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Estudio del Evangelio de San Lucas

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EVANGELIO DE SAN LUCAS

EVANGELIO DE LUCAS

Iniciamos el estudio al evangelio de Lucas siguiendo el mismo esquema


que llevamos a cabo al tratar el evangelio de Marcos; en esta parte
introductoria hablaremos de su autor, de la fecha de composición, de sus
destinatarios, de sus fuentes literarias, de su estructura y línea de
pensamiento.
En primer lugar, hacemos esta pregunta: ¿Quién es Teófilo, a quien el
autor de este evangelio dedica su obra? Puesto etimológicamente significa
“amigo de Dios”, algunos han pensado que es un nombre simbólico y que la
dedicatoria va dirigida a cualquiera que sea un auténtico cristiano. Pero otros
creen que Teófilo es el nombre de un personaje debido a la forma como es
tratado, llamándole “ilustre” (kratista). Este mismo término lo usa también
después Lucas para referirse a los gobernantes romanos, Félix y Agripa. Y así
aparentemente en la mente de Lucas hay una expresión bastante técnica para
referirse a una persona de alto rango, especialmente a una persona de alto
rango en el gobierno romano. Si nos atenemos al uso que se le hace y a qué
personajes se les llama de esta manera, siendo ellos altos cargos
gubernamentales, podemos concluir que Teófilo sería una persona de alto
rango social.
Algunos a la hora de identificar a Teófilo afirman que lo descrito por
Lucas en su prólogo (1,1-4), parece ser una dedicatoria. Simplemente encaja
en términos del género de dedicatorias introductorias. Las obras históricas
eran a menudo dedicadas usando este tipo de lenguaje a un patrocinador, o a
alguien a quien el autor tenía el deseo de dedicar la obra a una persona en
concreto, bien por amistad o por encargo. Hay quienes quieren ver en lo
primero el significado de la dedicatoria que hace Lucas.

Autor del evangelio


El punto de partida para identificar al autor de este evangelio serán los
datos de la tradición, que nos habla de un tal Lucas, añadiendo cada vez más
datos sobre su persona.
Los primeros datos, muy escuetos, los encontramos a partir del siglo II.
El testimonio más antiguo, de san Ireneo (140-202), dice simplemente:
“Lucas, compañero de Pablo, puso por escrito el evangelio que este
predicaba” (Adversus Haereses 3,3,4)
También está el testimonio de “El Canon de Muratori”, que algunos datan
hacia 170, que ofrece estos datos: “El tercer libro del evangelio es según San

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EVANGELIO DE SAN LUCAS

Lucas. Lucas es el médico que después de la ascensión de Cristo, habiendo


sido llevado consigo por Pablo como compañero en sus viajes, (como
estudioso de la ley), lo escribió en su propio nombre y según su pensamiento.
Sin embargo, él mismo nunca vio al Señor en la carne; por tanto, empezó a
contarlo desde el nacimiento de Juan según la información que pudo obtener”.
A propósito de la persona de Lucas indica su profesión de médico y su
dedicación al estudio de la ley, que sería la mosaica; además, afirma
expresamente que no conoció a Jesús y debió valerse del testimonio de otros.
Un escrito llamado “Prólogo anti-marcionita” (escrito entre el año 160-180
d.C.) dice que “Lucas era un sirio de Antioquía, médico de profesión. Fue
discípulo de Pablo; acompañó al apóstol hasta que este fue martirizado. Sirvió
al Señor sin interrupciones, y a la edad de ochenta y cuatro sucumbió en
Beocia, lleno del Espíritu Santo. Aunque ya existían otros evangelios —el de
Mateo, escrito en Judea, y el de Marcos en Italia—Lucas, inspirado por el
Espíritu Santo, compuso la totalidad del suyo en las tierras de Acaya”.
Orígenes (185-253) añade un dato interesante sobre los destinatarios:
«El tercero (evangelio), según Lucas, avalado por Pablo y escrito para los
gentiles».
Acerca de Lucas, algunos afirman que es oriundo de Antioquía de Siria.
Lo que sabemos de Lucas viene de los mismos escritos de San Pablo. En la
carta a los Colosenses, Pablo escribe: "Lucas, el médico amado, y Demas os
saludan" (Col 4,14). Esta breve mención no solo destaca la profesión de
Lucas, sino también su estrecha asociación con Pablo. En la carta a Filemón,
Lucas es mencionado entre los colaboradores de Pablo, lo que indica su
papel activo en la misión cristiana primitiva: «Marcos, Aristarco, Demas y
Lucas, mis colaboradores» (1,24).
Solo una vez más se menciona a Lucas, en la segunda carta a Timoteo
El apóstol, ahora encarcelado en Roma, dice: “Procura venir enseguida a mi
lado, pues Demas me ha abandonado, enamorado de este mundo presente, y
se marchó a Tesalónica; Crescente, a Galacia; Tito, a Dalmacia; Lucas es el
único que está conmigo. Toma a Marcos y tráelo contigo, pues me es útil para
el ministerio. A Tíquico lo envié a Éfeso. El manto que dejé en Tróade, en
casa de Carpo, tráelo cuando vengas, y también los libros, sobre todo los
pergaminos” (2 Tm 4,9-13).
Estos versículos confirman:
 El compañerismo de este fiel médico con Pablo, aun en los momentos
más amargos del apóstol. De ello se infiere que lo que escribe Lucas de
Jesús está inspirado en el pensamiento paulino.

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EVANGELIO DE SAN LUCAS

 La amistad que quizá tuvieron Marcos y Lucas. (Esto permite suponer


que Lucas escribió basándose con frecuencia en datos que oyó de
Marcos)
 Que posiblemente los pergaminos y libros que menciona Pablo eran
una colección de notas que el mismo apóstol reunió sobre la vida de
Jesús, las cuales le serían valiosas a Lucas, que en esos momentos
componía su evangelio.
Podemos añadir los siguientes rasgos de Lucas: teniendo en cuenta el
prólogo de su evangelio podemos deducir con certeza que no ha sido testigo
de la vida de Jesús; tampoco es un habitante de Palestina, pues sus
conocimientos geográficos y sobre las costumbres judías son imprecisos y a
veces erróneos.

Fecha de composición del evangelio


En cuanto a la datación del evangelio de Lucas, teniendo en cuenta la
información que nos da San Ireneo, el cual afirma que Lucas escribió después
de la muerte de Pablo, y sabiendo que conocía y se sirvió del material del
evangelio de Marcos, se puede suponer como fecha probable la década del
75 al 85 d.C.
Lucas escribe su evangelio para comunidades cristianas surgidas de la
gentilidad, probablemente evangelizadas por Pablo. Se puede pensar en
comunidades de Asia Menor, Macedonia o Grecia, en la cuenca oriental del
Mediterráneo, es decir, el mar Egeo.

Destinatarios del evangelio


La comunidad o comunidades urbanas a las que Lucas dirige su
evangelio pertenecían al mundo helenístico, por lo tanto, en un mundo cultural
y religioso muy alejado del judaísmo de la época de Jesús. Hemos de
subrayar que el cristianismo aparece como un movimiento religioso
relativamente importante en el mundo helenístico del Mediterráneo y que vaya
cogiendo cada vez más fuerza.
Estaban formadas por grupo de personas de clase baja o media, cultura
y étnicamente mezcladas, donde podía haber también algunas personas de
cierta élite cultural y económica.
La preocupación de Lucas por los pobres, la pobreza, el recto uso de
los bienes terreno, hacen pensar en una comunidad parecida a la de Corinto y
a la que aparece en la carta de Santiago, donde una mayoría de cristianos

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EVANGELIO DE SAN LUCAS

pobres, de origen muy modesto, convive con un pequeño grupo de nivel social
y económico superior.
Lucas y su comunidad o comunidades a las que dirige su evangelio
intentan repensar su identidad teniendo como referencia la palabra y la obra
de Jesús, pero sin olvidar el mundo donde viven, al que ahora dirige su
atención la Iglesia, donde se está acogiendo y cada vez en mayor número la
predicación evangélica.
Se puede pensar que el escrito lucano tenía por objetivo ayudar a sus
comunidades, venidos de la gentilidad, a comprender quiénes eran, en
particular frente a las calumnias que circulaban entre los no creyentes, fueran
judíos o gentiles. Los cristianos necesitaban saber que no hubo nada de
subversivo en sus orígenes, nada que pudiera hacerlos entrar en conflicto con
las autoridades romanas, y que era falso asemejar a Jesús y a sus discípulos
a los revolucionarios judíos, que habían provocado la guerra contra los
romanos.

Fuentes del evangelio


Lucas afirma en el prólogo de su evangelio que ha investigado
personalmente, consultando a “testigos oculares y ministros de la Palabra”; en
esa indagación ha reunido mucho material que va a hacer suyo y equivale
más o menos al 40% de su escrito. De este “cuerpo lucano” forman parte
narraciones como:
- El llamado “evangelio de la infancia”, que abarca los relatos de la
concepción y el nacimiento de Juan el Bautista, así como la
concepción virginal, el nacimiento y la infancia de Jesús.
- Himnos y cánticos que cantan el cumplimiento de las promesas
divinas: el Benedictus (cántico de Zacarías), el Magnificat (cántico de
María), y el Nunc dimittis (cántico de Simeón)
- Parábolas como el buen samaritano, el hijo pródigo, Lázaro y el rico
epulón, el fariseo y el publicano.
- Milagros, como el hijo de la viuda de Naín, la mujer encorvada, los
diez leprosos.
- Otros relatos famosos como Zaqueo el publicano y los discípulos de
Emaús.
Se cree que, entre las fuentes propias de Lucas, hay que contar con la
comunidad judeocristiana de Jerusalén que le proporcionaría al evangelista
toda una serie de información relacionada con la misma ciudad de Jerusalén y
el Templo, así como detalles del personaje de Juan el Bautista… Hay que

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EVANGELIO DE SAN LUCAS

decir que todo el relato de Lucas está centrado sobre Jerusalén, lleno de
alusiones a la ciudad santa.
Lucas se sirve también de otro material anterior a él, como es el
evangelio de Marcos y que constituye una tercera parte de su escrito, material
que ha recogido en su obra: textos que él ha tomado de Marcos y otros donde
además de mejorar el estilo de Marcos, los ha modificado según sus
intenciones y el objetivo de su obra. Llama la atención el hecho de que omite
algunos temas demasiado judíos que su comunidad o sus comunidades
entenderían difícilmente, elimina palabras arameas que sus oyentes no
entenderían; por respeto a los apóstoles hace lo mismo con algunos textos de
Marcos que hablaba con dureza de ellos.

