Organización Constitucional del Estado
Organización Constitucional del Estado
Tema 1: La Corona
1. España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su
Art. ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.
1 2. La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.
3. La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria.
El art. 56.1 de la CE es la norma de cabecera de todas las relativas al Rey. Así, define su posición
constitucional y sus funciones, que paradójicamente parece inspirada en la Constitución italiana
de 1947 y en la Constitución francesa de 1958.
1. El Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las
instituciones, asume la más alta representación del Estado español en las relaciones internacionales, especialmente con las
Art. naciones de su comunidad histórica, y ejerce las funciones que le atribuyen expresamente la Constitución y las leyes.
56 2. Su título es el de Rey de España y podrá utilizar los demás que correspondan a la Corona.
3. La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad. Sus actos estarán siempre refrendados en la forma
establecida en el artículo 64, careciendo de validez sin dicho refrendo, salvo lo dispuesto en el artículo 65, 2.
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§ Garante de la Constitución
Se refleja en la fórmula de juramento que debe prestar al ser proclamado ante las Cortes
Generales, de “guardar y hacer guardar la Constitución” (art. 61.1 CE). Esta función tiene dos
significados complementarios.
Además, el principio de sujeción de los poderes públicos a la Constitución tiene en este caso una
relevancia garantista especial, porque al Rey le compete realizar los principales actos de Estado,
culminando el procedimiento constitucional correspondiente. Por consiguiente, al Rey, como
órgano final del procedimiento constitucional, le corresponde garantizar la regularidad
formal del mismo e impedir los actos que lo vulneren, al menos en sus aspectos esenciales.
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o EL REFRENDO
§ Necesidad
La necesidad de que los actos del Rey sean siempre refrendados, es decir, autorizados o
confirmados por otro órgano constitucional, normalmente el Presidente del Gobierno o los
Ministros, es una regla tradicional del constitucionalismo, que trae causa de la exención de
responsabilidad del Jefe del Estado en las Monarquías.
§ Objeto
El objeto del refrendo son los actos que el Rey realiza como titular de la Jefatura del Estado,
exceptuándose por consiguiente los correspondientes a su vida privada. Fuera de ese ámbito
privado, el refrendo es siempre exigible. Los actos que el Rey realice para la distribución de la
cantidad global que anualmente recibe de los Presupuestos del Estado para el sostenimiento de su
Familia y Casa y para el nombramiento de los miembros civiles y militares de su Casa no es ni
puede ser objeto de refrendo.
§ Forma típica
La forma típica del refrendo es la contrafirma de los actos del Jefe del Estado por parte del
refrendante, pero ésta no es la única forma posible, sino que hay también otras, como el refrendo
tácito y el refrendo presunto.
- Refrendo tácito
Consiste en la presencia de los Ministros junto al Jefe de Estado en su actividades oficiales,
que implica la correspondiente asunción de responsabilidad.
- Refrendo presunto
Es una presunción general de que el Gobierno cubre con su responsabilidad la actuación del Jefe
del Estado, a no ser que dimita en discrepancia con ella.
§ Titularidad
El art. 64.1 de la CE le atribuye al Presidente del Gobierno, a los ministros y al Presidente del
Congreso de los Diputados la titularidad del refrendo.
• Presidente del Gobierno
• Ministros: viene limitado por su respectiva competencia, de tal manera que les
corresponderá refrendar los reales decretos que cada uno haya propuesto al Consejo de
Ministros.
• Presidente del Congreso de los Diputados: sólo es posible en los casos expresamente
previstos en el art. 99 de la CE, es decir, la propuesta de candidato y el nombramiento
del Presidente del Gobierno y la disolución de las Cortes Generales si ningún candidato
hubiera sido investido, pasados dos meses desde la primera votación de investidura.
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§ Naturaleza jurídica
La naturaleza jurídica del refrendo resulta definida en el art. 56.3 de la CE. Se trata de una
condición para la validez de los actos del Rey y su ausencia determina la nulidad de dichos
actos.
o LA SUCESIÓN EN LA CORONA
1. La Corona de España es hereditaria en los sucesores de S. M. Don Juan Carlos I de Borbón, legítimo heredero de la
dinastía histórica. La sucesión en el trono seguirá el orden regular de primogenitura y representación, siendo preferida
siempre la línea anterior a las posteriores; en la misma línea, el grado más próximo al más remoto; en el mismo grado,
el varón a la mujer, y en el mismo sexo, la persona de más edad a la de menos.
2. El Príncipe heredero, desde su nacimiento o desde que se produzca el hecho que origine el llamamiento, tendrá la
Art. dignidad de Príncipe de Asturias y los demás títulos vinculados tradicionalmente al sucesor de la Corona de España.
57 3. Extinguidas todas las líneas llamadas en Derecho, las Cortes Generales proveerán a la sucesión en la Corona en la
forma que más convenga a los intereses de España.
4. Aquellas personas que teniendo derecho a la sucesión en el trono contrajeren matrimonio contra la expresa prohibición
del Rey y de las Cortes Generales, quedarán excluidas en la sucesión a la Corona por sí y sus descendientes.
5. Las abdicaciones y renuncias y cualquier duda de hecho o de derecho que ocurra en el orden de sucesión a la Corona
se resolverán por una ley orgánica.
Las reglas para la sucesión en la Corona, establecidas en el propio art. 57.1 son reproducción, casi
literal, de las que han existido en las anteriores Constituciones. Este orden sucesorio se basa en
los principios de primogenitura y representación, que definen la preferencia del primer nacido
de los descendientes del Rey y, subsidiariamente, de los descendientes del primogénito, si éste
hubiera fallecido. Estos principios se matizan con las siguientes reglas:
Parece existir consenso entre los principales partidos nacionales para reformar las reglas sobre
la sucesión en la Corona, a fin de suprimir la preferencia, dentro del mismo grado, del varón
sobre la mujer. A solicitud del Gobierno, el Consejo de Estado propuso a tal efecto una posible
redacción del art. 57.1 CE. En todo caso, hay que tener en cuenta que la reforma de este precepto
constitucional debería tramitarse según el procedimiento agravado previsto en el art. 168 CE.
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Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza,
Art.
sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.
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1. Cuando se propusiere la revisión total de la Constitución o una parcial que afecte al Titulo preliminar, al Capítulo
segundo, Sección primera del Título I, o al Título II, se procederá a la aprobación del principio por mayoría de dos
Art. tercios de cada Cámara, y a la disolución inmediata de las Cortes.
168 2. Las Cámaras elegidas deberán ratificar la decisión y proceder al estudio del nuevo texto constitucional, que deberá
ser aprobado por mayoría de dos tercios de ambas Cámaras.
3. Aprobada la reforma por las Cortes Generales, será sometida a referéndum para su ratificación.
1. El Rey, al ser proclamado ante las Cortes Generales, prestará juramento de desempeñar fielmente sus funciones,
guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes y respetar los derechos de los ciudadanos y de las Comunidades
Art.
Autónomas.
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2. El Príncipe heredero, al alcanzar la mayoría de edad, y el Regente o Regentes al hacerse cargo de sus funciones,
prestarán el mismo juramento, así como el de fidelidad al Rey.
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§ La Regencia
La Constitución establece también las previsiones necesarias para que la Regencia se establezca
en los supuestos en que el Rey se halle inhabilitado para reinar, por ser menor de edad o por
estar afectado por una incapacidad física o mental, que debe ser reconocida por las Cortes
Generales (art. 59 CE). Las formas de establecer la Regencia pueden ser de dos clases:
• Llamamiento de la Constitución: en caso de minoría de edad encomienda
la Regencia al padre o a la madre del Rey, y en su defecto, al pariente
mayor de edad más próximo a suceder en la Corona. En el supuesto de
incapacidad reconocida por las Cortes, si fuera mayor de edad al príncipe
heredero, y si no lo fuere, al padre o a la madre del Rey o, en su defecto,
al pariente mayor de edad más próximo en el orden de sucesión.
• Electiva: ha de ser nombrada por las Cortes Generales y tiene una
función subsidiaria, para el caso de que no hubiera ninguna persona
llamada a ejercer la Regencia conforme a las reglas anteriores.
Cualquiera que sea la causa y la forma de la Regencia, ésta se ejerce con los mismos poderes
que al Rey encomienda la Constitución. Sin embargo, la Regencia sólo suple interinamente al
titular de la Corona y no le sustituye. En consecuencia, el art. 59.5 CE exige que la Regencia se
ejerza en nombre del Rey.
§ La Tutela
La Constitución ha separado también la función pública de la Regencia de la función privada
que consiste en la Tutela del Rey menor (art. 60). La forma prioritaria de designación del tutor es
la testamentaria, existiendo diversidad de opiniones acerca de si este acto del Rey, está o no
exento de refrendo. En defecto del nombramiento testamentario, la Constitución designa Tutor al
padre o a la madre del Rey menor, mientras permanezcan viudos. Subsidiariamente, la
designación corresponderá a las Cortes, con la restricción de no poder acumularse los cargos
de Tutor y de Regente, más que en los progenitores o ascendientes directos del Rey.
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o INTRODUCCIÓN
Las Cortes Generales son el órgano central y más definitorio de la forma de gobierno definida
por la Constitución, que es precisamente una forma de gobierno parlamentaria. También son el
componente más esencial de la propia forma de Estado, definida
en el art. 1.2 de la CE, porque el parlamento es indispensable e
insustituible en la democracia, hasta el punto de que no hay
Estado democrático sin parlamento. La propiedad específica
de este órgano constitucional, es su naturaleza representativa,
que deriva de la elección de sus miembros por sufragio
universal.
Desde un punto de vista formal nuestro Derecho electoral se caracteriza, por su extensa
constitucionalización. Por consiguiente, el núcleo central del ordenamiento electoral goza de las
garantías de estabilidad y supremacía. Integran dicho núcleo central no solo el art. 23 CE, sino
también los arts. 68, 69 y 70, relativos a las elecciones al Congreso de los Diputados y al Senado,
el art. 140, sobre las elecciones municipales, y el art. 152, que se refiere a las elecciones de las
Asambleas de las CCAA de primer grado.
o EL SISTEMA ELECTORAL
Por su importancia política, estas normas se distinguen de las restantes partes del ordenamiento
electoral, que tienen predominantemente un carácter administrativo o procesal. El sistema
electoral está definido por las normas relativas a los instrumentos de expresión del voto (las
papeletas de votación), la fórmula electoral (el método de asignación de los escaños entre los
partidos en función de sus respectivos resultados electorales) y las circunscripciones (las
unidades geográficas para el cómputo de los votos y la asignación de los escaños).
§ Papeletas electorales
La Constitución no se pronuncia sobre las características de las papeletas electorales. Lo que
implica que el legislador tiene un poder de configuración absoluto en este campo. Haciendo uso
de él, la LOREG ha optado por el llamado voto categórico o de partido, mediante listas cerradas
y bloqueadas que los electores no pueden alterar y que se aplica tanto a las elecciones al
Congreso de los Diputados, como para las municipales. Por su parte, las leyes electorales
territoriales han extendido también esta modalidad de votación a las elecciones de las Asambleas
de las CCAA.
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§ Fórmula electoral
- Representación proporcional
El art. 68.3 CE exige que la elección al Congreso se realice “atendiendo a criterios de
representación proporcional”. La representación proporcional es, por consiguiente, un parámetro
establecido específicamente para las elecciones al Congreso. Sin embargo, la LOREG ha
extendido también el criterio de la proporcionalidad a las elecciones municipales, y otro tanto
han hecho todos los Estatutos de Autonomía, para las elecciones de sus Asambleas legislativas.
- Sistema D´Hont
La LOREG ha conservado el mismo criterio que el RDL de 18 de marzo de 1977,
que es la llamada regla d´Hont, que consiste en atribuir los escaños en función
de los cocientes mayores que se obtengan al dividir sucesivamente los votos de
cada partido por los números enteros de la serie aritmética, hasta el de escaños
correspondientes a la circunscripción. La LOREG establece además un correctivo
a la proporcionalidad en su art. 163.1.a) al excluir de la asignación de escaños a
“aquellas candidaturas que no hubieran obtenido, al menos el 3% de los votos
válidos emitidos en la circunscripción”.
- Votación al Senado
La principal excepción al criterio de representación proporcional establecida en la LOREG, está
en las elecciones al Senado, que se rigen por una fórmula mayoritaria. Sin embargo, esta
fórmula mayoritaria está mitigada por la regla de que los electores sólo pueden votar a un número
de candidatos inferior al de los escaños que se disputan. De este modo, la ley procura
garantizar también la representación de la minoría.
ü Ej. Si en Vizcaya sólo se pueden elegir a 4 Senadores, cada ciudadano en su papeleta sólo
puede elegir a 3.
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§ Circunscripción
La Constitución ha optado por la circunscripción provincial tanto para el
Congreso como para la parte electiva del Senado sin perjuicio de las
excepciones de Ceuta y Melilla y de las islas o agrupaciones de islas, que
tienen también la consideración de circunscripción en las elecciones al
Senado. Esta opción básica por la provincia no es la única referencia
constitucional a tener en cuenta, porque la Constitución determina también,
directa o indirectamente, el tamaño de las circunscripciones, esto es, el
número de escaños correspondientes a cada una de ellas.
1. El Congreso se compone de un mínimo de 300 y un máximo de 400 Diputados, elegidos por sufragio universal,
libre, igual, directo y secreto, en los términos que establezca la ley.
2. La circunscripción electoral es la provincia. Las poblaciones de Ceuta y Melilla estarán representadas cada una de
ellas por un Diputado. La ley distribuirá el número total de Diputados, asignando una representación mínima inicial
a cada circunscripción y distribuyendo los demás en proporción a la población.
3. La elección se verificará en cada circunscripción atendiendo a criterios de representación proporcional.
Art.
4. El Congreso es elegido por cuatro años. El mandato de los Diputados termina cuatro años después de su elección o
68
el día de la disolución de la Cámara.
5. Son electores y elegibles todos los españoles que estén en pleno uso de sus derechos políticos.
La ley reconocerá y el Estado facilitará el ejercicio del derecho de sufragio a los españoles que se encuentren fuera
del territorio de España.
6. Las elecciones tendrán lugar entre los treinta días y sesenta días desde la terminación del mandato. El Congreso
electo deberá ser convocado dentro de los veinticinco días siguientes a la celebración de las elecciones.
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§ Censo electoral
El censo electoral es el principal instrumento administrativo del Derecho electoral. Por
consiguiente, la LOREG lo define como el registro público “que contiene la inscripción de
quienes reúnen los requisitos para ser elector y no se hallen privados, definitiva o temporalmente,
del derecho de sufragio”.
Este registro que tiene carácter permanente, se actualiza mensualmente. También puede ser
objeto de rectificaciones con ocasión de cada convocatoria electoral:
• Reclamaciones de los electores
• Reclamaciones de los representantes de las candidaturas: pueden impugnar el censo de
aquellas circunscripciones que en los seis meses anteriores hubieran registrado un
incremento de residentes significativo y no justificado.
Ningún elector podrá figurar inscrito simultáneamente en ambos censos. La formación del censo
electoral está coordinada y supervisada por la Oficina del Censo Electoral, que es un órgano
encuadrado en la Administración Central pero que funcionalmente está situado bajo la dirección
de la Junta Electoral Central.
§ Procedimiento electoral
El procedimiento electoral es el conjunto de actos que deben realizar una pluralidad de sujetos,
concretamente: el Gobierno, los Ayuntamientos, la Administración electoral, los ciudadanos, los
candidatos y los partidos, para que las elecciones se lleven a cabo, para controlar su desarrollo,
y para verificar sus resultados.
Quedan, por consiguiente, fuera del procedimiento electoral las actividades preparatorias de las
elecciones (formación del censo electoral) y también las posteriores a las mismas (el contencioso
electoral o el control de la contabilidad electoral de los partidos o de la adjudicación de las
subvenciones por gastos electorales).
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§ Administración electoral
Es una Administración especial por su posición jurídica, que es completamente independiente
del Gobierno, y por su finalidad, que es garantizar la transparencia y la objetividad de las
elecciones.
§ Convocatoria de elecciones
Es una facultad del Jefe del Estado (art. 62. b) CE) que distingue dos clases de convocatoria:
• Disolución anticipada de las Cortes: el propio Real Decreto de disolución debe convocar
las elecciones.
• Expiración del mandato: el Real Decreto de convocatoria debe expedirse con antelación,
concretamente, 25 días antes de la terminación del mandato.
En ambos supuestos los Decretos de convocatoria deben señalar la fecha de las elecciones que
habrán de celebrarse al día quincuagésimo cuarto posterior a la convocatoria (54 días).
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- Causas de inelegibilidad
Los candidatos, cualquiera que sea la entidad que los presente, no deben estar incursos en las
causas de inelegibilidad que señala la LOREG. Asimismo, dichas causas pueden ser de muchas
clases:
• Absolutas: impiden presentarse a las elecciones en todo el territorio nacional
• Relativas: tan sólo se refieren a alguna circunscripción.
• Razón del cargo o del empleo: por ejemplo, los altos cargos de la Administración o los
militares en activo.
• Condena judicial: los condenados por sentencia firme a pena privativa de libertad o los
condenados por delitos de rebelión, terrorismo, contra la Administración Pública o
contra las Instituciones del Estado, aunque la sentencia sea no firme, si la misma ha
establecido la pena de inhabilitación para el ejercicio del derecho de sufragio o la de
inhabilitación absoluta o especial o de suspensión para empleo o cargo público.
No existe, sin embargo, ninguna regulación legal sobre el procedimiento interno que deben
seguir los partidos políticos para seleccionar sus candidatos, y esta es una deficiencia que resulta
incoherente con la exigencia de democracia interna del art. 6 de la CE.
ü Ej. Generalmente, los partidos progresistas han determinado mediante primarias a sus
candidatos.
- Discriminación positiva
La LO 3/2007 ha añadido un requisito importante, que ha sido convalidado por el Tribunal
Constitucional, consistente en que las candidaturas tengan una composición equilibrada de
mujeres y hombres, de forma que en el conjunto de la lista de candidatos de cada uno de los
sexos supongan como mínimo el 40%.
§ Campaña electoral
- Precampaña
La precampaña tiene lugar en el período comprendido entre la convocatoria de elecciones y el
inicio legal de la campaña, período durante el cual los partidos pueden realizar sus actividades
de comunicación pública habituales, amparadas en la libertad de expresión, aunque no pueden
solicitar directamente el voto para sus candidaturas.
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Sin embargo, nada impide, desde el punto de vista constitucional, que otras entidades, como los
sindicatos o las asociaciones empresariales, se pronuncien sobre los temas de la campaña o
incluso que recomienden el voto a favor de una determinada opción, porque esas conductas están
protegidas por el derecho fundamental de la libertad de expresión, que es el límite al
monopolio de la campaña electoral por los partidos políticos.
- Finalidad
La finalidad de la campaña electoral consiste, según el art. 50.4 en “la captación de sufragios”.
En consecuencia, surgen diferencias entre la campaña institucional organizada por los poderes
públicos y la campaña electoral:
• Campaña institucional: es organizada por los poderes públicos y tiene como objetivo
informar a los ciudadanos sobre la fecha de la votación, el procedimiento para votar y los
requisitos y trámites del voto por correo, sin influir en la orientación del voto de los electores.
