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AFECTADA POR LA REALIDAD

URGIDA POR EL DESEO

Claudina Thévenet (María de San Ignacio)

María Campillo Meseguer, RJM


CONTENIDO

INTRODUCCION………………………………………………………………………… 3

AMBIENTE FAMILIAR Y SOCIAL……………………………………………………. 3


Familia………………………………………….…………………………………………… 3
Ambiente social, momento histórico…………………………………………………………4

DATOS BIBLIOGRAFICOS………………………………………………………………5
Glady hasta los 20 años 1774-1794. Compromiso familiar en el corazón
de la ciudad……………………………………………………………………… 5
1774-1789. En familia y en la Abadía……………………………………………… 5
1789-1794 .Revolución francesa y fusilamiento de sus hermanos………………… 5
Claudina de 20 a 44 años: 1794-1818. Compromiso seglar en la Croix-Rousse……… 6
En la Parroquia: Providencia y Asociación y en la familia……………………………. 6
M. Mª de S. Ignacio de 44 a 63 años: 1818-1837. Compromiso religioso en Fourviére 7
Fundadora de la Congregación de las Religiosas de Jesús-María…………………….. 7

PROCESO ESPIRITUAL-APOSTÓLICO……………………………………………….. 8
Su proceso y el de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio...………………………… 9
Principio y fundamento…………………………………………………………………. 9
1ª Semana……………………………………………………………………………….. 9
2ª Semana……................................................................................................................. 10
3ª y 4ª Semana…………………………………………………….……………………. 11
Alcanzar amor………………………………………………………………………….. 13

PROYECTO FUNDACIONAL………………………………………………………….. 13
Huella ignaciana………………………………………………………………………. 14

PERVIVENCIA DEL CARISMA……………………………………………………….. 15

NOTAS…………………………………………………………………………………….. 18

BIBLIOGRAFIA…………………………………………………………………………. 20
Abreviaturas...................................................…………………………………………….. 20

2
CLAUDINA THÉVENET (María de San Ignacio)

AFECTADA POR LA REALIDAD Y URGIDA POR EL DESEO

Introducción

Este artículo responde a la petición que nos hizo la Compañía de Jesús, en España, de
aportar el testimonio de Claudina, para la publicación de un libro, en octubre 2011, con la
semblanza de 10 mujeres fundadoras canonizadas, marcadas por la espiritualidad ignaciana.
Espiritualidad que después transmitirán a sus familias religiosas, interpretada desde lo
femenino. Dicho trabajo se ha ampliado y enriquecido con notas, para divulgarlo en la
Congregación.

Claudina fue una de tantas mujeres de la burguesía francesa que sale de la esfera
privada y se implica, desde la fe, en la transformación social porque se mantiene abierta,
“conectada”, al mundo y a Dios (1). Descubre las carencias de su entorno herido y las
capacidades del ser humano, por deteriorado que esté. Afectada por esa realidad se siente
urgida por el deseo de construir, con otras mujeres, un mundo desde Dios, implicando a las
personas en su propio proceso. El perdón hecho misericordia, recibido y otorgado,
configuran su experiencia. La huella ignaciana aparece en su proceso y en su obra.

1.- AMBIENTE FAMILIAR Y SOCIAL

A.- Familia

Los Thévenet y Guyot de Pravieux pertenecían, por ambas ramas, a la burguesía sedera
de Lyon (Francia). Filiberto y Mª Antonieta se dedicaron al trabajo y educación de sus siete
hijos: Luís, Claudina, Francisco, Fanny, Eleonor, Juan Luis y Elisabeth, familiarmente
llamada Babet.

Familia acomodada, culta y trabajadora, de ambiente y formación urbana, numerosa y


unida. Sus relaciones eran cercanas, entrañables y frecuentes. Ligada a la tradición y a la
monarquía. Profundamente cristiana, de religiosidad sobria y valores sólidos: fe fuerte y
caridad con todos. En el hogar se vivía con naturalidad la relación con Dios, Padre bueno, y
con los hombres como hermanos. Socorrer a los pobres era un deber familiar y, aunque
experimentaron reveses de fortuna, debido a las crisis económicas de la época, que les obligó

3
a rebajar su nivel de vida, “siempre encontraron medios para ayudar a los necesitados”.
Sufrieron muertes tempranas de familiares y amigos (2).

Los Thévenet vivieron en el centro de la ciudad, en la “presque´île”, cerca de la


Parroquia de S. Nizier, donde fue bautizada Claudina, de la Abadía de S. Pedro (hoy museo
de Bellas Artes) y de la Plaza Terreaux. Familia muy comprometida con la Parroquia de
S. Nizier, donde había una intensa actividad parroquial. Al vivir muy cerca del Colegio e
Iglesia de la Trinidad, de la Compañía de Jesús, probablemente, la familia mantuvo relación
con los jesuitas hasta su expulsión en 1764 (3). Durante la revolución no había actividad
parroquial sino misiones. El vicario Linsolas organizó 25 para toda la diócesis a fin de
sostener, en la clandestinidad, la ayuda espiritual de los fieles. Parece que Claudina formó
parte de esos grupos. Era la Iglesia del silencio. Se exigía secreto y discreción total para no
ser descubiertos pues arriesgaban la propia vida (4).
En 1794, tras la ejecución de Luís y Francisco, la familia se traslada a la Croix-Rousse,
barrio tranquilo y poco habitado a las afueras de la ciudad. A partir de entonces vemos a la
familia vinculada activamente a la Parroquia de San Bruno. De esa casa partirán los cuatro
hermanos pequeños: Fanny y Eleonor, al convento, Juan Luis a su trabajo que le llevará fuera
de Lyon y Babet se casará con Juan B. Mayet en 1802. En ella morirán sus padres y de ella
saldrá Claudina para fundar la Congregación.
Al principio algunas congregaciones religiosas se instalaron en la Croix-Rousse:
Agustinos, Cartujos, Misioneros de S. Carlos, Jesuitas, Seminario de S. Potino. Después, en
la época de Claudina, familias de la burguesía lyonesa tenían en la zona su casa de campo.
En el S. XIX con el incremento de la industria de la seda, se convertiría rápidamente en un
populoso barrio obrero (5).

B. Ambiente social, momento histórico

La sociedad francesa de finales del siglo XVIII era injustamente desigual en lo social,
político, cultural y económico. La brecha, cada vez mayor, entre las clases altas y la miseria
generalizada del pueblo, la crisis de la industria sedera y la injusta situación laboral, serán
caldo de cultivo de huelgas y revoluciones, con todas sus secuelas. ¿Aprenderemos de la
historia?. Periodo convulsivo y violento. Las instituciones se tambalean, todo poder queda
cuestionado: gobierno, nobleza, Iglesia e incluso Dios. Sociedad en plena transformación
donde se establece una lucha de poderes revolucionarios y restauracionistas que intentan
imponer sus formas de Gobierno. Los ideales de libertad, igualdad y fraternidad son el eje
que sostiene el cambio de era (6).

En agosto de 1793 la Convención declara a Lyon ciudad rebelde. El ejército la invade y


los lioneses organizan la resistencia. Dos meses después la ciudad se rinde y se la condena a
la destrucción. Comienzan las violencias más atroces. Todo hombre es sospechoso para su
vecino. Se instaura el Terror. No hay familia que escape al sufrimiento. Los Thévenet no
quedan al margen. Se suceden el periodo del Antiguo Régimen, la Revolución Francesa y la
Restauración napoleónica y monárquica (7).

La Iglesia está perseguida, con asesinatos a cristianos y sacerdotes que se niegan a


prestar juramento, y debe vivir en la clandestinidad. Está dividida por el clero y religiosos
fieles a Roma y los que no, los juramentados. Agitada por corrientes jansenistas y por el
galicanismo. Todo esto produjo turbación y confusión entre los fieles (8). Anclada en la
tradición, apoyó al antiguo régimen y no hizo suyas las aspiraciones latentes tras la
revolución. La restauración tendrá no solamente un matiz político sino también cultural y
religioso.

