Afectada Por La Realidad y Urgida Por El Deseo
Afectada Por La Realidad y Urgida Por El Deseo
INTRODUCCION………………………………………………………………………… 3
DATOS BIBLIOGRAFICOS………………………………………………………………5
Glady hasta los 20 años 1774-1794. Compromiso familiar en el corazón
de la ciudad……………………………………………………………………… 5
1774-1789. En familia y en la Abadía……………………………………………… 5
1789-1794 .Revolución francesa y fusilamiento de sus hermanos………………… 5
Claudina de 20 a 44 años: 1794-1818. Compromiso seglar en la Croix-Rousse……… 6
En la Parroquia: Providencia y Asociación y en la familia……………………………. 6
M. Mª de S. Ignacio de 44 a 63 años: 1818-1837. Compromiso religioso en Fourviére 7
Fundadora de la Congregación de las Religiosas de Jesús-María…………………….. 7
PROCESO ESPIRITUAL-APOSTÓLICO……………………………………………….. 8
Su proceso y el de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio...………………………… 9
Principio y fundamento…………………………………………………………………. 9
1ª Semana……………………………………………………………………………….. 9
2ª Semana……................................................................................................................. 10
3ª y 4ª Semana…………………………………………………….……………………. 11
Alcanzar amor………………………………………………………………………….. 13
PROYECTO FUNDACIONAL………………………………………………………….. 13
Huella ignaciana………………………………………………………………………. 14
NOTAS…………………………………………………………………………………….. 18
BIBLIOGRAFIA…………………………………………………………………………. 20
Abreviaturas...................................................…………………………………………….. 20
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CLAUDINA THÉVENET (María de San Ignacio)
Introducción
Este artículo responde a la petición que nos hizo la Compañía de Jesús, en España, de
aportar el testimonio de Claudina, para la publicación de un libro, en octubre 2011, con la
semblanza de 10 mujeres fundadoras canonizadas, marcadas por la espiritualidad ignaciana.
Espiritualidad que después transmitirán a sus familias religiosas, interpretada desde lo
femenino. Dicho trabajo se ha ampliado y enriquecido con notas, para divulgarlo en la
Congregación.
Claudina fue una de tantas mujeres de la burguesía francesa que sale de la esfera
privada y se implica, desde la fe, en la transformación social porque se mantiene abierta,
“conectada”, al mundo y a Dios (1). Descubre las carencias de su entorno herido y las
capacidades del ser humano, por deteriorado que esté. Afectada por esa realidad se siente
urgida por el deseo de construir, con otras mujeres, un mundo desde Dios, implicando a las
personas en su propio proceso. El perdón hecho misericordia, recibido y otorgado,
configuran su experiencia. La huella ignaciana aparece en su proceso y en su obra.
A.- Familia
Los Thévenet y Guyot de Pravieux pertenecían, por ambas ramas, a la burguesía sedera
de Lyon (Francia). Filiberto y Mª Antonieta se dedicaron al trabajo y educación de sus siete
hijos: Luís, Claudina, Francisco, Fanny, Eleonor, Juan Luis y Elisabeth, familiarmente
llamada Babet.
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a rebajar su nivel de vida, “siempre encontraron medios para ayudar a los necesitados”.
Sufrieron muertes tempranas de familiares y amigos (2).
La sociedad francesa de finales del siglo XVIII era injustamente desigual en lo social,
político, cultural y económico. La brecha, cada vez mayor, entre las clases altas y la miseria
generalizada del pueblo, la crisis de la industria sedera y la injusta situación laboral, serán
caldo de cultivo de huelgas y revoluciones, con todas sus secuelas. ¿Aprenderemos de la
historia?. Periodo convulsivo y violento. Las instituciones se tambalean, todo poder queda
cuestionado: gobierno, nobleza, Iglesia e incluso Dios. Sociedad en plena transformación
donde se establece una lucha de poderes revolucionarios y restauracionistas que intentan
imponer sus formas de Gobierno. Los ideales de libertad, igualdad y fraternidad son el eje
que sostiene el cambio de era (6).
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En la mayoría de los casos, la Iglesia tenía en sus manos, la dirección, ó al menos la
inspección de la Enseñanza, que hoy llamamos primaria y secundaria (petites écoles =
escuelas parroquiales). La educación, sobre todo de las clases altas, estaba en manos de
religiosos, fundamentalmente Jesuitas. Éstos tenían gran influencia en la Sociedad.
Defensores del ultramontanismo y del escolasticismo. Eran atacados por galicanos y
jansenistas. El odio contra ellos se va generalizando, hasta su expulsión y supresión que se
realiza antes de nacer Claudina (Francia 1764 y resto Europa 1773, con Clemente XIV) (9).
