Hidrografía de Europa Occidental
La complejidad topográfica de Europa Occidental origina una red hidrográfica muy
desarticulada. Como hecho destacado desde el punto de vista fluvial, en la Europa central, los
Alpes constituyen la divisoria de dos ríos de gran importancia geográfica y económica: el Rin
y el Danubio. El primero, tributario del mar del Norte, es un gran eje de circulación que
vertebra el área más industrial y poblada no sólo de Europa Occidental, sino de todo el
continente. El segundo, que vierte sus aguas en el mar Negro, nace en Europa Occidental,
pero forma en realidad la espina dorsal de Europa del Este.
Una primera característica de los ríos de Europa Occidental es su modesta longitud, de
acuerdo con las reducidas dimensiones de los demás aspectos geográficos de esta parte del
continente. Ni por su longitud, ni por su caudal pueden los ríos europeos compararse a los
grandes sistemas hidrográficos asiáticos, americanos o africanos. El Rin tiene tan sólo una
longitud de 1.298 kilómetros y el Tajo de 1.008 kilómetros. El Danubio, del cual sólo una
parte corresponde a Europa Occidental, tiene una longitud de 2.860 kilómetros.
La misma configuración horizontal del continente y las condiciones de su clima
explican esta moderación de longitud y caudal. Los sucesivos estrechamientos o istmos del
continente y la falta de grandes espacios continuos no permiten el desarrollo de largos ríos,
excepto en Europa Oriental y el caso del Danubio.
Por otra parte, la situación de Europa en la zona templada deja el continente fuera del
área de las grandes lluvias tropicales, que alimentan los ríos más caudalosos del mundo.
Otra característica de la mayoría de los ríos europeos es la regularidad de su curso,
consecuencia del relieve y del predominio en éste de la llanura. En Europa hay ríos de
montaña, pero los más importantes son ríos de llanura, totalmente o en la mayor parte de su
curso, lo cual, a la vez que en las particularidades de éste, se refleja en las condiciones de su
régimen. La moderación del relieve facilita también la comunicación de cuenca a cuenca. El
Rin comunica con el Danubio; el Loira con el Sena; el Ródano con el Garona; el Támesis con
el Mersey.
Un nudo hidrográfico de dispersión de aguas lo constituyen los Alpes. De las nieves
alpinas se nutren ríos mediterráneos, como el Ródano y el Po; atlánticos, como el Rin; y los
afluentes del Danubio, pertenecientes a la cuenca del mar Negro. También son centros de
dispersión de aguas los Alpes Escandinavos, los macizos hercinianos de la Europa central, los
Pirineos, la Cordillera Cantábrica y los núcleos ibéricos.
Los ríos europeos presentan variaciones regionales de régimen. Según las mismas,
éste se clasifica en atlántico, mediterráneo, alpino o mixto.
Ríos de caudal regular o régimen atlántico
La regularidad del caudal en relación con la de las lluvias, que constituyen la fuente
principal de alimentación, caracteriza al régimen fluvial atlántico. El máximo caudal
corresponde a los meses de invierno, y el mínimo, al verano, más acusado éste de lo que
debería ser según la aportación de las lluvias, ya que parte del agua de las mismas se pierde
por evaporación.
La regularidad del régimen es menor en aquellos ríos atlánticos que poseen un alto
tramo montañoso. La fusión de las nieves prolonga el máximo invernal, y las lluvias, atraídas
por el relieve, provocan súbitas e irregulares crecidas.
Los ríos de régimen atlántico son, además, ríos de llanura y de estuario en los que se
ejerce la acción de las mareas, circunstancia que, con la de su régimen, colabora en su
navegabilidad. Corresponden a este tipo de régimen los ríos británicos, especialmente el
Támesis; en el continente, el Garona, el Sena y el Loira; el Mosa y el Escalda; el Rin, en su
curso inferior.
Ríos de caudal irregular o régimen mediterráneo
Una acusada irregularidad es la característica que define el régimen de los ríos
mediterráneos, que a veces arrastran caudales torrenciales. Las lluvias caen en otoño o en
invierno y, a veces, en primavera, estaciones en las cuales se produce la crecida. Ésta es
rápida y violenta, seguida de un estiaje que llega a dejar seco el lecho de los ríos.
El tipo de régimen mediterráneo se realiza en su forma más pura en los ríos menores,
pues los mayores son, por su curso alto, ríos de montaña, con un máximo al fundirse las
nieves, lo cual introduce un elemento de mayor complejidad. Lo que siempre permanece
constante en los ríos mediterráneos es el mínimo estival, en unión con la irregularidad del
curso, debido a la del relieve montañoso. Corresponden a este tipo de régimen todos los ríos
del litoral mediterráneo español y los de las penínsulas Itálica y Balcánica.
Ríos de caudal relativamente irregular, de régimen nival o alpino
En los ríos alpinos, como el alto Rin, el alto Ródano y afluentes alpestres del Danubio
y del Po, la fusión de las nieves determina un fuerte aporte de primavera, prolongado a veces
durante el verano, mientras que el invierno es tiempo de mínimo muy acusado, pues las
precipitaciones caen entonces en forma de nieve y el hielo impide su deslizamiento. En esto
se diferencia este tipo de régimen del de otras montañas de menor elevación, como los Pi-
rineos o la Cordillera Cantábrica, que reciben lluvias de invierno.
Ríos de régimen mixto
Dada la complejidad del relieve europeo y de sus condiciones climatológicas, muchos
de los grandes ríos europeos, con la excepción de los de Europa Oriental, tienen un régimen
complejo en relación con las regiones que atraviesan.
Esta complejidad es especialmente manifiesta en el Rin y el Danubio. El Rin es en
Suiza un río alpino, pero en su curso medio recibe por la derecha y por la izquierda afluentes
de régimen atlántico, que alteran su carácter alpino.
El Danubio es en su nacimiento un río de régimen atlántico, pero pronto se transforma
en río alpino bajo la acción de los primeros afluentes de la orilla derecha. Este régimen dura
hasta Viena, pero a partir de dicha localidad empieza a transformarse en un río de régimen
oriental en su travesía hasta su desembocadura en el mar Negro.
Por lo que respecta a otros ríos europeos, el Po tiene en todo su recorrido un régimen
mixto entre atlántico y mediterráneo; el Garona es primero un río de montaña y luego
atlántico; el Ebro comienza siendo atlántico, después sus afluentes pirenaicos dan a su
régimen cierta semejanza al alpino, pero la influencia mediterránea acaba por imponerse.