• Campaña electoral: es la captación de sufragios. Consta de ciertas limitaciones impuestas
por el legislador en el 2011.
à Prohibición expresa que, desde la convocatoria hasta la celebración de las
elecciones, se lleve a cabo cualquier acto organizado o financiado, directa o
indirectamente, por los poderes públicos que contenga alusiones a las realizaciones
o a los logros obtenidos.
à Prohibición expresa de que se utilice imágenes o expresiones coincidentes o
similares a las utilizadas en sus propias campañas por alguna de las entidades
políticas concurrentes a las elecciones.
à Distribución proporcional
La distribución de dichos espacios publicitarios, entre las formaciones políticas concurrentes,
no se hace con criterio igualitario, sino proporcional, “atendiendo al número total de votos que
obtuvo cada partido, federación o coalición en las anteriores elecciones equivalentes”.
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El derecho “de los grupos sociales y políticos significativos” de acceder a los medios de
comunicación de titularidad pública, “respetando el pluralismo de la sociedad” (art. 20.3 CE),
tiene durante la campaña electoral una relevancia especial, que debe manifestarse en toda la
programación de estos medios, y en particular en sus espacios informativos. Para asegurar la
efectividad de este principio, la LOREG ha determinado que las decisiones de los órganos de
Administración de los medios son recurribles ante la Junta Electoral.
§ La votación
Es la fase decisiva del procedimiento electoral y también la más compleja, por cuanto los sujetos
protagonistas de la misma no son órganos administrativos o determinadas asociaciones, sino
las personas titulares del derecho de sufragio. La modalidad ordinaria de votación es la que se
ejerce personalmente por el elector, en la Mesa Electoral que le corresponda. Sin embargo, la
ley admite también el voto por correspondencia en los siguientes supuestos:
• Electores que prevean que en la fecha de votación no se hallarán en la localidad donde les
corresponde ejercer su derecho de voto o que no puedan personarse en su Mesa Electoral.
• Personal embarcado en buques de la armada, de la
marina mercante española o de la flota pesquera,
personal de las fuerzas armadas y de los cuerpos de
seguridad que estén cumpliendo misiones en el
exterior, así como los ciudadanos que se encuentren
temporalmente en el extranjero entre la convocatoria
de un proceso electoral y su celebración.
• Ciudadanos inscritos en el censo de residentes-ausentes que vivan en el extranjero. Éstos
tienen la posibilidad de votar personalmente en los Consulados tras la reforma de la
LOREG de 1995.
Contra el Acta del escrutinio general pueden presentar reclamaciones los representantes y
apoderados de las candidaturas y la resolución que obre las mismas pronuncie la Junta
Electoral Provincial, puede ser recurrida en alzada ante la Junta Central. En todo caso,
agotada la vía administrativa, las Juntas Provinciales deben proceder a la proclamación de electos
y a expedir las credenciales correspondientes.
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§ Contencioso electoral
Es la vía procesal principal para el control jurisdiccional de las elecciones. Su fundamento se
encuentra en la misma Constitución (art. 23 CE). El contencioso electoral es también una variante
especial del recurso contencioso administrativo, y su resolución corresponde, en el caso de las
elecciones a Cortes, al Tribunal Supremo. Entre las características principales de este
procedimiento judicial cabe destacar las siguientes:
1. Los ciudadanos tienen el derecho a participar en los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes,
Art. libremente elegidos en elecciones periódicas por sufragio universal.
23 2. Asimismo, tienen derecho a acceder en condiciones de igualdad a las funciones y cargos públicos, con los requisitos
que señalen las leyes.
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- Tipificación de sentencias
Conforme al art. 113.2 de la LOREG habrá de consistir en alguno de los siguientes fallos:
• Inadmisibilidad del recurso
• Validez de la elección y de la proclamación de electos
• Nulidad del acuerdo de proclamación de uno o varios electos, y proclamación como tal de
aquellos a quienes corresponda.
• Nulidad de la elección celebrada en aquellas Mesas que resulten afectadas por
irregularidades invalidantes y nueva convocatoria electoral en las mismas (no será
necesario celebrar las nuevas elecciones si la invalidación de las Mesas no altera la
atribución de escaños en la circunscripción).
§ Gastos
La LOREG configura un sistema de control de los gastos en que incurren las formaciones
políticas por su participación en las elecciones, que consiste en una serie de requisitos
organizativos y formales y de limitaciones cuantitativas.
- Requisitos
• Existencia de administradores electorales: los partidos y las candidaturas deben tener
administradores electorales responsables de la contabilidad electoral y de los ingresos y
gastos correspondientes.
• Comunicación a las Juntas Electorales de la apertura de las cuentas especiales: en dichas
cuentas especiales han de realizarse todos los ingresos destinados a sufragar gastos
electorales,.
• Prohibición de realizar aportaciones anónimas a las cuentas especiales: el límite de
10.000€, para las aportaciones que realice una persona física o jurídica.
- Limitaciones
Las limitaciones cuantitativas de los gastos electorales se justifican por la necesidad de evitar la
excesiva presión sobre los electores que puede derivar la utilización abusiva de los medios
publicitarios en las campañas y para intentar prevenir el endeudamiento excesivo de los
partidos políticos. Sin embargo, hay que reconocer que los límites que estableció la LOREG en
1985 no fueron bastante exigentes.
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§ Subvenciones
Las subvenciones electorales son independientes de otras modalidades de financiación
pública de las que son beneficiarios los partidos, y que vienen reguladas en la LO 3/87. Las
subvenciones de la LOREG están destinadas a cubrir gastos electorales exclusivamente, y se
calculan en función de asignar una cantidad fija por cada escaño obtenido en el Congreso de
los Diputados o en el Senado, y 0´81€ por cada uno de los votos conseguidos por cada candidatura
para el Congreso (siempre que uno de sus miembros hubiera sido elegido) y 0´32€ por cada voto
obtenido por cada candidato al Senado que hubiera obtenido escaño.
- Adelantos económicos
La LOREG posibilita además que, convocadas unas elecciones generales, los partidos
representados en la legislatura recién terminada obtengan adelantos con cargo a las
subvenciones que puedan devengar, y que no superen el 30% de la subvención percibida por
cada uno en las últimas elecciones equivalentes.
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1. Las Cortes Generales representan al pueblo español y están formadas por el Congreso de los Diputados y el Senado.
Art. 2. Las Cortes Generales ejercen la potestad legislativa del Estado, aprueban sus Presupuestos, controlan la acción del
66 Gobierno y tienen las demás competencias que les atribuya la Constitución.
3. Las Cortes Generales son inviolables.
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o COMPOSICIÓN: EL BICAMERALISMO
La definición del Senado como Cámara de representación territorial solo tiene una traducción,
que además es hasta cierto punto contradictoria, en dos aspectos de su organización:
• La elección por las Asambleas Legislativas de las Comunidades Autónomas de una parte
de los senadores: conforme al art. 69 CE, cada una de las Comunidades designa a un Senador
y otro más por cada millón de habitantes de su respectivo territorio. En total, hay 58
senadores designados por las Asambleas de las CCAA, frente a 208 senadores electos en la
legislatura del 2015.
• La idea de representación territorial se refleja también en las reglas constitucionales
sobre la elección de Senadores: la distribución provincial de escaños se hace ignorando
por completo el criterio poblacional, de forma que todas las Provincias (salvo las insulares)
eligen 4 senadores con independencia de su número de habitantes.
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• Desigual: basta repasar las funciones arriba mencionadas para advertir que la posición
constitucional del Congreso y del Senado no son, en modo alguno, equivalentes, ni siquiera
semejantes. El Congreso se encuentra en una clara situación de superioridad sobre el
Senado. Se trata pues de un bicameralismo claramente desequilibrado a favor del
Congreso, auténtico eje central de las Cortes Generales.
§ Concepto de prerrogativa
Para el correcto desempeño de la función representativa, los Parlamentos democráticos dotan a
las Cámaras y a sus integrantes de una serie de exigencias y prerrogativas. Ambas están
orientadas a proporcionar a quiénes han obtenido la representación del pueblo las atribuciones y
garantías precisas para poder desarrollar su función sin interferencias. Por lo general, estas
garantías guardan relación con la lucha entre poderes propias de la formación del Estado
constitucional. Su origen obedece a causas fundamentalmente históricas, y su finalidad fue
garantizar plenamente la libre actuación de las Cámaras. En consecuencia, algunas de ellas
puedan parecer injustificadas en la situación actual, ya que los conflictos entre poderes del Estado
susceptibles de amenazar la libertad del Parlamento son, a día de hoy, muy remotas, y en la que
la exigencia de un Poder Judicial independiente es la mayor garantía contra toda posible
arbitrariedad.
- ¿Privilegio?
Actualmente, las prerrogativas parlamentarias ofrecen una imagen de privilegio. No se trata, sin
embargo, de tal cosa. Su carácter de prerrogativa, y no de privilegio, viene dado por el hecho de
que no están previstas como beneficio o atributo del parlamento, sino como instrumentos que
garantizan la libre formación de la voluntad de las Cámaras. Por esa misma razón, no son
derechos de los parlamentarios, que éstos puedan exigir y de los que puedan disponer libremente,
sino normas jurídicas que deben ser aplicadas de oficio. Por consiguiente, no depende del
afectado que se hagan valer o no: son irrenunciables por el parlamentario, y solo la Cámara
cuya función está protegida por la prerrogativa puede disponer de ella.
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§ Autonomía reglamentaria
Algunas prerrogativas se atribuyen colectivamente a las Cámaras, como órgano constitucional.
Estas gozan, de la facultad de normar su propio funcionamiento mediante la aprobación de su
propio Reglamento (art. 72.1 CE). El Reglamento se convierte así en la principal fuente del
Derecho regulador de la vida de las Cámaras. La potestad autorreglamentaria es, sin duda, una
condición relevante para poder asegurar la plena autonomía de las Cámaras.
- Peculiaridad reglamentaria
La Constitución reconoce la potestad reglamentaria de las Cámaras en art. 72.1, y dispone que
los reglamentos solo podrán ser aprobados o modificados por la mayoría absoluta de la Cámara
correspondiente. La potestad autorreglamentaria implica además que la norma reglamentaria está
directamente subordinada a la Constitución y que, por consiguiente, no tiene más límites que
los establecidos por ella.
Son normas emanadas del poder legislativo, pero solo de una de sus Cámaras y, por otra parte,
son elaboradas sin seguir el procedimiento legislativo (no son sancionadas por el Rey, ni
promulgadas, ni se publican en el BOE). Por otro lado, derivan directamente de la Constitución
o, según el Tribunal Constitucional, “se encuentran directamente incardinados” a ella.
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- La incompatibilidad
La incompatibilidad tiene características completamente diferentes a la inelegibilidad:
• Objetivo: garantizar que el trabajo del parlamentario electo podrá ser realizado sin
influencias ni presiones y evitar la confusión entre los poderes del Estado, asegurando así
la independencia del legislativo.
• Temporalidad: la incompatibilidad surge una vez finalizado el proceso electoral, mientras
que la inelegibilidad se proyecta sobre el proceso electoral. Es decir, una vez finalizado el
proceso electoral, el parlamentario electo ha de efectuar una declaración de sus actividades
a efectos de determinar la posible incompatibilidad.
- Juramento
La legitimidad constitucional de este requisito ha sido ratificada por el Tribunal
Constitucional. El incumplimiento del requisito, sin embargo, “no priva de la condición de
Diputado o Senador, para la que no hay otro título que la elección popular, sino solo del ejercicio
de las funciones propias de tal condición y, con ellas, de los derechos y prerrogativas anexos”.
En otras palabras, ello quiere decir que si el parlamentario no presta juramento o promesa, sigue
siendo Diputado o Senador electo, pero no adquiere la condición plena de parlamentario, por lo
que tampoco ostenta los derechos y prerrogativas del mismo.
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Son, por lo tanto, irrenunciables y sólo las Cámaras y sus parlamentarios pueden disponer de
ellas. La extensión temporal de las prerrogativas está ligada a la función, de manera que entran
en vigor en el momento de la proclamación de electos y cesan con la extinción del mandato
parlamentario. Nuestro ordenamiento recoge tres prerrogativas parlamentarias: la
inviolabilidad, la inmunidad y el fuero especial.
- La inviolabilidad
• Objetivo: asegurar que sus intervenciones parlamentarias y sus votos en la Cámara no
puedan acarrearle consecuencias negativas o sanciones jurídicas de ninguna índole. La
inviolabilidad impide que se inste contra el parlamentario cualquier procedimiento
sancionador que tenga como causa las opiniones o manifestaciones realizadas en el ejercicio
de su función como tal.
• Ámbito de protección: las actuaciones realizadas en el ejercicio de la función
parlamentaria (art. 71.1 CE), de suerte que cubre todas las opiniones que se expresen en
actos parlamentarios, tanto en las sedes de las respectivas Cámaras como fuera de ellas,
pero no ampara las opiniones emitidas en actos no parlamentarios.
• Garantía absoluta: su protección se proyecta sobre cualquier procedimiento sancionador
que tenga por causa una actividad parlamentaria.
- 24 -
- La inmunidad
• Objetivo: proteger al parlamentario frente a cualquier atentado contra su libertad que pudiera
tener motivaciones políticas. Le protege, por tanto, frente a la detención o cualquier otra
forma de privación de libertad y frente a la iniciación de procedimientos penales contra él.
• Evitar persecución política: su finalidad es garantizar que tales procedimientos no tendrán
como móvil la persecución política. Guarda grandes diferencias respecto la inviolabilidad
como:
- Protección limitada al ámbito penal: conllevando una irrazonable y desproporcionada
limitación del derecho de terceros a la tutela judicial efectiva (art. 24 CE).
- La inmunidad no es absoluta dentro del ámbito penal: pueden ser detenidos en caso
de delito flagrante y pueden ser procesador si lo autoriza la Cámara (suplicatorio).
- Protección frente a todo tipo de actos: la inmunidad cubre además de los actos
funcionales del parlamentario, los que no lo son.
• Fumus persecutionis: la Cámara debe de juzgar la existencia o no de indicios de
persecución política, concediendo o denegando el “suplicatorio”, para poder iniciar
cualquier procedimiento penal contra un parlamentario.
• Figura del suplicatorio: cualquier procedimiento penal contra un parlamentario debe contar
con la concesión del suplicatorio para ser proseguido. Dicha autorización debe ser
solicitada a través del Tribunal Supremo, en cuanto que órgano competente para enjuiciar
a Diputados y Senadores. Asimismo, la concesión del suplicatorio, el cual es un acto
político, y el eventual procesamiento posterior pueden dar lugar a la suspensión temporal
del procesado en su condición de parlamentario.
• Libertad de la Cámara: la Cámara dispone de la prerrogativa de aceptar o denegar el
suplicatorio, independientemente de los deseos del afectado. El TC ha declarado que las
Cámaras no pueden actuar de forma libérrima, ya que la concesión o la aceptación del
suplicatorio debe de estar motivada, debiendo mostrar coherencia (STC 206/92, caso
González Bedoya) con la propia finalidad de la inmunidad que es evitar la persecución
política.
• Ámbito temporal y retroactividad: se limita a la duración del mandato parlamentario
(art. 71.2 CE). Sin embargo, sus efectos son en cierto sentido retroactivos: de ser elegido
como parlamentario alguien que se encuentra procesado se necesita la autorización de la
Cámara para continuar el procedimiento. Si el electo se encuentra detenido o procesado, es
obligatoria su excarcelación (art. 751 Ley Enjuiciamiento Criminal).
- El Fuero Especial
El fuero especial consiste en que el órgano competente para conocer las causas penales que se
sigan contra Diputados y Senadores es el Tribunal Supremo (art. 71.3), tratando que el órgano
que enjuicie los posibles procesos contra Diputados y Senadores goce de las más altas cotas de
independencia, imparcialidad y cualificación jurídica que el ordenamiento puede otorgar,
otorgando así una garantía adicional a los parlamentarios.
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§ El presidente
El presidente es la máxima autoridad de la Cámara (Ana Pastor en el Congreso y Pío García
Escudero en el Senado): ostenta su representación, dirige los debates del Pleno e interpreta el
Reglamento en los casos de duda y lo suple en los de omisión. Además, forma parte de la Mesa,
dirigiendo y coordinando las labores de ésta. Es elegido por los propios miembros de la Cámara
en la sesión constitutiva de la misma mediante votación con papeletas en las que cada
parlamentario escribe su nombre. Las funciones presidenciales son de coordinación y de
carácter representativo o procedimental.
• Función carácter procedimental: le confieren una notable influencia
para determinar los trabajos de la Cámara, y su atribución de dirigir
los debates puede resultar decisiva para el curso de éstos.
• Función interpretadora y supletoria del Reglamento: la que otorga al
presidente una gran potestad normativa en los casos en los que es preciso
interpretar el ordenamiento interno de la Cámara. Hay que recordar que
las resoluciones del presidente se integran en la normativa
reglamentaria y adquieren con ello el mismo valor que el resto de su
contenido, siempre que la facultad presidencial se utilice para suplir sus
omisiones o interpretarla. Sin embargo, esas resoluciones presidenciales
no son susceptibles de control de constitucionalidad, aunque sí de
recursos de amparo, si vulneran derechos fundamentales de los
diputados.
§ La Mesa
Junto con el presidente, la Mesa y la Junta de Portavoces son los órganos de Gobierno de las
Cámaras. La Mesa se encuentra presidida por el presidente de la Cámara y cuenta con varios
vicepresidentes (4 en el Congreso y 2 en el Senado) y los Secretarios. Se elige también en la
sesión constitutiva de las Cámaras, por el sistema de papeletas, en las que cada parlamentario
solo puede elegir un nombre para cada cargo.
• Representación plural: este sistema de voto limitado implica que la Mesa sea,
necesariamente, una representación plural de la Cámara, de forma que las minorías estarán
siempre presentes en ella.
• Función colectiva: es el órgano rector de la Cámara y, por ende, el que organiza el trabajo
parlamentario, goza de amplias atribuciones y, en suma, ejerce realmente la dirección del
trabajo parlamentario.
• Función directiva: su función directiva se concreta, sobre todo, en las vertientes
administrativa y gestora de la Cámara.
• Función política: corresponde a la Mesa es fijar el calendario de trabajos de la Cámara.
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§ La Junta de Portavoces
El presidente de la Cámara, ostenta también la Presidencia de la Junta de Portavoces. Se trata
de un órgano relativamente moderno, que refleja estructuralmente el carácter racionalizado del
parlamentarismo actual y el protagonismo que en el mismo cobran los grupos parlamentarios.
Su reciente aparición se traduce en la poca regulación con la que cuenta en los Reglamentos, que
ni siquiera lo definen ni expresan sus funciones. La Junta de Portavoces se compone de un
representante (portavoz) por cada uno de los grupos parlamentarios, y a ella acude, además,
una representación del Gobierno.
- Órgano político
Si la Mesa es un órgano de carácter fundamentalmente gestor, la Junta de Portavoces es
eminentemente política. Es en ella donde se institucionaliza la relación entre el Gobierno y
Cámara, y es en ella donde se conoce con certeza la opinión de los grupos parlamentarios sobre
el funcionamiento de ésta. Las decisiones de la Junta de Portavoces se adoptan por voto
ponderado, de manera que cada portavoz cuenta con tantos votos como parlamentarios
integran su grupo. De esta forma, mientras la Mesa planifica a largo plazo los trabajos de la
Cámara y dirige sus funciones administrativas y presupuestarias, la Junta de Portavoces fija, de
acuerdo con el Presidente, el orden del día del Pleno, o modifica el ya fijado, y adopta las
decisiones de carácter más eminentemente político.
