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La Fortaleza en Nuestra Debilidad

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Lucia Durón
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2ª Corintios 12: 8-10 8 Le he rogado ya tres veces al Señor que me quite esa dolencia.

9 Pero el Señor me dijo: «Mi


bondad es todo lo que necesitas, porque cuando eres débil, mi poder se hace más fuerte [c] en ti». Por eso me alegra
presumir de mi debilidad, así el poder de Cristo vivirá en mí. 10 También me alegro de las debilidades, insultos, penas y
persecuciones que sufro por Cristo, porque cuando me siento débil, es cuando en realidad soy fuerte.

NTV una espina en mi carne, un mensajero de Satanás para atormentarme e impedir que me volviera orgulloso.
8
En tres ocasiones distintas, le supliqué al Señor que me la quitara. 9 Cada vez él me dijo: «Mi gracia es todo lo que
necesitas; mi poder actúa mejor en la debilidad». Así que ahora me alegra jactarme de mis debilidades, para que el poder
de Cristo pueda actuar a través de mí. 10 Es por esto que me deleito en mis debilidades, y en los insultos, en privaciones,
persecuciones y dificultades que sufro por Cristo. Pues, cuando soy débil, entonces soy fuerte.

El deseo de Dios siempre ha sido que Su familia sea un pueblo que refleje Su poder y amor. Fuimos creadas para adorarle
a Él como nuestra fuente de fortaleza. Todo el poder para vencer, afrontar la vida, amar y experimentar la abundancia,
viene del Padre. Nuestra debilidad es una oportunidad para que suceda la vida nueva, la renovación y la dependencia.
Para que nos aferremos a la presencia, la paz y el poder que nos ofrece el Padre. En nuestra carnalidad, no podemos
encontrar los medios para reunir la fuerza, la voluntad o el coraje para seguir adelante. Cuando esas cosas se manifiestan
a través de nosotros, son dones sobrenaturales del Padre que muestran al mundo la victoria y el poder de Cristo en
nosotros. Dios usará situaciones para recordarnos que Él es la fuente de nuestra fortaleza, poder, alegría y esperanza.
Nuestro rol es asociarnos con Él, confesando que no somos la fuente ni lo suficiente, pero Él sí lo es. Testimonio

Nos alegramos en nuestra debilidad, ya que Dios nos coloca justo donde estamos para darnos Su fuerza y
poder. Nuestra debilidad es un regalo, porque es allí donde Su poder se perfecciona. En Su presencia,
encontramos Su poder. La gracia de Dios es la ayuda y la fortaleza que se recibe a través de la expiación de
Jesucristo.

“Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu. Y puesto de rodillas, clamó a gran
voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió.” Hechos 7:59-60 Esteban era apedreado
luego de predicar a Cristo, pero, ¿qué le permitió resistir ese momento tan difícil?, ¿seríamos capaces nosotros, a pesar de
ese sufrimiento, tener la misma actitud de Esteban? Lo que le permitió resistir ese momento, fue la gracia de Dios. Así
mismo nosotros, en medio de la dificultad debemos fijar la mirada en Jesús, el iniciador y consumador de la fe (Hebreos
12:2), esto no quiere decir que no nos duela cuando nos desprecian, nos ofenden o nos insultan, pero no colocamos
nuestra atención en el dolor, sino en el que es nuestra paz y nuestra sanidad, en aquel que hace soportable cualquier
dolor. No se trata entonces, de limitar el dolor o esconderlo, sino de resistir y mantener la calma a pesar de, que sin la
gracia de Dios es imposible.

Cuando Dios ofrece gracia, es suficiente, es rebosante, es una medida abundante, porque la gracia en sí misma es
abundante “asimismo en la oración de ellos por vosotros, a quienes aman a causa de la superabundante gracia de Dios
en vosotros.” (2 Corintios 9:14). En estos tiempos de incertidumbre, de escasez, de aparente temor, tenemos algo que es
a la vez, suficiente y abundante, la gracia de Dios. Cuando Dios dice “bástate mi gracia” está asumiendo el control de
todo, de tu enfermedad, de tu escasez, de tu dolor y lo va a usar para su gloria, y para que seamos perfeccionados en el
amor de Cristo, para que su poder se manifieste de manera extraordinaria, sobrenatural y de manera abundante en tu
vida. Por tanto, preparémonos para recibir de Dios, conforme a las riquezas en gloria en Cristo Jesús,

Dios tiene un propósito en todas esas experiencias dolorosas de la vida. Pablo tuvo muchas experiencias dolorosas, entre
ellas una enfermedad crónica a la que se refirió como: “un aguijón en la carne”. Le pidió al Señor tres veces que se la
quitara, pero Él no quiso hacerlo. En lugar de eso, le dijo a Pablo: “Bástate mi gracia”. Mi gracia es suficiente para ti. Mi
amor y misericordia te permitirán seguir adelante. Cada momento difícil de nuestra vida, cada enfermedad, afrenta,
necesidad, persecución, angustia, es una oportunidad para que Dios manifieste su gracia suficiente.

El Señor también le dijo a Pablo: “mi poder se perfecciona en [tu] debilidad”. ¿Qué significa eso? Significa que, cuando
atraviesa los tipos de pruebas en la vida que sencillamente no puede solucionar, usted se hace más dependiente de la
fortaleza de Dios y no depende de la suya. El sufrimiento es una oportunidad para que Dios muestre su gracia y poder.
Acepte su debilidad. Si acepta su sufrimiento, verá la gracia y la fortaleza de Dios perfeccionadas en su vida.
A. El apóstol nos enseña la manera correcta y madura de afrontar las adversidades: Con optimismo y
expectantes de que repose sobre nosotros el amor de Cristo; Con amor a Cristo debemos gozarnos en las
debilidades; Con sumo gozo cuando nos hallemos en diversas pruebas. Santiago 1:2–4 RVR60 Hermanos míos,
tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas
tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.
Aprendamos a ver el lado positivo de cada situación, que sea suficiente para nosotros ser partícipes de la
gracia de Dios y que eso nos lleve a ser personas más agradecidas enfocadas en el Reino de Dios.

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