1.
TÉCNICAS DE INTERVENCIÓN EN AUTOESTIMA
1.1 REESTRUCTURACIÓN COGNITIVA
A) PSICOEDUCACIÓN
DISTORSIONES COGNITIVAS
1. Pensamiento dicotómico o de todo o nada
Hace referencia a que la persona tiende hacia categorías extremas (o blanco o negro, o todo o
nada). Se trata de pensamientos que tienden a ser dicotómicos, sin puntos intermedios, donde
las cosas y las situaciones se juzgan en blanco o negro, en categorías estáticas y extremas,
dejando fuera de lugar a categorías intermedias más ajustadas a la realidad. Un ejemplo podría
ser: “me quedo en blanco unos segundos durante la presentación y pienso que todo me sale
mal”
2. Magnificación o minimización
Se trata de pensamientos que, o bien exageran la importancia de las situaciones o los hechos, o
bien las reducen hasta que parecen insignificantes. Hay una tendencia a minimizar las
cualidades o aspectos agradables y magnificar las imperfecciones o aspectos desagradables.
Algunos ejemplos de ello serían: “dicen que tengo unos ojos bonitos, pero eso no lo es todo en
una persona” o “normal que nadie me quiera con lo insoportable que soy”.
Se atiende de forma excesiva o exagera la importancia de algo que acaba de ocurrir.
Al contrario de la anterior, la persona tiende a infravalorar la importancia de una experiencia.
3. Etiquetación
Son pensamientos basados en una evaluación global del ser humano centrada en algunos
aspectos desagradables. No se describen pensamientos concretos, sino que hacen
evaluaciones globales. Por ejemplo: “soy torpe”, “soy un desastre” o “no he conseguido lo que
me he propuesto, esto demuestra lo inútil que soy”.
4. Lectura del pensamiento
La persona da por hecho lo que otra persona está pensando y da por válido este pensamiento
erróneo. Se da cuando se supone, sin pruebas, lo que otros están pensando y, además, de
forma negativa, sin tener datos que avalen estas conclusiones. Por ejemplo, pensar “eso es que
está enfadado/a conmigo”, cuando alguien pasa por el lado y no dice nada
5. Error del adivino
La persona realiza continuamente predicciones negativas, por lo que la persona está
convencida de que, sucederá un acontecimiento negativo o algo saldrá mal. Son pensamientos
que anticipan futuros desastres sin tener pruebas suficientes para ello. Se suelen caracterizar
por incluir los “¿y si…?”. Un ejemplo de ello sería cuando alguien quiere organizar una fiesta,
pero al final no la lleva a cabo porque piensa “seguro que no va a venir nadie”.
6. Filtro mental o abstracción selectiva
Centrarse únicamente en un aspecto, atributo o detalle de una situación y no atender a otros
detalles importantes porque contradicen nuestro pensamiento. Visión de túnel.
Se trata de pensamientos que surgen a raíz de un detalle desagradable y que dejan de lado los
demás aspectos de la realidad. Es como una gota de vino que tiñe toda la jarra de agua. Un
ejemplo sería: “he tenido una cita y ha ido muy bien pero como no me ha escrito todavía pienso
que no le gusto”
7. Sobregeneralización o generalización excesiva
Consiste en tomar un hecho negativo aislado y llegar a la conclusión de que, si ha ocurrido una
vez, volverá a suceder incluso de forma interminable. En este caso se trata de pensamientos
derrotistas, es decir, a partir de un evento desagradable, ya se considera que todo lo demás o lo
que podrá suceder en un futuro será igual de aversivo. Es frecuente el uso de palabras tales
como: nunca, jamás, todo, imposible. Un ejemplo de ello sería tras la ruptura con una pareja
pensar “nunca conseguiré que nadie más se fije en mí” o “jamás volveré a ser feliz”.