4
En la mayoría de los casos, la Iglesia tenía en sus manos, la dirección, ó al menos la
inspección de la Enseñanza, que hoy llamamos primaria y secundaria (petites écoles =
escuelas parroquiales). La educación, sobre todo de las clases altas, estaba en manos de
religiosos, fundamentalmente Jesuitas. Éstos tenían gran influencia en la Sociedad.
Defensores del ultramontanismo y del escolasticismo. Eran atacados por galicanos y
jansenistas. El odio contra ellos se va generalizando, hasta su expulsión y supresión que se
realiza antes de nacer Claudina (Francia 1764 y resto Europa 1773, con Clemente XIV) (9).

En esos años surgen en la Iglesia de Francia, y también en la de España e Italia,


numerosos sacerdotes y laicos, concretamente mujeres que, más ó menos conscientes de lo
que está ocurriendo, se agrupan y buscan dar respuesta al problema de la descristianización y
a las necesidades de Enseñanza y Sanidad que la sociedad industrializada tiene, para una
población cada vez más numerosa. Suplen así las carencias de los Gobiernos y la sociedad
civil (10). En ese periodo la mujer pasa a ser sujeto hacedor, transmisor y receptor de cultura
y no de forma aislada, sino como grupo social significativo. Las Congregaciones Femeninas,
fundadas y dirigidas por mujeres e independientes de una rama de varones, ya no son
excepción, como en épocas anteriores: Angela de Mérici en el s. XVI, ó Juana de Lestonnac
y Mary Ward en el s. XVII. Aunque la importancia del sacerdocio, ejercido por hombres,
mantiene todo su peso específico dentro de la Iglesia, la incorporación de la mujer
consagrada mediante votos, a una actividad apostólica directa en la Iglesia, es un logro de
esta etapa histórica. C. Langlois, saca como conclusión “que el catolicismo en el S. XIX, se
escribe cada vez más en femenino“. Donde abunda el peligro crece lo que salva (11).

En cuanto al trabajo apostólico, la Vida Religiosa Femenina, a través de sus obras de


caridad, pone a la Iglesia al servicio de la sociedad, especialmente de las clases más
desfavorecidas. Respecto al estilo de vida, queda anclada en unas formas demasiado
conventuales y conservadoras, alejadas de la forma de vivir de la gente. Consecuencia, en
parte, de que la Iglesia, en su conjunto, no ha aceptado la modernidad. Habrá que esperar al
C. Vaticano II, para que todas esas formas se replanteen y se emprenda el “aggiornamento”,
”la renovación y adaptación a las cambiantes condiciones de los tiempos” (12).

2.- DATOS BIOGRAFICOS

La vida de Claudina Thévenet transcurre toda ella en Lyon, (Francia), donde nace el 30
de marzo de 1774. Su personalidad queda marcada por el sufrimiento familiar, social y
personal y por las fortalezas que ese dolor le posibilita desarrollar. Se configura en los
núcleos básicos de convivencia que dejan en ella una huella profunda: la familia y la Abadía,
la Parroquia y su círculo de amigas, la sociedad y ciudad donde vivió.
Sus 63 años se pueden agrupar en tres periodos de unos 20 años cada uno:

Glady hasta los 20 años: 1774-1794. Compromiso familiar, en el corazón de la ciudad.

5
. 1774-1789 En familia y en la Abadía.
Glady, así la llaman y así se firma, es la mayor de las chicas y segunda de los hermanos.
Desde pequeña tiene gran influencia sobre ellos. Crece en un ambiente sano y feliz, rodeada
del afecto de familiares y amigos. Éstos, viendo su sencillez y discreción le aplican el
sobrenombre de “la petite violette” (13). A los nueve años ingresa como pensionista en la
Abadía benedictina de San Pedro donde estará hasta los quince que estalla la Revolución.
Son pocas chicas y cada religiosa se encarga de una. Recibe una formación cristina y los
conocimientos propios de la época. Le ayuda el entorno de fe y equilibrio, buen gusto, orden
y austeridad, con espacios para la reflexión y la oración. Allí recibiría la 1ª Comunión y la
Confirmación.
. 1789-1794 Revolución francesa y fusilamiento de sus hermanos.
Es una chica normal, con muchas amistades. Valora la familia y desea formar una.
Parece que tenía un novio, al que se refiere su sobrino marista: algo mundana en su primera
juventud, se disfrazó de soldado para entrar en los calabozos y salvar a su novio (14). La paz
familiar queda truncada al estallar la Revolución. El padre lleva a los hijos pequeños lejos de
Lyon, para ponerlos a salvo. Al regresar, no podrá entrar en la ciudad donde permanecen la
madre y los tres mayores. Esa separación aumenta la angustia y el dolor de todos. Luís y
Francisco, de 20 y 28 años, quieren defender la ciudad y se enrolan en la Resistencia. Glady
queda sola con su madre. Tras la rendición comienzan las violencias más atroces, juicios
precipitados y ejecuciones en masa. Los dos hermanos son denunciados, encarcelados y
condenados a muerte. Ella acude muchas veces a la cárcel para verlos y llevarles ropa y
víveres que comparten con otros condenados.

Horas antes de ser ejecutados escriben a su familia una carta llena de cariño.
Transmiten un testimonio impresionante de fe y perdón: “Adiós querida hermana, tan buena
y tan sensible, Glady. A ti te toca la dolorosa tarea de consolar a nuestra madre. Dentro de
unas horas estaremos en presencia de Dios, nuestro buen Padre. Siento que la religión es una
gran fuerza que me hace mirar la muerte con serenidad. No hagáis a nadie responsable de mi
muerte. Buscad en Dios el consuelo…”. La mañana del 5 de enero de 1794, sin saber que la
sentencia está dictada, va a visitarlos. Al llegar ve un destacamento con un grupo de
condenados entre los que descubre a sus hermanos. Estremecida, se acerca a ellos con un
criado que la acompaña y consiguen la carta. Luego Luís se vuelve hacia su hermana y le
dice: “Glady, perdona como nosotros perdonamos”. Ella sigue valiente al cortejo hasta los
Brotteaux, lugar del fusilamiento, donde presencia la ejecución y cómo los rematan. Algo de
ella también muere. Regresa para dar la dura noticia a los suyos. Un hermano de su madre, ha
sido también guillotinado en la plaza de Terraux por el solo crimen de ser rico (15).

Estos años son decisivos para Glady. En la familia y en la Abadía encuentra


maestros/as de vida que, con la educación y valores transmitidos, influirán después en su
camino de seguimiento de Jesús y en la forma de concebir la educación y la enseñanza, en la
Congregación que funde. “En los últimos años recordaba los consejos de su prudente
educadora y hablaba de ella con gratitud y veneración” (16).

Aunque el hacerse persona es tarea de toda la vida, podemos decir que Claudina, a sus
20 años, tiene ya una personalidad humana y cristianamente madura, fraguada en el
sufrimiento. De carácter firme, prudente, sensible, sencilla y humilde: ”le gustaba pasar
desapercibida”. Trabajadora y generosa, con marcado amor por los pobres. Fuerte en el
sufrimiento. Equilibrada e integrada, “su celo será siempre instruido y prudente…”. Sobria
en sus manifestaciones afectivas. Mujer de talento, “buena cabeza”, con dotes de liderazgo
(creatividad, buena gestión y sentido práctico). Seria, algo distante, exigente con las fuertes y
comprensiva con las débiles. De fe y caridad profundas, junto a una firme esperanza que va
iluminando su historia (17).

Claudina de 20 a 44 años: 1794-1818. Compromiso seglar en la Croix-Rousse


6
. En la Parroquia: Providencia y Asociación y en la familia.
Tras las duras experiencias de la Revolución, Claudina se traslada con su familia a la
colina de la Croix-Rousse, lejos del centro de la ciudad donde todo les recordaba los
acontecimientos dolorosos. Allí vivían ya dos hermanas de su madre y un primo. La herida
de los hermanos aún sangra y ella será el consuelo de todos. Participa de los acontecimientos
familiares. En 1815 muere su padre y la casa familiar se va vaciando poco a poco. Se queda
sola con su madre y las dos tías mayores. Por suerte, al poco tiempo empiezan a llegar
sobrinos que alegran a la familia, tras tanta muerte. Babet además de hermana, es una gran
amiga con la que comparte muchas de sus vivencias. También con su marido e hijos tiene
una relación cordial, apreciable en la fluida correspondencia que mantienen, de la que se
conservan algunas cartas. Será madrina de su sobrino Claudio, futuro marista. De muchos de
ellos conservamos testimonios valiosos sobre su tía (18).
En 1794 todavía no había Parroquia y la Cartuja estaba cerrada desde la expulsión de
los cartujos. En 1801 se autoriza la apertura de la iglesia con el nombre de S. Bruno y en
1809 se erige en Parroquia (19). En ese barrio y en esa Parroquia desempeñará Claudina una
gran actividad, con otras amigas, entre ellas Paulina Jaricot, más tarde Fundadora de la Obra
de la Propagación de la Fe. Durante más de veinte años será la principal colaboradora del
Párroco. Compaginará la atención y cuidado de su familia con el apostolado (20).

