueden ayudarte en
este paso:
1. ¿Qué me dice el Evangelio que he leído?
2. ¿Cómo ilumina mi vida?
3. ¿Qué rasgos de Jesús encuentro en él?
4. ¿Qué mensaje particular Dios me quiere hacer
llegar?
7. Acción de gracias y peticiones personales
Para ir finalizando, y luego de haber meditado en la
lectura bíblica, damos gracias a Dios por el momento
vivido y le pedimos por nuestras intenciones. Es un
momento libre, en el que elevas una oración a Dios
desde la experiencia de encuentro que acabas de tener
con Él, lo contemplas y permites que tu corazón entre
en sintonía con su Palabra.
8. Oración final y consagración a María
Hemos llegado al final de nuestra Lectio. Como lo
indicamos al principio del post, esta estructura no es
rígida. Podemos terminar la Lectio con la oración de
acción de gracias. Pero una forma muy linda de
cerrarla, es consagrándonos a María y pidiendo su
intercesión. Te sugerimos rezar un Padre Nuestro, un
Ave María y un Gloria.
9. Señal de la Cruz
Habiendo terminado nuestra meditación, y luego de
consagrarnos a María, terminamos de la misma
manera en como empezamos, con la señal de la
Cruz.
Examen de conciencia para jóvenes
Te puede ayudar para confesarte.
Tu familia:
¡Uf! Comentas que tus padres no te comprenden y
están a la antigua, pero...
¿Te has puesto en su lugar para comprenderlos?
¿Cumples tus obligaciones (estudio, tareas, horarios,
etc) para con ellos?
¿Colaboras en tu familia para que haya paz, amor y
buenas relaciones?
¿Eres obediente a tus padres y respetas a los mayores?
¿Les exiges a tus padres más de lo que pueden darte
(dinero, ropa, caprichos) ?
¿Cuándo intentan hablar contigo pasas de ellos ?
¿Te aprovechas de tus hermanos para endosarles el
trabajo que tienes que hacer?
¿Odias, envidias y tienes celos de tus hermanos?
Tus amigos/as:
¿Te aprovechas de ellos para tus conveniencias?
¿Los criticas cuando otros los critican?
¿Los defiendes cuando otros los acusan de falsedades?
¿Te haces el ciego y el olvidadizo para no ayudarles?
¿Cumples la palabra que das?
¿Dices mentiras de alguno de ellos/as?
¿Los tratas como te gustaría que te trataran a ti cuando
cometen un fallo? Los envidias cuando tienen algo que
tú no tienes?
Tu trabajo/estudio:
¿Estudias y trabajas porque te obligan o porque
quieres ser responsable y formarte?
¿Estudias al final para los exámenes, porque no
planificas tu tiempo y hay otras cosas más importantes
que te roban el tiempo?
¿Te has puesto en el lugar del profesor para
comprenderle y entenderle?
¿Eres valiente para hacer una crítica con razones que la
justifiquen?
¿Si hay un problema en el curso o trabajo, te pringas o
te limitas a criticas destructivamente?
¡Ánímo, vamos bien, pronto acabamos!

Tu diversión/consumo:
¿Qué tiempo ocupas para tus diversiones?
¿Antepones la diversión a tu obligación?
¿Te dejas llevar por la publicidad, la moda, sin
preguntarte si las necesitas o te conviene?
¿Convences a tus padres para que den más dinero a tus
gustos y diversiones?
¿Eres amable, cercano, sensible y alegre con los que te
rodean?
¿Has sido soberbio y egoísta?
¿Te sientes separado de alguien por riñas, disputas y
peleas?
¿Eres humilde para pedir ayuda a tus amigos, padres,
catequistas, profesores?
¿Buscas vivir en verdad?
¿Has pecado de pensamiento, obra y omisión?
Tú mismo:
¿Analizas a menudo cómo eres y cómo vas?
¿Te haces compromisos para cambiar?
¿Eres amable, cercano, sensible y alegre con los que te
rodean?
¿Has sido soberbio y egoísta?
¿Te sientes separado de alguien por riñas, disputas y
peleas?
¿Eres humilde para pedir ayuda a tus amigos, padres,
catequistas, profesores?
¿Buscas vivir en verdad?
¿Has pecado de pensamiento, obra y omisión?
¿Has procurado mantener tus pensamientos limpios y
puros?
¿Te has dejado llevar tras los deseos de tu cuerpo, mal
uso de la sexualidad, exceso de bebida y el alimento?
Con Dios:
¿Te acuerdas de Él sólo en los momentos difíciles?
¿Tienes confianza en Él?
¿Hablas con Él de tus cosas?
¿Participas en la Misa del domingo?
¿Te preocupas de conocerlo más y más mediante la
lectura de la Palabra de Dios?
¿Es el centro y el motor de tu vida?
¿Le hablas y lo consideras como un Padre bueno que te
ayuda?

ACTO DE CONTRICIÓN
Dulce Jesús mío y mi crucificado Señor, indigno de
ponerme delante de tus ojos, me postro avergonzado a
tus pies, confesando la multitud de mis culpas, con
íntimo dolor de mi alma, por haberte ofendido. Herido
vengo, médico divino, a buscar mi remedio en tu
benigna misericordia y te propongo con todo mi
corazón la enmienda. Dulce amor mío eres sobre todas
las cosas, ten piedad de mí; acuérdate, Señor, que tu
amor por mí, te puso en esa Cruz, y no te acuerdes que
yo, como ingrato y desconocido, me olvidé de tu
paternal amor. Si a Ti, que eres mi Padre, no vuelvo los
ojos, ¿quién otro se compadecerá de mí? ¡Señor Jesús
cómo te ofendí! ¡Quién de dolor muriera a tus pies,
pues amándome tanto me atreví a ofender a un Dios
tan bueno, tan santo y tan amable! Pequé, Padre mío,
contra el cielo y contra Ti, ten misericordia de mí.
Amen.
O bien:
Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero,
Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quien sois
y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo
corazón haberos ofendido; propongo firmemente
nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de
ofenderos, confesarme y, cumplir la penitencia que me
fuera impuesta. Ofrezco, Señor, mi vida, obras y
trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así
como lo suplico, así confío en
vuestra bondad y misericordia infinita, que los
perdonareis, por los méritos de vuestra preciosísima
sangre, pasión y muerte, y me daréis gracia para
enmendarme, y perseverar en vuestro santo amor y
servicio,
hasta el fin de mi vida. Amén.
