Psicologia Jurídico Forence
Trabajo Práctico n°2
Tema : Retraso Mental
Alumnas : -González Mendoza, Florencia
- Estefanía Zeballos
-Villarreal, Ailen
Turno : 4° Año, Noche
Año :2021
RETARDO MENTAL
INTRODUCCIÓN
El retraso mental, llamado también retardo mental, o insuficiencia de sus
facultades mentales, abarca un amplio grupo de pacientes cuyas limitaciones
en la personalidad se deben, esencialmente, a que su capacidad intelectual no
se desarrolla lo suficiente para hacer frente a las necesidades del ambiente y
poder, así, establecer una existencia social independiente.
Fundamentalmente es un compromiso con el desarrollo del cerebro, de una
enfermedad o de una lesión cerebral que se produce durante o inmediatamente
después del nacimiento, o es la consecuencia de un déficit en la maduración
debido a que los estímulos ambientales provenientes de fuentes familiares,
sociales o culturales han sido insuficientes para estimularla. Se muestra como
una incapacidad o limitación, tanto psíquica como social, y generalmente es
descubierta en la infancia.
El retraso mental puede acompañarse de cualquier otro trastorno somático o
mental. De hecho, los pacientes afectados de un retardo mental pueden
padecer todo el espectro de trastornos mentales, siendo la prevalencia de
éstos al menos tres o cuatro veces mayor que en la población general. Es
importante remarcar, además, que los retrasados mentales tienen mayor riesgo
de sufrir explotación o abuso físico y sexual.
DEFINICIÓN
El término retraso mental significa "un funcionamiento intelectual por debajo del
promedio, que se presenta junto con deficiencias de adaptación y se manifiesta
durante el período de desarrollo (antes de los 18 años)". Esta definición,
tomada de la Asociación Americana de Deficiencia Mental, nos proporciona
una visión dinámica del trastorno.
ETIOLOGÍA
Los modelos adaptativos, biomédico y sociocultural, representan las dos
aproximaciones principales a la definición conceptual del retraso mental. Los
seguidores del primer modelo insisten en las alteraciones básicas en el cerebro
como condición primordial para su diagnóstico. Los que proponen la segunda
aproximación dan más importancia al funcionamiento social y a la adaptación
general a normas aceptadas (Freedman, 1977).
La etiología del retraso mental se considera mayoritariamente multifactorial, y la
combinación de los diversos factores etiológicos condiciona la gran variedad de
manifestaciones clínicas. Se acepta que aproximadamente en el 30-40% de
estos casos examinados a nivel de consulta externa, no se puede determinar
una etiología clara a pesar de haberlos sometido a complejas evaluaciones. En
el resto de los casos, los principales factores causales se distribuyen de la
siguiente forma: aproximadamente en un 50% se detectan factores
hereditarios; en un 30%, alteraciones tempranas del desarrollo embrionario; en
un 50%, trastornos somáticos de la niñez; mientras que las influencias del
entorno y los trastornos mentales, se registran entre el 15-20% de los casos.
Estos factores no se excluyen entre sí.
Siguiendo la clasificación de Freedman (1980), las causas y los síndromes
asociados al retraso mental pueden dividirse en:
1. Factores prenatales:
1.1 Trastorno del metabolismo de los aminoácidos. Los más importantes:
- Fenilquetonuria
- Hiperglicemia idiopática
- Distrofia oculorrenal de Lowe
1.2 Trastornos del metabolismo de las grasas. Los más frecuentes:
- Degeneraciones cerebromusculares
- Enfermedad de Niemann-Pick
- Enfermedad de Gaucher
1.3 Trastornos del metabolismo de los hidratos de Carbono. Los más
frecuentes:
- Galactosemia
- Intolerancia a la fructuosa
- Glucogenosis
1.4 Trastornos metabólicos diversos. Los más frecuentes:
- Hipercalcemia idiopática
- Hipoparatiroidismo
- Cretinismo bocioso
- Enfermedad de Wilson
- Dependencia de piridoxina
- Enfermedad de Crigler-Najjar (ictericia no hemolítica familiar)
1.5 Aberraciones cromosómicas. Los más frecuentes:
- Trastornos autosómicos (síndrome de Down, síndrome del maullido, trisomía
18, trisomía 22)
- Anomalías de los cromosomas sexuales (síndrome de Klinefelter, disgenesia
ovárica o síndrome de Turner)
- Trastornos autosómicos dominantes (neurofibromatosis, distrofia miotónica,
epiloia, craneosinostosis)
- Anomalías del desarrollo producidas por mecanismos genéticos recesivos o
desconocidos (anencefalia, microcefalia, macrocefalia, hidrocefalia)
1.6 Infecciones maternas durante el embarazo. Las más frecuentes:
- Sífilis
- Rubeola
- Otras enfermedades
1.7 Complicaciones del embarazo
2. Factores perinatales: Prematuridad, retraso del crecimiento intrauterino,
lesiones durante el nacimiento, lesiones traumáticas cerebrales, factores
anóxicos, querníctero.