Utiliza también otra fuente a la que los entendidos denominan “fuente


Q”, recuerden que esta fuente contenía dichos o palabras de Jesús que
circulaban en algunas comunidades cristianas, anteriores a la redacción del
evangelio de Marcos, y que Lucas adapta según su pensamiento teológico.

Así, pues, la cuidadosa investigación de Lucas contó principalmente con


tres fuentes de información: el evangelio según san Marcos, la fuente de
dichos y los datos y noticias que Lucas pudo recabar por su cuenta. Aun
cuando haya utilizado fuentes, Lucas no es un simple transcriptor, sino que
hizo obra personal y propia, de acuerdo a su talento literario y a sus
intenciones teológicas.

División y contenido
La obra de Lucas se puede dividir en un prólogo y siete partes:
- Prólogo: Lucas justifica su trabajo y modo de proceder. Es el único escrito
del Nuevo Testamento que lo posee.
- Nacimientos e infancias (y lo decimos en plural): se cuenta el nacimiento de
Juan el Bautista y Jesús, y deja clara la supremacía de Jesús sobre Juan,
pues Juan será su precursor: “Te llamarán profeta del Altísimo porque irás
delante del Señor a preparar sus caminos”
- La preparación al ministerio público de Jesús que abarca el relato del
bautismo con la voz del cielo y las tentaciones, que preparan a Jesús para
comenzar su actividad apostólica.
- La actividad de Jesús en Galilea donde se dan la enseñanza y los milagros
y la misión de los Doce.
- El camino de Jesús a Jerusalén: donde se dan las parábolas más famosas,
como son el buen samaritano, el hijo pródigo, el rico epulón y Lázaro, el
fariseo y el publicano. Todo este material es exclusivo de Lucas.
- La actividad de Jesús en Jerusalén.

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EVANGELIO DE SAN LUCAS

- El relato de la pasión y la muerte de Jesús.


- El relato de la resurrección y las apariciones de Jesús resucitado junto con
el relato de la Ascensión.

Personajes de Lucas
Otros datos importantes a destacar. Lucas nos pone en contacto con
personajes desconocidos para quien sólo ha leído el evangelio de Marcos:
Zacarías, Isabel, el ángel Gabriel, los pastores, el anciano Simeón y la
anciana Ana, la viuda de Naín, Simón el fariseo, Marta y María, la mujer
encorvada, Zaqueo, Herodes Antipas, las mujeres que lloran a Jesús, los
discípulos de Emaús. Además, personajes conocidos adquieren en Lucas un
relieve especial, como son la Virgen María y Juan el Bautista.

También aparecen personajes ficticios, que han llegado a ser tan reales
o más que cualquier otro: el buen samaritano, el hijo pródigo, Lázaro y el rico
epulón, el fariseo y el publicano.

Al pensar en todo ellos, algunos detalles llaman la atención. Dentro de


esta lista de personajes adquiere especial importancia María, la madre del
Señor. Al comenzar el evangelio, Lucas le concede un lugar privilegiado en el
momento de la anunciación, la presenta como modelo para los cristianos al
decir: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38)
Y en otro momento del llamado evangelio de la infancia la propone como
modelo de fe y de contemplación del misterio acontecido en su Hijo Jesús, al
decir que “su madre conservaba todo esto en su corazón” (Lc 2,51).

Otro detalle a subrayar es la ampliación que se hace en el evangelio de


Lucas al hablarnos del número de discípulos y seguidoras de Jesús. A los
Doce se añaden la presencia de algunas mujeres que acompañaban a Jesús
(Lucas nos dice sus nombres (Lc 8,2-3) y más tarde se nos dice que Jesús
envía a misionar a setenta y dos discípulos (Lc 10,1). Más tarde, habla de
otros discípulos y mujeres, además de los Once, durante las apariciones del
Resucitado. Con ello prepara la actividad misionera que tendrá lugar después
de la resurrección del Señor y que nos contará en la segunda parte de la obra,
conocida como “Hechos de los Apóstoles”.

Otro elemento a destacar es el siguiente: Lucas tiene una mirada


positiva hacia aquellos que eran considerados socialmente como “pecadores
o marginados” o pertenecían a una muy baja condición social. Desde el
mismo comienzo de su obra vemos que el anuncio del nacimiento de Jesús se
hace a unos pastores, que no gozaban de la estima romántica que tienen en
nuestros “belenes”. Durante la vida pública de Jesús, Lucas lo muestra
siempre cercano a publicanos y pecadores.

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EVANGELIO DE SAN LUCAS

Esto no constituye ninguna novedad respecto al evangelio de Marcos,


pero episodios como la mujer pecadora que unge a Jesús, o la parábola del
fariseo y el publicano, son exclusivos de Lucas. Tampoco es novedad su
benevolencia con el centurión pagano, pero en Lucas está más desarrollada
la mirada positiva hacia los gentiles (los no judíos) y su participación en el
reino de Dios. También tiene especial importancia el pequeño pero importante
papel que juegan los samaritanos, que eran odiados por los judíos.

También son conocidos por Marcos los escribas y los fariseos, pero en
Lucas casi se puede decir que, sin ellos, no habría sabido cómo escribir su
evangelio. Aparecen siempre para debatir un problema. Y cosa curiosa, tres
veces se nos dice que invitan a comer a Jesús, sin que ello les proporcione
grandes elogios.

A Lucas le gusta el recurso a las figuras contrapuestas para que se


puede ver con claridad el mensaje que quiere ofrecer. Sobre todo, esto se
advierte en las parábolas: el hijo pródigo y el hijo que se queda en casa; el
rico epulón que vive en la abundancia y Lázaro, el mendigo que pide junto la
casa del rico; el fariseo y el publicano; el buen samaritano, el sacerdote y el
levita; el leproso samaritano que sintiéndose curado vuelve a dar gracias
frente a los otros nueve, de los cuales no dice nada.

Pero también cuando se trata de personajes reales le gusta a Lucas


utilizar este recurso; por ejemplo, en la actitud diferente de Zacarías y de
María cuando reciben el anuncio del ángel Gabriel; las numerosas diferencias
que aparecen cuando se narra el nacimiento de Juan el Bautista y el
nacimiento de Jesús; la actitud diferente de Marta y María cuando Jesús es
acogido por ellas en su casa; o la actitud diferente del buen y del mal ladrón,
crucificados también junto a Jesús.

Temas que recorren el evangelio lucano


El evangelio de Lucas no es una historia o biografía en el sentido
moderno de la palabra. Lucas se propone no solamente referir los hechos que
narra, sino darles una interpretación teológica. Esto lo realiza proyectando
sobre ellos la luz de la pasión y de la resurrección. Lucas es el evangelista del
designio de Dios: el misterio de la Pascua es su foco, el Espíritu Santo es su
autor y la comunidad universal de los creyentes es su término.
a) El misterio de la Pascua ilumina todo el evangelio de Lucas. A la triple
profecía sobre la pasión y la resurrección, que Lucas se complace en
subrayar, a lo largo del evangelio se muestra a Jesús como signo de
contradicción, como había profetizado el anciano Simeón; Jesús siendo objeto

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EVANGELIO DE SAN LUCAS

de admiración y, a la vez, de odio; se subraya la escena de la Transfiguración


en la cual Jesús trata con Moisés y Elías de su pasión que estaba por
realizarse en Jerusalén; muestra cómo Jesús arde en deseos de ser
bautizado en su pasión.

El evangelista expone que después de la resurrección, Jesús recuerda a


las mujeres, a los discípulos de Emaús y a los discípulos reunidos en el
cenáculo, los anuncios que había hecho durante su vida anunciándoles el
sentido de su pasión, muerte y resurrección.

b) El Espíritu Santo es el alma, el principio vital, en toda la obra de Lucas. Es


la fuerza de lo alto que está en acción. El mismo Juan Bautista estará lleno de
Espíritu santo desde el vientre de su madre (1,15). Isabel se llena de Espíritu
Santo al oír el saludo de María (1,41). Zacarías profetiza lleno de Espíritu
Santo (1,67). El Espíritu Santo también está sobre Simeón y le aseguro que
no morirá antes de ver al Mesías (2,25-27).

La acción del Espíritu en Jesús es más patente. No sólo va al desierto


impulsado por el Espíritu, sino que también marcha a Galilea por la acción del
mismo Espíritu (4,14). En la sinagoga de Nazaret elige el texto de Isaías que
comienza: “El Espíritu del Señor está sobre mí” (4,18). Y cuando vuelven de
su misión los setenta y dos discípulos, Jesús se llena del gozo del Espíritu
Santo (10,21). Con respecto a los cristianos, el Espíritu no es sólo un don de
Jesús que se recibe en el bautismo, sino algo que el Padre concede siempre
que realizamos la oración de petición (11,13).