VIA CRUCIS
Oración inicial
Nosotros, cristianos, somos conscientes de que el vía
crucis del Hijo de Dios no fue simplemente el camino
hacia el lugar del suplicio. Creemos que cada paso del
Condenado, cada gesto o palabra suya, así como lo que
vieron e hicieron todos aquellos que tomaron parte en
este drama, nos hablan continuamente. En su pasión y
en su muerte, Cristo nos revela también la verdad
sobre Dios y sobre el hombre.
Hoy queremos reflexionar con particular intensidad
sobre el contenido de aquellos acontecimientos, para
que nos hablen con renovado vigor a la mente y al
corazón, y sean así origen de la gracia de una auténtica
participación. Participar significa tener parte. Y ¿qué
quiere decir tener parte en la cruz de Cristo? Quiere
decir experimentar en el Espíritu Santo el amor que
esconde tras de sí la cruz de Cristo. Quiere decir
reconocer, a la luz de este amor, la propia cruz. Quiere
decir cargarla sobre la propia espalda y, movidos cada
vez más por este amor, caminar... Caminar a través de
la vida, imitando a Aquel que «soportó la cruz sin
miedo a la ignominia y está sentado a la diestra del
trono de Dios» (Hb 12,2).
Pausa de silencio
Oremos: Señor Jesucristo, colma nuestros corazones
con la luz de tu Espíritu Santo, para que, siguiéndote en
tu último camino, sepamos cuál es el precio de nuestra
redención y seamos dignos de participar en los frutos
de tu pasión, muerte y resurrección. Tú que vives y
reinas por los siglos de los siglos. Amén. [Juan Pablo II]
Primera Estación
JESÚS ES CONDENADO A MUERTE
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
«Reo es de muerte», dijeron de Jesús los miembros del
Sanedrín, y, como no podían ejecutar a nadie, lo
llevaron de la casa de Caifás al Pretorio. Pilato no
encontraba razones para condenar a Jesús, e incluso
trató de liberarlo, pero, ante la presión amenazante del
pueblo instigado por sus jefes: «¡Crucifícalo,
crucifícalo!», «Si sueltas a ése, no eres amigo del
César», pronunció la sentencia que le reclamaban y les
entregó a Jesús, después de azotarlo, para que fuera
crucificado.
San Juan el evangelista nos dice que, pocas horas
después, junto a la cruz de Jesús estaba María su
madre. Y hemos de suponer que también estuvo muy
cerca de su Hijo a lo largo de todo el Vía crucis.
Cuántos temas para la reflexión nos ofrecen los
padecimientos soportados por Jesús desde el Huerto
de los Olivos hasta su condena a muerte: abandono de
los suyos, negación de Pedro, flagelación, corona de
espinas, vejaciones y desprecios sin medida. Y todo por
amor a nosotros, por nuestra conversión y salvación.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Señor, pequé, ten misericordia de mí.
Pecamos Señor y nos pesa, ten misericordia de
nosotros
Segunda Estación
JESÚS CARGA CON LA CRUZ
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Condenado muerte, Jesús quedó en manos de los
soldados del procurador, que lo llevaron consigo al
pretorio y, reunida la tropa, hicieron mofa de él.
Llegada la hora, le quitaron el manto de púrpura con
que lo habían vestido para la burla, le pusieron de
nuevo sus ropas, le cargaron la cruz en que había de
morir y salieron camino del Calvario para allí
crucificarlo.
El peso de la cruz es excesivo para las mermadas
fuerzas de Jesús, convertido en espectáculo de la
chusma y de sus enemigos. No obstante, se abraza a su
patíbulo deseoso de cumplir hasta el final la voluntad
del Padre: que cargando sobre sí el pecado, las
debilidades y flaquezas de todos, los redima. Nosotros,
a la vez que contemplamos a Cristo cargado con la cruz,
oigamos su voz que nos dice: «Si alguno quiere venir en
pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día,
y sígame».
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Señor, pequé, ten misericordia de mí.
Pecamos Señor y nos pesa, ten misericordia de
nosotros
Tercera Estación
JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Nuestro Salvador, agotadas las fuerzas por la sangre
perdida en la flagelación, debilitado por la acerbidad de
los sufrimientos físicos y morales que le infligieron
aquella noche, en ayunas y sin haber dormido, apenas
pudo dar algunos pasos y pronto cayó bajo el peso de
la cruz. Se sucedieron los golpes e imprecaciones de los
soldados, las risas y expectación del público. Jesús, con
toda la fuerza de su voluntad y a empellones, logró
levantarse para seguir su camino.
Isaías había profetizado de Jesús: «Eran nuestras
dolencias las que él llevaba y nuestros dolores los que
soportaba. Yahvé descargó sobre él la culpa de todos
nosotros». El peso de la cruz nos hace tomar conciencia
del peso de nuestros pecados, infidelidades,
ingratitudes..., de cuanto está figurado en ese madero.
Por otra parte, Jesús, que nos invita a cargar con
nuestra cruz y seguirle, nos enseña aquí que también
nosotros podemos caer, y que hemos de comprender a
los que caen; ninguno debe quedar postrado; todos
hemos de levantarnos con humildad y confianza
buscando su ayuda y perdón.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Señor, pequé, ten misericordia de mí.
Pecamos Señor y nos pesa, ten misericordia de
nosotros
Cuarta Estación
JESÚS SE ENCUENTRA CON SU MADRE
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
En su camino hacia el Calvario, Jesús va envuelto por
una multitud de soldados, jefes judíos, pueblo, gentes
de buenos sentimientos... También se encuentra allí
María, que no aparta la vista de su Hijo, quien, a su vez,
la ha entrevisto en la muchedumbre. Pero llega un
momento en que sus miradas se encuentran, la de la
Madre que ve al Hijo destrozado, la de Jesús que ve a
María triste y afligida, y en cada uno de ellos el dolor se
hace mayor al contemplar el dolor del otro, a la vez que
ambos se sienten consolados y confortados por el amor
y la compasión que se transmiten.
Nos es fácil adivinar lo que padecerían Jesús y María
pensando en lo que toda buena madre y todo buen hijo
sufrirían en semejantes circunstancias. Esta es sin duda
una de las escenas más patéticas del Vía crucis, porque
aquí se añaden, al cúmulo de motivos de dolor ya
presentes, la aflicción de los afectos compartidos de
una madre y un hijo. María acompaña a Jesús en su
sacrificio y va asumiendo su misión de corredentora.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro
Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre,
triste y afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.