Claudina se dedica, con un grupo de amigas más jóvenes, a niñas y chicas abandonadas,
lo más vulnerable de la sociedad. Animadas por el sacerdote Andrés Coindre, vicario
parroquial (además de director espiritual y amigo del grupo), y tras tres días de oración,
constituyen la Asociación del Sagrado Corazón el 31 de julio de 1816. Éste les recuerda los
fines, las anima a caminar unidas y les propone como modelo a San Ignacio de Loyola,
patrono de la misma junto con San Luis Gonzaga. Claudina y sus siete compañeras hacen su
consagración, obligándose a cumplir el Reglamento redactado por ella y el P. Coindre. En él
y en las actas de las reuniones se reflejan las ayudas para ahondar en la fe (21). La
espiritualidad y devociones son las propias de la época: Corazón de Jesús, Corazón de María
y la Eucaristía, según la espiritualidad ignaciana. Desean mantenerse unidas a la Iglesia y
obrar siempre para agradar a Dios. El lema es “aprended de mí que soy manso y humilde de
corazón” (22).

Crean también la Providencia del Sagrado Corazón, más conocida como de San Bruno,
que será el germen de su obra. Las Providencias eran Instituciones benéficas que se fueron
creando durante la primera mitad del siglo XIX. Su fin era acoger niños pobres para darles
formación cristiana y enseñarles un oficio con el que pudieran ganarse la vida. Se sostenían
con donativos y en parte, con el producto del trabajo de los acogidos. Cuando comienzan la
del S. Corazón, en la ciudad había solo dos. Claudina será la Presidenta de ambas obras (23).

En ella sacan adelante a niñas que llegan en condiciones deplorables, expuestas a la


marginación por ser mujeres, pobres y menores. Desea que vivan felices, reciban cariño,
educación y herramientas para un trabajo que las dignifique. Quiere potenciar sus
capacidades e implicarlas en su propio proceso confiando en la respuesta que podrán dar a
Dios. Pretender “formar mujeres, cristianas, capaces de formar hogares cristianos felices,
dándoles una cultura conveniente. Prepararlas para ganarse la vida como obreras de la seda o
trabajadoras domésticas” (24). El fruto del trabajo que las chicas realizan en las Providencias,
va destinado a sostener la obra, pero se reserva una cantidad para las chicas. Se les ingresa en
una especie de cartilla y la suma de esos ahorros constituiría, a la larga, su dote (25).

El proceso educativo incluye la colocación y seguimiento en el primer periodo de


trabajo (26). Paulina Jaricot formará parte del grupo y llegará a ser presidenta de la sección
de limosnas y consuelos (27).

7
Las asociadas provenían de la clase media y alta, deseosas de crecer en la fe y de
realizar obras de caridad con los pobres. El P. Andrés Coindre era también lionés, trece años
más joven que Claudina y bautizado en la misma parroquia. Trabajador, buen consejero, con
gran corazón e inquietud apostólica. Se integrará en la asociación de sacerdotes diocesanos
llamada “misioneros de la Cartuja” y será Fundador de la Congregación de los Hermanos de
los Sagrados Corazones (28).

Mª de S. Ignacio de 44 a 63 años: 1818-1837. Compromiso religioso en Fourviére


. Fundadora de la Congregación de las Religiosas de Jesús-María.
Dos años más tarde, el 31 de julio de 1818, fiesta de S. Ignacio, se reúnen Claudina y
once jóvenes con el P. Coindre. Éste, leyendo a través de los acontecimientos el proyecto que
Dios va marcando, les propone dar un paso más en su entrega al Señor: “Para cumplir los
designios de Dios, es preciso, sin dudas ni dilaciones, os reunáis en Comunidad”, y les
manifiesta que Claudina es la indicada para dirigir esa misión. Dirigiéndose a ella le dice:
“Dios te ha elegido, responde a su llamada”. Todas quedan impresionadas. Tiene 44 años y
es la mayor del grupo, la más joven apenas 15. Pero el P. Coindre continúa explicándoles las
líneas generales del proyecto, basado en la Regla de San Agustín y en las Constituciones de
S. Ignacio de Loyola. Las Reglas que deben regir la Congregación, les dice, se irán
elaborando progresivamente, con la práctica. El fin principal, para mayor gloria de Dios, será
vuestra santificación y la educación cristiana de las jóvenes de todas las clases sociales con
una clara preferencia por las más pobres (29). En esa invitación, el grupo de amigas en el
Señor, descubren otra llamada de Dios y deciden responder (30).

Unos meses más tarde, la noche del 5 de octubre, Claudina deja a su anciana madre
para instalarse definitivamente en una pobre casa, apenas amueblada, de la calle Pierres-
Plantées, cerca de la vivienda familiar. Con una obrera, una huérfana y un telar de seda,
funda la Congregación. (31)

La obra crece bajo la dirección de Claudina, ahora Mª de S. Ignacio. En 1820 se


trasladan a la colina de Fourviére pues la casa se había quedado pequeña. La Angélica era
una extensa finca frente al santuario mariano, comprada a un hermano de Paulina Jaricot, con
muchos esfuerzos y préstamos. En ella instala una Providencia, un Pensionado, y la casa
general de la Congregación (32). A sus 48 años no duda en presentarse, junto a otras
compañeras, al examen de Estado y obtener la titulación oficial para dirigir el Pensionado
(33).

La M. Mª de S. Ignacio vivirá en su querido Fourviére el resto de su vida. Allí recibirá


la noticia, en 1823, de la primera aprobación canónica de su Instituto para la diócesis de Le
Puy, con el nombre de “Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y de María”. A
los pocos días, el 25 de febrero, en Monistrol, pueblo de dicha diócesis, hará sus votos con
cuatro compañeras (34). En 1825, tendrá la alegría de verla aprobada en la diócesis de Lyon.

Morirá el 3 de febrero de 1837, primer viernes, a las tres de la tarde, sin tener la
aprobación pontificia. Sus últimas palabras ¡Qué bueno es Dios!, resumen su vida e indican
el talante de esta gran mujer que se dejó guiar por el Espíritu Santo (35). Cuando en Roma, el
Papa Juan Pablo II la beatifica en 1981 y la canoniza en 1993 expresa el reconocimiento de la
Iglesia a su persona y a toda su obra, no solamente a sus años de vida religiosa. Con ese
motivo, pareció más conveniente introducir la causa de beatificación con su nombre de
bautismo.

3.- PROCESO ESPIRITUAL-APOSTOLICO

Ante la escasez de datos históricos directos y con los testimonios disponibles, hemos de
adentrarnos en la experiencia de Claudina con respeto y cariño, intuyendo sus sentimientos y
8
deseos. Aventura hermenéutica delicada, pues se presta a subjetivismos, pero apasionante ya
que nos exige rastrear en lo que constituyó ella y su obra. Un documento muy importante
para conocer su vida interior es el libro de Actas y el Reglamento de la Asociación del
Sagrado Corazón de Jesús (36).

Al mirar a Claudina y preguntarnos qué nos aporta su experiencia, vemos que fue una
mujer “conectada”, a la escucha, y de grandes deseos, por eso acertó con la respuesta. El
cálido ambiente familiar y el sufrimiento no la pliegan sobre sí misma. Se abre al mundo y
descubre otra realidad a la que no está acostumbrada. Ve el dolor y la muerte que la sociedad
injusta y violenta genera. En las cunetas se encuentra con las víctimas pero no da un rodeo.
Se deja afectar por las imágenes y gritos de esa realidad sufriente que la interpela. Conecta
con su yo más profundo y deja aflorar preguntas, sentimientos, deseos. Los enfrenta y
empieza a discernirlos. Se encuentra con Dios que en la misma realidad también anda tras el
hombre. Al contemplarle en el Crucificado descubre que Jesús es una víctima que al
perdonar, alumbra otro mundo donde la misericordia triunfa sobre el odio. Por ahí encuentra
claves. Contacta con amigas y con quienes va haciendo camino para compartir ese hallazgo
(37).