La vida de Claudina Thévenet transcurre toda ella en Lyon, (Francia), donde nace el 30
de marzo de 1774. Su personalidad queda marcada por el sufrimiento familiar, social y
personal y por las fortalezas que ese dolor le posibilita desarrollar. Se configura en los
núcleos básicos de convivencia que dejan en ella una huella profunda: la familia y la Abadía,
la Parroquia y su círculo de amigas, la sociedad y ciudad donde vivió.
Sus 63 años se pueden agrupar en tres periodos de unos 20 años cada uno:
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. 1774-1789 En familia y en la Abadía.
Glady, así la llaman y así se firma, es la mayor de las chicas y segunda de los hermanos.
Desde pequeña tiene gran influencia sobre ellos. Crece en un ambiente sano y feliz, rodeada
del afecto de familiares y amigos. Éstos, viendo su sencillez y discreción le aplican el
sobrenombre de “la petite violette” (13). A los nueve años ingresa como pensionista en la
Abadía benedictina de San Pedro donde estará hasta los quince que estalla la Revolución.
Son pocas chicas y cada religiosa se encarga de una. Recibe una formación cristina y los
conocimientos propios de la época. Le ayuda el entorno de fe y equilibrio, buen gusto, orden
y austeridad, con espacios para la reflexión y la oración. Allí recibiría la 1ª Comunión y la
Confirmación.
. 1789-1794 Revolución francesa y fusilamiento de sus hermanos.
Es una chica normal, con muchas amistades. Valora la familia y desea formar una.
Parece que tenía un novio, al que se refiere su sobrino marista: algo mundana en su primera
juventud, se disfrazó de soldado para entrar en los calabozos y salvar a su novio (14). La paz
familiar queda truncada al estallar la Revolución. El padre lleva a los hijos pequeños lejos de
Lyon, para ponerlos a salvo. Al regresar, no podrá entrar en la ciudad donde permanecen la
madre y los tres mayores. Esa separación aumenta la angustia y el dolor de todos. Luís y
Francisco, de 20 y 28 años, quieren defender la ciudad y se enrolan en la Resistencia. Glady
queda sola con su madre. Tras la rendición comienzan las violencias más atroces, juicios
precipitados y ejecuciones en masa. Los dos hermanos son denunciados, encarcelados y
condenados a muerte. Ella acude muchas veces a la cárcel para verlos y llevarles ropa y
víveres que comparten con otros condenados.
Horas antes de ser ejecutados escriben a su familia una carta llena de cariño.
Transmiten un testimonio impresionante de fe y perdón: “Adiós querida hermana, tan buena
y tan sensible, Glady. A ti te toca la dolorosa tarea de consolar a nuestra madre. Dentro de
unas horas estaremos en presencia de Dios, nuestro buen Padre. Siento que la religión es una
gran fuerza que me hace mirar la muerte con serenidad. No hagáis a nadie responsable de mi
muerte. Buscad en Dios el consuelo…”. La mañana del 5 de enero de 1794, sin saber que la
sentencia está dictada, va a visitarlos. Al llegar ve un destacamento con un grupo de
condenados entre los que descubre a sus hermanos. Estremecida, se acerca a ellos con un
criado que la acompaña y consiguen la carta. Luego Luís se vuelve hacia su hermana y le
dice: “Glady, perdona como nosotros perdonamos”. Ella sigue valiente al cortejo hasta los
Brotteaux, lugar del fusilamiento, donde presencia la ejecución y cómo los rematan. Algo de
ella también muere. Regresa para dar la dura noticia a los suyos. Un hermano de su madre, ha
sido también guillotinado en la plaza de Terraux por el solo crimen de ser rico (15).
Aunque el hacerse persona es tarea de toda la vida, podemos decir que Claudina, a sus
20 años, tiene ya una personalidad humana y cristianamente madura, fraguada en el
sufrimiento. De carácter firme, prudente, sensible, sencilla y humilde: ”le gustaba pasar
desapercibida”. Trabajadora y generosa, con marcado amor por los pobres. Fuerte en el
sufrimiento. Equilibrada e integrada, “su celo será siempre instruido y prudente…”. Sobria
en sus manifestaciones afectivas. Mujer de talento, “buena cabeza”, con dotes de liderazgo
(creatividad, buena gestión y sentido práctico). Seria, algo distante, exigente con las fuertes y
comprensiva con las débiles. De fe y caridad profundas, junto a una firme esperanza que va
iluminando su historia (17).