Quinta Estación
JESÚS ES AYUDADO POR EL CIRENEO
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Jesús salió del pretorio llevando a cuestas su cruz,
camino del Calvario; pero su primera caída puso de
manifiesto el agotamiento del reo. Temerosos los
soldados de que la víctima sucumbiese antes de hora,
pensaron en buscarle un sustituto. Entonces el
centurión obligó a un tal Simón de Cirene, que venía
del campo y pasaba por allí, a que tomara la cruz sobre
sus hombros y la llevara detrás de Jesús. Tal vez Simón
tomó la cruz de mala gana y a la fuerza, pero luego,
movido por el ejemplo de Cristo y tocado por la gracia,
la abrazó con resignación y amor y fue para él y sus
hijos el origen de su conversión. El Cireneo ha venido a
ser como la imagen viviente de los discípulos de Jesús,
que toman su cruz y le siguen. Además, el ejemplo de
Simón nos invita a llevar los unos las cargas de los
otros, como enseña San Pablo. En los que más sufren
hemos de ver a Cristo cargado con la cruz que requiere
nuestra ayuda amorosa y desinteresada.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Señor, pequé, ten misericordia de mí.
Pecamos Señor y nos pesa, ten misericordia de
nosotros
Sexta Estación
LA VERÓNICA LIMPIA EL ROSTRO DE JESÚS
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Dice el profeta Isaías: «No tenía apariencia ni
presencia; lo vimos y no tenía aspecto que pudiésemos
estimar. Despreciable y desecho de hombres, varón de
dolores y sabedor de dolencias, como uno ante quien
se oculta el rostro, despreciable, y no lo tuvimos en
cuenta». Es la descripción profética de la figura de
Jesús camino del Calvario, con el rostro desfigurado
por el sufrimiento, la sangre, los salivazos, el polvo, el
sudor... Entonces, una mujer del pueblo, Verónica de
nombre, se abrió paso entre la muchedumbre llevando
un lienzo con el que limpió piadosamente el rostro de
Jesús. El Señor, como respuesta de gratitud, le dejó
grabada en él su Santa Faz.
Una letrilla tradicional de esta sexta estación nos dice:
«Imita la compasión / de Verónica y su manto / si de
Cristo el rostro santo / quieres en tu corazón».
Nosotros podemos repetir hoy el gesto de la Verónica
en el rostro de Cristo que se nos hace presente en
tantos hermanos nuestros que comparten de diversas
maneras la pasión del Señor, quien nos recuerda: «Lo
que hagáis con uno de estos, mis pequeños, conmigo lo
hacéis».
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
. Señor, pequé, ten misericordia de mí.
Pecamos Señor y nos pesa, ten misericordia de
nosotros
Séptima Estación
JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Jesús había tomado de nuevo la cruz y con ella a
cuestas llegó a la cima de la empinada calle que daba a
una de las puertas de la ciudad. Allí, extenuado, sin
fuerzas, cayó por segunda vez bajo el peso de la cruz.
Faltaba poco para llegar al sitio en que tenía que ser
crucificado, y Jesús, empeñado en llevar a cabo hasta la
meta los planes de Dios, aún logró reunir fuerzas,
levantarse y proseguir su camino.
Nada tiene de extraño que Jesús cayera si se tiene en
cuenta cómo había sido castigado desde la noche
anterior, y cómo se encontraba en aquel momento.
Pero, al mismo tiempo, este paso nos muestra lo frágil
que es la condición humana, aun cuando la aliente el
mejor espíritu, y que no han de desmoralizarnos las
flaquezas ni las caídas cuando seguimos a Cristo
cargados con nuestra cruz. Jesús, por los suelos una vez
más, no se siente derrotado ni abandona su cometido.
Para Él no es tan grave el caer como el no levantarnos.
Y pensemos cuántas son las personas que se sienten
derrotadas y sin ánimos para reemprender el
seguimiento de Cristo, y que la ayuda de una mano
amiga podría sacarlas de su postración.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Señor, pequé, ten misericordia de mí.
Pecamos Señor y nos pesa, ten misericordia de
nosotros
Octava Estación
JESÚS CONSUELA A LAS MUJERES DE JERUSALÉN
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Dice el evangelista San Lucas que a Jesús, camino del
Calvario, lo seguía una gran multitud del pueblo; y unas
mujeres se dolían y se lamentaban por Él. Jesús,
volviéndose a ellas les dijo: «Hijas de Jerusalén, no
lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por
vuestros hijos»; añadiéndoles, en figuras, que si la ira
de Dios se ensañaba como veían con el Justo, ya podían
pensar cómo lo haría con los culpables.
Mientras muchos espectadores se divierten y lanzan
insultos contra Jesús, no faltan algunas mujeres que,
desafiando las leyes que lo prohibían, tienen el valor de
llorar y lamentar la suerte del divino Condenado. Jesús,
sin duda, agradeció los buenos sentimientos de
aquellas mujeres, y movido del amor a las mismas
quiso orientar la nobleza de sus corazones hacia lo más
necesario y urgente: la conversión suya y la de sus
hijos. Jesús nos enseña a establecer la escala de los
valores divinos en nuestra vida y nos da una lección
sobre el santo temor de Dios.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Señor, pequé, ten misericordia de mí.
Pecamos Señor y nos pesa, ten misericordia de
nosotros
Novena Estación
JESÚS CAE POR TERCERA VEZ
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Una vez llegado al Calvario, en la cercanía inmediata
del punto en que iba a ser crucificado, Jesús cayó por
tercera vez, exhausto y sin arrestos ya para levantarse.
Las condiciones en que venía y la continua subida lo
habían dejado sin aliento. Había mantenido su decisión
de secundar los planes de Dios, a los que servían los
planes de los hombres, y así había alcanzado, aunque
con un total agotamiento, los pies del altar en que
había de ser inmolado.
Jesús agota sus facultades físicas y psíquicas en el
cumplimiento de la voluntad del Padre, hasta llegar a la
meta y desplomarse. Nos enseña que hemos de
seguirle con la cruz a cuestas por más caídas que se
produzcan y hasta entregarnos en las manos del Padre
vacíos de nosotros mismos y dispuestos a beber el cáliz
que también nosotros hemos de beber. Por otra parte,
la escena nos invita a recapacitar sobre el peso y la
gravedad de los pecados, que hundieron a Cristo.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Señor, pequé, ten misericordia de mí.
Pecamos Señor y nos pesa, ten misericordia de
nosotros
Décima Estación
JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Ya en el Calvario y antes de crucificar a Jesús, le dieron
a beber vino mezclado con mirra; era una piadosa
costumbre de los judíos para amortiguar la
sensibilidad del que iba a ser ajusticiado. Jesús lo
probo, como gesto de cortesía, pero no quiso beberlo;
prefería mantener la plena lucidez y conciencia en los
momentos supremos de su sacrificio. Por otra parte,
los soldados despojaron a Jesús, sin cuidado ni
delicadeza alguna, de sus ropas, incluidas las que
estaban pegadas en la carne viva, y, después de la
crucifixión, se las repartieron.