Mira la realidad desde Dios. Capta las necesidades y el tesoro que toda persona
encierra. Su sensibilidad y corazón quedan afectados. Se compadece y empieza a soñar
proyectos humanizadores. Henchida de deseos, responde evangélicamente, creando
estructuras domésticas solidarias cada vez más consistentes (38). Cree que, desde Dios, otra
revolución es posible. Comprende que no existe crecimiento personal ni social sin la
capacidad de afrontar racional y creativamente los conflictos y dolores de la vida. Se podría
decir que piensa globalmente y actúa localmente.

Su proceso y el de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio.

La vida es un proceso jalonado de experiencias. En cada etapa, resalta alguna con más fuerza.
El de Claudina es largo pero camina con una firme esperanza en el Dios que la conduce.
Principio y Fundamento
El hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios [EE 23]
Mantenerse libres e indiferentes hacia lo que no atañe a la gloria de Dios (P 108)
Claudina conoce al Dios bueno y providente, fundamento de todo lo creado, que ama al
hombre, se nos revela en Cristo y nos conduce por la fuerza de su Espíritu. Tiene una
cosmovisión cristiana del mundo, ordenado según Dios, y unas relaciones armónicas con los
suyos, con los amigos, el entorno y el mundo. Pero las experiencias de su juventud le
cuestionan esa visión. Percibe distintas formas de situarse ante la vida. Cuando el hombre
vive para sí, en lugar de vivir para los otros y para el Otro, cuando hace del poder y del
dinero su dios, cae en la idolatría, la autodestrucción y la injusticia. Sus relaciones no son de
servicio y ayuda sino de domino y manipulación. Pierde el respeto a la dignidad de todo
viviente. Conoce también personas que generan armonía y humanidad. Que poseen el poder
y la libertad que da devolver bien por mal, compartir y alabar al que da sentido a toda
existencia, a Dios Padre, compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad. Ella
desea ser como estas buenas gentes.
Penetra en la dignidad del hombre, creado por Dios para alabarle, amarle y servirle.
Relativiza lo demás, que son ayudas en el camino. Desea elegir solamente lo que conduce a
la Vida y a que otros la tengan en abundancia. El deseo de la gloria de Dios, de hacer lo que
más le agrada, de vivir en alabanza, libertad, confianza y generosidad, se afianza en ella. El
lema de la Congregación lo expresa: sean por siempre alabados Jesús y María (39).
1ª Semana:

9
Pedir conocimiento del mundo y de mis pecados y aborrecimiento de ellos.
Dar gracias a Dios por tanta misericordia [EE 63 y 71]
Mirando a Cristo en cruz… pena por nuestros pecados, compasión y gratitud (P 103)
A sus 16 años se ve envuelta en una crisis que la marcará para siempre, provocada por
la dramática experiencia revolucionaria y la petición de perdón de sus hermanos. La vivencia
del “terror” le lleva a entrar en la raíz misma de la vida. Es la ocasión para una fuerte
experiencia de Dios que reorienta su vida hacia la misión que le tiene reservada. Provoca una
inflexión en su proceso que supondrá un cambio de agujas, un antes y un después. (40)

Contempla la Realidad que la violencia y el odio ha provocado en las criaturas de Dios (41).
La experiencia de dolor, sufrida tan de cerca, le hace cuestionarse la visión del hombre, del
mundo, del mal, de Dios…
 Se siente afectada por ese desorden estructural: víctima con otras víctimas.
Experimenta en sí misma la raíz, la causa y, al mismo tiempo, las consecuencias del
pecado del mundo (42). Llena de angustiosos interrogantes, su inteligencia no acaba de
comprender, su corazón sangra, su sensibilidad y su físico quedan afectados. Le queda
un temblor y dolor de cabeza para toda la vida, lo llama “mi terror” (43). Escucha a
Dios dentro de su historia e implicado en ella. Descubre hasta qué grado de
deshumanización puede llegar quien no tiene valores.

Contempla a sus hermanos que, como Jesús en la Cruz, perdonan a sus verdugos y le piden,
como Cristo al Padre, que también ella los perdone.
 Fuera, en el campo de ejecución, en el lugar de las víctimas, Claudina se encuentra con
el Crucificado en sus hermanos. Desea perdonar pero no puede. Necesita tiempo,
necesita contemplar largos ratos al Crucificado y sentir que su dolor, dudas,
resistencias, quedan disueltas en Él.

En Cristo Crucificado conoce los efectos del mal y sus causas. Descubre la dimensión
teologal del pecado: odio, violencia y muerte en Jesús y en sus criaturas, a la vez que la
inmensa bondad y misericordia de Dios, volcada en los vacíos humanos. Cree que la causa
del mal es la ignorancia de Dios.
 Surge el desencanto de lo que no es Dios, quien la seduce de tal forma que ya no quiere
vivir sino para El (44). Jesús será su fundamento, consuelo y fuerza. En El encuentra el
sentido de su vida, de todas las vidas, del mundo y de las cosas. Comprende que solo el
perdón restaura al ser humano y aniquila la espiral de violencia. Sus entrañas se
conmueven y desea poner su vida al servicio de la reconciliación en un pueblo
profundamente dividido. El conocimiento íntimo del Corazón de Cristo, lo recibe como
un regalo y la posibilitan para derrochar misericordia.
 La pregunta ¿qué puedo hacer por Cristo, cómo agradarle? [EE 53] encontrará
respuesta en el día a día, en la calle, en los rostros de las niñas desnutridas y
harapientas, en el perdón al delator de sus hermanos. La familia Thévenet lo conocía y
no quiso denunciarlo. El perdón ha vencido al odio (45).

A esa respuesta le seguirán otras, expresión de la experiencia fundante: Conocimiento de


la maldad del pecado y sus consecuencias y de la bondad y misericordia de Dios manifestada
en Cristo Crucificado (46). Deseo de darlo a conocer y amar, sobre todo a los más
indefensos. Ese deseo le acompañará toda su vida

2ª Semana
Comenzaremos juntamente contemplando su vida, a investigar y demandar [EE 135]
Imaginarse a Jesús… Que la santa y suprema voluntad de Dios se cumpla (P. 207, 95)
El terror ha pasado, pero sus marcas perduran: sociedad dividida, huérfanos
deambulando por las calles, familias malviviendo y la mayoría de los hogares afectados por
10
el sufrimiento y la muerte. Claudina no se marcha, permanece con su familia junto a su
pueblo herido. Meditaría y se preguntaría:
o ¿No habría algo de verdad, de evangélico en los ideales revolucionarios, aunque los
medios para conseguirlos fuesen inhumanos? ¿No ve ella también le necesidad de
modificar las estructuras injustas que habían generado tantas desigualdades, miseria e
ignorancia, incluida la religiosa? (47)
o El movimiento antirreligioso, ¿no estaría motivado, en parte, por una Iglesia necesitada
conversión? ¿No necesitaría el pueblo un testimonio más coherente por parte de los
cristianos, del Dios bueno que tiene predilección por los pobres y sencillos?
o ¿No habría que despertar en la gente sus fortalezas y posibilidades para empezar a
reconstruir? ¿No habría que darles las ayudas necesarias para crecer en libertad y
dignidad personal, y llegar así a una mayor igualdad y fraternidad entre todos, como
hijos del mismo Padre?
o ¿Qué puedo hacer yo, qué querrá Dios de mí?

