0% encontró este documento útil (0 votos)
23 vistas2 páginas

Música: Unión y División Cultural

Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
23 vistas2 páginas

Música: Unión y División Cultural

Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

(

(
Julio Mendívil: En contra de la música. Herramientas para (

pensar, comprender y vivir las músicas. Gourmet (


Ediciones, Buenos Aires: 2016. (
(
Un lenguaje no tan universal
(
Un lenguaje no tan universal [Link] en el mundo, es decir, para acercarse a unos y alejarse, (
conscientemente, de otros. Tal vez nada nos satisfaga más que (
sabernos parte de una comunidad musical elegida, que saber que
compartimos el gozo estético con miles de personas igual de sensatas (
y ostentadoras dé buen gusto como nosotros; pero igualmente es muy (
posible que nada nos ofenda más que saber que aquella música que
tanto significado tiene para nosotros, sea motivo de burla o desprecio (
por parte de otros. La maldad humana, que es tan variopinta como 1� (
A menudo se escucha en conciertos y hasta en algunas conferen­ diversidad musí� en el planeta, no tardó_mucho en descubrir que,
cias que la música es el lenguaje predilecto del alma humana, que ella sija �úsica trasmite de manera eficaz valores grupales o culturales, (
es capaz de vencer fronteras y, por ende, de unir culturas y personas d�spotricar contra un ti20 �e música, ridiculizarla o desautorizarla (
de distinta procedencia o pareceres diversos. No faltan los ejemplos. estéticamente es una forma bastante productiva de menospreciar a
1 (
Muchos recordarán el famoso caso del schlager alemán Lili Marleen, quienes la producen y a quienes la escuchan. La música por ende no
de Hans Leip y Norbert Schultu que, durante la Segunda Guerra solo hermana, sino también,muchas veces,ym�y eficazmente. divide; (
Mundial, cautivó tanto a los seguidores de Hitler como a los aliados. no solo acompaña los momentos de bullida emoción sentimental o (
Según i;-eza la leyenda, a las 21 horas de cada día, cesaban los comba­ de profunda congoja en nuestras vidas, también sirve -a menudo
tes en ei frente para que ambas tropas sintonizaran Radio Belgrado y contra la intención de sus creadores- de banda sonora de torturas y (
escucharan la melancólica melodía en la voz de la cantante alemana otros actos· indignos. (
Lale A�dersen. Durante los tres minutos· � ue duraba la canción, La música puede ser tanto motivo de algarabía en la fiesta pública,
(
cuentaq los testigos, regresaban los combatientes, al menos men­ cuanto refugio interior. Así Herder consideraba la música corm> la
talmente, al calor del hogar o a los brazos de la amada dejada en el expresión más fidedigna del espíritu de un pueblo, mientras qué'.fiara (
terruñoi olvidando efimeramente los horrores de la guerra. En efecto Hegel el canto representaba la voz más íntima del alma de cada indi­ (
-piénsese en Where Have Ali the Flowers Gane de Pete Seeger, en The viduo. Es esa capacidad de crear significados sociales e individuales
Ballads IJj Sacco & Vanzetti de Woody Guthrie, en Imagine de John lo que hace de la música un arma puntiaguda para ofender y desca­ (
Lennon o en War (What Is It Good Por}, popularizada por Edwin 'f
lificar -ya sea personal o socialmente- al otro. Mas cabe preguntarse (
Starr-, numerosas canciones han unificado corazones pacifistas en ¿por qué se desprecia un tipo determinado de música? Los desen­ (
todo el mundo superando cualquier barrera lingüística, generacional cuentros musicales nacen frecuentemente de nuestra inca acidad
0 cultural. Según sugieren estos ejemplos, la música sería un idioma 12ara aceptar la alteridad. El soldado español Miguel de Estete, por (
universal que' hermana a los seres humanos con más eficacia que las ejemplo, tuvo hace casi quinientos años el privilegio de presenciar (
palabras rimbombantes de los tratados de paz o las parcas declara­ ,. el primer contacto europeo con la música indígena de los Andes.
ciones de buena hermandad en los documentos de las convenciones Si hoy en día más de un colega mío envidiaría su suerte, De Estete, (
internacionales. ¿Es la música realmente el lengu aje de la armonía? por el contrario, hubiese renunciado gustoso a ella. Apabullado por (
Et�omusicólogos, como yo, suelen reaccionar ante afirmaci? nes los códigos, para él incomprensibles, que la regían, la [Link] andina ,(
'\
como· esas con una sonrisa irónica, cuando no con cierta ·'! hubo de resultarle tan bárbara y horripilante como sus productores.
condescendencia frente a la ingenuidad y el optimismo propios Hacia fines del siglo XIX el explorador alemán Georg Schweinfurth (
del neófito. Y es que la música no solo es propicia para expandir repetiría la experiencia entre los azande del antiguo reino del Congo (
el amor entre los prójimos, sino también un medio muy claro para
·t (
(
36 En contra de la música 37
( Julio Mendívil Un lenguaje no tan universal