§ El Pleno
El papel fundamental del Pleno deriva de que es en él donde más relevancia cobra el principio
de publicidad de los actos parlamentarios, debido a que sus reuniones son las que obtienen
mayor repercusión. Precisamente por ello, así como por las características del órgano, se tiende
a reservar para el Pleno las funciones y debates de más hondo contenido político. Al Pleno
acuden:
- Miembros de la Cámara
- Miembros del Gobierno: ocupan su sitio en el banco azul
y cuentan con voz, pero no con voto, salvo que sean
miembros de la Cámara.
- Miembros de la otra Cámara: no cuentan con voz ni con
voto.
- Otros: necesitan de la expresa autorización del
presidente.
La ubicación de los Diputados en el Salón de Sesiones tiene lugar de acuerdo con su adscripción
a los grupos parlamentarios. La tradición manda que los grupos de izquierda se coloquen en
ese lado del hemiciclo, y los de derecha en el correspondiente; de hecho, es precisamente de esa
ubicación en la Sala de donde traen causa las denominaciones de izquierda y derecha.
Los Plenos se celebran, en principio, durante los períodos de sesiones, pero pueden celebrarse
Plenos extraordinarios (fuera de los períodos de sesiones) en los supuestos constitucionalmente
previstos (art. 73.2 CE). Las fechas de celebración de los Plenos son fijadas por la Mesa de la
Cámara al principio de cada período de sesiones, aun cuando pueden alterarse si las circunstancias
lo aconsejan. Pueden existir, también, Plenos conjuntos de las dos Cámaras, directamente
relacionados con las funciones de las Cortes Generales respecto de la Corona: sucesión,
nombrar al Regente o al tutor del Rey menor, proclamación del Rey…
1. Las Cámaras se reunirán anualmente en dos períodos ordinarios de sesiones: el primero, de septiembre a diciembre,
y el segundo de febrero a junio.
Art.
2. Las Cámaras podrán reunirse en sesiones extraordinarias a petición del Gobierno, de la Diputación Permanente o de
73
la mayoría absoluta de los miembros de cualquiera de las Cámaras. Las sesiones extraordinarias deberán convocarse
sobre un orden del día determinado y serán clausuradas una vez que éste haya sido agotado.
- 27 -
§ Las Comisiones
Las Comisiones (art. 75.1 CE) son otros órganos de funcionamiento que facilitan el
funcionamiento de los Plenos.
• Especificidad: en las Comisiones se discuten con relativa minuciosidad los proyectos y
proposiciones de ley, y es también en ellas donde tiene lugar, además de la controversia
política, el debate técnico.
• Procedimiento legislativo: en el texto por ellas elaborado (Dictamen) no solo sirve de base
de trabajo al Pleno sino que es, generalmente, el que será definitivamente aprobado por
éste.
• Competencia legislativa plena: los proyectos o proposiciones de ley pueden ser
directamente aprobados por ellas, sin pasar por el Pleno, siempre que no afecten a
determinadas materias (art. 75.2 y 75.3 CE). Ello obedece a que el carácter técnico y
especifico de un proyecto de ley no justifica su debate en el Pleno, y su aprobación en la
Comisión permite descargar el orden del día de aquel y aprobarlo con mayor rapidez.
• Clases de Comisiones:
- Comisiones Permanentes legislativas: constituyen un
órgano ordinario. Cada una tiene asignada un área
competencial que se corresponda con un Ministerio.
- Comisiones Permanentes no legislativas: son de índole
gestor o administrativo. Otras comisiones, en cambio,
pueden referirse al control, creando normas sectoriales
(caso del Defensor del Pueblo).
- Comisiones de Investigación: se crean para asuntos de
interés público.
- Comisiones no permanentes: se denominan también como Comisiones Especiales y
son constituidas por acuerdo del Pleno de la Cámara para tratar un objeto concreto.
Limitan su competencia al asunto para cuyo examen fueron constituidas y quedan
disueltas una vez que se extingue el objeto que justificó su creación.
• Reproducción del Pleno: cuentan con una Mesa y un Presidente que ejercen funciones
análogas a las de las Cámaras, y celebran sus sesiones durante el período de sesiones de la
Cámara.
• Función básica: conocer los proyectos o proposiciones de ley en tramitación y elaborar
sobre ellos un Dictamen que será elevado al Pleno de la Cámara. Además de ello, participan
también en la función de control parlamentario del Gobierno, a cuyos miembros pueden
presentar preguntas orales y solicitar que comparezcan para informar sobre un asunto
determinado.
- 28 -
Todas estas funciones justifican que los grupos parlamentarios reciban, para hacer frente a ellas,
aportaciones materiales y económicas de distinta índole. Así, la Cámara les dota de locales y
medios materiales, y les asigna una subvención que está compuesta de dos partes:
• Fija e igual para todos los grupos
• Varía en razón del número de Diputados adscrito a cada grupo.
- Grupos territoriales
Por último, hay que tener en cuenta que el Reglamento del Senado posibilita la creación de
grupos territoriales dentro de cada grupo parlamentario.
§ La Diputación Permanente
Existen períodos durante los cuales las Cámaras no están en sesiones, siendo más habituales dos:
• Período electoral: entre la disolución de las Cámaras y la constitución de sus sucesoras (art.
68.6 CE).
• Vacaciones parlamentarias: entre períodos de sesiones o las denominadas “vacaciones
parlamentarias”
En ese tiempo las Cortes Generales no podrían actuar. Por lo tanto, para estos períodos las
Cámaras cuentan con un órgano de funcionamiento de características singulares: la Diputación
Permanente (Comisión de miembros de la Cámara) Para evitar que se produzca un largo
período de tiempo sin órganos parlamentarios se acude a la técnica de la “prorrogatio”.
Está recogida en la propia Constitución y regulada con detalle en los Reglamentos de Congreso
y Senado. De acuerdo con aquélla, las Diputaciones Permanentes habrán de contar, al menos, con
21 miembros, que representarán a los grupos parlamentarios en proporción a su importancia
numérica y son designados por ellos. Están presididas por el presidente de la Cámara y, en
términos generales, se rigen por las mismas normas de funcionamiento que el resto de las
Comisiones Permanentes.
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- Procedimiento de repesca
Parece razonable proporcionar la oportunidad a aquellos trabajos legislativos que quedaron en
una situación de “impasse legislativo” de continuarlos en el estado en que quedaron, lo que
resulta de especial utilidad si las dos Cámaras responden a idéntica o parecida composición
política. Estos son los denominados procedimientos de “repesca” de los trabajos en curso en la
legislatura anterior que decayeron por finalizar el mandato de ésta, como ya hiciese en una ocasión
una Resolución de la Presidencia del Congreso de 9 de abril de 1979. Sin embargo, no existe
una previsión general para tales mecanismos.
El período de sesiones es el marco temporal ordinario en el cual pueden tener lugar, válida y
ordinariamente, las reuniones de la Cámara.
La solicitud de la convocatoria debe incorporar el orden del día que se propone, y la sesión
debe ceñirse al mismo. Además, la Diputación Permanente convocará al Pleno del Congreso si:
• El Gobierno aprueba durante las vacaciones parlamentarias un Decreto-Ley para resolver
sobre su convalidación.
• Los supuestos de declaración de los estados de alarma, excepción o sitio.
- 30 -
§ Requisitos de validez
• Haber sido convocadas reglamentariamente (art. 79.1 CE): las reuniones que se celebren
sin tal convocatoria, ni serán válidas, ni estarán amparadas por las prerrogativas
parlamentarias (art. 67.3 CE).
• Deben contar con el preceptivo quórum para llegar a acuerdos: en ambas Cámaras es la
mayoría (la mitad más uno) de los miembros de la misma. El objeto del quórum es evitar
que un pequeño grupo de parlamentarios aproveche la ausencia de la mayoría para adoptar
acuerdos. Es necesario constatar que el quórum se presume, salvo que alguien solicite el
recuento o que, realizada una votación, se constate su inexistencia.
• Deben incluir un “orden del día”: es la relación de materias a tratar en la sesión. Ningún
punto no incluido en él puede ser tratado. El orden del día es fijado por el Presidente de
acuerdo con la Junta de Portavoces. Una vez iniciada la sesión, el orden del día sólo puede
ser modificado por acuerdo del Pleno de la Cámara, a propuesta de su Presidente o de los
demás sujetos legitimados, según el respectivo Reglamento.
§ Publicidad
Las sesiones se celebran habitualmente de martes a viernes en el Congreso y de martes a jueves
en el Senado y son, en principio, públicas (art. 80 CE). De hecho, la publicidad de las sesiones
y de los argumentos y programas en ellos expuestos por los distintos partidos son uno de los
atributos de los Parlamentos democráticos y, hoy en día, una de sus mayores funcionalidades.
La publicidad es, por otro lado, elemento necesario para que los electores sepan qué decisiones
tomar a la hora de elegir las futuras Cámaras. De ahí que el principio general de las deliberaciones
parlamentarias sea la publicidad, lo que se traduce en la existencia en los salones del Pleno de
unas tribunas abiertas al público y, sobre todo, en el acceso a los mismos de los medios de
comunicación.
En todo caso, la Presidencia siempre puede, de acuerdo con la Mesa, poner fin a una discusión
por entender que la cuestión está suficientemente debatida. Todas estas disposiciones pretenden
ordenar el debate y evitar las prácticas conocidas como “obstruccionismo” o “filibusterismo”.
ü Ej. Sucesivas intervenciones de larga duración
- 31 -
§ Los votos
Los votos requeridos para que las Cámaras adopten sus acuerdos varían según los casos. La
regla general es mayoría simple de los presentes (más votos a favor que en contra), siempre que
se alcance el quórum requerido. En otros casos, la Constitución, las leyes o el propio
Reglamento exigen mayorías cualificadas como:
• Mayoría absoluta: voto de la mitad más uno de los miembros de la Cámara. Las mayorías
absolutas cuentan con mayor rigor ya que deriva de la base del cómputo de la totalidad de
los miembros de la Cámara.
ü Ej. Investir al Presidente del Gobierno en primera votación
• Mayorías superiores: como puede ser los 3/5 de los miembros de la Cámara para elegir a
los Magistrados del TC.
La forma de las votaciones es por lo general irrelevante, pero cobra importancia en supuestos en
los que resulta de interés público conocer la posición del parlamentario, como sucede en el
procedimiento legislativo, en la investidura del Presidente del Gobierno o en las mociones de
censura o cuestiones de confianza. De ahí que en estos casos esté excluida la votación secreta,
y que en los tres últimos supuestos la votación deba ser pública por llamamiento, a fin de
individualizar el voto de cada Diputado.
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o INTRODUCCIÓN
La Constitución atribuye a las Cortes Generales la función legislativa del Estado, esto es, la tarea
de elaborar las normas centrales del ordenamiento jurídico. Además de la función normativa
y de la función de control político del Gobierno, existe la función financiera, que posee un
doble contenido:
• Facultad del Parlamento: para aprobar las leyes que establecen el régimen de ingresos del
Estado, mediante la imposición de tributos, capacidad impositiva que se encuentra en el
origen de los Parlamentos medievales anteriores al constitucionalismo (no taxation without
representation).
• Ley de Presupuestos: es la representación de la potestad de aprobar anualmente las
cuentas del Estado, la cual implica un importante medio de control de la actuación del
Gobierno y la Administración.
En efecto, los sistemas parlamentarios han derivado hacia una pérdida de iniciativa política del
Parlamento en beneficio del Gobierno. Esto supone una transformación del papel del
Parlamento: de ser el centro del debate político donde se gestaba la dirección política a ser un
órgano de elaboración de normas a partir de proyectos del Gobierno y de control de la gestión
de éste.
La facultad de la iniciativa legislativa es promover la elaboración de una ley por parte de las
Cámaras parlamentarias. La evolución de la iniciativa legislativa ha pasado por varios actores
(Monarca, Gobierno, Cámaras parlamentarias o electorado) hasta su compartición entre
diversos sujetos. Esta evolución ha conducido, por lo general, como en el caso español, a una
pluralidad de sujetos titulares de la iniciativa legislativa. Sin embargo, debe tenerse en cuenta
que, pese a su importancia, la facultad de iniciativa legislativa no forma parte propiamente del
núcleo básico de la función legislativa, sino que constituye únicamente una fase preliminar que
abre paso a dicha función.
1. La iniciativa legislativa corresponde al Gobierno, al Congreso y al Senado, de acuerdo con la Constitución y los
Reglamentos de las Cámaras.
2. Las Asambleas de las Comunidades Autónomas podrán solicitar del Gobierno la adopción de un proyecto de ley o
Art. remitir a la Mesa del Congreso una proposición de ley, delegando ante dicha Cámara un máximo de tres miembros
87 de la Asamblea encargados de su defensa.
3. Una ley orgánica regulará las formas de ejercicio y requisitos de la iniciativa popular para la presentación de
proposiciones de ley. En todo caso se exigirán no menos de 500.000 firmas acreditadas. No procederá dicha iniciativa
en materias propias de ley orgánica, tributarias o de carácter internacional, ni en lo relativo a la prerrogativa de gracia.
- 33 -
1. La tramitación de las proposiciones de ley se regulará por los Reglamentos de las Cámaras, sin que la prioridad debida
Art. a los proyectos de ley impida el ejercicio de la iniciativa legislativa en los términos regulados por el artículo 87.
89 2. Las proposiciones de ley que, de acuerdo con el artículo 87, tome en consideración el Senado, se remitirán al Congreso
para su trámite en éste como tal proposición.
- Senado
• Requisitos formales: tienen derecho a presentar una proposición de ley 25 senadores o un
grupo parlamentario. Debe ir acompañada de los necesarios antecedentes y exposición de
motivos.
• Toma en consideración: siendo en el Senado donde se adopta la decisión sobre la toma en
consideración, siendo luego enviada al Congreso, donde comienza ya directamente la fase
sustantiva de la tramitación. Cabe la posibilidad de que, pese a superar la fase de toma en
consideración en el Senado, se admita la propuesta de enmiendas a la totalidad en el
Congreso.
• Gobierno: el Reglamento del Senado no contempla de forma expresa un plazo para que
el Gobierno pueda manifestar su oposición a la tramitación de la proposición.
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- Requisitos formales
• Impulsada por Comisión Promotora
• Admisión de la proposición por parte de la Mesa del Congreso
• Firma de 500.000 ciudadanos: la comisión promotora dispone de un plazo de 9 meses,
prorrogable por 3 meses más, para proceder a la recogida de las 500.000 firmas exigidas por
la ley, que deberán ser autenticadas.
- Requisitos materiales
• Límites materiales: el artículo 87.3 de la CE excluye expresamente las materias reservadas
a ley orgánica, las tributarias, las de carácter internacional etc. La ley añade otras materias,
resultantes de la reserva constitucional a favor del Gobierno de la iniciativa legislativa en las
mismas: la iniciativa popular no podrá versar sobre proyectos de planificación económica ni
sobre los Presupuestos Generales del Estado.
• Otros límites: la ILP puede ser rechazada si se encuentra en tramitación un proyecto o
proposición de ley sobre el mismo objeto, si es reproducción de otra ILP de contenido
análogo presentada durante la misma legislatura, o si la proposición versa sobre materias
manifiestamente distintas y carentes de homogeneidad entre sí.
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- Procedimiento de repesca
Parece razonable proporcionar la oportunidad a aquellos trabajos legislativos que quedaron en
una situación de “impasse legislativo” de continuarlos en el estado en que quedaron, lo que
resulta de especial utilidad si las dos Cámaras responden a idéntica o parecida composición
política. Estos son los denominados procedimientos de “repesca” de los trabajos en curso en la
legislatura anterior que decayeron por finalizar el mandato de ésta, como ya hiciese en una ocasión
una Resolución de la Presidencia del Congreso de 9 de abril de 1979. Sin embargo, no existe
una previsión general para tales mecanismos.
- Fase de comisión
El proyecto o proposición pasa a examen y votación en las comisiones correspondientes (según
la materia sobre la que verse). En ellas, se debaten las enmiendas al texto que hayan presentado,
en el plazo previo que determine el Reglamento, los diputados o grupos parlamentarios. Para
sistematizar el debate, la comisión designa una ponencia, encargada de elaborar un informe
sobre el texto y las enmiendas al mismo. Como consecuencia de la discusión (en sesiones en las
que puedan acudir los medios de comunicación) la comisión elabora un texto (dictamen) que
pasa a ser discutido en el Pleno.
- Fase de Pleno
El dictamen de la comisión es sometido a discusión y votación en el Pleno de la Cámara: en esta
fase pueden mantenerse enmiendas que no hayan sido aceptadas por la comisión. En ese caso,
el Pleno deberá pronunciarse por el texto propuesto por la comisión, por el texto alternativo
mantenido por la enmienda, o por un texto de transacción.
- 36 -
§ Discusión en el Senado
Una vez aprobado el texto del proyecto o proposición de ley por el Congreso, su Presidente lo
remite al del Senado. Esta Cámara dispone de un plazo de dos meses (20 días en los declarados
urgentes por el Gobierno o por el Congreso) para oponer su veto o para proponer enmiendas.
En ambos casos y al igual que en el Congreso, primero tiene lugar una lectura en comisión y
luego otra en Pleno, debiendo desarrollarse ambas en el citado plazo constitucional de dos meses.
En la definitiva lectura de Pleno, la aprobación del veto necesita la mayoría absoluta de la
Cámara. Si el Senado no veta ni modifica el texto enviado por el Congreso, dicho texto queda
ya preparado para su sometimiento a la sanción real.
§ Sanción real
La sanción de las leyes es un requisito constitucionalmente necesario para perfeccionar el
texto de la ley. La Constitución española contempla la figura de la sanción real al enumerar las
funciones del Monarca (art. 62.a) y en el artículo 91, precepto que determina el deber
constitucional del Rey de sancionar las leyes aprobadas por las Cortes Generales en un plazo
de 15 días.
Por otra parte, la sanción es un acto debido que no permite ninguna discrecionalidad al
Monarca, lo que convierte a la sanción real en un requisito formal y obligado, prácticamente
equivalente a la promulgación.
§ Promulgación
La Promulgación es el acto de comprobación y proclamación de que
la ley cumple con todos los requisitos constitucionalmente exigidos,
con el consiguiente mandato de que se cumpla y sea obedecida. De
acuerdo con el artículo 91 CE, tras la obligada sanción el rey debe
proceder a la promulgación, a la que vez que ordena su inmediata
publicación.
- 37 -
§ Publicación
La introducción del texto de la ley en una publicación oficial, BOE, determina el cumplimiento
del principio constitucional, propio de todo Estado de Derecho, de la publicidad de las normas
(art. 9.3 CE), fijando el momento de su incorporación al ordenamiento jurídico. La entrada en
vigor se inicia en la fecha establecida en la propia norma por el legislador, quien puede prever
una Vacatio legis, esto es un período en el que la norma publicada todavía no entra en vigor. En
defecto de previsión expresa, las leyes entran en vigor tras una Vacatio legis de 20 días prevista
con carácter general por el Código Civil en su artículo 2.1.