Los lagos y los glaciares
Las regiones septentrionales de Europa, cubiertas por la glaciación cuaternaria, poseen
abundantes lagos que se formaron durante la retirada de los glaciares. Rodeados por las
morrenas, los lagos tienen formas irregulares y, con frecuencia, se comunican por canales o
valles fluviales poco erosionados. Los lagos más grandes coinciden con las fosas tectónicas
excavadas también por los glaciares. Éste es el origen de los lagos alrededor de los Alpes:
Como, Garda, Mayor, Leman, Constanza, etcétera. En las partes más elevadas de las grandes
cordilleras, como los Pirineos, los Alpes, y también en Islandia, hay gran cantidad de lagos
glaciares, kársticos y volcánicos.
Los glaciares de Europa Occidental cubren en la actualidad una extensión aproximada
de 116.000 km2. La principal masa de hielo se encuentra en las islas árticas; también, en
Islandia y en las mesetas escandinavas. El espesor de las capas de hielo oscila entre 500-600
metros, pero puede llegar a 1.000 metros. Forma grandes cúpulas, que en las zonas litorales
se rompen y caen al mar dando lugar a los icebergs a la deriva. Hay también glaciares de alta
montaña en los Alpes y en los Pirineos. En Sierra Nevada, en España, existe el glaciar más
meridional de Europa.
Los ríos de Europa Oriental
La red hidrográfica de la Europa Oriental propiamente dicha se distribuye en cinco
cuencas, la del mar Negro, la del mar del Norte, la del mar Báltico, y las de los mares Egeo y
Adriático, por orden de importancia. Si se toma en consideración el sector de Europa Oriental
ex soviético, hay que añadir las cuencas árticas de los mares Barents y Blanco y la cuenca
del mar Caspio. Por lo que se refiere a la ex Asia Soviética, cabe distinguir las cuencas del
Ártico, las del Pacífico, la del Caspio en su parte asiática y toda una serie de cuencas de
índole lacustre (Aral, Baljash o Balkhash, Baikal, etcétera).
Los Cárpatos, elemento fundamental del relieve de Europa Oriental, constituyen el
mayor centro de dispersión de aguas. Los ríos europeos orientales son de regímenes y
caudales muy diversos, debido a la variedad de sus orígenes y de las regiones por donde
discurren.
La cuenca del mar Negro
En el mar Negro y su subcuenca del mar Azov desembocan los grandes ríos rusos y
ucranianos, como el Don, el Dniéper o Dnepr, el Bug Meridional y el Dniéster o Dnestr. Sin
embargo, el curso fluvial por excelencia perteneciente a dicha cuenca es el Danubio. Este río
constituye la gran arteria de Europa Oriental, ya que a ella corresponde la mayor parte de sus
2.860 kilómetros de longitud, así como de sus 817.000 km2de cuenca y también sus
principales afluentes. Éstos son tan numerosos como importantes, destacando el Morava
checo, el Váh, el Tisza, el Olt, el Siret y el Prut, por su orilla izquierda, y el Drava, el Sava, el
Morava yugoslavo y el Iskar, por la derecha.
El Danubio es el río más caudaloso de Europa, con una media de 6.450 metros
cúbicos por segundo de desagüe en su delta de siete brazos, a través del cual aporta gran
cantidad de sedimentos al mar Negro. En Europa, discurre entre Alemania, Austria,
Eslovaquia, Hungría, Croacia, Serbia, entre Rumania y Bulgaria, y entre Rumania y Ucrania.
Por tal razón, se le conoce por las denominaciones de Dunaj, Duna, Dunav y Dunarea. Se
trata de un río de régimen complejo. En sus inicios es un río alpino, con aguas altas en
primavera y principios de verano. A partir de Bratislava adquiere las características de la
región panónica, con aguas altas exclusivamente en primavera, debido a la escasa
importancia de la alimentación glaciar; en cambio, la evaporación aumenta enormemente en
este curso llano, especialmente en el afluente Tisza, lo que origina un mínimo de otoño, que
se remonta rápidamente en invierno, a pesar de la existencia de un mínimo secundario
invernal debido a la retención nival. En las Puertas de Hierro, en la frontera entre Rumania y
Serbia, el Danubio recupera la rapidez de sus orígenes al cruzar una angostura de unos 60
kilómetros de longitud. A partir de allí vuelve a su curso lento, pero la cuantía de la
evaporación se reduce a la mitad de la registrada en la llanura Panónica.
La cuenca del mar del Norte
Fuera del contexto de Europa Oriental, el mar del Norte recibe las aguas del Elba, un
río originariamente checo y que corta en diagonal el territorio del este de Alemania.
El Elba es el segundo gran río de Europa Oriental, aunque pertenezca a la misma sólo
en un curso alto. Tiene una longitud total de 1.165 kilómetros. Nace, bajo la denominación de
Labe, en la vertiente sur de los Sudetes y recoge la mayor parte de la escorrentía del macizo
de Bohemia. Su régimen es nival, con aguas altas en primavera, pero muy afectado por la
evaporación mientras cruza la llanura germana. El estiaje se produce en verano y, en
ocasiones, llega a interrumpir la navegación, lo que también sucede con los hielos invernales.
Se halla conectado al Rin y al Oder a través de canales y atraviesa importantes regiones
industriales en Checoslovaquia y varios lánder alemanes. Entre los principales afluentes del
río Elba se cuentan el Saale y el Havel.
La cuenca del mar Báltico
El Vístula y el Oder son los ríos principales que afluyen al Báltico. Además, también
merecen destacarse el Neman, Nemunas o Niemen y el Dvina Occidental o Daugava, ambos
rusos. El Vístula (Wisla en polaco), con 1.086 kilómetros de longitud, es el tercer eje fluvial
del este europeo. Tiene su origen en los Cárpatos, en el sector occidental de los Beskides,
cerca de la frontera polaco-checa, aunque dentro de los límites de Polonia, y vierte sus aguas
al Báltico en forma de delta, en el golfo de Gdansk, con dos terceras partes de su cuenca en la
llanura Polaca. De régimen nival, presenta un mínimo secundario en invierno, las aguas altas
en primavera y un máximo secundario en otoño. En el régimen de llanura se acentúa el
máximo de primavera, mientras que el estiaje se centra en el otoño. El curso del río, de
dirección general sur-norte, se adapta a la estructura del relieve, que lo obliga a avanzar
formando ángulos rectos, sobre todo en la región prelitoral, para seguir los canales paralelos
que la caracterizan. En Varsovia, el Vístula se muestra como un gran río, a pesar de lo cual la
navegación se interrumpe desde fines de otoño hasta fines de invierno, a causa de los estiajes
y de los hielos.
