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Villancicos

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fano del mismo, ya que ambas facetas abundan en la con­ llejo, etc.

llejo, etc., van a constituir señuelos destacadísimos en el suelta por el canto a nuestros sentimientos más íntimos simbología que aparece en innumerables coplas navideñas:
formación tradicional del villancico. Técnicamente se trata uso del villancico, el cual, en sus épocas de mayor esplen­ y recatados. Entre todos le dimos cuerpo y alma al villan­
de una composición poética de arte menor, formada por dor, se empleó, como ya hemos apuntado, tanto en te­ cico, la estrofa más popular para los más elevados La Virgen está lavando
una cancioncilla inicial —el villancico propiamente mas devotos, de la Navidad preferentemente (hay quien sentimientos. y tendiendo en el romero,
dicho— seguida de una o varias estrofas más largas, lla­ sugiere, como Antonio Quilis, que sus antecedentes pu­ los angelitos cantando
Realmente resulta admirable para estos tiempos nues­
madas mudanzas, seguidas a su vez de un verso de enla­ dieran ser los cantos litúrgicos de la Iglesia Católica), co­ y el romero floreciendo
tros en los que cualquier erudito a la violeta es incapaz
ce, y de otro verso de vuelta que rima con el villancico mo en numerosos asuntos profanos (cantares de pastoras de comprender la belleza e intensidad de la poesía popu­
inicial, anunciando la repetición parcial o total de éste. y zagalas en los que se trata el tema de la mujer o de la con sus ricos matices y variantes (La Virgen lava y se es­
lar, el contemplar cómo los poetas cultos árabes y hebreos
La parte del villancico que se repite se denomina estribi­ naturaleza), dirección esta última que ha llegado hasta tropean sus manos, lava pañales cantando, etc.), letras con
de nuestra primera Edad Media, rebosantes de sabiduría
llo. Veamos un ejemplo citado por Lázaro Carreter que nuestros días por boca de extraordinarios poetas andalu­ un fondo folklórico perfectamente identificable con el sím­
y dignidades, se olvidaron de los manierismos de la poe­
es suficientemente ilustrativo: ces, entre los cuales es forzoso destacar a Juan Ramón Ji­ bolo arquetípico de la mujer que lava prendas del amado,
sía culta y se abrazaron con fervor a estos modestos vi­
ménez y su encantador villancico, de estribillo sobrada­ en un ritual que conlleva una mágica intimidad con él.
llancicos, redactados en una lengua vulgar que nadie es­
Míos fueron, mi corazón, mente conocido: cribía, que corría de boca en boca como un viento popu­ Lo mismo podríamos decir de la idea, tan arraigada en
los vuestros ojos morenos. lar, y con un entusiasmo por lo primitivo que ya no se re­ el subconsciente colectivo, de identificar el amor de una
¿Quién los hizo ser ajenos? (Estribillo) Verde verderol, petiría hasta el romanticismo del siglo xix, los tomaron persona con el mundo vegetal, o con la primavera que hace
Míos fueron, desconocida, endulza la puesta del sol... como núcleo de intensidad lírica de la mayoría de sus com­ florecer los amores a la par de las plantas:
los ojos con que miráis, posiciones poéticas.
, y si mirando matáis, Debido a su condición ubérrima, de estrofa maleable Ya florecen los árboles, Juan,
con miraros dais la vida. (Mudanza) y de fácil adaptabilidad popular, ha dado origen a varian­ La historia del villancico en cuanto a sus contenidos te­
mala seré de guardar
No seáis desconocida (verso de enlace) tes importantes como es la conocida con el nombre de le­ máticos resulta bastante confusa. No olvidemos que se tra­
No me los hagáis ajenos (verso de vuelta) trilla, que se diferencia de aquél más por el contenido que ta de una poesía tradicional y de unos textos no fijados
o hacen coincidir a la rosa con el amor, símbolos de afec­
los vuestros ojos morenos. (Estribillo) por la forma, que permanece casi idéntica, sólo que la le­ definitivamente por la escritura, abundan las variantes de
to y fecundidad:
trilla suele adoptar contenidos eminentemente burlescos una misma copla, incluso el cambio de sentido de la mis­
A la vista de tal disposición estrófica hay que sostener y satíricos, de ahí que Góngora, Quevedo y un largo etcé­ ma letra. Podemos incluso observar dos fenómenos que
Florecía la rosa,
que el villancico es una forma poemática paralela a la dan- tera la usaran con profusión. se dan en casi toda la lírica primitiva peninsular: el pri­
el pino so el agua frida...
sa provensal o al virelai o chanson balladée de origen fran­ mero de ellos es que letras que no se han concebido con
Pero más interesante aún que su estructura es profun­ contenido religioso, sino como mero cante laico dedicado
cés. En España arranca, según hemos venido comentan­ que en el correspondiente villancico navideño nos dará
dizar en lo que el villancico tiene de germen, de núcleo a la mujer, se carguen de esplritualismo «a lo divino» y