Estos datos del evangelio anuncian la importancia capital que tendrá el


Espíritu Santo en el libro de los Hechos, que es la segunda parte de la obra
de Lucas, donde aparece 51 veces como motor de toda la acción misionera
de la Iglesia.

c) El tema que recorre el evangelio de Lucas es la “salvación” que Jesús trae


a los hombres. Si tuviéramos que resumirlo con un texto, seguramente el más
expresivo sería aquél que recoge las palabras de Jesús al final de su
encuentro con Zaqueo. Al elegir este como clave de su obra, Lucas no
introduce una novedad llamativa. La salvación que trae Jesús es algo de lo
que hablan abundantemente los demás evangelios. Lucas no es el único que
habla de la salvación, pero sí es el único que elige este tema tradicional como
la clave de su presentación de la acción de Dios a través de Jesús.
Ya sabemos que la perspectiva de cada evangelista es diferente. Marcos
está preocupado por descubrir a sus lectores la verdadera identidad de Jesús
como mesías sufriente, a través del cual se hace presente el reino de Dios; en

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EVANGELIO DE SAN LUCAS

esto consiste la buena noticia. Mateo intenta situar a la comunidad de los


discípulos en relación con el pueblo elegido: son los herederos de las
promesas hechas a Israel, que se han cumplido en Jesús; Lucas ha elegido
como clave de su obra la salvación, acentuando el lado positivo de lo que
Jesús vino a hacer a este mundo y de lo que ofrece a los hombres. El
vocabulario que utiliza para describir la actividad de Jesús revela que éste es
el tema que mejor caracteriza su orientación propia. Una salvación que nace
del designio amoroso de Dios, que se hace presente en las palabras y las
acciones de Jesús y que luego sigue presente como oferta en la comunidad
de los discípulos.

d) Unida al tema central de la salvación, el evangelista acentúa su dimensión


“universal”. Este es el plan de Dios, que su salvación llegue a todos los
hombres, como anuncia el anciano Simeón cuando coge al niño Jesús en sus
brazos y dice que Jesús es el Salvador que Dios ha colocado “ante todos los
pueblos como luz para alumbrar a las naciones” (Lc 2,31). Personajes no
judíos se benefician de la salvación traída por Jesús, como el buen
samaritano, que bajaba de Jerusalén a Jericó; el leproso samaritano,
agradecido por su sanación; el centurión romano que tiene fe en Jesús, o el
centurión que reconoce la inocencia del crucificado.

e) Importancia de los pobres. Lucas subraya más que ningún otro evangelista
la pobreza de Jesús desde su infancia: cuando nace, lo acuestan en un
pesebre, “porque no encontraron sitio en la posada” (2,7). Y la predilección
especial de Dios por los pobres la pone de manifiesto en el episodio siguiente
cuando los ángeles no anuncian el nacimiento del Salvador a la corte de
Jerusalén, ni a los sumos sacerdotes, sino a los pobres pastores de Belén.
Esa vida tan dura y pobres los capacita para creer que un recién nacido es el
Mesías, el Señor, y les permite glorificar y alabar a Dios.

Por eso, al formular la primera bienaventuranza, Lucas afirmará sin


matices: “Dichosos vosotros los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios”
(6,20). El evangelista está convencido de que, aunque la pobreza es un mal
frente al que hay que luchar por salir, los que la eligen como estilo de vida
evangélico pueden descubrir o encontrar aquellas actitudes que engrandecen
al ser humano. Esto nos lo mostrará claramente el evangelista en la segunda
parte de la obra cuando nos enseñará que la comunidad de Jerusalén se
intentaba vivir un ideal de pobreza en el que se compartían los bienes y nadie
pasaba necesidad.

Importancia de la abnegación y la renuncia. Ningún evangelio dice que


seguir a Jesús sea fácil y cómodo. Pero Lucas va a subrayar la importancia de

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EVANGELIO DE SAN LUCAS

esta realidad en diversos momentos. La conocida frase: “El que echa la mano
al arado y sigue mirando atrás, no vale para el Reino de Dios”, es exclusiva
suya (9,62). También esta otra: “Todo aquel de vosotros que no renuncie a
todo lo que tiene, no puede ser discípulo mío” (14,33). La renuncia será no
sólo un desprendimiento de las riquezas y de los bienes materiales, sino ante
todo una renuncia personal a sí mismo.

Lucas insiste más que los otros evangelistas y es más exigente en las
consecuencias. Así lo dice: “Si uno quiere ser de los míos y no pospone a su
padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y
hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío” (14,26).

f) Importancia del gozo y la alegría. La exaltación de la pobreza y la


exigencia radical de renuncia no significa que Lucas conciba el evangelio
como algo triste. Al contrario, encontramos desde el comienzo un profundo
tono de alegría, fruto de la salvación traída por Jesús, el Mesías. Y eso
aparece en las más diversas escenas: nacimiento de Juan Bautista; anuncio a
María; visita a Isabel; anuncio a los pastores; la vuelta de los setenta y dos
discípulos; Zaqueo; los discípulos de Emaús…

g) Importancia de la oración. Según piensan algunos, Lucas escribe para


cristianos procedentes del paganismo que no están habituados a hacer
oración. Por eso necesitaba subrayar la importancia de este tema.

En los relatos de la infancia, exclusivos de Lucas, nos movemos siempre


en un ambiente de oración. Los principales personajes rezan, alaban a Dios,
dan gracias (Zacarías, Isabel, María, Simeón, Ana). En este contexto inserta
Lucas tres oraciones que pasarán a formar parte de la liturgia: “Benedictus”,
“Magnificat” y “Nunc dimittis”. Además, las palabras de Isabel a María que
servirán de base para el “Ave María”.

Lógicamente, el ejemplo principal lo da Jesús, en momentos


fundamentales de su vida: en el bautismo; durante su actividad; antes de
escoger a los Doce; antes de la confesión de Pedro; sube a la montaña a orar;
después de la misión de los setenta y dos; durante la agonía en el huerto; y
en la crucifixión.

h) La bondad y la misericordia. A través del evangelio se vive en una


atmósfera de delicadeza, de bondad, de compasión, de misericordia, de
disculpa, de amor. Vemos su misericordia de Jesús hacia los pecadores; hacia
la pecadora pública; hacia el publicano en el Templo; hacia Zaqueo; hacia
Pedro cuando niega conocerle; hacia sus verdugos; hacia el buen ladrón.

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EVANGELIO DE SAN LUCAS

i) Importancia de Jerusalén. El evangelio de Lucas, al igual que el de


Marcos y Mateo, sigue un esquema muy conocido: Jesús comienza su
actividad en Galilea, y no sube a Jerusalén hasta el final de su vida, para sufrir
la muerte. Sin embargo, Lucas concede una importancia capital al viaje a
Jerusalén. Por eso, lo anuncia de esta manera solemne: “Cuando iba llegando
el tiempo de que se lo llevaran, Jesús decidió irrevocablemente ir a Jerusalén”
(9,51). Esta frase solemne, que no está ni en Marcos ni en Mateo nos hace
caer en la cuenta de otros detalles significativos sobre la importancia de
Jerusalén.

Por ejemplo, el evangelio de Lucas comienza en el Templo de Jerusalén,


donde Zacarías, padre de Juan Bautista, tiene la aparición del ángel Gabriel
que le anuncia el nacimiento de un hijo, a quien le pondrá por orden del ángel
el nombre de Juan. Y, cuando nace Jesús, el Templo de Jerusalén vuelve a
ocupan un puesto capital, ya que allí llevan al niño para presentarlo a Dios a
los cuarenta días de nacer. Más tarde, cuando Jesús cumpla doce años, lo
presentan también en el Templo, donde se quedarán sin que lo sepan sus
padres y lo encuentren allí después de tres días de incesante búsqueda.

Esta importancia de Jerusalén y de su Templo en el relato de la infancia de


Lucas es digna de ser subrayada, pues el evangelista de manera explícita
quiere indicar que el Mesías esperado se encuentra con su pueblo a través de
personas piadosas y fieles como Simeón y Ana, y Jerusalén y su templo son
el lugar ideal para ponerse en contacto con Dios. Si vamos al evangelio de
Mateo, ya en su relato de la infancia, aparece Jerusalén como símbolo de la
oposición a Dios: allí no hay personas interesadas en conocer al Mesías. Los
sumos sacerdotes y los escribas conocen las Escrituras, saben que el Mesías
nacerá en Belén, pero nadie se molesta en visitarlo.

Este mismo contraste se advierte al final del evangelio. Si en Marcos y en


Mateo, Jesús se aparece resucitado a sus discípulos en Galilea, Lucas vuelve
a conceder un puesto central a Jerusalén. Cuando los ángeles hablan con las
mujeres no les transmiten la orden de que los discípulos deben ir a Galilea.
Todos se quedan en Jerusalén y allí tiene lugar la aparición del Resucitado,
que les dice que su actividad tiene que “comenzar en Jerusalén” (Lc 24,47).
Muy cerca de Jerusalén, en Betania, tiene lugar la Ascensión, y los discípulos
se “volvieron a Jerusalén llenos de alegría y se pasaban el día en el Templo
bendiciendo a Dios” (Lc 24,52-53). De este modo, el evangelio de Lucas
termina donde había comenzado: en el Templo de Jerusalén, sin que se haga
mención alguna de Galilea.

Con este apartado terminamos esta parte introductoria que nos ha servido
para acercarnos a grandes rasgos al evangelio de Lucas, conocer a su autor,

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EVANGELIO DE SAN LUCAS

a los destinatarios, y entre otros aspectos, mencionar los temas importantes


que recorren su obra y que son guías para conocer el mensaje que el
evangelista quería dar a conocer: la persona de Jesús, el Señor, y la salvación
que Dios ofrece a través de su Hijo.

PRÓLOGO

Puesto que muchos han emprendido la tarea de componer un


relato de los hechos que se han cumplido entre nosotros, como nos los
transmitieron los que fueron desde el principio testigos oculares y
servidores de la palabra, también yo he resuelto escribírtelos por su
orden, ilustre Teófilo, después de investigarlo todo diligentemente desde
el principio, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has
recibido.
A excepción de este evangelio, ningún escrito del Nuevo Testamento
comienza con un prólogo. El género no era desconocido para los judíos, como
lo demuestran el libro del Eclesiástico y el segundo libro de los Macabeos.
Lucas escribe un prólogo breve, en el que ofrece cuatro datos
esenciales: a) por qué escribe la obra; b) a quién la dedica; c) qué método
usa; d) qué pretende.
No deja de ser curioso el motivo que aduce Lucas: “Puesto que
muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos
que se han cumplido entre nosotros (…) también yo he resuelto
escribírtelos por su orden”. En estas palabras iniciales llama la atención la
referencia a esos “muchos” que emprendieron la tarea de contar lo sucedido.
¿A quién se refiere Lucas? Anteriormente, ya hemos hablado de las fuentes a
las que tuvo acceso Lucas a la hora de componer su obra.
Es muy importante el dato que, a continuación, ofrece: los que contaron
los hechos que se han cumplido, de los cuales muchos han emprendido la
tarea de escribirlos, los califica de “testigos oculares y servidores de la
Palabra”. ¿Quiénes son? Son aquellos que vieron y comprendieron los
hechos que se han cumplido. Y su acción fue “transmitir”: han transmitido
aquello que vieron y contemplaron, fueron fieles a aquello de lo que eran
testigos y lo comunicaron a los que no lo vieron.
Volviendo a los precursores, a los que anteriormente han compuesto el
relato de los hechos, parece que Lucas ha querido hacer algo más. Lo dice él
con estas palabras: “escribírtelos por su orden… después de investigarlo