El Oder (Odra para los polacos) es por su longitud (912 kilómetros) el segundo río de
la cuenca báltica, geográficamente situado a medio camino entre el Vístula y el Elba, con los
que se halla conectado a través de canales de navegación. Su régimen es parecido al del
Vístula, ya que nace en el extremo sudoriental de los Sudetes y tres cuartas partes de su
cuenca corresponden a la llanura germanopolaca; desagua en un estrecho estuario. Este río es
además importante por razones geopolíticas, ya que su curso bajo, junto con el de su afluente
el Neisse (Nysa en la denominación polaca), constituyó la frontera entre los estados de
Polonia y de la República Democrática Alemana desde 1945, delimitación que fue
oficialmente reconocida por la nueva Alemania reunificada.
Las cuencas del Egeo y del Adriático
Aunque se trate del mar griego por excelencia —disputado abiertamente por
Turquía—, el Egeo recibe las aguas de cuatro importantes ríos de Europa Oriental. Se trata
del Vardar (Axios para los griegos), que cruza Macedonia, y de los búlgaros Struma (Strimon
para los griegos), Mesta (el Néstos griego) y Maritsa (Evros para los griegos y Merit; para los
turcos). El tramo bajo de este último, nacido en Bulgaria, ofrece la peculiaridad de servir de
frontera entre Bulgaria y Grecia y entre esta última y Turquía.
Por lo que se refiere al Adriático, el Neretva es el único río importante, con cerca de
200 kilómetros de curso, que cruza Herzegovina y Dalmacia. Con aguas altas en otoño,
registra un profundo estiaje en verano, para cuya atenuación ha sido construido un gran
embalse.
Entre los tributarios del Adriático, también merecen ser citados varios ríos de Albania,
como el Drin o Drim, el Shkumbini, el Semani y el Vijosa (nacido este último en Grecia). Sus
cuencas discurren aproximadamente de este a oeste y con cierto paralelismo.
Las cuencas de los mares Barents y Blanco
El antigua sector soviético de Europa Oriental se asoma a la zona ártica a través de los
mares Barents y Blanco. Al primero afluye el Pechora y al segundo el Mezen, el Dvina
Septentrional o Sever naya Dvina y el Onega.
La cuenca del mar Caspio
Por su situación, calificada convencionalmente como de divisoria continental, la
cuenca caspiana puede ser analizada en una vertiente europea y otra asiática. De la primera
destaca sin duda el Volga, nacido en la meseta de Valdai y considerado el río europeo de
mayor longitud, con 3.531 kilómetros. También es importante el Ural, nacido en los montes
Urales y también por convención adoptado a veces como límite eurasiàtico. De menor relieve
son los ríos ciscaucasianos Kuma y Terek.
De la vertiente asiática del Caspio que interesa al conjunto soviético —toda ella muy
árida salvo en la Transcaucasia—, apenas merecen ser citados el Emba y el Atrek, con cursos
espasmódicos, mientras que sí ofrece mayor caudal el transcaucasiano Kura, con su afluente
Arak.
Las cuencas de la ex Asia Soviética
Hecha la salvedad de la cuenca caspiana, en el ex Asia Soviética destacan las cuencas
ártica y pacífica, con su rosario de mares locales, y las cuencas lacustres interiores,
correspondientes al mar de Arai y a los lagos Baljash y Baikal.
Son tributarios de las aguas árticas el Ob, con su afluente Irtysh o Irtish, el Yenisey,
con sus afluentes el Angara y los dos Tunguska, el Khatanga, el Lena, con sus afluentes
Vitin, Aldan y Vilyuy, el Indigirka y el Kolyma. A las aguas del Pacífico afluye el Amur. El
mar de Arai recibe al Amudarya y al Syrdarya; el Baljash, al Ili; y el Baikal, al Selenga. En
Asia Central no son extrañas las cuencas endorreicas, como la del Chu, en Kazajstán. El Ob u
Obi es el río de mayor longitud (5.410 kilómetros, con su afluente Irtysh) no sólo del ex Asia
Soviética, sino de todo el conjunto eurasiàtico que aquí se contempla, desde Polonia, en el
límite occidental, hasta el Extremo Oriente ruso, y el que posee una cuenca más amplia.
Avena casi todas las tierras de Siberia Occidental, incluyendo las más cercanas al Yenisey.
La principal aportación proviene de los montes Altai. Aunque sus aguas fluyen muy
lentamente, la evaporación no es importante. Se congela a comienzos de octubre en la de-
sembocadura, hacia mitad del mismo mes en la confluencia del Irtysh, y a principios de
noviembre en el sector más meridional. El deshielo también dura todo un mes en la
primavera, y provoca fuertes inundaciones. El Ob desemboca en el Ártico, en el estuario más
largo del Mundo, con 800 kilómetros de longitud.
El Yenisey o Yenisei es el más caudaloso de los ríos del Asia Soviética y el tercero en
longitud. Tiene un recorrido de 4.092 kilómetros por el límite este de Siberia Occidental. Las
principales aportaciones provienen de la escorrentía de la plataforma central siberiana y del
extremo de la diagonal montañosa chino-siberiana. Los afluentes que provienen de los Sayán
son muy caudalosos, con máximas muy marcadas en primavera y verano, por la fusión de las
nieves. Al igual que el Ob, el Yenisey acaba en un gran estuario en el Ártico. Constituye una
importante vía navegable.
El Lena (Liena, según otra adaptación) es el segundo río en longitud del conjunto
europeo oriental-soviético, con 4.400 kilómetros. Sus aportes provienen básicamente de la
plataforma siberiana y del extremo oriental de la dorsal chino-soviética. Su régimen es
pluvionival. Los afluentes de la derecha están influenciados por el monzón del Pacífico, lo
que aumenta el caudal estival, y su desembocadura en el Ártico constituye un enorme delta.