Claudina se dedica, con un grupo de amigas más jóvenes, a niñas y chicas abandonadas,
lo más vulnerable de la sociedad. Animadas por el sacerdote Andrés Coindre, vicario
parroquial (además de director espiritual y amigo del grupo), y tras tres días de oración,
constituyen la Asociación del Sagrado Corazón el 31 de julio de 1816. Éste les recuerda los
fines, las anima a caminar unidas y les propone como modelo a San Ignacio de Loyola,
patrono de la misma junto con San Luis Gonzaga. Claudina y sus siete compañeras hacen su
consagración, obligándose a cumplir el Reglamento redactado por ella y el P. Coindre. En él
y en las actas de las reuniones se reflejan las ayudas para ahondar en la fe (21). La
espiritualidad y devociones son las propias de la época: Corazón de Jesús, Corazón de María
y la Eucaristía, según la espiritualidad ignaciana. Desean mantenerse unidas a la Iglesia y
obrar siempre para agradar a Dios. El lema es “aprended de mí que soy manso y humilde de
corazón” (22).
Crean también la Providencia del Sagrado Corazón, más conocida como de San Bruno,
que será el germen de su obra. Las Providencias eran Instituciones benéficas que se fueron
creando durante la primera mitad del siglo XIX. Su fin era acoger niños pobres para darles
formación cristiana y enseñarles un oficio con el que pudieran ganarse la vida. Se sostenían
con donativos y en parte, con el producto del trabajo de los acogidos. Cuando comienzan la
del S. Corazón, en la ciudad había solo dos. Claudina será la Presidenta de ambas obras (23).
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Las asociadas provenían de la clase media y alta, deseosas de crecer en la fe y de
realizar obras de caridad con los pobres. El P. Andrés Coindre era también lionés, trece años
más joven que Claudina y bautizado en la misma parroquia. Trabajador, buen consejero, con
gran corazón e inquietud apostólica. Se integrará en la asociación de sacerdotes diocesanos
llamada “misioneros de la Cartuja” y será Fundador de la Congregación de los Hermanos de
los Sagrados Corazones (28).
Unos meses más tarde, la noche del 5 de octubre, Claudina deja a su anciana madre
para instalarse definitivamente en una pobre casa, apenas amueblada, de la calle Pierres-
Plantées, cerca de la vivienda familiar. Con una obrera, una huérfana y un telar de seda,
funda la Congregación. (31)
Morirá el 3 de febrero de 1837, primer viernes, a las tres de la tarde, sin tener la
aprobación pontificia. Sus últimas palabras ¡Qué bueno es Dios!, resumen su vida e indican
el talante de esta gran mujer que se dejó guiar por el Espíritu Santo (35). Cuando en Roma, el
Papa Juan Pablo II la beatifica en 1981 y la canoniza en 1993 expresa el reconocimiento de la
Iglesia a su persona y a toda su obra, no solamente a sus años de vida religiosa. Con ese
motivo, pareció más conveniente introducir la causa de beatificación con su nombre de
bautismo.
Ante la escasez de datos históricos directos y con los testimonios disponibles, hemos de
adentrarnos en la experiencia de Claudina con respeto y cariño, intuyendo sus sentimientos y
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deseos. Aventura hermenéutica delicada, pues se presta a subjetivismos, pero apasionante ya
que nos exige rastrear en lo que constituyó ella y su obra. Un documento muy importante
para conocer su vida interior es el libro de Actas y el Reglamento de la Asociación del
Sagrado Corazón de Jesús (36).
Al mirar a Claudina y preguntarnos qué nos aporta su experiencia, vemos que fue una
mujer “conectada”, a la escucha, y de grandes deseos, por eso acertó con la respuesta. El
cálido ambiente familiar y el sufrimiento no la pliegan sobre sí misma. Se abre al mundo y
descubre otra realidad a la que no está acostumbrada. Ve el dolor y la muerte que la sociedad
injusta y violenta genera. En las cunetas se encuentra con las víctimas pero no da un rodeo.
Se deja afectar por las imágenes y gritos de esa realidad sufriente que la interpela. Conecta
con su yo más profundo y deja aflorar preguntas, sentimientos, deseos. Los enfrenta y
empieza a discernirlos. Se encuentra con Dios que en la misma realidad también anda tras el
hombre. Al contemplarle en el Crucificado descubre que Jesús es una víctima que al
perdonar, alumbra otro mundo donde la misericordia triunfa sobre el odio. Por ahí encuentra
claves. Contacta con amigas y con quienes va haciendo camino para compartir ese hallazgo
(37).