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EVANGELIO DE SAN LUCAS

todo diligentemente desde el principio”. Estos términos expresan lo que ha


realizado: escribirlos “por orden”, “todo”, “desde el principio”. De ahí que el
trabajo de Lucas ha sido exquisito, bien documentado, ordenado cuidando al
mismo tiempo su calidad literaria.
La cuestión de la identidad de la persona a la que dirige su obra
recordamos lo dicho en el programa anterior. Hay quienes sostienen que no
es un individuo en concreto, sino que representa a cualquier cristiano. Y hay
quienes afirman que debido a la forma con la que es tratado, llamándole
“ilustre” sea una persona de alto rango social.
La finalidad con la que justifica la redacción de su obra la indica
claramente: “para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has
recibido”. Esto sugiere que Teófilo ha sido “catequizado” solo oralmente. Esta
obra de Lucas servirá para dar autoridad y solidez a esta enseñanza,
confirmando y ampliando lo que Teófilo ha aprendido anteriormente. Nos
encontramos ante un cristiano ávido, deseoso de conocer en mayor
profundidad y con más detalles todo aquello que ya ha escuchado acerca de
la persona del Señor Jesús, de sus palabras y de sus obras.
Con estas palabras, Lucas le está aconsejando a Teófilo y a cualquiera
que le llegara su evangelio, no sólo leer sino releer su obra. Con mucha
lectura y meditación incluida logrará encontrar la maravillosa confirmación de
la enseñanza o catequesis que ya había recibido.

I. RELATO DE LA INFANCIA
El llamado “evangelio de la infancia” está construido o elaborado en torno
a Juan el Bautista y Jesús. Estos dos primeros capítulos del evangelio, que
nos narran el nacimiento y la infancia de ambos, tienen como relatos centrales
el anuncio de la concepción de Juan y el anuncio de la concepción de Jesús,
así como los relatos del nacimiento de ambos.
Podemos hacer la siguiente pregunta valiéndonos de lo que Lucas ha
dicho anteriormente en el prólogo. Para la elaboración de estos textos, como
para el resto de su obra, Lucas hizo investigaciones. Antes de preguntarnos
por sus fuentes, hemos de decir que entre ambos relatos (anunciación a
Zacarías y anunciación a María) encontramos un parecido literario, el
esquema literario es rigurosamente idéntico y vemos estas semejanzas:
- Se hace en primer lugar la presentación de los personajes.
- La aparición del mismo ángel, Gabriel.
- El miedo o la turbación que experimenta el que recibe la visión.
- Palabras tranquilizadoras del ángel.

13
EVANGELIO DE SAN LUCAS

- El anuncio por parte del ángel de la concepción del niño y del


nombre del niño.
- La descripción de la misión del niño.
- La objeción del protagonista que recibe la visión.
- La respuesta confirmatoria del ángel ofreciendo una señal como
prueba.
¿Cuáles fueron sus fuentes? En lo relativo a Jesús, una de sus fuentes
sería la información que le vendría del entorno más cercano a María, e incluso
podemos pensar en que alguna información que le vendría de la misma
madre de Jesús. Otras informaciones posiblemente provenían de la
comunidad misma de Jerusalén, en la que algunos, por parentesco o por
cercanía, habrían sido testigos oculares y otros habrían escuchado algunos
hechos o detalles de la infancia de Jesús.
Respecto a la figura de Juan, podemos pensar en la información que
conseguiría Lucas y que llegaría de personas cercanas al Bautista o
discípulos del mismo, y que habrían conocido sucesos y acontecimientos
referidos al nacimiento y a la infancia del Bautista.

Anuncio del nacimiento de Juan


¿Cómo empezar el relato de “los hechos que se han cumplido entre
nosotros”? ¿Por qué episodio? Lucas nos sorprende trasladándonos al
templo de Jerusalén, para contarnos lo sucedido en tornos a estos detalles
que forman el acontecimiento que nos va a narrar: una pareja de ancianos sin
hijos, un ángel que se aparece en el templo; Zacarías castigado a quedar
mudo hasta el nacimiento de su hijo por dudar del anuncio del ángel; Isabel
que a pesar de su ancianidad y esterilidad queda encinta.
“En los días de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote de
nombre Zacarías, del turno de Abías, casado con una descendiente de
Aarón, cuyo nombre era Isabel. Los dos eran justos ante Dios, y
caminaban sin falta según los mandamientos y leyes del Señor. No
tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos eran de edad
avanzada. Una vez que oficiaba delante de Dios con el grupo de su
turno, según la costumbre de los sacerdotes, le tocó en suerte a él entrar
en el santuario del Señor a ofrecer el incienso; la muchedumbre del
pueblo estaba fuera rezando durante la ofrenda del incienso”.
Lucas sitúa lo que va a contar en el tiempo y en el espacio: “en los días
de Herodes, rey de Judea”. La indicación temporal es muy imprecisa, ya que
Herodes el Grande reinó desde el año 37 al 4 a.C. Por lo que se dirá a

14
EVANGELIO DE SAN LUCAS

continuación y por lo que sabemos, hay que situar lo ocurrido en los últimos
años de su reinado.
A Lucas le gusta presentar a sus personajes en pareja (Simeón y Ana;
Marta y María; el rico y Lázaro; el fariseo y el publicano…) En este caso, ya
que se tratará de un nacimiento, presenta al marido y a su esposa.
Del marido indica la profesión, el nombre y la ascendencia. Se trata de
un simple sacerdote; su nombre Zacarías significa “Dios recuerda”. En el
Nuevo Testamento no hay otro personaje con este nombre; si lo encontramos
en el Antiguo Testamente donde tenemos al famoso profeta de la época de la
restauración (520-515 a.C.) llamado con este mismo nombre. En cuanto a su
linaje, dice el evangelista que pertenece al turno de Abías. En el segundo libro
de las Crónicas, cap. 24 se habla de los turnos en que fueron divididos los
sacerdotes para acudir al templo del Señor, según las normas establecidas
por Aarón (existían 24 clases sacerdotales). Cada turno ejercía su función dos
veces al año durante una semana. En el sorteo, el octavo turno le
correspondió a la clase de Abías. Y a la clase sacerdotal de Zacarías
pertenecía Zacarías.
De la esposa se indica primero su linaje y luego el nombre. Su
ascendencia es muy noble, se remonta a Aarón, hermano de Moisés. Su
nombre es, curiosamente, el mismo de la mujer de Aarón: Isabel (Ex 6,23). El
significado es discutido: unos lo interpretan como “mi Dios por quien hay que
jurar”; otros, “mi Dios es mi tesoro, mi plenitud”. La cuestión es secundaria
para Lucas, pues nunca se preocupa por aclarar a sus lectores griegos el
significado de los nombres hebreos.
Lo importante es que los dos se comportaban como Dios quiere;
Zacarías e Isabel eran justos ante Dios y cumplían los preceptos divinos; sin
embargo, su felicidad no era plena porque “no tenían hijos, porque Isabel
era estéril, y los dos eran de edad avanzada”. Isabel no es la única mujer
de la Biblia que era estéril: recordemos que también Sara, la mujer de
Abrahán, así como Rebeca, la esposa de Isaac; y también Ana, la que será
madre de Samuel.
Una vez presentados los protagonistas, Lucas cuenta lo ocurrido a
Zacarías. Zacarías es un simple sacerdote al que le tocó ofrecer el incienso
en el altar del templo. Dicho altar estaba colocado delante de la cortina que
tapaba el arca de la alianza. Y el incienso se ofrecía dos veces: por la
mañana, cuando se preparaban las lámparas, y al atardecer, cuando se
encendían. El oficio de los sacerdotes también implicaba otras tareas: limpiar
de cenizas el altar y el candelabro, cuidar del brasero, ofrecer el incienso, etc.

15
EVANGELIO DE SAN LUCAS

El evangelista señala que el pueblo “estaba fuera rezando durante la


ofrenda del incienso”.
Inmediatamente nos narra la aparición del ángel del Señor y el diálogo
entre el mensajero divino y el sacerdote Zacarías:
Y se le apareció el ángel del Señor, de pie a la derecha del altar del
incienso. Al verlo, Zacarías se sobresaltó y quedó sobrecogido de
temor. Pero el ángel le dijo: «No temas, Zacarías, porque tu ruego ha
sido escuchado: tu mujer Isabel te dará un hijo, y le pondrás por nombre
Juan. Te llenarás de alegría y gozo, y muchos se alegrarán de su
nacimiento. Pues será grande a los ojos del Señor: no beberá vino ni
licor; estará lleno del Espíritu Santo ya en el vientre materno, y
convertirá muchos hijos de Israel al Señor, su Dios. Irá delante del Señor,
con el espíritu y poder de Elías, para convertir los corazones de los
padres hacia los hijos, y a los desobedientes, a la sensatez de los justos,
para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto».
A lo largo de la Sagrada Escritura, sobre todo, en el Antiguo Testamento,
el ángel del Señor aparece como uno de los mediadores entre Dios y los
hombres. Generalmente transmite un mensaje, dando a conocer el futuro o
indicando lo que se debe hacer en el presente. En este caso, el ángel que se
aparece a Zacarías se llama Gabriel (el ángel mismo revela su identidad). Y
ante esta visita celestial, Zacarías se llena de miedo y de temor.
El mensaje de Gabriel a Zacarías constituye el corazón de todo el pasaje
y va a describir la misión del hijo que va a tener. El ángel tranquiliza a
Zacarías con estas palabras “No temas”. La expresión: “no temas” es muy
frecuente en el Antiguo Testamento; se emplea para infundir paz y seguridad
ante una intervención particular de Dios. El ángel aduce un extraño motivo:
“No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado: tu mujer Isabel
te dará un hijo”.
¿Cuándo ha pedido Zacarías un hijo? Lo anterior y lo que sigue, dejan
claro que el matrimonio ha aceptado la falta de hijos. En su oración, Zacarías
no había pedido un hijo; de ahí su reacción espontánea: “Yo soy viejo, y mi
mujer es de edad avanzada”.
Probablemente la petición a la que el ángel se refiere era la plegaria de
salvación mesiánica que el sacerdote elevaba a Dios durante su servicio en el
Templo, a favor de todo el pueblo, y que en ese día le había caído en suerte a
Zacarías. Dios ha escuchado esta plegaria, y por eso dará a Zacarías y a su
mujer -a pesar de ser imposible- un hijo, pues será a través de él como
comenzará la realización de las promesas de salvación.