Los lagos
El más importante de los lagos de la Europa Oriental propiamente dicha es el Balatón,
en el extremo occidental de la llanura Panónica. Tiene una extensión aproximada de 600
kilómetros cuadrados. Situado al pie de la Selva de Bakony, en el Kis Alfóld o Pequeña
Llanura, se extiende de sudoeste a nordeste a lo largo de unos 78 kilómetros, mientras que su
anchura es muy escasa. Ésta alcanza una media de 15 kilómetros, pero se estrecha a menos de
2 en la península de Tihany, que divide el lago en dos partes. Recoge las aguas de los montes
de la dorsal húngara, y su emisario, el Sió, alimenta el curso medio del Danubio. Es muy
poco profundo (alcanza una cota máxima de unos 10-12 metros), por lo cual su nivel varía
considerablemente según el régimen. Presenta las aguas altas en primavera, por la fusión de
las nieves, mientras que el estiaje se marca a principios de otoño; en invierno se hiela.
Las orillas septentrionales, junto a la fracturada alineación volcánica, son altas y
escarpadas, totalmente distintas de las bajas y arenosas de la mitad meridional. La cercanía a
Budapest ha favorecido un amplio y reciente desarrollo turístico del lago.
Las restantes cuencas lacustres de Europa Oriental, excluidas las de la ex Unión
Soviética, son escasas y de proporciones muy modestas. Cabe citar los lagos de Mazuria o
Mazury, en Polonia; el Fertó o Neusiedl, entre Hungría y Austria; el Scutari, Skadar o
Shkodra y el Ohrid, entre Yugoslavia y Albania; el Prespa, entre Yugoslavia, Albania y
Grecia; y el Brates, junto a la ciudad rumana de Galati.
Entre Europa Oriental y el Asia Central se ubica el mar Caspio, que pese a su nombre
es el mayor lago del Mundo, con 371.000 kilómetros cuadrados de extensión. Su nivel ge-
neral se halla a 26 metros por debajo del Mediterráneo. En él se distinguen dos grandes
cuencas: la septentrional, que recibe las aguas de los ríos Volga y Ural—más grande y con
una media de 25 metros de profundidad, es menos salina y se hiela en invierno—; la me-
ridional llega en algunas fosas a 995 metros de profundidad y no se hiela. El mar Caspio, a
pesar de tratarse de una cuenca cerrada, constituye una importante vía de comunicación a
través de los ríos. En él se encuentran puertos importantes, como los de Bakú y Astrakán. En
lo que hace referencia a la fauna, es un importante lugar de desove del esturión, de modo que
es muy importante la producción del preciado caviar. El mar Caspio registra un descenso
continuo de su nivel a causa de la fuerte evaporación y de la reducción del caudal aportado
por sus ríos tributarios, cuyas aguas son utilizadas masivamente en la industria y el riego y
retenidas en los embalses.
Más al este, el mar de Aral, rodeado por los desiertos del Kazajstán y del Asia
Central, es más pequeño y menos profundo (máximo de 60 metros), con una elevada
salinidad. Su superficie teórica de 66.500 kilómetros cuadrados se halla en progresiva
reducción, al disminuir drásticamente la afluencia de aportes. En invierno sus aguas se hielan,
mientras que en verano alcanzan temperaturas muy elevadas.
Además de estos mares interiores, existen en el sector eurasiàtico de Rusia más de 250.000
lagos, en su mayoría pequeños, aunque trece de ellos superan los 1.000 kilómetros cuadrados.
Cabe destacar el Baikal, el Ladoga, el Baljash, el Onega, el Issyk Kul, el Taymyr, etc. Este
caudal lacustre supone el 20 por 100 de las reservas mundiales de agua dulce procedente de
lagos.
El Baikal, con una superficie de 31.500 kilómetros cuadrados, ocupa una fosa
tectónica y es el lago más profundo del Mundo, ya que alcanza una profundidad de 1.752
metros. Se sitúa en uno de los valles de los montes Sayán, en el-sudeste de Siberia.
El Ladoga, con una superficie de 18.400 kilómetros cuadrados, es el mayor lago no
sólo de Europa Oriental, sino de toda Europa. También ocupa una fosa tectónica, al sur del
escudo báltico. Próximo a él se encuentra otro lago de considerables dimensiones, el Onega
(9.610 kilómetros cuadrados), unido al Ladoga por el río Svir y al mar Blanco por un canal.
Hidrografía en el ex territorio soviético
El drenaje fluvial del ex territorio soviético es enormemente sencillo, dadas las
grandes dimensiones de las regiones naturales y la uniformidad climática regional. Además,
las aguas están concentradas en un número reducido de cuencas fluviales de excepcionales
dimensiones, ya que cubren extensiones de varios centenares de miles de kilómetros
cuadrados, y con un idéntico sentido general: de norte a sur al oeste de los Urales, de este a
oeste en Asia Central, y de sur a norte en Siberia. En general, existe una dificultad en el ave-
namiento, que se manifiesta tanto en la de grandes cuencas endorreicas de la baja Asia
Central, como en la de vastas superficies pantanosas en la taiga del norte de Europa rusa, en
las llanuras de Siberia Occidental y en el norte de Siberia Oriental, lo que representa, más o
menos, una décima parte del total del ex territorio soviético.
Lo que más destaca son los amplios y grandes ríos. Pero existen alrededor de
doscientos cauces con un recorrido superior a 500 kilómetros y unos 150.000 de más de 10
kilómetros. De éstos, el 60 por 100 de las aguas desaguan en el Ártico, el 22 por 100 en el
Pacífico y sólo el 8 por 100 en el Atlántico: el 10 por 100 restantes afluye a los lagos y mares
interiores. La densidad fluvial más elevada se encuentra en las tierras menos habitadas.
Además, un 27 por 100 del ex territorio soviético está sometido a condiciones de aridez,
recibiendo sólo el 2 por 100 de las aguas superficiales y no con regularidad.
Los ríos de la llanura Rusa
Los cursos presentan una corriente de dirección general norte-sur y discurren sobre
una llanura casi horizontal, en un cuadrilátero de unos 2.000 kilómetros de lado y un desnivel
máximo de 400 metros, por lo que los perfiles fluviales rusos cuentan con una de las menores
inclinaciones del mundo. Esta dirección general de las corrientes sólo presenta dos
excepciones: los ríos del oeste y noroeste, cuyas cuencas se ven sometidas a influencias
oceánicas o a accidentes de relieve que no dejan ejercer su influencia sobre la corriente, que
toma una dirección este-oeste, y los ríos tributarios del océano Ártico, con dirección sur-este-
norte-oeste. Los principales son el Dvina y el Pechora, que circulan por regiones un poco más
accidentadas que las grandes cuencas fluviales del centro y del sur, en las que los inviernos
son muy largos y los veranos frescos. Discurren bajo un clima continental moderado, de
veranos progresivamente más calurosos hacia el sur y de inviernos fríos; durante varios
meses, el suelo y los ríos se ven cubiertos por la nieve y el hielo.
