AMOR FATI (“AMAR EL DESTINO”)
“No esperes que los eventos sucedan como deseas. Desea que ocurran como son, y tu vida
transcurrirá sin problemas” – Epicteto
“El destino guía a quien lo acepta y arrastra a quién lo rechaza” - Séneca
El Amor fati es un concepto clave para entender gran parte de la filosofía estoica y significa
“Amor al destino”, esto es, aceptar la realidad tal y como es y no como nos gustaría que fuera.
Si bien este concepto se acuño más tarde de los primer estoicos, es un buen reflejo de la
mentalidad estoica: no limitarse a aceptar el destino, sino llegar a apreciarlo.
En la práctica, este término acuña la idea de que debemos ver los hechos que ocurren como
necesarios para avanzar y entender que, por mucho que nos moleste que las cosas sucedan de
esa manera, no podemos controlarlos y ayudan a nuestro desarrollo personal.
Pero ¿significa esto que todo lo que nos pase tiene que gustarnos? Claro que no, o al menos de
primeras. No podemos cambiar lo que nos pasa, pero si podemos influir en el resultado de lo
que pasa, es decir, cómo percibimos los hechos, pero no podemos decidir cómo queremos que
ocurra.
No obstante, esto no significa que tengamos que alegrarnos de todo lo malos que nos pase. Para
entenderlo mejor vamos a poner un ejemplo: un despido. la gran mayoría de personas, por no
decir prácticamente todas, vemos el despido como una catástrofe. Únicamente vemos la parte
mala, algo que es completamente normal al principio, pues, entre otras cosas, nos quedamos sin
sueldo. Sin embargo, una vez que pasamos esa fase negativa, piensa que a lo mejor era el
empujón que necesitabas para empezar ese máster o doctorado que llevabas tanto tiempo
diciendo que querías hacer o quizás sea una gran oportunidad para buscar un trabajo más
prestigioso y con un sueldo más elevado.
Para explicar y practicar este concepto de Amor fati, acudiremos a la figura del propio fundador
del estoicismo: Zenón de Citio. Zenón era comerciante y, un día, el barco en el que transportaba
toda la mercancía sufrió un accidente que le hizo perder todo el cargamento y temer por su
integridad física. Se encontró sin nada, a miles de kilómetros de su casa, solo y sin nadie
dispuesto a ayudarlo. Para muchos de nosotros esta situación hubiera sido una tragedia
insalvable. A raíz del citado naufragio, Zenón llegó a Atenas y, fue a partir de ese momento, en
el que se convirtió en filosofo y fundó su propia escuela.
De ahí su frase “Tuve un viaje muy próspero gracias a sufrir un naufragio”. Este principio es
muy fácil de entender, pero más difícil es ponerlo en práctica.
VIVIR CON VIRTUD
“El que es prudente es moderado. El que es moderado es constante. El que es constante es
imperturbable. El que es imperturbable vive sin tristeza. El que vive sin tristeza es feliz, luego el
prudente es feliz” – Séneca.
En este apartado vamos a tratar las 4 virtudes cardinales bajo las cuales los estoicos dirigían su
vida para vivir conforme a la naturaleza (que es el fin último del estoicismo). Estas 4 virtudes
cardinales son: Sabiduría, Justicia, Templanza y Coraje.
SABIDURÍA
Este concepto nace de la palabra griega “phronesis”, que se traduce como sabiduría práctica,
pero también como prudencia. Para los estoicos, la phronesis era la virtud de la inteligencia,
según la cual se puede discernir entre los bueno y lo malo. Esto es, nuestra capacidad para
juzgar lo que debemos o no hacer. Todo ello constituye un punto esencial dentro de nuestro
camino hacia una vida más virtuosa y, por ende, más feliz.
Si nos paramos detenidamente, podemos llegar a la conclusión de que el resto de las virtudes
podrían encuadrarse dentro de la sabiduría prácticas. Es decir, en ultima instancia tenemos que
decidir si actuamos con valentía o no, si vamos a ser justos o no y si vamos o no a mantener la
calma. Por tanto, esta virtud es la más importante de todas, pues se refiere al conocimiento
aprendido de lo que es bueno, malo e indiferente en la vida. Es fundamental aprender a
diferenciar todo esto dentro las vastas cantidades de información que nos rodean hoy en día.
Para ello, tenemos que aprender a observar la realidad de manera objetiva y racional, para así
comprender la naturaleza del bien y del mal y, así, poder actuar en consecuencia.