3. Factores Post-natales: Meningitis purulenta, meningoencefalitis vírica,
meningoencefalitis aséptica, intoxicación por plomo, traumas, trastornos
convulsivos, espasmos infantiles, convulsiones febriles, parálisis cerebral,
enfermedad de Heller, malnutrición.
4. Factores socioculturales: Problemas médicos, problemas sociales y
emocionales, deprivación ambiental, retraso mental familiar.
GRADOS DE RETARDO MENTAL
El déficit en la función intelectual es considerado como su principal
característica. Se toma en cuenta el cociente intelectual (C.I.) para clasificar los
grados de retardo. Aquél debe determinarse mediante la aplicación individual
de pruebas de inteligencia estandarizadas y adaptadas a la cultura de la
población de la cual es miembro el sujeto. Las escalas de madurez social y de
adaptación aportan una información complementaria, siempre y cuando estén
adaptadas al medio cultural del paciente, debiendo completarse con entrevistas
a los padres o a las personas que cuidan al enfermo y que conocen su
discapacidad para la actividad cotidiana. Sin la aplicación de métodos
estandarizados, el diagnóstico del retardo mental debe ser considerado como
provisional. El carácter pluridimensional de éste se refleja también en los
diversos enfoques utilizados para clasificar esta enfermedad. Esencialmente,
todos ellos se refieren a las características del desarrollo del paciente, a su
potencial de educación y entrenamiento, y a su adecuación social y vocacional.
Los grados o niveles de retraso son clasificados por la CIE-10 de la forma
siguiente:
F70 Retraso mental leve (50 a 69 de C.I.)
F71 Retraso mental moderado (del 35 a 49 de C.I.)
F72 Retraso mental grave (del 20 a 34 de C.I.)
F73 Retraso mental profundo (menos de 20 de C.I.)
F78 Otro retraso mental
F79 Retraso mental sin especificación
F70 Retraso Mental leve: Llamado también debilidad mental, subnormalidad
mental leve, oligofrenia leve, morón. Se considera que un cociente intelectual
(C.I) de 50 a 69 corresponde a un retraso mental leve.
Son pacientes que adquieren tarde el lenguaje, aunque son capaces de
mantener una conversación y, por lo tanto, de expresarse en la vida cotidiana.
Una gran parte llega a alcanzar una independencia para el cuidado de su
persona (comer, lavarse, vestirse y controlar los esfínteres). Las mayores
dificultades se presentan en las actividades escolares, sobre todo en la lectura
y la escritura. Pueden desempeñarse en labores prácticas, más
frecuentemente en trabajos manuales semicualificados.
Cuando el retraso va acompañado de una falta de madurez emocional o social
destacadas, pueden presentarse dificultades para hacer frente a las demandas
del matrimonio o la educación de los hijos, así como en la adaptación a la
cultura.
En sólo una minoría de los adultos afectados puede reconocerse una etiología
orgánica.
F71 Retraso Mental Moderado: Llamado también imbecilidad, subnormalidad
mental moderada u oligofrenia moderada. Los pacientes con retraso mental
moderado muestran una lentitud en el desarrollo de la comprensión y el uso del
lenguaje, teniendo en esta área un dominio limitado. Los avances escolares
son limitados, y aprenden sólo lo elemental para la lectura escritura y cálculo.
Tienen dificultad para su cuidado personal. Sus funciones motrices son pobres,
y necesitan de una supervisión permanente. Se considera que un cociente
intelectual (C.I.) comprendido entre 35 y 49, corresponde al retraso mental
moderado. En el trabajo desarrollan labores prácticas y sencillas, siempre y
cuando estén detalladamente estructuradas y se les supervise de modo
adecuado. De adultos es difícil que desarrollen una vida social completamente
independiente; sin embargo, muchos de ellos son físicamente activos, con total
capacidad de movimientos. El nivel de desarrollo del lenguaje varía, desde la
capacidad para tomar parte en una conversación sencilla, hasta la adquisición
de un lenguaje sólo para lo cotidiano. Existen pacientes que nunca aprenden a
hacer uso del lenguaje y utilizan la gesticulación manual para compensar la
carencia verbal. En la mayoría se detecta una etiología orgánica. Son
frecuentes el autismo, o trastornos del desarrollo, así como también la
epilepsia, los déficit neurológicos y las alteraciones somáticas.
En la literatura psiquiátrica se consignan no pocos casos de retardo mental con
memoria prodigiosa, sobre todo con los números. Es el caso de Inaudi, que a
los 6 años causaba admiración por sus cálculos mentales y, a los 12, fue
estudiado por Broca, cuando aún no había aprendido a leer; podía repetir
fácilmente al revés y al derecho 30 números con sólo verlos una vez, habiendo
llegado en una ocasión a repetir 400 números. Por otra parte, Maudsley refiere
el caso de un retardado mental que después de leer el periódico cerraba los
ojos y lo repetía íntegro. Asimismo, Bleuler nos relata el caso de un retardado
mental que después de oír un sermón lo repetía textualmente, pero sin
comprender su sentido.