16
EVANGELIO DE SAN LUCAS

Como sucede en las anunciaciones bíblicas, el padre es quien dará el


nombre de su hijo: “le pondrás por nombre Juan”. Se da mucha
importancia al nombre, pero Lucas no explica a sus lectores qué significa. La
traducción de ese nombre no es unívoca, pero todas coinciden en subrayar la
bondad de Dios: “Yahvé es generoso”, “Yahvé es misericordioso”, “Yahvé
muestra su favor”.
A continuación, desarrolla el ángel tres temas: a) repercusión del
nacimiento; b) características del niño; c) su misión.
a) Que el nacimiento será motivo de alegría para su padre es lógico, lo que
admira es que el nacimiento del niño alegre también a muchos: “Te llenarás
de alegría y gozo, y muchos se alegrarán de su nacimiento”. El ángel está
anticipando el consuelo y la buena noticia que un día Juan dará al pueblo
cuando se “presente” en el Jordán. Una gran muchedumbre venidas de todas
partes se acercarán al Jordán a escuchar a Juan y ser bautizados por él.

b) Juan será un nazir, esto es, una persona consagrada a Dios, como en su
día fueron Sansón y Samuel. Y, además, estará “lleno del Espíritu Santo”
desde el vientre materno. Al igual que Jeremías, será un auténtico y
verdadero profeta, ungido como tal antes de nacer. Si todos los profetas para
poder realizar su misión, fueron tomados por el Espíritu, convenía que el
Profeta que anunciara al Mesías presente ya en el mundo fuera consagrado
por el Espíritu de Dios de una forma excelente, y por eso Juan fue lleno del
Espíritu desde el seno de su madre.

c) Juan tendrá la misión de convertir hacia el Señor su Dios a sus hermanos.


Llevará a cabo la misión principal del profeta: convertir al pueblo, que, como
hijo pródigo, ha abandonado al Señor. El Señor desea la vuelta de su pueblo:
“Volved a mí y yo volveré a vosotros, dice el Señor todopoderoso” (Zac 1,3;
Mal 3,7).

La misión de Juan consistirá en reconciliar a los padres con los hijos, y


cambiar el sentir y pensar de los rebeldes. Lo primero coincide con lo que se
promete del profeta Elías cuando vuelva: “reconciliará a padres con hijos, a
hijos con padres” (Mal 3,24). El segundo aspecto de la misión (reconciliar a
los rebeldes con el sentir de los justos) lo cumplirá cuando predique la
penitencia, y los pecadores le hagan caso. Para llevar a cabo su misión, Juan
estará dotado con el espíritu y el poder de Elías. Y preparará para el Señor un
pueblo, cumpliendo así de manera excelente el anuncio del profeta Isaías
(40,3).
El ángel ha terminado el mensaje. Zacarías no se deja entusiasmar por
lo que ha oído. Él no ve claro que Isabel pueda darle un hijo cuando los dos

17
EVANGELIO DE SAN LUCAS

son ancianos. Y pide una garantía: Zacarías replicó al ángel: «¿Cómo


estaré seguro de eso? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad
avanzada».
Tras sus palabras, el ángel le da su nombre a la vez que le comunica su
profesión y la misión recibida: Respondiendo el ángel, le dijo: «Yo soy
Gabriel, que sirvo en presencia de Dios; he sido enviado para hablarte y
comunicarte esta buena noticia. En cuanto al nombre, decir que una vez
más, el evangelista tampoco expone el significado de “Gabriel” y la mayoría
de estudiosos lo traducen como: “Fuerza de Dios”. En cuanto a la profesión,
decir que el ángel Gabriel aparece en el libro de Daniel; y en un libro
intertestamentario conocido como el Henoc etiópico, el ángel Gabriel es (junto
a Miguel, Rafael y Fanuel) uno de los cuatro espíritus que pronuncian
alabanzas ante el Dios de la gloria”. En cuanto a su misión, es enviado a
hablar a Zacarías y darle una buena noticia.
El ángel Gabriel se duele de que Zacarías no ha creído a sus palabras y
en castigo, quedará sordo y mudo hasta que lo anunciado se cumpla. Pero te
quedarás mudo, sin poder hablar, hasta el día en que esto suceda,
porque no has dado fe a mis palabras, que se cumplirán en su momento
oportuno. A pesar de su falta de fe, esa buena noticia se cumplirá a su
debido tiempo: la promesa de Dios prevalecerá sobre cualquier falta de fe por
parte del hombre.
El diálogo del ángel con Zacarías ha hecho que la ceremonia se alargue
más de lo normal. La tardanza de Zacarías provoca la extrañeza de la gente.
De ahí lo que dice el evangelista: El pueblo, que estaba aguardando a
Zacarías, se sorprendía de que tardase tanto en el santuario.
Al terminar la liturgia en el santuario, el sacerdote salía para pronunciar
ante el pueblo la bendición ritual que consistía en las palabras que aparecen
en el libro de los Números: “El Señor te bendiga y te guarde. El Señor te
muestre su rostro y tenga misericordia de ti. Te mire benignamente y te
conceda la paz” (6,24-26).
Pero en este caso, esto no es lo que sucede. El sacerdote Zacarías no
puede realizar este gesto que aparece en el ritual ya que “al salir no podía
hablarles, y ellos comprendieron que había tenido una visión en el
santuario. Él les hablaba por señas, porque seguía mudo”. Cuando sale
Zacarías advierte la gente que no puede hablar y deducen que algo raro ha
ocurrido en el santuario y lo atribuyen a una visión.
La incapacidad de hablar y el uso de signos por parte de Zacarías
demuestran que se ha cumplido la palabra del ángel Gabriel. El servicio de un
sacerdote duraba una semana; luego volvía a su casa. Resulta llamativo que

18
EVANGELIO DE SAN LUCAS

Zacarías, después de quedar mudo, continúe ejerciendo su función


sacerdotal: “Al cumplirse los días de su servicio en el templo, volvió a
casa”.
Que Isabel conciba un hijo después de lo anunciado por el ángel
Gabriel es lógico. El evangelista nos dice lo siguiente: “Días después
concibió Isabel, su mujer, y estuvo sin salir de casa cinco meses,
diciendo: Esto es lo que ha hecho por mí el Señor, cuando se ha fijado
en mí para quitar mi oprobio ante la gente”. No es extraño que Isabel se
oculte durante cinco meses. En momentos de gran contacto con Dios, es
frecuente en la mentalidad judía que el protagonista se aislara, buscara la
soledad. Así lo hará Jesús cuando se retire un tiempo al desierto después de
su bautismo en el Jordán, y lo mismo lo hará Pablo cuando, después de lo
acontecido en el camino de Damasco donde se encuentre con Jesús
resucitado, se retire al desierto de Arabia durante un tiempo prolongado.
Isabel, al sentirse “agraciada” por Dios en esa maternidad inesperada e
imposible no marcha al desierto, pero se oculta en su casa para meditar y
agradecer el favor que Dios le ha hecho; de ahí sus palabras de
agradecimiento que acabamos de escuchar.
Es frecuente escuchar lo mismo en algunas mujeres conocidas del
Antiguo Testamento: Lía, la esposa de Jacob, cuando nace su hijo Rubén dijo:
“El Señor ha visto mi aflicción” (Gn 29,32). Cuando a Raquel, la otra esposa
de Jacob, le nació José exclamó: “Dios ha mirado mi afrenta” (Gn 30,23). Algo
parecido ha dicho la anciana Isabel, que soportó muchos años de esterilidad.
Hemos de tener en cuenta que la esterilidad era vista en la mentalidad judía
como una deshonra o como un castigo.
En el libro primero de Samuel vemos a Ana, que será madre del profeta
Samuel, sufrir y llorar por su esterilidad y su oración lacrimosa así lo expresa
cuando reconoce de este modo al sacerdote Elí su súplica angustiada: “he
hablado así por mi gran congoja y aflicción” (1 Sam 1,16). Así pues, las
palabras de Isabel indican que su maternidad inesperada y, a la vez, gozosa,
ha hecho caer la humillación pública que sufría desde hacía mucho tiempo,
pues el Señor ha hecho su oprobio ante la gente.