8. Deberías
Se tratan de demandas y exigencias autoimpuestas hacia uno/a mismo/a, hacia los demás o
hacia la vida, que no son realistas. Se suelen caracterizar por contener palabras como “debo”,
“tengo que”, “deberían de” o “tendrían que”. Suelen identificarse por algunas emociones que
surgen a raíz de ellos como ira o resentimiento, culpa, frustración, decepción, etc. Por ejemplo:
“tengo que aprobar todos los exámenes”, “Tengo que caer bien a los demás” o “mi pareja debe
apoyarme si realmente me quiere”.
Tendencia a utilizar los “debería”, “no debería”, “tendría que” o “no tendría que”. Cualquier
desviación de esas reglas o normas la considera insoportable y le provoca una alteración
extrema.
9. Personalización.
Se caracteriza por creer que todo cuanto sucede es por culpa de uno/a mismo/a, aunque no se
haya intervenido en ello. Hace referencia a culpabilizarse de las situaciones, generalmente
desagradables, que suceden alrededor. Por ejemplo: “le he dicho lo que me sentaba mal y
ahora está mal por mi culpa” o “ha suspendido porque estuvo mucho tiempo hablando
conmigo el día de antes”. Cuando tiende a autoatribuirse hechos y fenómenos externos que no
tienen que ver con ella misma y/o asume la responsabilidad ante algo negativo, a pesar de que
no existan fundamentos reales para hacerlo.
10. Razonamiento emocional
Se toman las propias emociones como prueba de verdades absolutas; tienden a razonar en
función de cómo está anímicamente la persona en ese momento. Son pensamientos que se ven
reflejados por suponer que las emociones desagradables que se experimentan son la realidad.
Por ejemplo, al sentir miedo cuando se conoce gente nueva y se piensa “conocer gente es
desagradable” o al levantarse por la mañana más hinchada/o, sentirse “gordo/a” y pensar
“estoy gorda/o”.
Características pensamientos desadaptativos:
Creencia total. Estos pensamientos se perciben como verdad, no se duda sobre ellos, parecen
muy ciertos y evidentes. No se cuestiona si pueden estar relacionados con un error y se suele
tener mucho convencimiento hacia ellos
Ausencia de evidencias. A pesar de que no haya evidencias objetivas a favor del pensamiento,
se sigue creyendo que es cierto basándose solo en lo que se interpreta. Las personas ni siquiera
se fijan en las evidencias en contra o a favor de estos pensamientos (p. ej., “el profesor de
matemáticas me odia porque he suspendido el examen”, aunque el profesor nunca haya hecho
nada que indique eso).
Suscitan emociones muy intensas. Estos pensamientos, al distorsionar la realidad y generar
impresiones erradas del mundo, suelen generar emociones desproporcionadas respecto a la
situación. Algunas de estas emociones están relacionadas con la rabia, la tristeza, etc.
No ayudan a conseguir los objetivos. Impiden buscar soluciones para diferentes situaciones o
problemas, ya que distorsionan la descripción realista de estos y provocan emociones
desajustadas que bloquean o hacen errar. En pocas palabras, este tipo de pensamiento hace
sentir tan mal que la persona suele paralizarse ante el evento.
Irracionales o ilógicos. Estos pensamientos, cuando se analizan lógicamente se pueden
observar cómo generan conclusiones que no tienen que ver con las premisas de las que parten.
También puede ser que el propio pensamiento sea contradictorio con otros o consigo mismo.
Estos pueden estar directamente mal formulados y que no tengan sentido si pudieran oírse en
boca de otra persona. Sin embargo, estos pensamientos pueden aparecer de forma automática
y dar lugar a lo que se conoce como distorsiones cognitivas, es decir, errores de pensamiento
que permiten a la persona procesar y actuar de forma rápida en diferentes situaciones.
Características pensamientos adaptativos:
Realistas. Se apoyan en datos objetivos, por lo cual son demostrables y evidentes para
cualquiera que lo analice “fríamente”. No se puede tener un pensamiento completamente
realista, pero lo ideal es que sea lo más ajustado posible a lo que se sabe.