Las aguas fluviales circulan por un número muy reducido de cuencas, que cuentan, sin
embargo, con superficies en general muy extensas: la del Volga tiene 1.400.000 km2; la del
Dniéper o Dnepr, 503.000 km2; la del Don, 429.777 km2; la del Dvina Septentrional o
Sevemaya Dvina, 362.284 km2; la del Pechora, 320.343 km2, y la del Ural, 237.000 km2.
Sólo las cuencas de los ríos del noroeste tienen una menor extensión, con dimensiones más
cercanas a las que se encuentran en Europa Central y Occidental: Neva (281.925 km2),
Neman o Niemen (100.000 km2), Mezen y Onega. Cada una de las cuencas fluviales forma
un sistema de convergencia de las aguas hacia una zona central, en cuyo bajo curso comienza
un canal de desagüe que llega al mar, sin apenas recibir afluentes laterales; especialmente
característica en este sentido es la cuenca del Volga.
Los ríos de la llanura presentan, en su régimen, algunos trazos comunes: poseen un
caudal importante, fruto de las enormes dimensiones de sus cuencas, como la del Volga, que
con 8.000 metros cúbicos por segundo en la cabecera de su delta se sitúa en primer lugar; la
lentitud de la corriente, fruto de la escasez de pendiente; y un ritmo estacional similar en
todos los ríos, que se caracteriza por la crecida de las aguas como resultado de la fusión de las
nieves. Se trata de grandes crecidas que se producen en primavera, desde mediados de marzo
hasta mediados de mayo, en latitudes entre 50-60°. Los ríos del oeste y del noroeste presentan
crecidas más precoces, y, en general, éstas aparecen más tardíamente cuanto más se vaya
hacia el sur. En verano, los regímenes fluviales se muestran en su época de escasez al no
disfrutar de las aguas de fusión y al verse sometidos a una evaporación intensa, algo normal
en las llanuras de corriente lenta. En otoño se produce un aumento del caudal al decrecer la
evaporación y recoger las aguas de las lluvias otoñales. Finalmente, en invierno, el hielo
produce una nueva época de escasez. En conclusión, el régimen de los ríos de llanura es casi
independiente de la repartición estacional de las lluvias; sólo en otoño existe una coincidencia
entre el caudal de los cursos y las precipitaciones.
En las cuencas fluviales del noroeste se encuentran abundantes extensiones de agua
lacustre, sobre un suelo recubierto de arcillas morrénicas impermeables y con una topografía
desigualmente modelada por las glaciaciones. En la cuenca del Neva se hallan los lagos
Onega u Onezhskoye Ozero, Ladoga o Ladozhskoye Ozero e Ilmen o Ilmen Ozero, que
suman una extensión cercana a los 30.000 km2, mientras en la cuenca del Neman existe una
gran cantidad de pequeños lagos. La presencia de estas extensiones lacustres origina el
espaciamiento y la menor intensidad de las crecidas producidas por la fusión de las nieves. El
clima es, en esta zona, menos contrastado que en el este y las precipitaciones son un poco
más abundantes, por lo que el caudal de los cursos es proporcionalmente mayor que en los de
la llanura Rusa. El Neva, emisario del lago Ladoga, cuenta con un caudal de 2.600 metros
cúbicos por segundo a la entrada de San Petersburgo, en una cuenca inferior a los 300.000
km2; el caudal del Neman alcanza los 650 metros cúbicos por segundo en Sovetsk, con una
cuenca inferior a los 100.000 km2. En general, presentan una mayor regularidad en su
régimen debido a la pluviosidad veraniega y a la amortiguación del deshielo; los empujes
otoñales son así mismo más acusados. El Volga, en cambio, presenta un régimen más
irregular, con una crecida muy rápida que se inicia en abril y llega a multiplicar el caudal me-
dio por doce, para descender de modo absoluto sus aguas en los meses de junio y julio. El
régimen del Volga es, en palabras del geógrafo francés Pierre George, de una «simplicidad
grandiosa», y responde perfectamente a la definición de río de régimen continental. Con
3.531 kilómetros de longitud, el Volga es considerado el río más largo de Europa. Los ríos
del sudoeste, entre los que destacan el Don y el Dniéper o Dnepr, cuentan con unas aguas pri-
maverales más precoces que el Volga, y la escasez no llega hasta finales de verano o
principio de otoño. Los ríos de las montañas meridionales del oeste presentan un régimen
nival: el Dniéster o Dnestr, y en parte el Bug, ve regularizado su régimen por la presencia de
la montaña y su situación en latitud, ya que las aguas altas llegan hasta la estación seca y los
efectos del hielo son atenuados. La influencia de la alta montaña es así mismo clara en el
Kubán, que ve retrasado su caudal máximo hasta junio. El Rioni se aparta del régimen
continental por la abundancia y relativa regularidad de las precipitaciones en las pendientes
del Cáucaso Occidental. Por último, el Terek y el Kuma presentan un régimen nivo-glaciar
caucásico, con aguas altas en verano (julio), fruto de la fusión de las nieves desde el mes de
mayo, y escasez en invierno a causa de la altura de la cuenca.
Los ríos siberianos
Los ríos siberianos circulan en sentido contrario a los de la llanura Rusa, es decir, de
sur a norte, desde regiones de veranos más o menos calurosos hacia regiones de veranos fríos
(menos de 10 °C en julio). El clima se hace cada vez más continental al pasar de la llanura de
Siberia Occidental a las mesetas y montañas de Siberia Central. Las longitudes de los cursos
y las dimensiones de las cuencas son aquí aún mayores: el Ob u Obi, con 4.070 kilómetros de
longitud (excluido el Irtysh), cuenta con una cuenca fluvial de 2.975.000 km2, doble que la
del Volga; el Yenisey o Yenisei, con afluentes importantes como el Angara, posee más de
4.000 kilómetros de longitud y tiene una cuenca de 2.975.000 km2; el Amur, con 4.416
kilómetros de longitud, pertenece ya a un sector hidrológico diferente, al extremo oriental de
clima monzónico.
