0% encontró este documento útil (0 votos)
22 vistas7 páginas

Cuento Lucas

Cargado por

intilucasschvarz
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como ODT, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
22 vistas7 páginas

Cuento Lucas

Cargado por

intilucasschvarz
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como ODT, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Rondaba la medianoche en la ciudad, y desde una pequeña ventana en un bloque de

edificios, el Licenciado se encontraba fumando un cigarrillo, disfrutando la tranquilidad de la


noche. Veía el humo salir de su Malboro Gold, sintiendo cada calada, ignorando casi
completamente las sirenas de los autos de policía que rondaban su barrio, las bocinas, y
ocasionalmente algún tiroteo. No pensaba concretamente en una sola cosa, circulaban por su mente
varias ideas. Entre casos de su trabajo, amoríos complejos, y toda clase de problemas que pueden
aquejar a un hombre de mediana edad.
Esbozó una sonrisa, al ver algo que logró callar sus propios pensamientos. Una pequeña
figura se había formado entre el humo que restaba en el aire. Se parecía a un ser, no exactamente
humano, eso le causó gracia.

Pero grandé fue su sorpresa cuando la extraña figura, emitió un sonido parecido a un
bostezo. Su primera reacción fue mover el humo con la mano. La figura desapareció por un par de
segundos, aliviándo al Licenciado, momentaneamente, pues reapareció en un nuevo lugar. Repitió
la acción repetidas veces, obteniendo siempre el mismo resultado.

– ¡Bastaaaaa! - gritó la figura, con una voz que el Licenciado no pudo clasificar ni como
masculina ni femenina.

– Bueno, me presento. - siguió hablando la figura.

El Licenciado continuaba estupefacto, creía estar alucinando. Una figura blanca, que había
salido del humo de su cigarro, con dos agujeros que suponía eran ojos, y una boca, además de dos
extremidades que movía rítmicamente.

– Mi nombre es Yahir, provengo del mundo donde la magia es posible. Soy una de esos
que salen de lamparas y conceden tres deseos... solo que yo recién egresé... por eso no
salgo de una lámpara, y te puedo conceder un solo deseo. En fin... no veo la reacción de
felicidad que nos contaron en la academia.

El hombre no entendía nada, no quería entender ni creer en nada.

– ¡Hablá muchache! ¿Cuál es tu deseo? ¡Habla! ¿O no podes? Perdón si no podes, también


se lengua de señas. - dijó y de sus extremidades se formaron don manos humanas, con
las cuales comenzó a realizar signos que el Licenciado pudo reconocer efectivamente
eran lengua de señas.

Ante la insitencia de la extraña figura, finalmente habló.

– Si, si puedo hablar. - respondió en voz baja y rasposa. Tosió y lo repitió pero esta vez
elevando el volumen de su voz. - Si, puedo hablar. No entiendo... quién sos... qué estas
haciendo acá...

– ¡Silly! - exclamó Yahir en un perfecto acento británico – Soy Yahir y concedo deseos.

– Pero, ¿Por qué a mi exactamente? - preguntó el hombre.

– A veeer, exactamente no lo sé. Una máquina nos asigna humanes a quienes visitar,
generalmente son personas que se encuentran frente a algúna gran dificultad, o se sienten
aburridas, agobiadas, cansadas, que necesitan un giro en sus vidas. Pero a veces se
equivocan y nos mandan a personas felices y contentas, como vos, ¿No amigue?
– Si... seguro – Dijo el Licenciado, sabiendo que en realidad estaba agobiado de su
rutinaria existencia.

– En fin... ¿cuál es tu deseo?

El Licenciado pensó. No era una de esas personas que deseara ser multimillonario, se
encontraba estable económicamente, y sabía que el dinero no lo conseguía todo. Aunque lo dudó,
podría tener el auto que soñaba desde chico, un Camaro amarillo; podría mudarse del apartamento
en el que vivía, a una casita en un balneario alejado del ajetreo de la ciudad. Podría desear fama, eso
le atraería dinero, y además le subiría el ego, el cual lo tenía bastante bajo. Se imaginó siendo el
mejor Licenciado de la ciudad, del país, del mundo. Pero luego pensó, que no solo se ganaría
personas que apreciaran su trabajo, sino también enemigos, y la idea empezó a disgustarle. Quizás..
y solo quizas... podría desear una pareja. Se sentía solo, llegando a la mitad de su vida sin una
compañera estable. Sentía que tenía mucho amor para dar, siempre había sido un romántico. Hasta
hijos le gustaría tener. Podría desear un viaje, recorrer el mundo, como siempre había querido. O la
vida eterna... o una despensa con alimentos para subsistir mucho tiempo... o la casa de sus sueños...
o el auto, o la familia, o el mejor trabajo, o leerle la mente a las personas, o hasta tener la habilidad
de ser invisible... y así continuó pensando por largo rato. Yahir mientras tanto, se movía inquieto por
todos los rincones de la habitación. Se mordía las uñas, fumaba un cigarro, se mordía las uñas,
fummaba otro cigarro, fumaba sus uñas y mordía el cigarro, ya no sabía que más hacer.