Anuncio del nacimiento de Jesús


La escena siguiente que narra Lucas se traslada desde el Templo de
Jerusalén y la casa de Zacarías e Isabel a un pequeño lugar de Galilea
llamado Nazaret, a quien Lucas califica como “ciudad”. A pesar de la
importancia que le concede el evangelista, hay que afirmar que Nazaret no
era un lugar conocido o relevante, nunca es mencionada en el Antiguo

19
EVANGELIO DE SAN LUCAS

Testamento ni aparece tampoco en las obras del historiador Flavio Josefo,


que conocía perfectamente la Galilea.
Además, Nazaret y sus habitantes tenían mala fama. No es raro que los
habitantes de esa aldea vecina llamada Caná, que distaba de Nazaret unos 8
kilómetros, dijeran con desprecio: “¿De Nazaret puede salir algo bueno?” (Jn
1,46). Precisamente allí acude el ángel Gabriel y no al Templo de Jerusalén,
donde meses antes había ido a dar la buena nueva al sacerdote Zacarías. A
este lugar de la periferia, a este lugar al que nadie le había prestado atención,
ahí se dirige el enviado de Dios a transmitir un mensaje divino a una doncella
nazaretana llamada María, un mensaje que es trascendental no sólo al pueblo
judío sino a la humanidad. La salvación de Dios irrumpe en un lugar humilde,
en una aldea pequeña donde apenas vivirían unos 150 habitantes, situada
muy lejos de las ciudades más importantes, y, sobre todo, muy distante de la
ciudad santa de Jerusalén, lugar de las más grandes manifestaciones
religiosas de Israel.
Hemos de decir que, para elaborar este relato, Lucas se sirvió de un
material, de una información muy próxima a la Virgen María, e incluso
podemos atrevernos a decir que de ella misma.
Leemos el texto evangélico: En el mes sexto, el ángel Gabriel fue
enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen
desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre
de la virgen era María. El ángel, entrando en su presencia, dijo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se turbó
grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era
aquel. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia
ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás
por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor
Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob
para siempre, y su reino no tendrá fin». Y María dijo al ángel: «¿Cómo
será eso, pues no conozco varón?». El ángel le contestó: «El Espíritu
Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra;
por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu
pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses
la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible». María
contestó: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».
Y el ángel se retiró.
Recordemos que a Lucas le gusta situar los acontecimientos que
considera esenciales. Y ahora también lo hace cuando comienza el texto
diciendo: “En el mes sexto, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una
ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un

20
EVANGELIO DE SAN LUCAS

hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era


María”.
¿A qué se refiere el evangelista al decir “en el mes sexto”? El autor pone
en relación el anuncio que a continuación va a narrar con el anuncio del ángel
a Zacarías. El anuncio del nacimiento de Jesús está ante todo relacionado
cronológicamente con la historia de Juan el Bautista mediante la indicación
del tiempo transcurrido tras el mensaje Gabriel a Zacarías. Por lo tanto, él
está diciendo: al sexto mes de haber tenido lugar el anuncio a Zacarías y la
concepción de Juan (esto es, en el sexto mes del embarazo de Isabel),
acontece el anuncio a María y la concepción del Mesías.
Está queriéndonos decir que ambos acontecimientos ocurridos en poco
tiempo en lugares y momentos distintos están dentro del plan salvífico de Dios
que va a cumplir de inmediato sus promesas mesiánicas.
Enseguida el evangelista nos dice el nombre del destinatario de este
anuncio, así como su situación legal. Nos dice que se llama “María”, y que es
virgen y está desposada con un varón llamado José. En cambio, no se dice de
su familia. La situación de esta doncella es que es “virgen” (en griego
parthenos); la expresión indica el estado de la persona en el momento en que
se la describe, en el momento en el que recibe el anuncio; y añade que está
desposada, es decir, legalmente casada con un hombre llamado José.
Situemos el momento en que acontece el anuncio del ángel a María a la
luz de las tradiciones judías acerca del matrimonio. La ley judía establecía un
lapso de tiempo entre la celebración legal del matrimonio y la entrada de la
esposa en la casa de su marido. Los judíos distinguían entre el desposorio y
la cohabitación, es decir, el vivir juntos; uno tenía lugar aproximadamente un
año antes del otro. (Por lo general, las muchachas se esposaban entre los 12
y los 13 años, y los varones entre los 18 y los 24). Un año más tarde de los
desposorios tenía lugar la entrada de la esposa en la casa de su esposo para
vivir juntos; en esta ceremonia, un cortejo (los llamados -amigos del novio-)
llevaba solemnemente a la novia a casa del esposo.
Por lo tanto, el anuncio del ángel a María tiene lugar en ese tiempo
intermedio, cuando ya ha tenido lugar el desposorio de María y José, y ella
sigue todavía en casa de sus padres, Joaquín y Ana, esperando el tiempo
señalado para entrar en la casa de su esposo José y vivir juntos.
Continúa diciéndonos el evangelista: El ángel, entrando en su
presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Si
acudimos a los textos bíblicos donde los mensajeros de Dios anunciaban a los
destinatarios la buena nueva, podemos decir que aquí también acontece lo
mismo. Pero hemos de señalar que este caso, en el saludo del ángel llama la

21
EVANGELIO DE SAN LUCAS

atención que no se dirija a María con el acostumbrado saludo judío, -shalom-


(es decir, la paz esté contigo), sino con el saludo “alégrate”.
El saludo del ángel desconcierta a María. Hemos de decir que “alégrate”
no era un saludo habitual, no era un saludo más que las personas se daban
de forma ordinaria, en el día a día. Este saludo dicho por este mensajero
divino no es un saludo cualquiera, es una invitación a un gozo, pero no a una
alegría cualquiera, sino que es el gozo ante el anuncio de algo sin igual que
va a acontecer. Esta palabra es un eco de la invitación que hacían los profetas
a la ciudad de Jerusalén, a la Hija de Sión, por la presencia de Dios en medio
de su pueblo.
Recordemos las palabras del profeta Sofonías dirigidas, en el siglo VII
a.C.), a la ciudad de Jerusalén: “Alégrate, hija de Sión, grita de gozo Israel,
regocíjate y disfruta con todo tu ser, hija de Jerusalén. El Señor, está en medio
de ti, no temas mal alguno” (Sof 3,14-15). Un siglo más tarde, el profeta
Zacarías, que le tocó vivir un momento difícil cuando el pueblo volvía del exilio
de Babilonia y tenía que volver a comenzar de cero, entre otras tareas,
reconstruir el templo se dirigía a Jerusalén con estas palabras: “Salta de gozo,
Sión; ¡alégrate, Jerusalén! Mira que viene tu rey” (Zac 9,9). El motivo esencial
por el que Jerusalén, la hija de Sión, puede exultar de gozo se encuentra en el
hecho de que el Señor está en medio de ella; literalmente se dice “está en tu
seno”. Precisamente está expresión reaparece en el mensaje de Gabriel a
María: “concebirás en tu seno”.
Así pues, valorando los detalles de estos dos paralelismos, resulta
evidente la cercanía interna de los dos mensajes. María aparece como la Hija
de Sión en persona. Las promesas referentes a Sión (la ciudad santa) se
cumplen en ella de forma inesperada. María se convierte en el Arca de la
Alianza, en el lugar de la auténtica inhabitación del Señor.
A continuación, llama la atención la expresión con la que el ángel se
dirige a María. Le dice: “llena de gracia”. Y esta expresión aparece como el
nombre propio de María. El ángel le dice que está llena del amor divino, de la
gracia que viene de lo alto. “Llena de gracia” denota su estado pleno y
permanente de gracia y de favor divino.
La siguiente palabra del ángel Gabriel: “el Señor está contigo” recuerda
aquellos saludos con que Dios se dirigía a aquellas personas a las que elegía
para una misión especial a lo largo de la historia de la salvación.
Mencionamos los siguientes ejemplos: “Respondió Dios a Moisés: «Yo estoy
contigo; y esta es la señal de que yo te envío: cuando saques al pueblo de
Egipto, daréis culto a Dios en esta montaña” (Ex 3,12). “Se le apareció el
ángel del Señor a Gedeón y le dijo: «El Señor esté contigo, valiente

22
EVANGELIO DE SAN LUCAS

guerrero»” (Jue 6,12). “Yo estoy contigo para librarte -oráculo del Señor-“. En
tres momentos le dirá el Señor al profeta Jeremías esta misma palabra (Jer
1,8,19;15,20). Ahora se dirige de este mismo modo a María, pues en ella se
va a cumplir la visita mesiánica de Dios por largo tiempo esperada.
Dice el evangelista: Ella se turbó grandemente ante estas palabras y
se preguntaba qué saludo era aquel. Ante el saludo del ángel, al contrario
que Zacarías, María no experimenta temor o miedo alguno, aunque su
turbación, su desconcierto es grande. De Zacarías se dice que se sobresaltó y
“quedó sobrecogido de temor” (Lc 1,12). En el caso de María, se utiliza
inicialmente la misma palabra (“se turbó”), pero ya no prosigue con el temor,
sino con una reflexión interior sobre el saludo del ángel (“se preguntaba qué
saludo sería aquel”. María reflexiona (dialoga consigo misma) sobre lo que
podía significar el saludo del mensajero de Dios. Así aparece ya aquí un rasgo
característico de María, un rasgo que encontramos otras dos veces en el
Evangelio en situaciones análogas: el confrontarse interiormente con la
Palabra.
Ella no se detiene ante la primera inquietud por la cercanía de Dios a
través de su ángel, sino que trata de comprender. Ha percibido alqo que no
logra aun comprender, el saludo del mensajero divino oculta todavía un
misterio que ella aún no conoce. Pero María se muestra como una mujer
valerosa, que incluso ante lo inaudito se muestra como alguien con una gran
vida interior, que une el corazón y la razón para entender todo el mensaje de
Dios.
El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia
ante Dios. El ángel responde a María. A nada a de temer, pues el favor divino
la acompaña. Ha encontrado gracia delante de Dios. Goza del favor de Dios.
Inmediatamente le comunica el anuncio que explica por qué ha hallado el
favor divino: Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás
por nombre Jesús. La maternidad será el signo y la manifestación de la
predilección misericordiosa y del favor de Dios.
Además, el ángel le comunica el nombre que le pondrá “ella” a su hijo.
Acentuamos esto porque no era frecuente que fuera la madre quien pusiera
nombre a su hijo. Era algo que hacía el padre. Tenemos textos del Antiguo
Testamento que así lo confirman. Se le dice a Abrahán: “Es Sara quien te va a
dar un hijo, a quien tú llamarás Isaac” (Gn 17,19); y a Zacarías: “tu mujer
Isabel te dará un hijo, a quien llamarás Juan” (Lc 1,13).
Una vez más, vemos que Lucas no da el significado de los nombres de
los personajes; tampoco lo hace en el caso del nombre de “Jesús”. Sí lo

23
EVANGELIO DE SAN LUCAS

indicará Mateo en su evangelio: se llamará Jesús, “porque él salvará a su


pueblo de los pecados” (Mt 1,21).
A continuación, el ángel descubre claramente, en cinco notas, la dignidad
mesiánica del niño que va a nacer:
- “Será grande”
- “Se llamará Hijo del Altísimo”
- “El Señor Dios le dará el trono de David, su padre”
- “Reinará sobre la casa de Jacob para siempre”
- “Su reino no tendrá fin”.