Los ríos siberianos presentan una serie de características comunes. Además del ya
mencionado sentido general sur-norte de su corriente, cabe destacar la gran extensión de sus
cuencas —situadas en regiones de clima continental, poco regadas y de inviernos largos y
fríos, veranos cortos y temperaturas decrecientes de sur a norte— y la escasa inclinación del
perfil de los cursos ya desde sus cuencas superiores en las montañas, por lo que la corriente
es también aquí muy lenta. Finalmente, hay que señalar el papel importante de su caudal de
montaña que les asegura, a pesar del poco volumen de la cobertura de nieve de las mesetas
siberianas, un caudal muy respetable.
La crecida primaveral de los ríos siberianos es aún más importante que en los de la
llanura Rusa, por la mayor duración del invierno y por recibir la aportación, no sólo del agua
de las nieves, sino de los glaciares de montaña. Además, presentan la peculiaridad de sufrir el
deshielo del curso alto antes que los correspondientes al medio y bajo, por lo que las
inundaciones son numerosas e importantes, al extenderse las aguas fuera de su cauce normal.
El Ob es un río de llanura con un caudal medio inferior a 12.500 metros cúbicos por segundo,
a pesar de la inmensidad de su cuenca. El Lena es, en cambio, más montañoso y discurre por
mesetas de clima duro, sin apenas verano, por lo que está exento de una gran evaporación,
siendo su régimen más comparable al del Volga. El Amur sufre los efectos del clima
monzónico; el invierno es la estación más seca (unos 100 milímetros) y en la que se produce
su estiaje, y las precipitaciones abundantes del verano provocan su crecida, en la que el
elemento esencial ya no es la nieve, sino las lluvias monzónicas. Estos ríos poseen
importantes afluentes; así, el Ob tiene al Irtysh o Irtish, y el Lena a los ríos Vitin, Aldan y
Vilyuy.
Los ríos de Asia Central
En la baja Asia Central, la penuria de las precipitaciones y la intensísima evaporación
veraniega dan lugar a una extrema aridez, que provoca destacados fenómenos de
endorreismo, como el que ha originado el lago Baljash (21.000 kilómetros cuadrados). Sólo
los ríos que reciben agua de las montañas circulan todo el año; los restantes discurren en
cuencas cerradas durante la época de aguas altas. El Kazajstán — 150-300 milímetros, con
medias estivales inferiores a 20 °C y con máximas de 45-55 °C — es el país endorreico por
excelencia (buen ejemplo es la cuenca del Chu), y en él se encuentra la mitad norte del mar
de Aral o Aralskoye More, al que desembocan dos ríos importantes que descienden de las
altas montañas del Tien Shan y del Pamir y lo van colmatando progresivamente de limos
arcillosos. De estos dos ríos, el Amudarya o Amu Darya (2.600 kilómetros de longitud)
desemboca en un amplio delta en la zona sur del mar de Aral, en Uzbekistán, mientras que el
Syrdarya o Syr Darya (2.991 kilómetros) lo hace al nordeste, en el Kazajs- tán. Al recibir las
aportaciones de las montañas del centro-sudoeste asiático, estos cursos están sometidos a un
régimen nivo-glaciar, esto es, con crecidas durante la estación seca por la importancia relativa
de la aportación nival y glaciar.
La superficie lacustre y glaciar
En la ex Unión Soviética se encuentran más de 250.000 lagos, la mayoría de pequeña
extensión, pues sólo trece superan los 1.000 kilómetros cuadrados. El lago Baikal, al sur de
Siberia Central, tiene una extensión de 31.500 km2 y es el más profundo del mundo, con una
media de 700 metros y un valor máximo de 1.752 metros. En él desembocan más de 300
cursos de agua, como el del Selenga, la mayoría torrentes que descienden de las montañas
circundantes, y tiene como emisario el Angara, afluente del Yenisey, sobre el que ejerce un
papel de moderador. La temperatura estival de sus aguas superficiales varía entre los 13 y los
14 °C, pero a partir de los 200 metros de profundidad tiene una temperatura casi constante de
4 °C que se mantiene hasta el fondo.
El lago Baljash, en Kazajstán, cuenta con una extensión de 18.200 km2 y es el menos
profundo de los grandes lagos. Su sector oriental presenta una profundidad máxima de 26
metros, en tanto que su sector occidental apenas alcanza los 6-8 metros. Recibe escasas
aportaciones fluviales, como es el caso del Ili, ya que los cursos se pierden por la estepa a
causa de la fuerte evaporación.
El Ladoga o Ladozhskoye Ozero, cercano a la ciudad de Leningrado, es el mayor de
los lagos europeos, con 18.400 km2. De origen tectónico, posteriormente transformado por la
glaciación cuaternaria, su profundidad máxima es de 230 metros. Su superficie permanece
helada de diciembre a febrero y en él desembocan varios cursos fluviales, además de
constituir el nacimiento del Neva. El lago Onega u Onezhskoye Ozero, con 9.610 km2, está
situado igualmente en una cuenca tectónica modificada por el glaciarismo y posee una
profundidad máxima de 127 metros. Está unido al Volga y al mar por diversos canales, y es
de gran importancia para el transporte.
Las obras de ingeniería para el aprovechamiento hidroeléctrico han dado lugar a gran
cantidad de lagos artificiales, entre los que destacan los embalses de Bratsk, en el Angara,
afluente del Yenisey, y de Rybinsk, en el Volga.
En el territorio de la ex Unión Soviética existen numerosos glaciares que abarcan
aproximadamente una extensión de 56.000 km2, y constituyen una gran reserva de agua
dulce. Las mayores extensiones de hielo se encuentran en el Ártico, en las islas de Nueva
Zembla, de Francisco José o de Severnaya Zemlya. Pero también hay glaciares de montaña
en la meseta del Pamir, en Tien Shan y en el Cáucaso, cuyas aguas alimentan algunos de los
ríos más caudalosos de la región. Los glaciares de montaña constituyen una reserva de agua
de aproximadamente 2.500 kilómetros cúbicos, que los científicos han empezado a utilizar en
algunas situaciones.
Las aguas subterráneas desempeñan también un importante papel; en Siberia
Occidental se encuentra una gran cuenca artesiana que ocupa más de tres millones de km2;
favorecen también con su presencia las regiones más áridas, como el Kazajstán y otras
regiones de Asia Central.