Mira la realidad desde Dios. Capta las necesidades y el tesoro que toda persona
encierra. Su sensibilidad y corazón quedan afectados. Se compadece y empieza a soñar
proyectos humanizadores. Henchida de deseos, responde evangélicamente, creando
estructuras domésticas solidarias cada vez más consistentes (38). Cree que, desde Dios, otra
revolución es posible. Comprende que no existe crecimiento personal ni social sin la
capacidad de afrontar racional y creativamente los conflictos y dolores de la vida. Se podría
decir que piensa globalmente y actúa localmente.
La vida es un proceso jalonado de experiencias. En cada etapa, resalta alguna con más fuerza.
El de Claudina es largo pero camina con una firme esperanza en el Dios que la conduce.
Principio y Fundamento
El hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios [EE 23]
Mantenerse libres e indiferentes hacia lo que no atañe a la gloria de Dios (P 108)
Claudina conoce al Dios bueno y providente, fundamento de todo lo creado, que ama al
hombre, se nos revela en Cristo y nos conduce por la fuerza de su Espíritu. Tiene una
cosmovisión cristiana del mundo, ordenado según Dios, y unas relaciones armónicas con los
suyos, con los amigos, el entorno y el mundo. Pero las experiencias de su juventud le
cuestionan esa visión. Percibe distintas formas de situarse ante la vida. Cuando el hombre
vive para sí, en lugar de vivir para los otros y para el Otro, cuando hace del poder y del
dinero su dios, cae en la idolatría, la autodestrucción y la injusticia. Sus relaciones no son de
servicio y ayuda sino de domino y manipulación. Pierde el respeto a la dignidad de todo
viviente. Conoce también personas que generan armonía y humanidad. Que poseen el poder
y la libertad que da devolver bien por mal, compartir y alabar al que da sentido a toda
existencia, a Dios Padre, compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad. Ella
desea ser como estas buenas gentes.
Penetra en la dignidad del hombre, creado por Dios para alabarle, amarle y servirle.
Relativiza lo demás, que son ayudas en el camino. Desea elegir solamente lo que conduce a
la Vida y a que otros la tengan en abundancia. El deseo de la gloria de Dios, de hacer lo que
más le agrada, de vivir en alabanza, libertad, confianza y generosidad, se afianza en ella. El
lema de la Congregación lo expresa: sean por siempre alabados Jesús y María (39).
1ª Semana:
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Pedir conocimiento del mundo y de mis pecados y aborrecimiento de ellos.
Dar gracias a Dios por tanta misericordia [EE 63 y 71]
Mirando a Cristo en cruz… pena por nuestros pecados, compasión y gratitud (P 103)
A sus 16 años se ve envuelta en una crisis que la marcará para siempre, provocada por
la dramática experiencia revolucionaria y la petición de perdón de sus hermanos. La vivencia
del “terror” le lleva a entrar en la raíz misma de la vida. Es la ocasión para una fuerte
experiencia de Dios que reorienta su vida hacia la misión que le tiene reservada. Provoca una
inflexión en su proceso que supondrá un cambio de agujas, un antes y un después. (40)
Contempla la Realidad que la violencia y el odio ha provocado en las criaturas de Dios (41).
La experiencia de dolor, sufrida tan de cerca, le hace cuestionarse la visión del hombre, del
mundo, del mal, de Dios…
Se siente afectada por ese desorden estructural: víctima con otras víctimas.
Experimenta en sí misma la raíz, la causa y, al mismo tiempo, las consecuencias del
pecado del mundo (42). Llena de angustiosos interrogantes, su inteligencia no acaba de
comprender, su corazón sangra, su sensibilidad y su físico quedan afectados. Le queda
un temblor y dolor de cabeza para toda la vida, lo llama “mi terror” (43). Escucha a
Dios dentro de su historia e implicado en ella. Descubre hasta qué grado de
deshumanización puede llegar quien no tiene valores.
Contempla a sus hermanos que, como Jesús en la Cruz, perdonan a sus verdugos y le piden,
como Cristo al Padre, que también ella los perdone.
Fuera, en el campo de ejecución, en el lugar de las víctimas, Claudina se encuentra con
el Crucificado en sus hermanos. Desea perdonar pero no puede. Necesita tiempo,
necesita contemplar largos ratos al Crucificado y sentir que su dolor, dudas,
resistencias, quedan disueltas en Él.
En Cristo Crucificado conoce los efectos del mal y sus causas. Descubre la dimensión
teologal del pecado: odio, violencia y muerte en Jesús y en sus criaturas, a la vez que la
inmensa bondad y misericordia de Dios, volcada en los vacíos humanos. Cree que la causa
del mal es la ignorancia de Dios.
