Marcadores Tumorales
Los marcadores tumorales son sustancias generadas por las células del cuerpo en respuesta a
la presencia de un tumor maligno. Aunque actualmente su uso clínico presenta ciertas
limitaciones debido a sus características, siguen siendo uno de los principales indicadores para
evaluar el pronóstico de un tumor o medir la efectividad de un tratamiento.
El empleo clínico de los marcadores tumorales presenta ciertas limitaciones. En primer lugar, la
mayoría no es específica de un tipo particular de tumor, y en segundo lugar, pueden aumentar
en condiciones no patológicas o en enfermedades no tumorales. En general, su sensibilidad
diagnóstica es baja, por lo que no se utilizan como método de diagnóstico definitivo, como lo
serían las biopsias u otras pruebas. Sin embargo, son útiles para estimar la probabilidad de
cáncer e incluso, en algunos casos, para orientar sobre su posible ubicación.
Estos MT se clasifican en producidos por células tumorales, llamados “derivados del tumor” y
los inducidos por el mismo huésped “asociados al tumor”. En los primeros se encuentran:
Antígeno carcinoembrionario (CEA), Alfa proteína (AFP), Antígeno prostático especifico (PSA),
Subunidad b- de la hormona gonadotrofina crónica humana (Beta HGCC). En los segundos
encontramos proteínas de fase aguda como PCR, ferritina y moduladores del sistema inmune,
citocinas o interleucinas.
Los marcadores tumorales más empleados en la práctica clínica incluyen el PSA, CEA, CA 125,
CA 15.3, CA 19.9 (antígeno carbohidratado 19.9), alfa-fetoproteína (AFP), gonadotropina
coriónica humana (HCG), NSE y SCC3.
Al interpretar los resultados de los marcadores tumorales, es importante considerar ciertos
factores. Por ejemplo, el CA 15.3 puede arrojar resultados falsos positivos en pacientes con
deficiencia de vitamina B12. En cuanto al CA 19.9, este marcador no es expresado en los tejidos
de personas con grupo sanguíneo Lewis a negativo o b negativo, por lo que no es útil en estos
casos. En su lugar, se suelen emplear otros marcadores como el CA 50, CA 72-4 y el CEA para el
seguimiento del cáncer de páncreas en estos pacientes.
El antígeno prostático específico (PSA) es de gran relevancia, ya que investigaciones en Europa
han evidenciado que su monitoreo disminuye en un 20% la mortalidad por cáncer de próstata
en hombres de entre 50 y 74 años. Además, es importante tener en cuenta que 1 de cada 6
hombres mayores de 45 años podría desarrollar este tipo de cáncer.
El PSA es una glucoproteína presente en el plasma en concentraciones normales de 0,1 a 4
ng/ml. Existen dos tipos de mediciones: el PSA total y el PSA libre. El PSA total tiene una
especificidad elevada para patologías prostáticas, alcanzando un 98%, con un límite de
referencia de 4 ng/ml. Por otro lado, el porcentaje de PSA libre suele ser considerablemente
más bajo en pacientes que presentan cáncer de próstata.
Un nivel elevado de PSA no es, por sí solo, un indicador definitivo de cáncer de próstata, ya que
la mayoría de los hombres con PSA alto no padecen esta enfermedad. De hecho, solo entre el
25% y el 35% de los hombres que se someten a una biopsia prostática debido a un PSA elevado
resultan tener cáncer. Esto se debe a que los niveles de esta glucoproteína tienden a aumentar
con la edad, por lo que es necesario realizar pruebas adicionales, como una biopsia, para
confirmar o descartar la presencia de cáncer. Aunque el PSA no es un método ideal para el
cribado, resulta valioso para evaluar la eficacia del tratamiento y monitorear posibles recaídas,
ya que su aumento tras haber sido normalizado puede indicar recurrencia o diseminación del
cáncer.
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