RESUMEN
HISTORIA DE LA FILOSOFÍA
Fecha: Curso 2022-2023
INTRODUCCIÓN1
René Descartes (s. XVII) es considerado, con toda justicia, el iniciador de la Filosofía Moderna y el
padre del Racionalismo. Con él da comienzo una actitud típicamente moderna denominada
Idealismo al considerar que la primera realidad es el pensamiento humano y que la existencia de
la realidad externa a este pensamiento ha de ser demostrada. Su filosofía pretende alcanzar una
explicación verdadera de la realidad y del ser humano que nos permita conducirnos rectamente
en la vida.
Entre sus obras más destacables están el Discurso del método, los Principios de Filosofía, las
Reglas para la dirección del espíritu y, por supuesto sus conocidas Meditaciones metafísicas.
EL PROBLEMA DEL CONOCIMIENTO: EL MÉTODO CARTESIANO
Para Descartes sólo el saber matemático alcanza resultados seguros y fiables la razón para
nuestro autor es clara: porque utiliza un método adecuado. En su Discurso del método, Descartes,
se toma como modelo el método de las matemáticas y se aplica a la filosofía; el objetivo es buscar
una verdad evidente cuya negación sea imposible y desde ahí deducir otras verdades derivadas de
ésta mediante los razonamientos correctos.
Dos son los pasos a dar, en un primer momento la intuición intelectual –captación intelectual de
una verdad evidente por sí misma, “clara y distinta”- este primer momento es lo que llamamos
regla de la evidencia; en un segundo momento tendremos la deducción racional que consiste en
derivar de las verdades evidentes otras verdades usando la razón y aplicando los procedimientos
demostrativos típicos de las matemáticas. Así tendremos la regla del análisis (dividiendo cada una
de las dificultades en cuantas partes fuere posible), la regla de la síntesis (desde los objetos más
simples y fáciles de conocer ascender hasta el conocimiento de los más compuestos) y por último
la regla de la enumeración (donde se hacen todos los recuentos integrales y revisiones hasta
estar seguro de no omitir nada)
1
Esta introducción os sirve para cualquier problema que tengáis que responder en la EvAU
Una cosa tenemos que tener clara, la epojé cartesiana no cuestiona la religión, ni la duda afecta a
la política o a la moral establecida. Su duda es una duda teórica que versa exclusivamente sobre
los conocimientos de la filosofía y de la ciencia. Por lo tanto hay que señalar que no nos
encontramos ante un escéptico.
La duda metódica se refiere a estos contenidos y es un paso previo a la búsqueda de la verdad
absolutamente cierta de la que es imposible dudar. Dicha duda metódica consiste en eliminar
todos aquellos conocimientos e ideas que no aparezcan dotados de una certeza absoluta. Son tres
las razones que Descartes nos ofrece para justificar la duda: en primer lugar los sentidos nos
engañan y nos conducen al error, en segundo lugar es difícil distinguir la vigilia del sueño y por
último podría existir un genio maligno que pusiera todo su empeño en inducirnos al error. Es
importante señalar como el propio autor dice textualmente que “decidió fingir” que todas las
cosas que habían entrado en su mente no eran más verdaderas que las ilusiones de sus sueños.
Es entonces cuando se descubre la primera verdad “clara y distinta”: soy una cosa que piensa
(cogito, ergo sum). Se trata de una verdad indubitable, porque podemos ser engañados por un
genio maligno o por nuestros sentidos, podemos estar soñando, pero de lo que no podemos
dudar es de que estamos dudando, porque esto implica que pensamos y si pensamos quiere
decirse que en cuanto seres pensantes, existimos.
EL PROBLEMA DE LA REALIDAD: ¿QUÉ EXISTE?
El yo pensante existe. El pensamiento se da de forma indubitable. Así pues, la existencia del
sujeto que piensa, duda o se equivoca, es una verdad exenta de todo error y de toda duda. Ahora
bien lo que Descartes descubre como existente es el pensamiento, es decir, el yo en tanto que
pensamiento, distinto al cuerpo que es una realidad distinta y que pertenece a la realidad del
mundo físico.
Por lo tanto la primera realidad es el pensamiento y las IDEAS en él contenidas. Aquí vemos la
gran inversión idealista de Descartes frente al realismo medieval y antiguo, este es el comienzo de
la actitud filosófica denominada idealismo: la primera realidad será el sujeto y las ideas de su
pensamiento.
Descartes acaba de mover el núcleo de la filosofía, ahora ya no es la ciencia del ser sino doctrina
del conocimiento.
