SEMINARIO TEOLOGICO BAUTISTA LAS HUSTECAS
LAS MESILLAS SAN GABRIEL
DOCTRINA BIBLICA
EL ORDEN BIBLICO DE L A SALVACION
El "Ordo salutis" es un término latino que significa "el orden de salvación". Habla de una
manera de organizar todos los eventos de la redención en el orden consecutivo en que
aparecen en la vida de un individuo (como se revela en la Biblia) cuando se une a Cristo por
el Espíritu Santo. Tenga en cuenta que nunca debemos separar los beneficios (regeneración,
justificación, santificación) del Benefactor (Jesucristo). Todo el proceso (elección, redención,
regeneración, etc.) es la obra de Dios en Cristo y es solo por gracia.
Todos los beneficios de la redención, como la conversión (fe y arrepentimiento), la
justificación, la santificación y la perseverancia, presuponen un corazón renovado (la
existencia de la vida espiritual) que cree. La obra de aplicar la gracia de Dios es un proceso
unitario dado a los elegidos simultáneamente en Cristo. Esto es instantáneo, pero
definitivamente hay un orden causal (la regeneración da lugar a todo el resto). Aunque estos
beneficios no se pueden separar, es útil distinguirlos. Por lo tanto, en lugar de imponer un
orden cronológico, deberíamos verlos como una obra unitaria de Dios para unirnos con
Cristo Siempre debemos tener en cuenta que las órdenes expresadas en los siguientes
artículos ocurren juntas o suceden simultáneamente como el calor y el fuego. Todos los
aspectos de la obra de Dios continúan juntos a lo largo de la vida de un cristiano.
Jesucristo es la fuente de todas las bendiciones redentoras, incluida la regeneración, la
justificación y la santificación (1 Co 1:30). La elección es la superestructura de nuestro ordo
salutis (un plan, por así decirlo, de lo que Dios pretende hacer para elegir a los pecadores en
el tiempo), pero no en sí misma la aplicación de la redención. La regeneración, la obra del
Espíritu Santo que nos lleva a una unión viva con Cristo, tiene una prioridad causal sobre los
otros aspectos del proceso de salvación.
Dios abre nuestros ojos, vemos.
Dios circuncida / desenchufa nuestros oídos, oímos.
Jesús llama a un muerto y entierra a Lázaro de la tumba, él viene; (Ef 2: 5)
De la misma manera, el Espíritu Santo aplica la regeneración (abriendo nuestros ojos
espirituales y renovando nuestros afectos), de manera inmediata e infalible, dando como
resultado la fe. (Juan 6:63, 65) (1)
El orden de la salvación ("Ordo Salutis) nos muestra de una manera difícilmente cronológica
y mas bien divina, la voluntad y el plan de Dios establecido en su Decreto Eterno. Veamos
que estableció el Creador respecto a la Salvación:
1.- ELECCIÓN Y PREDESTINACIÓN
ELECCIÓN: La salvación empezó aun antes de que el mundo existiera. Dios escogió a los
suyos en Cristo antes de la fundación del mundo. ¿Por qué Dios decidió salvar a su pueblo?
La única razón fue por pura gracia. Nos escogió no conforme a nuestras obras o decisiones,
sino según su buena y perfecta voluntad. En términos de Wayne Grudem, “Elección es el
acto de Dios antes de la creación en el que Él escoge a algunas personas para salvarlas, no
a cuenta de ningún mérito previsto en ellas, sino solamente debido a su soberanía y placer”.
(1)
(Vea Efesios 1:3-14; 2 Tesalonicenses 2:13-15; 2 Timoteo 1:9; Romanos 9:15-24; romanos
11:1-6; Éxodo 33:19; Isaías 65; Jeremías 18:1-12; Juan 15:16-17; Juan 17:6; romanos 9:10-
13; efesios 2:8-10; Nehemías 9:7-8; Génesis 15:7-8; Génesis 18:19; Gálatas 3:29; 1
Corintios 1:26-3; Deuteronomio 7:7-8; Deuteronomio 9:4-6; Santiago 2:5; Mateo 1:2; Santiago
1:18; 1 Pedro 1:2; Mateo 22:14; romanos 8:29-30; 1 Tesalonicenses 1:2-4; 1 Tesalonicenses
1:4-5; Juan 6:37-40; romanos 11:28-36; romanos 8:31-39; Juan 10:27-29; Juan 17:2;
Colosenses 3:12-14; Filipenses 2:12-13; 2 Pedro 1:3-11; 2 Timoteo 2:10)
PREDESTINACIÓN: Romanos 8:29-30 nos dice, “Porque a los que antes conoció, también
los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de Su Hijo, para que Él sea el
primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los
que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.” Efesios
1:5 y 11 declaran, “... en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por
medio de Jesucristo, según el puro afecto de Su voluntad.... En Él asimismo tuvimos
herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas
según el designio de Su voluntad.” Mucha gente tiene gran hostilidad hacia la doctrina de la
predestinación. Sin embargo, la predestinación es una doctrina bíblica. La clave es entender
lo que significa bíblicamente la predestinación.