No se plantean como necesidades sino como deseos. Los pensamientos adaptativos
describen la realidad y formulan los deseos que tienen las personas, no como necesidades,
tragedias o imperativos. Es decir, no exigen al mundo que sea de otra manera de forma
dictatorial (p. ej., “necesito aprobar matemáticas” vs “me gustaría aprobar matemáticas y así no
tener que estudiar en verano”).
Producen emociones moderadas, de corta duración y en consonancia a lo que ha ocurrido.
A diferencia de los desadaptativos que hacen experimentar emociones muy intensas, los
pensamientos adaptativos no le dan más importancia de la que ya tienen a las situaciones y
permiten experimentar la emoción ajustada al momento, no una mucho más intensa.
Ayudan a conseguir objetivos. Si se piensa de manera ajustada y realista se podrán preparar
soluciones y estrategias de cambio más útiles y con menor coste emocional. Ahora bien, los
pensamientos adaptativos no son pensamientos positivos, sino realistas. En este sentido, un
pensamiento muy positivo podría ser más desadaptativo que un pensamiento más ajustado (p.
ej., “puedo con todo”). Es cierto que este pensamiento hará sentir mejor, pero resultará igual de
desadaptativo que el anterior a largo plazo.
B) ENTRENAMIENTO EN CUESTIONAR LOS PROPIOS PENSAMIENTOS DESADAPTATIVOS
PRE-CRITERIOS DE RACIONALIDAD
Los pensamientos pueden ser modificados. En numerosas ocasiones, la persona puede tener
la creencia de que haber pensado durante mucho tiempo de una forma determinada hace
imposible cambiar su forma de interpretar la realidad.
Creer un pensamiento no significa que sea cierto. En este punto, se mostrará que
credibilidad no necesariamente significa veracidad. Para ello se puede utilizar el ejemplo de
cuando eran pequeños/as y creían en los Reyes Magos. Su grado de creencia en ellos era total,
hasta ue poco a poco fueron recibiendo “pruebas” de que no existían y cambiaron su forma de
pensar en relación a esta situación.
Diferenciar entre probabilidad y posibilidad. Con frecuencia se confunde el hecho de que
algo sea posible, que puede suceder, con el grado de probabilidad de ocurrencia. Para que sean
conscientes de esta diferencia se puede ejemplificar indicando que es posible que ahora mismo
caiga un meteorito, pero las probabilidades reales de que eso suceda son casi inexistentes.
CRITERIOS DE RACIONALIDAD
EVIDENCIA. Obtener pruebas que lo respalden u otras explicaciones posibles que pueden
existir y que lo expliquen de una forma más ajustada. Algunas preguntas son:
- ¿Qué pruebas tengo para pensar que esto es cierto?
- ¿Qué evidencia existe a favor de este pensamiento?, ¿y en contra?
- ¿Son realmente las pruebas que tengo?
- ¿Podrían existir otras alternativas posibles que lo explicasen?
- ¿Qué pensaría alguien importante para mí sobre este pensamiento?
- ¿En alguna otra ocasión he pensado de este modo y no ha sido así?
UTILIDAD. Devolver las consecuencias de pensar de un modo determinado, ayudándole a la
persona a comprobar si le es útil pensar así, si le ayuda a conseguir sus objetivos y a sentirse
bien o si, por el contrario, le aleja de ellos. Algunas preguntas para comprobar su utilidad:
- ¿De qué me sirve pensar de este modo?, ¿me hace sentir bien?
- ¿Qué consecuencias puede tener pensar así?, ¿qué consigo con ello?
- ¿Me ayuda a solucionar mis problemas?, ¿merecería la pena pensar de otra forma?
GRAVEDAD. Demostrar que las consecuencias de aquello que se teme o se anticipan en
realidad no serían tan catastróficas como se suelen imaginar. Además, también se intenta hacer
ver que, en el caso de que aquello que la persona teme sucediese, probablemente podría hacer
algo para sobrellevarlo o gestionarlo. Por lo tanto, busca demostrar a la persona que
sobreestima las consecuencias desagradables de aquello que teme y, por otro lado, subestima
su capacidad de afrontamiento. Algunas preguntas para debatir las consecuencias serían:
- ¿Qué pasaría si las cosas fuesen realmente así?