Ahora bien, Descartes va a intentar demostrar que no sólo existen las ideas en la mente, sino
que éstas se corresponden con una realidad externa al sujeto. Su filosofía pretende reconstruir
la realidad, pero siempre a partir del sujeto y de las ideas contenidas en su mente.
La existencia del pensamiento es una verdad indudable, clara y distinta, a la que hemos llegado
mediante una intuición intelectual. Pero el pensamiento es una realidad o sustancia no física
cuya función es pensar, Descartes la llama “sustancia finita pensante” que contiene ideas de tres
tipos: las adventicias –que provienen de nuestra experiencia bien sea externa o interna- las
facticias – que son las construidas por la mente humana mediante la combinación de las
adventicias- y por último las innatas –que el pensamiento posee y que son la idea de
pensamiento, de mundo y de Dios-. Precisamente son estas últimas el fundamento a partir del
cual podemos construir el edificio entero de nuestros conocimientos.
Hasta el momento lo existente para Descartes es el pensamiento y las ideas contenidas en él;
para nuestro autor solamente pondrán en duda la existencia del alma aquellos que no utilicen la
razón y empleen solamente los sentidos. Observamos aquí la diferencia con Aristóteles para el
que el alma era principio de vida, aquí es algo totalmente distinto e independiente ya que el alma
es pensamiento y el cuerpo es extensión. El cuerpo se moverá por causas independientes al
pensamiento, aunque ambos se puedan afectar mutuamente.
La idea de Dios en nuestra mente es la idea de un Ser infinito, que existe por sí mismo y que no
necesita de ninguna otra cosa para existir. Dios es la sustancia en sentido estricto. Para la
demostración de su existencia, Descartes recurre a tres argumentos. En primer lugar el
argumento ontológico de San Anselmo que él reformula de la siguiente manera, si tengo en mi
mente la idea de Dios y lo concibo como el ser más perfecto que pueda pensarse entre sus
perfecciones ha de estar la existencia pues, de lo contrario no sería el ser más perfecto que pueda
pensarse y siempre podría pensarse en otro más perfecto, a saber, uno que existiera. En segundo
lugar el argumento noológico que ya formuló San Agustín de Hipona y que Descartes reformula
diciendo que la idea de la existencia de un ser infinito en mi mente en tanto que realidad
conceptual ha de tener una causa proporcional a la idea, por ello ha de existir un ser infinito que
sea la causa de que yo tenga esa idea. Por último Descartes emplea la tercera vía tomista sobre lo
contingente y lo necesario, la realidad contingente de nuestra existencia –que llega a ser y que
deja de ser- requiere un fundamento necesario y ese fundamento es Dios.
Así pues, la conclusión es clara, Dios existe, no sólo como idea en el sujeto, sino como una
realidad exterior a éste, que es su fundamento y causa.
Pero todavía Descartes tiene que demostrar la existencia de la realidad física y de todas las cosas
corpóreas y lo hará a partir de la existencia de Dios. Dios es un ser bueno y veraz que no puede
permitir que vivamos engañados respecto de la fuerte convicción que existe en nosotros de que la
realidad extramental existe. La sustancia finita extensa es el mundo físico cuya esencia es la
extensión. Del mundo físico podemos llegar a conocer tan sólo aquellas cualidades
“matematizables” como el movimiento y la figura (extensión) (que luego Locke llamará
“cualidades primarias”); no estarían al alcance del conocimiento científico las denominadas
“cualidades secundarias” –a saber, color, sonido, o luz- que por no ser matematizables, según
pensaba erróneamente, Descartes. Estas últimas cualidades secundarias tendrán una existencia
subjetiva.
Por lo tanto en el mundo físico reina un absoluto determinismo de carácter mecanicista donde
encontramos una serie de leyes del movimiento (leyes de la inercia, del movimiento en línea
recta y de la conservación del movimiento) inscritas por Dios en la naturaleza que determinan y
explican todos los fenómenos físicos. Para Descartes el único movimiento real es el movimiento
local que puede ser expresado matemáticamente en un sistema de coordenadas cartesianas en
las que solo cuentan el espacio, el tiempo y la velocidad. Para Descartes las fuerzas de la física
están dadas en una determinada cantidad y se mantienen invariables desde la creación del
mundo. Incluso los animales están regidos por estas leyes mecánicas del movimiento de tal forma
que son máquinas en funcionamiento.
Esto resulta aplicable también al cuerpo humano cuyos movimientos característicos vienen
determinados mecánicamente por unas partes diminutas que él denomina “espíritus animales”.