Las palabras traducidas como “predestinado” en las Escrituras arriba mencionadas, vienen
de la palabra griega “proorizo” que significa “determinar anticipadamente”, “ordenar”, “decidir
sobre un tiempo futuro”. Así que predestinación es Dios determinando anticipadamente
ciertas cosas que ocurrirán tiempo después. ¿Qué es lo que Dios determinó
anticipadamente? De acuerdo a Romanos 8:29-30, Dios predeterminó que ciertos individuos
serían conformados a la semejanza de Su Hijo, llamados, justificados, y glorificados.
Esencialmente, Dios predeterminó que ciertos individuos serían salvados. Numerosas
Escrituras se refieren a los creyentes en Cristo como habiendo sido elegidos. (Mateo
24:22, 31; Marcos 13:20, 27; Romanos 8:33; 9:11; 11:5-7,28; Efesios 1:11; Colosenses
3:12; 1 Tesalonicenses 1:4; 1 Timoteo 5:21; 2 Timoteo 2:10; Tito 1:1; 1 Pedro 1:1-2; 2:9; 2
Pedro 1:10) La predestinación es la doctrina bíblica de que Dios en Su soberanía eligió a
ciertos individuos para ser salvos.
La objeción más común hecha a la doctrina de la predestinación es que es injusta. ¿Por qué
Dios escogería a ciertos individuos y a otros no? El punto más importante que debemos
recordar es que ninguno de nosotros merecemos ser salvados, porque todos hemos pecado
(Romanos 3:23) y todos merecemos el castigo eterno (Romanos 6:23). Como resultado, Dios
sería perfectamente justo en dejar que pasemos una eternidad en el infierno. Sin embargo,
Dios generosamente decidió salvar a algunos de nosotros. Él no está siendo injusto con
aquellos que no eligió porque ellos reciben lo que merecen. El hecho de que Dios fuera
clemente con algunos, no lo hace injusto para con los otros. Nadie merece nada de Dios, por
lo tanto nadie puede objetar si no recibe algo de Dios. Una ilustración sería el que yo
regalara dinero a 5 personas de entre un grupo de 20. ¿Las 15 personas que no recibieron
dinero, estarían molestas? Probablemente sí. ¿Tendrían razón para estar molestas? No.
¿Por qué? Porque yo no le debía dinero a ninguno de ellos. Simplemente decidí ser
generoso con algunos.
Si Dios elige quién es salvo, ¿no mina eso nuestro libre albedrío de elegir y creer en Cristo?
La Biblia dice que tenemos la libertad de elegir – todo lo que tenemos que hacer es creer en
Jesucristo y seremos salvos (Juan 3:16; Romanos 10:9-10). La Biblia nunca describe a Dios
rechazando a alguno que cree en Él o alejando a alguien que lo haya estado buscando
(Deuteronomio 4:29). De alguna manera, en los misterios de Dios, la predestinación trabaja
mano a mano con una persona que es conducida por Dios (Juan 6:44) y cree para su
salvación (Romanos 1:16). Dios predestina a quien será salvado, y debemos elegir a Cristo
para ser salvados. Ambos factores son igualmente verdaderos. Romanos 11:33 proclama,
“¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables
son Sus juicios, e inescrutables Sus caminos!”
2.- LLAMAMIENTO EFICAZ
En un momento determinado de la historia, Dios aplicó su gracia de manera eficaz a los
corazones de los suyos. Llamó a su pueblo por medio del Espíritu, abriendo sus corazones
para que estuviesen atentos a la predicación de la palabra de Dios. Como predicó Charles
Spurgeon, “Cuando Dios llama, el hombre puede resistir, pero su resistencia nunca será
eficaz. […] Cuando Dios dice: Sea la luz, las tinieblas más impenetrables ceden paso a la luz.