Surge el desencanto de lo que no es Dios, quien la seduce de tal forma que ya no quiere
vivir sino para El (44). Jesús será su fundamento, consuelo y fuerza. En El encuentra el
sentido de su vida, de todas las vidas, del mundo y de las cosas. Comprende que solo el
perdón restaura al ser humano y aniquila la espiral de violencia. Sus entrañas se
conmueven y desea poner su vida al servicio de la reconciliación en un pueblo
profundamente dividido. El conocimiento íntimo del Corazón de Cristo, lo recibe como
un regalo y la posibilitan para derrochar misericordia.
La pregunta ¿qué puedo hacer por Cristo, cómo agradarle? [EE 53] encontrará
respuesta en el día a día, en la calle, en los rostros de las niñas desnutridas y
harapientas, en el perdón al delator de sus hermanos. La familia Thévenet lo conocía y
no quiso denunciarlo. El perdón ha vencido al odio (45).
2ª Semana
Comenzaremos juntamente contemplando su vida, a investigar y demandar [EE 135]
Imaginarse a Jesús… Que la santa y suprema voluntad de Dios se cumpla (P. 207, 95)
El terror ha pasado, pero sus marcas perduran: sociedad dividida, huérfanos
deambulando por las calles, familias malviviendo y la mayoría de los hogares afectados por
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el sufrimiento y la muerte. Claudina no se marcha, permanece con su familia junto a su
pueblo herido. Meditaría y se preguntaría:
o ¿No habría algo de verdad, de evangélico en los ideales revolucionarios, aunque los
medios para conseguirlos fuesen inhumanos? ¿No ve ella también le necesidad de
modificar las estructuras injustas que habían generado tantas desigualdades, miseria e
ignorancia, incluida la religiosa? (47)
o El movimiento antirreligioso, ¿no estaría motivado, en parte, por una Iglesia necesitada
conversión? ¿No necesitaría el pueblo un testimonio más coherente por parte de los
cristianos, del Dios bueno que tiene predilección por los pobres y sencillos?
o ¿No habría que despertar en la gente sus fortalezas y posibilidades para empezar a
reconstruir? ¿No habría que darles las ayudas necesarias para crecer en libertad y
dignidad personal, y llegar así a una mayor igualdad y fraternidad entre todos, como
hijos del mismo Padre?
o ¿Qué puedo hacer yo, qué querrá Dios de mí?
3ª y 4ª Semana
“dolor porque por mis pecados va el Señor a la Pasión. [193] Oficio de consolar” [224]
Pena por nuestros pecados, causa de la muerte del Señor. Alegría de corazón (P 103, 55)
Cuando Claudina oye la propuesta del P. Coindre de reunirse en Comunidad y la señala
como la persona adecuada para ponerse al frente, se desconcierta, se turba, como María. Tras
la sorpresa y emoción, descubre otra vocación de Dios a seguirle más radicalmente. Está
acostumbrada a escuchar a Dios en su interior y a reconocerle en las llamadas que le hace a
través de personas y acontecimientos. Necesita tiempo para orar lo que acaba de vivir. En su
corazón y en su mente se agolpan razones y sentimientos encontrados (57). Sabe que es el
Señor quien tiene la iniciativa y lo único que desea es serle fiel, agradarle. Pero al mismo
tiempo intuye las dificultades y sufrimientos que, sin duda, llegarán. Recurre a la Virgen y va
a visitarla a Fourvière como es su costumbre (58). La Palabra de Dios la reconforta: “No
temas, yo estoy contigo”, como lo he estado tantas veces. Te necesito para extender mi
bondad, para ser instrumento de reconciliación y perdón. Comprende que esa nueva llamada
es para un mayor servicio al Reino y encuentra paz. Sabiéndose en sus manos dirá como
María: “hágase en mí según tu voluntad” (59). El Espíritu comienza a gestar en ella nueva
vida. Unir su ofrenda a la de Cristo Eucaristía, de la que es tan devota: “haced eso en
memoria mía”. Jesús se entrega, se hace pan para la vida del mundo. Ella acepta también
morir para dar vida. “si el grano de trigo no cae en tierra y muere…”
Comienzan los preparativos y una noche Claudina sale sin saber adónde iba. Noche de
desolación y angustia, que al fin de su vida, la recordaba como la más terrible que jamás
había conocido: “Me parecía haberme comprometido en una empresa loca y presuntuosa, sin
ninguna garantía de éxito. Al contrario, considerando las circunstancias, la obra estaba
llamada al fracaso” (60). Volverían a surgir las dudas ¿Lo querrá Dios? ¿Es necesario este
giro cuando parece que la Asociación se va consolidando y dando respuesta a lo que
buscamos? ¿No lo harían mejor otras? (61). La pobreza, despojo, soledad y humillación han
tocado las raíces de su ser. Dios guarda silencio ¿se siente abandonada por El? Es su
Getsemaní. Ha seguido al Señor y ahora tiene que hacerlo hasta el final, pasando por la
prueba y uniéndose a su pasión, a su Misterio Pascual. Se siente morir. “Porque fue probada
en el sufrimiento pudo ayudar y consolar a otros”. Jesús crucificado vuelve a ser fuerza y
sentido (62). El amor es más fuerte que el dolor, como lo fue contemplando la muerte de sus
hermanos.