- 38 -
Por función financiera se entiende la potestad de las Cortes para determinar la estructura de
los ingresos y gastos del Estado. Asimismo, la función financiera comprende la potestad
tributaria (aprobación de leyes que regulan impuestos de donde proceden los fondos públicos)
y la potestad presupuestaria (facultad de aprobar anualmente las cuentas del Estado mediante
la Ley de Presupuestos). En relación con la función financiera puede hablarse del principio de
legalidad financiera, ya que la regulación constitucional impone reserva de ley tanto sobre el
ejercicio de la potestad tributaria como sobre el de la presupuestaria.
§ La potestad tributaria
La potestad tributaria consiste en la capacidad para imponer tributos (impuestos) que afecten
los ingresos y bienes de los ciudadanos. La Constitución española atribuye dicha capacidad en
forma originaria “exclusivamente al Estado, mediante ley” (art. 133.1 CE). La potestad tributaria
no puede ejercitarse mediante la Ley de Presupuestos. La propia Ley de Presupuestos prohíbe
la creación de tributos a través de dicha ley. Sin embargo, la Constitución admite la modificación
de los mismos cuando una ley tributaria así lo prevea. El sistema tributario debe ajustarse a los
principios materiales mencionados en el art. 31 de la CE, de justicia, igualdad y
progresividad, vistos al tratar los deberes tributarios de los ciudadanos.
1. Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un
sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad que, en ningún caso, tendrá alcance
Art. confiscatorio.
31 2. El gasto público realizará una asignación equitativa de los recursos públicos, y su programación y ejecución
responderán a los criterios de eficiencia y economía.
3. Sólo podrán establecerse prestaciones personales o patrimoniales de carácter público con arreglo a la ley.
§ La potestad presupuestaria
Los Presupuestos Generales del Estado constituyen la previsión de ingresos y la autorización
de gastos anual de los poderes públicos y constituyen una pieza fundamental en el
funcionamiento del Estado. La Constitución prevé expresamente un procedimiento de
elaboración específico y determinados requisitos materiales.
• Potestad exclusiva del Gobierno: se le atribuye la elaboración de los Presupuestos, de tal
forma que éstos solamente pueden partir de un proyecto gubernamental. Está asociado a la
función que constitucionalmente compete al Gobierno de dirección de la política, que le
hace ser asimismo el más idóneo para establecer las correspondientes prioridades de gastos.
• Carácter anual: la Constitución también impone al Gobierno un plazo estricto para la
presentación del proyecto, que debe efectuarse ante el Congreso de los Diputados “al menos
3 meses antes de la expiración de los del año anterior”.
- 39 -
• Labor de las Cortes: la Constitución atribuye a las Cortes Generales el “examen, enmienda
y aprobación” de los Presupuestos. Ahora bien, la reserva al Gobierno de la iniciativa
presupuestaria es consagrada en la Constitución en términos absolutos ya que están
condicionados a la voluntad del Gobierno en la medida en que supongan aumento de los
créditos o disminución de los ingresos presupuestarios del propio ejercicio económico en
curso. Esto ocurre para evitar que los Presupuestos sean fácilmente alterados a lo largo del
ejercicio económico.
• Proposición de ley con afectación presupuestaria: se admite la posibilidad de que puedan
existir proposiciones de ley o enmiendas a textos legales en discusión que supongan un
aumento de los créditos o disminución de los ingresos presupuestarios. Sin embargo, su
tramitación queda condicionada a la conformidad del Gobierno (art. 134.5 y 134.6 CE),
responsable de la política presupuestaria.
• Autonomía presupuestaria: existen ciertos órganos e instituciones con la facultad de
elaborar sus propios presupuestos, pese a que serán englobados en los PGE elaborados por
el Gobierno. Estos órganos son: la Familia y la Casa Real, las Cortes Generales, el CGPJ,
el Tribunal Constitucional y el Tribunal de Cuentas.
• Completos: los Presupuestos deben ser completos y contener la totalidad de los ingresos
y gastos del Estado y del sector público estatal (art. 134.2 CE). Asimismo, el artículo 135.2
CE prevé que los créditos para satisfacer el pago de intereses y capital de la deuda pública
del Estado se entenderán siempre incluidos en los gastos de los Presupuestos.
• Deuda pública: el principio de legalidad presupuestaria alcanza también a la emisión de
deuda pública o al endeudamiento del Estado. Así, la Constitución requiere la autorización
por ley para que el Gobierno emita deuda pública o contraiga crédito.
• Modificación de disposiciones legales: el Tribunal Constitucional ha admitido la
constitucionalidad de dicho procedimiento siempre que tales disposiciones estén
directamente relacionadas con las previsiones de ingresos y habilitaciones de gastos
(contenido propio y específico de los presupuestos). Debe señalarse que el legislador ha
reaccionado a esta decisión de la jurisprudencia constitucional aprobando todos los años, al
tiempo que la Ley de Presupuestos, una Ley ordinaria (habitualmente denominada “Ley de
medidas económicas, fiscales, administrativas y de orden social”), en la que incorpora
diversas modificaciones de leyes sustantivas de muy distintas materias.
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§ Información y control
La Constitución prevé que las Cámaras y sus Comisiones puedan solicitar al Gobierno y a sus
Departamentos la información y documentación que precisen (109 CE). El Tribunal
Constitucional ha considerado que ese derecho se integra dentro del reconocido en el art. 23.2
CE.
• Contenido crítico: la actividad de control puede limitarse a una mera petición de
información, pero normalmente incorpora, además, la emisión de un juicio crítico sobre la
actividad gubernamental.
• Comparecencia gubernamental: el artículo 110 CE prescribe que las Cámaras pueden
reclamar la presencia de los miembros del Gobierno, los cuales también pueden solicitar
comparecer ante las Cámaras.
• Debates: uno de los más característicos debates de nuestra práctica parlamentaria es el
denominado “Debate sobre el Estado de la Nación”, que figura entre los instrumentos de
control parlamentario con mayor repercusión pública.
- 41 -
§ Preguntas
• Previsión reglamentaria: El Reglamento del Congreso cumple este mandato estableciendo
una regla general de dos horas semanales para la realización de preguntas e
interpelaciones.
• Objeto concreto: las preguntas se caracterizan porque tienen un objeto concreto y
determinado (un hecho, una situación o una información).
• Tres clases de preguntas:
- Escrita: hay preguntas para las que se solicita respuesta por escrito. En tal caso, el
Gobierno debe contestar a la pregunta en un plazo de 20 días, aunque es susceptible de
ampliación.
- Oral en Comisión: si el Gobierno no contesta a la pregunta escrita, esta se transforma
en oral en Comisión.
- Oral en Pleno: se realizan ante el Pleno de la Cámara en las sesiones correspondientes
al control parlamentario, y suponen un debate entre el parlamentario que formula la
pregunta y el miembro del Gobierno que la contesta. Al objeto de que el debate sea lo
más vivo posible, el tiempo disponible es muy corto (máximo de dos minutos y medio
para cada uno) y se controla con el máximo rigor.
§ Interpelaciones
Las interpelaciones coinciden con las preguntas en ser realizadas oralmente en el Pleno de la
Cámara, pero se distinguen de ellas por el nivel de concreción. Las interpelaciones tratan “sobre
los motivos o propósitos de la política del Ejecutivo en cuestiones de política general”. El tiempo
disponible para las intervenciones es mayor (10 minutos), haciendo el debate menos dinámico.
En la interpelación los grupos parlamentarios distintos al interpelante pueden fijar
posiciones. La interpelación pueden concluir en una moción que se presenta, para su aprobación,
al Pleno de la Cámara. Las interpelaciones son el medio adecuado para debatir sobre algún
aspecto más general de la política del Ejecutivo y son más atemporales.
§ Comisiones de Investigación
Para que se constituya una Comisión de Investigación deben concurrir una propuesta del
Gobierno, de la Mesa de la Cámara, de los grupos parlamentarios o de 1/5 de los Diputados
y la posterior aprobación de tal propuesta por el Pleno de la Cámara. Las Comisiones de
Investigación son de carácter temporal, y pueden crearse para “cualquier asunto de interés
público”. Lo más característico de estas Comisiones es que pueden requerir que comparezca ante
ellas, para informar, cualquier ciudadano y cargo público o funcionario, siendo obligatorio
hacerlo e incurriendo en delito de desobediencia grave el que no lo hiciere. Además, pueden
solicitar y obtener respecto de los ciudadanos que hubieran ostentado funciones públicas:
- La declaración del IRPF
- Impuesto sobre el Patrimonio.
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El régimen parlamentario incluye, como uno de los elementos esenciales, el que el Parlamento
tenga la posibilidad de retirar la confianza que ha otorgado al Gobierno, sustituyéndolo por
otro. Se establecen, además, unos requisitos formales que es necesario cumplir, y un
procedimiento que es necesario seguir, para poder exigir la responsabilidad política del
Gobierno. La Constitución prescribe (art. 101.1 CE) que el Gobierno cesa “en los casos de
pérdida de la confianza parlamentaria previstos en la Constitución”. Por lo tanto, no cabe
entender retirada la confianza parlamentaria más que en esos supuestos específicos.
1. El Gobierno cesa tras la celebración de elecciones generales, en los casos de pérdida de la confianza parlamentaria
Art. previstos en la Constitución, o por dimisión o fallecimiento de su Presidente.
101 2. El Gobierno cesante continuará en funciones hasta la toma de posesión del nuevo Gobierno.
§ Características
• Principio de oportunidad: la responsabilidad política no se rige por el principio de legalidad,
sino por el de oportunidad y la única consecuencia sancionadora que se deriva de su exigencia
es la pérdida del cargo político que se ocupe.
• Carácter objetivo: puede exigirse por la mera concurrencia de un hecho o, incluso, por la
actuación de un tercero, aún cuando la actuación subjetiva del responsable no esté
directamente vinculada al hecho generador de la responsabilidad.
§ La moción de censura
- Concepto: sustitución de un Gobierno por otro
La moción de censura consiste en que el Congreso, a iniciativa propia, retira la confianza
otorgada al Presidente del Gobierno. En el sistema español, la moción de censura es una iniciativa
parlamentaria específica y absolutamente autónoma. La característica más destacada de la
construcción constitucional de la moción de censura es la preocupación por la estabilidad
gubernamental y, sobre todo, por evitar los vacíos de poder.
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- Requisitos
La existencia de requisitos hacen de la moción de censura un instrumento parlamentario de
utilización limitada y selectiva y de difícil viabilidad.
• 35 diputados: es preciso que la moción sea suscrita por al menos una décima parte de los
Diputados. Se precisa pues el concurso de 35 diputados para presentar una moción de
censura. Hasta el presente, este requisito se ha traducido en que solo un grupo
parlamentario (el mayoritario de la oposición) ha estado en condiciones de promover una
moción de censura.
• Propuesta de un candidato: el artículo 113.2 CE determina que se necesita proponer a un
candidato. Este requisito es el que configura a la moción como “constructiva”.
• Límites: los Diputados firmantes de una moción de censura no podrán, si la moción no
prospera, volver a presentar otra durante el mismo período de sesiones.
- Procedimiento
• Admisión a trámite: la mera admisión a tramite apareja efectos jurídicos ya que a partir de
ese momento, el Presidente del Gobierno no podrá proponer al Rey la disolución de las
Cortes.
• Período de reflexión de 5 días: durante los dos primeros días se pueden presentar
mociones alternativas. Posibilita acuerdos parlamentarios encaminados a la formación de
un Gobierno con respaldo del Congreso.
• Regulación del debate previo: el protagonista del debate es el candidato a Presidente, en
condición de aspirante al cargo.
• Doble intervención: primero defiende la moción de censura uno de los firmantes y,
posteriormente, intervendrá el candidato a Presidente exponiendo su programa. El carácter
constructivo de la moción exige que se presente un programa y habilita la posibilidad de
que el candidato no sea Diputado, como ya ha sucedido en alguna ocasión. El objetivo es
que se realice un diálogo entre el candidato a Presidente y los grupos parlamentarios.
• Votación: no puede tener lugar si no han transcurrido 5 días desde la presentación de la
moción. Para que la moción de censura prospere debe obtener la mayoría absoluta del
Congreso de los Diputados.
- Efectos
• Si no se aprueba la moción: el Gobierno recupera la facultad de disolución de las Cámaras
que había perdido al admitirse a trámite.
• Si la moción fuese aprobada: se entiende retirada la confianza al Presidente en ejercicio
y otorgada al candidato, por lo que el primero cesa (art. 101 CE) y debe presentar su
dimisión al Rey, que nombrará Presidente del Gobierno al segundo, todo ello de forma
automática (art. 114.2 CE). No resulta preciso, pues, abrir el proceso de designación.
§ La cuestión de confianza:
- Concepto
Hay situaciones en las que es el Gobierno el que puede considerar que le resulta conveniente
renovar la confianza que el Parlamento le otorgó y ratificar, por tanto, su respaldo
parlamentario.
- Procedimiento
• Iniciativa gubernamental: a diferencia de lo que sucede en la moción de censura, la
iniciativa para comprobar que la confianza parlamentaria se mantiene es del poder ejecutivo.
El planteamiento de la cuestión corresponde (112 CE) al Presidente del Gobierno, previa
deliberación del Consejo de Ministros. Es el Presidente quien decide o no plantear la
cuestión de confianza, en coherencia con el hecho de que a él personalmente, y no al
Gobierno en su conjunto, fue a quien se la otorgó el Congreso en la investidura.
• Aplicabilidad: la cuestión de confianza supone un juicio sobre una gestión del Gobierno (la
propia Constitución predica la solidaridad de la responsabilidad gubernamental). Ni un
cambio de Gobierno ni las alteraciones del programa gubernamental obligan al Presidente a
plantear la cuestión de confianza, siendo absoluta su libertad a este respecto.
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• Requisitos formales:
a) Ha de presentarse por escrito ante la Mesa del Congreso acompañada de una
certificación del Consejo de Ministros que acredita que se ha producido la deliberación
constitucionalmente requerida.
b) El Reglamento prevé un período de reflexión de 24 horas que deben de pasar para que
pueda ser votada.
c) Renovación de la confianza: el Gobierno gana la votación de la cuestión de confianza
por mayoría simple de los Diputados presentes (112 CE).
d) Pérdida de la confianza: la pérdida de la cuestión de confianza implica el cese de todo
el Gobierno.
• Consecuencias de la presentación de la cuestión de confianza: la admisión a trámite de la
cuestión de confianza no implica disminución alguna de las facultades gubernamentales. Por
tanto, si el Presidente del Gobierno lo considera conveniente puede proponer al Rey la
disolución de las Cortes.
- Efectos
Si el Gobierno gana la votación, continuará en el ejercicio de sus funciones con el reforzamiento
político derivado de la revalidación de la confianza parlamentaria, aunque puede suceder que,
aun ganado la cuestión de confianza, el Gobierno resulte debilitado.
Si, por el contrario, el Congreso retira su confianza al Gobierno, éste debe presentar su
dimisión al Rey, abriéndose a continuación el procedimiento previsto para la designación del
Presidente del Gobierno (art. 114.1 CE). El Gobierno continúa en funciones (art. 101.2 CE) hasta
la toma de posesión de su sucesor, y pierde la facultad de disolución de las Cámaras. El
procedimiento concluiría con la investidura de un nuevo Presidente y la toma de posesión de
un nuevo Gobierno, sin que ello excluya la posibilidad de que el Presidente que se invista pueda
ser el miso al que se retiró la confianza.
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Tema 6: El Gobierno
1. El Gobierno se compone del Presidente, de los Vicepresidentes, en su caso, de los Ministros y de los demás miembros
que establezca la ley.
2. El Presidente dirige la acción del Gobierno y coordina las funciones de los demás miembros del mismo, sin perjuicio
Art.
de la competencia y responsabilidad directa de éstos en su gestión.
98
3. Los miembros del Gobierno no podrán ejercer otras funciones representativas que las propias del mandato
parlamentario, ni cualquier otra función pública que no derive de su cargo, ni actividad profesional o mercantil alguna.
4. La ley regulará el estatuto e incompatibilidades de los miembros del Gobierno.
Así, el Gobierno se estructura como un órgano pluripersonal, pero con una destacada
característica: junto a las funciones colectivas del Gobierno como collegium, sus miembros
tienen funciones propias (órganos unipersonales).
Las actuaciones o decisiones del Gobierno en cuanto órgano pluripersonal, se realizan bajo las
expresiones de “Consejo de Ministros” y “Gobierno”, siendo ambos términos equivalentes e
intercambiables. Así, las normas básicas en cuanto a la estructura del Gobierno no establecen
diferencias entre Gobierno y Consejo de Ministros.
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§ Consejo de Ministros
Estas normas (básicas del Gobierno), al referirse al Gobierno establecen que los miembros de
éste se reunirán en Consejo de Ministros o en Comisiones Delegadas del Gobierno. Las
Comisiones Delegadas se configuran, como indica su mismo nombre, como órganos que actúan
por delegación de funciones específicas del Consejo de Ministros, que es quien crea, modifica o
suprime esas comisiones.
La Ley del Gobierno contiene una regulación básica para su funcionamiento pero se remite,
para una normación más precisa, a las disposiciones organizativas internas de funcionamiento
y actuación que sean dictadas por el Presidente del Gobierno o el Consejo de Ministros.
Usualmente, esas disposiciones de detalle se contienen en unas “Instrucciones” aprobadas en
Consejo de Ministros. Además, el Consejo de Ministros se rige no sólo por normas escritas, sino
también por usos y convenciones derivadas de la práctica (por ejemplo la de que los Consejos
de Ministros se celebren semanalmente). Dichos usos han ido derivando en regulaciones legales
tales como el secreto de las reuniones o la necesidad de levantar acta después de cada sesión
(acta en que deberán incluirse los acuerdos adoptados).
La actuación del Consejo de Ministros, como órgano plenario del Gobierno, se ve facilitada por
los que pudiéramos denominar órganos de apoyo del Consejo:
• Secretariado del Gobierno: es el encargado de proporcionar la infraestructura
administrativa del Consejo y de sus Comisiones Delegadas, y se integra en el Ministerio de
la Presidencia.
• Comisión General de Secretarios de Estado y Subsecretarios: su función consiste en
preparar las sesiones del Consejo de Ministros, informando sobre las materias a tratar por
éste.
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Los ministros son también órganos unipersonales del Gobierno, que tienen, en virtud del art.
98.2, un conjunto de competencias administrativas y la responsabilidad directa en su gestión.
Normalmente, los ministros dirigen un departamento ministerial que se corresponde con la
estructura administrativa de un ministerio, salvo el caso de los llamados ministros sin cartera,
que son ministros sin un departamento ministerial propio. Le corresponde al Real Decreto del
Presidente del Gobierno delimitar las competencias entre los distintos ministerios y desarrollar
las competencias concretas de cada ministerio.
Asimismo, es posible que surjan Ministerios con características peculiares. Con ocasión de
remodelaciones ministeriales se crean ministerios con características peculiares que los
diferencian de las áreas tradicionales de la Administración: tal sería el caso de la Oficina del
Portavoz del Gobierno. Sus titulares se configuran como jefes de departamentos reducidos,
con finalidades exclusivamente de apoyo.
- 48 -
Los ministros cuentan con dos posiciones ministeriales: la posición administrativa y la política.
Ambas posiciones implican funciones distintas y complementarias. El status del ministro no
es un status funcionarial, sino que constituye en efecto una categoría englobable en la de “altos
cargos del Estado”, con una regulación específica.