Lo anunciado por el ángel era lo que esperaba y ansiaba el pueblo de


Israel. María, como todo israelita, tenía esa misma esperanza, sus padres la
habían educado en la fe y en la esperanza que Dios había prometido un
salvador y cumpliría sus promesas. Dios se manifestaría plenamente a través
de su Mesías, sobre un nuevo Israel restaurado, y su gobierno sería estable y
perpetuo. El elemento nuevo es que lo que era un anuncio y una esperanza
para el porvenir más o menos lejano, va a encontrar su cumplimiento, su
realización inmediata y concreta en el hijo que va a ser concebido en ella, y
que llevará por nombre propio “Jesús”.

La segunda reacción de María resulta enigmática para nosotros.


Después del titubeo pensativo con que había recibido el saludo del mensajero
de Dios, el ángel le ha comunicado que ha sido elegida para ser la madre del
Mesías. María pone entonces una breve e incisiva pregunta: «¿Cómo será
eso, pues no conozco varón?».

Pensemos de nuevo en la diferencia respecto a la respuesta de


Zacarías, que había reaccionado a las palabras del ángel con una duda sobre
la posibilidad de la tarea que se le encomendaba. Zacarías, como Isabel, era
de edad avanzada; ya no podía esperar un hijo. Por el contrario, María no
duda. No pregunta sobre el “qué”, sino sobre el “cómo” se cumplirá la
promesa, siendo esto incomprensible para ella: «¿Cómo será eso, pues no
conozco varón?».

Las palabras “no conozco varón” expresa concretamente la situación de


María en ese preciso momento. Y ella, por razones que nos son inaccesibles,
no ve posible de ningún modo convertirse en madre del Mesías mediante una
relación conyugal y se pregunta partiendo de su virginidad cómo se realizará
esto.

Las palabras de Gabriel le darán a María la respuesta a su pregunta; el


ángel le confirma que ella no será madre de modo normal, sino mediante “la

24
EVANGELIO DE SAN LUCAS

sombra del poder del Altísimo”, mediante la llegada del Espíritu Santo: “El
ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del
Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será
llamado Hijo de Dios”.

Estas palabras del ángel son la cumbre del diálogo entre el ángel y
María y el coronamiento de todo lo que ha querido expresar el evangelista. La
acción soberana del Espíritu de Dios, de sí misteriosa e inexplicable, hará
fecundo el seno virginal de María para que conciba y dé a luz al Mesías. Esta
acción fecundante se describe mediante dos imágenes vigorosas tomadas de
la tradición bíblica:

- “El Espíritu Santo vendrá sobre ti”: la irrupción del Espíritu de Dios, que
tomaba posesión de una persona para realizar a través de ella una acción
salvífica se encuentra con frecuencia en la Escritura. En el caso de la
concepción del Mesías, el Hijo del Altísimo, el Espíritu de Dios actuará con
todo su poder.

- “La fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra”. Esta expresión es


menos frecuente que la anterior y por lo mismo más significativa. “Cubrir con
su sombra” hacía recordar aquello que nos narra el libro del Éxodo cuando
decía que, durante la travesía del desierto, la nube (símbolo de la presencia
de Dios) cubría, llenaba el Tabernáculo.
El Espíritu Santo, que es la fuerza del Altísimo, va a cubrir con su
sombra a María para hacer brotar de ella una nueva vida. Vemos con estas
palabras cómo María aparece como la tienda viva de Dios, en la que él quiere
habitar de un modo nuevo en medio de los hombres.
Al poner el evangelista estas expresiones en boca del ángel, quiere
claramente insinuar que este Espíritu será el principio creador y producirá la
vida en el seno de María. Lo que el Espíritu, soplo creador, hizo en los
orígenes del mundo, lo va a obrar ahora en una virgen, produciendo en ella
una concepción virginal. En la concepción de Jesús todo viene de la fuerza
del Espíritu Santo.
Concebido por la virtud del Espíritu Santo, el que va a nacer será
llamado “Santo”; esto es, heredará el nombre divino, el atributo divino de
“Santo”. La apelación “Hijo de Dios” es lo esencial a los ojos de Lucas y es el
término de toda su intención teológica. Él había dicho en la primera parte del
mensaje del ángel que el niño sería llamado “Hijo del Altísimo”, esto es, que
sería el Mesías. Ahora, en la segunda parte, declara que será llamado “Hijo de
Dios”. Este título tiene un sentido totalmente nuevo y superior. Concebido
directamente por la acción del Espíritu Santo y sin la acción de un padre

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EVANGELIO DE SAN LUCAS

humano, Jesús es el Hijo de Dios a título especial y exclusivo. El verbo hebreo


“será llamado” no indica solamente una denominación extrínseca, sino que
expresa su identidad: Jesús será el Hijo del Altísimo y el Hijo de Dios.
El ángel le da un signo a María: la concepción de Isabel, “la estéril”, en
su vejez. Esta señal se da no porque María haya dudado, ni porque el ángel
quiera fortificar su fe. Anteriormente, dijimos que era frecuente en las
anunciaciones bíblicas se dieran estos signos visibles que confirmaban lo
anunciado por el divino mensajero.
También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya
está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay
imposible. Esta última frase es una referencia al pasaje del Génesis, donde
Dios asegura a Abrahán que Sara, su mujer, -aunque estéril y anciana- va a
dar a luz, porque “¿acaso habrá cosa alguna imposible para Dios?” (Gn
18,14). Por tanto, si Dios hizo fecundo el seno estéril de Sara y de Isabel,
avanzadas ya en edad, ¿no podrá producir admirablemente la vida del Hijo
del Dios Altísimo, del Hijo de Dios, en el seno de una virgen?
María contestó: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según
tu palabra». Y el ángel se retiró.
Después de esto sigue la tercera reacción, la respuesta esencial de
María: su “sí”: “Hágase en mí según tu palabra”. Tras la caída de nuestros
primeros padres, todo el mundo quedó oscurecido bajo el dominio de la
muerte. Dios busca una nueva entrada en el mundo. Llama a la puerta de
María. Necesita la libertad humana. No puede redimir al hombre, creado libre,
sin un “sí” libre a su voluntad. Al crear la libertad, Dios he hecho en cierto
modo dependiente del hombre. Su poder está vinculado a un ”sí” no forzado
de una persona humana.
Acudimos ahora al abad San Bernardo de Claraval (+ 1153), uno de los
escritores que más ha influido en el fomento de la piedad mariana de todos
los tiempos. Hablar de María era para él una delicia que llenaba y
transformaba su ser. El abad San Bernardo describe en una homilía sobre las
excelencias de la Virgen Madre (la homilía 4 la emoción de este momento).
Así, san Bernardo muestra cómo en el momento de la pregunta a María el
cielo y la tierra contenían el aliento esperando su respuesta:
“Oíste, Virgen, que concebirás y darás a luz a un hijo; oíste que no era
por obra de varón, sino por obra del Espíritu Santo. Mira que el ángel aguarda
tu respuesta, porque ya es tiempo que se vuelva al Señor que lo envió.
También nosotros (…) esperamos, Señora, esta palabra de misericordia. Se
pone entre tus manos el precio de nuestra salvación; en seguida seremos
librados si consientes (…) por tu breve respuesta seremos ahora

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EVANGELIO DE SAN LUCAS

restablecidos para ser llamados de nuevo a la vida... No tardes, Virgen María,


da tu respuesta. Señora Nuestra, pronuncia esta palabra que la tierra, los
abismos y los cielos esperan (…) Responde presto al ángel, o, por mejor
decir, al Señor por medio del ángel; responde una palabra y recibe al que es
la Palabra; pronuncia tu palabra y concibe la divina; emite una palabra fugaz y
acoge en tu seno a la Palabra eterna... Abre, Virgen dichosa, el corazón a la
fe, los labios al consentimiento, las castas entrañas al Criador. Mira que el
deseado de todas las gentes está llamando a tu puerta (…) Levántate, corre,
abre. Levántate por la fe, corre por la devoción, abre por el consentimiento.
Sólo por esta vez -dice Bernardo- María, no seas humilde, sino magnánima.
Danos tu “sí”. Este es el momento decisivo en el que de sus labios y de su
corazón sale la respuesta: “Hágase en mí según tu palabra”.
María se convierte en madre por su “sí”. Los Padres de la Iglesia han
expresado a veces todo esto diciendo que María había concebido por el oído,
es decir, mediante la escucha. A través de la obediencia la Palabra ha entrado
en ella, y ella se ha hecho fecunda. Ese “sí” se ha expresado a través de sus
palabras donde ella se muestra como la sierva, la esclava del Señor,
indicando su total disponibilidad y obediencia a la voluntad de Dios. Que se
haga en ella lo que el Señor quiera. María no es una persona pasiva que sólo
escucha, sino más bien una persona cuyo obediente consentimiento Dios
espera, para obrar en ella el portentoso misterio de la Encarnación.
María, advertida del misterio y sin percibir toda su profundidad y sus
alcances, se entrega con un abandono generoso y sin reservas a las
exigencias fueren las que fueren, de la obra que Dios quiere hacer en ella.
Merece destacarse la última frase del texto: Y el ángel se retiró. El gran
momento del encuentro con el mensajero de Dios, en el que toda la vida
cambia, ya ha terminado, ha concluido, y María se queda sola con un
cometido que, en realidad, supera toda capacidad humana. Ya no hay ángeles
a su alrededor. Ella debe continuar el camino que comienza ahora y que ha de
pasar por muchos momentos, momentos de gozo, de júbilo y alegría sin igual,
pero atravesará por muchos otros, llenos de preguntas sin respuestas
inmediatas, de circunstancias muy difíciles y adversas, comenzando por el
desconcierto de José ante el embarazo virginal de María, el nacimiento de
Jesús en un establo en la ciudad de Belén, la búsqueda angustiosa ante la
supuesta pérdida de Jesús por tres días y encontrado en el Templo, la
incomprensión que sufrirá su Hijo durante su ministerio público y por otras
muchas circunstancias aún, hasta la noche oscura de la cruz.
En estas situaciones que se presenten, cuántas veces volverá
interiormente María al momento en que el ángel de Dios le había hablado en
Nazaret. ¡Cuántas veces escuchará y meditará de nuevo este saludo:

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EVANGELIO DE SAN LUCAS

“Alégrate, llena de gracia”, y también la palabra tranquilizadora del mensajero:


“No temas”! El ángel se va, la misión permanece, y es concebido en su seno
el Dios a quien ni los cielos ni la tierra pueden contener, el Dios que todo lo
abarca, todo lo llena; el Dios todopoderoso y eterno que se une a su carne
para hacerse carne, y María va sintiendo el misterio que está aconteciendo en
su propia persona y tocando su proximidad.
Nosotros somos invitados a entrar en este misterio divino que acontece
en nosotros. Se nos interpela para que también nosotros sepamos imitar la
respuesta de María. En el texto evangélico vemos el "sí" de Dios y del "sí" de
María; pero hemos de ver y comprender el compromiso de nuestro "sí".
Así como de la confluencia de las dos actitudes de Dios y de María, por
obra del Espíritu, sucedió la encarnación salvadora de Jesús, de nuestro sí a
Dios brotará, por obra del mismo Espíritu, la salvación en nuestra propia vida.
Dios viene a nuestro encuentro y nos pide el mismo “sí” de María. Nos llama
por nuestro propio nombre, nos ha elegido para que le conozcamos y por la fe
“engendremos” a Jesús en nuestra vida y lo demos a luz a los demás. María,
la nueva Eva, la que aceptó para su vida el plan salvador de Dios, es nuestro
mejor modelo para cada uno de nosotros. Nosotros, elegidos por Dios,
estamos llamados a responder por medio de la fe, a repetir ese "amén" en los
diversos momentos, también los difíciles y oscuros, de nuestra vida.
Al igual que María tengamos un corazón abierto, acogedor, para que la
Palabra habite en nosotros y nos ilumine el camino a seguir. María aceptó
libremente el plan de Dios y concibió por la fe al Hijo de Dios en su corazón
antes de formarlo en sus entrañas. Con estas palabras lo expresa San
Agustín:
“Por eso era María bienaventurada, pues antes de dar a luz llevó en su seno al
maestro” (sermón 72).
María nos enseña el modo de aceptar de la voluntad de Dios: desde la
humildad, el compromiso valiente, la esperanza, la espera paciente. Salgamos
de nosotros mismos para que Cristo se haga presente en nuestro interior y
respondamos “sí” a los planes de Dios, porque responder afirmativamente es
vivir con alegría, con esperanza, con amor, en medio de las pruebas de la vida
o de las contradicciones que experimentamos; es dejar que Él nos guíe. Junto
a María contestemos: “hágase en mi tu voluntad”.
María ha escuchado por el ángel Gabriel que su pariente Isabel está
encinta de seis meses. Su reacción es ir inmediatamente a visitarla. El
evangelista se atiene a lo esencial. No dice a qué ciudad de Judá se dirige (la
tradición cristiana la identificará con Ain Karem, a 8 km. al oeste de
Jerusalén), no dice cuántos días supone el viaje, si viaja sola a pesar de estar

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EVANGELIO DE SAN LUCAS

embarazada, o en una comitiva (suponemos esto último), no dice cómo llega


a la casa de Zacarías sin saber dónde vive. Incluso lo más importante, el
saludo de María no lo concreta.
Pero leamos el texto evangélico: En aquellos mismos días, María se
levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de
Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Aconteció que, en
cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se
llenó Isabel de Espíritu Santo y, levantando la voz, exclamó: «¡Bendita tú
entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para
que me visite la madre de mi Señor? Pues, en cuanto tu saludo llegó a
mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la
que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá».
El evangelista nos presenta lo acontecido como una escena gozosa,
llena de la alegría que proviene de la llegada del Mesías. Y va
inmediatamente a narrarnos lo esencial. Tan pronto como llega María, va a
saludar a su pariente Isabel. Y al saludo de María le sigue lo que este saludo
produce. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su
vientre. En este momento se cumple lo que dijo el ángel a Zacarías: “se
llenará del Espíritu Santo ya en el vientre de su madre” (Lc 1,15). Juan es el
primero en reaccionar, antes que su propia madre. Ungido por el Espíritu
Santo ya en el vientre materno, Juan queda consagrado “profeta” ante la
llegada del Mesías para la misión que le va a ser confiada.
Toda la atención se centra en las palabras de Isabel, precedidas por una
indicación frecuente en estos relatos de la infancia: “se llenó Isabel de
Espíritu Santo”, es decir, de espíritu profético. Ese espíritu le revela que
María está encinta, que es la madre de su Señor, que ha creído lo que le
dijeron y que eso se cumplirá.
Isabel irrumpe en estas palabras de alabanza: «¡Bendita tú entre las
mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! El Antiguo Testamento recoge la
alabanza de algunas mujeres, pero por motivos muy distintos. Rut es
proclamada “bendita” por haber elegido a Booz, como esposo a pesar de no
ser joven (Rut 3,10-11); Sara, la esposa de Tobit, por haber abandonado a sus
padres para venir a vivir con la familia de Tobías (Tobías 11,17).
Entre todas las mujeres, María es la más bendecida por Dios. ¿Qué ha
hecho María para que Isabel la bendiga de esa manera? El relato de la
anunciación lo ha dejado claro: ella ha sido escogida para ser la madre del
Señor y ha aceptado el plan de Dios (“he aquí la esclava del Señor”) y eso la
ha convertido en la madre de Jesús, el Mesías o, como dirá Isabel, en “la
madre de mi Señor”. Motivo más que suficiente de alabanza. Y bendito es

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EVANGELIO DE SAN LUCAS

también el fruto de su vientre. Isabel reconoce como “su Señor” al niño


concebido en el seno de María.
La forma de expresarse de Isabel, tan personal, (¿Quién soy yo para
que me visite la madre de mi Señor?) recuerda lo que un día escribió Pablo
a propósito de la muerte de Jesús: “me amó y se entregó por mí”. Pablo
subraya que ese acontecimiento salvador que es universal lo ha
experimentado dirigido a él con una gran fuerza (“me amó y por mí”). Lo
mismo le ocurre a Isabel: ella se asombra de que el Señor, el Mesías
esperado por todas las naciones, venga a ella, venga a su vida, venga a su
casa.
En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en
mi vientre. Lucas comenzó hablando de la reacción de Juan al oír el saludo:
dio un salto en el vientre de Isabel. El brinco de gozo del niño en el seno de
Isabel es como el saludo a su Señor, a su Mesías presente en el seno de
María. Si esta escena es el encuentro de dos madres “María e Isabel”, es
sobre todo el encuentro de dos niños que están por nacer: “Jesús-Juan”. Más
aún, en la mente del evangelista, es el encuentro y la continuidad de dos
testamentos: la Antigua y la Nueva Alianza. La Antigua Alianza precede, por
eso la primera anunciación es la de Juan; pero la Nueva Alianza lleva a
plenitud la primera, por eso el Mesías viene en el seno de su madre a visitar a
Isabel y a su hijo para que a su contacto “sean llenos del Espíritu Santo”.
La Virgen María es proclamada “la creyente” y por eso se le declara
“bienaventurada”. Con esto, Lucas ha querido subrayar un contraste: a
Zacarías le faltó fe; María, en cambio, creyó. En Isabel brilla también una gran
fe; ha sido dócil a los signos y está persuadida de que se cumplirá en María
todo cuanto le ha sido dicho de parte de Dios.
Se le declara “bienaventurada” porque ella es la primera agraciada con la
bendición divina ofrecida a aquellos que reciben con fe la Palabra de Dios.
María es, pues, un modelo de fe obediente para toda la humanidad.
A continuación, el evangelista nos ofrece el bello himno que coloca en
labios de María, que ella entona después del saludo y de las bellas palabras
de alabanza de su pariente Isabel y que leemos a continuación:
María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi
espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humildad de su
esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el
Poderoso ha hecho obras grandes en mí: su nombre es santo, y su
misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace
proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del
trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los

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EVANGELIO DE SAN LUCAS

colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su


siervo, acordándose de la misericordia —como lo había prometido a
nuestros padres— en favor de Abrahán y su descendencia por siempre».
Hemos de decir que el bello texto que acabamos de escuchar es un
himno que en su forma más primitiva pudo surgir como un himno de alabanza
a Dios por haber hecho de la Hija de Sión, es decir, de Jerusalén una ciudad
digna de alabanza.
En el Antiguo Testamento nos encontramos con textos dirigidos a la Hija
de Sión por todas las bendiciones que Dios ha derramado sobre ella. El
profeta Isaías lo dice con estas palabras: “Ya no te llamarán «Abandonada»,
ni a tu tierra «Devastada»; a ti te llamarán «Mi predilecta»,
y a tu tierra «Desposada», porque el Señor te prefiere a ti” (Isaías 62,4). El
mismo Isaías afirma: “Festejad a Jerusalén, gozad con ella,
todos los que la amáis, (…) Yo haré derivar hacia ella, como un río, la paz,
como un torrente en crecida, las riquezas de las naciones. (…) Al verlo se
alegrará vuestro corazón, y vuestros huesos florecerán como un prado”
(Isaías 66,10.12.14).
El retoque introducido por Lucas subraya tres realidades muy
importantes: la primera irrumpe con una proclamación de María a Dios que es
“grande”; y con un grito de exultación en Dios, que es y se muestra “salvador”:
“Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios,
mi salvador”. En efecto, Dios ha fijado sus ojos en su sierva humilde,
pequeña, que por sí misma no tiene nada, pero en quien Dios se ha
complacido y ha realizado “grandes cosas”: “porque ha mirado la humildad
de su esclava”. Él que es “el Poderoso”, que es llamado “el Santo”, cuyo
amor misericordioso pasa de generación en generación sobre aquellos que lo
veneran y lo aman. Por todo eso que ha obrado en mí, dice María: “me
felicitarán todas las generaciones”. En estas palabras, la Virgen María
ocupa un puesto muy significativo. En ella, por pura elección divina, ha
comenzado ya la realización de las promesas de Dios a su pueblo; en seno se
está formando el “Mesías”, el Ungido del Señor, el Hijo del Dios altísimo.

Hemos llegado al final del programa. Si no has podido escucharlo todo o


quieres de nuevo escucharlo puedes acudir al podcast de Radio María. Y si
quieres ponerte en contacto con nosotros, hacer una pregunta o un
comentario puedes enviarnos un correo electrónico a

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EVANGELIO DE SAN LUCAS

quienguardamipalabra@[Link]. Dentro de quince días nos volvemos a


encontrar. Un abrazo fraterno unidos a Cristo y a María.

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