La Congregación nace, como Jesús, en pobreza y humillación, como la Iglesia, de un
corazón roto por el dolor. Claudina sufre las mofas y humillaciones de la gente del barrio y
las bromas de sus parientes (63). Se siente crucificada con Cristo y desde su Corazón abierto,
podrá recibir y derramar misericordia y alumbrar una familia religiosa. La fe sola la guiaba,
la confianza en Dios la sostenía, el amor de Dios la consolaba y el deseo de darlo a conocer a
los más pequeños la motivaba (64). Años después diría su sobrino, que la visitó en aquellos
días: “he comprendido que la obra ha sido edificada sobre la nada, sobre la pobreza, que es el
verdadero y sólido fundamento, el fundamento indispensable a toda obra de Dios” (65).
En el resto de sus años, como Fundadora, no le faltarán motivos de sufrimiento.
Subrayo algunos: la soledad que le produce la muerte, en 1826, del P. Coindre, su director,
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consejero y apoyo (66); tener que dejar la primera Providencia y la casa de Belleville; varias
muertes de niñas y religiosas, algunas de la primera hora (67); revueltas sociales y carencias
económicas (68); intentos de fusión con la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús
promovida por eclesiásticos, religiosas y conocidos (69); por parte del Padre Pousset,
manejos para gobernarlo todo, y recriminaciones en el lecho de muerte (70).
El amor de Dios vence en su dolor y genera vida. Tras esos primeros días de oscuridad
y noche, Jesús vendrá como consolador y le confirma su elección de seguirle hasta el final,
de iniciar una Comunidad Religiosa. Experimenta a Jesús vivo como compañero de camino
que la vuelve a llamar y le pregunta como a Pedro ¿me amas?, y la envía: confirma en la fe a
mis hermanos. Siente alegría, confianza y paz en la misión encomendada. Ve aumentar el
número de chicas y de religiosas (71); consigue los medios necesarios para comprar otra
propiedad más grande para albergarlas; le alegra sobremanera la aprobación de su
Congregación por parte de la Iglesia; comprueba el fruto de su entrega y misión: muchas
jóvenes salen de sus obras preparadas para el trabajo, la familia y educadas para afrontar la
vida desde la fe (72). Con la ayuda del P. Coindre elabora las constituciones y reglas, dando
así estructura y organización al carisma recibido. Cuenta con amigas, colaboradoras y
familiares que le ayudan y comparten su proyecto, confiando siempre en la providencia (73).
El Señor con su resurrección reconstruye la Comunidad. Claudina tras la vivencia
pascual queda confirmada en su vocación de seguir a Jesús en comunidad para realizar
mejor la misión encomendada por Dios y en su deseo de que “Sean por siempre alabados
Jesús y María” (74).
“La mayor nobleza de los hombres es la de levantar su obra en medio de la devastación,
sosteniéndola infatigablemente a medio camino entre el desgarro y la belleza” (E. Sábato)
Alcanzar amor
“Enteramente reconociendo, pueda en todo amar y servir a su divina majestad [EE 233]
¡Qué bueno es Dios! Hacerlo todo con el único fin de agradar a Dios (P 478 y 101)
Claudina, al mirar atrás y hacer un recorrido por su vida descubre que ha sido una
historia de salvación. Muchas veces ha llorado de dolor, ahora llora de alegría. El sufrimiento
ha sido transfigurado. Le queda la paz profunda, el gozo pleno de quien se siente indigna y
pobre pero inmensamente amada. Experimenta como nunca la bondad de Dios y tanto bien
recibido de su mano a lo largo del camino. (75) La gratitud y alegría desbordan su corazón y
el deseo de amar y servir es más fuerte que nunca (76).