Para Jesús fue sin duda muy doloroso ser así despojado
de sus propios vestidos y ver a qué manos iban a parar.
Y especialmente para su Madre, allí presente, hubo de
ser en extremo triste verse privada de aquellas
prendas, tal vez labradas por sus manos con maternal
solicitud, y que ella habría guardado como recuerdo del
Hijo querido.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Señor, pequé, ten misericordia de mí.
Pecamos Señor y nos pesa, ten misericordia de
nosotros
Undécima Estación
JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
«Y lo crucificaron», dicen escuetamente los
evangelistas. Había llegado el momento terrible de la
crucifixión, y Jesús fue fijado en la cruz con cuatro
clavos de hierro que le taladraban las manos y los pies.
Levantaron la cruz en alto y el cuerpo de Cristo quedó
entre cielo y tierra, pendiente de los clavos y apoyado
en un saliente que había a mitad del palo vertical. En la
parte superior de este palo, encima de la cabeza de
Jesús, pusieron el título o causa de la condenación:
«Jesús el Nazareno, el Rey de los judíos». También
crucificaron con él a dos ladrones, uno a su derecha y el
otro a su izquierda.
El suplicio de la cruz, además de ser infame, propio de
esclavos criminales o de insignes facinerosos, era
extremadamente doloroso, como apenas podemos
imaginar. El espectáculo mueve a compasión a
cualquiera que lo contemple y sea capaz de nobles
sentimientos. Pero siempre ha sido difícil entender la
locura de la cruz, necedad para el mundo y salvación
para el cristiano. La liturgia canta la paradoja: «¡Dulces
clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza / con un
peso tan dulce en su corteza!».
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Señor, pequé, ten misericordia de mí.
Pecamos Señor y nos pesa, ten misericordia de
nosotros
Duodécima Estación
JESÚS MUERE EN LA CRUZ
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Desde la crucifixión hasta la muerte transcurrieron
tres largas horas que fueron de mortal agonía para
Jesús y de altísimas enseñanzas para nosotros. Desde el
principio, muchos de los presentes, incluidas las
autoridades religiosas, se desataron en ultrajes y
escarnios contra el Crucificado. Poco después ocurrió
el episodio del buen ladrón, a quien dijo Jesús: «Hoy
estarás conmigo en el paraíso». San Juan nos refiere
otro episodio emocionante por demás: Viendo Jesús a
su Madre junto a la cruz y con ella a Juan, dice a su
Madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo»; luego dice al
discípulo: «Ahí tienes a tu madre»; y desde aquella
hora el discípulo la acogió en su casa. Después de esto,
nos dice el mismo evangelista, sabiendo Jesús que ya
todo estaba cumplido, dijo: «Tengo sed». Tomó el
vinagre que le acercaron, y añadió: «Todo está
cumplido». E inclinando la cabeza entregó el espíritu.
A los motivos de meditación que nos ofrece la
contemplación de Cristo agonizante en la cruz, lo que
hizo y dijo, se añaden los que nos brinda la presencia
de María, en la que tendrían un eco muy particular los
sufrimientos y la muerte del hijo de sus entrañas.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Señor, pequé, ten misericordia de mí.
Pecamos Señor y nos pesa, ten misericordia de
nosotros
Decimotercera Estación
JESÚS ES BAJADO DE LA CRUZ
Y PUESTO EN LOS BRAZOS DE SU MADRE
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Para que los cadáveres no quedaran en la cruz al día
siguiente, que era un sábado muy solemne para los
judíos, éstos rogaron a Pilato que les quebraran las
piernas y los retiraran; los soldados sólo quebraron las
piernas de los otros dos, y a Jesús, que ya había muerto,
uno de los soldados le atravesó el costado con una
lanza. Después, José de Arimatea y Nicodemo,
discípulos de Jesús, obtenido el permiso de Pilato y
ayudados por sus criados o por otros discípulos del
Maestro, se acercaron a la cruz, desclavaron cuidadosa
y reverentemente los clavos de las manos y los pies y
con todo miramiento lo descolgaron. Al pie de la cruz
estaba la Madre, que recibió en sus brazos y puso en su
regazo maternal el cuerpo sin vida de su Hijo.
Escena conmovedora, imagen de amor y de dolor,
expresión de la piedad y ternura de una Madre que
contempla, siente y llora las llegas de su Hijo
martirizado. Una lanza había atravesado el costado de
Cristo, y la espada que anunciara Simeón acabó de
atravesar el alma de la María.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Señor, pequé, ten misericordia de mí.
Pecamos Señor y nos pesa, ten misericordia de
nosotros
Decimocuarta Estación
JESÚS ES SEPULTADO
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
José de Arimatea y Nicodemo tomaron luego el cuerpo
de Jesús de los brazos de María y lo envolvieron en una
sábana limpia que José había comprado. Cerca de allí
tenía José un sepulcro nuevo que había cavado para sí
mismo, y en él enterraron a Jesús. Mientras los varones
procedían a la sepultura de Cristo, las santas mujeres
que solían acompañarlo, y sin duda su Madre, estaban
sentadas frente al sepulcro y observaban dónde y cómo
quedaba colocado el cuerpo. Después, hicieron rodar
una gran piedra hasta la entrada del sepulcro, y
regresaron todos a Jerusalén.
Con la sepultura de Jesús el corazón de su Madre
quedaba sumido en tinieblas de tristeza y soledad.
Pero en medio de esas tinieblas brillaba la esperanza
cierta de que su Hijo resucitaría, como Él mismo había
dicho. En todas las situaciones humanas que se
asemejen al paso que ahora contemplamos, la fe en la
resurrección es el consuelo más firme y profundo que
podemos tener. Cristo ha convertido en lugar de mera
transición la muerte y el sepulcro, y cuanto simbolizan.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Señor, pequé, ten misericordia de mí.
Pecamos Señor y nos pesa, ten misericordia de
nosotros
Decimoquinta Estación
JESÚS RESUCITA DE ENTRE LOS MUERTOS
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Pasado el sábado, María Magdalena y otras piadosas
mujeres fueron muy de madrugada al sepulcro.
