1.
Identifica las causas
Autoevaluación: Reflexiona sobre por qué procrastinas. ¿Es miedo al fracaso?
¿Tareas abrumadoras? ¿Falta de interés?
Lleva un diario: Anota cuando te das cuenta de que estás procrastinando y las
razones.
2. Establece metas claras y alcanzables
Desglosa tareas grandes: Divide tareas grandes en subtareas más manejables.
Define plazos realistas: Establece plazos concretos y alcanzables para cada
subtarea.
3. Planifica tu tiempo
Crea un horario: Usa una agenda o aplicaciones como Trello para planificar tus
días.
Reserva tiempo específico para tareas: Asigna bloques de tiempo para trabajar
en tareas específicas.
4. Elimina distracciones
Identifica distracciones comunes: Reconoce qué te distrae con más frecuencia
(redes sociales, TV, etc.).
Crea un entorno de trabajo adecuado: Asegúrate de trabajar en un espacio
libre de distracciones.
5. Utiliza técnicas de productividad
Técnica Pomodoro: Trabaja en intervalos de 25 minutos con descansos de 5
minutos. Esto puede mejorar tu concentración.
Regla de los 2 minutos: Si una tarea toma menos de 2 minutos, hazla
inmediatamente.
6. Motívate y premia tu progreso
Premios y recompensas: Date pequeñas recompensas por completar tareas,
como un descanso, un snack favorito o una actividad divertida.
Mantén una lista de logros: Lleva un registro de tus logros diarios para
mantenerte motivado.
7. Busca apoyo si es necesario
Habla con alguien de confianza: A veces, compartir tus metas y progresos con
un amigo o mentor puede ofrecer responsabilidad y apoyo.
Considera la ayuda profesional: Si la procrastinación es severa, buscar la
ayuda de un coach de vida o terapeuta podría ser beneficioso.
8. Sé amable contigo mismo
Acepta que nadie es perfecto: Todos tenemos días en los que es más difícil
concentrarse.
Aprende de tus experiencias: Si caes en la procrastinación, evalúa qué
funcionó y qué no, y ajusta tus estrategias.