Ofreciéndole a Dios lo que de El ha recibido, pone la vida en sus manos para que
disponga de ella según su voluntad, pidiéndole solo su amor y gracia: “Omnipotente y
misericordioso Dios, yo tu indigna hija y sierva, animada del deseo de procurar tu gloria, mi
salvación y la del prójimo, no queriendo vivir sino para Ti y depender únicamente del
impulso de tu gracia, en presencia de Jesús, de María….hago voto…Sostén Dios mío mi
flaqueza para que sea siempre fiel” (77)
Al final del camino, cuando el Señor venga a buscarla, sus últimas palabras expresarán,
con admiración y gratitud profunda, la experiencia de su vida: ¡Qué bueno es Dios! (78)
La Congregación es fruto del proceso vivido por Claudina y sus compañeras bajo la
orientación del P. Coindre. Tiene su origen inmediato en la Asociación cuyo proyecto se
mantiene pero evoluciona y da un salto cualitativo (79).
Huella ignaciana
No consta que Claudina tuviera contacto directo con la Compañía de Jesús, suprimida,
salvo sus últimos años en Le Puy, donde ésta se instala en 1825. Pero en el ambiente religioso
en el que crece, permanecen elementos y formas de hacer de los jesuitas que influyen en ella y le
llegan, probablemente, por su madre (87), las benedictinas de la Abadía, (88), el P. Coindre (89),
las misiones de Linsolas (90) y en Le Puy, donde la Comunidad tenía confesores de la
Compañía de Jesús (91).
Claudina desea que su Congregación sea ignaciana en las líneas generales de su
estructura y en su espiritualidad, que busca y encuentra a Dios en la vida (92). La devoción al
Sagrado Corazón de Jesús y de María, la vive según la interpretación ignaciana, entre otros
del P. Cloriviére SJ, restaurador de la Compañía en Francia y fundador de dos institutos
religiosos, uno consagrado al Corazón de Jesús y otro al Corazón de María (93).
El P. José Murall SJ que estudió los primeros documentos, dice: las reglas de las
Religiosas de Jesús-María están todas penetradas de las de la Compañía de Jesús. Hay
referencias a los Ejercicios, Constituciones y reglas comunes (94)
Ejercicios Espirituales:
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En el Reglamento de la Asociación aparece: “En torno a la fiesta de S. Ignacio, las
asociadas harán unos breves ejercicios anuales de tres días”. En las primeras Constituciones
de la Congregación y en la aplicación de las mismas se lee: “las religiosas harán cada año
unos ejercicios espirituales de ocho días enteros, al final de los cuales renovarán sus votos
en el momento de la comunión. Habrá otros ejercicios espirituales para las novicias”. Ella
misma los hacía (95)
Los Ejercicios espirituales no se conciben sólo como una práctica anual. Influyen en la
manera de formar a las religiosas, de gobernar, de vivir la misión y la relación con Dios,
informan toda la vida (96). Así lo vemos en los documentos de la Asociación, de la
Congregación y en la herencia recibida (97):
o Relación trinitaria (98)
o Conocimiento de la humanidad de Cristo y compromiso con El para la misión (99).
o Llamada de Dios y respuesta apostólica en libertad: hallar a Dios y servirle en todo
(100).
o El fin es la mayor gloria de Dios, no sólo la ayuda a los hombres. Amor a la Iglesia
(101).
o Contemplaciones ignacianas: rey temporal (102), banderas, maneras de humildad (103).
o Discernimiento en las deliberaciones para la elección (104), exámenes general y
particular (105), dirección espiritual (106), reforma y maneras de elegir. Todo para
descubrir la acción del Espíritu, dejarse conducir por El, al que invocan mucho, y crecer
en fidelidad a Dios. (107)
o Métodos de oración y adiciones (108). Abnegación (109) para la indiferencia y libertad
(110), disponibilidad, obediencia, rectitud de intención (111), buscando solo lo que
agrada a Dios y cumplir su voluntad (112). Lo ascético orientado a lo místico (113).
o Petición constante y actitud agradecida (114)
A la brecha entre ricos y pobres, norte-sur, y por tanto a la injusticia, que es cada vez
mayor. Los derechos humanos y el estado del planeta están siendo vulnerados. La vida de
muchos seres humanos está gravemente amenazada por la injusticia, la exclusión, la guerra…
y se les priva de pan, cultura y de su dignidad de hijos de Dios.
Pero el carisma debe seguir encarnándose, e “implica buscar lo que otros buscaron,
sabiendo que en tiempos oscuros nos ayudan quienes han sabido andar en la noche” (Matsuo
Basho, 1464-1694). “El carisma es algo vivo y al plantarlo en nuevas tierras y culturas se
refunda. Para los Institutos nacidos en torno al S. XIX, muy centrados en la identidad que
dan las tareas y obras apostólicas, la refundación es más necesaria.”. Fue en los periodos de
crisis cuando aparecieron nuevas formas de vida cristiana. El actual es una oportunidad de
crecimiento. En las mitologías, la noche es siempre el regazo en el que germina la creación.