– Bueno muchacho, ¿vas a demorar mucho? Porque tengo otros trabajos que hacer.

– Elegir un solo deseo no es algo facil... ¿Yhonatan? ¿cómo era tu nombre?

– Yahir... - contestó el ser un poco enojado – Hagamos así, yo me voy, vos pensalo, y
cuando estes listo, decilo en voz alta mientras fumas un cigarro. El humo me lo va a
comunicar. ¿Estamos? - el Licenciado asintió y la figura se disipó en la noche, dejandolo
absorto en sus pensamientos, tal como se encontraba antes de que esta apareciera.

Había pasado un día, cuando el Licenciado finalmente se decidió por desear el auto que
siempre había querido, el flamante camaro amarillo. Lo dijo en voz alta luego de expulsar el humo
de su cigarrillo, tal como le había indicado la genio, quien no tardó en aparecer.

– ¡Hola! Tenes que desearlo con toda tu energía. - ordenó Yahir

El Licenciado, un poco incredúlo, intentó focalizarse en el auto hermoso de sus sueños.

Un apagón en toda la ciudad y la ausencia de la figura de humo, le indicaron que su deseo se


había cumplido, o eso creía. Apagó el cigarro y se dirigió al baño. Pero se sorprendió con lo que
vió. Su pelo corto y grisaceo se había alargado y enrojecido; su bello facial había desaparecido, y
tenía un par de senos sobresaliendo en su torso. Se llevó la mano a la entrepierna y confirmó, había
aparecido en un cuerpo de una mujer. De una mujer muy hermosa, muy hegemónica pensó.

Salió hacia la ventana y desesperado gritó el nombre del ser extraño que lo había convertido
en una mujer, él solo quería un auto.

Yahir apareció enseuida, con una cara que delataba su culpabilidad en el embrollo.
– Disculpame, fue mi error... te dije que soy nueva en esto y soy un poco distraide. Pero
voy a averiguar como solucionarlo. Mientras tanto, seguí tu vida, solo que ahora con este
cuerpo. - comentó y se fué, antes de que el enojado Licenciado pudiera decirle alguna
cosa.

Volvió a dirgirse al baño, esta vez no se asustó con su imagen, trató de verse. No sabía
cuanto podía demorar el genio – o la genia, seguía sin saber el género de Yahir – en resolver la
situación para que volviera a su cuerpo. El sabía muy bien que no era una persona trans, se
reconocía e identificaba como un hombre, un hombre bisexual. Nunca había deseado tener otro
cuerpo, estaba bastante conforme con como lucía, y menos hubiese deseado cambiar de sexo. No
obstante, se encontró en su cara, sus ojos seguían transmitiendo lo que era, se sentía verdadero.
Había algo que lo molestaba, si alguna vez se había imaginado mujer – como muchas
masculinidades suelen hacer en algún punto de su vida – era una mujer de pelo corto. Lo decidió, si
tendría que vivir en este cuerpo iba a hacerlo lo más real posible. Así que tomó una tijera, y
comenzó a cortarse el cabello. Los mechones colorados iban cayendo, y el Licenciado se sentía
cada vez más él, el de antes. Se fue a dormir pensando en como sería su vida a partir de ese
momento, deseando que solo fuera un sueño, y mañana despertara con su verdadero cuerpo.

Sonó su despertador, y al abrir sus ojos se dió cuenta que seguía dentro de esta pesadilla.
Sentía mucho sus pechos, le pesaban, le dolían, como si le estuvieran gritando que los arrancaran
por que no le pertenecían. Se llevó las manos hacia esa parte que se sentía como un apéndice
innecesario y lloró. Y por primera vez en mucho tiempo, las lagrimas rodaron con gran facilidad
sobre sus mejillas.

Estuvo en la misma posición por un largo rato, hasta que decidió levantarse, debía ir a
trabajar. Se detuvo frente al ropero, por suerte tenía toda su misma ropa. Al parecer su pasado no
había cambiado, pero su sexo si. Se colocó los pantalones mas flojos que tenía, y un canguro
oversize.