Los ríos sagrados del Índico
Entre los ríos más relevantes del subcontinente indio, destacan el Ganges y el
Brahmaputra, que forman el gran delta de las bocas del Ganges en el golfo de Bengala. El río
Ganges, con sus 2.700 kilómetros de longitud, tiene un máximo veraniego muy pronunciado
debido a las lluvias de los monzones. Son en especial los afluentes himalayos los que aportan
al Ganges un caudal enorme, cerca de 13.000 metros cúbicos por segundo cerca de su
desembocadura. Durante el período de deshielo, el agua de origen glaciar se duplica o
triplica. Por otra parte, las nieves caídas durante el monzón de verano sobre las altas cimas
funden hacia el mes de mayo, como consecuencia de la fuerte insolación. Sin embargo, el
aporte nivoglaciar es débil en comparación con el de las lluvias del monzón. En la orilla
derecha, el único río importante es el Son, cuyo caudal alcanza sus máximos entre los meses
de julio y de septiembre. El Brahmaputra, con sus 2.900 kilómetros de longitud y a pesar de
su débil alimentación transhimalaya, posee un abundante caudal, porque parte de su cuenca
coincide con el máximo de precipitaciones provocadas por el monzón; de ahí que su caudal
(15.000 metros cúbicos por segundo) sea superior al del otro gran río indio, el Ganges.
Debido al régimen pluviométrico, los ríos de origen himalayo pueden llegar a
contener un caudal diez veces superior al valor normal medio y esta proporción es todavía
más elevada para el Son. La razón de estas bruscas crecidas se hallan en la súbita aparición de
los ciclones, que emigran a partir del golfo de Bengala, provocando lluvias excepcionales
sobre superficies que pueden alcanzar los 100.000 kilómetros cuadrados.
Otros cursos fluviales procedentes de la cadena del Himalaya aparte del Brahmaputra
son el Indo y el Sutlej, que realizan un largo recorrido longitudinal sobre la vertiente tibetana
antes de girar en ángulo recto hacia su desembocadura en el sur. Ríos menos importantes son
el Arun y el Kali-Gandaki, que, por el contrario, cortan la gran cordillera.
En el Indo, de unos 3.180 kilómetros de recorrido, desaguan el Chenab, el Ravi y el
Sutlej, que riegan Cachemira y Punjab; en su tramo final, parte de sus aguas se une con las
aportadas por algún cauce intermitente procedente del área desértica de Thar para constituir
una amplia zona anegada, denominada Rann de Kutch (233 kilómetros cuadrados), en la
frontera con Pakistán.
El Ganges, río sagrado
El río sagrado, el Ganges o Ganga, del que ha tomado su nombre el legendario héroe
hindú libertador de su patria, con sus 2.700 kilómetros de longitud aproximadamente y una
cuenca de más de 850.000 kilómetros cuadrados (toda ella prácticamente en los límites de la
Unión), constituye el curso fluvial más importante del país, y ello desde varios puntos de
vista: religioso y legendario, pero también económico. La llanura del Ganges es pues la
región más importante desde el punto de vista humano, porque en ella se acumulan grandes
concentraciones demográficas. Sus orillas son una de las zonas más superpobladas de la India
y sus suelos, con potentes depósitos aluviales, la convierten en una región muy feraz. Su
principal afluente en el curso medio es el Jumna o Ya- muna (1.384 kilómetros) y sobresalen
también el Gogra o Ghogra (917 kilómetros) y el Gandak (643 kilómetros). Por último, y
después de regar la mayor parte de la llanura Indogan- gética y atravesar numerosas ciudades,
se une al Brahmaputra para desembocar juntos en el golfo de Bengala, formando uno de los
deltas más extensos del Mundo, con 400 kilómetros de costa, las Bocas del Ganges.
Precisamente, el Brahmaputra es el otro gran curso hidrográfico, con unos 2.900 kilómetros
de recorrido y una cuenca que se extiende sobre aproximadamente 670.000 km2, del que sólo
una parte relativamente pequeña discurre en territorio indio por su extremo oriental, a través
del estado de Assam.
La divisoria de aguas que separa la llanura Indogangética de la península se localiza
principalmente en el estado de Madhya Pradesh y en los montes Vindhya y Satpura, ambos
divididos por el cauce del río Narmada que discurre de este a oeste para desembocar en el
golfo de Cambay, uno de los accidentes costeros más importantes de la franja occidental (mar
Arábigo); mientras que en el fondo de la ladera meridional de los montes Satpura circula el
Tapti. En este mismo sector, pero en la vertiente opuesta, es decir la del golfo de Bengala,
desembocan el río Brahmani y el Mahanadi, que atraviesa la ciudad de Cuttack.
Más al sur, los Ghates Occidentales, al constituir la línea orogràfica más elevada de la
península del Deccán, dan lugar a una nueva divisoria de aguas entre una serie de cursos
hídricos de corta longitud y notable pendiente, que se precipitan al mar Arábigo y la costa de
Malabar, y aquellos que desaguan a lo largo de la costa oriental de Coromandel, después de
atravesar de oeste a este toda la meseta del Deccán. Son, claro está, estos últimos los que
revisten una mayor importancia en el abastecimiento de agua de esta amplia zona. Entre ellos
sobresale el Godavari, que a lo largo de sus 1.448 kilómetros de recorrido recibe las
aportaciones del Pranhita por la izquierda y del Manjra por la derecha, para finalmente alcan-
zar el mar formando un delta al sur de la ciudad de Kakinada o Cocanada.
También el Krishna, otro de los mayores ríos de esta parte de la India (1.287
kilómetros), vierte sus aguas en el gran golfo de Bengala a través de un delta, después de
regar la ciudad costera de Masulipatnam, Machlipatam o Bandar. Más al sur, en Nellore,
desemboca el Penner y en otro delta situado entre la costa de Coromandel y el estrecho de
Palk, que separa el continente de la vecina Sri Lanka o Cei- lán, desagua el Cauvery.
Así pues, en la Unión India la red fluvial se constituye, en toda el área septentrional,
alrededor de tres grandes cuencas hidrográficas entre las que sobresale la del Ganges;
mientras que en el resto del país numerosos cursos definen las cuencas occidental y oriental
mar Arábigo y golfo de Bengala) conforme a las estructuras de las unidades de relieve.
Los grandes ríos de China
En Asia Oriental se hallan algunos cursos fluviales de los más largos del mundo.
Entre ellos destacan el Amur, el Yangtze o río Azul y el Hoang o río Amarillo. El Amur, con
sus 4.416 kilómetros de longitud es uno de los cursos fluviales más largos de Asia. Presenta
como característica peculiar el haber unido el mar con todos los alvéolos situados en la
llanura de Manchuria, atravesando las montañas intermedias gracias a profundas gargantas.