- Posición administrativa: su condición de jefe de departamento ministerial le confieren una
posición administrativa que se cristaliza en la dirección de un división administrativa.
- Posición política: es un miembro del Gobierno y, por ello, implica una colaboración en la
dirección política del país.
Queda, por otra parte, excluida cualquier otra causa de cese motivada por una voluntad
externa, como pudiera ser el cese como consecuencia de una reprobación parlamentaria
individual.
Art.
Los demás miembros del Gobierno serán nombrados y separados por el Rey, a propuesta de su Presidente.
100
1. El Gobierno cesa tras la celebración de elecciones generales, en los casos de pérdida de la confianza parlamentaria
Art.
previstos en la Constitución, o por dimisión o fallecimiento de su Presidente.
101
2. El Gobierno cesante continuará en funciones hasta la toma de posesión del nuevo Gobierno.
Los miembros del Gobierno disponen de un status peculiar, que incluye derechos y obligaciones
de muy variada índole y que singulariza su posición en relación con el resto de los ciudadanos.
El núcleo esencial de su regulación se halla en la Constitución. La Constitución en su artículo
98, se remite a la ley para la regularización del “estatuto e incompatibilidades de los miembros
del Gobierno”.
§ Régimen de incompatibilidades
El artículo 98 CE establece un núcleo mínimo. De esta manera, los miembros del Gobierno no
podrán ejercer:
• Otras funciones representativas que las propias del mandato parlamentario
• Otra función pública que no derive de su cargo, ni actividad profesional o mercantil alguna.
Este núcleo se ha visto ampliado legislativamente por la Ley reguladora del ejercicio de alto
cargo de la Administración General del Estado que extiende el régimen de incompatibilidades,
que afectará incluso a los años inmediatamente posteriores a su cese.
- 49 -
- 50 -
Los procedimientos de formación y cese del Gobierno giran en torno a la figura del
Presidente, siendo éste el encargado de proponer los nombramiento y el cese del Gobierno. Y,
en este respecto, la Constitución prevé dos formas de nombramiento del Presidente:
• Vía extraordinaria: está prevista en el artículo 113 e implica la presentación y aprobación
de una moción de censura.
• Vía ordinaria: la iniciación del procedimiento se produce, según previsiones
constitucionales (99 CE), en diversos supuestos, que implican el fin del mandato del Gobierno
anterior y que se enumeran en el artículo 101 CE. Tales supuestos son:
- La celebración de elecciones generales
- La pérdida de la confianza parlamentaria: como resultado de la derrota gubernamental
en una cuestión de confianza o la dimisión o fallecimiento del Presidente.
Estos supuestos implican el cese del Gobierno y la necesidad de nombramiento de un
Gobierno nuevo. El artículo 99 CE no señala un plazo entre el cese del Gobierno y la
apertura del procedimiento para la formación de un nuevo Gobierno. En la práctica, el plazo
ha sido breve.
§ Propuesta
En el supuesto de dimisión voluntaria o de derrota de una moción de confianza, el
procedimiento comienza una vez presentada la dimisión del Presidente ante el Rey. En los
supuestos de celebración de elecciones, el procedimiento se inicia a partir de la sesión
constitutiva del Congreso y la elección, en ésta, del Presidente de la Cámara, que cumple un
papel esencial en el proceso.
La primera fase del procedimiento, según el art. 99 CE, consiste en una serie de consultas del
Rey “con los representantes designados por los Grupos políticos con representación
parlamentaria”, dejando claro que el protagonismo corresponde a los grupos políticos. La
propuesta del Rey, a partir de tales consultas, conteniendo el nombre del candidato seleccionado
(no tiene porque ser forzosamente miembro de las Cortes) se transmite al Congreso a través de
su Presidente. Se trata de un acto formal, que debe ser refrendado por el Presidente del
Congreso (art. 64.1 CE).
§ La fase de investidura
Formalizada la propuesta por el Rey (propuesta que se publica en el Boletín de las Cortes
Generales) corresponde al Congreso de los Diputados pronunciarse sobre ella. El
pronunciamiento de los Diputados consiste en una afirmación o negación (o la abstención) sobre
el candidato propuesto, siendo imposible la formulación de alternativas. El candidato deberá
exponer “el programa político del Gobierno que pretenda formar, y solicitará la confianza de
la Cámara”. Para la investidura, se exige la “mayoría absoluta de los miembros del Congreso”.
- 51 -
Esta fórmula no supone una presión a la Cámara para que facilite el nombramiento de Presidente,
o una sanción en caso contrario, sino más bien un recurso al arbitraje del electorado, encargado
así de romper la situación de inmovilidad institucional que supone el no nombramiento de un
Presidente. Por otra parte, resulta lógico que la disolución afecte a las dos Cámaras.
En lo que se refiere al resto de los miembros del Gobierno, la Constitución atribuye también su
nombramiento al Rey (art. 100). Ahora bien, en este caso, el nombramiento se realiza a
propuesta del Presidente del Gobierno, y, dentro de la norma general del art. 64 CE, es
refrendado por este último. Los nombramientos del Presidente y demás miembros del Gobierno
se llevan a cabo mediante Real Decreto.
La Constitución prevé varios supuestos de cese colectivo del Gobierno. Dos de ellos derivan de
situaciones externas al Gobierno: la celebración de elecciones generales, y la pérdida de la
confianza parlamentaria (art. 101 CE). Pero la Constitución especifica igualmente otros dos
supuestos, vinculados a la posición del Presidente: su dimisión o fallecimiento. Son previsibles
otros eventos que condicionan el cese del Presidente como pudiera ser la declaración de
incapacidad del Presidente, o su acusación por traición. Debe destacarse que el cese del
Gobierno no supone un vacío institucional ya que el mismo artículo 101 establece que “el
Gobierno cesante continuará en funciones hasta la toma de posesión del nuevo Gobierno”.
Pero, sobre todo, ha de tenerse en cuenta que la investidura parlamentaria recae sobre el
Presidente, y no sobre el Gobierno en su conjunto (art. 99 CE); y que, consecuentemente, es el
Presidente quien tiene la competencia para nombrar y cesar, libremente, a los miembros del
Gobierno (art. 100 CE). Estos, pues, son nombrados en virtud de la confianza del Presidente, y
son responsables políticamente ante él.
Por otra parte, ello no implica una relación puramente jerárquica entre Presidente y ministros.
En primer lugar, porque la misma Constitución reserva a éstos un área propia de gestión. De
esta manera, se reconoce así un ámbito competencial ministerial, en el que no cabe una
injerencia externa.
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Art. El Gobierno dirige la política interior y exterior, la Administración civil y militar y la defensa del Estado. Ejerce la función
97 ejecutiva y la potestad reglamentaria de acuerdo con la Constitución y las leyes.
Tal enumeración supone la superación de la concepción del Gobierno como mero ejecutivo, o
como realizador de impulsos o mandatos de otros órganos y la aceptación de un papel propio,
esto es, de una auténtica “función de gobierno”.
o LA FUNCIÓN DIRECTIVA
§ Características generales
La necesidad de que los diversos órganos del Estado coordinen su actuación, de forma que no
persigan fines opuestos y contradictorios ha conllevado a que la Constitución prevea
expresamente que un órgano constitucional, el Gobierno, aparte de las funciones específicas que
se le encomiendan, disponga también de una función directiva: el art. 97 CE le confiere la
dirección de “la política interior y exterior, la Administración civil y militar y la defensa del
Estado”.
La función directiva consiste en fijar unas metas a alcanzar (objetivos de la política económica,
social, relaciones exteriores, etc.) y en impulsar al resto de los órganos constitucionales para
que provean las formas y medios de alcanzar esos objetivos. La dirección política es, por tanto,
una actividad de relación del Gobierno con otros órganos constitucionales. Como consecuencia,
el papel del Gobierno presenta dos dimensiones en parte contrapuestas:
• Ejecutor: de decisiones de otros ya que desempeña la función ejecutiva
- Director: se proyecta sobre los demás poderes del Estado.
Esta función directiva se traduce, por un lado, en las tareas genéricas que el art. 97 encomienda
al Gobierno y por otro lado, en las potestades específicas que le atribuyen otros mandatos
constitucionales que reflejan, para aspectos concretos, la capacidad directiva del Gobierno.
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- Matizaciones
Pese a su amplitud, las potestades son ilustrativas de la función directiva del Gobierno, pero no
agotan evidentemente su contenido. En otro sentido, ha de reiterarse que la atribución genérica
al Gobierno (art. 97 CE) de la dirección política interior, no es exclusiva ya que es perfectamente
posible que otros órganos (legislativo) en el ejercicio de sus funciones, incidan decisivamente en
la orientación política. No obstante, tal incidencia se verá reducida al ejercicio de las funciones
que específicamente la Constitución les encomienda, sin que les corresponda, fuera de ellas, una
capacidad genérica de dirección.
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- Tratados internacionales
El ejercicio de la potestad de concluir tratados internacionales corresponde básicamente al
Gobierno, como titular de la dirección de la política exterior. Pero, la manifestación formal del
consentimiento a un tratado por parte del Estado corresponde al Rey (art. 63.2). La CE también
ha previsto la intervención de las Cortes Generales ya que así se refuerza la legitimidad
democrática de los TI. La intervención del poder legislativo no es igual en todos los tratados
internacionales, los artículos 93 y 94 distinguen tres tipos de tratados atendiendo a su mayor o
menor trascendencia política y constitucional.
• Ley Orgánica de Cortes Generales: cuando el Tratado Internacional atribuye a una
organización internacional el ejercicio de competencias derivadas de la CE. Debe autorizarse
mediante una Ley Orgánica, la cual implica una mayoría absoluta para salir adelante. Este
tipo de TI estaban pensados para la integración de España en la actual Unión Europea.
• Autorización del Tratado Internacional por Cortes Generales: no adoptan forma de ley.
Los supuestos en los que se exige esta autorización son:
- Tratados de carácter político
- Tratados o convenios de carácter militar
- Tratados o convenios que afecten a la integridad territorial del Estado o a los derechos
y deberes fundamentales establecidos en el Título I.
- Tratados o convenios que impliquen obligaciones financieras para la Hacienda Pública.
- Tratados o convenios que supongan la modificación o derogación de alguna ley o exijan
medidas legislativas para su ejecución.
• Sin autorización: el Gobierno solo debe informar a las Cámaras. Se refiere a aquellos TI
que no son encuadrables en las categorías de los arts. 93 y 94. Son aquellos tratados de
importancia menor.
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Como en el resto de las funciones directivas del Gobierno, la dirección de la defensa supone la
colaboración con otros órganos del Estado. También en este aspecto le corresponde al Gobierno
una función destacada, de orientación general de la política, de iniciativa y de impulso. Esta
colaboración se refiere especialmente a la Corona y al poder legislativo.
- Poder legislativo
El ejercicio de las funciones del poder legislativo incidirá notablemente en los diversos aspectos
de la política de defensa, y así lo viene a reconocer el art. 4 de la LO 5/2005 (LODN). La LODN
confiere relevantes atribuciones a las Cortes en materia de defensa nacional:
• Autorizar la participación de las Fuerzas Armadas en misiones en el extranjero: se
producirán sobre la correspondiente propuesta gubernamental.
• Debatir las líneas generales de la política de defensa: el debate sobre las líneas generales
de política de defensa se producirá por impulso del Gobierno
El Gobierno se configura por tanto como el responsable de la defensa del Estado: “corresponde
al Gobierno determinar la política de defensa y asegurar su ejecución, así como dirigir la
Administración militar y acordar la participación de las Fuerzas Armadas en misiones fuera del
territorio nacional”.
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- Escalón político
Una de las técnicas usualmente empleadas para asegurar esta dirección de la Administración
es la existencia de un “escalón político”. El escalón político se encargará de transmitir las
directrices gubernamentales y vele por su cumplimiento. La “zona alta” de la Administración
se compone de cargos de designación estrictamente política o nombrados discrecionalmente
por el Gobierno, pero de entre los funcionarios. Los límites entre la “zona política” y la “zona
estrictamente funcionarial” de la Administración son determinados por la legislación ordinaria.
El contenido de la función ejecutiva podrá ser tan amplio y diverso como las disposiciones
legales prevean: podrá consistir en actividades de mera autorización, de inspección, de
prestación directa de bienes y servicios, de imposición de sanciones, o de cualquier otro tipo
que la ley establezca. La ley podrá determinar que sus preceptos se lleven a la práctica
directamente por el poder público, o que se sigan fórmulas de ejecución indirecta, a través de
concesionarios privados, en cuyo caso el papel del “poder ejecutivo” consistirá en el
otorgamiento de esa concesión. Igualmente, la ley podrá fijar con toda precisión los términos en
que la ejecución de sus preceptos deberá llevarse a cabo, de manera que la actuación del ejecutivo
será estrictamente reglada.
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Los poderes del Estado precisan de una serie de medios personales y materiales que les permitan
desarrollar las funciones que les vienen constitucionalmente encomendadas. El instrumento
fundamental a través del cual se llevan a cabo esas funciones y que integra aquellos medios
materiales y personales es la Administración Pública.
La Constitución impone a los poderes públicos, junto a esas funciones clásicas, otras muchas que
pueden resumirse en lo dispuesto por el art. 9.2: “promover las condiciones para que la libertad
y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los
obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los
ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social”.
§ Administraciones no territoriales
La gestión de determinados intereses generales, dadas las particularidades de éstos, se lleva a cabo
por entes administrativos de base no territorial que poseen personalidad jurídica propia y que, en
consecuencia, se encuentran formalmente fuera de las organizaciones administrativas
territoriales; sin embargo, estas Administraciones no territoriales están vinculadas de una u otra
manera a las Administraciones territoriales. Dentro de las Administraciones no territoriales, se
distinguen, a su vez, dos grupos principales: entes de base corporativa y entes de base
institucional. Los primeros, Corporaciones Públicas, se caracterizan por tener una estructura
basada en el elemento personal; un ejemplo presente en la Constitución es el de los Colegios
Profesionales (art. 36). El segundo tipo de entes administrativos no territoriales son aquéllos de
naturaleza institucional, Organismos Públicos (art. 88 y ss. LRJSP), y se caracterizan por crearse
para el cumplimiento de un determinado fin público de tipo administrativo (Organismos
autónomos) o empresarial (Entes públicos empresariales). Alguno de los ejemplos puede ser el
Instituto Nacional de la Salud. En consecuencia, existen entes corporativos e institucionales de
naturaleza pública de ámbito estatal, de ámbito autonómico y de ámbito local.
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Las Cortes Generales, el Tribunal Constitucional y el Consejo General del Poder Judicial poseen
un aparato administrativo distinto e independiente del de la Administración del Estado, sometida
al Gobierno. Un ejemplo de Administración particular, independiente del resto de las
Administraciones Públicas, es el de la Administración Electoral. Lo que sucede en al ámbito
estatal también ocurre, salvando todas las diferencias, en el ámbito autonómico; las Asambleas
Legislativas de las Comunidades Autónomas o los órganos de fiscalización similares al Defensor
del Pueblo o al Tribunal de Cuentas, asimismo poseen sus estructuras administrativas propias.
- 59 -
La primera de ellas se refiere a las condiciones de acceso a la función pública; dicho acceso debe
someterse a los principios de mérito y capacidad. La segunda regla se trata de una habilitación
constitucional para establecer una regulación especial del régimen de sindicación de los
funcionarios públicos, idea que está también presente en el art. 28.1 de la CE.
la habilitación supone la posibilidad de establecer ciertas reglas especiales sobre el ejercicio del
derecho de sindicación por los funcionarios, pero, a la vez, implica también que éstos son titulares
del derecho de sindicación. En tercer lugar, el art. 103.3 de la CE ordena al legislador regular el
sistema de incompatibilidades de los funcionarios así como las garantías para asegurar su
imparcialidad en el ejercicio de las tareas que legalmente les vienen encomendadas.
Por último dentro de las previsiones constitucionales sobre el régimen de los funcionarios, hay
que destacar que el art. 103.3 de la CE establece la necesidad de que ese régimen jurídico se
determine mediante ley, como una manifestación más del principio de legalidad en materia
administrativa, y sin perjuicio de la posibilidad de que las previsiones legales se complementen y
desarrollen por normas de rango reglamentario.
Por otra parte, como ya se ha señalado, el art. 149.1.18 de la C.E. presupone la existencia de
distintas Administraciones territoriales vinculadas a los diversos entes titulares de autonomía,
cuyas bases de regulación corresponde establecer al Estado. En tercer lugar, existen algunas
previsiones específicas relativas al régimen jurídico de determinados aparatos estatales que deben
cumplir funciones que exigen el establecimiento de ciertas particularidades respecto del régimen
general. Por último, el art. 107 constitucionaliza un órgano administrativo particular como es el
Consejo de Estado.
o EL CONTROL DE LA ADMINISTRACIÓN
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§ Controles jurisdiccionales
El art. 106.1 de la CE dispone que “Los Tribunales controlan la potestad reglamentaria y la
legalidad de la actuación administrativa, así como el sometimiento de ésta a los fines que la
justifican”. Por lo que respecta a los órganos de control, éste se lleva a cabo, básicamente, por el
orden contencioso-administrativo, formado por órganos especializados ratione materiae dentro
del Poder Judicial para conocer de las pretensiones que se deduzcan respecto de las normas y
actos de cualquier Administración Pública.
Conviene precisar la exigencia legal de agotar los recursos administrativos, interpuestos ante la
propia Administración, antes de acudir a los tribunales (arts. 112 y ss. LPACAP), pero que no
excluye el control de éstos. Todos los actos de las Administraciones Públicas son susceptibles, en
principio, de ser controlados en su adecuación al ordenamiento jurídico, sin que existan ámbitos
de inmunidad exentos de ese control.
§ Controles no jurisdiccionales
Como complemento de los controles jurisdiccionales necesarios en todo Estado de Derecho, ha
incorporado otros controles de naturaleza no jurisdiccional, buscando una mayor eficacia a la hora
de asegurar el sometimiento de las Administraciones Públicas a la Constitución y al resto del
ordenamiento.
Un ejemplo de ellos es el Defensor del Pueblo, cuya función es defender los derechos consagrados
en el Título Primero de la CE (art. 54 CE), el de las figuras equivalentes existentes en el ámbito
de buena parte de las Comunidades Autónomas, o el de la Agencia de Protección de Datos,
encargada de proteger los derechos del ciudadano frente al uso de la informática y otras técnicas
de tratamiento automatizado de datos
§ Consejo de Estado
El art. 107 de la CE se refiere a esta institución definiéndola como “supremo órgano consultivo
del Gobierno”. Se trata, pues, de un órgano de gran tradición en el panorama institucional,
regulado por la LO 3/80, que realiza una función de tipo consultivo, consistente en la emisión de
dictámenes. Dichos dictámenes, como regla general, no son vinculantes, pese a lo cual el prestigio
de la institución, y la tradicional independencia con que actúa, los dota de un indudable valor en
el mundo jurídico.
Además, puede ser sometido a sus consideración cualquier cuestión que el Gobierno o las
Comunidades Autónomas estimen conveniente. El Consejo de Estado está compuesto por tres
tipos de Consejeros: permanentes, natos y electivos, todos ellos presididos por un Presidente.