Llegó a su trabajo, después de un árduo viaje en transporte publico donde se ganó varias
miradas, e incluso escuchó un “mirá a esa lesbiana”. Trabajaba en una oficina conformada
mayoritariamente por varones, eso nunca lo había molestado, pero ahora las forma en que lo
miraban lo incomodaba. Su jefe se acercó a saludarlo antes de que se sentara en su escritorio.

– Hola Cata... tan linda te veías con pelo largo... no me digas que ahora tiras para el otro
equipo... ¡Que desperdicio!

Así que su nombre también había cambiado, se llamaba Cata, Catalina supuso. Ignoró las
palabras de su jefe, que al no obtener respuesta se marchó a su oficina. Se dispuso a trabajar,
ignorando el hecho de que ahora era otra persona. Y así lo hizo, hasta que llegó la hora del
almuerzo. Fue hasta el comedor, se sirvió su comida y se sentó solo en una mesa.

Se encontraba disfrutando de su milanesa con puré, cuando un chico se acercó.

– Hola, soy Joaquín. Soy nuevo. Tu debes ser la Licenciada. ¿No?

Levantó la mirada y lo vio, debería tener cerca de treinta, era delgado y lampiño.

– Un gusto Joaquin, soy... soy Cata. - dijo y extendió la mano como solía saludar a sus
compañeros de trabajo.
Joaquín lejos de extrañarse, esbozó una sonrisa y lo saludó con un beso en la mejilla.
Procedió a sentarse frente al Licenciado, y entablar una amigable conversación sobre como
funcionaba el trabajo.

El Licenciado, ahora Cata, volvió a su casa. A pesar del día dificil se sentía feliz de haber
conocido a alguien que no lo miraba como si fuese una presa.

Al llegar a casa se encendió un cigarro como todas las noches, e intentó llamar al genio.
Luego de unas cuantas horas, cuando el sol ya lanzaba sus primeros rayos de luz, se rindió, y
decidió prepararse para un día más de trabajo.

Las siguientes semanas repitió su rutina nocturnna, aunque cada vez eran menos los
cigarrillos que fumaba, y sus pensamientos oscilaban entre el genio y el error que había cometido, y
las conversaciones en la empresa con Joaquín.

Era sábado, y el Licenciado se encontraba en su cama, acostado y mirando al techo,


pensando en como volver a su cuerpo original, cuando el sonido de su celular indicando una
llamada entrante lo sacó de sus pensamientos.

– Hola Cata. Soy yo Joaquín, quería invitarte a ir un bar que hace su inauguración hoy.
¿Que decis?

Automáticamente le dijo que si, distraerse le haría bien, y la compañia de su nuevo amigo le
subía el ánimo.

– No se con que ropa ir – admitió – hace mucho que no salgo.

– No te preocupes reina, paso antes por tu casa y te armamos un buen outfit. - Respondió
Joaquín emocionado.

El Licenciado se dio una ducha, y esperó hasta la hora marcada. Con una puntualidad
inglesa llegó su amigo.

– Hola hermosa, traje algo de maquillaje, y unas camisetas que creo te van a gustar.

Primero se sirvieron un par de cervezas, se fumaron un cigarro mientras intercambiaban


sobre el trabajo, la vida, y las aspiraciones que tenían. Luego, se comenzaron a preparar. Joaquín se
puso un jean negro con algunos brillitos, y un crop top también negro con detalles en rojo. El
Licenciado lo miraba un tanto extrañado, sus amigos no solían vestirse tan... lindo. El chico sacó
una máscara para pestañas y un delineador, y comenzó a maquillarse.

– ¿Qué? ¿Acaso solo vos podes verte asi de diosa? A mi también me gusta verme linda...
lindo – expresó Joaquín, y al Licenciado no le pareció raro la equivocación de
pronombres, lo tomó como un error al pasar. - Ahora te toca a vos preciosa, mostrame
que pantalones tenés.

“Cata” sacó un par de jeans, celestes y azules, algunos rotos, otros con detalles y un pantalón
de cuerina negra.

– Definitivamente el de cuerina – dijo Joaquín – Además, te va a quedar perfecto con el


top que traje.
– Es hermoso... ¿De donde lo sacaste? - preguntó el Licenciado apreciando la pieza de tela
que tenía entre sus manos. Era un top blanco sin mangas, con la lengua de los Rolling
Stones estampada. Le encantaba, pero no sabía como se vería con su pecho. Pasaban los
días, pero la sensación de extrañeza con esa parte de su cuerpo seguía tan fuerte como la
primera vez.

– Este... me lo prestó mi hermana. - comento sospechosamente Joaquín, pero nuevamente


al Licenciado no le pareció algo a lo que prestarle atención.