Se sentiría interpelada por el deseo trinitario: “hagamos redención”. La contemplación


de Jesús, afianzaría en ella el deseo de seguirle, “conmigo”, de vivir con Él al servicio de sus
criaturas más desvalidas. Viendo a Jesús pobre y humilde (48), sanar, consolar, devolver la
dignidad a la mujer y al marginado, acoger a los niños… descubriría el corazón compasivo
de Dios apostando sobre todo por los excluidos, y se iría configurando con sus sentimientos.
Muchas veces escucharía en su interior las palabras de Jesús: “Venid a mí todos los que
estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré. Aprended de mí que soy manso y humilde de
corazón. Mi yugo es llevadero y mi carga ligera” (49). Iría con frecuencia a encontrar alivio y
reposo en ese Corazón, llevando consigo los agobios y cansancios de tanta gente de la que se
sentía solidaria. Al calor de ese Corazón aprendería la misericordia y la humildad que tanto la
caracterizó (50). Jesús, despojado de su dignidad de Dios y hecho servidor de todos, le atraía
cada vez más. Era consuelo y luz en su camino. A mayor conocimiento del Corazón de
Cristo, mayor deseo de conocerle, de seguirle y amarle más, de vivir como El: agradando al
Padre y sirviendo a los hermanos.
La realidad la va transformando y descubre la dimensión teologal de la ayuda, de la
solidaridad. En las menores abandonadas, con las que se encontraba en la calle, víctimas de
un sistema injusto como lo fueron Jesús y sus hermanos, descubre el rostro de Dios y una
llamada a aliviarlas. Si deteriorada era la imagen externa de esas niñas, las heridas internas
habían deformado también sus rostros interiores. “Cuando encontraba alguna por las calles,
se enternecía hasta derramar lágrimas”. Claudina creyó en ellas contra toda aparente
esperanza (51). Donde los demás veían limitaciones ella descubría posibilidades.
Cada vez dedica más tiempo y dinero a esas personas. Ayudar a los pobres se había
convertido para ella en una necesidad. Decide contribuir a crear una sociedad más fraterna
porque comprende que lo que el mundo necesita, es descubrir al Dios bueno que quiere sin
condiciones a los hombres. Esa es su experiencia personal y el legado que le dejaron sus
hermanos. Para Claudina la mayor desgracia era vivir y morir sin conocer a Dios. La suerte
que esperaba a tantos niños, expuestos a vivir sin oír pronunciar el nombre de Dios, la
estremecía. Comprende que la ayuda no consiste solo en solventar las consecuencias de la
pobreza y del mal, sino en evitar las causas que la generan. Su respuesta será: ante la
orfandad y el abandono: hogares; ante la crisis económica: formación para el trabajo; ante la
increencia y falta de valores: apuesta seria por la educación cristiana (52).
Forma un grupo que se dedica a aliviar carencias y a poner en juego capacidades con
consuelo, pan, cultura… y con el conocimiento y amor a Jesús y a María, reveladores del
rostro de Dios. La misión está en marcha pero el mayor servicio apostólico le obliga a ir
tomando nuevas decisiones. Al ver que no llegan a todo, eligen dedicarse a las niñas y
jóvenes pobres, porque de ellas se podía obtener un mayor fruto apostólico. La obra
predilecta será la Providencia (53).
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Son años de intenso trabajo pero muy felices para Claudina. Asociadas y chicas
aumentan considerablemente y comienza a ver algunos frutos apostólicos (54). Esto la va
confirmando en la elección hecha y en el camino a seguir. Otra revolución se va gestando
entretejiendo pequeñas utopías (55). En frase de E. Galeano: mucha gente pequeña, en
lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo.
La experiencia fundante se define más: la mayor gloria de Dios; la santificación de sus
miembros por la práctica de las virtudes cristianas y de los consejos evangélicos; las obras de
caridad, principalmente la educación integral de niñas y jóvenes de la clase obrera (56).

3ª y 4ª Semana

“dolor porque por mis pecados va el Señor a la Pasión. [193] Oficio de consolar” [224]
Pena por nuestros pecados, causa de la muerte del Señor. Alegría de corazón (P 103, 55)
Cuando Claudina oye la propuesta del P. Coindre de reunirse en Comunidad y la señala
como la persona adecuada para ponerse al frente, se desconcierta, se turba, como María. Tras
la sorpresa y emoción, descubre otra vocación de Dios a seguirle más radicalmente. Está
acostumbrada a escuchar a Dios en su interior y a reconocerle en las llamadas que le hace a
través de personas y acontecimientos. Necesita tiempo para orar lo que acaba de vivir. En su
corazón y en su mente se agolpan razones y sentimientos encontrados (57). Sabe que es el
Señor quien tiene la iniciativa y lo único que desea es serle fiel, agradarle. Pero al mismo
tiempo intuye las dificultades y sufrimientos que, sin duda, llegarán. Recurre a la Virgen y va
a visitarla a Fourvière como es su costumbre (58). La Palabra de Dios la reconforta: “No
temas, yo estoy contigo”, como lo he estado tantas veces. Te necesito para extender mi
bondad, para ser instrumento de reconciliación y perdón. Comprende que esa nueva llamada
es para un mayor servicio al Reino y encuentra paz. Sabiéndose en sus manos dirá como
María: “hágase en mí según tu voluntad” (59). El Espíritu comienza a gestar en ella nueva
vida. Unir su ofrenda a la de Cristo Eucaristía, de la que es tan devota: “haced eso en
memoria mía”. Jesús se entrega, se hace pan para la vida del mundo. Ella acepta también
morir para dar vida. “si el grano de trigo no cae en tierra y muere…”
Comienzan los preparativos y una noche Claudina sale sin saber adónde iba. Noche de
desolación y angustia, que al fin de su vida, la recordaba como la más terrible que jamás
había conocido: “Me parecía haberme comprometido en una empresa loca y presuntuosa, sin
ninguna garantía de éxito. Al contrario, considerando las circunstancias, la obra estaba
llamada al fracaso” (60). Volverían a surgir las dudas ¿Lo querrá Dios? ¿Es necesario este
giro cuando parece que la Asociación se va consolidando y dando respuesta a lo que
buscamos? ¿No lo harían mejor otras? (61). La pobreza, despojo, soledad y humillación han
tocado las raíces de su ser. Dios guarda silencio ¿se siente abandonada por El? Es su
Getsemaní. Ha seguido al Señor y ahora tiene que hacerlo hasta el final, pasando por la
prueba y uniéndose a su pasión, a su Misterio Pascual. Se siente morir. “Porque fue probada
en el sufrimiento pudo ayudar y consolar a otros”. Jesús crucificado vuelve a ser fuerza y
sentido (62). El amor es más fuerte que el dolor, como lo fue contemplando la muerte de sus
hermanos.
La Congregación nace, como Jesús, en pobreza y humillación, como la Iglesia, de un
corazón roto por el dolor. Claudina sufre las mofas y humillaciones de la gente del barrio y
las bromas de sus parientes (63). Se siente crucificada con Cristo y desde su Corazón abierto,
podrá recibir y derramar misericordia y alumbrar una familia religiosa. La fe sola la guiaba,
la confianza en Dios la sostenía, el amor de Dios la consolaba y el deseo de darlo a conocer a
los más pequeños la motivaba (64). Años después diría su sobrino, que la visitó en aquellos
días: “he comprendido que la obra ha sido edificada sobre la nada, sobre la pobreza, que es el
verdadero y sólido fundamento, el fundamento indispensable a toda obra de Dios” (65).
En el resto de sus años, como Fundadora, no le faltarán motivos de sufrimiento.
Subrayo algunos: la soledad que le produce la muerte, en 1826, del P. Coindre, su director,

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consejero y apoyo (66); tener que dejar la primera Providencia y la casa de Belleville; varias
muertes de niñas y religiosas, algunas de la primera hora (67); revueltas sociales y carencias
económicas (68); intentos de fusión con la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús
promovida por eclesiásticos, religiosas y conocidos (69); por parte del Padre Pousset,
manejos para gobernarlo todo, y recriminaciones en el lecho de muerte (70).
El amor de Dios vence en su dolor y genera vida. Tras esos primeros días de oscuridad
y noche, Jesús vendrá como consolador y le confirma su elección de seguirle hasta el final,
de iniciar una Comunidad Religiosa. Experimenta a Jesús vivo como compañero de camino
que la vuelve a llamar y le pregunta como a Pedro ¿me amas?, y la envía: confirma en la fe a
mis hermanos. Siente alegría, confianza y paz en la misión encomendada. Ve aumentar el
número de chicas y de religiosas (71); consigue los medios necesarios para comprar otra
propiedad más grande para albergarlas; le alegra sobremanera la aprobación de su
Congregación por parte de la Iglesia; comprueba el fruto de su entrega y misión: muchas
jóvenes salen de sus obras preparadas para el trabajo, la familia y educadas para afrontar la
vida desde la fe (72). Con la ayuda del P. Coindre elabora las constituciones y reglas, dando
así estructura y organización al carisma recibido. Cuenta con amigas, colaboradoras y
familiares que le ayudan y comparten su proyecto, confiando siempre en la providencia (73).
El Señor con su resurrección reconstruye la Comunidad. Claudina tras la vivencia
pascual queda confirmada en su vocación de seguir a Jesús en comunidad para realizar
mejor la misión encomendada por Dios y en su deseo de que “Sean por siempre alabados
Jesús y María” (74).
“La mayor nobleza de los hombres es la de levantar su obra en medio de la devastación,
sosteniéndola infatigablemente a medio camino entre el desgarro y la belleza” (E. Sábato)