Llegadas allí observaron que la piedra había sido
removida. Entraron en el sepulcro y no hallaron el
cuerpo del Señor, pero vieron a un ángel que les dijo:
«Buscáis a Jesús de Nazaret, el Crucificado; ha
resucitado, no está aquí». Poco después llegaron Pedro
y Juan, que comprobaron lo que les habían dicho las
mujeres. Pronto comenzaron las apariciones de Jesús
resucitado: la primera, sin duda, a su Madre; luego, a la
Magdalena, a Simón Pedro, a los discípulos de Emaús,
al grupo de los apóstoles reunidos, etc., y así durante
cuarenta días. Nadie presenció el momento de la
resurrección, pero fueron muchos los que, siendo
testigos presenciales de la muerte y sepultura del
Señor, después lo vieron y trataron resucitado.
En los planes salvíficos de Dios, la pasión y muerte de
Jesús no tenían como meta y destino el sepulcro, sino la
resurrección, en la que definitivamente la vida vence a
la muerte, la gracia al pecado, el amor al odio. Como
enseña San Pablo, la resurrección de Cristo es nuestra
resurrección, y si hemos resucitado con Cristo hemos
de vivir según la nueva condición de hijos de Dios que
hemos recibido en el bautismo.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Señor, pequé, ten misericordia de mí.
Pecamos Señor y nos pesa, ten misericordia de
nosotros
Oremos: Señor Jesucristo, tú nos has concedido
acompañarte, con María tu Madre, en los misterios de
tu pasión, muerte y sepultura, para que te
acompañemos también en tu resurrección; concédenos
caminar contigo por los nuevos caminos del amor y de
la paz que nos has enseñado. Tú que vives y reinas por
los siglos de los siglos. Amén
CORONILLA DE LA DIVINA MISERICORDIA
ORACIÓN AL COMENZAR
Expiraste, Jesús; pero la fuente de vida brotó para las
almas, y el mar de misericordia se abrió para el mundo
entero. ¡Oh, fuente de vida, insondable misericordia
divina!, abarca el mundo entero y derrámate sobre
nosotros.
Luego, se dice tres veces:
¡Oh, Sangre y Agua que brotasteis del corazón de Jesús,
como una fuente de misericordia para nosotros! ¡En Ti
confío!
A continuación, se reza:
Padrenuestro, Ave María, Credo.
LAS CINCO DECENAS
Se rezan a continuación las cinco decenas. El guía,
comienza rezando con las siguientes palabras, que se
repiten en cada cuenta grande:
Padre Eterno, Te ofrezco el Cuerpo, la Sangre, el Alma y
la Divinidad de Tu Amadísimo Hijo, Nuestro Señor
Jesucristo, como propiciación de nuestros pecados y
los del mundo entero.
Después, en cada cuenta pequeña se repite diez veces:
Por Su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y
del mundo entero.
Después, se hace la siguiente decena, hasta completar
cinco.
ORACIÓN FINAL
Rezadas las cinco decenas, todos, en común, dirán tres
veces:
Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad o
misericordia de nosotros y del mundo entero.
¡Oh, Dios eterno!, en quien la Misericordia es infinita y
el tesoro de compasión inagotable. Vuelve a nosotros
Tu mirada bondadosa, y aumenta Tu Misericordia en
nosotros. Para que, en momentos difíciles, no nos
desesperemos ni nos desalentemos, sino que, con gran
confianza, nos sometamos a Tu santa voluntad, que es
el amor y la misericordia mismos. Amén.
CONCLUSIÓN
En el nombre del Padre, + y del Hijo, y del Espíritu
Santo. Amén. ¡Jesús, en Ti confío!
ORACIONES DEL ANGEL
«Dios mío, yo creo, adoro, espero y os amo.
Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no
esperan y no os aman.»

«Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, os


adoro profundamente y os ofrezco el preciosísimo
Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo,
presente en todos los sagrarios de la tierra, en
reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias
con que El mismo es ofendido.
Y por los méritos infinitos de su Santísimo Corazón y
del Corazón Inmaculado de María, os pido la
conversión de los pobres pecadores.»
COMUNIÓN ESPIRITUAL
Creo, Jesús mío,
que estáis realmente presentes en el Santísimo
Sacramento del Altar.
Os amo sobre todas las cosas
y deseo recibiros en mi alma.
Pero como ahora no puedo recibiros sacramentado,
venid a lo menos espiritualmente a mi corazón.
Y como si ya os hubiese recibido,
os abrazo y me uno del todo a Ti.
Señor, no permitas que jamás
Me aparte de Ti. Amén.
ALMA DE CRISTO
Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh, buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
Del enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti.
Para que con tus santos te alabe.
Por los siglos de los siglos. Amén.

VENI CREATOR
Ven, Espíritu Creador, que inspiras nuestras
visita las almas de tus palabras.
fieles Ilumina nuestros
llena con tu divina sentidos;
gracia, infunde tu amor en
los corazones que nuestros corazones;
creaste. y, con tu perpetuo
Tú, a quien llamamos auxilio,
Paráclito, fortalece la debilidad de
don de Dios Altísimo, nuestro cuerpo.
fuente viva, fuego, Aleja de nosotros al
caridad y espiritual enemigo,
unción. danos pronto la paz,
Tú derramas sobre sé nuestro director y
nosotros los siete dones; nuestro guía,
Tú, dedo de la diestra del para que evitemos todo
Padre; mal.
Tú, fiel promesa del Por ti conozcamos al
Padre; Padre,
al Hijo revélanos Gloria a Dios Padre,
también; y al Hijo que resucitó,
Creamos en ti, su y al Espíritu Consolador,
Espíritu, por los siglos de los
por los siglos de los siglos. Amén.
siglos

SECUENCIA
Ven Espíritu divino, faltas por dentro. Mira el
manda tu luz desde el poder del pecado cuando
cielo. Padre amoroso del no envías tu aliento.
pobre, don en tus dones Riega la tierra en sequía,
espléndido. Luz que sana el corazón enfermo.
penetras las almas, Lava las manchas.
fuente del mayor Infunde calor de vida en
consuelo. el hielo.
Ven, dulce huésped del Doma el espíritu
alma, descanso de indómito. Guía al que
nuestro esfuerzo. Tregua tuerce el sendero.
en el duro trabajo, brisa Reparte tus siete dones
en las horas de fuego. según la fe de tus siervos.