En todas las religiones la existencia humana se percibe como indivisible y dinámico binomio
de muerte-vida, luz-oscuridad. El Misterio Pascual es el corazón de la vida cristiana. La
muerte fue la gran crisis en la vida de Jesús y en la de Claudina. La cruz provocó
desconcierto, escándalo y necedad. Pero fue necesaria para que surgiera la vida porque lo
definitivo, ya en este mundo, es la Vida (126).
Las Religiosas de Jesús-María, como Claudina, nos sentimos afectadas por la situación
de nuestro mundo y urgidas a responder, ofreciendo nuestras personas para “en todo amar y
servir” [EE 233]. Así el fuego seguirá alumbrando y la bondad de Dios actuando. Para ello
encontramos en la espiritualidad ignaciana, característica de nuestra Congregación,
inspiración y alimento. Con memoria agradecida pedimos al Espíritu, presente en su origen,
que mantenga en ella una vida siempre renovada (127).
NOTAS
18
42. Ib. pg. 124,127
43. Ib. pg. 502
44. Ib. pg. 166
45. Ib. pg. 490, 508
46. Ib. pg. 103
47. De aquella noche en PP pg. 63
48. Positio pg. 93
49. Ib. pg. 76, 116
50. Ib. pg. 486
51. Ib. pg. 359, 363
52. Ib. pg. 540-541; Proyecto Social pg. 28
53. Positio pg. 111, 130
54. Ib. pg. 125
55. Ib. pg. 54
56. Ib. pg. 55
57. Ib. pg. 504, 513
58. Ib. pg. 127-128, 504
59. Ib. pg. 503
60. Ib. pg. 549
61. Ib. pg. 91
62. Ib. pg. 103
63. Ib. pg. 486, 549
64. Ib. pg. 358
65. Ib. pg. 488
66. Ib. pg. 584
67. Ib. pg. 506, 613
68. Ib. pg. 348, 351, 506, 596
69. Ib. pg. 615
70. Ib. pg. 618-620, 622
71. Ib. pg. 505
72. Ib. pg. 361
73. Ib. pg. 352, 121, 136
74. Constituciones nº 11
75. Positio pg. 165, 622
76. Ib. pg. 130, 137
77. Constituciones nº 16
78. Positio pg. 623
79. Ib. pg. 200
80. Ib. pg. 497, 517, 714
81. Ib. pg. 510, 555
82. Ib. pg. 497, 114
83. Ib. pg. 497
84. Ib. pg. 649-653
85. Ib. pg. 320
86. Ib. pg. 446
87. Ib. pg. 84 e Influencia Ignaciana pg. 18
88. De aquella noche en PP pg. 45-46
89. Positio pg. 84, 370-371
90. De aquella noche en PP pg. 95
91. Influencia Ignaciana pg. 17
92. Positio pg. 109, 519, 84
93. Ib. pg. 376
94. Influencia Ignaciana pg. 21
95. Positio pg. 335
96. Ib. pg. 381-382
97. Ib. pg. 84
98. Ib. pg. 119
99. Ib. pg. 541, 103, 96, 114
100. Ib. pg. 77, 98, 100-101, 117-118
101. Ib. pg. 55, 85, 94, 109, 136
102. Ib. pg. 93
103. Ib. pg. 116, 84-85, 88, 90
104. Ib. pg. 111, 115,116, 88, 137
105. Ib. pg. 107
106. Ib. pg. 68, 124
107. Ib. pg. 652
19
108. Ib. pg. 96, 108
109. Ib. pg. 141
110. Ib. pg. 102, 108, 112, 118
111. Ib. pg. 117, 136
112. Ib. pg. 93, 95, 102, 117, 118
113. Ib. pg. 84. 101
114. Ib. pg. 131, 140
115. Ib. pg 248, 371, 463, 558
116. Ib. pg. 369
117. Ib. pg. 511, 520, 558, 692
118. Ib. pg. 84-85, 88, 107,109, 139
119. Ib. pg. 84, 104
120. Ib. pg. 119, 112
121. Ib. pg. 85, 106
122. Ib. pg. 84, 97
123. Ib. pg. 113-114, 124
124. Vigencia del Carisma pg. 86-88
125. Ib. pg. 90-91
126. Ib. pg. 86-87
127. Constituciones nº 12
BIBLIOGRAFÍA
LOYOLA, Ignacio de: Ejercicios Espirituales. Edición preparada por Santiago Arzubialde SJ
Bilbao, Mensajero, 1991
REYNIER, C : “Les relations aux Coeurs de Jesús et de Marie dans les fondations du P. de
Clorivière”. Christus 139 (1988), p. 323-331
ABREVIATURAS
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