- ¿Serían tan terribles las consecuencias?, ¿a cuántas áreas de mi vida afectaría?
- ¿Podría llegar a hacerle frente?, ¿podría soportarlo?
- ¿En otras ocasiones también me he sentido así y lo he podido superar?
- ¿Hay otras personas que les haya sucedido esto?, ¿lo han superado?, ¿cómo lo han
vivido?
C) FOCALIZACIÓN EN ASPECTOS POSITIVOS PROPIOS
Que la persona aprenda a focalizarse en aquellas partes positivas o agradables de sí misma,
con el objetivo de hacerse más conscientes de ellas y, cuando realicen alguna actividad
agradable en el futuro, sea capaz de valorarla como tal. Es importante hacerle ver:
- la tendencia a evaluarse de forma negativa y los pensamientos desajustados al respecto
- aquellos aspectos que son positivos y tienden a evaluarse como “lo normal”, restándole
el valor que realmente tienen.
Precisamente el hecho de que algo no suponga un esfuerzo, implica que se tiene cierta
habilidad para realizarlo.
Para ello, se pueden plantear distintas áreas (p. ej., trabajo, amistad, familia, ocio y hobbies) y
animar a la persona a identificar aspectos positivos o agradables sobre sí misma en cada una
de ellas o preguntar a gente cercana sobre sí mismos en cada una de estas áreas.
1.2 AUTOINSTRUCCIONES Y AUTORREFUERZO
las autoinstrucciones son palabras, mensajes u órdenes que se da a sí mismo/a y que guían su
actuación indicándole qué debe hacer en cada momento. Se tratará de que aprenda a utilizar
autoinstrucciones o auto-mensajes racionales, lógicos, ajustados y realistas. Para conseguir
objetivos, dirigir, frenar o mantener comportamientos que se estén llevando a cabo o que se
deseen modificar o ejecutar.
Algunos ejemplos que se pueden utilizar son: “se trata de intentarlo”, “no tengo por qué
hacerlo todo bien”, “no tengo por qué conseguir las cosas a la primera”, “lo estoy haciendo
bien”, “si me pongo nervioso/a no pasa nada, me relajo y ya está, cuanto más practique mejor
lo dominaré”, “porque haya sucedido una vez, no tiene por qué ocurrir siempre”, “si no lo
consigo no pasa nada, lo vuelvo a intentar”, “lo más difícil son solo los cinco primeros minutos”,
“si sigo posponiendo cada vez me apetecerá menos, puedo hacerlo”, “para que el problema se
solucione, tengo que enfrentarme a él”, “cuanto antes lo empiece, antes lo terminaré”, etc.
Aunque al principio puede que la persona no llegue a creerlas o dude de su utilidad, se
explicará que, tras su repetición, se sentirá con mejor predisposición y ánimo para afrontar
aquellas situaciones que le resultan complicadas y, en consecuencia, responderá de forma más
adecuada a las diferentes situaciones, facilitando que llegue a interiorizar estos nuevos
pensamientos alternativos.
Si el objetivo es que la persona afronte una situación nueva o que valora como estresante,
utilizará las autoinstrucciones en tres momentos distintos:
- Antes. Cuando alguien tiene que hacer frente a una situación difícil suele anticipar su
malestar o que no será capaz.
- Durante. Mientras está afrontando la situación, si el diálogo interno es desajustado (p.
ej., “no voy a ser capaz de terminarlo”), probablemente afrontará la situación (también
podría escapar o evitarla), pero el malestar cada vez será mayor.
- Después. La persona se castigará por su mala actuación (p. ej., “ha sido un completo
desastre”), produciendo que tanto su alta respuesta de ansiedad y su conducta
inadecuada queden condicionadas para el futuro.
Se puede hacer un listado de las situaciones que más le cueste afrontar, ordenándose de
menor a mayor dificultad, e ir generando las autoinstrucciones que se puede dar en cada uno
de los tres momentos temporales. De este modo, se irá exponiendo de forma gradual a
aquellas situaciones que le resulten más difíciles de afrontar.