Esa noche fueron al bar que le habían recomendado a su amigo, y para sorpresa de “Cata” se
sintió extremadamente comodo. No era igual a los bares que había ido antes, era más colorido, la
gente era más amable, nadie se importaba por como te veías o como bailabas.

Volvió a su casa, y por primera vez en mucho tiempo no fue a llamar al genio, fue directo a
su cama a dormir. Esa noche soñó con una mujer, igual a como él se veía ahora pero con el pelo
largo. En el sueño también estaba él en su cuerpo de antes, y al parecer la mujer era su pareja.
Se despertó muy confundido por el sueño, pero estaba acostumbrado a tener sueños tan extraños
que solamente maldijo un poco a su inconsciente por la extrañeza del sueño, y luego siguió con su
mañana.

Eran casi las doce del mediodía, y el Licenciado se encontraba fumando un cigarro luego del
almuerzo, cuando el genio se apareció.

– Hola. Cuanto tiempo... ¡Te tengo una buena noticia!

– Recién... - murmuro él

– Bueno, tuve que hacer un montón de papeleo, reportar el error, asistir a un comité que
juzgo si podría seguir siendo genie, y al final de todo tuve que investigar por mi cuenta
como solucionar tu error. Fueron días interminables, esto es una pesadilla – para mi lo
es pensó el Licenciado – En fin... - continuo Yahir – lo que vengo a contarte es que
descubrí que la persona con la que se me confundió tu deseo está vinculada a vos de
alguna manera.

– ¿Y quién es? - preguntó

– Eso aún no lo sé. Bueno... me voy. - y desapareció en la soleada tarde dejando al


Licenciado maldiciendo en la terraza.

Pasaron los meses, y el Licenciado ya se encontraba resignado a que esta sería su nueva
vida, así que trataba de disfrutarla al máximo. Joaquín había sido el protagonista de sus días más
felices, donde se olvidaba que su vida había dado un vuelco y ya no era el de antes. Se había vuelto
tan importante, que sintió que debería contarle la verdad. Creía que le estaba siendo deshonesto, y
que no quería construir una amistad en base de mentiras. Así que lo decidió, aprovecharía esa noche
que iría a cenar a la casa de Joaqui, como cariñosamente le decía, para contarle la verdad.

Despues de una larga y ansiosa espera, cuando se hizo la hora pautada se dirigió a la casa de
su amigo.

– Tengo algo que contarte – soltó Joaquín a penas abrió la puerta.


– Yo también – respondió el Licenciado.

– Bien, digamoslo al mismo tiempo...

– Un genio apareció y me concedió un deseo...

– Soy trans.

– Pero se equivocó y me puso en este cuerpo... ¿Qué?

– ¿Qué?

– ¿Cómo que sos trans?

– Si... amiga... - la interrrumpieron las lagrimas corriendo por sus cachetes rojos – hace un
tiempo que no me siento, bah, en realidad nunca me sentí un hombre, siempre quise ser
asi de linda como vos... conocí a unas mujeres, que son así como yo, mujeres trans, y
son hermosas. Me di cuenta que yo soy una mujer trans, ya no soy Joaquín, soy Malena.

El Licenciado lo entendió todo en ese momento.

– Vos, vos lo deseaste...

– ¿qué?

– Tener este cuerpo que tengo yo...

– ¿Si?

El Licenciado se dirigió hacia el balcón y prendió un cigarrillo.

– Deseo que Malena tenga el cuerpo que desea. - Concentró todas sus energías para que
eso sucediera.

En ese momento hubo un apagón en toda la ciudad que duró un par de minutos, cuando
volvió la luz, el Licenciado se encontró en su cuerpo. Seguidamente, Malena salió con una
expresión de total confusión. Y entonces, para aumentar la sorpresa de Malena, apareció Yahir.

– Hola Malena, hola Licenciado. Ya entiendo lo qué sucedió. Cuando el Licenciado estaba
deseando su precioso auto amarillo, lo cual me parece un desperdicio de deseo pero
bueno en eso no me puedo meter, la energía con la que Malena estaba deseando tener el
cuerpo que siempre quiso, interfirió con el deseo del Licenciado.

Después de un par de preguntas de la chica, Yahir le comunicó al Licenciado que le concedía


un deseo ya que el error había sido suyo.

– Ya tengo todo lo que deseo – comentó con voz dulce mirando a Malena, para luego
acercarse, y unir sus labios en un tierno beso.

-FIN-
Dedicado a todas aquellas personas que no se sienten parte de su propia
piel, y no exactamente porque un genio les haya cambiado de cuerpo.

Inti Lucas Schvarz.


08/03/2024

También podría gustarte