§ Tribunal de Cuentas
La Constitución configura al Tribunal de Cuentas como supremo órgano de control contable del
Estado y de todo el sector público (art. 136.1 CE). Su composición, organización y funciones han
sido desarrolladas, como prevé el art. 136.4 CE, por la LO 2/82 del Tribunal de Cuentas.
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El Tribunal de Cuentas presenta, pues, una doble naturaleza, que se manifiesta en su doble
función: por un lado, es un órgano de control contable de la ejecución del Presupuesto por
delegación de las Cortes Generales, y así lo establece el art. 136.2 de la CE al indicar que «ejercerá
sus funciones por delegación de ellas en el examen y comprobación de la Cuenta General del
Estado». Por otro lado, se le atribuye jurisdicción propia, relativa al enjuiciamiento contable de
las infracciones o responsabilidades detectadas en las cuentas del Estado y del sector público. El
Tribunal de Cuentas se compone de 12 Consejeros.
La competencia del Tribunal de Cuentas es general para todo el territorio nacional y cubre la
actuación de cualquier Administración, organismo o empresa pública. Ello no ha impedido la
creación de instituciones análogas en algunas Comunidades Autónomas para el control contable
del sector público autonómico, que puede estar sometido, por consiguiente, a una doble instancia
de control de esa naturaleza, sin perjuicio de la posible coordinación entre la institución central y
las autonómicas.
La función de fiscalización contable del Tribunal de Cuentas tiene por objeto, por una parte, el
control del sometimiento de la actividad económico financiera del sector público a los principios
de legalidad, eficiencia y economía. Por otro lado, por delegación de las Cortes Generales, le
compete el examen y comprobación de la Cuenta General del Estado, esto es, el control que sobre
el cumplimiento de cada Presupuesto General del Estado
Existen algunas instituciones que poseen un régimen jurídico especial que se justifica por la
función que cumplen. Dentro de estas instituciones destacan, por un lado, las Fuerzas Armadas
y, por otro, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. En ellas reposa el monopolio de la fuerza legítima
atribuido al Estado, lo que explica en gran medida que su régimen jurídico-administrativo sea
muy particular y que la propia Constitución se haga eco de ellos en los arts. 8 y 104.
§ Fuerzas Armadas
Cuentan con una estructura fuertemente jerarquizada. Hay que tener presente, además, que los
miembros de las Fuerzas Armadas se encuentran sometidos en el ejercicio de sus funciones a un
régimen penal especial regulado en el Código Penal Militar. En el ámbito meramente sancionador,
en el seno de las Fuerzas Armadas existe también un régimen disciplinario particular, que incluye,
por ejemplo, sanciones consistentes en la privación de libertad, frente a la prohibición impuesta
en este sentido a la Administración Civil (art. 25.3 CE).
En relación con la estructura de las Fuerzas Armadas hay que destacar que éstas responden al
principio de unidad, estrictamente jerarquizada, y que se traduce en la existencia de un mando
supremo único. En el seno de las Fuerzas Armadas existe una especialización, que encuentra
acogida en la propia Constitución al distinguir los tradicionales tres ejércitos: Ejército de Tierra,
Armada y Ejército del Aire (art. 8).
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§ Concepto
El Estado constitucional se asienta sobre la separación de poderes (Montesquieu). Ello significa
que se reconocen en la actividad estatal ordinaria tres funciones de muy diferente naturaleza:
• Función legislativa: aprobar las leyes
• Función ejecutiva: ejecutar los mandatos contenidos en estas
leyes
• Función judicial: resolver los conflictos que pudieran
suscitarse en la aplicación e interpretación de las leyes.
Así, el constitucionalismo atribuye cada una de esas tres funciones a diferentes órganos. Así, la
función legislativa se atribuye a los Parlamentos, la ejecutiva al Gobierno, y la judicial al
poder judicial. El poder judicial es el conjunto de órganos que se encarga de resolver, mediante
la aplicación del Derecho, los conflictos que surjan entre los ciudadanos o entre éstos y los
poderes públicos.
- Función jurisdiccional
Como señala el art. 117.1. de la CE, “la justicia se administra por jueces y magistrados
integrantes del poder judicial”. Así, la función jurisdiccional es el hecho de administrar justicia
de los integrantes del poder judicial. Por ello, aquellos jueces que actúan en cuanto titulares de
órganos (Ej. Presidentes de Juntas Electorales), que no ejercen la función jurisdiccional (no
administran justicia) no serán integrantes del poder judicial. En consecuencia, los jueces y
magistrados solo serán integrantes del poder judicial cuando administran justicia y no cuando
realizan cualquier otra función legalmente atribuida.
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- Servicio público
En tanto que el poder judicial es plenamente independiente de los otros dos poderes, la
Administración de justicia, como actividad prestacional, se inserta en la responsabilidad que
corresponde al poder ejecutivo por el funcionamiento de los servicios públicos en general. Así,
se considera a la Administración de Justicia como un servicio público. Igualmente, es este doble
carácter de poder del Estado y servicio público el que está en la base de la referencia constitucional
de que los daños causados por error judicial y los que sean consecuencia del funcionamiento
anormal de la Administración de justicia darán lugar a una indemnización por parte del Estado.
§ La unidad jurisdiccional
La unidad jurisdiccional está expresamente recogida en la Constitución en el art. 117.5 de la
CE, que prescribe que “el principio de unidad jurisdiccional es la base de la organización y
funcionamiento de los Tribunales”, aclarando que quienes desempeñan dicha función (jueces y
magistrados) formarán un único cuerpo. El reconocimiento constitucional del principio de
unidad jurisdiccional tiene dos consecuencias inmediatas:
• La división territorial del poder operada por la Constitución no afecta al poder judicial:
las Comunidades Autónomas pueden asumir poderes legislativos y ejecutivos, pero el poder
judicial es único en toda España.
• La exclusión de todo tribunal que no esté previamente integrado en la estructura
orgánica del poder judicial: la prohibición de los tribunales especiales, así como de los de
honor y excepción. Igualmente, implica la prohibición (art. 25.3 de la CE) de que la
Administración civil imponga sanciones que, directa o indirectamente, redunden en privación
de libertad.
§ La totalidad de la jurisdicción
El artículo 4 de la Ley Orgánica del Poder Judicial determina que “la jurisdicción se extiende
a todas las personas, a todas las materias y a todo el territorio español”. La totalidad de la
jurisdicción se proyecta material, personal y territorialmente sin que existan excepciones ni
por razón de la persona (salvo el Rey, que es inviolable) ni por razón de la materia ni por razón
del territorio.
Los conflictos de competencia entre los órganos judiciales de distintos órdenes jurisdiccionales,
y las cuestiones de competencia entre los que pertenezcan a un mismo orden, se dirimen de
acuerdo con los procedimientos previstos en los artículos 42 a 52 de la Ley Orgánica del
Poder Judicial.
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§ La exclusividad jurisdiccional
La exclusividad se proyecta en dos sentidos:
• La función jurisdiccional está reservada exclusivamente (art. 117.3. CE) a jueces y
magistrados: sin que nadie sino ellos, ni siquiera el Consejo General del Poder Judicial o el
Ministerio Fiscal, pueda ejercerlo.
• Los jueces y magistrados no pueden realizar más funciones (art. 117.4. CE) que la
jurisdiccional: sólo podrán ejercer las que expresamente les atribuya la ley en garantía de
cualquier derecho.
§ La responsabilidad
Aunque, ejercen un poder de indudable relevancia política, los jueces y magistrados no están
sometidos a ninguna responsabilidad política (sería radicalmente contraria a la inamovilidad).
La única forma de control a que están sometidos es la derivada de los recursos que se
interpongan (cuando proceda legalmente), contra sus resoluciones y ante otros órganos, y ello
no puede acarrear otra consecuencia que la anulación de la resolución recurrida.
§ La imparcialidad judicial
El contenido de la función jurisdiccional es resolver los conflictos, para lo
cual se necesita de grandes dosis de imparcialidad. La atribución del poder
jurisdiccional a un poder independiente se realiza para garantizar que la
aplicación del Derecho y la interpretación de las normas corresponde a
alguien que (por ser distinto y ajeno a quien produce las normas básicas
del ordenamiento y a quien las promueve y ejecuta sus contenidos) puede
resolver con imparcialidad. Por lo tanto, la imparcialidad es, pues, el
rasgo fundamental que debe caracterizar el ejercicio de la función
jurisdiccional.
§ Independencia y legitimidad
La independencia significa que los integrantes del poder judicial adoptan sus resoluciones con
arreglo a Derecho, sin que puedan recibir ningún tipo de órdenes, instrucciones o relativas a
los hechos sometidos a juicio, a la norma jurídica a aplicar, al sentido que debe otorgarse a
dicha norma o a la resolución que, en definitiva, cumple adoptar.
- Inmunidad
Por otro lado, la sumisión al imperio de la ley es también, no cabe omitirlo, un recordatorio de
que la independencia del juez se traduce en inmunidad frente a cualesquiera órdenes,
instrucciones o presiones, pero no en una libérrima voluntad personal para juzgar según su
propia conciencia. Así, la sumisión a la ley, al tiempo que excluye toda posible injerencia, incluye
la obligación del juez de sujetarse en el ordenamiento y razonamiento jurídico resolver un
conflicto.
- Independencia absoluta
La independencia judicial es absoluta ya que se extiende frente a todos. La única vía practicable
para corregir la aplicación del Derecho realizada por un órgano judicial es, cuando proceda, la de
los recursos legalmente previstos. El Ministerio Fiscal debe promover las acciones que procedan
en caso de amenaza a la independencia judicial pero es lo cierto que tales amenazas solo están
penadas en la actualidad si proceden de funcionario público.
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§ La inamovilidad
Consiste en que los jueces y magistrados no pueden ser separados, suspendidos, trasladados ni
jubilados sino por las causas y con las garantías previstas en la ley. El propósito de esta previsión
es impedir que la actuación de un juez o magistrado pueda acarrearle consecuencia desventajosa
alguna para la posición que ostenta, así como evitar que quien tuviere potestad para ello pudiese
remover de su puesto, o separar de un proceso determinado, a un juez cuyo comportamiento no
le resulte satisfactorio, imponiendo en su lugar a alguien más receptivo a sus deseos. Para ello, la
Constitución dispone que los jueces no podrán ser removidos de sus puestos (salvo con el
consentimiento del afectado) sino por las causas legalmente previstas.
§ Limitaciones y prohibiciones
El estatuto de los jueces y magistrados incorpora, pues, no pocas garantías positivas: la
independencia, la inamovilidad y la sustracción al ejecutivo de toda potestad sancionadora o de
toda facultad sobre las situaciones administrativas y sobre la carrera profesional son algunas de
ellas.
El estatuto de éste incluye, forzosamente, medidas negativas o limitaciones de las facultades que
el ordenamiento reconoce a la mayoría de los ciudadanos. Algunas de estas facultades afectan,
incluso, a derechos fundamentales. Así, los jueces y magistrados tienen constitucionalmente
vedado pertenecer a partidos políticos o sindicatos (art. 127.1 CE). El fin de esta previsión
constitucional es garantizar la apariencia de imparcialidad del juzgador: obviamente, ni la
Constitución ni nadie puede impedir que un Juez tenga su correspondiente ideología política; pero
sí puede evitar la expresión pública que de esa ideología política supone la afiliación a un partido
político o sindicato.
Se establece que no podrán desempeñar, mientras se hallen en activo, otros cargos públicos (art.
127.1 CE). Y el legislador orgánico ha desarrollado el precepto constitucional vetando a jueces y
magistrados prácticamente todas las actividades ajenas a la propia función jurisdiccional: los
miembros del poder judicial no pueden desempeñar cargo alguno, por designación o por elección,
en ningún órgano estatal ni en las empresas, entidades y organismos de ellos dependientes;
tampoco pueden aceptar ningún empleo o profesión retribuidos, ni ejercer actividades
mercantiles, ni de asesoramiento.
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La estructura del poder judicial se delinea de conformidad con tres criterios concurrentes y
diferentes: el de la materia del conflicto a resolver, el territorial y el jerárquico. El criterio material
supone la división de la jurisdicción en cuatro grandes órdenes jurisdiccionales distintos, civil,
penal, contencioso-administrativo y social, aun cuando la jurisdicción siga siendo única (art. 9
LOPJ). El criterio organizativo material, debe sin embargo, ser completado, señalando que,
además de esos cuatro órdenes existe en el Tribunal Supremo una Sala de lo Militar y existe,
también, una serie de juzgados (así, Juzgados de Menores, de Vigilancia Penitenciaria o de
Violencia contra la mujer) especializados en las materias que se corresponden con su nombre. Por
otra parte, hay que tener en cuenta que el Consejo General del Poder Judicial puede acordar —
art. 98.1 LOPJ— que algunos juzgados se ocupen en exclusiva de determinadas clases de asuntos.
Esta previsión puede dar lugar a órganos especializados en, por ejemplo, asuntos de familia,
hipotecarios o mercantiles.
El criterio territorial se traduce en la división del territorio nacional en distintas zonas. Así, y de
acuerdo con el artículo 30 de la LOPJ, el Estado se organiza territorialmente, a efectos judiciales,
en municipios, partidos judiciales, provincias y Comunidades Autónomas, a lo que habría que
añadir la totalidad del territorio nacional, sobre el que ostentan jurisdicción dos órganos judiciales,
el Tribunal Supremo (art. 123.1 CE y 53 LOPJ) y la Audiencia Nacional (art. 62 LOPJ). Como
se observará, las divisiones geográficas judiciales coinciden con las administrativas en todos los
casos menos en uno: el partido judicial, que es una unidad territorial organizativa utilizada
exclusivamente por el poder judicial y que está compuesto por uno o varios municipios limítrofes
pertenecientes a una misma provincia
De conformidad con el criterio territorial, a cada uno de los ámbitos territoriales le corresponde
un órgano específico, de suerte que los municipios que no son capitales de partidos judiciales
cuentan con un Juzgado de Paz. Todas las Comunidades Autónomas, por su parte, cuentan con
un Tribunal Superior de Justicia. La sede de los Tribunales Superiores de Justicia no coincide con
la capitalidad de la CCAA.
El criterio jerárquico, por último, se corresponde con el geográfico, en el sentido de que un ámbito
territorial más extenso y superpuesto implica un mayor nivel jerárquico. Por otro lado, los órganos
judiciales pueden ser, según el número de titulares que los atiendan, unipersonales o colegiados.
Puede observarse, sin embargo, que la independencia judicial vacía de contenido la noción de
jerarquía: ésta se basa exclusivamente en un mayor nivel profesional y, en su caso, en la
posibilidad de revocar, modificar o confirmar las resoluciones de los órganos inferiores, siempre
a través de un recurso legalmente procedente, sin que sea posible, como ya se dijo, que los órganos
superiores cursen a los inferiores instrucciones sobre la interpretación o aplicación de las normas
—art. 12 LOPJ. Esta función, por tanto, no se corresponde en realidad con el ejercicio de jerarquía
alguna, sino con el de la función jurisdiccional cuando se tiene atribuida la competencia de
examinar los recursos interpuestos contra las resoluciones de otros órganos.
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- Composición
Por lo que se refiere a su composición, la Constitución señala que el CGPJ tendrá 21 miembros,
y prescribe que 12 de ellos deben ser elegidos “entre jueces y magistrados de todas las categorías
en los términos que establezca una Ley Orgánica”.
• 12 vocales: elegidos a partes iguales por las dos Cámaras parlamentarias
de entre candidatos propuestos por Asociaciones judiciales o por 25 jueces
o magistrados. Esta designación debe respetar una proporción entre
magistrados provenientes del Tribunal Supremo y otros magistrados.
• 8 vocales: deben ser designados entre juristas de reconocida competencia
con más de 15 años de ejercicio de su profesión.
- Independencia
La imposibilidad de remover a los miembros del CGPJ antes de la conclusión de su mandato,
que dura 5 años, y la prohibición de que sean reelegidos persiguen eliminar toda posible
influencia sobre ellos, con independencia de su extracción parlamentaria, lógicamente
condicionada por la existencia de mayorías y minorías.
El presidente del Tribunal Supremo preside a su vez el CGPJ y es el único miembro que puede
ser reelegido por una sola vez.
§ Funciones
La Constitución atribuya al CGPJ las funciones relacionadas con el poder judicial “en materia
de nombramientos, ascensos, inspección y régimen disciplinario”.
• Selección, formación y perfeccionamiento de jueces y magistrados.
• Nombramientos de jueces y magistrados.
• Ascensos de los jueces y magistrados: el régimen de ascensos es estrictamente reglado en
no pocos tramos de la carrera judicial, que se resuelven por concurso a favor de quienes
ostentan mejor puesto en el escalafón. Existen, sin embargo, ciertos puestos, como los de
magistrado del Tribunal Supremo o Presidentes de Tribunales Superiores de Justicia o
de Audiencias Provinciales, que son ocupados por quiénes, reuniendo los requisitos
legalmente exigidos, sean designados por el CGPJ.
• La inspección y vigilancia de los juzgados y tribunales: se orienta a comprobar y controlar
el funcionamiento de la Administración de justicia.
• Competencias relativas a situaciones administrativas de jueces y magistrados
• Potestad disciplinaria para las sanciones de mayor gravedad: es el único órgano
competente para imponer a los integrantes del poder judicial las sanciones de traslado
forzoso, suspensión y separación. La LOPJ prevé, a tales efectos, las faltas y las sanciones
correlativas, que oscilan desde la advertencia a la separación del servicio. Estas actuaciones
deben realizarlas el Pleno del CGPJ, y para las demás son competentes la Comisión
Disciplinaria del propio órgano.
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Como órganos pluripersonales, se configuran las Salas de Gobierno del Tribunal Supremo, de
la Audiencia Nacional y de los Tribunales Superiores de Justicia. Por último, la estructura de
gobierno del poder judicial se completa, también, con órganos unipersonales, que son los
Presidentes de los Tribunales y Audiencias y los jueces decanos.
o EL MINISTERIO FISCAL
§ Configuración constitucional
El Ministerio Fiscal no forma parte del poder judicial, lo cual se determina de las funciones
que constitucionalmente (124.1 CE) tiene atribuidas. Así, las funciones del Ministerio Fiscal
son: promover la Justicia en defensa de la legalidad, los derechos fundamentales y el interés
público del juzgado. La forma ordinaria de desarrollar esta función es el ejercicio de la acusación
en el proceso penal.
El Ministerio Fiscal ejerce su función por medio de “órganos propios” (distintas fiscalías
distribuidas geográficamente o creadas para litigar con ciertos órganos del Estado como el TC
o las Fiscalías Especiales) . Además, el Ministerio Fiscal actúa conforme a dos principios:
• Principios de unidad de actuación: es característico de la organización administrativa, y
es inferible de las características que el artículo 103 de la CE predica respecto de la
Administración Pública.
• Principio de dependencia jerárquica: se plasma en la obligación de respetar y cumplir las
órdenes e instrucciones emanadas de los superiores y, en primer lugar, del Fiscal General
del Estado. El superior jerárquico más alto y principal del Ministerio Fiscal es el Fiscal
General del Estado y a él están subordinados los demás fiscales jefes. El Fiscal General es
nombrado por el Gobierno.
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§ Proceso de descentralización
El proceso de descentralización se ha llevado a cabo a través, sobre todo, de la aprobación de
los Estatutos de Autonomía. El proceso de descentralización territorial tiene dos grandes
características o ideas:
- El proceso no ha concluido: puede aumentarse el margen de autonomía sin tener que
modificar la Constitución.