Si dice: Que haya gracia, el peor pecado cede, y el corazón del pecador más endurecido se
derrite ante el fuego del llamamiento eficaz”. (2) Charles Spurgeon se glorió en la doctrina
bíblica de la salvación.
(Vea Isaías 55.7, Mateo 28.19-20, Romanos 10.14, 17, 2 Timoteo 1.9-10, 3.15)
3.- REGENERACIÓN
Además de abrir nuestros corazones, el Señor simultáneamente nos concedió una nueva
naturaleza, quitándonos el corazón piedra y concediéndonos uno de carne. Se trató de un
nuevo nacimiento por el poder de Dios. Gracias a la regeneración, los impíos ahora pueden
colocar su fe en Cristo y arrepentirse de todo pecado (cosa que el ser humano no puede ni
quiere hacer en su naturaleza caída). La regeneración, pues, es una obra soberana de Dios,
efectuado por su poder divino. Según Martyn Lloyd-Jones, “Es el acto de Dios por el que se
implanta un principio de nueva vida en un hombre o en una mujer con el resultado de que la
disposición gobernante del alma se torna santa”. (3)
(Vea Ezequiel 36.26-27, Mateo 16.17, 1 Corintios 2.12-14, 2 Corintios 3.3, 6, 2
Tesalonicenses .2.13-14, Tito 3.5)
4.- CONVERSIÓN (FE Y ARREPENTIMIENTO)
FE: La primera señal del nuevo nacimiento es fe en el alma, fe salvadora. Es una fe que le
cree a Cristo, que abraza al Señor de manera tierna, que persevera en medio de las
aflicciones hasta el fin y que se deleita en todo lo bueno y lo santo. Esta clase de fe
salvadora es un regalo celestial, concedida por el Altísimo. De esta manera nadie puede
jactarse de nada que no sea la gracia de Dios.
ARREPENTIMIENTO: La fe y el arrepentimiento son los dos lados de la moneda de la
conversión. Donde la fe es positiva en el sentido de que abraza a Dios; el arrepentimiento es
negativo porque se aparta del pecado. El que se arrepiente de verdad siente dolor y
vergüenza por su pecado, confiesa su iniquidad, reforma su vida a nivel interno y externo y
está motivado por la contemplación de la bondad de Dios revelada en el evangelio.
Para conversión (Fe y Arrepentimiento) vea Isaías 55.11, Oseas 14.2, 4, Hechos 17.30-31,
20.21, Romanos 1.17, Efesios. 1.17-18, 2.8)
5.- JUSTIFICACIÓN
Una vez que nace fe en el corazón del creyente, Dios le justifica legalmente. Ya que Dios
decreta su estado justo en base a la obra impecable del Señor Jesucristo, no hay más
condenación para el creyente. Está muerto a la ley de Dios (en el sentido legal de la palabra).
Es imposible que perezca porque Cristo pagó la deuda de todos aquellos que son de la
familia de la fe. La reciente Declaración Ligonier sobre Cristología (2016) da una definición
excelente de esta doctrina: “Afirmamos la doctrina de la justificación solo por la fe, que un
pecador es declarado justo delante de Dios solo por la fe en la persona y la obra de Cristo
solamente, sin ningún mérito u obra personal. Afirmamos, además, que negar la doctrina de
la justificación solo por la fe es negar el evangelio” (Artículo 14).
(Vea Jeremías 23.6, romanos 3.24-26, 4.5-8, 5.17-19, Gálatas 2.16)
6.- ADOPCIÓN:
La gracia de Dios convierte a los pecadores de siervos de Satanás en siervos de Cristo, más
aún, Dios promete más que eso. El manifiesta su amor paternal para con los pecadores
perdidos adoptándolos como sus propios hijos. A través de la adopción, Él les da todos los
derechos, privilegios y protección, como perteneciendo a su familia y teniendo su nombre.
Ellos se vuelven hijos e hijos adoptivos del Padre, y hermanos, hermanas, y coherederos con
Cristo.
