Donde reside
el Amor
¿A cuántos de vosotros se os ha enseñado a intentar amar, a intentar hacer lo
“correcto”, lo “bueno”?… sea lo que sea que se suponga que eso signifique.
Y, no obstante, ¿cuántas veces os habéis dicho, en vuestra cámara secreta, “no,
no soy digno”?
Y entonces, te preguntas por qué tus tentativas de unión en Amor con otros
nunca parecen ser lo suficientemente satisfactorias, nunca parecen llenar la
copa lo suficiente, nunca parecen darte toda la alegría que crees que podrías
encontrar ahí.
Porque ciertamente, escucha bien, tu trabajo, si lo quieres llamar así, no es
buscar y encontrar el Amor, sino dirigirte hacia dentro para poder desvelar
todo obstáculo que hayas interpuesto ante su presencia, y ofrecer ese
obstáculo al gran disolvente de los sueños.
Porque sin importar cuántas veces te hayas intentado convencer de que no
eres digno/a, el universo siempre encuentra una manera de amarte.
¡Amor! ¿De cuántas maneras lo has buscado? ¿Podrías contarlas?
¿No es cierto que lo que deseas más que nada es el Amor? ¿No es cierto que
intentas, o al menos esperas, que cada relación, sin importar lo breve que sea,
sin importar su forma, que cada caminar, que cada proyecto, te permita
experimentar la paz?
Acepta esa Verdad: que por encima de todo lo que deseas es la experiencia
viviente del Amor.
Y entonces recuerda que nada de lo que puedas hacer te puede brindar ese
Amor. Nada de lo que hagas puede mantener el Amor bajo la forma que
hayas elegido. Nada de lo que hagas —nada de lo que hagas— puede hacer
que el Amor se muestre de acuerdo a tus exigencias.
Mira bien, entonces, a tus padres, tus hijsos, tu familia, tus compañeros, tus
amigos, tu pareja…
Ninguno de ellos, ninguno de ellos, tiene el poder de traerte el Amor hacia ti.
Así que, ¿qué es lo que estás intentando sacar de ellos? ¿Por qué insistes tanto
en que otro debería ajustarse a lo que crees que tú necesitas?
Es fútil, es cien por cien fútil, es extremadamente, es absolutamente fútil
buscar el Amor en la relación con algo o alguien.
En Verdad, eres como alguien a quien le ha sido entregado un perfecto tesoro,
una joya sin precio. Pero la has colocado en tu bolsillo y has olvidado que la
tienes. Y así, vas por ahí intentando rebuscar en los bolsillos de todos los
demás.
Y si realmente estás comprometido a mirar adentro y a descubrir todos y cada
uno de los obstáculos que hayas colocado ante la presencia del Amor, ¿por
qué te resistes a sentir esas cosas? Porque es correcto eso que se te ha dicho:
que justo en el otro lado se encuentra el mismísimo Amor que buscas.
No niegues entonces el papel del sentimiento, ya que ¡el sentimiento lo es
todo!
Muchos creéis que estáis en un camino espiritual. Sabréis si es cierto eso por
vuestra disposición a sentir y a experimentar plenamente lo que esté justo
frente a vosotros, momento a momento.
¿Dónde estás tú ahora? ¿Estás dispuesto/a a permitirte a ti mismo ver todo lo
que existe a tu alrededor y dentro de ti como la puerta de entrada al Amor,
que espera solamente a que reconozcas su presencia y te abras a ello? ¿Estás
dispuesto/a a realmente estar justo donde estés —plenamente, justo donde
estés?
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