Por último, en el caso de afrontar una situación difícil y que el resultado no sea el esperado,
será importante contar con autoinstrucciones adaptativas a la situación como: “lo he
intentado y eso es lo que cuenta”, “puedo volver a intentarlo”, “a la próxima saldrá mejor”,
“estoy aprendiendo, es parte del proceso”, “quien no lo intenta no lo sabe” o “estoy contento/a
porque lo he intentado”
1.3. EXPOSICIÓN CON PREVENCIÓN DE RESPUESTA Y EXPERIMENTOS CONDUCTUALES
El afrontamiento, de manera sistemática y deliberada, de estímulos contextuales (p. ej.,
animales, lugares, alturas, jeringuillas, imagen corporal, etc.) o estímulos verbales o visuales,
tanto encubiertos como manifiestos (p. ej., sensaciones de ahogo, miedo a contraer alguna
enfermedad, preocupaciones, obsesiones, etc.) que generan reacciones emocionales muy
intensas (p. ej., ansiedad, asco, ira, etc.) y/o provocan el impulso de realizar una acción
determinada (p. ej., evitar los estímulos, vomitar, lavarse las manos compulsivamente, etc.)
El objetivo principal, que la persona se mantenga en la situación, afronte el estímulo hasta que
la reacción emocional se reduzca significativamente y/o hasta que se compruebe que las
consecuencias que se anticiparon no suceden. Se trata de fomentar la extinción de la conducta.
- Exposición gradual en vivo. La persona afronta de manera paulatina y directa el
estímulo o situación que desencadena su respuesta emocional.
- Exposición gradual en imaginación. La persona afronta de manera paulatina y en
imaginación el estímulo o situación que desencadena su respuesta emocional.
- Inundación. La persona afronta sin graduación y de manera directa el estímulo o
situación que desencadena su respuesta emocional.
ERRORES FRECUENTES
No planear y estructurar las prácticas de exposición. Anticipar todas las posibles dificultades
y elaborar la jerarquía de exposición para que se lleve a cabo el ejercicio de manera apropiada.
No realizar la exposición de manera frecuente. Una de las claves a tener en cuenta es la
frecuencia, es decir, practicar en varios ensayos aquellas situaciones que generan malestar a la
persona. Esto permite que, con la práctica, el ejercicio sea más fácil y el malestar menor.
No realizar la exposición de manera gradual. Los primeros elementos generen niveles
moderados de angustia y, de forma progresiva, se enfrente a tareas más difíciles.
No anticipar que se va a experimentar incomodidad. Es necesario sentir un poco de molestia
para tener éxito en la exposición. Es temporal y cederá según se persista en la tarea y se repita.
Que la persona “luche” con la incomodidad. Evitar el malestar sería como no realizar la tarea,
ya que no se está haciendo frente al problema. Es importante que las primeras tareas sean
asumibles para la persona.
Utilizar estrategias sutiles de evitación. Al hacer frente a la tarea que le provoca malestar, es
normal que intente gestionarlo de alguna forma para evitarlo, emitiendo algún tipo de
conducta de evitación cognitiva (p. ej., aunque parezca que está haciendo frente a la tarea,
estar pensando en otra cosa o tener escapes de tipo cognitivo pueden interferir en la
exposición).
No medir el nivel de malestar. Es importante que a lo largo de la exposición, la persona preste
atención a sus niveles de ansiedad y evalúe cómo se siente, calificando su temor de 0 a 100.
Terminar la exposición antes de tiempo. Para asegurarnos que la persona ha conseguido
superar la curva de la ansiedad, es importante que la exposición se alargue hasta que ésta haya
disminuido por lo menos un 75% respecto al máximo
Realizar las exposiciones acompañada o con el terapeuta. Es útil realizar algunas
exposiciones sin compañía, la presencia de otras personas puede hacernos sentir seguridad y
no permitiría a la persona hacer frente a la tarea completamente.