Alcanzar amor
“Enteramente reconociendo, pueda en todo amar y servir a su divina majestad [EE 233]
¡Qué bueno es Dios! Hacerlo todo con el único fin de agradar a Dios (P 478 y 101)
Claudina, al mirar atrás y hacer un recorrido por su vida descubre que ha sido una
historia de salvación. Muchas veces ha llorado de dolor, ahora llora de alegría. El sufrimiento
ha sido transfigurado. Le queda la paz profunda, el gozo pleno de quien se siente indigna y
pobre pero inmensamente amada. Experimenta como nunca la bondad de Dios y tanto bien
recibido de su mano a lo largo del camino. (75) La gratitud y alegría desbordan su corazón y
el deseo de amar y servir es más fuerte que nunca (76).
Ofreciéndole a Dios lo que de El ha recibido, pone la vida en sus manos para que
disponga de ella según su voluntad, pidiéndole solo su amor y gracia: “Omnipotente y
misericordioso Dios, yo tu indigna hija y sierva, animada del deseo de procurar tu gloria, mi
salvación y la del prójimo, no queriendo vivir sino para Ti y depender únicamente del
impulso de tu gracia, en presencia de Jesús, de María….hago voto…Sostén Dios mío mi
flaqueza para que sea siempre fiel” (77)
Al final del camino, cuando el Señor venga a buscarla, sus últimas palabras expresarán,
con admiración y gratitud profunda, la experiencia de su vida: ¡Qué bueno es Dios! (78)

4.- PROYECTO FUNDACIONAL

La Congregación es fruto del proceso vivido por Claudina y sus compañeras bajo la
orientación del P. Coindre. Tiene su origen inmediato en la Asociación cuyo proyecto se
mantiene pero evoluciona y da un salto cualitativo (79).

La espiritualidad apostólica se consolida y ahonda (80). La misión se amplía a todas las


clases sociales, con la preferencia por los pobres, y se extiende a otros países. C on los
13
Pensionados pretenden educar a las hijas de familias acomodadas, ayudar a las Providencias
y suscitar vocaciones para la vida religiosa (81). Si no es posible mantener las dos obras,
Pensionados y Providencias, decía: “No faltarán pensionados para educar a las ricas,
quedémonos con nuestras pobres”. El cuerpo apostólico y la obra propia gana fuerza. El
estilo de vida se organiza y estructura desde una consagración religiosa vivida en comunidad
apostólica, con ambiente familiar y una gran caridad con todos (82). La formación y el
gobierno de las religiosas se viven desde la espiritualidad que las configura y para la misión a
la que son enviadas. La educación a las alumnas como la formación a las Religiosas es, en
gran parte, autobiográfica, fruto de su propia experiencia: de la formación que recibió y del
proceso personal que vivió.

A la muerte de Claudina la Congregación es insignificante y la llama, aparentemente


tan débil, podía extinguirse. Tenía 19 años, dos casas en Francia con providencia y
pensionado y un grupo de religiosas. Pero ella murió confiada en el Dios providente.
Profundamente humilde, deseosa más de la calidad que de la cantidad y con un celo
apostólico que la quemaba, se preocupó sobre todo de ahondar las raíces y de prender el
fuego en el corazón de sus religiosas. Por eso el árbol pequeño pero “bien fundado”, según el
Cura de Ars, daría fruto abundante (83).

Su sucesora, la M. San Andrés y las primeras compañeras recogen la antorcha. En


1841, responden a la llamada que el obispo de Agra (India) les hace. Tras un discernimiento,
aceptan por unanimidad la misión que les propone, pues coincide perfectamente con sus
fines. Las religiosas son muy pocas pero se sienten afectadas por la necesidad y urgidas por
el deseo de llevar el conocimiento de Dios a tierras lejanas. También ésta parecía una
empresa loca sin garantías de éxito pero habían aprendido de su Fundadora a confiar en que
“Dios proveerá” (84). En estos años hay otro conato de fusión, promovido por las mismas
personas que lo intentaron viviendo Claudina. La ayuda de algunos obispos y la fundación en
la India lo apagaron (85). El nombre de la Congregación se modifica pues había otros
institutos con uno parecido. Suprimen “sagrados corazones” y pasan a llamarse
Congregación de las Religiosas de Jesús-María. Con ese nombre, la M. San Andrés presenta
las Constituciones y Reglas para su aprobación pontificia. La obtienen en 1847 motivada, en
gran parte, por su rápida expansión misionera que comenzó en la India y pronto continuará
en otros países. Podemos decir que durante el generalato de la M. San Andrés, la
Congregación, con su carisma fundacional, se consolida, gracias al fuego que Claudina
prendió y que sus primeras compañeras supieron propagar (86).

Huella ignaciana
No consta que Claudina tuviera contacto directo con la Compañía de Jesús, suprimida,
salvo sus últimos años en Le Puy, donde ésta se instala en 1825. Pero en el ambiente religioso
en el que crece, permanecen elementos y formas de hacer de los jesuitas que influyen en ella y le
llegan, probablemente, por su madre (87), las benedictinas de la Abadía, (88), el P. Coindre (89),
las misiones de Linsolas (90) y en Le Puy, donde la Comunidad tenía confesores de la
Compañía de Jesús (91).
Claudina desea que su Congregación sea ignaciana en las líneas generales de su
estructura y en su espiritualidad, que busca y encuentra a Dios en la vida (92). La devoción al
Sagrado Corazón de Jesús y de María, la vive según la interpretación ignaciana, entre otros
del P. Cloriviére SJ, restaurador de la Compañía en Francia y fundador de dos institutos
religiosos, uno consagrado al Corazón de Jesús y otro al Corazón de María (93).
El P. José Murall SJ que estudió los primeros documentos, dice: las reglas de las
Religiosas de Jesús-María están todas penetradas de las de la Compañía de Jesús. Hay
referencias a los Ejercicios, Constituciones y reglas comunes (94)
Ejercicios Espirituales:

14
En el Reglamento de la Asociación aparece: “En torno a la fiesta de S. Ignacio, las
asociadas harán unos breves ejercicios anuales de tres días”. En las primeras Constituciones
de la Congregación y en la aplicación de las mismas se lee: “las religiosas harán cada año
unos ejercicios espirituales de ocho días enteros, al final de los cuales renovarán sus votos
en el momento de la comunión. Habrá otros ejercicios espirituales para las novicias”. Ella
misma los hacía (95)
Los Ejercicios espirituales no se conciben sólo como una práctica anual. Influyen en la
manera de formar a las religiosas, de gobernar, de vivir la misión y la relación con Dios,
informan toda la vida (96). Así lo vemos en los documentos de la Asociación, de la
Congregación y en la herencia recibida (97):
o Relación trinitaria (98)
o Conocimiento de la humanidad de Cristo y compromiso con El para la misión (99).
o Llamada de Dios y respuesta apostólica en libertad: hallar a Dios y servirle en todo
(100).
o El fin es la mayor gloria de Dios, no sólo la ayuda a los hombres. Amor a la Iglesia
(101).
o Contemplaciones ignacianas: rey temporal (102), banderas, maneras de humildad (103).
o Discernimiento en las deliberaciones para la elección (104), exámenes general y
particular (105), dirección espiritual (106), reforma y maneras de elegir. Todo para
descubrir la acción del Espíritu, dejarse conducir por El, al que invocan mucho, y crecer
en fidelidad a Dios. (107)
o Métodos de oración y adiciones (108). Abnegación (109) para la indiferencia y libertad
(110), disponibilidad, obediencia, rectitud de intención (111), buscando solo lo que
agrada a Dios y cumplir su voluntad (112). Lo ascético orientado a lo místico (113).
o Petición constante y actitud agradecida (114)