Debido a la larga duración e intensidad del invierno, las aguas permanecen atrapadas por el
hielo (entre 150 y 180 días al año) y normalmente el período de deshielo va unido a la llegada
de las lluvias monzónicas, lo que provoca el aumento espectacular de su caudal y ocasiona a
menudo graves inundaciones. El Yangtze tiene una cuenca de 1.800.000 kilómetros
cuadrados y su longitud es de 5.800 kilómetros, con un caudal medio de 35.000 metros
cúbicos por segundo, lo que lo sitúa como el tercer río del Mundo. En la primera parte de su
recorrido, el río se encaja en las montañas y discurre paralelo a los pliegues de la Era
Secundaria; más abajo, en su curso medio, dibuja una serie de zigzags que reúnen los
afluentes de la orilla derecha, paralelos a las fallas, y los cursos de agua que avenan por la
orilla izquierda. Su perfil de equilibrio es bastante semejante al de todos los ríos de China
Meridional. Su sección inferior, a 1.500 kilómetros de su desembocadura, se encuentra a tan
sólo 40 metros de altitud, lo que ha obligado a construir paredes laterales para impedir su
desbordamiento. En la parte superior, el río recibe su alimentación básicamente de las lluvias
monzónicas caídas sobre el macizo alpino de Sichuan, mientras que el aporte nival es escaso
a causa de las débiles precipitaciones invernales. Entre las localidades de Ichang y Nankín, el
caudal se duplica gracias al aporte de los ríos de China Meridional, así como por las aguas
que afluyen de los intermediarios de los lagos Poyang y Dongting. Río abajo, el caudal
decrece en razón de la fuerte evaporación, pero aumenta en septiembre como consecuencia de
la acción de los tifones.
Los grandes lagos ejercen en parte una función reguladora; el Poyang recibe el 40 por
100 del volumen de agua arrastrada anualmente por el Yangtze, que equivale aproximada-
mente al de su propia cuenca. Así mismo el nivel del lago aumenta en verano en 15 metros y
su superficie se multiplica por 6. Los afluentes del norte tienen un caudal menor, cuyo
máximo tiene lugar dos meses más tarde. No obstante, a pesar de la regularización de las
aguas operada por los lagos, el Yangtze experimenta unas temidas crecidas como
consecuencia de las tormentas persistentes ocurridas durante unas semanas sobre unos cen-
tenares de kilómetros cuadrados. La simultaneidad de las precipitaciones en la cuenca de los
grandes lagos y en el curso superior reduce sensiblemente su papel de embalse.
El Hoang o río Amarillo es el segundo río de China por su caudal y tiene una longitud
de 5.464 kilómetros. Nace en el Tíbet septentrional y se dirige al nordeste, cruzando la Gran
Muralla, para, más al norte de las regiones esteparias de Mongolia meridional, doblar su
curso, trazando meandros a través de terrenos blandos, pero ganando en caudal y fuerza. Más
adelante cruza un desierto árido, una amplia llanura y, finalmente, penetra en la provincia de
Shandong antes de desembocar en el golfo de Bo Hai. Sus aguas arrastran una gran cantidad
de sedimentos de las mesetas de loess, que le otorgan el color amarillo que le ha hecho célebre
y está en el origen de su nombre europeo. Se trata del río que acarrea mayor cantidad del
Mundo de aluviones, calculándose la cifra en unos mil quinientos millones de toneladas al
año. El curso inferior del río ha sufrido mutaciones muy importantes a causa de sus continuos
desbordamientos, que han constituido un azote permanente en la historia de China. Según
consta en los libros de historia de China, el Hoang se ha desbordado más de mil quinientas
veces en los últimos dos mil años, causando innumerables daños materiales y humanos. No
obstante, algunas veces el hombre ha contribuido a agravar la cuantía de los daños
producidos por el desbordamiento del río. El curso del río ha cambiado veintiséis veces en los
últimos dos mil años y su desembocadura ha oscilado como un péndulo, de norte a sur, en un
recorrido de unos setecientos kilómetros. El curso actual tiene unos ciento cincuenta años de
antigüedad y su desembocadura ha cambiado tres veces en los últimos cincuenta años. Los
cien kilómetros de delta constituyen una amplia región donde, a principios de los sesenta, se
descubrió la existencia de un gran campo petrolífero, el de Sheng Li.
Los grandes ejes deltaicos de Indochina
Los ríos indochinos constituyen un fiel reflejo del régimen de las precipitaciones y del
relieve. Unas pendientes muy acentuadas drenan rápidamente las abundantes lluvias caídas
sobre las montañas; de ahí la enormidad del caudal del Mekong (60.000 metros cúbicos por
segundo en la estación lluviosa y 15.000 en la seca). A las grandes cantidades de agua de las
lluvias producidas por los tifones, se superponen las que provienen de las crecidas de las
aguas normales de verano y de otoño, que dan lugar a enormes avenidas causa de las inun-
daciones. La intensidad de la escorrentía sobre las vertientes se conjuga con la concentración
de la escorrentía fluvial, hecho que permite explicar la importancia de la carga sólida, respon-
sable a su vez de la formación de los grandes deltas periféricos.
El paisaje fluvial japonés
Los cursos fluviales son abundantes pero con débiles caudales como resultado de la
poca concentración de las redes y con un corto recorrido a causa de los imperativos
topográficos. Sólo hay dos ríos que superen los trescientos kilómetros de longitud: el Ishikari
en Hokkaido y el Shinano en Honshu central. La juventud del relieve redunda en la existencia
de unos cursos rápidos, cuyo régimen fluvial refleja con extrema claridad el ciclo anual de la
pluviosidad; de modo que en la estación lluviosa son torrenciales y aportan una gran cantidad
de aluviones. Se observa, no obstante, una diferencia de régimen en los ríos de la vertiente
del mar del Japón respecto a los del resto; en los primeros la retención nivea provoca
máximos en primavera, en tanto que el mínimo queda fijado en el mes de agosto. En el resto
de cursos, en cambio, el caudal máximo se registra a finales de verano, en tanto que durante
el invierno aparecen mal alimentados, no ya por la retención de las aguas en forma de hielo,
sino por la menor pluviosidad.
Son raros los lagos que interceptan los cursos fluviales. Abundan, en cambio, las
lagunas costeras, que, junto con algunos lagos sobre relieves de origen volcánico y dos lagos
en cuencas de hundimiento (Suwa y Biwa), aportan su caudal al potencial hídrico del país.
Por otra parte, hay que destacar la gran riqueza de aguas subterráneas, especialmente en las
llanuras aluviales de Tokio, Nagoya y Osaka.