(Vea Salmos 103.13, Juan 1.12, romanos 8.15-17, Gálatas 4.5-7, Efesios 1.5)
7.- SANTIFICACIÓN Y PERSEVERANCIA
Santificación: La santificación inicial del creyente se da en el momento de la regeneración; no
obstante, este bendito proceso acompaña al creyente hasta la tumba. Mediante la
santificación, el hijo de Dios se va haciendo cada vez más semejante a la imagen de Dios y
alejándose del pecado. Dios santifica a los suyos, preparándolos para el día de la
glorificación.
(Vea 2 Corintios 7.1, Efesios 2.10, 5.26, 2 Tesalonicenses 2.13, Hebreos 13.20-21)
Perseverancia de los Santos: La Confesión Bautista, la cual está de acuerdo en este punto
con las otras confesiones históricas de fe, dice: "Aquellos a quienes Dios ha aceptado en el
Amado, y ha llamado eficazmente y santificado por Su Espíritu, y a quienes ha dado la
preciosa fe de Sus elegidos, no pueden caer ni total ni definitivamente del estado de gracia,
sino que ciertamente perseverarán en él hasta el fin, y serán salvos por toda la eternidad,
puesto que los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables. . ." (Confesión Bautista de
1689, Capítulo 17; párrafo 1). Demostremos que esto es exactamente lo que las Escrituras
nos enseñan.
"Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes
a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que
predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que
justificó, a éstos también glorificó. ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros,
¿quién contra nosotros?. . . Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni
ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo,
ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús
Señor nuestro." (Romanos 8:29-31; 38-39).
Otra vez, tenemos que reconocer el hecho de que, todo lo que los hombres del Sínodo de
Dort (y todos aquellos que enseñan de la misma manera), estaban haciendo, era poner
dentro de un pequeño esquema, en una forma sistemática, las enseñanzas del Evangelio de
la libre y soberana gracia de Dios. Si el hombre no puede salvarse a sí mismo, entonces Dios
debe salvarle. Si no todos los hombres son salvos, entonces Dios no ha salvado a todos. Si
Cristo ha hecho la satisfacción por pecados, entonces, esta expiación es por los pecados de
aquellos que son salvados. Y si Dios se propuso revelar esta salvación en Cristo a los
corazones de todos aquellos a quienes Él escogió salvar, entonces, Dios proveerá los
medios necesarios y eficaces para realizarlo así. Por lo tanto, si habiendo
decretado salvar, habiendo muerto para salvar, y habiendo llamado a la salvación a
aquellos que jamás se salvarían por sí mismos; entonces, Él también preservará a aquellos
salvados hasta la vida eterna, para la gloria de Su Nombre.
De este modo, siguiendo la depravación total, la elección incondicional, la expiación limitada,
y el llamamiento eficaz, llegamos a la perseverancia de los santos. "Estando persuadido de
esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de
Jesucristo." (Filipenses 1:6). La Palabra de Dios contiene múltiples referencias acerca de
esta bendita verdad. "Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que
me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero." (Juan 6:39). "Y yo les
doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano." (Juan 10:28).
"Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho
más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida." (Romanos 5:10). "Ahora, pues,
ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús. . ." (Romanos 8:1).
Este es el sello del creyente, que él pertenece a Cristo; que él está perseverando en las
cosas de Cristo; que él está procurando tanto más hacer firme su vocación y elección. (Vea 2
Pedro 1:10). El creyente en Cristo puede caer en la tentación, pero el Señor "no os dejará ser
tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la
salida, para que podáis soportar." (1 Corintios 10:13). Así que el creyente se fortalecerá y
seguirá fortaleciéndose cada vez más, en las cosas relacionadas con su salvación, para la
gloria de Cristo.
8.- GLORIFICACIÓN
La santificación del creyente se completará en el gran día de la glorificación, después del
cual el siervo de Dios nunca volverá a pecar contra el amor de su Padre. La glorificación de
los creyentes servirá para que el nombre del Dios trino –el cual ha efectuado nuestra
salvación de principio a fin- sea exaltado eternamente. ¡Gloria a Dios por el ordo salutis, por
su magnífica obra de salvación efectuada en nosotros!
(Vea Eclesiastés 12.7, Juan 5.28-29, Hechos 24.15, Romanos 8.30, 1 Corintios 15, 2
Corintios 5.1, 6,8, Filipenses 1.23)