Constituciones de la Compañía de Jesús


En 1822, antes de la aprobación canónica y en el acta de institución aparece: “habiendo
adoptado la Regla de S. Agustín y las Constituciones de S. Ignacio, con las modificaciones
necesarias por la diferencia entre mujeres y clérigos” (115). En 1836, “haciendo los votos
en nuestra Congregación según la Regla de S. Agustín y las Constituciones de S. Ignacio”
(116). La Regla de la modestia repite la de la Compañía y en la obediencia, a la que se da gran
importancia, se hace referencia a la representación.
Además de lo dicho:
o Claudina toma el nombre de Mª de San Ignacio y así se firma. Otras compañeras el de
Javier y Borja, Estanislao y Gonzaga (117).
o Se cita a S. Ignacio y santos de la Compañía a quienes se proponen como modelo y se
les pide ayuda y por la salvación del mundo (118). Se alude a la obra del Padre
Rodríguez SI (119).
o Devoción al Espíritu Santo: el Veni Creator es la práctica que con mayor frecuencia se
señala, y a María (120). Hay una estrecha relación entre María y el Espíritu.
Importancia de ambos en Ignacio y en Claudina (121).
o Regla de la modestia (122) y obediencia (123).

5.- PERVIVENCIA DEL CARISMA

Durante 200 años, la Congregación ha evolucionado adaptándose a los cambiantes


signos de los tiempos. El fuego inicial ha prendido en 28 países de Asia, Europa, América y
África, muy diversos por cultura, religión y nivel socio-económico. Francia, España,
Inglaterra, Italia, Irlanda y Alemania. India, Pakistán, Líbano, Siria, Filipinas y Tailandia.
Canadá, Estados Unidos, México, Argentina, Cuba, Colombia, Bolivia, Uruguay, Perú, Haití
15
y Ecuador. Guinea Ecuatorial, Gabón, Nigeria, Camerún y Marruecos. Es una familia de
1.350 religiosas, una Asociación seglar: “Familia Jesús-María”, una fundación: “Juntos
Mejor para la educación y el desarrollo”, y muchos laicos participando del carisma y de la
misión, desde diferentes plataformas.
Encender y extender el fuego ha sido tarea de muchas generaciones. Hoy el carisma
sigue vivo porque vivas continúan las necesidades y posibilidades que lo vieron nacer y los
deseos de respuesta:

A la crisis de Dios y de sentido que conlleva la ruptura entre fe y cultura. Es un hecho


nuclear que está repercutiendo en el hombre moderno. Hay demanda de respuesta a
cuestiones fundamentales de la persona y de su interrelación con el cosmos. Ello nos exige,
según el teólogo A. Torres Queiruga, “una remodelación total de los medios culturales en los
que comprendemos, traducimos, encarnamos y tratamos de realizar la experiencia cristiana.
Del modo en que los cristianos concibamos la relación de Dios con el mundo van a depender,
tanto la actitud que tomemos nosotros ante los grandes problemas de la humanidad como el
sentido que los demás atribuyan a nuestro esfuerzo y colaboración”. J. Martín Velasco lo dice
de forma vibrante: “Que se pongan al frente de nosotros sujetos capaces de reflejar la luz del
Misterio”. Es la misión fundamental de la Vida Religiosa. Ante la fe y el sin sentido, la fe
supone el “coraje de sostener la duda” (124)

A la brecha entre ricos y pobres, norte-sur, y por tanto a la injusticia, que es cada vez
mayor. Los derechos humanos y el estado del planeta están siendo vulnerados. La vida de
muchos seres humanos está gravemente amenazada por la injusticia, la exclusión, la guerra…
y se les priva de pan, cultura y de su dignidad de hijos de Dios.

A la infancia, la juventud y la mujer, que siguen siendo las grandes excluidas. La


Declaración del Milenio pide que toda la infancia del mundo pueda terminar la enseñanza
primaria. Kofi Annan, Secretario General de la ONU decía en 1999: educar a las niñas en el
mundo no es una opción sino una necesidad. Se necesita que quienes pueden cambiar las
cosas se unan en una alianza para educarlas. Según el informe Delors, para que la humanidad
progrese hacia ideales de paz, libertad y justicia, la educación, de calidad y en valores para
todos, constituye un instrumento indispensable. Ya en el s. XII el filósofo árabe Ibn Rushd
decía que una sociedad que esclaviza a sus mujeres está abocada a la degradación. La mujer
en la familia, en la sociedad e Iglesia, plantea retos enormes. También hoy estos colectivos
son quienes más posibilidades ofrecen para una educación con futuro. (125)

Después de dos siglos, seguimos apostando por la educación integral, convencidas de


que es el mejor servicio que podemos ofrecer a los jóvenes. Les proporciona las cartas
náuticas de un mundo en cambio y complejo, al tiempo que la brújula para navegar, y es un
instrumento capaz de transformar el corazón humano.

Pero el carisma debe seguir encarnándose, e “implica buscar lo que otros buscaron,
sabiendo que en tiempos oscuros nos ayudan quienes han sabido andar en la noche” (Matsuo
Basho, 1464-1694). “El carisma es algo vivo y al plantarlo en nuevas tierras y culturas se
refunda. Para los Institutos nacidos en torno al S. XIX, muy centrados en la identidad que
dan las tareas y obras apostólicas, la refundación es más necesaria.”. Fue en los periodos de
crisis cuando aparecieron nuevas formas de vida cristiana. El actual es una oportunidad de
crecimiento. En las mitologías, la noche es siempre el regazo en el que germina la creación.
En todas las religiones la existencia humana se percibe como indivisible y dinámico binomio
de muerte-vida, luz-oscuridad. El Misterio Pascual es el corazón de la vida cristiana. La
muerte fue la gran crisis en la vida de Jesús y en la de Claudina. La cruz provocó
desconcierto, escándalo y necedad. Pero fue necesaria para que surgiera la vida porque lo
definitivo, ya en este mundo, es la Vida (126).

En las Constituciones de la Congregación, documento de Carisma, se lee:


16
“Claudina, entregada a la acción del Espíritu, penetrada de un conocimiento íntimo de
la bondad operante de Cristo y conmovida por las miserias de su tiempo, tuvo un solo deseo:
comunicar este conocimiento; y una angustia: ver abandonados a su desgracia a quienes
viven en la ignorancia de Dios (nº 3)

La Congregación esencialmente apostólica, está llamada a vivir, por la fuerza del


Espíritu que le garantiza su comunión y su universalidad, el misterio de Cristo enviado del
Padre para anunciar la Buena Nueva de la salvación (nº 2). Tiene como fin dar a conocer y
amar a Jesús y a María por la educación cristiana en todos los ambientes sociales, con la
preferencia que su Fundadora tenía por los jóvenes y entre ellos los pobres. Atenta a la
llamada de la Iglesia y a las necesidades del mundo, dispuesta a servir en los países más
diversos, con el espíritu misionero que le caracteriza (nº 5 y 6). Su espiritualidad
cristocéntrica y mariana se centra en la Eucaristía, don del amor y fruto del sacrificio de
Jesús en la cruz. Desde sus comienzos ha recibido la influencia de la doctrina de S. Ignacio,
buscando a Dios en todas las cosas y todas en El, con la única intención de agradarle (nº 9 y
7). En fidelidad a la Iglesia y adhesión al Papa.”( nº 10).

Y en la Aplicación de las Constituciones, documento de Misión:


”Compartir carisma y misión es un signo de comunión entre religiosas y laicos (nº 93).
Por la educación, en todas sus formas, trabajamos por el desarrollo integral de niños y
jóvenes abriéndoles a la trascendencia y al compromiso con una sociedad más justa y
solidaria (nº 94). La escuela es un medio privilegiado (nº 95). Buscamos medios para
defender la vida humana, actuar contra la violencia, promover los derechos humanos,
especialmente la dignidad y promoción de la mujer. Favorecemos una cultura de la paz y el
perdón (nº 96) así como el cuidado del planeta y el uso responsable de los recursos
naturales (nº 100). Participamos en proyectos intercongregacionales (nº 102). Trabajamos
por la unidad de los cristianos y el diálogo con otras religiones” ( nº 101).