F72 Retraso Mental Grave: Llamado también subnormalidad mental grave u
oligofrenia grave. Se considera que un cociente intelectual (C.I.) entre 20 y 34,
corresponde a retraso mental grave.
El paciente con retraso mental grave presenta un cuadro clínico mucho más
severo que el anterior; básicamente, su etiología es orgánica, asociada a otros
trastornos con escaso o nulo nivel del desarrollo del lenguaje, necesitándose,
generalmente, de una anamnesis indirecta. La gran mayoría de los pacientes
presenta marcado déficit motor, o la presencia de otras carencias que dan
evidencia clínica de un daño o anormalidad del desarrollo del Sistema Nervioso
Central.
F73 Retraso Mental Profundo: Llamado también idiotez, subanormalidad
profunda u oligofrenia profunda. Se considera que el C.I., es inferior a 20.
Los pacientes de este grupo poseen muy limitada capacidad para cuidar sus
necesidades básicas, y requieren ayuda y supervisión permanente. No
muestran capacidad para comprender instrucciones o reconocerlas y actuar de
acuerdo a ellas. Su comunicación no verbal es muy rudimentaria; muestran una
movilidad muy restringida o totalmente inexistente, no controlan esfínteres. La
etiología es generalmente orgánica. Suelen estar acompañados de trastornos
somáticos y neurológicos graves que afectan la motricidad, así como de
epilepsia o de alteraciones visuales y auditivas. Es frecuente el autismo atípico,
sobre todo en aquellos que son capaces de caminar, así como la presencia de
trastornos generalizados del desarrollo en sus formas más graves.
Desde el enfoque médico-legal se sostiene que las posibilidades de actuación
ilegal en cuanto a frecuencia y gravedad de las personas con retraso mental
están básicamente en relación con dos aspectos:
1- El grado o intensidad de la deficiencia
2- La modalidad clínica, pudiendo ser ésta tórpida o erética.
Respecto del primer aspecto la mayor capacidad para la comisión de delitos se
encuentra entre los leves y moderados, mientras que en los graves y profundos
es prácticamente nula por la incapacidad psicofísica que conllevan estos
grados de retraso. Asimismo desde la valoración forense estos grados (grave-
profundo) no revisten complejidad en orden a la determinación de la
inimputabilidad, de hecho se decide a priori su irresponsabilidad penal porque
es tan grave y notoria la incapacidad de discernir y autodeterminarse que
implícitamente lleva consigo las condiciones creadoras de la inimputabilidad.
Sin dudas la mayor complejidad desde lo pericial en orden al establecimiento
de la imputabilidad o su eximente se concentra en los casos leves y
moderados.
El segundo aspecto de significancia forense es la modalidad clínica, así se
distinguen dos tipos: el tórpido y erético.
El erético, caracterizado por ser intranquilo, irritable, colérico y activo tiene
mayor probabilidad de realizar delitos agresivos que el tórpido propio de un
estilo que se muestra apacible, tranquilo y pasivo.
El papel criminógeno de la persona con retraso mental es diferente según
actúe como miembro partícipe, o como coautor por inducción o como autor
solitario.
En el primer caso siempre desempeña papeles secundarios de obediencia y
pasividad, desprovistos de iniciativa y mando, no piensa por sí mismo y la
valoración del hecho corre por cuenta de un compañero o del jefe de la banda,
se los suele utilizar como fuerza de choque siendo utilizados por el más
inteligente, o hacen de “campana” y en la repartición del botín suelen quedar
rezagados, no así en la responsabilidad penal.
Este accionar se corresponde más con el tipo clínico tórpido, que resulta
claramente sugestionable y fácilmente inducido. Como autor solitario el
procedimiento delictivo suele ser rudimentario y pueril, destaca la ausencia de
un plan congruente y bien dispuesto, acusa la falta de tino y previsión.
Si bien la delitología suele ser bastante variada, en general los delitos se
centran en:
1- Delitos contra la integridad sexual: abuso sexual simple y en menos
porcentual abusos sexuales con acceso carnal (también destacan los intentos
de abuso sexual con acceso carnal) otros como el escándalo público ligados al
exhibicionismo.
2- Delitos contra la propiedad: son autores frecuentes de hurto, en menor
medida robos y un porcentaje incluso menor de encubrimiento y receptación.
En general los autores refieren incendios, especialmente en los retrasos
moderados a graves, cuya psicogénesis delictiva(motivos que lo impulsan a
delinquir) puede estar asociadas a actos de venganza a consecuencia de
castigos o reprimendas. También actos ligados a conductas negligentes.
3- Delitos contra la vida y la integridad corporal: se comprueba un porcentual
alto de homicidios y lesiones. Pueden ser autores de crímenes horrendos, sin
la menor justificación ni, a veces, comprensión psicológica, tanto hacia
familiares, allegados o personas indefensas. Son crímenes desprovistos de
finalidad y con motivación psicopatológica, a veces difícilmente verificable. Esta
delitología reseñada corre a cargo casi exclusivamente, de los retrasos como
modalidad erética.