Gozo que enjuga las Por tu bondad y tu
lágrimas y reconforta en gracia, dale al esfuerzo
los duelos. Entra hasta el su mérito. Salva al que
fondo del alma divina luz busca salvarse y danos tu
y enriquécenos. Mira el gozo eterno.
vacío del alma si tú le
REZO DEL SANTO ROSARIO
MISTERIOS GOZOSOS (SE REZAN LUNES Y
SÁBADOS)
1º Misterio: La Anunciación del Ángel a la Virgen
María y la Encarnación del Hijo de Dios: El Ángel
Gabriel se presenta ante la Virgen María y le anuncia
que será la Madre de Jesús. “María dijo: Yo soy la
servidora del Señor, que se cumpla en Mí lo que has
dicho”. (Lc. 1, 38). Te pedimos Madre nos ayudes a ser
humildes y obedientes a la voluntad del Padre.
2º Misterio: La visita de María Santísima a su prima
Santa Isabel: “En aquellos días, María partió y fue sin
demora a un pueblo de la montaña de Judá”. (Lc. 1,
39), a ver a su prima Isabel. Te pedimos Madre nos
concedas la verdadera caridad cristiana y la alegría en
el servicio.
3º Misterio: El nacimiento de Nuestro Señor
Jesucristo en el portal de Belén:“Mientras se
encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre;
y María dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en
pañales y lo acostó en un pesebre”. (Lc. 2, 6-7) Te
pedimos Madre la gracia de que Jesús nazca cada día en
nuestro corazón.
4º Misterio: La presentación del Niño Jesús en el
Templo: “Cuando llegó el día fijado por la Ley de
Moisés para la purificación, llevaron al Niño a
Jerusalén, para presentarlo al Señor”. (Lc. 2, 22) Te
pedimos Madre la virtud de la obediencia y la pureza.
5º Misterio: El Niño Jesús, perdido y hallado en el
Templo: Jesús se ha perdido. Tiene doce años.
Acongojada y afanosamente la Virgen lo busca con
resignación. “Al tercer día, lo hallaron en el Templo en
medio de los doctores de la Ley”. (Lc. 2, 46). Te pedimos
Madre la gracia de buscar y seguir a Jesús, aceptando la
voluntad divina.
MISTERIOS LUMINOSOS (SE REZAN LOS JUEVES):
1° Misterio: El Bautismo de Jesús en el río Jordán:
“Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese
momento se le abrieron los cielos, y vio al Espíritu de
Dios descender como una paloma y dirigirse hacia Él. Y
se oyó una voz del cielo que decía: Éste es mi Hijo muy
querido, en quien tengo puesta toda mi
predilección”. (Mt. 3, 16-17). Te pedimos Madre, nos
ayudes a vivir nuestro Bautismo con fidelidad a Jesús.

2º Misterio: La autorrevelación de Jesús en las


Bodas de Caná:
“Y como faltaba vino la madre de Jesús le dijo: No
tienen vino. Jesús le respondió: ¿qué tenemos que ver
nosotros?. Mi hora no ha llegado todavía. Pero su
madre dijo a los sirvientes: Hagan todo lo que Él les
diga… Éste fue el primero de los signos de Jesús y lo
hizo en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria y sus
discípulos creyeron en Él”. (Jn. 2, 3-5, 11). Te pedimos
Madre, aprender a escuchar y corresponder al Señor.
3º Misterio: El anuncio de Jesús sobre el Reino de
Dios y su invitación a la conversión: “Allí
proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo: El
Tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca.
Conviértanse y crean en la Buena Noticia”. (Mc. 1, 14-
15). Te pedimos Madre, la gracia de nuestra
conversión, arrepentimiento y confianza plena en Dios.
4º Misterio: La Transfiguración de Jesús en el
Monte Tabor: “Mientras oraba, su rostro cambió de
aspecto y sus vestiduras se volvieron de una blancura
deslumbrante… Desde la nube se oyó entonces una Voz
que decía: Éste es mi Hijo, el Elegido, escúchenlo”. (Lc.
9, 29 y 35). Te pedimos Madre selles en nuestro corazón
el deseo de santidad, de aspirar los tesoros del cielo.
5º Misterio: Jesús instituye la Eucaristía: “Mientras
comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo
partió y lo dio a sus discípulos diciendo: Tomen y
coman esto es mi Cuerpo. Después tomó una copa, dio
gracias y se la entregó diciendo: Beban todos de ella,
porque ésta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que
se derrama por muchos para la remisión de los
pecados”. (Mt. 26, 26-28). Te pedimos Madre,
enamorarnos de Jesús Eucaristía, ser dignos sagrarios
del Cuerpo y de la Sangre de Jesús.
MISTERIOS DOLOROSOS (SE REZAN MARTES Y
VIERNES)
1° Misterio: La oración de Jesús en el Huerto de los
Olivos: La noche antes de su muerte en la Cruz, Jesús,
que siendo Dios sabía que lo iban a crucificar, sube al
Monte de los Olivos a rezar. “Y adelantándose un poco,
cayó con el rostro en tierra, orando así: Padre mío, si es
posible, que pase lejos de mí este cáliz, pero no se haga
mi voluntad, sino la tuya”. (Mt. 26, 39). Te pedimos
Madre nos concedas fortaleza en las pruebas, fidelidad
en la oración.
2° Misterio: La flagelación de Jesús: Pilatos mandó
entonces azotar a Jesús”. (Jn. 19, 1). Te pedimos Madre
nos ayudes a ofrecer los dolores del cuerpo y del alma en
unión a Jesús.
3° Misterio: Jesús es coronado de espinas:Los
soldados tejieron una corona de espinas y se la
pusieron sobre la cabeza. Lo revistieron con un manto
rojo, y acercándose, le decían: “¡Salud, rey de los
judíos!”, y lo abofeteaban. (Jn. 19,2-3). Te pedimos
Madre nos ayudes a aceptar y ofrecer pacientemente
las humillaciones, desprecios, burlas, desamores.
4° Misterio: Jesús con la cruz a cuestas camino al
Calvario: Jesús, cargando sobre sí la cruz, salió de la
ciudad para dirigirse al lugar llamado “del Cráneo”, en
hebreo “Gólgota”. (Jn. 19, 17). Te pedimos Madre la
gracia de aceptar y llevar con valor y alegría nuestra
cruz de cada día.
5 ° Misterio: Jesús muere en la Cruz: Cuando llegaron
al lugar llamado “del Cráneo”, lo crucificaron”. (Lc. 23,
33). Era alrededor del mediodía. El sol se eclipsó y la
oscuridad cubrió toda la tierra hasta las tres de la
tarde:. El velo del Templo se rasgó por el medio. Jesús,
con un grito, exclamó: “Padre, en tus manos
encomiendo mi espíritu”. Y diciendo esto, expiró. (Lc.
23, 44-46). Te pedimos Madre morir al pecado,
perseverar en el bien y en el anhelo profundo de la
salvación de todas las almas.