(
en el África central. Influenciado por el evolucionismo unilineal en a la página web de la cantante para dejarle un mensaje lapidario:
( boga entonces, que pretendía reconstruir la historia de la música "Qyerida Stefi, espero que folles mejor de lo que cantas''.. Los con­
( estudiando las formas "primitivas" de los "ancestros contemporá­ . ser vadores seguidores de Hertel, que en el colmo del atrevimiento
neos", no dudará en comparar la música de esta comunidad con los la calificaban como "una _dama muy decente", pusieron el.-grito en el
(
gruñidos de los monos, con el estrepitoso crujido de las ramas de los cielo, entrando en un cacareo de varios días con el intruso. Lo que
( árboles y con otros ruidos molestos de la selva africana, es decir, con me espantó del caso no fue ni el lenguaje soez del entrometido ni
( lo más primitivo que podía imaginarse la mente musical [Link]·. La que hiciera añicos el mundo idílico de los· seguidores de Hertel con
moraleja es clara: si la música es la expresión de un pueblo, la música sus impertinencias, sino que alguien invierta tanto tiempo y esfuerzo
( de un pueblo despreciable solo puede ser motivo de desprecio. en atacar el gusto musical ajeno. ¿Qyién se da el trabajo' de dedicarse
( Mas no solo la distancia cultural nos lleva a vituperar formas tan decididamente a cosas que consid�ra irrelevantes?
musicales. Dentro de una misma sociedad diversos grupos sociales s� Pero todos estos actos perversos relacionados con la música no
(
enfrentan unos a otros no solamente mediante la moda en el vestir, el merman la fuerza que la hace indispensable en la vida humana, lle.­
( tipo de auto que se usa o los sociolectos, sino también -o sobre todo­ gando a calar en lo más profundo de nuestro ser. Por eso' pienso
( mediante la música. Ser [Link]> rapero, adicto a las baladas, al jazz que tal vez el verdadero poder de la música radique en la forma en
o ser asiduo visitante de salas de concierto para la llamada música de que ella estructura nuestras capacidades cognitivas. Cierta vbz, una
( arte nos coloca en una posición determinada dentro del campo de colega me refirió una anécdota estremecedora al respecto. Po¿os días
( la )'bducción cultural del que nos habla el sociólogo francés Pierre antes de morir. su madre, cuando el alzhéimer ya había dehruido
Bourdieu. El gusto musical en las sociedades modernas obedece pues su memoria y su capacidad para hablar, mi colega, en un ª1º que
(
a un dictamen bastante sencillo, aunque categórico: dime qué escu­ intentaba ser de alguna forma una despedida, le susurró unas pala­
( chas y te diré quién eres. Como en el caso de las fronteras culturales, bras tiernas al oído. La madre, absorta en la demencia, no recpnoció
( también requerimos de muros y parapetos en nuestro propio territo­ la voz de la hija. "No le hable -le dijo una enfermera a sus esp�das-,
rio sonoro. Así el sociólogo escocés Simon Frith nos advierte sobre cántele algo". Escéptica, mi colega entonó los versos de una vieja
( un hecho alarmante en nuestra sociedad moderna: que no nos basta canción folklórica que ella había aprendido de su madre. Ante su
( con gustar de un tipo de música, que muchos sentimos la enorme asombro la anciana reaccionó casi inmediatamente, entonando las
necesidad de ensalzar nuestras elecciones estéticas menospreciando últimas sílabas de cada verso mientras esbozaba una sonrisa.\En lo
(
las preferencias musicales de otros. Es decir, no nos basta con gustar más recóndito de su cerebro, su memoria musical había [Link],
( de un tipo de música, urgimos igualmente de no gustar de otras. Y aunque fragmentada, a los embates crueles de la enfermedad. Esa
( por si ello no fuera suficiente, sentimps la necesidad de expresarlo, fue la última vez que mi colega logró comunicarse con su madre,
una debilidad de la que no estamos exentos ni siquiera los especialis­ y este el último contacto de la anciana con el mundo exterior. De
( tas. ¿No es gran parte de la producción musicológica una mascarada hecho es un gran alivio saber que ni las injurias de los detractores ni
( seudocientífica para legitimar el propio gusto musical como el más la descomposición progresiva de nuestras facultades logran erradicar
distinguido, como el más sublime y digno qe exaltación? del cerebro la música que amamos, descubrir que lo último que nos
(
La perseverancia del enemigo musical es digna de mención. abandona en el paso por el mundo es la música que nos produjo
( Mientras estudiaba el schlager alemán para una etnografía musical emociones placenteras.
( de este, un detractor de Stefanie Hertel -una joven intérprete con
un registro de voz nada espectacular pero con mucho éxito- ingresó
(
(
(
(
(
(

También podría gustarte