- No se ha definido constitucionalmente la forma territorial del Estado: la estructura
territorial del Estado no encaja en ninguna de las categorías tradicionales del Derecho
Público. El modelo español utiliza técnicas tanto del federalismo tradicional como del
Estado regional. Sin embargo, podría definirse el modelo territorial español como “el Estado
de las Autonomías”.
Art. El Estado se organiza territorialmente en municipios, en provincias y en las Comunidades Autónomas que se constituyan.
137 Todas estas entidades gozan de autonomía para la gestión de sus respectivos intereses.
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o LA AUTONOMÍA LOCAL
§ Concepto
- Reconocimiento constitucional
El art. 137 de la CE reconoce la autonomía de municipios y provincias, confirmándose dicha
autonomía en los arts. 140 y 141, respectivamente. La propia Constitución reconoce también la
existencia de administraciones propias para la islas (art. 141.4) e, incluso, la posibilidad de que
se creen entidades supramunicipales distintas de la provincia (art. 141.3).
- Características
• Carácter administrativo: es el elemento que caracteriza a las
autonomías locales para diferenciarse de las autonomías de
nacionalidades y regiones, las cuales poseen un carácter más político.
Sin embargo, ello no significa que la autonomía local no posea un
carácter político ya que sus autoridades (alcaldes, concejales, etc.)
cuentan con legitimación democrática directa.
• Menor autonomía: la autonomía de nacionalidades y regiones es
mucho más amplia: gozan de más competencias y tienen un mayor
régimen jurídico-político.
• Competencias ejecutivas y reglamentarias: los entes locales no gozan de competencias
legislativas. Sin embargo, las Comunidades Autónomas uniprovinciales (Navarra, la Rioja
o Cantabria) sí gozan de las competencias típicas de ambos entes (legislativas en cuanto a
CCCAA y ejecutivas y reglamentarias en cuanto a provincia).
• País Vasco: cuentan con una organización interna peculiar, la cual viene reflejada en la
Disposición Adicional 1ª CE, por la cual los llamados Territorios Históricos (Vizcaya,
Álava y Guipúzcoa) cuentan con un régimen particular de competencias (incluso
legislativas tal y como permite el Estatuto de Autonomía del País Vasco).
• Legislación ordinaria: mientras las competencias de las CCAA vienen marcadas por los
Estatutos de Autonomía y la propia Constitución, la autonomía local se establece por la
legislación ordinaria (7/85 reguladora de las Bases de Régimen Local) y por el artículo
149.1.18 CE.
1. La provincia es una entidad local con personalidad jurídica propia, determinada por la agrupación de municipios y
división territorial para el cumplimiento de las actividades del Estado. Cualquier alteración de los límites provinciales
Art. habrá de ser aprobada por las Cortes Generales mediante ley orgánica.
2. El Gobierno y la administración autónoma de las provincias estarán encomendados a Diputaciones u otras
141
Corporaciones de carácter representativo.
3. Se podrán crear agrupaciones de municipios diferentes de la provincia.
4. En los archipiélagos, las islas tendrán además su administración propia en forma de Cabildos o Consejos.
La Constitución garantiza la autonomía de los municipios. Estos gozarán de personalidad jurídica plena. Su gobierno y
Art. administración corresponde a sus respectivos Ayuntamientos, integrados por los Alcaldes y los Concejales. Los Concejales
serán elegidos por los vecinos del municipio mediante sufragio universal, igual, libre, directo y secreto, en la forma
140
establecida por la ley. Los Alcaldes serán elegidos por los Concejales o por los vecinos. La ley regulará las condiciones en
las que proceda el régimen del concejo abierto.
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- Organización
La Constitución establece normas en relación con la organización de los entes locales. En este
campo, a su vez, hay que diferenciar la regulación fijada respecto de cada tipo de ente:
• Municipios: el art. 140 de la CE señala como órgano de gobierno y administración de los
municipios a los Ayuntamientos. A su vez, dentro de éstos, prevé la existencia de un doble
régimen jurídico. Asimismo, el sistema electoral municipal es muy similar al general.
- Régimen de “concejo abierto”: es una fórmula de democracia directa, con cierto
arraigo en determinadas zonas del país, consistente en que el gobierno municipal se
desarrolla directamente por la asamblea de vecinos del municipio, bajo la dirección de
un Alcalde.
- Régimen común de gobierno municipal: es el del Ayuntamiento el cual está
compuesto por Alcalde y Concejales. Los Concejales deben ser elegidos mediante
sufragio universal, libre, directo y secreto por los vecinos del municipio. Por su parte,
el Alcalde puede ser elegido bien por los propios vecinos, bien por los Concejales.
- Provincias. la Constitución además de garantizar su existencia, se limita a establecer ciertas
reglas generales.
- Sólo las Cortes Generales, mediante ley orgánica, pueden modificar los límites de las
provincias.
- La Diputación Provincial se encarga de la organización político administrativa. Están
formadas por un Presidente y por un número de Diputados Provinciales que varía según
el número de residentes de cada provincia. Los Diputados Provinciales son elegidos por
los Concejales de los Ayuntamientos de la provincia.
- En las Comunidades Autónomas uniprovinciales la Diputación Provincial no existe,
ejerciendo la Comunidad Autónoma sus competencias y evitando, así, una duplicidad de
aparatos administrativos innecesaria
• Islas: el art. 141.4 de la CE garantiza también la organización propia de las islas que
componen los archipiélagos balear y canario a través de los Consejos y Cabildos
insulares.
• Otros entes locales: la Constitución se limita a reconocer la posibilidad de que existan otros
entes locales supramunicipales distintos de la provincia (art. 141.3), de naturaleza
comarcal, cuya regulación corresponde a las Comunidades Autónomas. Asimismo, existen
también entes locales inframunicipales, que responden, por lo general, a las necesidades
administrativas de núcleos de población separados unos de otros.
• Ciudades de Ceuta y Melilla: que poseen un régimen jurídico peculiar establecido por sus
Estatutos de Autonomía que las configuran como ciudades autónomas, pero no como
Comunidades Autónomas.
- Régimen económico
El art. 142 de la CE fija los siguientes principios:
- Haciendas Locales: han de disponer de medios suficientes para el cumplimiento de las
funciones que el ordenamiento les otorga.
- Tres fuentes de financiación fundamentales: tributos propios, participación en los
tributos de la Comunidad Autónoma correspondiente y participación en los tributos del
Estado.
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• Titularidad
La Constitución se refiere a un doble tipo de titular del derecho: las nacionalidades y las
regiones. Así, se pretende es dejar constancia de la existencia de determinadas zonas del
territorio cuya autonomía encuentra sus fundamentos en una exigencia de autogobierno
vinculada a las particularidades culturales, históricas, geográficas, etc., que se han concretado,
incluso, en la existencia de una cierta conciencia nacional.
El art. 143.1 de la CE cita una serie de criterios para determinar cuáles son esas nacionalidades
y regiones: “provincias limítrofes con características históricas, culturales y económicas
comunes, los territorios insulares y las provincias con entidad regional histórica”.
§ Características
• Carácter político: la autonomía de las nacionalidades y regiones se diferencia de la
autonomía local por el contenido político que posee. Esa naturaleza política significa la
capacidad que posen de trazar y ejecutar una política propia sobre aquellas materias que
caen en el ámbito de sus competencias. Así, cuentan con potestades legislativas.
• Autonomía como poder limitado: la autonomía para que exista, debe incardinarse dentro de
la unidad del Estado. La autonomía de las nacionalidades y regiones queda
constitucionalmente limitada por dos vías:
- Límites competenciales: la Constitución establece
las competencias que corresponden a los poderes
centrales del Estado y que no pueden ser asumidas
por las CCAA (art. 149 CE). La Constitución
establece el marco competencial que pueden asumir
las CCAA por medio de sus EEAA.
- Principios generales del Estado: esos principios
son los de solidaridad, igualdad de las CCAA,
igualdad de derechos y obligaciones de los ciudadanos y unidad económica (STC
247/2007).
• Contenido heterogéneo: la propia Constitución diferenció dos tipos de Comunidades
Autónomas según el grado de autonomía que podían asumir en un primer momento de
establecimiento del Estado de las Autonomías. La falta de homogeneidad en el contenido de
la autonomía deriva también del principio dispositivo que la inspira. Sin embargo, los Pactos
Autonómicos suscritos en 1981 y en 1992 introdujeron una cierta homogeneidad en las
competencias asumidas por las Comunidades Autónomas. Además, existen determinadas
circunstancias que introducen particularidades en ciertas Comunidades. Esas
particularidades son los denominados “hechos diferenciales”, algunos de los cuales son
fácilmente identificables: lenguas propias, derechos históricos, estructura insular, etc…
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- Unidad económica
Ningún precepto constitucional formula este principio como tal, si bien su existencia se deduce
de varios, y, en especial, del art. 139.2 (“ninguna autoridad podrá adoptar medidas que directa
o indirectamente obstaculicen la libertad de circulación y establecimiento de las personas y la
libre circulación de bienes en todo el territorio nacional”). Este principio se ha concretado por
la Ley 20/2013, de 9 de diciembre, de garantía de la unidad de mercado. La unidad del Estado
tiene, desde los orígenes de esta forma de organización política, una de sus manifestaciones
básicas en la existencia de una unidad económica, tanto en su dimensión interna (eliminación
de fronteras interiores), como externa (existencia de fronteras económicas únicas, acción
económica internacional unitaria, etc…).
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§ Contenido
Tal y como lo define el art. 147 CE, el Estatuto de Autonomía tiene como objetivo servir de
sustento fundamental a la creación, organización y atribución de competencias para la
Comunidad Autónoma.
• Creación: el ejercicio del derecho de acceso a la autonomía nace con el Estatuto de
Autonomía. Como manifestación de este carácter de carta de nacimiento de la Comunidad
Autónoma que posee el Estatuto de Autonomía, el art. 147.2 de la CE exige que en el mismo
se establezca lo siguiente: su denominación (nombre; de acuerdo con lo que mejor se
corresponda a su identidad histórica) y la delimitación del territorio.
• Organización: el Estatutos de Autonomía es la herramienta encargada de trazar las líneas
organizativas de la Comunidad Autónoma. Existe una absoluta libertad para determinar en
cada Estatuto estos extremos básicos de la organización de la Comunidad Autónoma ya que
la autonomía implica autoorganización. Además, deben de fijarse las sedes de las
instituciones por medio del Estatuto de Autonomía.
ü Ej. En el Estatuto del País Vasco se indica que el Parlamento Vasco estará ubicado en
Vitoria.
• Asunción de competencias: el Estatuto se encargar de contener “las competencias asumidas
dentro del marco establecido en la Constitución y las bases para el traspaso de los servicios
correspondientes a las mismas”.
• Otros contenidos: todos los Estatutos han superado el contenido mínimo incorporando
preceptos sobre distintas materias de diversa naturaleza que se han considerado de especial
importancia.
- Características
• Sometimiento constitucional: de la Constitución deriva su legitimidad jurídica. El Estatuto
de Autonomía no puede vulnerar la Constitución, estando, pues, sometido a los instrumentos
ordinarios de control de constitucionalidad.
• Aprobación por Ley Orgánica: solo pueden ser reformados por otra ley orgánica. Esta
particular naturaleza ha sido reconocida por el Tribunal Constitucional, rechazándose
expresamente que normas estatales puedan modificar los Estatutos de Autonomía en las
materias que éstos deben regular (STC 31/2010, caso Estatuto de Autonomía de Cataluña).
• Preferencia sobre el resto de normas autonómicas: los Estatutos de Autonomía, en cuanto
norma básica que son de sus respectivos ordenamientos territoriales, se imponen sobre el
resto de las normas que de éstos forman parte. Las leyes y demás normas y actos
autonómicos deben respetar el correspondiente Estatuto.
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Dentro de cada uno de esos procedimientos se introdujeron ciertas reglas especiales atendiendo
a particularidades de algunos territorios o en previsión de posibles disfunciones que pudieran
producirse en el proceso de descentralización.
• El acceso a la autonomía de “vía lenta” (art. 143 CE): a pesar de considerar que no poseía
identidad regional histórica, las Cortes Generales autorizaron su constitución como
Comunidad Autónoma dadas sus particularidades, en especial albergar la capital del Estado.
• El acceso a la autonomía de la “vía rápida” (art. 151 CE): este procedimiento se encuentra
simplificado para “los territorios que en el pasado hubiesen plebiscitado afirmativamente
proyectos de Estatuto de Autonomía”, lo cual había sucedido durante la Segunda República
en lo que hoy son las Comunidades Autónomas “históricas”. Estas CCAA históricas fueron
las de Cataluña, Galicia y País Vasco, que, en consecuencia, vieron facilitado su acceso a
la autonomía.
• El procedimiento especial de Navarra: esta Comunidad Autónoma, en cuanto territorio
foral, se acogió a la Disposición Adicional Primera, la misma a la que se acogieron las
CCAA históricas. Así, Navarra en lugar de elaborar un Estatuto de Autonomía, procedió a
actualizar su régimen foral mediante la aprobación de la LORAFNA 13/82.
• Ceuta y Melilla: las LLOO 1 y 2/95 han aprobado, respectivamente, los Estatutos de
Autonomía para Ceuta y Melilla. Hay que señalar que la autonomía reconocida a estas
ciudades es cualitativamente distinta de la que poseen las Comunidades Autónomas,
situándose entre éstas y la autonomía de los entes locales. El Tribunal Constitucional ha
confirmado que Ceuta y Melilla no son Comunidades Autónomas, sino ciudades
autonómicas.
El resultado final del proceso de construcción del Estado de las Autonomías ha sido que todo el
territorio español se ha organizado en 17 Comunidades Autónomas y 2 ciudades autonómicas.
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o COMPETENCIAS COMPARTIDAS
§ Legislación y ejecución
Hay muchas materias que son compartidas por las autoridades estatales y por las autonómicas,
distribuyéndose las diversas funciones públicas sobre dicha materia (legislativa, reglamentaria,
administrativa) entre Estado y Comunidades Autónomas. Estas competencias compartidas
surgen a consecuencia de que la Constitución y los Estatutos de Autonomía no se reserven en
exclusiva las competencias sobre esas materias, sino solamente alguna o algunas de ellas. Así,
estas competencias compartidas son las que mayores dificultades y conflictos crean.
Los tipos de competencias compartidas son muy diversos pero el supuesto más frecuente es
aquel en el que el Estado asume las competencias legislativas sobe una materia, dejando a las
CCAA la posibilidad de asumir en sus Estatutos competencias de otra índole como la
reglamentaria o la ejecutiva. Se han producido conflictos constitucionales sobre si la norma
reglamentaria debe considerarse como actos ejecutivos o legislativos. El Tribunal Constitucional
ha respondido a tal cuestión distinguiendo varios tipos de reglamentos:
• Reglamentos de organización de los servicios administrativos: competencia de las CCAA.
Función ejecutiva.
• Reglamentos de funcionamiento de los servicios administrativos: competencia de las
CCAA. Función ejecutiva.
• Reglamentos de desarrollo y complemento normativo a las normas jurídicas ordinarias:
son consideradas como función legislativa y por lo tanto son competencia del Estado.
Función legislativa.
§ Bases y desarrollo
En determinados supuestos, la reserva en favor del Estado no se refiere a toda la función
legislativa, sino sólo a la denominada legislación básica. En estas ocasiones, la compartición
competencial se produce en cuanto, correspondiendo al Estado la competencia para dictar
normas básicas, las Comunidades Autónomas han asumido la competencia para dictar normas
legales de desarrollo.
Han surgido numerosos conflictos por la falta de denominación y de limitación tanto de las
leyes básicas como las de desarrollo (ni la CE ni los EEAA definen qué es lo básico ni qué es lo
no básico; lo de desarrollo). Por ello, la jurisprudencia constitucional haya centrado su atención
en gran parte en precisar qué debe entenderse por “bases” y por “desarrollo legislativo”.
Características:
• Interés general estatal: la reserva en favor del Estado de la legislación básica deriva de la
exigencia de un tratamiento normativo común, por existir un interés general superior al
interés de cada Comunidad Autónoma, por el que debe velar el Estado. En todo caso, las
leyes básicas estatales deberán dejar un ámbito suficiente para que las Comunidades
Autónomas puedan elaborar su propia normativa de desarrollo.
• La extensión de la reserva de lo básico a competencias ejecutivas: el legislador estatal
puede también ejercer competencias ejecutivas cuando afecten a materias que deben, por sus
características, ser centralizadas.
ü Ej. Autorización estatal del empleo de sustancias aditivas (colorantes, conservantes, etc)
en productos destinados al consumo humano.
• Las bases como competencia horizontal del Estado: la reserva al Estado de las “bases” de
una materia puede por tanto extenderse tanto a funciones legislativas como ejecutivas
respecto de una materia determinada. Ello tiene especial importancia en aquellos casos en
que el artículo 149.1 formula este tipo de reserva competencial en tales términos.
ü Ej. el artículo 149.1.13 de la CE reserva al Estado las “bases y coordinación de la
planificación general de la actividad económica”.
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• Bases con rango de ley: las bases deben tener rango de ley. El TC así lo ha venido exigiendo
en los requisitos formales necesarios para realizar una Ley de Bases, con posterior desarrollo
autonómico. La propia ley básica ha de definir expresamente el alcance de todas sus
normas, para que la CCAA pueda conocer cuál es el marco normativo al que debe sujetarse
para generar la Ley de desarrollo.
• Regulación por el Gobierno: sólo excepcionalmente será posible que el Gobierno pueda
regular por Decreto aspectos básicos de una materia cuando esa regulación resulte
completamente indispensable para garantizar el fin perseguido por la reserva competencial al
Estado.
Las diversas ampliaciones competenciales han supuesto una considerable reducción de las
diferencias entre Comunidades “de autonomía plena” y “de autonomía limitada”. No obstante,
es aún diferenciable cierta diversidad competencial entre ellas. Por el momento cabe destacar
varios motivos que explican las diferencias que subsisten entre Comunidades Autónomas en
cuanto a las competencias asumidas:
• Permanecen fuera de las competencias de varias Comunidades Autónomas “de
autonomía limitada” algunas materias por la complejidad y coste que suponen.
ü Ej. Policía autonómica
• Competencias para Comunidades con ciertas condiciones históricas: tal es el caso de las
competencias en materia de Derecho civil. Sólo podrán asumir competencias al respecto
aquellos territorios que hubiesen tenido un Derecho Civil histórico.
ü Ej. Derecho Foral Navarra
• Derechos históricos: la Disposición Adicional 1ª implica también la existencia de una
diferenciación competencial, en cuanto se garantizan los “derechos históricos” de los
territorios forales (País Vasco y Navarra).
• Hecho diferencial lingüístico: el artículo 3 de la Constitución, tras establecer el carácter del
castellano como lengua oficial del Estado, prevé que “las demás lenguas españolas serán
también oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas de acuerdo con sus Estatutos”.
Ello supone una posibilidad de asunción competencial, obviamente sólo abierta a
Comunidades con lengua propia distinta del castellano, que incide en materias tan
importantes como educación o medios de comunicación.