Pero ¿cómo podemos aplicar esta virtud en nuestra vida práctica? Pues bien, imagina el
siguiente escenario: estas tranquilamente comiendo con tu familia y de repente sale en la
televisión una notico que, no solo te disgusta, sino que además te enfurece. Llegados a este
punto, debes preguntarte ¿qué haría una persona sabia? Y, si la respuesta es lo que quieres ser,
actúa en consecuencia.
JUSTICIA
“Muchas veces comete injusticia el que nada hace. No solo el que hace algo” – Marco Aurelio.
Para muchos estoicos, la justicia es la virtud más importante. Sin ir más lejos, el propio Marco
Aurelio señala que la justicia es la fuente de las cuatro virtudes. Para los estoicos la justicia no
es aquellos que está de acuerdo con las leyes, sino lo que es moral en nuestras relaciones con los
demás. Como consecuencia, muchos autores modernos se refieren a ella como una virtud social
o una virtud moral.
Por tanto, si la virtud es la justicia, lo opuesto es el vicio, que ocurre cuando hacemos daño
moral a otra persona o actuamos de manera injusta.
Para entender la diferencia entre la justicia y la sabiduría práctica, podemos entender la justicia
como la sabiduría aplicada a las acciones. En la práctica, si entendemos la justicia o moralidad
como hacer el bien y no el mal, cuando nos enfrentemos a una decisión debemos pensar ¿cuál es
la opción más justa o moral? ¿qué haría una persona justa o moral?
Como dijo Naval Ravikant: No hagas cosas que están moralmente mal. No porque alguien esté
mirando, sino porque tú estás mirando.
TEMPLANZA
Para explicar esta virtud, vamos a utilizar una leyenda japonesa:
Cuenta la historia que, antaño, en Tokio, existió un gran samurái ya anciano que se dedicaba a
enseñar a los jóvenes el noble arte de la espada y la meditación. A pesar de su longeva edad,
contaba la leyenda que todavía era capaz de derrotar a cualquier adversario. Un tarde, se
presentó un guerrero conocido por su carácter irrespetuoso y la utilización de la técnica de la
provocación. Este joven guerrero viajó hasta donde estaba el viejo samurái para derrotarlo y así
mantener su fama, y este último aceptó el desafío. El día del desafío, todos se dirigieron a la
plaza del pueblo y el joven comenzó a insultar al anciano maestro, arrojando piedras hacia él,
escupiéndole en la cara e insultándole tanto a él como a todos sus compañeros. Así estuvo el
joven guerrero durante horas, pero el viejo permaneció impasivo y, al anochecer, el joven se
rindió. Al día siguiente, los alumnos del viejo samurái se mostraron muy decepcionados con el
hecho de que hubiera tenido que aguantar todos esos insultos y, a continuación, preguntaron
¿cómo fuiste capaz de aguantar tanta indignidad? A lo que el maestro respondió, si alguien llega
a vosotros con un regalo y no lo aceptáis ¿a quién pertenece el obsequio? Y uno de los alumnos
contesto, a quien intentó entregarlo. Lo mismo vale para la envidia, para la rabia y la ira, y
cuando no lo aceptas sigue perteneciendo a quien los llevaba consigo.
Esta anécdota representa muy bien la virtud de la templanza, que también se alude a ella con el
nombre de la moderación. Los pasos lógicos que implican desarrollar la templanza serían:
1. Autoconsciencia: antes de ejercer el autocontrol hay que ser consciente de que es necesario
hacerlo.
2. Autocontrol: una vez somos conscientes de que es necesario ejercerlo, lo ejercemos.
3. Templanza: gracias al autocontrol podemos actuar con prudencia y moderación.
CORAJE
“No desarrolla valentía cuando todo va bien, sino cuando sobrevives en momentos difíciles y
desafías la adversidad” – Séneca.
Este concepto deriva del término (latín) y se trata de una de las virtudes más sencillas de
interpretar. La virtud del coraje nos permite soportar y afrontar el miedo y el dolor.
En la vida práctica, para ejercer esta virtud, por ejemplo, podemos redactar de manera concreta
en un cuaderno los miedos que tenemos. Después, valora los riesgos que corres enfrentándote a
ese miedo. Por último, dale un valor a cada una de las consecuencias que podrían darse si
decides afrontar ese miedo.
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