MISTERIOS GLORIOSOS: (SE REZAN LOS MIÉRCOLES
Y DOMINGOS)
1º Misterio: La Resurrección de Nuestro Señor
Jesucristo: Al entrar al sepulcro, vieron a un joven
sentado a la derecha, vestido con una túnica blanca.
Ellas quedaron sorprendidas, pero él les dijo: “No
teman. Ustedes buscan a Jesús de Nazaret, el
Crucificado. Ha resucitado, no está aquí. (Mc. 16, 5-6).
Te pedimos Madre crecer en la fe, la esperanza y deseo
de la vida eterna.
2º Misterio: La Ascensión de Nuestro Señor a los
cielos: “Ustedes son testigos de todo esto. Y Yo les
enviaré lo que mi Padre les ha prometido.
Permanezcan en la ciudad, hasta que sean revestidos
con la fuerza que viene de lo alto”. Después Jesús los
llevó hasta las proximidades de Betania y, elevando sus
manos, los bendijo. Mientras los bendecía, se separó de
ellos y fue llevado al cielo”. (Lc. 24, 48-51).
Te pedimos Madre ascender diariamente en nuestra
vida espiritual.
3º Misterio: La venida del Espíritu Santo sobre
María Santísima y sobre los Apóstoles: “Al llegar el
día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el
mismo lugar. De pronto, vino del cielo un ruido
semejante a una ráfaga de viento que resonó en toda la
casa donde se encontraban. Entonces vieron aparecer
unas lenguas como de fuego, que descendieron por
separado sobre cada uno de ellos. Todos quedaron
llenos del Espíritu Santo”. (Hechos 2, 1-4). Te pedimos
Madre ser dóciles al Espíritu Santo, deseosos de vivir en
gracia de Dios y cumplir su voluntad.
4º Misterio: La Asunción de María Santísima a los
cielos:
“Finalmente, la Virgen Inmaculada, preservada inmune
de toda mancha de culpa original, terminado el curso
de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la
gloria celestial (Lumen Gentium Cap. VIII 59). Te
pedimos Señor, la gracia de vivir como María, con
humildad y sencillez para alcanzar una santa muerte.
5º Misterio: La Coronación de María Santísima
como Reina y Señora de todo lo creado: “…Y
ensalzada por el Señor como Reina universal con el fin
de que se asemejase de forma más plena a su Hijo,
Señor de los señores y vencedor del pecado y de la
muerte”. (Lumen Gentium Cap. VIII 59) . Te pedimos
Señor, crecer cada día en el amor a Ntra. Madre y la
gracia de imitar fielmente sus virtudes, para alcanzar el
cielo.
Oremos: Oh Dios, cuyo Hijo unigénito, por su vida,
muerte y Resurrección nos ha merecido el premio de la
bienaventuranza eterna, concédenos a quienes
meditamos los misterios del Santísimo Rosario de la
Virgen María, imitar lo que en ellos se contiene y
alcanzar lo que prometen, por el mismo Jesucristo,
Nuestro Señor. Amén
BAJO TU AMPARO
Bajo tu amparo nos acogemos santa madre de dios no
deseches las oraciones que te dirigimos en nuestras
necesidades antes bien líbranos de todo peligro oh
virgen gloriosa y bendita
ORACIÓN A SAN MIGUEL ARCÁNGEL
San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé
nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del
demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es
nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia
Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja
al infierno a Satanás, y a los demás espíritus malignos
que vagan por el mundo para la perdición de las almas.
Amén.
ORACIÓN A SAN JOSÉ
Salve, custodio del Redentor y esposo de la Virgen
María. A ti Dios confió a su Hijo, en ti María depositó su
confianza, contigo Cristo se forjó como hombre. Oh,
bienaventurado José, muéstrate padre también a
nosotros y guíanos en el camino de la vida. Concédenos
gracia, misericordia y valentía, y defiéndenos de todo
mal. Amén.
ORACIÓN AL ÁNGEL CUSTODIO
Ángel de Dios, que eres mi custodio, pues la bondad
divina me ha encomendado a ti, ilumíname, guárdame,
defiéndeme y gobiérname. Amén
ACORDAOS
Acordaos, oh piadosísima Virgen María, que jamás se
ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu
protección, implorando tu asistencia y reclamando tu
socorro, haya sido abandonado de ti. Animado con esta
confianza, a ti también acudo, oh Madre, Virgen de las
vírgenes, y aunque gimiendo bajo el peso de mis
pecados, me atrevo a comparecer ante tu presencia
soberana.
ÁNGELUS
El ángel del Señor anunció a María.
Y concibió por obra y gracia del Espíritu Santo. Dios te
salve, María...
He aquí la esclava del Señor.
Hágase en mí según tu palabra. Dios te salve, María...
Y el Verbo de Dios se hizo carne.
Y habitó entre nosotros. Dios te salve, María...
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,
para que seamos dignos de alcanzar las promesas de
Jesucristo.
Oremos: Oh Padre, Infunde en nuestra alma tu gracia.
Tú, que en la anunciación del Ángel nos has revelado la
encarnación de tu Hijo, por su pasión y su cruz
condúcenos a la gloria de la resurrección. Por Cristo,
Nuestro Señor. Amén.
REGINA COELI
Se reza en lugar del Angelus en el Tiempo Pascual desde
la Vigila Pascual hasta el medio día del sábado de
Pentecostés.