La conclusión es clara: la ciencia habrá que entenderla como el intento racional de descubrir las
leyes de la naturaleza, Descartes abandona definitivamente el “teleologismo” aristotélico, lo que
ahora cuenta para explicar el mundo son las causas eficientes del movimiento y los aspectos
cuantitativos del mismo. La realidad está ya completa y su explicación es como sigue: primero
Dios o la sustancia infinita, el pensamiento o sustancia finita pensante y el mundo físico o
sustancia finita extensa.
EL PROBLEMA DEL SER HUMANO2
El ser humano puede definirse como una realidad dual, compuesta de sustancia extensa más
sustancia pensante. Ambas independientes una de la otra ya que la vida del alma no depende de
la vida del cuerpo y viceversa, pero relacionadas de algún modo e interactuando entre sí. Tal
comunicación, según Descartes, se da en el cerebro a través de la glándula pineal. El ser humano
tiene albedrío y su alma es inmortal. Esto plantea dos problemas que son las relaciones mente-
cuerpo y el problema de la libertad humana.
En cuanto al problema de las relaciones mente-cuerpo el propio Descartes manifestó en alguna
ocasión no tener respuesta a este problema, pero no tener respuesta no implica negar que esta
interacción exista aunque no sepamos cómo. A este respecto conviene señalar algunas soluciones
a este misterio. Por un lado tendríamos a Malebranche con su “ocasionalismo” que recurre a Dios
que actúa sobre nuestro cuerpo con “ocasión” de cada uno de nuestros pensamientos. Leibniz
propuso la teoría de la “armonía preestablecida” como si de dos relojes puestos en marcha al
mismo tiempo se tratare, incluso –y ya en la filosofía contemporánea- Popper defiende el
dualismo a pesar de que no dispongamos de una teoría que lo explique. Popper manifiesta en su
obra El yo y su cerebro que son dos realidades muy distintas y que el hecho de que sea muy
complejo no debe llevarnos a negarlo, sino a reconocer la existencia de fuerzas no físicas que
entran en contacto con lo físico.
Referente al problema de la libertad humana es necesario partir del hecho de que el actuar
humano es un actuar realizado necesariamente a través del cuerpo. Para Descartes la capacidad
que tiene el ser humano para dudar presupone la libertad. Esta libertad es incluso una evidencia
anterior al “pienso, luego existo”, pues es anterior a la duda metódica.
El hecho de que todo esté predeterminado y Dios conozca todo lo que va a suceder, y que a pesar
de ello seamos libres, es una cuestión que trasciende a nuestras capacidades de comprensión.3
2
Yo recomiendo aquí –si es que se quiere tratar este problema en una EvAU- que se sume al problema de la
moral, y dependiendo de qué aspecto se quiera trata empezar por uno u otro. Aunque el problema de la
moral es mucho más aconsejable emplear el emotivismo moral de David Hume.
3
Señalar aquí un hecho: Copleston dice que estas soluciones son más o menos improvisadas pues este
problema queda sin resolver y este es el problema del Racionalismo –y de la ciencia- porque si todo lo que
sucede en el mundo lo hace de forma necesaria ¿dónde queda la libertad humana? Esto es grave porque la
pregunta siguiente sería ¿qué ocurre con la responsabilidad moral?
EL PROBLEMA DE LA MORAL
Todas las pretensiones filosóficas cartesianas tenían como objetivo encontrar el modo adecuado
de guiar nuestra propia conducta para lograr la felicidad. Para ello es imprescindible haber
alcanzado antes un conocimiento verdadero y seguro sobre la realidad en el que fundamentar
nuestra acción. Pero además es necesaria la virtud. Es decir, dos son los requisitos
imprescindibles para lograr la felicidad: la razón y la virtud.
La razón debemos emplearla para descubrir los criterios que determinan la bondad o maldad de
las acciones humanas. Tales criterios se encuentran en la razón y son los dictados de la razón que
son universales y pueden ser descubiertos con voluntad de encontrar la verdad.
Pero, además, hemos de ser virtuosos. La virtud solamente se alcanza si somos capaces de
dominar nuestras pasiones, que no son malas en sí mismas siempre y cuando las sepamos
controlar.
Tres son las reglas en las que resume Descartes su ética: conocer lo que debe hacerse y lo que no
debe hacerse en todas las circunstancias de la vida y tener presentes una serie de verdades que
nos harán lograr la felicidad (que hay un Dios de quien dependen todas las cosas, que nuestra
alma es inmortal, que este mundo no es nuestra mansión definitiva, que nuestra mayor felicidad
la encontraremos en el cumplimiento de un designio superior al nuestro y que supone el
abandono en la voluntad de Dios), tener resolución de llevar adelante los dictados de la razón sin
dejarse llevar por las pasiones o apetitos y considerar que todos los bienes que uno no posee
están fuera del alcance del propio poder y acostumbrarnos a no desearlos.