do, de la Edad Media, donde constituía, sin duda alguna, ejemplos de enternecedora belleza:
de toda una tradición lírica occidental que muy bien pu­ con ellas se cante a la Virgen María o a cualquier otra ad­
la forma más abundante de la canción lírica, y la manera
diera representarse en esas primerísimas manifestaciones vocación religiosa. Pero también existe el fenómeno con­
más común de expresión popular de los sentimientos. Con
poéticas que son las jarchas judeo mozárabes o las can­ trario: el utilizar como tema profano alguno de los con­
el advenimiento del humanismo, en el siglo xvi, el villan­
ciones de Amigo Galaico-portuguesas, que constituyen lo cebidos como materia religiosa (la poesía goliárdica es un
cico va a ocupar una vez más un destacadísimo y predo­
que con frase feliz de Dámaso Alonso pudiéramos califi­ ejemplo claro de lo que estamos diciendo). De aquí se de­
minante papel dentro de la producción lírica renacentis­
car de primavera temprana de la lírica europea. En todos duce que resulta en verdad difícil saber cuándo estamos
ta, manteniendo sin decaimiento su apogeo a lo largo del
estos poemas, tanto en su estructura lírica como en los as­ en presencia del villancico primitivamente navideño, aun­
Manierismo y el Barroco, para decaer más tarde con la
pectos temáticos, fundamental (aunque no exclusivamen­ que debemos suponer la existencia de gran cantidad de
llegada ilustrada del llamado siglo de las luces. Personal­
te) amorosos, lo que subyace como núcleo lírico popular ellos, ya a partir del siglo xni (etapa de enorme incremen­
mente creo que ha debido de contribuir a su extraordina­
es la breve y sencilla estrofa de nuestros villancicos. En to en la espiritualidad peninsular), puesto que la liturgia
ria difusión y supervivencia en el tiempo el hecho de estar
ellos reside la esencia lírica intensificada de las posterio­ de estos siglos adquiría sus representaciones plásticas y
escrito en versos octosilábicos o hexasílabos, que son los
res composiciones. Sobre ellos se formarían las moxajas literarias más importantes en torno a los dos ciclos o Mis­
que mejor se prestan a la coordinación de los grupos fó­
o zéjeles árabes de los siglos xi o xii, además de las glo­ terios básicos: Navidad y Pasión. Sin embargo, lo más fre­
nicos del español, sobre todo el octosílabo, hasta el pun­
sas zejelescas castellanas de los siglos xiv o xv, que cons­ cuente son las contaminaciones temáticas entre los asun­
to de que podemos definirlo como el verso español popu­
tituirán la cabeza de puente de una tradición poética prác­ tos profanos y religiosos. El villancico sacro se inspiraría
lar por excelencia, sin que por ello los poetas cultos lo des­
ticamente ininterrumida hasta hoy, según hemos tenido con el caudal común de motivaciones e imágenes litera­
deñen. Ya desde tiempos remotísimos tenemos ejemplos
ocasión de señalar. Gracias al villancico podemos admi­ rias del profano: así, por ejemplo, desde los estudios im­
de la utilización del villancico como estrofa culta, como
rar la prodigiosa unidad de la poesía tradicional castella­ prescindibles de Margit Frenk Alatorre, ha quedado de­
la bella muestra de Gómez Manrique, en pleno siglo xv,
na, en la que la glosa sería sólo el metal del engaste y el mostrado cómo en los villancicos primitivos las imágenes
verdadera canción de cuna para callar al Niño:
villancico la piedra preciosa, que a fuer de ser pequeña tomadas de la naturaleza suelen ser mucho más que un
y valiosa, necesita urgentemente ser engastada. mero elemento decorativo, más bien suelen estar carga­
Callad, Vos, Señor,
das de un valor simbólico, quizá inconsciente, que hunde
nuestro Redentor, Para que el villancico nazca y se haga la potente estro­ sus raíces en un fondo común de la humanidad. Esos sím­
que vuestro dolor fa que todos conocemos fue necesario que en nuestros te­ bolos arquetípicos surgen espontáneamente: el agua, la
durará poquito. rritorios peninsulares convivieran en perfecta armonía tres fuente, símbolos asociados en el folklore de todas las cul­
Angeles del cielo, razas, tres culturas, tres religiones: la judía, la cristiana turas y de todos los tiempos a la idea de renovación, fe­
venir dar consuelo y la mora. Una vez más Andalucía sería ese hermoso ejem­ cundidad o lugar de encuentro entre los amantes:
a este mocuelo, plo de tolerancia y bien saber estar en el terreno de la con­
Jesús tan bonito... vivencia y sociabilidad: si juntas estas razas aprendieron Envídrame mi madre
a pensar (y no lo olvidemos, fuimos maestros del pensa­ por agua a la fonte fría
Maternidad. Oleo de F. Olivares.
Más tarde, Gil Vicente, Cervantes, Cristóbal de Casti­ miento europeo) también aprendimos juntos a dar rienda vengo del amor ferida

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Instituto de Estudios Giennenses. Candil : boletín de la Peña Flamenca de Jaén. N.º 24, 11/1982. Página 5

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