Para un mayor servicio apostólico, el Capítulo General de 2007, acuerda:


- Revitalizar nuestra vida y deseos profundos, “vino nuevo”.Enfrentarnos esperanzadas
a nuestra “hora”. Liberar el amor que desciende de arriba y buscar a Dios en todas las cosas.
Afirmar la dimensión contemplativa, que exprese la pasión por Dios como nuestro Absoluto,
desde comunidades vivas.
- Renovar las estructuras de gobierno, “odres nuevos”. Buscar una mayor integración
de los seglares en el carisma y misión. Renovar el sentido pastoral de la autoridad.
- Escuchar y dar respuesta al grito de los pobres y excluidos y a las nuevas llamadas de
un mundo dividido y falto de sentido. Así dar a “conocer y amar a Jesús y a María”.

Los Capítulos Generales de 2001 y 2007, envían dos Mensajes. Extracto:

Nos ha conmovido la realidad violenta e injusta que estamos viviendo.


Somos conscientes de que no habrá paz en el mundo mientras continúe la injusticia.
Claudina reaccionó ante la violencia con un perdón activo, poniéndose al servicio de la vida
a través de la educación.
En un mundo violento y falto de sentido, que genera pobreza y exclusión, viola los derechos
humanos y abusa de los recursos naturales, pero también grita paz y ansía justicia, como
herederas de su Carisma
QUEREMOS:
Ser presencia de la ternura y misericordia de Dios e instrumentos de perdón y
reconciliación.
Estar con quienes sufren las consecuencias del odio y la violencia,
las mujeres heridas en su dignidad, los miles de desplazados por la guerra y la pobreza
los menores indefensos, a quienes se les despoja de un futuro esperanzador,
Educar desde la bondad y la confianza,
17
en el perdón, la igualdad, el diálogo y valoración de lo diferente,
en el uso responsable de los recursos y en el cuidado de la tierra
¡Hagamos de nuestro planeta, don de Dios, un lugar más habitable para todos!
Unirnos a tantos pueblos y organizaciones dentro de las Iglesias y de la sociedad, pidiendo
Paz
ANIMAMOS
a optar por la vida, allí donde está más dañada y a unir nuestras fuerzas con quienes luchan
por la justicia.
Así, hacer realidad el deseo de Jesús de que
“tengan vida y vida en abundancia"

Las Religiosas de Jesús-María, como Claudina, nos sentimos afectadas por la situación
de nuestro mundo y urgidas a responder, ofreciendo nuestras personas para “en todo amar y
servir” [EE 233]. Así el fuego seguirá alumbrando y la bondad de Dios actuando. Para ello
encontramos en la espiritualidad ignaciana, característica de nuestra Congregación,
inspiración y alimento. Con memoria agradecida pedimos al Espíritu, presente en su origen,
que mantenga en ella una vida siempre renovada (127).

NOTAS

1. Positio pg. 531


2. Ib. pg. 532-533
3. De aquella noche en PP pg. 45-47
4. Ib. pg 92-94
5. Ib. pg. 115
6. Vigencia del Carisma pg. 76
7. Proyecto Social pg. 25
8. De aquella noche en PP pg. 58
9. Vigencia del Carisma pg. 76
10. Positio pg. 531
11. Vigencia del Carisma pg. 77
12. Ib. pg. 77
13. De aquella noche en PP pg. 36, 38-39
14. Positio pg. 489, 492
15. Ib. pg. 13-17, 536-539
16. De aquella noche en PP pg. 47-50
17. Positio pg. 60, 209, 404, 430, 488, 494, 504-505, 519, 630, 712
18. Ib. pg. 336, 487
19. De aquella noche en PP pg. 116-117
20. Ib. pg. 124
21. Positio pg. 123
22. Ib. 42, 52, 62, 541
23. De aquella noche en PP pg. 148-152
24. Positio pg. 121
25. Ib. pg. 360
26. Ib. pg. 122, 362
27. Ib. pg. 146,172-177
28. Ib. 41, 503, 559-560
29. De aquella noche en PP pg. 173
30. Positio pg. 545
31. Ib. pg. 488
32. Ib. pg. 361
33. Ib. pg. 550, 234
34. Ib. pg. 569-572
35. Ib. pg. 247, 260, 507, 621
36. Ib. pg. 83-84
37. Ib. pg. 540
38. Ib. pg. 574
39. Ib. pg. 55, 384
40. Ib. pg. 502, 515
41. Ib. pg. 125

18
42. Ib. pg. 124,127
43. Ib. pg. 502
44. Ib. pg. 166
45. Ib. pg. 490, 508
46. Ib. pg. 103
47. De aquella noche en PP pg. 63
48. Positio pg. 93
49. Ib. pg. 76, 116
50. Ib. pg. 486
51. Ib. pg. 359, 363
52. Ib. pg. 540-541; Proyecto Social pg. 28
53. Positio pg. 111, 130
54. Ib. pg. 125
55. Ib. pg. 54
56. Ib. pg. 55
57. Ib. pg. 504, 513
58. Ib. pg. 127-128, 504
59. Ib. pg. 503
60. Ib. pg. 549
61. Ib. pg. 91
62. Ib. pg. 103
63. Ib. pg. 486, 549
64. Ib. pg. 358
65. Ib. pg. 488
66. Ib. pg. 584
67. Ib. pg. 506, 613
68. Ib. pg. 348, 351, 506, 596
69. Ib. pg. 615
70. Ib. pg. 618-620, 622
71. Ib. pg. 505
72. Ib. pg. 361
73. Ib. pg. 352, 121, 136
74. Constituciones nº 11
75. Positio pg. 165, 622
76. Ib. pg. 130, 137
77. Constituciones nº 16
78. Positio pg. 623
79. Ib. pg. 200
80. Ib. pg. 497, 517, 714
81. Ib. pg. 510, 555
82. Ib. pg. 497, 114
83. Ib. pg. 497
84. Ib. pg. 649-653
85. Ib. pg. 320
86. Ib. pg. 446
87. Ib. pg. 84 e Influencia Ignaciana pg. 18
88. De aquella noche en PP pg. 45-46
89. Positio pg. 84, 370-371
90. De aquella noche en PP pg. 95
91. Influencia Ignaciana pg. 17
92. Positio pg. 109, 519, 84
93. Ib. pg. 376
94. Influencia Ignaciana pg. 21
95. Positio pg. 335
96. Ib. pg. 381-382
97. Ib. pg. 84
98. Ib. pg. 119
99. Ib. pg. 541, 103, 96, 114
100. Ib. pg. 77, 98, 100-101, 117-118
101. Ib. pg. 55, 85, 94, 109, 136
102. Ib. pg. 93
103. Ib. pg. 116, 84-85, 88, 90
104. Ib. pg. 111, 115,116, 88, 137
105. Ib. pg. 107
106. Ib. pg. 68, 124
107. Ib. pg. 652
19
108. Ib. pg. 96, 108
109. Ib. pg. 141
110. Ib. pg. 102, 108, 112, 118
111. Ib. pg. 117, 136
112. Ib. pg. 93, 95, 102, 117, 118
113. Ib. pg. 84. 101
114. Ib. pg. 131, 140
115. Ib. pg 248, 371, 463, 558
116. Ib. pg. 369
117. Ib. pg. 511, 520, 558, 692
118. Ib. pg. 84-85, 88, 107,109, 139
119. Ib. pg. 84, 104
120. Ib. pg. 119, 112
121. Ib. pg. 85, 106
122. Ib. pg. 84, 97
123. Ib. pg. 113-114, 124
124. Vigencia del Carisma pg. 86-88
125. Ib. pg. 90-91
126. Ib. pg. 86-87
127. Constituciones nº 12

BIBLIOGRAFÍA

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ROYO MILLAN, Aurora: Influencia Ignaciana en la Congregación de Jesús-María. Roma,


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20
VEGA PASOS, Lizbeth: Leer a Claudina Thévenet desde la experiencia profética de Dios.
México, 1999.

ABREVIATURAS

C Constituciones de las Religiosas de Jesús-María


AC Aplicación de las Constituciones de las Religiosas de Jesús-María
EE Ejercicios Espirituales de S. Ignacio
P Positio
PP De aquella noche en Pierres-Plantées
I Ig Influencia Ignaciana en la Congregación de Jesús-María
PS Proyecto Social de la RR de Jesús-María en España
VC Vigencia del Carisma. Congreso de Educación

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