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Se trata de una materia compartida en la que corresponden competencias también a las propias
entidades locales, a las que la Constitución garantiza un margen propio de autonomía. Como
consecuencia, los poderes de las Comunidades Autónomas en este campo se encuentran
sometidos a dos tipos de límites:
• Las garantías constitucionales en favor de la Administración local como límite: la
Constitución prevé una doble serie de garantías respecto de las entidades locales: la
protección constitucional de la existencia de las Entidades Locales y la protección de un
ámbito de autonomía propio (organizativo y funcional). Estas garantías son efectivas tanto
frente al Estado como a las Comunidades Autónomas, que encuentran así un límite a su
actuación. La Constitución extiende esta garantía a los municipios (art. 147) y también a las
provincias (art. 141).
• Competencias reservadas al Estado: la atribución expresa al Estado de una reserva
competencial, a la que se refiere el art. 149.1.18 de la CE implican otro límite a los poderes
de las CCAA.
§ Competencias autonómicas
La Constitución permite a las Comunidades Autónomas asumir competencias en materia de
organización territorial. El art. 149.1.18, como se ha dicho, reserva al Estado, únicamente la
fijación de las bases relativas a la Administración local, de forma que las Comunidades
Autónomas, dentro de las previsiones de los Estatutos, podrán ejercer sus competencias dentro de
esas bases. Estas competencias dependerán del nivel de autonomía asumido: pero, así y todo,
se dan una serie de características comunes.
• Establecimiento circunscripciones territoriales propias (art. 152 CE): mediante la
agrupación de territorios limítrofes. Los Estatutos de Autonomía, en consecuencia, han
previsto la asunción competencial relativa a la creación de divisiones comarcales, que en
varios casos se han traducido ya en leyes autonómicas al respecto.
• Ámbito de actuación en materia local: relativo a la alteración de los términos municipales,
y la asunción de funciones en esta materia según la legislación estatal al respecto. Todas las
Comunidades Autónomas han asumido competencias dentro de estos términos, y desde la
perspectiva estatal, la Ley Reguladora de Bases del Régimen Local, de 2 de abril de 1985
ha establecido el marco de actuación de las competencias autonómicas.
• Asunción competencial sobre un conjunto de materias específicas (salud, transportes,
etc.): respecto de las cuales cabe tanto que la Comunidad Autónoma actúe directamente
mediante sus propios órganos administrativos como que prefiera dar participación a los
entes locales, llevando a cabo así una descentralización de segundo grado. Así, queda,
dentro del ámbito competencial de las Comunidades Autónomas encomendar la gestión de
estas materias a entidades locales, como técnica de distribución interna de competencia,
delegando en la Administración local (Ayuntamientos o Diputaciones) la gestión de
competencias autonómicas, como vía más ágil que la creación de una Administración
autonómica propia.
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Por ello, son más importantes los elementos de unión que los de separación financiera. Las
Comunidades Autónomas han venido a integrarse en el sistema tributario estatal. Ello se debe
a que, en la práctica, las vías relevantes para la obtención de ingresos por parte de las
Comunidades Autónomas han sido aquéllas que suponen una participación en los ingresos del
Estado, acentuándose así el elemento de unión en el sistema. Tales vías pueden enumerarse como
sigue:
• Impuestos cedidos total o parcialmente por el Estado: aquellos tributos que, habiendo sido
establecidos por una ley estatal, se destinan a las Comunidades Autónomas, que incluso
pueden disponer de determinadas competencias normativas que pueden afectar a su
régimen. Como resultado, se han cedido a las Comunidades Autónomas, total o parcialmente,
el rendimiento, y en ocasiones la regulación, de un conjunto de impuestos, como, entre
otros, el Impuesto sobre el Patrimonio.
• Participación en los ingresos del Estado: para la gran mayoría de las Comunidades
Autónomas, un porcentaje destacado de sus ingresos viene constituido por la participación
en los ingresos del Estado que suponen las transferencias efectuadas por éste en sus
Presupuestos Generales. Uno de los puntos más discutidos y de más difícil resolución en el
sistema de financiación consiste en determinar los criterios según los cuales se fijarán los
porcentajes de participación de cada Comunidad Autónoma en los fondos destinados a
la financiación de éstas. La Constitución, en su artículo 158, prevé que la asignación a las
Comunidades Autónomas deberá cubrir y garantizar un nivel mínimo en la prestación de los
servicios públicos fundamentales en todo el territorio español. Este nivel mínimo se
configura así como una base irrenunciable, a partir de la cual podrán construirse sistemas
de características muy distintas.
• Fondo de Compensación Interterritorial: este fondo viene más ampliamente descrito como
un conjunto específico de recursos, con entidad propia, destinado a corregir desequilibrios
económicos territoriales y a hacer efectivo el principio de solidaridad.
• Otras fuentes de financiación: resultan menos relevantes las posibilidades ofrecidas por la
Constitución a las Comunidades Autónomas para que obtengan recursos propios:
- Rendimientos procedentes del patrimonio de las Comunidades Autónomas así como
los ingresos de Derecho privado (157.1.d) y los procedentes de las operaciones de
crédito (157.1. e).
- Aumento de la presión impositiva: creación por la Comunidad Autónoma de “sus
propios impuestos, tasas y contribuciones especiales”. También se posibilita el recargo
sobre impuestos estatales.
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§ Potestad de gasto
Por lo que se refiere a los gastos de las Comunidades Autónomas, la LOFCA contiene también
las previsiones básicas de su régimen presupuestario:
• Carácter anual de los presupuestos
• Incluir en los presupuestos todos los gastos e ingresos correspondientes a dicha CCAA.
• Realizar los presupuestos de una forma homogénea a los PGE para facilitar su consolidación
en tales
• Los Presupuestos de las Comunidades Autónomas quedarán bajo el control del Tribunal de
Cuentas
§ El sistema de convenios
La garantía institucional de los regímenes forales históricos, recogida en la Disposición
Adicional 1ª afecta también al régimen fiscal de las Comunidades del País Vasco y Navarra.
Recogiendo la práctica seguida con respecto a Navarra y las provincias vascas, desde el siglo
pasado, los correspondientes Estatutos han venido a consolidar un sistema financiero propio,
denominado sistema de concierto en el caso vasco (Ley 12/81) y sistema de convenio en el caso
navarro (ley 28/90).
La base del sistema reside en la formalización de un acuerdo con el Estado, aprobado por ley
estatal, acuerdo que permite que los antiguos territorios forales (Navarra, provincias vascas)
establezcan un sistema tributario propio, distinto del vigente en el resto del Estado,
contribuyendo con un cupo prefijado y renovable, a los cargos comunes del Estado.
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Tema 13: Las relaciones entre el ordenamiento estatal y los ordenamientos autonómicos
En los orígenes de los Estados territorialmente compuestos (sobre todo en el caso del federalismo
norteamericano) pudo partirse de que las esferas propias del poder central y de los poderes
territoriales eran totalmente independientes, y separadas unas de otras, (dual federalism). Tal
concepción, sin embargo, no ha podido mantenerse ni teórica ni prácticamente, en las
circunstancias de los modernos Estados compuestos, ni, más específicamente en el Estado de
las Autonomías previsto en la Constitución española, y ello por varias causas:
• La creación de Comunidades Autónomas ha dado lugar a la aparición de ordenamientos
autonómicos, que versan sobre las materias sobre las que los respectivos Estatutos han
asumido competencias. Pero, esos ordenamientos se han ido creando de forma gradual, de
manera que mientras se completan son necesarias normas supletorias que eviten vacíos e
incertidumbres. Se establece así una relación de supletoriedad entre los ordenamientos
autonómicos y el ordenamiento estatal, consagrada en el art. 149.3 de la CE.
• La interconexión entre todos los aspectos de la vida social: prácticamente cualquier
actividad pública de alguna importancia incida en una amplia diversidad de ámbitos
sociales y económicos, y trascienda las fronteras territoriales de las Comunidades
Autónomas. Son, pues, necesarias, la integración y coordinación entre las normativas estatal
y autonómica. Ello da lugar a una compleja red de relaciones entre esos ordenamientos,
relaciones que se ven inspiradas esencialmente por tres principios:
§ Principio de supletoriedad
El principio de supletoriedad previsto en el art. 149.3 de la CE viene a resolver el problema de
las lagunas normativas en los ordenamientos autonómicos: “el Derecho estatal será, en todo
caso, supletorio del Derecho de las Comunidades Autónomas”. Ahora bien, como ha manifestado
repetidamente el Tribunal Constitucional, esta cláusula no supone una habilitación ilimitada
para que el legislador estatal pueda emitir normas sobre materias ajenas a su competencia.
El Estado podrá dictar normas en las materias sobre las que ostenta competencias, y esas normas
podrán tener, en defecto de normas autonómicas aplicables, carácter supletorio. Pero, no
podrá dictar normas exclusivamente para llenar supuestos vacíos del Derecho autonómico,
en materias de competencia exclusiva de las Comunidades Autónomas.
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Por ello, esas relaciones se basan en una posición de preeminencia de los poderes estatales en
cuanto a la fijación de directrices o marcos globales, y en la verificación de su cumplimiento.
Pero, además, la Constitución prevé la prevalencia, en casos específicos, del Derecho estatal
sobre el autonómico: el art. 149.3 establece que las normas del Estado “prevalecerán en caso
de conflicto sobre las de las Comunidades Autónomas, en todo lo que no esté atribuido a la
exclusiva competencia de éstas”.
Pero, además, la Constitución confiere potestades a los órganos centrales del Estado para, en
determinados supuestos, redefinir el mismo reparto competencial, bien ampliando las
competencias de las Comunidades Autónomas (caso de los apartados 1 y 2 del artículo 150 CE)
bien reduciéndolas o “armonizándolas” (caso del art. 150.3 CE).
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o LA AMPLIACIÓN COMPETENCIAL
La posición constitucional preeminente de los órganos centrales del Estado les permite alterar
el reparto competencial estatutario, en los supuestos constitucionalmente previstos, ampliando
el ámbito competencial de las Comunidades Autónomas, unilateralmente, mediante dos
procedimientos:
• Atribución de potestades legislativas al margen de los Estatutos, dentro del marco de la
ley estatal (150.1)
• Transferencia o delegación de competencias estatales (150.2)
La delegación legislativa en la que se fundamentan las Leyes Marco, no son en blanco, ya que el
Estado puede controlar la legislación autonómica a través de una ley estatal que establezca los
límites o directrices sobre las que se debe desarrollar la legislación autonómica. Características:
• La atribución habrá de realizarse por las Cortes Generales mediante ley ordinaria (mayoría
simple).
• Corresponde a las Cortes fijar los principios, bases y directrices de la ley marco.
• Les corresponde también fijar una modalidad de control de las mismas Cortes sobre la
legislación autonómica en cuestión, el cual deberá realizarse “sin perjuicio de la competencia
de los Tribunales”.
• El Estado podrá, de la misma manera que puede ceder la competencia, romper el acuerdo
de delegación legislativa.
• Trata generalmente la gestión de tributos tales como el IVA o el IRPF.
La vía formal diseñada por la Constitución para esta transferencia es la ley orgánica, que, como
es lógico, es revisable o alterable por una ley posterior. Es controlable (además de por el TC),
por quién las transfiere, el Congreso de los Diputados, previo dictamen del Consejo de Estado.
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El TC determinó:
• No podía ser una Ley Orgánica, a pesar de que el 150.3 hable de mayorías absolutas.
• No le corresponde a ninguna ley limitar el derecho de autonomía. El acceso a la
autonomía es de libre disposición. No es posible obligar a las CCAA a que acepten
determinadas competencias.
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La actuación conjunta del Estado y las Comunidades Autónomas constituye una exigencia
cotidiana, para el buen funcionamiento de los poderes públicos. Por este motivo, y junto a las
fórmulas de alteración del reparto de competencias, la Constitución y los Estatutos prevén
sistemas, dentro del mapa competencial ordinario, para que se produzca una relación integrada
entre los diversos niveles territoriales. Algunas de esas fórmulas se configuran como atribuidas,
en forma unilateral, a los poderes centrales: tal sería el caso de la potestad de coordinación.
En otros supuestos, las fórmulas de relación sólo serán posibles mediante acuerdo de los
afectados: tales serían diversas fórmulas de colaboración, como los convenios “horizontales”
(entre Comunidades Autónomas) o “verticales” (entre Estado y Comunidades Autónomas). En la
práctica, es frecuente que los términos coordinación, colaboración y cooperación se empleen
indistintamente.
§ Coordinación
En la Constitución se configura de dos formas distintas:
• Principio que debe inspirar la organización y funcionamiento de todas las AP: tal sería
el sentido con que se emplea el término en el art. 103.1 de la CE.
• Competencia atribuida al Estado: en relación con las competencias de las Comunidades
Autónomas, el sentido constitucional del término “principio de coordinación” incide en las
correspondientes competencias asumidas por los Estatutos. Así, el apartado 13 del art.
149.1 atribuye al Estado la “coordinación de la planificación general de la actividad
económica”, el apartado 15 la “coordinación general de la investigación científica y técnica”
o el 16 la “coordinación general de la sanidad”.
El término “coordinación” ha sido definido como una fórmula de fijación de mecanismos para
la integración en un sistema nacional de los múltiples subsistemas autonómicos. El
establecimiento de mecanismos de integración significa la determinación unilateral por el Estado
de técnicas que hagan posible una homogeneidad mínima, pese a la existencia de diversas
competencias sobre una misma materia (sanidad, investigación, economía, hacienda). Pueden
señalarse algunas características comunes:
• Competencia estatal: ejercitable sin necesidad de acuerdo o convenio con las Comunidades
Autónomas.
• Al incidir sobre las competencias de las CCAA, debe venir prevista constitucionalmente.
• La coordinación incide en las competencias de las Comunidades Autónomas, que deberán
sujetarse a las directrices coordinadoras estatales. La potestad de coordinación no es un
cheque en blanco en favor del Estado, sino un poder encaminado exclusivamente a la
“integración de los subsistemas” y no a la desaparición de éstos.
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§ Conflictos de competencia
La Constitución y la LOTC han habilitado diversos cauces para resolver discrepancias entre
Estado y Comunidades Autónomas. tanto de índole jurisdiccional, como de otro tipo. Las vías
jurisdiccionales consisten en los procedimientos de planteamiento de conflictos de
competencia (positivos o negativos) entre Estado y Comunidades Autónomas o de éstas entre sí,
así como el procedimiento de impugnación de disposiciones autonómicas. El otro cauce es el
mecanismo regulado en el art. 155 de la CE, que configura una técnica similar a la “intervención
federal” de otros ordenamientos, cuya actuación corresponde al Gobierno.
- Recurso de inconstitucionalidad
El art. 161 establece el recurso de inconstitucionalidad como primer instrumento procesal para
controlar la constitucionalidad de normas con rango de Ley. Asimismo, es posible, como antes
se ha mencionado, que la inconstitucionalidad sea material (contenido) o formal
(procedimiento). Están legitimados para interponer recurso de inconstitucionalidad, según el art.
162.1 de la CE:
- Presidente del Gobierno
- 50 diputados
- 50 senadores
- Defensor del Pueblo
- Órganos colegiados ejecutivos de las CCAA
- Asambleas de las CCAA
à Procedimiento
• Inicio: se inicia mediante el correspondiente escrito de quién esté legitimado para hacerlo.
• Admisión: el TC admite la demanda y traslada el recurso al Congreso, al Senado, al
Gobierno y a las CCAA (en el caso que la norma impugnada sea autonómica). Cualquiera
de estos órganos pueden formular alegaciones.
• Sentencia: El TC tiene que estudiar el recurso y las alegaciones y dictar sentencia en Pleno
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à Plazo
El plazo para interponer el recurso de inconstitucionalidad es de 3 meses desde la publicación de
la ley, ampliables hasta 9 (6 meses más) si se establece una comisión bilateral de cooperación
entre el Gobierno y la facción conflictiva (generalmente CCAA).
à Efectos
• Temporal: las sentencias del TC despliegan efectos a partir del día siguiente de su
publicación en el BOE.
• Contenido: la declaración de inconstitucionalidad supone la nulidad de las normas que se
vean afectadas y se considerará que nunca han formado parte del OJ.
- Cuestión de inconstitucionalidad
Otro instrumento que utiliza el TC, a través de la consulta de los tribunales ordinarios para
controlar la constitucionalidad de las normas con fuerza de Ley. Está recogido en el artículo 163
CE.
à Legitimidad
Como se desprende del artículo 163 de la CE, cualquier órgano judicial puede plantear la
cuestión de constitucionalidad ante el TC. Sin embargo, dicho órgano judicial debe cumplir 3
requisitos:
• La duda tiene que surgir en el seno de un procedimiento jurisdiccional que conozca el
órgano judicial.
• La duda tiene que ser relevante.
• Debe estar motivada por el órgano judicial que eleva la cuestión al TC.
à Procedimiento
La duda sobre la constitucionalidad de una norma con fuerza de ley puede surgir en cualquier
proceso que se siga ante un órgano jurisdiccional, sea cual sea su jurisdicción. El órgano judicial,
al estar vinculado a la Constitución, debe buscar una interpretación de la norma cuestionada
que la haga compatible con la Norma Fundamental; sólo si no encuentra dicha interpretación
o si estima que ésta es insatisfactoria, ha de plantear la cuestión ante el TC.
El planteamiento se lleva a cabo mediante un auto, y una vez oídas las partes personadas en el
proceso judicial y el Ministerio Fiscal. Oídas las partes, el Pleno del TC dicta sentencia
pronunciándose sobre la constitucionalidad o no de la norma cuestionada.
à La “autocuestión” de inconstitucionalidad
Cuando el Tribunal Constitucional se plantea como consecuencia de un recurso de amparo la
inconstitucionalidad de la ley que provoca la lesión del derecho fundamental. El TC planteará la
autocuestión de inconstitucionalidad ante el Pleno y éste decidirá si es o no inconstitucional
(mientras decide el RA queda suspendido).
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§ El artículo 155 CE
Previsto en el art. 155 de la CE, para resolver las diferencias que puedan surgir entre Estado
y Comunidades Autónomas cuando se vea afectado gravemente el interés general de España.
La Constitución concede al Gobierno la posibilidad de “adoptar las medidas necesarias” para
obligar a una Comunidad Autónoma al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones.
Para ello es necesario, primeramente, que la Comunidad “no cumpliese las obligaciones que la
Constitución u otras leyes le impongan, o actuase de forma que atentase gravemente al interés
general de España”; en segundo lugar, que el Presidente de la Comunidad Autónoma en
cuestión desatendiese el requerimiento del Gobierno de la Nación; finalmente, el Gobierno
necesitará, para su intervención, la aprobación de la mayoría absoluta del Senado (en uno de
los pocos casos en que éste cumple una función de Cámara territorial). Supone un efectivo
incumplimiento por parte de una Comunidad Autónoma de sus obligaciones, y la puesta en
peligro de intereses supra-autonómicos.
Aun cuando las medidas que el Gobierno está en tal caso habilitado para tomar no llegan al
extremo (previsto, por ejemplo, en la Constitución republicana de 1931) de hacer desaparecer
temporalmente la estructura autonómica territorial de la Comunidad (pues el Gobierno podrá
obligar a la autoridad autonómica a llevar a cabo una determinada conducta, pero no podrá
suprimir tal autoridad) sí que implican una suspensión de la autonomía funcional, al introducir
una relación jerárquica entre autoridad central (Gobierno) y autoridad autonómica.
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