V. Alégrate, Reina del cielo. Aleluya.
R. Porque el que mereciste llevar en tu seno. Aleluya.
V. Ha resucitado, según predijo. Aleluya.
R. Ruega por nosotros a Dios. Aleluya.
V. Gózate y alégrate, Virgen María. Aleluya.
R. Porque ha resucitado Dios verdaderamente. Aleluya.
Oremos: Oh Dios que por la Resurrección de tu Hijo,
nuestro Señor Jesucristo, te has dignado dar la alegría
al mundo, concédenos por su Madre, la Virgen María,
alcanzar el gozo de la vida eterna. Por el mismo
Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
LETANÍAS DE LA VIRGEN
Señor, ten piedad Madre del Salvador,
Cristo, ten piedad Virgen prudentísima,
Señor, ten piedad. Virgen digna de
Cristo, óyenos. veneración,
Cristo, escúchanos. Virgen digna de
Dios, Padre celestial, alabanza,
ten piedad de nosotros. Virgen poderosa,
Virgen clemente,
Dios, Hijo, Redentor del Virgen fiel,
mundo, Espejo de justicia,
Dios, Espíritu Santo, Trono de la sabiduría,
Santísima Trinidad, un Causa de nuestra
solo Dios, alegría,
Santa María, Vaso espiritual,
ruega por nosotros. Vaso digno de honor,
Santa Madre de Dios, Vaso de insigne
Santa Virgen de las devoción,
Vírgenes, Rosa mística,
Madre de Cristo, Torre de David,
Madre de la Iglesia, Torre de marfil,
Madre de la Casa de oro,
misericordia, Arca de la Alianza,
Madre de la divina Puerta del cielo,
gracia, Estrella de la mañana,
Madre de la esperanza, Salud de los enfermos,
Madre purísima, Refugio de los
Madre castísima, pecadores,
Madre siempre virgen, Consuelo de los
Madre inmaculada, migrantes,
Madre amable, Consoladora de los
Madre admirable, afligidos,
Madre del buen consejo, Auxilio de los cristianos,
Madre del Creador, Reina de los Ángeles,
Reina de los Patriarcas, Reina concebida sin
Reina de los Profetas, pecado original,
Reina de los Apóstoles, Reina asunta a los
Reina de los Mártires, Cielos,
Reina de los Confesores, Reina del Santísimo
Reina de las Vírgenes, Rosario,
Reina de todos los Reina de la familia,
Santos, Reina de la paz.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
ten misericordia de nosotros.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
ORACIÓN.
Te rogamos nos concedas, Señor Dios nuestro,
gozar de continua salud de alma y cuerpo,
y por la gloriosa intercesión de la bienaventurada
siempre Virgen María, vernos libres de las tristezas de
la vida presente
y disfrutar de las alegrías eternas. Por Cristo nuestro
Señor. Amén.
CONSAGRACIÓN AL CORAZÓN INMACULADO DE
MARÍA
Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, a
vuestro Corazón Inmaculado nos consagramos, en acto
de entrega total al Señor. Por Vos seremos llevados a
Cristo, y por Él y con El seremos llevados a Dios Padre.
Caminaremos a la luz de la fe, y haremos todo para que
el mundo crea que Jesucristo es el Enviado del Padre.
Con Él queremos llevar el Amor y la Salvación hasta los
confines del mundo. Bajo la maternal protección de
vuestro Corazón Inmaculado, seremos un solo pueblo
con Cristo. Seremos testimonio de su Resurrección. Por
Él seremos llevados al Padre, para gloria de la
Santísima Trinidad, a quien adoramos, alabamos y
bendecimos. Amen.
ORACIÓN DE SAN BERNARDO
MIRA A LA ESTRELLA, INVOCA A MARÍA
¡Oh! tú, quien quiera que seas, que te sientes lejos de
tierra firme, arrastrado por las olas de este mundo, en
medio de las borrascas y tempestades, si no quieres
zozobrar, no quites los ojos de la luz de esta estrella.
Si el viento de las tentaciones se levanta, si el escollo
de las tribulaciones se interpone en tu camino,
mira la estrella, invoca a María.
Si eres balanceado por las agitaciones del orgullo,
de la ambición, de la murmuración, de la envidia,
mira la estrella, invoca a María.
Si la cólera, la avaricia, los deseos impuros sacuden la
frágil embarcación de tu alma, levanta los ojos hacia
María.
Si perturbado por el recuerdo de la enormidad de tus
crímenes, confuso ante las torpezas de tu conciencia,
aterrorizado por el miedo del Juicio, comienzas a
dejarte arrastrar por el torbellino de tristeza, a
despeñarte
en el abismo de la desesperación, piensa en María.
Si se levantan las tempestades de tus pasiones,
mira a la Estrella, invoca a María.
Si la sensualidad de tus sentidos quiere hundir la barca
de tu espíritu, levanta los ojos de la fe,
mira a la Estrella, invoca a María.
Si el recuerdo de tus muchos pecados quiere lanzarte
al abismo de la desesperación, lánzale una mirada
a la Estrella del cielo y rézale a la Madre de Dios.
Siguiéndola, no te perderás en el camino. Invocándola
no te desesperarás. Y guiado por Ella llegarás al Puerto
Celestial. Que su nombre nunca se aparte de tus labios,
jamás abandone tu corazón; y para alcanzar el socorro
de su intercesión, no descuides los ejemplos de su vida.
Siguiéndola, no te extraviarás, rezándole, no
desesperarás, pensando en Ella, evitarás todo error.
Si Ella te sustenta, no caerás; si Ella te protege,
nada tendrás que temer; si Ella te conduce, no te
cansarás; si Ella te es favorable, alcanzarás el fin.
Y así verificarás, por tu propia experiencia, con cuánta
razón fue dicho: “Y el nombre de la Virgen era María”.
ORACIÓN A SAN JOSÉ POR LAS FAMILIAS
San José, Dios te encomendó la tarea de cuidar de
María y Jesús. Hoy te encomiendo mi familia para que
la cuides tú. Que nuestros integrantes no sufran ningún
mal; que las discordias y chismes no habiten entre
nosotros. Danos la gracia de la unidad, para que en
todo momento actuemos con sinceridad. Que los
rencores y los enojos no nos tomen, que no
pronunciemos palabras hirientes y evitemos la
mezquindad. Ayúdanos, padre de la Vida, a llegar
juntos a la eternidad y gozar en esta tierra de la gracia
de la felicidad. Amén
LETANÍAS A SAN JOSÉ
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios, Padre celestial
Dios Hijo, Redentor del mundo
Dios Espíritu Santo
Santa Trinidad, un solo Dios
Santa Maria,
San José
Ilustre descendiente de David
Luz de los patriarcas
Esposo de la Madre de Dios
Custodio purísimo de la Virgen,
Nutricio del Hijo de Dios
Diligente defensor de Cristo
Jefe de la Sagrada Familia
José justo
José casto
José prudente
José fuerte
José obediente
José fiel
Espejo de paciencia
Amante de la pobreza
Modelo de obreros
Gloria de la vida doméstica
Custodio de vírgenes
Sostén de las familias
Consuelo de los desdichados
Esperanza de los enfermos
Patrono de los moribundos
Terror de los demonios
Protector de la santa Iglesia
-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo
Perdónanos, Señor.
-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo
Escúchanos, Señor.
-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo
Ten piedad de nosotros.
V. Lo nombró administrador de su casa.
R. Y señor de todas sus posesiones.
ORACIÓN
¡Oh Dios, que con inefable providencia te dignaste
elegir a San José para esposo de tu Santísima Madre!; te
rogamos nos concedas tenerlo como intercesor en el
cielo, ya que lo veneramos como protector en la tierra.
Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

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